Reseña de José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtades. El accidente de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy, dxe Miguel Muñiz

Reseña de José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtades. El accidente de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy, Laertes (col. Trébol negro, 8), Barcelona, 2019, 310 págs.

De resistencias éticas perseverantes frente a impactos sociales irreversibles

Miguel Muñiz

El lector o lectora de este libro se enfrenta a una aparente paradoja: su autor, Salvador López Arnal, entrevista en profundidad a José Herrera Plaza que es autor de otro libro, y sigue punto por punto el contenido de la obra que éste ha publicado. Nos hallamos pues ante un libro que explica lo ya escrito en otro libro. Y surge la pregunta: ¿No sería más sencillo limitarse a difundir la obra original? Pues resulta que no. Y refutar la aparente paradoja va más allá de constatar que el libro objeto de la entrevista, Accidente nuclear en Palomares: consecuencias (1966-2016) [1], tiene un formato de álbum grande, de 31 x 24 cms, lo que supone una cierta dificultad de manejo que el que comentamos no tiene. Pero la paradoja no se desmiente por la mayor o menor facilidad de uso, ya que el subtítulo, el contenido, y la personalidad de sus autores, son la causa de la edición de Silencios y deslealtades. Continuar leyendo «Reseña de José Herrera Plaza y Salvador López Arnal, Silencios y deslealtades. El accidente de Palomares: desde la guerra fría hasta hoy, dxe Miguel Muñiz»

Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona

Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona

Para Miguel Muñiz Gutiérrez, por su incansable hacer, por su honestidad a prueba de todo.
Para Andrés Martínez Lorca, por su amistad y magisterio.
Y para José Herrera Plaza, por todo.

Nota edición: Intervención del autor en la presentación del libro Silencio y deslealtades el pasado jueves 28 de noviembre en el CEHIC de la Universidad Autónoma de Barcelona.

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Gracias por la invitación, todo un honor para mí.

Seguro que ustedes recuerdan la figura de los teloneros. Este es mi papel en este encuentro. Yo hago de Sirex-Mustang, y el amigo José Herrera Plaza hace de Beatles, Bruce, Mile Davis, Paul Simon, Manel o Rosalía, en función de sus preferencias. Ninguna queja en mis palabras desde luego. Continuar leyendo «Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona»

Conversaciones son Ariel Petruccelli sobre «Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista.»

Salvador López Arnal (editor)

Conversaciones son Ariel Petruccelli sobre Ciencia y utopía. En Marx y en la tradición marxista

Una política socialista respecto de las fuerzas productivo-destructivas contemporáneas tendría que ser bastante compleja y proceder con lo que podríamos llamar “moderación dialéctica”, empujando y frenando selectivamente con los valores socialistas bien presentes en todo momento, de modo que pudiera calcular con precisión los eventuales “costes socialistas” de cada desarrollo. Esa política tendría que estar lo más lejos posible de líneas simplistas aparentemente radicales, tales como la simpleza progresista del desarrollo sin freno y la simpleza romántica del puro y simple bloqueo. La primera línea no ofrece ninguna seguridad socialista, y sí muy alta probabilidad de suicidio. La segunda, es para empezar, impracticable. Ejemplifiquemos eso a propósito de la más fundamental de todas las fuerzas productivas-destructivas objetivas contemporáneas, la ciencia.
La ciencia en el sentido contemporáneo es un conocimiento socializado con proyección técnica más o menos inmediata. De esta última circunstancia se deriva su peligrosidad intrínseca como conocimiento sumamente eficaz: la excelencia de la física como conocimiento, por ejemplo, es la base del armamento nuclear y químico. La reacción romántica a esa circunstancia que consiste en intentar deshacer el camino andado y, en la práctica política, bloquear la investigación, me parece, por de pronto inviable, además de indeseable. La historia documenta bastante bien que todos los intentos de bloquear la investigación en las épocas por nosotros conocidas han fracasado rotundamente. Desde Galileo hasta, desgraciadamente, la propuesta de moratoria en ingeniería genética presentada por Crick y otros Premios Nobel hace unos diez años [1974]. Por otra parte, esa política tampoco es deseable, porque lo característico de la tecnología contemporánea (como de todo conocimiento, en realidad) no es una supuesta bondad o maldad, sino su constitutiva ambigüedad práctica. La misma ingeniería genética, por ejemplo, en la que se pedía una moratoria pensando en los riesgos de su manejo de ciertos virus y en la pesadilla, aun lejana, de intervenciones políticas en el equipo genético humano, es una de las principales esperanzas en la lucha contra el cáncer.
Desde el punto de vista político-moral, la ciencia es ambigua, por así decirlo, si no queremos usar la palabra “neutral” lamentablemente satanizada en los ambientes de izquierda (…). Desde un punto de vista político-moral, el producto científico es ambiguo y conlleva por sí mismo un riesgo probablemente proporcional a su calidad epistemológica. No es verdad que una física nuclear practicada por científicos socialistas sea menos peligrosa que la practicada por científicos capitalistas…
Manuel Sacristán (1983)

