Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1.Una política industrial de izquierdas.
2. Más sobre la Operación Amanecer.
3. Lo abominable se ha convertido en normal.
4. Contra el wokismo.
5. El número de víctimas en Gaza.
6. La inutilidad de las políticas científicas.
7. Dificultades para la unidad palestina.
8. Prashad sobre las elecciones en Venezuela.
9. The Divide.
10. Los motivos de la persecución a Roy.
11. El error de las sanciones.
12. La UE y la guerra de Ucrania.
13. Crisis total en Francia.
14. Walid Jumblatt apoya a Hezbolá.
15. M.N.Roy.
16. Resumen de la guerra en Palestina, 1 de agosto.
1. Una política industrial de izquierdas
Basado en parte en la discusión del «nuevo debate Brenner» que estuvimos siguiendo -y publicando en nuestra web- en las páginas de la NLR, y ahora publicadas en libro, Martín Lallana propone un modelo de política industrial desde la izquierda. https://www.elsaltodiario.com/
La política industrial ha vuelto, ¿cómo debe posicionarse la izquierda?
Este artículo recoge la discusión estadounidense publicada en la New Left Review, recopilada en “Sobre el capitalismo político: el nuevo debate Brenner” (Traficantes de Sueños), y propone introducir la planificación, la propiedad pública y la participación de las personas trabajadoras en los debates sobre la inversión verde.
Martín Lallana @MartinLallanaS 27 jul 2024 05:00
Durante los últimos años, los discursos sobre el “retorno de la política industrial” y la “política industrial verde” han alimentado múltiples discusiones en distintos países. Lejos de representar la atrevida decisión política de un gobierno en particular, esta receta se encuentra, si bien con variaciones, en las principales economías mundiales: Made in China 2025, Make in India, Inflation Reduction Act (Estados Unidos), Plan Industrial del Pacto Verde Europeo, etc. El ingrediente común de estos planes está claro, intervención de los gobiernos en sus economías a través de controles de precios, restricciones comerciales, subsidios industriales e inversiones específicas para transformar su estructura productiva. De fondo, otro cambio estructural en la economía mundo capitalista: la transición energética y la reducción de emisiones de CO2, que coloca el foco sobre la capacidad de fabricación doméstica de las tecnologías requeridas para sustituir a los combustibles fósiles.
Este golpe de timón en la gobernanza neoliberal ha colocado a las fuerzas políticas de izquierdas, los sindicatos y las organizaciones ecologistas en una coyuntura. ¿Acaso no era eso lo que se llevaba décadas reclamando?, ¿una mayor intervención estatal sobre la economía? Por eso, la confusión política ha dado lugar a un crisol de posiciones, desde la aceptación con matices de las soluciones de los mercados para después influir en las políticas públicas hasta el rechazo frontal sin siquiera responder a los conflictos políticos intermedios que se abren.
En el estado español, las críticas más desarrolladas se han centrado en los proyectos financiados y las derivas extractivas sobre el Sur global, en la subordinación al poder corporativo y la condicionalidad a contrarreformas de ajuste (fiscal, laboral y pensiones), y en el refuerzo militarista y neocolonial.
Otras voces en la Unión Europea critican la actual política industrial apuntando al agravamiento de las desigualdades con el retorno de la austeridad, a la escasa efectividad para disciplinar al capital que tienen las políticas de reducción de riesgos a la inversión privada, o al fortalecimiento del capitalismo rentista y de un régimen de acumulación basado en la deuda.
Si bien todas estas aportaciones alumbran diferentes ángulos, quizás están demasiado centradas en las consecuencias que acompañan la aplicación de estas políticas públicas. O quizás no alcanzan a responder a dos preguntas esenciales para delimitar una posición y estrategia política: ¿Por qué se produce el retorno de la política industrial? ¿Realmente cumplirá los objetivos que enuncia?.
Para intentar abocetar un mural más amplio, recogeremos algunas aportaciones de la discusión en la izquierda estadounidense a lo largo de varios artículos de la New Left Review, recopilados en el libro Sobre el capitalismo político: el nuevo debate Brenner (Traficantes de Sueños), donde más allá de las tesis originales que motivan la discusión (vinculadas con los resultados de las mid-term election de 2022 y cambios en el régimen de acumulación) se apunta hacia elementos de carácter estructural que nos pueden ayudar a responder esas dos preguntas esenciales.
Estancamiento económico y exceso de capacidad productiva
La lógica subyacente del retorno de la política industrial es clara: un estímulo económico público orientado hacia los sectores de crecimiento verde puede generar una expansión económica duradera. Thomas Meaney describe esta operación como una “subvención pública de la rentabilidad del capital privado”, que induce a las empresas a invertir en industrias ambiental y geopolíticamente estratégicas mediante la socialización de los riesgos de dicha inversión por parte del Estado. Dicho en palabras de Tim Baker, la política industrial “esencialmente soborna a las empresas para que realicen un tipo específico de inversión fija que de otro modo no harían”.
Sin embargo, el contexto económico en el que se produce estos procesos sistémicos es tremendamente importante. Nos encontramos en un periodo de “larga recesión”, o “estancamiento secular”, marcado por el anquilosamiento de los salarios reales, el bajo crecimiento de la productividad, las tasas de acumulación deprimidas y un sector financiero hipertrofiado. Es ahí donde se deben situar las preguntas sobre la causa y la efectividad del retorno de la política industrial.
Según argumentaba Aaron Benanav citando el análisis económico de Robert Brenner, es improbable que el estímulo keynesiano vuelva a poner en marcha el motor del crecimiento de la inversión privada. La explicación se encontraría en la noción de “exceso de capacidad crónico”: dado que demasiados productores intentan vender en los mismos mercados, los precios tenderán a ser más bajos, al igual que las tasas de beneficio, se producirá una reducción de la inversión y, por tanto, un descenso en las tasas de crecimiento económico.
El resultado es que las empresas con mayor capital fijo invertido (maquinaria, instalaciones) se resisten a abandonar el sector a pesar de sus altos costes, mientras que otras empresas con una estructura de costes más bajos aprovechan para expandirse y competir en los mercados mundiales. Esta tendencia se inició en la década de 1970, y ha sumergido al sector industrial en una intensificación de la competencia intercapitalista con crisis crónicas de exceso de capacidad y débil demanda agregada.
Además, las sucesivas crisis de sobreproducción y estímulos keynesianos desarrollados desde los Estados en las décadas posteriores, lejos de eliminar el capital improductivo y restaurar las tasas de beneficio, han ayudado a atrincherar a las empresas con estructura de costes más elevada y han afianzado dicho exceso de capacidad.
En una situación de estancamiento donde la redistribución del capital al trabajo se hace casi imposible, una política industrial verde que fomente la relocalización no lograría una expansión económica duradera sino que agravaría los problemas de exceso de capacidad a escala mundial.
Siguiendo el argumento de Brenner, las caída en la tasa de beneficio en el sector industrial explicaría la actual situación de bajas tasas de inversión, bajo crecimiento de la productividad, bajo crecimiento salarial y bajo crecimiento económico. Una situación de estancamiento en el que la redistribución del capital al trabajo se hace si no imposible, extremadamente difícil. En este contexto, una política industrial verde que fomente la relocalización de proyectos, no lograría una expansión económica duradera sino que agravaría los problemas de exceso de capacidad a escala mundial. En lugar de estimular un ciclo de inversión productiva por parte del capital, se obtendría una exigencia cada vez un mayor de apoyo estatal en forma de inyecciones monetarias o garantías directas de rentabilidad.
Este análisis también explica la guerra comercial que acompaña al retorno de la política industrial. En palabras de Grey Anderson, “contemplada desde los pasillos del poder, la orientación antichina de la política industrial estadounidense no es un subproducto desafortunado de la “transición” verde, sino su propósito motivador”. Para muestra, un botón: la aplicación de aranceles a la importación de vehículos eléctricos chinos es del 100% en Estados Unidos y del 38% en la Unión Europea.
Sin embargo, como señalan Alyssa Battistoni y Geoff Mann, China goza de una posición tan predominante en la cadena de valor que no es posible proceder a una rápida descarbonización prescindiendo de la tecnología china. Por tanto, señalan, es probable que los verdaderos perdedores globales de este retorno de la política industrial sean los países en vías de desarrollo, excluidos de sectores de alto valor agregado y que no pueden competir con la capacidad de auto-subvencionar de las grandes potencias.
Jamie Merchant trata de arrojar luz explicativa a esta situación afirmando que la política industrial es una estrategia que los países capitalistas se ven obligados a adoptar para derrotarse unos a otros en el cambiante escenario de la competencia mundial. Sostiene que “a medida que el crecimiento se agota, los Estados se verían obligados a abandonar los lugares comunes habituales sobre el libre comercio, pidiendo abiertamente el tipo de políticas agresivamente nacionalistas y de empobrecer al vecino”. En este contexto, llevar a cabo una política industrial simplemente significa destruir a los competidores, generando unos peligrosos efectos desestabilizadores en la política exterior.
Crisis ideológica del Estado
Ahora bien, la velocidad con la que se abandonan algunos paraguas ideológicos que han acompañado al neoliberalismo durante las últimas décadas deja a la vista algunas grietas que merece la pena apreciar. Bajo la justificación de responder al programa de subvenciones masivas implementadas por China, se extiende el consenso sobre el desarrollo económico dirigido por el Estado como única opción disponible para que las potencias occidentales mantengan su competitividad.
Este giro ideológico, sin embargo, parece más adaptativo que causal, apunta Merchant en otro artículo. La exageración oficial de la política industrial sería así un reconocimiento a posteriori de un proceso que ya se encuentra en marcha. Pero la novedad no radica en la intervención estatal, pues los gobiernos de los países capitalistas intervienen constantemente en la esfera económica para disciplinar a la fuerza de trabajo, asegurar la reproducción social y mantener un entorno rentable para la inversión. El elemento distintivo está en la transparencia con la que se muestra y reivindica dicha intervención, lo cual puede contribuir a abrir algunos conflictos de carácter político.
Explicaba Simon Clarke en 1988 que las crisis periódicas exigen una intervención sustancial del Estado para restaurar las condiciones de la acumulación capitalista. Sin embargo, la implicación directa del Estado en la producción traspasa la separación entre el Estado y la sociedad civil, integrando el poder del capital y el poder del Estado. Esto pone encima de la mesa cuestiones como la neutralidad del Estado y la responsabilidad democrática del capital, además de sentar un precedente para futuras intervenciones.
En otras palabras, a medida que aumentan las presiones económicas y políticas sobre el Estado, la crisis política da lugar a una crisis ideológica. Es en ese momento cuando nace una nueva cobertura que articule y legitime las políticas e instituciones dictadas por las nuevas circunstancias derivadas del desarrollo capitalista.
En un debate de la misma época, James O’Connor llegaba incluso a afirmar que las crisis conducen a nuevas formas de planificación y formas más sociales en las relaciones de producción. Además, sugería que los problemas ecológicos podrían ofrecer una “segunda vía” hacia el socialismo, pues el capitalismo exige respuestas cada vez más socializadas a la destrucción capitalista.
Alyssa Battistoni y Geoff Mann han seguido esta línea de pensamiento para señalar las medidas de los Estados para estimular la inversión verde como esfuerzos contradictorios por coordinar una respuesta a las tendencias autodestructivas del capital. Consideran que la creciente intervención estatal para garantizar las condiciones de acumulación ofrece oportunidades para la contestación desde la izquierda.
En otros términos, los escenarios en los que el papel del Estado crece a medida que se intensifican las crisis ecológicas podría generar tensiones productivas y un espacio para librar batallas políticas sobre la naturaleza y el propósito de la inversión. Así lo reconoce también Lola Seaton cuando pone el foco en la relación entre inversión, beneficios y Estado. Al fin y al cabo, ¿la dependencia que en la actualidad tiene el capital de medidas políticas para obtener beneficios no recalibraría el equilibrio de poder entre el capital y el Estado?
La desvinculación entre rentabilidad capitalista y los intereses de los trabajadores puede ampliar la autonomía del Estado en lugar de erosionarla más. Y lo que es más: ante el uso abusivo de la huelga de capital, con rentistas que se abstienen de invertir para engordar un sector financiero hipertrofiado y obtener rentabilidad, incluso podría disminuir su relevancia política.
Disputar el propósito y el control de la inversión
En definitiva, el propósito principal de la política industrial verde es el de estimular la inversión de capital en determinadas esferas productivas (llamémosle estimular, subvencionar, o sobornar). Pero para ello debe superar dos obstáculos nada despreciables.
Por un lado, tal y como hemos visto, la actual situación económica está marcada por un bajo crecimiento y una baja inversión. Ello ha llevado a algunos economistas marxistas a preguntarse cuál es la explicación a una caída en la inversión a pesar de los incrementos en la rentabilidad del capital.
Mientras que Costas Lapavitsas apunta hacia una financiarización sostenida gracias al incremento de deuda pública y el suministro de liquidez desde los bancos centrales, Javier Moreno Zacarés argumenta que, dado el estancamiento de las tasas de crecimiento, “la acumulación de capital se convierte en gran medida en un conflicto redistributivo de suma cero en el que la inversión huye a la seguridad del rentismo”. En este escenario, la política industrial encontrará serias dificultades para ser lo suficientemente persuasiva y acabar con la huelga de capital en la inversión productiva.
Por otro lado, la propia estrategia de estimular la inversión define sus propios límites. El éxito de esta apuesta está marcado por la expectativa de beneficio que tenga el capital ante la inversión en diferentes esferas. Sin embargo, tal y como señala Dylan Riley, “lo que el planeta y la humanidad necesitan es una inversión masiva en actividades de baja rentabilidad y baja productividad: cuidados, educación y restauración medioambiental”. En este sentido, el capital sería incapaz de invertir en la escala necesaria en dichos sectores.
Como indica Daniela Gabor, la reducción de riesgos por parte de los Estados (conocido en inglés como derisking) como fórmula para realizar este estímulo de la inversión amenaza con desencadenar un proceso de descarbonización desordenado controlado por los intereses del sector privado y no por las prioridades públicas. De nuevo, en un momento en el que los Estados destinan importantes esfuerzos a orientar y estimular la inversión hacia una transformación productiva, el retorno de la política industrial abre un potencial marco de conflicto en torno al propósito y el control de la inversión, e inaugura la oportunidad de tener una discusión democrática sobre dichas decisiones.
Pero, de nuevo con Benanav, ningún proyecto de inversión a gran escala es puramente técnico. Toda inversión en líneas socialistas debería estar orientada hacia la satisfacción de necesidades humanas al tiempo que transforma nuestro proceso de aprovisionamiento social. Según el discípulo de Brenner, es necesario crear consejos de inversión plurales, a saber, organismos democráticos en los que sean los trabajadores y trabajadoras, y no las élites tecnocráticas, quienes decidan sobre las propuestas de inversión.
En un plano más cercano podemos intuir decenas de conflictos en los que disputar el destino y las condiciones de la inversión pública que acompañaría a esta política industrial verde. No dar esa batalla, no exigir siquiera unas mínimas condicionalidades sobre la propiedad o las condiciones laborales, supone no poner freno a la exacerbación de desigualdades y resentimiento de la que advierte Cédric Durand.
Reorganización verde del capital en la práctica
Este repaso a las discusiones sobre política industrial en la izquierda estadounidense puede resultar un tanto abstracto y lejano, pero en este territorio , podemos encontrar en la práctica múltiples consecuencias del mural esbozado. Nos centraremos en dos casos prácticos y en un caso teórico-práctico.
En primer lugar, la automoción. La multinacional Stellantis decidió cerrar su matricería Mecaner en Urduliz (Bizkaia), despidiendo a más de 140 personas trabajadoras. La justificación del cierre por parte de la empresa incluyó: cambios legislativos que fuerzan una transición productiva hacia el vehículo eléctrico; obligación de asumir unas elevadas inversiones productivas; contexto de estancamiento económico y caída en la venta de vehículos; reorganización productiva para ajustar costes; exceso de capacidad productiva en el área de matricería.
Stellantis ha recibido ya 100 millones de euros del PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado, el cual no tiene ninguna condicionalidad de mantenimiento de empleo.
En segundo lugar, el cemento. La multinacional Heidelberg Materials despedió a la mitad de la plantilla de su planta de cemento en Añorga (Gipuzkoa) como parte de su reorganización productiva para reducir sus emisiones de CO2 y concentrar la producción de clinker en un horno. La justificación del despido colectivo por parte de la empresa incluye: estancamiento de la demanda de cemento en la región; nueva fase en el régimen europeo de comercio de emisiones de CO2 y elevados precios de la tonelada de carbono; rango máximo de emisiones para solicitar ayudas públicas para la transformación productiva.
Tras esta reorganización la multinacional espera recibir inversiones millonarias del PERTE de Descarbonización Industrial y del Fondo de Innovación de la Unión Europea.
En tercer lugar, el acero. Recientemente, ArcelorMittal renunció a operar con hidrógeno verde sus instalaciones de Xixón (Asturies) a pesar de disponer de 450 millones del PERTE de Descarbonización Industrial para la transformación hacia la reducción directa de hierro (DRI) alimentada con hidrógeno verde.
Al respecto, Jack Copley ha descrito cómo los cambios tecnológicos en el sector del acero a lo largo de la historia se han visto condicionados por sucesivas crisis de sobreacumulación y reestructuración. Ante la actual situación de exceso de capacidad siderúrgica mundial y los bajos márgenes de rentabilidad, las empresas no se encuentran en una situación favorable para asumir las elevadas inversiones ni el aumento de costes de producción asociados a la transformación hacia un acero bajo en carbono. Además, no está claro que este cambio tecnológico hacia el acero bajo en carbono pueda prometer un salto positivo en la productividad, dificultando su justificación financiera. Y en el caso de que lo lograra, esa mejora en la productividad empeoraría las pautas de sobreacumulación, haciendo necesario un doloroso proceso de reestructuración.
Estos tres casos muestran el tipo de conflictos que se abren bajo la reorganización ecológica del capital. Obviamente, las empresas mienten y deforman la realidad para aplicar ajustes, cierres y despidos con los que aumentar sus beneficios. Pero no podemos ignorar que el estancamiento económico y la transformación industrial darán lugar a despidos colectivos que serán justificados apelando hacia las causas económicas, técnicas, organizativas y productivas que en ese momento dicte el mercado. La política industrial verde puede actuar y moldear en ese confuso terreno donde orientarse adecuadamente es urgente y prioritario.
Fuerzas políticas de izquierdas, sindicatos y organizaciones ecologistas deben asumir una posición y estrategia política que les permita sumergirse en esos conflictos que están emergiendo y que sin duda se intensificarán. Introducir en el debate cuestiones como la planificación, la propiedad pública y la participación de las personas trabajadoras en las decisiones de la transformación industrial es fundamental para plantear la batalla.
2. Más sobre la Operación Amanecer
Pensado claramente para un lector estadounidense, el último artículo de Scott Ritter plantea, tras la retirada de Biden, la importancia de las próximas elecciones y la necesidad de una plataforma por la paz, que el impulsa: la operación Amanecer -Dawn-, que ya habíamos visto por aquí. https://scottritter.substack.
Actualización de la Operación AMANECER: un voto ganado, no dado
Scott Ritter 26 de julio de 2024
Haz que tu voto cuente en noviembre y, de paso, salva el mundo
Mientras Estados Unidos se pregunta quién saldrá victorioso del circo de tres pistas que son las elecciones presidenciales de 2024, cada vez se habla más de la naturaleza existencial de estas elecciones y del papel que desempeñan los dos candidatos a las primarias -la presunta candidata del Partido Demócrata, Kamala Harris, y su contrincante, el candidato del Partido Republicano, Donald Trump- en llevar a la nación al borde del abismo en lo que respecta al futuro de la democracia estadounidense como institución. Las opciones no podrían ser más claras: la encarnación viva del «político del establishment de la DEI» (Harris) frente a la definición de libro de texto de un «outsider político populista» (Trump).
En muchos sentidos, la retórica sobre la naturaleza crítica de la carrera presidencial de 2024 no es exagerada: en términos de viabilidad política sostenida, lo que está en juego no podría ser más importante. Una victoria de Harris pondría fin al movimiento MAGA, ya que se trata en gran medida de un ejercicio populista construido en torno al culto a la personalidad que ha rodeado a Donald Trump, de quien la mayoría coincide en que está disputando su última carrera política. Una victoria de Trump, sin embargo, proyectaría en la corriente política principal a su compañero de fórmula, J.D. Vance, a quien se le daría la oportunidad de reclamar el trono MAGA en 2028, estableciendo el potencial para una carrera MAGA de 12 años que podría muy bien significar el fin de la política del establishment en Estados Unidos tal como la conocemos.
Scott Ritter comentará este artículo y responderá a las preguntas del público en el episodio 181 de Pregúntele al inspector.
Estados Unidos ha vivido numerosas contiendas presidenciales en sus 248 años de historia en las que podría decirse que estaba en juego la esencia de la nación. La primera de ellas tuvo lugar en 1800, cuando Thomas Jefferson derrotó a John Adams en una contienda que decidió literalmente el futuro de Estados Unidos al poner fin al dominio político de los federalistas conservadores y sustituirlo por el partido demócrata-republicano, más progresista. La victoria de Andrew Jackson en 1828 sobre John Quincy Adams vio el resurgimiento de la ideología federalista en forma del nuevo Partido Demócrata, que se impuso a Adams y a los republicanos en unas elecciones que sirvieron de base para la aparición del sistema bipartidista que domina la política estadounidense hasta hoy. Y las elecciones de 1860, ganadas por Abraham Lincoln, conllevaron literalmente decisiones de vida o muerte que impulsaron a Estados Unidos a una Guerra Civil. Es la única elección estadounidense que puede calificarse realmente de existencial por sus consecuencias.
Lo que hay que decir aquí es que, digan lo que digan sobre 2024, aunque la futura dirección de la política estadounidense y los problemas sociales que se manifiesten en ella se decidirán en noviembre, el destino existencial de Estados Unidos no está en juego.
Tampoco es el destino de la «democracia americana».
Sin embargo, la carrera presidencial de 2024 tiene un impacto directo en la supervivencia existencial de Estados Unidos, del pueblo estadounidense y, de hecho, del mundo entero, pero no por su resultado. La cruda realidad es que, independientemente de quién de los dos principales candidatos gane en noviembre, la política estadounidense con respecto a Rusia, especialmente en lo que se refiere a la postura nuclear y el control de armamentos, está diseñada para lograr el mismo resultado. Y es este resultado el que sella el destino de toda la humanidad, a menos que se encuentre la manera de provocar un replanteamiento crítico de las políticas subyacentes que producen el resultado previsto.
Una futura administración Harris está en vías de continuar una política que se compromete a la derrota estratégica de Rusia, la reducción del umbral para el uso de armas nucleares en Europa, la terminación del último tratado de control de armas restante (New START) en febrero de 2026, y el redespliegue de misiles de alcance intermedio en Europa, también en 2026.
Donald Trump, por su parte, ha proferido una retórica que ha llevado a muchos a creer que pondría fin al conflicto en Ucrania, abriendo así la puerta a mejores relaciones con Rusia. Pero esta política se basa en el concepto de la «llamada telefónica perfecta» entre Trump y el presidente ruso Vladimir Putin, en la que el líder ruso accede a las condiciones dictadas por Estados Unidos en relación con Ucrania, que estarían muy lejos de los objetivos declarados de Rusia. Trump ha dejado claro que si Putin no dobla la rodilla en Ucrania, inundará el país de armas, básicamente la política de Biden de derrotar estratégicamente a los rusos con esteroides. Fue Trump quien se retiró del tratado INF en 2019, y como tal puso en marcha la dirección política que hace que las armas estadounidenses INF regresen a Europa en 2026. Y Trump no es un fanático de los tratados de control de armas, por lo que la noción de que salvaría el Nuevo START o lo reemplazaría con un nuevo vehículo de tratado es discutible por la realidad.
Independientemente de quién gane entre los dos principales candidatos en noviembre, Estados Unidos va camino de sufrir una grave crisis existencial con Rusia en Europa en algún momento de 2026. La reintroducción de sistemas con capacidad INF por parte de Estados Unidos desencadenará un despliegue similar por parte de Rusia de sistemas INF con capacidad nuclear dirigidos a Europa. Ya en la década de 1980, el despliegue de sistemas INF por parte de Estados Unidos y Rusia había creado una situación intrínsecamente desestabilizadora en la que un error podría haber desencadenado una guerra nuclear. La experiencia de Able Archer ’83, un ejercicio de mando y control de la OTAN que tuvo lugar en otoño de 1983, atestigua esta realidad. Los soviéticos interpretaron el ejercicio como una tapadera para un primer ataque nuclear de la OTAN y pusieron sus fuerzas nucleares en alerta máxima. No había margen para el error: un error de cálculo o de apreciación podría haber llevado a una decisión soviética de adelantarse a lo que creían que era un ataque nuclear inminente de la OTAN, desencadenando así una guerra nuclear a gran escala entre EEUU y la Unión Soviética.
El tratado INF, firmado en 1987, retiró de Europa estas armas desestabilizadoras. Pero ahora ese tratado ya no existe, y las armas que llevaron a Europa y al mundo al borde de la destrucción en la década de 1980 vuelven a un continente europeo en el que las nociones de coexistencia pacífica con Rusia han sido sustituidas por una retórica que promueve la inevitabilidad del conflicto.
Cuando se combina la existencia de un objetivo político (la derrota estratégica de Rusia) que, cuando se une a una política de apoyo a una victoria ucraniana sobre Rusia basada en que Ucrania recupere el control físico sobre Crimea y los cuatro territorios de Nueva Rusia (Kherson, Zaporizhia, Donetsk y Lugansk), ya se tiene una receta para el desastre, ya que esta política, si tiene éxito, desencadenaría automáticamente una respuesta nuclear rusa, ya que doctrinalmente las armas nucleares se utilizarían para responder a cualquier escenario no nuclear en el que la supervivencia existencial de Rusia esté en juego. (La pérdida de Crimea y los Nuevos Territorios es como si Estados Unidos perdiera Texas, California o Nueva York: una situación literalmente existencial).
Añádase a esto el fin del control de armas tal y como lo conocemos en febrero de 2026, cuando expire el tratado New START. La administración Biden ha declarado que tratará de añadir nuevas armas nucleares «sin limitación» una vez que expiren los límites del Nuevo START sobre las armas desplegadas: la definición literal de una carrera armamentística fuera de control. Uno sólo puede imaginar que Rusia se vería obligada a igualar esta actividad de rearme.
Y, por último, el reciente acuerdo entre Estados Unidos y Alemania para volver a desplegar misiles de alcance intermedio en suelo europeo en 2026, y la decisión de Rusia de igualar esta acción construyendo y desplegando sus propios misiles de alcance intermedio, recrea la misma inestabilidad situacional que amenazaba la seguridad regional y mundial en la década de 1980.
Cuando se examinan estos factores en su conjunto, la conclusión ineludible es que Europa se enfrentará a una crisis existencial que podría llegar a su punto álgido ya en el verano de 2026. El potencial para el uso de armas nucleares, ya sea por diseño o por accidente, es real, creando una situación que supera a la Crisis de los Misiles de Cuba en términos de riesgo de una guerra nuclear en un orden de magnitud o más.
Aunque es muy probable que un futuro conflicto nuclear se inicie en Europa, será prácticamente imposible contener el uso de armas nucleares en el continente europeo. Cualquier uso de armas nucleares contra suelo ruso, o el territorio de su aliado, Bielorrusia, desencadenaría una respuesta nuclear general rusa que desembocaría en una guerra nuclear general y de alcance mundial.
