Sobre: el Islam, las prácticas políticas en .Cat, 1917, Iceta

De amigos y compañeros.
Sobre: el Islam, las prácticas políticas en .Cat,  1917, Iceta

I. Sobre el artículo de Gregorio Morán sobre el profesor francés asesinado: “El oneroso precio de la libertad” https://www.vozpopuli.com/opinion/precio-libertad-yihadismo-francia_0_1403560946.html.

1. De Ernesto Gómez de la Hera (3.11.2020):

Acabo de leer vuestros comentarios sobre un reciente artículo de Gregorio Morán y me ha parecido oportuno echar también mi cuarto a espadas, ya que considero que el tema tiene la suficiente trascendencia y precisa de una conceptualización básica, sin la cual será imposible tener una línea de conducta seria y democrática ante él.
Vaya por delante que mi opinión sobre Gregorio Morán tiende a coincidir con la de Joaquín, si bien, en cuanto al punto de las referencias a los carteles del verano del 2017 y al “don”, creo que José Luis tiene razón y no aporta nada, más allá del desahogo, a la cuestión. Sin embargo, no es ese el centro del asunto y, aunque vuestros comentarios aportan luz sobre esto, en mi opinión habría que añadir algo más sobre el mismo.
Es cierto que los demócratas siempre hemos defendido, y lo seguimos haciendo, la libertad de religión. Pero esto conlleva también la libertad de la crítica a las religiones y el derecho, por tanto, a defendernos de quien agreda este derecho. Si la agresión es intelectual, la defensa debe ser intelectual, pero si la agresión es material también ha de serlo la defensa. Y hay que recordar lo que dice el artículo 29.3 de la D. U. de Derechos Humanos a este respecto. En absoluto quiero decir con esto que me parezca bien lo que está impulsando Macron en Francia. Macron está aprovechando la ocasión para presentarse como el paladín de los principios de 1792, cuando todos sabemos lo lejos que está la política francesa actual de esos principios (algo que podríamos predicar de otros muchos sitios). Al tiempo procura hacer un batiburrillo de cosas, ya que, como recuerda José Luis, la sociedad francesa tiene también otros serios problemas.
Lo que sí deseo decir es que, entre nosotros, los referentes para este tipo de asuntos suelen estar anclados en la vieja lucha democrática contra la alianza del trono y el altar y de aquí vienen las invocaciones abstractas a la tolerancia y al laicismo. Pero el Islam tiene diferencias fundamentales con el Cristianismo que obligan a matizar mucho, en estos tiempos que corren, la forma de abordar el asunto.
En primer lugar, en el Islam no hay alianza del trono y el altar, ya que el Islam desconoce la diferencia entre política y religión. El hecho es que, cuando Mahoma fue a Medina, lo que construyó fue una comunidad política, un Estado y no una Iglesia, en la que él, como enviado de Dios, era el único dirigente y los creyentes los únicos ciudadanos. Desde que esa comunidad (la Umma) dejó de tener un único poder político en el siglo II de la Hégira, cada gobernante islámico es también jefe religioso de su parcela de poder, lo que conlleva algunas ventajas como, por ejemplo, patrocinar las grandes mezquitas de las ciudades occidentales con gran población musulmana, junto a un buen número de problemas. Estos problemas vienen de la no existencia de una iglesia islámica. Todos los musulmanes tienen “línea directa” con Dios, sin ninguna mediación (algo semejante a los protestantes, sobre todo en la teología calvinista), lo que significa que cualquier “alim” (singular de “ulema”), por pequeña o grande que sea su formación, puede generar un coro de partidarios. Esos grupos pueden estar a favor del poder o en contra, pueden ser importantes o no, y, sobremanera, pueden tener la interpretación que prefieran sobre el concepto de “yihad” y el resto de la “sharia”. Y esa interpretación será siempre perfectamente legítima, pues no hay herejías en el Islam, una vez que los mutazilíes (aquellos que intentaron una interpretación racionalista del Islam) desaparecieron. Es verdad que entre los chiíes sí existe algo parecido a una iglesia (hasta tienen un remedo de “pasión”, como los católicos a quienes se parecen, en Kerbala). Seguramente por esto no hay chiíes detrás del terrorismo islámico y ni siquiera atentaron contra Rushdie tras su condena oficial pronunciada por Jomeini. Pero los chiíes son poco más del 10% de los musulmanes, así que existen más de mil millones de musulmanes entre quienes pueden proliferar toda clase de interpretaciones legítimas, según su política-religión, para actuar en defensa de su fe.