(….) creo que el primer principio orientador de una política de la ciencia para esa otra sociedad, para esa comunidad o federación de comunidades, debería ser una rectificación de los modos dialécticos clásicos de pensar, hegelianos, sólo por negación, para pensar de un modo que incluyera una dialecticidad distinta con elementos de positividad. Esto es demasiado largo de discutir para hacerlo ahora, pero se puede en cambio ejemplificar en la práctica.
Una dialecticidad que tenga como primera virtud práctica la de Aristóteles, es decir, el principio del mesotes, de la cordura, de la mesura, dimanante del hecho de que las contradicciones en las que estamos no las veo como resolubles al modo hegeliano sino al modo como se apunta en el libro primero de El Capital, es decir, mediante la creación del marco en el cual pueden dirimirse sin catástrofe.
De todos modos, todo esto se puede decir de un modo mucho más empírico-analítico y mucho menos filosófico-clásico. La razón por la cual el principio inspirador de una política de la ciencia para las nuevas comunidades debería ser el de la mesura y la cordura y no el que esperaba una solución en blanco y negro, por el juego de factores objetivos, es que eso sería prácticamente irrealizable o recusable. Recusable si se tratara de apostar por el desarrollo desencadenado de las fuerzas productivas tal como lo conocemos, recusable porque nos llevaría a la catástrofe; irrealizable si optara por el negro de una prohibición de la investigación sin más, no deseable pero además irrealizable a tenor de la experiencia histórica, que nos muestra que la mayoría de nosotros se apuntaría entonces por espíritu de libertad a lo que ya en otra ocasión (…) he llamado la nostalgia galileana.
Manuel Sacristán (1979)

Sobre Ariel Petruccelli y las entrevistas:

Profesor de Historia de Europa y de Teoría de la Historia en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Comahue (Argentina), Ariel Petruccelli ha publicado numerosos ensayos y artículos de marxismo, política y teoría de la historia.
Es miembro del consejo asesor de la revista Herramienta y autor de Ensayo sobre la teoría marxista de la historia (Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 1998), Docentes y piqueteros: de la huelga de ATEN a la pueblada de Cutral-Có (Buenos Aires, El Cielo por Asalto / El Fracaso, 2005), Materialismo histórico: interpretaciones y controversias (Buenos Aires, Prometeo, 2010) y El marxismo en la encrucijada (Buenos Aires, Prometeo, 2011). En Breve publicará Revisionismo revolucionario (Rededitorial, 2020). En estas conversaciones nos centramos esencialmente en su libro Ciencia y utopía, Buenos Aires, Ediciones Herramienta y Editorial El Colectivo, 2016.
El profesor Petruccelli se define como «marxista libertario con una amplia participación política en el movimiento estudiantil (en tiempos ya lejanos) y sindical docente». También ha cultivado el humor político en un colectivo de agitadores culturales (El Fracaso) que editó a lo largo de más de una década dos publicaciones satírico-revolucionarias: La Poronguita y El Cascotazo.