Miscelánea (25/06/2022)

Del compañero Carlos Valmaseda de Espai Marx.

1. Zizek
Hay un curioso debate en redes sobre si Zizek fue siempre un payaso o ha acabado siéndolo en los últimos tiempos. Todo viene de su última boutade en The Guardian: el pacifismo es la respuesta incorrecta a la guerra en Ucrania, y que lo que hace falta es una OTAN más fuerte:
Las opiniones van desde los que siempre han pensado que era así, los que no lo han leído nunca -como yo- y ahora se alegran de ese tiempo ganado, y los que lo siguen apoyando. Entre los que está Jacobin, por cierto, que deben seguir pensando que Putin es peor que Biden: In Defense of Slavoj Žižek

Como ayer publicamos un artículo de Jonathan Cook en Espai Marx, aprovecho para pasaros el enlace de su último artículo. El título es bastante explícito si conocéis a estos simpáticos animalitos o el juego de ordenador de hace unos años: «Un lemming guiando a los lemmings»: Slavoj Zizek y el colapso terminal de la izquierda antiguerra» https://www.mintpressnews.com/slavoj-zizek-ukraine-terminal-collapse-anti-war-left/281190/

2. La OPEP no puede producir más.

Análisis | La OPEP+ reflexiona sobre cuándo disparar sus últimas balas de producción de petróleo. Davin

Es un giro irónico de las circunstancias. Justo cuando los bancos centrales internacionales elevan por fin los tipos de interés para combatir la inflación provocada por el petróleo, la OPEP+ se enfrenta al mismo inconveniente que encontraron los responsables de la cobertura después de relajar las situaciones financieras para rescatar el sistema financiero mundial: el cero seguro.

Durante los últimos 12 meses, el cártel del petróleo ha estado inyectando liquidez en el mercado de la vitalidad, impulsando la producción en una serie de aumentos mensuales planificados de antemano. El último aumento se producirá en agosto. Para entonces, es probable que la OPEP+ haya agotado su capacidad de producción.

El cero seguro es mucho más concluyente para el bloque petrolero que para la Reserva Federal, que aumentó su ayuda financiera por medio de la flexibilización cuantitativa, o la Institución Financiera Central Europea, que lanzó tipos de interés adversos. En pocas palabras, Arabia Saudí y sus aliados no pueden bombear barriles que no tienen.
La OPEP+ se reunirá casi el 30 de junio para aprobar la última subida mensual que, sobre el papel, volvería a aumentar la producción de agosto a los niveles anteriores a la crisis. En realidad, la producción ha disminuido debido a las sanciones impuestas a Rusia y a la incapacidad de algunos países, como Nigeria y Libia, de aumentar la producción en los últimos meses.

Lo que ocurra después es esencial para el sistema financiero mundial y para los políticos, como el presidente de EE.UU., Joe Biden, bajo la presión de los excesivos costes de la gasolina. La OPEP+ quiere celebrar otra reunión en línea a finales de julio o principios de agosto para determinar los rangos de producción a partir de septiembre. Al tener poca munición para fabricar, el cártel quiere comprobar que cada bala restante cuenta.

Los responsables de la OPEP+ insisten en que las conversaciones sobre septiembre aún no han comenzado. Por lo que puedo recoger, ningún miembro ha presentado una propuesta, y es difícil establecer la definición de cualquier acuerdo más allá de un reconocimiento subyacente de que se necesitará más petróleo. No obstante, en lo personal, los funcionarios están sopesando sus restringidas opciones. Un factor es evidente: Es más probable que el grupo actúe a pequeños pasos, que mantenga a Rusia a bordo a pesar de la presión de Washington, y que se guíe por los datos, vigilando cómo las subidas de los tipos de interés empiezan a tener efecto en las economías. Gradualismo es la palabra de moda.

Aunque las subidas previstas terminan en agosto, el acuerdo de la OPEP+ no expira hasta diciembre. Eso significa que cualquier aumento para septiembre y el cuarto trimestre requeriría un consenso. Sólo a partir de enero de 2023 todo el mundo podría bombear a voluntad en ausencia de un acuerdo actualizado. Por ahora, eso deja a Riad -y a Moscú- al mando.

Aunque está previsto que Biden vaya a Arabia Saudí a mediados de julio, el viaje podría tener una influencia menor en las deliberaciones de la OPEP+ de lo que muchos suponen. Después de rechazar la presión de la Casa Blanca durante 12 meses, el cártel está ansioso por abordar la oferta y la demanda. Por lo tanto, lo importante será la perspectiva de mercado para 2023 que la OPEP dará a conocer el 12 de julio. Lo más probable es que la previsión pinte una imagen alcista: A pesar de los temores de recesión, la demanda de petróleo podría crecer al menos en 1,5 millones de barriles diarios en 2023, tras una mejora de 3,4 millones este año.

Los costes del petróleo pueden incluso tener un efecto. Para algunos delegados de la OPEP+, el petróleo, que oscila entre los 110 y los 120 dólares por barril, ya es demasiado caro, lo que perjudica las perspectivas de desarrollo mundial al obligar a la Reserva Federal a emprender una agresiva campaña de endurecimiento. Sin embargo, otros se muestran nerviosos ante una posible reversión de los precios del crudo. La liquidez en el mercado del petróleo se encuentra en el nivel más bajo de los últimos seis años, lo que lo hace susceptible de sufrir una liquidación puntual. Durante la temporada de verano, una serie de grandes ofertas de cobertura de los productores van a llegar, ya que las empresas privadas de esquisto de los EE.UU. se fijan en los costes de 2023. Petronas, la empresa petrolera estatal de Malasia, ha cubierto hasta ahora los costes en esta época de los 12 meses, al igual que el gobierno federal de México. Al promocionar con antelación, todos pueden empujar los costes del petróleo a la baja.

Sin embargo, hasta que el sistema financiero mundial se deteriore considerablemente en las próximas 5 o 6 semanas, o China vuelva a bloquearse, la opinión dentro de la OPEP+ es que el grupo probablemente querrá ampliar la producción una vez más. La necesidad de más crudo se agudizará significativamente cuando, a finales de octubre, EE.UU. reduzca las ventas brutas de su Reserva Estratégica de Petróleo, que ahora mismo están incluyendo más petróleo en el mercado que algunos países de tamaño medio miembros de la OPEP+.

Sin embargo, el aumento de la producción se está convirtiendo en un problema. En agosto, todos los países de la OPEP+, además de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, estarán bombeando a toda máquina. Sobre el papel, Riad y Abu Dhabi seguirán teniendo una capacidad mixta de 2 millones de barriles diarios de reserva, pero ninguno de los dos ha producido por encima de sus próximos rangos de agosto durante más de un puñado de semanas. Ambos insisten en que mantendrán estas elevadas cargas de producción, pero muchos comerciantes se muestran escépticos. Para el mercado del petróleo, lo que importa no es sólo cuánta capacidad de reserva real queda, sino cuánto cree el mercado que queda.

En este momento, los comerciantes son escépticos acerca de cuánto espacio queda – y esa sospecha está empezando a filtrarse en el valor del petróleo, con el mercado exigiendo mayores primas de peligro.

