Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda (la última entrada de hoy me ha sido facilitada por el profesor Alfredo Iglesias Diéguez).
1. Capital y raza (observación de Joaquín Miras).
2. India no será China.
3. Historia del 1º de Mayo.
4. Nacionalizar las farmacéuticas.
5. El plan de exterminio para Rafah.
6. Algunos proyectos económicos de los BRICS.
7. La teoría de la Clase Capitalista Trasnacional.
8. Más sobre la unidad palestina.
9. Reducción del salario real rural en India.
10. Diccionario marxismo en América: un rescate histórico de memorias combativas
1. Capital y raza
Sylvie Laurent nos presenta su libro Capital et race, en el que analiza el componente racial de la implantación del capitalismo. https://lavamedia.be/fr/
Martin Luther King conoce a Karl Marx
Sylvie Laurent -19 de abril de 2024
1492 subyugó al mundo. La historiadora Sylvie Laurent parte de la conquista de América para describir la aparición de un «capitalismo racial» que combina explotación económica y dominación racial.
Recordamos la aventura de Cristóbal Colón como el «descubrimiento» de un continente providencial, revelador tanto de las infinitas maravillas de la tierra como de la capacidad sin precedentes de la humanidad para liberarse de fronteras y ataduras. Pero la invención de América fue algo más que una historia: consagró una nueva relación con la naturaleza y la humanidad que vio irrevocablemente unidos capital y raza.
«Algún día habrá que plantearse la cuestión del capitalismo». Martin Luther King no lo dudaba: «No se puede hablar de la condición del negro sin hablar de millones de dólares; no se puede pretender acabar con el confinamiento en guetos sin decir primero que algunas personas ganan dinero con el gueto.» Y «¿A quién pertenece el petróleo? ¿A quién pertenece el mineral de hierro? Ésas son las preguntas que hay que hacerse». Pero al decir esto, advirtió el activista antirracista, «estamos entrando en aguas peligrosas, porque lo que estamos diciendo básicamente es que hay un problema con el capitalismo 1».
King no tenía aún 25 años cuando, tras estudiar a Marx, se dio cuenta de que el capitalismo, que pretendía abolir las jerarquías feudales del mundo anterior, en realidad no había hecho más que reinventarlas, subyugando con ellas a los negros y a muchos otros pueblos de piel oscura. Sin embargo, esperó hasta el momento oportuno, en el ocaso de su vida, para denunciar esta hidra, criatura de muchas cabezas que se alimenta de la pobreza y la explotación, de la violencia racial y de las guerras imperiales. Muchos activistas la habían visto y analizado antes que él, y les costó. Incluso el famoso intelectual W. E. B. Du Bois tuvo que abandonar el país y morir lejos de él.
King fue así invitado, en un malentendido, a silenciar su crítica del capitalismo para que se ciñera a la cuestión racial, aun sabiendo que eran inseparables. Mientras que el levantamiento de los guetos estadounidenses a finales de los años sesenta confirmaba la interconexión entre explotación, relegación, dominación racial y violencia de Estado, su círculo íntimo temía que, al politizar demasiado el capitalismo, se desviara de su actividad principal. De hecho, King nunca fue más agudo en su crítica a la supremacía blanca que cuando denunció la fábula de una democracia capitalista construida sobre la libre empresa, el trabajo asalariado y la iniciativa individual, que se vería libre de siglos de explotación racial una vez que se concediera a los negros el derecho al voto.
Culpar a la estructura capitalista liberal del país, negar que la prosperidad estaba ahora al alcance de todos y que la propiedad privada era emancipadora, era un error moral y una palabra de pura insensatez. Para el gobierno, por supuesto, pero también para los grandes sindicatos y la mayoría del país, exasperados por el descontento de los negros estadounidenses, King se había convertido en un ingrato, extraviado por su asociación con los socialistas y quizás incluso en un sedicioso «a sueldo de Saigón». Tras su muerte, la condición de su nueva popularidad fue que se borrara su anticapitalismo de los libros de historia, para celebrar únicamente su supuesta lucha «victoriosa» contra el racismo 2.
Este mandato de no plantear la cuestión del capitalismo cuando nos proponemos combatir las arraigadas estructuras del racismo o, a la inversa, de restar importancia a todo lo que no sea de clase cuando pensamos en la opresión capitalista, nunca ha cesado desde la muerte de King en 1968. A ambos lados del Atlántico, los debates sobre campos de minas enfrentan raza y clase, postuladas en una competición artificial que obliga a la gente a elegir bando. Considerar la explotación y la dominación como una hidra y subrayar los vínculos evidentes entre capital y raza sigue siendo hoy una propuesta peligrosa 3. En contraste con estos resúmenes, este libro se propone revelar la historia de una relación simbiótica y demostrar que, si bien han existido muchas formas de discriminación racial y economías de mercado, el advenimiento del capitalismo en el área atlántica a partir de 1492 estableció la hegemonía del principio de raza, que se convirtió en un hecho social total y en el modus operandi de un capitalismo en ciernes.
A King se le pidió que limitara sus críticas al capitalismo a la cuestión racial, aunque sabía que eran inseparables.
«En el principio era América», escribió el escocés John Locke, quien, como tantos europeos ilustrados, se sintió fascinado por la conquista de un continente que quería creer vacante, donde, según él, sólo el trabajo del desarrollo transformaba una tierra virgen e ilimitada en riqueza material y moral y justificaba el derecho de propiedad. El experimento iniciado en 1492 fue acompañado de una nueva relación con el mundo y con los demás, basada en la novedosa idea de que la prosperidad de las sociedades humanas residía en la sumisión de una naturaleza salvaje y virgen al acto racional de la explotación. A partir de entonces, todo el mundo viviente se puso a trabajar y, en este primer imperio planetario, personas, plantas y animales se convirtieron en mercancías que circulaban de un rincón a otro del hemisferio.
La conquista de las Américas fue, pues, un caos primordial que dio lugar a la ilusión de la riqueza infinita del mundo, cuya apropiación máxima no debía verse obstaculizada por ninguna restricción. Se adoptaron dos técnicas de producción de valor: la esclavitud de plantación y la expropiación letal de los pueblos indígenas. Éstas fueron las dos condiciones que hicieron posible el «Nuevo Mundo». La conquista y colonización del Nuevo Mundo fue también, para el Viejo Mundo, la primera acumulación fundadora y estructurante del capital. Lo que tenemos que entender, por tanto, no es tanto cuál de los dos, el capital o la raza, produjo al otro, sino el modo en que el momento inaugural de 1492 -la toma de tierras y la toma de personas como mercancías- los hizo nacer y les permitió avanzar juntos. Lejos de ser coincidentes, contingentes o un accidente de la historia, raza y capital están sellados juntos. La colonización, la esclavitud y la explotación en América fueron menos el «amanecer» del capitalismo, como escribió Marx, que su matriz.
El significado de las palabras
El capitalismo, como la raza, es un «concepto controvertido»: es una palabra distinta de una cosa, cada una aparece a distancia de la otra. Ambos son teorías, objeto de formalizaciones abstractas y de un lenguaje concebido para organizar el mundo y producir una realidad social y política. Tanto la raza como el capitalismo son realidades «empíricas», experiencias históricas concretas, y un conjunto de narrativas y fantasías que las conciben como claves de lectura del mundo. Son a la vez «sujetos» y filosofías de la historia, pero no existen al margen de las actividades humanas y del significado político que se les da.
Es importante recordar que la palabra «capitalismo» fue inventada por sus críticos para describir y denunciar, pero sobre todo para constituir un concepto para el análisis crítico y la comprensión 4. Al igual que la palabra «raza», ha sido objeto de encarnizadas batallas políticas y epistemológicas desde su aparición. Resignificadas por cada uno de los teóricos que se han apoderado de ella y por generaciones de luchas, estas dos realidades nunca son inamovibles. El capital de Marx no es el capital de Adam Smith, Fernand Braudel o la era digital, y el racialismo de los naturalistas del siglo XVIII no es el racismo «sin raza» 5 o el «racismo no discriminatorio 6» del antisemitismo que ha caracterizado las indignidades raciales actuales desde que la palabra «raza» fue repudiada tras la Segunda Guerra Mundial. En Estados Unidos, la dominación de los afroamericanos ha adoptado diferentes formas, desde la esclavitud hasta la explotación proletaria, desde la reclusión en guetos y prisiones hasta la sobreexposición a la violencia medioambiental 7.
Como conceptos analíticos y políticos, el capitalismo y el principio de raza son camaleones. Se adaptan y reconfiguran según el tiempo, la conjetura y el lugar, y nosotros los definimos en los términos impuestos por su dominio de nuestro pensamiento. Se podría dudar de la posibilidad de una comprensión «objetiva» de los pares capital/capitalismo y raza/racismo. Sin embargo, ambos se basan fundamentalmente en una relación con el mundo cuya historia, principios y propósitos podemos discernir.
Capital(ismo)
El capitalismo nunca ha tenido, y probablemente nunca tendrá, una definición fija. De hecho, esa es probablemente una de sus propiedades. Pero al menos puede entenderse como «el principio de valorar la riqueza sin otro fin que ella misma 8», o, dicho de otro modo, un modo de actividad humana encaminado a la producción cada vez mayor de mercancías con ánimo de lucro. Para ello, se organiza en un sistema autónomo basado en la propiedad privada y el mercado. Se despliega a lo largo de la historia y, colonizando todos los aspectos de la vida humana, trastorna irrevocablemente nuestra relación con los demás, con la naturaleza y con el tiempo 9.
La riqueza que promete está perpetuamente aplazada, y las fuerzas productivas existentes nunca son suficientes. El «capital» es más difícil de definir, dependiendo de si se entiende como «toda forma de riqueza que puede a priori poseerse […] y transmitirse o intercambiarse en un mercado10 » o, en el caso de Marx, como una «relación singular de producción» destinada a la circulación de dinero y mercancías para extraer el valor robado al trabajador. Pero también hay capital fuera de la esfera económica, y también se ha descrito como capital social, capital cultural, capital humano o capital natural, así como muchos otros recursos que pueden poseerse, transmitirse o robarse. En resumen, el capital es un conjunto de bienes y vínculos capaces de producir ingresos, y el capitalismo organiza su perpetuación y crecimiento.
Existe un capital silencioso que fue tan poderoso en Cuba como en Quebec, desde las Antillas francesas hasta Brasil y California: el capital racial de los europeos y sus descendientes. Más que un privilegio, la condición de blanco en las Américas confiere poder y recursos, pero también es un capital que se negocia, se valora, se sopesa y se estima, y que está sujeto a las inestabilidades de los mercados sociales.
Según Marx, la encarnación de la mistificación del capital es Robinson Crusoe, un marinero varado en una isla desierta de América, que inventó todo con sus propias manos.
Una vez atesorado, el capital racial es la fuente de seguridad material, económica y social que se reinvierte constantemente en el futuro. Como «capital social incorporado11 «, sobredetermina la posición social y la capacidad de conservar un entorno habitable e incluso confortable. La transmisión de este patrimonio y los ingresos que genera son objeto de una lucha existencial en Estados Unidos y la principal fuente de desigualdades entre los blancos y los demás.
Raza(ismo)
Al igual que ocurre con el binomio capital/capitalismo, la distinción entre raza y racismo es tenue y a menudo se confunde una cosa con la otra. El racismo se entiende fácilmente como un conjunto de representaciones, discursos y prácticas discriminatorias destinadas a perjudicar, degradar y subordinar a un grupo de mujeres y hombres en nombre de una supuesta raza. Es a la hora de entender qué es la «raza» cuando los debates epistemológicos se descontrolan12.
Idea, principio, concepto, hechizo, ficción, castigo o condición, la raza es, como el capital de Marx, una relación social. Basada en la clasificación y jerarquización de los grupos humanos, se desenmascara mediante un «signo» físico, un «marcador», que revela la indignidad o la gloria de un linaje, transmitido desde la noche de los tiempos. Este indicio se persigue, se busca y, a veces, se inventa para dar sentido a una dominación concreta. El antisemitismo es el ejemplo paradigmático de una búsqueda neurótica de la señal invisible que revela lo indigno.
Como mediador entre el espíritu humano y la naturaleza, se supone que el cuerpo es estable, físico y no histórico. El principio de raza se basa en su supuesta inmovilidad13. Los determinismos que impone sólo pueden contrarrestarse forzando a los organismos. Como en el caso de la clase, este punto de vista se basa en la invención de la naturaleza. Los trabajos de las feministas marxistas y de los humanistas medioambientales han puesto de relieve esta concepción arbitraria y sexista de lo que está fuera de lo humano, fuera de lo social.
Es más, afirma «el origen ‘visceral’ o ‘programado’ del comportamiento humano», que «está inscrito en la naturaleza y surge de una diferencia prehistórica, anterior a las relaciones reales entre grupos»14. Al igual que el aliento del capital, la ordenación racial de la humanidad parece ser espontánea y existir al margen de las relaciones sociales. La fisiognomía expresa la esencia y el valor moral de cada grupo humano así circunscrito. Su realidad es enunciada por los científicos, sobredetermina las trayectorias vitales y contamina el conjunto del espacio social en el que cada cual debe «encajar».
Este orden mental y social del mundo recuerda a la ideología en el sentido marxista, que legitima los intereses de la «clase dominante» y perpetúa la nueva ley del valor. A la vez representación sesgada del mundo que pretende ser universal y construcción de una autoridad, la ideología incumbe a magistrados, eruditos, filósofos y teólogos, prescriptores de normas, pero también al Estado. Los mecanismos que producen el principio de raza son de hecho instituciones, que codifican según diversas gramáticas raciales lo que de otro modo serían meras costumbres o prejuicios.
Porque es el instigador del «honor y deshonor públicos15 » y porque, como en el caso del capital, determina su perímetro y su dominio sobre la sociedad produciendo y perpetuando la maquinaria esencial, el poder público ha sobredeterminado históricamente el papel de cada grupo en el proceso de creación de riqueza (y, por tanto, en la formación de clases). Según diversos regímenes raciales, ha clasificado, distinguido, expropiado y separado, pero sobre todo codificado, en función de la condición racial, el libre acceso a los recursos, el primero de los cuales es la autosoberanía. Como principio de gobierno de hombres y mujeres, la raza forma parte de la objetivación del mundo que permite la universalización suave de los valores dominantes.
Pero este principio sólo existe a través de un determinado régimen de violencia estatal. Sin ella, no puede haber acumulación primitiva de capital, ni leyes que pretendan la igualdad y, sobre todo, ni policía ni orden público. Las múltiples formas históricas de producción y gestión de la diferencia han establecido, hasta nuestros días, la extrema vulnerabilidad de ciertas poblaciones, sobreexpuestas a la muerte precoz. No sólo en la época de las cabelleras y los barcos negreros un cuerpo indígena o negro sin vida era más valioso que uno vivo.
Una hidra de dos cabezas, nacida de la historia y alimentada por la teoría
Sin ser directamente producto de él del mismo modo que la clase, la raza se ha manifestado en la historia como una de las infraestructuras esenciales del capitalismo. Las transacciones entre raza y capital han sido diversas y aparentemente contradictorias, ya se trate del anticapitalismo «de pacotilla»16, del antisemitismo perseguido por el «judío de plata» o de la expropiación de tierras a los pueblos indígenas. Pero la acumulación, la desposesión, la segregación, la violencia y la «privación de la propiedad propia 17» estructuran, en cada uno de los periodos tratados en este libro, la historia que comenzó con la colonización de las Américas.
Viendo la evolución de ambos en la historia, uno no puede sino quedar impresionado por la validez de la filosofía marxista para pensar la formación del capital y la producción racial de una semi-humanidad. La lógica de la raza y del capitalismo son, si se piensa bien, dos mistificaciones: la abstracción del capital, como la de la raza, apunta a la misma negación de la historia. Camuflan su dominio con una «bruma fantasmal»18 que vela la historia y esencializa el capital.
La mercancía se convierte en un valor en sí misma, y el trabajo alienado parece ser la ley desde toda la eternidad. Reificación es la palabra culta que se da a este proceso. La raza es también la ficción de una existencia inmemorial y autoevidente, que responde a leyes biofísicas: vela la historia de la desvalorización, la apropiación y la dominación. Estable y visible, también es una falsa transparencia, una verdad errónea que postula «lo indeleble bajo lo histórico […] un ser permanente, liberado del tiempo19 «.
Según Marx, la encarnación de la mistificación del capital es Robinson Crusoe, un marinero varado en una isla desierta de América, de quien se dice que lo ha inventado todo con sus propias manos en una tierra vacía, cuando sólo sobrevive gracias a la herencia social. Robinson está en el centro de este libro porque encierra uno de los «secretos» de la conexión entre raza y capital. Relato mesiánico del capitalismo, es también la historia del colonialismo, de la esclavitud y de la domesticación racial de la naturaleza. Si en Europa los críticos del capitalismo pueden afirmar que «la propiedad es un robo», en estas tierras coloniales pobladas de «salvajes», Robinson invierte la proposición: «el robo es la propiedad20 «.
Las vidas de los nativos y de los numerosos esclavos a la sombra del marinero son la parte poco conocida de su botín. El paradigma de Robinson nos muestra que la raza es una relación de poder y dominación y, por tanto, una cuestión política. Como producción histórica, política y social, no es una creación mecánica e incorpórea del capitalismo. Pero su vínculo parece ser una cuestión de necesidad, por no decir orgánica.
Marx se dio cuenta de que, en América, la violencia racial instituida por la ley era indispensable para el principio capitalista de «maximizar la utilidad bajo coacción». Al estudiar la condición de los negros mecanizados y mercantilizados de las plantaciones, convertidos en mano de obra excedente, vio en ellos la personificación última de la deshumanización capitalista. Al otro lado del Atlántico, escribe, «la clase esclava» es «sacrificada sin el menor escrúpulo»; se les hace trabajar hasta la muerte, porque ése es el principio «más eficaz» 21 para que los plantadores capitalistas extraigan la máxima plusvalía en el mínimo tiempo. Fue al sumergirse en la experiencia de Estados Unidos en plena Guerra de Secesión cuando tanto Marx como Engels comprendieron que la revolución proletaria sólo sería posible allí si cesaba el expolio del trabajo y la vida de los negros: «El trabajo bajo piel blanca», recordaba Marx a sus amigos norteamericanos, «no puede emanciparse allí donde el trabajo bajo piel negra está estigmatizado y marchito» 22.
Lejos de interpretar la exclusión racial como una artimaña de los propietarios, señala que las propias clases trabajadoras están impregnadas de una subjetividad racial que las lleva a confinar a los negros en el seno mismo de la clase obrera, a la manera de una casta. Así, no cabe duda en la mente de Marx de que mantener a 4 millones de negros en los grilletes fue la razón inconfesable de un conflicto en el que una clase de plantadores capitalistas y una multitud de «canallas blancos» estaban decididos a mantener la ficción del «negro»23.
Pero estas intuiciones han seguido siendo lagunas en la teorización marxista del capitalismo. Aunque sitúa la colonización y la esclavitud en un lugar destacado de su historia del capitalismo y de las condiciones que hicieron posible su desarrollo, e identifica la esclavitud como una de sus modalidades, concibe a todo trabajador alienado como un esclavo: «De te fabula narratur!» («Es tu historia la que se cuenta24 «), añade tras describir la plantación, como si los esclavos negros no fueran más que proletarios explotados más intensamente.
Un problema con el marxismo
Aunque el filósofo alemán no era ciego a la realidad racial, no le prestó demasiada atención. Ciertamente, el marxismo nunca pretendió tener una respuesta a la cuestión de las minorías oprimidas. Pero cuando se enfrentó al movimiento obrero judío en Europa, que era plenamente socialista pero se negaba a asimilarse, o a los camaradas negros de las zonas coloniales que también exigían el reconocimiento de su singularidad histórica, el primer marxismo argumentó que estos «particularismos» eran en sí mismos un obstáculo para la emancipación.
Dilucidar la naturaleza de las «afinidades estructurales25 » entre el capital y la raza será la labor de los pensadores disidentes, ya sean marxistas, neomarxistas o los que han vuelto al marxismo. Para muchos activistas de color implicados en la lucha anticolonial, la filosofía marxista no debe descartarse de plano. Aparte de la validez de su análisis del capitalismo, también se le atribuye haber captado tres aspectos cardinales de la cuestión racial: que la raza y el racismo estaban profundamente vinculados a la expansión imperial del capitalismo, que el racismo estaba vinculado a la competencia interna dentro de la clase obrera y servía para socavar los cimientos de un movimiento revolucionario y, por último, que el principio de raza no tenía existencia, ni «sustancia» fuera de unas condiciones sociales definidas26.
Pero frente al marxismo ortodoxo que dominaba las organizaciones obreras y los partidos comunistas y socialistas nacionales, la voz de los pueblos negros y colonizados, y en particular de quienes se negaban a silenciar o relativizar la opresión racial, a menudo se tradujo en un «encuentro fallido»27.
Desde principios del siglo XX, de Ghana a Francia, de Haití a Perú, se construyó en los márgenes una tradición intelectual y política que entabló un agrio diálogo con el marxismo, al que hubo que «destilar28 «, enmendar, descentrar y a veces incluso cuestionar. La clarificación de la simbiosis entre raza y capital, que no hizo sino acentuarse, alimentó las luchas anticoloniales y dotó a algunos militantes de un formidable aparato crítico. Bien entrado el siglo, el pensador anglojamaicano Stuart Hall describiría este encuentro con el marxismo como un «compromiso no con una teoría, ni siquiera con un problema, sino con un problema29 «.
W. E. B. Desde Francia, el comunista senegalés Lamine Senghor nos recordaba en 1927 que «ser negro es ser explotado hasta la última gota de sangre o ser transformado en soldado en defensa de los intereses del capitalismo30 «. Amílcar Cabral, héroe de la independencia de Guinea, recuerda su génesis: «la deshumanización sistemática de ciertas partes de la humanidad -el racismo- ha estado íntimamente ligada al nacimiento, crecimiento y expansión continua del capital, y sigue siendo el sello distintivo de su desarrollo 31».
Toda una parte del movimiento de la negritud también consideró el vínculo inextricable entre capital y raza desde sus orígenes esclavistas y coloniales. El poeta haitiano René Depestre recuerda que el trabajador negro «está, por una parte, alienado (como el proletario blanco) como ser dotado de una fuerza de trabajo que se vende en el mercado capitalista; por otra parte, alienado como ser con pigmento negro, alienado en su singularidad epidérmica32.»
Como raza y clase están entrelazadas en el capitalismo, mientras que el proletario recibe un contrato y un salario para cubrir sus necesidades básicas, el negro o el indígena no tienen ni reconocimiento legal de su persona ni siquiera los medios para sobrevivir y asegurar su descendencia. El activista e historiador guyanés Walter Rodney continúa: «El racismo occidental es parte integrante del modo de producción33 «. Incluso los marxistas negros más universalistas, como el comunista afroamericano Oliver Cox o el pensador trotskista trinitense C. L. R. James coinciden en que «tratar el factor racial con descuido, como algo meramente accidental, es apenas menos grave que considerarlo fundamental 34». La clase es primordial, pero las vidas de las personas de color oprimidas no pueden ser subsumidas, minimizadas, descartadas como pequeñoburguesas y relegadas a una segunda etapa de la lucha.
