Una nota de José Luis Martín Ramos sobre la situación política de Cataluña

Será de su interés este apunte del historiador José Luis Martín Ramos sobre la situación política en Cataluña y las elecciones del 14F.

Ayer debatimos sobre como dar respuesta a Vox. Insisto en lo que dije ayer. Hay que dar respuesta a los problemas que utiliza en su discurso de intransigencia Vox, pero no hay que entrar en un debate con Vox, menos en el contexto de un debate colectivo, interpelándole para que dé o no respuestas y supuestamente se ponga en evidencia. Vox se sitúa en el campo del asalto a la razón, por tanto no responderá en términos de razón, de argumentación, sino en términos de irracionalidad, aprovechando todo para soltar su discurso mecánicamente. No se pondrá en evidencia ante su electorado, lo hará solo ante quienes lo rechazamos. Solo se conseguirá que gallee más. Lo que le dio más cancha a Vox en el debate del martes fue el comportamiento de Sanchis, primero, permitiendo momentos de guirigay en los que Garriga podía alzar la voz más que nadie y reducir el debate político al grito; y Pere Aragonés con su insistencia de poner a Vox en el centro del debate de las alianzas políticas; aunque lo hiciera como espantajo lo estaba paseando por la escena.
Vox va a tener representación importante en el Parlament de Cataluña y si las cosas siguen igual en Cataluña seguirá creciendo. Su discurso de intransigencia no está alimentado por los fantasmas que instrumentaliza sino por el discurso de intransigencia al que responde, el del nacionalismo catalán que ayer ha vuelto a dar una nueva prueba y un nuevo paso con el manifiesto promovido por el colectivo ‘Catalans per la Independència’ (y firmado por Laura Borràs (Junts), Àngels Chacón (PDCat), Dolors Sabater (CUP), Laura Ormella (Primàries per Catalunya) y Sergi Sebrià (ERC))de rechazo al pacto con el PSC. Ese bloquismo de la intransigencia de unos es lo que alimenta a la intransigencia de los otros y les ayuda a convertirse ellos también en bloque. Lo del manifiesto es muy grave, porque además llama a una parte de la población catalana a ser cómplice explícito de esa intransigencia.
El nacionalismo catalán tiene una historia de intransigencia, de trazar líneas rojas frente a sus adversarios internos. En el pasado remoto, la intransigencia ante el republicanismo español a comienzos del siglo XX. La línea roja contra el PP, ante notario además, en el umbral del tripartito; inadmisible e innecesaria. La confrontación política en democracia se ha de hacer con propuestas, no con líneas rojas. Ahora esta nueva línea roja.
La democracia no son las elecciones, la democracia es un sistema complejo de arquitectura institucional y valores colectivos. Un valor indispensable de la democracia es la tolerancia; eso es lo que reconocemos cuando defendemos la pluralidad. El discurso de la intransigencia, como el del manifiesto de los partidos independentistas, es antagónico con la tolerancia. Tanto que ven la paja en ojo ajeno no ven la viga en el suyo. Han erosionado la democracia en Cataluña, burlando la ley en el Parlament, falseando el sentido de los resultados electorales en las elecciones de 2015, degradando las instituciones, amparándose en la acción de las fuerzas de seguridad para dar -torticeramente- legitimidad a una consulta ilegal y sin garantías en octubre de 2017. Y la erosionan de nuevo llamando a una parte de la sociedad catalana -a la única que reconocen en términos políticos- a excluir a otra. Eso es lo que alimenta a Vox; eso es lo que ha despertado a la serpiente y ya no está incubando su huevo sino dando carne a la recién nacida para que crezca.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo, rebelión y Papeles de relaciones ecosociales.

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