El 11S y nosotros (“los otros” en el decir del nacional-secesionismo)

[Crónicas sabatinas] ¡No más cuentos, no más historia-ficción! ¡Basta de Historia y de cuentos!

El 11S y nosotros (“los otros” en el decir del nacional-secesionismo)

Para Immanuel Wallernstein (1930-2019). In memoriam et ad honorem. “Uno debe leer a personas interesantes y Marx es el erudito más interesante de los siglos XIX y XX. No hay dudas al respecto. Nadie es comparable en términos de la cantidad de cosas que escribió, ni por la calidad de sus análisis. Por lo tanto, mi mensaje a la nueva generación es que vale mucho la pena descubrir a Marx, pero hay que leerle, leerle y leerle. ¡Leer a Karl Marx!” [1]

Para Jesús Mir García (1948-2019), in memoriam: filósofo de la cabeza a los pies, profesor de filosofía en el Instituto Juan de Austria de Barcelona, maestro de muchos ciudadanos, compañero del alma. Temprano levantó la muerte el vuelo.

Eran muy auténticos [la generación militante de los padres de JPA], estaban en la lucha política porque era necesario para cambiar las cosas, para mejorar el barrio, para ir al médico… y eso coincidió con que había un régimen que les impedía hacer política y aún así se empeñaron en jugárselo todo, la libertad, el dinero… ¿Te acuerdas de aquel conseller que a las puertas del 1-O dijo que podía jugarse “cualquier cosa menos el patrimonio”? Es todo lo contrario a la generación de nuestros padres, que se encerraban en una iglesia dos meses haciendo huelga y ponían en riesgo todo. Eso se llama creer en las cosas. A mí lo que dijo el conseller me pareció muy coherente con su clase, pero a la vez pensé ¿cómo voy a ser solidario con alguien así?
Javier Pérez Andújar (2019)
El nacionalismo ha hecho, desde su aparición a finales del siglo XIX, un uso y abuso permanente de la historia en su proceso de nacionalización de la sociedad catalana. Aunque pueda afirmarse que todos los nacionalismos sin excepción recurren a la historia para sustentar sus reivindicaciones, el caso de Cataluña esta circunstancia llega hasta puntos de significativo delirio, como ponen de manifiesto los intentos burdos y ahistóricos de Jordi Bilbeny, Víctor Cucurull -activo miembros de la ANC-, Albert Codines y el Institut Nova Història de catalinizar a santa Teresa, Colón, Hernán Cortés, Ignacio de Loyola, Leonardo da Vinci, los Pinzón, Cervantes y El Quijote. Según Cucurull, Hernán Cortés, pongamos por caso, era catalán, se llamaba Ferran y tenía “una cultura política propia de la nación catalana”. Estas teorías contubernistas han recibido jugosas subvenciones y premios de entes nacionalistas y el apoyo público de políticos como Jordi Pujol, Josep Rull, Josep Lluís Carod Rovira o Josep Maria Terricabras.
Jordi Canal (2018)

Una previa. Cuando alguien habla -si es el caso, y con claridad o sin ella- de formar parte de un gobierno de “concentración soberanista” (que, digan lo que digan, en absoluto representaría el 80% de la ciudadanía catalana), lo que está diciendo realmente es que apuesta por ser parte de un gobierno nacionalista cuya finalidad central (si no única) es la aniquilación del demos común con el resto de ciudadanos españoles y la construcción-levantamiento de un muro Estado que nos separe de ellos. Esta aspiración (o finalidades afines) nunca ha tenido nada que ver con el ideario y los valores de la izquierda. Nunca. El geógrafo Christophe Guilluy (tienen la referencia de su trabajo en la lista de recomendaciones), mucho mejor informado que los diputados de la “France insoumise” [2] (¡menuda insumisión la suya!), lo ha explicado en estos términos:
Las clases dominantes utilizan un sentimiento nacional real para imponer un modelo neoliberal que, en consecuencia, perjudica a las clases populares en España, pero también en Cataluña, donde la concentración de las riquezas y de los empleos en Barcelona ha operado en detrimento de las clases populares catalanas. En las regiones ricas, los movimientos independentistas no son más que la careta de la secesión de las burguesías que intentan salirse de los marcos nacionales (donde hay que ejercer la solidaridad) y unirse a los marcos supranacionales (donde se ejerce la ley del mercado). Ese ejemplo catalán ilustra la fiebre de una burguesía dispuesta a cualquier cosa para abandonar el bien común.

