Epílogo

O abandonamos la religión capitalista para tratar de crear como alternativa una nueva religación humana a partir de la que seamos capaces de crear un nuevo vivir en común, o será la barbarie y hasta quizá la extinción de la humanidad”.

Joaquín Miras y Salvador López Arnal

Nota edición: epílogo del libro “Entrevistas a Joaquín Miras sobre Praxis política y estado republicano. Crítica del republicanismo liberal”. http://espai-marx.net/elsarbres/review/entrevistas-a-joaquin-miras-sobre-praxis-politica-y-estado-republicano-por-salvador-lopez-arnal/

Entremos para finalizar en estos tiempos del coronavirus. Permíteme antes una pregunta. Hace unas semanas, el pasado 16 de mayo, falleció Julio Anguita, el que fuera alcalde de Córdoba y coordinador de IU. Ha aparecido en nuestras conversaciones en varias ocasiones. Yo mismo escribí una nota sobre él tras su fallecimiento [1]. ¿Algo que quieras decir?

Julio Anguita ha sido un político honesto. Lúcido y honesto. Pero ante todo quiero recalcar lo primero, su honestidad política, su probidad. Y esto lo convierte en un personaje a borrar, a satanizar previamente y a eliminar de la memoria. En un mundo político hundido en la corrupción, en la sumisión babosa a los poderosos, a Botín, a los grandes del capital en general, un mundo regido por las puertas giratorias, las prebendas, el enchufe a los familiares, y el odio y la venganza contra el rival inmediato, ser un hombre políticamente moral en esa charca de miseria donde hasta los dirigentillos de los pequeños grupúsculos, hasta los pequeños grupúsculos conviven con la corrupción, donde los políticos pasan a ser como los aristócratas, o como los ridiculizados miembros del soviet supremo de la extinta URSS, dirigentes de las juventudes hasta los cincuenta años, y luego, paso al buró político del partido, esto es, políticos desde la cuna a la sepultura -en su carnet de profesión consta «periodista»-, ser políticamente moral, decía, y no ser un político profesional se paga. Ese mundo convertía a esta personalidad moral, a este político probo, de vida sobria, de vida realmente privada y alejada de los fastos, que renunció a cobrar la jubilación de diputado y decidió cobrar jubilación de maestro -algo que exige como condición haber tenido vida laboral, claro-, en alguien odioso, en una permanente denuncia de la frivolidad, del ansia de poder y de la corrupción política institucional.

Julio Anguita es, fue, la honestidad política. Llegó a la dirección como consecuencia del hundimiento por implosión del partido. Y fue jaleado por El País, a la espera de que aquel alcalde de Córdoba ayudase a hacer el viaje de los restos del PCE hacia la integración en el PSOE.

Pero Anguita no lo hizo, nunca fue por ahí, nunca estuvo por esa labor.

No, no lo hizo. Creó instrumentos para tratar de sostener un ámbito de izquierdas, y fue perseguido y vilipendiado de forma canalla por periodistas corrompidos y mafiosos. Y por una buena parte del aparato de su propia organización que lo que hubiera querido era precisamente eso, vivir del cuento a la sombra del PSOE.
Posteriormente, trató de crear instrumentos de organización ciudadana…

¿Hablas del Frente Cívico, por ejemplo, o de la UCR?

Por ejemplo.
Creo, sin embargo, es un decir, una forma de hablar, que no leyó el libro de Lucio Magri, El sastre de Ulm. La historia del comunismo en el siglo XX.

Hemos hablado de ese gran libro en uno de los capítulos de nuestro libro.

