Reseña de Las vacas negras. Entrevista imaginaria [2016], de Louis Althusser, Madrid, Ediciones, Akal, 2019, 302 páginas, traducción de Alcira Bixio, texto establecido y anotado por G.M. Goshgarian.

Reseña de Las vacas negras. Entrevista imaginaria [2016], de Louis Althusser, Madrid, Ediciones, Akal, 2019, 302 páginas, traducción de Alcira Bixio, texto establecido y anotado por G.M. Goshgarian.

Unos cuarenta años después

Sobre el título (tomo pie en una nota de la traductora): alude a una frase de Hegel en el prólogo de la Fenomenología del Espíritu: “la noche, cuando todos las vacas son negras”. En castellano, como en francés, la frase equivalente sería “la noche, cuando todos los gatos son negros o pardos”. Louis Althusser (1918-1990) prefirió usar “las vacas negras” para destacar la referencia hegeliana.

Ninguno lector de mi generación necesita una presentación del autor. En la contraportada se indican unos datos básicos y se da cuenta de los otros libros de Althusser publicados por Akal en fechas recientes: Marx dentro de sus límites; Maquiavelo y nosotros; La soledad de Maquiavelo. Marx, Maquiavelo, Spinoza, Lenin; Sobre la reproducción, y Ser marxista en filosofía. Admito mi no lectura, no he leído ninguno de estos ensayos. Para los más jóvenes, si fuera necesario, basta decir que el autor de Lire Le Capital fue uno de los marxistas más influyentes (sino en el que más) en los años setenta y ochenta en países como Francia, Italia o España por ejemplo. Entre teóricos y entre militantes.
La historia del libro la cuenta del editor G.M. Goshgarian en una detallada e informativa nota que conviene no pasar por alto (pp. 7-21). Un resumen que tomo de la contraportada: tras el XXII Congreso del Partido Comunista francés (febrero de 1976), Althusser concibe una controvertida autoentrevista en la que reflexiona (alternando consideraciones teóricas y confesiones personales con observaciones sobre polémicas políticas del momento: por ejemplo, el abandono por el partido francés del concepto dictadura del proletariado) acerca del curso político que debería seguirse a partir de entonces. Una fuerte crítica de la línea del PCF al mismo tiempo que Althusser esgrime una defensa de los ideales comunistas que animan a la organización.
El propio autor escribió una breve nota de explicación (p. 27). Uno de sus comentarios: “Me habría gustado que fuera mi partido, el PCF, quien publicara esta entrevista, pero, con gran pena he debido renunciar a ese deseo. Todos sabemos que las condiciones no son favorables. Quiero que mis camaradas comunistas lean este texto atentamente y me dirijan sus críticas y sus observaciones personales. Un comunista no puede reflexionar solo sobre cuestiones tan importantes”. A continuación daba una dirección y añadía: “En la medida de lo posible, les responderé personalmente o de algún otro modo”.
Esta “entrevista imaginaria” se presenta en quince apartados de extensión desigual y dos anexos. Indico algunos títulos: “Presentación del autor”, “La crisis de la teoría marxista”, “La dictadura del proletariado”, “La estrategia del comunismo”, “La cuestión de las alianzas”, “Sobre el centralismo democrático”, “Sobre el análisis de la lucha de clases”, “Sobre la ‘revolución científica y técnica’”. El apartado más extenso, el II: “Las contradicciones del XXII Congreso”, unas 50 páginas, la sexta parte del libro. El capítulo V y VI, ambos dedicados a la dictadura del proletariado, son versiones de la más que exitosa y concurrida conferencia que el autor de Pour Marx dictó en la Universidad Autónoma de Barcelona en julio de 1976 (se editó en castellano ese mismo año y en francés muchos tiempo después, en 2014).
La cuestión: ¿a quién puede interesar a día de hoy un libro concebido en 1976, y editado por vez primera en francés en 2016, en una situación política y filosófica radicalmente distinta a la nuestra, un ensayo en el que, sin duda, se pone de manifiesto (entre otras cosas) el sin duda interesante (y por momentos penetrante) estilo filosófico del autor? Sin ninguna duda a muchos de los viejos lectores del autor, a las personas que han seguido leyéndole y cultivando su legado a lo largo de estos años (que no son pocos), a los interesados en la historia del movimiento comunista o del comunismo francés en particular, a los historiadores y filósofos en general, a los politólogos curiosos o puestos en la polémica en torno a la dictadura del proletariado y sus formas políticas, etc. ¿Quedarán defraudados? Probablemente no.
¿Y a los lectores más jóvenes, muy alejados de aquel althusserismo que muchos o casi todos sufrimos o gozamos (un “o” no excluyente)? En el texto de la contraportada se apunta: “(…) Las vacas negras es ante todo un texto que traza un programa de una actualidad sorprendente en lo que respecta a la organización de la lucha revolucionaria en un momento que ya es de reflujo”. La afirmación y el “ante todo” son discutibles, nada evidentes. De hecho, el libro se abre con una cita -”La teoría de Marx es omnipotente, pues es verdadera”- que probablemente muchos lectores, marxistas o no, dudarían (razonablemente) mucho en suscribir. Incluso el apunte de Lenin -”Un comunista nunca está solo”- que la acompaña ofrece más de una duda… A día de hoy, incluso en aquel entonces.
Destaco algunos puntos:
1. Desde un punto de vista biográfico, político y filosófico, el primer capítulo -”Presentación del autor”- tiene un indudable interés (sobre todo, me repito, para las personas que han sido lectoras del autor y seguidoras de su obra y de su filosofar).
2. Algunas veces se criticó a Althusser por ser un filósofo, un marxista teoricista, de Academia, un teórico alejado de las luchas políticas reales y de los avatares del Partido Comunista francés. Sin compromiso militante. Muchos pasos del libro, el libro en su conjunto, parecen refutar esa hipótesis-acusación. Un ejemplo: “¿Puedes decirme por qué respondes a esta entrevista sobre el XXII Congreso del PCF? Con mucho gusto. Respondo a ella porque soy comunista y porque, como consecuencia del XXII Congreso, numerosos camaradas se hacen unas cuantas preguntas, abrigan incertidumbres y hasta algunas inquietudes. El Congreso ha respondido a cuestiones fundamentales, pero lo ha hecho de manera a menudo desconcertante. De allí surge lo que conviene llamar cierto malestar” (p. 59).
3. Muchos pasos del libro, muchas referencias, muchos de los argumentos expuestos, indican que algunas de las acusaciones que Althusser esgrimió con dureza contra sí mismo (la no lectura de los clásicos de la tradición, el hablar por hablar, el aparentar saber donde había ignorancia) en su autobiografía, El porvenir es largo, no tenían fundamento real, más allá de su papel psicológico y ser resultado de un fuerte sentimiento de culpa y desastre.
4. Algunas, la mayoría en mi opinión, de las discusiones sobre la dictadura del proletariado y sus formas políticas son, sin atisbo para ninguna duda, asuntos, temas, polémicas de otra época, de otras circunstancias históricas. De ahí no se infiere que el lector/a no pueda encontrar apuntes de interés sobre la concepción marxista del Estado y, más en concreto, sobre el papel del Estado obrero (por decirlo en términos clásicos) en sociedades en transición hacia el socialismo.
5. Lo mismo cabe decir de conceptos como democracia o dictadura de clase. La perspectiva de Althusser queda recogida en esta consideración (que muchos hemos mantenido durante años) de cierre de capítulo: “Hay que creer que Lenin decía algo semejante cuando, con sus propias palabras, que son también las nuestras, afirmaba: la dictadura del proletariado es la democracia de las masas más amplias, ¡una libertad que los hombres nunca han conocido!” (p. 164). Como es sabido, las instituciones que concretaron esta noción en todos los países socialistas estuvieron muy pero que muy alejadas de esa libertad desconocida.
6. Hay también pasos donde se muestra una concepción del marxismo y de la ciencia que pondrán los pelos de punta a más de un lector. Este por ejemplo: “Es necesario decir las cosas como son. Puesto que he pronunciado muchas veces la palabra ciencia, puesto que he afirmado que, a diferencia de las demás organizaciones que poseen una doctrina, el partido comunista es una organización que tiene una doctrina que es una ciencia, debemos saber que ciencia obliga.” (p. 116). Un disparate. Como nos enseñaron muchos maestros, el marxismo (aunque incorpore ciencia o buen conocimiento) no es una ciencia.
Empero, Althusser se muestra mucho más prudente y certero en mi opinión en el capítulo (el XIV) dedicado a un “viejo fantasma” que hizo ilusionarse falsamente a algunos sectores de la izquierda: “La revolución científico técnica”. Aquí podemos leer: “En tales condiciones, ¿qué puede significar la exaltación actual de la revolución científica y técnica? La voluntad de imponer sobre la teoría marxista el viejo sueño ideológico burgués de la solución de los problemas políticos por medio de su tratamiento técnico.” (p. 279). Aquí es mucho más razonable… y actual.
En síntesis: sin garantizar nada, una vuelta crítica a Althusser puede resultar aconsejable, puede generar algunas ganancias teóricas y formativas… O no ciertamente. Sea como fuere, hay, conviene destacarlo, mucho sentimiento comunista en estas páginas. También en el tono y en las preocupaciones de fondo. No hay en cambio, y acaso sea significativo, ninguna referencia a lo que ya entonces era una preocupación en otras tradiciones comunistas democráticas: los desastres ecológicos, la cara oscura-muy-oscura del desarrollo de las fuerzas productivo-destructivas.

Fuente: El Viejo Topo, octubre de 2019.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles ecosociales.

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