Una carta de Ricardo Rodríguez

Buenas noches, querido Salvador.
He leído con gusto y también con creciente preocupación el último artículo que te publican en El Viejo Topo [1] acerca de la situación en la que queda la ciudadanía catalana no nacionalista.
A medida que lo leía, recordaba la lectura de un epígrafe muy significativo de la última gran obra de Thomas Piketty «Capital e ideología». Me refiero al epígrafe titulado «La trampa separatista y el síndrome catalán» (páginas 1089 a 1094).

No soy un entusiasta tan entregado de este economista como otros ni es mi economista de cabecera (como sí lo es, dicen, de Yolanda Díaz). En particular algunas de sus propuestas de gasto público no me convencen nada. Pero en este apartado no pongo ni quito una sola coma. En efecto, y como dice Piketty, yo creo que el proyecto económico de fondo del nacionalismo catalán, sobre todo del actual de Junts, pasa por quedarse con todos sus ingresos fiscales y establecer una relación jurídica y política con el Estado español no necesariamente de independencia pero sí de la suficiente autonomía como para tener relación directa con la Unión Europea y convertirse en su seno en un nuevo paraíso fiscal similar a Luxemburgo.

Queda totalmente fuera de mi alcance intelectual que alguien de izquierdas concuerde ni de lejos con algo semejante, y mucho menos que lo haga basándose en vacíos ditirambos sobre la pluralidad nacional.

En el acuerdo entre Junts y PSOE se dice, es cierto, que la propuesta de cesión del 100% de tributos la formulará Junts, no necesariamente que se vaya a aceptar por la otra parte. Pero el mero hecho de que se considere una propuesta negociable que en el mejor de los casos lleve a una mayor descentralización fiscal que la actual (que ya es alarmantemente excesiva) resulta estremecedor.

De otra parte, no se concreta el nivel de cesión. La LOFCA (si es que sigue sirviendo de algo para la regulación de la relación de Cataluña y el Estado) contempla tres no incompatibles entre sí:

Primero, el que emana directamente del artículo 157 de la Constitución: se ceden los ingresos de tributos del Estado. La cesión del 100% de ingresos fiscales de impuestos estatales a Cataluña (como a Madrid o Baleares o cualquier otra región rica) rompería de raíz la progresividad del sistema tributario. Es como si en Madrid los vecinos del barrio de Salamanca se quedaran con todos sus ingresos fiscales. ¿Cómo puede haber nadie de izquierdas a quien eso le parezca bien? Existe una falacia de entrada. En términos de impuestos estatales, no hay ninguna aportación fiscal de Cataluña al Estado, ni de Madrid, ni de Extremadura, ni de Andalucía. La aportación fiscal es de los ciudadanos catalanes, de los madrileños, los extremeños o los andaluces. Y los catalanes no pagan ni más ni menos que los extremeños; un catalán con una renta anual de 200.000 euros paga por IRPF lo mismo que un extremeño con una renta de 200.000 euros (si hoy de hecho hay diferencias es porque ya se ha despedazado el IRPF cediendo competencias normativas a las Comunidades, lo que supone un disparate porque el IRPF es la espina dorsal de la progresividad del sistema). Los catalanes en su conjunto pagarán más, como los madrileños, porque hay más catalanes y madrileños de rentas altas. Si se restringe territorialmente la redistribución, los extremeños acabarán teniendo que hacer las operaciones de apendicitis en una choza alumbrados por una vela. Y además, ojo, los catalanes de menos recursos no saldrían necesariamente ganando. ¿Olvidamos que el Gobierno vasco, recaudando todos sus impuestos, ha sido pionero en la privatización de la sanidad desde principios de los 90?

Pero hay otros dos niveles de cesión posibles. Primero la de gestión. Esta es la que yo creo que resulta más aceptable. Me parece bueno que las Administraciones Autonómicas participen en la gestión y recaudación de impuestos para que también así se responsabilicen del coste de los servicios públicos ante los ciudadanos. Pero, esto es esencial, con bases de datos comunes. La opacidad informativa es uno de los rasgos definitorios de los paraísos fiscales. Hoy existe en España un hueco de fraude colosal en el IVA de las operaciones inmobiliarias por su relación sistemática con Transmisiones Patrimoniales, que está en manos de las Comunidades Autónomas, con las que nos intercambiamos información por medio de comités coordinadores, como si siguiéramos en el siglo XIX. Y lo del País Vasco y Navarra ya es funcionamiento práctico de paraíso fiscal, o casi. Me pregunto qué sentimiento nacional se dañaría por compartir las bases de datos fiscales.

El nivel más peligroso, con todo, de cesión es el normativo. Se está hablando de crear una Agencia Tributaria propia o de ampliar las cesiones de facultades normativas a impuestos como el de Sociedades, que hasta hoy había logrado salvarse del desmembramiento. Esto sí que sería reventar el sistema tributario. El de Sociedades es el corazón del «dumping» fiscal.

Y ya finalizo el desahogo.

Es posible que mi visión esté sesgada por mi profesión (tanto la asociación profesional de inspectores como el sindicato de técnicos de Hacienda se han pronunciado abiertamente en contra de la fragmentación, si bien temo que, como en otras tantas ocasiones, no les harán mucho caso), pero me resulta muy preocupante porque no veo que el actual escenario político pueda evitar que se camine hacia la descomposición definitiva del pilar más importante del Estado de Bienestar social.

Habría que hacer un esfuerzo de explicación en la izquierda.

Sigo empeñado en escribir una novela nueva. Veré en qué medida puedo contribuir en el futuro en esta tarea con mis muchos o pocos conocimientos.

Nada más. Gracias por tu artículo. Recuerdos y muchos ánimos a M.

Un gran abrazo.

Ricardo

Nota

1) https://www.elviejotopo.com/topoexpress/sobre-la-amnistia-y-sus-objetivos/.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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