Lo recuerdo. Es el libro balance en el que se explica que el único y verdadero proyecto orgánico de las masas populares surgido en el siglo XX, el único verdadero proyecto de lucha democrática de masas, fracasa; y no por traición, no por maldad, sino porque queda corto, no era suficientemente potente, no era suficientemente capaz de sumar a todo el campesinado, a clases medias pobres, tal como se ve en la misma guerra civil soviética, tal como se ve en Europa occidental. Se tira a volar, como el sastre de Ulm, pero, aunque posteriormente sí que el ser humano voló, sí que se supo volar, él no sabía… y se mata.
Por supuesto, una vez los proyectos orgánicos o expresión verdadera de los diversos grupos sociales, o bloques sociales, quedan fracasados -el del capital en la guerra del 14; el nuestro, el de los comunistas, con la extenuación que produce la guerra civil en la URSS- se produce una situación de bonapartismo. Se abren esas «ventanas de oportunidad» que son sentidas como el momento de la gloria por personajes que creen que ellos salvarán el mundo con su forma de ser y hacer.
Anguita nunca quiso ser un salvador de la humanidad.

Conviene destacar lo que dices. Muchas, muchas veces, se ha dicho precisamente todo lo contrario, que se pensaba y presentaba como un salvador del mundo.

Quiso siempre organizar movimiento de masas, generar democracia, activar la colegialidad en los órganos directivos de los instrumentos políticos que dirigía. Sin embargo, creo que no supo ver, no logró ver la hondura de la derrota, y que había que cavar aún más hondo, ir más lejos, para poner fundamentos nuevos, para crear un ethos nuevo.
Creo que los mejores análisis , por explícitos, desarrollados sobre lo que es el bonapartismo, son el que hace Arthur Rosenberg, el que traza, en continuidad con aquél, Luciano Canfora, quien nos ha enseñado, además, quién era Rosenberg, y el de Lucio Magri. Son los que mejor desarrollan explícitamente para el público lector lo que implica utilizar como hilo de análisis El 18 de brumario de Luis Bonaparte. Nos muestran que, contrariamente a lo sugerido por algún famoso historiador de gran valía, vivimos en un siglo largo [2], en un siglo XX inagotado aún, cuyo núcleo explicativo es la doble derrota de los proyectos orgánicos y el Bonapartismo, o sus consecuencias, las Revoluciones pasivas.
Era algo que, creo, intuía Rosenberg.

Tambien hemos hablado de ello.

Un amigo de inteligencia preclara, y de amplísimos conocimientos, ya fallecido [3], me explicó una vez, que había leído un texto de Arthur Rosenberg, de la última etapa de vida de este autor, ya de cuando la segunda guerra mundial -Rosenberg, como sabemos, muere en el 44-, y que Rosenberg pensaba, para esas fechas, que ganara quien ganase la guerra -él estaba en EEUU- , la alternativa de sociedad que emergiese iba a ser muy semejante. Éste amigo no me dijo más, y ni tan siquiera sé si él tenía alguna hipótesis sobre por qué el autor alemán había escrito algo tan tremendo.
Creo que esa evaluación de Rosenberg se inspiraba también en la idea de bonapartismo como instrumento de análisis para todas las alternativas existentes en guerra… Pero lo dejo aquí.
En todo caso, los tres autores que cito como estudiosos que difunden lo que es el Bonapartismo no son, ni mucho menos, los únicos que lo tienen lúcida y conscientemente presente para explicarse la derrota de los años veinte y no solo para entender el proceso de derrota y desmovilización de Europa occidental, sino también, específicamente, para explicar el proceso soviético. Ese Lukács que dice que lo que hace Lenin, tras la guerra civil, con la NEP, es lo único posible una vez la guerra civil que ha agotado los soviets -o sea, ha destruido la capacidad de organización y movilización popular, sin lo que ni existe revolución ni existe democracia -. O esa carta de Antonio Gramsci al grupo dirigente soviético, si mal no recuerdo, de octubre del 26 [4], cuando se va a proceder a expulsar a Trotsky, carta en la que dice que es vital para la existencia de la revolución que… el triunvirato entre Lépido, Augusto y Marco Antonio, se sostenga -dicho en honor y a imitación de Luciano Canfora- o que el Directorio no sea eliminado por Napoleón.
Gramsci, que sabía lo que era un proceso revolucionario, exitoso o fracasado, sabía perfectamente que algo que se basaba en el sostenimiento de la cúpula de una organización, y en ausencia de movimiento protagonista de masas, no era una revolución ni una democracia. Antonio Gramsci elabora, en años posteriores, una honda reflexión sobre el cómo operar para sostener la desmovilización inmediata de las masas y obtener en cambio la adhesión al régimen: es el concepto de Revolución Pasiva, subsecuente de la noción de Bonapartismo. También hay que recordar su análisis sobre el taylorfordismo, sobre el obrero como gorila amaestrado, el modelo industrial que se adopta en el capitalismo y el socialismo.
Este análisis, la comprensión de la hondura de nuestro agotamiento -por usar la palabra de Enrico Berlinguer- no estuvo al alcance intelectual de Anguita. En realidad, tampoco al de la mayoría de los comunistas que desaparecemos por viejos y nos vamos sin saber explicarnos qué es lo que acabó con nosotros. Perdemos nuestros últimos años sin tratar de ser ayuda de la génesis de un nuevo movimiento democrático de masas, algo que sí trató de ser Julio Anguita. Un movimiento, eso sí, que debiera ser capaz de crear un ethos nuevo, que debería tener como objetivo fundamental la democratización de la vida cotidiana. Los comunistas morimos metidos en la conspiración política, en el politicismo, tratando de aprovechar las «ventanas de oportunidad» abiertas por el vacío organizativo de masas, como unos bonapartistas más.

