Excepcional escritura con gran finura analítica

Reseña de Federico Mare, Ensayos misceláneos, Mendoza: Ediciones Culturales de Mendoza-Ediciones de El Amante Universal, 2021; F. Mare, El éxodo galés a la Patagonia. Orígenes, trasfondo histórico y singularidad cultural de YWladfa, Mendoza: ENCUYO, 2019, ilustraciones de Mar Allogia.

Estos dos libros de Federico Mare, un pensador y escritor que merece ser conocido mucho más entre nosotros, de heterogéneas temáticas, tienen algo en común: la deslumbrante escritura, la finura del análisis, la hondura de la perspectiva. Continuar leyendo «Excepcional escritura con gran finura analítica»

Deslumbrante edición

Reseña de: José Ortega y Gasset, La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva/ Del optimismo en Leibniz, Madrid: CSIC-Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, 2020, 745 páginas (edición de Javier Echevarría).

Tómese esta reseña como una incitación a la lectura (a poder ser en compañía, en un seminario por ejemplo) del libro de Ortega. No puede ser otra cosa en este breve espacio.
Deslumbrante edición pero no solo por el contenido (un Ortega desconocido para mí, con amplios y profundos conocimientos de ciencia y teoría del conocimiento-epistemología) sino por el objeto-libro en sí. ¡Da gusto mirarlo, tenerlo entre las manos, ojearlo, pararse aquí o allá, observar las fotografías finales,…!
Una advertencia del editor que comparto: “Numerosas comentaristas, tanto españoles como extranjeros, han subrayado la gran relevancia filosófica [y dificultad] de La idea de principio en Leibniz. Sin embargo, también han sido muchos los que han considerado que el título puesto por Ortega solo responde parcialmente al contenido real de su obra publicada”. Julián Marías fue el primero en señalarlo. Con sobrada razón.
Sobre el contenido de la edición: Presentación (del editor, de Javier Echevarría), tres estudios introductorios (“Ortega en 1947”, Jaime de Salas; “El Leibniz de Ortega”, Concha Roldán; “Encuentros de Ortega con Leibniz”, Javier Echevarría); La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva (Ortega, que lo escribió de corrido durante ocho semanas en Lisboa en 1947, tuvo en mente otros títulos: “El principalismo de Leibniz y algunos problemas anejos”, por ejemplo), Del optimismo de Leibniz (inicialmente una conferencia), y el plato fuerte de la edición: “Manuscritos inéditos de Ortega relativos a Leibniz a partir de las notas de trabajo que se conservan en el archivo Ortega y Gasset: C1: Léxico leibniziano. C2. Acotaciones de lectura de los Nuevos Ensayos de Leibniz. C3. Apuntes preliminares utilizados por Ortega para redactar La idea de principio en Leibniz. C4. Correcciones y adiciones incorporadas por Ortega en las pruebas de imprenta. C5. Notas relacionadas con la conferencia “Del optimismo en Leibniz”. C6. Notas de trabajo sobre “lo mejor”. C7. Notas de trabajo sobre Descartes y Leibniz, relacionadas con “La idea de principio en Leibniz”. C8. Anotaciones para las lecciones de Ortega sobre Leibniz en cursos universitarios. C9. Legajo Leibniz. C10. Elenco bibliográfico de libros utilizados por Ortega que contiene marginalia, Finalmente: Bibliografía, índice de nombres propios e índice de términos (¡excelente!, ¡muy útil!) e imágenes, pp. 733-745 (de la primera hoja del manuscrito de “La idea de principio en Leibniz” por ejemplo).
Tres ilustraciones de estos “manuscritos inéditos”: 1. 393. Literatura y filosofía. Hoja 14/5/2-23. “Es ridícula la tergiversación del carácter de mi obra que ha cometido la generación siguiente a la mía, incluso mis discípulos más próximos. Porque es bien evidente que no se trata de algo que se da como filosofía y resulta ser literatura, sino, por el contrario, de algo que se da como literatura (y aun de periódico) y resulta ser filosofía”. 2. 