Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona

Presentación de Silencios y deslealtades en el Centro de Historia de la Ciencia (CEHIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona

Para Miguel Muñiz Gutiérrez, por su incansable hacer, por su honestidad a prueba de todo.
Para Andrés Martínez Lorca, por su amistad y magisterio.
Y para José Herrera Plaza, por todo.

Nota edición: Intervención del autor en la presentación del libro Silencio y deslealtades el pasado jueves 28 de noviembre en el CEHIC de la Universidad Autónoma de Barcelona.

*

Gracias por la invitación, todo un honor para mí.

Seguro que ustedes recuerdan la figura de los teloneros. Este es mi papel en este encuentro. Yo hago de Sirex-Mustang, y el amigo José Herrera Plaza hace de Beatles, Bruce, Mile Davis, Paul Simon, Manel o Rosalía, en función de sus preferencias. Ninguna queja en mis palabras desde luego.

Como es altamente probable que José en su intervención, así como ustedes en sus preguntas y observaciones, se ubiquen en el rovell de l’ou, en el núcleo esencial del tema, así lo han hecho las personas que me han precedido, permítanme que yo me mueva en las cercanías, en los alrededores del asunto, como diría un lógico y lingüista que sigo admirando mucho, Víctor Sánchez de Zavala, el traductor de la Lógica de Karl Popper al castellano, y que para ello use algunos poemas que acompañarán mi intervención.

No les extrañe tampoco las bondades que pueda apuntar sobre el libro. No caeré con ello en un ataque de inmodestia o de desvarío intelectual: el autor principal, principalísimo del libro que presentamos, es José Herrera Plaza. Mi papel es muchísimo menos relevante.

Entro, sin mas delación, en materia… en materia poética.

1. Uno de los “grandes poemas” de Jaime Gil de Biedma, el que fuera tío de doña Esperanza Aguirre (uno no puede escoger a todos sus familiares), uno de las cosas del autor de “Pandémica y celeste” que más me impresionó de joven, habla precisamente de jóvenes, de jóvenes y de mayores. “No volveré a ser joven” es el título. Dice así:

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Hay ecos del Das Sein zum Tode heideggeriano es este único argumento de la obra. Entre nosotros: tal vez haya alguna cosa más.

La verdad es que de joven yo nunca deseé o sentí que iba a llevarme la vida por delante y mucho menos que iba a dejar huella. Lejos de mi estas aspiraciones. Para ser sincero, no sabía muy bien qué significaban, qué era aquello tan transcendente e impactante de dejar huella y marchar entre aplausos.

En cambio, sí que intenté de joven dar sentido a imágenes de mi infancia y de mi adolescencia. Una de ellas era la del baño de Fraga, del que fuera ministro franquista, uno de los que firmó la condena a muerte de Julián Grimau unos años antes, y del embajador americano de aquel entonces. La había visto en un NODO, en un cine de barrio con sesiones dobles que estaba muy cerca de donde vivía, un barrio obrero sin asfaltar, sin escuelas, con mucha fábrica contaminante y con mucha gente pobre, explotada, menystinguda (menospreciada) y bastante desesperada. Mis padres por ejemplo.

Conseguí dar sentido a aquella imagen gracias a dos personas que me han marcado en muchas cosas y que también me han ayudaron en esto. Una de ellas fue Manuel Sacristán, filósofo, profesor expulsado de la Universidad franquista en 1965 (pudo volver 11 años después, en 1976), marxista analítico avant la lettre, lógico y epistemólogo enorme, activista antifascista (en serio), comunista democrático y traductor, entre 100 libros más, de una más que interesante historia de la ciencia y de la técnica de René Taton. Si ustedes, los más jóvenes, no le conocen, harán bien en recordar su nombre. Asistí durante años como oyente a sus clases de Metodología de las Ciencias Sociales y allí habló del tema Palomares en algunas clases dedicadas a política de la ciencia.