La cuestión a la que se enfrentan hoy los estadounidenses es qué hacer ante esta amenaza existencial para su propia supervivencia.
La respuesta que se propone aquí es potenciar su voto en las próximas elecciones presidenciales vinculándolo no a una persona o partido, sino a una política.
En resumen, potencie su voto comprometiéndolo con el candidato que se comprometa a dar prioridad a la paz sobre la guerra, y que se comprometa a hacer de la prevención de la guerra nuclear, y no de la promoción de las armas nucleares, la piedra angular de su política de seguridad nacional.
No regale su voto comprometiéndose con un candidato en una fase tan temprana: cuando lo hace, deja de ser importante, ya que los candidatos simplemente dirigirán su atención a los votantes no comprometidos en un esfuerzo por ganárselos.
Haga que los candidatos se ganen su voto vinculándolo a una postura política que refleje sus valores fundamentales.
Y en estas elecciones, su valor fundamental debe centrarse exclusivamente en promover la paz y evitar la guerra nuclear.
Tal postura política se asentaría sobre cuatro pilares básicos.
1. Poner fin inmediatamente a la actual política declarativa de Estados Unidos que articula la derrota estratégica de Rusia como objetivo primordial de Estados Unidos y sustituirla por una declaración política que haga de la coexistencia pacífica con Rusia el objetivo estratégico de la política exterior y de seguridad nacional de Estados Unidos. Tal reorientación política incluiría, por necesidad, el objetivo de replantear los marcos de seguridad europeos que respeten las legítimas preocupaciones de seguridad nacional de Rusia y Europa, e incorporaría la necesidad de una Ucrania neutral.
2. Una congelación del redespliegue de sistemas de armas con capacidad INF en Europa, acompañada de un acuerdo ruso de no reintroducir armas con capacidad INF en su arsenal, con el objetivo de convertir esta congelación en un acuerdo formal que se completaría en forma de tratado.
3. El compromiso de colaborar con Rusia en la negociación y aplicación de un nuevo tratado de control de armas estratégicas que busque recortes equitativos en los arsenales nucleares estratégicos de ambas naciones, una reducción del número de armas nucleares que cada parte puede mantener almacenadas y que incorpore límites a la defensa contra misiles balísticos.
4. Un compromiso general de trabajar con Rusia para lograr una reducción verificable y sostenible de las armas nucleares a escala mundial mediante negociaciones multilaterales.
Trabajaré con Gerald Celente, el juez Andrew Napolitano, Garland Nixon, Wilmur Leon, Max Blumenthal, Anya Parampil, Jeff Norman, Danny Haiphong y muchos otros para organizar un evento, la Operación AMANECER, el 28 de septiembre de 2024. El objetivo de este evento será conseguir que el mayor número posible de ciudadanos estadounidenses vinculen su voto a la postura política expuesta anteriormente, y luego aprovechar estos compromisos de una manera que obligue a todos los candidatos a la presidencia a articular políticas que cumplan este criterio.
Al hacerlo, el votante estaría luchando por una oportunidad de salvar la democracia haciendo que su voto cuente, salvar a América y al mundo creando la posibilidad de evitar un conflicto nuclear, todo ello haciendo que los candidatos a la presidencia se ganen su voto, en lugar de simplemente regalarlo.
La operación AMANECER se encuentra aún en las fases preliminares de planificación. Se publicarán más detalles aquí a medida que avance la planificación.
3. Lo abominable se ha convertido en normal
Indi plantea en su último artículo un fenómeno terrible, que creo que nos empieza a afectar a todos: ya nos parecen «normales» las noticias del genocidio palestino. https://indi.ca/how-israel-
Cómo «Israel» ha reducido la capacidad de atención humana
Israel está librando una guerra de desgaste no sólo contra la vida humana, sino contra la capacidad de atención del ser humano. Los asesinatos en masa se han blanqueado a través de los medios de comunicación y ya no son noticia. Después de 10 meses de genocidio, no es nuevo.
Las masacres de hospitales, de la harina y de niños han pasado de ser titulares a notas a pie de página, de extraordinarias a ordinarias, de escenas a estadísticas. La colonia de «Israel» y los colonizadores de Estados Unidos han legitimado todo tipo de asesinatos, torturas y genocidios, y eso es justo con lo que vivimos ahora. Esa es la sangre en la que nadamos, en una pecera de peces de colores con lapsos de atención de peces de colores. Lo monstruoso se ha convertido en mundano. Lo malvado se ha convertido en cotidiano. Lo abominable se ha convertido en normal.
Cuando el mártir Aaron Bushnell se inmoló en febrero, dijo: «esto es lo que nuestra clase dirigente ha decidido que sea normal» y sigue siendo cierto. Las únicas opciones en las elecciones del Reino Unido eran el genocidio y el genocidio y es lo mismo en todas las democracias liberales cada vez más ilusorias. Cada vez es más obvio, incluso para los ciudadanos imperiales, que «nadie» está al mando y que sus votos son peor que insignificantes. Que sus elecciones no son más que la unción ritual de una atrocidad habitual, como elegir Coca-Cola o Coca-Cola light, o tener una barra de ensaladas dentro de un Wendy’s. Las naciones, las instituciones internacionales, los medios de comunicación y las universidades; todo ello se ha revelado como ilusiones en torno a una clase dirigente literalmente inhumana a la que simplemente le importa una mierda la vida humana y ya ni siquiera se molesta en ocultarlo.
Ahora los periodistas han muerto y los hospitales están destruidos y nadie puede ni siquiera contar los muertos, y mucho menos ayudar a los vivos. Los cada vez menos numerosos millones de palestinos que sobreviven están traumatizados generacionalmente y los miles de millones de espectadores tampoco lo están pasando bien. Yo tampoco. Pero al menos tenemos el mecanismo de supervivencia del «noping», de pasar página, consciente o inconscientemente. Dios sabe que soy culpable. ¿Cuántos niños muertos puedes ver antes de desayunar? He escrito este post dos veces porque me sigue pasando. En algún momento, psicológicamente, tienes que bloquearlo. La hemorragia sigue, pero llega un momento en que la gente deja de leer. Con eso cuentan, mientras cuentan su dinero y descuentan toda la sangre.
El código de trucos de las «noticias» es que deben ser nuevas, y si somos testigos de múltiples masacres de hospitales, campos de refugiados y niños, dejan de ser noticias por completo. El genocidio de Gaza ya no es noticia. Es historia. La colonia de reclutas de «Israel» también es historia, como lo es el Imperio Blanco portador, como lo es el clima portador, pero esto es un frío consuelo para la sangre caliente que sigue derramándose. A un imperio moribundo sólo le queda la muerte, y la tiene en abundancia. Las masacres tácticas del Imperio Blanco sólo se aceleran en la derrota estratégica, pero eso no hace más tolerable el hecho de que estemos viviendo un holocausto literal. Que se tolere no significa que sea así.
Al igual que el último Holocausto, éste continuará hasta que las fuerzas armadas desmantelen «Israel» por completo y liberen los campos de exterminio. Y los únicos que lo están haciendo son Hamás y la Resistencia Palestina, Hezbolá, Irán y Yemen, con un saludo a las Fuerzas de Movilización Popular de Irak y Siria. Toda esa gente a la que se supone que debemos condenar piadosamente mientras abogamos por la «paz». Pero como dijo Kwame Ture, paz es la palabra del hombre blanco. Por lo que luchan estos hombres más valientes que tú o que yo es por la justicia. Esto ya es la Tercera Guerra Mundial si contamos a la gente de color y el Eje de la Resistencia está luchando contra el genocidio frente a nosotros.
Dado que Hamás es un movimiento popular, «Israel» ha llegado a la conclusión de que la única opción es matar o limpiar a toda la población. La continua campaña de exterminio en Gaza es una táctica del Imperio. Hay reuniones sobre esto, sobre qué hospitales atacar, sobre dónde están los refugiados, sobre cuánta comida está entrando (y cómo detenerla). El hecho de que estas masacres no tengan ningún valor estratégico es irrelevante, porque ya no hay pensamiento estratégico en el Imperio. Basta con ver a Joe Biden, un representante adecuado de la última etapa del Imperio, cada vez más senil e incoherente, pero todavía muy capaz de matar gente. O la unción de Kamala Harris, que nunca ha ganado unas primarias, porque ya ni siquiera lo pretenden. El Imperio Blanco se basa ahora en la memoria muscular, y lo único que conoce es el genocidio y la corrupción. Así es como entraron los imperios coloniales y así es como están saliendo.
Enterrar la noticia en la historia podría ser un movimiento estratégico brillante si condujera a una mayor victoria imperial, pero las condiciones materiales ya no son las mismas. Estados Unidos no está luchando por el Lebensraum de sus campañas continentales, sólo está bombardeando un área no mucho mayor que Manhattan, una y otra vez, delante de todo el mundo. No hay más tierra que ganar aquí, cualquiera con corazón ha perdido la fe en todo el proyecto imperial, e «Israel» ha perdido de hecho territorio tanto al sur como al norte. Mientras tanto, el gran ejército imperial ha perdido el Mar Rojo e incluso la supremacía aérea. Intentaban proyectar poder, pero lo único que han demostrado es que todo el proyecto colonial está herido de muerte, arremetiendo salvajemente contra mujeres y niños y huyendo de los hombres en el campo de batalla.
Genocidar a hombres, mujeres y niños puede tener su punto si -como en América, Australia o Canadá- puedes «terminar el trabajo», pero eso llevó cientos de años en circunstancias totalmente diferentes. Al Imperio Blanco de hoy apenas le queda una década y todo el clima de carry se ha ido este siglo. Todo lo que están haciendo en Gaza es escribirse a sí mismos fuera de la historia con un signo de exclamación. Por supuesto, con la misma claridad puedo ver esto en la historia, pero en el presente se me nublan los ojos de lágrimas. Todo lo que veo es miseria, y me siento miserable.
Israel» se está planteando seriamente la pregunta «¿cuánto genocidio va a soportar la gente?» y la respuesta es mucho. Israel ya ha matado al menos al 10% de la población de Gaza (186.000 según la ya desfasada estimación de Lancet) y la diezma se ha convertido en un ruido de fondo. Un zumbido traqueteante en la máquina en la que vivimos, mientras hace crujir cuerpos y huesos. Masacres que habrían sido titulares hace un año pasan ante ojos muertos que han visto demasiado. Tu mente es un campo de batalla, e intentan reducir tu capacidad de atención hasta el hueso sin sangre.
Las masacres se han vuelto mundanas, las atrocidades se han convertido en curiosidades históricas, el genocidio se ha convertido en la realidad general con la que simplemente vivimos, mientras que la gente más valiente no lo hace. La Resistencia dice: «Es una yihad de victoria o martirio» y el Imperio ha martirizado la capacidad de atención de miles de millones de personas decentes en todo el mundo. Pero, mashallah, el espíritu de resistencia sigue vivo.
No sale en las noticias, pero el Imperio Blanco es historia y por mucho que intenten blanquear este holocausto, no pueden escribirlo. Por mucho que intenten matar el futuro matando literalmente a los niños, su máquina de matar ya no funciona contra los hombres, y su control mental se está convirtiendo en una farsa evidente. Ya no somos testigos de las noticias, sino de la historia, tanto si le prestamos atención como si no.
4. Contra el wokismo.
En esta reseña de un libro sobre el wokismo no solo parece dárselo por finiquitado, sino que se considera que nunca ha sido una política realmente de izquierda. https://jacobinlat.com/2024/
El crepúsculo del «woke»
Dustin Guastella Traducción: Pedro Perucca
Hegel afirmaba que la sabiduría sobre un periodo histórico a menudo sólo llega cuando éste había terminado. A medida que lo woke pierde influencia, podemos ver mejor sus efectos en la política socialista.
Reseña de Left Is Not Woke, de Susan Neiman (Polity, 2023)
Es necesario que más intelectuales escriban libros como el pequeño y maravilloso «Left is no woke» (La izquierda no es woke), de Susan Neiman. La prosa de Neiman es viva y refrescante. No recurre a frases complicadas ni a la voz pasiva para glosar la controversia. Adopta una postura y la mantiene. Tampoco padece el complejo de víctima a la inversa, común a tantos escritores «antiwoke». Este es un libro que se puede recomendar a amigos y familiares, incluso a aquellos que no están de acuerdo con su premisa inicial.
Para Neiman, el «wokeness» [entendido como un exceso de corrección política o activismo superficial, NdT] no es un proyecto que pueda inspirarse en la tradición política progresista. Y aunque se habló mucho de las responsabilidades políticas de la retórica woke, pocos críticos del wokeness desde la izquierda han ofrecido un argumento sostenido de lo que define a la izquierda y por qué «mantenerse despierto» [staying woke] podría ser contradictorio con ello.
El argumento de Neiman, sostenido a lo largo de cuatro grandes capítulos, es que el wokeness no sólo es ajena a los principios de la izquierda, sino que es antitética a ellos. Es un argumento que, como era de esperar, le granjeó enemigos: un crítico calificó su libro por «inducir al cringe».
Pero, lejos de ello, la obra de Neiman es convincente y sensible. El wokeness, tal y como ella la define, es una ideología que reduce todos los grupos al «prisma de su marginación». Al hacerlo, realiza una afirmación implícita sobre la sociedad como un conjunto de conflictos arraigados en dinámicas de poder entre grupos rivales (negros contra blancos; cis contra trans; heterosexuales contra homosexuales; y así sucesivamente). Neiman plantea una pregunta provocadora al principio de su libro: «¿Qué creen que es más esencial: los accidentes con los que nacemos o los principios que consideramos y defendemos? Tradicionalmente, era la derecha la que se centraba en lo primero y la izquierda la que enfatizaba lo segundo».
Tribalismo, poder y perdición
El libro se divide en capítulos como «Universalismo frente a tribalismo», «Justicia frente a poder» y «Progreso frente a perdición». En cada caso, demuestra cómo la lógica de el wokeness cae en el lado derecho de la díada.
Para Neiman, ser woke es tener una visión tribal del mundo, según la cual el grupo al que se pertenece (definido por el color de la piel, el género, la nacionalidad o incluso una identificación como «progresista») es «bueno» y el grupo exterior es «malo». Esto, argumenta, se acerca a la visión del mundo del jurista alemán Carl Schmitt, que ve «la esencia de la política como una lucha permanente entre amigo y enemigo». Ese tipo de polaridad puede parecer natural en todas las formas de política democrática —después de todo, los llamamientos populistas y socialistas se basan en una narrativa que divide el mundo entre el pueblo o los trabajadores y la élite o los ricos—, pero hay algo muy diferente en la «teología política» schmittiana.
Por un lado, sucede que las ideas de Schmitt fueron una inspiración para el nazismo y el propio Schmitt nunca renunció a su apoyo al Tercer Reich. Su cosmovisión «amigo-enemigo» se construye en torno a la noción de conflictos horizontales, irresolubles, entre grupos irreconciliables (en oposición a una dialéctica trabajo-capital que podría superarse mediante la abolición del trabajo asalariado). Para él, todos los conceptos de la política son reducibles a las agrupaciones amigo-enemigo. Desde este punto de vista, es imposible apelar a algún objetivo superior o juicio moral fuera de la dinámica de estos grupos. Schmitt «rechazó el universalismo, cualquier concepción de la justicia que trascienda una noción de poder» y la noción misma de progreso. Abrazó una visión de la política en la que la colectivización de la enemistad es el objetivo. No es de extrañar que considerara superflua la deliberación democrática.
Ser woke es ser igualmente alérgico a las pretensiones de universalismo y a cualquier apelación a definiciones objetivas de bondad. De hecho, la falsedad del universalismo se revela como una estrecha perspectiva de «tipos blancos muertos». Neiman muestra lo endeble que es esta lógica. Rescata a los pensadores de la Ilustración, especialmente a Immanuel Kant, de sus posibles agresores demostrando que fue la búsqueda de una teoría sistemática de la justicia —basada en la creencia en la universal capacidad humana para la razón— lo que permitió a estos blancos muertos imaginar una sociedad más allá del oscuro y arcaico tribalismo de la Europa medieval. De estos mismos llamamientos surgieron los movimientos contra la esclavitud y a favor de la democracia. El rechazo woke de la Ilustración, por lo tanto, representa un abrazo inconsciente de una especie de lucha de poder nietzscheana. Una reafirmación de «mi tribu contra la tuya».
En relación con esto, ser woke es tener una visión nihilista de la historia. Quizás el capítulo más fuerte de Neiman, y el más ácido, es aquel en el que defiende la noción misma de progreso humano. «Progresista —escribe— sería el nombre adecuado para los que hoy se inclinan a la izquierda si no abrazaran filosofías que socavan la esperanza de progreso». En cambio, los cruzados woke de hoy presentan la historia como nada más que un desfile de horrores. Una marcha sin fin hacia Gomorra. ¿Y todo lo que crees que es bueno? Las ideas del progreso humano, de la razón y del avance científico (incluyendo a las matemáticas) serían racistas en realidad. Es una visión paranoica del mundo que hace que la gente vea incluso las cosas más inocuas como demostraciones del mal. ¿Una estrella blanca de la música country versiona una balada pop de los 90 escrita por una lesbiana negra? He aquí por qué deberías sentirte mal por ello.
Parte de este nihilismo, según Neiman, fue introducido de contrabando en la izquierda por Michel Foucault. Las obras teóricas de Foucault fueron ampliamente acogidas por quienes confundieron su estilo subversivo con una sustancia radical. Como señala Neiman: «Todo en su actuación gritaba rebeldía. Escribió libros que glorificaban a los marginados de la sociedad: el forajido, el loco».
Sin embargo, lo que le faltaba a Foucault era una base moral clara. Se oponía totalmente a los juicios normativos y, por tanto, evitaba creer que la sociedad debería ser mejor. Noam Chomsky afirmó que Foucault era la persona más amoral que había conocido. Hay aquí una lección sobre cómo la transgresión sustituye al compromiso político. Para Neiman, el genio de Foucault fue casar un estilo radical con un mensaje que «era tan reaccionario como cualquier cosa que Edmund Burke o Joseph de Maistre hubieran escrito jamás».
¿Hacia dónde o hacia dónde?
Aunque Neiman ofrece un gran argumento para rescatar la tradición progresista de las garras del estancamiento woke, no explica cómo tanta gente de izquierda llegó a caer en esta ideología. La metáfora de Georg Wilhelm Friedrich Hegel sobre el búho de Minerva volando al atardecer sugiere que la comprensión y la sabiduría sólo llegan después de que los acontecimientos se hayan desarrollado. Dada la cantidad de libros publicados en los dos últimos años que intentan dar sentido al wokeness, podríamos sentirnos tentados a pensar que el crepúsculo del woke está cerca. Y, sin embargo, la falta de una explicación de las raíces de woke —de dónde vino esta ideología, por qué se encendió, a quién sirve, y hacia dónde podría ir— sugiere que tal vez la cosa aún no alcanzó su madurez. Quizá aún no hayamos llegado al «pico woke».
Parece obvio que, al menos durante un breve periodo, el wokeness fue la reina suprema. También parece que ese periodo pasó o está pasando. La sección de opinión del New York Times del 17 de mayo de 2024 declaraba: «El wokeness está muriendo, podríamos echarla de menos». ¿Es así? ¿La echaremos de menos? Si entendemos el wokeness como una especie de manía pública que se apoderó de la opinión democrática liberal durante un tiempo, es fácil imaginar que se está aflojando. Pero esto solo empuja la pregunta a un nivel más de abstracción. Naturalmente, deberíamos preguntar, ¿por qué se apoderó tal histeria en primer lugar?
Una de las razones por las que es tan difícil entenderlo es que los defensores del wokeness casi nunca se enfrentan sustancialmente a críticos como Neiman. De hecho, muchos de los simpatizantes woke actuales niegan que el wokeness sea, o haya sido alguna vez, un conjunto identificable de ideas influyentes. El wokeness toma su autoconcepción como algo natural. Sus defensores no argumentan a favor de su posición, simplemente se burlan del resto.
Considere que, cada vez que un crítico de alguna suposición woke expone el caso de, digamos, por qué la desfinanciación o incluso la abolición de la policía es una mala idea (como hace Neiman), los antiguos defensores de dicha idea responderán con una carcajada que nunca nadie realmente se preocupó por eso, o que nunca fue realmente parte de la agenda woke, incluso si esas mismas personas estaban defendiendo explícitamente esa causa tan sólo unos meses antes. ¿Mala fe o amnesia post-histeria? Cada vez es más imposible saberlo.
Esto refuerza el argumento de Neiman sobre la peligrosa aversión de los woke a la razón y al argumento, su reflejo visceral contra la persuasión. Pero, preocupantemente, esto hace que sea difícil socavar estas ideas. Porque, si se presentan como naturales, y si mucha gente invoca argumentos woke de una forma orgánica e irreflexiva, entonces hemos abandonado el reino de la razón y hemos entrado —como diría Slavoj Žižek— en el dominio de la pura ideología.
Sin embargo, si consideramos el wokeness como un proyecto ideológico, en lugar de como un episodio pasajero de psicosis social, Karl Marx podría sernos de ayuda. Su afirmación de que «las ideas de la clase dominante son, en cada época, las ideas dominantes» puede ayudarnos a entender en qué consiste realmente este fenómeno. Las ideas dominantes, y sus propagandistas, en cada época, presentan sus nociones como parte del orden natural de las cosas, cuando en realidad esas ideas sirven a los intereses de clase de los propios propagandistas. En ese sentido, el wokeness debe cumplir una función muy útil en la sociedad capitalista contemporánea, lo que significa que será mucho más difícil de dejar atrás de lo que parece.
La historia de cómo cumple exactamente esa función aún no se ha escrito adecuadamente. Probablemente tenga algo que ver con el inmenso (e inmensamente rico) sector «sin ánimo de lucro» y con la puerta giratoria entre las grandes e influyentes fundaciones corporativas, el Partido Demócrata, los medios de comunicación y el Gobierno. Un circuito que se refuerza a sí mismo y que seguramente funciona de forma similar al complejo militar-industrial. O, como argumentó Tom Holland, puede ser una extraña mutación cristiana para una élite cada vez más descreída que necesita desesperadamente una forma de saciar un impulso religioso por medio de sus compromisos retóricos para empoderar a los desvalidos. Aun así, el hecho de que la afinidad entre wokeness y capitalismo haya sido más a menudo señalada por la derecha política debería ser motivo de vergüenza para la izquierda.
¿Puede empeorar?
Quizá la parte más poderosa del libro de Neiman sea también la más preocupante. Neiman demuestra brillantemente la afinidad entre el wokeness y el pensamiento de Schmitt, Friedrich Nietzsche y Foucault. Estos son los pensadores que nos ofrecen una visión real de la cosmovisión profundamente cínica del wokeness. Y muestra cómo estos teóricos —directores de la «sinfonía de la sospecha que forma la música de fondo de la cultura occidental contemporánea»— carecen de cualquier argumento coherente sobre cómo debería organizarse la sociedad. Aunque son críticos dotados de la hipocresía liberal y la modernidad, su incapacidad para ofrecer una alternativa convincente, o incluso una orientación, los marca como despreciativos de cualquier búsqueda del bien común. Si Foucault, Nietzsche y Schmitt son realmente la inspiración no tan secreta de los creadores de opinión e ideólogos de nuestra era, estamos en problemas.
Tan malo como es el wokeness, lo que viene podría ser siempre peor. Si lo foucaultiano-schmittiano causó estragos en la izquierda, es probable que este «virus mental» cause aún más problemas si sus principios resultaran ampliamente adoptados por la derecha. Consideremos que el principal impulso del wokeness era una especie de piedad reflexiva por las víctimas. A menudo, esta compasión estaba fuera de lugar, y las víctimas económicas reales (como los hombres blancos pobres) eran los chivos expiatorios de los privilegiados activistas adinerados.
Sin embargo, la mentalidad «victimológica» puede ir en ambos sentidos. Si los woke insistieron en que características como el color de la piel de una persona o su género, o cualquier otra cosa, los marca como fundamentalmente diferentes de una manera metafísica grandiosa e hicieron de ese punto el centro de sus apelaciones políticas, entonces ¿qué pasaría si la derecha asumiera la acusación simplemente invirtiendo la polaridad amigo-enemigo? Dirán a los hombres jóvenes que su soledad no es una consecuencia de la «masculinidad tóxica» sino el resultado de las reivindicaciones de igualdad de las mujeres. Y a los blancos pobres, a la deriva y frustrados, les dirán que no necesitan «abolir la “blancura”» sino abrazarla. Y ya vemos que esto está empezando a suceder con una inversión de la victoria de la izquierda en la era de los derechos civiles.
Lo que es común en estos llamamientos es que ni la orden de destruir la propia blancura o masculinidad, ni la orden de abrazar esas características, apela a ningún bien común de orden superior. El juego es horizontal. El cambio woke ya estableció que la democracia, la igualdad y el progreso son sólo conceptos utilizados para enmascarar el poder. Ya prescindieron de la persuasión en favor de mandatos hiperbólicos. La derecha podría muy bien hacer lo mismo.
Debería preocuparnos el hecho de que los woke hayan allanado el camino a una derecha dura en más de un sentido. No sólo ha ofrecido a los derechistas una retórica woke particularmente extravagante, sino que su rechazo burlón de la persuasión democrática paciente les ofrece un libro de jugadas sobre cómo combatir políticamente en una era de nihilismo ideológico.
Puede que aún nos aguarde un invierno de tribalismo aún más frío.
Dustin Guastella es director de operaciones de Teamsters Local 623 en Filadelfia.
5. El número de víctimas en Gaza.
Artículo de Jonathan Cook sobre la escasa fiabilidad del número de víctimas en Gaza. Por desgracia, la realidad es mucho peor. https://jonathancook.substack.
El número oficial de muertos en Gaza es una mentira. El número de víctimas es mucho, mucho mayor. Las cifras llevan meses estancadas. El objetivo es minimizar la barbarie israelí y adormecer a la opinión pública occidental con una falsa sensación de complacencia.
Jonathan Cook 31 de julio de 2024
El número de muertos en Gaza es demasiado bajo según todos los parámetros imaginables. Tenemos que insistir en ello, sobre todo cuando los apologistas de Israel se dedican enérgicamente a una campaña de desinformación para sugerir que las cifras están infladas.
El 6 de mayo, 7 meses después de la matanza de Israel, se informó de que había 34.735 muertos. Es decir, una media de 4.960 palestinos muertos al mes.
Hoy, casi tres meses después, el número de muertos asciende a 39.400, es decir, 4.665 más.
No debería hacer falta ser estadístico para señalar que, si el aumento fuera lineal, el número esperado de muertes se situaría a estas alturas en torno a las 49.600.
Así pues, incluso según el cálculo más sencillo, hay un gran déficit de muertes, un déficit que necesita explicación.
Esta explicación es fácil de dar: Israel destruyó las instituciones de Gaza y su infraestructura médica, incluidos sus hospitales, hace muchos meses, lo que hace imposible que los funcionarios de allí lleven la cuenta de cuántos palestinos están siendo asesinados por Israel.
Las cifras de víctimas mortales empezaron a estancarse en primavera, más o menos cuando Israel completó la destrucción de los hospitales de Gaza y secuestró a gran parte del personal médico del enclave.
Hace más de un mes, Save the Children señaló que unos 21.000 niños de Gaza estaban desaparecidos, además de los 16.000 que se sabe que han muerto a manos de Israel. Es probable que muchos hayan sufrido una muerte solitaria y aterradora bajo los escombros, asfixiados poco a poco hasta la muerte o muriendo lentamente por deshidratación.
Pero, una vez más, es probable que incluso esas escandalosas cifras sean un grave subregistro.
