¡Putas, guarras, zorras, traidoras, hijas de puta…! ¿La “revolució” dels somriures y del buen rollo?

[Crónicas sabatinas] ¡Por una izquierda que sienta, piense e intervenga como izquierda!

¡Putas, guarras, zorras, traidoras, hijas de puta…! ¿La “revolució” dels somriures y del buen rollo?

Para Domènec Benet, inspirador de esta sabatina.
Para Marta Harnecker, in memoriam: una luchadora imprescindible.
Para José Saramago, in memoriam. Nueve años después

¡Incompresible… pero altamente significativo! Comentario posterior]

Cientos de miles de emigrantes llegados de toda España en la posguerra, gente muy humilde en su inmensa mayoría, se lo creyeron; mis padres también se lo creyeron [el mensaje pujolista: “Catalán es todo aquel que vive y trabaja en Cataluña], y criaron a sus hijos en consecuencia. Es verdad que mi madre, que llegó casi sin estudios, con más de 30 años y cinco niños, no habla catalán, y por tanto es de esas personas a quienes el actual presidente de la Generalitat llamó, en un artículo memorable, “carroñeros, escorpiones, hienas” y “bestias con forma humana”; pero mis hermanas y yo no somos como ella. Nosotros no sólo vivimos y trabajamos en Cataluña, sino que adoptamos las costumbres catalanas, nos sumergimos en la cultura catalana, aprendimos catalán hasta volvernos bilingües, nos casamos con catalanes de pura cepa, educamos a nuestros hijos en catalán e incluso contribuimos con nuestro granito de arena a difundir la cultura catalana. Todo en vano. Aunque hasta el último momento hicimos lo posible por seguir creyendo que éramos catalanes, en septiembre y octubre de 2017, cuando todo estalló, supimos sin posibilidad de duda que no lo éramos. Catalán, lo que se llama catalán, ya sólo lo era quien quería que Cataluña se separase de España; quien no lo quería, ya sea por apego sentimental a España o porque, como yo, es del todo incapaz de entender las virtudes de la separación y la considera una causa reaccionaria, injusta e insolidaria, no computaba como catalán, al menos para los políticos separatistas […] Para los políticos separatistas en el poder, los catalanes no somos quienes vivimos y trabajamos en Cataluña, sino sólo quienes, además, son buenos catalanes, fieles a la patria y votan lo que hay que votar. Los demás no somos catalanes, no contamos, no existimos; basta ya de hacerse ilusiones: probablemente nunca lo fuimos, nunca contamos, nunca existimos. Esto es lo que escondían las proclamas unanimistas del procés (“Un sol poble”, “Els carrers seran sempre nostres”), los disciplinados desfiles de cada 11 de septiembre y la sonrisa de la revolución de las sonrisas: una traición descomunal.
Javier Cercas (2019)

Pero, en política también, cada decisión nos coloca ante nuevos dilemas. La bronca independentista de la Plaza de Sant Jaume representa algo más serio que un simple berrinche. Los comunes han ido más lejos de lo que deseaban. Pero el paso se ha dado y el espacio político ha empezado a despegarse del “procés”. El gobierno de la ciudad debería propiciar una ruptura definitiva de amarras. Y no porque los comunes deban caer en una dinámica de bloques, sino justamente por todo lo contrario: el “procés” constituye la máxima expresión de esa configuración que ha sumido al país en un pantano de impotencia. No habrá distensión si las prioridades sociales y medioambientales, las urgencias de la ciudad y su área metropolitana, no ocupan el centro de la agenda municipal. Que eso ocurriese sería decisivo para evitar que, el próximo otoño, el previsible impacto emocional de la sentencia del Supremo haga imparable otra escalada del conflicto. En ningún caso será fácil reconducir la tensión. Pero, desde luego, no habrá diálogo –ni, aún menos, soluciones– si se trata de “volver a hacerlo”.
Lluís Rabell (2019)

Les duele mucho, están irritados… luego no lo hemos hecho mal del todo.
Digámoslo una vez más (porque vuelve a ser necesario): ¡los lazos amarillos son símbolos de parte, no del conjunto (ni de la mayoría) de la ciudadanía barcelonesa! ¡Las instituciones son de todos! No se ha votado a los Comunes para eso (Lluís Rabell, “Cuando llegue Brumario” https://lluisrabell.com/2019/06/19/cuando-llegue-brumario

Recomendación: dejen la sabatina si no tienen mucho tiempo y lean los tres siguientes artículos (si no los han podido leer aún): Lluís Rabell, “Y en eso, llegó la política” (https://lluisrabell.com/2019/06/16/y-en-eso-llego-la-politica/); Javier Cercas, “La gran traición” (https://elpais.com/elpais/2019/06/10/eps/1560163608_751731.html); Antonio Santamaría, “Signos de intolerancia” https://www.elviejotopo.com/topoexpress/signos-de-intolerancia/. Las dos citas están extraídas de los dos primeros artículos.


