Miscelánea 3/8/2024 (selección)

Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Sin miedo a las ruinas.
2. Más sobre Palestina de Prashad.
3. El intercambio desigual y los salarios mundiales.
4. El futuro de Hamás.
5. China y dinámica capitalista en África.
6. Debate sobre panafricanismo.
7. Jactarse de sus crímenes

1. Sin miedo a las ruinas.

Hemos visto a menudo las intervenciones de Adrián Almazán, pero creo que vale la pena difundir iniciativas como esta de la CNT creando un espacio para la discusión sobre la transición ecosocial. Se llama Sin miedo a las ruinas, y en esta primera sesión, además de Almazán, interviene Miguel G. Gómez de CNT Manresa, uno de los impulsores del Informe de Transición ecosocial en Cataluña. https://www.youtube.com/live/

 

2. Más sobre Palestina de Prashad

El último boletín de Prashad para el Tricontinental vuelve a estar dedicado a Palestina. https://thetricontinental.org/

Los pájaros volverán también a Palestina | Boletín 31 (2024)

Mientras empeora la situación en Gaza, Netanyahu fue aplaudido por exigir más armas. En contraste, Beijing recibió a las facciones palestinas, abogando por unidad y paz. agosto 1, 2024

Queridos amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

El 26 de julio, altxs funcionarixs de las Naciones Unidas informaron al Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre la grave situación en Gaza. “Más de dos millones de personas en Gaza siguen atrapadas en una interminable pesadilla de muerte y destrucción a una escala abrumadora”, dijo la Comisionada General Adjunta del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA), Antonia De Meo. Según los funcionarios de la ONU, en Gaza hay 625.000 niños atrapados, “con su futuro en riesgo”. La Organización Mundial de la Salud ha registrado “brotes de hepatitis A e incontables enfermedades prevenibles” y advierte de que es “sólo cuestión de tiempo” que se propague un brote de polio entre lxs niñxs. A principios de julio, una carta de tres científicos que trabajan en Canadá, Palestina y el Reino Unido, publicada en The Lancet, sugería que si se aplicaba una “estimación conservadora de cuatro muertes indirectas por cada muerte directa a las 37.396 muertes registradas, no resulta inverosímil calcular que hasta 186.000 o incluso más muertes podrían ser atribuibles al actual conflicto en Gaza”.

Dos días antes de la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, el 24 de julio, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se dirigió a las dos cámaras del Congreso estadounidense. Dos meses antes de esta comparecencia, la Corte Penal Internacional (CPI) dijo tener “motivos razonables para creer” que Netanyahu tiene “responsabilidad penal por… crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad”. Esta sentencia fue totalmente anulada por los representantes electos estadounidenses, que recibieron a Netanyahu como si fuera un héroe conquistador. El lenguaje de Netanyahu fue escalofriante: “dennos las herramientas más rápido y acabaremos el trabajo más rápido”. ¿Cuál es el “trabajo” que Netanyahu quiere que termine el ejército israelí? En enero, la Corte Internacional de Justicia informó de una “alegación plausible de actos genocidas” por parte del ejército israelí. Entonces, ¿el “trabajo” que Israel quiere completar es el genocidio del pueblo palestino, acelerado por el aumento del suministro de armas y financiación por parte de Estados Unidos?

A pesar de la queja de Netanyahu respecto a que Estados Unidos no ha estado enviando suficientes armas, en abril el gobierno estadounidense aprobó la venta de cincuenta bombarderos F-15 a Israel, por un valor de 18.000 millones de dólares, y a principios de julio dijo que enviaría casi dos mil bombas de 500 libras para ser utilizadas en Gaza. Netanyahu quería más entonces, y quiere más ahora. Quiere “terminar el trabajo”. Este lenguaje genocida está santificado por el gobierno estadounidense, cuyos representantes acompañaron el llamamiento al asesinato masivo con una ovación.