La cifra lineal pierde totalmente de vista el panorama general. ¿Cómo?
1. Porque además de los continuos bombardeos israelíes, los palestinos han tenido que soportar tres meses más de una hambruna que se intensifica. Cada día de hambruna mueren más personas de las que murieron el día anterior. Las muertes en una hambruna no son lineales, son exponenciales. Si ayer murieron 5 personas de inanición, hoy morirán 20 y mañana 150. Así es como funcionan las hambrunas prolongadas. Cuanto más tiempo pases hambre, mayor será la probabilidad de que mueras de inanición.
2. Porque los palestinos han estado tres meses más privados de atención médica después de que Israel destruyera sus hospitales e instituciones médicas. Si padeces una enfermedad crónica -diabetes, asma, problemas renales, hipertensión, etc.-, cuanto más tiempo te veas obligado a pasar sin atención médica, mayor será la probabilidad de que mueras por una afección no tratada. De nuevo, la tasa de mortalidad en tales circunstancias es exponencial, no lineal.
3. Porque sin atención médica, todo tipo de cosas que ocurren en la vida cotidiana se vuelven más peligrosas. El parto es el ejemplo más obvio, pero incluso los cortes y rozaduras pueden convertirse en una sentencia de muerte. Por lo tanto, el hecho de que los palestinos tengan ahora incluso menos acceso a la atención médica del que tenían en los primeros seis meses de la guerra de Israel contra Gaza sugiere que la gente está muriendo a causa de sucesos de la vida en un número incluso mayor de lo que ocurría antes en la matanza de Israel.
4. Porque, exactamente por las mismas razones, es probable que los heridos por los continuos bombardeos de Israel tengan peor pronóstico que los heridos similares en ataques anteriores. Menos médicos significa menos posibilidades de tratamiento, significa más posibilidades de morir a causa de las heridas.
5. Porque sabemos que, dadas las condiciones de insalubridad, la falta de agua y alimentos, el debilitado estado de salud de la población y la destrucción de los hospitales, ahora están estallando epidemias. La OMS ya ha advertido de un probable brote de poliomielitis, pero seguro que surgen otras enfermedades como el cólera, la fiebre tifoidea y la disentería que aún no han sido aisladas e identificadas. Incluso el resfriado común puede convertirse en una enfermedad mortal cuando el estado de salud de la población está tan comprometido.
En una carta enviada este mes por investigadores a la revista médica The Lancet se advertía sobre el probable recuento masivo de muertos en Gaza, incluso basándose, como tenían que hacer, en el número de muertos establecido.
Su argumento era que había que tener en cuenta las muertes indirectas -como las que he enumerado antes-, además de las muertes directas causadas por las bombas israelíes. Calculan, de forma muy conservadora, que el número total de personas que morirán en los próximos meses -no sólo a causa de las bombas, sino también como consecuencia de la falta de atención médica, las condiciones insalubres y la hambruna- es de 186.000, es decir, el 8% de la población.
Pero esa cifra supone que la actual política israelí de matanzas y hambrunas se detenga de inmediato y que las organizaciones internacionales puedan aportar ayuda de emergencia. No hay indicios de que Israel vaya a permitir nada de eso, ni de que los Estados occidentales vayan a presionar a Israel para que lo haga.
Los investigadores médicos sugieren que una estimación menos conservadora podría situar el número de muertos en Gaza en torno a los 600.000, o una cuarta parte de la población. Una vez más, esto supone que Israel dé marcha atrás inmediatamente.
Recuerde también que por cada persona asesinada, varias otras quedan mutiladas o gravemente heridas. Según las cifras actuales, hay más de 91.000 palestinos heridos, a muchos de los cuales les faltan miembros. Pero, una vez más, es probable que también se trate de un recuento masivo.
Por desgarradoras que sean estas cifras, no son más que números. Pero los muertos de Gaza no son números. Eran seres humanos, la mitad de ellos niños, cuyas vidas han sido apagadas, su potencial borrado para siempre, sus seres queridos abandonados a un dolor que los consume por completo. Muchas víctimas murieron solas con un dolor extremo o padecieron un sufrimiento inimaginable.
Ninguna de sus vidas debería reducirse a frías estadísticas en un gráfico. Pero si es así como estamos, y por desgracia lo es, entonces como mínimo tenemos que señalar que las cifras de los titulares son mentira, que la barbarie de Israel está siendo groseramente minimizada, y que estamos siendo inducidos a una falsa sensación de complacencia.
6. La inutilidad de las políticas científicas.
Miguel Pajares sigue insistiendo en que la política climática es un bla-bla-bla. https://www.elsaltodiario.com/
¿Por qué las políticas climáticas no funcionan?
Lo que nos exige la emergencia climática es una profunda transformación del sistema productivo y de consumo. Tenemos que cambiar lo que producimos, cómo lo producimos, como lo transportamos y cómo lo consumimos.
Miguel Pajares @pajares_miguel Autor de ‘Bla-bla-bla. El mito del capitalismo ecológico’ (Premi Llibreter, 2024) 30 jul 2024 06:00
Que no funcionan es algo que se evidencia por la evolución que tienen las emisiones de gases de efecto invernadero. Recordemos que en torno al 2020 buena parte de los gobiernos de los principales países emisores adquirieron compromisos que, más o menos, implicaban reducir en el 2030 a la mitad las emisiones que se daban al inicio de esta década. El informe que presentó el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) en la última cumbre del clima mostraba que en el 2022 se había batido una vez más el récord histórico de emisiones. Y ya en el 2024, La NOAA (agencia estadounidense para la atmósfera y el océano) ha informado de que las emisiones siguieron creciendo en el 2023 y que a lo largo de ese año no aparecieron señales de desaceleración. Ello indica que en el 2024 continuará esa tendencia con toda probabilidad.
Si a mediados de esta década siguen creciendo las emisiones, es del todo improbable que a finales de la misma se hayan reducido a la mitad las que había a sus inicios. Algo que ya advirtió el PNUMA en el mencionado informe, señalando que, con los compromisos presentados por los gobiernos, las emisiones en el 2030 solo habrían disminuido un 2% respecto a las de principios de década.
En la cumbre climática del 2009, la de Copenhague, se dijo que se había perdido la primera década de este siglo en la lucha contra el cambio climático y que no podía perderse la segunda. En la cumbre del 2021, la de Glasgow, volvió a decirse algo parecido: que se había perdido la segunda década y que de ninguna manera podía perderse ya la tercera. Estamos en el 2024 y vamos camino de perder también esta.
¿Cómo es que estamos tan lejos de afrontar con eficacia la emergencia climática cuando los compromisos de los gobiernos son mayores que nunca, cuando las políticas climáticas disponen de tantos recursos, cuando avanzan a tanta velocidad las energías renovables?
La lucha contra el cambio climático es, en esencia, una lucha por reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, y esto solo se logra si disminuyen las fuentes de emisión. La principal de ellas es el consumo de combustibles fósiles; otras son la agricultura industrial de monocultivos, la ganadería industrial, las industrias del acero y del cemento… Ninguna de ellas está menguando. Otro informe del PNUMA, también presentado antes de la última cumbre del clima, advirtió de que “los planes de los gobiernos provocarán en todo el mundo aumentos en la producción de carbón hasta el 2030, y en la producción de gas y petróleo hasta el 2050, cuanto menos”.
¿Por qué ocurre eso cuando las energías renovables están teniendo un desarrollo tan extraordinario? Básicamente, porque el crecimiento económico demanda toda la energía que aportan los combustibles fósiles y toda la que puedan añadir las renovables. Esto se entiende mejor si vemos de dónde sale la energía que el mundo consume. Según el informe del Energy Institute, emitido en junio del 2024, de la energía total que consumimos (620 EJ en el 2023), el petróleo aporta el 31,7%, el carbón el 26,5%, el gas el 23,3%, la hidroeléctrica el 6,5%, la nuclear el 4,0% y, finalmente, las renovables junto con los agrocombustibles el 8,2%. Si solo tenemos en cuenta las renovables solar y eólica, su aportación es del 2,3% (3.967 TWh, o sea, 14,3 EJ).
Como vemos, los combustibles fósiles aportan el 81,5% de la energía mundial, pero lo más significativo es que ese porcentaje se mantiene casi invariable desde hace años. Igualmente, el 2,3% de aportación energética de las renovables solar y eólica es el mismo porcentaje que hace un año y muy parecido al de los años anteriores. Los porcentajes apenas se alteran porque, aunque aumentan mucho las renovables, paralelamente aumenta también el consumo de combustibles fósiles. Y, dados los porcentajes mostrados, basta con un aumento del 0,6% de los combustibles fósiles para que un incremento del 20% de las renovables no sea suficiente para alterar las proporciones finales.
La emergencia climática nos exige reducciones inmediatas e importantes en el consumo de combustibles fósiles (un 6% anual, nos dijo Naciones Unidas), pero eso solo será posible si reducimos el gasto energético, cosa que no ocurrirá si todos los grandes negocios (las petroleras, las automovilísticas, las líneas aéreas, el transporte de mercancías por mar y carreteras, la agroganadería industrial, la moda, el turismo, las tecnológicas, los ejércitos, etc.) siguen creciendo. Esta es la razón última por la que las políticas climáticas no están teniendo eficacia alguna.
No tenemos por qué dudar sobre las buenas intenciones y el compromiso de las personas que están al frente de las políticas climáticas, pero lo cierto es que, en lugar de reducir las emisiones, lo que hacen los gobiernos es autoengañarse (y gastar dinero) con medidas que no nos llevarán a ninguna parte, como la compensación de emisiones, la captura de carbono de la atmósfera, el desarrollo del hidrógeno… Sobre la captura de carbono, el mencionado informe del Energy Institute dice que a finales del 2023 se capturaba el 0,1% del que se emitía, un porcentaje que es el mismo que hace una década. Sobre el hidrógeno baste señalar lo que dijo la Agencia Internacional de la Energía: que la energía que finalmente nos entrega el hidrógeno está por debajo del 30% de la usada para producirlo. El hidrógeno es necesario en la transición energética, pero no es ninguna panacea.
Lo que nos exige la emergencia climática es una profunda transformación del sistema productivo y de consumo. Tenemos que cambiar lo que producimos, cómo lo producimos, como lo transportamos y cómo lo consumimos. Tenemos que organizar a gran escala el consumo de proximidad. Tenemos que reducir drásticamente el consumo suntuario de los ricos. Por decirlo gráficamente, hay que ponerlo todo patas arriba, y eso es algo que no hará el mercado y que solo puede lograrse desde las políticas públicas y la economía social. No es algo que pueda hacerse de la noche a la mañana, pero hay que comenzar a hacerlo. Y hay que darse prisa.
7. Dificultades para la unidad palestina
Ya vimos la reciente reunión en China de todas las facciones palestinas en su acuerdo para crear un gobierno de reconciliación nacional. En este artículo de La Intifada electrónica se analizan las dificultades para la aplicación del acuerdo. https://scheerpost.com/2024/
Las facciones palestinas firman un acuerdo en Pekín, pero persisten profundos obstáculos
25 de julio de 2024 Por Omar Karmi / La Intifada Electrónica
El martes, las facciones palestinas firmaron en Pekín otro acuerdo de unidad para superar 17 años de división interna entre las dos principales facciones políticas palestinas, Hamás y Al Fatah.
El acuerdo, del que al-Masry al-Youm publicó una copia filtrada, se centra principalmente en la formación de un «gobierno provisional de reconciliación nacional» que se haga cargo de Cisjordania y Gaza tras el genocidio y en preparación de las elecciones, para garantizar un Estado independiente en el territorio de 1967, excluir cualquier papel extranjero sobre cualquier parte del territorio ocupado tras un alto el fuego, así como ampliar la Organización para la Liberación de Palestina para incluir a Hamás y otras facciones.
La Declaración de Pekín, como ha sido bautizada, no establecía plazos para su aplicación.
Hamás acogió con satisfacción la declaración, afirmando que creaba una «barrera contra todas las intervenciones regionales e internacionales que pretendan imponer realidades contrarias a los intereses de nuestro pueblo».
Según la cadena estatal china CCTV, la declaración, firmada también por una serie de facciones menores, era una prueba del consenso palestino para «poner fin a la división y reforzar la unidad palestina».
Pero cualquier intento de aplicación se enfrenta a una serie de problemas, y puede resultar que su principal importancia resida en el hecho de haber contado con la mediación de China, que inexorablemente está ampliando su papel en la región.
Vaguedad
El primer problema radica en su vaguedad.
No hay fecha fijada para su aplicación y los responsables de Al Fatah ya han dicho que la mayoría de las medidas acordadas sólo se aplicarían tras un alto el fuego en Gaza.
La apuesta por un gobierno de unidad tecnocrático tampoco difiere mucho de las conversaciones mantenidas en Moscú en febrero.
Las conversaciones habían acercado a las partes hasta que el Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, nombró un nuevo gobierno de la AP sin consultar con Hamás y en contradicción con el espíritu de las conversaciones de Moscú.
El «ambiente» positivo de Moscú pronto se disolvió en recriminaciones mutuas, y la facción de Al Fatah de Abbas llegó a publicar una declaración en la que culpaba a Hamás de la violencia genocida de Israel en Gaza.
Aquellos «que fueron responsables del regreso de la ocupación a la Franja de Gaza y causaron la Nakba que vive nuestro pueblo palestino… no tienen derecho a dictar las prioridades nacionales», afirmó la facción de Abbas en una declaración el 15 de marzo.
En esta ocasión, Al Fatah parecía haber dejado de señalar con el dedo antes de que se alcanzara el acuerdo, y un funcionario, Munir al-Yaghoub, se disculpó y pidió que se retractaran de unas declaraciones realizadas a principios de julio al canal saudí Al-Arabiya, en las que básicamente se hacía eco de los argumentos israelíes:
«Si Hamás quisiera luchar cara a cara con Israel, lo habría hecho en zonas donde se encuentra el ejército, y no en lugares donde hay gente», había dicho al-Yaghoub. «En realidad, Hamás se esconde entre los residentes para protegerse y salvarse».
Cuestiones fundamentales
Declaraciones como las de al-Yaghoub subrayan la distancia entre las dos facciones, derivada de una divergencia fundamental de estrategia.
La OLP, dominada por Al Fatah, renunció a la resistencia armada a la ocupación israelí como parte del acuerdo de Oslo de 1993, en el que también reconoció a Israel a cambio de poco más que el reconocimiento israelí y estadounidense de la OLP como representante «único y legítimo» del pueblo palestino.
Esa renuncia, y las endebles concesiones israelíes otorgadas en el marco de Oslo, llevaron al difunto intelectual palestino Edward Said a dimitir de la OLP y a describir el acuerdo como un «instrumento de rendición palestina».
Por el contrario, Hamás, en su carta de 2017, describió la resistencia armada como un «derecho legítimo» y «la opción estratégica para proteger los principios y los derechos del pueblo palestino.»
La postura de Hamás se ajusta al derecho internacional, según el cual un pueblo bajo ocupación tiene derecho a luchar «por la independencia, la integridad territorial, la unidad nacional y la liberación de la dominación colonial, el apartheid y la ocupación extranjera por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada».
Pero no concuerda con la postura que Washington mantiene desde hace tiempo, que ha exigido que todas las facciones palestinas renuncien a la lucha armada contra Israel, incluso en ausencia de garantías de que con ello se ponga fin a la ocupación israelí, se desmantelen los asentamientos ilegales de Israel -que se han ampliado espectacularmente desde Oslo- y se produzca el retorno de las personas que fueron objeto de la limpieza étnica de sus hogares y tierras en la Nakba de 1947-49.
No es de extrañar, por tanto, que Estados Unidos rechazara casi instantáneamente la Declaración de Pekín: «Hemos dejado claro que queremos ver a la Autoridad Palestina» con un papel de gobierno en Gaza, «pero no, no queremos ver un papel para Hamás».
Influencia de EE.UU.
La posición de Estados Unidos sigue siendo fundamental para Abbas.
Mientras que la UE es el mayor donante de la Autoridad Palestina, Estados Unidos domina la financiación y la formación del aparato de seguridad de la AP, creado específicamente para «coordinarse» con el ejército israelí.
La estrategia exclusivamente diplomática de la OLP lleva mucho tiempo enterrada bajo la incesante expansión de los asentamientos ilegales israelíes. Pero la AP ha insistido en continuar su siempre impopular «coordinación» de seguridad con Israel, en realidad una externalización de la ocupación israelí a Ramala.
La popularidad de Abbas, nunca alta, ha caído en picado como consecuencia tanto del fracaso estratégico como de la coordinación en materia de seguridad.
Encuesta tras encuesta, Abbas pierde frente a todos y cada uno de los candidatos factibles en unas teóricas elecciones -los mandatos presidenciales según la legislación palestina no deberían superar los cinco años, pero Abbas no se ha enfrentado a ninguna votación desde 2005 y ha gobernado en gran medida por decreto presidencial durante 14 años.
En el último sondeo del Centro Palestino de Investigación de Políticas y Encuestas, publicado el 10 de julio, el 89% de los encuestados manifestó su deseo de que Abbas dimitiera. Más del 60% apoya la disolución de la AP.
En la última encuesta en la que se planteó la pregunta, en marzo de 2023, el 63% dijo que quería el fin de toda coordinación de seguridad con Israel.
En otras palabras, desprovisto de legitimidad popular, política y jurídica, Abbas depende de sus fuerzas de seguridad para seguir gobernando. Éstas, a su vez, han reprimido cada vez más la disidencia interna, incluso antes del 7 de octubre, y con una violencia cada vez mayor.
Esta dependencia de las fuerzas de seguridad se traduce en una dependencia directa de la buena voluntad de Washington. De hecho, la influencia estadounidense aumenta cuanto más débil e impopular se vuelve Abbas.
El papel de China
El apoyo y la complicidad de Washington con el genocidio de Israel en Gaza -por no hablar de su incompetencia manifiesta a la hora de fingir que participa en cualquier tipo de diplomacia constructiva- debería excluirle de cualquier futuro papel diplomático en Palestina.
China, que lleva varios años aumentando su papel diplomático y comercial en la región, sobre todo forjando el acercamiento entre Arabia Saudí e Irán en 2023, es el único país con la influencia financiera, militar y política necesaria para desafiar seriamente el monopolio estadounidense sobre la diplomacia regional.
Y aunque es casi seguro que el acuerdo de Pekín seguirá el camino de tantos otros intentos de reconciliar a las facciones palestinas, puso de relieve al menos un área de acuerdo significativo: Un rechazo unánime a cualquier papel de agentes externos en un escenario «del día después» en Gaza.
Tal vez sea una respuesta directa a las maniobras de Emiratos Árabes Unidos para introducirse en la ecuación de Gaza, pidiendo una «misión internacional temporal» dirigida por EAU en Gaza tras un alto el fuego.
Las facciones palestinas podrían estar igualmente unidas para oponerse a cualquier papel de EAU debido a la rumoreada implicación de Muhammad Dahlan. El antiguo dirigente de Fatah, ahora exiliado en los EAU tras romper con Abbas, y que supervisó el fallido intento de desalojar a Hamás del poder en Gaza en 2007, sugirió hace meses un escenario similar.
O el rechazo puede deberse simplemente a una evaluación realista del historial de otras intervenciones exteriores de los EAU en países como Libia, Yemen, Egipto y otros, ninguna de las cuales se ha saldado con un éxito discernible.
No obstante, se trata de un punto de acuerdo sobre el que se puede seguir trabajando. Y el fomento de un papel cada vez mayor de Pekín y otros países podría contrarrestar la enorme influencia de Washington en la diplomacia sobre Palestina.
De hecho, según el documento filtrado publicado por al-Masry al-Youm, la Declaración de Pekín hacía referencia explícita a este punto. Elogiando a China por sus esfuerzos de mediación, las facciones, según el acuerdo filtrado, se comprometieron a trabajar con socios internacionales, concretamente China y Rusia, para «poner fin a la ocupación israelí… bajo el paraguas y los auspicios de las Naciones Unidas y con una amplia participación internacional y regional como alternativa al patrocinio unilateral y sesgado de Estados Unidos.»
Y eso sí que es un progreso, por mínimo que sea.
8. Prashad sobre las elecciones en Venezuela
Una primera valoración de la situación tras las elecciones en Venezuela de Vijay Prashad. https://peoplesdispatch.org/
31 de julio de 2024
El pueblo venezolano se queda con la revolución bolivariana
Por Vijay Prashad
Alrededor de la mitad de la población votante de Venezuela está fielmente unida al proyecto bolivariano. Ningún otro proyecto político en Venezuela tiene el tipo de maquinaria electoral construida por las fuerzas de la revolución bolivariana
El 28 de julio, día del 70 cumpleaños de Hugo Chávez (1954-2013), Nicolás Maduro Moros ganó las elecciones presidenciales venezolanas, las quintas desde la ratificación de la Constitución bolivariana en 1999. En enero de 2025, Maduro iniciará su tercer mandato de seis años como presidente. Tomó las riendas de la Revolución Bolivariana tras la muerte de Chávez a causa de un cáncer pélvico en 2013. Desde la muerte de Chávez, Maduro se ha enfrentado a varios retos: construir su propia legitimidad como presidente en el lugar de un hombre carismático que llegó a definir la Revolución Bolivariana; hacer frente al desplome de los precios del petróleo a mediados de 2014, que afectó negativamente a los ingresos estatales de Venezuela (más del 90 por ciento de los cuales procedían de las exportaciones de petróleo); y gestionar una respuesta a las sanciones unilaterales e ilegales profundizadas sobre Venezuela por Estados Unidos a medida que bajaban los precios del petróleo. Estos factores negativos pesaron sobre el Gobierno de Maduro, que ya lleva una década en el poder tras ser reelegido en las urnas en 2018 y ahora en 2024.
Desde la primera victoria electoral de Maduro en 2013, la oposición, cada vez más ultraderechista, comenzó a rechazar el proceso electoral y a quejarse de las irregularidades del sistema. Las entrevistas que he mantenido durante la última década con políticos conservadores han dejado claro que reconocen tanto el control ideológico del chavismo sobre la clase trabajadora de Venezuela como el poder organizativo no solo del Partido Socialista Unido de Venezuela de Maduro, sino de las redes del chavismo que van desde las comunas (1,4 millones de personas) hasta las organizaciones juveniles. Alrededor de la mitad de la población votante de Venezuela está firmemente unida al proyecto bolivariano, y ningún otro proyecto político en Venezuela tiene el tipo de maquinaria electoral construida por las fuerzas de la revolución bolivariana. Esto hace imposible que las fuerzas antichavistas ganen unas elecciones. Para ello, su único camino es difamar al gobierno de Maduro como corrupto y quejarse de que las elecciones no son justas. Después de la victoria de Maduro -por un margen de 51,2% a 44,2%- esto es precisamente lo que la oposición de extrema derecha ha estado tratando de hacer, alentada por Estados Unidos y una red de gobiernos de extrema derecha y pro-estadounidenses en América del Sur.
Europa necesita petróleo venezolano
Estados Unidos ha intentado encontrar una solución a un problema de su propia cosecha. Tras imponer severas sanciones tanto a Irán como a Rusia, Estados Unidos no encuentra ahora fácilmente una fuente de energía para sus socios europeos. El gas natural licuado procedente de Estados Unidos es caro e insuficiente. Lo que Estados Unidos desearía es disponer de una fuente fiable de petróleo fácil de procesar y en cantidades suficientes. El petróleo venezolano cumple los requisitos, pero dadas las sanciones de Estados Unidos a Venezuela, este petróleo no puede encontrarse en el mercado europeo. Estados Unidos ha creado una trampa de la que encuentra pocas soluciones.
En junio de 2022, el gobierno estadounidense permitió a Eni SpA (Italia) y Repsol SA (España) transportar petróleo venezolano al mercado europeo para compensar la pérdida de entregas de petróleo ruso. Esta autorización reveló el cambio de estrategia de Washington con respecto a Venezuela. Ya no iba a ser posible asfixiar a Venezuela impidiendo las exportaciones de petróleo, puesto que este petróleo era necesario como consecuencia de las sanciones estadounidenses a Rusia. Desde junio de 2022, Estados Unidos intenta calibrar su necesidad de este petróleo, su antipatía hacia la Revolución Bolivariana y sus relaciones con la oposición de extrema derecha en Venezuela.
Estados Unidos y la extrema derecha venezolana
La aparición del chavismo -lapolítica de acción de masas para construir el socialismo en Venezuela- transformó el escenario político del país. Los viejos partidos de la derecha (Acción Democrática y COPEI) se derrumbaron tras 40 años de alternancia en el poder. En las elecciones de 2000 y 2006, la oposición a Chávez no provino de la derecha, sino de fuerzas disidentes de centro-izquierda (La Causa R y Un Nuevo Tiempo). La Vieja Derecha se enfrentó al desafío de la Nueva Derecha, decididamente procapitalista, antichavista y proestadounidense; este grupo formó una plataforma política llamada La Salida, que hacía referencia a su deseada salida de la Revolución Bolivariana. Las figuras clave aquí fueron Leopoldo López, Antonio Ledezma y María Corina Machado, quienes lideraron violentas protestas contra el gobierno en 2014 (López fue arrestado por incitación a la violencia y ahora vive en España; un funcionario del gobierno estadounidense en 2009 dijo que es «a menudo descrito como arrogante, vengativo y hambriento de poder»). Ledezma se trasladó a España en 2017 y fue -junto con Corina Machado- firmante de la ultraderechistaCarta de Madrid, un manifiesto anticomunista organizado por el partido ultraderechista español Vox. El proyecto político de Corina Machado se sustenta en la propuesta de privatizar la empresa petrolera de Venezuela.
Desde la muerte de Chávez, la derecha venezolana ha luchado con la ausencia de un programa unificado y con un lío de líderes egoístas. Le tocó a Estados Unidos intentar dar forma a la oposición en un proyecto político. El intento más cómico fue la elevación en enero de 2019 de un oscuro político llamado Juan Guaidó a la presidencia. Esa maniobra fracasó y, en diciembre de 2022, la oposición de extrema derecha destituyó a Guaidó como su líder. La destitución de Guaidó permitió negociaciones directas entre el gobierno venezolano y la oposición de extrema derecha, que desde 2019 esperaba una intervención militar estadounidense para afianzarse en el poder en Caracas.
Estados Unidos presionó a la ultraderecha, cada vez más intransigente, para que mantuviera conversaciones con el gobierno venezolano a fin de permitir que Estados Unidos redujera las sanciones y dejara que el petróleo venezolano entrara en los mercados europeos. Esta presión dio lugar al Acuerdo de Barbados de octubre de 2023, en el que ambas partes acordaron unas elecciones justas en 2024 como base para la lenta retirada de las sanciones. Las elecciones del 28 de julio son el resultado del proceso de Barbados. Aunque María Corina Machado tenía prohibido presentarse, se enfrentó a Maduro a través de su candidato apoderado Edmundo González y perdió en unas reñidas elecciones.
Veintitrés minutos después del cierre de las urnas, la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris -y ahora candidata presidencial en las elecciones de noviembre en Estados Unidos- publicó un tuit en el que reconocía que la extrema derecha había perdido. Fue una señal temprana de que Estados Unidos -a pesar de hacer ruido sobre el fraude electoral- quería pasar por encima de sus aliados de extrema derecha, encontrar una manera de normalizar las relaciones con el gobierno venezolano y permitir que el petróleo fluyera hacia Europa. Esta tendencia del gobierno estadounidense ha frustrado a la extrema derecha, que recurrió a otras fuerzas de extrema derecha de toda América Latina en busca de apoyo, y que sabe que el argumento político que le queda es el fraude electoral. Si el gobierno estadounidense quiere que el petróleo venezolano llegue a Europa, tendrá que abandonar a la ultraderecha y acomodarse al gobierno de Maduro. Mientras tanto, la ultraderecha ha tomado las calles a través de bandas armadas que quieren repetir los desórdenes de guarimbas (barricadas) de 2017.