Un comentario del profesor Joaquín Miras sobre el texto de Cercas:

Es un texto que casi me quita las palabras de la boca. Desgraciadamente. A la serie de adjetivos finales, humillación, asco, vergüenza, yo debo añadir que a partir del 6 y el 7 de septiembre, a partir del escándalo del parlament y de la ley de desconexión, que es una ley de estado de excepción, a partir de ahí, sentí miedo: miedo. No puedo decir que sintiese incredulidad, porque no me resultaba inesperada esa forma de no ser reconocido.

[Si quieren ponerse de los nervios nerviosos, lean [¡no lo hagan, consejo de amigo!] “la respuesta” de Marius Serra: “La gran tergiversación (para Javier Cercas)”. https://www.elnacional.cat/es/opinion/marius-serra-gran-tergiversacion-javier-cercas_395236_102_amp.html?__twitter_impression=true].

Sobre la imposibilidad de un supuesto “tripartito progresista de izquierda” que algunas voces de izquierda han vindicado (incluso con manifiestos de apoyo… ¡cómo es posible considerar a ERC una fuerza de izquierdas!), Rabell ha expuesto con claridad las razones:
Esperemos que valeroso paso al frente de Ada Colau deje atrás, definitivamente, esa etapa de inmadurez y de ambivalencia acomplejada ante el discurso moral del independentismo. No ha sido sin duda una decisión fácil. Pero, al final, ha habido que rendirse ante la evidencia y tomar una decisión –aunque haya sido arrastrando los pies y casi pidiendo perdón. Por suerte los hechos cuentan más que los discursos. Un tripartito progresista era imposible en Barcelona. Y no por incompatibilidades en los programas electorales, ni tampoco por sectarismos partidistas. Lo era porque ERC está inmersa en una lucha a muerte por la hegemonía nacionalista y quería hacerse con el Ayuntamiento para ponerlo al servicio de su estrategia. No había más gobierno de izquierdas posible que uno de coalición con el PSC. Eso implicaba dar con la puerta en las narices a Maragall… y aceptar los votos de Manuel Valls. Es decir, recomponer la alianza con quienes fueron expulsados del gobierno municipal por apoyar el 155. Y, por si fuera poco, encajar los aplausos de quien, sin complejos y ante la presencia de Joaquim Forn, declara que “aquí no hay presos políticos, ni exiliados”. Adiós a la edad de la inocencia. Llega la hora de ejercer un auténtico liderazgo [todas las primeras cursivas, menos las últimas, son mías]

Una aproximación complementaria del historiador José Luis Martín Ramos:
Completamente de acuerdo con Miguel [Candel] y con Rabell. Lo de la Plaza Sant Jaume no es un berrinche. Los Comunes han dado un paso del que no podrán retroceder sin destruirse. Los bloques no pueden negarse. Los han construido los independentistas desde 2012 y los mantienen cada día con su insistencia en que todo pasa por el ejercicio ya del derecho de autodeterminación, haciendo caso omiso de la división de la sociedad casi por la mitad -la menor es la suya- y la ficción del apoyo del 80% a su propuesta. Hoy por hoy los puentes, deseables, no son posibles. No lo son mientras se enquisten en la división por el eje nacional/nacionalista. Y no llegaran por el camino del hegemonismo autoritario que ha evidenciado ERC en Barcelona. Hay que cambiar los términos de la relación y de los discursos del diálogo para que esos puentes sean posibles para soluciones en bien de todos -o de la gran mayoría- y el camino es pasar de los berrinches y desarrollar esa política que propone Rabell: «No habrá distensión si las prioridades sociales y medioambientales, las urgencias de la ciudad y su área metropolitana, no ocupan el centro de la agenda municipal. Que eso ocurriese sería decisivo para evitar que, el próximo otoño, el previsible impacto emocional de la sentencia del Supremo haga imparable otra escalada del conflicto. En ningún caso será fácil reconducir la tensión. Pero, desde luego, no habrá diálogo –ni, aún menos, soluciones– si se trata de “volver a hacerlo”.