Por supuesto, pocos de esos grupos se dedican a asesinar personas, pero todos esos pocos están dentro del Islam sunní y no pueden ser considerados heréticos. Así que lo único que puede hacer un fiel musulmán es no cooperar con ellos, pero es muy difícil que actúe contra ellos, salvo que se trate del funcionario de un poder musulmán enfrentado a esos grupos. 
Naturalmente los acontecimientos históricos han hecho que todos los grupos islamistas (es decir fundamentalistas) surgidos respondieran según las circunstancias, aunque siempre con el objetivo final de conseguir mandar sobre toda la Umma. Muchos tuvieron un rápido ascenso y luego desaparecieron y los actualmente vivos no son excepción. Y también han ido girando en sus ideas y manifestaciones aquellos que tienen una historia más larga. Probablemente Hassan al-Banna (el fundador de los Hermanos Musulmanes y uno de los más importantes fundamentalistas de la historia islámica) no hubiera sido partidario de muchas cosas que ahora hacen quienes se reclaman de él, aunque no hay que aceptar como verídica toda la beatificación que hizo sobre él su nieto Tariq Ramadan. Pero su asesinato por la monarquía egipcia, en febrero de 1949, así como la ejecución, en 1966, por el gobierno nasserista de Sayyid Qutb (este sí que entendía la “yihad” al estilo del EI), no dejaron muchas alternativas a los “ijwan”. 
Evoluciones similares se pueden ver entre quienes se reclaman de Ibn Abd al-Wahhab, un hombre que murió hace casi 230 años y cuyos primeros partidarios se autodenominaban “al-muwahhidum” (como los almohades del siglo VI de la Hégira, aquellos que arrojaron de Córdoba a Averroes por aristotelizar) a causa de su insistencia en la unicidad divina. Hoy el “wahhabismo” es tanto el paño ideológico que encubre a la tiranía saudí y que se propaga en sus mezquitas occidentales subvencionadas, como el fundamento de un buen número de grupos islamistas que practican el terrorismo.
En consecuencia, partiendo de esta realidad material (que es mucho más compleja de lo que aquí hemos podido describir) todos los demócratas deberíamos ser partidarios de enfrentarnos a los islamistas que practican el terrorismo. Sabiendo que su fortalecimiento se debe en gran parte a las políticas occidentales, a la vez que sabiendo que sus principales víctimas son sus propios correligionarios y no los occidentales. Distinguiendo, por tanto, entre ellos y los demás musulmanes. Pero sabiendo, también, como es realmente el Islam sunní y cual es la razón de que produzca estos frutos y carezca de antídotos para ellos.
Para terminar, una palabra sobre los “separatismos” que no tiene nada que ver con lo que hace Macron. Hay una fuerte tendencia en las sociedades occidentales, tendencia que desgraciadamente goza de predicamento entre muchas sedicentes izquierdas, a la creación de nichos societarios. Es decir, la dispersión de la ciudadanía en grupos autoidentificados por cualquier signo y la reivindicación de derechos para esos colectivos, por encima de los derechos universales de todos los ciudadanos. Es algo que tiene que ver con el tradicional “ius sanguinis” del derecho germano y nada con los conceptos romanistas que están en el origen de todo desarrollo democrático. Esta tendencia afecta a gran número de causas y, aunque nunca extinta, se ha fortalecido mucho tras la derrota histórica de la causa socialista en el último cuarto del siglo XX. En los últimos tiempos hemos visto dos manifestaciones de ella ligadas a la cuestión islámica: Una, la aparición de cementerios islámicos en algunos municipios catalanes, so capa de permitir el entierro de los fieles musulmanes conforme a sus creencias, olvidando que la transferencia de los cementerios de la autoridad religiosa a la civil (aparte de las razones higiénicas) fue una conquista de las fuerzas democráticas. Otra, la decisión del municipio belga de Molenbeek-Saint Jean (gobernado por socialistas y liberales y con una gran población musulmana) de castigar a un maestro por haberse solidarizado prácticamente y para enseñar a sus alumnos una lección de vida, con el profesor asesinado en Francia. 
Desde luego, no estoy a favor de criminalizar a los musulmanes, sino de perseguir a los asesinos, pero ninguna confesión religiosa debe tener más derechos que los otorgados a todos los ciudadanos y en una sociedad democrática (y en las occidentales que pretenden serlo) es el título de ciudadanía el que concede derechos, no el ser feligrés de cualquier parroquia. Así lo venimos defendiendo, hace ya más de dos siglos, para los cristianos y no debe ser diferente para los musulmanes.

