Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda
Por fin una noticia positiva después de casi diez días de tira y afloja en el seno de NFP sobre la candidatura a Presidente del Consejo de Ministros. Diez días de desencuentros, subrayados públicamente por el abuso de las redes por parte de casi todos y la falta de discreción.
La noticia positiva es que ayer el NFP se puso de acuerdo, con cierta rapidez, en su candidato para presidir la Asamblea Nacional: será el comunista André Chassaigne, un veterano que se ha distinguido en anteriores legislaturas por sus propuestas en favor de los agricultores. Tiene difícil, pero no imposible, alcanzar la presidencia depende de que no haya acuerdo entre Los Republicanos-Derecha Republicana y los macronistas y de que Chassaigne consiga apoyos de los diputados de ultramar y de grupos menores y diputados independientes. Difícil, repito, parece que la derecha republicana y los macronistas tienen alguna ventaja. ¿Qué hará RN cuando su candidato quede descartado? Sea como sea, lo importante no es ya que Chassaigne sea elegido sino que el NFP ha recuperado una imagen de unidad que parecía haber perdido.
E inmediatamente que se ha acordado la candidatura a la asamblea se ha reactivado la cuestión del candidato a formar gobierno. Hasta ahora el proceso ha sido penoso y la impresión dada por los medios ha sido la de un enfrentamiento sectario y personal entre el PS y FI, con los comunistas y los ecologistas intentando tender puentes; con Macron metiendo cizaña con sus propuestas del “bloque central” y su ignominiosa equiparación de la FI y los comunistas, y el RN, los “extremos” que hay que aislar. El PS no ayudó tampoco al comienzo, empeñándose en proponer a su primer secretario como candidato, con argumentos de prepotencia; como dijo Miguel Candel, ellos jugando a “o César o nada”. Frente al PS no es cierto que FI presentara a Mélenchon, lo que sí hizo -ante los ataques que recibía- es decir que Mélenchon no estaba por principio fuera de la lista.
No le doy más vueltas, porque no se trata de personas, sino de opciones políticas concretas tras el resultado de las elecciones. Un problema de partida es que el NFP se constituyó para generar una movilización que impidiera la victoria de RN y su acceso al gobierno; obviamente acordaron -improvisaron- un programa de máximos puntos compartidos y de compromisos, un programa que era más un argumentario electoral que una línea de gobierno. Y como no esperaban llegar a ganar, o no lo tenían del todo claro, decidieron ahorrarse la discusión del candidato común. Ahora, tras el éxito no esperado de las elecciones, tuvieron que abordar la cuestion que habían evitado para no dividirse durante las elecciones. Haciéndolo sobre la base de que su victoria les obligaba a exigir a Macron que la reconociera y les encargara la formación de gobierno.
Ahora bien, el NFP ganó las elecciones pero no puede gobernar solo, su mayoría relativa es baja y necesita apoyos que, obviamente, han de traducirse en negociaciones políticas. Ésta es una situación muy diferente a las que vivieron los Frente Populares del 36, que por el contrario contaban en su partida con mayorías parlamentarias amplias. Ante sus limitaciones se han planteado, de hecho, dos salidas: un candidato del NFP, que de entrada pueda ser aceptable por el sector más centrista del macronismo -Gabriel Attal, quizás- sugiriendo ya una cierta renuncia a puntos del programa electoral del NFP, o un candidato de reafirmación del programa NFP, aunque abierto por sus condiciones a la inevitable negociación. La autopostulación de Faure iba en el primer sentido, pero no la han apoyado ninguno de los otros componentes. El PCF postuló a Huguette Bello, que tuvo el apoyo inmediato de FI y fue aceptada por los ecologistas. El PS la rechazó, con malas maneras, afirmando que Bello era una buena candidata para hacer oposición, pero no para gobernar. El PS contraatacó proponiendo a Laurence Tubiana con un perfil de política “ greendealista”, que fue aceptada por los Ecolos y también por el PCF, pero no por FI que le ha reprochado haber publicado hace cuatro días un artículo en el que defendía ya de entrada el pacto entre parte del centro macronista y la izquierda (no tengo claro que se refiriese al NFP, sino a la “izquierda”, que no es lo mismo porque permite saltarse al NFP y abrir una nueva negociación de partidos/grupos parlamentarios).
A comienzos de esta semana se estaba en una situación de bloqueo, con la imagen del NFP deteriorada y Macron frotándose las manos. ¿Qué ha pasado estos últimos dias? En la relación interpartidaria la negativa de FI a abrir una nueva negociación si antes no se llegaba a un acuerdo sobre la presidencia de la Asamblea Nacional, que mostrara que el NFP no se había roto. Más allá de los partidos se ha producido una movilización de la base del NFP, de sectores y entidades sociales que han exigido al NFP dos cosas, unidad y designación ya de una candidatura, cuya presentación por sí sola defienda el hecho de la victoria electoral del NFP. Se ha destacado la secretaria general de la CGT, Sophie Binnet, y una petición firmada por 16.000 personas agrupadas bajo el título de “Victoria popular”, que ya intervinieron en la formación de la NUPES en 2022. Además, desde ayer, hay una avalancha de mensajes en redes volviendo a postular a Huguette Bello. Esta mañana Faure ha dado un paso atrás y ha aceptado que la discusión está entre Huguette Bello y Laurence Tabira, proponiendo que se decida en votación individual de los diputados. Sophie Binnet acaba de recordar la llamada a manifestarse ante la Asamblea Nacional y ha instado a “acelerar” a los partidos del NFP en la toma de decisiones, tras haber mostrado ser capaces de hacerlo en la cuestión de la Asamblea Nacional (Continuará).