Beneficio medio y precio de producción

La nueva lectura de Marx de Michael Heinrich (XXXV)

Beneficio medio y precio de producción

La idea de explicación o fundamentación como desarrollo determina en el plano del método una concepción del trabajo científico que parece estar en contradicción con el sentido común de personas del siglo XX. Para Hegel la explicación-desarrollo es más o menos isomorfa de la evolución del ser y, partiendo de una genérica vaciedad, camina o se despliega hacia completitud, totalidad, concreción. Cuando empieza el trabajo científico, su fruto es sumamente abstracto. A diferencia de lo que piensa el sentido hoy común, el conocimiento de una cosa no parte, según Hegel, de lo concreto para ir subiendo hacia generalidades abstractas; no parte, por ejemplo, de concretos sensibles para llegar a leyes generales que versen sobre objetos abstractos; sino que, según la hegeliana metódica del desarrollo, las cosas ocurren al revés, el conocimiento empieza con lo abstracto y asciende a lo concreto, porque lo que hace (si es conocimiento verdadero) es seguir el despliegue del objeto, su evolución hasta su concreción actual partiendo de la abstracta indeterminación que es al principio. Característica del pensamiento de Hegel y de su tradición es la ambigüedad lógico-histórica de la palabra “principio” en ese contexto.
Manuel Sacristán (1978)

También le agradezco yo de corazón su gran interés y sus afanes incansables por el libro de Karl. Parece ser que los alemanes prefieren con mucho expresar su aplauso a través del silencio y la mudez total. Han puesto todos valientemente enmarca la cachaza. Puede creerme usted, querido Sr. Kugelmann, que con certeza rara vez he sido un libro escrito bajo circunstancias más difíciles, y bien podria yo escribirle una historia secreta, que descubriría las muchas, infinitamente muchas penas silenciosas, y el miedo y los sufrimientos. Si los obreros tuviesen una idea del sacrificio que ha sido necesario para terminar esta obra, que ha sido escrita sólo para ellos y en su interés, quizás si mostrarían ellos más interés. Los lassalleanos parecen haber sido los más rápidos en acapararse para si el libro, par traducirlo debidamente. Pero esto no daña.
Bueno, al final tengo yo que desplumar un pollito con usted. ¿Por qué se dirige usted a mi de manera tan formal, incluso con “graciosa”, a mí, un veterano tan viejo, una cabeza tan cubierta de musgo en el movimiento, un compañero de ruta y de lucha vagancia (¿) tan honrado? Me habría gustado tanto visitarle este verano a usted y su querida esposa y a Fränzchen, de las cuales mi marido no puede parar de decir tanta cosa amable y tanta cosa buena, me habría gustado tanto volver a ver Alemania después de once años. El año pasado estuve muy achacosa, y he perdido también, por desgracia, en este último tiempo, mucho de mi “fe”, de mi valor para la vida. Muchas veces me ha resultado difícil mantenerme de pie. Pero como mis muchachas hicieron un largo viaje –estuvieron invitadas con los padres de Lafargue en Burdeos- no se pudo hacer al mismo tiempo mi escapada, y ahora tengo, pues, la hermosa esperanza delante de mí, para este año que viene.
Karl le envía a su esposa y a usted los más cordiales saludos, a los que se adhieren sinceramente las muchachas, y yo le tiendo, a usted y a su querida esposa, desde la distancia mi mano.
Su Jenny Marx ni graciosa ni por la Gracia de Dios (1867)

Un amable comentario crítico de Francisco Umpiérrez a la entrega anterior, al resumen del primer apartado del capítulo VII (“Precio de coste, beneficio y tasa de beneficio. Categorías y mistificaciones espontáneas.” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=257788)

Estimado Salvador:
En tu última entrega sobre Heinrich dices: «El plusvalor como resultado del capital total adelantado es el beneficio». Hay, a mi juicio, un error en la nominación conceptual: el plusvalor medido por el capital total se llama ganancia y no beneficio. El beneficio solo es una parte de la ganancia. Las otras dos partes de la ganancia son el interés y la renta del suelo.
Una vez que el capitalista en funciones se apropia de la ganancia, debe darle al capitalista que le ha prestado el dinero una parte a la que se le llama interés, y al dueño del local otra parte que se llama renta del suelo. La renta del suelo es una parte del alquiler.
Saludos cordiales, Francisco Umpiérrez

Al final de todo, el comentario crítico de Manuel Martínez Llaneza al resumen de esta semana. Estamos en el capítulo VII, en el segundo apartado: “Beneficio medio y precio de producción”, pp. 189-193.