Destaco un paso del artículo citado de Antonio Santamaría, uno de los puntos más esenciales:
Llegados a este punto, hemos de criticar por enésima vez, la sumisión ideológica del espacio de los Comunes al independentismo que ha adquirido un aspecto esperpéntico en la investidura de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona. Después de ser duramente insultada y descalificada por los dirigentes, los medios de comunicación y las bases sociales del movimiento independentista, se somete a sus presupuestos ideológicos. Así denunció la “represión cruel” del Estado, otorgó el carácter de presos políticos a los líderes independentistas presos y, como primera medida política, colgó el lazo amarillo en la fachada del Ayuntamiento. Ello, despreciando a las fuerzas, PSC y Manuel Valls, a quienes debe la alcaldía, vulnerando el principio de neutralidad política que habría de presidir los espacios institucionales y sin condenar el violento escrache a que fueron sometidos ella misma y sus compañeros de partido. También causa estupor que el diputado de los Comunes y miembro de EUiA, Joan Mena, calificara a ERC de socio preferente cuando ha lanzado una OPA hostil contra su partido a través de su líder Joan Josep Nuet, que se ha pasado con armas y bagajes a la filas de ERC.

Lo mejor de la tarde del pasado sábado 15 de junio: ¡Ernest Maragall no será alcalde de Barcelona! Tampoco ocupará un puesto relevante en el Ayuntamiento barcalonés Elisenda Alamany, una de las “soberanistas”, amiga política de Nuet, la de “que les por culo a los españoles”.
Pero no negamos, porque no puede ni debe ser negado, que los discursos de Colau y Subirats esa misma tarde encendieron de nuevo todas las alarmas. La sombra de la ideología nacionalista en .Cat penetra en todos los ambientes. Se han introducido en los memes, en la forma de vivir, en el sentido del Ser y estar, de muchísimos colectivos, no todos conservadores. El lunes tuvimos otra confirmación del “equilibrio” (inexistente) de BenC: primera decisión del consistorio (con los votos a favor de los grupos secesionistas y los votos en contra de su aliado de gobierno): vuelta de los lazos amarillos al Ayuntamiento, lazos que representan a un sector no mayoritario de la ciudadanía barcelonesa. No se está gobernando, pues, pues para “toda la ciudadanía” como anunció Colau en su discurso. ¿Para eso se ha votado esa opción? ¿Qué sentido tuvo la consulta del viernes pasado? ¿Cómo interpretan los Comunes el resultado obtenido? ¿Hay que contentar a los “amigos secesionistas republicanos” y a los poderes hegemónicos en Cataluña? ¿Miedo a ser tildados de españolistas? (Aproximaciones complementarias en el Quadern de El País del pasado jueves 20 de junio: Salvador Oliva, “Colau (redundàncies)”, y Jordi Llovet, “Catalunya, malhumorada” (no tengo los enlaces). Otro artículo, también indispensable: Francesc Arroyo, “Un totalitario en cada esquina” https://www.metropoliabierta.com/opinion/totalitario-cada-esquina_17554_102.html).

La, para mí, incomprensible explicación de Janet Sanz: “Hemos querido compartir con los grupos nuestra voluntad de que el Ayuntamiento exprese su solidaridad con las personas que están encarceladas injustamente”. La reacción secesionista, por si tuvieran dudas: https://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20190617/462922847275/colau-lazo-amarillo-ayuntamiento-barcelona.html?utm_campaign=botones_sociales_app&utm_source=social-otros&utm_medium=social

Les he señalado el origen de citas. El más que sorprendente tuit de Albert Garzón demanda un comentario. El del helenista Miguel Candel por ejemplo:
Ende luego.
Entre «garzonadas» y posturas como las de Josep Bel y Xavier Domènech, la contaminación de sectores de la izquierda internacional por el discurso pseudodemocrático del procés (Chomsky, Die Linke, el PCF, etc.), dentro de poco la izquierda sociológica acabará negándose a que la consideren de izquierda y los que nos seguimos declarando tales arrastraremos ese calificativo como un estigma. Preparémonos para una larga noche y para no volver a ver la aurora en nuestra vida.
Optimista que es uno, que si no, no estaría dispuesto, como lo estoy, a morir luchando. Vivan las Termópilas.