9. The Divide.
Jason Hickel acaba de publicar en su blog un nuevo prefacio y un nuevo epílogo a uno de sus libros, The divide. Os paso los dos en un solo mensaje ya que temáticamente están muy relacionados, como es lógico. https://www.jasonhickel.org/
Nuevo prefacio de The Divide
19 de julio de 2024
Algunos países disfrutan de una riqueza material inimaginable, mientras que otros sufren privaciones masivas, y miles de millones de personas carecen de necesidades básicas como alimentos nutritivos y agua potable. La injusticia mira a la cara a cualquier observador sensato. Este libro demuestra que la desigualdad mundial no es un fenómeno natural. No es la característica inevitable de una economía normal, sino el resultado del tipo concreto de economía que domina nuestro mundo. Capitalismo.
La palabra capitalismo tiende a causar una confusión inmediata. A la mayoría de la gente le viene a la mente cosas como empresas, mercados y comercio: la capacidad de las personas para producir y venderse cosas unas a otras. ¿Quién podría estar en contra? Pero en realidad las empresas, los mercados y el comercio existían desde miles de años antes del capitalismo. El capitalismo es un sistema relativamente reciente, que surgió en Europa Occidental hace sólo unos 500 años. Si hubiera que señalar la característica más importante de este sistema económico, sería que es fundamentalmente antidemocrático.
Permítanme aclarar lo que quiero decir. Sí, muchos de nosotros vivimos en sistemas electorales en los que elegimos líderes políticos de vez en cuando. Tenemos algo parecido a la democracia política , por corrupta e imperfecta que sea. Pero cuando se trata de la economía, el sistema de producción , no entra ni la más superficial ilusión de democracia. La producción está controlada abrumadoramente por el capital, es decir, las grandes corporaciones, las grandes empresas financieras y el 1% que posee la mayor parte de los activos invertibles. El capital determina lo que se produce, cómo se utilizarán nuestro trabajo y nuestros recursos, y en beneficio de quién. Y para el capital, la finalidad de la producción no es satisfacer las necesidades de las personas ni lograr el progreso social, sino maximizar y acumular beneficios: ése es el objetivo primordial.
El capital busca una acumulación en constante aumento. Para lograrlo, necesita abaratar al máximo los precios de los insumos (mano de obra, tierra, energía y materiales) y mantenerlos a un nivel bajo. Este proceso no puede durar mucho tiempo dentro de una economía nacional limitada. Si sobreexplotas a tu clase obrera nacional, tarde o temprano te enfrentarás a una revolución o a una crisis de sobreproducción. Y si sobreexplotas tu medio ambiente nacional, acabarás degradando la base ecológica sobre la que se asienta toda la producción.
Para superar estas contradicciones, el capitalismo siempre necesita un «exterior», externo a sí mismo, donde pueda abaratar impunemente la mano de obra y la naturaleza y apropiárselas a gran escala; un exterior donde pueda «externalizar» los daños sociales y ecológicos, donde se puedan contener las rebeliones y donde no tenga que negociar con las quejas o demandas locales. Aquí es donde entran en juego las colonias. Desde los orígenes del capitalismo a finales del siglo XV, el crecimiento del «núcleo» de la economía mundial (Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Japón) siempre ha dependido de la apropiación masiva de mano de obra y recursos de la «periferia» (América Latina, Asia y África). No hubo desfase entre el auge del capitalismo y el proyecto imperial. El capitalismo siempre ha requerido un acuerdo imperial.
Esto fue obvio durante los primeros cientos de años de historia capitalista, que detallo en este libro. Los colonizadores europeos se dedicaron a destruir las industrias autosuficientes de la periferia y a reorganizar por la fuerza la producción para ponerla al servicio del consumo y la acumulación en el núcleo. Los historiadores han documentado que cantidades extraordinarias de valor fueron desviadas de la periferia hacia el centro, sometiendo a la primera a la privación, la miseria y la mortalidad masiva, mientras que proporcionaban a la segunda una riqueza sin precedentes.
Entonces, a mediados del siglo XX, se produjo una revolución. Los movimientos anticoloniales consiguieron derrocar a sus ocupantes e inmediatamente se pusieron a reclamar sus fuerzas productivas. Su objetivo era organizar la producción en torno a las necesidades humanas locales y el desarrollo nacional. Y lo consiguieron con notable éxito. Pero las potencias centrales no estaban satisfechas. El desarrollo soberano significaba que los pueblos del Sur global producían para sí mismos y aumentaban su consumo de los recursos del Sur. Esto reducía la cuota de recursos disponibles para el núcleo – encareciendo estos insumos – y la acumulación de capital se hacía mucho más difícil de conseguir.
Para resolver esta crisis, las principales potencias -encabezadas por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia- intervinieron. En muchos casos utilizaron la fuerza militar para derrocar gobiernos independientes e instalar en su lugar regímenes conformistas. Además, a partir de la década de 1980, también impusieron programas de ajuste estructural en todo el Sur global, que desmantelaron industrias soberanas, abarataron de nuevo la mano de obra y los recursos y reorganizaron la producción en torno a las exportaciones al núcleo en posiciones subordinadas con las cadenas mundiales de mercancías. El ajuste estructural restableció el acuerdo imperial sin necesidad de ocupación.
El resultado de este acuerdo es que hoy -según nuevas investigaciones empíricas que no se incluyen en el texto principal de este libro- el crecimiento de la riqueza en el centro sigue dependiendo de una masiva apropiación neta de mano de obra, recursos y bienes del Sur global, por valor de billones de dólares al año[1].[La situación es bastante extrema: el Sur global aporta el 80% de los recursos y el 90% de la mano de obra que alimenta la economía mundial capitalista, pero estas capacidades productivas, que podrían utilizarse para proporcionar alimentos nutritivos, buenas viviendas y atención sanitaria a todos los habitantes de la región, se movilizan en su lugar para producir cultivos de plantación y productos de explotación laboral para las empresas y los consumidores del centro.
Investigaciones recientes han descubierto que tenemos capacidad productiva más que suficiente para acabar con la pobreza para siempre y garantizar una buena vida a los 8.000 millones de habitantes del planeta -con incluso menos recursos y energía de los que utilizamos actualmente, alcanzando así también nuestros objetivos ecológicos[2],[3]- si la producción se organizara en torno a las necesidades humanas y no a la acumulación de capital. Pero para conseguirlo, la mayoría mundial debe conquistar el control democrático de los medios de producción. Ésa es la lucha. Ése es el futuro por el que debemos luchar. Espero que este libro sirva de inspiración para lograrlo.
Jason Hickel, marzo de 2024
Escrito para la traducción coreana de The Divide
[1] Hickel, J., Dorninger, C., Wieland, H., & Suwandi, I. (2022). Apropiación imperialista en la economía mundial: Drain from the global South through unequal exchange, 1990-2015. Global Environmental Change, 73, 102467.
[2] Millward-Hopkins, J., Steinberger, J. K., Rao, N. D., & Oswald, Y. (2020). Proporcionar una vida digna con un mínimo de energía: A global scenario. Global Environmental Change, 65, 102168.
[3] Vélez-Henao, J. A., & Pauliuk, S. (2023). Environmental Science & Technology, 57(38), 14206-14217.
Nuevo epílogo para The Divide
19 de julio de 2024
The Divide se publicó por primera vez en 2017. En los años transcurridos desde entonces, muchas personas me han escrito, o se han acercado a mí durante actos públicos, para compartir el impacto que tuvo en ellas. Siempre estoy agradecido por ello. Y, sin embargo, como investigadora, ahora miro hacia atrás y me gustaría que el texto pudiera incluir todo lo que he aprendido en los últimos siete años. El conocimiento avanza rápidamente, y quiero ponerlo a disposición de los lectores. Mi objetivo con The Divide era servir como una introducción accesible. Pero, hasta que Penguin se disponga a publicar una nueva edición, he aquí algunos recursos que animo a explorar para obtener más información y nuevos conocimientos.
1. Sobre el auge del capitalismo en Europa.
The Divide describe brevemente el violento proceso de cercamiento y desposesión que acompañó al auge del capitalismo en Europa durante el largo siglo XVI. Esta descripción se actualiza con nueva información, ampliada y mejorada en los primeros capítulos de Menos es más. Los lectores que deseen un relato más completo podrán encontrarlo allí, junto con importantes referencias.
2. Sobre el coste humano del colonialismo y la integración capitalista.
The Divide describe el sufrimiento devastador que padecieron los pueblos de Asia, África y América al ser colonizados e integrados por la fuerza en la economía mundial capitalista. En un reciente artículo para World Development, evaluamos esta historia de forma más sistemática, examinando datos empíricos sobre salarios reales, altura humana y tasas de mortalidad a partir del siglo XVI. Descubrimos que el auge del capitalismo y su imposición en todo el mundo estuvieron asociados a un sorprendente declive de los indicadores sociales, con salarios que a menudo se desplomaban por debajo de la subsistencia y crisis de mortalidad masiva en varias regiones. En el Sur global, la recuperación no comenzó hasta el siglo XX, coincidiendo con el auge de movimientos anticoloniales progresistas y radicales que reclamaron el control de los recursos y la producción nacionales[1].
Esta historia ofrece un importante contrapunto a las narrativas dominantes que afirman que el capitalismo rescató a la gente de la pobreza extrema generalizada. Todo lo contrario: el capitalismo causó la pobreza extrema generalizada, y el progreso en el desarrollo humano lo trajeron los movimientos sociales progresistas y los gobiernos de la era poscolonial. Esta historia también se recoge en el libro de Amya Kumar Bagchi Perilous Passage: Mankind and the Global Ascendancy of Capital.
3. Sobre la reacción neocolonial.
The Divide describe cómo EE.UU., Gran Bretaña, Francia y otras potencias imperialistas intervinieron violentamente para detener el ascenso de gobiernos progresistas y radicales en el Sur global a mediados del siglo XX, deponiendo y a veces asesinando a líderes progresistas en golpes de estado, e imponiendo programas de ajuste estructural para revertir sus reformas económicas progresistas. Esta historia se ha descrito aún más desde entonces en varios excelentes libros nuevos: The Jakarta Method (El método Yakarta , de Vincent Bevin), que narra la historia de las sangrientas cruzadas anticomunistas perpetradas en todo el Sur por Estados Unidos y sus aliados, y Capital and Imperialism (Capital e imperialismo , de Utsa Patnaik y Prabhat Patnaik), que describe los mecanismos económicos de la economía imperialista mundial pasada y presente. También recomiendo Imperialism in the 21st Century ( Imperialismo en el siglo XXI, de John Smith), y Value Chains: The New Economic Imperialism (de Intan Suwandi).
4. Sobre la sangría del Sur global.
The Divide describe cómo las economías ricas del Norte global se apropian de mucho más del Sur global de lo que dan en ayuda. En los últimos años, los investigadores han cuantificado este drenaje de forma más exhaustiva, basándose en métodos descritos por primera vez por los primeros teóricos del «intercambio desigual». Mis colegas y yo hemos contribuido a este trabajo en varios artículos recientes. En uno de ellos, describimos cómo el crecimiento del Norte global depende de una gran apropiación neta de mano de obra, tierra, energía y materiales del Sur global, materializada en bienes comercializados. Esta apropiación tiene un valor de más de 10 billones de dólares al año, representados en precios del Norte, lo que bastaría para acabar con la pobreza extrema en el Sur global 70 veces[2]. Esto drena al Sur de los recursos necesarios para el desarrollo, perpetúa la privación masiva y significa que los costes sociales y ecológicos del crecimiento del Norte se sufren abrumadoramente en el Sur.
5. Sobre las dimensiones coloniales de la ruptura ecológica
Desde que escribí The Divide, mis investigaciones se han centrado cada vez más en la crisis del cambio climático y el colapso ecológico. En artículos recientes, mis colegas y yo hemos presentado datos que demuestran que los países ricos del Norte global son abrumadoramente responsables de causar esta crisis, mientras que las consecuencias (en términos de daños sociales y ecológicos) recaen con mayor dureza en el Sur.Esto se ve claramente en las emisiones: el Norte es responsable del 92% de todas las emisiones que superan el límite planetario de seguridad, es decir, las emisiones que están causando daños climáticos[3] Y los países de renta alta son responsables del 74% del exceso acumulado de uso de materiales desde 1970, lo que está provocando la pérdida de biodiversidad y otras formas de degradación ecológica[4] Esto representa procesos de colonización -de la atmósfera y los ecosistemas- y las consecuencias se están produciendo siguiendo líneas coloniales. En un documento reciente, también descubrimos que los países de renta alta han sobrepasado la parte que les corresponde del presupuesto de carbono del Acuerdo de París y deberán 192 billones de dólares en compensaciones a los países del Sur[5].
6. Sobre las estrategias de descolonización
En el penúltimo capítulo de The Divide, describo algunos de los principales cambios estructurales por los que debemos luchar para que la economía mundial sea más justa y garantizar que los países del Sur global tengan vías hacia un verdadero desarrollo soberano. Sigo defendiendo muchos de estos principios y creo que los movimientos políticos progresistas del Norte global deberían adoptarlos como reivindicaciones fundamentales.Pero también creo que es ingenuo suponer que las potencias imperialistas aceptarán estos cambios a corto plazo. Los países del Sur Global no deben limitarse a esperar a ser descolonizados. Pueden dar pasos activos hacia la descolonización unilateral, para alcanzar la soberanía económica. Hemos desarrollado este enfoque junto con mi colega Ndongo Samba Sylla[6 ], cuyos escritos recomiendo. En cuanto a la estrategia de desarrollo, exigirá utilizar la política industrial y la planificación para superar los obstáculos que presenta el capitalismo en la periferia[7]. La tarea de los movimientos sociales progresistas del Norte global es alinearse con las luchas del Sur por la emancipación y la autodeterminación y apoyarlas.
7. Sobre «decrecimiento» y justicia global
En el último capítulo de The Divide, exploro una idea que no abordé hasta las últimas semanas de redacción del libro: el «decrecimiento».El decrecimiento describe la necesidad de que las economías ricas del Norte reduzcan el uso que hacen de los recursos del planeta para detener el colapso ecológico y poner fin a la apropiación imperialista del Sur, y cómo se puede conseguir al tiempo que se mejora la vida de las personas y se obtienen mejores resultados sociales. La idea era nueva para mí y en aquel momento estaba poco desarrollada.Para los lectores que no conozcan el concepto de decrecimiento, o que lo encuentren confuso o difícil, he escrito una descripción completa y accesible en mi reciente libro Menos es más. También he escrito varios artículos que desarrollan la base empírica[8],[9],[10],[11],[12] En última instancia, para mí, el decrecimiento no es sólo ecología, sino también justicia económica, descolonización[13] y la urgente necesidad de una transición postcapitalista[14].
Los cambios que necesitamos no son reformistas, sino revolucionarios. Las revoluciones exigen liberar primero nuestra imaginación, para pensar más allá de las limitaciones de nuestra economía actual y sus ideologías, e imaginar un mundo poscapitalista. Pero también exigen el duro trabajo de la organización y la lucha.
Jason Hickel, marzo de 2024
Escrito para la traducción coreana de The Divide y actualizado.
[1] Sullivan, D., y Hickel, J. (2023). Capitalism and extreme poverty: A global analysis of real wages, human height, and mortality since the long 16th century. Desarrollo mundial. Véase también: Hickel, J. y Sullivan, D. (2023). Capitalism, poverty, and the case for democratic socialism. Monthly Review.
[2] Hickel, J., Dorninger, C., Wieland, H., & Suwandi, I. (2022). Apropiación imperialista en la economía mundial: Drain from the global South through unequal exchange, 1990-2015. Global Environmental Change. Véase también: Hickel, J., Sullivan, D., & Zoomkawala, H. (2021). Plunder in the post-colonial era: quantifying drain from the global south through unequal exchange, 1960-2018. New Political Economy, 26(6).
[3] Hickel, J. (2020). Quantifying national responsibility for climate breakdown: an equality-based attribution approach for carbon dioxide emissions in excess of the planetary boundary. The Lancet Planetary Health, 4(9), e399-e404.
[4] Hickel, J., O’Neill, D. W., Fanning, A. L., & Zoomkawala, H. (2022). National responsibility for ecological breakdown: A fair-shares assessment of resource use, 1970-2017. The Lancet Planetary Health, 6(4), e342-e349.
[5] Fanning, A. L., & Hickel, J. (2023). Compensación por apropiación atmosférica. Nature Sustainability, 6(9), 1077-1086.
[6] Sylla, N., y Hickel, J. (2024). Propuestas para la descolonización unilateral y la soberanía económica. Internacional Progresista. Véase también Hickel, J. (2022). How to achieve full decolonization. New Internationalist.
[7] Hıckel, J., & Sullıvan, D. (2023). Capitalism, global poverty, and the case for democratic socialism. Monthly Review, 75(3), 99-113.
[8] Vogel, J., y Hickel, J. (2023). ¿Está ocurriendo el crecimiento verde? An empirical analysis of achieved versus Paris-compliant CO2-GDP decoupling in high-income countries. The Lancet Planetary Health, 7(9), e759-e769.
[9] Hickel, J., y Kallis, G. (2020). New political economy, 25(4), 469-486.
[10] Hickel, J., Brockway, P., Kallis, G., Keyßer, L., Lenzen, M., Slameršak, A., … & Ürge-Vorsatz, D. (2021). Urgent need for post-growth climate mitigation scenarios. Nature Energy, 6(8), 766-768.
[11] Hickel, J. (2021). ¿Qué significa decrecimiento? Algunas aclaraciones. Globalizations, 18(7), 1105-1111
[12] Hickel, J., Kallis, G., Jackson, T., O’Neill, D. W., Schor, J. B., Steinberger, J. K., … & Ürge-Vorsatz, D. (2022). Degrowth can work-here’s how science can help. Nature, 612(7940), 400-403.
[13] Hickel, J. (2021). The anti-colonial politics of degrowth, Political Geography, 88. (2021).
[14] Hickel, J. (2023). El doble objetivo del ecosocialismo democrático. Monthly Review.
10. Los motivos de la persecución a Roy
No ofrece grandes novedades, pero este artículo resume bien por qué el gobierno indio de extrema derecha persigue encarnizadamente a Arundhati Roy. https://www.aljazeera.com/
¿Por qué odia India a Arundhati Roy?
El gobierno indio tiene en su punto de mira a la aclamada autora porque habla de las corrupciones más fundacionales que subyacen en los pilares socioeconómicos y políticos del Estado indio.
Somdeep Sen Publicado el 22 Jul 2024
Tras perder inesperadamente la mayoría parlamentaria en las elecciones de este año y verse obligados a formar un gobierno de coalición, predije que los nacionalistas hindúes gobernantes en la India aumentarían sus ataques contra sus críticos para intentar reafirmar su hegemonía en la política india.
Lamentablemente, mi predicción no tardó en cumplirse.
Pocos días después de las elecciones, un funcionario del nuevo gobierno dirigido por el BJP permitió que se procesara a la escritora y activista india Arundhati Roy, ganadora del premio Booker, por unas declaraciones que hizo en una mesa redonda en 2010 en las que sugería que Cachemira nunca fue parte integrante de la India.
El procesamiento se concedió en virtud de la draconiana Ley de Prevención de Actividades Ilegales (UAPA, por sus siglas en inglés), que suele utilizarse contra personas que el gobierno nacionalista hindú considera antinacionales, antipatrióticas y simpatizantes de grupos terroristas.
Este último ataque a Roy es indicativo de las crecientes inseguridades de los dirigentes del BJP tras unos resultados electorales poco estelares. Pero la aclamada escritora no ha sido castigada simplemente por decir o hacer algo que desafiaba la autoridad del BJP. No se trata de una crítica normal que dice lo que piensa y molesta a un peso pesado del partido.
Roy está en el punto de mira porque tiene una capacidad inherente para hablar de algunas de las corrupciones más fundacionales que subyacen a los pilares socioeconómicos y políticos del Estado indio. Y aunque electoralmente está en desventaja, esta capacidad asusta profundamente al BJP.
No es casualidad que los comentarios por los que se procesa a Roy estén relacionados con Cachemira. La vehemente negación de los derechos de los cachemires, así como la violenta represión del movimiento de liberación de Cachemira, han sido durante mucho tiempo el sello distintivo del musculoso nacionalismo indio. Como escribió recientemente Nazia Amin, «Cachemira es uno de los lugares donde el núcleo tiránico del nacionalismo indio se expresa en su forma más flagrante y persistente».
Esta tiranía se ha puesto de manifiesto durante décadas. Entre finales de la década de 1980 y principios de la de 2000, por ejemplo, se cree que las fuerzas armadas indias hicieron desaparecer por la fuerza a entre 8.000 y 10.000 hombres cachemires. Llevan años desaparecidos, pero no se les puede declarar oficialmente muertos. Las esposas de estos hombres, conocidas como «medio viudas», y sus hijos, quedan con escasa protección legal y a menudo luchan contra la pobreza e incluso la falta de hogar.
En la década de 1990, Human Rights Watch informó(PDF) de que las fuerzas armadas indias en Cachemira utilizaban sistemáticamente la violación como arma de contrainsurgencia. Se utilizaba contra mujeres «acusadas de simpatizar con los militantes». Al violar a estas mujeres, las fuerzas indias querían «castigar y humillar a toda la comunidad». Al parecer, la violación era también un instrumento de represalia, utilizado contra civiles que vivían en zonas donde los combatientes habían tendido emboscadas a las fuerzas armadas.
En la década de 2010, las fuerzas de seguridad empezaron a utilizar escopetas de perdigones como arma «no letal» para el control de multitudes. Sin embargo, en 2016, esta arma no letal provocó lo que se ha descrito como «ceguera masiva», es decir, cientos de lesiones oculares por los más de un millón de perdigones que se dispararon contra los manifestantes en el valle de Cachemira.
Equipadas con una legislación que les otorga poderes de emergencia para mantener el orden público, las fuerzas indias tienen un historial bien documentado de torturas e incluso asesinatos de detenidos de Cachemira. Desde la revocación del estatuto de autonomía de Jammu y Cachemira en 2019 -una promesa clave de la campaña nacionalista hindú-, el Estado indio también ha intensificado sus detenciones y encarcelamientos arbitrarios de políticos, periodistas y activistas de la oposición.
En la misma mesa redonda de 2010 en la que afirmó que Cachemira no era parte integrante de India, Roy también había dicho: «Los cachemires no pueden inhalar y exhalar sin que su aliento pase por el cañón de un AK-47». En otras partes de sus escritos, Roy ha sido inflexible en su llamamiento a la liberación de Cachemira.
En diversos discursos, ensayos y declaraciones, Roy ha lanzado ataques existenciales contra la profunda corrupción que subyace a la presencia india en Cachemira, ha arrojado luz sobre la tiranía de la reivindicación nacionalista india de soberanía sobre el valle y, al reclamar la independencia de Cachemira, ha desestabilizado una idea que se daba por supuesta sobre los límites geográficos del Estado indio.
Roy también ha lanzado un ataque existencial similar contra el modelo indio de crecimiento económico y desarrollo, que, a ojos de muchos, exige que algunos sufran por el bien mayor del progreso nacional.
Esta lógica estaba inscrita en los cimientos mismos del país. Cuando el primer Primer Ministro de India, Jawaharlal Nehru, inauguró la presa de Hirakud sobre el río Mahanadi en 1948, dijo a los aldeanos cuyas vidas y medios de subsistencia se verían perjudicados por el proyecto que «si tenéis que sufrir, hacedlo en interés del país». Nehru también había descrito célebremente las presas como templos modernos, «necesarios para el progreso económico de la nación».
Roy señaló la falacia de este ethos de progreso nacional en un ensayo de 1999 en el que apoyaba el Narmada Bachao Andolan (NBA), el movimiento de protesta contra la construcción de la presa de Sardar Sarovar en el río Narmada por su impacto perjudicial en el medio ambiente y en la vida de los agricultores y las comunidades tribales.
Escribió: «Las grandes presas están obsoletas. No molan. No son democráticas. Son la forma que tiene un gobierno de acumular autoridad (decidir quién recibirá cuánta agua y quién cultivará qué y dónde)… Son un medio descarado de arrebatar el agua, la tierra y el riego a los pobres y regalárselo a los ricos. Sus embalses desplazan a enormes poblaciones, dejándolas sin hogar y en la indigencia. Ecológicamente, están en la perrera. Asolan la tierra».
En años posteriores, Roy ha descrito la importancia de la lucha por el valle del Narmada como una lucha por la India moderna en la que los poderosos se enfrentan a los impotentes. Era, como ella misma describe, «una clavija, o un ojo de cerradura, para abrir una cerradura muy grande» que no sólo afectaba a un río, sino a cuestiones complejas de desarrollo, medio ambiente, sistema de castas y clases en un Estado poscolonial en proceso de modernización.
La presa acabó por subir y esta lógica de progreso nacional continuó sin cesar. Sin embargo, la clarividencia de la evaluación de Roy sobre los males de este modelo de progreso es aún más evidente hoy en día, y el BJP es sin duda consciente de ello.
Como bien señala en Capitalismo: Una historia de fantasmas, la India emergente es también un lugar donde los ultrarricos y la creciente clase media conviven con «ríos muertos, pozos secos, montañas calvas y bosques despoblados; los fantasmas de 250.000 agricultores agobiados por las deudas que se han suicidado, y de los 800 millones que han sido empobrecidos y desposeídos para dejarnos paso. Y que sobreviven con menos de veinte rupias indias al día».
Por supuesto, reconoce Roy, no hay espacio para una conversación sobre la redistribución de la tierra o la riqueza. Quienes están ansiosos por hacer de India una potencia mundial lo considerarían «antidemocrático» o incluso «lunático». Sin embargo, esas mismas personas no parecen darse cuenta de la locura que suponen, por ejemplo, los millones de personas que se han quedado sin tierra, viviendo en la más absoluta pobreza, en barrios marginales de pueblos y ciudades. Supuestamente, son ellos los que deben sufrir por el progreso de la nación.
Roy ha sido galardonada recientemente con el Premio PEN Pinter. El premio está reservado a escritores que «lanzan una mirada inquebrantable e inquebrantable sobre el mundo» y muestran una «feroz determinación intelectual… para definir la verdad real de nuestras vidas y nuestras sociedades».
La mirada inquebrantable e inquebrantable de Roy es sin duda necesaria, ya que la política en la India de Modi es una embriagadora mezcla de nacionalismo religioso, autoritarismo y capitalismo. Su feroz determinación intelectual para decir la verdad al poder es una anomalía bienvenida en un momento en que las voces críticas se silencian con tanta facilidad. Por eso, tras el revés electoral, el BJP está tan ansioso por atacarla y silenciarla en este momento. Pero la voz disidente de Roy no sólo es valiosa hoy. La importancia de sus escritos y su defensa es intemporal, ya que Roy habla en favor de la libertad y la justicia para los más marginados de una forma que encuentra relevancia y trasciende, mucho más allá del sombrío momento político actual.
Somdeep Sen es Profesor Asociado de Estudios de Desarrollo Internacional en la Universidad de Roskilde (Dinamarca). Es autor de Decolonizing Palestine: Hamás entre lo anticolonial y lo poscolonial (Cornell University Press, 2020).