El Roto, una vez más, ha dado en el clavo (aunque no todo empezó con el lazo). La cita de Javier Pérez Andújar es (casi) una excusa para recomendarles la entrevista que le ha hecho Nuria Sánchez (también en las referencias finales). La cita del historiador Jordi Canal señala un nudo característico molt nostre: el enorme e ininterrumpido peso que la Historia (nacionalista y con mayúsculas) ejerce sobre las mentes, las espaldas, el ser diario y la “cosmovisión” de la ciudadanía de Cataluña.

El tema de hoy: el 11S y nosotros, los no-secesionistas, los “charnegos españolistas” en el lenguaje políticamente correcto (en su modo de decir) del nacional-separatismo.
Situémonos en el 11 de septiembre de 1977. Doy un pequeño rodeo. Tomo pie en la Autobiografía de Federico Sánchez de Jorge Semprún (Barcelona, Público, 2010, pp. 55 y ss) que, por supuesto, no comento [3].
Semprún conoció a Gabriel Celaya en junio de 1953, al final de su primer viaje clandestino a España. Lo inició en Barcelona (nunca había estado en la ciudad antes de la guerra, todo lo que sabía de la topografía de la ciudad “lo había aprendido en L’Espoir de Malraux”). Lo finalizó en San Sebastián.
Llegó a la ciudad de los prodigios y de las grandes desigualdades por la estación de Francia [4]. Se buscó un hotel barato y se echó a andar buscando las Ramblas y la plaza de Cataluña. Subió por Paseo de Gracia y se paró a tomar su primera cerveza en el bar NAVARRA. Luego comenta:
NAVARRA, NAVARRA, ¡NAVARRA! La esquina: NAVARRA: te entra un súbito color visceral: te acuerdas: aquí fue: aquí estás otra vez: has recobrado todo el tiempo perdido: transcurrido: veinticuatro años más tarde vuelves al lugar donde todo empezó: estabas sentado en la terraza del NAVARRA y pediste una cerveza y te la bebiste: hace veinticuatro años: al sol de junio en Barcelona y hoy levantas la vista y ves esa misma terraza y estás metido entre la muchedumbre que desfila por el paseo de Gracia: es la Diada del 11 de septiembre de 1977.

El autor de La escritura o la vida describe aquella “histórica” diada del siguiente modo:
Todo el pueblo en la calle: y tú fundido con todo el pueblo catalán: anónimo: y se levantan las banderas de Cataluña: y acabas de oír la voz de Raimon difundida por los altavoces: cantando: quatre rius de sang/ terra polsosa i vella: y hace años hace tal vez siglos polvorientos que no has sentido inundados los ojos por la marea de las lágrimas felices: pero te inundan las lágrimas felices porque nada ha sido inútil aunque nada haya sido tampoco como estaba previsto ni como estaba soñado: pero esto sí estaba soñado: este alto sueño de banderas y de gritos: esta marejada de Cataluña en marcha hacia la estatua de Rafael de Casanova: y te tiemblan las viejas manos y el viejísimo corazón: las manos que empuñaron las viejas armas de los maquis: que manejaron las multicopistas de los tiempos difíciles: el viejísimo corazón que se usó contra las piedras del camino: pero aquí estas: fundido en esta serena y firme alegría colectiva: y volem l’Estatut gritaban los chicos y las chicas que nacieron después de que hicieras aquel primer viaje a las profundidades de tu pueblo: queremos el estatuto de hombres y de pueblo: la estatura de Cataluña erguida: la estatua de los muertos en Montjuïc: y piensas que tal vez nada haya sido inútil aunque todo haya sido diferente de lo soñado: y estás con Oriol y con Georgina y con Sergio que tiene trece años y levanta el puño como lo levantaron frente a los fusiles tantos miles de muertos solitarios: y estás con Berta Muñoz que acababa de nacer en Joaquín María López una calle de Madrid cuando tú comenzaste a regresar al paisaje de la lucha y de la infancia: y que ahora milita en el PSUC y que te escucha tus viejas historias: sonriente: y que canta Els Segadors ahora: y tú no sabes cantar Els Segadors: sólo sabes murmurar en la oleada de banderas rumorosas que tal vez nada haya sido inútil: que tal vez algo germina aquí y este día de lo que fuiste sembrando con los militantes de los tiempos difíciles: tan poco numerosos que podrías contarlos con los dedos de una mano: tal vez dos manos apretadas: y es la Diada de Cataluña hermosa y oyes la voz de Raimon y tu viejísimo corazón late como hace siglos que no ha latido: con el latido de esta sangre que tal vez no haya sido del todo estéril: tal vez: tal vez:

Hasta aquí Semprún. ¿Qué decir de la reflexión del que fuera miembro del comité ejecutivo del PCE, expulsado del Partido en 1964, y, muchos años después, ministro de Cultura en un gobierno de Felipe González? Pues que intentando situarnos en aquel 1977, no mirando y pensando desde ahora, y más allá de que no se manifestó todo el pueblo de Cataluña (unas 300 mil personas, ¡que fueron muchas!, yo fui una de ellas, según los cálculos más ajustados) y sin olvidar, recordando con admiración más bien, las (pocas y meritorias) voces que ya entonces, en el seno de la izquierda, advertían, con mucho coraje político, de los peligros de deriva nacionalista que estaban presentes en aquellas manifestaciones ciudadanas, Semprún acierta en lo fundamental y explica muy bien (fue un gran escritor) el sentimiento que aquel día pudieron tener (que teníamos) muchos ciudadanos/as y luchadoras antifascistas.
¿Alguien pensaba en aquel entonces en términos de desconexión, secesión, supremacismo, marcada identidad excluyente, alejamiento veloz, incomprensión manifiesta, xenofobia, supremacismo, en términos de enfrentamiento con el resto de ciudadanos españoles y de separación interna en dos bloques casi disjuntos? ¿Alguien apelaba entonces a ADNs o memes distintos y “muy diferenciados”? ¿Alguien sacaba, con orgullo muy masculino, pecho nacional-nacional .Cat? Tal vez una minoría muy minoritaria (Heribert Barrera y algunos otros, no era el único, ya decían (y hacían) entonces de las suyas) pero ese no era éste, ni de lejos, el sentimiento más generalizado, la aspiración más extendida. Lo que entonces se festejó fue la recuperación (difícil, con fusilados, con presos y exiliados reales, con peligros al acecho) de las libertades políticas. No cabía que en su conquista (que no fue una concesión del poder) pudiera oprimirse a alguien por su lengua, por su cultura o por sus sentimientos identitarios. Muchos, muchísimos charnegos, como el que suscribe, estábamos en esa honda. El Estatut no era ninguna vía para la separación o la desmembración de nada sino un medio de recuperación de viejas conquistas republicanas e instrumento para acercarnos todo lo posible y un poco más a los ciudadanos de otros territorios españoles (algunos de ellos presentes en la manifestación), con los que habíamos compartido (Semprún lo explica muy bien) larga, arriesgada, difícil, perseguida y dura lucha antifranquista. Unión fraternal, no desunión interesada e insolidaria. Este era el punto, este fue siempre el punto.
¿Qué decir de los años anteriores? Pues que la Diada, como todos recordamos, estuvo prohibida entre 1939 y 1975, pero eso no fue obstáculo para que, cuando se pudo, cuando se tuvieron fuerzas, se organizaran y realizaran manifestaciones clandestinas. No es ningún mérito, por supuesto, pero el que suscribe estuve en algunas de esas concentraciones de protesta. También Paco Fernández Buey por ejemplo. Es justo recordar (aunque suele olvidarse) que la presencia de ciudadanos de origen no catalán, muchos de ellos comunistas, muchos de ellos militantes del PSUC-PCE llegados recientemente a Cataluña, fue muy importante. Si hay dudas, basta mirar los apellidos de las personas detenidas en esas Diadas antifranquistas clandestinas. ¿Les movía la separación, los latidos independentistas, la aniquilación y destrucción de una comunidad común? Por favor… Nada de eso. Se trataba de luchar contra la opresión franquista, una opresión que contaba con el apoyo, dirección y colaboración (y rendimiento para ellos en poder, patrimonio y dinero-mucho-dinero) de “grandes nombres” de algunas (no digo todas) de importantes familias del país. Catalanes, molt catalans.
Vino luego la manifestación tolerada, la de 1976. Se celebró en Sant Boi de Llobregat. Mucha gente en el recuerdo, 40, 50 mil personas. También muchos estuvimos allí. Hablaron Octavi Saltor, Miquel Roca Junyent y Jordi Carbonell. Este fue, sin duda, uno de los primeros grandes errores de la izquierda. ¿Por qué se permitió, por qué permitimos, en aquellas circunstancias donde la izquierda jugaba un papel destacado (casi hegemónico en la resistencia), que ninguno de los intervinientes defendiera posiciones de izquierda no nacionalista? No tengo respuesta pero el acuerdo alcanzado fue una clara prueba de nuestra pérdida de rumbo o de hegemonía (que acaso tuvo sus antecedentes en algunas prácticas de la Assemblea de Catalunya), de nuestra dificultad para entender que en aquella lucha (en la que había que estar) la mirada federalista, no nacionalista, el deseo de unión de ciudadanos y pueblos (por usar la terminología usual) tenía que jugar un papel central. No lo jugó. Empezamos a permitir, sin plantar cara, que el “relato” y los actos (y los beneficios políticos obtenidos) se explicaran y resumieran en clave de sol mayor nacionalista. La idea de República federal, la idea defendida por todas las organizaciones de izquierda durante el franquismo, empezada a ser otra cosa, una ideilla, algo apenas audible. Era de “otros tiempos” decían algunos. No contaba en las narraciones nacionalistas. Y lo suyo no era eso; era, ya entonces, otra cosa muy distinta.
¿Qué pasó después de aquel 1977 de unidad y aspiración fraternal y federal? No es fácil resumir 42 años. En síntesis: participación importante en los primeros años; descuelgue de ciudadanos no nacionalistas a partir de la ininterrumpida hegemonía de CDC (y fuerzas colaboradoras: ERC por ejemplo) en el gobierno catalán e instituciones; apenas participación con marcado desinterés (también en tiempos del tripartito) a partir de un determinado momento que no puedo precisar y total alejamiento de los ciudadanos no nacionalistas desde el giro de 2012. La cosa estaba clara: independencia, independencia e independencia. Lo del “derecho a decidir” era un señuelo en el que cayó (y sigue cayendo) una gran parte de la izquierda, no sólo la catalana. De las señeras (junto a muchas banderas chilenas) a las banderas estrelladas (sin apenas banderas chilenas): esta puede ser una descripción del arco simbólico recorrido.