Para toda esta tradición intelectual anticapitalista y antirracista, se ha tratado de considerar la singularidad histórica y filosófica de la raza bajo el capital e incluso de pensarla fuera del capital: «Los negros han sido así los únicos que han experimentado de manera casi ontológica, o al menos en su carne y en su psique, la violencia radical portadora del principio tecnológico moderno35«. La raza escapa a su matriz materialista estadounidense y se convierte en una cuestión política y metafísica. La infrahumanidad en la que la colonización y la esclavitud habían confinado a los pueblos de los que Europa se había servido creó sujetos revolucionarios singulares. Por eso, prosigue Achille Mbembe, «la cuestión de la clase social nunca agotará la cuestión de la raza 36».
Itinerario del «capitalismo racial»
En los albores del siglo XXI, el mundo anticolonial estaba lleno de fructíferas reflexiones sobre las interrelaciones entre capital y raza y las mejores estrategias para combatirlas, pero el repudio conjurativo de la palabra «raza» tras la Segunda Guerra Mundial, las descolonizaciones y los derechos civiles en Estados Unidos a partir de finales de los sesenta y la prosperidad excepcional de las democracias capitalistas las hicieron inaudibles. Como queremos creer que la invalidación del racismo biológico o jurídico señala el fin de la raza, ahora sólo pensamos en ella como el pasado de Occidente, el vocabulario de la vergüenza también, mientras que el capitalismo glorioso promete un futuro igualitario y la mejor garantía para abolir las distinciones.
Sin embargo, hay un país, surgido de Europa en su extremo sur, cuya plena entrada en la modernidad capitalista se sustenta en un régimen de violencia racial conocido como «Apartheid». En 1948, Sudáfrica formalizó siglos de ocupación colonial y política racial, al tiempo que atraía inversiones de todo el mundo. Frente a los llamamientos de los activistas antiapartheid a boicotear el país, las élites y los propietarios afirman que el crecimiento económico y el desarrollo de un extractivismo financiero e industrial de vanguardia conducirán a la reconciliación nacional.
El Partido Comunista Sudafricano, principal opositor al régimen racista junto al CNA (Congreso Nacional Africano), formaba parte de un renacimiento teórico orientado a pensar a través de la acción. En la segunda mitad de los años 70, entre Sudáfrica y Londres, donde a menudo se exiliaban, Martin Legassick, David Hemson y Harold Wolpe, marxistas blancos disidentes, demostraron que el capitalismo sudafricano prosperó no a pesar de, sino gracias a la segregación y explotación de los negros en los bantustanes, uno de los muchos ejemplos de lo que el capital sudafricano debe a la raza37.
Discutido, su concepto de «capitalismo racial» se convirtió en una retícula analítica adoptada por el intelectual y activista sudafricano más importante de la época, el luchador negro próximo a Mandela, Neville Alexander. Encarcelado durante diez años en Robben Island, demostró a su vez en el libro que escribió durante su cautiverio que en Sudáfrica las relaciones sociales se mistificaban en «relaciones raciales», es decir, que la raza era la forma concreta en que aparecía la clase y que, por tanto, la lucha no podía disociarse de ninguna manera38. En el Foro del Comité Nacional (un grupo próximo al movimiento nacionalista Conciencia Negra) celebrado en Hammanskraal en 1983, Alexander proclamó: «La lucha contra el apartheid es sólo el punto de partida de nuestros esfuerzos de liberación […] El apartheid sólo será derrotado con la erradicación del capitalismo racial39 «.
Ese mismo año, un investigador negro estadounidense llamado Cedric Robinson, familiarizado con los análisis sudafricanos, publicó un libro titulado Black Marxism40, en el que utilizaba la expresión «capitalismo racial». Postulaba que Europa ya había racializado a judíos, eslavos, miserables y otros parias desde dentro, incluso antes de la aparición del capitalismo, al decretar su infamia hereditaria. Por consiguiente, todo capitalismo, no sólo el sudafricano, es racial en la medida en que produce y perpetúa sistemáticamente la jerarquía entre los grupos humanos.
Cedric Robinson, que también se muestra escéptico sobre la pertinencia de la filosofía marxista para pensar la hidra moderna, sugiere una contrahistoria de la resistencia al capitalismo, encabezada por los primeros negros fugitivos de las Américas y continuada por una «tradición radical negra». También en este caso, su análisis ha sido enmendado, discutido y rebatido, pero la idea principal, la que fue ganando terreno entre los activistas de ambos lados del Atlántico, es ahora objeto de un gran cuestionamiento científico y político. Marx y Engels nos advirtieron contra el espejismo de una América que sería un mundo absolutamente «nuevo», un territorio virgen cuya inmensidad espacial aboliría el dominio de la historia41. La hidra del capital y la raza que ha encontrado allí su hogar es el fruto de cinco siglos de historia y diálogo transatlánticos que debemos reexaminar.
Esta historia comienza, como este libro, en 1492, y ve desplegarse la hidra durante el colonialismo europeo de la era mercantil, cuando se constituyeron las grandes instituciones que lo produjeron: la plantación, la multinacional, la academia y el código jurídico. Comprenderemos entonces cómo, en nombre del arcaísmo y de la ineficacia de esas instituciones en la era del capitalismo moderno, los teóricos y defensores de éste afirmaron que la dominación racial era sólo un vestigio, y que podría surgir una nueva sociedad de la abundancia, sin cadenas ni látigos.
https://www.seuil.com/ouvrage/
Adam Smith y Robinson Crusoe encarnan el poder de esta narrativa. Fue compañera constante de una hidra que redobló su poder cuando el imperialismo y el orden colonial se reinventaron a finales del siglo XIX. Las ideologías que surgieron, desde el liberal Tocqueville hasta los socialistas franceses antisemitas, cristalizaron el interminable entrelazamiento de raza y capital. La ambición de este libro es volver sobre esta historia y reanudar la conversación que demasiado pronto se interrumpió entre Karl Marx y Martin Luther King.
Notas
- Extractos de su discurso titulado ¿Adónde vamos ahora? Atlanta, 16 de agosto de 1967, https://kinginstitute.
- Sylvie Laurent, Martin Luther King. Une biographie, París, Seuil, 2015.
- Sobre estos debates, véase Elsa Dorlin, «¿Raza versus clase? Conceptum sacer ou la vie nue des concepts», Pouvoirs, vol. 181, nº 2, 2022, pp. 5-19.
- Jürgen Kocka, Historia del capitalismo [2013 para la edición original en alemán], Ginebra, Markus Haller, 2017.
- «Un racisme sans races. Entrevista con Étienne Balibar», Relations, nº 763, marzo de 2013. Véase también Eduardo Bonilla-Silva, Racism Without Racists. Color-Blind Racism and the Persistence of Racial Inequality in the United States, Lanham, MD, Rowman & Littlefield, 2003.
- Expresión de Fabienne Messica, «À l’air libre», Mediapart, 9 de noviembre de 2023.Expresión de Fabienne Messica, «À l’air libre», Mediapart, 9 de noviembre de 2023.
- Jérôme Maucourant, «Le capitalisme entre rationalité et poli- tique, Orient et Occident», Cités, vol. 41, nº 1, 2010, p. 16. 41, nº 1, 2010, p. 16.
- Alain Bihr, «Capitalisme et rapport au temps. Essai sur la chrono- phobie du capital» [2004], reproducido en Actes des congrès des sociétés historiques et scientifiques, París, Éditions du CHTS, 2007, pp. 11-20.
- Thomas Piketty, Le Capital au xxi e siècle, París, Seuil, 2013, p. 82.
- Jean-Luc Jamard, «Consomption d’esclaves et production de «races»: l’expérience caraïbéenne», L’Homme, n° 122-124, 1992, p. 228.
- La postura de este libro es que la raza como categoría de análisis crítico es esencial para comprender la historia y debe utilizarse sin comillas.En palabras de Jean-Frédéric Schaub: «La noción de raza no responde a una pregunta sobre el objeto (¿existen las razas?), sino que designa un método de descripción de la sociedad que incorpora las jerarquías imaginadas por los racistas como un dato del análisis social. Del mismo modo que la noción de género es una herramienta que permite tener en cuenta las jerarquías imaginadas por los sexistas como datos del análisis social. Del mismo modo, el concepto de clase social, desde el siglo XIX, nunca ha dejado de ayudar a historiadores y sociólogos a construir hipótesis sobre los procesos sociales, sin que historiadores y sociólogos se vean obligados a considerar que las clases sociales son realidades empíricas», en «Note sur l’histoire de l’usage du terme race. A historian’s point of view», Revue Alarmer, 22 de abril de 2020, https://revue.alarmer.org/ le-point-de-vue-dun-historien/
- Donald S. Moore, Jake Kosek y Anand Pandian, Race, Nature, and the Politics of Difference, Durham, NC, Duke University Press, 2003.
- Colette Guillaumin, Sexe, Race et Pratique du pouvoir. L’idée de Nature, París, Côté-femmes, 1992, p. 2.
- Loïc Wacquant, «La pentade de la domination raciale. 2 e par- tie», La Pensée, vol. 414, nº 2, 2023, p. 140.
- La frase es de Étienne Balibar en Étienne Balibar e Imma- nuel Wallerstein, Race, nation, classe. Les identités ambiguës, París, La Découverte, 2007, p. 278.
- Françoise Vergès, La Mémoire enchaînée. Questions sur l’escla- vage [2006], París, Hachette Littératures, 2008, p. 144.
- Esta es una expresión de Karl Marx en la subsección de El Capital titulada «El carácter fetichista de la mercancía y su secreto» en la traducción editada por Jean-Pierre Lefebvre (París, Messidor/Éditions sociales, 1983, p. 87).
- Maurice Olender, Race sans histoire, París, Seuil, 2009, p. 19.
- Robert Nichols, ¡El robo es propiedad! Dispossession and Critical Theory, Durham, NC, Duke University Press, 2020.
- John E. Cairnes citado en Karl Marx, Le Capital, Livre I [1867], Œuvres, Économie I, París, Gallimard, «Bibliothèque de la Pléiade», 1963, pp. 801-802.
- Karl Marx, El Capital, op. cit. p. 835.
- Friedrich Engels y Karl Marx, La guerra civil en Estados Unidos, París, 10/18, 1970 [recopilación de artículos de prensa publicados originalmente entre 1861 y 1862 durante la guerra civil estadounidense, reunidos por primera vez en un libro en 1937].
- Karl Marx, «Prefacio a la primera edición», El Capital, op. cit., p. 548.
- Es una expresión de Marx sobre el capital y la religión.
- Robert Knox y Ashok Kumar, «Reexamining Race and Capitalism in the Marxist Tradition», Historical Materialism, vol. XXXI, nº 2, 2023, pp. 25-48. 31, nº 2, 2023, pp. 25-48.
- Enzo Traverso, Mélancolie de gauche. La force d’une tradi- tion cachée ( xix e – xxi e siècle), París, La Découverte, 2016. Véase también Francesco Fistetti, «Marxismo, cuestión colonial y poscolonialismo. Dialogue avec Domenico Losurdo», Revue du MAUSS permanente, 29 de diciembre de 2019, https://journaldumauss.net/./? tion-coloniale-et-
- Jean-Jacques Cadet, Le Marxisme haïtien, París, Delga, 2021, p. 74.
- Stuart Hall, Identidades y culturas. Politiques des cultural studies, París, Ámsterdam, 2017, p. 21. Hall se refiere aquí más específicamente a la posición de la Nueva Izquierda británica.
- Lamine Senghor, La Violation d’un pays et autres écrits antico- lonialistes, París, L’Harmattan, 2012, p. 41-42.
- Citado en Firoze Manji, «Culture, pouvoir et résistance : Réflexions sur les idées d’Amilcar Cabral», Possibles, vol. 42, nº 1, 2018, pp. 83-104, aquí p. 88.
- René Depestre, «Jean Price-Mars et le mythe de l’Orphée noir ou les aventures de la négritude», L’Homme et la société, nº 7, 1968, p. 175.
- Walter Rodney, Et l’Europe sous-développa l’Afrique, París, Édi- tions caribéennes, 1972, p. 123.
- C. L. R. James, Los jacobinos negros. Toussaint Louverture et la révolution de Saint-Domingue [1938], París, Éditions Amsterdam, 2008, p. 256.
- «Reencantando África. Entrevista con Achille Mbembe», Multitudes, vol. 81, nº 4, 2020, p. 140.
- Ibid, p. 140-141.
- Martin Legassick y David Hemson, Foreign Investment and the Reproduction of Racial Capitalism in South Africa, Londres, Anti- Apartheid Movement, 1976.
- Salim Vally et Enver Motala, « Neville Alexander’s Struggle Against Racial Capitalism », Boston Review, 7 août 2023.
- Ibid.
- La traduction française est parue en 2023 aux Éditions Entre‑ monde (Genève).
- Vincent Bontems, « L’Amérique… selon Marx », Cahiers d’his- toire. Revue d’histoire critique, n° 103, 2008, p. 130‑144.
Sylvie Laurent es americanista y profesora en Sciences-Po. Durante muchos años fue investigadora asociada en el Instituto W.E.B. Du Bois de Harvard. Es autora de varios libros influyentes, entre ellos Martin Luther King. Une biographie (Points, 2016) y Pauvre petit Blanc. Le mythe de la dépossession raciale (MSH, 2020).
Observación de Joaquín Miras:
1492 no fue un proceso capitalista, con el permiso de los que remontan el capitalismo a las boda de Canaan. Sí forma parte de la Modernidad, de la edad moderna, pero eso no es el capitalismo, que surge en el siglo XVlll. Claro que eso, afirmar que el siglo XV, XVI, XVII, son capitalismo, ahorra tener que estudiar, investigar, trabajar y, sobre todo, vencer la pereza mental de quitarse esquemas que no explican nada.
2. India no será China
Otro artículo sobre las dificultades para que los indios consigan convertirse en «la nueva China» como fábrica del mundo. Hay varios puntos del artículo, sin embargo, que creo que habría que matizar bastante. El programa Made in India, por ejemplo, no es que haya tenido resultados dudosos: ha sido un fracaso. Varias de las empresas occidentales que se trasladaron a India han decidido ya abandonar o se los están pensando. La supuesta erradicación de la pobreza, aunque en el mismo artículo se matiza, solo ha conseguido resultados mediocres. Como hemos visto por los artículos de Patnaik, en realidad los salarios reales han disminuido en el mundo rural, y no hay trabajo en las ciudades. https://vientosur.info/el-
El sueño insensato de convertirse en una nueva China
Romaric Godin 27/Abr/2024
Es el nuevo relato de Wall Street, copiado de la retórica de Narendra Modi: India avanza por el camino que emprendió China en los años noventa y podría incluso adelantar a su rival. Sin embargo, esta historia parece muy alejada de las realidades de la economía india. Mientras el electorado indio se prepara para renovar su Parlamento, la economía del país es la nueva obsesión en los mercados y entre economistas. En un momento en que China tiene dificultades para mantener su tasa de crecimiento del 5 % anual y está sumida en las consecuencias de su crisis inmobiliaria, India se perfila como el nuevo horizonte del capitalismo mundial. Tanto es así que algunos sueñan con una nueva China.
El primer ministro saliente, Narendra Modi, no es el último en jugar con esta ambición. En agosto de 2022, en la ceremonia de celebración del 75º aniversario de la independencia, afirmó claramente en la parte económica de su discurso: “Debemos dominar el mundo”. El líder nacionalista hindú no oculta su fascinación por el éxito económico de su vecina y rival China y, desde 2014, se ha embarcado en una política de apoyo a la industria, el famoso programa Made in India. En realidad, fue el año pasado cuando la idea de un milagro indio comparable al éxito de China ha ido ganando terreno en la mente de los inversores internacionales. En 2023, India pasó a ser el país más poblado del mundo, con 1.426 millones de habitantes, tres millones más que China.
¿Hacia un milagro indio?
Muchos vieron en ello una señal del futuro sorpasso económico, ya que la economía india crece ahora a un ritmo anual del 7 %. Para el ejercicio fiscal de 2023-2024 (las cuentas del país van de marzo a marzo), el gobierno de Nueva Delhi ha previsto un crecimiento del PIB del 7,3 %, tras el 7,2 % del año anterior. En los mercados financieros, el adelantamiento ya se ha producido. Mientras que el índice de la bolsa de Mumbai, el Nifty 50, subió un 20 % el año pasado, la capitalización de los mercados indios (el valor de todas las acciones cotizadas) ha superado a la de Hong Kong y es ahora la cuarta mayor del mundo, con 4,6 billones de dólares.
Lógicamente, hay quienes empiezan a calentar sus hojas de cálculo Excel. El banco británico Barclays ha calculado en un estudio que India podría convertirse en el mayor contribuyente al crecimiento mundial, por delante de China, antes de que finalice la próxima legislatura, en 2029. Bloomberg, por su parte, sitúa la fecha en 2028 en términos de paridad de poder de compra.
Todo esto ha convertido a India en el destino de moda para Wall Street, en un momento en que los inversores extranjeros huyen de China (la inversión extranjera directa cayó un 20 % en los dos primeros meses del año). Este relato es especialmente apreciado en la medida en que se inscribe en el contexto de la guerra económica de Washington contra Pekín. Con el crecimiento de la India, parece que hemos encontrado la martingala: podemos prescindir de China.
Varios hechos han alimentado esta retórica. El principal ha sido la decisión de varios grandes grupos occidentales de hacer fabricar sus móviles en India. Apple ha trasladado parte de la producción de su iPhone a India con sus subcontratistas de Taiwán, y tiene previsto fabricar una cuarta parte de sus teléfonos en el subcontinente. Google y Samsung han hecho anuncios similares. Así, uno de los productos legendarios de China ‒los teléfonos inteligentes‒ parece emigrar a India en un momento en que el gobierno de Narendra Modi ha decidido intensificar su apoyo al sector privado.
El programa Made in India, lanzado cuando el BJP (Bharatiya Janata Party, el partido de Modi) llegó al poder en 2014, había tenido un éxito desigual. A partir de ahora, nada menos que 2,7 billones de rupias indias, o casi 30.000 millones de euros, se pondrán a disposición de quienes quieran construir fábricas en India, ya sea mediante créditos fiscales, subvenciones o préstamos para comprar terrenos.
Por último, el gobierno se ha embarcado en un vasto programa de infraestructuras para mejorar uno de los flancos débiles de la economía india. Desde 2020 se han gastado 122.000 millones de dólares en este ámbito, y se espera que se inviertan otros 131.000 millones de aquí a 2030. Este gasto no solo genera crecimiento, sino que facilita el comercio entre regiones y abre mercados a los productores locales.
Todavía está lejos de China y su vasta red de trenes de alta velocidad, pero India ha construido miles de kilómetros de autopistas, ha introducido trenes Vande Bharat más rápidos y modernos, fabricados en el propio país en 2019 y debería tener su primera línea de alta velocidad entre Bombay y Ahmedabad en 2027. Todo ello respalda la idea de que India está acortando distancias. No obstante, ¿está realmente el país a las puertas de un destino como el chino?
Los límites del crecimiento indio
Antes de examinar esta cuestión conviene analizar en qué situación se encuentra realmente India, más allá de la propaganda y del entusiasmo de Wall Street. Durante las tres últimas décadas, el país ha registrado un crecimiento del PIB bastante sostenido, con una media de alrededor del 6 % anual. Ya es una gran potencia económica. En términos nominales, superará al Reino Unido en 2022 y se convertirá en la quinta economía mundial, con un PIB de 3.416 billones de dólares. En términos más realistas de paridad de poder de compra, ya ocupa cómodamente la tercera posición mundial, por detrás de China y Estados Unidos.
Pero el desarrollo del país está aún muy lejos del de China. El PIB de India equivale a tan solo una quinta parte del de la República Popular, mientras que en 1990 la diferencia era de apenas el 23 %. En términos de PIB per cápita y paridad de poder de compra y en dólares constantes de 2017, India sigue siendo un país pobre: 7.112 dólares en 2022 según el Banco Mundial, frente a los 18.188 dólares de China, aunque los niveles eran similares en 1990. Según este cálculo, el PIB per cápita de India es parecido al de Laos y Bangladesh, e inferior al de Filipinas, Vietnam, Indonesia y Sri Lanka.
Aunque la pobreza ha disminuido notablemente, sigue estando muy presente. Según el Banco Mundial, el 12,9 % de la población india sigue viviendo con menos de 2,15 dólares al día (a precios de 2017), lo que sin duda es mucho menos que el 63,5% de 1977, pero China ha erradicado por completo este tipo de pobreza, que en la década de 1980 era superior a la india. Este grado de pobreza es superior al de países como Benín (12,7 %), Senegal (9,9 %) o Costa de Marfil (9,7 %).
Desde la década de 2000, el crecimiento de India se ha centrado en los servicios, sobre todo los tecnológicos. El problema es que se trata de un modelo en el que solo participa una parte de la sociedad, la más formada. También se refleja en grandes desequilibrios de desarrollo, sobre todo entre el inmenso Uttar Pradesh, un Estado con más de 240 millones de habitantes, pero que no ha dejado de ser pobre y estar enclavado, y el sur del país, en particular en torno al centro tecnológico de Bangalore, en Karnataka.
India es, por tanto, un país de contrastes, que proporciona ingenieros y especialistas en tecnología de calibre internacional, pero al mismo tiempo registra bajos niveles de educación. La tasa de alfabetización de India en 2022 era del 76,32 %, frente al 97,1% de China. Esta tasa desciende al 69,1% en el caso de las mujeres, muchas de las cuales siguen manteniéndose al margen del mercado laboral.
En cierto modo, el caso indio es el ejemplo típico de los límites de la teoría del crecimiento endógeno, tan de moda en la década de 1990. El desarrollo a través de la tecnología y el conocimiento no puede lograr lo que algunos analistas predecían en la década de 2000: la capacidad de India para “saltarse la fase industrial” y pasar directamente de una sociedad rural a una “sociedad del conocimiento”. Hay que reconocerle a Narendra Modi que haya visto que esto era ilusorio y haya querido volver a un modelo de desarrollo industrial clásico. La razón es sencilla: esta industria proporciona trabajo e ingresos a gran parte de la población que no puede emplearse en el sector servicios.
Sin embargo, de momento, y a pesar de diez años de programas de apoyo y de algunos anuncios estridentes, la industria india sigue siendo marginal. Según el Banco Mundial, solo representará el 13 % del PIB en 2022, frente al 28 % de China, el 25 % de Vietnam, el 23 % de Malasia y el 18 % de Indonesia. En la producción manufacturera mundial, donde China representa casi el 31 %, India solo representa el 3% del total. Aunque ha habido algunos éxitos notables, como en la industria farmacéutica, esto no basta para convertir a India en una gran potencia industrial. Es evidente que aún no lo es y que le queda mucho camino por recorrer. La historia del adelantamiento de China por India escatima los diez años de fracaso de la política industrial de Narendra Modi. Además, esto de hablar del despegue de India no es nuevo. Un periodista del Washington Post admitió en 2006 que había predicho que India adelantaría a China tras asistir a un Foro de Davos.