11. El error de las sanciones.
Que conste que este envío no es por hacer la pelota a nuestro nuevo contertulio, porque ya sabéis que he enviado anteriormente algún artículo suyo. 😀 Ha dado la casualidad que hoy he visto su artículo en Globalter. Esta vez, sobre un tema que hemos visto con frecuencia por aquí: el grave error de Europa al sancionar a Rusia. https://globalter.com/el-tiro-
El tiro en el pie de Europa con las sanciones a Rusia
PASCUAL SERRANO
Desde hace varios años, antes incluso del inicio de la intervención militar de Rusia en Ucrania, la Unión Europea aplica sanciones económicas contra Rusia con el convencimiento de que, de este modo, lograrían el colapso de su economía, generarían descontento social y eso facilitaría alcanzar su gran objetivo, la caída del gobierno de Putin.
Las sanciones comenzaron ya en marzo de 2014 y desde el inicio generaron problemas a los europeos. la limitación de relaciones comerciales supuso la pérdida importante de ingresos a los agricultores europeos que no pueden vender sus productos a Rusia, o la limitación de visados a turistas rusos, con la afectación que eso supone al turismo, entre otras.
Pero fue a partir del inicio del conflicto de 2022 cuando toda una cascada de nuevas sanciones pulverizabEl ean toda la estructura comercial, financiera y de relaciones internacionales con las que estábamos conviviendo. Desde ese momento, prácticamente todos los meses la Comisión Europea aprobaba más sanciones contra Rusia.
Estas sanciones suponían, entre otras muchas cosas, la prohibición de entrada de todos los altos cargos y diputados rusos, la prohibición de las transacciones con el Banco Central de Rusia, la prohibición del sobrevuelo del espacio aéreo de la UE y del acceso a los aeropuertos de la UE por parte de compañías rusas de todo tipo, la misma prohibición a los puertos europeos, la exclusión de sistema financiero internacional SWIFT de los bancos rusos, la prohibición de difusión de los medios de comunicación rusos, el fin de la importación o exportación de petróleo o gas ruso, así como cualquier financiación a una empresa rusa. Las sanciones se ampliaron también a Bielorrusia, que no había cometido ninguna violación internacional, y se declararon sancionables todas las empresas o ciudadanos que violaran esas medidas.
La idea de las autoridades europeas era que, en pocos meses, la situación económica de Rusia colapsaría, al no tener posibilidad de vender su gas, su petróleo ni poder comercializar con Europa.
El 1 de marzo de 2022 el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, se jactaba así: “Las sanciones son eficaces, las sanciones económicas y financieras son incluso terriblemente eficaces […] Vamos a provocar el hundimiento de la economía rusa”.
Pero el resultado comenzó a ser muy diferente: Alemania, el motor de la industria europea, se quedaba sin energía al paralizarse los gasoductos Nord Stream I y Nord Stream II. El gas pasó de estar disponible en un grifo al lado de Europa, a proceder de Estados Unidos, extraído mediante fracking, un método que era mucho más contaminante y que, además, debía licuarse para poder transportarse por barco a través de todo el océano.
Las empresas europeas que tenían pendiente el envío de mercancías a Rusia se las tenían que quedar sin vender, porque no lo permitían las medidas contra el paso de las fronteras, y las que tenían pendiente el cobro se quedaron sin cobrar, porque no lo permitían las sanciones bancarias.
Las zonas turísticas donde solían establecerse los rusos de alto poder adquisitivo se quedaron sin sus ingresos.
Las aerolíneas europeas que volaban a Asia debían ahora rodear Rusia, porque no podían entrar en su espacio aéreo; del mismo modo, los asiáticos también tenían que dar un rodeo para venir a Europa.
Como también se premió la entrada de productos agrícolas ucranianos para favorecer al régimen de Zelensky, se generó una grave tensión con los agricultores polacos y de otros países cercanos que vieron que el precio de sus productos se desplomaba en los mercados.
Una de las características de las sanciones internacionales contra un país es que, si el efecto desestabilizador no se logra en pocos meses, la nación sancionada logra buscar métodos alternativos para restablecer su economía y comercio. Y eso es lo que pasó con Rusia.
Algunas voces ingenuas europeas afirmaban que Rusia colapsaría en pocos meses, total, era un país con un PIB similar a Italia o poco más que el de España, no era una gran potencia económica. El problema de ese cálculo, es que la cifra del Producto Interior Bruto (PIB) de un país no dice mucho si no se especifica cómo se consigue, es decir, por medio de qué economía o producción genera su riqueza. No es lo mismo conseguir los ingresos para sobrevivir mediante turismo en sol y playas (caso de España), que lograrlo proporcionando gas y petróleo para el mundo. Ese mundo puede prescindir del turismo español, pero no tanto de la energía rusa, a la que no le faltaron clientes. Y no digamos si tu economía se sostiene en las meras finanzas especulativas, sin una buena estructura de producción industrial.
El resultado de las sanciones comenzó a apreciarse al poco tiempo. La balanza comercial de la zona euro pasó de 116.000 millones positivos en 2021 a 400.000 millones negativos en 2022.
Como ha señalado el economista Juan Torres, “el comportamiento de la economía rusa, a la que tantos daban por muerta en pocos meses por la guerra y las sanciones tras la invasión de Ucrania, ha sido una prueba del algodón: sólo los países con una base industrial potente, con economías centradas en la producción material de bienes y servicios productivos, pueden hacer frente a la guerra de nuestros días con cierta seguridad, sin que se hundan la actividad y el ingreso, y colapsen”.
Emmanuel Todd en su libro La derrota de Occidente, recuerda que Rusia, junto con Bielorrusia, sólo representa el 3,3% del PIB occidental. La diferencia es que ese PIB de Rusia es de bienes tangibles y no como el de Estados Unidos, que procede de actividades de difícil definición que no se sabe si calificar de inútiles o de irreales.
Continúa Torres recordando que, en Europa, “desde hace décadas (no sólo tras la crisis), se han impuesto políticas de austeridad que han producido una creciente pérdida de actividad, ritmos muy bajos de crecimiento económico y la desindustrialización progresiva, de la Unión en su conjunto e incluso de las grandes potencias como Alemania. Sirva como mejor prueba de esto que la industria de esta última representaba en 1991 el 30,2% de su PIB y el 36,8% si se incluía la construcción. A finales de 2023, esos porcentajes fueron 18% y 24,2% respectivamente”.
El pasado septiembre, el francés Le Monde revelaba algunos datos económicos interesantes que muestran el colapso en el que ha entrado Europa en comparación con Estados Unidos.
En 2008, la zona del euro y Estados Unidos tenían un PIB a precios corrientes equivalentes de 14.200 y 14.800 millones de dólares respectivamente (13.082 y 13.635 millones de euros). Quince años después, el de los europeos apenas supera los 15.000 millones, mientras que el de Estados Unidos se ha disparado hasta los 26.900 millones. Es decir, la brecha del PIB es del ¡80%!
El dato procede del Centro Europeo de Economía Política Internacional, un grupo de expertos con sede en Bruselas, que ha publicado una clasificación del PIB per cápita de los estados americanos y europeos. Según el ranking, Italia está justo por delante de Mississippi, el más pobre de los cincuenta estados americanos, mientras que Francia se sitúa entre Idaho y Arkansas, que están en los puestos 48 y 49 de estados americanos por orden de riqueza. Y Alemania está entre Oklahoma y Maine, que son el 38 y 39. Ya el 11 de agosto, los británicos se escandalizaron cuando supieron que eran tan pobres como Mississippi.
El pasado 17 de julio, The Wall Street Journal lo dejaba claro: «Los europeos se enfrentan a una nueva realidad económica que no conocían desde hace décadas: son cada vez más pobres». Y hacía el siguiente repaso: “Los franceses comen menos foie gras y beben menos vino tinto. Los españoles escatiman en aceite de oliva. Se insta a los finlandeses a usar saunas en los días ventosos cuando la energía es menos costosa. En toda Alemania, el consumo de carne y leche ha caído al nivel más bajo en tres décadas y el otrora próspero mercado de alimentos orgánicos se ha derrumbado. El ministro de Desarrollo Económico de Italia, Adolfo Urso, convocó una reunión de crisis en mayo sobre los precios de la pasta, el alimento básico favorito del país, después de que aumentaron más del doble de la tasa de inflación nacional”.
Entre las razones de estos cambios, el diario económico estadounidense hace referencia a “la guerra prolongada de Rusia en Ucrania. Al trastornar las cadenas de suministro mundiales y disparar los precios de la energía y los alimentos, las crisis agravaron las dolencias que se habían estado enconando durante décadas”.
Solo una precisión, no es la guerra, son las sanciones impuestas por Europa a Rusia las culpables. El desarrollo de la guerra no tendría afectación alguna a los suministros ni de energía ni de alimentos. Si algo necesita Rusia, es seguir vendiendo cereales, fertilizantes y energía. Mientras tanto, dice el diario, “los estadounidenses, por el contrario, se beneficiaron de la energía barata”. Como para tener dudas de quién salía ganando con la voladura de los gasoductos Nord Stream.
Pareciera que Europa, con sus sanciones a quien estaba castigando era a sus propias empresas que ya no podían ni comerciar, ni recibir energía ni tener filiales en Rusia. Todd compara la reacción de Europa a la de un niño enrabietado que para mostrar su ira se dedica a romper sus propios juguetes.
La realidad es que en Europa la inflación se ha disparado, los salarios se han congelado y, por tanto, ha caído el poder adquisitivo de los ciudadanos. La Unión Europea ahora representa alrededor del 18 % de todo el gasto de consumo global, en comparación con el 28 % de Estados Unidos. Hace 15 años, la UE y EE.UU. representaban cada uno alrededor de una cuarta parte de ese total.
Según el Centro Europeo para la Economía Política Internacional, si la tendencia actual continúa, para 2035 la brecha entre la producción económica per cápita en EE.UU. y la UE será tan grande como la que existe actualmente entre Japón y Ecuador, según el informe.
El disparo en el pie que se ha dado Europa con las sanciones a Rusia ya lo reconocen las publicaciones de economía occidentales. “La economía de Rusia sigue demostrando una resiliencia inusitada. Frente a las previsiones que auguraron una caída del PIB histórica en 2022 y un camino tortuoso durante años, los organismos internacionales y los bancos comienzan a admitir la realidad”, afirman en El Economista.
Durante 2023 el PIB de la zona euro subió un ridículo 0,4% y el Alemania bajó un 0,3%; mientras el de Rusia subía un 3,6 %. En realidad al resto del mundo que no sancionaba a Rusia también le iba bien, Venezuela subía más de un 5% y China un 5,3%.
El FMI revisó recientemente su perspectiva de crecimiento para Rusia al 3,2% en 2024, por encima de EE UU (2,7%) o la zona euro (0,8%).
Desde JP Morgan hasta la Organización de Países Exportadores de Petróleo todos destacan que “Rusia estaba exhibiendo un crecimiento sólido en 2023… Rusia podría superar las expectativas con mejoras en la demanda interna y el comercio exterior”, según señalaba el informe de la organización. Moscú lleva meses mostrando signos de recuperación que ahora se materializan de forma notable.
Si bien es cierto que el comercio ha retrocedido por las prohibiciones a la importación de muchos bienes, Rusia ha empezado a sustituirlos por producción nacional o comprándolos a otras economías. Esto, en parte, ha supuesto un estímulo para la demanda interna y el mercado laboral ruso.
Los expertos del Banco de Rusia señalan también que el aumento de la demanda privada se debe al crecimiento de la actividad del consumidor, que se ve impulsado por el aumento de los salarios reales y el alto crecimiento del crédito. Además, se está produciendo un aumento significativo de los beneficios de las empresas, lo que está incrementando el sentimiento empresarial positivo (más inversión y contratación), también gracias a los estímulos fiscales, que respaldan la elevada demanda de inversión.
No olvidemos que la política de sanciones contra Rusia ha provocado toda una nueva reconfiguración del sistema económico mundial en el que los grandes perdedores están siendo la Unión Europea y Estados Unidos. Algunos ejemplos:
El despegue de los BRICS está siendo espectacular y han demostrado que son capaces de crear un nuevo mundo económico donde ellos poseen más recursos naturales, un mayor crecimiento económico y la firme decisión de avanzar hacia su independencia de Occidente.
La desdolarización avanza a pasos gigantescos, se terminan los tiempos en los que Occidente se apropiaba de las divisas de los países que sancionaba, porque se guardaban en dólares.
El sistema de intercambio bancario internacional SWIFT, también está en declive, son más los países sancionados que operan al margen (desde Rusia a Venezuela) que los que integran ese modelo.
Las rutas comerciales han cambiado, el petróleo y el gas ruso ahora sale hacia China e India, no necesitan el mercado europeo.
El resultado es que la tasa de paro en Rusia se encuentra en el 3%, mínimos históricos en su economía. La falta de trabajadores está provocando que los salarios suban con fuerza. Según los últimos datos del servicio de estadísticas ruso, los salarios nominales están avanzando a un ritmo que supera el 11%, mientras que la inflación se sitúa en el 5,2%. Esto quiere decir que el salario real de los rusos está subiendo más de un 6%, probablemente una de las subidas más potentes de toda Europa. Es decir, menos paro y más salarios para los trabajadores rusos que en los países de la Unión Europea.
No olvidemos que, además, los europeos deben estar ahora pagando el envío de ayuda y armamento a Ucrania, un total de 136.960 millones de euros, la última partida aprobada es de 50.000 millones en los próximos cuatro años. Además deben afrontar el crecimiento disparado de su presupuesto de Defensa por las exigencias de la OTAN, solo en el último año ha aumentado un 10%. Todo esto son menos recursos públicos para infraestructuras, prestaciones sociales, sanidad o educación.
El tiempo ha mostrado lo ridículas de las afirmaciones en julio de 2022 de Josep Borrell sobre las sanciones: están «surtiendo efecto». O las de febrero de 2023: son «veneno a base de arsénico» e «irreversibles».
Todd señala que “es fácil entender por qué las oligarquías liberales [europeas] han adoptado las sanciones económicas como medio de guerra: son las capas inferiores de las sociedades occidentales [y no esas oligarquías] las que más sufren la inflación y la caída del nivel de vida”.
La realidad es que lo único que están envenenando es la economía europea.
Pascual Serrano es periodista y escritor. Su último libro es “Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo”
12. La UE y la guerra de Ucrania
Artículo académico de Wolfgang Streeck sobre el papel de la UE en la guerra de Ucrania y las perspectivas de futuro. https://link.springer.com/
La UE en guerra: después de dos años
Wolfgang Streeck Aceptado: 3 de julio de 2024
Resumen
El documento explora el papel de la Unión Europea (UE) en la guerra de Ucrania, desde los prolegómenos de la guerra hasta su impacto en la estructura y las funciones futuras de la UE, dentro de Europa y a escala mundial. Comienza con un relato de la condición de la UE antes de la guerra, que describe como sobreextendida y estancada con respecto a la proclamada finalité de la UE, la «unión cada vez más estrecha de los pueblos de Europa». A continuación, relata el uso de la UE en los primeros intentos estadounidenses de incluir a Ucrania en la ampliación de la OTAN a Europa Oriental, con la adhesión a la UE como recompensa por la occidentalización ucraniana. Para los dirigentes de la UE, esto representaba una oportunidad de revivir antiguos intentos, por entonces en gran medida fallidos, de unificación y centralización supranacionales, ofreciéndose a Estados Unidos para servir de base transatlántica a su estrategia ucraniana. A continuación, el documento explora las consecuencias para la UE y sus Estados miembros más fuertes de la inminente retirada estadounidense del escenario bélico ucraniano, a medida que EEUU se vuelca en su conflicto con China. La sección final analiza las condiciones en las que Europa, los Estados euro- peos y la UE pueden aspirar a algún tipo de autonomía estratégica y política en el emergente Nuevo Orden Mundial.
Palabras clave Unión Europea – OTAN – Guerra – Ucrania – Europeización – Estados Unidos – Nuevo Orden Mundial – Bipolarismo – Multipolarismo
La UE antes de la guerra: atascada
Cuando estalló la guerra por Ucrania, la Unión Europea (UE) era un surtido desordenado de los restos de varios intentos incompletos de lo que se había dado en llamar «integración euro- pea»: un vasto aspirante a Estado supranacional que se había vuelto prácticamente ingobernable debido a su excesiva extensión y a la extrema heterogeneidad interna que había traído consigo. Más que un superestado supranacional que pusiera fin a la existencia separada de los Estados-nación europeos, la UE se había convertido en un campo de batalla, o arena de negociación, para que sus Estados miembros persiguieran sus intereses individuales, tanto directa como indirectamente: directamente negociando acuerdos entre sí, indirectamente intentando controlarse mutuamente a través de las instituciones supranacionales de la UE. Entre los proyectos de integración que habían quedado estancados durante la vida de la UE y de sus dos organizaciones predecesoras -la Comunidad Económica Europea (CEE; 1957-1972) y la Comunidad Europea (Com- misión Europea; 1972-1993)- podemos enumerar la llamada Dimensión Social de los años 70 y 80, que fue víctima del giro hacia una política económica neoliberal de oferta durante la larga presidencia de Delors (1985-1994); el Mercado Interior de 1992, que quedó inacabado; la Unión Monetaria Europea de 1999, que sólo incluye a algunos de los Estados miembros de la UE y ha quedado sin unión bancaria, unión fiscal y, sobre todo, unión política; la convergencia económica de los modelos de crecimiento de los Estados miembros, o variedades de capitalismo; la convergencia política y social de los nuevos países miembros en el modelo constitucional liberal de «Estado de derecho» de Europa Occidental; etc. etc.
Ya antes de 2022, las esperanzas de una Europa integrada que sustituyera a los Estados-nación históricos de Europa -la tan cacareada finalité de la UE de una unión cada vez más estrecha de los pueblos de Europa- casi habían desaparecido, reflejando no en último término el crecimiento de la Unión, sobre todo con fines geopolíticos, de seis a 27 miembros (incluso 28, hasta que uno de sus tres mayores Estados miembros, el Reino Unido, se separó), incluyendo países tan diferentes como Dinamarca y Rumanía, o Portugal y Polonia. Las tensiones entre Estados miembros como Alemania, Francia, Italia y Polonia habían aumentado en torno a un número creciente de cuestiones, como los objetivos, el tamaño y la distribución de los llamados fondos de «cohesión» europeos, el papel del Banco Central Europeo en las finanzas de los Estados miembros, el régimen de estabilidad fiscal de la Unión Monetaria o el «estado de derecho» en algunos de los nuevos Estados miembros. A esto hay que añadir las diversas crisis de la década de 2000, como la cri- sis financiera y fiscal de 2008; el posterior inicio del «estancamiento secular» de la economía capitalista (Larry Summers en 2016); la oleada de inmigración no solicitada de 2015 y 2016; la incapacidad de la UE para idear una respuesta colectiva centralizada y a escala europea a la pandemia de COVID de 2020-2022; y la ineficacia del «fondo de reconstrucción» de la Unión Europea de Nueva Generación (UENG) de 750.000 millones de euros postCOVID, financiado con deuda y destinado a remediar la crisis en particular de la economía italiana. Juntos dejaron al descubierto la falta de capacidad tecnocrática de la UE para resolver problemas y gobernar políticamente, lo que hizo que sus Estados miembros y gobiernos fueran aún más conscientes de sus intereses nacionales y de las diferencias entre ellos.
En otoño de 2021, cuando la guerra en Ucrania empezaba a-
En otoño de 2021, cuando la guerra de Ucrania empezaba a vislumbrarse en el horizonte, los gobiernos miembros se habían acostumbrado a utilizar su unión con fines políticos internos, presentando a la UE ante sus ciudadanos nacionales como una futura tierra prometida de «soluciones europeas» a problemas que técnicamente no podían o políticamente no querían abordar, o como culpable si resultaba evidente que no se iban a producir tales soluciones. Asimismo, dependiendo de la conveniencia política, la UE se utilizó para producir mandatos internacionales para políticas nacionales impopulares, por ejemplo las reformas económicas neoliberales, y como baluarte contra las reformas anti neoliberales. La UE ofrecía también ricas oportunidades para la política simbólica y el apoyo mutuo entre ejecutivos nacionales, bajo un acuerdo tácito de que ninguno de ellos tendría que volver a casa de sus cumbres sin nada que mostrar a sus votantes.
En general, la UE se había convertido a principios de la década de 2020 en un lugar para dar respuestas conjuntas a corto plazo, pero por ello también de corta duración, a problemas a largo plazo, como la cri- sis fiscal de los Estados de Europa Occidental bajo la presión de la austeridad fiscal autoimpuesta, o impuesta por los mercados de capitales. A menudo fue necesario sortear la constitución de facto de la UE, los Tratados, que están redactados de tal manera que resulta prácticamente imposible modificarlos, salvo -indirectamente- mediante sentencias del Tribunal de Justicia Europeo que sólo el propio Tribunal puede revisar. Los gobiernos nacionales aprendieron a idear soluciones temporales cada vez más sub-legales, para-legales e ilegales para los problemas que iban surgiendo, siendo un ejemplo de ello la financiación estatal por debajo de la mesa por parte del Banco Central Europeo, o la financiación del «fondo de recuperación» COVID mediante préstamos a pesar de que los Tratados no permiten a la UE endeudarse.
A principios de la década de 2020, era obvio que esto no podría continuar para siempre, la UE viviendo políticamente al día, consumiendo su menguante suministro de legitimidad sin poder reponerlo. Un síntoma fue el rápido aumento del apoyo electoral a los llamados partidos y movimientos políticos populistas de derechas en varios Estados miembros que critican duramente a la UE.
La UE en el periodo previo a la guerra
La Unión Europea estuvo implicada desde el principio en el conflicto ucraniano, aunque nunca como un actor activo. Bajo el mandato de George W. Bush (2001-2009) como muy tarde, la inclusión de Ucrania en la OTAN, en contra de las objeciones rusas, se había convertido en un objetivo estratégico estadounidense. La adhesión de Ucrania a la Unión Europea se consideraba en este contexto una parte inte- gral de la absorción de Europa Oriental y Central en Occidente, siguiendo el modelo de la ampliación oriental de la UE en 2004, cuando se admitió a Chequia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia. Francia y Alemania, los principales países continentales miembros de la UE, aceptaron en principio la adhesión ucraniana, pero insistieron en las condiciones de admisión de la UE, bastante exigentes, que pospondrían la adhesión varios años. Entretanto, en 2007 se iniciaron las negociaciones sobre un acuerdo de asociación. Un año después, en la cumbre de la OTAN de Budapest, Alemania y Francia, encabezadas por Merkel y Sarkozy, vetaron una propuesta de Bush para la admisión instantánea de Ucrania en la OTAN. Las negociaciones sobre el acuerdo de asociación con la UE concluyeron a principios de 2012. El borrador del acuerdo preveía una amplia cooperación política, el libre comercio, una amplia armonización jurídica, ayuda financiera y técnica, y una generosa colaboración en una gran variedad de ámbitos, desde la educación hasta la tecnología y la sanidad; en suma, equivalía a algo así como una adhesión de facto sin derechos de miembro. Paralelamente, Estados Unidos, bajo la administración Obama (2009-2017) y su representante especial para Ucrania, el vicepresidente Biden, se implicó profundamente en la política interna ucraniana, entre otras cosas colocando a numerosos asesores estadounidenses en diversas instituciones políticas y económicas ucranianas, incluido el ejército.
En respuesta, Rusia empezó a presionar al gobierno ucraniano para que se resistiera a la integración en la UE, considerada un primer paso para la integración en la OTAN. En noviembre de 2013, el presi- dente Víktor Yanukóvich se negó en el último minuto a firmar el acuerdo de asociación con la UE. Esto provocó disturbios civiles que desembocaron en el levantamiento de Maidan en febrero de 2014. En respuesta, Yanukóvich abandonó su cargo y huyó del país. (Ya a finales de enero de ese año, tuvo lugar la conversación telefónica interceptada entre Victoria Nuland, encargada de Europa y Eurasia en el Departamento de Estado de EEUU, y el embajador estadounidense en Ucrania. En ella, ambos discutían sobre a quién nombrar para el próximo gobierno ucraniano. Preguntada por la posición de la UE, Nuland respondió célebremente: «F… la UE»). Poco después, Rusia ocupó y posteriormente se anexionó la península de Crimea, a lo que siguió que los separatistas prorrusos del este de Ucrania se alzaran en armas contra el Estado ucraniano, con apoyo ruso. En junio del mismo año, el oligarca Petro Poroshenko fue elegido presidente de Ucrania en unas elecciones especiales.
Los países de Europa Occidental, y desde luego la UE, no parecen haber desempeñado ningún papel significativo en esta etapa. Más tarde, en 2014, el presidente Poroshenko firmó el acuerdo de asociación Ucrania-UE, al que siguieron los esfuerzos de Francia y Alemania para lograr un alto el fuego y un acuerdo negociado entre Ucrania y Rusia. Las negociaciones se organizaron bajo los auspicios de la OSCE en el llamado formato de Normandía, en el que participaron Ucrania, Rusia y las dos provincias ucranianas separatistas de habla rusa, a las que se unieron Francia y Alemania, pero no Estados Unidos ni el Reino Unido. Las conversaciones, que tuvieron lugar en la capital de Bielorrusia, Minsk, dieron lugar a dos acuerdos, Minsk I (septiembre de 2014) y Minsk II (febrero de 2015). En ellos se preveía un alto el fuego supervisado, la retirada de tropas por ambas partes, la descentralización del Estado ucraniano, la celebración de elecciones locales en las regiones prorrusas y el pleno control de la frontera estatal por parte del gobierno ucraniano. Ambos acuerdos quedaron en gran medida sin efecto.
Las esperanzas de un acuerdo de paz podrían haber regresado con la elección del sucesor de Poroshenko, Volodymyr Zelen- sky. En abril de 2019, Zelensky había derrotado a Poroshenko al final de su mandato ordinario por un margen de 3 a 1. La plataforma electoral de Zelensky incluía planes de descentralización del poder del gobierno central a las autoridades locales, así como una resolución pacífica del conflicto en la región de Donbás, mediante la aplicación de los acuerdos de Minsk y nuevas negociaciones con Rusia. Simultáneamente, mientras los combates en el este de Ucrania continuaban de forma intermitente, Estados Unidos siguió equipando al ejército ucraniano, para garantizar la interoperabilidad (la capacidad de los equipos o grupos militares de operar conjuntamente entre sí) con la estructura de mando de la OTAN. La interoperabilidad fue declarada oficialmente por la OTAN en junio de 2020, durante el último año de mandato de Trump. Menos de dos años después, a finales de febrero de 2022, un año después de la presidencia de Biden y aproximadamente medio año después de la retirada estadounidense de Afganistán, llegó el ataque ruso a Ucrania.
El estallido de la guerra había estado precedido de intensos esfuerzos diplomáticos por parte de Rusia en busca de negociaciones con Estados Unidos sobre garantías de seguridad ante el avance de la integración política, económica y militar de Ucrania en la OTAN y la UE. En particular, Rusia exigía el fin de la expansión de la OTAN, la retirada de las fuerzas de la OTAN de los países de Europa del Este, la renuncia a los misiles de alcance intermedio estacionados en países de la OTAN que pudieran amenazar el territorio ruso y medidas de transparencia mutua. Sin embargo, tales negociaciones no llegaron a producirse, ya que Estados Unidos insistió en su política de «puertas abiertas» con respecto a la alianza de la OTAN. En los meses críticos durante el otoño y el invierno de 2021/2022, no hubo, que se sepa, ninguna consulta por parte de Estados Unidos a los gobiernos europeos o, para el caso, a la UE.
