Entrevista a Santiago Álvarez Cantalapiedra sobre La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma (*y III)

Entrevista a Santiago Álvarez Cantalapiedra sobre La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma (*y III)

Si queremos salvar al planeta, y salvarnos nosotros, de este capitalismo invasivo debemos construir otra subjetividad.”

Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Valladolid, Santiago Alvarez Cantalapiedra es Doctor en Economía Internacional por la Universidad Complutense de Madrid y ha ejercido la docencia en ambas universidades.
Director del FUHEM Ecosocial y de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, es también miembro del consejo editor de la colección de libros “Economía Crítica & Ecologismo Social” y del consejo de redacción de la Revista de Economía Crítica.
Autor de numerosos artículos y capítulos en libros colectivos sobre necesidades sociales, consumo y las relaciones entre el bienestar social, la calidad de vida y la sostenibilidad en el marco de la globalización capitalista y la crisis económica.
La gran encrucijada. Crisis ecológica y cambio de paradigma ha sido publicado por Ediciones HOAC en julio de 2019. En sus tesis y argumentos centramos nuestra conversación. Continuar leyendo «Entrevista a Santiago Álvarez Cantalapiedra sobre La gran encrucijada. Crisis ecosocial y cambio de paradigma (*y III)»

Entrevista a Silvia Casado Arenas y Carlos Fernández Liria sobre ¿Qué fue la Segunda República? Nuestra historia explicada a los jóvenes.

Entrevista a Silvia Casado Arenas y Carlos Fernández Liria sobre ¿Qué fue la Segunda República? Nuestra historia explicada a los jóvenes.
Hemos intentado plasmar en el libro toda la alegría republicana que siente la Humanidad cuando es consciente de caminar por la senda del progreso moral y político.”

Nota edición: El Jueves, 19 de diciembre, a las 19:30 h, se presentará, con Santiago Alba Rico, el libro ¿Qué fue la segunda república? en Vallecas, en la Librería Muga (Calle Pablo Neruda, 89)

Carlos Fernández Liria es profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Su último libro es Marx 1857. El problema del método y la dialéctica (2019)

Silvia Casado Arenas es profesora de Historia de Secundaria. Es autora, junto con Carlos Fernández Liria, del libro ¿Qué fue la Guerra Civil? (Akal, 2017).

Hace dos años publicasteis ¿Qué fue la Guerra Civil? Nuestra historia explicada a los jóvenes. ¿Por qué habéis continuado por la II República? ¿No tocaba el franquismo y la lucha antifranquista?

Eso íbamos a hacer, cuando nuestro editor Tomás Rodriguez (Akal) nos dijo que era mucho urgente un libro sobre el tema de la república. En primer lugar, porque el tema está mucho más sobre la mesa, con la crisis del régimen del 78 y su herencia monárquica. También por el tema de la Memoria histórica y la búsqueda de los desaparecidos republicanos. Por otra parte, el libro del franquismo amenazaba con ser muy siniestro. En este libro hemos intentado plasmar toda la alegría republicana que siente la Humanidad cuando es consciente de caminar por la senda del progreso moral y político. La cosa no termina bien, desde luego, pero las conquistas de la razón y la justicia en este mundo son, de todas maneras, inolvidables y llevan el sello de la eternidad.

Historia, nuestra historia, explicada a los jóvenes. ¿A qué jóvenes? ¿Son ellos los únicos destinatarios de vuestro libro?

Nos hemos esforzado en que el libro pueda servir para los jóvenes y adolescentes. Eso no quiere decir que no sea un libro para adultos. Tenemos la esperanza, incluso, de que muchos ancianos puedan reconocerse en él y recordar con dignidad la aventura de la que fueron protagonistas.

Escribís en el prólogo: “… nos hemos propuesto presentar la belleza admirable y heroica de la experiencia republicana que, entre 1931 y 1936, tuvo lugar en nuestro país…”. ¿Por qué belleza admirable y heroica? ¿Entre 1931 y 1936? ¿La República no finalizó sus días en España en 1939?

Sí, tienes razón, al menos hasta 1939, e incluso hasta 1977, cuando se disolvió el legítimo gobierno republicano de este país. De todos modos, en una República en guerra siempre hay más de guerra que de república, porque la guerra siempre implica un Estado de excepción. En cuanto a lo de la “belleza admirable y heroica”… ¿cuándo se ha visto que decenas de miles de personas acudan desde todos los países del mundo a defender una causa política? No hay mejor forma de advertir hasta qué punto la república española fue para la Humanidad una brújula respecto a lo que había que defender por encima de todo.

