(Re)Descubriendo a las clases trabajadoras (I.2)

[Crónicas sabatinas] ¡Por nuestro apoyo mutuo, por nuestra solidaridad!
(Re)Descubriendo a las clases trabajadoras (I.2)

II. De amigos y compañeros

1. De Eduard Rodríguez Farré (13 de mayo de 2020):

Bona nit Salvador!
Sigo teniendo pendientes varios temas contigo (incineración, preguntas-entrevista …), pero lo dejo para más adelante. Hoy estoy estudiando el Informe preliminar sobre la prevalencia de la Covid-19 en España y un interesante artículo sobre la hidroxicloroquina + una falacia de la Generalidad de Cataluña (que no de Valencia).
El Informe de prevalencia indica que un 5% de españoles son seropositivos, es decir, sólo unos 2,4 millones, lo que me confirma -no lo digo para vanagloriarme- mi inferencia de hace una semanas a partir de datos publicados (te recuerdo la entrevista en ABC: https://www.abc.es/sociedad/abci-numero-casos-entre-cinco-y-diez-veces-superior-202003310030_noticia.html), de que probablemente las personas infectadas serían unas 10 veces superiores a las diagnosticadas.
El artículo que te envío del New England Journal of Medicine muestra en un estudio sobre 1.446 pacientes de Covid-19, con correspondientes controles, que la administración de hidroxicloroquina no hace absolutamente nada. Quizás habría que enviárselo a Oriol Mitja y a Torra i Plà.
Hay que comparar con la literatura científica mundial, donde hay ya bastantes publicaciones contradictorias sobre el efecto de este fármaco; ni en el mejor de los casos tiene un efecto significativo. El artículo que he mencionado antes es quizás el mejor. Claro que Trump dice que la hidroxicloroquina es fantástica y el remdesivir mejor (más que dudoso).
La coda que te incluyo es un texto de 7 de mayo del Boletín Recercat de la Generalidad Cat, que se envía con gran difusión. Indica, ¡oh prodigios catalanes!, lo siguiente (copio y pego): “Boletín RECERCAT. El primer ensayo clínico del mundo para frenar la transmisión de la Covid-19 se está haciendo en Cataluña”.
Y nada más por hoy.
A ver si hoy parece la señora de la República española en los sueños.

Del 14 de mayo:
Buenas, caro Salvador!
Quizás te interese ver el mapa de seroprevalencia, provisional, de la Covid-19 en España. Muestra la estimación por provincias del % de personas que han estado expuestas al virus SARS-CoV-2; esto no quiere decir que hayan sufrido la enfermedad, pues hay muchos asintomáticos.
Respecto a la incineración: era referente a la gran cantidad de residuos hospitalarios contaminados por el virus que se han generado -y se generan- y se llevan a incinerar a las instalaciones de residuos municipales (Mataró, por ejemplo). Grupos de vecinos han protestado de diversas formas. Unos temen que el virus salga por las chimeneas; otros, con más lógica, protestan por el incremento de emisiones de dioxinas y furanos que ello conlleva. Las empresas y los tecnólogos, como de costumbre, niegan las emisiones tóxicas. De hecho, los residuos hospitalarios son generalmente plásticos, muchos de ellos derivados del cloruro de polivinilo (PVC), que sin duda generan dioxinas y furanos durante la incineración. Las plantas implicadas no han hecho medidas de emisiones. Sin embargo, en la situación actual, no se pueden hacer otras cosas, ya que son residuos altamente contagiosos y no hay lugar donde eliminarlos sin peligro de diseminación. Esto es lo que expliqué en una entrevista para TV3 que no he visto y se emitía hoy [jueves] en el telediario de mediodía. ¡Qué cosas, yo haciendo declaraciones a TV3! Cosas veredes …
Un abrazo de tu amigo 3-republicano.