Cómo se puede gestionar ese tramo restante de capacidad de reserva -tanto real como percibida- es el tema de un debate dentro y fuera de la OPEP+. Para algunos, junto con los miembros del cártel, el grupo debería poner la mayor parte de su capacidad sobrante en el mercado ahora, para evitar que los costes del petróleo de tres dígitos provoquen un aumento de los tipos de interés de los bancos centrales que induzca a la recesión. Desde ese punto de vista, la disminución de los costes del petróleo es el valor a pagar por un desarrollo financiero más saludable en 2023. Otros no están de acuerdo, ya que creen que la OPEP+ debería mantener suficiente pólvora seca para suministrar de forma creíble una cobertura de seguro en caso de una interrupción del suministro en el futuro. Además, sostienen que el aumento del suministro podría no reducir los costes de la gasolina al por menor tanto como hasta ahora, ya que las refinerías están luchando para convertir suficiente crudo en gasolina y diesel.

En cuanto a la estabilidad, este último punto de vista prudente tiene más ventajas: si la OPEP+ se queda sin capacidad de reserva, o los operadores consideran que lo ha hecho, el petróleo podría convertirse en un mercado desbocado. Desde el punto de vista inmediato, se necesita más crudo. Sin embargo, también está claro que los costes máximos son parte de la respuesta al problema actual: la demanda de petróleo debe desacelerarse. Arabia Saudí debería tener una bala en la recámara.

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator

3. Congreso de Die Linke.
Termino hoy con este artículo del miembro de Die Linke y de Jacobin Loren Balhorn sobre el congreso que está celebrando el partido este fin de semana.
The German Left Needs to Speak to the Working-Class Majority

La izquierda alemana necesita hablar a la mayoría de la clase trabajadora

Por Loren Balhorn

Este fin de semana, el partido de izquierdas alemán Die Linke se reúne en un congreso para responder a su reciente declive electoral. Durante demasiado tiempo, el partido se ha empapado del lenguaje de las subculturas activistas, y los votantes han perdido la fe en que se tome en serio el ejercicio del poder.

Hace poco, un joven izquierdista del oeste de Alemania me dijo que no podía recordar una época anterior a Die Linke. Estaba en la escuela primaria cuando se fundó el único partido socialista de Alemania, hace quince años, y ha sido una presencia constante a lo largo de su vida, a menudo, dijo, bastante «embarazosa». A pesar de haber votado a Die Linke, nunca se había planteado afiliarse.

Como alguien que se afilió al partido en 2007, poco después de su creación, no pude evitar un pequeño respingo. Recuerdo el ambiente esperanzador de los primeros días de Die Linke, cuando era demonizado en los medios de comunicación y denunciado por la clase política como una camarilla de extremistas peligrosos. Cuanto más se criticaba al partido, parecía que más se le quería: los mítines de la campaña eran enérgicos y muy concurridos, e iba de un éxito electoral a otro. Era un buen momento para ser socialista.

Como becario durante la campaña de las elecciones generales de 2009, viajé por todo el país y vi cómo Die Linke aglutinaba las distintas vertientes de la fragmentada izquierda alemana, unidas por el deseo de -como dijo Oskar Lafontaine en el congreso fundacional del partido- «contribuir a la construcción del socialismo del siglo XXI». El partido distaba mucho de ser perfecto, y muchos problemas seguían sin resolverse, pero las cosas iban en general en la dirección correcta. Por primera vez desde los años 50, Alemania tenía una oposición socialista unida, en el Parlamento y en las calles.

En algún momento, Die Linke perdió su impulso. Después de casi no entrar en el Parlamento el pasado mes de septiembre, ha tenido que responder a la guerra en Ucrania, a las acusaciones de #MeToo contra varios miembros destacados, y ahora a una ola de dimisiones prominentes, empezando por el padre fundador Lafontaine. Todo ello amenaza con convertir la crisis del partido en algo terminal.

Cientos de miembros se reunirán este fin de semana en Erfurt para un congreso del partido encargado de elegir una nueva dirección y empezar a enderezar el rumbo. Con la elección de toda la dirección, muchos esperan que el partido entierre por fin sus largas batallas internas y hable «con una sola voz». Pero más allá de decidir quién será esa voz, también tiene que decidir a quién se dirige realmente.

El decrecimiento de los socialistas alemanes

Dados sus problemas actuales, hoy en día la idea de que Die Linke construya un socialismo para el siglo XXI puede sonar un poco absurda. Pero en aquel momento Lafontaine estaba articulando un sentimiento ampliamente compartido: Die Linke formaba parte de una oleada de nuevos partidos en toda Europa que parecían representar un renacimiento de la suerte de la izquierda, tras un largo letargo. La fundación del Partido de la Izquierda Europea en 2004 y la elección de presidentes de izquierdas como Lula, Hugo Chávez y Evo Morales en América Latina no hicieron sino cimentar ese optimismo.

Nuestro movimiento experimentó muchos altibajos a lo largo de la década de 2010: el ascenso y la caída de Jeremy Corbyn, la victoria electoral y la derrota política de Syriza, y la búsqueda finalmente fallida de Bernie Sanders por la nominación demócrata. Die Linke, sin embargo, obedeció a un notable tipo de estancamiento secular: después de 2010, los avances fueron escasos, pero también lo fueron sus derrotas. De hecho, si una tormenta perfecta de factores internos y externos no se hubiera combinado para casi expulsar a Die Linke del Parlamento el pasado mes de septiembre, es bastante probable que hubiera podido seguir cojeando en su forma actual durante otra década. Fue necesario un colapso agudo y monumental de sus fortunas para -como dijo recientemente el anciano del partido Michael Brie- «revelar abierta y descarnadamente lo que todos los que habían observado el partido con un grado de sobriedad ya sabían desde hace mucho tiempo».

Las razones del estado calamitoso de Die Linke han sido diseccionadas exhaustivamente por miembros del partido y compañeros de viaje en los últimos nueve meses. Para algunos, se trata de una política exterior supuestamente dogmática y unilateral que lo hace inelegible; para otros, de una deriva política y estética hacia medios de clase media cuyos intereses se han demostrado irreconciliables con los de los trabajadores de cuello azul. Pero sea cual sea la narrativa con la que se simpatice, cada una de ellas tiene una cosa en común: los argumentos y la retórica se han mantenido en gran medida igual desde 2012, la última vez que el partido estuvo a punto de sufrir un colapso público.

Hoy, las divisiones que han asolado al partido durante la última década son más profundas que nunca, con pocas perspectivas de reconciliación. De cara al congreso, tenemos el «Llamamiento por una izquierda popular» publicado el 31 de mayo, que recapitula en gran medida la estrategia de izquierda-populista y antiestablishment planteada por Sahra Wagenknecht durante la última década; la respuesta ecosocialista a la misma, firmada por varios miembros destacados del partido e intelectuales simpatizantes; y otras contribuciones publicadas por funcionarios que ocupan puestos en los gobiernos estatales.

Wagenknecht y sus partidarios quieren un partido que polemice contra el gobierno y se centre en la defensa del estado del bienestar. La mayoría ecosocialista en el aparato del partido, reforzada por la afluencia de jóvenes activistas en los últimos años, aboga por la creación de alianzas entre el movimiento climático y los sindicatos como clave para reactivar su suerte. Cuando Die Linke está en el poder, aunque normalmente como socio menor, el argumento es «simplemente hacer buena política» y dejar que los resultados hablen por sí mismos.

