(Página herida). El congreso constituyente de AIREs (Alianza de la Izquierda Republicana de España)-La izquierda (II)

Nos habíamos quedado a las puertas del congreso constituyente de AIREs que se celebrará los próximos días 27 (tarde) y 28 (mañana) de enero en Barcelona.
La revista
El Viejo Topo ha publicado este mes de enero una entrevista a tres miembros del grupo promotor del nuevo partido: Miguel Candel, Pedro Fernández y Vicente Serrano. Veamos algunas de sus consideraciones, nos ayudarán a
aproximarnos a las razones, tesis y finalidades de la nueva formación.

La entradilla, su carta de presentación:El famoso ‘desencanto’ que se produjo en amplios sectores de la izquierda en los primeros compases de la Transición, a la vista de la distancia existente entre sus expectativas y la realidad posible en aquel momento, no es nada comparado con el creciente desencanto de miles de militantes y simpatizantes de los actuales partidos de la izquierda institucional ante la incapacidad de estos para defender y promover decidida y consecuentemente la igualdad, tanto en el terreno de los derechos sociales como en el de los derechos civiles”.
Su tibieza al combatir la ofensiva neoliberal contra salarios y servicios públicos esenciales, prosiguen, “solo es comparable con su condescendencia (cuando no complicidad) con los atentados a la igualdad, en ese y otros terrenos, que perpetran día tras día los partidos nacionalistas de Cataluña y el País Vasco, a los que parecen decididos a sumarse los partidos gobernantes en muchas de las comunidades autónomas del resto de España”.
Por ello, diferentes personas, independientes o procedentes de esos partidos, convencidas de su incapacidad para regenerarse, han decidido agruparse en una nueva organización -AIREs, Alianza de la Izquierda Republicana de España, así se llaman- que “sirva, además, de referencia para otros grupos decididos a recuperar los valores propios de la izquierda malbaratados por sus actuales representantes.”

Entremos propiamente en la entrevista. La primera pregunta está dirigida a Miguel Candel: “AIREs es el plural de uno de los elementos sustanciales básicos de la cosmología antigua. Vuestro AIREs es otra cosa. ¿Qué es?”. Su respuesta:
Es (demasiado rotundo verbo, este: mejor sería decir: “aspira a ser”) un partido político de viejo cuño pero con vocación renovadora dentro del campo (bastante minado) de las organizaciones que se consideran de izquierda (y damos por sentado que existe una cierta noción, por difusa que sea, de eso que llamamos “izquierda”, por lo que no vamos a intentar definirla aquí por enésima vez; en otro lugar, quizá). AIREs, como sabes, es el acrónimo formado por las iniciales de “Alianza de la Izquierda Republicana de España”.”

Por qué de “viejo cuño”, se pregunta en segundo lugar.
Pues porque, en lo que a nosotros respecta, estamos hasta el gorro de la meliflua retórica sobre las “nuevas formas de hacer política”. Formas que, en realidad, son tan viejas como las monarquías de la Edad del Bronce. Quien tenga cinco céntimos (de peseta) de culturilla clásica y haya leído algo de la Ilíada habrá visto cómo ejercían el poder personajes como Agamenón: largaba un discurso tipo Sánchez, pongamos por caso, ante el que el pueblo oyente podía responder aplaudiendo o abucheando al líder (procedimiento bastante más democrático, por cierto, que la transmisión del rollo por televisión, sin posibilidad alguna de réplica salvo el lanzamiento de objetos contra la inocente pantalla). Si los abucheos superaban a los aplausos, el líder soltaba a continuación otro discurso diferente, hasta que conseguía que los aplausos superaran a los abucheos. Pues bueno. Eso es más o menos la nueva forma de hacer política impuesta por nuestros líderes “carismáticos” (no se sabe si de “carisma” o de “cara”): sin tener que dar cuentas a ninguna instancia colectiva permanente (salvo la previamente nombrada a dedo por el líder, eso que llaman “equipo”), apelan directamente a una masa amorfa de seguidores, preferiblemente de manera telemática, para que el líder no se vea expuesto a ninguna interpelación cara a cara, y con eso y unas cuantas encuestas bien cocinadas van ajustando su “programa” (mejor sería llamarlo “posgrama”) y mandando, que es lo suyo. Pues no señor: nosotros creemos en las formas de organización estables y sólidas, no “líquidas” (ni, mucho menos, gaseosas, pese a lo que pudiera sugerir nuestro acrónimo).”

