(Página herida). Dolor en rojo sobre fondo gris

Para Miguel Muñiz, compañero del alma, in memoriam et ad honorem. “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!/ Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido/ se empozara en el alma… ¡Yo no sé! “ (César Vallejo, “Los heraldos negros”)

Leo con pena tu triste noticia y poco después el in memoriam del mientras tanto [1], donde él escribió, como bien sabes, artículos de gran solidez e interés. Yo no tuve la fortuna de tratarle más que ocasionalmente, pero seguía su activismo y valor social a través de la revista, de tus entrevistas y comentarios y de Ecologistas en Acción. Desgraciadamente no veo repuesto generacional para personas como Miguel.
También un triste abrazo. ¡Por una III República que valore a personas como él!
Eduard Rodríguez Farré (3/01/2021)

Debería empezar esta página herida, más herida que nunca, comentado un asunto, no menor, sobre el que el científico franco-barcelonés Eduard Rodríguez Farré suele insistir. Palabras de hace unos días de Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica y Reto Demográfico: “En España, pese a ser un año tan complicado, en 2021 se han instalado casi 6.000 megavatios fotovoltaicos adicionales y 600 megavatios eólicos. ¿Sabe cuántos de ellos se han instalado en Cataluña? Ninguno”. Un ejemplo muy significativo del (no)hacer y de la singularidad energética de .Cat. Pero no es hoy el día, “hoy no toca”.

Nos dejó a finales de diciembre el amigo y compañero Miguel Muñiz. Un imprescindible, un verdadero imprescindible para muchos de nosotros, para las personas que lo hemos ido tratando a lo largo de los años. Gaditano-barcelonés, maestro y licenciado en Geografía, Miguel trabajó durante muchos años en escuelas de Santa Coloma de Gramenet, una ciudad trabajadora pegada a Barcelona por el norte. Militó en Acció Ecologista, en Ecologistas en Acción de Cataluña (fue uno de los fundadores), en Tanquem [Cerremos] les Nuclears, en el Movimiento Ibérico Antinuclear, y formó parte muy activa de la campaña “2020 lliure de nuclears [libre de nucleares]”. Escribió durante años reseñas y artículos imprescindibles (¡yo, como tantos otros, no me perdía ni uno!) en la revista electrónica de mientras tanto. Tuvo la generosidad de regalarnos a Eduard y a mí el prólogo de Crítica de la (sin)razón nuclear. Fukushima, un Chernóbil a cámara lenta (Espai Marx lo ha reeditado, les copio el enlace: https://espai-marx.net/?p=10986; también lo ha hecho ASEC/ASIC).
Sin hipérbole: en mis 50 años de activismo y militancia, no siempre intensa, he conocido a muy pocas personas como Miguel, muy pocas. Excelente maestro, estudioso, muy informado siempre, interesado por todo, crítico (y también autocrítico), sabio sin dárselas nunca de nada, inteligente (nunca cínico), noble, comprometido siempre con los colectivos sociales más desfavorecidos, sin brechas entre su comprender, decir, planificar y hacer, realista y utópico al mismo tiempo (y sin contradicción), honesto hasta la exageración, entregado como pocos, concernido por todas las injusticias de este mundo, alejado del ruido político y de todo tipo de nacionalismo, pensando siempre con cabeza propia, Miguel eludió el protagonismo personal y enfatizó siempre que pudo la importancia del trabajo colectivo. ¡Machaca del activismo!, le ha llamado Toni Clemente con razón, cariño y respeto.
(Dicho entre paréntesis. En “De la ironía en nuestra época” [2], Federico Mare nos regala un pasaje que no puedo dejar de copiar: “Noto con preocupación que cada vez hay más y más personas que creen que ser inteligente consiste básicamente, en las siguientes tres cosas: 1) hacer alarde de un descreimiento cáustico y generalizado, de ribetes cínicos; 2) tener la habilidad de descubrir siempre una “mano negra” detrás de todo lo que sucede o no sucede, principalmente cuando los demás no alcanzan a avizorarla; y 3) decir ironías todo el tiempo (sarcasmos burlones o mordaces, preferentemente). A los ojos de tales personas, el rigor lógico, el apego minucioso a los datos, la sagacidad analítica, el nivel de argumentación, el espíritu crítico y la capacidad de autocrítica no valen nada, o muy poco. Para colmo de males, esta moda también he llegado al campo intelectual y periodístico, y con gran ímpetu. Debe admitirse que en su variante letrada y posmodernista, el homo ironicus resulta particularmente virulento y exasperante. Es la vacuidad de la ironía llevada a su paroxismo de acritud y regodeo, al límite de su afectación y pedantería”. Miguel era la figura inversa de ese cínico homo ironicus).
Miguel era un ciudadano-filósofo gramsciano, no solo por la componente práctica que estaba siempre presente en sus análisis y posicionamientos políticos sino por su verdadero amor al conocimiento, a todo tipo de conocimiento. Nada humano le era ajeno (estaba al día en cien cosas y tenía la paciencia de enseñárnoslas a los demás), ninguna agresión humana a la naturaleza le era indiferente. Fue siempre un agudo crítico de la civilización del Capital, del “capitaloceno”. Y no solo en teoría, en el decir: vivía en su cotidianidad con valores años-luz alejados del estilo de vida generado e impulsado por la barbarie del Capital.
También Miguel, como escribió Sacristán de Gramsci, era una persona digna de amor, el mismo amor que él tuvo por Sílvia, su compañera, a la que cuidó amorosamente hasta sus últimos momentos. No hubo extensión más grande que su herida cuando falleció. Su dolor, su inmenso dolor, no le impidió, pocos meses después, cuidar a un primo de Sílvia, enfermo también de cáncer cuando pasaba un momento duro de la enfermedad.
Y, desde luego, Miguel era (¡cuesta tanto escribir era!) una buena persona (Brecht, Machado), una excelente persona, cuya profundidad y excelencia se iba palpando, sintiendo, viviendo, a medida que se le iba conociendo más. Sacristán acuñó en 1979, en una entrevista con Guiu y Munné [3], una expresión que se ajusta muy bien a su caso: ir en serio. Miguel, con fino sentido del humor, fue en serio, muy en serio, y en este ir en serio, también en otroas aristas, Miguel recuerda el compromiso, la austeridad y la grandeza humana de Francisco Fernández Buey, uno de sus maestros.
Por si faltara algo, Miguel era fraternal, cuidadoso y amigo (con amistad a lo lejos). Tengo ante mí el e-mail que me escribió el 11 de diciembre de 2021. No se olvidaba de preguntarme por Mercedes ni por Daniel, mi hijo. Comentaba: “El dolor, como te comenté, es algo crónico y suave, y determina todo lo que hago. Pero eso será así ya para siempre. Se acepta y ya está.” En otra nota de noviembre, me señalaba que su mayor consuelo en estos 190 días “que han pasado desde la muerte de Sílvia han sido la soledad, la reflexión, el recuerdo y la meditación.”
Su muerte se une a muchas otras muertes tempranas, demasiado tempranas: Paco Fernández Buey, Albert Escofet, Jordi Torrent Bestit, Amparo Gómez, Luisa Trueba, Margarita García,… También Sílvia y tantas otras.
No aspiraba Miguel a ningún reconocimiento. Lo suyo no iba de homenajes, méritos y puestos de renombre y buena remuneración, no iba de destacar. Nada que ver con medallas Sant Jordi o similares. Lejos de las tentaciones del poder. Diógenes, Alejandro Magno y el sol: Miguel era Diógenes. Pero es justo, es necesario, es imprescindible, que no habite en él nuestro olvido. Pocos seres humanos han tenido (o tienen) su humanidad, su profundidad, la solidez de su hacer y querer. Es inmensa la huella que ha dejado.
Y, desde luego, su esfuerzo, su compromiso, su Ser, su estar-en-el-mundo, su excelencia, sobresalen, destacan fuertemente, sobre el fondo gris que hemos vivido en estos últimos años, que seguimos habitando.
Me detengo aquí, no mezclo temas. Prosigo la semana próxima con algunas tonalidades de ese fondo gris. Otro mundo muy distante, nada que ver con él y su legado. Intersección vacía.
Les dejo con Silvio Rodríguez (a Miguel le gustaba): https://www.youtube.com/watch?v=5Mvmw1H2NHM

