(Página herida) Sobre la ley de amnistía y sus objetivos (III)

Lo digo desde el principio: no es de ese “caso” [el caso Audin] de lo que quiero hablar aquí. Por lo demás, no veo qué podría añadir a una verdad también breve y brutal: en 1957 Maurice Audin tenía veinticinco años, fue arrestado durante la batalla de Argel, fue torturado por el Ejército francés, fue asesinado, se organizó un simulacro de evasión y se hicieron desaparecer las huellas de su muerte, como determinó la investigación que llevó a cabo Pierre Vidal-Naquet entre 1957 y 1958. Nada nuevo aprenderán aquí acerca de dicho caso. Ni el mártir, ni su muerte ni su desaparición son el tema de este libro. Todo lo contrario: de la vida, de su vida, de una vida cuyas huellas no han desaparecido por completo, pretendo hablarles aquí.
Michèlle Audin (2013)

Sobre la cita: fuera de tema. Una excusa para recomendarles un libro que no deben perderse: Michèlle Audin, Una vida breve, Càceres: Editorial Periférica, 2020 (edición original: 2013; añado otra cita al final de todo para compensar la probable, aunque no deseada, insoportable pesantez de esta nota).

Me tocaba explicar hoy si la ley de amnistía podrá alcanzar o no las finalidades que en ella misma se anuncian. Permítanme un cambio de planes que, indirectamente, también tocará la cuestión.

Roger Senserrich [RS], muy alejado de posiciones nacionalistas, publicó un artículo en Voz Populi, “El final del ‘procés’” [2], el pasado 12 de noviembre, en el que se muestra favorable a la ley de amnistía. Vale la pena analizar sus argumentos que recogen, ciertamente, la opinión (no fijada, en construcción) de un sector de la ciudadanía no nacionalista de Cataluña. Se la resumo: no se merecen la amnistía, hicieron lo que hicieron, siguen con las mismas, nos trataton como ñordos, como “bestias con rostro humano”, pero seamos prácticos, pragmáticos, y a ver si con eso reconducimos la situación y las aguas se calman de una vez, sin ser tan ingenuos para pensar que de ninguna manera (tal vez no) volverán a las andadas.

RS quiere que Cataluña “sea un lugar próspero, feliz y abierto a Europa y al mundo, innovador, fascinante, y lleno de vida”. No es mi caso: no hace falta que Cataluña sea un lugar fascinante y si próspero implica desarrollismo mejor que no sea tan próspero y sea equilibrado, además de justo, solidario y fraternal. RG cree que para que eso suceda Cataluña debe seguir siendo parte de España tanto por motivos económicos como culturales: “es imposible entender Barcelona, la ciudad en la que se editan más libros en castellano del mundo, fuera de España. Es imposible entender a Cataluña sin Barcelona”. Destaco los motivos culturales. Yo añadiría por razones de historia compartida, de lazos en común, de sentirnos parte de la misma clase trabajadora y mil razones más.

Durante la última década, prosigue RS, Cataluña se ha quedado atrás. Lo que había sido siempre una comunidad -él usa el término región- cosmopolita, inquieta, siempre buscando, siempre mirando a Europa y América, siempre intentando de buscar lo más nuevo o inventarlo (en mi opinión, una exageración, una mitificación, que comparte un sector de la izquierda española de la realidad real de .Cat), “se ha quedado ensimismada, perdida, cerrada en sí misma”. Una cultura oficialista cada vez más provinciana, arrogante y reaccionaria, añade RS, ha ahogado su viejo espíritu anarquista, irónico y decadente (yo no estoy tan seguro de que esas sean las características del que llama “viejo espíritu catalán”; más bien diría que no lo son si hablamos en términos, que yo no usaría, de “espíritu catalán”). Su burguesía, remata RS, “antaño debatiéndose entre el orden y la estética, se había perdido en un mar de agravios, resignación y derrotismo” (yo no tengo constancia de ese debate entre orden y estética, pero tal vez se me ha escapado el asunto).

Para RS, “el procés, la locura política colectiva por la independencia, ahogó a Cataluña, sumiéndola en debates interminables, divisiones profundas y malgastando la energía y sentir colectivo del país en un esfuerzo tan estúpido como inútil que nunca llegó a ser mayoritario entre los catalanes”. Coincido y añado un matiz: aunque hubiera sido mayoritario. Para él, “la región más activa, rica y vibrante del país se convirtió en el lugar más antipático y provinciano de Europa”. Insisto de nuevo: elogios desmedidos, en mi opinión, de la realidad real de .Cat. ¡Activa, rica, vibrante! ¿Dónde se ubica la riqueza de esa región rica? ¿Perdemos de vista las desigualdades, la pobreza infantil, las malas condiciones laborales, las muertes obreras, la explotación, los desequilibrios territoriales, la nuclearización?

