Entrevista a José Luis Martín Ramos sobre Historia del PCE (X)

Entrevista a José Luis Martín Ramos sobre Historia del PCE (X)
La sublevación militar no fue contra Cataluña, sino contra la República democrática y las políticas de reformismo social emprendidas en el bienio de 1931-1933 y reactivadas tras el triunfo del Frente Popular.”

José Luis Martín Ramos es catedrático emérito de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus investigaciones se han centrado en la historia del socialismo y el comunismo. Sus últimas obras son El Frente Popular: victoria y derrota de la democracia en España (2016) y Guerra y revolución en Cataluña, 1936-1939 (2018).
Centramos nuestras conversaciones en su último libro publicado: Historia del PCE, Madrid: Los Libros de la Catarata, 2021, 254 páginas.

Seguimos en el capítulo VI, “El Partido de la revolución popular”, de la segunda parte: “De la soledad al frente popular”. Te cito: “La propuesta del FP como movimiento no era una maniobra hegemonista, todo lo contrario. La defensa más coherente, y cerrada, del FP corrió a cargo de los comunistas”. ¿En qué consistió esa defensa? ¿Qué razones esgrimían los opositores para enfrentarse a esa idea?

Una parte de los socialistas fue al pacto del Frente Popular a regañadientes, y nunca llegaron a compartir el proyecto, por ejemplo Largo Caballero y sus seguidores; otra parte, la que representaba Besteiro, estuvo siempre en contra. Largo Caballero porque su propuesta era estrictamente obrerista; Besteiro por razones contrarias, para él el socialismo tenía que bascular hacia el liberalismo.
Entre los anarquistas se asumió, y no por todos, la unidad antifascista, pero no el concepto de frente popular, que rechazaban doctrinalmente; no obstante, algunos de sus dirigentes y muchos de sus afiliados lo aceptaron como política común.
Solo los comunistas, una parte de los republicanos y una parte de los socialistas, defendieron doctrinal y políticamente la necesidad de esa coalición basada en la defensa de la república democrática, y de entre ellos solo los comunistas insistieron en que no se debía limitar a una coalición partidaria sino que había de articularse el Frente Popular como un movimiento social amplio.

¿Cuál es el origen de la consigna “Resistir es vencer”? ¿Tenían razón Negrín y el PCE en defenderla? ¿Hasta el último momento? ¿No fue, a partir de un determinado momento, una política de desesperación?

Nunca fue una política de desesperación. Esa política respondía a la realidad de los objetivos del bando sublevado, de su rechazo a toda rendición condicionada, de la que Franco dio siempre muestras inequívocas. Las únicas opciones reales ante eso eran la desbandada, que es lo que ocurrió al final de la guerra, o la resistencia, en la expectativa de que la situación europea diera un vuelco que favoreciera a la defensa de la República o que, en el peor de los casos, la imposibilidad de que Franco consiguiera dar el golpe definitivo de una manera rápida ante esa resistencia obligara a sus padrinos internacionales a imponer el alto el fuego y la negociación. No es que Negrín no considerara esto último, sino que pensó –y los hechos le dieron la razón- que eso sólo sería posible manteniendo una mínima posición de fuerza.

Hablas de las maniobras de Labonne, ¿Qué maniobras fueron esas?

El intento de forzar un cambio de gobierno tras el hundimiento del frente de Aragón y Lérida, con la complicidad de Azaña y algunos republicanos -Martínez Barrio, Tarradellas- que asumiera la propuesta mediacionista.

¿Tenía alguna base la consideración de Negrín como un títere del PCE? ¿De quién surgió la acusación? ¿Quiénes la alimentaron?

Es falsa por completo. Fue una mentira argumental de sus rivales en el PSOE, Besteiro, Largo Caballero y finalmente Prieto, después que tuviese que abandonar el gobierno Negrín por su empeño en manifestar públicamente sus posiciones derrotistas que recogió luego la historiografía anticomunista.
Se convirtió en una mentira propagandística a lo Goebbels, que la historiografía después de la guerra mantuvo, sin ninguna base documental y contradiciendo los hechos.