El segundo maestro fue Eduard Rodríguez Farré, un gran científico franco-barcelonés, médico, farmacólogo, investigador, humanista y mil cosas más, nacido en el campo de concentración de Argelès sur Mer en 1941. Eduard ha sido uno de los primeros investigadores de lo sucedido en Palomares (ya en el vigésimo aniversario del accidente) y ha colaborado con José Herrera en algunos de sus proyectos. Por ejemplo, en el documental -que no deberían perderse- “Operación Flecha Rota”.

No es de extrañar por ello que abramos el libro con una cita cuya, con una cita del coautor de Crítica de la sin (razón) nuclear. Es esta:

El franquismo ocultó lo sucedido todo lo que pudo y algo más, y le restó importancia. Como si no hubiera ocurrido nada, a pesar de que estábamos ante un accidente nuclear. Estados Unidos actuó como suele actuar, como poder imperial, ocultando investigaciones y resultados, y preocupándose ante todo de sus propios intereses y de su propio ejército. Consecuencia de todo ello: apenas se cita el accidente nuclear militar cuando se habla de los desastres de la España del franquismo y de uno de los “efectos colaterales” de aquellos acuerdos militares, que aún siguen vigentes parcialmente, entre la España una, grande y libre de Franco y el gobierno norteamericano.
Espero que la recuperación de eso que ahora llamamos “memoria histórica” afecte también a este suceso que, además, no es sólo parte de la Historia pasada dado que sus consecuencias no se han borrado totalmente. En un editorial de El País de octubre de 2006, diario que de ninguna de las maneras puede ser tildado de antinuclear, se reconocía que no se había hecho un “estudio en profundidad de lo que había quedado enterrado bajo la superficie, y años después, cuando en la zona hubo movimientos de tierras para construcción de viviendas o usos agrícolas, aparecieron indicios de contaminación soterrada”, y admitía que estábamos ante el inicio de un largo proceso dada “la complejidad y la amplitud de las tareas de abordar”.
Es una deuda que tenemos con los habitantes de la zona y sus descendientes, y con la ciudadanía española en general.

Eduard denuncia aquí uno de los silencios que ha rodeado nuestro atómico asunto. José Herrera ha sido una de las personas -he estado tentado de decir “la persona”- que más ha hecho por romper este silencio ensordecedor que recoge el título del libro. Nos ha enseñado, en contra de Gil de Biedma, que envejecer y morir no son el único argumento de la obra. Podemos intentar vivir dignamente, aunque no sea fácil. Vivir es fácil sólo si mantenemos los ojos cerrados.

2. Cito ahora unos versos de un poeta francés, poco transitado por nosotros: Eugène Guillevic (siempre firmaba como Guillevic, a secas). Tomo pie en una referencia de Sacristán, en una conferencia suya sobre política de la ciencia de 1979:

Nous n’avons jamais dit
Que vivre c’est facile
(No hemos dicho nunca que vivir sea fácil)

Et que c’est simple de s’aimer…
(Ni que sea sencillo amarse)

Ce sera tellement autre chose
(Pero será todo muy distinto)

Alors. Nous espérons
(Por lo tanto, nosotros esperamos, nosotros tenemos esperanza)

He citado a este poeta francés, y lo he hecho con gusto, para disolver un dilema (sin aparente salida) en el que a veces nos sumergimos: optimismo voluntarioso-ingenuo o pesimismo lúcido (o variantes, mejores en mi opinión, de gusto y tradición gramsciana: pesimismo en la inteligencia, optimismo en la voluntad).

Lo que subyace a muchas de las páginas, a este trabajo de días, meses y años de José Herrera, es en mi opinión el esperancismo del que nos habla los versos de Guillevic.

No una esperanza vana, no una esperanza sin sostén, sino una actitud de espera trabajada, que incide en el orden no-natural de las cosas y situaciones, un esperancismo que aspira a un mundo más razonable, más auténtico, alejados de poderes de destrucción y ocultamiento, pensando, sobre todo y ante todo, en las gentes más desfavorecidas y más indefensas en muchas ocasiones.