Esta constelación facciosa se ha mantenido unida durante quince años, pero nunca llegó a convertirse en una formación política coherente. Al enfrentarse a una serie de pérdidas catastróficas en los últimos meses, el resentimiento mutuo es ahora peor que nunca. Por ello, parece poco probable que este fin de semana acabe con Die Linke eligiendo una dirección capaz de formular y aplicar una línea de partido con cierta autoridad, aunque eso sea lo que aparentemente todos desean.

Una dirección fuerte y unida sería un avance bienvenido y una condición previa para la supervivencia de Die Linke como fuerza política nacional, pero el actual «conflicto congelado» entre facciones ahora bien arraigadas no se resolverá con unos pocos ajustes políticos. Su posible desaparición del Parlamento, y las implicaciones catastróficas que tendría en toda Europa, apuntan a un malestar más amplio en la izquierda en su conjunto.

Las cicatrices de la derrota

Más que en cualquier otro lugar de Occidente, las fuerzas de izquierda en Alemania han sido moldeadas por, bueno, perder. Ya sea en 1914, 1919, 1933 o 1989, el movimiento socialista alemán -que en su día fue una inspiración y un modelo a seguir para sus compatriotas de todo el mundo- ha sido superado en repetidas ocasiones y ha quedado indefenso mediante una combinación de represión, cooptación y aniquilación directa. Aunque los nazis no lograron exterminar por completo este movimiento, en la República Federal de posguerra se definió cada vez más por su marginalidad cultural y política. Aunque Alemania sigue contando con uno de los movimientos obreros más fuertes del mundo occidental, la «izquierda radical» como fuerza política organizada hace tiempo que dejó de ocupar un lugar significativo dentro de ella.

Eso no quiere decir que no se haya intentado. A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, grupos relativamente pequeños de socialistas del Partido Socialdemócrata (SPD) y del Partido Comunista Alemán (DKP) construyeron redes de delegados sindicales en los centros industriales del país, organizaron academias de trabajadores y trataron de reavivar los antiguos vínculos profundos entre el movimiento socialista y los trabajadores organizados. Sus éxitos, por modestos que fueran, superaron con creces todo lo que la izquierda puede ofrecer hoy en día, pero, trágicamente, fueron más o menos eliminados por el colapso del socialismo de Estado en el Este y, con él, de gran parte de la izquierda marxista y socialista en Occidente.

El distanciamiento actual entre el movimiento obrero y la izquierda radical se cimentó así en la década de 1990. Pero tiene sus raíces en el auge del movimiento autonomista en Alemania Occidental a finales de los años 60 y 70, que, tras un breve y espectacularmente fallido intento de radicalizar la mano de obra industrial, optó por hacer de su marginación una virtud y desarrollar una extensa infraestructura contracultural basada en apartamentos ocupados, los llamados «centros autónomos» y bares y salas de conciertos de izquierdas.

Para esta izquierda, que siguió contando con decenas de miles de personas hasta bien entrada la década de 1990, trabajar en los sindicatos o en la política electoral planteaba el espectro de la integración reformista en el sistema capitalista en lugar de su derrocamiento revolucionario. En consecuencia, las luchas de clase más importantes de la década de 1980 no fueron conflictos como la lucha del IG Metall por la semana de treinta y cinco horas en 1984 -cuando cerca de 60.000 trabajadores se pusieron en huelga durante cinco semanas exigiendo no sólo jornadas laborales más cortas sino también 2,5 millones de nuevos puestos de trabajo-, sino más bien los disturbios del Primero de Mayo en Berlín Occidental tres años después, recordados en gran medida hoy en día por el incendio de un supermercado que, como se supo más tarde, fue cometido por un pirómano totalmente apolítico.

A falta de una alternativa, este tipo de política se convirtió cada vez más en la vía por defecto hacia el radicalismo para los jóvenes de toda Alemania. Ahora, ser «de izquierdas» significaba eslóganes difusos y airados como «Estado. Nación. Capital. Mierda» o «¡Que os quiten el nacionalismo de la cabeza!», expresados en manifestaciones emocionantes pero puramente simbólicas que servían más para aplacar a los propios manifestantes que para cambiar la opinión pública o presionar al gobierno. Más que una fuerza popular que buscaba cambiar la sociedad desde dentro, para muchos, la izquierda radical se convirtió en una especie de fortaleza o refugio de esa misma sociedad y de los males que se le atribuían.

La política de resistencia autonomista puede haberse hecho un hueco en una próspera sociedad fordista, pero no ha sido muy útil a la hora de construir un partido reformista radical con atractivo de masas. Puede que el autonomismo no encuentre una expresión ideológica explícita en Die Linke hoy en día, pero la influencia del periodo es rampante. Lo vemos tanto en la estética subcultural como en la retórica que puede atraer a un público nicho pero que sigue siendo indescifrable para el votante medio, o en la aversión a la disciplina de partido y a un liderazgo fuerte.

En términos más generales, las derrotas del siglo XX se reflejan en la profunda falta de ambición de Die Linke. Si hace quince años superar al SPD electoralmente parecía una perspectiva real, el partido pronto se reconcilió con ser un partido del diez por ciento en el mejor de los casos, una espina en el costado del centro-izquierda que les sobrepasa retóricamente con algunas demandas utópicas, pero no un contendiente serio por la hegemonía en el movimiento obrero, y mucho menos por el poder estatal. De hecho, sólo hace unos meses el partido fundó finalmente un consejo sindical para reforzar sus vínculos con los trabajadores organizados.

Mosaicos y partidos de masas

Independientemente de lo que ocurra con Die Linke en los meses y años venideros, se puede afirmar que la actual cesura marca el final de todo un ciclo de la política de izquierdas en Alemania.

Tras el colapso posterior a 1989, los primeros atisbos de un renacimiento de la izquierda se produjeron a finales de la década de 1990 con el movimiento antiglobalización y la oposición a los bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia. Se aceleró con las protestas contra la guerra de Irak en 2003 y las reformas del mercado laboral del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder un año después, creando el impulso que finalmente dio origen a Die Linke. Sin embargo, a lo largo de este periodo -a diferencia de la experiencia del siglo XX- ninguna fuerza ha sido capaz de imponer algo parecido a un liderazgo político sobre este panorama fragmentado, ni siquiera ha parecido intentarlo.

Durante algo más de una década, el marco dominante para teorizar la forma de la izquierda en Alemania ha sido la formulación eufemística de la «izquierda mosaico», acuñada por primera vez en 2009 por el politólogo Hans-Jürgen Urban. Escribiendo en el punto álgido de la crisis financiera, Urban argumentó que la crisis sistémica del capitalismo había llegado a un punto en el que se había hecho necesario un «cambio de sistema social-ecológico», pero que a su vez requería «un sujeto actuante, una izquierda dispuesta y capaz de actuar», que, por desgracia, «no se veía por ningún lado». Urban atribuyó a la izquierda «signos de parálisis» que le impedían generar ningún capital político a partir de su análisis -técnicamente correcto- de la crisis. Lo mismo ocurrió con los sindicatos alemanes, que, a pesar de su considerable peso económico y social, se vieron limitados por un conservadurismo estructural inducido por su obligación primordial con los puestos de trabajo de sus miembros.