2. De José Luis Martín Ramos (3.11.2020):
En primer lugar un alegrón volverte a "oír"; prodígate más. Y mil gracias por tus observaciones; muy importante lo que señalas sobre la debilidad del mundo sunní para hacer frente a sus disidencias, incluidas aquellas tan extremas que, en mi opinión, salen fuera del campo de islam, de la umma.

3. De Joaquín Miras (3.11.2020):
Querido amigo Ernesto, muchas gracias por tu comentario. Muy, muy interesante. Nunca había pensado en las consecuencias ni en el hecho de que los sunies no tuvieran organización eclesial, y esto diera posibilidades enormes a la proliferación de fundamentalismos y al terrorismo, y no entre los chiies. Sí que tenía claro que leer la Biblia a pelo, tal como hacen los luteranos, permite que cualquier rival pueda ser considerado los amalecitas del presente, los enemigos de Dios, a los que dios ordena exterminar, ya sean indios, hispanos o lo que fuere.

II. Sobre las prácticas políticas en .Cat (https://politica.e-noticies.es/nadie-aguantaba-a-torra-133140.html)

1. De “Guillermo de Baskerville” (5.11.2020):
EL DINERO, SÍ HUELE
Leer el enlace del apartado, es -entre otras muchas cosas- un paseo por la cutrez y la estulticia.
Lectura que permite corroborar cómo se ejerce buena parte del poder político real en un país como Cataluña, tan ufano con sus oleadas de cientos y cientos de “licenciados en Ciencias Políticas” (sic), y con abundante, digamos, gente de “izquierda” mendigando dineros públicos por estar metida en extraños observatoris y “asesorías” diversas.
Y van, y tots plegats, entre tanta “ciencia”, tanta “observación” (¡ y tanta menudeada “reflexión” !), no se enteran (al parecer…), de cómo funcionan el pujolismo y sus sucesores, que alcanzar no alcanzan les seves fites d’alliberament nacional, pero “joder la marrana” y robar al poble realmente existente, sí que lo hacen cotidianamente e impunemente.
2. De la historiadora María Cruz Santos Santos (6.11.2020):
http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/2006/04/21/pagina-17/47278448/pdf.html?search=Xavier%20Vendrell.%202006 Luego se le hizo Conseller de Governació, posiblemente el más breve de la historia, del 20 de abril al 11 de mayo. ¿Tiene derecho a pensión?
3. De Joaquín Miras (6.11.2020):
Querida Mª Cruz: este individuo [Xavier Vendrell] es un chorizo. Pero, eso a parte, yo no creo que ningún político, por el hecho de desempeñar un cargo institucional, deba tener derecho a pensión. Dada la característica de nuestra constitución, el único que sí lo tendría sería el rey, que siempre está obligado a no tener otra actividad que la de jefe de Estado. Los demás, tienen derecho, como todos, a pensión, pero por su trabajo por el que han cotizado previamente a la seguridad social. Como liberados de su partido o como jubilados de la actividad laboral que hayan desempeñado. Sí debe constarles como años cotizados los que dediquen al cargo institucional, pero nada más. Lo demás es crear Privilegios, leyes privadas, algo que es feudal.