Una vía de desarrollo distinta
Por supuesto, los fracasos del pasado no son una guía para el futuro. Y la India podría encontrarse en una fase de industrialización acelerada. Pero esta idea de que India copia a China para destronarla es, en realidad, tan extraña como poco convincente. Hay dos razones principales: la situación internacional es muy diferente de la de principios de la década de 1990, cuando China despegó, y no parece que estén reunidas las condiciones internas de este despegue para convertir a India en el doble de China.
El despegue chino se construyó en torno a un doble movimiento: una apertura gradual, pero masiva, a la inversión y al comercio internacional, y el control general de las condiciones macroeconómicas por parte del Estado. El excedente de mano de obra se canalizó de las zonas rurales, donde aumentaba la productividad, a las zonas urbanas, donde se puso a disposición de la industria orientada a la exportación.
Lo interesante aquí es que China ya tenía una estructura industrial estatal, que transformó para atender la demanda exterior. Sacrificó los grandes grupos industriales estatales, pero aprovechó los conocimientos industriales existentes. Sobre esta base, el coste de la mano de obra china ha permitido ganar cuota de mercado. Pero es importante señalar que no basta con que los costes laborales sean bajos; las condiciones de producción y la productividad laboral también deben ser suficientes.
En este sentido, el argumento demográfico esgrimido por los defensores del sorpassso indio es limitado. La idea, desarrollada en particular por Bloomberg, es simple. Entre 2020 y 2040, la China envejecida perderá 48,6 millones de trabajadores, mientras que India tendrá 38,7 millones más. De ahí la idea de que la producción tendrá que mantener el ritmo. Pero las cosas no son tan simples.
Evolución de las poblaciones rural y urbana en China e India. © Infografía Our World In Data / Banco Mundial / Naciones Unidas
Hará falta que la masa de jóvenes tenga acceso a una educación suficiente y cuente con la movilidad necesaria para incorporarse a las fábricas. El reto consiste en crear una mano de obra productiva en un entorno favorable. La cuestión de las infraestructuras es, por tanto, central, y dista mucho de estar totalmente resuelta, pero India sigue siendo un país rural. Fue la revolución rural tras el fin del maoísmo en China la que liberó la mano de obra necesaria para desarrollar la industria en la década de 1980. Sin embargo, las reformas de Narendra Modi en el sector agrario encontraron una fuerte resistencia y fracasaron en 2020-2021.
Hay otra diferencia. Cuando se abrió al mundo, China logró mantener un equilibrio entre el control estatal y la atracción de inversores extranjeros, y finalmente pudo prescindir de ellos. La dictadura china tenía una visión global de la sociedad en la que el dominio del Partido Comunista estaba garantizado gracias al desarrollo de la producción orientada a la exportación. Por consiguiente, el aparato productivo, incluido el Estado, se reorientó hacia este objetivo.
La naturaleza del Estado indio es totalmente distinta, y esta diferencia refleja también estructuras sociales muy dispares. El modus operandi del Estado indio, que se ha reforzado aún más en la era Modi, es el del capitalismo de amiguetes. El Estado protege, apoya y respalda a grandes grupos económicos con estrechos vínculos con el poder político, como la familia Adani. En este marco, los grandes cambios globales de la producción, como en China en la década de 1990, son imposibles.
Una relación diferente con el exterior
La India de Modi prioriza determinados intereses económicos y electorales, por lo que implícitamente se pide a los inversores internacionales que encajen en esta red de intereses y no la perturben. Esto explica por qué India sigue manteniendo importantes regímenes proteccionistas (su arancel aduanero medio es del 18 %), que China había reducido significativamente, sustituyéndolos por un apoyo general a la producción local a través de un yuan débil.
Un acontecimiento reciente ha servido para recordarlo. En agosto de 2023, el gobierno indio prohibió la importación de ordenadores portátiles para fomentar la producción nacional. Finalmente tuvo que dar marcha atrás ante la presión de las multinacionales que el país intenta atraer. Pero esta anécdota demuestra que la apertura de India sigue estando sujeta a conflictos de intereses.
Otra diferencia notable con China en la década de 1990, que se deriva de lo anterior, es la situación de las cuentas exteriores. India tiene un déficit crónico por cuenta corriente, debido a un déficit comercial que no se compensa con entradas de capital. Esto es el resultado de una base productiva subdesarrollada que requiere importaciones no solo para mantener en funcionamiento el sistema existente, sino también para satisfacer la creciente demanda de los hogares, ya que, a pesar de las limitaciones antes mencionadas, el nivel de vida de la India se ha multiplicado por siete en 35 años.
China registra un superávit por cuenta corriente permanente desde 1990 (con la excepción de 1993). Una vez más, esto es producto de una decisión política: la prioridad no era desarrollar la demanda interna, sino crear riqueza a partir de las exportaciones. Este modelo es muy difícil de implantar en India, donde el BJP (el partido nacionalista hindú de Narendra Modi) tiene que asegurarse una base de apoyo electoral y económica.
Ahí es donde se cierra la trampa. Las incoherencias de la política india más allá de la propaganda, y también la falta de un posicionamiento industrial claro ‒volveremos sobre esto más adelante‒, están mermando la capacidad de atracción del país. La inversión extranjera directa se ha mantenido estable en porcentaje del PIB durante los últimos diez años, siendo del 1,47 % en 2022. Sin embargo, en los nueve primeros meses del ejercicio de 2023-2024 cayó un 26 % interanual. Así que, a pesar de la narrativa triunfalista de Narendra Modi y Wall Street, el país no se está beneficiando de la caída de la inversión en China. Su cuota de inversión extranjera directa mundial cayó en 2023 del 3,5 % al 2,2 %.
Esto no ayudará a la balanza por cuenta corriente, que sigue registrando un déficit de alrededor del 1 % del PIB. Sin un superávit por cuenta corriente, le resultará muy difícil capitalizar su desarrollo. Si el país es exportador neto de divisas, se reduce su capacidad de inversión en infraestructuras, sanidad y educación, lo que frenará su crecimiento potencial. En este sentido, el modelo indio se parece más al de Turquía, cuya solución fue la inflación, que al de China, que financió su desarrollo invirtiendo sus reservas acumuladas.
Por eso es difícil hacer proyecciones sobre el futuro de India. El crecimiento es un hecho, pero el nivel prometido por Bloomberg o Barclays de cerca del 10 % anual en 2030 es muy incierto. El FMI, por su parte, pronostica una tasa media de crecimiento del 6 %, que mantendrá a India muy alejada de China.
La omnipresencia de China
Hay un último punto, sin duda el más importante: el mundo ha cambiado mucho en los últimos treinta años, y hoy ya no se dan las condiciones que propiciaron el despegue de China. En su momento, la crisis de rentabilidad de las economías occidentales llevó a sus empresas a buscar una zona donde pudieran producir barato y seguir siendo suficientemente productivas. China era el destino ideal y, por así decirlo, uno de los únicos posibles.
Pero esta situación y este modelo de desarrollo chino parecen ser excepcionales y únicos. Es difícil convertirlo en un modelo universal de desarrollo. De hecho, la situación actual es muy diferente. Por una razón principal: China ya ha emergido y no puede ser ignorada. La estrategia de diversificación de las zonas de producción promovida por Estados Unidos se llama China Plus One, lo que demuestra que no se puede dejar de lado el país de Xi Jinping. Es más, las empresas chinas también están liderando la deslocalización de las industrias más sensibles al coste de la mano de obra de China a Vietnam, Camboya y Laos.
Esto sugiere que no hay espacio real para una nueva potencia industrial global, como sueña Modi. Detrás de la fanfarria de las fábricas de iPhone hay una realidad: la dependencia de estos centros de producción de suministros chinos que la industria india es actualmente incapaz de proporcionar. Y ahí radica el problema: puesto que India no puede desempeñar el mismo papel que China hace treinta y cinco años, necesita definir su lugar en la cadena de producción mundial. Y la estrategia energética india, que es una estrategia de potencia, tiene problemas para definir ese lugar.
Es cierto que si el país se especializa en el ensamblaje de bienes de consumo, dependerá de los suministros chinos. No tiene mucho sentido especializarse, como la vecina Bangladés, en industrias de escaso valor añadido, como la textil, ya que esto acaba generando una pobreza persistente. Pero a pesar de la pujanza de su sector de servicios tecnológicos, India no está en condiciones de imponerse en el sector de muy alta tecnología, como la inteligencia artificial, dominado por China y EE UU y donde su presencia es nula, o los semiconductores, donde países como Malasia ya le llevan demasiada ventaja.
Hay un último problema: convertirse en una potencia industrial mundial requiere acceso a materias primas y metales raros. En este punto, China ha tomado la delantera con su programa Nueva Ruta de la Seda y sus políticas de control de ciertos tipos de producción (el níquel indonesio, por ejemplo). India no está en condiciones de hacer lo mismo. Sobre todo porque China no será destronada fácilmente, sobre todo en un momento en que el crecimiento de la demanda mundial sigue siendo débil.
Por tanto, la narrativa del adelantamiento de India a China parece un poco demasiado mecánica, basada en una simple comparación de las tasas de crecimiento actuales y las proyecciones demográficas, así como en la puesta de relieve de unas pocas inversiones simbólicas. La realidad es que esta narrativa sirve a la idea políticamente interesante para Washington de que la economía mundial es capaz de prescindir de China. Pero esto no es más que pura ilusión.
La realidad es que India se está beneficiando de su retraso relativo para registrar tasas de crecimiento superiores a las de China, y que esto debería continuar automáticamente. Pero la diferencia actual de dos puntos sigue siendo bastante moderada en comparación con la diferencia de PIB entre ambos países. De hecho, el modelo de desarrollo industrial de India no parece estar en condiciones de competir con la República Popular.
La retórica del nacionalismo económico de Narendra Modi tiene poco fundamento real. El problema es que crea expectativas de desarrollo, como la promesa de entrar en el club de los países ricos en 2047. Si estas expectativas se ven defraudadas, la única solución será una nueva puja nacionalista, probablemente más política, en un momento en que las relaciones entre India y China ya son tensas.
Así pues, la realidad es que el mito de la Nueva China es un callejón sin salida. Máxime cuando este modelo ha alcanzado sus límites en la propia China, y es el modelo de un desastre medioambiental, mientras que India ya está muy afectada por la contaminación y el cambio climático. Narendra Modi, como muchos de sus homólogos, está dando vueltas en círculos en la oscuridad de la crisis capitalista mundial.
18/04/2024 Mediapart Traducción: viento sur
3. Historia del 1º de Mayo
Aprovechando que lo han recuperado y traducido en Jacobin lat, y aunque sea a toro pasado, me parece que vale la pena este artículo de Hobsbawm de 1990 sobre la creación y arraigo del 1º de mayo, con una referencia, por cierto, a nuestra «Fiesta de San José Obrero» y sus «Demostraciones sindicales».
Cómo los trabajadores hicieron suyo el Primero de Mayo
Eric Hobsbawm Traducción: Florencia Oroz
Eric Hobsbawm relata los orígenes del Día Internacional de los Trabajadores. «Los curas tienen sus días festivos», anunciaba un periódico de mayo de 1891, «los moderados tienen sus celebraciones. El Primero de Mayo es el festival de los trabajadores de todo el mundo».
En 1990, Michael Ignatieff, escribiendo sobre la Pascua para el Observer, señalaba que «las sociedades seculares nunca han conseguido ofrecer alternativas a los rituales religiosos». Apuntaba que la Revolución Francesa podía haber «convertido a los súbditos en ciudadanos, haber puesto liberté, égalité y fraternité en el dintel de todas las escuelas y haber desterrado a los monasterios, pero aparte del catorce de julio nunca hizo mella en el viejo calendario cristiano».
El tema que nos ocupa es quizá la única mella incuestionable hecha por un movimiento laico en el calendario cristiano o en cualquier otro calendario oficial, una fiesta establecida no en uno o dos países, sino, desde 1990, oficialmente en 107 Estados. Es más, es una ocasión establecida no por el poder de gobiernos o conquistadores, sino por un movimiento totalmente no oficial de hombres y mujeres pobres. Hablo del Primero de Mayo, la fiesta internacional del movimiento obrero, cuyo centenario debería haberse celebrado en 1990, ya que se inauguró en 1890.
«Debería» es la expresión correcta, ya que, aparte de los historiadores, pocos han mostrado mucho interés por esta ocasión, ni siquiera los partidos socialistas que son descendientes directos de los que, en los congresos inaugurales de lo que se convirtió en la Segunda Internacional, convocaron en 1889 una manifestación obrera internacional simultánea a favor de una ley para limitar la jornada laboral a ocho horas que se celebraría el 1º de mayo de 1890. Esto es cierto incluso para los partidos realmente representados en los congresos de 1889, y que todavía existen. Estos partidos de la Segunda Internacional o sus descendientes proporcionan hoy los gobiernos o las principales oposiciones en casi toda Europa al oeste de lo que era la autodenominada región del «socialismo realmente existente». Cabría haber esperado que mostraran un mayor orgullo, o incluso simplemente algo más de interés por su propio pasado.
La reacción política más fuerte en Gran Bretaña al centenario del Primero de Mayo vino de Sir John Hackett, antiguo general y, lamento decirlo, antiguo director de una facultad de la Universidad de Londres, que pidió la abolición del Primero de Mayo, al que parecía considerar una especie de invento soviético. En su opinión, el día no debía sobrevivir a la caída del comunismo internacional. Sin embargo, el origen de la fiesta primaveral del Primero de Mayo en la Comunidad Europea es todo lo contrario de bolchevique o incluso socialdemócrata. Se remonta a los políticos antisocialistas que, reconociendo lo profundamente que las raíces del Primero de Mayo calaban en el suelo de las clases trabajadoras occidentales, quisieron contrarrestar el atractivo de los movimientos obreros y socialistas cooptando su fiesta y convirtiéndola en otra cosa. Por citar una propuesta parlamentaria francesa de abril de 1920, apoyada por cuarenta y un diputados a los que solo les unía el hecho de no ser socialistas:
Esta fiesta no debe contener ningún elemento de celos ni odio [palabra clave para la lucha de clases]. Todas las clases, si es que aún puede decirse que existen clases, y todas las energías productivas de la nación deben confraternizar, inspiradas por la misma idea y el mismo ideal.
Los que, antes de la Comunidad Europea, llegaron más lejos en la cooptación del Primero de Mayo fueron los de extrema derecha, no los de izquierda. El gobierno de Hitler fue el primero, después de la URSS, en convertir el Primero de Mayo en un Día Nacional del Trabajo oficial. El gobierno de Vichy del mariscal Petain declaró el Primero de Mayo «Fiesta del Trabajo y de la Concordia» y se dice que se inspiró para ello en el Primero de Mayo falangista de la España de Franco, donde el mariscal había sido un entusiasta embajador.
De hecho, la Comunidad Económica Europea que hizo del Primero de Mayo un día festivo, a pesar de las opiniones de la Sra. Thatcher sobre el tema, era un organismo compuesto no por gobiernos socialistas sino predominantemente antisocialistas. Los Primero de Mayo oficiales occidentales fueron reconocimientos de la necesidad de llegar a un acuerdo con la tradición de los Primero de Mayo no oficiales y desvincularla de los movimientos obreros, la conciencia de clase y la lucha de clases. Pero, ¿cómo es que esta tradición era tan fuerte que hasta sus enemigos pensaron que tenían que asumirla, incluso cuando, como Hitler, Franco y Petain, destruyeron el movimiento obrero socialista?
Un ascenso rápido
Lo extraordinario de la evolución de esta institución es que no fue intencionada ni planificada. En este sentido, no fue tanto una «tradición inventada» como una que surgió de repente. El origen inmediato del Primero de Mayo no se discute. Fue una resolución aprobada por uno de los dos congresos fundadores rivales de la Internacional —el marxista— en París en julio de 1889, año del centenario de la Revolución Francesa. En ella se convocaba a los trabajadores a una manifestación internacional ese mismo día, en la que plantearían a sus respectivas autoridades públicas y de otro tipo la reivindicación de una jornada legal de ocho horas. Y como la Federación Americana del Trabajo ya había decidido celebrar dicha manifestación el 1º de mayo de 1890, se eligió este día para la manifestación internacional. Irónicamente, en los propios Estados Unidos el Primero de Mayo nunca llegó a establecerse como lo hizo en otros lugares, aunque solo fuera porque ya existía un día festivo del trabajo cada vez más oficial, el Labor Day, el primer lunes de septiembre.
Los estudiosos han investigado naturalmente los orígenes de esta resolución, y el modo en que se relacionaba con la historia anterior de la lucha por la jornada legal de ocho horas en Estados Unidos y en otros lugares, pero estos asuntos no nos conciernen aquí. Lo que es relevante para el presente argumento es la diferencia entre lo que la resolución preveía y lo que realmente ocurrió. Señalemos tres hechos sobre la propuesta original. En primer lugar, se pedía simplemente una manifestación internacional única. No se sugería que se repitiera, y mucho menos que se convirtiera en un acontecimiento anual regular. En segundo lugar, no se sugería que fuera una ocasión especialmente festiva o ritual, aunque se autorizaba a los movimientos obreros de todos los países a «realizar esta manifestación de las formas que la situación de su país haga necesarias».
Esto, por supuesto, fue una salida de emergencia dejada por el bien del Partido Socialdemócrata Alemán, que en ese momento todavía era ilegal según la ley antisocialista de Bismarck. Por último, no hay indicios de que esta resolución se considerara especialmente importante en aquel momento. Al contrario, la prensa de la época apenas la menciona, si es que lo hace, y, con una excepción (curiosamente un periódico burgués), sin la fecha propuesta. Incluso el informe oficial del Congreso, publicado por el Partido Socialdemócrata Alemán, se limita a mencionar a los proponentes de la resolución e imprime su texto sin ningún comentario ni aparente sensación de que se trataba de un asunto de importancia. En resumen, como Edouard Vaillant, uno de los delegados más eminentes y políticamente sensibles del Congreso, recordaba unos años más tarde: «¿Quién podría haber predicho (…) el rápido ascenso del Primero de Mayo?».
Su rápido auge y veloz institucionalización se debieron sin duda al extraordinario éxito de las primeras manifestaciones del Primero de Mayo en 1890, al menos en Europa al oeste del Imperio Ruso y los Balcanes. Los socialistas habían elegido el momento oportuno para fundar o, si lo preferimos, reconstituir una Internacional. El primer Primero de Mayo coincidió con un avance triunfal de la fuerza y la confianza obreras en numerosos países. Por citar solo dos ejemplos conocidos: el estallido del Nuevo Sindicalismo en Gran Bretaña que siguió a la Huelga del Dock de 1889, y la victoria socialista en Alemania, donde el Reichstag se negó a continuar la ley antisocialista de Bismarck en enero de 1890, con el resultado de que un mes después el Partido Socialdemócrata dobló su voto en las elecciones generales y salió con algo menos del 20% del voto total. Lograr que las manifestaciones de masas tuvieran éxito en un momento como aquel no fue difícil, ya que tanto los activistas como los militantes se volcaron en ellas, mientras que masas de trabajadores corrientes se unieron a ellas para celebrar una sensación de victoria, poder, reconocimiento y esperanza.
Y, sin embargo, el grado de participación de los trabajadores en estas reuniones asombró a quienes les habían convocado a hacerlo, especialmente a los 300.000 que llenaron Hyde Park en Londres, que así, por primera y última vez, constituyó la mayor manifestación del día. Porque, si bien todos los partidos y organizaciones socialistas habían convocado naturalmente reuniones, solo algunos habían reconocido todo el potencial de la ocasión y se habían volcado a ella desde el principio. El Partido Socialdemócrata austriaco fue excepcional en su sentido inmediato del estado de ánimo de las masas, con el resultado de que, como observó Friedrich Engels unas semanas más tarde, «en el continente fue Austria, y en Austria, Viena, la que celebró esta fiesta de la manera más espléndida y apropiada».
De hecho, en varios países, lejos de lanzarse de todo corazón a la preparación del Primero de Mayo, los partidos y movimientos locales, como es habitual en la política de izquierdas, se vieron perjudicados por discusiones y divisiones ideológicas sobre la forma o formas legítimas de tales manifestaciones —volveremos sobre ellas más adelante— o por pura cautela. Frente a una reacción muy nerviosa, incluso en ocasiones histérica, ante la perspectiva de la jornada por parte de los gobiernos, la opinión de la clase media y los empresarios, que amenazaban con la represión policial y la victimización, los dirigentes socialistas responsables prefirieron a menudo evitar formas de confrontación excesivamente provocadoras. Este fue especialmente el caso de Alemania, donde la prohibición del partido acababa de ser revocada tras once años de ilegalidad. «Tenemos todas las razones para mantener a las masas bajo control en la manifestación del Primero de Mayo», escribió el líder del partido August Bebel a Engels. «Debemos evitar conflictos». Y Engels estuvo de acuerdo.
La cuestión crucial era si se debía pedir a los trabajadores que se manifestaran en horario laboral, es decir, que fueran a la huelga, ya que en 1890 el Primero de Mayo caía en jueves. Básicamente, los partidos cautelosos y los sindicatos fuertes y establecidos —a menos que quisieran deliberadamente o se vieran envueltos en una acción industrial, como era el plan de la Federación Americana del Trabajo— no veían por qué debían arriesgar su propio cuello y el de sus miembros en aras de un gesto simbólico. Por lo tanto, tendían a optar por una manifestación el primer domingo de mayo y no el primer día del mes. Esta era y siguió siendo la opción británica, razón por la cual el primer gran Primero de Mayo tuvo lugar el 4 de mayo.
Sin embargo, también era la preferencia del partido alemán, aunque allí, a diferencia de Gran Bretaña, en la práctica fue el Primero de Mayo el que prevaleció. De hecho, la cuestión se debatiría formalmente en el Congreso Socialista Internacional de Bruselas de 1891, en el que británicos y alemanes se opusieron a franceses y austriacos en este punto, siendo superados en las votaciones. Una vez más, esta cuestión, como tantos otros aspectos del Primero de Mayo, fue el subproducto accidental de la elección internacional de la fecha. La resolución original no hacía referencia alguna a la interrupción del trabajo. El problema surgió simplemente porque el primer Primero de Mayo cayó en día laborable, como todos los que planeaban la manifestación descubrieron inmediata y necesariamente.
La prudencia dictaba lo contrario. Pero lo que hizo realidad el Primero de Mayo fue precisamente la elección del símbolo por encima de la razón práctica. Fue el acto de parar simbólicamente el trabajo lo que convirtió el Primero de Mayo en algo más que otra manifestación, o incluso otra ocasión conmemorativa. Fue en los países o ciudades donde los partidos, incluso contra los sindicatos vacilantes, insistieron en la huelga simbólica donde el Primero de Mayo se convirtió realmente en una parte central de la vida de la clase obrera y de la identidad laboral, como nunca ocurrió realmente en Gran Bretaña, a pesar de su brillante comienzo.