La conclusión de RS: el resultado ha sido un desastre tanto para la misma Cataluña como para el resto de España. No es mi conclusión: el procesismo ha sido un desastre sobre todo para los lazos de fraternidad y unión entre la ciudadanía trabajadora de Cataluña (no nacionalista mayoritariamente) y la del resto de España, además de haber estimulado las aristas más derechistas del nacionalismo español e incluso del sentimiento español (no forzosamente nacionalista).

RS es de la opinión que “una de las prioridades de cualquier político tanto en Cataluña como en España es poner fin a este lastre pesado, absurdo y derrotista que ha sido el procés”. Para él, es algo urgente, imprescindible, “tanto por el bienestar económico del país como por nuestra propia salud mental”. Yo no usaría la noción de “bienestar económico del país” y hablaría con mucho cuidado de la salud mental. Cuanto antes nos saquemos de encima, observa RS. “este día de la marmota de agravios, protestas, desatinos, algaradas y jugadas maestras que no llevan a nada mejor”. En síntesis: es hora de mirar hacia adelante.

Los acuerdos de investidura del PSOE y los nacionalistas catalanes despiertan a RS miedos y esperanzas considerables, pero, con los abundantes reparos que le producen varias de sus provisiones, cree “que pueden ser, potencialmente, una forma de cerrar esta era tan idiotizada y autodestructiva de la política catalana, y quizás, a medio plazo, un punto de partida hacia un país mejor”. No es mi opinión.

Analiza RS a continuación la parte negativa, en absoluto despreciable apunta, de esos acuerdos. Muchos comentaristas se han quejado sobre cómo los acuerdos han hecho que el PSOE acepte el “lenguaje” o el “marco” del independentismo. Es cierto, señala, que ambos textos con a menudo insoportablemente ampulosos y recargados en la retórica circular del procesismo, pero a RS le parece un problema menor. “Una de las principales obsesiones del nacionalismo catalán es usar esta palabrería farragosa y altisonante de bilateralidad, soberanía, nación o conflicto para decir banalidades, simplemente para provocar escándalo e indignación en Madrid”. Para RS, los acuerdos incluyen copiosas cantidades de este trolleo para los fieles para irritar. Para él es un problema menor. No es esa mi opinión.

Desde su punto de vista “la parte substancial de ambos pactos incluye sólo dos propuestas concretas y tangibles, sin condicionales”: 1º: los partidos nacionalistas catalanes votarán a favor de la investidura (como han hecho). 2º: el Congreso aprobará una ley de amnistía para los implicados en los disturbios y algaradas del procés.”

El resto del acuerdo, con la única excepción del traspaso de Cercanías, es para RS una montaña de vaguedades, indefinición y condicionales, sin apenas detalles concretos. “Hay múltiples mesas de diálogo que hablarán sobre cosas, hay una “agenda de reformas y transferencias” y una serie de principios sobre el sistema de financiación. Pero sobre soberanía, autodeterminación, libertad, revolución y demás no hay nada substancial. Todo está escrito en condicional, todo está supeditado a acuerdos, y no hay compromisos cerrados en ningún tema concreto”. Substancial no, pero lo accidental también cuenta.

Los niveles de indefinición, añade, son casi hilarantes. “El acuerdo con Junts recoge que Junts propondrá una reforma de la ley de financiación autonómica, y el PSOE “apostará por medidas que permitan la autonomía financiera”. Es un pacto donde las dos partes acuerdan proponerse cosas distintas. El de ERC dice que se “abordará la manera en que los acuerdos puedan ser refrendados por el pueblo catalán”, que es la forma rebuscada de decir que si pactan algo se comprometen a negociar cómo aprobarlo. Hay tres mesas de negociación distintas actuando en paralelo, algo que parece una receta para que nadie acabe pactando nada relevante”.

La cláusula más importante, en opinión de RS, está medio escondida en el acuerdo con Junts. En el texto se dice que Junts propondrá la celebración de un referéndum de autodeterminación “amparado en el artículo 92 de la Constitución, es decir, consultivo y autorizado por el Congreso de los Diputados a propuesta del Presidente del Gobierno”. En esa cláusula, ciertamente, “el PSOE no se compromete ni a considerar esa solución; sólo dice que desarrollarán el estatuto de autonomía del 2006”.

Para RS “tenemos un partido independentista que ha renunciado por escrito a la vía unilateral hacia la secesión que era el problema central de procés, y lo ha hecho a cambio de que el Gobierno español siga implementando el marco legal vigente”. Yo no veo por ninguna parte esa renuncia. Detrás de todas esas grandes palabras y aspavientos, señala RS; “los dos partidos que reventaron la convivencia en Cataluña y dieron poco menos que un golpe de estado para intentar romper el país han decidido acatar el sistema constitucional, y lo han hecho sin rechistar.” Si lo que se quería “era cerrar el procés y hacer que la política catalana y española vuelva a su tradicional (y perfectamente normal en sistemas federales) negociación de presupuestos, leyes y competencias, aquí lo tenemos. Esto es lo que este acuerdo está haciendo.”