4. De María Cruz Santos Santos (7.11.2020):
Lo es. La Constitución, la Ley Electoral y otras muchas cosas necesitan una reforma urgente. Puedo defender 1978 por el contexto en que todo se hizo. 40 años después hay que corregir, adaptar y hacer más justicia. Lo que ahora no hay es calma. Esta es mi impresión. Con todas las circunstancias que había y que vistas desde ahora, te horrorizan, creo que había más serenidad en la clase política, la que estaba y sobre todo la que llegaba. Ahora todo es ruido y luchar por ser el que más grita, no el que más razones tiene. Hoy, Anguita, creo que no podría salir del zaguán de su casa.

5. De Joaquín Miras (7.11.2020):
Sí, lo tienen reconocido por ley, y se lo cobran, salvo honrosas excepciones tales como Anguita, que renunció a eso y dijo que él cobraba de ser profesor de instituto. Pero eso que esa ley exista es un atropello a la igualdad.

6. De Domènec Benet (7.11.2020):
En referencia al debate sobre sueldos indefinidos de los políticos, creo que hace ya algunos años que se reguló de tal forma que hoy en día, excepto los presidentes de gobiernos, no hay sueldos vitalicios por estos conceptos. Sí que hay algunas indemnizaciones por distintos motivod.
Me han sido útiles estos artículos de La Vanguardia y de un jurista completamente desconocido pero que parece que conoce bien el tema:
https://www.lavanguardia.com/politica/20190305/46854112672/diputados-congreso-paro-retribucion.html
https://blog.sepin.es/2019/02/sueldos-de-ex-presidentes-y-ex-ministros-espana/

7. De Manuel Martínez Llaneza (7.11.2020):
Creo que se están mezclando sueldos y jubilaciones en estos comentarios. Hablamos de diputados y senadores, no de ministros. Sueldo al cesar no hay, hay compensaciones económicas en ciertos casos por pérdida de ingresos, siempre de corto alcance temporal. El derecho a la jubilación (máxima) se adquiría a las dos legislaturas; no sé si lo habrán cambiado últimamente. Este derecho es renunciable, como así lo hizo Anguita, pero hay que recordar que la jubilación no es acumulable por encima del máximo, por lo que no perdió esa cantidad, sino la diferencia entre su jubilación (no sé cuánto era) y la máxima. Lo que sí tenían es un seguro privado que pagaba el Congreso y al que renunció muy honradamente Garzón; creo que a raíz de la publicidad que le dio esa renuncia y la vergüenza que significó lo han suprimido.

8. De José Luis Martín Ramos (8.11.2020):
Conversaciones privadas sobre temas públicos. Un problema que incluye, aparte del interés político, el control de los sumarios y la libertad de prensa. Lo primero es imposible de conseguirlo, los sumarios son secretos a voces y las informaciones que proceden de fuentes policiales no siempre están en secreto de sumario. La libertad de prensa ha de ser, para mí, irrestricta o restringible en casos muy extraordinarios: seguridad colectiva y personal, calumnia deshonrosa,… En cuanto a las pruebas que destapan un nuevo delito que no corresponde al investigado mi opinión es que no deben desestimarse, han de poder formar una nueva pieza procesal y en ningún caso tendrían que ser destruidas.

