No creí que viviría para oír a la izquierda de mi país defender que quien más impuestos pague debe recibir más del Estado. No creí que vería a la izquierda de mi país cagarse sobre la progresividad fiscal.
Pero es eso, exactamente eso, lo que ha firmado en un documento el PSC con ERC. ¡El principio de «ordinalidad»!, ¡qué nauseabundo eufemismo para sustentar la liquidación de la redistribución como fin principal del sistema tributario!
Debo de ser otro «rojipardo». Tal vez lo sean también los compañeros de la CGIL italiana que luchan contra un acuerdo fiscal equivalente suscrito por la señora Meloni con la Liga de Matteo Salvini. Tal vez lo fuera Rosa Luxemburg cuando explicó en unos artículos magníficos y lamentablemente poco conocidos por qué era esencial que el Estado mantuviera el control de los sistemas tributarios (y de infraestructuras como el transporte).
Esta mañana el presidente (luz del mundo) ha asegurado que defiende el acuerdo «con pasión» y ha presumido de dar un nuevo paso a la «federalización» («confederalización», debería decir) del Estado.
Es bueno que los extremeños, andaluces, castellanomanchegos, castellanoleoneses, gallegos y otros conozcan unas cifras para saber de qué se habla.
El sistema tributario estatal recauda en torno a 270.000 millones de euros. La distribución de transferencias e inversiones por el sistema común de financiación es esencial para el Estado de Bienestar porque la Administración Autonómica concentra la totalidad de los servicios comunitarios públicos esenciales. Las tres regiones más ricas, las únicas cuyos contribuyentes (no hacen aportación fiscal los territorios ni las naciones sino los contribuyentes de cada territorio) aportan más de lo que retorna en forma de gasto público (Madrid, Cataluña y Baleares) aportan casi 200.000 millones. Los contribuyentes catalanes aportan más de 50.000 millones, cierto. Pero es que los de Madrid aportan más de 120.000 millones. Y ello es así sencillamente porque en estos territorios hay más contribuyentes de rentas altas. Del mismo modo que los contribuyentes del barrio de Salamanca en Madrid aportan más que los de Orcasitas y el primer barrio recibe menos de lo que aporta en inversión pública. Lo que no significa que estén subfinanciados o que estén sobrefinanciados los de Orcasitas. Es el efecto natural de la progresividad fiscal en el territorio. Así es como hay que decirlo; usar la expresión de solidaridad interterritorial sugiere la idea de una transferencia de rentas de unos territorios a otros. Y es algo mucho más profundo y estructural.
Si se abre la vía de que cada territorio recaude lo suyo y que su aportación al conjunto tenga el limite de la «ordinalidad» (como dice el acuerdo: que quien más aporte reciba en todo caso más), se está rompiendo la pregresividad. Se dejará desamparada a la gente humilde de las regiones más pobres (tal vez culpables de su pobreza, ¿por qué no?)
Y a medio plazo, o no tan medio, también a la clase trabajadora catalana y madrileña. Porque la diversidad de jurisdicciones siempre propicia la competencia fiscal a la baja en los tributos más progresivos. En los últimos años los grandes grupos empresariales y las grandes fortunas han podido presionar a los Estados europeos para hacer desaparecer la imposición patrimonial y reducir una media de 10 puntos todos los tipos nominales de Sociedades. ¿Qué no podrán hacer presionando a jurisdicciones regionales, más pequeñas que los Estados?
Deberíamos ir a una Hacienda europea y a bases imponibles controladas incluso intercontinentalmente y fragmentamos más la estatal.
Deberíamos recuperar el internacionalismo y retornamos al particularismo y el nacionalismo más chato.
Por no hablar del daño al control del gran fraude, escindiendo bases de datos y actuaciones inspectoras.
He invertido ya 33 años de mi vida con absoluta dedicación a la Hacienda Pública del Estado, creyendo que contribuía a sostener la más importante herramienta de la justicia social. Y quienes creía que eran los «míos» inician su desmantelamiento. Personas con quienes milité y que conmigo defendieron un modelo federal solidario, jamás asimétrico.
Incluso quienes replican (Compromis, por ejemplo) se limitan al consabido ¿qué hay de lo mío? Pero nada objetan al fondo. Qué asco.
Estoy agotado. No puedo anímicamente más. Me rindo.
Me retiro de esta ventana, por la que me entra demasiada actualidad.
Debo concentrarme ahora en mi salud.
Retorno al refugio de mi gente más cercana, mi literatura y mis libros.
Espero salir en breve de una nueva pelea que tiene que ver con la vida.
Y por un tiempo no me verán por aquí.
Les dejo el correo que hoy he hecho llegar a los compañeros de UGT de la Agencia Tributaria cuando me han remitido un comunicado en el que expresan su preocupación por los derechos laborales de los trabajadores de la Agencia Tributaria catalana.
Nada más. Un abrazo.