Abstenerse de trabajar en un día laborable era tanto una afirmación del poder de la clase obrera —de hecho, la afirmación por excelencia de este poder— como la esencia de la libertad, es decir, no verse obligado a trabajar con el sudor de la frente, sino elegir qué hacer en compañía de la familia y los amigos. Era, por tanto, tanto un gesto de afirmación y lucha de clases como una fiesta: una especie de tráiler de la buena vida que vendría tras la emancipación del trabajo. Y, por supuesto, en las circunstancias de 1890, era también una celebración de la victoria, una vuelta de honor al estadio. Visto así, el Primero de Mayo llevaba consigo un rico cargamento de emoción y esperanza.
Formalización
De esto se dio cuenta Victor Adler cuando, en contra de los consejos del Partido Socialdemócrata Alemán, insistió en que el partido austriaco debía provocar precisamente la confrontación que Bebel quería evitar. Al igual que Bebel, reconoció el clima de euforia, de conversión de masas, casi de expectación mesiánica que recorría a tantas clases trabajadoras en ese momento. «Las elecciones han hecho volver la cabeza a las masas [geschult] menos formadas políticamente. Creen que solo tienen que querer algo y todo se puede conseguir», en palabras de Bebel.
A diferencia de Bebel, Adler aún necesitaba movilizar estos sentimientos para construir un partido de masas a partir de una combinación de activistas y de la creciente simpatía del pueblo. Además, a diferencia de los alemanes, los trabajadores austriacos aún no tenían voto. Por tanto, la fuerza del movimiento todavía no podía demostrarse electoralmente. De nuevo, los escandinavos comprendieron el potencial movilizador de la acción directa cuando, tras el primer Primero de Mayo, votaron a favor de que se repitiera la manifestación de 1891, «especialmente si se combinaba con un cese del trabajo, y no con simples expresiones de opinión». La propia Internacional adoptó el mismo punto de vista cuando en 1891 votó (en contra de los delegados británicos y alemanes, como hemos visto) celebrar la manifestación el Primero de Mayo y «cesar el trabajo allí donde no sea imposible hacerlo».
Esto no significaba que el movimiento internacional llamara a la huelga general como tal, pues, con todas las ilimitadas expectativas del momento, los trabajadores organizados eran conscientes en la práctica tanto de su fuerza como de su debilidad. Si la gente debía ir a la huelga el Primero de Mayo, o si se podía esperar que renunciara a un día de salario por la manifestación, eran cuestiones ampliamente debatidas en los bares de la proletaria Hamburgo, según los policías de paisano enviados por el Senado para escuchar las conversaciones de los trabajadores en esa ciudad masivamente «roja». Se comprendió que muchos trabajadores no podrían salir, aunque quisieran. Así, los ferroviarios enviaron un telegrama al primer Primero de Mayo de Copenhague que fue leído y vitoreado: «Ya que no podemos estar presentes en la reunión debido a la presión ejercida por los que están en el poder, no omitiremos apoyar plenamente la reivindicación de la jornada laboral de ocho horas».
Sin embargo, cuando los empresarios sabían que los trabajadores eran fuertes y estaban sólidamente comprometidos, a menudo aceptaban tácitamente que se les quitara la jornada. Así ocurrió a menudo en Austria. De esta forma, a pesar de las claras instrucciones del Ministerio del Interior de que las procesiones estaban prohibidas y de que no estaba permitido tomarse tiempo libre y a pesar de la decisión formal de los empresarios de no considerar el Primero de Mayo como día festivo —y a veces incluso de sustituirlo por el día anterior al Primero de Mayo como día festivo laboral—, la fábrica estatal de armamento de Steyr, Alta Austria, cerró el Primero de Mayo de 1890 y todos los años posteriores. En cualquier caso, salieron suficientes trabajadores en suficientes países para hacer plausible el movimiento de paro. Después de todo, en Copenhague cerca del 40% de los trabajadores de la ciudad estuvieron presentes en la manifestación de 1890.
Dado el notable y a menudo inesperado éxito del primer Primero de Mayo, era natural que se exigiera su repetición. Como ya hemos visto, los movimientos escandinavos unidos lo pidieron en el verano de 1890, al igual que los españoles. A finales de año, el grueso de los partidos europeos había seguido su ejemplo. Puede que los militantes de Toulouse, que aprobaron una resolución en este sentido en 1890, fueran los primeros en sugerir que la ocasión se convirtiera en un acontecimiento anual regular, pero para sorpresa de todos, el congreso de Bruselas de la Internacional de 1891 comprometió al movimiento con un Primero de Mayo anual regular.
Sin embargo, también hizo otras dos cosas, al tiempo que insistía, como hemos visto, en que el Primero de Mayo debía celebrarse con una única manifestación el primer día del mes, fuera cual fuera ese día, para subrayar «su verdadero carácter de reivindicación económica de la jornada de ocho horas y de afirmación de la lucha de clases».
A la jornada de ocho horas añadió al menos otras dos reivindicaciones: la legislación laboral y la lucha contra la guerra. Aunque a partir de entonces formó parte oficial del Primero de Mayo, en sí misma la consigna de la paz no se integró realmente en la tradición popular del Primero de Mayo, salvo como algo que reforzaba el carácter internacional de la ocasión. Sin embargo, además de ampliar el contenido programático de la manifestación, la resolución incluía otra innovación. Hablaba de «celebrar» el Primero de Mayo. El movimiento había llegado a reconocerlo oficialmente no solo como una actividad política, sino como una fiesta.
Una vez más, esto no formaba parte del plan original. Al contrario, el ala militante del movimiento y, no hace falta añadir, los anarquistas se oponían apasionadamente a la idea de las festividades por motivos ideológicos. El Primero de Mayo es un día de lucha. Los anarquistas habrían preferido que se ampliara de un día de ocio arrancado a los capitalistas a la gran huelga general que derrocaría todo el sistema. Como tantas veces, los revolucionarios más militantes tenían una visión sombría de la lucha de clases, como confirma la iconografía de masas negras y grises iluminadas por no más que alguna que otra bandera roja.
Los anarquistas preferían ver el Primero de Mayo como una conmemoración de los mártires —los mártires de Chicago de 1886—, «un día de dolor más que un día de celebración», y allí donde tenían influencia, como en España, Sudamérica e Italia, el aspecto martirológico del Primero de Mayo se convirtió de hecho en parte de la ocasión. Los pasteles y la cerveza no formaban parte del plan revolucionario. De hecho, como pone de manifiesto un reciente estudio sobre el Primero de Mayo anarquista en Barcelona, negarse a tratarlo o incluso a llamarlo «Festa del Traball», fiesta del trabajo, era una de sus principales características antes de la República. Al diablo con las acciones simbólicas: o la revolución mundial o nada. Algunos anarquistas incluso se negaron a alentar la huelga del Primero de Mayo, con el argumento de que todo lo que no iniciara realmente la revolución no podía ser más que otra diversión reformista. La Confederación General del Trabajo (CGT) francesa, sindicalista revolucionaria, no se resignó a la festividad del Primero de Mayo hasta después de la Primera Guerra Mundial.
Es muy posible que los dirigentes de la Segunda Internacional alentaran la transformación del Primero de Mayo en una fiesta, ya que sin duda querían evitar las tácticas anarquistas de confrontación y naturalmente también estaban a favor de una base lo más amplia posible para las manifestaciones. Pero la idea de una fiesta de clase, tanto de lucha como de diversión, definitivamente no estaba en sus mentes originalmente. ¿De dónde surgió?
Festividad
Al principio, la elección de la fecha desempeñó casi con toda seguridad un papel crucial. Las vacaciones de primavera están profundamente arraigadas en el ciclo ritual del año en el hemisferio norte templado y, de hecho, el propio mes de mayo simboliza la renovación de la naturaleza. En Suecia, por ejemplo, el Primero de Mayo era ya, por larga tradición, casi un día festivo. Este era, por cierto, uno de los problemas que planteaba la celebración de los Primeros de Mayo invernales en la por lo demás militante Australia. Del abundante material iconográfico y literario a nuestra disposición, que se ha puesto a nuestra disposición en los últimos años, resulta bastante evidente que la naturaleza, las plantas y, sobre todo, las flores simbolizaban automática y universalmente la ocasión. La más sencilla de las reuniones rurales, como la de 1890 en un pueblo de Estiria, no muestra pancartas, sino tablones con guirnaldas y lemas, así como músicos. Una encantadora fotografía de un posterior Primero de Mayo provincial, también en Austria, muestra a los ciclistas obreros socialdemócratas, hombres y mujeres, desfilando con las ruedas y el manillar adornados con flores, y a un pequeño niño adornado con flores en una especie de sillita de bebé colgada entre dos bicicletas.
Alrededor de los severos retratos de los siete delegados austriacos al Congreso Internacional de 1889, distribuidos con motivo del primer Primero de Mayo vienés, aparecen flores de forma despreocupada. Las flores se infiltran incluso en los mitos militantes. En Francia, la fusilada de Fourmies de 1891, con sus diez muertos, está simbolizada en la nueva tradición por Maria Blondeau, de dieciocho años, que bailó a la cabeza de doscientos jóvenes de ambos sexos, balanceando una rama de espino en flor que le había regalado su prometido, hasta que las tropas la mataron a tiros.
Dos tradiciones de mayo se funden patentemente en esta imagen. ¿Qué flores? Al principio, como sugiere la rama de espino, colores más propios de la primavera que de la política, aunque pronto el movimiento se decanta por flores de su propio color: rosas, amapolas y, sobre todo, claveles rojos. Sin embargo, los estilos nacionales varían. No obstante, las flores y esos otros símbolos del crecimiento floreciente, la juventud, la renovación y la esperanza, es decir, las mujeres jóvenes, ocupan un lugar central. No es casualidad que los iconos más universales para la ocasión, reproducidos una y otra vez en diversos idiomas, procedan de Walter Crane (especialmente la famosa joven con un bonete frigio rodeada de guirnaldas). El movimiento socialista británico era pequeño y sin importancia. Sus Primero de Mayo, tras los primeros años, fueron marginales. Sin embargo, a través de William Morris, Crane y el movimiento arts-and-crafts, inspiradores del «nuevo arte» o art nouveau más influyente de la época, encontró la expresión exacta para el espíritu de los tiempos. La influencia iconográfica británica no es la menor prueba del internacionalismo del Primero de Mayo.
De hecho, la idea de un festival o fiesta pública del trabajo surgió, una vez más, de forma espontánea y casi inmediata, sin duda ayudada por el hecho de que en alemán la palabra feiern puede significar tanto «no trabajar» como «celebrar formalmente» (el uso de playing como sinónimo de stricking, común en Inglaterra en la primera parte del siglo, ya no parece común a finales del mismo). En cualquier caso, parecía lógico que en un día en el que la gente se ausentaba del trabajo se complementaran las reuniones políticas y las marchas de la mañana con la sociabilidad y el entretenimiento posteriores, tanto más cuanto que el papel de las tabernas y los restaurantes como lugares de encuentro del movimiento era tan importante. En más de un país, los taberneros y cabaretieri constituían una parte importante de los militantes socialistas.
Hay que mencionar inmediatamente una consecuencia importante de ello. A diferencia de la política, que en aquella época era «cosa de hombres», las fiestas incluían a mujeres y niños. Tanto las fuentes visuales como las literarias demuestran la presencia y participación de las mujeres en el Primero de Mayo desde el principio. Lo que lo convertía en una auténtica manifestación de clase y, de paso, como en España, atraía cada vez más a los trabajadores que no estaban políticamente con los socialistas, era precisamente que no se limitaba a los hombres, sino que pertenecía a las familias. Y a su vez, a través del Primero de Mayo, las mujeres que no estaban directamente en el mercado laboral como trabajadoras asalariadas, es decir, el grueso de las mujeres obreras casadas en varios países, se identificaron públicamente con el movimiento y la clase. Si la vida laboral asalariada pertenecía principalmente a los hombres, negarse a trabajar por un día unía edad y sexo en la clase obrera.
La Pascua Obrera
Prácticamente todos los días festivos regulares antes de esta época habían sido fiestas religiosas. El Primero de Mayo compartía con las fiestas cristianas la aspiración a la universalidad o, en términos laborales, al internacionalismo. Esta universalidad impresionó profundamente a los participantes y aumentó el atractivo de la jornada. Los numerosos diarios del Primero de Mayo, a menudo de producción local, que constituyen una fuente tan valiosa para la iconografía y la historia cultural de la ocasión —solo de la Italia prefascista se conservan 308 efemérides de este tipo— insisten constantemente en ello. La primera revista del Primero de Mayo de Bolonia, de 1891, contiene no menos de cuatro artículos dedicados específicamente a la universalidad de la jornada. Y, por supuesto, la analogía con Pascua o Pentecostés parecía tan obvia como la de las celebraciones primaverales tradicionales.
Los socialistas italianos, muy conscientes del atractivo espontáneo de la nueva festa del lavoro para una población mayoritariamente católica y analfabeta, utilizaron el término «la Pascua de los trabajadores» a partir de 1892, y tales analogías se hicieron internacionalmente corrientes en la segunda mitad de la década de 1890. Es fácil comprender por qué. La similitud del nuevo movimiento socialista con un movimiento religioso, e incluso, en los primeros años de efervescencia del Primero de Mayo, con un movimiento de resurgimiento religioso con expectativas mesiánicas era patente.
También lo era, en cierto modo, la similitud del cuerpo de los primeros líderes, activistas y propagandistas con un sacerdocio, o al menos con un cuerpo de predicadores laicos. Tenemos un extraordinario folleto de Charleroi, Bélgica, de 1898, que reproduce lo que solo puede describirse como un sermón del Primero de Mayo: no hay otra palabra que valga. Fue redactado por, o en nombre de, diez diputados y senadores del Parti Ouvrier Belge, ateos sin duda alguna, bajo los epígrafes conjuntos «Trabajadores de todas las tierras, uníos» (Karl Marx) y «Amaos los unos a los otros» (Jesús). Unas pocas muestras sugerirán su estado de ánimo:
Esta es la hora de la primavera y de la fiesta, cuando la Evolución perpetua de la naturaleza brilla en todo su esplendor. Como la naturaleza, llénense de esperanza y prepárense para La Nueva Vida.
Tras algunos pasajes de instrucción moral («Muestra respeto por ti mismo: Guárdate de los líquidos que emborrachan y de las pasiones que degradan») y de aliento socialista, concluía con un pasaje de esperanza milenaria:
Pronto desaparecerán las fronteras. ¡Pronto se acabarán las guerras y los ejércitos! Cada vez que practiquen las virtudes socialistas de la Solidaridad y del Amor, acercarán ese futuro. Y entonces, en paz y alegría, nacerá un mundo en el que triunfará el Socialismo, una vez que el deber social de todos se entienda correctamente como la realización del desarrollo integral de cada uno.
Sin embargo, la cuestión sobre el nuevo movimiento obrero no era que fuera una fe, y que a menudo se hiciera eco del tono y el estilo del discurso religioso, sino que estaba tan poco influenciado por el modelo religioso, incluso en países donde las masas eran profundamente religiosas y estaban impregnadas de las costumbres eclesiásticas. Además, había poca convergencia entre la antigua y la nueva fe, excepto a veces (pero no siempre) cuando el protestantismo adoptaba la forma de sectas no oficiales e implícitamente oposicionistas en lugar de Iglesias, como en Inglaterra. El trabajo socialista fue un movimiento militantemente laico y antirreligioso que convirtió en masa a las poblaciones piadosas o anteriormente piadosas.
También podemos entender por qué fue así. El socialismo y el movimiento obrero atrajeron a hombres y mujeres para los que, como nueva clase consciente de sí misma como tal, no había un lugar apropiado en la comunidad de la que las Iglesias establecidas, y especialmente la Iglesia católica, eran la expresión tradicional. De hecho, había asentamientos de «forasteros», por ocupación como en los pueblos mineros o protoindustriales o fabriles, por origen como los albaneses de lo que se convirtió en el pueblo «rojo» por excelencia de Piana dei Greci en Sicilia (ahora Piana degli Albanesi), o unidos por algún otro criterio que los separaba colectivamente de la sociedad en general. Allí, «el movimiento» podría funcionar como la comunidad y, al hacerlo, asumir muchas de las antiguas prácticas del pueblo, hasta entonces monopolizadas por la religión.
Sin embargo, esto era inusual. De hecho, una de las principales razones del éxito masivo del Primero de Mayo fue que se consideraba la única fiesta asociada exclusivamente a la clase obrera como tal, no compartida con nadie más y, además, arrancada por la propia acción de los trabajadores. Más que eso: era un día en el que los que normalmente eran invisibles se exhibían públicamente y, al menos por veinticuatro horas, acaparaban el espacio oficial de los gobernantes y la sociedad. En este sentido, las galas de los mineros británicos, de las que la de los mineros de Durham es la superviviente más antigua, anticiparon el Primero de Mayo, pero sobre la base de una industria y no de la clase obrera en su conjunto. En este sentido, la única relación entre el Primero de Mayo y la religión tradicional era la reivindicación de la igualdad de derechos. «Los curas tienen sus días festivos», anunciaba en 1891 el periódico del Primero de Mayo de Voghera, en el valle del Po, «los moderados tienen sus celebraciones. También los demócratas. El Primero de Mayo es el festival de los trabajadores de todo el mundo».
El nuevo mundo
Pero había otra cosa que distanciaba al movimiento de la religión. Su palabra clave era «nuevo», como en Die Neue Zeit (Tiempos nuevos), título de la revista teórica marxista de Kautsky, y como en la canción obrera austriaca que aún se asocia con el Primero de Mayo, y cuyo estribillo reza: «Mit uns zieht die neue Zeit» («Con nosotros avanzan los nuevos tiempos»). Como demuestran las experiencias escandinava y austriaca, el socialismo a menudo llegó al campo y a las ciudades de provincias literalmente con los ferrocarriles, con quienes los construyeron y los tripularon, y con las nuevas ideas y los nuevos tiempos que trajeron consigo.
A diferencia de otros días festivos, incluyendo la mayoría de las ocasiones rituales del movimiento obrero hasta entonces, el Primero de Mayo no conmemoraba nada (al menos para los acontecimientos fuera del alcance de la influencia anarquista que, como hemos visto, gustaba de vincularlo con los anarquistas de Chicago de 1886). No se trataba de otra cosa que del futuro, a diferencia de un pasado que no tenía nada que dar al proletariado más que malos recuerdos. «Du passe faisons table rase» («Del pasado hacemos tabla rasa») cantaba la Internacional, no por casualidad. A diferencia de la religión tradicional, «el movimiento» no ofrecía la recompensa después de la muerte, sino la nueva Jerusalén en esta tierra.
La iconografía del Primero de Mayo, que desarrolló su propia imaginería y simbolismo muy rápidamente, está totalmente orientada al futuro. Lo que el futuro traería no estaba nada claro, solo que sería bueno y que llegaría inevitablemente. Afortunadamente para el éxito del Primero de Mayo, al menos un camino hacia el futuro convirtió la ocasión en algo más que una manifestación y una fiesta. En 1890, la democracia electoral era todavía muy poco común en Europa, y la reivindicación del sufragio universal se sumó fácilmente a la de la jornada de ocho horas y a las demás consignas del Primero de Mayo. Curiosamente, la reivindicación del voto, aunque se convirtió en parte integrante del Primero de Mayo en Austria, Bélgica, Escandinavia, Italia y otros lugares hasta que se consiguió, nunca formó parte internacional de oficio de su contenido político como la jornada de ocho horas y, más tarde, la paz. No obstante, en los casos en que se aplicó, se convirtió en parte integrante de la ocasión y contribuyó en gran medida a su significado.
De hecho, la práctica de organizar o amenazar con huelgas generales por el sufragio universal que se desarrolló con cierto éxito en Bélgica, Suecia y Austria y ayudó a mantener unidos a partido y sindicatos surgió de los paros simbólicos del Primero de Mayo. La primera huelga de este tipo la iniciaron los mineros belgas el 1º de mayo de 1891. Por otra parte, los sindicatos estaban mucho más preocupados por el lema sueco del Primero de Mayo «menos horas y más salarios» que por cualquier otro aspecto del gran día. Hubo momentos, como en Italia, en que se concentraron en esto y dejaron incluso la democracia para otros. Los grandes avances del movimiento, incluida su defensa efectiva de la democracia, no se basaron en estrechos intereses económicos.
La democracia fue, por supuesto, fundamental para los movimientos obreros socialistas. No solo era esencial para su progreso, sino inseparable de él. El primer Primero de Mayo en Alemania se conmemoró con una placa que mostraba a Karl Marx a un lado y la Estatua de la Libertad al otro. Un grabado austriaco del Primero de Mayo de 1891 muestra a Marx, con Das Kapital en la mano, señalando al otro lado del mar una de esas románticas islas que los contemporáneos conocían por las pinturas de carácter mediterráneo, detrás de la cual se eleva el sol del Primero de Mayo, que iba a ser el símbolo más duradero y potente del futuro. Sus rayos llevaban los lemas de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad, que se encuentran en tantas de las primeras insignias y recuerdos del Primero de Mayo. Marx está rodeado de obreros, presumiblemente listos para tripular la flota de barcos que debe zarpar hacia la isla, sea cual sea, con sus velas inscritas: «Sufragio universal y directo. Jornada de ocho horas y protección para los trabajadores». Esta fue la tradición original del Primero de Mayo.
Esa tradición surgió con extraordinaria rapidez —en dos o tres años— mediante una curiosa simbiosis entre las consignas de los dirigentes socialistas y su interpretación, a menudo espontánea, por parte de militantes y trabajadores de base. Tomó forma en aquellos primeros y maravillosos años del repentino florecimiento de los movimientos y partidos obreros de masas. cuando cada día traía consigo un crecimiento visible, cuando la propia existencia de tales movimientos, la propia afirmación de clase, parecía una garantía de triunfo futuro. Más aún: parecía una señal de triunfo inminente cuando las puertas del nuevo mundo se abrían de par en par ante la clase obrera.
Sin embargo, el milenio no llegó y el Primero de Mayo, como tantas otras cosas en el movimiento obrero, tuvo que regularizarse e institucionalizarse, aunque algo del antiguo florecimiento de esperanza y triunfo volvió a él en años posteriores tras grandes luchas y victorias. Podemos verlo en los locos Días de Mayo futuristas de principios de la Revolución Rusa, y en casi toda Europa en 1919-20, cuando la demanda original del Primero de Mayo de las ocho horas se consiguió realmente en muchos países. Podemos verlo en los primeros Primero de Mayo del Frente Popular en Francia en 1935 y 1936 y en los países del continente liberados de la ocupación tras la derrota del fascismo. Aún así, en la mayoría de los países de movimientos obreros socialistas de masas, el Primero de Mayo se rutinizó algún tiempo antes de 1914.