José Herrera es portavoz, sin que pretenda serlo, de esas voces anónimas que, en el fondo, son los verdaderos protagonistas de la Historia.

También de esta historia, la que se cuenta en el libro, donde aparecen, directa o indirectamente, en muchas de sus páginas. Por justicia y por dignidad… y, sin duda, por sensibilidad del autor.

3. Me traslado ahora a Argentina y a los Países Bajos y les recuerdo ahora un poema de Jorge Luis Borges dedicado a Baruch de Spinoza.

Bruma de oro, el occidente alumbra
la ventana. El asiduo manuscrito
aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.

Un hombre engendra a Dios. Es un judío
de tristes ojos y de piel cetrina;
lo lleva el tiempo como lleva el río
una hoja en el agua que declina.

No importa. El hechicero insiste y labra
a Dios con geometría delicada;
desde su enfermedad, desde su nada,

Sigue erigiendo a Dios con la palabra.
El más pródigo amor le fue otorgado,
el amor que no espera ser amado.

Este poema, creo no exagerar, habla de personas como José Herrera. No sé si José tiene los antecedentes de Spinoza pero tanto da, no tiene la más mínima importancia. No va de eso la cosa. Lo que sí tiene importancia es que José ha ido obrando, sigue obrando en este tema, como aquel pulidor de lentes, el autor de una Etica que pretendía demostrar afirmaciones metafísicas al estilo geométrico, con axiomas, postulados, proposiciones deducidas y corolarios.

Lo que José ha ido erigiendo año tras año, y durante muchos años, no es al Deus sive Natura del gran Baruch, pero sí un relato documentado, muy documentado, que tienen en cuenta las mil caras de aquel poliedro, una explicación valiente, llena de coraje cívico y de rebeldía ciudadana, sobre aquel trágico asunto (que hubiera podido ser más trágico) que mostró una vez más, sin que fuera necesario, que la Humanidad estaba jugando con fuego, día sí, noche también, con fuego nuclear de una forma absolutamente irresponsable. No exagero. Les leo un breve fragmento:
Si reparamos en la locura de ese tráfico atómico y estimamos cuantitativamente lo que supuso únicamente la ruta sur en el periodo (1961-1966) de los B-52, podemos correr el riesgo de sufrir un choque anímico, o que se altere nuestro ciclo circadiano por un pertinaz insomnio: cinco años a 365 días, con una media de tres misiones diarias y un mínimo de 8 bombas (4 x 2) MK28 de 1,1 megatones cada una, nos da una cifra aterradora: casi 44.000 bombas termonucleares, 70 veces más potentes que la de Hiroshima, o dicho de otra manera, cerca de 50.000 megatones. En unidades de horror y destrucción supone que un equivalente a 3,5 millones de potenciales Hiroshimas han transitado por encima de las cabezas españolas, únicamente en el periodo indicado. Suficiente e incluso sobrado para acabar con nuestra civilización y el equilibrio natural de nuestro planeta.

En nuestro caso, los acuerdos franquistas con los responsables del gran Imperio fueron el marco de referencia. Los que se llamaban patriotas vendían su Patria (para ellos era de ellos en propiedad excluyente) al mejor postor, el que les aseguraba seguridad y tranquilidad para su poder despótico y sus negocios insaciables.

No puedo dejar de pensar al hablar de todo ello en una de las películas que más me han interesado y me siguen interesando: “Doctor Strangelove” de Kubrick. Sin olvidarme de Sterling Hayden, uno de mis actores preferidos, Peter Sellers esta aquí inconmensurable como seguramente diría el gran físico, filósofo e historiador Thomas S. Kuhn. En este asunto de Palomares, José Herrera interpreta -sin interpretar, lo suyo no es ficción- un papel parecido al del gran comediante inglés.