La incapacidad de la izquierda para aprovechar la oportunidad que plantea la crisis del capitalismo exigía la creación de una nueva alianza estratégica entre los sindicatos, el movimiento antiglobalización, las ONG progresistas y lo que Urban denominaba la «izquierda cultural»: artistas, intelectuales y otras figuras públicas de mentalidad progresista. Operando de acuerdo con el «principio de coordinación autónoma», esta Izquierda Mosaico tendría que comprometerse en un proceso de «esfuerzos teóricos colectivos» tanto para desarrollar un análisis de la coyuntura como para empezar a formular una estrategia de resistencia. A medio plazo, Urban esperaba que este proceso pudiera conducir a la revitalización del trabajo organizado, así como «posiblemente ofrecer a la izquierda la oportunidad de volver a ser un faro político de esperanza en el periodo posneoliberal».

Como miembro de la junta directiva del sindicato IG Metall, Hans-Jürgen Urban es probablemente uno de los marxistas más influyentes de Alemania en la actualidad, cuya dedicación al fortalecimiento del movimiento obrero es irreprochable. Pero trece años después de la aparición de su ensayo seminal, cabe preguntarse si esta formulación hizo más daño que bien. Ya sea en Die Linke, en los sindicatos o en la izquierda extraparlamentaria, referirse a la «izquierda mosaico» se ha convertido en una metáfora conveniente para eludir la cuestión de cómo convertirse en hegemónica y, en última instancia, tomar el poder del Estado. Hoy en día, la izquierda no sólo carece de un liderazgo identificable, sino que su ausencia se trata a menudo como un rasgo positivo -o al menos inalterable-.

Mientras tanto, el propio «Mosaico», en la medida en que alguna vez existió, parece estar desmoronándose. La Izquierda Intervencionista, una «organización post-autonomista multicéntrica» fundada en 2005 con la intención de unir las dispersas escenas autonomistas del país en un poderoso movimiento, lleva años deshaciéndose, con capítulos que se disuelven o abandonan la organización y sus movilizaciones características se reducen cada año. Las alas izquierdistas nominales de los socialdemócratas y los verdes, encarnadas por la perfecta transición del antiguo líder de las Juventudes Socialistas, Kevin Kühnert, de disidente de izquierdas a leal funcionario del gobierno, se encuentran ahora atadas a un gobierno que acaba de decidir convertir a Alemania en una potencia militar de primer orden. De hecho, la única parte del mosaico de la izquierda que no ha visto erosionada su influencia en la última década parece ser el IG Metall, que la semana pasada consiguió un aumento salarial del 6,5% para los trabajadores del acero.

Muchas de las tareas que Urban asignó a la Izquierda Mosaico, como el desarrollo de un entendimiento teórico común y una perspectiva estratégica, siguen sin cumplirse. En muchos sentidos, no estamos más avanzados que en 2009. Resulta que algún tipo de centro estratégico -un papel que en su día ocuparon los partidos de masas socialistas y más tarde comunistas- es vital para reunir las distintas corrientes de protesta y oposición de la sociedad y cohesionarlas en una fuerza capaz de desafiar y, en última instancia, capturar el poder del Estado. Los sindicatos son, por supuesto, mucho más débiles que hace décadas, y reconstruirlos no es una tarea sencilla, pero todavía no hemos encontrado ninguna forma organizativa alternativa capaz de igualarla en términos de eficacia y durabilidad. Para Die Linke, esto significaría apelar directamente a los trabajadores que ya están sindicalizados y, al mismo tiempo, hacer campaña entre los no organizados. En este sentido, Urban tenía razón: los partidos socialistas, al no estar atados por el mismo papel estructural que los sindicatos, pueden permitirse abogar por políticas más radicales y hablar directamente con los oprimidos dentro y fuera del lugar de trabajo.

Trágicamente, al convencernos de que tal proyecto ya no era posible o incluso deseable, Die Linke puede haber desperdiciado diez años que podrían haberse dedicado a intentar convertirse en esa fuerza y a experimentar con el tipo de campaña populista que resultó tan exitosa para Jeremy Corbyn, Bernie Sanders o -más cerca de casa- el Partido de los Trabajadores de Bélgica (PTB). Fundado como un pequeño grupo maoísta a raíz de 1968, el PTB inició una transformación fundamental de su cultura de partido y de su perspectiva estratégica a principios de la década de 2000, centrándose en la organización de base a nivel de barrio y haciendo hincapié en su oposición práctica, más que ideológica, a la política gubernamental. Desde entonces, ha pasado de menos del 1 por ciento en las elecciones de 2008 a casi el 9 por ciento en 2019, y actualmente obtiene más del 20 por ciento en algunas zonas de clase trabajadora, al tiempo que multiplica por veinte el número de afiliados.

Bélgica no es Alemania, y el PTB se apresura a advertir que su experiencia no puede ser simplemente copiada en otros países. Pero su trayectoria en los últimos años sirve como testimonio de que el tipo de estancamiento que Die Linke sufrió durante el mismo periodo no era en absoluto inevitable.

Más que una elección por ganar

Lo que ocurra este fin de semana en el congreso de crisis de Die Linke en Erfurt es una incógnita. El tono cada vez más combativo que se está adoptando en las redes sociales sugiere que puede haber algún tipo de escisión, incluso si el resultado sería dos formaciones de grupúsculos, ninguna de las cuales podría reunir los votos necesarios para permanecer en el Parlamento. Como miembro del partido y como alguien profundamente convencido de la necesidad de un movimiento socialista fuerte en todos los niveles de la sociedad alemana, espero que esto no ocurra. No sólo representaría un gran paso atrás para Die Linke, sino que podría significar que el socialismo democrático desaparezca de la escena política durante una década o más.

Sin embargo, el estado calamitoso del partido y de la izquierda en general tiene que servir como una llamada de atención de que la forma en que hemos hecho política durante las últimas décadas es un callejón sin salida estratégico. La movilización de grandes y espectaculares protestas es una actividad digna, pero sin el respaldo de sindicatos capaces de ejercer presión económica y una fuerte presencia en el Parlamento para convertir el sentimiento público en legislación efectiva, rara vez conduce a poco más que una expresión masiva de indignación moral. Por lo general, termina en el agotamiento individual y la retirada colectiva.

Si Die Linke quiere sobrevivir, su prioridad inmediata tiene que ser permanecer en el Parlamento más allá de 2025. Pero incluso para ello, debe identificar y priorizar los sectores de la sociedad en los que puede desarrollar raíces sociales más profundas, con el objetivo a medio y largo plazo de no representar al 5 o al 10 por ciento de la población, sino a la mayoría. El futuro del socialismo democrático, en Alemania y en todas partes, pasa por la construcción de un movimiento de masas de la amplia clase obrera.
Decir eso hoy puede sonar tan exageradamente optimista como que Lafontaine pidiera el socialismo del siglo XXI en 2007. Die Linke no se convertirá en un movimiento de masas de la noche a la mañana y probablemente no en los próximos cinco o diez años. Pero el potencial está ahí.