400. Críticas a Heidegger. Hojas 14/5/2-41 y 2/42. “Es inconcebible que en un libro [Ser y tiempo] donde se pretende “destruir la historia de la filosofía”, en un libro, pues, compuesto por un tonso Gedeón [modificado en el libro por “un tonto y furioso Sansón”] no se encuentre la menor claridad sobre lo que significa ser y encontramos ese término en ricas variaciones de flauta, como sentido del ser, Sein-sinn, como manera de ser, Seinsweise, como Sein der Seinden, o ser de los entes (en este caso, tampoco sabemos si Seiende significa entes o cosas, lo que sería muy diferente), etc…”. 3. 405. Punto. Hoja 14/5/2-52. “Euclides “Punto es lo que no tiene parte”. Por fortuna Euclides no hace nunca uso de esta definición. Se ha observado muchas veces lo improcedente de esa definición porque hay muchas cosas que no tienen partes y no son puntos -el alma, Dios. Yo añadiría: el continuo y también esto: lo que no hay, porque lo que no hay; lo que no es nada, no tiene partes. Pero además me parece un estupendo cuadrado redondo. Porque -y es lo que falla en la definición- se supone que es algo extenso, pero sin partes.”
La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva fue publicado inicialmente por la editorial Emecé de Buenos Aires en 1958 (Ortega había fallecido tres años antes, el 18/10/1955). Se incluyó como apéndice la conferencia “Del optimismo en Leibniz” (1947), publicada por el propio Ortega en 1948. La edición incluía un artículo, “Renacimiento, humanismo y contrarreforma” que fue desechado finalmente por el propio autor. No se recoge en la última edición en 10 volúmenes de las Obras Completas y, por ello, no se incluye en esta edición preparada por Javier Echevarría. ¿Dónde radica entonces la novedad de la edición? La principal novedad, remarcamos, es la publicación por vez primera de “587 notas de trabajo que hasta ahora han permanecido inéditas en el Archivo Ortega y Gasset, pese a que están en relación directa con el libro sobre Leibniz o con su conferencia sobre el optimismo”.
Echevarría señala que esas notas son importantes y merecen ser conocidas por el público por varias razones. Las resumo: 1. Bastantes de ellas fueron usadas para escribir el libro. 2. Ilustran sobre las fuentes usadas por Ortega para escribir su ensayo. 3. Muestran con claridad cómo trabajaba Ortega cuando se decidía a escribir una gran obra filosófica. 4. Algunas de las notas muestran las modificaciones que hizo Ortega a su redacción inicial.
Hay una quinta razón, observa Echevarría, la más importante, que justifica plenamente el interés de todos esos materiales inéditos. “En algunos pasajes de su libro publicado Ortega anunció que se trataba del primer volumen de lo que sería una obra más amplia sobre Leibniz. A La idea de principio en Leibniz debería seguirle un segundo volumen sobre el principio de razón suficiente y luego un tercer volumen sobre el principio de lo mejor. Pues bien, varias de las notas que ahora se publican por primera vez tienen que ver con el contenido de lo que hubieran podido ser esos dos volúmenes posteriores, que Ortega nunca llegó a escribir”. A través de estos documentos no solo cabe seguir “el modo pensar y trabajar de Ortega a la hora de escribir un libro filosóficamente denso, aunque muy bien escrito, sino que también se puede vislumbrar algo de lo que hubieran podido ser esos dos libros posibles, por decirlo en términos leibnicianos”.
Tres observaciones finales:
1. Es extraño que en el apartado D.3, “Obras sobre Ortega”, de la bibliografía no se haya incluido El maestro en el erial de Gregorio Morán.
2. En el apartado D.6, “Obras sobre Leibniz”, no se han incluido dos trabajos de alguien que, en su momento, fue uno de nuestros grandes conocedores de la obra de Leibniz, Manuel Sacristán Luzón. También Miguel Sánchez Mazas, con quien se carteó, siendo Leibniz el protagonista.
3. El editor ha anotado los Manuscritos inéditos con informativas y eruditas explicaciones, siempre de interés, que ennoblecen la edición, y ha decidido no acompañar con notas los dos ensayos de Ortega. En mi opinión, no hubieran estado de más anotaciones que acompañaran e hicieran más digerible pasajes, en absoluto fáciles, de los dos textos orteguianos. Se dirá que no estamos propiamente ante una edición crítica y que la tarea hubiera incrementado aún más las páginas de esta voluminosa edición. Y se dirá con razón. Pero es una pena.