Del 15 de mayo:
Gracias por el artículo [https://www.nature.com/articles/s41586-020-2281-1], caro Salvador. No había visto aún el índice del último número (y la revista en papel la recibo en el Instituto, sin acceso por ahora). Es complejo de estudiar (el tema y el artículo), sin embargo pienso que forma parte de la flojera -por no decir debilidad- mental de nuestros tiempos de grupos ultrasectorializados y bastante monotemáticos (la gente con perros, los antitaurinos, los veganos, los pseudoecologistas, los que corren de madrugada, los de la agricultura ecológica (la agricultura, la gran destructora de la ecología real, junto con la ganadería), las medicinas alternativas, la homeopatía, etc, etc.
Salud y buenos sueños (hoy quizás te suene la Marseillaise),

Del 18 de mayo de 2020:
Estimados amigos:
tomad un medicamento cualquiera, convocad a la prensa y anunciad con todo el aplomo que hay indicios muy potentes de que va bien por la Covid-19 y que has comenzado un ensayo clínico con una docena de enfermos. ¡Mañana saldréis todos como grandes estudiosos y luchadores contra el virus! (Muchísimo más si estáis en Cataluña y comulgáis devotamente con su Generalidad.)
Esta es mi humilde conclusión de la noticia del uso clínico de la ivermectina en la Covid-19. Recordaréis, de los tiempos en que trabajábamos con lindano, que la ivermectina actúa también sobre los canales de cloro neuronales regulados por GABA, en estos potenciando la inhibición sináptica postneuronal. En los canales de cloro de la piel favorece la entrada de agua. De estas acciones deriva su eficaz uso en el tratamiento de enfermedades parasitarias por gusanos como los de la oncocercosis y la filaria loa-loa.
La segunda conclusión que cabe extraer es que el modelo Oriol Mitjà empieza a tener muchos seguidores …
Nihil novum sub sole.

2. De Javier Aguilera (Jaén, 15 de mayo de 2020):
[La carta previa a la que hace referencia Aguilera
Gracias querido Manolo.https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/05/15/situar-el-socialismo-en-la-agenda-politica-manolo-monereo/
No sé nada del nuevo grupo italiano, aparte de lo que tú explicas y de lo que he (mal)leído en el Topo de mayo, pero, a riesgo de decir tonterías de nuevo: ¿no es esta música melodía muy oída? ¿No hemos hablado de estas cosas miles veces con escasos resultados? Pensar las cosas de nuevo, las viejas y las nuevas, me perece magnífico, pero ¿es razonable, es sensato, es realista (en el buen sentido del término que lo tiene), intentar situar a día de hoy nada menos que el socialismo (por lo demás: ¿qué socialismo?, ¿de qué hablamos cuando hablamos de socialismo?) en la agenda política? ¿En el ideario, en el día a día, en la pulsión poliética, de las gentes currantes? ¿Con la que está cayendo? ¿No es tarea formativa para generaciones? No sería mejor criticar y denunciar los nudos más antiobreros y antidemocráticos del capitalismo (y de sus gobiernos fieles) y los numerosos temas anexos, ayudar en la práctica a las gentes que ya lo están pasando peor que mal (solidaridad, caridad bien entendida, apoyo mutuo), hacer lo máximo que se pueda en las instituciones (si se tiene fuerza para ello), intentar construir (asunto nada fácil), alternativas concretas que tengan sabor «socialista», defender (hay caldo de cultivo para ello) las conquistas sociales y aprovechar el momento para defender las aristas «socialistas» del mal llamado Estado de bienestar (sé que suena a socialdemocracia reformista pero…no es eso realmente).
Me da, perdona el atrevimiento, que queremos escribir «La flauta mágica» y estamos en segundo curso de solfeo y nuestro oído, hasta ahora, no anda muy fino. Mejor empezar por composiciones más sencillas…. sin olvidar nuestra aspiración a escribir grandes obras.
Disculpad por las tonterías.]