De vuestro prólogo: “Finalmente, las fuerzas fascistas se impusieron a sangre y fuego, pero el ejemplo de la República española quedó grabado para siempre en la memoria de los españoles y el mundo entero”. ¿Para siempre?

Hemos dicho antes que esta experiencia viene marcada con el sello de la eternidad, podríamos decir que como la Venus de Milo o el teorema de Pitágoras o la Declaración de los derechos humanos. La razón tiene que ver con la Verdad, la Justicia y la Belleza y las tres cosas se dieron la mano en el proyecto republicano español. El ser humano no sólo pretende sobrevivir. Como dijo Aristóteles y ya había demostrado Sócrates, muchas veces prefiere sacrificar su vida con tal de no perder aquello por lo que merece la pena estar vivo, que no es otra cosa que la Libertad y la Dignidad.

¿Qué deberíamos entender por República? ¿Cuándo un sistema político es un sistema republicano?

En verdad, “república” no se opone a “monarquía” sino a despotismo. Hay república cuando hay división de poderes y una maquinaria política capaz de ofrecer alguna garantía de que los que obedecen las leyes son al mismo tiempo colegisladores, de tal modo que, al obedecer a la ley, no se obedecen, en realidad, más que a sí mismos. Otra cosa es que la monarquía, incluso la monarquía constitucional, sea una fórmula adecuada.

Cuando describís la alegría popular del 14 de abril de 1931 hacéis referencia al “Himno de Riego” y a “La Marsellesa”. ¿Por qué estos dos himnos-cantos populares? Uno de ellos es francés.

La Marsellesa, en tanto que símbolo de la Revolución francesa, representa ese momento en el que Hegel saludó “la primera victoria de Anaxágoras”: que la razón rija el mundo. “Una emoción sublime reinaba en aquél tiempo”, nos dice. “Desde que el sol está en el firmamento y los planetas giran alrededor de él, no se había visto que la humanidad se apoyara sobre su cabeza y edificase la realidad conforme a las exigencias de la razón”. Eso era lo que estaba en juego y lo que representa la Marsellesa (y también el Himno de Riego). Otra cosa es que la cosa saliera bien. La Revolución francesa, contra lo que se suele decir, no triunfó con el éxito de la burguesía. Fue aplastada por el poder burgués, fue derrotada. Como bien decía Toni Domènech (de acuerdo con Florence Gauthier), lo único que la Revolución francesa tuvo de revolución burguesa fue la contrarrevolución. Francia fue, sobre todo, el país que derrotó a la revolución francesa.

Os cito: “… y el día que se proclamó la república el pueblo español fue consciente de que, pese a todos los problemas vitales, se había conquistado algo que es incluso más importante que la vida: la dignidad”. ¿Y qué eso de la dignidad? ¿Más importante que la vida?

¿Cuántas personas, empezando por Sócrates, han preferido perder la vida antes que perder su dignidad? Innumerables. Podríamos comparar la dignidad con ese nivel en el que el mundo aparece iluminado bajo la luz de la Verdad, la Justicia y la Belleza, es decir, según nos dictan la razón y la libertad. La república española fue el escenario de una inmensa batalla por la dignidad.

¿Por qué la Iglesia católica fue casi desde el principio y a lo largo de los años, y de manera creciente, una fuerza opositora, frontalmente enfrentada, a la II República?

La Iglesia debería haber perdido perdón por su complicidad con las fuerzas golpistas y por su ignominioso apoyo a la dictadura franquista.

Algunos capítulos del libro, siempre breves, siempre muy bien escritos, finalizan con recomendaciones. ¿Para quiénes están pensadas, para qué?

