La “ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio”: una crítica.

La nueva lectura de Marx de Michael Heinrich (XXXVI)

La “ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio”: una crítica.

No se puede dejar de estudiar ninguno de esos textos -sobre todo El Capital- si se quiere conocer con detalle el conjunto de teoremas o “teoría” de Marx, el “marxismo” en el sentido de sistema de proposiciones, a la manera de los tratados científicos. Pero tampoco parece que la enumeración de sus proposiciones científicas en este sentido fuera para Marx lo principal de su obra. Alguna vez que se presentó a Marx una manera de entender su pensamiento que consistía en esa rígida enumeración y en inferencias no menos estrictas de ella, él mismo comentó con disgusto. “Por lo que a mí hace, yo no soy marxista.” Marx era comunista, no fiel de ninguna escolástica. Su comunismo consiguió ser científico, esto es, fundamentado en el conocimiento de la realidad social disponible en su época. Y el mismo Marx era lo suficientemente científico para saber y decir incluso en su madurez (por ejemplo, cuando fue conociendo mejor los restos de comunidad aldeana en Oriente y en Rusia)- que sus análisis del Capital se basan en un sector sólo del mundo social, a saber, la historia de la Europa Occidental y Norteamérica. “He limitado expresamente”, escribiría el viejo Marx en su célebre carta a Vera Sassulich, “la inevitabilidad de este camino (el estudiado en el Capital), a los pueblos de la Europa del Oeste.”.
Manuel Sacristán (1974)

El comentario de Manuel Martínez Llaneza a este mismo apartado al final de todo.

Seguimos en el capítulo VII, en el tercer apartado: “La “ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio”: una crítica”. Uno de los temas más comentados entre las aproximaciones críticas a Marx y a su legado.

Michael Heinrich no entra, en su exposición, en asuntos metodológicos, en la corrección o incorrección de la categoría “ley tendencial”.

A finales del XVIII y principios del XIX, señala el filósofo alemán, era un hecho empírico indiscutido que la tasa media de beneficio caía tendencialmente en los países capitalistas desarrollados. Un asunto empírico, no de teoría. Lo que se discutía no era ese hecho, la caída, sino las causas de esa caída de la tasa de beneficio: aumento de los salarios, encarecimiento de las materias primas,… Pero las causas mencionadas eran de naturaleza accidental y transitoria: también los salarios pueden disminuir, también las materias primeras abaratarse, de tal forma que la tasa de beneficio suba de nuevo.

Lo que Marx quería mostrar con el título “ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio” era que, independientemente de tales causas transitorias, existe una tendencia a la caída de la tasa de beneficio que surge de la “esencia del modo de producción capitalista”. Dicho de otra forma: prescindiendo de todas las circunstancias particulares, las propiedades generales del desarrollo capitalista dan lugar a una caída tendencial de la tasa de beneficio. La cuestión de si Marx ha conseguido probar tal hipótesis ha sido y es, señala MH, sumamente controvertida.

Se ha mostrado que la tasa de beneficio puede aumentar por un ahorro del capital constante o por una aceleración de la rotación del capital. La verdadera fuente de la valorización es la explotación de la fuerza de trabajo. Hay dos posibilidades fundamentales (que se expusieron en el capítulo V del libro) para incrementar la explotación de la fuerza de trabajo: la prolongación del tiempo de trabajo (“producción de plusvalor absoluto”) y la reducción del valor de la fuerza de trabajo por medio del aumento de la fuerza de productiva del trabajo (“producción del plusvalor relativo”).

Pero, observa MH, la prolongación del tiempo de trabajo solo es posible de forma limitada. El método capitalista típico para aumentar la explotación es la producción del plusvalor relativo, a través del empleo de máquina mejores (es decir, más productivas). La revolución permanente de la producción, así como la creciente sustitución del trabajo humano vivo por máquinas nuevas y más eficientes, es el quid de la cuestión. Es la imagen que ofrece el modo de producción capitalista desde finales del siglo XVIII. Añade MH: ningún otro modo de producción anterior al capitalismo ha conocido un desarrollo tan acelerado de la fuerza productiva (para algunos marxistas ecologistas, destructiva al mismo tiempo).