En las afueras de los recintos del gobierno, decenas de miles de personas protestaron contra la visita de Netanyahu al Congreso. Forman parte del conjunto de jóvenes que han protagonizado un ciclo de protestas contra el genocidio israelí de palestinxs y contra el apoyo total del gobierno estadounidense a la violencia. Netanyahu llamó a los manifestantes “tontos útiles de Irán”, una extraña declaración hecha por un invitado extranjero sobre lxs ciudadanxs que estaban ejerciendo sus derechos democráticos en su propio país. La policía utilizó gas pimienta y otras formas de violencia para contener las protestas, pacíficas y justas.

Mientras Washington daba la bienvenida al acusado de criminal de guerra, Beijing recibía a representantes de 14 facciones palestinas que concurrieron para debatir sus diferencias y encontrar una forma de construir la unidad política contra el genocidio y la colonización israelíes. Justo antes de que Netanyahu entrara en la cámara del Congreso, los 14 representantes posaron para una fotografía en la Casa de Huéspedes del estado de Diaoyutai, en Beijing. En su acuerdo, expresado en la Declaración de Beijing, se avanzó en el compromiso de trabajar juntos contra el genocidio y la ocupación y se reconoció que su falta de unidad sólo ha ayudado a Israel.

Cuando la Unión Soviética se desintegró en 1991, una serie de movimientos de liberación nacional, como los de Sudáfrica y Palestina, se vieron debilitados y obligados a hacer concesiones significativas para poner fin a los conflictos con sus colonizadores. Después de varios intentos fallidos, el régimen del apartheid sudafricano se unió al Foro de Negociación Multipartidista en abril de 1993, instancia donde las fuerzas de liberación hicieron concesiones (debilitadas por el asesinato del líder comunista Chris Hani ese mismo mes y por los ataques del grupo neonazi Afrikaner Weerstandsbeweging). El traspaso de poder negociado mediante la constitución provisional de noviembre de 1993 no desmanteló las estructuras del poder blanco en Sudáfrica. Mientras tanto, en 1993 y 1995, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) aceptó los Acuerdos de Oslo, en los que la OLP reconoció el Estado de Israel y acordó construir un Estado de Palestina en Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania. Edward Said calificó los Acuerdos de Oslo como un “Versalles palestino”, un juicio que pareció duro en su momento pero que, en retrospectiva, es acertado.

Israel utilizó los Acuerdos de Oslo para presionar en su favor, principalmente construyendo asentamientos ilegales en territorio palestino y negando a lxs palestinxs el derecho de libre paso por los tres territorios no colindantes. En 1994, los principales grupos de la OLP crearon la Autoridad Nacional Palestina para unir a las facciones en el nuevo proyecto de Estado, pero los grupos que habían rechazado los Acuerdos de Oslo no querían gestionar la ocupación en nombre de Israel. En enero de 2006, Hamás obtuvo el bloque más numeroso en las elecciones legislativas palestinas, con 74 de los 132 escaños, y en junio de 2007 Al Fatah y Hamás rompieron relaciones y pusieron fin al intento de construir un nuevo proyecto nacional palestino posterior a Oslo.

En mayo de 2006, desde el interior de las duras prisiones israelíes, cinco palestinos que representaban a las cinco facciones principales redactaron el Documento de los Prisioneros: Abdel Khaleq al-Natsh (Hamás), Abdel Raheem Malluh (Frente Popular para la Liberación de Palestina), Bassam al-Saadi (Yihad Islámica), Marwan Barghouti (Al Fatah) y Mustafa Badarneh (Frente Democrático para la Liberación de Palestina). Estas cinco facciones incluyen dos agrupaciones de izquierda, dos islamistas y la principal plataforma de liberación nacional. El documento de 18 puntos instaba a los distintos grupos (incluidos Hamás y la Yihad Islámica) a reactivar la OLP como plataforma conjunta, aceptar a la Autoridad Palestina como “núcleo del futuro Estado” y conservar el derecho a resistir a la ocupación. En junio, todas las partes firmaron un segundo borrador del documento. A pesar de los intentos de crear unidad, incluso durante el asalto israelí a Gaza conocido como Operación Lluvias de Verano (de junio a noviembre de 2006), esta convergencia no fue posible. La animosidad entre las facciones palestinas se mantuvo.