Fuente: Una versión reducida de esta reseña se publicó en El Viejo Topo, abril de 2022.

Desde un punto de vista crítico y documentado

Reseña de: Rafael Poch de Feliu, La invasión de Ucrania, Barcelona: Contextos-¡Movilizaos!, 2022, 93 páginas.

Interesante libro de Rafael Poch de Feliu [RPdF] que deseamos sea anuncio de un estudio más extenso y detallado del que ya tenemos numerosas muestras en su blog: https://rafaelpoch.com/. Su preocupación poliética central está recogida en sus palabras de cierre: “En un siglo que exige la más estrecha cooperación e integración internacional para afrontar los retos, la humanidad asiste a esta criminal pérdida de energía, vidas y tiempo. Un tiempo del que no disponemos y que estamos malgastando como especie.” Continuar leyendo «Desde un punto de vista crítico y documentado»

Sobre el codirector de una gran orquesta de emancipación humana

Reseña de: Óscar Martínez (coordinador), Friedrich Engels. Dialéctica, naturaleza y crítica de la economía política. Lima: Editorial Ande, 2021, 630 páginas.

Es muy fácil para ti hablar. Puedes acostarte en la cama y estudiar las condiciones agrarias rusas en particular y la renta en general sin nada que te moleste; pero yo debo sentarme en el duro banco, beber el frío vino, interrumpir de repente todo de nuevo y abordar al aburrido Dühring.
Friedrich Engels

