Resistencia ciudadana contra la hybris nacional-secesionista: ¡las calles son de todos/as!

Página de la herida
Resistencia ciudadana contra la hybris nacional-secesionista: ¡las calles son de todos!

Para los resistentes (que deberíamos ser todos)

[De mientras tanto.e]

Se reclamó libertad y democracia y se gritó contra la opresión y las molestias que los cortes de la Meridiana producen en el vecindario; especialmente, contra los perjuicios que dichos cortes causan en los distritos de Nou Barris y Sant Andreu, distritos mayoritariamente de clase trabajadora y castellanohablantes -aunque a alguno (¿muchos?) de los lazis les moleste─, pero que también afectan a vecinos de toda Barcelona. Una de las grandes bazas para desacreditar a la plataforma MERIDIANA SIN CORTES es acusarla de que detrás está Vox u otros partidos de extrema derecha. Algunos periódicos han informado de la presencia en la concentración de algún miembro de Vox, pero parecen ignorar que hubo también presencia de representantes de la izquierda no nacionalista. Javier Marín, que recientemente salió del PSC (Líneas Rojas) y yo mismo estuvimos presentes. Esa acusación retroalimenta a ambos nacionalismos y, finalmente, desactiva a la sociedad civil.
Vicente Serrano (2020)

[Nota: Al final de todo un comentario de Ernesto Goméz de la Hera sobre lo sucedido en el Capitolio usamericano y las cosas de casa nostra. Lectura más que recomendable. Includo el homenaje a Valle Inclán.]

La vida sigue igual en .Cat.: la hispanofobia sigue en el puesto de mando. En algunos sectores, desatada y sin ningún miramiento. Arremeten contra todo: hybris, desmesura en estado puro. Un ejemplo:
Siguiendo la tradición de cada año, los medios se hicieron eco el 1 de enero del nombre de los primeros niños/as que habían nacido en 2020 en Cataluña. La página web del 324 [TVE3] no fue una excepción y publicó una noticia con el titular «la primera catalana del año se llama Yinara». Grupos secesionistas pusieron en cuestión en las redes sociales la catalanidad de la niña. Como han leído. Su ‘argumento’: es un nombre que no tiene origen catalán, no es de aquí. ¿Hubieran dicho lo mismo si el nombre hubiera sido Lionel? Un tal Xavi se preguntaba si «no podían nacer en sus países». En línea similar, @joantincpressa escribía: «¿Catalana? ¿Nacer en un país te hace de allí? No. Hay que vivir y aceptar su cultura y hablar su lengua». Marcat, el del tuit de esta página, escribía: “¡Qué nombres más extraños ponen estos ñordos!”. Para qué seguir…
No es este el tema de hoy. El tema es este que pueden ver a continuación, un ejemplo cívico de resistencia popular ciudadana a la hybris, a la desmesura prepotente nacional-secesionista.

Les informo brevemente. Tomo pie en informaciones que han aparecido en páginas y en redes [1]. Por detrás y por delante una idea central: las calles son de todos y todas. Ni fueron propiedad de Fraga ni lo son ahora, de manera excluyenye y retadora, del nacional-secesionismo.
Vicente Serrano es un ciudadano, miembro de ACP, que en las últimas semanas se está movilizando contra de los cortes de la avenida Meridiana que, ¡desde hace más de un año, desde el 14 de octubre de 2019, el día de la sentencia del TS!, afectan a una de las principales arterias de salida de Barcelona. En total: 300 cortes, a las 20.00, en hora punta de tráfico. Con las únicas treguas del confinamiento por el coronavirus «y algún puente largo para irse a La Cerdanya» apunta Serrano con justificada ironía. También con alguna hora adelantada cuando juega el Barça. El Barça, sabido es, és sagrat!
Meridiana Resisteix, el colectivo secesionista que corta diariamente esa vía barcelonesa, tiene permiso del Departamento de Interior de la Generalitat para mantener sus cortes. De entrada hasta el 8 de enero. Pero desde Interior advierten de que han solicitado permiso para seguir los cortes a partir del 9.
No hay una decisión tomada respecto a la continuidad de los cortes. No se sabe si los informes contrarios de la Guardia Urbana serán tenidos en cuenta.
Las causas justas son las importantes, pero esto no es una causa justa, no tiene cabida que se alargue más de un año”, señala Serrano, quien está convencido de que los manifestantes independentistas cuentan con una cobertura injustificada de la Generalitat. «No es una impresión, la policía les protege a ellos».
No vale ampararse, falazmente, en la ‘libertad de manifestación’. Nadie la pone en cuestión. Los vecinos señalan a una explanada frente la Estación de Renfe como espacio adecuado para mantener esas protestas sin afectar a la vida del barrio.
La mayoría de las veces, los manifestantes son apenas 25 o 30 personas. “Están provocando problemas de convivencia” comenta Serrano. Ha habido enfrentamientos con conductores. Una ciclista estuvo apunto de ser agredida y se ha producido un atropello, además de las afectaciones al comercio de la zona.
En las últimas semanas, la tensión ha inundado las redes.
No sigo. Ya se hacen idea de la situación. ¿Se imaginan un grupo de 25, de 30, de 50 trabajadores/as que protestaran diariamente contra la precariedad, las desigualdades, el paro, el mal trabajo, cortando la Meridiana barcelonesa durante un año? ¿Se lo permitirían?
Ustedes conocen la respuesta.