Ante todo, queremos que este libro resulte útil para quien quiera estudiar la Segunda República. Hemos pensado muy despacio en una bibliografía básica, para cada uno de los temas tratados. A veces, hay películas que te orientan con acierto, otras veces recomendamos libros más difíciles y contundentes, pero muy buenos. Casi siempre lo hemos hecho pensando en que nuestro libro podría ser utilizado en las clases de Historia de la enseñanza secundaria. Muchas de las recomendaciones pueden servir como material de apoyo en el aula. Otras veces, como cuando citamos, por ejemplo, El eclipse de la fraternidad de Toni Domènech, de lo que se trata es de justificar con una obra importante las tesis que estamos defendiendo, que, por supuesto, a veces son discutibles. Conviene recomendar también el último libro de Ángel Viñas, ¿Quién quiso la guerra civil? Historia de una conspiración (Crítica, 2019), en donde el autor demuestra con rigor de historiador y mucha documentación que las fuerzas monárquicas estuvieron desde el primero momento en contacto con Mussolini, buscando el apoyo del fascismo italiano para sus planes golpistas.

Para que exista realmente ciudadanía, señaláis, no basta con expulsar a los reyes; son precisas determinadas condiciones legales y materiales. Desde la revolución francesa, comentáis, estas condiciones se resumen en el famoso lema trinitario: libertad, igualdad y fraternidad. Sin ser conceptos fáciles, nos solemos manejar con libertad e igualdad no tanto con la fraternidad. ¿Qué es la fraternidad?

Lejos de ser, como a veces se pretende, un complemento ornamental de la Libertad y la Igualdad, la Fraternidad era la tercera pata del concepto de ciudadanía y la que englobaba sus condiciones más materiales. Que en tanto que ciudadanos somos “hermanos” quiere decir que no estamos destinados a ser siervos de un señor, hijos de un padre, esposas de un marido, esclavos de un amo, feligreses de una Iglesia, etc. Es decir, es la exigencia de que seamos independientes civilmente, que no tengamos que “pedir permiso a nadie para existir”. Esto incluye condiciones materiales de existencia. Es el derecho a la existencia del que habló Robespierre. Eso, por ejemplo, exigía liberar a los esclavos en las colonias y hacer una contundente reforma agraria. Y esto es lo que el poder de la burguesía no podía aceptar y por lo que inició su propia contrarrevolución. En resumen, por aquél entonces, la Ilustración todavía era muy consciente de que la libertad y la igualdad, sin independencia civil, sin condiciones materiales de existencia, son un mero papel mojado. De nada te sirve, por ejemplo, al cumplir dieciocho años, ser libre e igual ante la ley respecto a tu padre, si sigues dependiendo de él hasta para respirar. Una revolución en nombre de los “hermanos” es una revolución contra el despotismo del padre, el señor, el conde, el amo, el marido, respecto a dios y sus representantes terrestres también. Esto exige una revolución social y no sólo legal.

¿Cuáles fueron, a lo largo de los años, las relaciones entre la CNT y la II República? ¿No fueron los cenetistas demasiado críticos, incluso fuertemente opositores, con la República en determinados momentos?

Cuando escribimos el libro anterior, ¿Qué fue la guerra civil?, surgieron algunas objeciones por parte de los anarquistas. Carlo Taibo escribió un libro parecido al nuestro en el que se nos respondía desde este punto de vista: Los olvidados de los olvidados. Ahí podemos encontrar un capítulo que se titula “Los anarquistas no fueron republicanos”. Carlos Taibo da razones importantes para defenderlo así y lo hemos citado en este nuevo libro. Es cierto que, en general, no se definían como republicanos y que se enfrentaron a los gobiernos republicanos. Eso no les convertía ni mucho menos en aliados de la derecha y, luego, de Franco, como fueron acusados en su momento por el Partido Comunista. Durante la guerra, la discusión tenía mucho sentido. Unos pensaban que lo primordial era ganar la guerra y luego hacer la revolución. Otros, los anarquistas, pesaban que para ganar la guerra, la única manera era hacer la revolución. Al final no hubo revolución y la guerra se perdió. Hay aquí una eterna polémica en la que es difícil llegar a un acuerdo.

¿Qué aspectos os parecen más destacables de la Constitución de 1931? ¿Qué era eso de una República de los trabajadores de todas las clases?

Eran otros tiempos en los que todavía primaba una solidaridad de las clases a nivel internacional. Todo esto lo hemos olvidado hoy en día, hasta el punto de que ya ni se dice retóricamente. En la Constitución del 31, esta idea todavía vertebraba el texto legal.

¿El sufragio femenino activo fue una de las principales conquistas del período republicano? ¿Clara Campoamor, que no fue una líder de izquierdas, tuvo mucho coraje y lucidez en aquellas circunstancias?