III. Sonre un artículo de Lars T. Lih sobre los bolcheviques y el asunto de la revolución democrática en 1917 (https://www.sinpermiso.info/textos/el-ironico-triunfo-del-viejo-bolchevismo)

1. De Joaquín Miras (6.11.2020):
Me parece un artículo interesante. No es tan novedoso como pretende, sí es muy importante por lo que recupera. Desde el inicio de la Revolución de octubre, precisamente octubre, no febrero, un gran historiador francés de la Revolución Francesa, Albert Mathiez, que es defensor máximo del gran Robespierre, que combate todas las calumnias que se habían lanzado sobre él -las mismas de ahora- y que considera que los jacobinos les daban la tierra a los campesinos, se adhiere a la revolución y escribe libros como Bolchevisme et jacobinisme, en el que explica que percibe que lo que se hace allí, en Rusia -por cierto, no puede haber «traducciones del soviético al inglés», sí del ruso al inglés-, es el programa ansiado por la inmensa mayoría de la población francesa, los campesinos, de 1789, y por la inmensa mayoría de la población del nuevo país de los soviets, el campesinado. Y se hizo comunista, hasta 1927. La propuesta de ese «viejo bolchevismo» la escribe Lenin en 1905, pero como consecuencia del fracaso de la revolución del cinco. Está en un folleto un poco extenso, pero folleto, muy legible, titulado Dos tácticas de la socialdemocracia rusa. Y allí pone que lo que se debe realizar es la democracia jacobina -tal cual- y lo de la dictadura democrática de obreros y campesinos -tal cual, igual a lo anterior-. Por supuesto, la palabra democracia, en todas partes -el que hace la maniobra de desnaturalizar su sentido es el presidente de EEUU, Wilson, para convertirla en nombre de procesos electorales de sociedades liberal democráticas, y lo hace al terminar la 1 guerra mundial- tenía un sentido muy, muy radical, y por eso mismo, peyorativo, precisamente porque conocían lo que habían escrito tanto Aristóteles como Platón. El primero, hay democracia donde los que mandan son los pobres, y si los pobres fuesen pocos y los ricos muchos, es democracia donde mandan los pobres –Política, todo el libro 3 desde 1279 b, 1280 a, y todo el libro 4- y República de Platón quien dice que hay democracia cuando, habiendo vencido los pobres, matan o destierran a unos de sus enemigos, y a todos los demás los hacen partícipes del gobierno y los cargos, que se elige por sorteo (República, 557 a). No son textos ocultos a cuatro mil metros de profundidad, como el oro sudafricano, sino ocultos bajo el celemín del tupido velo del silencio y del «mejor no leer a estos carcamales» -el prejuicio provocado. Por este carácter radical del régimen, el propio Robespierre, que siempre se había declarado res publicano -una república/politeia para un lector de los griegos, podría ser una monarquía, no para los textos de los romanos-, pasa a declararse demócrata en sentido clásico, el único existente, una vez percibe que una y otra vez se intenta exterminar a los pobres y a sus representantes, y volver al pasado. Tampoco a Rousseau le había gustado, antes, la palabra y dice que es solo posible en países diminutos y marginales, ni le gustaría, después, a Jefferson, que quiere crear un país -EEUU- de pequeños cultivadores de la tierra, y crea, para eso, el Partido Republicano -esa es la palabra para el partido de los pobres que él crea: Res publica-. Una vez dicho esto, creo