Sobre Junts e Israel

De un amigo lector

Muchas gracias por el envío. Respecto a la identificación de Junts con Israel, que comenta Daniel Jiménez al inicio de su muy juicioso comentario, debe de haber elementos religiosos y, sobre todo, racistas en ella, en último término. A fin de cuentas, Israel es un estado y sería más fácil a priori intentar identificarse con los palestinos, que son el epítome del pueblo oprimido sin estado acosado por colonos (lo que no tiene nada que ver con nuestro país, por supuesto, pero, en principio, resulta más efectivo en términos dramático-propagandísticos).

Así que lo único que puede explicar por qué Junts prefiere solidarizarse con Israel es una visión de los palestinos como una chusma religioso-racial subdesarrollada, unos infrahumanos que le recuerdan a los inmigrantes del sur de España, especialmente si no hablan catalán. Siempre me han parecido unos racistas -en sentido amplio- el grueso de los nacionalistas catalanistas, si bien selectivos en cuanto a su racismo (de hecho, su racismo hacia los inmigrantes hispanohablantes -murcianos, andaluces etc.- he podido rastrearlo en buena parte de la novelística autóctona en catalán que he leído: como Quevedo, pero en catalán).
Por lo demás, es importante subrayar una idea verdaderamente crucial que expone Daniel Jiménez en su comentario: cuando las estructuras jurídico-políticas universalistas se degradan, se derrumban -ya se trate del derecho internacional público moderno o de los ordenamientos jurídicos estatales fundados en una idea abstracta de ciudadanía-, las agrupaciones o comunidades definidas en términos “tribales” (etnicistas, ya sean en términos raciales, religiosos, lingüísticos o histórico-culturales, por lo general inventados o falseados, o en los de una mezcla de todos ellos) se imponen. Este ha sido un camino seguro en la Europa contemporánea hacia las guerras interétnicas, los regímenes de apartheid, declarado o encubierto, y el genocidio, como ya mostraron el nazismo y la desintegración de la URSS y Yugoslavia. El gobierno español no debería caer en esa trampa (que es en la que cayó, por cierto, el yugoslavo desde los años setenta, con su progresiva “confederalización” y sus documentos de identidad y encuestas de autoidentificación étnica y su conversión del estado yugoslavo en una asociación laxa de gobiernos regionales nacionalistas en conflicto y negociación permanentes, hasta que la federación implosionó con la inestimable colaboración de Alemania).
Saludos y abrazos,

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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