Notas
1) Toni Clemente, “Miguel Muñiz: in memoriam”. http://www.mientrastanto.org/boletin-208/notas/miguel-muniz-in-memoriam. También el editorial de la revista que fundaron en 1979, entre otros, Manuel Sacristán, Giulia Adinolfi, Francisco Fernández Buey, Antoni Domènech y Miguel Candel: “Nos han dejado dos compañeros imprescindibles” http://www.mientrastanto.org/boletin-208/notas/nos-han-dejado-dos-companeros-imprescindibles
2) Federico Mare, Ensayos misceláneos, Mendoza; Ediciones Culturales de Mendoza/El Amante Universal, 2021, p. 128.
3) De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Madrid: Los libros de la Catarata, 2004 (edición de Francisco Fernández Buey y Salvador López Arnal), p. 99. “En la Meinhof, a mí lo que me ha llamado la atención es que ella no era una intelectual, era una científica, iba en serio, quería conocer las cosas. Aunque acabara en la locura, cosa manifiesta que acabó en la locura, en la insensatez, como Meinz, como los demás, pero eran gente que iba en serio. Por ir en serio entiendo no precisamente tener necesariamente ideas ciegas -la ceguera nunca es seria, es histérica, que es distinto-, ni tampoco necesariamente ideas radicales. Con las mismas fórmulas teóricas de Ulrike Meinhof se puede ser perfectamente un botarate. No es nada serio, no se trata de eso. Se trata de la concreción de su vida, del fenómeno singular. No se trata de las tesis, que pueden ser por un lado disparatadas y por otro objeto de profesión perfectamente inauténtica, a lo intelectual.”

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Un comentario en “(Página herida). Dolor en rojo sobre fondo gris”

  1. Gracias Salvador por la página y el recuerdo de Miguel Muñiz. Le he seguido también estos años en las páginas de Mientras Tanto, y rezumaba no solo buen sentido y sabiduría, también esa sensación de persona buena que va en serio. Era bueno leerle también por eso, ya que transmitía la esperanza de poder seguir luchando sin que las dificultades te hagan perder la calma y la humanidad.
    Que la tierra le sea leve.

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