Defendemos, junto a Carmen Domingo, que Clara Campoamor tenía razón en esta polémica. Dicho esto, tampoco es cierto que los socialistas no fueran fundamentales a la hora de conquistar el sufragio femenino. Lo explicamos en el libro.

¿Por qué se habla, con tanta admiración de la escuela republicana y de las misiones pedagógicas? ¿Tanto hicieron por la extensión de la cultura a pueblos y comunidades?

Una de los aspectos más importantes y alegres de la vida en la Segunda República tuvo que ver con su defensa de la escuela pública y su lucha por llevar la cultura a los pueblos y el mundo rural. En el libro insistimos mucho en ello. Los maestros y, sobre todo, las maestras, se convirtieron en verdaderos héroes republicanos. Fue una revolución social inusitada. Recordamos a esas maestras que llegaron a los pueblos más recónditos de España para educar y alfabetizar, que dieron clase a varones muchas veces mayores que ellos, invirtiendo todos los valores de la tradición. Luego, los maestros y las maestras fueron terriblemente represaliados por la dictadura. Se trata de personas que literalmente dieron su vida por la enseñanza. Nosotros somos los dos profesores de la escuela pública y estamos convencidos de que la enseñanza estatal es la más bella conquista que las clases trabajadoras trajeron a la Humanidad. Todavía sigue siendo así, contra viento y marea. Por eso es tan lamentable que las primeras legislaturas socialistas tras la Transición, no tuvieran el coraje de suprimir la enseñanza concertada y blindar la escuela pública. Entre sus muchas traiciones a las clases trabajadoras, esta es una de las más terribles.

La II República española fue, como a veces se dices, la República de los intelectuales, de García Lorca, de Antonio Machado, de Luis Cernuda, de León Felipe?

La República contó con el apoyo de decenas de intelectuales que hoy son ya patrimonio de la Humanidad. Entre todas las historias tristes, la más triste es la de España. Muchos de estos intelectuales acabaron en el exilio o, como Lorca, asesinados por el fascismo.

¿Por qué hubo tanta oposición a una Reforma Agraria que no era, que nunca pretendió ser, una reforma de orientación socialista-colectivista?

De acuerdo con Domènech, defendemos que Azaña se quedó sólo en su defensa de un plan de Reforma Agraria viable. Pero la derecha se oponía ferozmente y a los socialistas les pareció demasiado tímido. El resultado fue una parálisis fatal.

¿Siempre fueron progolpistas las derechas españolas? ¿Desde el primer momento?

La República contó desde el primero momento con políticos de derechas, el propio Alcalá Zamora lo era. No todos fueron progolpistas ni mucho menos, pero sí los que tenían más poder y más dinero.

Cuando hablamos de la revolución de 1934, ¿De qué revolución hablamos propiamente? ¿Qué lecciones extrajeron las izquierdas españolas de lo sucedido?

En España se estaba experimentando lo que en otros libros hemos llamado la ley de hierro de la democracia bajo condiciones capitalistas. Para cambiar las cosas, es posible emprender una vía revolucionaria o una vía parlamentaria. Pero la Historia no ha sido muy generosa en este sentido. Siempre que se ha intentado transformar la sociedad perjudicando a los poderes económicos, estos han pagado un golpe de Estado, una guerra o una invasión, dando al traste con el orden constitucional. La democracia se ha demostrado que es compatible con el capitalismo siempre que ganen las derechas o las izquierdas dispuestas a aplicar programas de derechas. Pero las victorias electorales de la izquierda, incluso cuando han sido muy modestas, han sido duramente castigadas con golpes de Estado a las que han seguido luego dictaduras terribles, capaces de escarmentar al pueblo por haber votado mal. Esto es una constante del siglo XX, sobre la que ya nos advirtió en los años veinte Carl Schmitt, que fue nazi, pero no tonto: “seguro que no hay ya nadie en contra de las libertades parlamentarias, pero no creo que haya tampoco nadie tan ingenuo de pensar que esas libertades se van a mantener en el caso de que algún día osen poner en cuestión a los dueños del poder real”. Los “dueños del poder real” no están en el Parlamento. Soportan el Parlamento mientras éste no ose con perjudicarlos. Si no, se acabó lo que se daba. Así es que no es extraño que las izquierdas en ocasiones optaran por la vía revolucionaria y la lucha armada. Entre Fidel Castro vivo y Allende muerto, es lógico que algunos se inclinen por la primera opción, porque no hay otra. Allende parece más razonable, pero es que a Allende le matan y acabas teniendo a Pinochet. Esa tensión también recorrió todas las encrucijadas de la Segunda República. No todos confiaban en la vía parlamentaria hacia el socialismo o el anarquismo. Y se diría que los tiempos, desdichadamente, les dieron la razón.