Veamos ahora unos comentarios de compañeros y amigos de estas páginas sobre el nombramiento de Ada Colau como alcaldesa de Barcelona y sobre la atmósfera que se respiraba en la plaza.

1. De la historiadora Soledad Bengoechea:
Ha sido muy interesante. En las cadenas catalanas no han pasado las discusiones que han habido entre independentistas y no independentistas en la Plaça de Sant Jaume. Lo han pasado en La Sexta. Valls ha sido valiente. Ha dicho que Torra tampoco fue elegido en las autonómicas, que lo fue Arrimadas. Rompe así ese mantra de que las elecciones las ganó Maragall, cuando lo cierto es que su lista fue solo la más votada.
Colau ha estado bien. Triste, en mi opinión. Nada que ver con la Ada de hace cuatro años. Lo cierto es que la política envejece. Miremos solo a Maragall, su resentimiento y su discurso trasnochado. Colau ha dicho que gobernará para toda la ciudadanía, de ambos signos políticos. Es lo que debe de hacer un alcalde. Es lo que debería hacer el presidente de la Generalitat,

2. Del profesor y filósofo Luis Roca:
He seguido la investidura. Me han gustado los discursos de Valls y de Collboni. No me ha gustado el de Subirats; el de Colau aún menos. Sólo le faltaba pedir perdón a Maragall para ser alcaldesa, además de una actitud muy servil hacia el Torra.

3. Del historiador José Luis Martín Ramos:
Es la primera derrota desde que iniciaron el proceso. Y tendrá consecuencias. Ada y los comunes de BCN han podido probar en sus carnes el hegemonisno nacionalista -y la soberbia y los malos modos de Ernest Maragall, el hombre de las bambalinas que ha fracasado estrepitosamente cuando ha tenido que salir a la calle, moverse en público. Y fracaso, vergonzoso, de Nuet, Elisenda Alamany y las compañías que tengan. A ver si la izquierda destartalada puede ganar algo, por poquito que sea, de esta experiencia. Y ojo con Valls, que se ha quitado de encima la hipoteca de CS -¡es increíble como van a la deriva!-y puede hacer cosas en el centro liberal.
La soberbia – el hegemonismo autoritario- les ha llevado al error. Si el primer día, Maragall hubiese ofrecido lo que le ofreció ayer -el turno en la alcaldía- hoy sería alcalde.

4. Del profesor de clásicas, ahora jubilado, Angel Martínez:
Yo, como tantos otros, he asistido a cientos de manifestaciones y concentraciones de muy diverso contenido y cariz. Esta tarde he estado en la plaza de Sant Jaume y me resulta difícil recordar tanta rabia (ese sería, según mi percepción, el sentimiento predominante) como hoy. Tendría que remontarme varias décadas atrás, a aquellas manifestaciones contra los asesinatos cometidos en la dictadura.
Eran muchos más los independentistas que los ‘colauistas’. Estos no han respondido a las provocaciones, porque, de haber ocurrido, no tengo la menor duda de que se habrían producido escenas de auténtica violencia. Había mucha, mucha rabia. Eso me ha ratificado la enorme y capital importancia, comentada aquí en varias ocasiones, que los independentistas dan a la alcaldía de Barcelona.
Es cierto lo que dice Domènec sobre Colau, pero no es menos cierto que mucho peor es Maragall. Como se ha visto, a los independentistas no les parece ni medianamente regular. Por algo será. Del mal, el menos malo.

5. Del compañero Pepe Saucedo, bombero en activo:
Es realmente lamentable. Son “Bombers per la república” y se organizan al margen de nuestra asamblea de bombers. Su ámbito es la ANC. Una buena parte son voluntarios no profesionales (años y años de trabajo de CiU para configurar su patio). Esto no podrían hacerlo dentro de los bomberos porque son minoría y funcionamos mediante asamblea autónoma cuando hay movilizaciones, es decir, al margen incluso de sindicatos… Lo último que querían firmar estos al margen del colectivo lo tuvieron que retirar. De todas formas, si hay más información al respecto de lo ocurrido con los bomberos de la ANC pasarla por favor.