Lazos amarillos pintados en el Peine del Viento

Un sector de la izquierda “radical” (no sé si siempre con sinceridad y limpieza políticas) habló en los primeros años de intervenir en aquellas manifestaciones secesionistas para generar giros copernicanos de 180 grados e intentar cambiar su marcado carácter nacionalista secesionista. Defendió, por ejemplo, la participación con otras finalidades, intentando poner en primer plano motivaciones socio-económicas, vindicaciones de los de abajo. No lemas patrióticos. Nada de eso tuvo ningún peso; nada. Vana ilusión de ingenuos o confiados o acaso, y sin asegurar, una forma de orientar a compañeros de izquierda hacia territorios que nunca fueron suyos. La orientación central de las Diadas desde 2012 estaba clara para quien no quería cegarse: nacionalismo puro y duro, y la aspiración secesionista -¡un nuevo Estado de Europa!- en primer plano. Lo del “derecho a decidir”, conviene insistir, era y es una trampa (como algunos de ellos han reconocido). Ahí estamos, ahí seguimos estando, con el añadido ahora de los falsos “presos políticos” y los “exiliados” que viven a cuerpo de rey (quina cara tan rodona!) en Bélgica-Waterloo, Suiza o en el Reino Unido.
¿Qué nos cabe hacer a nosotros en un día como hoy? Pues ser conscientes de que, nos guste o no, el nacional-secesionismo ha secuestrado el día. No es, por supuesto que no, un día de todos (¿lo fue realmente alguna vez?). Es su día, el día de la separación y de la identidad excluyente, sacando todo el pecho que pueden y un poco más: la hispanofobia es, aumentando día a día, uno de sus nudos centrales. Lo único que la izquierda no secesionista puede hacer ese día es alejarse de estas concentraciones de desunión interesada, criticar lo mucho que merece ser criticado, viajar e ir a visitar a amigos y recordar el 11S chileno y la figura central de Salvador Allende [5]. Nada que ver con el ideario del nacional-secesionismo realmente existente. Aquello fue de socialismo, de fraternidad, de resistencia anti-imperial. Algo muy distinto, su inversión [6].
Ni que decir que sería un estafa -una nueva estafa- que la alcaldesa de Barcelona o algunos de sus concejales asistieran a alguna de las manifestaciones secesionistas representando al consistorio. Lo han hecho otros años. Si quieren ir -lo que sería muy significativo- porque se identifican con las finalidades y prácticas nacionalistas, que vayan por supuesto. Sin séquito, sin “etiquetas institucionales”, a título personal, sin representar a nadie… ni siquiera a sí mismos (como hubiera dicho Agustín García Calvo).