¿Qué opinión te merece la figura de José Díaz? ¿Fue, como a veces se ha dicho, un estalinista servicial?

Como todos los dirigentes comunistas de la época, fue seguidor y admirador de Stalin.
¿Servicial? Es un término despectivo que no me parece pertinente. Fue leal a ese liderazgo que aceptaba y a esa admiración. Pero en ningún momento impuso Díaz un funcionamiento “estalinista” en el seno del PCE, de culto a su persona y de autoritarismo.

Hablas también de la maniobra de ERC, apoyada por una parte de la CNT-FAI, para derribar el gobierno Negrín. ¿Qué pretendían? ¿Fue Companys el artífice de la maniobra?

El principal artífice de esa maniobra fue Tarradellas, que dirigía entonces ERC. Companys lo acompañó hasta que vio que Azaña no secundaría un cambio de gobierno en el que ERC y PNV habrían tenido la clave. Su pretensión era la misma que la de las maniobras de Labonne: un gobierno para, supuesta e ilusamente, conseguir el alto al fuego y el fin de la guerra por la mediación internacional. Pensaban que la condición para que esa mediación se produjera era la expulsión de los comunistas y los socialistas partidarios de Negrín del gobierno y que una nueva imagen estrictamente “republicana”, no de Frente Popular, del nuevo ejecutivo convencería a Francia y el Reino Unido a intervenir y a Alemania e Italia aceptar esa intervención.
Recuérdese que en esos momentos el gobierno francés estaba presidido por Édouard Daladier (1884-1970), quien había empezado a dar marcha atrás en la política frentepopulista en Francia.

Por cierto, ¿qué representaba la FAI respecto a la CNT? En otros capítulos hablabas de la CNT; en este de la CNT-FAI.

La FAI era la plataforma que relacionaba a los diversos grupos anarquistas, con el objetivo de marcar la línea general de la CNT. Entre 1932 y 1933, la FAI impuso la “trabazón”, es decir, que en todos los comités de la CNT y en sus órganos de prensa hubiese siempre un representante de la FAI, a su nivel correspondiente. De ahí la presentación relacionada con guión de sus siglas, que simbolizaba el hegemonismo anarquista dentro de la CNT.
A pesar de todo, la FAI nunca fue un partido, su organización era muy laxa. Y la relación con CNT fluctuante, hasta el punto que se planteara la unificación de la CNT, las Juventudes Anarquistas y la FAI en un Movimiento Libertario unificado, propuesta que se aprobó formalmente pero que nunca cuajó y no fue más allá de una precaria plataforma de coordinación.

Se ha hablado de los intentos de grupos de nacionalistas catalanes de llegar a acuerdos, pensando solo en la situación de Cataluña, con el fascismo. ¿Están documentados? ¿Qué pretendieron?

Los que se pudieran hacer fueron muy minoritarios e irrelevantes; esas habladurías tienen que ver con las relaciones entre Estat Català con el consulado italiano y el alemán antes de que se iniciara la guerra; pero eso está poco documentando y no dio lugar a nada serio. Durante la guerra los intentos que partieron del mundo nacionalista de buscar una salida por separado de Cataluña de la guerra, con apoyo internacional, buscaron el apoyo del gobierno británico y del gobierno francés, no el de las potencias fascistas que patrocinaban a Franco.

¿En qué consistía la propuesta de Negrín de constituir el “Frente Nacional unido”? Comentas que Dimitrov apuntó en su diario que la propuesta escondía tendencias de dictadura personal.