Y qué formas estables y sólidas son esas, se le pregunta a continuación:
Nosotros creemos en unos órganos democráticamente elegidos por los miembros de la organización (miembros registrados con nombres y apellidos y obligados a pagar una cuota), que elaboran propuestas de acción política concretas basadas en programas generales aprobados en congresos, y que deben dar regularmente cuentas de su gestión al conjunto de la organización. Formas clásicas (ni viejas ni nuevas) de hacer política, que en el fondo se atienen a la llamada “división de poderes”, que es la mejor garantía de prevención del cesarismo (en esto último, y no en otra cosa, es en lo que han venido a parar las cacareadas “nuevas formas de hacer política”). Esto, por lo que respecta a la “forma” de AIREs.

Y en lo que respecta al contenido, se le sigue preguntando:
En lo que respecta al contenido, a su programa político, nada mejor que remitirnos al documento aprobado en la conferencia programática celebrada en Barcelona el sábado 19 de junio de 2021. Aunque, puestos a señalar dos puntos clave, diríamos que son los siguientes: 1) Intransigencia absoluta frente a las corrientes centrífugas que tienden a la fragmentación del demos de este país llamado España, proceso de fragmentación hoy liderado por el secesionismo catalán (de una parte minoritaria, pero muy nutrida -y al decir “nutrida” lo decimos también en el sentido de “alimentada”- de la población de Cataluña), pero secundado por muchos papanatas del resto de España que se consideran de izquierdas. 2) Defensa de la igualdad, no sólo de derecho, sino también de hecho, entre todos los españoles, lo que implica llevar la democracia al terreno económico y social (según una vieja fórmula acuñada por el PCE de la que nadie parece acordarse, empezando por el propio PCE). Ambos puntos son inseparables. En todo caso, si alguna ordinalidad cabe establecer entre ellos, es justamente el orden en que los acabamos de mencionar: porque, para profundizar en la democracia de un país, primero hay que preservar su existencia.

La nueva pregunta, también al autor de Metafísica de cercanías: “Pero, ¿está realmente en peligro la existencia de España? ¿No exageráis? Los nacionalistas periféricos suelen afirmar que lo que está realmente en peligro es la existencia de su nación, que España (Madrid, el Estado español, “lo de más allá del Ebro” en su lenguaje) les chupa su sangre y les deja sin vida propia.” Su respuesta:
Sin duda puede parecer exagerado decir que corre peligro la existencia de España. Y en un cierto sentido lo es: España como entidad política de algún tipo no va a desaparecer en un plazo previsible. No porque las estructuras políticas como tales sean inmunes al desgaste (que lo son), sino porque dando cuerpo a esa estructura hay, al menos en nuestro caso, una sociedad con infinidad de vínculos de larga tradición entre los millones de individuos que la componen. Vínculos que se traducen en intereses y afectos. Y eso no se rompe fácilmente, por mucho que algunos lo pretendan y lo intenten. Pero sí corre peligro la cohesión interna de ese conglomerado, sacudido como está por tensiones múltiples y multidireccionales. Y no precisamente en el sentido en que lo entienden los del “España nos roba” (si entramos por ahí, habría mucho que discutir sobre quién “roba” a quién). En todo caso, el recuerdo de los llamados reinos de taifas medievales, por anacrónico que parezca, no deja de venir a la mente ante las tendencias centrífugas que se constatan cada día, y cada día más, en las relaciones de las diecisiete administraciones autonómicas con la Administración Central y de aquéllas entre sí. Podemos seguir existiendo como país de puertas afuera pero roto por dentro. Y esa ruptura interior, como es obvio, bloquea todos los intentos de mejora social que es misión irrenunciable de la izquierda el impulsar.