Querido Salvador:
He leído tu correo dirigido a Manolo a propósito de su último artículo publicado en Cuarto Poder.
Creo que te mandé, en febrero o marzo, un número de R-Existencias [una revista que publica un colectivo jaenés al que el autor está vinculado] con los materiales que traduje de la Asamblea de la asociación italiana «Nueva Dirección». El Viejo Topo ha publicado [mayo de 2020] sólo la Declaración general final de dicha asamblea constituyente, con la introducción de Manolo, ahora convertida en artículo.
Además, otro conjunto de textos de ese grupo se publicó en Octubre o Noviembre del año pasado en El Viejo Topo. Nosotros sacamos con esos mismos textos otro número de R-Existencias que también te mandé.
Creo que te equivocas y tu opinión es ligera.
A propósito del realismo y lo que se puede hacer hoy te comento algo. Financial Times (el periódico de la burguesía inglesa e internacional), en su editorial del 3 de abril, proclamaba que «el virus expone la fragilidad del contrato social». En el centro del artículo está escrito que se necesitan reformas radicales que rompan con las últimas cuatro décadas. Los gobiernos deben acostumbrarse a ser más activos y los servicios públicos, como la educación o la atención médica, deben verse ahora no como un pasivo, sino como una inversión sobre el futuro de la sociedad. No podemos permitirnos más mercados laborales caracterizados por una precariedad generalizada, el trabajo debe volver a estar garantizado. Es necesaria una redistribución sustancial, propuestas como el basic income() o los impuestos sobre el patrimonio (sobre la riqueza) pueden ser legítimamente parte de ella.” ¿Financial Times dando lecciones de “radicalismo” a lo que queda de la izquierda por estos lares? La entrevista del Vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030 del Gobierno «Progresista» de España, Pablo Iglesias, en ese mismo periódico de los banqueros Rothschild y su gato George Soros, de hace varias semanas, se describía como «parte de un nuevo consenso internacional» (el reciente anuncio de la constitución de la nueva «internacional progresista» también se apunta a ese horizonte Financial Time, identificando poscapitalismo con economía colaborativa.olvidando, en plena pandemia, lo evidente, que los de abajo, las clases trabajadoras» son la parte de la humanidad del todo imprescindible para la supervivencia») y señalaba realísticamente que «ahora todo el mundo entiende que el Estado necesita ser activista. La economía de mercado está mejor protegida y se garantiza unos niveles mínimos de demanda y bienestar». Y con apreciaciones como la de que «ideas de Thatcher o Blair han sido enterradas por la historia y ya no las defiende nadie», algo que no concuerda mucho con las declaraciones del nietecito social-liberal de Thatcher, Tony Blair, que acaba de declarar que «Nuestros equipos ahora están integrados en los gobiernos de todo el mundo, ayudándoles a mantener a su gente segura durante esta pandemia, no solo con respecto a Covid-19, sino también con el daño colateral político y económico…” (ver https://twitter.com/InstituteGC?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwter%5E1259075645595725824&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.breitbart.com%2Feurop).
No se trata, creo, querido Salva, de escribir “La flauta mágica” (Mozart la presentó, creo, cuando tenía 35 años), sino de saber y no olvidar que lo revolucionario es moverse en todo momento, incluso en situaciones de mera defensa de lo mas elemental, del simple pan (como en la presente crisis económica), teniendo siempre consciencia de la meta y de su radical alteridad respecto de esta sociedad, en vez de mecerse en una ilusión de transición gradual que conduce a la aceptación de esta sociedad… sino atenerse a plataformas al hilo de la cotidiana lucha de las clases sociales y a tenor de la correlación de fuerzas de cada momento, pero sobre el fondo de un programa al que no vale la pena llamar máximo, porque es único: el comunismo”, como escribió Manuel Sacristán y tú sabes tan bien.
Dos de cada tres españoles piden más impuestos a los ricos y la renta básica, y el 86% quiere más dinero para Sanidad señalaba un sondeo reciente (https://www.publico.es/politica/sondeo-tres-espanoles-piden-impuestos-ricos-renta-basica-86-quiere-dinero-sanidad.html). ¿No es ahora, antes de que se vuelva a restaurar la “relación oligárquica de fuerzas”, que no tardará mucho, el momento de hacer fuerza material y “conexión sentimental” con los de abajo con una propuesta-plataforma de medidas de “socialismo sanitario” (Andalucía: coronavirus y contexto de la crisis (I) en https://rebelion.org/andalucia-coronavirus-y-contexto-de-la-crisis-i/ y Andalucía: coronavirus, “socialismo sanitario” y salida de la crisis (II) en https://rebelion.org/andalucia-coronavirus-socialismo-sanitario-y-salida-de-la-crisis-ii/) en vez de una nueva “socialización de las pérdidas” con “mínimo vital”.
Seguramente hablar de “socialismo” hoy de risa. Pero nunca hubo movimiento real, de verdad, sin una perspectiva. Y no debemos olvidar lo que escribía John Berger: «Qué fácil es olvidar que la práctica política muchas veces funciona como un telar, tejiendo en dos direcciones, la de lo esperado y la de lo inesperado«.
Abrazos desde el barrio de la Guita de Jaén para Barcelona.