Curiosamente, fue durante este periodo de rutinización cuando adquirió su vertiente ritualista. En palabras de un historiador italiano, cuando dejó de verse como la antesala inmediata de la gran transformación se convirtió en «un rito colectivo que requiere sus propias liturgias y divinidades», divinidades que suelen identificarse con esas mujeres jóvenes de cabellos alborotados y trajes holgados que muestran el camino hacia el sol naciente a multitudes o procesiones de hombres y mujeres cada vez más imprecisas. ¿Era la Libertad, o la Primavera, o la Juventud, o la Esperanza, o la Aurora de dedos rosados, o un poco de todo eso? ¿Quién sabe? Desde el punto de vista iconográfico, no tiene ninguna característica universal, excepto la juventud, ya que ni siquiera el gorro frigio, que es extremadamente común, o los atributos tradicionales de la Libertad, se encuentran siempre.
Podemos rastrear esta ritualización del día a través de las flores que, como hemos visto, están presentes desde el principio, pero se oficializan, por así decirlo, hacia finales de siglo. Así, el clavel rojo adquirió su estatus oficial en los Habsburgo y en Italia hacia 1900, cuando su simbolismo fue especialmente explicado en el animado y talentoso periódico de Florencia que lleva su nombre (il garofano rosso apareció los días de mayo hasta la Primera Guerra Mundial). La rosa roja se hizo oficial en 1911-12. Y, para desgracia de los revolucionarios incorruptibles, el lirio de los valles, totalmente apolítico, empezó a infiltrarse en el Primero de Mayo obrero a principios del siglo XX, hasta convertirse en uno de los símbolos habituales de la jornada.
Sin embargo, la gran época de los Primero de Mayo no terminó mientras siguieron siendo legales —es decir, capaces de sacar a la calle a grandes masas— y no oficiales. Una vez que se convirtieron en un día festivo dado o, peor aún, impuesto desde arriba, su carácter fue necesariamente diferente. Y como la movilización pública de masas era su esencia, no podían resistir la ilegalidad, aunque los socialistas (más tarde comunistas) de Piana del Albanesi se enorgullecieran, incluso en los días negros del fascismo, de enviar a algunos camaradas cada Primero de Mayo sin falta al puerto de montaña donde, desde lo que aún se conoce como la roca del Dr. Barbato, el apóstol local del socialismo les había dirigido la palabra en 1893. Fue en este mismo lugar donde el bandido Giuliano masacró la revivida manifestación comunitaria y el picnic familiar tras el fin del fascismo en 1947. Desde 1914, y sobre todo desde 1945, el Primero de Mayo es cada vez más ilegal o, más bien, oficial. Solo en aquellas partes comparativamente raras del Tercer Mundo en las que se desarrollaron movimientos obreros socialistas masivos y no oficiales en condiciones que permitieron el florecimiento del Primero de Mayo existe una continuidad real de la antigua tradición.
Por supuesto, el Primero de Mayo no ha perdido sus antiguas características en todas partes. Sin embargo, incluso allí donde no se asocia con la caída de viejos regímenes que en su día fueron nuevos, como en la URSS y Europa del Este, no es demasiado afirmar que para la mayoría de la gente, incluso en los movimientos obreros, la palabra Primero de Mayo evoca más el pasado que el presente. La sociedad que dio origen al Primero de Mayo ha cambiado. ¿Qué importancia tienen hoy esas pequeñas comunidades de aldea proletarias que recuerdan los viejos italianos? «Marchábamos alrededor del pueblo. Luego hubo una comida pública. Estaban todos los miembros del partido y todo el que quisiera venir».
¿Qué ha pasado en el mundo industrializado con aquellos que en la década de 1890 aún podían reconocerse en el «Arriba los pobres del mundo / De pie los esclavos sin pan» de la Internacional? Como decía una anciana italiana en 1980, recordando el Primero de Mayo de 1920: «Yo llevaba la bandera cuando era una obrera textil de doce años, que acababa de empezar en la fábrica»: «Hoy en día los que van a trabajar son todos señoras y señores, consiguen todo lo que piden». ¿Qué ha sido del espíritu de aquellos sermones del Primero de Mayo de confianza en el futuro, de fe en la marcha de la razón y el progreso? «¡Instrúyanse! ¡Las escuelas y los cursos, los libros y los periódicos son instrumentos de libertad! Bebed en la fuente de la Ciencia y del Arte: entonces os haréis fuertes para hacer justicia». ¿Qué ha sido del sueño colectivo de construir Jerusalén en nuestra tierra?
Y sin embargo, si el Primero de Mayo se ha convertido en una fiesta más, un día —cito un anuncio francés— en el que no es necesario tomar cierto tranquilizante porque no hay que trabajar, sigue siendo una fiesta de un tipo especial. Puede que ya no sea, en la orgullosa frase, «una fiesta fuera de todos los calendarios», porque en Europa ha entrado en todos los calendarios. De hecho, es el día en el que más gente se ausenta del trabajo, excepto el 25 de diciembre y el 1 de enero, y ha superado con creces a sus otros rivales religiosos. Pero vino de abajo. Los propios trabajadores anónimos le dieron forma y, a través de él, se reconocieron a sí mismos, más allá de las diferencias profesionales, lingüísticas e incluso nacionales, como una clase única al decidir, una vez al año, no trabajar deliberadamente: desobedecer la obligación moral, política y económica de trabajar. Como dijo Victor Adler en 1893: «Este es el sentido de las vacaciones de mayo, del descanso del trabajo, que nuestros adversarios temen. Esto es lo que sienten como revolucionario».
Al historiador le interesa esta ocasión por varias razones. Por un lado, es significativa porque ayuda a explicar por qué Marx llegó a ser tan influyente en los movimientos obreros compuestos por hombres y mujeres que no habían oído hablar de él antes, pero que reconocieron su llamamiento a tomar conciencia de sí mismos como clase y a organizarse como tal. Por otro lado, es importante porque demuestra el poder histórico del pensamiento y el sentimiento de base, e ilumina el modo en que hombres y mujeres que, como individuos, son inarticulados, impotentes y no cuentan para nada pueden, sin embargo, dejar su huella en la historia.
Pero sobre todo es para muchos de nosotros, historiadores o no, una época profundamente conmovedora, porque representa lo que el filósofo alemán Ernst Bloch llamó (y trató extensamente en dos voluminosos volúmenes) El principio esperanza: la esperanza de un futuro mejor en un mundo mejor. Si nadie más lo recordaba en 1990, correspondía a los historiadores hacerlo.
Eric Hobsbawm (1917-2012) Historiador marxista británico especializado en el auge del capitalismo industrial, el socialismo y el nacionalismo. Entre sus obras más conocidas figuran la trilogía La era de la revolución, La era del capital y La era del imperio e Historia del siglo XX.
4. Nacionalizar las farmacéuticas
De la misma manera que la electricidad, el agua, los transportes, la educación y tantas otras cosas deberían estar bajo control público, la sanidad y en concreto la industria farmacéutica es un ejemplo claro de lo pernicioso que siga considerándose un negocio privado. https://lefteast.org/why-we-
Por qué necesitamos desesperadamente una producción farmacéutica financiada y controlada públicamente: Entrevista con Tim Joye
Por Tim Joye 30 de abril de 2024
En esta entrevista, Tim Joye analiza la importancia de pasar de la producción farmacéutica privada a la propiedad pública, haciendo hincapié en la necesidad de recuperar el control sobre el desarrollo y la producción de medicamentos, al tiempo que se impulsa la necesidad de la producción local. Destacando ejemplos y retos, subraya la necesidad de alternativas públicas para abordar la fijación de precios, la escasez y la innovación en ámbitos sanitarios cruciales. Para los países postsocialistas que se enfrentan a una mayor presión financiera sobre los presupuestos sociales, la exploración de la farmacia pública ofrece una vía para independizarse de las multinacionales y garantizar el acceso a medicamentos asequibles.
Sopiko Japaridze (SJ): Explíquenos los motivos de la conferencia «Public Pharma for Europe» .
Tim Joye (TJ): Durante y después de Covid, mucha gente se dio cuenta de que dependemos demasiado de las multinacionales farmacéuticas. Hay un sentimiento creciente de que necesitamos recuperar el control sobre el desarrollo y la producción de nuestros medicamentos. Un número significativo de personas progresistas de toda Europa están considerando alternativas públicas para recuperar el control. La conferencia se centró en la farmacia pública en Europa, destacando cómo su desarrollo y producción podrían ayudar a resolver los retos actuales a los que nos enfrentamos.
SJ: ¿Cómo imagina este paso de la producción farmacéutica privada a la propiedad pública? ¿Existen precedentes en los que podamos inspirarnos?
TJ: El sistema actual no funciona bien. Durante la conferencia debatimos algunas experiencias de la farmacia pública. Empezamos los dos días con una charla de Els Torreele, economista e investigadora de innovación farmacéutica, que dijo que la mayoría de la gente reconoce que el modelo actual no funciona: Los precios son demasiado altos, lo que ejerce presión sobre nuestros sistemas de seguridad social. Este es uno de los problemas. Otro es la creciente escasez de medicamentos vitales, causada por el actual modelo de producción que asume demasiados riesgos. Torreele también destacó el tercer problema, la falta de innovación en ámbitos cruciales de la salud pública, como la resistencia a los antimicrobianos. En muchos casos, la innovación en las grandes farmacéuticas es en realidad innovación para obtener beneficios por encima de la salud pública. Necesitamos explorar alternativas públicas para abordar la fijación de precios, la escasez y la innovación.
Valentin Veron Toma, de Rumanía, explicó que en su país las vacunas eran producidas por instituciones públicas, como ocurría en muchos países europeos. Sin embargo, la privatización se produjo en los últimos 30 años de neoliberalismo. También hay ejemplos de otras partes del mundo. Un invitado de Brasil compartió cómo algunos medicamentos son producidos actualmente por laboratorios farmacéuticos públicos. Además, un representante de la Universidad de Barcelona habló del desarrollo de una nueva terapia celular contra el cáncer en su farmacia pública. Se enfrentan al reto de mantener públicos sus conocimientos y evitar la privatización por parte de empresas multinacionales que pretenden patentarlos. La terapia celular del cáncer es un ejemplo inspirador de la conferencia. Se debatió ampliamente la cuestión de las patentes; aunque en teoría los padres pretenden estimular la innovación, a menudo la obstaculizan en la práctica.
SJ: Es posible que algunos no comprendan lo que está en juego aquí con respecto a las patentes. Repasemos cómo las empresas desarrollan medicamentos y qué implican las patentes. ¿Cuál es el modelo actual y por qué las patentes pueden ser perjudiciales?
TJ: La mayoría de los nuevos medicamentos que podemos encontrar en Europa están protegidos por patentes. Las patentes son algo que puedes pedir como empresa o investigador, si tienes un producto o una tecnología que es nueva, que aporta un valor añadido a lo que ya existe, te da la protección de hasta veinte años que otras empresas no pueden vender tu producto. La idea es dar protección a las empresas privadas para que inviertan en nuevas investigaciones sabiendo que tienen el monopolio para vender durante veinte años. Gran parte de la innovación se hace con dinero público en las universidades. El problema es que cuando se tiene un nuevo descubrimiento científico, se necesita mucho dinero para los ensayos con el fin de llevarlo al mercado. Se necesita mucho dinero para ensayos clínicos y estudios con pacientes. El modelo actual consiste en que los investigadores acuden a las grandes farmacéuticas para que inviertan en su producto, lo patenten para que se puedan realizar los ensayos clínicos, lo que significa que obtienen la patente y el monopolio para determinar el precio hasta que finalice la patente durante 20 años. Es un sistema en el que la innovación se hace con financiación pública, pero el resultado se privatiza y queda en manos de 10-12 grandes multinacionales farmacéuticas a las que no les interesa nuestra salud. Lo que quieren es obtener el mayor beneficio posible.
SJ: Denos un ejemplo de una patente sobre un nuevo medicamento que podría ser perjudicial.
TJ: Nuevo medicamento para la fibrosis quística,Trikafta, un MNC estadounidense Vertex, es una enfermedad, una enfermedad genética. Los que padecen esta enfermedad necesitan un trasplante de pulmón antes de los 30 años. Existe un nuevo medicamento que resuelve el problema genético en la base de la enfermedad, que da unos resultados fantásticos. Este descubrimiento científico se hizo gracias a la financiación benéfica de asociaciones de pacientes de Estados Unidos. Pero hoy, todo el conocimiento, la tecnología y el monopolio para venderlo en el mercado es propiedad de la multinacional americana vertex que lo vende a diferentes países. Lo venden por 200.000 euros al año.
Sabemos por un economista de la salud que analizó los informes financieros anuales de Vertex, que sólo cuesta el 3% de este precio fabricar el producto. El precio es excesivamente alto. ¿Por qué? ¿Cómo pueden hacer esto? Tienen un monopolio protegido por la patente. Por un lado, en Europa, los medicamentos disponibles tienen un impacto enorme en nuestra seguridad social. Se necesitan millones y millones para comprar para todos los pacientes con fibrosis quística. Por otro lado, en África, América Latina y Asia, no pueden permitirse pagar los medicamentos. No está disponible en India, ni en Sudáfrica, ni en Brasil. Ahora mismo hay una campaña internacional para presionar a Vertex. Este es un buen ejemplo de por qué el sistema actual no funciona. Tenemos que encontrar formas de producir medicamentos en el futuro. Para que los gobiernos y las sociedades no dependan de las multinacionales en el futuro.
SJ: ¿Puede explicarnos todo el proceso de fabricación de los medicamentos?
TJ: En el caso de Vertex, la mayor parte del dinero procedía de grupos de pacientes. En otros casos, se trata sobre todo de dinero estatal, universitario. Le pondré el ejemplo del ZOLGENSMA, de Novartis, que hasta hace poco era el medicamento más caro del mundo. Una inyección cuesta 1,9 millones de euros. Es para una enfermedad genética rara, la atrofia muscular espinal (AME). Es una enfermedad letal. Esta inyección cura esta enfermedad, es fantástico. Podemos dar a los niños un futuro. El precio que pide Novartis es demasiado alto. Se descubrió en un centro público de investigación de París que ZOLOGENSMA consiguió dinero del gobierno francés y de asociaciones de pacientes. También consiguieron dinero del crowdfunding. Toda la innovación se hizo gracias a la investigación pública, los pacientes y el crowdfunding. Se necesita mucho dinero para pagar los ensayos clínicos, como he dicho antes, así que hay que probarlo en personas antes de sacarlo al mercado, fabricarlo y hacer un seguimiento de los pacientes durante 2-3 años. El centro de investigación hizo un spinoff privado, para que los capitalistas de los mercados financieros pudieran invertir. Novartis, la multinacional, compró la spin-off, no estoy seguro, por 1.000 o 2.000 millones de euros, y adquirió la patente y la tecnología. Compraron el monopolio para sacarlo al mercado. Lo controlan todo. Tienen la protección del mercado durante 8 años más. Los gobiernos son impotentes. La innovación científica original fue realizada por un centro de investigación público con dinero público. Esto ocurre con casi todos los medicamentos nuevos.
SJ: Volvamos a la conferencia. ¿Cómo eligió a los oradores? ¿Qué espera que sea un paso adelante?
TJ: La introducción corrió a cargo de Els Torreele, quien reiteró los tres problemas principales: 1) precios, 2) escasez 3) falta de innovación. Necesitamos un nuevo modelo que dé prioridad a las personas. Contamos con la presencia de Massimo Florio, economista italiano que ya redactó hace dos años un informe para el Parlamento Europeo sobre cómo podrían ser los centros médicos públicos en Europa. Ya existe un plan creado por este economista. Así que hizo una introducción sobre el informe y los debates actuales en el Parlamento Europeo sobre la farmacia pública. Así que dio a la conferencia un contexto político para el debate.
Luego tuvimos un panel con cinco ponentes, que habían desarrollado una visión de la farmacia pública. Yo era de Bélgica, Joost Smiers de los Países Bajos, Valentin-Veron Toma de Rumanía, Keir Milburn del Reino Unido y Beat Ringger de Suiza. Es una locura ver a cuatro personas de cuatro países -sin conocerse entre sí- tomar la iniciativa de escribir sobre la farmacia pública en Europa. Demuestra que cada vez hay más gente que piensa en ello. Muestra la diversidad de ideas». La visión de Jost es la investigación sin patentes, la de Reino Unido se centraba en la producción pública. Estas cuatro visiones eran complementarias. También deberíamos hablar de investigación, desarrollo y producción. Hubo una propuesta de crear un instituto Salk europeo para la coordinación regional. Mientras que la propuesta (de Suiza) era local, y empezaba a construir la red desde abajo. Estos dos enfoques eran complementarios. Luchar a nivel europeo y luchar desde la base podían reforzarse mutuamente.
Durante el resto de la conferencia celebramos dos talleres. Nos preguntamos: ¿Cómo debe un instituto público poner a disposición de todos sus conocimientos y los resultados de su investigación? ¿Cuál es la visión alternativa sobre las patentes? En segundo lugar, ¿cómo financiarlo? ¿Es económicamente sostenible? Contamos con las propuestas de Dana Brown, una activista estadounidense. Brown dejó claro que la farmacia pública no es imposible, ahora puede parecer descabellado, pero es perfectamente posible tener una política más abierta y transparente y financiar este tipo de institutos. Es económicamente sostenible: es una cuestión de voluntad política. ¿Queremos dejarlo en manos del mercado o tomar el control? ¿Cómo avanzar? ¿Cómo seguir adelante? Percibimos que muchos de los presentes tenían ganas de avanzar y seguir reuniéndose. Incluir esto en la agenda política. Vamos a crear una coalición pública de farmacia pública en Europa que pueda desarrollar más lo que podría ser. Al mismo tiempo, queremos organizar seminarios web y almuerzos en todos los países. Es importante decir que no se trata sólo de ONG, queremos llegar al personal sanitario, a los trabajadores de la farmacia, a los farmacéuticos y a las asociaciones de pacientes. Queremos llegar a miles de investigadores que investigan nuevos medicamentos, pero están atrapados en un sistema en el que su investigación depende de las grandes farmacéuticas. Todas estas personas son víctimas del sistema actual y queremos llegar a ellas y pedirles que se unan a nosotros.
SJ: ¿Cómo puede la gente ponerse en contacto con usted para participar?
TJ: Tenemos una página web para la conferencia donde pueden encontrar más información. Pónganse en contacto con nosotros si quieren organizar algo en sus países. Únanse a nosotros en el próximo encuentro digital.
Tim Joye es vicepresidente de la organización sanitaria belga «Médicos para el Pueblo» (MPLP). MPLP desarrolló la visión de un Instituto Salk europeo para el desarrollo y la producción de medicamentos. Junto con el Movimiento por la Salud de los Pueblos, tomaron la iniciativa de organizar esta conferencia para la farmacia pública.
5. El plan de exterminio para Rafah
Según Jonathan Cook, esté será el plan que seguiremos -los españoles, representados por nuestro gobierno, somos cómplices- para exterminar a los palestinos en Rafah. Aprovecho para pasaros también el plan de alto el fuego que se está discutiendo, publicado por Al Mayadeen. https://jonathancook.substack.
El plan de Israel y EE.UU. para Gaza nos mira a la cara
Los medios de comunicación occidentales fingen que los esfuerzos de Occidente por conseguir un alto el fuego van en serio. Pero está claro que se ha escrito de antemano un guión diferente
Jonathan Cook 30 de abril de 2024
No hace falta ser adivino para comprender que el plan de Israel y Estados Unidos para Gaza es más o menos el siguiente:
1. En público, Biden se muestra «duro» con Netanyahu, instándole a que no «invada» Rafah y presionándole para que permita la entrada de más «ayuda humanitaria» en Gaza.
2. Pero la Casa Blanca ya está preparando el terreno para subvertir sus propios mensajes. Insiste en que Israel ha ofrecido un acuerdo «extraordinariamente generoso» a Hamás, un acuerdo que, según sugiere Washington, equivale a un alto el fuego. Pero no es así. Según los informes, lo mejor que Israel ha ofrecido es un «período de calma sostenida» indefinido. Ni siquiera esa promesa es fiable.
3. Si Hamás acepta el «trato» y accede a devolver a algunos de los rehenes, los bombardeos disminuyen durante un tiempo pero la hambruna se intensifica, justificada por la determinación de Israel de lograr una «victoria total» contra Hamás, algo que es imposible de conseguir. Esto simplemente retrasará, por cuestión de días o semanas, el paso de Israel al paso 5 siguiente.
4. Si, como parece más probable, Hamás rechaza el «acuerdo», se le pintará como la parte intransigente y se le culpará de querer continuar la «guerra». (Nota: Esto nunca fue una guerra. Sólo Occidente pretende que se puede estar en guerra con un territorio que llevas décadas ocupando, o que Hamás «empezó la guerra» con su ataque del 7 de octubre, cuando Israel lleva 17 años bloqueando el enclave, creando allí desesperación y una creciente desnutrición).
Anoche, el Secretario de Estado estadounidense, Anthony Blinken, avanzó este guión al afirmar que Hamás era «lo único que se interpone entre la población de Gaza y un alto el fuego…. Tienen que decidir y tienen que decidir rápido».
5. EE.UU. anunciará que Israel ha ideado un plan humanitario que satisface las condiciones establecidas por Biden para iniciar un ataque contra Rafah.
6. Esto dará a EE.UU., Europa y la región el pretexto para mantenerse al margen mientras Israel lanza el tan esperado asalto – un ataque que Biden ha afirmado previamente que sería una «línea roja», provocando víctimas civiles en masa. Todo eso quedará en el olvido.
7. Como informa Middle East Eye , Israel está construyendo un anillo de puestos de control alrededor de Rafah. Netanyahu sugerirá, falsamente, que éstos garantizan que su ataque cumple las condiciones establecidas en el derecho internacional humanitario. Se permitirá la salida de mujeres y niños -si consiguen llegar a un puesto de control antes de que el bombardeo de alfombra de Israel los mate por el camino.
8. Todos los hombres de Rafah, y las mujeres y niños que queden, serán tratados como combatientes armados. Si no mueren por los bombardeos o la caída de escombros, serán ejecutados sumariamente o arrastrados a las cámaras de tortura de Israel. Nadie mencionará que los combatientes de Hamás que se encontraban en Rafah pudieron salir por los túneles.
9. Rafah será destruida, dejando toda la franja en ruinas, y la hambruna inducida por Israel empeorará. Occidente se echará las manos a la cabeza, dirá que Hamás ha provocado esto en Gaza, agonizará sobre qué hacer y presionará a terceros países -especialmente árabes- para que elaboren un «plan humanitario» que reubique a los supervivientes fuera de Gaza.
10. Los medios de comunicación occidentales seguirán describiendo el genocidio de Israel en Gaza en términos puramente humanitarios, como si este «desastre» fuera un acto de Dios.