A lado de Marx, escribió Engels en 1884 a un viejo amigo, “me correspondió el papel de segundo violín”. Otra prueba de su modestia, una de las principales virtudes del filósofo, del intelectual concernido. Sin embargo, el joven autor de La situación de la clase obrera en Inglaterra fue mucho más que eso: un codirector de lo que con el tiempo sería una orquesta, una potente tradición político-filosófica internacional e internacionalista, la engelsiana-marxista (del mismo modo: Obras de Engels y Marx, no obras de Marx y Engels), un potente y sensible pensador práxico que, con apenas 18 años, escribía –al igual que Marx- su carta al padre en los siguientes términos: “La pobreza terrible prevalece entre las clases bajas, particularmente los trabajadores de la fábrica de Wuppertal; la sífilis y las enfermedades pulmonares están tan extendidas que apenas son creíbles; solo en Elberfeld, 1.200 niños de un total de 2.500 en edad escolar se ven privados de educación y crecen en las fábricas, simplemente para que el fabricante no tenga que pagar a los adultos, cuyo lugar ocupan, el doble del salario que paga a un niño. Pero los fabricantes adinerados tienen la conciencia tranquila, ya que causar la muerte de un niño más o menos no condena el alma de un pietista al infierno, especialmente si va a la iglesia dos veces cada domingo. Porque es un hecho que los pietistas entre los dueños de las fábricas son los que peor tratan a los trabajadores; usan todos los medios posibles para reducir los salarios de los trabajadores con el pretexto de privarlos de la oportunidad de emborracharse; sin embargo, en la elección de los predicadores, siempre son los primeros en sobornar a la gente” (traducción de Nicolás González Varela). El padre de Engels era pietista.
Paul Blackledge ha comentado recientemente que, entre los académicos angloparlantes (y no solo entre ellos), la valoración usual de los escritos filosóficos de Engels había sido hasta hacía muy poco casi totalmente negativa. Se había tendido a juzgarlo como un fracaso filosófico, como un simple aficionado cuyo diletantismo cargó a las izquierdas marxistas del siglo XX con una triple cruz: “una ontología reduccionista, una epistemología positivista y una política fatalista”. Según esa línea de interpretación, el problema nodal del pensamiento de Engels fue su aceptación del concepto hegeliano de una dialéctica de la naturaleza que, aparentemente, le habría llevado “a atribuir características humanas de intencionalidad a la naturaleza mientras adjudicaba las (supuestas) características mecánicas de la naturaleza a los asuntos humanos”.
Pues bien, el libro que el lector/a tiene entre sus manos (o en su pantalla) es una falsación a la totalidad, si bien no apologética, de esa aproximación unilateral (y en ocasiones muy indocumentada) a la obra del amigo, compañero y camarada de Karl Marx. Para alguien tan bien informado y ecuánime como J. B. S. Haldane, Engels fue “probablemente el hombre más educado de su época”: No solo tenía un conocimiento profundo de la economía y la historia, sino que sabía lo suficiente como para discutir el significado de una oscura frase latina sobre la ley romana del matrimonio, o los procesos que tienen lugar cuando un trozo de zinc impuro se sumerge en ácido sulfúrico. Y se las arregló para acumular este inmenso conocimiento, no llevando una vida de aprendizaje enclaustrado, sino mientras jugaba un papel activo en la política, dirigía un negocio e incluso cazaba zorros”.
Entrando en materia, lo esencial de esta reseña puede ser dicho en los siguientes términos:
1. Friedrich Engels. Dialéctica, naturaleza y crítica de la economía política es un ensayo excelente, deslumbrante en muchas ocasiones, que exige lectura atenta, estudio, subrayados, anotaciones y espíritu crítico, el mismo que muestran todos los colaboradores/as.
2. Es libro para engelsianos y, sobre todo, para no engelsianos e incluso para antiengelsianos no dogmáticos.
2.1. También para filósofos y pensadores de otras tradiciones, especialmente los vinculados a líneas de pensamiento analíticas y postpositivistas.
2.2. Y para activistas, para militantes, que tengan presente en su totalidad la XI sobre Feuerbach, nunca olvidada por el propio Engels.
3. Es ensayo que nos enriquece con muy buenas aproximaciones, como no podía ser de otra forma, a otros grandes gigantes del pensamiento como Aristóteles, Hegel o Marx, por ejemplo.
3.1. También a temáticas tan de nuestro hoy como la (polisémica) dialéctica, el ecologismo o la buena crítica a la economía política.