4. Convendría recordar ahora a Juan Ramón Jiménez: ‘Inteligencia dame el nombre exacto de la cosas, que mi palabra sea la cosa misma, creada por mi alma nuevamente” o a Miquel Martí i Pol: “No hi ha cap llei de la immensitat que no capigui al fons d’uns ulls inquiets”. Y también este fragmento de Poesía y verdad de Goethe:

Curiosísima exigencia ésta, presentada, sin duda, alguna vez, pero incumplida siempre incluso por los que la esgrimen: que hay que exponer las experiencias sin conexión teorética alguna, dejando que el lector, el discípulo, se formen a su arbitrio la convicción que les plazca. Pero el mudo mirar una cosa no puede hacernos adelantar. Todo mirar se convierte, naturalmente, en un considerar; todo considerar, en un meditar; todo meditar, en un entrelazar; y así puede decirse que ya en la simple mirada atenta que lanzamos al mundo estamos teorizando.

No está de más, en mi opinión, esta magnífica reflexión goethiana escrita antes, mucho antes, que las ideas que nos legó el gran epistemólogo británico, fallecido muy prematuramente, Norwood Russell Hanson. En Constelaciones y conjeturas, por ejemplo.

Viene este elogio goethiano a cuento porque otra de las aportaciones de José Herrera Plaza en el libro que comentamos son sus observaciones, digamos “de pasada”, sobre asuntos de filosofía de la ciencia. No son páginas y páginas, no es un largo desarrollo, no es un capítulo, no es un paper sobre tal o cual asunto, sino reflexiones instantáneas, a raíz de tal o cual cuestión, breves pensamientos (a veces aforismos) en la línea de una crítica del empirismo chato, demasiado plano en ocasiones: “¡Hechos, hechos, hechos, sólo hechos!”, como el que anuncia el hallazgo del Santo Grial sin conocer la historia. ¿No hay siempre mucho más que hechos desnudos (que nunca, de hecho, son desnudos)?

Una crítica, decía, al empirismo simplón, pero defendiendo, al mismo tiempo, una concepción epistemológica razonable en la que los hechos contrastados, por decirlo de algún modo, siempre interpretables (aunque no de cualquier modo), no se ubiquen en el archivo de lo inútil o de lo extravagante. No se piensa bien en el vacío cuando reflexionamos sobre cualquier asunto

Suena a viejísima finalidad ilustrada, clásica incluso, poco usual en tiempos líquidos y posmodernos, pero la aspiración a la verdad, al decir del ser lo que es y del no ser lo que no es, tal como nos enseñara el gran Aristóteles, maestro también en nuestros días de los que saben o intentan saber, es el núcleo esencial del estar-en-el-mundo, del saber a qué atenerse, del amigo José.

Ustedes podrán disfrutar y valorar estos regalos gnoseológicos a lo largo de casi todos los capítulos del libro. Un ejemplo: “La ciencia precisa imparcialidad, honestidad absoluta y estricto sometimiento a la evidencia de los resultados, algo incompatible con el ámbito político y militar donde desarrolló”.

5. Cambio de paradigma, por decirlo de la forma más desgastada imaginable, y en este punto quinto no cabe un poema sino una canción que no les voy a cantar por razones que ustedes se imaginan. ¡Desafino! Es una de las canciones que, salvo error mío, más gustan al autor de una carta que les voy a leer a continuación (También a mí se lo confieso; tengo conjeturas sobre el menosprecio e incluso desprecio que sufrió durante años este pedazo de canción popular. Pero no es lugar ni momento). Les estoy hablando de “Me quedo contigo”, en la versión de los Chunguitos: https://www.youtube.com/watch?v=N-6R0usliNU, aunque no está nada mal, desde luego que no, el enorme regalo que nos hizo Rosalía en los Goya (https://www.youtube.com/watch?v=32d1bq-kG5c):
Si me das a elegir entre tú y la riqueza, con esa grandeza que lleva consigo, ay amor, me quedo contigo… Pues me he enamorado y te quiero y te quiero, solo deseo estar a tu lado, soñar con tus ojos, besarte los labios, sentir en tus brazos que soy muy feliz.