11. Bajo la presión de Estados Unidos, el Tribunal Internacional de Justicia, o Tribunal Mundial, no tendrá ninguna prisa en emitir un fallo definitivo sobre si está probada la acusación de Sudáfrica de que Israel está cometiendo un genocidio, que ya ha considerado «plausible».
12. Decida lo que decida finalmente el Tribunal Mundial, y es casi imposible imaginar que no determine que Israel llevó a cabo un genocidio, será demasiado tarde. La clase política y mediática occidental habrá pasado página, dejando a los historiadores la tarea de decidir qué significó todo aquello.
13. Mientras tanto, Israel ya está utilizando los precedentes que ha creado en Gaza, y su erosión de los principios del derecho internacional establecidos desde hace tiempo, como modelo para Cisjordania. Diciendo que Hamás no ha sido completamente derrotado en Gaza, sino que está utilizando este otro enclave palestino como su base, Israel intensificará gradualmente las presiones sobre Cisjordania con otro bloqueo. Aclarar y repetir.
Ese es el plan probable. Nuestro trabajo es hacer todo lo que esté en nuestra mano para impedir que se haga realidad.
El acuerdo de alto el fuego.
Detalles del acuerdo marco entre la resistencia palestina e “Israel”
- Autor: Al Mayadeen Español
- Fuente: Al Mayadeen
Al Mayadeen obtuvo una copia de los principios básicos del acuerdo entre la parte palestina e israelí que tiene como objetivo volver a una calma sostenible, incluida la adopción de las medidas necesarias para alcanzar un alto el fuego y especificaciones sobre el intercambio de detenidos.
El acuerdo marco entre la resistencia Palestina e «Israel» tiene como objetivo volver a una calma sostenible, incluida la adopción de las medidas necesarias para alcanzar un alto el fuego y especificaciones sobre el intercambio de detenidos.
Al Mayadeen obtuvo una copia de los principios básicos del acuerdo entre las partes que también incluye liberar a todos los prisioneros israelíes, ya sean civiles o soldados, vivos o no, de todos los períodos y épocas.
El pacto consta de tres etapas, la primera de las cuales es de 40 días con posibilidad de prórroga, y prevé la retirada de las fuerzas israelíes hacia el este y lejos de las zonas densamente pobladas hacia una zona cercana a la frontera.
También incluye el cese de los vuelos militares y de reconocimiento durante ocho o 10 horas durante los días de liberación de los prisioneros.
En el séptimo día de esta etapa, después de la liberación de las mujeres, las fuerzas israelíes se retiran de la calle Al-Rashid hacia el este, junto a la calle Salah Al-Din.
Según el texto, la retirada facilitará la entrada de ayuda humanitaria y permite el inicio del regreso de civiles desplazados y desarmados a sus zonas de residencia.
Durante el día 22 después de la liberación de dos tercios de los prisioneros, las fuerzas sionistas se retiran del centro de la Franja y se facilitará la entrada de cantidades intensivas de ayuda humanitaria, materiales de socorro y combustible, lo que se mantendrá a lo largo de todas las etapas del acuerdo.
Intercambio de prisioneros
El proceso de intercambio está vinculado al grado de cumplimiento de los términos del pacto, incluido el cese de las operaciones, el redespliegue de fuerzas y el regreso de los desplazados.
Hamas liberará al menos a 33 prisioneros, hombres y mujeres, incluidos todos los prisioneros israelíes vivos mayores de 50 años, los enfermos y los heridos.
Liberará además a todas las reclutas israelíes supervivientes que estaban en el servicio militar activo el 7 de octubre de 2023
Igualmente, dará la libertad a tres prisioneros el primer día del acuerdo y a otros tres cada tres días, empezando por mujeres civiles y mujeres soldados y el ente ocupante libera el número idéntico acordado.
En el séptimo día, Hamas presentará una lista de todos los prisioneros restantes, que serán liberados el día 34.
En cambio, “Israel” liberará a 20 niños y mujeres por cada cautivo sionista liberado según las listas que proporciona; además de 20 reclusos mayores de 50 años, los enfermos y heridos.
“Tel Aviv” soltará de sus cárceles a 40 prisioneros por cada mujer soldado (20 de cadenas perpetuas y 20 de sentencias, según listas proporcionadas por Hamas).
La primera fase prevé igualmente que el cese de las operaciones militares se prorrogará varios días en función del número de prisioneros restantes
Un punto importante dentro del pacto es no arrestar a los prisioneros palestinos liberados por los mismos cargos por los que fueron arrestados anteriormente.
A partir del día 14, un número acordado de militares heridos podrá viajar a través del cruce de Rafah para recibir tratamiento.
Y antes del día 16 de la primera etapa, y después de la liberación de la mitad de los prisioneros, comenzarán discusiones indirectas sobre una calma sostenible.
Las Naciones Unidas, sus agencias y organizaciones internacionales brindarán servicios humanitarios en todas las áreas de la Franja durante las etapas del acuerdo.
El inicio de la rehabilitación de la infraestructura en las zonas de la Franja de Gaza y la introducción coordinada del equipamiento necesario para la defensa civil y la introducción de los suministros necesarios para instalar campamentos para alojar a los desplazados, también forman parte de las demandas en el acuerdo.
Los puntos de la primera fase no constituyen una base para negociar los puntos de la segunda.
Segunda y tercera etapa del acuerdo
La segunda etapa se extiende por 42 días e incluye finalizar el acuerdo sobre los arreglos necesarios para el retorno de la calma sostenible y anunciar su entrada en vigor.
Además, contiene Iniciar los arreglos necesarios para la reconstrucción integral de las viviendas, las instalaciones civiles y la infraestructura civil destruidas.
Por su parte, la tercera etapa tiene igual cantidad de días y contiene el intercambio de todos los cuerpos y restos de los muertos de ambos lados después de llegar e identificarlos.
También insiste en la implementación del plan quinquenal de reconstrucción de la Franja con viviendas, instalaciones civiles e infraestructura.
La parte palestina se abstiene de reconstruir infraestructura e instalaciones militares.
Entre los garantes de este acuerdo están Qatar, Egipto y Estados Unidos.
6. Algunos proyectos económicos de los BRICS
Pepe Escobar ha hecho una gira por Brasil y nos cuenta sus interacciones, muy centradas en los proyectos que se están impulsando desde los BRICS.
BRIC-o-rama: en camino en Brasil, con un ojo en Rusia-China
Pepe Escobar May 1, 2024
Acabo de vivir una experiencia extraordinaria: una minigira de conferencias por Brasil en cuatro ciudades clave: São Paulo, Río, Salvador y Belo Horizonte. Salas llenas, preguntas agudas, gente fabulosamente cálida, gastronomía divina: una inmersión profunda en la octava economía más grande del mundo y principal nodo de los BRICS+.
Al mismo tiempo que intentaba impresionarme con las sutilezas del largo y sinuoso camino hacia la multipolaridad y los múltiples casos de choque frontal entre la OTANstán y la Mayoría Global, aprendía sin parar de un conjunto de generosos brasileños sobre las actuales contradicciones internas de una sociedad de asombrosa complejidad.
Es como si estuviera inmerso en un viaje psicodélico dirigido por Os Mutantes, el trío icónico del movimiento Tropicalia de finales de los sesenta: desde el frente empresarial de Sao Paulo -con sus restaurantes de categoría mundial y sus frenéticos negocios- hasta la belleza cegadora de Río; desde Salvador -la capital del África brasileña- hasta Belo Horizonte, la capital del tercer estado más rico de la Federación, Minas Gerais, una potencia exportadora de mineral de hierro, uranio y niobio.
Chancay-Shanghai
Me enteré de cómo China eligió el estado de Bahía como posiblemente su nodo clave en Brasil, donde la inversión china está en todas partes, aunque Brasil aún no sea miembro formal de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés).
En Río, el ensayista Ciro Moroni me presentó una obra asombrosa sobre los estoicos Zenón y Cleanthes, que profundiza, entre otras cuestiones, en las equivalencias entre la teogonía/teología estoica y el Vedanta hindú, la tradición de la cultura, la religión y los rituales sagrados en la India hasta la época de Buda.
Y en una especie de sincronía psicodélica, me sentí como Zenón en el Ágora mientras debatíamos sobre la guerra por poderes de la OTAN contra Rusia en Ucrania en un encantador pabellón redondo -un mini Ágora- en la legendaria Plaza de la Libertad de Belo Horizonte, frente a una fabulosa exposición de Tesoros del Arte Peruano.
Para mi asombro, un peruano, Carlos Ledesma, voló desde Lima especialmente para mi conferencia y la exposición; y entonces me habló del puerto de Chancay que se está construyendo al sur de Lima, propiedad en un 70% de COSCO y el resto de capital privado peruano; será un puerto hermano de Shanghai.
Chancay-Shanghai: APEC en acción a través del Pacífico. El próximo mes de noviembre habrá tres acontecimientos clave casi simultáneos en Sudamérica: el G20 en Río, la cumbre de la APEC en Lima y la inauguración de Chancay.
Chancay se verá impulsado por no menos de cinco corredores ferroviarios que podrían llegar a construirse -seguramente con inversión china- desde el Valhalla agroindustrial, en el centro-oeste brasileño, hasta Perú.
Sí, China está por todas partes en su mayor socio comercial de América Latina, para desesperación de un Hegemón que envía a Pekín al humilde funcionario Little Blinken para escuchar la letra de la nueva ley del propio Xi Jinping: es cooperación o confrontación, una «espiral descendente». Su espiral descendente.
Un río del Tíbet a Xinjiang
En la conferencia de Belo Horizonte, compartí escenario con el notable Sebastien Kiwonghi Bizaru, del Congo, que supervisa programas de doctorado en la Universidad Candido Mendes, además de ser profesor de Derecho Internacional, tras una extraordinaria trayectoria académica.
También es autor de un libro pionero que examina el muy discutible papel del CSNU en los conflictos de los Grandes Lagos, centrándose en Ruanda, Burundi y la República Democrática del Congo.
Con la investigadora Natacha Rena, examinamos un mapa de China, siguiendo su viaje de este a oeste del año pasado hasta la frontera de Xinjiang, mientras me informaba sobre el asombroso proyecto del río Honggqi, o río de la Bandera Roja, propuesto por primera vez en 2017: nada menos que un intento de desviar agua del Tíbet a las tierras áridas y desiertos de Xinjiang mediante la construcción de un enorme río artificial de más de 6.000 km de longitud, incluidos los canales derivados.
El río proyectado será algo menos largo que el Yangtsé y desviará 60.000 millones de metros cúbicos de agua al año, más que el caudal anual del río Amarillo. Como era de esperar, los ecologistas chinos atacan el proyecto, que podría haber recibido ya el visto bueno oficial y estar avanzando discretamente.
Y luego, mientras me encontraba de camino entre Río y Minas Gerais, los 10 ministros de Economía y directores de Bancos Centrales de los BRICS se reunieron en Sao Paulo: y todos ellos saludaron el impulso hacia mecanismos de liquidación de pagos «independientes». Rusia preside en 2024 este grupo crucial.
El Viceministro de Finanzas ruso, Ivan Chebeskov, fue directo al grano: «La mayoría de los países están de acuerdo en que el pago en monedas nacionales es lo que necesitan los BRICS». El Ministerio de Finanzas ruso privilegia la creación de una plataforma digital común que reúna las monedas digitales de los bancos centrales de los BRICS y sus sistemas nacionales de transmisión de mensajes financieros.
En esta reunión de los BRICS 10, la mayoría de sus miembros se mostraron partidarios de prescindir totalmente del dólar estadounidense para comerciar.
El Ministro de Finanzas ruso, Anton Siluanov, fue aún más audaz: dijo que Rusia propone a los BRICS la creación de un sistema mundial de pagos independiente y «despolitizado».
Siluanov insinuó que el sistema podría basarse en blockchain, teniendo en cuenta su bajo coste y el mínimo control ejercido por el Hegemón.
Los BRICS trazan el mapa del nuevo mundo en Sao Paulo
Un día antes de la reunión de Sao Paulo, el Ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, apoyó en Moscú el desarrollo de estas estrategias de los BRICS, señalando que «si conseguimos desarrollar mecanismos financieros independientes, eso cuestionará seriamente el mecanismo de globalización liderado actualmente por Occidente».
Mientras más de 100 naciones están investigando o implantando embrionariamente una moneda digital en sus Bancos Centrales, un gran avance es inminente en Rusia – un proceso que he estado siguiendo en detalle desde el año pasado.
Al final, todo es cuestión de soberanía. Ese fue el quid de los debates más serios que mantuve la semana pasada en Brasil, con actores académicos y en varios podcasts relacionados con las conferencias. Es el tema general que se cierne sobre el gobierno de Lula, ya que el Presidente parece adoptar la figura de un luchador solitario acorralado por un círculo vicioso de quintacolumnistas y élites compradoras.
En Belo Horizonte me presentaron otro libro asombroso de un antiguo y brillante funcionario del gobierno, el difunto Celso Brant. Tras un agudo análisis de la historia moderna de Brasil y sus interacciones con el imperialismo, recuerda al lector lo que el estelar escritor y poeta mexicano Octavio Paz dijo en los años ochenta sobre Brasil y China: «Serán los dos grandes protagonistas del siglo XXI».
Cuando Paz emitió su veredicto, todos los indicadores favorecían a Brasil, que desde 1870 ostentaba el mayor crecimiento del PIB del mundo. Brasil exportaba más que China, y de 1952 a 1987 crecía a un ritmo anual del 7,4%. Siguiendo la tendencia, Brasil sería ahora la4ª mayor economía del mundo (está entre la8ª yla 9ª, al lado de Italia, y podría ser la5ª, si no fuera por la desestabilización directa del Imperio a partir de la década de 2010, culminando con la operación Lavado de Autos).
Eso es exactamente lo que muestra Brant: cómo el Hegemón intervino para estrellar el desarrollo brasileño – y eso empezó mucho antes de Car Wash. Kissinger ya decía en los años 70 que «Estados Unidos no permitirá el nacimiento de un nuevo Japón bajo la línea del Ecuador».
El neoliberalismo a ultranza fue la herramienta privilegiada. Mientras China, bajo el pequeño timonel Deng Xiaoping y luego Jiang Zemin, se convertía en un país totalmente soberano, Brasil se hundía en la dependencia neocolonial. Lula lo intentó, y ahora lo está intentando de nuevo, contra todo pronóstico y rodeado por todos lados, con Brasil tachado de «Estado indeciso» por el Think Tankland estadounidense y víctima potencial de nuevas rondas de Guerra Híbrida imperial.
Lula -y algunas sólidas élites académicas alejadas del poder- saben muy bien que, como neocolonia, Brasil nunca cumplirá su potencial de ser, al lado de China, como profetizó Paz, el gran protagonista del sigloXXI.
Ésa fue la principal conclusión de mi viaje psicodélico por Tropicalia: Soberanía. Viktor Orban -acusado por simplones de ser miembro de una pelusa «Internacional Neofascista»- lo clavó con una formulación simple: «El período inglorioso de la civilización occidental llegará a su fin este año, sustituyendo el mundo construido sobre la hegemonía progresista-liberal por uno Soberanista».
7. La teoría de la Clase Capitalista Trasnacional.
Siguiendo el debate sobre el imperialismo, os paso esta entrevista a uno de los creadores de la teoría de la «clase capitalista trasnacional» o TCC por sus siglas en inglés. Frente a los que creen que siguen existiendo un núcleo de potencias imperialistas, ellos creen que existe, gracias a la financiarización fundamentalmente, una clase capitalista trasnacional sin arraigo territorial. https://znetwork.org/
¿Por qué el mundo ya no tiene sentido? Entrevista con Jerry Harris
By Jerry Harris, Bill Fletcher Jr May 1, 2024No Comments12 Mins Read
Fuente: Publicado originalmente por Z. Siéntete libre de compartirlo ampliamente.
Imagen de dominio público
A gran parte de la izquierda le gustaría actuar como si nada fundamental hubiera cambiado en la forma en que el capitalismo ha venido funcionando en los últimos cincuenta años. Sí, algunos reconocerán que el colapso de la URSS y la hegemonía de los EE.UU. han sido críticos, pero ahí parece detenerse gran parte del análisis. El impacto de los cambios dramáticos en la tecnología y, lo que es más importante, las crecientes interconexiones a nivel mundial dentro del capitalismo son tratados como pequeños retoques a un sistema por lo demás firme.
Esta entrevista, con el destacado experto en Estudios Globales Jerry Harris, cuestiona este marco y pretende ayudar al lector a apreciar los drásticos cambios que se han producido en el capitalismo global y las diversas consecuencias que se han desplegado, incluso en relación con el Estado-nación, las tensiones entre naciones y la lucha de clases. Es de esperar que esto nos ayude a considerar las implicaciones en términos de solidaridad, lucha y organización internacionales.
Con esto en mente, entremos en materia.-Bill Fletcher, Jr.
1. Usted es uno de los creadores de un análisis del capitalismo global que suele denominarse análisis de la «clase capitalista transnacional» o TCC. Este marco empezó a cobrar auge a principios de la década de 2000. ¿Cuáles son los elementos clave de este análisis y en qué se diferencia de lo que le precedió?
El capitalismo se estableció como sistema global con el colonialismo. Pero atraviesa cambios históricos. Así lo reconocieron Lenin y otros pensadores revolucionarios que analizaron el imperialismo. La globalización es una continuación de este proceso. A medida que el capitalismo global se vuelve más integrado y extendido cambió la forma en que se lleva a cabo la producción y las finanzas, lo que cambió las condiciones laborales y el carácter de la clase capitalista. El imperialismo era un sistema centrado en las naciones en el que el Sur Global se utilizaba para la extracción de recursos mientras que la mayor parte de la producción se llevaba a cabo en el centro imperialista. La competencia internacional se realizaba principalmente a través de la exportación de bienes producidos por campeones nacionales, promovidos y protegidos por sus Estados nacionales. Hoy en día, la TCC gobierna las cadenas de montaje mundiales, los vastos flujos de capital a través de las fronteras y las inversiones conjuntas. Esto no funciona a través del capital nacional protegido frente al capital nacional extranjero, sino a través de un sistema financiero mundial integrado. Por ejemplo, el 40% de las acciones estadounidenses son propiedad de inversores extranjeros, que se mezclan con los ricos inversores estadounidenses. Esto crea una clase capitalista arraigada en las relaciones y la acumulación transnacionales, más que en sus propios mercados nacionales limitados.
2. Hay muchos detractores de la tesis de la TCC. Uno de los más famosos fue el difunto Samir Amin, marxista egipcio conocido por sus argumentos sobre la necesidad de que los países del Sur global se «desvinculen» del imperialismo. Identificó lo que llamó la «Tríada», un bloque formado por Estados Unidos, Europa Occidental y Japón, como las fuerzas dominantes del capitalismo mundial. Éstas parecen ser las principales fuerzas del capitalismo. ¿Cuál es su respuesta?
El Sur Global no se desligó del imperialismo, sino todo lo contrario. Los capitalistas anticoloniales del Tercer Mundo maduraron hasta convertirse en socios comerciales del imperialismo occidental. Alrededor de un tercio de la TCC está formado por multimillonarios y multimillonarios del Sur Global, y aproximadamente una cuarta parte de todas las inversiones extranjeras proceden de esta facción de la TCC. Siguen existiendo desigualdades históricas de la antigua jerarquía imperialista, por lo que la mayor riqueza sigue estando en la Tríada. El poder del dólar estadounidense como moneda mundial es otra desigualdad. Las viejas ideologías, hábitos, relaciones y cultura no desaparecen sin más. La TCC está plagada de contradicciones, al igual que las facciones políticas y las industrias capitalistas nacionales tienen contradicciones competitivas. Sin embargo, existe un proyecto común para construir un sistema mundial unificado de penetración capitalista compartido por los principales capitalistas de la Tríada y la TCC en el Sur Global. Pero existen diferentes ideas e intereses sobre cómo lograrlo, y a menudo éstos reflejan el desarrollo histórico de cada país. Es una dialéctica entre lo viejo y lo nuevo, la anterior jerarquía imperialista occidental y las nuevas relaciones transnacionales. Desde 1980 aproximadamente, el proceso de globalización ha sido hegemónico, pero el cambiante equilibrio de fuerzas crea contradicciones permanentes.
3. ¿Dónde encaja la existencia de varias potencias imperialistas en el análisis de la TCC? Si las clases capitalistas de todos estos estados están unidas en una TCC, ¿por qué vemos conflictos entre EEUU, China, Rusia, etc.?
Primer punto, no hay una TCC «unida», sino una internamente competitiva sólo que unida en torno a un proyecto común. Pero en cuanto a las otras cuestiones que planteas, en el capitalismo siempre hay ganadores y perdedores. La reestructuración económica bajo la globalización con sus políticas neoliberales perjudicó a amplios sectores de la clase obrera. Los trabajadores de Occidente que se habían beneficiado de las políticas sociales e industriales keynesianas posteriores a la Segunda Guerra Mundial sufrieron un profundo cambio en sus condiciones de vida. Gran parte del contrato social se hizo trizas, la desindustrialización supuso el despido de millones de personas, los sindicatos, con sus salarios y prestaciones decentes, se vieron socavados, y la desigualdad y la inseguridad aumentaron. Tras la grave crisis económica de 2008, estas contradicciones sociales llegaron a su punto álgido con la pérdida de legitimidad de los gobiernos occidentales y de los partidos políticos gobernantes. Estallaron movimientos de masas tanto a izquierda como a derecha que pusieron en crisis el neoliberalismo y la globalización. Ahora nos encontramos en un periodo en el que diferentes bloques de la clase dominante buscan soluciones diferentes a la crisis. Esencialmente recuperar la legitimidad y la estabilidad a través del reformismo postkeynesiano y ecologista, o la estabilidad autoritaria basada en la «legitimidad» de la supremacía blanca. En el contexto de esta crisis han resurgido las contradicciones entre países porque el nacionalismo, tanto para el ala reformista como para la autoritaria, es una herramienta importante para recuperar el control político y social interno. Pero por debajo de toda la retórica acalorada, continúan las inversiones extranjeras por valor de cientos de miles de millones de dólares. Más de 6.000 empresas estadounidenses demandaron al Gobierno por los aranceles de Trump. E incluso cuando se examinan las multimillonarias subvenciones de Biden para competir con China, gran parte de ese dinero va a parar a empresas taiwanesas, coreanas y japonesas. En un periodo de crisis de bloques hegemónicos cambiantes y en competencia, las complejidades se multiplican, por lo que aumentan las tensiones entre los intereses nacionales y transnacionales.
4.¿Cuál es el papel de los actores estatales y de la TCC en el capitalismo global, es decir, en interés de quién operan? ¿Afecta la crisis de legitimidad a ambos en la misma medida?