A partir de los tres métodos señalados en los compases finales del apartado anterior [economía en el empleo del capital constante; economía en la producción del capital constante; aceleración de la rotación del capital], para elevar la tasa de beneficio con una tasa de plusvalor constante, se pone de manifiesto, según MH, que dos capitales que producen con la misma tasa de plusvalor tienen una tasa de beneficio distinta: si en el mismo tiempo de rotación presentan una composición de valor distinta, o si con la misma composición de valor tienen un tiempo de rotación distinto.

MH lo ilustra con un ejemplo numérico:

Prescindamos del capital fijo y supongamos que la tasa de plusvalor se mantiene uniforme en el 100%.

Los capitales, A y B, tienen el mismo tiempo de rotación: un año.

Para A sea c = 90 y v = 10; para B sea c = 60 y v = 40.

El capital A produce un plusvalor de 10. Su tasa de beneficio será: 10/ (90 + 10) = 10%.

El capital B produce un plusvalor de 40. Su tasa de beneficio será: 40/ (60 + 40), el 40%.

Así, pues, distintas composiciones de valor dan lugar a tasas de beneficio distintas: cuando más alta sea la composición de valor (el capital A), más baja será la tasa de beneficio (10% frente a 40% en nuestro ejemplo).

Consideremos ahora un capital C con al misma composición que el capital A pero que rote dos veces por año: el plusvalor anual será por tanto 20 (2 x 10). Su tasa de beneficio: 20/ (90 + 10), es decir, del 20% (recordemos que el capital A solo alcanzaba el 10%). Así, pues, cuando menor sea el tiempo de rotación, más alta será la tasa de beneficio anual.

En todo caso, en al economía real, los capitalistas no suelen escoger libremente la composición de valor y el tiempo de rotación del capital. Están sujetos a las condiciones concretas de cada sector: en una fábrica de acero se cuenta con mucho más capital constante que en una industria textil por ejemplo. Si las mercancías fueran vendidas a sus valores, es decir, si los precios normales de las mercancías fueran la expresión adecuada del valor de las mercancías, tendrías que haber tasas de beneficio completamente distintas en cada uno de los sectores, incluso si tasa de plusvalor (la explotación de la fuerza de trabajo) fuera igual en todas partes.

El único fin del capital, nos recuerda MH, es la valorización. El único interés de los poseedores de capital, en tanto que se comportan como capitalistas, es decir, como capital personificado, consiste en conseguir la mayor valorización posible de su capital adelantado.

Si distintos sectores presentan tasas de beneficio diferentes, los poseedores de capital intentarán retirar su capital de los sectores con bajas tasas de beneficio e invertirlo en sectores con tasas de beneficio más altas.

Si es posible el movimiento de capital entre los sectores (y no lo impiden, por ejemplo, restricciones legales) afluirá cada vez más capital a los sectores con tasas altas de beneficio y abandonará los sectores con bajas tasas de beneficio.

Esto conduce a un aumento de la oferta de mercancías en los sectores con elevada tasa de beneficio y a una disminución en aquellos sectores que tengan una tasa baja de beneficio.

A causa de la competencia entre capitalistas, la oferta creciente en los sectores con una elevada tasa de beneficio inicial da lugar a una disminución de los precios de venta y, finalmente, a una disminución de la tasa de beneficio, mientras que la oferta decreciente en los sectores con una baja tasa de beneficio inicial conlleva un aumento de los precios, y finalmente un aumento de la tasa de beneficio.

Las distintas tasas de beneficio, señala MH, se nivelan en una tasa de beneficio media o general.

La competencia entre capitalistas, prosigue el filósofo alemán, su persecución de una tasa de beneficio lo más alta posible, lleva a dos resultados: 1. Los precios no son una expresión adecuada del valor, y esto no solo accidentalmente y transitoriamente sino de manera permanente. 2. Sobre la base de estos precios de constituye una tasa media de beneficio tendencialmente igual para todos los capitalistas.

Los precios con los que se obtiene esta tasa media de beneficio son denominados por Marx precios de producción.

El beneficio medio que obtiene un capital es igual al precio de coste de la mercancía (los costes de los medios de producción y los salarios por unidad de mercancía) multiplicado por la tasa media de beneficio.

Los precios de producción resultan de la suma del precio del coste y del beneficio medio (prescindiendo aquí, señala MH en notas, del capital hijo y suponiendo un tiempo de rotación de un año). Si los gastos en medios de producción ascienden a 100 euros, los gastos en salarios a 20 euros y la tasa media de beneficios es del 10%, entonces el precio de coste de la mercancía es de 120 euros, el beneficio medio de 12 euros y el precio de producción de 132 euros (120 + 12).