3. Del profesor de literatura castellana Francisco Gallardo (Barcelona, 14.05.2020):

En los admirables y divertidos Diálogos con Ferlosio, editados por José Lázaro (Madrid, 2019), se menciona una vez a Manuel Sacristán. En entrevista televisiva, Sánchez Dragó le atribuye elogiosamente a Ferlosio haber acuñado el término “tontiastuto”; pero Ferlosio, que alguna vez lo había empleado para calificar a Felipe González, se lo restituye a quien lo usó por primera vez: “Tontiastuto no lo he inventado yo, lo acuñó Manuel Sacristán, me parece que traduciendo unos textos de Adorno, para traducir alguna palabra alemana empleó la expresión tontiastuto”.
Adorno es el filósofo más citado por Ferlosio, pues, no en vano, lo señala como uno de sus cuatro autores preferidos: “Plutarco, Bühler (Teoría del lenguaje), T. W. Adorno, Kafka”. Cuando alude a este tipo de preferencias en sus respuestas, puede sorprenderle al lector que apenas se abunde en argumentos o justificaciones respecto a alguna de ellas. Así, cuando menciona a Kafka como a su autor literario favorito del siglo XX, no se le pregunta a Ferlosio, en ninguna de las cuarenta y cuatro entrevistas recogidas en este libro, por qué le interesa o prefiere a ese autor. La falta de repregunta puede entenderse en las entrevistas contestadas por escrito, pero resulta más llamativa en algunas de las orales. Y esa motivación puede echarse de menos todavía más si se tiene en cuenta que uno de los sentimientos que más afectó a Ferlosio a lo largo de su vida fue el de la vergüenza (“Del pasado no tengo más que vergüenza, de toda mi vida, hasta ayer”), un sentimiento que en Kafka adquiere una categoría trascendente. Cuando es ejecutado, como un perro, Josef K (el protagonista de El proceso), el narrador certifica la certeza de que la vergüenza lo sobrevivirá, precisamente por esa ignominiosa forma de morir. Pero, de hecho, acaso no es extraño que los entrevistadores, casi todos ferlosianos en mayor o menor medida, caigan involuntariamente en la esfera de lo que podríamos llamar la erótica de la inteligencia. De la misma manera que suele hablarse de la erótica del poder para aludir al magnetismo que ejercen quienes ostentan poder político sobre aquellos que se acercan a su órbita, podría hablarse de la fuerza de atracción que desprende una inteligencia poderosa. Esto explicaría que el entrevistador se trague, a veces, algunas de las preguntas previstas y que, cohibido o fascinado, entre en una especie de sometimiento o adormecimiento temporal de la capacidad crítica ante la fuerza dialéctica del maestro. Al lector puede, pues, sorprenderle que cuando Ferlosio declara no haber leído a Proust, que no es un autor del montón, el entrevistador no intente escarbar en los motivos de esa desapetencia (¿falta de curiosidad?, ¿falta de ganas?, ¿prejuicios?…).
Pueden echarse de menos esas u otras muchas preguntas cuyas respuestas quisieran conocer algunos lectores, pero es difícil que este libro defraude a quien lo lee convencido de que Ferlosio es un escritor imprescindible y un ciudadano admirable. Un maestro ejemplar. Podrían aducirse muchas de sus lecciones magistrales, pero baste con la siguiente.