que «queda más claro lo confuso», para nosotros ahora, de lo que se discute sobre Lenin, y sobre los bolcheviques, y del significado de las palabras. Lenin había estado exiliado en Francia y conocía la historiografía de la Revolución francesa, no la de Mathiez (leído por Gramsci y Lukács), , sino la de su maestro Aulard, maestro de Mathiez, y pro revolución francesa también -dejamos el asunto de porqué discuten maestro y discípulo-. Cuando en 1905 Lenin usa ese término, no habla de regímenes liberales ni habla de «el socialismo», porque…¿Qué es eso?: de cada cual según su capacidad, a cada cual según su…trabajo», o sea, a cada cual lo que le toca de Aquino, algo así de genérico… y de abstracto que sirve para dejar las cosas del futuro abiertas al futuro que es histórico. Sí es cierto que en las tesis de abril Lenin propone la socialización de la tierra, y que para octubre lo ha dejado y propone/asume lo que pide -o él cree que pide- el campesinado: la propiedad particular de la tierra. Y la da. Hay con todo aquí dos cosas, que nos explica ya hace mucho Theodor Shanin. Uno, los campesinos no pedían eso, sino el reparto negro, o sea, la tierra para la familia extensa, dentro de la comunidad agrícola o MIR. Distorsión visual de occidentales respecto de demandas «antropológicas» de «primitivos» -permitidme el resumen irónico-, pero a los campesinos les valía, y después de todo los social revolucinarios no habían propuesto otra cosa y una vez en el gobierno revolucionario, no la habían dado. Y también hay otro error. Que los bolcheviques, todos, con la socielademocracia europea y Kautsky a la cabeza, creían que la pequeña propiedad era la cuna del capitalismo. Esa barbaridad estaba ya desmentida por el capítulo XXlV de la  edición de 1873 del Primer -único- libro de El Capital, de Marx, sobre la «denominada acumulación originaria del capital» donde se dice lo contrario, es la desposesión masiva de la inmensa mayoría de la población  -el cierro de tierras, las «enclosures», con la expulsión de los campesinos- la que establece las condiciones para el capitalismo. Pero «el marxismo» decía lo contrario. Es eso de que el camoesinado es «burgués -democrático». Es muy interesante leer el folleto citado de Lenin. Porque él, en el cinco, en la primera redacciónddel folleto, no tiene ningún prejuicio anti campesino, es «muy francés», pero en las adendas -faltan los artículos crítico con el libro, a los que estas responden, va rebajando la cosa, y acaba diciendo que al día siguientde de la revolución, los campesinos a los qu se les da la tierra serán el gran enemigo y otras cosas semejantes, que indican que le han dado hasta en la planta de los pies, en el debete nterior. Por lo demás, el folleto es precioso, y el folleto muestra también la superioridad de Lenin sobre Rosa Luxenburg, que del fracaso del cinco solo saber ver lo bonitos que son los soviets. Lenin descubre que hay 100 millones de campesinos, y solo 20 de no campesinos, si se cuenta como no campesinos a los guardas de la aldeas…(Shanin).
Todo esto, y lo que escribe Lewin, es cosa reciente,de los años 80, 90, pero no es «Novedades de Moscú». Tan antiguo es que lo saben Gramsci y Lukacs-tesis Blum, porque lo vivieron en vivo y en directo; quienes tampoco se empeñan en ponerle cencerro a la posible futura vaca. Nunca. Bueno, que hay cosas muy interesantes, por recuperadas, en ese artículo