Lo dejamos aquí si les parece El tema es inabarcable (como nuestra decepción).  Por si tuvieran tiempo, las recomendaciones de la semana:
1. Un artículo sustantivo y muy “economicista” en el mejor sentido del término: Pere M.ª Comas i Miralles, “Una jugada maestra con las autopistas de la Generalidad de Cataluña.” http://www.mientrastanto.org/boletin-182/notas/una-jugada-maestra-con-las-autopistas-de-la-generalidad-de-cataluna
2. Josep M. Fradera, “Cosas no dichas”. https://elpais.com/ccaa/2019/08/29/catalunya/1567080438_689081.html. Sus palabras finales: «Antes de empezar el campeonato de liga de las inculpaciones, esta cuestión tendría que ponerse sobre la mesa. Si no, la pregunta se impone: ¿alguien había especulado con la posibilidad de que pasara algo parecido al abrazo del oso que Boris Johnson recibe a estas alturas? ¿El abrazo del propio aliado que, en circunstancias críticas de verdad, hizo pagar a Winston Churchill y John Maynard Keynes el material de guerra con recortes del imperio que había reinado sobre las aguas hasta el último céntimo? Estaría bien saber cómo se pensaba pagar una operación de orden similar.»
3. Juan Francisco Martín Seco, “De la bajada de impuestos al ‘Madrid nos roba”. https://www.republica.com/contrapunto/2019/08/29/de-la-bajada-de-impuestos-a-madrid-nos-roba/
4. Albert Soler, “Que els generals no passin gana.” ttps://www.diaridegirona.cat/opinio/2019/08/30/que-generals-no-passin-gana/999808.html?fbclid=IwAR1-Wc-OpQgcojkJ2Q3Nv7litNA80rcCUP2GxjHDxYEzYCPenGY1my2HJ94
5. Jaume Darrer, “Volem [Queremos] Papes Catalans”. http://www.charnegonews.com/2019/08/30/volem-papes-catalans/
6. Nuria Suárez entrevista a Javier Pérez Andújar: “Una cuestión de lealtad”. https://deverdaddigital.com/una-cuestion-de-lealtad/
7. Manel Manchón, “El palo al independentismo catalán del geógrafo francés más influyente.” https://cronicaglobal.elespanol.com/creacion/palo-independentismo-catalan-guilluy-geografo-frances-influyente_271848_102.html
8. Lluís Rabell, “En misa y repicando”. https://lluisrabell.com/2019/09/01/en-misa-y-repicando/
9. Una excelente crítica a un crítico (muy desinformado) del libro de John Elliott: Gabriel Tortella Casares: “Catalanes, escoceses y Sir John Elliott.” https://www.cronicapopular.es/2019/09/catalanes-escoceses-y-sir-john-elliott/

10. Con sensatez (y perspectiva de izquierdas) envidiable: Luis R. Aizpeolea, “Entrevista a Ludger Mees. Hay una visión simplista muy extendida sobre el fin de ETA” https://elpais.com/politica/2019/09/02/actualidad/1567445971_387075.html
11. Una buena noticia: “Los partidos constitucionalistas no participarán en el acto oficial de la Diada. El PSC anuncia que no asistirá al espectáculo de la plaça de Sant Jaume del día 10 de septiembre al tildarlo de reivindicación independentista” https://elpais.com/ccaa/2019/09/03/catalunya/1567504168_297968.html.
12. De Francesc Arroyo: «Contra Barcelona». https://www.metropoliabierta.com/opinion/contra-barcelona-francesc-arroyo_19404_102.html.
13. Indignación por los lazos amarillos pintados en el Peine del Viento (Sam Sebastián). El alcalde (del PNV) las califica de «falta de respeto» e «incultura» contra un símbolo de la ciudad. https://www.elperiodico.com/es/politica/20190904/san-sebastian-critica-pintadas-lazos-amarillos-peine-de-los-vientos-7620126