No es poca lo que acabas de decir. Aunque es apasionante permíteme entrar en el asunto final. A principios de junio de 2020, Paulo Artaxo Netto, profesor del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo y miembro desde 2003 del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático, comentaba en una entrevista [5] que estaba claro que la pandemia del SARS-CoV-2 no se produjo por accidente ni era simplemente un accidente en el camino. Era producto, señalaba, de la sobreexplotación de la naturaleza practicada durante varias décadas. Una consecuencia de nuestro modelo productivo era el contacto muy estrecho entre nuestra sociedad y los ecosistemas naturales, lo que facilitaba la transmisión de los virus que existían en los bosques. Artaxo Netto añadía el siguiente ejemplo: “El Amazonas, por ejemplo, tiene miles de virus, quizás similares al nuevo coronavirus, presentes en la fauna y la flora. La gran mayoría aún es desconocida para los científicos”.
Recordaba también que otro efecto de la exploración desenfrenada de la naturaleza era el cambio en la composición de la atmósfera en áreas urbanas o remotas “con un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero”, lo que también “estaba llevando a una crisis de emergencia climática que nuestra sociedad aún no ha comenzado a abordar”.
¿Anda muy desencaminado en tu opinión este profesor y científico brasileño?

Por entero de acuerdo con lo que expone quien es una autoridad en el asunto dramático del cambio climático. Es nuestra relación con la naturaleza la que tiene estas terribles consecuencias. El problema es que todavía seguimos enfrentando el problema tan solo desde las exigencias a los gobiernos para que actúen, como si la causa no estuviera en nuestro modo de vivir, como si la causa no estuviera en las consecuencias de nuestro trabajo.
Quiero apostillar que estoy por entero de acuerdo con todas las medidas que asuman los gobiernos para detener en lo posible el cambio climático. Estoy de acuerdo con los proyectos que se elaboran y se proponen a los gobiernos desde los grupos conscientes, preocupados por la gravedad del asunto, por su irreversibilidad en aumento. Pero eso es no tomar consciencia de que la sociedad somos nosotros.

Y, por tanto, que nuestro modo de vida…

Que nuestro modo de vida el que genera esta situación. Que es necesario un cambio de cultura material de vida. Hay dos ejes que me parecen fundamentales.