Esta falta de unidad ha proporcionado un amplio espacio para que la ocupación israelí se profundice y para que lxs palestinxs se debatan sin un proyecto político central. Numerosos intentos de reunir a los grupos políticos palestinos en un diálogo serio han fracasado, como en El Cairo en mayo de 2011 y octubre de 2017 y en Argel en octubre de 2022. El Gobierno chino colabora desde el año pasado con varios estados de la región para convocar a las 14 principales facciones palestinas a Beijing para mantener conversaciones de reconciliación. Estas facciones son:
1. Frente de Liberación Árabe
2. As-Sa’iqa
3. Frente Democrático para la Liberación de Palestina
4. Al Fatah
5. Hamás
6. Movimiento de la Yihad Islámica
7. Frente Árabe Palestino
8. Unión Democrática Palestina
9. Frente de Liberación Palestina
10. Iniciativa Nacional Palestina
11. Partido Popular Palestino
12. Frente de Lucha Popular Palestina
13. Frente Popular para la Liberación de Palestina
14. Frente Popular para la Liberación de Palestina (Comando General)

La Declaración de Beijing, reitera las formulaciones del Documento de los Prisioneros, que llamaba a la creación de un Estado palestino, a que se respetara el derecho de lxs palestinxs a resistir la ocupación, a que los grupos políticos palestinos formaran un «gobierno provisional de consenso nacional» y a fortalecer la OLP y sus instituciones para impulsar su papel en la lucha contra Israel. Aunque la declaración pide, por supuesto, un alto al fuego inmediato y el fin de la construcción de asentamientos en Jerusalén Este y Cisjordania, se centra principalmente en la unidad política.

Está por verse si este proceso mediado por China dará resultados cuando lxs palestinxs se sienten a negociar con los israelíes. No obstante, marca un avance en esta dirección y un posible punto de inflexión en el colapso de un proyecto palestino unificado que comenzó tras el acuerdo de Oslo II de 1995. La Declaración de Beijing es diametralmente opuesta a la vehemencia del discurso de Netanyahu en el Congreso estadounidense: este último genocida y peligroso, el primero busca la paz en un mundo complejo.

Fadwa Tuqan (1917-2003), una de las poetisas palestinas más maravillosas, escribió “El diluvio y el árbol”. La caída del árbol, abatido por el diluvio, no fue su fin, sino un nuevo comienzo.
El árbol se alzará.
El árbol se alzará, y sus ramas,
al sol, irán creciendo;
en risas verdeciendo, y en hojas,
cara al sol.
Y el pájaro vendrá,
no tiene más remedio que venir.
El pájaro vendrá.
El pájaro vendrá.

El asesinato del líder de Hamás Ismail Haniyeh (1962-2024) en Teherán (Irán) ha complicado profundamente la situación y dificultará el canto de los pájaros.

Cordialmente,

Vijay

3. El intercambio desigual y los salarios mundiales.

Jason Hickel y dos autores más publican un artículo en Nature en el que argumentan que los países del sur aportan el 90% de la mano de obra mundial, recibiendo a cambio solo el 21% de los salarios. https://www.nature.com/

Intercambio desigual de mano de obra en la economía mundial. Jason Hickel, Morena Hanbury Lemos & Felix Barbour 

Nature Communications volumen 15, número de artículo: 6298(2024)