Como hemos visto en una entrega anterior, los capitalistas individuales introducen aumentos de la fuerza productiva para obtener plusvalor adicional (o mejor: beneficio extra que se sitúe por encima del beneficio medio). Este beneficio extra, desaparece cuando se generaliza el aumento de la fuerza productiva. Entonces disminuye el valor o el precio de producción de las mercancías producidas. En tanto que se traten de mercancías que entran en el consumo del trabajador, disminuye también el valor de la mercancía fuerza de trabajo. Resultado: aumento de la tasa de plusvalor.

Pues bien, prosigue MH, Marx quiere demostrar que la tasa media de beneficio cae debido a este modo de aumentar la fuerzas productiva típico del capitalismo: como resultado de la búsqueda constante de beneficio extra se va a presentar, tras la generalización de las nuevas condiciones de producción, no solo un valor más bajo, sino también (a espaldas de los capitalistas individuales y contra su voluntad si se quiere) una tasa media de beneficio más baja. Para Marx, la caída tendencial de la tasa de beneficio y el desarrollo capitalista de la fuerza productiva son dos caras de la misma moneda. Si hubiera podido demostrar esta conexión de forma concluyente, comenta MH, habría mostrado, en efecto, que la caída de la tasa media de beneficio pertenece a la “esencia” del capitalismo.

MH nos convida a examinar de forma más precisa la argumentación marxiana. Hela aquí desde su perspectiva de análisis:

1. Si baja la tasa media de beneficio, no tienen que bajar las tasas de beneficio de todos los capitales.

1.1. Pero sí las de la mayoría, o al menos las de mayores capitales.

2. Si la caída de la tasa de beneficio es efectivamente un tendencia típica, tiene que poder mostrarse también en un capital individual típico.

3. Los argumentos de Marx se refiere a ese capital individual típico.

4. A continuación, nos advierte MH, argumentará como él pero al nivel del valor (los precios de producción traen consigo complicaciones adicionales, nos señala). Prescindimos del capital fijo y suponemos un tiempo de rotación de un año.

5. Como ya se ha visto, el valor del producto es entonces c+ v + p y la tasa de beneficio p /(c + v).

6. El aumento de la fuerza productiva por medio de la instalación de maquinaria da lugar al incremento de la tasa de plusvalor (p/v) y de la composición orgánica del capital (c/v). El desarrollo de ambas magnitudes es decisivo para el movimiento de la tasa de beneficio.

7. Si operamos con alguna transformación matemática elemental obtenemos las siguientes formulaciones:

De este modo, la tasa de beneficio está determinada por la tasa de plusvalor y por la composición del valor.

8. Marx apoya su fundamentación de la caída tendencial de la tasa de ganancia en el aumento del valor de la fracción c/v.

9. Si p/v no se modificase, el aumento de c/v conduciría automáticamente a una bajada de la tasa de beneficio (el numerador de nuestra fracción, señala acaso innecesariamente, permanece constante y el denominador aumenta, por lo que disminuye el valor de la fracción).

10. Sin embargo, Marx afirma que la tasa de beneficio caería también en el caso de una tasa de plusvalor creciente.

11. Si aumenta tanto la tasa de plusvalor (p/v) como la composición del capital (c/v) entonces la tasa de beneficio cae solo si c/v + 1, el denominador de la fracción, aumenta más rápidamente que p/v (el numerador).

12. Para demostrar que la tasa de beneficio cae inevitablemente, no basta, por tanto, con demostrar que c/v aumenta. Hay que demostrar que c/v aumenta en una determinada proporción, tiene que demostrarse que c/v aumenta en tal medida que se cumple la condición que se acaba de mencionar.

13. Y aquí, en opinión de MH, se encuentra la dificultad principal para cualquier demostración de la “ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio”: no es posible una afirmación general sobre la proporción del aumento de c/v.

14. En un caso puede obtenerse un determinado aumento de la productividad por medio de una pequeña cantidad adicional de capital constante; c/v aumenta muy poco, lo que puede tener como consecuencia que la tasa de beneficio aumente debido al aumento de la tasa de plusvalor.