4. Formulado a la Brecht: hay libros que nos acompañan un día o una semana, y son buenos; hay otros que nos acompañan durante todo un año y son mejores; los hay que están cerca nuestro durante muchos años y son muy, muy buenos, y están, por último, los que acompañan durante décadas y décadas, durante toda la vida. Estos son los imprescindibles. Friedrich Engels. Dialéctica, naturaleza y crítica de la economía política es de estos últimos.
El coordinador Óscar Martínez explica en la presentación la finalidad del libro: “Mucha tinta se ha vertido en torno a este fundamental personaje, tantas veces de manera exagerada, reduccionista y tergiversada. Frente al problema señalado, ¿cómo debemos leer a Engels en pleno siglo XXI? Este libro es un intento de responder esa pregunta tan general que acabamos de formular.” Se trata de presentar las “múltiples y heterogéneas posturas en torno al pensamiento y la obra de una omnímoda figura dentro del marxismo: el general, Friedrich Engels.” Heterogéneas no es adjetivo que esté de más.
El resumen del índice: introducción (del coordinador), prefacio (Marcello Musto), cuatro partes: 1. Las complejas relaciones entre Engels y Marx (con textos de Rogney Piedra Arencibia, José Guadalupe Gandarilla Salgado, Terrell Carver y Héctor Flores Iberico ), 2. Las aventuras de la dialéctica de Engels: alcance y límites (con textos de Helena Sheehan, Nicolás González Varela, Kaan Kangal, Cristian Gillen 3. Las ciencias y la crítica ecológica desde la dialéctica de Engels (con textos de John Bellamy Foster, Fernando Huesca, Kohei Saito y Estefanía Silva Cabrera). 4. Engels: teoría del valor y crítica de la economía política (con aportaciones de Christopher Arthur, Michael Roberts, Roberto Escorcia Romo & Ricardo Reyes Amezcua, Mario Robles Báez y Gastón Caligaris & Guido Starosta) y, por si faltara algo, un anexo con cuatro apéndices (el tercero con nueve reseñas engelsianas sobre el primer libro de El Capital) que contienen textos poco o muy desconocidos de un filósofo que dominaba más de 10 lenguas (el castellano y el catalán, entre ellas).
Sin poder entrar en detalle en los 19 trabajos que componen el libro ni en los apéndices (con impecables traducciones del coordinador, Óscar Martínez, y este gran marxólogo-engelsiano, autor también de uno de los artículos incorporados, Nicolás González Varela), apuntaré, a modo de aperitivo del lector/a, algunas breves consideraciones de una obra en la que, afortunadamente (matiz es concepto), no todos los autores bailan al mismo compás ni tocan la misma música:
1. Algunos de los textos incluidos, especialmente los de las secciones II y III, muestran una densidad filosófica que exige una lectura no precipitada. Solicitan del lector/a paciencia, estudio, relectura, subrayado y reflexión. El premio está garantizado.
2. No conozco ninguna introducción sucinta a la biografía político-filosófica de Engels que esté a la altura del sabio y hermoso Prefacio de Marcello Musto. Lo mismo puedo afirmar de las páginas que dedica Nicolás González Varela a la dialéctica del joven Engels, o de las excelentes (imprescindibles) aportaciones de John Bellamy Foster, Kohei Saito y Michael Roberts.
3. No hay idealización-mitificación de Engels ni de la tradición. Un ejemplo entre muchos posibles: “El episodio que involucró las opiniones de Marx y Engels sobre los eslavos debería causar vergüenza, ya que tenían desafortunados prejuicios con respecto a los pueblos eslavos y dudaban de su capacidad para formar estados nacionales viables. Tanto Marx como Engels presentaron en ocasiones puntos de vista como éste que los marxistas contemporáneos no pueden sostener.” (p. 141).
4. Recalquemos la oportuna reivindicación de un marxista italiano, un gran pensador materialista, injustamente olvidado: “Sebastiano Timpanaro evalúa todo el abanico de la literatura anti-Engels, criticando tanto la línea de autores como Fetscher y Schmidt como la de autores como Colletti. Intenta explicar cómo y por qué entran en juego estas tendencias. Su planteamiento es que cada vez que una corriente intelectual particular toma la delantera en la cultura burguesa, ciertos marxistas se apresuran a interpretar el pensamiento de Marx de tal manera que sea lo más homogéneo posible con la tendencia predominante. Timpanaro desprecia bastante el intento de hacer esto contraponiendo un Marx problemático a un Engels dogmático.” (p. 142).
