Entrevista a Albert Soler sobre la situación política catalana (I) [15.06.2018]

“Lo que apela a la fe y no a la razón es una religión; en todo el procés solo ha habido llamamientos a la fe, sin un solo argumento racional”

 

Periodista del Diari de Girona, especialmente dedicado a las entrevistas de Contraportada, además de crónicas y de dos artículos de opinión semanales, Albert Soler es una las voces más agudas y libres del panorama periodístico catalán.

***

El 8 de junio publicaba usted un artículo en Diari de Girona con el título «Lo que duele de Josep Borrell». Señalaba usted que lo que dolía del actual Ministro de Exteriores no era que fuera socialista o que se opusiera al proceso secesionista sino que fuera catalán, «catalán auténtico» añadía usted en broma, «quiero decir, tan catalán que los españoles no son ni capaces de pronunciar correctamente el apellido». ¿Y por qué cree usted que duele tanto que Josep Borrell sea catalán? ¿A quiénes les duele? A muchos amigos míos, catalanes en su gran mayoría, no les ha dolido en absoluto.

No sólo catalán: catalán pata negra. Y eso duele a todos aquellos catalanes que no conciben que se pueda ser tal cosa y a la vez no ser independentista. Mejor dicho, no conciben ser catalán y no reírles toda ocurrencia a los ideólogos del procés, y perdóneme el oxímoron, puesto que ser ideólogo significa tener alguna idea de algo, la que sea sobre lo que sea. Y no es el caso. Pero a lo que iba: no se le perdona a Borrell que sea catalán pata negra y no independentista, eso no cabe en la cabecita de toda esa gente. Si por lo menos se apellidara Montilla, le podrían llamar «charnego», y eso siempre tranquiliza conciencias. Pero no, va el tío y se apellida Borrell. ¡A quién se le ocurre! Por cierto, un consejo; si tiene amigos catalanes a quienes no les ha dolido, significa que usan el cerebro. Cuídelos, no pierda amigos así, que por estos lares son cada vez más raros.

Cuente con ello, los voy a cuidar mucho más de lo que ya les cuido. Por cierto, perdone la insistencia, ¿quiénes serían catalanes «pata negra»? ¿Usted, por ejemplo, sería también un catalán pata negra? Yo no, me parece, por lo que infiero de sus palabras.

Por supuesto que lo soy, la duda ofende. Sepa que mi abuela materna, la que me cuidó durante la infancia, no habló una palabra de castellano en toda su vida. ¿Quiere más pruebas?

No, por favor, con esta me basta.

En mi ya lejana juventud me afilié a ERC… si bien es cierto que lo hice sólo porque me quería acostar con la secretaria, que estaba para mojar pan. No lo logré, por cierto, así que no pagué una sola cuota. Yo siempre me muevo por motivos tangibles, y no por esas paridas de sentimientos hacia un país o una bandera. «Catalanes pata negra» somos los que tenemos el catalán como lengua materna y todos los apellidos de los abuelos (quién sabe si también los de los bisabuelos) inequívocamente catalanes. Si encima eres del Barça y sabes bailar sardanas, además de «pata negra» eres «premium». ¿Y eso de qué sirve?, se preguntará usted.

Me lo pregunto y se lo pregunto.

Pues absolutamente de nada, es una soplapollez como cualquier otra. Como mucho, sirve para que si no les sigues el rollo no te llamen «charnego» sino «botifler» -o sea, traidor a tu patria-, lo cual viste mucho más.

De acuerdo, ciertamente es otra cosa. Habla usted también en ese mismo artículo de la fe procesista, «la única fe verdadera de todas las fes que se hacen y deshacen». ¿El procesismo es entonces una religión desde su punto? ¿Qué tipo de religión sería el procesismo si fuera el caso?

Todo aquello que apela a la fe y no a la razón es una religión, y en todo el procés no ha habido más que llamamientos a la fe, sin un solo argumento racional. «En una Cataluña independiente todo será mejor», y de ahí no los sacas, o crees o no crees, y yo ya estoy mayor para fiarme de trileros. Lo de convertir el agua en vino es un truco de aficionado, al lado de sacar un 47% de los votos y convertirlo no sólo en mayoría absoluta para hacer lo que venga en gana -ciscarse en las máximas leyes catalanas y españolas entre otras perlas-, sino más incluso, en algo denominado «mandat del poble». ¿Y eso qué es? El pueblo es tan gilipollas que cuatro políticos le dicen qué debe hacer, y encima le hacen creer que ha sido idea suya, del pueblo. Mandato del pueblo, dicen. Hay que joderse. Y claro está, como en todas las religiones, los que no siguen al líder son calificados de pecadores. De apestados, vaya. De todas formas, ya sabe usted que la linea que separa las religiones de las sectas es muy fina -si es que existe-, así que yo me inclino más por una secta, dirigida por un iluminado que se cree un mesías, pero a quien auguro antes un lugar en un frenopático berlinés que en la historia.