Les copio y comento finalmente un comunicado que sin duda será de su interés, en apoyo al Movimiento Vecinal MERIDIANA SIN CORTES:
Las organizaciones y entidades abajo firmantes, no se las copio, “todas enmarcadas en el ámbito progresista, democrático y de izquierdas, apoyamos la convocatoria del próximo viernes 15 de enero de la plataforma vecinal Meridiana Sin Cortes”.
Estas organizaciones defienden, por supuesto, de palabras y con hechos, el derecho de manifestación y de libre expresión, “así como el respeto a todas las opiniones y opciones políticas.” Consideran “que toda reivindicación política es legítima si se plantea pacífica y democráticamente, con absoluta independencia de la mayor o menor simpatía que dicha reivindicación pueda despertarnos”. Sin embargo, y con la misma claridad y contundencia, “tenemos también que decir que todo derecho debe ejercitarse dentro de los límites marcados por el respeto a los derechos, igualmente respetables y legítimos, de terceras personas, que no tienen por qué sufrir ni tolerar una conculcación sistemática y continuada de los mismos”. Los calles, perdonen mi insistencia, no son propiedad excluyente del nacional-secesionismo.
Consideran por todo ello que los continuos cortes de tráfico en la Meridiana que tienen lugar desde hace 14 meses, protagonizados por un grupo reducido de activistas ultra-secesionistas con “la absoluta protección y aquiescencia del Govern de la Generalitat y la colaboración hipócrita del Ayuntamiento de Barcelona, no constituyen un acto de pacífica manifestación ciudadana ni de libre expresión de legítimas reivindicaciones políticas, sino una deliberada estrategia de imposición y de intimidación contra el conjunto de la ciudadanía, tanto la que comparte como la que no esas supuestas reivindicaciones, “así como una intolerable agresión contra derechos básicos: contra los derechos básicos a la libertad de movimientos, al trabajo, al descanso y a poder hacer su vida normal de las miles y miles de personas”, la inmensa mayoría, señalan, de clases populares y trabajadoras, “que deben desplazarse diariamente por dicha arteria por motivos de trabajo, de las que deben recibir atención médica en los diversos equipamientos médicos de la zona y de las que viven en los barrios trabajadores que la misma atraviesa, que son las que soportan directamente este cotidiano suplicio”.
Como mujeres y hombres de izquierdas, implicados muchos de ellos en una larga tradición de luchas vecinales, políticas y sindicales, son perfectamente conscientes de que “el ejercicio de ciertos derechos básicos como el de manifestación o el de huelga”, conquistas históricas del movimiento democrático y de las organizaciones sociales y políticas de izquierdas añaden con toda razón, “puede comportar, en muchas ocasiones, un cierto grado de perturbación de otros derechos legítimos”, como el de la libre circulación o el de libre desempeño de actividades económicas.
Pero dicha perturbación, matizan también con razón y argumentos, debe ser siempre transitoria y proporcionada, no puede ser indefinida ni indiscriminada ni convertirse en una forma de coacción antidemocrática por parte de una minoría [nacionalmente] radicalizada contra la generalidad de la ciudadanía”. Ni muchísimo menos todavía, añaden, ser utilizada torticeramente por una parte de los propios poderes públicos, bajo el falso disfraz de espontánea movilización ciudadana, “para tratar de sobrepasar sus legítimas potestades constitucionales ni su ámbito legal de competencias.”
Los colectivos y asociaciones firmantes reivindican finalmente el carácter absolutamente transversal, plural, popular y espontáneo del movimiento que trata de recuperar la normalidad democrática y ciudadana en el entorno de la avenida. Rechazan su patrimonialización por parte de partidos o asociaciones, de derechas o de izquierdas, y denuncian “que cualquier intento de hacer creer lo contrario constituye un acto de desinformación y una mentira deliberada por parte de quienes sostienen una concepción excluyente y totalitaria de la política”.
No hay nadie tan fascista, añaden con mucha razón,como quien pretende hacer creer que todos los que no piensan como él son fascistas”. Nadie que trate de expulsar a los demás de los espacios públicos, físicos ni simbólicos, nadie que intente “imponer servidumbres de paso a quienes no acaten su voluntad o no compartan sus ideas, puede pretender honestamente que lucha por las libertades ni reivindicar para sí la condición de demócrata”.
Sus palabras de cierre: “Por la libertad, por la convivencia ciudadana, y por el libre ejercicio de todos nuestros derechos y libertades, reivindicamos bien alto y claro: Las calles son de todos y de todas. Meridiana sin Cortes.”
¿Se suman, nos sumamos, a la concentración del próximo día 15 de enero? ¿Nos vemos allí?