A finales de 1938, Negrín estaba más que harto de las discordias internas, no solo entre partidos sino en el seno de los partidos –empezando por el suyo, el PSOE- y pensó por breve tiempo en esa posibilidad. No se trataba de constituir un partido único como se ha malinterpretado a veces, sino de una instancia de compromiso disciplinado entre las formaciones que participaban en la lucha contra los sublevados.
Ni a Togliatti, ni al PCE, agradó esa propuesta, que pensaron que estaba instigada por el general Rojo. Dimitrov anotó eso, recogiendo estas suspicacias, pero pienso que fue exagerado. El hecho es que cuando Negrín vio que ni los comunistas le iban a apoyar abandonó inmediatamente la idea, que no tuvo mayor trascendencia

¿Por qué no fue posible conseguir un mando militar republicano único?

No hay una sola razón. Está por un lado la inercia de la tradicional separación de las tres armas en el ejército español, en el que nunca se había planteado la necesidad de ese tipo de mando. También el faccionalismo dentro del Ejército de Tierra, que dificultaba encontrar las figuras principales para armar ese mando único. Finalmente los recelos políticos internos de que un mando único llevara a una concentración de poder por quien compusiera o controlara ese mando.

¿Traicionaron los gobiernos de Londres y París a la II República española? ¿Se puede hablar en estos términos?

No creo que pueda hablarse de traición en las relaciones entre estados. Las relaciones internacionales se basan en la defensa de los intereses nacionales.
El gobierno de Londres y París consideraron esa defensa con las miras más estrechas posibles y con ello hicieron el peor servicio que podían hacer a la democracia, sirviendo en bandeja a Hitler y Mussolini un éxito que dio fuerza a su política de agresión internacional.

Te cito: “Togliatti, que concluyó que la respuesta militar comunista en Madrid no tenía opciones, intentó adaptar el partido a la nueva situación y prepararlo para pasar a la clandestinidad”. ¿Qué medidas aconsejó? ¿Se pudieron llevar a cabo?

Constituir una dirección en el interior y organizar al PCE en clandestinidad. Se iniciaron, pero la represión franquista impidió que se consolidaran los primeros empeños.

¿Se puede afirmar sin sectarismo que los únicos países que ayudaron efectivamente a la II República fueron URSS y México? ¿Algún país europeo ayudó de alguna forma a la República española?

La ayuda principal fue la de la URSS; México ayudó políticamente, que era lo que estaba en sus manos, y luego acogiendo al exilio. El resto de gobiernos, no de los pueblos, se lavó las manos o apoyó a los sublevados, que eran los que iban ganando. Y digo que no los pueblos, porque sí hubo una solidaridad importante, que se tradujo en las Brigadas Internacionales y en campañas de apoyo a la República, contra la corriente de sus gobiernos.

Por cierto: ¿y Portugal? ¿Y el Partido Comunista portugués?

Salazar apoyó a los sublevados; eso fue muy importante cuando las tropas de Franco avanzaron por Extremadura con todo el flanco izquierdo cubierto por el apoyo del gobierno portugués. En Portugal se constituyó un grupo de voluntarios que luchó en las filas de Franco, la Legión Viriato.
El PC portugués no pudo hacer nada, porque en ese momento prácticamente no existía.

Voy finalizando. Has señalado que el gobierno de la República sabía ya en la primavera de 1938 que no podía ganar la guerra, pero que tenía que seguir defendiéndose, entre otras cosas, para tener opciones de condicionar algo en la derrota. ¿Por qué desde la primavera de 1938? ¿Cómo podía un gobierno vencido condicionar la derrota?

