Nuevo comentario de Ernesto Gómez de la Hera

Un nuevo texto de Ernesto Gómez de la Hera, comentando una intervención anterior de José Luis Martín Ramos (quien, por cierto, acaba de publicar un libro en Los libros de la Catarata sobre la historia del PCE).

COINCIDENCIAS, DISCREPANCIAS Y MATIZACIONES

Comparto casi todo lo apuntado en el conciso, pero riguroso, apartado que parafrasea en su título una conocida pregunta de Vargas Llosa. Nada está nunca predeterminado, nada es irreversible y, en contra de lo que muchísimos afirmaron durante años, la victoria final de los de abajo no está asegurada. Así que no creo que el punto al que ha llegado el catalanismo (pronto entraré en este asunto de los conceptos), y que aún puede empeorar por malo que ya sea, estuviera ya decidido en su cuna. Pero sigo diciendo que “in nuce” (un biólogo podría traducir esto por: en sus genes) ya se encontraban las peores características que luego se han ido desarrollando. Por supuesto también se hallaban allí otras mucho mejores, pero ni las malas, ni las buenas, marcan en solitario el resultado final. Por seguir con símiles biológicos, junto a todo eso juega la historia y avatares posteriores a cualquier nacimiento. Y, en el caso concreto de una doctrina y movimiento político,  juega la lucha de clases que marca el devenir de las sociedades. Seguramente, debido a que en etapas anteriores nunca había podido acumular poder de modo temporalmente duradero, el catalanismo no empezó a torcerse en profundidad hasta los años 80 del siglo pasado. Y, seguramente, uno de los hitos de este torcimiento fue aquel primigenio asalto al Parlamento, donde fue golpeado el dirigente principal del PSC, que tuvo ocasión en el vergonzoso desenlace del caso Banca Catalana y la cobarde actuación de Felipe González dejando a merced de las turbas pujolistas a su organización catalana y a los fiscales. Esa cobardía e inacción, que el tiempo ha reforzado, son las que están en el origen de tantos años de acumulación de ese poder omnímodo que, en los dos últimos lustros, está dando sus venenosos frutos.
Lo que no puedo compartir es hacer equivalentes los conceptos de “catalanismo” y “españolismo”. Desde luego el apego a lo español no tiene, en principio (cualquiera sabe a lo que nos obligaría Vox si tuviese poder para ello), nada que ver con el nacionalismo. Y es que el españolismo no tiene nada que ver conceptualmente con ninguna doctrina y/o movimiento político. Mientras que el catalanismo sí. El apego y la defensa de la lengua, o de las costumbres, catalanas, en sí mismo, no tiene nada de perjudicial u ofensivo políticamente para nadie (al menos para nadie que sea demócrata). Yo mismo opino que el bolo palma, por minoritario que sea, es el deporte más excelso que existe, el que mejor aúna al tiempo la precisión técnica y la imprescindible fuerza deportiva, pero jamás se me ha ocurrido sacar conclusiones políticas de ello.
Ya en el veterano, pero siempre vigente, diccionario del antiguo secretario perpetuo de la RAE, Julio Casares, figura esta diferencia conceptual, aparte de que recoge la voz “catalanista”, pero no la que sería su paralela “españolista” (creo que esta sólo podría hacer referencia a los “periquitos”). Así las cosas, me sigue pareciendo correcto y oportuno designar como “catalanismo” al movimiento político y a la doctrina nacionalista (ya más que centenarios) de los catalanistas de ayer y de hoy. Doctrina y movimiento que abarcan más que lo político, pues pretenden impregnar toda la sociedad. Acepto que Azaña y Negrín podían ser españolistas (yo prefiero decir que eran españoles) y no nacionalistas (desde luego no lo  eran, aunque fueron unos grandes patriotas) y lamento que no nos demos cuenta de que el PSUC (que cometió muchos errores en este asunto, pero nunca fue nacionalista) se limitó a defender aquello que había que defender en Cataluña, frente a Franco. Creo que eso debería denominarse como ser catalán, nunca como ser catalanista.
Para finalizar un par de puntos menores. La que creo que es superflua es la izquierda realmente existente y la han hecho superflua sus propios errores. Una izquierda auténtica es más necesaria que nunca, pero jamás existirá mientras no sean eliminados políticamente los actuales dirigentes, que están de más.
En cuanto al PCE, yo escribí “neoleninista” al designarlo. Y es que, en su último congreso, lo que varió fue eso, pues lo de “marxista” nunca fue borrado de la definición. Este es un asunto que da para mucho, pero este no es el momento. En breve, el PCE borró de su definición el leninismo hace muchos años y lo hizo por oportunismo político. En su último congreso, también por oportunismo político, lo recuperó. Desde luego coincido en que ¡ojalá! fuese leninista (y marxista) la dirección del PCE, pero sigo creyendo (y yo estuve en las discusiones de aquel proceso congresual) que, igual que cuando lo eliminaron de la definición, esa dirección sigue sin tener ni idea de lo que supone el pensamiento de Lenin (ni de Marx y Engels), ni le importa (son de los NS/NC). De aquí mi uso irónico del término neoleninista.

Barcelona, 13 de febrero del 2021

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo, rebelión y Papeles de relaciones ecosociales.

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