Las negociaciones continuaron durante poco tiempo después de iniciada la guerra, ahora entre Ucrania y Rusia en Estambul, moderadas por el primer ministro israelí, Naftali Bennett. Poco se sabe sobre su curso y resultado. Sin embargo, hay indicios de que se alcanzó un acuerdo de paz provisional que preveía la neutralidad ucraniana, garantías de seguridad para Ucrania y concesiones territoriales a Rusia en relación con Crimea y la región de Donbás. Aunque Rusia parece haber aceptado el proyecto de acuerdo, la parte ucraniana se retiró de las negociaciones, al parecer después de que el primer ministro británico, Boris Johnson, les asegurara durante una visita a Estambul que, con el apoyo de Occidente, Ucrania ganaría la guerra antes de finales de año. De nuevo, lo que importa aquí es que la UE y sus miembros parecen haberse quedado al margen.
La UE en la guerra I: Un auxiliar de la OTAN
Con el inicio de la guerra, la Comisión Europea bajo el mando de Ursula von der Leyen actuó como un brazo europeo ampliado de la OTAN y de Estados Unidos, poniendo sus recursos a su servicio mientras trabajaba para unir a sus Estados miembros detrás del esfuerzo bélico occidental. Al carecer de competencias en materia militar y de defensa en virtud de los Tratados europeos, la Comisión trató de identificar las lagunas en las capacidades de los Estados miembros de la UE y de la OTAN que pudiera ofrecerse a cubrir, con la esperanza de mejorar así, o restaurar, sus capacidades de gobierno como institución inter-nacional. Uno de sus primeros pasos fue elaborar, en estrecha colaboración con Estados Unidos, una amplia gama de sanciones europeas contra Rusia y los países que la apoyan, con el objetivo de debilitar decisivamente el poder económico ruso y, en consecuencia, el militar. En efecto, esto trasladó a la UE a la posición de un subdepartamento de política económica de la OTAN, asistiéndola en su área especial de especialización. Las sanciones incluían la congelación de activos y la prohibición de viajar, restricciones bancarias y de la banca central como la exclusión del sistema SWIFT, controles a la exportación y prohibiciones a la importación, y embargos sobre la energía rusa.
Tanto la UE como Estados Unidos esperaban que sus sanciones hicieran pronto imposible que Rusia continuara su campaña. De hecho, parece que fue con esta perspectiva con la que Estados Unidos y el Reino Unido consiguieron convencer al gobierno ucraniano durante las conversaciones de Estambul de que podía apostar por algo más que un compromiso territorial, de hecho por una victoria a gran escala sobre Rusia en cuestión de pocos meses. Poco después del estallido de la guerra, von der Leyen había declarado públicamente que el objetivo de las sanciones era «degradar sistemáticamente la base industrial y económica de Rusia». Dos años más tarde, insistió en que, «capa a capa, [las] sanciones están descascarillando la sociedad industrial rusa». Para entonces, la economía rusa estaba creciendo, incluidas las exportaciones rusas de petróleo, mientras que gran parte de Europa Occidental había entrado en recesión.
Otra forma en la que la UE apoyaba y sigue apoyando el esfuerzo bélico occidental es ayudando a mantener la moral del pueblo ucraniano. Para ello, von der Leyen siguió declarando incansablemente la firme determinación de la UE y de sus Estados miembros de no cejar en su empeño hasta conseguir una victoria militar total de Ucrania sobre Rusia, costara lo que costara, utilizando una retórica a menudo más militante que la de Estados Unidos. En la misma línea, von der Leyen siguió manteniendo la perspectiva de la plena adhesión de Ucrania a la UE, en línea con el acuerdo de asociación de 2014. Todo ello sin tener en cuenta que varios países de los Balcanes Occidentales que se habían esforzado por cumplir las condiciones de admisión llevaban ya años en lista de espera, debido a los problemas sin resolver que planteaba una mayor ampliación hacia el Este para el presupuesto y la gobernanza de la UE, como el voto por mayoría en el Consejo. Las promesas de una adhesión acelerada venían acompañadas de compromisos a largo plazo de ayuda económica para la recuperación de Ucrania después de la guerra y, de hecho, ya durante ella. En su discurso sobre el estado de la Unión del 14 de septiembre de 2022, von der Leyen anunció que la reconstrucción de Ucrania comenzaría inmediatamente, señalando que requeriría «un amplio Plan Marshall» para el que la UE «presentaría una nueva plataforma de reconstrucción de Ucrania». Casi dos años después, repitió su promesa afirmando que «reconstruiremos Ucrania por completo una vez ganada la guerra». La Unión Europea apoya firmemente a Ucrania, financiera, económica, militar y, sobre todo, moralmente, hasta que [Ucrania] sea finalmente libre«.
Más de dos años después del comienzo de la guerra, no se ha hablado de los problemas que la admisión como miembro de la UE de un país como Ucrania, con sus necesidades de apoyo financiero a largo plazo, primero militar y luego económico, causaría a la política y las finanzas internas de la UE. Un anticipo de lo que se avecina, incluso antes de la adhesión formal, lo proporcionaron las protestas militantes de los agricultores polacos contra la autorización del transporte de productos agrícolas ucranianos a través de Polonia para su venta a países de fuera de la UE. Fue necesario un esfuerzo considerable por parte de la Comisión para negociar algún tipo de compromiso, probablemente ayudado por algún tipo de pago secundario económico o político a Polonia.
Desde el principio de la guerra, la Comisión Europea consideró que su misión era mantener a los Estados miembros de la UE en línea con la política y la estrategia de la OTAN. Aquí Alemania era el caso crítico, al ser la mayor potencia convencional de Europa Occidental y estar cerca del campo de batalla ucraniano, con un legado persistente de pacifismo de posguerra. Para von der Leyen, la tarea autodesignada consistía en empujar a Alemania más allá de las sucesivas «líneas rojas» definidas por el gobierno de Scholz para la participación alemana en la guerra, ayudada por Estados Unidos y los demás miembros de la UE felices de enviar a «los germanos al frente». La política a la que se enfrentaba a este respecto era tan complicada como apasionante. Aunque von der Leyen es el miembro alemán en la Comisión Europea -cada país tiene uno y sólo uno-, como presidenta no puede esperar, a diferencia de los demás miembros, que su país de origen represente sus intereses nacionales en la Comisión. Además, von der Leyen no fue nombrada miembro de la Comisión por el actual Gobierno alemán, sino por sus predecesores bajo el mandato de Angela Merkel. Aunque en circunstancias normales Scholz la habría sustituido por un confidente político de su coalición, von der Leyen, al haber sido nombrada para sorpresa de todos presidenta de la Comisión por, efectivamente, Emmanuel Macron, parece insustituible como comisaria mientras el Consejo esté dispuesto a volver a nombrarla presidenta (y el Parlamento de la UE esté dispuesto a confirmarla). Al encargarse ella misma y la Comisión de conseguir que Alemania cumpla las órdenes de los demás miembros, las posibilidades de von der Leyen de volver a ser nombrada han aumentado obviamente, como demuestra el hecho de que el Consejo Europeo la nombrara poco después de las elecciones de la UE de 20024. Además, complicarle la vida a Scholz con respecto a Ucrania debió de parecerle bien a von der Leyen que, después de todo, es miembro del mayor partido de la oposición alemana, la CDU, cuya dirección parece, siguiendo la tradición de Merkel, dispuesta a formar una coalición en 2025 con los Verdes, ahora antipacifistas.2 En su esfuerzo por la construcción del Estado europeo supranacional, la Comisión Europea bajo el mandato de von der Leyen despliega la presión estadounidense para obtener el apoyo europeo en Ucrania como palanca para arrebatar a sus Estados miembros poderes y competencias adicionales, una estrategia apoyada por amplios sectores del Parlamento Europeo. Esto afecta tanto a la seguridad internacional como a la política fiscal. A medida que los inmensos costes del apoyo a Ucrania se hacen discernibles, la UE, la Comisión y el Parlamento esperan persuadir a Alemania en particular para que permita a la Unión endeudarse de forma regular, basándose en el precedente del Fondo de Recuperación COVID de 750.000 millones, como forma de sortear los frenos de la deuda nacional de cualquier tipo. Para documentar su determinación, la Comisión ha desviado 3.600 millones de euros de la dotación de 12.000 millones de euros para siete años de su Fondo Europeo para la Paz (un mecanismo de financiación extrapresupuestaria establecido para que la UE ayude a prevenir conflictos, preservar la paz y reforzar la seguridad y la estabilidad internacionales) al apoyo militar a Ucrania, tanto letal como no letal. Para la Comisión Europea y el entre- preneurship político de su Presidente, la guerra de Ucrania ofreció una oportunidad única de desarrollo institucional, o si se quiere de autoengrandecimiento, al hacer valer la UE las exigencias estadounidenses de solidaridad transatlántica ante sus Estados miembros, especialmente ante uno a veces más reacio como Alemania. En el proceso, se asumieron compromisos de gran alcance y extremadamente costosos en nombre de la Unión, es decir, en última instancia, de sus Estados miembros más grandes y ricos. Cumplirlos exigiría un cambio estructural fundamental que convertiría a la UE en una organización totalmente diferente. Debe parecer dudoso que ese cambio llegue a ser posible; si fracasa, la UE se irá quedando poco a poco en el camino como organización internacional funcional, continuando su lenta decadencia de los años posteriores a la crisis financiera. Hasta ahora, ayudados por la guerra, los funcionarios de la UE y sus partidarios a nivel nacional han salido adelante, cerrando filas tras una coordinada muestra de optimismo mientras marchaban juntos hacia un futuro desconocido, tanteando el terreno paso a paso, y llevándose consigo el sistema estatal europeo.
La UE en la II Guerra: la «europeización»
Como era de esperar, tras dos años de guerra, sin final a la vista, el interés estadounidense por Ucrania empezó a decaer, y se inició la búsqueda de nuevas formas de evitar una derrota del Estado ucraniano a manos de Rusia. Cuando el ejército ruso estaba a punto de atravesar las líneas de defensa ucranianas, Biden consiguió que el Congreso aprobara otro paquete de ayuda, probablemente el último, por valor de 61.000 millones de dólares, buena parte de los cuales se concederían en forma de préstamo y no de subvención. Al no existir la posibilidad de que Ucrania devolviera ningún préstamo ni siquiera en un futuro lejano, se entendió que en última instancia serían «los europeos» quienes tendrían que pagar por la seguridad nacional de Ucrania, definida con su acuerdo por Estados Unidos y la UE como su propia seguridad nacional. El acontecimiento dejó claro que los futuros paquetes de ayuda tendrían que proceder directamente de Europa, en cualquiera de sus formas, incluido el cumplimiento de la promesa de von der Leyen de que, una vez ganada la guerra, Ucrania sería completamente reconstruida a expensas europeas, como parte de la prometida adhesión del país a la UE. Estados Unidos, en cualquier caso, estaba fuera de juego en lo que respecta a la financiación continuada de la guerra, no sólo bajo Trump si volvía a la presidencia, sino también bajo una segunda administración de Biden, ya que ambas se dedicarían sobre todo a la victoria de Israel sobre los palestinos y, a un plazo algo más largo, a una victoria estadounidense sobre China.
¿Cómo será la inminente europeización de la guerra ucraniana? Es evidente que Ucrania no puede ganar la guerra en nombre de «Occidente». Tampoco es probable que la gane Rusia marchando hacia Kiev y obligando al gobierno ucraniano a firmar una capitulación en los términos rusos. El futuro más probable es una larga guerra de posición, o de atri- bución, a lo largo de aproximadamente las líneas del frente actuales. Esto requeriría un apoyo militar y económico continuado a Ucrania por parte de Europa Occidental, que sustituiría a Estados Unidos, trasladando de este último a aquel la responsabilidad de mantener a Ucrania luchando.
En muchos aspectos, éste sería un resultado aceptable tanto para Rusia como para Estados Unidos. Si nada se interpusiera en el camino, permitiría a Rusia, si no derrotar y conquistar Ucrania, sí destruir con el tiempo su viabilidad como Estado-nación funcional. Estratégicamente, desangrar a Ucrania hasta la muerte -una muerte por mil cortes, arrastrada a lo largo de una década o más- podría parecer preferible a otra ronda de conversaciones tipo Minsk con Alemania y Francia, tras haber oído de Mer- kel y Hollande que las dos primeras rondas eran sólo para ganar tiempo para que Ucrania se armara adecuadamente. Para Putin, afinar su retórica bélica imperial-nacionalista para unas negociaciones que podrían ser sólo otra trampa podría parecer arriesgado, dado que siempre existiría la posibilidad de un veto angloamericano en el último minuto, como en Estambul.
Para Estados Unidos, una guerra de desgaste de larga duración en el centro de Europa, a lo largo de la frontera occidental de Rusia, ataría convenientemente a los europeos. Al tiempo que les haría gastar mucho en armas -esperemos que estadounidenses-, seguirían dependiendo en caso de emergencia del apoyo estadounidense a discreción de Estados Unidos. Y lo que es más importante, una guerra continua, incluso a baja escala, se interpondría de hecho en el camino de un acercamiento entre Rusia y Alemania, uno que podría incluir la reanudación del suministro de energía rusa a través del Mar Báltico, tras una reparación de los oleoductos de la corriente del Norte.
La perdedora, claramente, de una guerra de desgaste prolongada sería Ucrania, al igual que en las batallas por el Donbás después de 2014. Parece cuestionable por cuánto tiempo la sociedad ucraniana estaría dispuesta a apoyar a un gobierno que busca nada menos que una victoria sobre Rusia, para lo cual está enviando al frente a una generación de hombres tras otra para reemplazar a los muertos y a los heridos. Ya ahora (mayo de 2024) hay 256.000 hombres ucranianos en edad militar -entre 18 y sesenta años- como refugiados en Alemania. Aunque la ley ucraniana les prohíbe abandonar su país, representan aproximadamente una quinta parte de los 1,18 millones de refugiados ucranianos en Alemania, una cifra significativamente mayor que en los primeros meses de la guerra. Setecientos mil refugiados ucranianos reciben el Bürgergeld (subsidio ciudadano), un tipo de ayuda social especialmente generosa. En parte como consecuencia de ello, el empleo remunerado entre los refugiados ucranianos en Alemania es notoriamente bajo en comparación con otros refugiados y países. Aún así, cuanto más tiempo permanezcan en Alemania, más probabilidades tendrán de ser absorbidos por el mercado laboral alemán, que está totalmente vacío, lo que hará improbable que regresen a su país de origen. Además, ya antes de la guerra, Ucrania era uno de los países más pobres de Europa, así como uno de los más corruptos del planeta. Su riqueza, distribuida de forma extremadamente desigual, estaba en manos de una pequeña casta de oligarcas, algunos de ellos más rusos que ucranianos, que solían repartirse el Estado y gobernar el país entre ellos. También ellos pueden marcharse a medida que la guerra se prolonga, siguiendo su dinero hasta donde probablemente ya esté – Londres, Nueva York, Berlín – para escapar a ser confiscado.
La europeización de la guerra no es lo mismo que la EUización, en el sentido de que la guerra sea dirigida por el Presidente de la Comisión Europea al mando de un ejército europeo y, finalmente, mantenga conversaciones de paz con el Presidente de Rusia. Tal y como la concibe Estados Unidos, la europeización equivaldrá de facto a la germanización, con Alemania liderando, de manera más o menos informal, una alianza de Europa Occidental en apoyo de Ucrania. Hasta qué punto se implicará la Unión Europea como tal será una cuestión de conveniencia, así como de entendimientos entre Alemania y otros miembros de la UE. Es muy probable que estos últimos estén encantados de dejar que Alemania tome la iniciativa, como la mayor potencia militar convencional de Europa Occidental y, tras intensas presiones no menos importantes por parte de la UE, el mayor apoyo financiero y militar de Ucrania después de Estados Unidos. No se necesitaría una decisión formal para ello, y de todos modos no sería posible ya que requeriría una revisión de los Tratados que permitiera a la UE asumir un papel militar.
Con la guerra ucraniana en curso, países como Francia y Polonia pedirán «valentía» europea, es decir, tropas terrestres europeas sin importar el riesgo de una confrontación nuclear. Esto, sin embargo, tendrá que ser cortejo alemán y tropas alemanas – a menos que pueda haber tropas «europeas», es decir, batallones de voluntarios de toda Europa, pagados a través de la UE para luchar bajo el alto mando ucraniano. Aparte de esto, la UE administrará la parte de política social de la guerra: alimentar a los nuevos Estados miembros; reeducar a sus sociedades; financiar una parte de las armas suministradas a Ucrania; pagar la reconstrucción de las ciudades ucranianas en las zonas más seguras del país; asumir la deuda colectiva, o semicolectiva, eludiendo los Tratados; ayudar de algún modo al gobierno ucraniano a hacer regresar a los evasores del servicio militar obligatorio; y servir a su país en el campo de batalla; todo ello bajo la dirección más o menos entusiasta de Alemania, teledirigida por Estados Unidos con la ayuda de su segundo al mando transatlántico, el Reino Unido.
Especulando sobre la viabilidad de este acuerdo, la cuestión parece reducirse a cuánto tiempo Alemania estará dispuesta, o podrá estarlo, a recibir órdenes de Estados Unidos. Sostener una guerra de desgaste es caro; sin el dinero estadounidense y con Francia y otros limitándose a pedir desde la barrera más valor, también puede durar poco. Alemania sigue siendo una democracia, con votantes que pueden acabar rebelándose. En los próximos años, el Estado alemán tendrá que pagar unos gastos de defensa mucho mayores, incluida una brigada de la Bundeswehr de 5.000 soldados que se estacionará permanentemente, con familias, en Lituania, con unos costes de instalación estimados en 11.000 millones de euros y un gasto anual de 1.000 millones. Pero también tendrá que pagar las reparaciones urgentes de la infraestructura física (los ferrocarriles, los puentes, la Autobahn), el sistema educativo, en particular la enseñanza primaria y secundaria, y la Energiewende. En parte, esto puede facilitarse utilizando a la UE para endeudarse de forma invisible; sin embargo, esto no funcionará para siempre y, al final, una gran parte de la deuda de la UE acabará en Alemania de todos modos. Como resultado, podría haber un fuerte incentivo para que Alemania, en su nuevo papel de liderazgo europeo, intente hacer algún tipo de paz con Rusia, pasando por alto a Ucrania y, lo que es más importante, negándose a atender los deseos de la OTAN, Estados Unidos, Polonia y los países bálticos. Que esto se materialice dependerá, entre otras muchas cosas, de si Francia se presta a ello, como hizo cuando Schröder y Chirac se negaron a sumarse a la invasión de Irak en 2003, cuando Merkel y Sarkozy bloquearon la adhesión de Ucrania a la OTAN en 2008 y cuando Merkel y Hollande intentaron, mediante la negociación de los acuerdos de Minsk (que, como se ha indicado, hoy niegan), evitar que Estados Unidos se hiciera cargo del problema ucraniano.
Europa y la UE en el Nuevo Orden Mundial 2.0
Parece haber tres escenarios para el futuro de la UE, vinculados al futuro de la guerra ucraniana, vinculados a su vez a versiones alternativas del emergente Nuevo Orden Mundial 2.0, sucesor de las tres décadas del Nuevo Orden Mundial 1.0 neoliberal unipolar declarado por Estados Unidos en la década de 1990 tras el fin de la Unión Soviética.
El primer escenario se inscribe en un nuevo mundo bipolar, dividido esta vez entre Estados Unidos, por un lado, y China, que ocupa el lugar de la Unión Soviética, por otro. En muchos sentidos, parece que ésta sería la salida preferida para Estados Unidos: implicaría la posibilidad, remota o no, de otra transformación global, de vuelta de la bipolaridad a la unipolaridad, resultante de que Estados Unidos derrotara a China en una guerra asiática. Esa guerra podría ser iniciada, en línea con la teoría de Tucídides sobre la derrota de Atenas por Esparta en la Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.), por Estados Unidos mientras China siguiera siendo lo suficientemente débil como para ser derrotada militarmente. Con esta ambición, Estados Unidos querría mantener la guerra ucraniana, quizá a fuego lento, o «congelada» y lista para ser recalentada si fuera necesario. Un nuevo bipolarismo consolidaría el estatus subordinado de la UE respecto a la OTAN, impidiendo que la UE adquiriera algo parecido a una autonomía estratégica, o incluso soberanía. Las tropas europeas de la OTAN podrían incluso ser llamadas a unirse a Estados Unidos en el Mar de China Meridional, siempre que los europeos consigan evitar que la guerra ucraniana termine con una derrota total de Ucrania. La UE, en particular, integraría económicamente a los países de Europa del Este en la OTAN, ayudando a construir un estrecho bloque de aliados a lo largo de la frontera occidental de Rusia. También organizaría el «friend-shoring» necesario para la autarquía económica frente al otro polo del mundo bipolar, China, y de hecho para una guerra económica con ella. Esto, y esfuerzos similares, tendrían que ser dirigidos por Alemania, supervisados por Estados Unidos con la ayuda, quizá, del Reino Unido. En la medida en que hubiera algo parecido a una «integración europea», sería con el propósito de una guerra, fría como antes o caliente como nunca, destinada a transformar de nuevo la bipolaridad Este-Oeste en una unipolaridad gobernada por Estados Unidos.
El segundo escenario de un orden mundial recompuesto tras las guerras de Ucrania y Oriente Próximo prevé un mundo tripolar en lugar de bipolar: los dos centros de poder autónomos de la bipolaridad -por el momento- favorecida por Estados Unidos complementados por un tercero, una Europa Unida. Un Nuevo Orden Mundial tripolar es la preferencia francesa dominante, con una Europa integrada en el viejo sentido francés: una «Europa de las patrias» para Francia y una «unión cada vez más estrecha» con Francia para los demás. Una Europa dirigida por Francia estaría integrada, lo que significa centralizada, no sólo con respecto a su seguridad nacional, o en este caso: supranacional, sino también cultural y económicamente, repitiendo de algún modo la trayectoria de «campesinos a franceses» de la nación francesa en el siglo XIX: acabar con una y sólo una soberanía, idealmente equidistante de los otros dos polos del mundo. Para que Europa se convirtiera en una tercera parte propia en un mundo tripolar, tendría que poner fin de algún modo a la guerra de Ucrania, ya fuera ganándola de forma decisiva, si fuera necesario enviando tropas terrestres, o acordando con Rusia algún régimen pan-euroasiático de coexistencia pacífica. Ambas cosas serían bastante difíciles, la última también porque tendría que superar la firme oposición y la obstrucción activa de Estados Unidos. Concretamente, Francia tendría que arrancar a Alemania de sus compromisos transatlánticos y conseguir que se comprometiera en su lugar con una especie de europeísmo dirigido por Francia. Es poco probable que esto pueda lograrse, dada la profunda incrustación de Alemania en la economía global y el ejército estadounidenses, con casi 40.000 soldados estadounidenses estacionados en suelo alemán, tantos como en Okinawa, y al menos un importante centro de com- mandatos militares desde el que se controlan las operaciones militares estadounidenses en Oriente Próximo, factores que se interponen en el camino de cualquier proyecto europeo de tercer polo, incluido uno liderado por Alemania y no por Francia. Un proyecto europeo francés, con una «autonomía estratégica» centralizada ubicada en Bruselas entendida como un suburbio de París, también contaría con la oposición de la mayoría de los países de Europa del Este, que parecen preferir que Alemania se ocupe de su seguridad nacional bajo supervisión estadounidense («¿mourir pour Dantzig?»). Forjar la unidad supranacional en un continente, o medio continente, como Europa Occidental requiere recursos, militares, económicos y culturales, que no están al alcance de una potencia media como Francia, ni pueden reunirse uniendo las capacidades de Francia y Alemania bajo un mando conjunto. Por tanto, cabe suponer que una Europa del tercer polo seguirá siendo una fantasía política francesa.
Existe, al menos teóricamente, un tercer escenario, improbable a primera vista que se haga realidad, pero aparentemente la única alternativa realista a la continua subordinación de Europa Occidental, organizada en y por la UE, a Estados Unidos y la OTAN. El Nuevo Orden Mundial que esto presupone es uno de multi y no de bipolaridad, con múltiples centros de poder -Estados Unidos, por supuesto, China y Rusia (unidos a raíz de la guerra de Ucrania), Brasil, India, los países del Golfo, lo que permite una «geometría variable» de las relaciones con y entre Estados soberanos más o menos independientes. Obviamente, tal orden tendría que establecerse contra la resistencia de Estados Unidos. Implicaría el fin del dol- lar como moneda mundial, así como el fin de una estrategia de «seguridad nacional» estadounidense dependiente de 750 bases militares en todo el mundo. Esto podría requerir más derrotas ameri- canas costosas en guerras extranjeras, o más presiones internas crecientes en los propios Estados Unidos para las reparaciones urgentemente necesarias de su tejido social, o ambas cosas – en cualquier caso un nuevo tipo de proteccionismo-aislacionismo con el propósito de rescatar a la sociedad americana de su decadencia en curso.
En cuanto a Europa, un giro hacia un futuro multipolar requiere la comprensión de que un superestado europeo, por muy sentimentalmente atractivo que sea mientras no se sepa nada de sus propiedades, seguirá siendo para siempre no más que un castillo en el aire. Una vez comprendido esto, los europeos tendrán que pensar en otras formas de conseguir que sus intereses estén representados en el mundo, a menos que estén dispuestos a contentarse con dejar su representación en manos de Estados Unidos. Dada la arraigada diversidad nacional de Europa, si la única alternativa a una Europa que no es más que una prolongación transatlántica de Estados Unidos es un Estado europeo supranacional unitario, centralizado y gobernado jerárquicamente – un Estado francés, es decir, en la práctica no existe tal alternativa. A largo plazo, sin embargo, esto requeriría que las fuertes identificaciones nacionales características de Europa Occidental -si no de sus élites políticas neoliberales, sí de sus ciudadanos- tendrán que ser sometidas de forma efectiva para que pueda surgir un orden impe- rial estable, que en virtud de las diferencias de tamaño y poder sólo podría ser un orden imperial alemán. Que esto pueda suceder puede ponerse en duda, y las perspectivas de una hegemonía regional Carl Schmittiana, que proporcione estabilidad interna y proyección de poder exterior, parecen menos que auspiciosas. La conclusión parece ser que si «Europa», de un modo u otro, quiere tener voz en un mundo multipolar emergente -si esto es lo que se avecina- debe aprender a organizarse, no como un imperio o un superestado, sino como una asociación cooperativa de Estados-nación independientes -un campo para las «coaliciones de voluntarios»- que actúen por sus intereses a veces por su cuenta y a veces en alianza con otros: una Europa reflejo de un orden mundial multipolar, incrustándose en un alineamiento mundial de países no alineados, al que se opondrá Estados Unidos hasta que esté preparado para unirse a él.
¿Cómo se resolverán los tres Nuevos Órdenes Mundiales 2.0 alternativos y sus futuros europeos asociados? Desgraciadamente, desde una perspectiva europea, esto lo decidirá casi por completo Estados Unidos. A sus élites políticas y militares y a su política interior les corresponde elegir entre una larga y sangrienta lucha en un mundo bipolar por el retorno a la unipolaridad, por un lado, y, por otro, un nuevo papel para Estados Unidos como un ciudadano global entre otros. En cuanto a Europa, Alemania en particular tendrá que elegir entre la Nibelungentreue transatlántica y la pertenencia como potencia europea mediana a un mundo que se esfuerza por convertirse en blockfrei – un mundo de no alineación. Aquí el problema, o mejor: uno de los muchos problemas, es que la Alemania actual, a diferencia de Francia, carece de una tradición de pensamiento estratégico sobre sus intereses nacionales. Esto puede dar lugar a que la política alemana intente amañar la cuestión, salir del paso tratando de servir a dos amos al mismo tiempo, Estados Unidos y Francia: haciendo gala de lealtad transatlántica para satisfacer al primero y de entusiasmo paneuropeo para apaciguar al segundo, mientras busca las oportunidades multipolares que surjan, especialmente para sus industrias de exportación. Sea cual sea el resultado, es poco probable que desemboque en un orden europeo estable.