¿Le leo mal si leo Artur Mas, l’astut, como referente de sus últimas consideraciones? ¿Sigue teniendo mando en plaza en las recámaras del poder?

Me refería a Puigdemont, de ahí que haya situado el frenopático en Berlín, su actual lugar de residencia. Además, los psiquiatras alemanes tienen reconocida fama.

¡Menudo lapsus el mío!

El problema de Artur Mas es otro, simplemente no sabe contar y creyó que un 47% de votos era mayoría absoluta, pero para curar eso no hace falta ingresar en un frenopático, basta con que se matricule en 1º de Primaria en cualquier escuela. Mi impresión es que Artur Mas y otros líderes convergentes están hasta los cojones del prófugo que situaron de presidente a dedo y les está destrozando el partido con su mesianismo. PdeCAT, o sea Convergència, ya apenas existe, se lo ha cargado Puigdemont.

¿Y por qué esa trilera conversión del agua en vino a la que ha hecho referencia ha sido y es tan exitosa? Mucha gente ha creído y cree en ella. ¿Exito de la propaganda? ¿Abono de un sentimiento muy enraizado en familias y poblaciones?

Porque ellos repitieron como lelos que ese 47% era una gran victoria que les daba derecho a todo, y sobre todo porque los medios de comunicación afectos al régimen -no sólo TV3 y Catalunya Radio, también los hay privados, convenientemente regados con subvenciones- les hicieron de altavoz. Añada a ello que, como he dicho antes, el pueblo es gilipollas, y ya tiene el agua convertida en vino.

El president Torra ha escrito tuits y artículos bastante o muy etnicistas, supremacistas tal vez, bastante o muy hispanofóbicos en opinión de algunos comentaristas. Usted que es periodista crítico quizá pueda responder mejor que nadie: ¿son reflexiones coyunturales? ¿Malos momentos (¡quién este libre de pecado que tire la primera piedra!)? ¿Despistes momentáneos? ¿No hay que darle la menor importancia? ¿O son otra cosa? No sé, «pensamiento profundo» escrito con las comillas que sean necesarias.

Lo de pensamiento profundo queda descartado, hablando de quien estamos hablando. Si me apura, estoy por descartar incluso la simple idea de pensamiento. Tengo para mí que la respuesta es mucho más sencilla. Es un pobre hombre que quería ser ligeramente apreciado por alguien, aunque fuera virtualmente, ya se ve que en este ámbito debe tener graves carencias. Y en la Cataluña actual, nada como escribir contra España y los españoles para que te aplaudan en las redes sociales. A él ya debía bastarle, tampoco puede aspirar a mucho más. ¿Y quién le iba a decir a él, que era plenamente consciente de ser un gris personaje, que un día ostentaría un cargo público, nada menos que de presidente? Lo que haya escrito no debe preocuparnos, era la simple necesidad humana de tener amigos lo que le impulsaba a hacerlo, unido a la imposibilidad manifiesta de llegar a nada en la vida. Imposibilidad en cualquier otro país excepto en Cataluña, claro, y ahí está, de presidente con tuits vergonzosos en la mochila.

Aceptando lo que usted señala, ¿por qué entonces Carles Puigdemont y sus próximos (Elsa Artadi o Eduard Pujol por ejemplo) pensaron en él? ¿No tenían otras alternativas? ¿Era el candidato «más manejable»? Añado una segunda pregunta: ¿por qué tragaron ERC y la CUP cuando fue nombrado por el parlamento catalán?

Según parece, la principal cualidad que debía tener el nuevo presidente, era no utilizar el despacho de Puigdemont, quizás Torra fue el único que acepto tal humillación. Tengo un amigo que sostiene que tal condición se debe a que, con las prisas de la huída, Puigdemont olvidó en un cajón de su escritorio toda su colección de Lib y Private. No sé si es cierto, yo lo pongo en duda, Puigdemont se maneja bien con las nuevas tecnologías, e Internet abre un montón de posibilidades en este sentido. Yo creo que la elección de Torra se echó a suertes, que es como se hace todo en la política catalana: metieron dentro de una barretina los nombres de todos los diputados independentistas, se sacó uno, y listos. A Puigdemont le va mucho este método. De hecho, supongo que cuando Artur Mas ungió como sucesor a un oscuro alcalde que en las elecciones iba de número 3 por Girona, usó la misma barretina. El mismo Puigdemont nombró sucesora a la alcaldía de Girona a Marta Madrenas, que iba en su lista pero muy atrás, lo que obligó a dimitir a un montón de concejales para que ésta pudiera ser alcaldesa. ¿Y por qué la eligió a ella? Pues porque lo echó a suertes. ¿Acaso cabe otra explicación?