Puede que Alemania sea una sociedad próspera, pero todavía hay millones de trabajadores que viven con sueldos de miseria, para los que el boom económico de la última década ha significado poco y que siguen luchando por llegar a fin de mes. Sus vidas se han vuelto mucho más difíciles en los últimos meses gracias a la inflación disparada y al aumento de los precios de la gasolina, y ahora mismo, la mayoría de ellos probablemente sienten que el gobierno no se preocupa por ellos en absoluto. Algunos de ellos solían votar a Die Linke, pero ya no lo hacen. Otros nunca han votado para empezar. Desarrollar una nueva estrategia que les dé prioridad sería un primer paso importante para renovar el partido.

Lo mismo ocurre en el frente de la política exterior, por el que Die Linke ha recibido críticas especialmente duras desde la invasión rusa de Ucrania. Aunque los planes del canciller del SPD, Olaf Scholz, de gastar 100.000 millones de euros en nuevo armamento son populares hoy en día, una minoría significativa ve con recelo la nueva política exterior de Alemania, de corte belicista. Su tamaño crecerá inevitablemente a medida que el país resurja como potencia militar tras, como dijo el otro día el presidente del SPD, Lars Klingbeil, «ochenta años de contención». Durante generaciones, la oposición a la guerra y a la militarización ha sido un importante catalizador para la renovación de la izquierda, y hay pocas razones para pensar que no pueda serlo también esta vez.

Con la extrema derecha alemana desorganizada y la clase política unificada detrás de un gobierno cada vez más impopular, las condiciones objetivas para que Die Linke recupere su papel como voz de los desposeídos y empiece a construir un futuro mejor no son tan malas. Pero para que eso ocurra, debe unirse finalmente en un partido socialista unido capaz de hablar con una sola voz. Desde su fundación, Die Linke no ha funcionado como un partido político, sino como un matrimonio de conveniencia entre varias facciones enfrentadas. Una casa dividida no puede mantenerse en pie para siempre. Y si cae ahora, puede que no tenga otra oportunidad de volver a levantarse.

IV. Combustibles

No muchas novedades hoy:

-¿Pánico? El periódico alemán Spiegel informa de que el Ministerio de Finanzas alemán está discutiendo la posibilidad de nacionalizar la parte del Nord Stream 2 que se encuentra en territorio alemán. Las tuberías podrían entonces separarse del resto del gasoducto y utilizarse para construir una terminal de GNL. https://twitter.com/Levi_godman/status/1540256069192146944

-Los precios físicos al contado del carbón europeo (ARA CIF) se disparan hasta un máximo histórico de 424 dólares por tonelada, según Argus, superando el máximo establecido inmediatamente después de la invasión rusa de Ucrania. Hace un año, el carbón europeo cotizaba a poco más de 100 dólares por tonelada. https://twitter.com/JavierBlas/status/1540238159224643584

-Rusia ha desplazado a los saudíes como principal suministrador de petróleo de China y se ha convertido en el 2º proveedor de la India. Mientras, la UE acelera compras de petróleo ruso antes de que entre en vigor el embargo. https://twitter.com/Alex_md9/status/1540223008123518978

-#Gazprom sigue ganando probablemente unos 100 millones de euros al día con las ventas de #gas natural a Europa, en línea con hace un año, y ciertamente más que en los tiempos anteriores a la crisis. Y eso incluso cuando los volúmenes vendidos son sólo el 25% de lo que eran. Fuente:https://twitter.com/tmarzecmanser/status/1539863087880232961

-«Ucrania pidió a Canadá que no permita el regreso a Alemania de una turbina destinada al gaseoducto North Stream 1. La turbina fue trasladada para tareas de mantenimiento. Por su falta, Gazprom redujo en un 60% el flujo de gas hacia Alemania». Como habíamos comentado, ahora están en negociaciones entre ellos a ver qué hacen… https://twitter.com/brunosgarzini/status/1540303732159614977

-Algunos expertos rusos creen que Rusia tardará unos dos años en reorientar totalmente sus exportaciones de petróleo de Occidente a Asia. En cuanto al gas natural, puede llevar mucho más tiempo, ya que los envíos de gas requieren la construcción de costosas infraestructuras. https://twitter.com/ArtyomLukin/status/1539743156748656646

-La licitación de Pakistán para comprar cuatro cargamentos de gas natural licuado en julio recibió una única oferta en medio de la escasez mundial de combustible. Qatar ofreció GNL a casi 40 dólares/mmbtu (¡!). Eso sería un récord para Pakistán si se comprara. https://twitter.com/SStapczynski/status/1539924621533020161

V. Lucha a muerte entre decrecentistas y greennewdealistas

Una nueva entrega del debate en CTXT. En esta ocasión, la respuesta de Bordera y Turiel. Subiendo el tono. El otro día Bordera propuso un encuentro cara a cara en un debate, pero a Emilio Santiago le pareció un formato poco práctico y que solo enconaría las posturas. Parece que prefiere que se debata por escrito. En cualquier caso, esta es la nueva aportación de una de las partes: El Green New Dilema y el ángel de la historia

El Green New Dilema y el ángel de la historia. En busca de respuestas: una respuesta a una respuesta. Juan Bordera / Antonio Turiel 24/06/2022

Hace unos días publicamos en CTXT un texto que tuvo muy buena acogida titulado “España, colonia energética del norte de Europa”. Sin embargo, a tres compañeros (Xan López, Emilio Santiago y Héctor Tejero) les pareció necesario contestarnos en este otro texto. Vayan por delante tanto nuestro agradecimiento por tomar en cuenta la importancia de los temas que tratamos, como nuestra sorpresa ante las formas y el tono de la respuesta, que usa un lenguaje cargado de acusaciones.

En esta respuesta a la respuesta vamos a tratar de evitar caer en ese tono, aunque no sin hablar claro de lo que aquí, creemos, está pasando. A veces se usan palabras muy gruesas para atacar una parte del discurso con la intención de compensar los vacíos, sabedores quizá, de que las otras partes son irrebatibles. Pero, tal y como reconocen los tres autores, lo que nos une es mucho más grande que lo que nos separa y el problema que nos ocupa es enorme y urgente.

Nuestro artículo exponía una serie de verdades simples y comprobables:

Una, España no podrá nunca recibir suficiente gas natural licuado como para poder abastecer el consumo actual de Centroeuropa. No es posible, no hay suficiente gas licuado en el mundo ahora ni lo habrá nunca.

Dos, los planes de que España exporte a Europa en el futuro hidrógeno verde no tienen ningún sentido: la propia Estrategia Europea del Hidrógeno (documento de la Comisión Europea) reconoce que Europa no puede autoabastecerse de hidrógeno verde, y España tampoco. El informe del Grupo III del IPCC publicado en abril dice textualmente que la tecnología del hidrógeno verde no está madura para su implementación masiva. No puede haber una industrialización masiva, ni de España ni de Europa, vía el hidrógeno verde.

Tres, la idea repetida desde instancias europeas en las últimas semanas de que España debe ser la fuente de energía de Europa y exportar hidrógeno verde hacia el interior del continente, por lo expuesto en el punto anterior, solo se podría conseguir depauperando energéticamente a España con la excusa de la “solidaridad”. No tenemos suficiente energía como para autoabastecernos de hidrógeno, ¿qué pasará si encima exportamos?