13. Crisis total en Francia.
Frédéric Lordon considera en su último artículo que la putrefacción occidental en su variante francesa se demuestra en tres campos: «la política», los medios de comunicación y los sindicatos. https://blog.mondediplo.net/
Crisis total por Frédéric Lordon, 29 de julio de 2024
Desde los cirujanos ortopédicos del Hospital Georges Pompidou que, por falta de medios, tuvieron que improvisar fémures con clavos de tibia, hasta la elección de Braun-Pivet por personas que a su vez se habían convertido en ministros y diputados (sin la ayuda de Schrödinger): el mismo arco de una crisis. Una crisis total.
Es difícil imaginar con qué rapidez puede destruirse una sociedad una vez que está en manos de una camarilla de pervertidos e idiotas. Lógicamente, el proceso de destrucción que primero se hizo visible en la esfera material, con la explosión de la pobreza y la demolición metódica de los servicios públicos, acaba por alcanzar las altas esferas, la de las instituciones políticas, cuando el cuerpo social, expresando electoralmente su rechazo, produce un acuerdo parlamentario-gubernamental que envía a todo el régimen al error-sistema.
Epifenómeno de una crisis ante todo material, la crisis política cristaliza todas sus contradicciones en el lugar donde normalmente tienen cabida, y donde evidentemente ya no pueden tenerlo. La crisis se hace total en el momento preciso en que ninguna de las instituciones, ninguna de las mediaciones, es capaz de asumir las tensiones económicas y sociales que ahora han superado su capacidad para alojarlas: ni la mediación propiamente política, ni la mediación mediática, ni la mediación sindical están a la altura de la tarea de «regular » el curso de la vida colectiva. La fenomenal formación de energía política enfurecida se ve ahora privada de toda solución de recuperación institucional. Como la naturaleza aborrece el vacío, esta energía no se evaporará: inevitablemente encontrará un medio alternativo de expresión – pero, de nuevo lógicamente, fuera de las instituciones. Dicho de otro modo: demasiadas fuerzas conspiran ahora para que las cosas exploten, aunque nadie pueda decir todavía dónde ni cuándo, ni de qué forma ni cómo.
La «democracia» de la confiscación
La esfera político-institucional, donde se registran las tensiones y contradicciones del conjunto de la sociedad, es la que está en quiebra más espectacular. Sabemos que esta mediación ya no medita nada, ni registra nada, ni reprocesa nada, desde la secuencia 2005-2008 del «no-ECT » convertido en el «sí-Tratado de Lisboa » . Pero las tensiones no han dejado de aumentar desde entonces. Incluso se han elevado a niveles sin precedentes bajo el gobierno de los matones que violan a la sociedad con el mismo candor e indiferencia que arrancan dos briznas de hierba, y hemos experimentado el gobierno de las sonrisas estúpidas.
También trata de la psicosis y la perversión en sus formas más agresivas, y de algo más que «hacer trampas en el Monopoly » o » niños temperamentales» . Porque en la cúspide de las instituciones autocráticas de la V República, y autorizado por ellas, hay un tipo especial. Que, llevado por las necesidades de su complexión psíquica, ya no responde ante nadie. Ya no conoce ninguna norma social, ya no se somete a ningún «espíritu » (el de las leyes, o el de las instituciones), ya no acata ninguna decencia… y así, sin pestañear, planea dejar en funciones al gobierno dos veces derrotado por tiempo indefinido, hacer votar a sus ministros-parlamentarios en la Asamblea y multiplicar los escándalos democráticos hasta el golpe de Estado.
De todas las destrucciones de las que Macron y el macronismo son culpables, las de las construcciones invisibles que sustituyen a las instituciones formales, y que de hecho condicionan su buen funcionamiento, están quizá entre las peores: la destrucción de los principios que, si no están escritos, deberían regir los comportamientos; la destrucción de toda moral política, sin la cual no puede haber legitimidad de la institución política. No es casual que se mencionara el escándalo del TCE de 2005: el escándalo del robo de las elecciones legislativas de 2024 -pues no hay otra forma de decirlo- lo confirma, aunque a un nivel que nos hace preguntarnos si una sola papeleta podrá sobrevivir a él. ¿No ven el «espíritu de la ley»? No ocurrirá exactamente lo mismo con los efectos de su ruina.
Medios fascistas
Y mientras todo esto ocurre, los medios de comunicación lo avalan todo: todas las demoliciones, todos los cambios de rumbo, todas las regresiones democráticas: Desde los procedimientos más lamentables -los «inevitables códigos QR » para las Olimpiadas- hasta las tropelías más formidables -al negarse a nombrar primer ministro a quien el FNP ganó el título por su resultado electoral-, Macron no está dando un golpe de Estado: está «dando largas». El » diario de referencia » ha llegado a ese punto. Puede imaginarse el resto.
El resto es la cloaca audiovisual. Cómo se le puede seguir aplicando la categoría de «periodismo » es un misterio. ¿Quién puede sostener decentemente que Ruth- » Je suis à votre disposition » -Elkrief es periodista? ¿Que Nathalie-«JLM1PB » -Saint Criq es periodista? Todos son directores de medios de propaganda. Mélenchon declara que «Tub iana es el mejor situado para entender que estamos en contra de su candidatura «, la cabecera de BFM titula: «Mélenchon : Tubiana ‘el mejor situado ‘». LCI muestra gráficos de tarta con el reparto de escaños, en los que el CCN, primero, se lleva una tajada menor que RN, tercero. Un multimillonario católico pone en marcha una máquina de guerra abiertamente dedicada a promover ideas de extrema derecha, France Info titula que quiere «hacer ganar a la derecha» . Pone una foto de Ruffin cuando Mathilde Panot presenta un proyecto de ley para derogar la edad de jubilación de 64 años. Nos sorprende la extraordinaria bajeza de estos procedimientos, que muestran a qué se ha reducido una hegemonía para mantenerse cuando se ha vuelto odiosa para todos. Hay algo más franco, y de hecho más recto, en la televisión norcoreana. En el mundo libre no reina más que la manipulación desvergonzada, la difamación abierta, las mentiras de una crudeza ilimitada… y literalmente, si llegamos a Gaza, el delirio.
Probablemente hace mucho tiempo que «los medios de comunicación», normalmente encargados de esa mediación llamada » debate público», y por tanto de representar en él las diversas corrientes de opinión, ya no median más que los intereses de la burguesía dominante. Pero la profundización de la crisis orgánica ha llevado el devenir-oficioso de los medios de comunicación a un punto que difícilmente hubiera previsto una distopía razonablemente imaginativa. Se ha establecido, por tanto, que ninguna vida mínimamente democrática puede pasar por ellos.
La imagen global de esta degradación otorga un lugar de honor al «regulador » : Arcom. No regula nada, pero lo fomenta todo. Se ha convertido en la institución de la vergüenza por excelencia, y en colaboradora del proceso de fascistización. Manteniendo la concesión de CNews y el delicioso grado de desprecio mostrado tanto por sus obligaciones de «pluralismo » como por los comités solicitados para escuchar a sus directores; rechazando la única solicitud de un medio de comunicación de izquierdas (Le Média); preferir añadir, en la cadena Kretinsky-Printemps républicain, una cadena más abiertamente islamófoba -un punto de vista, es cierto, injustamente infrarrepresentado en el panorama mediático actual-, todo ello constituye una especie de hazaña que habrá que analizar seria y metódicamente: Habrá que analizar seria y metódicamente a cada uno de los miembros del consejo de administración de Arcom, empezando por su presidente, sus intereses y redes sociales, las trayectorias y lealtades anteriores que han conducido a tales desplomes individuales, las relaciones de poder y el vicioso funcionamiento colectivo de la propia institución, etc. El fracaso institucional general puede verse en el fracaso de aquellas instituciones que se colocan en una posición de » apelación», o de último recurso. En Arcom, no ofrecemos ni apelación ni recurso a nada, y no hacemos nada para detener el deslizamiento hacia el desastre: ¡al contrario! ¡Petróleo, mucho petróleo, en el tobogán de los medios de comunicación racistas y fascistas! Una vocación – y una responsabilidad.
El colapso de las instituciones de rango superior, las mismas que se supone deben ponerse al día con las desviaciones de las instituciones ordinarias, es el punto final de la catástrofe institucional – en el ámbito de las instituciones políticas como en el de las instituciones mediáticas: al igual que Arcom sólo trabaja para renovar lo peor, el Consejo Constitucional así como el Consejo de Estado se declaran incompetentes para juzgar a los ministros-parlamentarios. Pero entonces, sin recurso en ninguna parte, ¿quién queda para salvar a los ciudadanos de la consternación… y de la rabia?
Sindicalismo de dirección
Normalmente, la tercera y última forma de mediación es la sindical, una institución de tipo especial, que ciertamente también forma parte del sistema institucional general, pero que procede por su propia vía singular: la manifestación, la huelga. Sobre el papel, se trata de vías extrainstitucionales, pero se han codificado tan estrechamente y están tan desprovistas de toda combatividad real que la palabra «extra » ya no tiene sustancia. Por su propia naturaleza, el sindicalismo era una institución «liminal» , una institución al margen, al borde del sistema institucional «estándar «. Se ha convertido en una institución intermedia. Se dice que Sophie Binet y la CGT están logrando avances sin precedentes en el terreno político – Le Monde lo considera «un giro importante«, y está un poco asustado por ello. Es cierto: Binet ha dicho algo más que » Ni un voto para la RN «, ha dicho: «Votad por el CCN » . Estamos petrificados.
Digamos que el aprendizaje de Sophie Binet de la » política » es gradual, muy gradual. Por el momento, la » política » sólo se entiende en términos institucionales-electorales; ésa es realmente la primera lección. La siguiente lección es que existe otro significado de la palabra » política» y que es hacia este significado hacia el que debe progresar el aprendizaje, bastante rápido si es posible dadas las condiciones actuales. Pero todavía está muy lejos. Así que la dirección confederal se va de vacaciones. Un golpe de Estado está en marcha, pero «JO» significa «vacaciones» . La CGT Cheminots y la UD CGT-Paris salvan su honor. En cuanto a la dirección confederal, emitió comunicados, pidió a Macron que, declaró que tenía que – bajo qué amenaza seria, qué equilibrio real de poder, sin duda lo sabremos después de los Juegos Olímpicos, después de las vacaciones.
Ahora, cuando la democracia ha sido pisoteada hasta tal punto, cuando todas las demás instituciones han quebrado y ya no existe ninguna fuerza reguladora en el sistema general aparte de un movimiento de masas, cuando dicho movimiento tiene a la institución sindical como iniciadora y coordinadora, y cuando la institución sindical también ha fracasado hasta tal punto, se ha llegado al fondo de la cuestión: una incomprensión radical de una situación y una responsabilidad históricas, y una incapacidad para afrontarlas empantanándose en las prácticas de la maquinaria institucional. La historia abre ventanas: el sindicalismo institucional mira pasar los trenes. 2023, 49,3, 90% (de empleados opuestos a la reforma de las pensiones): una ventana, nada. Stefano Palombarini 2024, claramente dirigido a la CGT: esta vez, si no os ponéis las pilas, tendréis la agenda de Wauquiez. Y os lo tendréis merecido.
La propia naturaleza de las osificaciones institucionales es hacer que la gente pierda todo sentido de sus intereses vitales. Puede que haya habido un «despertar» en las urnas, pero está claro que no en la dirección del sindicato -aunque éste sería un buen momento para pensar en hacer algo diferente. Algo distinto a la única jornada de acción de septiembre que ahora toma cuerpo -bajamos, no cuela, nos vamos a casa, estuvo bien-. Perderse las ventanas abiertas por la historia es no tener percepción de las colosales oleadas de energía política que allí se están formando, de la relativa pequeñez que bastaría para coordinarlas y ponerlas en marcha – y no tener previsión tampoco de los sensacionales efectos que podrían sobrevenir, si tan sólo lo intentáramos.
Está claro que tampoco podemos contar con la última mediación sindical para intentarlo. A su manera, sin embargo, también tiene el estatus de último recurso, el que se activa para volver a poner en marcha los procedimientos ordinarios cuando empiezan a descarrilar. Pero el sindicalismo institucional se ha convertido en un procedimiento ordinario entre los procedimientos ordinarios, a despecho de lo que era originalmente su fuerza: su capacidad para poner en movimiento multitudes, es decir, para remodelar la base preinstitucional de toda política institucional.
Cuando ya no queda ningún lugar al que acudir, ni en las instituciones superiores (Arcom, Consejo Constitucional) ni en las «inferiores » (sindicatos), entonces sí, la crisis es total.
Irrupción
«Crisis total» no significa en absoluto que no ocurra nada. Lo que ocurre es que entran en juego procesos completamente distintos. Por construcción: procesos de desbordamiento del orden institucional -ya que éste ha fracasado. Esto lo entendieron perfectamente los gilets jaunes en su triple rechazo de la «política», los medios de comunicación y los sindicatos – y en su salida autoautorizada a la calle, ante la ausencia de alguien que escuchara sus problemas, y mucho menos que los resolviera. Eso fue en 2018, y su movimiento fue clarividente. Cinco años más tarde, el macronismo se hundiría definitivamente en la violencia de los poderes policiales, para júbilo de los medios de comunicación; y el sindicalismo institucional, animado por una movilización sin precedentes, sufriría su derrota más amarga por no haber comprendido a qué persona y situación extraordinarias se enfrentaba. Los chalecos amarillos: un ensayo general.
La «primera » tendrá lugar. Ocurrirá porque la acumulación de energía furiosa sigue creciendo, alimentada por la negación del capital, la negación del último encanto legitimador en la «democracia » de la captura: la negación de las urnas. Como en la química de las recombinaciones moleculares, nada se pierde, nada se crea, todo se transforma: esta energía política, que se está volviendo fenomenal, no se disipará suavemente y, puesto que sus soluciones institucionales de expresión han desaparecido, encontrará otras: transformarse. Dónde, cuándo y de qué forma, nadie puede decirlo. En cierto modo, eso es bueno: esta indeterminación deja espacio para la intervención, es decir, para la configuración. Para que la furiosa inundación fluya al menos en una dirección políticamente ventajosa.
¿Quién estaba implicado? Tampoco lo sabemos. Pero sí sabemos de dónde debe venir la dirección. Del trabajo, de la producción y de los bastiones de combatividad que todavía existen. Así que por iniciativa de un sindicalismo de base, no confederal, político y no de gestión, que no se sienta atado por las buenas maneras institucionales y sus censuras, no se detendrá en la cristalería, en un Gran Debate o en una Convención Ciudadana, planteará las cuestiones que resurgen cuando la crisis es total, las cuestiones fundamentales, vedadas por el curso ordinario, las del control de los trabajadores y la soberanía de los productores.
Desde este punto de partida, el desbordamiento encontrará inmediatamente sus coordenadas correctas -las mismas que el movimiento de las pensiones, por su propia naturaleza, había establecido: las que invierten todas las alienaciones electorales, todas las desfiguraciones mediáticas de la vida colectiva, y garantizan que cuando el país se levanta, es para ir a la izquierda.
Posdata – Olimpismo, macronismo y ceremonias
Se dice que Deng Xiaoping pronunció una vez el método infalible -y chino- para neutralizar a un intelectual disidente que se había vuelto demasiado molesto para el régimen: » lo consagramos » .
El mismo método se aplica a las personas y a los acontecimientos. Todo lo que el Estado se apropia con fines de celebración o conmemoración, lo destripa y no deja más que una cáscara vacía y seca, literalmente aniquilada: reducida a la nada, a la nada de la celebración, para ser precisos. De la historia que se hizo a la historia que se «celebra «, existe la brecha que tan bien conocemos, entre, por ejemplo, el 14 de julio real y el 14 de julio que se celebra, que se ha desvinculado casi por completo de su creador.
Así que estamos acostumbrados a que la gran ameba del poder trague y se disuelva. A lo que no estamos acostumbrados es a que los historiadores presten su mano a la anulación » ceremonial » de la Historia. Que Patrick Boucheron, profesor del Collège de France, siga los gloriosos pasos de Jean-Paul Goude es algo que no veíamos venir. Como Boucheron nunca ha sido un intelectual muy problemático, probablemente él mismo no necesitaba ser neutralizado. Pero anticipar que se convertiría en un intelectual neutralizador, y menos aún de su propio tema, fue un paso que nos equivocamos al no dar. Aun así, no era ajeno a la neutralización, si se trataba de una neutralización académica (1): la museificación del Decamerón de Boccaccio y la guignolización de Maquiavelo, de la que Macron se había convertido en una especie de continuador.
Con una financiación abundante y la promesa de una audiencia mundial, era el momento de llevar las cosas a un nivel superior: «Entra Louise Michel con tu ridícula procesión » . Porque esto es lo que se le hizo a Louise Michel, y con ella a los petrolheads, a los Comuneros, en su momento agonizados, animalizados, deshumanizados pero por la canalla de Versalles, y así ennoblecidos para siempre: en el escenario del macronismo, fueron «celebrados» – y, por tanto, degradados una vez más. Anacronismos aparte, no cabe duda de que Louise Michel habría sido una apasionada del chaleco amarillo, y con todo su ser en medio de la plebe que inspiraba a Patrick Boucheron un terror versallesco. Ahí radica la diferencia entre la historia real y la historia «celebrada «, en la que los historiadores celebradores gritan horrorizados al ver una décima o una centésima parte de lo que consigue la historia real que celebran. La Comuna incendió las Tullerías, el Hôtel de Ville, el Palacio de Justicia, derribó la columna Vendôme -y eso sin hablar de las barricadas-, CNews y BFM pasaron dos horas sobre un cubo de basura en llamas, y esa misma noche Karim Rissouli preguntó seriamente a sus invitados si la violencia era una locura condenable o no, Patrick Boucheron entre ellos, a no ser que tuviera que madrugar al día siguiente para decirlo en France Inter.Más tarde, pues, nos ofrecerá una maravillosa evocación escénica de Louise-en-fait-on-ne-sait-
Mientras tanto, un cuadro de las Tres Gloriosas exhibe su orgullosa proclama, «Liberté», y activistas de Extinction Rébellion son detenidos por la mañana porque iban a pegar pegatinas. María Antonieta lleva la cabeza, es de una audacia salvaje, pero hace cinco años hubo una aparición inmediata de guillotinas de cartón. De fondo, cantan que todo irá bien y los aristócratas al farol, pero la cabeza de Dussopt en un balón de fútbol o la camiseta arrancada al director de RRHH de Air France, eso fue el principio de la barbarie.
Patrick Boucheron desaprueba la violencia, sobre todo la del vecino mendigo, la que incendió el distrito 8 -al fin y al cabo, en principio no tiene nada que objetar a los daños corporales de la policía-, y todo esto lo dice en el programa de Karim Rissouli o en France Inter, esos lugares donde en realidad nunca se dice nada más que el horror de cualquier rebelión consecuente. Cómo encaja todo esto en su cabeza con la verdadera Louise Michel, Marie-Antoinette y la Lanterne es un enigma – de hecho no lo es: es la cabeza de un burgués macroniano. Si pudiera ser chino, al menos podríamos discernir la sutil inteligencia de su astucia. Todo lo que encontramos es la paradoja de la historiografía traicionada por los intereses mundanos del historiador.
Está muy bien decir que una ceremonia de los Juegos Olímpicos no es precisamente la ocasión adecuada para volver sobre la tragedia de la historia, pero ¿qué sentido tiene volver sobre ella si se va a convertir en un libro ilustrado? Sólo había que hablar de otra cosa, e incluso, si se piensa durante dos segundos en lo que puede, o incluso debe, ser un intelectual, abstenerse de comprometerse con algo así. Parece que el pliegue burgués de despolitización y desrealización es lo suficientemente marcado como para llevar incluso a un historiador a desfigurar sin pestañear sus propios objetos históricos. Es cierto que toda una filosofía de la política y de la historia salió a la palestra al día siguiente, indicando de qué se trataba en última instancia todo esto: «vivir mejor juntos». La cátedra del Collège de France responde al pensamiento de RTL.
14. Walid Jumblatt apoya a Hezbolá
Yo pensaba que Jumblatt desde hacía tiempo era más bien aliado de Hezbolá, pero en este artículo de The Cradle explican mejor su evolución política y sus alianzas. Ahora parece que sí, que frente a la agresión israelí está del lado del Eje de Resistencia. https://thecradle.co/articles/
Walid Jumblatt: Un político libanés clave cambia de bando ante la inminencia de la guerra
El «rey» druso Walid Jumblatt ha dado un nuevo giro estratégico en su larga historia de alianzas cambiantes, apoyando con su considerable peso político -y el de la comunidad drusa de Líbano- a Hezbolá mientras se calienta la guerra con Israel.
Ibrahim Chamas
1 DE AGOSTO DE 2024
(Crédito de la foto: The Cradle)
Walid Jumblatt, antiguo líder del Partido Socialista Progresista, es una figura única en la política libanesa. Conocido por su habilidad para maniobrar hábilmente en la división política sectaria del Líbano, Jumblatt cambia con frecuencia sus alianzas para proteger sus intereses y los de su comunidad drusa.
La astuta intuición política de Jumblatt, que a menudo ha sido descrito como la «veleta» del Líbano, ha ayudado al líder druso a decidir cuándo alinearse o distanciarse de diversas facciones políticas. Su relación con las potencias exteriores -se le considera un estrecho aliado de Estados Unidos- también ha fluctuado a lo largo de las décadas.
En los últimos años, Jumblatt, de 74 años, ha tendido a alejarse de los focos, y en una ocasión llegó a expresar su deseo de trabajar como basurero en Nueva York en lugar de seguir lidiando con la interminable agitación política del Líbano.
Hoy, sin embargo, ha vuelto directamente al ruedo y se ha erigido en un actor clave junto a Hezbolá en la oposición a las agresiones regionales de Israel. No es una postura que vaya a sentar bien a sus aliados tradicionales en Washington, Londres y París.
Apoyar la resistencia
Sí, apoyo a la resistencia libanesa o a la Resistencia Islámica y a Hezbolá.
Así se expresó Jumblatt durante una entrevista telefónica en Sky News Arabia en respuesta al mortífero bombardeo israelí de los suburbios del sur de Beirut el 30 de julio.
El bombardeo se produjo inmediatamente después de un incidente en la ciudad de Majd Shams, en los Altos del Golán sirios ocupados por Israel, en el que murieron 12 civiles, entre ellos 10 niños. Tel Aviv culpó inmediatamente a un cohete de Hezbolá de las muertes, mientras que los residentes -principalmente drusos sirios- dijeron que las víctimas fueron causadas por la metralla de un misil israelí Cúpula de Hierro que cayó en un campo de fútbol.
El 19 de julio, Jumblatt incluso envió una carta al jeque druso de alto rango Muwaffaq Tarif, en la Palestina ocupada, en la que le reprochaba haber recibido al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tras Majd al-Shams, y le advertía de que Israel estaba intentando crear fisuras entre las comunidades drusa y chií.
Durante su reunión con Netanyahu, Tarif habló de los drusos enrolados en el ejército israelí como hombres valientes que lucharon contra los «terroristas» en Gaza y «defendieron los asentamientos que rodean la Franja de Gaza», culpando a Netanyahu de abandonar los pueblos drusos del norte. Tarif también había defendido a Israel tras el incidente de Majdal Shams, afirmando que «ningún Estado puede tolerar la agresión continua a sus ciudadanos y residentes». Esta ha sido la realidad durante los últimos nueve meses en los asentamientos del norte. Esta noche se han cruzado todas las líneas rojas posibles». Esta declaración desató una oleada de ira contra Tarif.
La resistencia libanesa negó inmediatamente cualquier implicación, y el gobierno libanés intentó presentar una queja ante el Consejo de Seguridad de la ONU tras las amenazas israelíes de tomar represalias.
Pero Tel Aviv utilizó su versión de la historia como pretexto para lanzar un ataque contra Beirut, matando al máximo comandante de guerra de Hezbolá, Fuad Shukr, y a otras seis personas, entre ellas tres mujeres y dos niños, y dejando heridos a más de 80 civiles.
Jumblatt se pronunció sobre la escalada, afirmando que las afirmaciones de Tel Aviv y la justificación de su ataque contra Beirut eran falsas, y señaló que «es hora de que Israel comprenda que no podrá eliminar el espíritu de resistencia».
Las extraordinarias posturas de Jumblatt llevaron al secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, a enviarle una carta de reconocimiento.
La postura actual del líder druso libanés es coherente con su apoyo histórico a los movimientos de resistencia. Durante una visita a Moscú el 11 de febrero, comparó la resistencia de Hezbolá con el movimiento nacional liderado por su padre, Kamal Jumblatt, que unió a facciones izquierdistas y palestinas contra facciones cristianas de derechas y fuerzas de ocupación israelíes durante la Guerra Civil libanesa de 1975-1989.
Una relación compleja con Hezbolá
A pesar de ese antiguo apoyo, la relación de Jumblatt con Hezbolá ha estado cargada de tensiones durante al menos dos décadas. Tras el asesinato en 2005 del ex primer ministro Rafik Hariri, la rivalidad entre el partido socialista de Jumblatt y Hezbolá se intensificó, sobre todo después de que Jumblatt se alineara con la alianza política «14 de marzo», contraria a Hezbolá y apoyada por Estados Unidos, y criticara con frecuencia la estrategia militar de la resistencia.
Jumblatt llegó a describir las armas de la resistencia como un «arma de traición», a lo que Hezbolá replicó: «Si la traición encarnara a un hombre, su nombre sería Walid Jumblatt». Durante la guerra con Israel de ese mismo año, en 2006, Jumblatt adoptó una línea dura contra la resistencia, culpándola de provocar la guerra de 33 días de Israel.
Mostró polémicamente un mapa de 1962 que cuestionaba la reivindicación del gobierno libanés sobre las disputadas granjas de Shebaa, ocupadas por Israel, una zona que Hezbolá insiste en que debe ser devuelta a Líbano. Y sus reiteradas exigencias de desarme de la resistencia tensaron aún más las relaciones.
En 2008, las tensiones estallaron cuando Jumblatt apoyó la decisión del gobierno del primer ministro Fouad Siniora de desmantelar la red privada de comunicaciones de fibra óptica de Hezbolá, lo que provocó violentos enfrentamientos en Beirut y otros lugares. El conflicto sólo se calmó temporalmente tras un acuerdo político negociado apresuradamente por Qatar.
Ese acuerdo incluía disposiciones para formar un gobierno de unidad nacional y establecer un reparto de poder más equilibrado, lo que contribuyó a restablecer cierta estabilidad en el país.
Tras los enfrentamientos de 2008, Jumblatt reanudó sus deterioradas relaciones con el presidente sirio Bashar al-Assad en 2010 y mejoró las relaciones con Hezbolá, para volver a cambiar de bando meses después al apoyar públicamente el derrocamiento del gobierno de Damasco. Y de nuevo, en 2019, Jumblatt se peleó con Hezbolá al reiterar que las granjas de Shebaa no eran territorio libanés.
Evolución política de Jumblatt
La postura de Jumblatt ha dado ahora un nuevo giro, esta vez en respuesta al brutal asalto militar israelí a Gaza y a sus ataques de 10 meses al sur del Líbano. A pesar de sus reservas sobre la escalada de la guerra, su renovado apoyo público a Hezbolá subraya el enfoque pragmático del líder druso de la política libanesa.