El beneficio medio se la presenta al capitalista como un recargo sobre el precio de coste. Para el capitalista, el importe de su beneficio individual parece depender de dos magnitudes: 1. del precio de venta que marca el mercado; 2. de la cuantía del precio de coste. Si puede reducir el precio coste (utilizando por ejemplo más maquinaria y menos fuerza de trabajo) puede alcanzar un beneficio mayor que el beneficio medio -obtiene un beneficio extra- y a pesar de ello vender al precio del mercado.

El beneficio efectivo de un capital, que puede diferir del beneficio medio, parece depender, por un lado, de condiciones objetivas (de los precios en el mercado) y, por otra, de la habilidad subjetiva del capitalista (para producir con un precio de coste más bajo). El hecho de que el beneficio resulta de la apropiación de plustrabajo no es perceptible. Al contrario: si el capitalista logra producir empleando menos trabajo, por lo general aumenta su beneficio.

Ahora bien, señala MH, en realidad el beneficio medio depende también del plusvalor: no del plusvalor del capitalista individual sino del plusvalor que se produce en el conjunto de al economía, del plusvalor del capital social global. La nivelación de las tasas de beneficio en una tasa general de beneficio no significa otra cosa que una redistribución del plusvalor social global.

Si las mercancías se intercambiaran a sus valores, cada capitalista obtendría el plusvalor que ha producido por medio de su capital individual y las tasas de beneficios de los capitales individuales serían muy distintas; si las mercancías se intercambiaran a sus precios de producción cada capitalista obtiene en promedio un beneficio proporcional a la magnitud de su capital adelantado, lo que significa que cada capital obtiene en promedio la misma tasa de beneficio. Los capitalistas se comportan con respecto al beneficio medio, señala MH, como los accionistas de una sociedad anónima: la ganancia porcentual es la misma para todos, y cada uno obteine una participación en la ganancia de la empresa que es proporcional a la cantidad que ha invertido.

Marx, prosigue MH, ha planteado en el libro III de EC un método de conversión cuantitativo para pasar de un sistema de valores (c, v y p están dados para los diversos sectores, y dentro de un sector son iguales para todos los capitales) a un sistema de precios de producción. Sin embargo, sostiene MH, se ha comprobado que este método es erróneo. De hecho, añade, Marx ya percibió que este método tiene algunos fallos pero subesimó la dimensión, la repercusión de los mismos.

El problema de la transformación, la cuestión de cómo (y de si es posible en general) se pueden transformar magnitudes de valor en precios de producción, ha sido objeto de intensas discusiones en los últimos cien años (MH remite a su obra mayor de 1999 a la que ya hemos aludido: La ciencia del valor (no traducida al castellano)). Pero en el marco de una teoría monetaria del valor no es posible que haya ningún tipo de procedimiento de conversión de valores en precios de producción. La “transformación de valores en precios de producción” representa más bien un desarrollo conceptual ulterior de la determinación formal de la mercancía, en opinión de MH.

[En nota a pie de página añade: “El gran interés de Marx por un procedimiento de conversión cuantitativo es expresión de sus ambivalencias ya mencionadas anteriormente (capítulo III.III nota 10): en ciertos lugares permanece atrapado en la teoría no monetaria del valor de los clásicos, que él precisamente acababa de superar. Si el valor queda fijo a la mercancía individual independientemente del intercambio (que era la concepción predominante también en el marxismo tradicional), entonces presenta efectivamente un “problema de transformación cuantitativo””.

Se puede hablar de un intercambio a valores, señala MH, mientras el momento de determinación del intercambio es la relación del tiempo de trabajo gastado individualmente con el trabajo social global. Para que el trabajo gastado individualmente se ratifique como generador de valor, tienen que consumarse en el cambio las tres reducciones mencionadas anteriormente (cap. III.III). En la mercancía allí analizada (la mercancía tal como fue expuesta en el capítulo III), se trata fácticamente de la mercancía producida de forma capitalista, pero en su análisis se hizo abstracción del capital.

Los conceptos así obtenidos, como valor, magnitud de valor, dinero, etc, constituyen, por tanto, el supuesto categorial para poder exponer el proceso de producción y el proceso de circulación del capital (capítulos V y VI del libro de MH). Pero el capital del que se tratará en este análisis no es ni mucho menos el capital individual que se presenta empíricamente. Solo después de que se haya expuesto el capital como unidad del proceso de producción y del proceso de circulación, se ha llegado al punto en que se pueden tratar las propiedades fundamentales del capital individual que se presenta empíricamente.