Cuatro, si delante de estos hechos evidentes Europa insiste en que les debemos exportar hidrógeno (a pesar de que nos empobrecería energéticamente, a pesar de que incrementaría nuestro estrés hídrico, a pesar del enorme despliegue de instalaciones y ocupación del territorio que se requeriría), nuestra conclusión es que Europa nos quiere tratar como a una colonia energética, un territorio subordinado para mayor gloria de la metrópolis, y en línea con lo que Alemania ya está fraguando en sus acuerdos comerciales sobre hidrógeno verde en África. Hechos ya documentados por muchas otras fuentes y a los que hay que añadirles un dato a modo de coda.

Coda: España es el país europeo con mayor riesgo de desertificación. Habitamos el país europeo que más debería alzar la voz contra las propuestas gatopardistas que buscan cambiar algo para que nada cambie realmente. Somos el país que más va a sufrir si no se produce un giro de 180 grados en cómo se concibe el sistema socioeconómico, sea colonia o no. Un país que debería ser más valiente que otros, y quizá en no atreverse a serlo se encuentre uno de los principales motivos de que esa izquierda que tanto les preocupa a Emilio, Xan y Héctor no levante cabeza, pero ese es otro tema.

Volvamos a la réplica: en ella, sus autores manifiestan una preocupación por “qué marcos de interpretación social alimenta y cuáles tapona” nuestro texto. Una frase perfecta para introducir el debate que de fondo se está dando entre los dos textos, aunque se quiera obviar: el debate sobre Green New Deal (GND) y decrecimiento. Que no es un debate falso ni nada que se le parezca: es un debate imprescindible.

Emilio Santiago en solitario, en este otro texto mucho más respetuoso y lúcido, argumenta que ambas partes están condenadas a entenderse –algo que uno de nosotros ya argumentó hace un par de años aquí–, pero hay una clave que omite: el Green New Deal está asegurado; el Decrecimiento –lo que la teoría económica defiende–, no.

En el hipotético caso de llegar a un mundo de reparto de la riqueza, de reducción del uso de materiales y de energía pero también de la jornada laboral, habrá que haber pasado por una transición energética de emergencia que se puede asimilar a lo que algunos defienden como GND, pero al revés no está garantizado. Lo que la élite va a defender como GND no incluye las ideas decrecentistas ni por asomo, que son las que habrá que pelear (incluso en el foro económico mundial).

Por eso nuestro texto trata de taponar el marco sobre el cual se asienta el GND, por ser un marco fértil para grandes empresas y fondos de inversión, que va a hacer que la transición más crucial de la historia de la humanidad se acometa con la misma mentalidad que ha generado el problema. Y que podríamos definir como “tecno-optimismo en busca del beneficio a corto plazo”. Suerte para quién pretenda argumentar que el GND puede realmente escapar a esa mentalidad.

Además, la réplica está plagada de falacias. Vayamos por las más graves:

La comparación con Noruega: en el artículo se intenta ridiculizar el argumento de España como colonia energética con un argumento tramposo que es la base de su razonamiento: que hay otros países que exportan energía y eso no les convierte en colonias, para el cual usan el ejemplo de Noruega. La cuestión de fondo es que se usa un argumento que no es el nuestro para ridiculizar el todo. Una falacia de la simplificación en toda regla.

De un plumazo, la amenaza de la desertificación, las lógicas en las que está inserta España en la Unión Europea, o el convertirnos en territorio periférico de sacrificio, como lleva advirtiendo la antropóloga Yayo Herrero mucho tiempo, desaparecen del texto –muy convenientemente– para los autores de la réplica.

Nosotros no hablamos de colonia simplemente por exportar energía, hablamos de colonia porque estamos a expensas de lo que se decida desde unas posiciones de poder y desde unos intereses que no tienen arraigo alguno en el territorio, y a las que no les va a importar seguir con recetas que, al no cuestionar el modelo, en ningún caso podrán evitar que lleguemos a 3ºC de aumento de temperatura para fin de siglo, como ya pronostican los autores del IPCC. 3ºC, que en la Península Ibérica serían cerca de 5ºC. Territorio prácticamente inhabitable. Noruega no tendrá esos problemas en sus latitudes y tiene el mayor fondo soberano del mundo. Las comparaciones son odiosas, más aún cuando son tan convenientes.

Otra crítica que es cuanto menos curiosa es la denuncia de que nuestro texto puede alimentar a proyectos “nacionalistas energéticos de corte reaccionario”. La comparación con Le Pen tiene la misma validez que aquella que buscaría atacar a los vegetarianos porque Hitler supuestamente lo fue. Es decir, cero. No tiene sentido.

Por supuesto que se puede criticar el modelo actual de implantación de energías renovables sin que esto te convierta en reaccionario. Por supuesto que se pueden buscar fórmulas comunicativas para que la problemática llegue también a gente más hacia el centro o incluso a la derecha.

Porque lo más llamativo es que esa argumentación antipopulista la hacen dos miembros del proyecto político que se autodenomina Más País. Un proyecto político que, con sus aciertos y sus errores, no solo no escapa de esas formas que sus autores ven en nuestro texto, es que directamente son las suyas.

Aprovechando que los autores han decidido citar a Walter Benjamin, al final de su texto, citaremos uno de los párrafos más conocidos y visionarios del autor alemán: “Hay un cuadro de Klee que se titula Angelus Novus. Se ve en él un ángel, al parecer en el momento de alejarse de algo sobre lo cual clava su mirada. Tiene los ojos desorbitados, la boca abierta y las alas extendidas. El ángel de la historia debe tener ese aspecto. Su rostro está vuelto hacia el pasado. En lo que para nosotros aparece como una cadena de acontecimientos, él ve una catástrofe única, que arroja a sus pies ruina sobre ruina, amontonándolas sin cesar. El ángel quisiera detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo destruido. Pero un huracán sopla desde el paraíso y se arremolina en sus alas, y es tan fuerte que el ángel ya no puede plegarlas. Este huracán lo arrastra irresistiblemente hacia el futuro, al cual vuelve la espalda, mientras el cúmulo de ruinas crece ante él hasta el cielo. Ese Huracán es lo que nosotros llamamos Progreso”.

Y con esto llegamos al final, a la parte del artículo más atroz: “El artículo que nos ocupa ha despertado nuestras alarmas porque deja entrever un cierto deje conspiranoico”. Aquí está la clave del texto. Si se busca hacer de menos a nuestro artículo, solo se puede hacer buscando engrandecer pequeñas disputas, ridiculizando matices, porque en el grueso del texto no pueden más que coincidir. ¿Pero sabéis cuál es el verdadero motivo de que nos acusen de despolitizadores, reaccionarios o conspiranoicos? Pues que en el fondo es la única manera que tienen de disimular sus propios desengaños. Donde ellos ven conspiraciones nosotros vemos el simple devenir del capitalismo, ese al que el Green New Deal es tan funcional. 

Donde ellos ven simples molinos eólicos, nosotros vemos gigantes, sí, pero gigantes transnacionales y fondos de inversión tratando de exprimir al territorio todo lo que puedan. Quijotesca denuncia la nuestra. Aunque somos los primeros que hemos reconocido que “algún macroparque habrá que hacer”, pero, por favor, no desde la mentalidad equivocada.

