“Continuará” por Ernesto Gómez de la Hera

En nuestro artículo del Crónica Política de junio apuntábamos la seria posibilidad de que el Nuevo Frente Popular ganara las elecciones legislativas en Francia. Y como adelantábamos entonces ya han comenzado los problemas, obstáculos e intrigas. De hecho ya se anuncia una seria quiebra en la unidad interna de esta coalición electoral.

El artículo mencionado opinaba sobre el impacto que el resultado de las elecciones del 9 de junio tendría en la línea política de la Unión Europea. Concluía que poca, como demuestra el reparto de puestos de mando que se ha producido y que, sin ninguna duda, será ratificado por el nuevo Parlamento Europeo. Pero también decía que en los países decisivos de la UE se estaba produciendo una desvertebración importante de su ecosistema político. Los resultados de las elecciones francesas del 7 de julio confirman plenamente este diagnóstico.

Desde luego Macron ha conseguido el objetivo que perseguía con la disolución de la Asamblea Nacional: el éxito electoral del RN en las elecciones europeas ha quedado opacado rapidamente por su derrota del 7 de julio, pues es claro que, pese a ser el partido con más escaños (126, aunque se le añaden 17 aliados más) en la nueva Asamblea Nacional francesa,  los lepenistas han visto frustrada su prevista entrada en Matignon. Además no deja de ser cierto, como Macron se ha apresurado a decir, que no hay un ganador claro de estas elecciones. Y esto sirve, una vez más, para revalorizar su propio papel dirigente. No hay que olvidar que la Constitución de la V República, a diferencia de lo que sucedía en la época del primigenio Frente Popular, no es parlamentaria. El papel presidencial a la hora de elegir al primer ministro de la República es determinante, igual que lo son sus posibilidades de pasar por encima (art. 49 de la Constitución) de la voluntad de la Asamblea Nacional, como demostró la cuestión de la reforma de las pensiones el año último. Ciertamente sigue sin ser posible imponer absolutamente la voluntad presidencial y Macron tiene ahora menos partidarios dóciles de los que tenía en la anterior Asamblea. Pero su propio partido Renaissance tiene 102 diputados, sin contar sus aliados inmediatos de Ensemble (66 más), lo que significa que es el segundo más grande. Por su parte LFI de Mélenchon tiene 74, por 59 el PS, 28 los Verdes y 9 el PCF (el NFP suma 12 más de otros pequeños grupos). Los Republicanos, la derecha clásica francesa, cuenta con 45 (más 15 de sus socios).

Estos son los números a tener en cuenta una vez acabada la contienda electoral. Las coaliciones que se midieron en ella, especialmente el NFP, han pasado a descomponerse en función de los nuevos objetivos que plantea el nuevo escenario político. Un escenario con una Asamblea Nacional más desvertebrada que nunca, lo que refleja perfectamente la propia situación francesa. Un reflejo exacto producido por lo mucho que se jugaba en esta ocasión y la gran afluencia de votantes a las urnas, que ha superado con mucho los datos del 9 de junio y los de las anteriores legislativas de 2022.

Todo ello hace que, en cuanto se disipen la euforia de algunos y el desencanto de otros por el resultado electoral, vayamos a ver muchos movimientos marcados por la perspectiva de las elecciones presidenciales de 2027, que son las elecciones que permiten acceder al efectivo puesto de mando de Francia. Macron no puede presentarse nuevamente a la reelección, pero esto no hace más que aumentar las incógnitas y las maniobras que se van a suceder. Las prerrogativas de la Presidencia, de las que Macron ha usado y abusado, confieren un papel central a la hora de intervenir en esas maniobras. Y el hecho de que el actual presidente no pueda ser candidato hará que los aspirantes a sucederle estén dispuestos a acceder a cuanto les pida, con tal de lograr su apoyo. Naturalmente esto no se aplica a quienes aspiran a la Presidencia desde las filas de RN o LFI. Pero es que estos son “outsiders” y están fuera de las coordenadas precisas para aspirar al puesto. A saber: ser sumiso a los EE.UU. y la OTAN, creer fervientemente en las recetas económicas del FMI y del Banco Central Europeo y colaborar de manera entusiasta con los “eurócratas” de Bruselas. Por supuesto no es descartable que M. Le Pen decidiera seguir el camino de G. Meloni, pero no parece que le fuera útil hacerlo antes de llegar al palacio del Elíseo. En todo caso su caida del caballo en el camino de Damasco se produciría después.

Con este panorama que hemos explicado ¿queremos decir que consideramos inútil toda la energía y el esfuerzo desplegado por tantos demócratas franceses para evitar el triunfo del RN? En absoluto. Ya dijimos en nuestro artículo de junio que el NFP, a diferencia de ciertos engendros españoles, era un producto genuino de las masivas movilizaciones populares que se han sucedido en Francia en los últimos años. Su propio programa socioeconómico era producto de las reivindicaciones de esas movilizaciones. Es verdad que ese mismo programa contenía cosas que eran producto de negociaciones entre cúpulas políticas y que algunas de esas cosas (las partes sobre Ucrania y Rusia) son rechazables desde cualquier perspectiva democrática. Pero hay dos cuestiones que, en nuestra opinión, avalan la necesidad y ameritan el apoyo para este Nuevo Frente Popular. Por un lado era imperativo cerrar el paso (y lo seguirá siendo en 2027) al RN lepenista. Puede que el RN estuviera en contra de seguir apoyando la guerra contra Rusia o puede que siguiera el camino damasceno de G. Meloni. Pero no cabe duda de que el efecto de un gobierno Bardella sobre los derechos civiles y sociales en Francia hubiera sido desastroso. Basta recordar su actuación sobre el tema de la reforma de las pensiones. Por otra parte la fuerza política inicialmente impulsora del NFP, nos referimos a LFI de Mélenchon, siempre ha sido consciente de todas estas cosas. Tanto de las incongruencias de programa, como de las divisiones internas y del uso que haría Macron, llegado el momento, de esas divisiones e incongruencias. Siempre priorizó la necesidad de vencer al RN, por eso fue LFI quien retiró más candidatos de cara a la segunda vuelta, lo que está en el origen de que ellos tengan 74 escaños en la Asamblea Nacional y Renaissance 102.

Ahora LFI, con claridad de ideas y tratando de unificar el máximo de fuerzas, está insistiendo en que se pongan en práctica las aspiraciones mayoritariamente expresadas por los franceses el 7 de julio. No en ocupar el puesto de primer ministro. Una prueba de lo que decimos son las movilizaciones sindicales y populares previstas para el 18. Con esto LFI sigue el ejemplo del originario FP de 1936, pues hay que recordar que logros como el de las vacaciones pagadas fueron producto de las luchas que siguieron a la victoria electoral de entonces. Es verdad que, como hemos expresado ya, la actual V República francesa no es un régimen parlamentario como lo era la III. Esto tiene las consecuencias que ya hemos advertido al hablar del papel de Macron. Sin embargo, si las movilizaciones llegan a ser importantes, es posible que las intrigas de Macron y los suyos fracasen. Y en todo caso, de cara a 2027, es fundamental no cejar en la lucha. Por eso lo del 7 de julio no es un final de nada, sino un continuará.

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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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