5. Justo y razonable énfasis en la importancia de La situación de la clase obrera en Inglaterra, una obra clásica, una obra imperecedera escrita por el joven Engels con apenas 25 años: “Tal como enfatiza el subtítulo, esta obra está basada en la observación directa y en fuentes genuinas, y Engels escribió en el prefacio que el verdadero conocimiento de las condiciones de vida y de trabajo del proletariado era absolutamente necesario para brindarle un fundamento sólido a las teorías socialistas. En la dedicatoria de su introducción, A la Clase Obrera de Inglaterra, Engels insiste en que su trabajo de campo le dio un conocimiento directo, no abstracto, de las condiciones de vida reales de los trabajadores. Dice que nunca lo discriminaron ni lo trataron como a un extraño, y que estaba contento de ver que la clase obrera carecía de la terrible maldición de la estrechez y la arrogancia nacionales.” (p. 14)
6. Destaquemos el regalo que representa, otro de los muchos méritos del coordinador, haber incluido las nueve reseñas que el compañero de Mary Burns escribió sobre el primer libro de El Capital en el apéndice III.
7. Observemos la admirable sensatez de afirmaciones como la siguiente: “Los fragmentos de un proyecto en el cual Engels trabajó esporádicamente entre 1873 y 1883, publicados bajo el título Dialéctica de la Naturaleza, han sido objeto de una gran controversia. Para algunas personas, esta obra es la piedra de toque del marxismo, mientras que para otras es la principal causa del nacimiento del dogmatismo soviético. En la actualidad debe ser leída como una obra incompleta, que muestra los límites de Engels, pero también el potencial contenido de su crítica ecológica. Mientras que su uso de la dialéctica ciertamente reduce la complejidad teórica y metodológica del pensamiento de Marx, sería incorrecto buscar en Engels -como hizo mucha gente- las causas de todo lo que no nos agrada en los escritos de Marx, o culpar exclusivamente a Engels por los errores teóricos e incluso por las derrotas políticas.” (p. 17)
8. Subrayemos también la cuidada aproximación al dueto Marx-Engels: “Pero de todos los numerosos ataques al supuesto autor del “diamat”, pocos son tan injuriosos y persistentes como el intento de separar, e incluso de contraponer abiertamente a los dos fundadores históricos del marxismo. De esta forma, el “dialéctico” Marx suele presentarte como el fundador del “auténtico” marxismo (i.e., de las tergiversaciones que del marxismo hacen los antiengelsianos), mientras que el “positivista” Engels es presentado como el diseñador del espantajo terriblemente “vulgar” del marxismo soviético con el que estos autores se asustan entre sí. Esta tentativa es doblemente fallida En primer lugar, porque Marx apoyó a Engels en su concepción dialéctica de la naturaleza y, en segundo, porque esta última es un requerimiento indispensable para la concepción materialista de la historia que ambos fundaran. Sólo podemos imaginar el enorme sacrificio que significó para un alma de naturaleza universal y libre como la de Engels el verse confinada por tantos años al “vil comercio” que desmoralizaba su carácter y oxidaba su intelecto con tal de apoyar económicamente a su amigo.” (p. 26)
9. Resaltemos los numerosos e interesantes apuntes de historia de las ideas y de la ciencia: “Más que cualesquiera de sus contemporáneos, Marx y Engels se esforzaron por comprender las implicaciones más profundas de las fuerzas que se agitaban en su época. Estaban en sintonía con el materialismo imperante inspirado en la confianza en los grandes avances de las ciencias naturales, pero también vieron que las ciencias naturales habían llegado a una nueva etapa que exigía que el materialismo también pasara a una nueva etapa. La evolución necesitaba integrarse en la estructura misma del materialismo. Mientras que el siglo XVIII había visto el mundo como un orden de la naturaleza atemporal, el siglo XIX percibía el mundo como un proceso temporal y en desarrollo. El espíritu de la época estaba impregnado de un El espíritu de la época estaba impregnado de un profundo sentido del tiempo y del proceso histórico, un nuevo sentido de la mutabilidad de todo lo que existía. Pero el Zeitgeist aún no había alcanzado la coherencia filosófica Sin embargo, estaba llegando. Mirando hacia atrás en la historia, Marx y Engels creyeron haber descubierto el patrón subyacente, la dinámica interna que empujó implacablemente la historia hacia adelante. La clave estaba en el proceso de trabajo, en el modo de producción, en los medios que los hombres empleaban para procurarse la existencia material.” (p. 93)