La siguiente pregunta, de nuevo a Miguel Candel:No serán pocos los lectores y lectoras que piensen: ¡otra formación política en el ámbito de la izquierda! ¿No son muchas? ¿No habría que unirnos en lugar de dividirnos y dividirnos?”
Pues sí, son muchas, para qué nos vamos a engañar. No sabemos si se trata de un “morbus hispanicus” (una enfermedad española) o de un “morbus sinistrae” (una enfermedad de la izquierda). Pero el resultado es que el paciente (el sufrido ciudadano trabajador que aspira a esa igualdad de la que hablamos más arriba) se encuentra con un exceso de “recetas” de las que ninguna le acaba de curar sus males (bueno, muchas ni siquiera empiezan a hacerlo). La cosa, para nosotros, tiene su principal explicación en un símil deportivo: cuando un equipo (de fútbol, por ejemplo) va perdiendo sin lograr remontar el resultado, fácilmente acaban surgiendo roces entre los jugadores, echándose unos a otros la culpa por la derrota inminente. La izquierda, no sólo en España, sino en el mundo en general, arrastra las consecuencias de haber perdido la batalla contra la versión actual del capitalismo conocida como “neoliberalismo económico”.

La última pregunta de esta entrega, también al traductor de Aristóteles y Gramsci: “¿Cómo puede describirse esa derrota a la que aludís?”. Su respuesta:
Entre 1950 y 1980 (los “treinta gloriosos”) parecía que, a fuerza de mejoras salariales y prestaciones sociales, el capitalismo se iba humanizando y sería posible acabar domesticándolo si, paralelamente, los países del entonces llamado “socialismo real” se democratizaban claramente, produciéndose lo que algunos llamaban la “convergencia de los dos sistemas”. No fue así. Ronald Reagan y Margaret Thatcher, secundados en el terreno religioso por el papa Wojtiła, llevaron al terreno político práctico el programa de recuperación capitalista basado, como se decía entonces, en dar prioridad a las “políticas de oferta” frente a las “políticas de demanda”. Lo que, traducido en cristiano, quería decir recuperar beneficios a costa de salarios y prestaciones. En el caso de España, el gobierno de Felipe González, tras una serie de importantes mejoras de servicios clave como sanidad y educación, se hizo fiel seguidor de TINA, que no hay que identificar con la cantante apellidada Turner, sino con el acrónimo de “There Is No Alternative” (“No hay ninguna alternativa” a la política económica neoliberal).
Esa derrota, mal digerida, se ha traducido en una especie de cainismo de la izquierda que nos ha llevado a la actual situación de recelo y desconfianza mutua generalizados. Pero también hay un TINA para la izquierda: no hay más remedio que seguir intentando reconstruirla con paciencia y con constancia. Algo que, por supuesto, no se puede hacer desde la nada, como han pretendido algunos adanistas nacidos a la política con las lluvias de mayo de 2011.

La semaba que viene doy cuenta de las respuestas de los otros dos miembros del grupo promotor, Pedro Fernández y Vicente Serrano.

Un regalo para el nuevo partido… y ¡toda la suerte del mundo!

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

2 opiniones en “(Página herida). El congreso constituyente de AIREs (Alianza de la Izquierda Republicana de España)-La izquierda (II)”