IV. Sobre la “oposición” de Iceta y el PSC al gobierno de la Generalitat

(Joquim Coll, “La tibieza de Iceta, estrategia o desidia. https://cronicaglobal.elespanol.com/pensamiento/tibieza-iceta-estrategia-desidia_405414_102.html)

1. De José Luis Martín Ramos (11.11.2020):
Hay dos factores que intervienen.
Uno es el que señala Salvador, que yo creo que hay que ampliar a la relación «insegura» que tanto el PSC como los Comunes tienen con ERC. En el pasado está la experiencia del Tripartito, de la que no tengo constancia de que ninguno de ellos haya hecho autocrítica, y crítica del comportamiento de ERC. En el presente la concepción estrecha, tacticista, de la mayoría como mayoría parlamentaria, que se refleja no solo en eso sino en el escaso trabajo social del PSC, que confía desde siempre en los resultados de sus gestiones institucionales para tener la mayoría social en Cataluña. Reducen la política de alianzas a la política de coalición parlamentaria/partidaria. En otras palabras, el PSC confía en reforzar su posición con esa aproximación a la derecha catalanista que se desmarca del proceso independentista actual; una derecha que es muy heterogénea, que incluye soberanistas al estilo del PNV, gente de la derecha catalana tout court que no es indepe ni soberanista y que ya le está bien el statu quo autonómico siempre que se mejoren los mecanismos de financiación, y meros oportunistas. Y con ello llevar a ERC a desengancharse de JxCat y del «procés» en un supuesto giro de realismo. Se me antoja un castillo de naipes, montado entre dos, y uno de ellos es un tahúr.
El otro es la personalidad de Iceta. Su inteligencia y su bagaje cultural, por encima de la media de los apparátchik del partido, le permitió recuperar al PSC del fondo en el que lo había dejado Pere Navarro y sobre todo recuperar un discurso federalista de convicción; no el falso federalismo instrumental de los Maragall, Castells y los puntales socialistas del Tripartito. Sin embargo, no tiene la energía que se necesita para imponerse en un reñidero de gallos. Él rechazó ser primer secretario del PSC en favor de Pere Navarro porque desconfiaba de su carácter. No le quedó más remedio que aceptar cuando Pere Navarro fracasó estrepitosamente.
Eso es lo que hay. Aunque la incompetencia del gobierno procesista le da un margen de mejora.
Nota personal: los Maragall y otros nunca han sido federalistas más que de conveniencia. Cuando se fundó el PSC-Congrés rechazaron la moción federalista que presentamos una minoría en aras del pacto con el grupúsculo independentista del médico-poeta Joan Colominas.

2. De Miguel Candel (11.11.2020):
Incisivo retrato de Iceta por Coll y bueno y más contextualizado el ofrecido por José Luis. Voy a decir una maldad que espero no circule demasiado: se basa en una especie de piropo popular catalán políticamente incorrecto dirigido a una tal Marieta. Mi versión: «Ay, Iceta, quan et sento, el cul em peta».

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo, rebelión y Papeles de relaciones ecosociales.

Un comentario en “Sobre: el Islam, las prácticas políticas en .Cat, 1917, Iceta”