Uno de los entrevistadores, José Antonio Gabriel y Galán, le pregunta por su definición o indefinición ideológica, y Ferlosio responde: “Los necios e intolerables hagiógrafos de Antonio Machado que han llamado a Machado con expresión que avergüenza repetir, “Antonio Machado, el bueno, han reparado, como tontos que son, en un verso de su autorretrato (“soy, en el buen sentido de la palabra, bueno”), sin percatarse de que el verso interesante es justamente el anterior: “…Y más que un hombre al uso que sabe su doctrina”. La indefinición ideológica que uno trata de conservar, no como virtud, sino como vigilia y principio de fecundidad, es lo que no podría estar mejor definida que en esto de tratar de no ser nunca un personaje que se sabe su doctrina. El hombre que se sabe su doctrina es éticamente comparable a un prontuario de recetas, que tiene preparadas sus respuestas aún para lo más imprevisible, y cuya motivación no es más que estar prevenido para recuperar, vengan como vengan las cosas, su equilibrio de conciencia. […] Quien se sabe su doctrina no ha construido ninguna ética, sino que se ha prevenido de antemano contra el asalto de toda situación ética. Este es en el mejor de los casos —que no digo que sea el mío, más que en aspiración— el contenido de la indefinición ideológica”. Si bien esta explicación resulta oportuna y un modelo de cómo Ferlosio se revuelve contra los tópicos y los encasillamientos, quizás cabría añadir que, durante algunos años, al menos para algunos lectores de izquierdas “que sabían su doctrina”, lo de “bueno” aplicado a Antonio Machado quería contener una connotación política y literaria además de una referencia a la bondad de carácter: Antonio Machado sería “el bueno” por ser republicano y su hermano Manuel, “el malo”, por sus posiciones políticas durante y después de la Guerra civil.
Esa lectura crítica de los versos de Antonio Machado declara la insobornabilidad de Ferlosio, su irrenunciable independencia de criterio, uno de los rasgos más marcados de su actividad intelectual. Fernando Savater, citado por José Lázaro en el prólogo del libro, lo dice de manera rotunda: “Quiero suponer para tranquilidad de mi alma que todos los seres humanos somos únicos e irrepetibles, pero a pocos se nos nota tanto esa condición ejemplar como a Rafael. Cuando alguien dice “yo pienso” o “yo creo…”, la mayoría de las veces debería en realidad decir: “yo repito…”. No es el caso de Ferlosio: entre tantos como hablan de oídas, él habla “de pensadas”. No pretendo decir, desde luego, que acierte siempre, ni siquiera que acierte más que los demás: lo que quiero señalar es que atina o yerra por sí mismo, no en forma colegiada”.
Quien quiera comprobar la certeza de la apreciación de Savater no tiene más que leer estos estimulantes Diálogos con Ferlosio, un resumen complementario, no sustitutivo de sus libros, con las opiniones intempestivas del autor sobre la Historia (entendida “como una serie de dominaciones”), polemología (las guerras de Estados Unidos contra Irak, Afganistán…), los nacionalismos (descritos como pulsiones narcisistas), las secuelas del imperialismo, la organización de costosos acontecimientos con coartada cultural o histórica (Expo del 92, V Centenario, Olimpiadas…), el uso político de las víctimas de cualquier conflicto, la perversión de la mirada de la infancia (dibujos de Walt Disney), los deportes agónicos (aquellos en los que se busca el triunfo sobre el supuesto rival), la exaltación de la cultura de la victoria, etc. En definitiva, un Ferlosio revulsivo y nada complaciente ni con el gusto ni con los valores dominantes. https://blog.elpuig.xeill.net/?p=2573