15. En otros casos, es necesaria una mayor cantidad de capital constante adicional para el mismo aumento porcentual de la fuerza productiva. Se produce entones un gran aumento de c/v y puede ocurrir que baje la tasa de beneficio.

16. Marx no intenta realizar una demostración directa de que c/v crece siempre en una proporción tal que la tasa de beneficio cae. En lugar de eso, parte de la masa de plusvalor.

17. Todo el plusvalor de un capital resulta del plusvalor medio per cápita multiplicado por el número (n) de fuerzas de trabajo, siendo el plusvalor medio per cápita igual a la tasa de plusvalor p/v multiplicado por el salario medio per capita vc .

18. Por lo tanto, el plusvalor total p será:

p = p/v . vc . n

19. si se reduce el número de fuerzas de trabajo, disminuye el plusvalor producido. Pero si aumenta simultáneamente la tasa de plusvalor, se puede compensar la reducción del número de fuerzas de trabajo y seguir produciendo la misma masa de plusvalor.

Sin embargo, solo dentro de determinados límites, pues el plusvalor per cápita no puede ser tan grande como se quiera.

20. Eso se puede demostrar con un sencillo ejemplo comenta MH: suponemos que 24 fuerzas de trabajo suministran cada día dos horas de plustrabajo, lo que da como resultado un total de 48 horas de plustrabajo. Si ahora se reduce a 2 el número de fuerzas de trabajo, estas 2 fuerzas de trabajo no pueden suministrar 48 horas de plustrabajo al día, independientemente de cuál sea la magnitud de la tasa de plusvalor.

21. El resultado se puede generalizar: si el número de fuerzas de trabajo empleadas disminuye considerablemente, en algún momento disminuye también la masa de plusvalor producida, independientemente de lo elevado que sea el aumento de la tasa de plusvalor.

Marx, prosigue MH, creyó que de este modo había demostrado suficientemente la ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio.

Pero no es así. Su argumento crítico:

Una masa de plusvalor m decreciente solo indica con seguridad una caída de la tasa de beneficio si el capital global c + v que es necesario para la producción de esta masa de plusvalor no cae a su vez, sino que el menos permanece constante. Y esto, señala MH, es lo que Marx presupone tácitamente en su ejemplo.

Ahora bien, esta suposición resulta problemática. Siguiendo con el mismo ejemplo: si en vez de 24 trabajadores solo están empleados 2, los salarios que hay que pagar serían menores. En el caso de permanecer constante el valor de la fuerza de trabajo, el capital variable se reduciría a 1/12 de su anterior valor.

Ya que la tasa de plusvalor aumenta enormemente, habría que utilizar mucho menos del 1/12 del capital variable anterior para las dos fuerzas de trabajo que quedan. Para que se mantenga igual el volumen del capital global no basta con que el capital constante c aumente, tiene que aumentar en una determinada cuantía, a saber, tanto como haya disminuido el capital variable.

Pero, insiste MH, no es posible responder a nivel general si este es efectivamente el caso: no sabemos si el aumento de la fuerza productiva se consiguió con una cantidad menor o mayor de capital constante adicional: si el capital constante no aumenta tanto como para igualar la reducción de v, entonces disminuye el capital global adelantado; en este caso tenemos una masa de plusvalor decreciente con capital decreciente. El que caiga la tasa de beneficio depende de qué caiga más rápido, la masa de plusvalor o el capital adelantado. Si cae más rápido la masa de plusvalor, baja la tasa de beneficio; si cae más rápido el capital adelantado, sube la tasa de beneficio, a pesar de la disminución de la masa de plusvalor.

Por lo tanto, sostiene MH, al contrario de lo que dice Marx no podemos partir de una “ley de la caída tendencial de la tasa de beneficio”. Eso no significa, añade, que la tasa de beneficio no pueda caer. Es perfectamente posible que caiga, pero también puede aumentar. Al nivel general al que argumenta Marx en EC no es posible fundamentar una tendencia permanente a la caída de la tasa de beneficio.