En una entrevista concedida en mayo, Jumblatt defendió a Hezbolá por «cumplir con su deber» de defender Líbano y criticó, en una reciente entrevista a Sky News, el llamamiento del ministro libanés de Asuntos Exteriores, Abdallah Bouhabib, a una respuesta militar proporcional, afirmando que sólo Hezbolá debe decidir una reacción adecuada.
Jumblatt también se enfrentó al enviado estadounidense Amos Hochstein, rechazando su propuesta de que Beirut debía cumplir las condiciones israelíes para lograr la paz, insistió en que tales exigencias no eran realistas y afirmó su apoyo inquebrantable a los esfuerzos de resistencia de Hezbolá: El alto el fuego en Gaza no tiene nada que ver con el Líbano, y que la guerra contra el Líbano continuará hasta que se cumplan las condiciones israelíes, es decir, la retirada de Hezbolá de parte del sur del Líbano y otros acuerdos. Le decimos ahora y siempre que esto es imposible.
El actual alineamiento de Jumblatt con Hezbolá no sólo tiene que ver con ganancias políticas a corto plazo. Refleja una estrategia más amplia para mantener su influencia en el Líbano de posguerra. Al oponerse a las acciones israelíes y distanciarse de la controvertida postura del líder druso afincado en Israel, el jeque Akl al-Druze, Jumblatt pretende preservar la identidad nacional y árabe de la comunidad drusa y reforzar su influencia política.
La trayectoria política de Walid Jumblatt se ha caracterizado por cambios estratégicos y ocasionales retrocesos. El hecho de que ahora apoye a Hezbolá demuestra su habilidad para adaptarse a las circunstancias cambiantes y aliarse con poderosos aliados para proteger sus intereses y los de su comunidad.
15. M. N. Roy
Una presentación de la figura de Roy, fundador del comunismo indio -y del mexicano- por el autor de una de sus biografías. https://jacobin.com/2024/08/
El indio Manabendra Nath Roy fue el pionero del marxismo poscolonial
- Por Kris Manjapra
M. N. Roy fue un activista revolucionario que traspasó fronteras nacionales, desde su país natal, la India, hasta México y la URSS. Roy rechazó las versiones eurocéntricas del marxismo, y sus ideas sobre el Estado poscolonial son sorprendentemente relevantes para la política india actual.
El resultado de las elecciones indias de este año ha suscitado esperanzas de frenar el deslizamiento de la India hacia el fascismo del siglo XXI. Aun así, el pronóstico sigue siendo tenue, ya que la señal de una verdadera democracia popular india continúa parpadeando entre cánticos mayoritarios y un primer ministro que sigue intentando asumir el estatus de hombre-dios distante y líder exaltado.
El régimen de Narendra Modi, durante sus diez años anteriores en el poder, consiguió retocar el Estado poscolonial indio para hacerlo más abiertamente colonialista. Ahora, en el tercer mandato de Modi, con su mandato significativamente disminuido por un electorado que se niega a rendir culto a sus pies, aprenderemos si el impulso colonialista del Estado indio puede ser frenado por la diversidad y la inmensidad de las necesidades de su pueblo.
El problema del colonialismo poscolonial en la India fue reconocido por primera vez por un olvidado teórico crítico, revolucionario y líder político, Manabendra Nath Roy. Ya en la década de 1940, M. N. Roy, anticipándose a lo que hoy llamaríamos «teoría poscolonial», se preocupó por analizar los factores que darían lugar a la decadencia de la democracia en el sur de Asia (como el dominio capitalista por parte de intereses empresariales abusivos, las dinastías familiares, las jerarquías de castas y el endiosamiento de los líderes).
Fue el primer practicante de lo que podríamos reconocer como una teoría crítica sudasiática de cosecha propia, enraizada en el análisis marxista pero que rechazaba el determinismo ortodoxo y estaba en sintonía con el papel creador de mundo de la significación cultural. Para Roy, no había telos del Estado-nación ni del partido, sino sólo del pueblo. El Estado poscolonial no formaba parte de ningún gran romance familiar, como lo fue para Jawaharlal Nehru.
A diferencia de Mohandas K. Gandhi, Roy insistía en que la nación india no tenía una fuerza espiritual distintiva arraigada en las disciplinas y abstinencias índicas. Para él, el Estado colonial británico, el emergente Estado poscolonial de la India y los Estados fascistas de los años 30 y 40 en toda Eurasia compartían un nomos, una forma y una lógica subyacentes. Y esta lógica, insistía Roy, era imperialista.
Un icono anticolonial
Roy fue un icono anticolonial de mediados del siglo XX. Desde sus orígenes como joven insurgente en Calcuta en la década de 1910 hasta sus funciones como fundador del Partido Comunista Mexicano y alto dirigente de la Comintern en el Moscú de la década de 1920, Roy ejemplificó la izquierda internacionalista en tiempos extremos.
Entre los avances intelectuales renegados de Roy estuvo su refutación de la afirmación de Vladimir Lenin, en sus «Proyectos de tesis sobre cuestiones nacionales y coloniales» de 1920, de que las revoluciones obreras en todo el mundo colonial transmitirían, como réplicas, la fuerza sísmica generada primero por la revolución en Occidente. Roy, escribiendo sus propias «Tesis complementarias» (1920), imaginó en cambio una «relación mutua» entre los trabajadores de las colonias y Occidente, e identificó el papel tectónico de la lucha antiimperial en el cambio del equilibrio del mundo entero. Unos años más tarde, en su innovadora y audaz historia del proceso revolucionario en China(Revolución y contrarrevolución en China), publicada en 1930, Roy destripó las afirmaciones marxistas ortodoxas eurocéntricas sobre un supuesto «modo de producción asiático» despótico.
Sin embargo, el comienzo de las asesinas purgas estalinistas a finales de 1920 casi acaba con Roy y le obligó a regresar a la India en 1930, donde fue condenado a doce años de prisión por el régimen imperial británico. Se hizo conocido por lo que el académico Sudipta Kaviraj denominó sus «notables fracasos» y su falta definitiva de relevancia política en el escenario político indio. El propio Roy tematizó sus fracasos como parte de su biografía. Como escribió en su obra de 1946 Nueva Orientación, «Si hay un fracaso o dos derrotas, se puede decir que se deben a errores. Pero si tienes toda una serie de fracasos, simplemente no puedes cerrar los ojos ante ello».
Sin embargo, aunque fracasó en la movilización política, destacó en la crítica. Los análisis de Roy sobre la cultura, la sociedad y la política de las décadas de 1930 y 1940 permiten comprender mejor las formaciones internacionales del fascismo y sus instancias en el Sur Global. Desarrolló un pensamiento crítico sobre el futuro del fascismo, no como epígono de los estilos de pensamiento occidentales, sino más bien como su precursor.
Roy veía las variedades del fascismo (no sólo el alemán, el italiano o incluso el ruso, sino también el indio) como estilos localmente diferenciados que compartían una forma global. Mucho antes de la sangrienta partición de la India en 1947, advirtió que la independencia poscolonial, que extraía una energía perversa de la era precedente de dominio imperial, se volvería fascista debido al nacionalismo hindú, el gobierno de la muchedumbre y la cooptación del Estado por dinastías y supercapitalistas. El fascismo seguiría vivo en la poscolonia.
En los voluminosos escritos de Roy sobre el fascismo indio en la década de 1940, sostenía que el mundo se encontraba en medio de una guerra civil entre las fuerzas de la autarquía, por un lado, y las de la federalización, por otro; entre los intereses colonialistas de élite que pretendían erigir muros divisorios y los movimientos populares anticoloniales democráticos que se esforzaban por derribarlos.
La contribución clave del análisis crítico de Roy -y la idea que le hizo tan impopular y políticamente irrelevante en su día- fue su afirmación de que el brote de fascismo en la India había crecido del suelo del gandhismo y de la política del Congreso Nacional Indio y seguiría creciendo en la corriente principal del nacionalismo poscolonial indio.
Visto desde la perspectiva actual, el fascismo promulgado por el régimen de Narendra Modi extrae su fuerza no sólo de una rama marginal del paramilitar Hindutva Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), sino también de las raíces más profundas de los estilos políticos dominantes en la India que se remontan al culto del Mahatma, la apelación a las ideas de excepcionalismo cultural y espiritual hindú y las prácticas de movilización de masas instrumentalizada por las élites.
Roy era de la opinión, que hoy suena tan perversa como entonces, de que el movimiento paternalista de masas de Gandhi y el dinasticismo del Congreso condenarían a la India independiente a enfrentamientos recurrentes con una cepa india del fascismo y con los impulsos colonialistas del Estado poscolonial.
Trazar la línea
El nomos reinante de la tierra de la década de 1940 surgió de más de un siglo de guerras imperiales, que fueron la condición de posibilidad para la globalización de la forma moderna de Estado-nación. Las guerras imperialistas británicas en el sur de Asia después de 1857, por ejemplo, marcaron una nueva determinación de trazar la línea de dominación imperial y de utilizar nuevas tecnologías militares y jurídicas para ejecutar y apropiarse de todo el espacio que delimitaba.
Estos acontecimientos, que comenzaron en el sur de Asia con la Guerra de 1857, desencadenaron un frenesí global que luego fue in crescendo por el Caribe y África entre 1865 y 1910, donde las potencias imperiales europeas pusieron en práctica todo tipo de técnicas antiguas y nuevas. Líneas de todo tipo -líneas de amistad, líneas coloniales, líneas catastrales, líneas civiles, líneas de aldeas, líneas de tratados, líneas cartográficas, líneas de partición, por no mencionar las líneas de campos de concentración- se trazaron, redibujaron y superpusieron muchas veces en Asia, África y todo el mundo colonial.
Como señalaron en su momento tanto Roy como Aimé Cesaire, lo que ocurrió entre 1914 y 1945 -el ascenso del fascismo y el totalitarismo- fue la continuación en suelo europeo de lo que los imperios europeos estaban haciendo en el sur de Asia, el Caribe y África, así como en el mundo indígena.
Las líneas trazadas en la era de la descolonización de los años cincuenta -al igual que en el período precedente del fascismo- se esculpieron también dentro del Estado, tanto como en sus límites exteriores y disputados. El arte de gobernar poscolonial del sur de Asia surgió de la apropiación violenta de castas subordinadas, pueblos indígenas, grupos racializados y comunidades étnicas minorizadas. En este sentido, según el análisis de Roy, el Asia Meridional poscolonial, quizá de forma más acentuada que en cualquier otra parte del mundo, se constituyó mediante el trazado y redibujado de tales líneas de apropiación, lo que la hizo extremadamente susceptible al fascismo poscolonial.
Roy, que pertenecía a una familia bengalí de casta alta, escribió sobre el modo en que el patriarcado hindú de castas colocaba a las mujeres y a las minorías sexuales «fuera de la línea» y las sometía a la apropiación, la dominación y la abyección. Bajo las condiciones de la dominación británica, cuando el Estado quedó en manos de un señor extranjero, el patriarcado indio redobló sus manipulaciones y delimitaciones del ámbito de la sexualidad.
Para Roy, la cultura mayoritaria no servía como una especie de espacio interior en el que se mantenía una medida de libertad anticolonial. Por el contrario, sostenía que la política cultural nacionalista de la India servía poco más que de microcosmos íntimo del nomos de la tierra.
Roy veía la política cultural de Gandhi como la quintaesencia de todo esto. Como escribió en una de sus despiadadas evisceraciones del patriarcalismo gandhiano: «La profesión del espiritualismo compromete a los gandhianos con las prácticas más vulgares y brutales del materialismo. . . . Los dogmas espiritualistas ocultan las tendencias antidemocráticas contrarrevolucionarias del nacionalismo ortodoxo». Y continuó: «El fascismo indio puede ser incluso no violento».
En opinión de Roy, el materialismo vulgar de las ideologías «espiritualistas» se basaba en categorías ahistóricas de identidad y autenticidad, y en la delimitación de jerarquías sociales (es decir, el papel de la mujer, el papel del «harijan», el papel del Otro étnico o comunitario, el papel del patriarca de la casta superior). Estas líneas de identidad rígidamente impuestas pretendían dominar la dialéctica histórica de la experiencia humana y conspiraron para estabilizar los sistemas de dominación social.
Hipérbole premonitoria
El período de doce años de encarcelamiento de Roy bajo el dominio británico se redujo a siete, de 1931 a 1936, y posteriormente trabajó para crear un Instituto de Nuevo Pensamiento en la ciudad india de Dehradun. Hay que decir que su análisis durante estos últimos años se centró menos en acontecimientos y estrategias políticas concretas y más en la crítica de las formas políticas. Quizá también se volvió más hiperbólico.
Sin embargo, lo que podría haber parecido una hipérbole de Roy en la década de 1940, cuando lanzaba advertencia tras advertencia sobre el ascenso del fascismo indio en y a través de la política postcolonial dominante, hoy parece cada vez más clarividente, con la resistencia de la India de Modi. En los regímenes fascistas, las élites intentan cooptar, coaccionar y atemorizar al pueblo, utilizando para ello los mecanismos de la propia democracia, convirtiendo a segmentos del pueblo en masas, y a las masas, finalmente, en una turba.
Sin embargo, el pueblo, en la diversidad de sus necesidades sociales, identidades y deseos, puede superar y, en última instancia, disipar el dominio de la turba. Roy esperaba este resultado en 1946, incluso antes de que nacieran las democracias sudasiáticas.
En la época de la Asamblea Constituyente india, ese gran cónclave de diciembre de 1946 en el que aún era posible un sistema democrático popular que evitara la Partición de India y Pakistán, abogó por la formación de «comités populares», en los que «el poder no será acaparado por un partido, sino por esos comités, que constituirán la base de un Estado democrático».
En sus últimos años, desarrolló lo que podemos describir como una teoría antiaristotélica y anticomunista del pueblo: no como alguien que requiere liderazgo; no como alguien que necesita educación para ser educado en la libertad democrática; sino como una multitud inherentemente crítica y política, que actúa, de forma diversa, por la urgencia de las necesidades básicas y los deseos innatos. Según Roy, el mayor baluarte contra el gobierno de la muchedumbre en la India no era un líder ilustrado, una vanguardia o un partido político, sino la vida irreprimible e irreverente del propio pueblo diverso.
Tras la independencia, en Dehradun, en la década de 1950, estableció un movimiento filosófico conocido como Humanismo Radical, que perseguía ideas transculturales a partir de los escritos de Anaxágoras, Pitágoras, Gautam, los sufíes y otros. Estas ideas situaban a los seres humanos dentro de un equilibrio cósmico más amplio de fuerzas del que podían reconocerse como emanaciones planetarias, testigos y participantes, en lugar de como arcontes que trazan líneas de dominación y apropiación.
A medida que India se adentra en el tercer mandato de Modi, surge otro momento de contingencia. Como en otros Estados-nación de todo el mundo, las alternativas a un futuro fascista son una cuestión de lucha urgente. En la India, todas estas alternativas a la democracia popular apuntan en la dirección de la promesa aún no realizada de una democracia popular. La moneda de cambio de las perspectivas críticas de Roy en los años 40 y 50 rescata su valor hoy en día mientras observamos lo que sucede a continuación, donde las líneas colonialistas y fascistas se enfrentan a lo que Roy invocó como «el impulso humano de rebelarse contra las intolerables condiciones de vida».
Kris Manjapra es profesor de Historia y Estudios Globales en la Northeastern University y autor de M. N. Roy: Marxism and Colonial Cosmopolitanism.
16. Resumen de la guerra en Palestina, 1 de agosto
Hemos llegado a los 300 días de guerra, y este es el resumen de Haaretz.
HAARETZ: Esto es lo que hay que saber 300 días después del comienzo de la guerra
De A D
El líder supremo de Irán habría ordenado un ataque directo contra Israel en represalia por el asesinato del dirigente político de Hamás Ismail Haniyeh en Teherán. El primer ministro Netanyahu dijo que Israel está preparado para cualquier escenario y hablará con el presidente estadounidense Biden el jueves por la noche. Diplomáticos occidentales dijeron a Haaretz que el riesgo de guerra ha aumentado tras las matanzas de Beirut y Teherán. El jefe de Hizbulá, Nasralá, declaró que «hemos entrado en una nueva fase en todos los ámbitos» y que su organización responderá «definitivamente» al asesinato del alto comandante Fuad Shukr en Beirut. Israel confirmó que el jefe militar de Hamás Mohammed Deif murió en un ataque de las FDI en Jan Yunis en julio.
Lo que ha pasado hoy
ASESINATO DE HANIYEH: El líder supremo iraní, el ayatolá Jamenei, «ordenó a Irán que golpeara directamente a Israel en represalia por el asesinato en Teherán del dirigente político de Hamás Ismail Haniyeh», informó el New York Times, citando a tres funcionarios iraníes, dos de ellos pertenecientes a la Guardia Revolucionaria.
El primer ministro Netanyahu afirmó que Israel se encuentra en un alto nivel de preparación para cualquier escenario, tanto defensivo como ofensivo, tras una evaluación de la situación con el Mando del Frente Interior de Israel, según informó su oficina. Netanyahu mantendrá una reunión informativa sobre seguridad nacional con el líder de la oposición israelí, Yair Lapid, y hablará con el presidente estadounidense, Joe Biden, el jueves por la noche.
El Consejo de Seguridad Nacional de Israel instó a la población a extremar las precauciones al viajar, aludiendo a la posibilidad de que Irán, Hamás y Hezbolá atenten contra embajadas, sinagogas y otros lugares en el extranjero.
Haniyeh fue asesinado por un artefacto explosivo oculto en la casa de huéspedes donde se alojaba dos meses antes de su llegada, informó el NYT, citando a siete funcionarios de Oriente Medio, entre ellos dos iraníes, y a un funcionario estadounidense.
El gobierno sudafricano expresó sus condolencias a la familia del líder de Hamás, Ismail Haniyeh, y pidió que se investigara su asesinato. El presidente indonesio, Joko Widodo, calificó el asesinato de «intolerable».
Representantes de los aliados palestinos de Irán, Hamás y la Yihad Islámica, así como del movimiento Houthi de Yemen, respaldado por Teherán, del Hezbolá libanés y de grupos de la resistencia iraquí, asistirán a una reunión en Teherán para debatir las represalias contra Israel, según informaron fuentes a Reuters.
Miles de personas asistieron al funeral de Haniyeh en Teherán. El funeral fue presidido por el líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei.
Los países del Consejo de Seguridad de la ONU han pedido que se intensifiquen los esfuerzos diplomáticos para evitar un conflicto mayor en Oriente Próximo. El jueves, el Financial Times informó de que Estados Unidos y la UE están presionando a Irán para que evite responder al asesinato de Haniyeh.
«El asesinato de Haniyeh en Teherán tras la toma de posesión del nuevo presidente iraní, ampliamente atribuido a Israel, es una historia completamente distinta. No se trata de justicia, retribución o ajuste de cuentas. Se trata de coquetear con una escalada seria. Esto nos lleva a dos posibles explicaciones: Que Israel no llevó a cabo un análisis serio de evaluación de riesgos y, en cambio, estaba motivado por la gratificación instantánea, sin tener en cuenta las ramificaciones. O, por el contrario, que Israel esté provocando deliberadamente una escalada con la esperanza de que una conflagración con Irán arrastre a Estados Unidos al conflicto, distanciando aún más al primer ministro Benjamin Netanyahu de la debacle del 7 de octubre, una calamidad de la que hasta la fecha no se le ha hecho responsable» – Alon Pinkas
ISRAEL-LÍBANO: En medio de los esfuerzos de Estados Unidos y Francia por evitar que las tensiones entre Israel, Hezbolá e Irán degeneren en una guerra total, diplomáticos occidentales han advertido de que el riesgo de guerra ha aumentado tras las matanzas de Beirut y Teherán. Los países que intentan mediar creen que los gobiernos de Israel e Irán y los dirigentes de Hezbolá no están interesados en una guerra abierta, pero que ninguno de los dos está dispuesto a absorber un golpe de su enemigo sin una respuesta proporcionada.
En su intervención en el funeral del alto comandante de Hezbolá Fuad Shukr, muerto el martes en un ataque israelí en Beirut, el jefe de Hezbolá, Hassan Nasralá, advirtió de que se había cruzado una línea roja y de que «hemos entrado en una nueva fase en todos los ámbitos». Nasralá añadió que el asesinato de Shukr provocará «sin duda» una respuesta, y que quienes quieran poner fin a la guerra deben centrarse en presionar para que termine la guerra en Gaza, y no en Hezbolá.
Estados Unidos ha enviado al menos una docena de buques de guerra a las inmediaciones de Oriente Próximo, según declaró un funcionario de Defensa al Washington Post.
Australia ha pedido a sus ciudadanos en Líbano que abandonen inmediatamente el país, afirmando que existe el riesgo de que las tensiones entre Israel y Hezbolá se agraven gravemente.
La aerolínea alemana Lufthansa anunció que todos los vuelos de pasajeros y carga a Tel Aviv se suspenderán temporalmente desde la noche del 1 de agosto hasta el 8 de agosto, y que la suspensión de vuelos a Beirut se prolongará una semana, hasta el 12 de agosto.
Hezbolá no desalojó sus lugares sensibles ni evacuó a sus altos cargos en los suburbios de Beirut antes del atentado en el que murió Shukr, porque pensaba que la diplomacia liderada por Estados Unidos impediría a Israel atacar la zona, según dijeron a Reuters fuentes de seguridad cercanas a Hezbolá y diplomáticas.
«No esperábamos que golpearan Beirut y, en cambio, lo hicieron», declaró a Reuters el ministro libanés de Asuntos Exteriores, Abdallah Bou Habib. Varios diplomáticos dijeron que entendían que Dahiyeh, un bastión de Hezbolá en Beirut, sería perdonado, y uno de ellos añadió que «se envió un mensaje claro» de que Israel perdonaría a las principales ciudades, incluida Beirut. «Los israelíes no escuchan ni una palabra de lo que les decimos. Siguen su plan y no nos escuchan», afirmó un diplomático europeo.
Las FDI atacaron objetivos en las aldeas de Kfarkela y Shema, en el sur de Líbano, según informaciones procedentes de ese país, y mataron e hirieron a varias personas. Según los informes, entre las víctimas hay civiles sirios y libaneses.
ALTO EL FUEGO/REHENES: Con motivo de los «300 días de abandono», familias de rehenes y manifestantes antigubernamentales bloquearon la principal autopista de Tel Aviv, Ayalon. Einav Zangauker, cuyo hijo Matan permanece secuestrado en Gaza, declaró durante la protesta que «Netanyahu está retrasando un acuerdo una y otra vez… estamos a un paso de una guerra en múltiples frentes, y necesitamos un acuerdo sobre los rehenes que traiga a nuestros seres queridos a casa, que conduzca a un asentamiento en el norte y al regreso de los desplazados a sus hogares, para que podamos respirar de nuevo.»
Shlomi Berger, padre de Agam Berger, un observador de las FDI que fue tomado como rehén el 7 de octubre, declaró que él y las familias de los rehenes esperan que el asesinato de Ismail Haniyeh «no perjudique el proceso de negociación ni provoque ningún tipo de ruptura en las relaciones con Hamás, porque si eso ocurre, nuestra ganancia con esta acción es mínima. Sabemos que todo el mundo es reemplazable, y matar a uno, dos o más de ellos no cambia el panorama en absoluto».
El presidente israelí, Isaac Herzog, declaró que «no podremos llamarnos país y sociedad que funcionan, y no podremos decir que hemos ganado» hasta que todos los rehenes retenidos en Gaza regresen a casa.
El presidente francés, Emmanuel Macron, escribió en X que «nuestros pensamientos están con los rehenes retenidos durante 300 días por Hamás», y añadió que «Francia sigue trabajando por su liberación».
Tras ser preguntado en rueda de prensa si el primer ministro Netanyahu había tergiversado su deseo de alcanzar un acuerdo de alto el fuego y liberación de rehenes con Hamás, el secretario de Estado estadounidense Antony Blinken afirmó que «el camino que sigue la región es hacia un aumento del conflicto, la violencia, el sufrimiento y la inseguridad. Es fundamental romper el ciclo, y eso empieza por un alto el fuego».
En respuesta al anuncio de las IDF de que habían matado al líder militar de Hamás Mohammed Deif el 13 de julio, el líder de la oposición Lapid afirmó que «estos logros militares deben traducirse en resultados políticos estratégicos y debe hacerse todo lo posible para devolver a los rehenes a sus hogares. Ya».
«Netanyahu podrá ahora saborear un momento bastante raro, aunque limitado, de gloria pública tras el horrendo fracaso que desencadenó la guerra. En algunos medios de comunicación, la adulación ya es desbordante. Pero Netanyahu tiene otros motivos que las promesas de triunfo sobre los diversos enemigos de Israel. Hace tiempo que está claro que busca una guerra de desgaste prolongada, que frustre los esfuerzos por derrocar a su gobierno, retrase su proceso penal y permita el regreso de la legislación golpista judicial por la puerta de atrás… Ahora que el líder de Hamás en Gaza, Yahya Sinwar, ve la oportunidad de hacer realidad su sueño -una guerra regional que implique a Hezbolá-, probablemente ni siquiera tenga interés en avanzar en un acuerdo»- Amos Harel
GAZA: Un ataque israelí en Jan Yunis el 13 de julio acabó con la vida de Mohammed Deif, comandante del ala militar de Hamás y segundo al mando del líder del grupo, Yahya Sinwar, según informaron las FDI y el Shin Bet en un comunicado conjunto tras una investigación de los servicios de inteligencia.
Tras el ataque de julio, las autoridades sanitarias de Gaza declararon que más de 90 personas, incluidos civiles desplazados en tiendas cercanas, habían muerto en el ataque.
La Fuerza Aérea israelí atacó una escuela en el barrio de Shujaiyeh de la ciudad de Gaza porque estaba siendo utilizada por terroristas, dijeron las FDI, que añadieron que se tomaron medidas para minimizar las víctimas civiles antes del ataque.
Según el Ministerio de Sanidad de Gaza, controlado por Hamás, al menos 39.480 palestinos han muerto y 91.128 han resultado heridos desde el comienzo de la guerra.
ISRAEL: El detenido de Hamás que presuntamente fue víctima de abusos sexuales por parte de soldados en el centro de detención de Sde Teiman fue devuelto allí tras ser dado de alta del hospital donde había sido tratado, según ha sabido Haaretz. El detenido, que ingresó en el hospital inmediatamente después de los actos de violencia que sufrió en el centro, fue dado de alta en un hospital de campaña de Sde Teiman, donde siguen prestando servicio algunos de los soldados que participaron en los enfrentamientos del lunes en la base.
La fiscal general israelí, Gali Baharav-Miara, está considerando la posibilidad de ordenar una investigación penal sobre dos legisladores de extrema derecha, Tzvi Succot y Nissim Vaturi, que irrumpieron en Sde Teiman con manifestantes a principios de esta semana. Succot alega que su entrada en la base se ampara en su inmunidad legal como miembro de la Knesset, pero expertos jurídicos dijeron a Haaretz que esta inmunidad no se aplica en este caso.
Cisjordania: El Tribunal Superior de Justicia de Israel dictaminó que las FDI y la policía deben proteger a los palestinos de Cisjordania de la violencia de los colonos, incluso en tiempos de guerra. La decisión judicial se dictó en respuesta a las peticiones presentadas por palestinos de las colinas del sur de Hebrón, que afirman que las fuerzas de seguridad israelíes no les proporcionan protección contra la violencia de los colonos.
Fuente: Haaretz, 01-08-2024