Una reflexión de Alfredo Iglesias Diéguez

Querido Salvador!

Ya sabes, de sobra, que a veces me gusta divagar sobre los artículos que subes a tu blog; en este caso se trata del artículo de Riccardo Manzotti titulado «El gran bluff de la conciencia» y la reflexión de Miguel Candel sobre ese artículo.

Comparto las consideraciones de Miguel Candel, aunque le añadiría algo más. Como decía Faustino Cordón, para mí uno de los materialistas-darwinistas más coherentes del siglo XX, injustamente olvidado -o desconocido, por ser un científico marginado por la ciencia oficial española, tanto durante el franquismo como durante la II restauración borbónica, a pesar de haber sido un científico muy popular entre los ambientes progresistas de la transición-, al hablar de evolución biológica debemos partir de lo que él denominaba niveles evolutivos de integración… y en el caso de los animales, la unidad evolutiva básica es el ‘cuerpo’, ya que es el cuerpo quien interactúa con el medio. No lo hace el gen (como sostienen muchos darwinistas deterministas genéticos, como Dawkins), tampoco lo hacen las neuronas (el propio Dawkins hablaba de memes…). Además, tomando pie en Lewontin, la interacción de los animales con el medio se hace en poblaciones…

Por lo tanto, es de un reduccionismo vulgar intentar buscar -como comenta el propio Miguel Candel en su reflexión-, en la suma de las partes -las neuronas y su actividad físico-química- el origen de la conciencia, la mente o lo que quieras…

Además, al final, como en muchas situaciones…, pienso que el problema está en cómo organizamos nuestras preguntas y en nuestras cosmovisiones…. Por toda una tradición dualista pensamos que la conciencia, el pensamiento, el lenguaje… son unos atributos exclusivos de la humanidad que para mucha gente -científica incluida-, son ‘de origen divina’… No sé si me entiendes. Y es en esos atributos en los que buscamos la esencia que nos hace humanos… Sin embargo, al final somos animales y seres sociales y como decía Marx en sus tesis, la esencia del hombre (hablo de memoria) hay que buscarla en las relaciones sociales.

Sobre esto tengo un artículo que gracias a tí se publicó en EspaiMarx: https://espai-marx.

Y al final -y acabo el rollo-, somos unos animales sociales y todo eso que llamamos conciencia, lenguaje, pensamiento… tiene su origen en los sistemas de representación -que en una ameba puede ser un sencillo estímulo químico que le hace reconocer a otra ameba a la suficiente distancia como para mantenerse distanciado…- y de ahí llegamos a nuestros sistemas de representación del mundo, con nuestros lenguajes y otras actividades psíquicas que podemos encontrar -más o menos desarrolladas- en otros animales.

El problema es cambiar nuestra forma de estar, comprender y transformar el mundo…

Un abrazo fraternal,

Alfredo

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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