El primer eje:

La organización para luchar por el control democrático de la vida cotidiana, de modo que podamos comenzar a actuar sobre nuestro vivir y haya posibilidad de introducir cambios de vida.

El segundo:

A otro nivel, y tal como leí en un documento de la HOAC, de la Hermandad Obrera de Acción Católica [6], abrir un debate democrático sobre las tecnologías y sus consecuencias. Democrático quiere decir no entre especialistas sino de masas, o si se quiere expresar con otros términos, cívico democrático. Con información veraz, sobre los recursos existentes, sobre las repercusiones que tiene el sostenimiento de la actual tecnología.
El último Sacristán hablaba en alguna de sus conferencias [7] que era necesaria una metanoia, un cambio de vivir, radical –metanoia es cambio radical- si queríamos salvarnos como especie. Todo esto no puede serle encomendado a los gobiernos. No es asunto de políticos profesionales ni de agencias gubernativas tan solo.
Se necesita impulsar la organización estable de la gente. La autoorganización, autocreación de un sujeto social, cuya tarea sea no la protesta y la reivindicación -o, mejor dicho, no solo eso- sino la constitución como poder sobre la vida social. Como Poder.

Poder que, en el sentido en que lo usas, no es algo satánico.

No. Hay que recordar, recuerdo de nuevo, que «poder» no es un término que designe algo satánico sino la capacidad de control o dominio sobre la actividad humana, intersubjetiva, social, de cuya generación somos creadores todos, y que es la que produce el mundo existente a partir de un saber hacer también por todos creado, y desde luego por todos aceptado, en su aplicación y en su reproducción, en la vida cotidiana. De no ser así, de haber un rechazo real, masivo, de la sociedad tal cual esta es, la sociedad se disgregaría y no habría policía ni fuerza violenta que fuese capaz de contener ese desmigajamiento del que participarían las propias fuerzas institucionales.
Por ello, de lo que se trata no es de abominar del poder -del poder hacer y del control sobre el poder hacer- sino del poder antidemocrático, elitista, y de generar entre todos un poder -de control- democrático sobre el hacer, sobre el vivir cotidiano, que nos permita encauzarlo, frenar eso que se llama progreso y que no es sino crecimiento productivo, basado además en la producción de una extraña mercancía, tan extraña, que nos debiera llamar la atención por extraña, por monstruosa, como los extraños frutos colgados de los árboles, de la canción escrita por Abel Miropool y que conocemos gracias a Billie Holiday [8]: la producción de plusvalor, de margen constantemente ampliado de beneficio, y que «externaliza» la destrucción de todo lo que lo frene. ¿Quién puede hacer eso?

Excelente pregunta: ¿quién puede hacerlo?

Pues los mismos que lo han hecho en otras ocasiones cuando ha existido ese tipo de cultura: la gente común. Decía Walter Benjamin que nos ha sido concedida una débil fuerza mesiánica. O sea, la fuerza mesiánica está en nosotros, porque nosotros, la humanidad misma, somos el mesías, capaz de cambiar el mundo si nos organizamos. Porque el mundo no es sino nosotros mismos, la organización de nosotros que aceptamos que organice nuestro hacer, y nuestro hacer mismo. Por eso el cambio puede irrumpir en cualquier momento depende de nosotros mismos, de que irrumpamos en nuestras vidas organizándonos.
Todo esto suena a extraño, a extraordinario; nos parece algo imposible que nada tiene que ver con la política. Esta extrañeza es consecuencia de nuestra experiencia vital, incluida nuestra experiencia política, hija de este largo siglo XX que no ha terminado, experiencia resultante de la revolución pasiva y del bonapartismo, por volver a nociones que he citado.
Eso solo puede ser logrado, si me permites usar una diferencia de términos que proponía Bolívar Echeverría (hemos publicado diversas cosas suyas en la web de espaimarx), si superamos lo que se entiende por política, actividad técnica, delegada, asunto de profesionales y de instituciones, y asumimos lo político, que es la lucha por la creación desde nuestra vida cotidiana, a partir de los elementos culturales que nos queden, de un nuevo poder democrático.