Dedicáis un apartado a las “teorías revisionistas”. ¿Qué son, qué defienden esas teorías? ¿Siguen vigentes?

Son teorías que no distinguen entre un golpe de Estado y una revolución. Argumentan que ambas posibilidades perturban el orden constitucional. Pero se les nota demasiado que es porque apuestan por la segunda. Se empeñan en que las izquierdas dieron ya un golpe de Estado en 1934, con la revolución de Asturias, así es que no ven ninguna diferencia entre que la gente más pobre inicie un proceso revolucionario contra el orden establecido y que un centenar de generales pagados por los terratenientes y banqueros, apoyados por Hitler y Mussolini, se levanten contra el gobierno constitucional con la intención de implantar una dictadura. Esto en cuanto a su contenido. Otro asunto está en la calidad científica de sus argumentos. Los mejores historiadores ni siquiera las consideran verdaderas “teorías”. Son más bien propaganda franquista disfrazada que sí, sigue muy vigente, eso es lo malo.

¿Cuáles fueron las condiciones que posibilitaron la victoria del Frente Popular en las elecciones de 1936? ¿Fue esencial el papel de la CNT?

Sin duda, el voto de los anarquistas fue muy importante. Se aprendieron las lecciones de lo que había pasado en el 33. No haríamos mal, en la actual coyuntura, en recordarlo un poco.

¿Desde cuándo se empezó a cocinar el golpe de Estado de julio de 1936? ¿Desde el golpe fracasado de Sanjurjo? ¿Quiénes lo financiaron?

Bueno, si hubiera triunfado Sanjurjo, no habría sido necesario el golpe del 36. El caso es que el golpismo estuvo presente desde el comienzo mismo de la proclamación de la República. Los “dueños del poder real”, como antes les hemos llamado, nunca aceptaron la democracia. La aguantaron unos años porque no les quedaba otra. Un banquero corrupto y contrabandista, Juan March, fue decisivo para financiar la estrategia golpista. Los grandes terratenientes, la Iglesia católica, los militares… También es muy importante el apoyo que los golpistas recibieron siempre de Mussolini y de Hitler. El último libro de Ángel Viñas que hemos citado antes es contundente a este respecto.

¿La República estuvo suficientemente atenta a lo que se estaba cocinando en los cuarteles? ¿No estaba un poco en los laureles?

Lo mismo se podría decir del gobierno de Allende en 1973. O del de Jacobo Arbenz, en Guatemala, en 1954. Y así habría un largo etcétera que repasar. El asunto de fondo es que cuando la democracia es de izquierdas, la amenaza de un golpe de Estado siempre está presente. Es un equilibrio desigual. El Parlamento cuenta con razones, y la oposición con el dinero y los tanques. No es extraño que suela salir mal. Cuando en 1998, Oscar Lafontaine fue nombrado ministro de Hacienda en Alemania, los bancos y la Volkswagen le amenazaron con deslocalizar toda la producción a EEUU, y tuvo que dimitir en un mes. Como dijo Varoufakis, en Grecia, ahora ya no hacen falta ni tanques, pero el resultado es el mismo: la democracia, más que consultar las razones de la ciudadanía, debe limitarse a entrar en razón y acomodarse a los intereses de los más poderosos.

¿Qué países apoyaron realmente a la II República una vez iniciada la guerra? ¿Las “democracias europeas” estuvieron a la altura de las circunstancias?

En el libro hablamos de lo que fue el Pacto de No Intervención. Fue una canallada. Y pensamos que el mundo democrático lo pagó muy caro, porque dio alas al fascismo alemán e italiano. Pero no hay que olvidar que Inglaterra, Francia y, sobre todo, EEUU se pensaron muy bien de qué lado tenían que colocarse. Coquetearon con Hitler hasta el último momento y muchas empresas estadounidenses siguieron haciendo negocios con Alemania durante toda la guerra mundial.

