«Cachemira al borde del abismo» de Tarik Alí

Un excelente artículo sobre Cachemira de TA: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=260277, que pone los pelos de punta (por decirlo mal) en muchos momentos. Uno de ellos

Muchas mujeres de Cachemira ni siquiera se atreven a contar a sus propias familias las vejaciones que sufren a manos del ejército indio, por temor a las represalias patriarcales en casa en nombre del honor. Angana Chatterji, que entonces era profesora de antropología social y cultural del Instituto de Estudios Integrales de California (y que ahora es codirectora de programa en la universidad de Berkeley), ha descrito un episodio espeluznante que destapó durante su trabajo de campo de 2006 a 2011 sobre los abusos de los derechos humanos en Cachemira:
Muchas han sido forzadas a presenciar la violación de mujeres y niñas de la propia familia. Una madre que al parecer fue obligada a presenciar la violación de su hija por personal militar rogó que liberaran a su hija. Se negaron. Entonces pidió que no la obligaran a estar presente y que le dejaran salir de la habitación o la mataran. Un soldado le puso el cañón de la pistola en la frente, diciendo que ella lo había querido, y la mató antes de que procedieran a violar a su hija.

Y no se olvida de «viejos» hechos y situaciones que a veces olvidamos:
Desde la década de 1980, India ha mantenido una ocupación militar de tipo colonial, trufada de sobornos, amenazas, terrorismo de Estado, desapariciones, etc. Sin duda, de todo ello es responsable del gobierno indio, pero Delhi pudo ampararse en la estupidez indecible de los generales paquistaníes y su agencia de espionaje ISI a finales de la década de 1980 y comienzos de la de 1990. Confundieron lo que era de hecho un triunfo de la guerra fría de EE UU contra los soviéticos en Afganistán, en la que utilizaron a los paquistaníes y los yihadistas como peones, pero les hicieron creer que en realidad era su victoria. Los grupos yihadistas responsables, entonces llamados muyahidines, habían sido calificados por Reagan y Thatcher –por no hablar de los medios liberales de Occidente– de combatientes por la libertad. Este tipo de alabanza envalentonó a sus patronos del ISI, y los generales paquistaníes supusieron que un ejercicio similar en Cachemira podría proporcionarles otra victoria.
Así, Pakistán fue responsable de infiltrar combatientes yihadistas después de su éxito en Afganistán. En Cachemira, el resultado fue un desastre. Contribuyó a destruir el tejido social y cultural de lo que hasta entonces había sido una cultura musulmana pacífica, muy influida por varias formas de misticismo sufí, e hizo que muchos cachemires se revolvieran contra ambos gobiernos. Miles se refugiaron en otras partes de India, mientras que cientos de alumnos y sus familias cruzaron la frontera con la parte de Cachemira controlada por Pakistán. Muchos de ellos optaron después por recibir instrucción militar. La insurgencia armada de la década de 1990 fue aplastada por la superioridad de las armas de India.

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