6. Del profesor Joaquín Miras:
Creo que entre todos señaláis bien el problema, que es de larga duración. El tema fundamental no es el del encaje de Cataluña en España, sino la ruptura social interna entre nosotros, en Cataluña, que durará mucho. Colau vuelve a sus tonterías, o sea, a alinearse con sus lacitos, etc. Olvida que nunca se está tan mal que no se pueda estar mucho peor. Lo irá viviendo.
Entre tanto, entrando en el mundo independentista, también cabe señalar lo acaecido en mi pueblo, uno de los pueblos más ricos de España (el más rico de Cataluña), y con menos paro, Sant Cugat del Vallès «oc». Hasta ahora era territorio feudal de Leonor de Aquitania, pues hubo choque y gritos en la plaza de Ayuntamiento entre Junts pel Sí, que pierde la alcaldía 37 años después, ante una coalición de ERC, Podemos, Socialistas… Son señales de derrota y de devorarse entre ellos. Lo que sucede en esos casos, como bien sabemos. Y para cosa divertida, lo mismo ocurre en el pueblo de Torra, en el que también le hace la cama ERC. Hay una bronca tal que ayer no se pudo constituir el consistorio.

7. Un segundo comentario (este más extenso) del historiador José Luis Martín Ramos:
No, en las elecciones generales ganó ERC, en votos y escaños, con más claridad que en las municipales. Lo que ocurrió es que se confirmó, como en todas las elecciones celebradas desde 2012, que no pasan del 47/48%, pero que son el bloque más consistente. La victoria política no se produce en las elecciones -si no hay un triunfo aplastante- sino en la gestión de las elecciones. Ciudadanos ganó en las ultimas elecciones pero, lamentablemente, no ha sabido sacar partido de ello (para empezar Arrimadas tenía que haberse postulado a la Presidencia de la Generalitat). Esta es la primera vez que sectores de la “izquierda destartalada” rompen la estrategia del procés y en un punto no banal: la conquista de Barcelona. Les duele muchísimo y por eso su reacción histérica. ¡¡¡¡Traición, traición!!!! Como cuando los obreros votaban republicano en Barcelona en el primer decenio del siglo XX.
Queda mucho todavía. Ada, Subirats y Asens nos seguirán poniendo de los nervios pero los Comunes, que no son solo ellos tres, se han puesto en el campo que se han puesto.

No ha de tener retroceso la situación, en opinión de nuestro historiador, si todos trabajan bien, si todos los que han contribuido al resultado siguen remando en la misma dirección.
La votación del viernes [de los adheridos a BenComú] es muy importante. Votó el 40%. No minimicemos es mucho más de lo que han votado otras veces. Es el porcentaje habitual en esas votaciones de participación de los partidos actuales; por ejemplo, en las primarias del PSOE. Y la derrota de los indepes en los Comunes también es clara en la votación; pensad en la presión de los medios que “informan” a una gran parte de los Comunes, TV3, el Ara… con la demonización de Valls (olvidando que los Maragall son los ejecutores del Plan de la Ribera, el plan de la Gran Barcelona de Porcioles).
La derrota es fruto de un abandono de la pasividad, el conformismo, de organizaciones o restos de ellas que están en los Comunes -la maniobra de Nuet puede haberles sido contraproducente. Fruto también de la gente de a pie, como vosotros, Miguel [Candel], Salvador y los de esta lista que hayan votado [la opción BenC-PSC]. Decíamos que había que empujar a Ada y su grupo a esa posición que aquí vimos el mismo lunes después de la votación.

Tendremos que tener paciencia, prosigue el ex profesor de la UAB, porque aunque ya se peleen entre ellos, todavía el nacionalismo es hegemónico en Cataluña.
Por eso ICV y Comunes decían lo que decían. Pero una baza principal de esa hegemonía es que se presentaba en términos de hegemonía democrática: lo democrático era solo el catalanismo, el españolismo no; el dret a decidir, el reconocimiento de que la soberanía popular es española no. Etc, etc . Pero ahora en esta batalla, que han perdido por su pésima gestión desde el principio, por su soberbia, por sus reacciones ante un acuerdo político tan legítimo como el que ellos querían imponer, han evidenciado que su hegemonismo no es democrático, sino autoritario. No han perdido solo la batalla de Barcelona, han empezado a perder la batalla del hegemonismo.