¿Qué papel jugó don Juan Negrín en aquellas difíciles circunstancias? ¿Por qué Negrín fue una de las personas más odiadas y calumniadas durante el franquismo, no siempre defendido, por cierto, por las fuerzas de izquierda?

Negrín se hizo famoso con su lema “resistir es vencer”. Pero no era lo mismo defender ese lema desde el exilio, que defenderlo en las trincheras de Madrid. No hay que olvidar que incluso los principales anarquistas apoyaron el golpe de Casado y abogaron por la rendición. Eso en cuanto a las izquierdas. En cuanto a las derechas, el famoso asunto del “oro de Moscú” representó uno de los hitos de la propaganda del franquismo. Como explicamos en el libro, Negrín no entregó gratis ese oro a la Unión Soviética. Se limitó, sencillamente, a comprar material de guerra.

¿Cuándo se disolvió el gobierno republicano? ¿Por qué?

Era una locura, sin duda, no aceptar el gobierno de la Transición. Pero es verdad que, en cierto sentido, todo había quedado “atado y bien atado”. Así es que también fue una rendición.

¿Queda algo realmente de la memoria de la segunda República en los ciudadanos y ciudadanas españolas de 2019?

Se ha hecho lo imposible para que no sea así. Y el PSOE ha sido en esto un verdadero lameculos de la monarquía, entre otras cosas porque se ha tratado siempre de encubrir el papel que tuvieron algunos socialistas y el propio monarca en el golpe de Estado de 1981. En esto, la monarquía y el PSOE se subieron en el mismo barco. El resultado es estremecedor, porque lo que la sociedad española ha aguantado y está aguantando sería inconcebible en Alemania o en Francia. Hemos tardado cincuenta años en sacar al dictador de la tumba más monumental de este país.

Habláis del golpe de Tejero de 1981 como un momento difícil del sistema democrático español en estos últimos 40 años. ¿Y por qué no, sin negar diferencias por supuesto, de lo sucedido en el Parlamento catalán los días 6, 7 y 8 de septiembre de 2017?

Independientemente de lo que opinemos sobre la sentencia del Procés, no estamos de acuerdo en ese paralelismo. Si el gobierno catalán hubiera ordenado a la policía autonómica luchar a mano armada por la independencia, fusilando y encarcelando a los opositores, sería más plausible. Pero no parece que una movilización popular, convocada por unos representantes votados por millones de personas, pueda ser comparable a un golpe de Estado militar. Puede que haya habido toda clase de delitos de por medio, pero no, desde luego, la rebelión militar ni la sedición violenta. Entendemos perfectamente tu desprecio y tu indignación por todo lo que ha conllevado el Procés, pero creemos que esa comparación no hace justicia al asunto.

Era una pregunta, desde luego que no es lo mismo. No comparaba, no quería comparar. Preguntaba por momentos difíciles del sistema democrático español y aquellos días, en mi opinión, lo fueron.
En todo caso, en mi opinión, aquello no fue solo una “movilización popular” convocada por representantes políticos votados por unos dos millones de personas (no por el resto de la ciudadanía). Y si me permitís, prefiero que desprecio quede reducido a rabia e incomprensión. Desprecio no es palabra que me represente.
Dejadme recomendar las sucintas biografías -pp. 175-183- con las que finalizáis el libro. ¿Algún comentario sobre el ilustrador?

Creemos que con David Ouro, ya desde nuestro anterior libro, iniciamos una colaboración muy exitosa. Espero que podamos seguir trabajando juntos. Nosotros hemos intentado hacer un texto sencillo, al alcance de un amplio abanico de edades y niveles culturales, y pensamos que la forma que tiene de ilustrar Ouro cumple a la perfección el mismo cometido.

Tres nombres esenciales, no más, de la II República.

Sin duda, Manuel Azaña, un político comprometido y honrado. Arturo Barea porque supo relatarla en un obra inmortal. Y Lorca, porque representa todo lo que perdimos, que era algo muy bello.

¿Tiene algún sentido apostar hoy por la III República española que algunos piensan en términos federales?

Sin duda. De hecho, todavía no sabemos lo que piensa el CIS sobre el apoyo a la monarquía en la población española. Por algo será. Parece que ya en tiempo de Adolfo Suárez no se planteó un referendum porque se sabía que se perdía.