14. ¿Movimiento antiviolento? Ramón de España, “Los amigos especiales de Puchi” https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/manicomio-catalan/amigos-especiales-puchi_272877_102.html
15. Sobre la desorientación de la izquierda francesa (de la «Francia insumisa» en concreto, muy sumisa en todo caso al el nacionalismo catalán): Eva Cantón, «52 diputados franceses denuncian la situación de los políticos catalanes presos. «El debate político no debería resolverse con la represión», señalan en un artículo en Le Journal du Dimanche https://www.elperiodico.com/es/politica/20190901/diputados-franceses-denuncia-situacion-politicos-catalanes-presos-7615041. ¿Que dírian estos diputados si lo sucedido aquí hubiera ocurrido en Normandía, Bretaña, el País Vasco francés o la que aquí llaman «Catalunya Nord»?

Notas.
1) Tomado de un magistral artículo de Atilio A. Boron, “Wallerstein sin anestesia”. https://www.pagina12.com.ar/215854-wallerstein-sin-anestesia
2) En la tribuna publicada en Le Journal du Dimanche, después de asegurar que su intención no es inmiscuirse en el debate sobre “la situación de Cataluña y el futuro de España”, los firmantes afirman cosas del siguiente tenor: 1. Los políticos secesionistas catalanes “están encarcelados, exiliados y corren el riesgo de ser condenados por fuertes penas de prisión por sus decisiones políticas”. ¿Por qué iba a ser entonces? Decisiones políticas que se tradujeron en actos. ¿Qué ocurriría en Francia si se tomaran decisiones como las que se tomaron aquí en septiembre de 2017? 2. El respeto de las reglas institucionales es una cosa, aseguran, “pero consideramos que el debate político no debería resolverse mediante la represión, los ataques a los derechos de las personas o por una forma de delito de opinión”. Pero, ¿quién sostiene que el debate político tenga que resolverse mediante la represión o el ataque a los derechos de la ciudadanía? ¿Tardà, Torrent, Torra o Gabriel Rufián, por ejemplo, están encarcelados por defender posiciones políticas separatistas?
3) La aproximación crítica de Manuel Azcárate apareció el 4 de enero de 1978 en El País: “Comentarios personales sobre la Autobiografía de Federico Sánchez https://elpais.com/diario/1978/01/04/opinion/252716401_850215.html
4) Alguien debería escribir la historia “humana” de esa estación. Por ella llegaron mis padres -y tantos otros trabajadores y trabajadroas- a Barcelona. Muchos fueron expulsados.
5) Véase Rocío Montes, “El ‘Winnipeg’ llega al puerto de Valparaíso 80 años después” https://elpais.com/internacional/2019/09/03/america/1567529854_728111.html?ssm=FB_CC&fbclid=IwAR0K0liMhLcdxYURaN763dGIWaKC9-fbqUK63tr3p9PBlQTNJyiesekJ5es
6) Se celebra el 11S un acto en Barcelona a las 10:30, en la plaza que lleva el nombre del presidente chileno. No sé qué pintan els trabucaires y Marina Rossell, marcadamente nacionalista, en un acto de recuerdo a un presidente socialista golpeado mortalmente por el fascismo pero en fin… la perfección, sabido es, es cosa de dioses (inexistentes).

Eran muy auténticos [la generación militante de los padres de JPA], estaban en la lucha política porque era necesario para cambiar las cosas, para mejorar el barrio, para ir al médico… y eso coincidió con que había un régimen que les impedía hacer política y aún así se empeñaron en jugárselo todo, la libertad, el dinero… ¿Te acuerdas de aquel conseller que a las puertas del 1-O dijo que podía jugarse “cualquier cosa menos el patrimonio”? Es todo lo contrario a la generación de nuestros padres, que se encerraban en una iglesia dos meses haciendo huelga y ponían en riesgo todo. Eso se llama creer en las cosas. A mí lo que dijo el conseller me pareció muy coherente con su clase, pero a la vez pensé ¿cómo voy a ser solidario con alguien así?

Javier Pérez Andújar (2019)

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