Hasta aquí los comentarios de amigos y compañeros de estas sabatinas.
Cierro este apartado con dos ilustraciones del berrinche y las formas nacional-secesionistas: Agustí Colomines, “El pacte dels perdedors” https://www.elnacional.cat/ca/opinio/agusti-colomines-pacte-perdedors_395209_102.html y Àngels Martínez Castells, “Malfia’t de la història… I refés-la” https://www.elnacional.cat/ca/opinio/angels-martinez-castells-malfia-historia-refes-la_395179_102.html. Si la cosmovisión de los movimientos sociales” está relacionado con el hacer y estilo de sus intelectuales orgánicos que los representan, no puede haber entonces ninguna duda sobre el significado político-cultural profundo del nacional-secesionismo.

Un “ocurrencia” nacional-secesionista:

[La Barcelona moderna, cuidada, segura, limpia y admirada por todo el mundo, ha muerto a causa de una vil traición perpetrada por una cuadrilla de gente sin moral, ni escrúpulos, ni vergüenza, encabezada por una tal Colau, un tal Collboni y un tal Vals, que se autodenominan políticos, pero que tan solo quieren la poltrona y el poder. Los que tanto la queremos y querremos, os rogamos [¿un? Error de redacción] que jamás olvidéis esta Barcelona de vanguardia y envidiada que nunca más volverá]

Dos observaciones complementarias (dejo las restantes para la semana que viene):

1. Sobre el supremacismo cultural del que a veces hablamos (España = “Sálvame”; Cataluña = ”Los informativos” y “Polònia”), vean la intervención de Bea Talegón (a su lago Gabriel Rufián) en el Ateneo barcelonés (con aplausos de los asistentes), 18 de mayo de 2018: https://www.elcatalan.es/video-bea-talegon-lleva-a-cabo-un-discurso-supremacista-tratandose-de-mofar-de-los-espanoles

Un comentario del profesor Candel:
Pero ¿cómo osáis dudar de la excelencia científica de un pueblo que ha inventado el «pa amb tomàquet»? Y ¿no habéis comprobado hasta la saciedad que en Madrit, ese villorrio mesetario cruce de cañadas de la Mesta, son incapaces de imitar dicho invento y, en lugar de exprimir el tomate contra el pan, te ponen encima del pan trozos de tomate a palo seco? Ya tiene razón doña Bea Talegón…

2. Caos en colegios e institutos catalanes por un fallo informático en la plataforma para introducir las notas. “Educació pide que se restrinjan los usuarios de la plataforma.” https://www.lavanguardia.com/vida/20190618/462941031793/esfera-caos-colegios-institutos-fallo-informatico-notas.html?utm_campaign=botones_sociales_app&utm_source=social-otros&utm_medium=social. El comentario del profesor José Luis Martín Ramos (que conoce muy bien el tema como podrán ver):
Esto no es culpa de Madrid, sino de la incompetencia y algo de tic autoritario de la Conselleria d’Ensenyament, con Bargalló (ERC) al frente. Y obviamente no es una cuestión de financiación. La excusa que dan es que se ha bloqueado el sistema ante la aluvión de usuarios. ¿Que no saben cuántas escuelas, alumnos y enseñantes hay en Cataluña? La demanda del servicio informático era perfectamente previsible. Hay un problema de fondo: a medio curso, en un aquí “estoy yo” de Bargalló, se decidió ampliar a toda la ESO el nuevo sistema de evaluación aplicado hasta entonces a primaria; se pasó del sistema numérico, el habitual, con el que se había empezado el curso, al de descripción de competencias; y para ello también se cambió la plataforma informática SAGA a a la nueva Esfera. Vamos, una inmersión. La irresponsabilidad primera es variar a medio curso el sistema de evaluación. La segunda no haber previsto las consecuencias en la gestión del sistema de esa inadecuada ampliación. Los enseñantes van de cráneo intentando cumplir con su responsabilidad, como no lo ha hecho el Conseller,  ¿Algún sindicato ha protestado?

Veamos finalmente el asunto de los insultos (del que algo ya hemos comentado).
Lo ha explicado, entre otros, Alfonso L. Congostrina: “Una concejal de Colau denuncia insultos machistas en la investidura. “Nos llamaron putas, guarras y zorras”, lamenta la edil del Ayuntamiento Laura Pérez refiriéndose a las protestas del sábado en la plaza de Sant Jaume.” https://elpais.com/ccaa/2019/06/16/catalunya/1560696288_153366.amp.html#referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&_tf=De%20%251%24s