La carta de la que les hablaba, del arabista gramsciano, maestro de muchos ciudadanos, maestro mío desde luego, con apellido además de gran poeta, de grandísimo poeta vilmente asesinado, Andrés Martínez Lorca:

Querido Salvador,
ante todo, enhorabuena a ti y a José Herrera Plaza por vuestro excelente libro sobre Palomares que generosamente me has enviado.
Es lo más completo que he leído sobre el tema. Tiene el mérito añadido de las minuciosas explicaciones técnicas y científicas de Herrera y el tuyo de bucear en el texto anterior, guiar al entrevistado y profundizar en todas las cuestiones de especial interés. Las fotografías incluidas en el texto son muy valiosas por su rareza en la mayoría de los casos. Felicita de mi parte a mi paisano, a quien me gustaría saludar en alguno de mis viajes a Almería (si me das algún teléfono o correo de contacto, lo localizaré yo mismo).
Aprovecho para añadir algún matiz o dato complementario.
Desconocía la reedición en 2010 del libro de la duquesa de Medina Sidonia Palomares (Memoria) coordinado por Eduardo Subirats. Me costó mucho su edición en 2002, pero en aquella época yo tenía predicamento en la UNED y les convencí de ello. Se retrasó su aparición por presiones de Fraga que tenía entonces una campaña electoral en Galicia. Al poco tiempo, desapareció del mercado. ¿Quién llevó a cabo esta operación? Podemos suponerlo. Me dijeron en nuestra editorial hace unos años que pregunté por el libro para comprar algún ejemplar que estaba descatalogado hacía tiempo.
La actual presidenta de la Fundación Medina Sidonia (una oportunista alemana con disfraz de filantropía y mecenazgo cultural) es viuda de la duquesa ya fallecida, pero no «duquesa viuda de Medina Sidonia» (p. 80), ya que el título lo heredó su hijo Leoncio Alonso al que se le desposeyó de todo (palacio, Fundación y Archivo) que controla con el tradicional dominio germánico Liliane Dahlmann, muy apoyada por cierto estos últimos años por Rosa Aguilar desde la Junta de Andalucía.
Rafael Lorente, al que conocí personalmente en casa de Novais y al que saludé ya medio ciego en la presentación de su libro en el Club Internacional de Prensa, no anduvo cerca del PCE sino de Tierno Galván y su pequeño partido socialdemócrata [PSP, Partido Socialista Popular]. El día del accidente estaba alojado junto con el arquitecto Roberto Puig, hijo del matemático Puig Adam [SLA: discípulo de Julio Rey Pastor, en Getafe hay un instituto que lleva su nombre], en el parador de Mojácar, recién inaugurado. Ambos marcharon aprisa a Palomares para conocer de cerca el accidente nuclear. Tenía casa y algunas tierras en Agua Amarga (Cabo de Gata), lugar de veraneo de gente ilustrada y acomodada. José Antonio Novais muy generosamente, y con algunas copas encima, me ofreció en un paseo nocturno por Madrid una parcela de las que tenía Rafael en ese enclave de la costa levantina almeriense.
Otra cosa. Conocí a Paco Navarrete, el cura que habló de «milagro» en Palomares, porque fue compañero de curso. Nacido en Albox, el pueblo más importante de la cuenca del río Almanzora, era bastante simple y muy activo. Murió de cáncer a los pocos años.
Una última nota sobre Juan Goytisolo, escritor e intelectual al que admiro. Descubrió para el mundo la pobreza del interior de Almería en su libro Campos de Níjar. Después, basándose en el testimonio del cura de San Roque don Marino Álvarez Mínguez, con quien tuve amistad, publicó en París La Chanca, obra centrada en ese popular barrio de pescadores con sus cuevas frente al puerto. El ayuntamiento franquista de Almería lo declaró «persona non grata» acusándolo de denigrar la ciudad. Más tarde, Goytisolo denunció la persecución fascista de los emigrantes magrebíes en El Ejido, siendo también calumniado por el ayuntamiento de este rico enclave franquista, donde hoy reina Vox. Solía ir con frecuencia a Almería en sus viajes a la península desde Marrakech, donde vivía, para visitar a su amigo, el poeta gallego José Ángel Valente, quien ya jubilado vivió los últimos años en la capital almeriense junto a la catedral (su casa se ha convertido en museo dedicado a su memoria).
Te repito mi enhorabuena por vuestro magnífico libro que servirá de aviso para navegantes sobre los terribles peligros del arma nuclear.
Un fuerte abrazo,