Creo que Lenin habló una vez de la dirección del Estado como el consejo ejecutivo del capitalismo. En otras palabras, tienen la responsabilidad de supervisar la estabilidad general del sistema más que los intereses de un sector económico concreto. Cuando un nuevo bloque histórico hegemónico se convierte en dominante, comienza a ejercer control sobre el Estado. Mediante el control del poder político, rediseñan las leyes, los reglamentos, las normas comerciales, la fiscalidad, etc., para ponerlos al servicio de sus necesidades económicas y su visión estratégica. Pensemos en el gran número de nuevas burocracias creadas en los primeros 100 días del New Deal para llevar a cabo la reestructuración económica keynesiana. Este proceso alinea la política del Estado con las necesidades económicas estratégicas del sistema capitalista. Pero se produce una desconexión durante un periodo de crisis profunda, cuando se rompe el consenso en torno al bloque hegemónico y se produce una crisis de legitimidad. La pérdida de legitimidad política no sólo se produce entre la población en general, sino también dentro de los círculos dirigentes. En la actualidad, el TCC quiere conservar la mayor parte posible de su sistema global, pero están divididos sobre cómo hacerlo. Siempre han tenido diferencias tácticas, pero ahora se enfrentan a cuestiones políticas y económicas estratégicas. Algunos se dan cuenta de que los «excesos» del neoliberalismo han creado tal desigualdad económica que están dispuestos a renovar el contrato social, aprovechar los miles de millones de Biden en subvenciones ecológicas, al tiempo que intentan limitar las restricciones a la producción mundial y a los flujos financieros. Lo que denominan «vallas altas alrededor de patios pequeños» en relación con China.
Otros creen que pueden montar la retórica nacionalista de Trump hacia la estabilidad autoritaria, derrotar el auge laboral y obtener más exenciones fiscales. Puede que tengan que ceder a algunas restricciones comerciales proteccionistas para mantener a raya a la base populista, pero en general, creen que un presidente multimillonario transaccional se alineará con su política neoliberal y sus deseos financieros globales. Existe un verdadero impulso proteccionista entre los sectores de la clase trabajadora y, desde luego, entre los pequeños y medianos empresarios. Además, hay congresistas de derechas cuyos distritos tienen poco que ver con los intereses del TCC y están ideológicamente comprometidos con el nacionalismo reaccionario. Al igual que los movimientos sociales de izquierda pueden obtener concesiones, también pueden hacerlo los movimientos populistas de derechas. Pero creo que la TCC está intentando averiguar cómo cabalgar sobre el tigre sin ser devorada. Así, la división básica es sobre qué tipo de concesiones sociales son necesarias para mantener la globalización, y cómo gestionar el proteccionismo. Hay muchas partes en movimiento porque ninguno de los bloques ha logrado la hegemonía, y el equilibrio de fuerzas está dividido a partes iguales. Las élites estatales y políticas están en primera línea para intentar consolidar un consenso social que pueda obtener un gobierno estable para uno u otro proyecto hegemónico. Y al hacerlo, las preocupaciones políticas nacionales pueden llegar a primar sobre las preocupaciones económicas transnacionales del TCC. Pero el país está tan dividido que creo que nos espera un largo periodo de inestabilidad.
5. ¿Cuál es la diferencia entre el análisis de la TCC y la Teoría de los Sistemas Mundiales? ¿Por qué es diferente?
La Teoría de los Sistemas Mundiales tiene mucho que ofrecer, pero creo que fue más relevante durante el periodo de luchas anticoloniales que siguió a la Segunda Guerra Mundial. En aquella época, se podía decir que existía un bloque del Tercer Mundo opuesto al imperialismo que englobaba a las burguesías nacionales reprimidas del Sur Global. Pero ese tiempo ya pasó. Algunos de los principales teóricos actuales de los Sistemas Mundiales, como Chris Chase-Dunn, se han centrado en los movimientos sociales. Pero demasiada gente toma la teoría para dividir el mundo en bloques competitivos, es decir, la semiperiferia y la periferia frente al centro imperial. Pero los grandes capitalistas del Sur Global, que engloba a los semiperiféricos y periféricos, forman parte de la TCC. No son compradores ni serviles, son socios plenos y poderosos. La riqueza y el poder de los miembros de la TCC, tanto del Sur como del Norte, dependen de su relación e integración comunes. Además, si utilizamos el análisis de clases, podemos decir que hay una semiperiferia, una periferia y un centro dentro de cada país. Las minorías nacionales oprimidas de EEUU están en la semiperiferia, la clase trabajadora con salarios dignos en la periferia y los capitalistas en el centro. La Teoría de los Sistemas Mundiales divide el mundo por Estados y no por clases. Si el centro oprime a la semi-periferia basándose en la identidad estatal, ¿dónde deja eso a las minorías nacionales oprimidas dentro del centro? Marx llamó a «los trabajadores del mundo a unirse», pero si dividimos el mundo en bloques de estados competitivos, dividimos a la clase trabajadora. Esa fue la base de la división entre bolcheviques y socialdemócratas en la Primera Guerra Mundial.
6. Hay algunos en la izquierda que sostienen que la izquierda de EEUU debe concentrarse en oponerse a «nuestra propia» burguesía. ¿De dónde procede esa afirmación? Teniendo en cuenta tu análisis de la TCC, ¿cómo responderías?
Creo que esto proviene de una aceptación por parte de la izquierda de la Escuela Realista del establishment de relaciones exteriores que se originó con George Keenan y fue llevada adelante por Henry Kissinger y otros. Por desgracia, ha alcanzado una especie de hegemonía ideológica que incluye a muchos en la izquierda. Los realistas, al igual que la Teoría de los Sistemas Mundiales, dividen el mundo en bloques de países competidores. Los realistas toman partido por el imperialismo estadounidense y sus aliados, mientras que los realistas de izquierda crean un bloque de países antiestadounidenses y lo aplican a todas las situaciones internacionales. Esto tuvo cierta relevancia durante la época de las luchas anticoloniales en el Tercer Mundo. Pero la facción de la TCC, que tiene una influencia dominante en los Estados del Sur Global, no constituye un bloque antiestadounidense. Hay billones de dólares invertidos entre China, India, Brasil, Arabia Saudí, los EAU, Turquía, México, Indonesia, Angola, junto a muchos otros, con capital occidental. Y se trata de inversiones mutuas que benefician a las facciones del TCC en todos los países. Además, ¿podemos considerar a India y China en el mismo bloque cuando sus tropas se están matando en la frontera? ¿Están Irán y Arabia Saudí en el mismo bloque cuando desean la destrucción del otro? Era Brasil parte del bloque bajo Bolsonaro, o sólo bajo Lula. Apoyamos a los Estados como parte de un bloque antiestadounidense cuando oprimen violentamente a los movimientos de masas, como en Bielorrusia, Myanmar o Irán. Así que sí, hay algunas formas de unidad entre los países del Sur Global en cuestiones individuales, pero no hay una verdadera coherencia. Eso se debe a que los TCC son capitalistas competitivos con relaciones financieras transfronterizas que no tienen nada que ver con los bloques. El mayor problema de ver el mundo entero a través de la lente del imperialismo estadounidense es que ciega a la gente ante la agresión del imperialismo regional. El principal ejemplo es el no apoyo a la independencia de Ucrania bajo la invasión de Rusia, y todo tipo de excusas esgrimidas para «entender» por qué la necesidad de seguridad rusa incluye apoderarse de territorio extranjero. Eso está sacado del libro de jugadas de los realistas, que exigen el reconocimiento de las grandes potencias, sus garantías territoriales y sus zonas de interés. Los conflictos entre Estados existen y son importantes. Y es importante apoyar a los Estados cuando se ven amenazados u oprimidos por otros Estados, como en el caso de Ucrania o la defensa de Cuba o Venezuela frente a la injerencia estadounidense. Pero qué es lo primordial en nuestra visión del mundo, la solidaridad internacional de clase basada en la unidad de la clase obrera occidental y los oprimidos del Sur Global, o apoyar a uno u otro supuesto bloque liderado por diversas facciones de la TCC.
Jerry Harris es secretario nacional de la Asociación de Estudios Globales de Norteamérica y forma parte de la junta ejecutiva internacional de la Red de Estudios Críticos sobre el Capitalismo Global. Es uno de los creadores del análisis transnacional de la clase capitalista y sus artículos han aparecido a menudo en Race & Class (Londres), Science & Society (Nueva York) e International Critical Thought (Pekín). Ha editado 15 volúmenes de Perspectives on Global Developments and Technology, publicado más de 150 artículos y es autor de The Dialectics of Globalization, Economic and Political Struggle in a Transnational World; Global Capitalism and the Crisis of Democracy; y con Carl Davidson, Cyber-Radicalism: A New Left for a Global Age. Su obra se ha traducido al chino, español, portugués, alemán, checo y eslovaco.
Bill Fletcher, Jr. es un viejo socialista, sindicalista, activista de la solidaridad internacional y escritor.
8. Más sobre la unidad palestina
Se acaba de celebrar en Pequín una reunión de miembros de Hamás y de Fatah. La idea es coordinar esfuerzos y reformar la OLP. https://observatoriocrisis.
Hamas y Fatah concluyen encuentro en China en unidad y coordinación
30 abril, 2024 FUENTE: AL MAYADEEN
Ambas partes señalaron la importancia de formar un gobierno de consenso nacional no partidista durante o después de la guerra genocida………
Los movimientos de Resistencia palestina Hamas y Fatah sostuvieron un encuentro en China donde acordaron la unidad del posicionamiento palestino con respecto a la guerra en la Franja de Gaza, y reafirmaron la importancia de detener el genocidio y eliminar completamente la presencia del «ejército» de ocupación en Gaza.
Según informaron al medio de comunicación “Al Mayadeen”, las partes también acordaron coordinar esfuerzos nacionales conjuntos para proporcionar ayuda y asistencia urgente a la Franja de Gaza coordinando las acciones con las autoridades de Gaza, formando un comité bilateral en El Cairo para el seguimiento de los acuerdos .
Asimismo, unieron posturas y esfuerzos en Cisjordania y Jerusalén para enfrentar los ataques de los colonos israelíes a pueblos y ciudades, así como los ataques sionistas contra la Mezquita Al-Aqsa.
Durante el encuentro destacaron la prioridad de la cuestión de los prisioneros y la necesidad de preservar sus derechos y apoyarlos en una etapa en la que sufren los peores tipos de tortura y abuso dentro de las cárceles israelíes.
También, las fuentes transmitieron que Hamas y Fatah refirmaron la necesidad de la unidad y el fin de la división, dentro del marco de la Organización para la Liberación de Palestina con la adhesión de todos los grupos palestinos y sus instituciones, basándose en acuerdos previos sobre este asunto.
Ambas partes también señalaron la importancia de formar un gobierno de consenso nacional no partidista durante o después de la guerra genocida, cuya tarea sería llevar a cabo la ayuda humanitaria a Gaza, la eliminación de los efectos de la agresión y la reconstrucción de la franja.
Este gobierno también trabajaría para unificar las instituciones palestinas y preparar las elecciones generales, con el fin de eliminar la excusa de la división que utiliza Israel y Estados Unidos.
Las fuentes confirmaron que el encuentro incluyó un acuerdo sobre el fortalecimiento de la unidad palestina con la ayuda de China, que contribuirá a poner fin a la ocupación y establecer el Estado palestino en Cisjordania, Gaza y Jerusalén según las resoluciones internacionales.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China declaró que ambas partes expresaron una voluntad política de lograr la reconciliación entre las fracciones a través del diálogo, y agregó que llegaron a un acuerdo sobre ideas para lograr la unidad palestina lo antes posible.
Igualmente, Hamas y Fatah expresaron su aprecio por el apoyo de China al pueblo palestino.
Beijing invitó a las partes a conversar en su territorio y a promover un diálogo profundo y sincero para alcanzar la reconciliación palestina.
9. Reducción del salario real rural en India
La nota económica de Patnaik esta semana en la revista del CPI(M). El trabajo rural en India ha sufrido un retroceso de los salarios reales, a pesar de que se vende el crecimiento general de India. Curiosamente eso no erosiona en absoluto las posibilidades electorales del BJP. Para los jóvenes indios la fuerza del odio hindutva es superior a no tener trabajo o estar mal pagado. https://peoplesdemocracy.in/
El trabajo rural en los años de Modi
Prabhat Patnaik
Por ahora está bien establecido por varios investigadores que la tasa salarial real en la India rural, ya sea de la mano de obra agrícola o de la mano de obra rural en general, permaneció prácticamente estancada entre 2014-15 y 2022-23 (Das y Usami en Review of Agrarian Studies, julio-diciembre de 2023; los hallazgos de Dreze y Khera reportados en The Telegraph, 21 de abril de 2024). El índice de precios utilizado para calcular los movimientos de los salarios reales en dichos estudios es el Índice de Precios al Consumo de los Trabajadores Agrícolas (en el caso de los trabajadores agrícolas) o el Índice de Precios al Consumo de la Mano de Obra Rural (en el caso de la mano de obra rural en general).
Sin embargo, el problema es que estos índices de precios tienen como año base 1986-87, lo que significa que indican la subida del precio de una cesta de bienes que constituía la cesta de consumo del grupo social en cuestión en ese año base. Dado que la cesta que consume ha cambiado significativamente a lo largo del tiempo, tomar una cesta que pertenece a 1986-87, hace casi cuatro décadas, es obviamente muy inadecuado para medir el impacto de la inflación en ese grupo; es mejor tomar una cesta de consumo más reciente. Por ello, para el presente debate tomamos el índice de precios al consumo de las zonas rurales, que también es un índice de precios oficial, pero que tiene 2010 como año base, para deflactar los salarios en dinero de los trabajadores. Al hacerlo, observamos un descenso, sin duda pequeño, pero un descenso absoluto al fin y al cabo, de los salarios reales de los trabajadores rurales entre 2014-15 y 2022-23. Para los jornaleros agrícolas dedicados al arado, por ejemplo, la tasa de salario real entre 2014-15 y 2022-23, lejos de permanecer constante, disminuyó un 2,7% entre esas fechas. Se pueden hacer cálculos similares para otras actividades y se llega a la misma conclusión, la de una disminución de la tasa salarial real de los trabajadores de varias actividades. Se deduce, por tanto, que en la última década se ha producido un descenso absoluto de los salarios reales de la mano de obra rural.
Se trata de una conclusión sorprendente. Ningún gobierno anterior ha hecho tanto ruido sobre el crecimiento del PIB como el actual, aunque, a pesar de todo este ruido, el crecimiento del PIB se ha ralentizado durante los años de Modi en comparación con los anteriores. Modi ha hablado hasta la saciedad de que India se convertirá en una economía de 5 billones de dólares, y sus acólitos incluso se comportan como si esto ya fuera un hecho consumado. Pero mientras el primer ministro ha estado obsesionado con el crecimiento del PIB, el segmento más pobre de la población india, que sin duda es sinónimo de trabajadores rurales, ha visto un deterioro absoluto de su nivel de vida.
Pero eso no es todo. Dreze y Khera señalan que cada uno de los cinco regímenes de seguridad social que existían en 2014, a saber, el PDS, el MGNREGA, las prestaciones por maternidad, las pensiones de la seguridad social y la nutrición infantil a través del ICDS y el régimen de comidas a mediodía, han sido socavados durante la última década por el Gobierno del NDA. El PDS excluye ahora a millones de nuevos miembros de la población, ya que no se ha realizado ningún censo tras el de 2011; los salarios pagados en el marco del MGNREGS no han aumentado para tener en cuenta la inflación y además se pagan con retrasos desmesurados; la cuantía de la pensión pagada a las personas mayores en el marco del régimen del Gobierno central sigue siendo de unas ridículas 200 rupias al mes; las prestaciones por maternidad se han restringido a un solo hijo por familia; y el presupuesto central para el ICDS y el régimen de comidas a mediodía ha disminuido en un 40%.
En resumen, no sólo se han reducido los salarios reales, sino también los pagos de la seguridad social en términos reales a los trabajadores rurales pobres. Es cierto que en este período se ha producido la transferencia de 5 kg de cereales alimentarios gratuitos al mes a un gran número de beneficiarios, un plan que se había introducido originalmente durante la pandemia, pero que ahora se ha prorrogado durante algún tiempo más; pero esto sólo podría haber sido, en el mejor de los casos, una mejora parcial de la mayor angustia a la que se ha visto sometida la población rural pobre durante la última década.
El giro en el comportamiento de los salarios reales que se produjo en 2014-15 es bastante sorprendente. Hasta entonces, la tasa salarial real había estado aumentando durante algún tiempo, y de repente se aplanó e incluso cayó hacia el final del período, que es lo que subyace a la disminución general que es tan notable. Las locuras económicas cometidas por el Gobierno de Modi, todas ellas muy conocidas, no pueden explicar este giro. La primera de esas locuras fue la desmonetización de los billetes, pero eso vino después; el desastroso impacto que tuvo en los pobres de las zonas rurales no puede explicar el estancamiento de los salarios reales a partir de 2014-15. Del mismo modo, la introducción del impuesto sobre bienes y servicios, si bien tuvo un grave efecto adverso en el sector de la pequeña producción y contribuyó a la creación de desempleo, tampoco puede explicar el inicio del estancamiento de los salarios reales en 2014-15.
Ambas medidas, al igual que el cierre draconiano que siguió a Covid-19, desempeñaron sin duda un papel importante en la perturbación de la producción, la generación de desempleo y la angustia absoluta entre los pobres de las zonas rurales. Pero fueron factores que sólo agravaron una tendencia subyacente; no fueron la razón principal del descenso de los salarios reales que observamos en la India rural, que tiene que ver con la crisis del neoliberalismo. El impacto de la crisis, tras el colapso de la burbuja de los precios de los activos en Estados Unidos en 2008, se había mitigado en cierta medida en la India con la adopción de una postura fiscal expansiva por parte del Gobierno de la UPA; pero esto se invirtió cuando el BJP llegó al poder en 2014-15, y volvió a aplicar una política fiscal extremadamente ortodoxa, del tipo favorecido por el neoliberalismo. Esto tuvo un efecto directamente adverso sobre el nivel de la demanda agregada y, por tanto, sobre el empleo en la economía, y en el proceso también expuso a la economía al impacto sin paliativos de la crisis del neoliberalismo que hasta entonces había sido un tanto contenida por el gobierno.El sector rural es el lugar donde el impacto de una reducción del empleo, independientemente de dónde se produzca en la economía, se hace sentir en última instancia. La ralentización de la tasa de crecimiento de la economía, especialmente de la tasa de crecimiento del empleo, se manifiesta finalmente en forma de oportunidades de empleo truncadas y salarios reales reducidos en la economía rural.
Los dos fenómenos, reducción de los salarios reales y reducción de las oportunidades de empleo, van de hecho unidos. Una reducción de los salarios reales no puede producirse si disminuye la magnitud relativa de las reservas de mano de obra en la economía y, por consiguiente, el tamaño de la reserva de mano de obra rural en relación con la mano de obra rural. Tal disminución provocaría un cierto endurecimiento del mercado de trabajo rural y, por lo tanto, en todo caso, un aumento de los salarios reales. Por lo tanto, una disminución de los salarios reales debe haber estado asociada a un aumento del tamaño relativo de la reserva de mano de obra rural en la población activa rural.
Esto, sin embargo, tiene una grave implicación con respecto a la angustia rural. Significa que los trabajadores rurales pobres, al tiempo que experimentaban una caída de los salarios reales, también experimentaban una reducción de las oportunidades de empleo. En otras palabras, no son sólo los salarios reales los que disminuyen, sino los ingresos reales en su conjunto, es decir, el salario real multiplicado por el número de días de trabajo. Dado que las condiciones de vida de los trabajadores pobres dependen no sólo del salario real, sino también de los ingresos reales, en la década en la que el Gobierno de Modi ha estado en el poder se ha producido una caída notable de las condiciones de vida de los trabajadores rurales pobres.
Ahora queda clara la evidente naturaleza de clase del gobierno del BJP. La década que lleva el BJP en el poder ha visto un inmenso enriquecimiento de los capitalistas monopolistas del país, especialmente del segmento favorecido de los nuevos capitalistas monopolistas; el grado de desigualdad de ingresos y riqueza actual, medido, por ejemplo, por la participación del 1% de la población en la renta nacional y la riqueza total del país, es mayor hoy en día, según Piketty y su grupo, que incluso antes de la independencia, cuando los gobernantes coloniales y los maharajás dominaban al pueblo. Y mientras esto ocurría, los sectores más pobres de la población, es decir, los trabajadores agrícolas y de otros sectores de la India rural, han visto empeorar su nivel de vida absoluto.
10. Diccionario marxismo en América: un rescate histórico de memorias combativas
Traducido del portugués para Núcleo Práxis-USP / Rebelión por Claudia Marcela Orduz Rojas y Yodenis Guirola
Fruto de la colaboración entre Núcleo Práxis USP, colectivo autor del Diccionário Marxismo na América, y Rebelión, presentamos la traducción del Diccionario Marxismo en América, fruto de un esfuerzo colectivo que consideramos necesario dar a conocer al público hispanohablante.
Luego de media década de trabajo colectivo, se empieza a publicar esta obra que registra la vida, el pensamiento y la práctica política de los primeros marxistas de las naciones americanas.
El Diccionario marxismo en América es una obra de recuperación histórica de la memoria de los primeros pensadores y militantes que, desde el referente teórico del materialismo histórico, se dispusieron a reflexionar y enfrentar los problemas sociales, políticos y económicos de las nuevas naciones americanas, iniciando el desarrollo del pensamiento-lucha marxista en el continente.
Obra educativa y crítica de características inéditas, especialmente en lengua portuguesa, el proyecto es coordinado por el Núcleo Práxis de Pesquisa, Educação Popular e Política de la Universidade de São Paulo –organización que se dedica a actividades políticas y de educación popular– y cuenta actualmente con casi un centenar de investigadores voluntarios, de diferentes países, en esta investigación arqueológica sobre los orígenes del marxismo en las Américas.
Los primeros tomos, previstos para más de mil páginas, contienen entradas que abarcan biografías y ensayos sobre las ideas y la praxis política de unos 150 marxistas que vivieron, escribieron y actuaron en los países americanos – en un período que va desde el siglo XIX (formación del marxismo en el continente), hasta la década de 1970 (cuando se agudiza la crisis estructural capitalista y se multiplican los marxismos).
Por ahora, después de media década de esfuerzos colectivos, el diccionario marxista comienza a hacerse público gradualmente: sus entradas pueden leerse libremente en línea, en forma de “artículos”, disponibles periódicamente en el portal del Núcleo Práxis-USP y luego republicadas por destacados portales asociados. Esta degustación preliminar —del primer volumen, relativo al período de formación del marxismo en América— se extenderá a lo largo de los próximos dos años con el objetivo tanto de divulgar la obra (cuyo objetivo no es sólo teórico, sino también educativo), como de brindar espacio para lecturas críticas y posibles mejoras de los textos, antes de llegar al público en formato de libro.
Próximamente, la publicación completa será editada por las Edições Práxis en coedición con la Editora Expressão Popular, y tendrá dos ediciones: una impresa (a precios populares) y otra digital (gratuita).