Notas
1) https://www.elindependiente.com/espana/2021/01/02/el-proceso-que-no-cesa-300-cortes-en-la-meridiana/?utm_source=share_buttons&utm_medium=whatsapp

La nota de Ernesto Gómez de la Hera: “DÉJÀ VU”:
En su breve y magnífica, a fuer de inteligente, obra “¿Para cuando son las reclamaciones diplomáticas?”, ya nos enseñó Valle-Inclán como los españoles somos auténticos adelantados en muchas cosas y, por esa razón, aunque algunos nos envidien, muchos nos admiran e imitan. Y ponía como ejemplo el asesinato en Alemania de Walther Rathenau, cuyos autores plagiaron su “modus operandi” de lo acontecido, un año antes, delante de la madrileña puerta de Alcalá en el asesinato del Presidente del Gobierno, Eduardo Dato. Dejando ahora de lado la mordacidad, junto a bastante sal gorda, que destila esta obra de D. Ramón, la verdad es que su pretexto central ha sido de nuevo puesto en valor por los sucesos del día de la Epifanía en Washington DC. ¿Cómo no ver en ellos una copia (eso sí, con más medios técnicos y “glamour”, que para eso es el país de Hollywood) de algunas de las cosas sucedidas aquí hace poco más de tres años? Tenemos gobernantes que incitan a sus partidarios a tomarse la justicia por su mano, mientras ellos se esconden tras un “tweet”. Multitudes, que acosan a funcionarios y representantes públicos elegidos, disfrazados y vestidos con singular bizarría. Policías que, desconcertados por la inopia mental o la mala fe de sus mandos, abandonan sus funciones (o coluden con los asaltantes) superados por los acontecimientos. Y luego, a destiempo, furor desatado (como los medios son superiores allí, no han ahorrado en esto y van contados cuatro muertos) y rasgado de vestiduras de quienes, pudiendo, no hicieron nada para evitar algo que cualquiera veía venir. No es nuestra intención entrar ahora a analizar pormenorizadamente los hechos y, menos aún, decidir si hubo rebelión o sedición. Eso llevará tiempo, aunque es claro que sus consecuencias van a ser muy importantes. Por lo demás, es evidente que ya hace años que los EE.UU. y su cohorte de países satélites se viene deslizando por una pendiente que lleva a esto y a cosas más graves, que están por venir. Y es que, más allá de lo que nos mostraba Valle-Inclán, hay algo en común detrás de los hechos actuales, por paródicos que puedan ser. Tanto en España, como en EE.UU., se ha producido una seria quiebra interior de la oligarquía dominante (lo mismo podríamos razonar sobre Gran Bretaña). La parte mayoritaria de esa oligarquía intenta recomponerse, pero la minoritaria no tiene empacho a la hora de utilizar nuevos recursos en su pelea interna. Y esos recursos son esas multitudes que se pueden echar a la calle usando los medios que tienen los poderosos. Multitudes que no tienen nada que ver con los trabajadores, pero sí mucho con las multitudes que votaban al NSDAP en 1932. Y lo peor de todo es que, mientras las oligarquías agudizan sus contradicciones internas, no existe ninguna fuerza democrática organizada que les dispute su poder. Claro que, seguramente, a esto se debe que desde 1989 vengan creciendo esos enfrentamientos que, gane quien gane, siempre van en perjuicio de los de abajo. Incluidos quienes se prestan a hacerles de matones, como los cuatro de ayer.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo, rebelión y Papeles de relaciones ecosociales.

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