De un amigo lector.
Estimado Salvador:
Espero que estés bien.
Me resulta incomprensible la euforia con que muchos izquierdistas han valorado los resultados electorales.
Está bien que se haya evitado (por ahora) un gobierno PP-Vox, desde luego, pero, aparte de eso, ¿qué es lo que tenemos delante de los ojos?. Para empezar, el PP ha sido el partido más votado y con más diputados, con una diferencia no del todo desdeñable respecto al segundo partido, mientras que Sumar ha caído bastante -en relación con los antiguos podemistas- y el PSOE sólo ha aumentado en voto (creo) por traspaso de votos de estos últimos y, quizás, algunos abstencionistas. Por otro lado, los partidos ultranacionalistas, en sus diferentes variantes -Vox, ERC, Junts, Bildu, PNV- siguen ahí, esenciales para formar un gobierno. Desde la perspectiva de un madrileño o un sevillano izquierdistas, la necesidad del apoyo -y, por tanto, de concesiones- a partidos como ERC, Junts o Bildu puede resultar un tema secundario y menor o hasta irrelevante -aunque incluso en eso no estaría yo tan seguro-, pero para un barcelonés hispanohablante que todavía recuerda los sucesos de 2017 y el proyecto y la ideología que se traslucía en las leyes de desconexión de septiembre de 2017 (entre otros muchos documentos citables) o los que presuponen políticas como la de inmersión lingüística o las campañas de Òmnium, la perspectiva de que el PSOE y Sumar puedan formar gobierno a cambio de concesiones a los partidos ultranacionalistas «periféricos» que profundicen en el proceso de desintegración del estado español no puede ser muy tranquilizadora (con todas las consecuencias añadidas perjudiciales en cuanto a las estructuras asistencialistas públicas que suelen llevar esta clase de procesos incluso cuando son pacíficos). No porque a uno le importe mucho el estado español en sí o, si me apuran, España (aunque sí, desde luego, los conciudadanos españoles), sino porque la experiencia de un estado catalán ultraetnicista e hispanofóbico para con sus súbditos no catalanistas y/o hispanohablantes no parece una perspectiva muy estimulante (por supuesto, siempre se nos puede recomendar emigrar o hacernos catalanistas fanáticos y catalanohablantes rigoristas). (Dicho sea de paso: ¿hay alguien tan estúpido como para creer que las organizaciones y grupos de presión independentistas van a renunciar al control del proceso de separación del estado español, si se da, y a la hegemonía en el recién constituido nuevo estado? ¿O que van a ver en su federalización otra cosa que un paso previo a la separación?).
Por otra parte, y aun a riesgo de que se me pueda tildar de «sectario» o estúpidamente purista (pero no es eso un problema intrínseco a la afirmación que voy a hacer a continuación, que pretende ser sobre todo descriptiva; el fenómeno puede muy bien ser apreciado como positivo por quien guste de verlo así, eso dependerá de cada cual), el actual sistema de partidos español no se puede considerar que tenga partidos propiamente de izquierdas (o «socialistas»), en el sentido europeo del término, ni siquiera adaptados a las circunstancias del siglo XXI, sino, en todo caso, partidos liberales progresistas versus partidos liberales conservadores o, sin más, conservadores (bien neoliberales, aunque no «neoliberales libertarios» en el terreno sociocultural, como era el probable caso de Cs, bien estrictamente conservadores) o, incluso, si se quiere, neofascistas -en cuyo caso Junts, como mínimo, dista bien poco de Vox- Es una prueba más de la «americanización» de los sistemas políticos europeos (donde el liberalismo progresista «descafeinado» -por comparación a la filosofía rooseveltiana «socializante»- de Biden se contrapone en política interna al ultraconservadurismo republicano, en especial, a sus variantes más brutales, de extrema derecha sin matices, como el trumpismo). Los izquierdistas españoles que no lo hayan hecho deberían leer, en mi opinión, la introducción y el primer capítulo de Thomas Frank, Listen Liberal, or What ever happened to the Party of the People, 2016: ya es hora que de vez en cuando se apliquen a sí mismos los instrumentos de las cc.ss., no sólo a los derechistas (sin pasarse tampoco y obsesionarse con ello, claro, que no se trata de acabar en la consulta del psiquiatra).
Saludos muy cordiales,