La distinción es importante. Hemos hablado e insistido de ella.

Todo esto nos suena a imposible porque no está en nuestra experiencia. Su última existencia se destruye con la derrota del sastre de Ulm. A pesar de toda la reflexión escrita que se elabora después, entre los mejores, sobre cómo tratar de ayudar a que eso surja de nuevo, y a sabiendas, por su parte, que nada puede sustituir la decisión de hacerlo por parte de la gente común. La obra monumental de Gramsci, el viejo Lukács, Benjamin, Bloch…
Pero volviendo sobre nuestra experiencia, ésta es consecuencia de la derrota del siglo XX, y, actualmente, del agotamiento del proyecto capitalista que, después de los años veinte, y durante los denominados treinta gloriosos, pareció instaurar su hegemonía. Esa derrota ha creado en nosotros una experiencia de que lo único viable son los bonapartismos, los gobiernos de profesionales que, ciertos del vacío que hay, creen que esa es su «ventana de oportunidad” y utilizan la rebeldía que va surgiendo, instrumentalmente, como medio para su ascenso, pero no ayudan a organizar sociedad alternativa estable sino que abrasan todo lo que tocan. De esto, con todo, ya hemos hablado.

Como compás final y aunque suene muy rara mi pregunta: ¿y el mundo futuro, el mundo que ahora llaman postcovid, la ‘nueva normalidad’?

El mundo futuro será por entero distinto. Eso nos lo garantizan los datos sobre el agotamiento de recursos, sobre cambio climático, la destrucción de tierras fértiles, las nuevas enfermedades, los cuatro caballos del apocalipsis. Pero eso no garantiza que aparezca el mesías.

No hay mesías fuera de nosotros.

El mesías no aparece, no baja, surge de nosotros, desde nuestra organización. La alternativa puede ser un mundo más humano, o bonapartismo, revolución pasiva, y un proceso feroz de catástrofes denominadas naturales y de guerras por los recursos naturales.

¿O socialismo y democracia o autodestrucción y barbarie?

Exactamente: o socialismo o barbarie. O abandonamos la religión capitalista, con sus dogmas, sus preceptos intocables y sus dioses: el dinero, el consumo como forma de compensación y apariencia, etcétera, para tratar de crear, como alternativa, una nueva religación humana a partir de la que seamos capaces de crear un nuevo vivir en común, o será la barbarie y hasta quizá la extinción de la humanidad.

Notas.

1) “Julio Anguita, un compañero imprescindible, maestro de todos, que fue en serio”. http://espai-marx.net/?p=7705.
2) Referencia a Erik Hobsbawm, el autor de The Age of Extremes: the short twentieth century, 1914-1991.
3) Tal vez Antoni Domènech.
4) 14-X-1926. Carta al Comité Central del Partido comunista bolchevique de la Unión Soviética. Véase Antonio Gramsci, Antología, ob. cit., pp. 182-188.
5) http://www.ipsnoticias.net/2020/06/impacto-cambio-climatico-sera-similar-efectos-covid-19/?utm_source=Spanish+-+Mejor+de+la+Semana&utm_campaign=a1837feaec-EMAIL_CAMPAIGN_2020_06_06_03_09&utm_medium=email&utm_term=0_b685ec7ed3-a1837feaec-5657257
6) Cuaderno HOAC, nº 19, abril 2020, Política y políticas para un trabajo digno.
7) “Tradición marxista y nuevos problemas” (1983). Véase, para otras aproximaciones, Pacifismo, ecologismo y política alternativa, ob. cit., Seis conferencias, ob. cit., y Barbarie y resistencias, ob. cit.. (junto a Francisco Fernández Buey).
8) Billie Holiday “Strange fruit” https://www.youtube.com/watch?v=-DGY9HvChXk

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles ecosociales.

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