En los últimos tiempos, vemos que son publicados, por parte de periodistas y analistas verdaderamente independientes -muy pocos- ensayos que abordan el tema de la guerra; asunto que, además, centra su reflexión. Armas, logística, etc. Puede dar la sensación de que sus autores se han pasado al bando del belicismo.
Es cierto que se trata abundantemente de la guerra, Ucrania, Gaza y Bab el Mandeb, muy en especial. Pero el de la guerra es un tema en que nosotros, los no otanistas, incluidos los analistas independientes, jugamos con las fichas negras. Nos viene impuesto, está ahí, no lo provocamos. Si acaso, sensatamente, tratamos de estudiarlo.
El guerrismo, pues se trata de guerras, no de simple militarismo, ni de belicismo de soflama y desfile, es un factor impuesto por los EEUU. Guerras proxys contra Rusia en el Cáucaso, Yugoslavia, Libia, Palestina, Afganistán, Irak, la guerra proxy de Siria, los golpes de estado promovidos en África, las bases -900-, el armar hasta los dientes a Ucrania para la guerra con el propósito de incorporarla a ala OTAN e instalar una base militar de la OTAN en Odessa, frente a Crimea, y otra en Mariupol, en la orilla del mar de Azov, frente a la costa Rusa. Y los preparativos para la guerra contra China, extendiendo, para ello, entre otras acciones, la actividad de la OTAN hasta el Pacífico.
EEUU ha sobrepasado su capacidad de gran potencia, yendo más allá de sus muy grandes posibilidades, pero este ir más allá la desestabiliza. Tener un proyecto de dominio mundial desmesurado en relación con sus posibilidades y recursos, loco, que genera un gasto militar, también desmesurado, produce una sublevación generalizada -«sur global» y otras denominaciones- , ante la que EEUU, en retroalimentación, frente a las consecuencias provocadas por su desmesura -mundo ordenado conforme a «reglas»- emplea aún armas y genera nuevas acciones bélicas, y para ello, amplia el empleo de medios y recursos que hacen que su propia sociedad interna se arruine y desgaste -hay confrontación civil en EEUU: nunca pensé en poder verlo-.
La gran potencia se hace, desde luego, más peligrosa, porque se ve a sí misma decaer, con lo que aumenta su armamentismo y se lanza a la apertura de nuevos frentes de guerra. Hablar de guerra es inevitable, en consecuencia.
Por lo demás, los analistas, en su mayoría, junto con la guerra y la decadencia del mundo liberal capitalista del occidente colectivo -el «jardín»-, también plantean el asunto de las civilizaciones, y se apunta la idea de que Rusia es una alternativa de civilización frente a la destrucción civilizatoria de las culturas materiales de vida cotidiana en común.
Lo es, por lo menos, ante la bufonada huera, basada en el individualismo narcisista y el consumo, el adanismo inconsciente y en fuga personal hacia adelante, en la que se ha convertido el «occidente colectivo». El mundo en el que las únicas relaciones sociales estables son las relaciones funcionales entre individuos aislados, mediadas por el mercado. Porque así es el «jardín». Por fin, lo hemos logrado: Hemos llegado a la media noche en el jardín del bien y del mal.
Frente a esta carencia de culturas de vida comunes, el mundo cultural eslavo es, desde luego, un referente alternativo.
Los hispanoamericanos que nos contemplen, a los que habíamos considerado, condescendientemente, el epítome de la penetración cultural liberal, -«patio trasero»- seguro que están estupefactos ante la putrefacción cultural nuestra, de Europa y EEUU, incluida España: el «corral delantero».
La izquierda no existe, porque, de existir, se notaría en la defensa de alternativas culturales de vida en común.
En nuestro país, es que no tenemos ni referente para denominar un ethos, una eticidad o cultura material de vida, porque eso es lo que se denominaría España, no «Estado español».
Los nacionalismos no poseen culturas alternativas de vida, como demuestra las invenciones grotescas, de las torres humanas, els diables, y demás esperpentos imaginarios; la reducción de la cultura material de vida cotidiana a simples simbolismos fetichistas identitarios, una performatividad simbólica inventada y huera, que nada tiene que ver con elaborar entre todos, y compartir, costumbres de vida cotidiana en común, y que además se mezcla con tachuelas y claveteados de cara, tatus, cortes de pelo que son todos iguales, elegetebeísmo-plus y otros simbolismos identitarios. Todo ello grotesco, y además doblado por la inquina fóbica que persigue inquisitorialmente, deshumaniza, demoniza y «kancela», a quien no lo comparte: verdadero «delito de odio».
Dejemos «para otra ocasión» lo de la izquierda española. Nunca Togliatti apoyó el separatismo sardo ni el «napoletano», nunca lo hizo el PCF de Thorez con normandos, bretones, etc. Pero en el caso francés, esto siempre tiene fácil excusa: son jacobinos insensibles estos franceses…ambos casos son dos datos empíricos, sin embargo y desde luego.
También en la izquierda española se censura intolerantemente, se excomulga como sospechoso de fascismo, a quien considera que los nacionalismos periféricos españoles están organizados por oligarquías económicas mafiosas, que han generado partidos supremacistas, fanáticos, mucho más a la derecha que el partido Popular. Y que, en consecuencia, debemos debatir sin temor ni restricciones, revisar y cambiar, el modelo autonómico de 1978, cuyas nefastas consecuencias han aflorado a la vista, flagrantemente, casi cincuenta años después, y por ello, las podemos observar con toda claridad. Sabemos hoy adónde ha ido a parar aquel modelo político. Rectificar es de sabios.
Pero, como decía Sherezade, también esto es otro asunto para hablar de él «durante otra noche, tú el elegido del Profeta, oh mi sultán».