Comienzos de la obra
En 2015 los fundadores del Núcleo Práxis-USP, entre encuentros políticos y debates del Grupo de Estudios sobre el Marxismo (uno de sus primeros proyectos), pensaron en ampliar las actividades del colectivo hacia la educación popular. Era un momento difícil, en que se gestaba el golpe de Estado en Brasil, el cual se concretó al año siguiente. En ese contexto, se consideraron dos nuevos proyectos: un foro de discusión sobre derechos sociales (que se creó un poco más tarde, en colaboración con asociaciones y comunidades de la ciudad de São Paulo); y una antología, crítica y didáctica a la vez, que reuniera ensayos de destacados marxistas latinoamericanos, con el fin de ofrecer a estudiantes y trabajadores un panorama de las teorías y prácticas marxistas desarrolladas en nuestra América.
En ese proceso, el coordinador general del Núcleo Práxis, Yuri Martins-Fontes, en una reunión en el Laboratorio de Economía Política e Historia Económica de la USP presentó la idea al profesor Wilson do Nascimento Barbosa, quien dirigía las investigaciones de la entidad. En una tarde de diálogo, la idea se afinó y amplió. En lugar de una antología, con artículos complejos, que tendería a restringirse al territorio académico —se pensó: ¿por qué no juntar más esfuerzos y producir una obra más grande, una publicación educativa, de referencia, con textos más cortos pero que lograra presentar la gran diversidad de problemas y corrientes del marxismo desarrolladas por más de un siglo a lo largo del continente —un libro que pudiera servir no solo a los estudios secundarios y universitarios, sino también contribuir a la formación política de los jóvenes socialistas?
La semilla estaba plantada. El proyecto fue escrito y presentado a una prestigiosa editorial, que requirió una entrada, como ejemplo. El coordinador respondió a la solicitud, elaborando un primer texto sobre Mariátegui, basado en el modelo que había desarrollado recientemente en su tesis sobre el marxismo latinoamericano (luego publicada como Marx na América: a práxis de Caio Prado e Mariátegui). La editorial aprobó la publicación, aunque destacó que en ese momento no podía dedicarse a la producción del proyecto. La realidad nacional – económica, social, cultural- que no era favorable, pronto se deterioró. El Núcleo Práxis-USP contaba entonces con poco más de una decena de miembros, pocos de los cuales estaban dispuestos a emprender la aventura. Sin apoyo material, o como mínimo estructural, el plan fue archivado.
El Renacimiento
En 2018 el Núcleo Práxis experimenta un período de crecimiento como resultado del dinamismo en torno a sus proyectos —en particular el Grupo de Estudios (que entonces leía El Capital, de Marx), la traducción colectiva Historia y Filosofía (selección de Caio Prado Júnior, publicada en 2020 en Argentina), y el Fórum de Formação Política de Lideranças Populares (cuyas conversaciones periódicas reunían a educadores y líderes comunitarios). Muchos militantes —investigadores de diferentes áreas, universidades y países —se suman al colectivo.
Con este movimiento de expansión, la organización gana aliento y fuerza para considerar nuevas acciones. Las reuniones sobre posibles rumbos se sucedieron hasta que es aprobado el propósito de construir una publicación periódica: una revista política de carácter popular, que ofreciera a estudiantes y trabajadores una voz discordante en aquel ambiente fascista que reverberaba en el país —una época de creciente irracionalidad, si no apoyada, sí consentida por los grandes medios de comunicación y demás fuerzas neoliberales, irritadas por las reformas sociales (básicas) de los gobiernos populares.
Nuestra experiencia con publicaciones periódicas era escasa —limitada a unos pocos miembros que, en la década de 2000, durante algunos años, habían editado el tabloide A Palavra Latina. Por otra parte, el buen momento del colectivo se notaba en la propia intención, manifiesta por varios de los participantes, de implicarse en un proyecto periódico de largo plazo.
Hay un ir y venir de propuestas y debates hasta sacar de la gaveta el proyecto del Diccionario. Parcialmente reelaborado, se presenta a los interesados, en un encuentro que se realiza en un teatro del centro de São Paulo, reuniendo a integrantes del Núcleo Práxis que orbitaban en torno a la idea de la publicación y a otros invitados también atraídos por la propuesta. Allí renacía el proyecto.
Pensando el marxismo en América
Al año siguiente, en su Asamblea General, el Núcleo Práxis-USP elige una nueva dirección y, pasa a contar con nuevos compañeros que habían trabajado en los Cursos de Formación y en las publicaciones del colectivo (material didáctico, traducciones marxistas y colaboraciones con la prensa independiente). Paulo Alves Junior (secretario general) y Solange Struwka (vicecoordinadora) se incorporan a la Coordinación General de la entidad; en paralelo, Pedro Rocha Curado asume la recién creada Coordinación de Comunicación Política – cuya función sería la de difundir nuestros trabajos editoriales y de educación popular, incluso en el entorno digital que estaba surgiendo.
Los debates en torno al Diccionario se intensifican y se hacen más regulares, pero aún faltaba sistematizar tanta energía. Para ello fue creado el Seminario Pensamento Marxista na América —cuyos participantes tuvieron como propósito investigar y seleccionar a los marxistas más destacados del continente, para que sus historias, pensamientos y acciones políticas pudiesen ser analizadas, documentadas y difundidas al público. Como estrategia para organizar mejor el trabajo, los miembros del seminario se dividieron en cinco subgrupos —cada uno responsable de estudiar la historia del marxismo en las naciones de su respectiva región: Brasil; Cono Sur; Andes; México y América Central; América del Norte y el Caribe. Así comenzó, ahora en la práctica, la odisea editorial.
En su formación inicial el Seminario agrupa una decena de investigadores, que pronto se duplica. Sin embargo, en el decurso de los estudios, constatamos la insuficiencia de este número, al comprender mejor la complejidad de la tarea —por ejemplo, la dificultad para acceder a la información sobre determinadas figuras históricos fundamentales. Una obra de esta envergadura requería más coautores, colaboradores, coordinadores.
Para ello, la Coordinación de Comunicación Política se refuerza –con Joana Aparecida Coutinho y Felipe Santos Deveza–, con el propósito de extender nuestras redes políticas con los movimientos sociales y académicos, estableciendo vínculos que apoyasen tanto la estructura básica del proyecto, como la captación de fuerza de trabajo intelectual necesaria para su producción.
Vale recordar que, en este momento, inicios del 2020, la situación sanitaria se agravó en el mundo, iniciándose el periodo de confinamiento por la pandemia. Ante las restricciones, los encuentros y debates políticos presenciales que impulsaba el Núcleo Práxis tuvieron que adaptarse al modelo a distancia (como en el caso de las actividades de formación política, en 2021 realizadas por videoconferencia). A pesar de la frialdad y la precariedad del diálogo característico de las relaciones digitales, este súbito impulso técnico permitió que el colectivo multiplicara los vínculos, formando lazos, a veces bastante distantes, pero que resultaron ser consistentes.
Con los avances de las investigaciones del Seminario y la incorporación de los nuevos coordinadores se amplía la Coordinación Editorial del Diccionario: un equipo se hace responsable de la organización general, distribución de tareas, cronogramas, plazos, acuerdos y condiciones de publicación; y el otro se encarga de la revisión crítica y edición final de las entradas y de los documentos relacionados al proyecto. Anteriormente formada por los tres representantes de la Coordinación General, pasa a incluir a los tres miembros de Comunicación Política.
Un encuentro con marxistas históricos
Es así como, durante casi dos años, reuniéndonos mensualmente, los integrantes del Seminario llevaron a cabo una investigación histórico-arqueológica dedicada a desvelar la memoria de las figuras marxistas de las naciones bajo el auspicio de sus respectivos grupos de trabajo, esforzándonos por reconocer no solo a estos protagonistas, sino también las condiciones y los entresijos de la historia en la que estaban inmersos –el contexto de sus ideas y acciones. Cada mes, aparecían nuevos nombres de pensadores comunistas, desvelados por lecturas centradas tanto en los escritos del propio autor como en la de sus estudiosos. Informaciones biográficas, polémicas políticas y textos teóricos fueron excavados con la búsqueda en bibliotecas y las incursiones en archivos, a veces privados.
Pero fue sobre todo nuestra orientación al diálogo – escuchar a los sujetos históricos de cada nación – la que nos llevó a las pistas más valiosas, que surgieron a través de la búsqueda de informaciones directas por parte de los miembros del seminario. Fueron realizadas entrevistas orales o escritas con líderes sociales y militantes de partidos comunistas, socialistas y obreros de varios países, además de intelectuales y académicos de humanidades de varias universidades nacionales. Con este conocimiento local, fruto de la red de contactos internacionales que fue establecida, pudimos recoger opiniones más vivas sobre el marxismo y los principales marxistas de cada país. Esto, sumado a nuestros estudios previos –bibliográficos, generalistas– permitió que el proceso de investigación y selección fuera más democrático y diverso.
Para complementar esta fundamentación de contenidos, previo al proceso de redacción, también investigamos el contexto histórico de cada nación en el período en cuestión, así como aspectos historiográficos y filosóficos, particulares y universales del marxismo desarrollado por sus representantes.
Al finalizar el primer año del seminario, los integrantes de cada subgrupo comenzaron a exponer sus hallazgos a los demás participantes, momento en el cual comenzamos a discutir colectivamente el resultado de cada investigación. Con base en esta práctica dialógica, se enlistaron, evaluaron, cotejaron y eligieron los nombres de casi un centenar de marxistas históricos –que de alguna manera han dejado registrado su pensamiento (libros, artículos, manifiestos, discursos transcritos, entrevistas, correspondencia)–, los cuales vendrían a componer el volumen relativo al período de formación del marxismo en América.
Si el enfoque epistemológico de la obra dio preferencia a autores que desarrollaron reflexiones marxistas auténticas –ya sea en relación a los análisis históricos con los que investigaron determinadas cuestiones nacionales particulares, o en un ámbito más estrictamente filosófico (conceptos universales, totalizadores)–, también se valoraron los militantes que, habiendo desarrollado con menor originalidad los aspectos teóricos de la concepción materialista de la historia, dedicaron su vida a las tareas políticas propias de un comunista: organización, concienciación popular y difusión del pensamiento-lucha marxista a través del trabajo de base (educación, sindicatos, periodismo independiente).
Además, entre otros criterios que utilizamos para elegir a los marxistas a biografiar, priorizamos dar énfasis en la diversidad, con atención tanto al género como a los grupos étnicos que componen los pueblos americanos: indígenas, negros, mujeres. Y esto, si no en cada país (dadas las restricciones de la época), al menos en cada región del continente. Nos esforzamos también por incluir a marxistas del mayor número posible de países de América (y de varias partes de Brasil) en el volumen, logrando al final tener representantes de todas las regiones del continente y de casi todos los países –aunque no todos, ya que en este período algunas naciones aún estaban en formación o eran colonias subyugadas.
Manos a la obra
Había llegado por fin el momento de centrarnos en la redacción, en la organización de los conocimientos acumulados. Comienza la redacción masiva de los textos, una tarea delicada que debía guiarse por nuestro modelo específico de entrada –didáctico y crítico– que, si bien tenía el propósito de lograr capilaridad social, también incluía análisis y profundizaba en temas esenciales, sin reducirse a descripciones. La búsqueda de esa normalización y calidad nos exigiría pasar por más etapas de las previstas, en un proceso que comenzaba con los autores de la primera versión, pasaba por revisores (de forma y contenido), e incluso, en ocasiones, por editores adicionales y traductores, antes de llegar a los editores –que evaluaban la entrada como un todo, teniendo eventualmente que devolverla a una etapa anterior.
Pronto quedó claro que un proyecto de tal envergadura –y sin recursos institucionales– acabaría alargándose demasiado si no atraía voluntarios que se sumaran al equipo, aún relativamente pequeño en relación con la envergadura del emprendimiento. Para solucionar esta limitación, en 2021, el Núcleo Práxis-USP abre una convocatoria pública con miras a seleccionar nuevos coautores para la ejecución del trabajo. Como requisitos, los candidatos debían tener estudios en ciencias humanas o filosofía, con énfasis en el marxismo o en temas políticos y sociales propios de las naciones americanas, y preferentemente haber producido investigaciones que mostraran afinidades temáticas con el proyecto.
Ampliamente divulgada, publicada en medios independientes y difundida a través de las redes sociales de las distintas partes involucradas, la convocatoria fue una sorpresa: en un mes se recibieron casi cincuenta inscripciones. El análisis de las candidaturas fue realizado por la Coordinación Editorial, basándose en: primero, una carta de intención que pedía al interesado sugerir, entre la lista de marxistas listados, uno sobre el que le gustaría escribir, explicando sus razones en un breve ensayo; y luego, un currículo “político-académico” que describiera experiencias en las áreas en cuestión, especialmente trabajos relacionados con el marxismo, la educación, la historia de América y la escritura misma, así como formación académica y actividades políticas y profesionales. El proceso de selección fue un éxito tanto en términos de cantidad como de calidad. En poco tiempo tres cuartas partes de los candidatos inscritos ya estaban integrados en el grupo, lo que como mínimo duplicó el número de personas que trabajaban en el Diccionario.
Paralelamente, buscamos especialistas internacionales en la obra de algunos de los marxistas incluidos en la lista del volumen, quienes generalmente tenían las mismas nacionalidades que los biografiados. A partir de entrevistas a distancia – que permitieron a los editores conocer mejor la trayectoria y obra de cada intelectual contactado, además de evaluar su interés– ,hicimos invitaciones específicas, logrando la participación de más de una decena de coautores.
Con más personas involucradas y más tareas surgiendo, creamos comités específicos para responder a las nuevas exigencias, a saber: investigaciones adicionales que resultaron necesarias y los trabajos permanentes para mejorar los textos recibidos – como adaptación de los escritos al modelo previsto, edición previa, traducción y redacción adicional (en caso necesario), revisión general, preparación de textos y edición final.
Además del Comité de Investigación sobre el Marxismo en América (que se derivó del Seminario), fueron creados comités específicos, dedicados a tareas ejecutivas relacionadas con el texto en sí: comités encargados de las traducciones, de las distintas etapas de revisión y de apoyo al trabajo de finalización editorial.
Por otro lado, con la intención de poner de antemano a prueba nuestra producción, se constituyó el Consejo Consultivo Crítico, integrado por intelectuales-militantes con obras, trayectoria política y contribuciones al comunismo marxista ya reconocidas. Invitados desde diversas partes del mundo, estos asesores tienen la función facultativa de, siempre que lo consideren oportuno, criticar, sugerir y proponer modificaciones en las entradas, una especie de retoque final para perfeccionar la obra.
Entradas: un modelo didáctico-crítico
En este punto del proyecto, además del contenido, comenzamos a preocuparnos por la forma de las entradas. La intención del Diccionario eracomunicar, dialogar, atraer adeptos – pero sin dejar, en ciertos pasajes clave de la exposición, de profundizar en la polémica, la contradicción, el concepto. El aspecto pedagógico de un texto, después de todo, no puede disociarse de los necesarios –y estimulantes– momentos de profundidad analítica. Una obra destinada a la formación marxista inicial debe abordar, sin reducciones manualescas o dogmatismos, los principios y conceptos centrales del materialismo histórico; no podría dejar de hablar de temas como dialéctica, praxis, estructura, lucha de clases, trabajo, modos de producción, acumulación primitiva, teoría del valor, alienación, y sobre todo, de abordar las diferentes concepciones y caminos ya pensados y experimentados para la utopía concreta de la revolución –y sin caer en el sectarismos.
Por ello, consideramos imprescindible exponer algunos principios y términos más eruditos, pero siempre buscando situar el uso de la erudición, explicando algo del complejo concepto que se presenta, y en un lenguaje accesible. Esto ciertamente tendría que hacerse con gran atención al vicio ingenuo de la prolijidad, una salida fácil pero inexacta que afecta a algunos teóricos poco acostumbrados a la vida más allá de los muros de la academia. Evitar hermetismos técnicos, hablar un lenguaje que busque el diálogo, abstenerse de complejidades que vayan más allá de lo necesario, serían algunas de las tareas más desafiantes para los editores de la obra.
El modelo de entrada ya mencionado (ensayado en un principio, en 2015) fue entonces puesto en discusión. Según este primer modelo, el texto tendría tres partes: una primera, biográfica-descriptiva, en la que se presentaría el contexto histórico y aspectos de la vida del marxista, sus estudios, formación política, actividades profesionales y militancia; luego, un ítem analítico, ensayístico, que versaría sobre el pensamiento del autor a partir de sus obras y realizaciones; y finalmente, una lista bibliográfica mencionando las obras leídas para la redacción de la entrada (por el propio autor y por comentaristas). Si este modelo tenía aspectos interesantes y funcionaba bien en trabajos académicos, por otro lado, su parte central era algo abierta, lo que podía dar lugar a divagaciones teóricas no siempre agradables para un aprendiz.
Así, para facilitar la comprensión del contenido esencial del pensamiento de cada biografiado, decidimos mantener el ítem inicial y dividir el segundo ítem en dos partes: una primera, compuesta por un breve ensayo sobre la concepción marxista del autor, buscaría englobar sus contribuciones teóricas y prácticas fundamentales, destacando las principales ideas y los conceptos políticos que aportó al marxismo; la segunda, más sencilla de entender (y que podría ser leída parcialmente independientemente de las demás), tendría un contenido bibliográfico y descriptivo, dedicado a presentar la obra del autor, animando a su lectura mediante la reseña de los temas en ella contenidos –ideas, conceptos desarrollados, polémicas, posiciones políticas defendidas en cada escrito. Finalmente, como apéndice, un cuarto ítem (de este nuevo modelo) proporcionaría una lista de libros y textos producidos sobre el marxista: tanto las referencias utilizadas en la producción del artículo como alguna recomendación de una obra introductoria.
Como resultado, las entradas producidas mostraron una interesante diversidad de autores, con historias y perspectivas propias. Observando las preocupaciones expresadas en los textos de la época, destaca la importancia concedida a aspectos prácticos, como la organización de la clase obrera, la articulación de redes internacionales que conecten a los movimientos y partidos sociales de los diversos países de América, la defensa de la mejora del nivel de vida de la población y la lucha contra las desigualdades.
En particular, en el período de entreguerras, vemos crecer el número de partidos y sindicatos de inspiración marxista, impulsados por eventos como la Revolución Rusa de 1917 y las actividades de la Internacional Comunista en el continente americano. Los libros traducidos se multiplican y la tradición filosófica marxista entra en las universidades. Aparecen publicaciones originales, dedicadas a la comprensión de las características políticas y económicas nacionales. Temas como el carácter particular de aquellas formaciones sociales surgidas de las ruinas del colonialismo europeo, el papel de los grupos indígenas y africanos en el modo de producción, el imperialismo y la lucha por una auténtica emancipación de las naciones pasan a formar parte de los temas debatidos en periódicos (independientes, en su mayoría), universidades, movimientos sociales y partidos.
Sin embargo, sería erróneo imaginar que la propagación del pensamiento marxista se produjo sin contratiempos ni fricciones internas. La cruzada de los gobiernos locales contra la creación de partidos y sindicatos de inspiración socialista hizo que, en varios casos, sus actividades se desarrollaran en la clandestinidad, sujetas a prohibiciones arbitrarias, persecución de militantes, detenciones y asesinatos. Por otra parte, la formación de tendencias marxistas rivales reverberó en el continente americano; y además, acontecimientos clave del periodo de entreguerras, como la crisis financiera de 1929 y el ascenso del fascismo en Europa, contribuyeron a acentuar el proceso de definición de las estrategias partidarias, oponiéndose a los defensores de la revolución, los que predicaban la vía parlamentaria
He aquí la breve historia de esta obra única que ahora llega paulatinamente al público, aunque su producción continúa y está lejos de estar terminada (si es que hay un final para obras como esta).
Notas
* Los autores de este texto introductorio son coordinadores del Núcleo Práxis-USP, y editores del Diccionario marxismo en América:
Yuri Martins-Fontes Leichsenring es profesor, escritor, periodista y traductor; doctor en Historia Económica (USP/CNRS), licenciado en Filosofía e Ingeniería (USP), con posdoctorados en Ética y Política (USP) y en Historia, Cultura y Trabajo (PUC-SP), es coordinador general del Núcleo Práxis-USP. Autor de obras como: Marx na América: a práxis de Caio Prado e Mariátegui (São Paulo: Alameda/Fapesp, 2018); y Cantos dos Infernos (São Paulo: Patuá, 2021).
Joana Aparecida Coutinho es profesora de Ciencias Políticas en la UFMA; doctora y licenciada en Ciencias Sociales (PUC-SP), con posdoctorado en Sociología (UNAM-México), es coordinadora del Grupo de Estudos de Hegemonia e Lutas na América Latina. Autora de obras como: ONGs e politicas neoliberais no Brasil (Edit. UFSC, 2011); y A guerra ideológica (Crítica e Sociedade, 2022).
Pedro Rocha Fleury Curado es profesor del Instituto de Relaciones Internacionales y Defensa de la UFRJ; Doctor en Economía Política Internacional (UFRJ), Licenciado en Ciencias Sociales (UFRJ) e investigador del Laboratório de Estudos em Segurança e Defesa. Autor de obras como: A guerra fria e a ‘cooperação ao desenvolvimento’ com os países não-alinhados (UFRJ/EHESS, 2014).
Felipe Santos Deveza es profesor de Historia e Historia de América en escuelas públicas; Doctor en Historia Comparada (UFRJ/UNAM), Licenciado en Historia (UFRJ), con posdoctorado en Historia de América Latina (UFF). Autor de obras como: O movimento comunista e as particularidades da América Latina (UFRJ/UNAM, 2014).
Paulo Alves Junior es profesor de Historiografía en la Universidad de Integración Internacional de la Lusofonia Afrobrasileña (Bahía); Doctor en Sociología (Unesp), Licenciado en Historia (PUC-SP). Autor de obras como: Um intelectual na trincheira: José Honório Rodrigues, intérprete do Brasil (São Paulo: Editora Dialética, 2021).
Solange Struwka es profesora de Psicología en la Universidad Federal de Rondônia; Doctora en Psicología Social (USP), Licenciada en Psicología (USP) e investigadora del Grupo Amazônico de Estudos e Pesquisas em Psicologia e Educação. Autora de obras como: Saúde mental em tempos de pandemia: os imperativos da situação-limite e as tarefas da psicologia (São Paulo: LavraPalavra, 2022).
*Este artículo es una presentación del Diccionario marxismo en América; fue publicado originalmente en portugués en el portal del Núcleo Práxis-USP, donde también se publicó esta traducción, hecha por la misma organización en colaboración con Rebelión. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al traductor y a la traductora y a Rebelión y Núcleo Práxis como fuentes de la traducción. Sugerencias y críticas son bienvenidas: nucleopraxis.usp.br@gmail.com.
Fuente (del original): https://nucleopraxisusp.org/dicionario-marxismo-na-america-o-projeto/
https://rebelion.org/diccionario-marxismo-en-america-un-rescate-historico-de-memorias-combativas/