Resumen

Los investigadores han argumentado que las naciones ricas dependen de una gran apropiación neta de mano de obra y recursos del resto del mundo a través del intercambio desigual en el comercio internacional y las cadenas mundiales de productos básicos. Aquí evaluamos empíricamente esta afirmación midiendo los flujos de trabajo incorporado en la economía mundial entre 1995 y 2021, teniendo en cuenta los niveles de cualificación, los sectores y los salarios. Constatamos que, en 2021, las economías del Norte global se apropiaron de 826.000 millones de horas netas de trabajo incorporado del Sur global, en todos los niveles de cualificación y sectores. El valor salarial de esta apropiación neta de mano de obra equivalía a 16,9 billones de euros a precios del Norte, teniendo en cuenta el nivel de cualificación. Esta apropiación duplica aproximadamente la mano de obra disponible para el consumo del Norte, pero drena al Sur de una capacidad productiva que podría utilizarse en su lugar para las necesidades humanas y el desarrollo locales. Se entiende que el intercambio desigual está impulsado en parte por las desigualdades salariales sistemáticas. Los salarios del Sur son entre un 87% y un 95% más bajos que los del Norte por un trabajo de igual cualificación. Aunque los trabajadores del Sur aportan el 90% de la mano de obra que impulsa la economía mundial, sólo reciben el 21% de los ingresos mundiales.

4. El futuro de Hamás.

Un análisis en The Cradle de la situación en Hamás tras el asesinato de Haniyeh. https://thecradle.co/articles/

Matar la paz: Israel asesina al negociador jefe al otro lado de la mesa

El asesinato por parte de Israel del jefe del politburó de Hamás, Ismail Haniyeh, tenía por objeto no sólo eliminar al principal negociador palestino en las conversaciones de alto el fuego, sino también al hombre más capaz de unificar a las dispares facciones palestinas de Gaza, Cisjordania y el extranjero.

Un colaborador de Cuna 2 DE AGOSTO DE 2024

El asesinato del líder del Buró Político de Hamás, Ismail Haniyeh, ha acabado con cualquier posibilidad de un alto el fuego duradero en Gaza -en condiciones favorables para los palestinos- y deja un enorme vacío político en el seno del movimiento de resistencia.

El asesinato, que tuvo lugar durante una visita oficial a Teherán para la toma de posesión del presidente iraní Masoud Pezeshkian, coincidió con 300 días de la guerra genocida de Israel contra la Franja de Gaza. Haniyeh era el principal negociador palestino en las conversaciones indirectas de alto el fuego, de meses de duración, con la delegación israelí, entre ellos el jefe del Mossad, David Barnea, cuya organización habría ejecutado la impactante operación de asesinato.

Este atentado contra el jefe del movimiento político refleja la política sistemática de Israel de asesinar a dirigentes que puedan unificar filas y profundizar las relaciones con las potencias regionales e internacionales. Así se explica también el asesinato por Israel, el 2 de enero en Beirut, de Saleh al-Arouri, figura clave de Hamás en la gestión de las relaciones entre Teherán, Ankara, Líbano y Doha.

Haniyeh también se distinguió no sólo por su capacidad para salvar la brecha de visión entre las alas militar y política de Hamás, sino también por servir de enlace con éxito con diversas potencias regionales e internacionales y desempeñar un papel fundamental en la promoción de los intereses del grupo de resistencia en sus tres regiones objetivo: Gaza, Cisjordania ocupada y el extranjero.

El asesinato de Haniyeh ha creado una necesidad urgente de reorganizar la casa interna de Hamás -especialmente urgente dada la guerra genocida que Israel mantiene contra Gaza- y conciliar las opiniones dispares de sus dirigentes, como Yahya Sinwar en Gaza y Jaled Meshaal en el extranjero.

Hoy en día, nada convendría más a Israel que ver a Meshaal, en particular, recuperar las riendas de Hamás. El antiguo jefe del politburó de Hamás, después de todo, dividió de forma controvertida a los mayores adversarios regionales de Tel Aviv -el Eje de la Resistencia- al comienzo de la guerra siria, dando la espalda al único Estado árabe miembro del Eje, Siria.