10. Contrariamente a lo que en muchas ocasiones se ha afirmado, no fue menor ni superficial la formación científica del “diletante” Engels: “Además, Engels en ocasiones anticipó los descubrimientos científicos del futuro. Señaló la posibilidad de la existencia de materia sin masa en reposo y propuso la teoría del papel decisivo del trabajo en el moldeado de las formas físicas y sociales de la existencia humana. Después de revisar los diversos puntos en los que las ideas de Engels son algo anticuadas, Haldane (1940) observó: “Una vez hechas todas esas críticas, es asombroso cómo Engels anticipó el progreso de la ciencia en los sesenta años que han transcurrido desde que escribió” (p. xii). Sin embargo, lo más importante es la metodología y la concepción general del libro. Mirando hacia atrás en los años que habían pasado entre la época de Engels y la suya, Haldane comentó, además: “Si el método de pensamiento de Engels hubiera sido más familiar, las transformaciones de nuestras ideas sobre física que se han producido durante los últimos treinta años habrían sido más fluidas”.” (p. 103)
11. Merecidísimo homenaje a Wenceslao Roces: “Este propósito nos sirve para recordar la tan importante labor que para la difusión del trabajo de los clásicos del marxismo desempeñó el exiliado español comunista Wenceslao Roces que, luego de la caída de la República, desarrolló dos períodos de su vida en México (hasta su fallecimiento) […] Encontraríamos una notable coincidencia de Wenceslao Roces con el propio Engels; esa actitud de entrega del esfuerzo personal por una especie de valor superior o supremo: la constitución o difusión del marxismo.” (pp. 59-60)
(Cuando el gran poeta sevillano Antonio Machado llegó a Barcelona (España) en abril de 1938, huyendo del fascismo, fue recibido, al igual que otros muchos intelectuales, en el Ministerio de Instrucción Pública y Sanidad por dos grandes personalidades: el ministro Segundo Blanco González y el subsecretario de Estado, Wenceslao Roces).
Unas observaciones marginales para finalizar, para futuras reediciones:
1. Se habla en repetidas ocasiones del primer tomo de El Capital. Tal vez sería mejor hablar del primer libro.
2. Convendría sopesar la posibilidad de incluir algún escrito de un gran engelsiano alemán, Michael Krätke, quien seguro que recibirá con gozo y reconocimiento la edición de este ensayo.
3. Acaso no quede totalmente clara, para el lector/a medio, qué cosa es la dialéctica: ¿un método de investigación?, ¿un método de exposición?, ¿una metafísica general del Ser?, ¿un programa científico-filosófico de investigación?, ¿una teoría del conocimiento?, ¿una lógica alternativa que pretende superar los límites de la lógica formal?,…
4. Las traducciones de obras de Engels (y de otros autores) podían evitar el excesivo uso (germánico) de mayúsculas.
5. La incorporación, ciertamente laboriosa, de un índice nominal-analítico mejoría la edición.
En síntesis: nada sustantivo, pelillos a la mar.
Si, pongamos por caso, yo fuera responsable cultural, profesor universitario o persona encargada de la formación de activistas o militantes no tendría ninguna duda: sugeriría un seminario sobre este libro deslumbrante, apoyado en obras de Engels. La ganancia político-intelectual estaría garantizada; los momentos de puro goce intelectual también.

PS: En nota al pie de página, se cita en varias ocasiones al marxista español Manuel Sacristán Luzón (1925-1985), traductor de Anti-Dühring, de los dos primeros libros de El Capital y de numerosos autores de la tradición engelsiana-marxista: Lukács, Heller, Màrkus, Adorno, Marcuse, Gramsci, Labriola, Habermas, Della Volpe, Korsch, Harich, Zeleny, Geymonat,…. Una de sus más destacadas aportaciones a la tradición fue su presentación a la traducción castellana del Anti-Dühring. Texto fue esencial en la formación de varias generaciones de intelectuales, universitarios y militantes comunistas españoles.

Salvador López Arnal, octubre de 2021.

«Filosofía, lucha de clases y comunismo» por Juan Dal Maso

Publicado en Ideas de izquierda. A propósito de Antología (Esencial) de Manuel Sacristán Luzón (Bs. As., Ed. Marat, 2021), compilado y presentado por Ariel Petruccelli y Salvador López Arnal (Traficantes de sueños distribuye en España los libros de la editorial argentina Marat). Continuar leyendo ««Filosofía, lucha de clases y comunismo» por Juan Dal Maso»