La transición del valor y del plusvalor al precio de producción y al beneficio medio no tiene que ver con una sucesión histórica (o temporal en general) sino con una transición entre distintos niveles de exposición: al nivel de valor y del plusvalor, la forma capitalista del proceso social de intercambio se expresa todavía de forma abstracta, el intercambio solo está determinado por la relación entre el trabajo gastado individualmente y el trabajo global; al nivel de precio de producción y del beneficio medio, el intercambio está determinado asimismo por la relación entre el capital individual y el capital social global, por lo que aquí se pone de manifiesto que en el intercambio no solo se trata del proceso social de productores de mercancías sino del proceso social de productores capitalistas de mercancías.

[En nota, la 4 del capítulo, cuelga de capitalistas de mercancías, MH señala que en este sentido, el proceso de la competencia esbozado más arriba no supone una transición temporal de un sistema de valores a un sistema de precios de producción (ya que no hay capitalismo con intercambio a valores) sino una transición de un sistema de precios con tasas de beneficio distintas a un sistema de precios con tasas de beneficio (tendencialmente) iguales. Por medio de los aumentos de la fuerza productiva, de las modificaciones de la demanda, etc., se producen siempre nuevos desplazamientos de los precios y tasas de beneficio, distintas de cada una de las esferas, por lo que el proceso de nivelación mediado por la competencia tiene lugar permanentemente.]

El siguiente apartado, el tercero de capítulo, lleva por título: “La “ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio”: una crítica”.

PS: El comentario crítico -muy crítico- de Manuel Martínez Llaneza (las cursivas de los dos primeros párrafos son mías):

Por fin hemos llegado al punto crítico. En trazos gruesos, Marx explica en el libro primero cómo se genera la plusvalía –su gran aportación- y ahora, en el tercero, cómo se reparte (el beneficio global es igual a la plusvalía global) en forma de beneficio entre los capitalistas mediante el mecanismo de los precios. MH reconoce que los precios no expresan el valor y que los movimientos de capitales tienden a igualar la tasa de beneficio que determinan independientemente de la tasa de plusvalía extraída por cada capitalista. Sin embargo, no parece darse cuenta de la importancia de esta aportación de la que, ni saca las debidas consecuencias, ni la utiliza para corregir todo lo que ha dicho anteriormente basándose en una concepción errónea del valor y de la plusvalía como he señalado repetidamente en varias entregas. Reconoce que el beneficio medio depende del plusvalor global, cosa evidente puesto que no es más que el resultado de la distribución de éste, y no de la redistribución como dice MH, pues una distribución previa anterior que se redistribuya ahora sólo ha existido en su mente y ha sido bien mal utilizada.
No queda claro si verdaderamente MH reconoce lo que expresa o se limita a transcribirlo de Marx, dado que no reconsidera nada de lo dicho anteriormente, sino que dice que la explicación de Marx es un asunto de transformación (intercambio, transición) de valores en precios que es erróneo. No es fácil saber en qué se basa, porque la explicación categorial que utiliza no tiene contenido concreto (sí lo tiene el de Marx que incluso presenta tablas de valores de las diferentes variables que lo hacen inteligible). Todo parece justificarlo con que “no se trata de un proceso de productores de mercancías, sino de productores capitalistas de mercancías”, como si no se hubiese hartado Marx de resaltar el carácter histórico y no fuese la primera consigna de cualquier explicación. Un poco de contenido matemático daría un mayor carácter científico y menos especulativo a sus asertos; por ejemplo, si en vez de hablar de transformaciones, tratase con claridad las variables que utiliza y sus relaciones.
Salvador López Arnal ha publicado varios de mis comentarios a su análisis de MH y ha citado un trabajo mío que titulé Valor y precio en Marx, que nació como respuesta a afirmaciones del tipo “La imposibilidad de suprimir la distancia que separa la ‘ley del valor’ de esa otra ‘ley económica’ que rige ‘en la superficie’ de la sociedad moderna”, “Divergencias inevitables” o “los ‘totales’ que se intercambian en los mercados no pueden justificar los intercambios individuales en ellos y, en consecuencia, la fijación de precios”. Creo que iba por la misma línea que MH y puede ser interesante consultarlo, pero allí, al menos, intentaron, aunque erróneamente, encontrar contradicciones en Marx a lo que pude responder, mientras que ahora parece que se decretan desde instancias del pensamiento más elevadas que las científicas.

La referencia del libro de Martínez Llaneza: “Valor y precio en Marx”. http://www.rebelion.org/docs/148273.pdf

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