Quedan dos puntos por comentar va concluyendo RS:

Sobre la financiación, “uno de los problemas endémicos de nuestro sistema institucional es que las autonomías pueden gastar dinero, pero no recaudarlo. Un acuerdo que fuerce a los gobiernos regionales a pagarse sus intentos es muy necesario; veremos si el acuerdo con ERC va en ese sentido, y si la reforma de la LOFCA extiende este principio a todas las comunidades”. Veremos, son futuribles.

Segundo, la amnistía. RS no está seguro de que sea constitucional, “pero tampoco estoy seguro de que no lo sea; los que dicen que es obvio e imposible aprobar creo que están hablando más desde el dogmatismo que desde la interpretación legal seria.” Moralmente, añade, la amnistía le parece una solución incómoda. “Lo que sucedió en Cataluña el 2017 (un golpe de estado desde su punto de vista; desde el mío: un golpe al estado desde el propio estado de clases y grupos privilegiados, alejadas años-luz de toda noción real de solidaridad y apoyo mutuo) fue extraordinariamente grave, y todo lo que vino antes y después tuvo consecuencias negativas profundas en la sociedad catalana”. Es tremendamente injusto, afirma RS con claridad, “que un cretino como Puigdemont y su banda de demagogos y fanáticos pudieran hacer tanto daño al país y no sufrir consecuencias. ¿Volverán a las andadas?”. Yo no hubera usado la palabra “cretino”… porque no lo es. Es otra cosa. Un Vivales fanatizado nos han enseñado Albert Soler.

La conclusión de RS: “si ese es el precio de “cerrar” el procés de una vez, sin embargo, quizás este sea un precio que debamos estar dispuestos a pagar”. Las algaradas independentistas, recuerda, fueron muy graves, pero no hubo muertes ni víctimas. Cree que, como país, “deberíamos estar dispuestos a ser magnánimos, si eso soluciona el conflicto, o al menos lo convierte en la tradicional batalla partidista insoportable dentro de las instituciones, no un golpe de estado.”

¿Se fía RS de que los independentistas no vuelvan a las andadas? “Por supuesto que no, y el estado debe estar dispuesto a enchironar con entusiasmo si deciden romper otra vez el marco constitucional”. Yo tampoco usaría la expresión “enchironar con entusiasmo”. Nunca o casi nunca se enchirona con entusiasmo.

RS cree que es hora de ser pragmáticos, y “aceptar que cualquier conflicto político como el catalán sólo podrá cerrarse en falso, con soluciones a medias e imperfectas que no satisfacen del todo a nadie”. Estos acuerdos son para él, potencialmente, “la mejor solución para Cataluña y España ahora mismo”. RS cree que es un riesgo que vale la pena correr.

Yo no estoy tan seguro de que sea un riesgo que valga la pena correr (aunque lo correremos con total seguridad; doy por descontado que se aprobará la ley de amnistía), pero coincido con RS que la ley de amnistía, que puede modificarse en los trámites parlamentarios y no forzosamente para bien, es injusta, aunque no creo que cierre nada. Ni en falso, ni con verdad y acuerdo. Para el nacional-secesionismo el único cierre aceptable no es ni siquiera el ejercicio de lo que llaman dret a decidir (derecho de autodeterminación de un “poble oprimit”!), sino la secesión. Y ni siquiera eso: en el horizonte esperan más secesiones y la construcción uniformista de lo que llaman Países Catalanes.

Notas
1) La cita que les anunciaba: “Mi nacimiento [el de Michèlle Audin, 1954] fue uno de los primeros “partos sin dolor” de Argel; él [su padre, Maurice Audin] lo había “preparado” con mi madre, no esperó en el pasillo fumando cigarrillos nervioso, “participó” hasta el punto, dice mi madre, de que vio al bebé antes que ella. Sin embargo, aquí los estereotipos se interponen entre él y yo. Cuando me lo imagino de padre joven yendo a buscar, en plena noche, a un camarada estudiante de medicina para su hija enferma, no es a él a quien veo, sino a todos los padres jóvenes (tal vez esto sea una disgresión, tal vez no, pero no puedo evitar contarles, porque es una de las cosas que sé, que este estudiante de medicina se llamaba Georges Counillon, que la palabra “camarada” significa que era comunista, y sé también que despues pasó al maquis y que allí lo asesinaron)” (p. 79)
2) https://www.vozpopuli.com/                                              


Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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