Los autores, eso sí, al menos reconocen lo siguiente sobre el modelo de renovables que se pretende implementar: “Al mismo tiempo, un marco de lucha tan justificado y legítimo como preñado de peligros”.

Benjamin, a través de su Angelus Novus, habría mandado sin duda al Green New Deal a las ruinas de la historia, por considerarlo parte de ese huracán que convino en llamar “progreso” y que nos está enterrando a cámara lenta, aunque de momento el espejismo aguante. 

El mismo autor también dejó escrito sobre el ascenso del nazismo en el siglo XX: “Nada ha corrompido tanto a los obreros alemanes como la opinión de que estaban nadando con la corriente. El desarrollo técnico era para ellos la pendiente de la corriente a favor de la cual pensaron que nadaban”.

El Green New Deal y el Decrecimiento no son tan diferentes, si se sabe de lo que se habla. Y están condenados a entrelazarse. Pero es clave buscar una salida del imaginario tecno-optimista que lo domina todo, es clave huir del mito del progreso que no nos deja ver más allá, y es clave que abandonemos la fe en el crecimiento perpetuo en un planeta finito. Solo uno de los dos términos sirve para esas tres batallas cruciales para las que ya no queda apenas tiempo.

VI. El bloqueo de Kaliningrado.

Los rusos se lo han tomado muy, muy mal, y ha sido portada en la prensa rusa durante días. Dicen que la respuesta no será diplomática sino práctica. Los lituanos creen que dejarán de suministrarles electricidad -sí, también en eso dependen de Rusia-. El otro día un participante en uno de esos programas de la noche de máxima audiencia, pedía la guerra con los bálticos, la única forma de evitar

Como no podía ser de otra forma, Gran Bretaña apoya a Lituania, o eso dice la inefable Liz Truss: https://twitter.com/trussliz/status/1539629020379332609

Pero en cambio la UE, en un primer momento, se puso de perfil: «Dado que Lituania ha comenzado a aplicar las sanciones de esta manera, significa que deben interpretarse así», dijo el portavoz de la Comisión Europea Eric Mamer. https://twitter.com/Levi_godman/status/1539206398747283458. Ahora, a través de Borrell, parece querer recoger algo de cable: «No queremos bloquear ni impedir el tráfico entre Rusia y Kaliningrado». Las medidas de la UE deben aplicarse «de forma inteligente». «[Hay] dos objetivos: impedir que se eludan las sanciones y no bloquear el tráfico. Ambas cosas deberían ser posibles, y estamos trabajando en ello». https://twitter.com/BhadraPunchline/status/1540218658018164742. Un hilo más largo con mayor contenido de las declaraciones: https://twitter.com/entreguerrras/status/1540048607776313345

VII. La actitud de la población en el Donbás.

No es ningún secreto que buena parte de la población tiene preferencia por Rusia ante el trato que estaba recibiendo en Ucrania. Lo que me extraña es que ahora lo expresan abiertamente incluso delante de los militares ucranianos.

– Una periodista francesa en shock cuando comprueba que hasta 15.000 habitantes de Lisichansk no se quieren ir ni en medio del bombardeo porque esperan a las tropas rusas. Y no se cortan a la hora de expresarlo. Video en francés: https://twitter.com/Circonscripti18/status/1540360555633991681 y en inglés: https://twitter.com/trader__mackie/status/1540336268059414529 (ambas sin subtítulos, lo siento).

– Un soldado ucraniano se queja de que los locales «en territorio ucraniano» no están muy felices al ver soldados de las fuerzas armadas ucranianas, y, en cambio pintan zetas. Le preocupa que los locales estén pasando sus posiciones a los rusos. Claramente, se siente en ‘territorio enemigo’: https://twitter.com/RWApodcast/status/1540314942229848065

– Este señor durante 30 años se ha negado a tener el pasaporte ucraniano y ha conservado el soviético. Hay que decir que en la URSS había dos pasaportes, uno para el extranjero y otro para el interior, con funciones similares a nuestro DNI. https://twitter.com/DaniilSuspended/status/1540194974213591041

– Los habitantes de Vasílievka, en la región ucraniana de Zaporiyia, tapan masivamente la bandera ucraniana en sus coches después de los bombardeos del ejército ultranacionalista de Zelenski. https://twitter.com/Viejo_Topo/status/1540440926169989123

– Pintadas en Odessa: «Odessa es una ciudad rusa».

Fuente: https://twitter.com/carnalcrow/status/1540044535996317697 (más imágenes en el hilo)

VIII. Popurri internacional.

-Al gobierno búlgaro no le ha ido muy bien tras perder el suministro de gas al no querer pagar en rublos y seguir al pie de la letra la doctrina otanista: acaba de caer. Y al presidente saliente le ha faltado tiempo para acusar a ‘la mafia’ -omnipresente, por otra parte-, y al embajador ruso: «Bulgaria estaba a punto de votar sanciones contra Rusia Resultado 1: Rusia deja de suministrar gas. Resultado 2: Inflación 15,6%. Resultado 3: El gobierno búlgaro fue derrocado ayer por una moción de censura en la asamblea nacional por los malos resultados económicos.» https://twitter.com/FierroFortis/status/1540029656514060290

-Se acaba de celebrar la reunión de los BRICS. Argentina ha pedido formalmente el ingreso. Modi quiere que la cosa no vaya demasiado rápido. Como Putin ‘está aislado internacionalmente’, en la prensa otanista no se ha podido hablar demasiado de esta reunión. El vídeo con las intervenciones lo han prohibido: https://twitter.com/pascual_serrano/status/1540014748149874690

-Francia y Alemania presionaron durante meses a los países de la Unión Africana para que organizasen una intervención por videoconferencia con Zelenski. Al final aceptaron la semana pasada. Asistieron, literalmente, cuatro -y uno es Libia, así que a saber qué facción es la que lo vio-. De cincuenta y uno. El 93% tenía otras cosas que hacer en ese momento:

https://twitter.com/Filomen03258997/status/1540323247358623744

-Declaraciones de un africano para la CNN: «Por primera vez nos encontramos con gente blanca que nos trataba como seres iguales. Rusia es nuestro amigo. El enemigo de nuestro amigo es nuestro enemigo».

https://twitter.com/thesiriusreport/status/1540596702717136896

-Ante la ineficacia de las tropas francesas para hacer frente al terrorismo yihadista, ciudadanos de Burkina Faso acuden a concentración para exigir la retirada de las tropas de Francia del país y la entrada de tropas rusas. Igual no son muchos, pero banderas rusas no les faltan:

https://twitter.com/Viejo_Topo/status/1539179051734155264

-Diputados italianos muestran en la cámara carteles contra la ayuda militar a Ucrania: «Stop al envío de armas a Ucrania», «Más del 70% de los italianos no quieren que se envíen armas a Zelenski».