Después de la ruptura del frente de Aragón y Lérida por los sublevados, en marzo, y habida cuenta, entonces, de la ralentización de los suministros soviéticos a la República, no era posible seguir pensando como un año atrás en un “plan de victoria”. Sin embargo, eso no era equivalente a darse por derrotado y rendirse. Había que seguir luchando para torcer la intención de Franco de obligar a la República a una rendición incondicional, con la represión despiadada que habría de seguir. Las fuerzas de los sublevados también tenían sus limitaciones, aunque fuesen menores que las de los republicanos. Además, si se buscaba una mediación internacional pacificadora, ésta solo podía producirse si la República podía defenderse; en la situación europea del momento, si el mensaje republicano era el de su derrumbe, ningún gobierno occidental iba a quemar ninguna posición política para intervenir.
Por otra parte, no poder ganar no quiere decir darse por vencido; las coyunturas bélicas cambian frecuentemente. El gran error del gobierno y del ejército francés de 1940 no fue no parar la invasión alemana, sino darse por vencidos. Entre la victoria y la derrota hay margen para la resistencia, y la resistencia es obligada si la derrota pinta como catástrofe humana. En 1938, incluso a comienzos de 1939 y a pesar de la vergonzosa cesión a Hitler y Mussolini en Munich, había todavía expectativas no irracionales de cambio de comportamiento político de los gobiernos occidentales.
Finalmente, solo si resistes puedes organizar una retirada ordenada. Si en la primavera de 1938 el gobierno republicano se hubiese dado por vencido, el ejército sublevado habría entrado en tromba y perpetrado una enorme masacre. Aunque flaqueó al final, la resistencia permitió una retirada de cientos de miles de personas de Cataluña a Francia, que resultó penosa pero fue relativamente ordenada.

Se sigue afirmando en ocasiones, no sólo en ámbitos nacionalistas, que la guerra del 36-39 fue, esencialmente, una guerra de España contra Cataluña. ¿Una descripción ajustada desde tu punto de vista?

No lo es, de ninguna manera. La sublevación militar no fue contra Cataluña, sino contra la república democrática y las políticas de reformismo social emprendidas en el bienio de 1931-1933 y reactivadas tras el triunfo del Frente Popular. Su consecuencia fue una guerra civil, que se produjo también en Cataluña y entre catalanes; no fueron pocos, ni mucho menos, los catalanes que apoyaron a los sublevados y celebraron la entrada de las tropas de Franco en Cataluña. Ni pocos ni poco significados: con los sublevados estuvieron Cambó y la inmensa mayoría de la Lliga, los intelectuales que fundaron la revista Destino en Burgos, los carlistas, la mayor parte de la patronal del campo y la ciudad…
Si se quiere cuantificar el apoyo social a los sublevados y la participación activa o moral en la guerra contra la República puede tomarse como base las elecciones del 16 de febrero de 1936: las candidaturas del “Front Català d’Ordre”, que aglutinaba a la Lliga, los tradicionalistas, la CEDA, el Partido Radical, los partidos monárquicos y otros grupos menores obtuvieron el 40%. La inmensa mayoría de ellos apoyaron -activa o pasivamente- la sublevación no contra Cataluña sino contra la República. Las posiciones de quienes desde la derecha se negaron a apoyar a los sublevados fueron muy minoritarias. Cambó fue uno de los que financió a los conspiradores; Josep Pla realizó actividades de espionaje a favor de Franco, y la lista de partícipes en la sublevación y la guerra no es precisamente corta.
Después de la guerra y sobre todo tras la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial, se quiso esconder esa importante participación bajo el falso supuesto de que se había tratado de una guerra contra Cataluña. En los años ochenta Albert Manent, intelectual orgánico de Jordi Pujol, pretendió minimizar esa participación e impulsar entre los historiadores la tesis falsa de la “guerra contra Cataluña”.

Para cerrar: un pequeño partido que el 14 de abril de 1931 defiende una política insensata se convierte, en muy pocos años, en un puntal de la República democrática española, en un partido de gran militancia. ¿Una de las etapas más destacadas, más decisivas de la historia del PCE?

Una de las dos. La otra fue la que protagonizó durante veinte años largos, liderando la lucha antifranquista y por el restablecimiento de las libertades democrática en España

Pasemos a la tercera parte: “Entre democracia y socialismo”, El primer capítulo se titula: “Tiempo de resistencia”.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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