La que fuera concejal de Feminismos y LGTBI en el Ayuntamiento de Barcelona y, desde este sábado, tercera teniente de alcalde de Derechos Sociales, Laura Pérez, ha denunciado en su cuenta de Facebook los insultos machistas que recibieron la alcaldesa Ada Colau y el resto de las concejales de Barcelona en Comú (BComú) cuando atravesaron, tras la investidura de la primera edil, los escasos metros que separan el Ayuntamiento de la ciudad del Palau de la Generalitat.
Pérez ha denunciado que, durante el tiempo que tardaron en atravesar la plaza de Sant Jaume (dos, tres minutos, no mucho más) escucharon cómo centenares de personas -convocadas por entidades y partidos independentistas- les gritaban «putas, guarras y zorras”.
Pese a la ilusión de comenzar un nuevo mandato al servicio de Barcelona, ayer [sábado 15 de junio] fue un día muy duro. La alcaldesa y varias concejalas sufrimos la violencia verbal específica, aquella que está reservada para las mujeres”. Es decir, vomitivos insultos machistas. La edil también ha denunciado que algunos manifestantes lanzaron monedas, botellas y bolas de papel a su paso por la plaza. Botellas y monedas.
Como representante pública estoy acostumbrada a que me interpelen en la calle y en los espacios de participación. A veces para criticar duramente nuestra actuación política. Creo que eso forma parte de la vida democrática, pero lo que pasó ayer fue doloroso y, sobre todo, un ataque a todas las mujeres que hemos dado el paso de entrar en política”, continúa Pérez. Pero, ¿qué forma parte de la vida democrática? ¿Que nos, que les llamen putas, zorras y guarras porque no están de acuerdo con determinadas decisiones? Una cosa es criticar la actuación política de alguien; otra cosa es el insulto y la descalificación de machos-alfa y acompañantes (no todos hombres por cierto).

La tercera teniente de alcalde barcelonesa concluyó su texto con una promesa: “Haré todo lo que esté en mis manos para que los ataques personales y el machismo no tengan ningún espacio en la vida política de Barcelona. Sé que somos mayoría los que pensamos así en todos los partidos”. Esperemos, que así sea.
Por otra parte, y cuenten lo que cuenten, la Guardia Urbana de Barcelona cifró en unas 2.300 las personas que siguieron el sábado el pleno de investidura del Ayuntamiento de Barcelona desde la plaza Sant Jaume. No eran ni cinco ni diez mil. Y una parte de esos 2 mil y pico no eran nacional-secesionistas.
El País se puso en contacto con Laura Pérez, que, según dice, respeta la libertad de expresión de los asistentes al acto: “Las ediles por el hecho de ser mujer recibimos el sábado un ataque diferenciado. No solo nos llamaban ‘traidores’ y nos gritaban ‘fuera fuera’… a nosotras además nos llamaban ‘putas y zorras”. Conviene insistir porque el punto es importante y la valoración de Pérez resta, inconscientemente, importancia a la ignominia secesionista: ¿qué tendrá que ver la libertad de expresión con gritos e insultos como putas, guarras y zorras? La concejal aseguró que no se puede normalizar el nivel general de violencia, incluida la verbal. Efectivamente no se puede normalizar.
Y hay más y es importante. Pérez lamentó con razón que mientras unas ediles recibían insultos “otras estaban aplaudiendo”, en alusión a las representantes de ERC y Junts per Catalunya, que vitoreaban e incluso se abrazaban a los manifestantes convocados en la plaza. ¡Mientras estaban gritando zorras, guarras y putas a las regidoras de BenC y del PSC, las regidoras y regidores de ERC y Junts se abrazaban a los manifestantes secesionistas presentes en la plaza! ¡No fueron capaces de decir nada, de llamarles la atención! ¿Hemos enloquecido? ¿Han enloquecido?
¿Qué hubiera tenido que hacer un dirigente secesionista, digno de ese nombre, de dirigente? Lo mismo que hizo Josep Borrell en la primera manifestación no secesionista de octubre de 2017: criticar los inapropiados insultos de algunos (pocos) manifestantes, llamarles la atención, enseñarles, educarles políticamente.