4. Comunicado de ALTERNATIVA CIUDADANA PROGRESISTA (Barcelona, 15 de mayo de 2020):
El hecho de que Badalona, la cuarta ciudad más grande de Cataluña –una ciudad industrial, abierta, mestiza, y con una gran tradición de asociacionismo popular y de lucha obrera– vuelva a estar gobernada desde este pasado martes por un alcalde de la derecha pura y dura como es Xavier García Albiol, tras la dimisión de su anterior alcalde del PSC y el intento de acuerdo frustrado entre PSC y Comunes, de una parte, y la CUP y ERC por la otra, nos obliga a hacer algunas reflexiones.
García Albiol –líder de marcado perfil populista, con un discurso plano y simple pero eficaz que no rehúye, en ocasiones, el coqueteo descarado con la xenofobia y el racismo– ya había sido alcalde de Badalona en 2011 gracias al apoyo de Convergència i Unió, partido con el que el PP mantenía, por aquel entonces, unas estupendas relaciones. En 2015, sin embargo, Albiol perdió la alcaldía –a pesar de haber mantenido la primera posición en número de concejales, e incluso haber mejorado sus resultados en porcentaje de votos– gracias a un pacto de todos contra el PP –Convergència, en este momento, ya se había echado al monte del Procés– que colocó hasta 2018 como alcaldesa de la ciudad a la cupaire Dolors Sabater.
Y ahora, muchos se preguntan: ¿de verdad no ha sido posible articular un gran pacto “de izquierdas” que impidiese al PP recuperar el control de esta importante ciudad? Aunque la pregunta que quizá deberíamos hacernos es: ¿de verdad podemos considerar “de izquierdas” a la CUP o a ERC? Y otra no menos importante: ¿son el PSC o los Comunes –o el PSOE y Unidas Podemos en el resto de España– la izquierda que necesitamos de verdad?
ERC es un partido de base social pequeñoburguesa que eliminó de sus estatutos cualquier alusión al socialismo ya en los años 80, que lleva diez años apoyando en la Generalitat las políticas welfaricidas de recortes en Sanidad, Servicios Sociales y Educación de Mas, Puigdemont y Torra, y que ahora juega a dar o retirar su apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez en días alternos dependiendo, únicamente, de las concesiones tácticas que pueda conseguir para el independentismo o de sus intereses cortoplacistas a nivel electoral. Las CUP, por su parte, es una organización compuesta mayoritariamente por jóvenes de clase alta o media-alta, radicalizados únicamente en sentido ultranacionalista y fascinados por la estética y la épica abertzale, y que esconde –tras su retórica revolucionaria y antisistema– una actitud de absoluto desprecio hacia la convivencia y hacia las instituciones democráticas. Y ambas han contribuido decisivamente, desde 2012 y en compañía de la derecha supremacista, corrupta y cleptócrata de CiU/PDeCAT, a deteriorar gravísimamente la cohesión y la paz social en Cataluña.
Badalona es una ciudad de clase obrera y población procedente en su mayoría de otros territorios de España, en la que el nacionalismo es absolutamente minoritario. La suma de los votos de CiU, ERC y las CUP en 2011 representó únicamente el 18% del electorado, frente al 36% –exactamente el doble– de la suma de PSC+ICV, y el 34,6% de la suma de PP+C’s. Y, aunque en 2015 se produjo un espectacular incremento de los votos de la CUP, que pasó del 1,82% al 17,51%, ello únicamente se debió a que dicha formación se presentó engañosamente bajo la denominación de Badalona en Comú, marca electoral no relacionada con el independentismo sino claramente identificable con la confluencia catalana de Podemos, y que produjo una enorme confusión en el electorado; en un momento, además, en el que los de Pablo Iglesias estaban, justamente, alcanzando la mayor cima de su popularidad.
Todavía, en las últimas elecciones municipales de 2019, la suma de todos los votos independentistas en Badalona quedó diez puntos por debajo de la suma de PP+C’s, y la suma de todos los votos no independentistas siguió representando a las dos terceras partes de la población que votó. En esas condiciones, ¿tenía sentido que el PSC y los Comunes estuvieran dispuestos a volver a hacer alcaldesa a la antisistema Dolors Sabater, aunque sólo fuese durante año y medio como se le ofreció? Es decir: ¿tenía algún sentido,