[En nota a pie de página señala MH: “Una confrontación con las posiciones que defienden la “ley” de Marx, así como un examen de otros aspectos de esta “ley”, puede verse en…” su obra de referencia (traducida al portugués, pero no al castellano) La ciencia del valor, pp. 327 y ss]

La pregunta, señala el filósofo alemán finalmente, es si la crítica económica de Marx pierde realmente tanto prescindiendo de la ley tendencial. Muchos marxistas vieron en esa ley el fundamento de la teoría de las crisis, razón por la cual se discutió de manera tan vehemente sobre ella. Sin embargo, MH anuncia que en un próximo capítulo del libro, el IX, veremos que la teoría de la crisis no depende en absoluto de esta ley tendencial.

Para Marx, no obstante, esta “ley” expresaba algo más general. Lo siguiente (MH nos da una cita de El Capital):
…que el modo de producción capitalista encuentre una barrera en el desarrollo de las fuerzas productivas que no tiene nada que ver con la producción de riqueza en cuanto tal y esta peculiar barrera atestigua la limitación y el carácter puramente histórico, transitorio, del modo de producción capitalista.

La limitación del modo de producción capitalista se manifiesta ya en el hecho de que el desarrollo de las fuerzas productivas y la producción de riqueza están subordinados a la valorización del valor, y este obtuso fin desata una multitud de fuerzas destructivas contra el ser humano y la naturaleza. Se ha hablado de ello, conviene seguir hablando de ello.

Conclusión de MH: el hecho de que aumente o disminuya la expresión de la valorización en la contabilidad capitalista no cambia en nada el carácter fundamentalmente obtuso del modo de producción capitalista.

Hasta aquí el último apartado del capítulo VII. La crítica de Manuel Martínez Llaneza:
Lo que se cuenta en esta entrega es acorde con los planteamientos de Marx, incluso las críticas se mueven en las indeterminaciones de éste, aunque se extralimiten ligeramente (no es malo del todo) al especular con sus intenciones. Esto en cuanto a la música, suena bien y orienta en el sentido global de la cuestión. Pero hay demasiadas cuestiones abiertas respecto a las unidades empleadas, las unidades económicas a las que se aplican la ecuaciones o las consideraciones. No voy a hacer una exposición detallada, porque no es el fin de estos comentarios, sino solamente marcar algunos asuntos que merecen reflexión y análisis más fino, dejando claro que la exposición de Marx (yo no le echo la culpa a Engels) no facilita mucho su comprensión.
Resulta imposible no recordar, cada vez que se ve c + v + p, las anteriores digresiones del autor sobre el concepto de valor que llegó a medirlo por el pago de los compradores ‘iluminados’ (ironía). También tenemos que recordar que, reconocido en la última entrega que las mercancías no se venden por su valor, no se puede identificar la plusvalía arrancada con el beneficio obtenido por los capitalistas individuales, es decir, que, para ellos, p no es igual a B, y la tasa de beneficio no es p / (c+v). Estas definiciones, pues, sólo son aplicables a la economía en su conjunto o a sectores que se reparten su propia plusvalía.
Es muy útil para precisar conceptos el buen uso de la fórmula del punto 7, que evita muchas de las vueltas inútiles que dio Marx. Yo la expresé el 2012, en el trabajo tantas veces citado [Valor y precio en Marx], en la forma equivalente pero entiendo más gráfica g’=p’/ (1+ω) (donde g’ y p’ son las tasas de ganancia y de plusvalía y ω la composición orgánica del capital). En cualquiera de las dos versiones, muestra con claridad que, en la economía considerada, la evolución de la tasa de ganancia depende exclusivamente de dos variables (la tasa de plusvalía y la composición orgánica del capital) y en qué forma. Es, pues, acertado por parte de MH llevar el análisis hacia la determinación de los factores que determinan esas variables y la cuantificación de su evolución.
En lo que no creo que haya discusión (y eso sí que sería una ley) es en la elevación constante de la composición orgánica del capital.

Pasamos al capítulo VIII… tras el descanso veraniego. Les anuncio el título: “Interés, crédito y ‘capital ficticio’”. ¡Buen descanso!

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