  1. Saludo este honesto y coherente empeño por intentar reflotar el pensamiento crítico y la perspectiva emancipadora para un nuevo horizonte alternativo. Si el neoliberalismo viene siendo en lo socioeconómico y político la bestia negra de nuestra contemporaneidad – no nos olvidemos de que el fin de la llamada guerra fría no ha sido en absoluto incruento, ni de que el vendedor viene imponiendo sus draconianas condiciones desde entonces sin apenas contestación-, en cuanto a pensamiento, discurso y líneas de acción, el complemento ideal de esta debacle reaccionaria que como conjunto algunos llaman postmodernidad, está siendo siendo para los paradigmas alternativos el dogma de las identidades colectivas. Que con su retórica maniquea y sectaria, profundamente regresiva en sus esencias, cuajada de victimismo paternalista y de dependencia, en su aparente radicalidad, reforzadora en realidad del sistema, está propiciando el intento de suplantación de la izquierda: el nacionalismo pseudoprogresista ( nunca podría serlo), el feminismo antigualitarista, la de la discriminación positiva para las minorías asociada a la llamada de la cancelación o , etcétera, etcétera, vienen dando buena muestra de ello. Si ya hace mucho que la socialdemocracia se pasó con todos sus perterchos y bagajes a las filas del enemigo ideologico y de clase, los epígonos de mayo del 68; eso que se llamó nueva izquierda, en su enésima mutación o migración de cuerpo, hoy resulta la esencia misma del mistificador paradigma de las identidades colectivas. Ambas, meras expresiones del actual pensamiento débil ( a los nostálgicos dogmáticos grupusculares de la izquierda estalinista o similar ni me molesto en nombrarlos), complice por activa o por pasiva perpetuador del actual. Que ha olvidado la lucha de clases, la emancipación integral y la perspectiva de la difícil armonía entre libertad e igualdad como horizonte y alternativa liberadora. Por todo ello, y mucho más, se necesitan proyectos regeneradores de espíritu y pensamiento en la mejor y más transformadora tradición de nuestra Historia en particular y de la Humanidad en general. ¿Qué mejor lugar que la actual Cataluña, que gime bajo la tiranía nacionalcatalatista, para recomenzar el inacabado proyecto comenzado en 1789 ( y proseguir el tan trágicamente abortado en 1939)?

  2. Saludo este honesto y coherente empeño por intentar reflotar el pensamiento crítico y la perspectiva emancipadora para un nuevo horizonte alternativo. Si el neoliberalismo viene siendo en lo socioeconómico y político la bestia negra de nuestra contemporaneidad – no nos olvidemos de que el fin de la llamada guerra fría no ha sido en absoluto incruento, ni de que el vendedor viene imponiendo sus draconianas condiciones desde entonces sin apenas contestación-, en cuanto a pensamiento, discurso y líneas de acción, el complemento ideal de esta debacle reaccionaria que como conjunto algunos llaman postmodernidad, está siendo para los paradigmas alternativos el dogma de las identidades colectivas. Que con su retórica maniquea y sectaria, profundamente regresiva en sus esencias, cuajada de victimismo paternalista y de dependencia, con su aparente radicalidad, reforzadora en realidad del sistema, está propiciando el intento de suplantación de la izquierda: el nacionalismo pseudoprogresista ( nunca podría serlo), el feminismo antigualitarista, la de la discriminación positiva para las minorías asociada a la llamada de la cancelación o , la inquisición de lo políticamente correcto, etcétera, etcétera, vienen dando buena muestra de ello. Si ya hace mucho que la socialdemocracia se pasó con todos sus perterchos y bagajes a las filas del enemigo ideologico y de clase, los epígonos de mayo del 68; eso que se llamó nueva izquierda, en su enésima mutación o migración de cuerpo, hoy resulta la esencia misma del mistificador paradigma de las identidades colectivas. Ambas, meras expresiones del actual pensamiento débil ( a los nostálgicos dogmáticos grupusculares de la izquierda estalinista o similar ni me molesto en nombrarlos), complice por activa o por pasiva perpetuador del presente. Que ha olvidado la lucha de clases, la emancipación integral y la perspectiva de la difícil armonía entre libertad e igualdad como horizonte y alternativa liberadora. Por todo ello, y mucho más, se necesitan proyectos regeneradores de espíritu y pensamiento en la mejor y más transformadora tradición de nuestra Historia en particular y de la Humanidad en general. ¿Qué mejor lugar que la actual Cataluña, que gime bajo la tiranía nacionalcatalatista, para recomenzar el inacabado proyecto comenzado en 1789 ( y proseguir el tan trágicamente abortado en 1939)?

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