Seguramente no. La suya es muy convincente. Por cierto, con riesgo de cansarle con el tema Torra, ¿cómo ve el último movimiento de los Comunes que han propuesto apoyar los nuevos presupuestos del gobierno catalán si el presidente Torra y su gobierno apuestan por un «giro social»?

Me da absolutamente igual lo que haga el gobierno catalán, siempre y cuando cumpla la ley. A mi me parece muy bien que Torra se declare independentista, como si se declara mormón. Lo único que pido a un gobierno, y no creo que sea mucho pedir, es que cumpla la ley. O sea, me vale con que Torra no robe, no tenga sexo con menores, no se baje de internet vídeos piratas y no se salte la Constitución. Lo que haga dentro de la ley, me podrá gustar o no, pero me limitaré a celebrarlo o a aguantarme. Así es la democracia.

En el artículo del que hablábamos antes parece disculpar la frase de Josep Borrell sobre «la desinfección de las heridas». Afirma usted incluso que cualquier estudiante de primero de Medicina la suscribiría. La reacción, en cambio, no ha sido suave por lo que sé y me cuentan. Usted la atribuye al miedo. ¿Miedo a qué?

Miedo a Borrell, por supuesto. Miedo a cualquier persona capacitada para desmontar sus dogmas de fe con argumentos. Por eso este pánico a Borrell y a cualquiera que pueda demostrar sus falacias. Y claro, a lo único que pueden agarrarse es a que Borrell un día dijo que antes de cerrar las heridas, éstas deben desinfectarse. Menudo anatema. Y eso que no dijo que lo que está gangrenado debe amputarse. A todos esos que se escandalizan de una desinfección, les condenaría precisamente a no ser desinfectados cuando sufran una herida o sean intervenidos quirúrgicamente. «Ah, usted es de los que están contra la desinfección? Pues nada, aguante, que le vamos a cerrar esa herida con el pus dentro, verá qué bien».

No sé si recuerda, seguramente sí por lo que acaba de comentar, el debate que mantuvieron en 8TV, el entonces vicepresidente del gobierno catalán, Oriol Junqueras, y el actual ministro de Exteriores. ¿Qué la pareció aquella discusión? ¿Qué recuerdo tiene de los argumentos esgrimidos por uno y otro?

Aquello no fue una discusión, ¡por Dios! Aquello fue como ponerme a mi, que no pasé de jugar en Regional, a marcar a Messi en en el Camp Nou. Estaba en casa, viendo aquella masacre por la tele, y tuvimos que cambiar de canal, que uno tiene su corazoncito. Junqueras daba mucha pena, estaba a punto de echarse a llorar. Debería estar prohibido abusar de la gente en prime time, hay niños que pueden verlo, y se les debe enseñar a no aprovecharse de los más débiles, pobrecitos. Borrell no dejaba de sacar números y argumentos y el pobre Junqueras balbuceaba quién sabe qué. Lo que más recuerdo es que, en una de esas, y como supremo argumento, Junqueras dijo «és que jo estimo molt Catalunya». Jajaja, el jodío. Pues si amas a Cataluña no la pongas en ridículo, tío.

En la entrevista con Borrell del pasado domingo en La Sexta habló, salvo error de mi parte, de enfrentamiento civil en Cataluña. ¿No exagera? ¿Hemos llegado a esas peligrosas coordenadas sociales?

Si no recuerdo mal, dijo que estamos «al borde del enfrentamiento civil».

Sí, sí, tiene usted razón, al borde…

Bueno, si él exagera, no sé como calificar lo que dijo Torra sobre que en Cataluña «hay una crisis humanitaria». El caso es que no pasa semana sin que leamos noticias que confirman lo que dijo Borrell: enfrentamientos en las playas a cuenta de las inefables crucecitas amarillas, asalto del CDR a la Universidad de Barcelona para sabotear un acto sobre Cervantes, ataques a sedes de partidos, manifestación contra la presentación de un libro en Tarragona, etcetc. Que haya o no un herido grave, incluso un muerto, ya no depende más que de la suerte. Y la suerte la puedes tener un día, quizás dos, tres a lo sumo… hasta que dejas de tenerla. Quien niegue que estamos al borde del enfrentamiento civil, es un irresponsable. Lo cual me permite suponer que se va a negar desde el govern y que lo va a negar el Vivales.

¿El Vivales?

Ah, bueno, mi padre, que a sus 84 años está bien lúcido, llamó así a Puigdemont el día que huyó, dejando aquí todo el percal. Me pareció una definición muy exacta, y además permite recuperar una palabra que antes se usaba mucho y había caído en el olvido. Puigdemont es un vivales en todo su esplendor, en la enciclopedia debería salir su foto al lado de la definición.

Tomo nota y haré la propuesta donde corresponda, citándole por supuesto. Descansemos un momento si le parece.

De acuerdo. Yo lo hago siempre que puedo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *