Entrevista a César Ruiz Sanjuán sobre Historia y sistema en Marx (y III*)

Entrevista a César Ruiz Sanjuán sobre Historia y sistema en Marx (y III*)
La importancia de Lukács para el marxismo no se agota en su condición de pionero y fundador, sino que su obra sigue gozando de actualidad en muchos sentidos.”

César Ruiz Sanjuán es profesor de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado estancias de investigación en Alemania y Estados Unidos, y ha traducido y editado diversas obras filosóficas del alemán y del inglés. Entre ellas dos libros de Michael Heinrich: Crítica de la economía política y ¿Cómo leer El Capital de Marx? (ambos en Guillermo Escolar). Su actividad investigadora se ha centrado fundamentalmente en el pensamiento de Marx y las principales corrientes del marxismo, ocupándose asimismo de la obra de Hegel, John Stuart Mill, Gramsci, Polanyi o Hannah Arendt, autores sobre los que ha publicado diversos e interesantes artículos en revistas especializadas, participando además en libros colectivos y congresos. Actualmente su labor académica se orienta a los ámbitos de la filosofía política y la filosofía social.
En esta conversación nos centramos, fundamentalmente, en su libro Historia y sistema en Marx. De él ha comentado Carlos Fernández Liria: “Historia y sistema en Marx no solo es una brillante y rigurosa reconstrucción de la evolución del pensamiento de Marx. También es la prueba de que su obra goza de una incuestionable actualidad. Un libro ineludible para el siglo XXI”. De igual modo, Michael Heinrich ha señalado: “César Ruiz Sanjuán ofrece una exposición de la teoría de Marx de suma claridad y coherencia, en la que, mostrando la distancia que separa a Marx de las interpretaciones dominantes del marxismo, pone de manifiesto la actualidad de su obra y su pertinencia para comprender el funcionamiento del capitalismo”.

Estábamos en este punto. La actualidad de la obra de Marx, afirma usted, es incontestable. ¿Por qué?

El objeto de estudio de Marx es el capitalismo. No una configuración histórica o geográfica determinada del capitalismo, sino la esencia del capitalismo, aquello que hace capitalismo al capitalismo. Expresiones utilizadas por Marx como “media ideal”, “tipo general”, o la más hegeliana de “corresponder a su concepto”, aluden todas a ello. El mayor desarrollo del capitalismo en la actualidad que en los tiempos de Marx, el hecho de que hoy esté más próximo a “corresponder a su concepto”, hace que su investigación sea plenamente actual. Se puede decir que, en este sentido, Marx es más contemporáneo nuestro de lo que lo fue de su propio tiempo.

Estructura su libro en una Introducción y dos partes. La primera, con tres capítulos, lleva por título: “Génesis de una concepción histórica de la realidad social”. La segunda, con cinco, se titula: “La exposición sistemática como crítica de las categorías”. Voy a tener que dejarme muchas preguntas en el tintero. Sobre la introducción: afirma usted en ella que en la gestación del pensamiento de Marx, “tiene una importancia fundamental su relación con la filosofía de Hegel”. ¿Para bien o para mal? ¿Un obstáculo que vencer o un acompañante con el que caminar?

La filosofía de Hegel le permitió a Marx alcanzar una concepción del método y del desarrollo conceptual que le hizo posible dotar de una poderosa consistencia teórica a su exposición del sistema capitalista, alejándola definitivamente del empirismo propio de la economía burguesa. En este sentido, la influencia de Hegel fue netamente positiva. La parte negativa de dicha relación se presenta con el desarrollo del marxismo en sus diversas corrientes. La distinta comprensión de la filosofía hegeliana que tenía Engels le llevó a una concepción de la dialéctica denominada por él como “materialista”, que derivaba de una inversión de la dialéctica “idealista” hegeliana. En esta concepción, la dialéctica constituye un mecanicismo objetivo que opera tanto en la naturaleza como en la sociedad, lo que a su vez se dobla con un realismo epistemológico que determina el pensamiento como dialéctico en tanto que reflejo en la mente humana de la dialéctica real que domina todos los ámbitos del ser: lo que Engels, y tras él todo el marxismo tradicional, denominó respectivamente “dialéctica objetiva” y “dialéctica subjetiva”. Esta concepción es completamente ajena al pensamiento de Marx, no hay una sola huella de un planteamiento semejante en su obra, lo que no ha impedido que le haya sido imputado tanto por el marxismo tradicional como por los críticos de Marx, los cuales han demostrado de maneras diversas lo insostenible de dicha concepción y han encontrado en ello razones adicionales para desechar el pensamiento de Marx. Por lo que respecta al marxismo occidental, resulta evidente que en él se presenta una lectura de la filosofía de Hegel de mucha mayor solvencia teórica y una comprensión mucho más rigurosa del significado de la dialéctica, pero en la mayor parte de estas corrientes se ha realizado una proyección irrestricta de la concepción hegeliana sobre el pensamiento de Marx, lo que impide entender su constitución interna y acceder a su núcleo teórico. Según este marxismo hegeliano, el proceder de Marx consistiría básicamente en extraer las categorías lógicas de Hegel de su contexto especulativo para aplicarlas a la realidad social capitalista. Lo que se presenta así es una caricatura idealista del pensamiento de Marx desde la que no es posible entender gran cosa. También aquí se puede decir que Hegel es un obstáculo que vencer.

Copio una afirmación suya: “El hecho de que Marx y Engels compartiesen en ese momento [en su juventud] determinados planteamientos fundamentales no autoriza en ningún caso a concluir la identidad de sus respectivas concepciones en sus obras de madurez”. De acuerdo, no autoriza sin más. ¿Autorizaría a lo contrario, a firmar que en las obras de madurez de uno y otro hay diferencias importantes?

Efectivamente hay diferencias importantes en muchos aspectos, algunas de ellas ya señaladas en las respuestas a las preguntas anteriores.

Tiene razón. Lo ha señalado antes.

La matriz de las diferencias fundamentales que se presentan entre ambos se encuentra básicamente en que Engels siempre tuvo una concepción más historicista y empirista de la realidad social, y ello condicionó inevitablemente su interpretación de la obra de madurez de Marx, que se orientó sistemáticamente en esa dirección. Ello puede verse claramente en su recensión a la Contribución o en su epílogo al libro III de El Capital. Ahora bien, existen aspectos importantes en los que el pensamiento de madurez de Engels coincide con el de Marx, como es el caso de la crítica a las concepciones simplificadas del materialismo histórico como doctrina general de la historia, de las que Engels se aparta de manera tan decidida como Marx. En cualquier caso, dichas coincidencias deben ser establecidas a posteriori, tras realizar una comparación entre sus respectivas concepciones, y no partir de la identidad entre las mismas, como ha sido lo usual en el marxismo tradicional.

Cita en la introducción, no de forma distanciada, a dos autores: Korsch y Lukács. Apenas se habla de ellos ahora, apenas de les estudia. ¿Por qué este alejamiento de la obra de dos grandes clásicos marxistas del siglo XX?

Ciertamente hoy en día se les estudia menos de lo que merecen, fundamentalmente en el caso de Lukács. La relevancia de la obra de Korsch está más circunscrita a su momento histórico, al hecho de haber marcado con su intervención un punto de inflexión fundamental en desarrollo del marxismo y haber fundado así, junto con Lukács, la corriente del marxismo occidental. Pero la importancia de Lukács para el marxismo no se agota en su condición de pionero y fundador, sino que su obra sigue gozando de actualidad en muchos sentidos. En concreto, su libro fundamental Historia y conciencia de clase – por cierto, magníficamente traducido al castellano por Manuel Sacristán – muestra una potencia teórica y una vigencia que puede constatar cualquier lector que se aproxime a él. Un reconocimiento este que no debe impedir ser crítico con sus excesos hegelianizantes, algo que él mismo admitió en el prólogo autocrítico que escribió a una nueva edición de la obra varias décadas después. En cualquier caso, la relevancia de su obra, así como la enorme influencia que ha ejercido en el marxismo occidental, hace de Lukács uno de los autores marxistas de los que más me ocupo. Aparecen referencias a él a lo largo de todo el libro, y además se le dedica un apartado en el capítulo VII, algo que aparte de con Lukács solo se hace con Engels, lo que puede dar idea de la importancia que le concedo. De Korsch ciertamente me ocupo en mucha menor medida, aunque hay diversas referencias a él a lo largo del libro. Pienso que la importancia de Korsch en el marxismo no es ni mucho comparable a la de Lukács.

Vuelvo a citarle: “La dimensión filosófica que caracteriza la línea de interpretación de estos autores [Bloch, Marcuse, Merleau-Ponty] les lleva a centrar sus investigaciones sobre la crítica marxiana de la economía política en cuestiones metodológicas. Con el objeto de explicar el método que opera en la teoría de Marx, se buscaron los vínculos de su concepción con las de otros pensadores fundamentales de la filosofía occidental”. ¿Qué método opera en la teoría de Marx? ¿Se puede hablar propiamente de un método marxiano o marxista? ¿Distinto de la metodología usada en disciplinas científicas por ejemplo?

Se puede hablar, en efecto, de un método marxiano, de un método que opera en la teoría de Marx, y que él mismo denominó como “dialéctico”. Ya la misma denominación lo aleja de manera irremisible de las disciplinas científicas tal y como se han establecido en la organización académica del saber, y en particular de las denominadas ciencias sociales, con las únicas que tendría realmente sentido comparar la teoría de Marx. En sus consideraciones metodológicas de la Introducción de 1857 insiste en que su método está dirigido a la “ciencia social e histórica”. Dichas ciencias sociales se han constituido en torno a una concepción positivista del saber y han tratado de fraguarse en el molde de las ciencias naturales, de las ciencias positivas propiamente dichas. Desde esta posición positivista que subyace a las ciencias sociales es inaccesible el método empleado por Marx en su obra de crítica de la economía política, de ahí que se le acuse frecuentemente de metafísico, especulativo, y en general, ajeno a la ciencia como tal.

Cita usted también a Althusser, al que antes se ha referido. ¿Estudió y comprendió bien el pensador francés la obra de Marx? Según cuenta en su autobiografía, a veces hablaba de oído, sin profundizar, sin leer incluso, de forma más aparente que real.

Creo que esas afirmaciones de Althusser tienen algo de boutade. Y si no es así, si efectivamente no estudió de verdad la obra de Marx y hablaba de oído, entonces hay que concluir que Althusser era realmente muy listo, porque la comprendió muy bien en determinados aspectos fundamentales que no habían sido comprendidos hasta ese momento, al menos no con esa claridad. También es cierto que en otros aspectos igualmente fundamentales comprendió muy mal el pensamiento de Marx, lo cual posiblemente es consecuencia de esa falta de profundización a la que te refieres y que ciertamente se presenta en determinados análisis de Althusser, lo cual a mi juicio es consecuencia de su escasa ocupación con los manuscritos de crítica de la economía política. Aquí sí se puede hablar de un déficit en su lectura de la obra de Marx, lo que limitó en buena medida su comprensión de ciertos aspectos fundamentales de El Capital. Por ejemplo, no llegó a entender realmente la importancia decisiva de la teoría del valor para la comprensión de la obra de crítica de la economía política de Marx, y su recomendación de empezar a leer El Capital por el capítulo IV es un auténtico dislate, que sustraería al lector el núcleo teórico mismo de toda la crítica de la economía política, desde donde hay que entender todo lo demás. Ello le impidió comprender el sentido y la importancia del fetichismo, que consideró como un residuo idealista de la teoría de Marx. Pero a pesar de estas evidentes limitaciones, la intervención de Althusser me parece decisiva por dos razones fundamentales. En primer lugar, separó con toda nitidez los textos de juventud de Marx de su obra de madurez, y si bien es demasiado radical en su determinación de lo que denominó “ruptura epistemológica”, tuvo como efecto impedir el frecuente procedimiento de interpretar su obra de madurez a partir de los escritos de juventud. En segundo lugar, la lectura que hizo de El Capital con sus colaboradores mostró la distancia irreductible que existía entre la economía política y la crítica de la economía política de Marx, y tuvo el efecto positivo de abrir la lectura de la obra de madurez de Marx por vías que hasta ese momento permanecían cegadas en su mayor parte.

¿Por qué da usted tanta importancia a los Grundrisse y al Urtext?

Por la cuestión de la “popularización” que tiene lugar en las obras publicadas de Marx. El término es suyo, afirmó en diversas ocasiones su esfuerzo por “popularizar” su exposición en las sucesivas versiones publicadas, para hacerla más accesible a los lectores. Ello hace que determinados aspectos fundamentales queden suprimidos en El Capital, así como ya antes en la Contribución, por lo que es preciso recurrir a los manuscritos, especialmente a los Grundrisse y el Urtext, para ver qué tránsitos conceptuales elidió Marx y a partir de ahí intentar reconstruir su teoría en toda su complejidad. También son fundamentales estos manuscritos para comprender el método que opera en El Capital, pues en la obra publicada no se recogen reflexiones metodológicas explícitas, como sí es el caso en los manuscritos. De hecho, el texto metodológico más importante de Marx, la ya mencionada Introducción de 1857, es un manuscrito que no llegó a ser publicado por Marx, y que resulta irrenunciable, al igual que otros muchos manuscritos, para comprender el método de El Capital.

¿Por qué la teoría del valor ha recibido y recibe tantas críticas, y no sólo desde ámbitos antimarxistas?

Pienso que la causa de dichas críticas estriba en buena medida en la enorme dificultad de la teoría del valor, lo que ha hecho que haya sido mal comprendida con mucha frecuencia. A lo que hay que sumar la concepción positivista del saber que ha dominado y domina en las ciencias sociales, y particularmente en el ámbito de la economía. Se cree que Marx pretende con su teoría del valor explicar en términos cuantitativos las relaciones de intercambio, y se le objeta que dicha teoría funciona muy mal para ello. Lo cual es cierto, pero la cuestión es que el objetivo de Marx es muy distinto. Era la economía política la que reducía el análisis del valor a una consideración puramente cuantitativa, intentando elaborar una teoría de la medida que permitiese determinar la cantidad de trabajo productor de valor contenido en la mercancía. La intención de Marx no es esa, su teoría del valor tiene una dimensión fundamentalmente cualitativa. Está dirigida a explicar las estructuras de una sociedad en la que los individuos están objetivamente obligados a intercambiar los productos de su actividad para que el trabajo realizado privadamente forme parte del trabajo social. Esto es algo que nunca ha llegado a ser comprendido por la economía burguesa. Y las críticas a la teoría marxiana del valor arrecian con la transformación que se opera en la economía burguesa desde una teoría objetiva del valor a una teoría subjetiva como la que domina en la actualidad, y que bien puede ser considerada como una involución a nivel teórico. Con esta transformación, la teoría de la utilidad marginal desplazó en el ámbito de la economía académica a la teoría del valor-trabajo de la economía política clásica, y esta teoría fue considerada teóricamente obsoleta. Y dado que la teoría del valor de Marx, a pesar de las diferencias que la separan en muchos aspectos de la economía política clásica, determina el valor a partir del trabajo como su sustancia y su medida inmanente, se decreta de manera igualmente taxativa su obsolescencia, algo que queda agravado en el caso de Marx por el carácter filosófico que se le atribuye a su teoría del valor desde tales posiciones.

Comenta también que Marx no se limita a criticar las diversas teorías de la economía política sino sus mismos fundamentos teóricos. Luego, por tanto, su carácter de teorías científicas. ¿Qué han sido entonces, qué son? ¿Ideología, cuentos, pseudociencia, ciencia burguesa interesada al servicio de…?

Marx distingue entre la economía vulgar y la economía política clásica. La primera la considera puramente apologética, no solamente ideológica, sino conscientemente interesada en defender el punto de vista de la burguesía aún a costa de la falacia y el sofisma, Marx habla en referencia a ello de los “espadachines a sueldo” del capital. La segunda, en cambio, sí es considerada ciencia por Marx, pues trata de buscar las conexiones esenciales, y no se limita a las conexiones aparentes como la economía vulgar, que no va más allá de la superficie y es incapaz de penetrar en la estructura profunda del sistema. Ahora bien, a pesar de su carácter de ciencia, la economía política clásica adolece de una insuficiencia científica fundamental, en tanto que no es capaz de comprender la objetividad de su objeto, que es para Marx una objetividad social. Allí donde la economía política no ve más que cosas y relaciones entre cosas, Marx muestra que lo que subyace a ello son relaciones sociales entre las personas. Dicha limitación de la economía política, una limitación en su carácter de ciencia, se debe a que permanece ineludiblemente prendida del fetichismo que domina la conciencia de los agentes sociales del sistema capitalista, y que su condición de ciencia “burguesa” le impide superar, en tanto que no es capaz de concebir un horizonte más allá del modo de producción capitalista.

Me quedan mil preguntas más pero no puedo abusar más de su paciencia y generosidad. ¿Quiere añadir algo más?

Simplemente darte las gracias por tu rigurosa lectura del libro y por las cuestiones tan pregnantes que has planteado, algunas de ellas de tanta enjundia que me han llevado a extenderme en las respuestas, espero que no de manera excesiva.

En absoluto. Gracias por ello.

(*) Para la primera parte de esta entrevista a César Ruiz Sanjuán sobre Historia y sistema en Marx “Marx inauguró una nueva disciplina teórica, una nueva forma de ciencia social. Ante un edificio teórico de semejante magnitud, solo pudo llegar a poner los cimientos.” http://www.rebelion.org/docs/264639.pdf.  Para la segunda parte: “La brecha entre el marxismo tradicional u ortodoxo y el pensamiento de Marx es oceánica e insalvable”. http://www.rebelion.org/docs/264885.pdf

Fuente: El Viejo Topo, diciembre de 2019

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles ecosociales.

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