https://twitter.com/PelmeniPusha/status/1539673925289971712

-No sé si es muy normal, pero Biden lleva una chuleta en la que le dicen todos los pasos que tiene que dar en una intervención. Del estilo: «Entras en la sala Roosvelt y saludas a los participantes. Te sientas en TU silla…». https://www.dailywire.com/news/you-take-your-seat-bidens-notecard-has-step-by-step-instructions-for-everything-like-walking-into-room-and-sitting-down?%3Futm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=dwtwitter

– Igual algunos polacos también son un poco nazis. Van enganchando por ahí estas pegatinas: «Rusia y los rusos. Él único gas que vuestro país se merece es el Zyklon B». Fuente: https://twitter.com/Levi_godman/status/1539936025451143169

-Desmontaje de McDonalds en Rusia. No os lo perdáis: https://twitter.com/mijamart88/status/1540412558858928128

IX. Los precios de la energía se duplicarán o triplicarán el próximo

Para que no tengáis que entrar en El español de Pedro J, ya me sacrifico yo para pasaros este artículo con las declaraciones del ministro alemán de economía -de ‘Los Verdes’: https://www.elespanol.com/invertia/empresas/energia/20220624/alemania-advierte-putin-europa-duplicaran-triplicaran-invierno/682681921_0.html

Alemania advierte del plan de Putin para Europa: «Los costes de la energía se duplicarán o triplicarán este invierno». Rusia no solo ataca a Ucrania, su objetivo es dividir a Europa, empobrecer a la población y parar su industria, según Alemania.

24 junio, 2022 13:20 Laura Ojea

Se recrudecen las relaciones entre los países europeos y Rusia. El Kremlin va cortando cada vez más el grifo del suministro de gas en un intento de evitar que la UE llene sus reservas para sobrevivir al invierno. Pero el ministro alemán de Economía, Robert Habeck, ha sido muy claro con su mensaje a la población: La estrategia de Vladimir Putin es dividir el país.

«Alemania se dirige a una escasez de gas si los suministros de gas rusos se mantienen tan bajos como ahora, y ciertas industrias tendrían que cerrar si no hay suficiente para el invierno», ha advertido en una entrevista publicada en la revista Der Spiegel.

«Las empresas tendrían que detener la producción, despedir a sus trabajadores, las cadenas de suministro colapsarían, la gente se endeudaría para pagar sus facturas de calefacción, esa gente se volvería más pobre«. Añadiendo que «era parte de la decisión del presidente ruso».

Este es «el mejor caldo de cultivo para el populismo, que pretende socavar nuestra democracia liberal desde adentro», dijo Habeck, y agregó que no se debe permitir que los planes de Putin funcionen. Habeck ofreció la perspectiva de un mayor alivio para las empresas y personas afectadas por la falta de gas, pero advirtió que no sería posible absorber todos los efectos, informó Der Spiegel.

Los consumidores podrían duplicar o triplicar sus costes de energía, que en algunos casos ya son entre un 30% y un 80% más altos debido a los aumentos de precios desde el otoño pasado, dijo Klaus Mueller, jefe del regulador de la red Bundesnetzagentur de Alemania, a la emisora ARD el viernes.

El regulador ha considerado varios escenarios, dijo Mueller, y la mayoría de ellos «no son agradables y significan muy poca gasolina al final del invierno o situaciones ya muy difíciles en otoño o invierno«.

X. Situación militar

1. Vuelve el parte de guerra ruso: https://guerraenucrania.wordpress.com/2022/06/24/parte-de-guerra-24-06-2022-fin-del-caldero-gorskoye-zolotoye/

-Mapa fijo a las 00:00 de hoy: https://twitter.com/War_Mapper/status/1540496786816745472

-El mapa animado del día 24 aún no lo he visto en Twitter. Si lo publican luego, lo añado.

En algún periódico ruso ya dicen que las zonas de viviendas de Lisichansk están en manos rusas. Faltaría, como siempre, la zona industrial. Pero no hay ninguna confirmación oficial. Si finalmente ocurre, es posible que el nuevo mapa de operaciones militares sea así:

Fuente: https://twitter.com/RWApodcast/status/1540469272132067330

Los ucranianos se retirarían a la línea Seversk – Bakhmut (Artemovsk) que es posible que no durase mucho, y luego la mucho más dura Slavyansk-Kramatorsk-Druzhovka-Konstantinovka-Torez.

Para que no lo olvidemos, por cierto, dicen que la línea de frente tiene 2450 km. Que sería algo como esto [gràfico anterior]

2. El mapa de Rybar del día 24: https://twitter.com/PhantomRE6/status/1540622798674092032

Javier Cortines entrevista al historiador Raimundo Cuesta Fernández, sobre su libro “Unamuno, Azaña, Ortega, tres luciérganas en el ruedo ibérico” [y III]

«Ortega creía, en privado, que España había sufrido una revolución comunista y que el levantamiento quirúrgico de 1936 evitó la peste revolucionaria». Publicado en rebelión, 9/06/2022. https://rebelion.org/ortega-creia-en-privado-que-espana-habia-sufrido-una-revolucion-comunista-y-que-el-levantamiento-quirurgico-de-1936-evito-la-peste-revolucionaria/ Continuar leyendo «Javier Cortines entrevista al historiador Raimundo Cuesta Fernández, sobre su libro “Unamuno, Azaña, Ortega, tres luciérganas en el ruedo ibérico” [y III]»

Pasos a la Izquierda entrevista a Rafael Poch de Feliu: “En esta guerra no hay parte inocente, aunque puede discutirse el nivel de responsabilidad de cada cual”

Publicada en blog del autor, 24/06/2022.https://rafaelpoch.com/2022/06/24/en-esta-guerra-no-hay-parte-inocente-aunque-puede-discutirse-el-nivel-de-responsabilidad-de-cada-cual/#more-985 Continuar leyendo «Pasos a la Izquierda entrevista a Rafael Poch de Feliu: “En esta guerra no hay parte inocente, aunque puede discutirse el nivel de responsabilidad de cada cual”»

Christopher Mims: “Amazon sabe cómo bajar el ritmo de trabajo para prevenir lesiones. Pero quizá dejaría de ganar dinero” por Jordi Pérez Colomé

Publicado en El Pais, 24/6/2022. “Un libro del periodista estadounidense analiza la increíble sofisticación alcanzada por la industria logística, donde esta empresa es líder y a menudo el más perjudicado es el trabajador de almacenes”. Continuar leyendo «Christopher Mims: “Amazon sabe cómo bajar el ritmo de trabajo para prevenir lesiones. Pero quizá dejaría de ganar dinero” por Jordi Pérez Colomé»

Carta abierta de Maurizio Vezzosi al redactor jefe del «Corriere della Sera» Dr. Luciano Fontana a la subdirectora Fiorenza Sarzanini a la Sra. Monica Guerzoni

Maurizio Vezzosi, analista y periodista independiente. Colabora con RSI Televisione Svizzera, L’Espresso, Limes, el Atlas Geopolítico de Treccani, el centro de estudios Quadrante Futuro y otros periódicos. Ha informado sobre el conflicto ucraniano desde los territorios insurgentes contra el gobierno de Kiev, documentando la situación en el frente. Continuar leyendo «Carta abierta de Maurizio Vezzosi al redactor jefe del «Corriere della Sera» Dr. Luciano Fontana a la subdirectora Fiorenza Sarzanini a la Sra. Monica Guerzoni»