Pensarán: ¡has exagerado esta vez! Más bien me he quedado corto. Les traduzco el testimonio de una diputada de Catalunya en Comú que estuvo en la plaza: Aina Vidal Sáez . Lo cuenta así en: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10156160938111176&id=551526175&sfnsn=mo.
Putas”,»guarras»,»botiflers«,»iros a Francia»,»desgraciados», «no queremos una alcaldesa española»,»traidores»,»hijos de puta»…Este era el ambiente en la plaza de Sant Jaume el sábado por la tarde. Una multitud de personas, respondiendo a la convocatoria y envalentonadas por un relato cómplice encabezado por la Portavoz del Gobierno catalán, el muy honorable President y todo tipo de personalidades del espacio mediático catalán, nos hacían entender a gritos que no éramos bienvenidas, que el espacio público era suyo, que no tenemos derecho a estar allí y que no tenemos derecho a pensar diferente.
Pero estábamos. Un grupo de personas, a la izquierda del Ayuntamiento, ignorábamos las hostilidades y la acritud con sonrisas. Con contradicciones también, por los votos de Valls a la investidura, pero contentas de seguir adelante con un proyecto feminista, ecologista, que lucha por reducir las desigualdades y por desprecarizar nuestras vidas.
Nos insultaban, vejaban, intimidaban y coaccionaban, y entonces nos dimos cuenta que cuando salieran nuestros concejales para hacer el pasillo hasta la Generalidad no verían ninguna cara amiga. Así que intentamos llegar hasta una posición donde también tuviéramos visibilidad.
Unas cuantas compañeras armadas con una sonrisa (cuando podíamos) y una pancarta de papel intentamos avanzar. A cada insulto, una sonrisa; ante cada empuje, a levantar pancarta y a cantar:
-«¡Dais asco, traidoras!» Nosotras a levantar la pancarta y a cantar.
«-Oléis mal, guarras!» Una compañera: «A victoria señora, olemos a victoria».
Yo me quedé rodeada de bomberos, y aunque se esforzaron por hacerme retroceder no me dio la gana de abandonar una plaza que también es mía.
Un trío de señoras hacían turnos para insultarme; «¡Puta, lárgate de aquí! ¿No te da vergüenza?». Luego se giraban, se miraban entre ellas, cómplices de cada insulto. Sonreían orgullosas por su hazaña.
Un señor me tiró de la cinta del vestido «¡
A ver si te vas a quedar en bolas en medio de la plaza!».
Los “bomberos por la república” [recordemos ANC] decidieron que nosotras no teníamos derecho a estar allí y que nos iban a tapar. Una chica del colectivo, apoyada por todos ellos, se me acercó y me dijo: «Mira, he venido a taparte porque mi mensaje es más importante que el tuyo».
Poco después como se organizaban: «Ahora, cuando salgan del Ayuntamiento, levantamos por las piernas a la X y desplegamos la pancarta. A estos [a nosotras] no se les verá. »
La desplegaron dos veces. No exenta de tensiones, sobre todo la segunda vez, donde algunas personas, hartas de tres horas de insultos no pusieron la otra mejilla a los empujones de los bomberos e intentaron que no nos siguieran invisibilizando.
No creo que sea representativo del independentismo, pero sin duda sí lo es de una parte del procesismo que de forma excluyente y coactiva cada vez saca menos a pasear la revolución de las sonrisas.
Estoy contenta de que Ada siga siendo la alcaldesa de mi ciudad, y orgullosa de Barcelona en Común que ha hecho un proceso inédito y ejemplar de democracia interna. Orgullosa también de compartir militancia con gente estupenda que en una situación muy desagradable no sólo estuvieron a la altura sino que mantuvieron una actitud de serenidad y alegría militante en una plaza que rugía para echarnos.
El amor gana al odio, y allí donde unos pongan acritud y confrontación, nosotros pondremos luz, alegría y humor. Y, sobre todo, mucho trabajo, porque Barcelona, como cualquier otro pueblo o ciudad, merece ser gobernada por personas que aman la ciudad y a su gente. A toda su gente.

Lo de que “no creo que sea representativo del secesionismo” es una opinión de Vidal Sáez que no es fácil compartir. Los huevos de la serpiente surgen así. Siguen alimentando lo peor de ellos mismos. Si no nos andamos con cuidado, los enfrentamientos civiles directos a la puerta de la esquina.
Hasta la semana próxima. Seguiremos hablando del tema-monotema, no queda otra.

PS: Espero y deseo que este informe médico del CST sea falso, ¡no puede ser verdadero! Un fake agitador, no puede ser otra cosa… ¿O es otra cosa?

 

 

 

Esto tampoco es posible: Maribel Muntané es jefa de sección en el órgano de Control Económico y Financiero de la Agencia Catalana de la Vivienda.