  1. Lamento decir que a mí ese artículo de Lih solamente me ha parecido una muestra de erudición escolástica, carente de toda sensibilidad política real. En él hay una total confusión, además de un desconocimiento importante, sobre las verdaderas razones de la superioridad política de Lenin sobre el resto de dirigentes bolcheviques. Esa superioridad, la que le permitió mantener su jefatura (que no era meramente la de un «primus inter pares») en momentos tan difíciles como los de la decisión sobre la firma de la paz de Brest, se basaba en la extraordinaria percepción que tenía Lenin para descubrir siempre el núcleo de la situación política y perseguir sin descanso su objetivo central: la transformación revolucionaria de la sociedad existente.
    Esta capacidad política nunca se mostró tan clara a sus partidarios como en la primavera de 1.917. Hasta entonces Lenin había fundamentado su primacía en su trabajo para forjar un partido a su imagen y semejanza. Lo que es mucho, sin duda. Pero la caida del zarismo cambió todo. Quienes hasta ese instante habían sido dirigentes cuyo poder no llegaba más allá de los estrechos límites de sus organizaciones clandestinas y perseguidas, pasaron a ser aspirantes al poder en un gran país y sus organizaciones tuvieron que actuar y defender su línea política ante millones de personas. 
    Lenin comprendió esto (estaba muy aleccionado por lo sucedido en 1.905) desde el primer momento y por ello hizo todo lo que hizo para llegar a Rusia lo antes posible. Allí se encontró con una situación que no podía por menos que disgustarle. Por una parte existía un ambiente general de buena voluntad, algo que para él, consciente de las realidades sociales y políticas que más pronto que tarde lo frustrarían, era un mal absoluto. Y por eso, desde la propia estación de Finlandia, lanzó un discurso rupturista que no satisfizo a nadie. Por otro lado, dentro de su partido había un despiste generalizado. Los dos máximos dirigentes que habían logrado llegar a Petrogrado en cuanto la caida del zar les permitió salir de su destierro siberiano, no tenían muy claro que hacer y esta indefinición permeaba a toda la organización. Kámenev, hombre lúcido y honesto, pero temeroso de los momentos cruciales como tan bien sabía Lenin, se dejaba ganar por el ambiente. Stalin, más inteligente e inescrupuloso, pero aún poco influyente, se limitaba a nadar y guardar la ropa desde Pravda. Fue para sacudir a su propia organización y no para crear una nueva doctrina, por lo que Lenin enunció las Tesis de Abril. Para él eran una consecuencia de lo que siempre había pretendido. Lo que era nuevo era que tenían una verdadera revolución en marcha y el epíteto de «viejos bolcheviques» no tenía por objeto denunciar a una línea obsoleta y a sus presuntos partidarios. Era un mero recurso estilístico en su discurso, ya que su pretensión era poner en marcha a su partido para esa nueva situación.
    Y no lo hizo con eruditas definiciones. Sencillamente empezó a poner en claro que una cosa era la realidad y otra las bellas frases «democráticas». No llevaba ni dos semanas en Petrogrado cuando estalló la crisis causada por el ministro Miliukov a causa de los objetivos de guerra. Esta crisis aclaró las cosas a miles y miles de trabajadores y, más allá de ciertos artículos de Kámenev, puso de manifiesto a todos los bolcheviques que, también a la hora de la revolución, Lenin tenía una capacidad política muy superior a la del resto de dirigentes. Algo que volvió a verse en su intervención sobre el poder en el I Congreso Panruso de los Soviets, en la crisis de julio y ya de manera esplendorosa, en el otoño.
    Frente a esto, que aquí hemos tenido que resumir tanto a riesgo de cometer algún olvido, todo recurso a disquisiciones sobre revoluciones democráticas o socialistas o diferenciaciones internas entre los campesinos, es mero escolasticismo. Algo muy frecuente entre eruditos que nunca han sido capaces de pasar de la puerta de su despacho para enfrentarse a los sinsabores y peligros de los enfrentamientos políticos.
    De todos modos J. Miras ya ha dejado meridianamente claro lo que es la Democracia y no cabe duda de que en 1.917 el triunfo de cualquier revolución democrática equivalía al triunfo del socialismo. Incluso la República Francesa del año II, como muy bien vio Graco Babeuf después de Termidor, sólo hubiera sobrevivido como una Democracia sin burgueses, por más que aún no socialista.
    En cuanto al asunto de los campesinos, Lenin sabía que no es la existencia de las pequeñas explotaciones lo que lleva al capitalismo, sino la entrada de la tierra en el mercado (eso desató los «enclosures» en Inglaterra). Por eso él, cuya manía contra los «amigos del pueblo» no puede negar nadie que conozca su obra, aceptó el programa SR en el II Congreso Panruso de los Soviets y lo llevó a la práctica desde el Sovnarkom, junto con la fracción de los SR que no había traicionado su propio programa. Efectivamente se repartió la tierra, pero no se puso en el mercado. Y, gracias a ello, se consolidó la alianza (smichka) obrero-campesina (rota por Stalin en 1.929 al lanzar la industrialización masiva y la «socialización» de la tierra) que permitió la victoria del Ejército Rojo y el mantenimiento de la Rusia Soviética pese al fracaso de la revolución en los países del centro capitalista. Algo con lo que, obviamente, Lenin no contaba, pero que unicamente le hizo reflexionar para encontrar nuevos caminos a la transformación revolucionaria (desgraciadamente ya no tuvo tiempo de hallarlos), en lugar de arrepentirse de haber dirigido una revolución victoriosa en un pais tan atrasado, como han hecho y siguen haciendo tantos intelectuales seudoizquierdistas.

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