«Jaque mate bielorruso» de Rafael Poch de Feliu

No tiene desperdicio. Entre lo más informado y equilibrado que he leído hasta el momento. Sus palabras iniciales (que no excluyen la lectura de la interesante reflexión con la que Poch de Feliu inicia su artículo)

«La gran pregunta es cual es la alternativa a la irreversible quiebra de un sistema político bonapartista-autoritario, con mucha economía estatalizada (un tercio del PIB y el 40% del empleo son de origen estatal),  relativa equidad  y “justicia” sin derechos. La respuesta no es optimista. De momento, pese a lo que han transmitido muchos informes periodísticos, no ha habido un movimiento huelguístico significativo, solo mítines, reuniones con la dirección y paros puntuales en una treintena de empresas, según fuentes sindicales rusas (legalmente, la posibilidad de hacer huelga apenas es viable en el régimen de Lukashenko). En las universidades las recetas neoliberales y empresariales a la americana están sólidamente presentes en manuales y concepciones. No hay en eso gran diferencia con las universidades europeas. Tampoco hay en el país una gran experiencia de autoorganización. La simple realidad es que no hay a la vista una alternativa más allá de lo que sugiere el programa publicado en vísperas de las elecciones por media docena de partidos y organizaciones de la oposición, entre ellos los “socialdemócratas” (Hramada), verdes, Frente Popular, cristiano-demócratas y otros: neoliberalismo con plena integración en el capitalismo transnacional.
Eso quiere decir que el conocido y contradictorio escenario de tantas sociedades del Este de Europa y la ex URSS de los últimos treinta años de un aparente “avance cívico-democrático” con retroceso en los derechos sociolaborales y en la soberanía nacional, podría estar servido. Podría pensarse que desde el actual sistema estatista-bonapartista de Lukashenko se podría pasar a una democracia keynesiana. Por desgracia, la experiencia sugiere que estas cuestiones la línea recta no es la distancia mas corta entre dos puntos.
Para el régimen de Putin la revuelta popular bielorrusa representa un doble desafío. Por un lado el de cómo conservar a un aliado geopolítico, aunque sea cada vez más díscolo, en su frontera con la OTAN y la UE. En los últimos años Rusia ha perdido su entorno de aliados no solo por el entrismo de sus competidores en la antigua zona soviética o de influencia de la URSS, sino también por su propia torpeza y porque la oligarquía rusa no es, lógicamente, internacionalista sino que pone su beneficio por delante de cualquier otra consideración. Sería el colmo de las torpezas perder ahora a la república mejor predispuesta hacia Moscú y los hermanos rusos de las antiguas de la URSS.
En segundo lugar, el régimen de Lukashenko tiene claros parentescos autocráticos con el ruso, que tampoco conoce la alternancia en el poder. El movimiento popular bielorruso podría inspirar e impulsar las protestas ya en curso en Rusia, de cara a la complicada cita electoral a nivel local y regional que el Kremlin tiene el 13 de septiembre. Una eventual caída de Lukashenko en Bielorrusia tendría fuerte repercusión simbólica para Putin y su posible eternización” en el poder

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles ecosociales.

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