Ustedes, que son historiadores de la ciencia y la técnica o aficionados, habrá tomado nota. Tal vez esta carta del amigo Martínez Lorca les pueda servir de pista o autopista (sin contaminación) para algunas investigaciones.

6. Cabe ahora recordar un verso del Fausto de Goethe: “Detente instante, eres tan bello”. Hay varios de estos momentos en el libro que presentamos. No entro en detalles, desvelaría lo que deben ser sorpresas. Les doy una pista: los capítulos XIII y XX.

No puedo desarrollar mínimamente otras cuestiones complementarias: la mirada global de José que no olvida, por ejemplo, la suerte de los militares usamericanos que estuvieron metidos hasta el cuello; las vinculaciones de muchos trabajadores de la zona con la emigración y Cataluña, con la Cataluña “dels altres catalanas” que decía Paco Candel; el coraje político de José que no esconde críticas a conveniencia; su pensar siempre con la propia cabeza; su seguimiento riguroso de la situación; sus reflexiones anexas sobre lo que significó la permanencia en la OTAN en aquel referéndum de doloroso recuerdo de 1986; su agradecimiento a las personas y colectivos que han estado a la altura de las circunstancias, etc etc. Todo ello apunta al ser humano que es José. Se puede decir brevemente recordando a don Antonio Machado, “soy [es] en el buen sentido de la palabra bueno”, o a Brecht: “A la buena gente se la conoce/ en que resulta mejor cuando se la conoce”, o también a Borges y su poema “Los justos”:

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

A José no le ignoramos desde luego pero es, sin duda, una de las personas que están salvando al mundo. Su presencia en él lo hace más humano, más justo, más igualitario y más fraternal, mucho más fraternal.

7. Como fui hace muchos años profesor de filosofía, fue entonces cuando conocí al profesor Xavier Roqué, déjenme que finalice mi intervención preguntándome por la filosofía de fondo que subyace a las consideraciones y reflexiones de José, a su estar en el mundo.

Hemos hablado algo de ello: rigurosidad, objetividad, apuesta por los más desfavorecidas, antimilitarismo, tenacidad, consistencia, amor por su tierra (que no excluye, por supuesto, amor por otras), cansancio inexistente, descubrimiento de tesoros, humanismo no melifluo, pensamiento sólido y así siguiendo, hasta el infinito y más allá como diría Buzz Lightyear.

Pero hay algo más en mi opinión, un algo más que no es fácil de enumerar pero sí de mostrar de algo modo.

Pienso que ese algo más está recogido en este poema de Brecht de 1956, el año de su fallecimiento -¡le van a estallar los oídos al gran poeta-filósofo-autor teatral de tanto citarlo!- que tengo en mente en la versión catalana de Feliu Formosa: https://www.youtube.com/watch?v=JLiEYP7MlwA.

La traducción castellana (si ando errado, de un gran germanista, maestro también admirado: Vicente Romano, https://www.youtube.com/watch?v=y5ZmUXpJ7Uk) dice así:

La primera mirada por la ventana al despertarse,
el viejo libro vuelto a encontrar,
rostros entusiasmados,
nieve, el cambio de las estaciones,
el periódico, el perro, la dialéctica, ducharse, nadar, música antigua,
zapatos cómodos, comprender, música nueva,
escribir, plantar, viajar, cantar,
ser amable.

Ser amable. Como José, como ustedes con su paciencia escucha. Muchas gracias. Ha sido un honor.

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