Hamás ha tardado años en reintegrarse plenamente en el Eje tras aquella traición, de la que a menudo se culpa a Meshaal y a sus secuaces, que huyeron de Damasco a Doha. Sólo gracias a los incansables esfuerzos de dirigentes como Haniyeh y Arouri se pudieron enmendar públicamente las relaciones de Hamás con la resistencia regional.

Desde entonces, Meshaal ha sufrido la indignidad de ser despreciado por los dirigentes sirios, iraníes y de Hezbolá, por lo que su regreso a la cima sería maná para los oídos israelíes, a pesar de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se había comprometido, casi con éxito, a matar a Meshaal en 1997.

Pero aquellos eran otros tiempos, y las alianzas y los intereses en la región han cambiado muchas veces desde entonces. Hoy en día, son las cualidades unificadoras y favorables a la resistencia de líderes como Haniyeh y Arouri las que suponen una amenaza mucho mayor para Israel.

Papel ascendente

Haniyeh era, por consenso, un líder popular de Hamás capaz de abarcar todo el espectro de la comunidad política palestina, y protagonizó una carrera excepcional que comenzó con la creación del movimiento Hamás en la década de 1970.

Nació en 1964 en el campo de refugiados de Shati, donde vivió, respiró y experimentó el sufrimiento de los refugiados palestinos en todos sus dolorosos detalles. Haniyeh se unió pronto a Hamás bajo la dirección del carismático fundador, el jeque Ahmed Yassin. Su memorización del Corán antes de los 14 años le convirtió en un elocuente predicador: tenía una hermosa voz recitadora que le granjeó el respeto y la admiración de muchos.

Haniyeh trabajó junto al jeque Yasin en las primeras etapas de la construcción de importantes instituciones islámicas en Gaza, incluida la creación de la Sociedad Islámica y la Universidad Islámica. A pesar de su corta edad, Sheikh Yassin confiaba mucho en él y lo calificaría como uno de los líderes del futuro que desempeñaría un gran papel. Haniyeh ingresó en la Universidad Islámica, se convirtió en jefe de su consejo estudiantil y, tras graduarse, asumió allí una cátedra.

Tras desempeñar un papel destacado en la primera intifada de 1987, Haniyeh fue detenido junto con otros dirigentes de Hamás durante tres años. Aunque fue liberado de la detención israelí en 1991, fue deportado un año después con los líderes del movimiento a Marj al-Zuhur, en Líbano, donde consolidaron su mentalidad de resistencia antes de regresar a Gaza en 1994.

En el marco de los Acuerdos de Oslo, que Hamás rechazaba enérgicamente, Haniyeh surgió como una de las voces más críticas del movimiento para cuestionar políticamente el acuerdo, especialmente en los medios de comunicación. Ascendió rápidamente hasta convertirse en director de la oficina de Yassin y ayudó a reorganizar los aparatos de seguridad, militar y religioso de Hamás en la Franja de Gaza, allanando el camino para la Segunda Intifada en 2000.

Tras el asesinato por Israel de una corriente de dirigentes de Hamás, Haniyeh fue elegido líder del movimiento en Gaza en 2004, lo que marcó un nuevo capítulo en la historia de la organización: una fase de resistencia integral, que culminó con la retirada de las tropas israelíes de la Franja de Gaza en 2005. Con la rotunda victoria de la plataforma «Cambio y Reforma» que Haniyeh lideró en las elecciones palestinas de 2006, se convirtió en el jefe del primer gobierno palestino electo de la historia.

Como gobierno impregnado de la doctrina de la resistencia que se negaba a reconocer a Israel, su administración se vio en confrontación directa con el Estado ocupante. Haniyeh dirigió Gaza y Hamás durante tres guerras lanzadas por las fuerzas militares israelíes, en las que se convirtió en objetivo clave de asesinatos.

En 2017, Haniyeh fue elegido líder de Hamás, sucediendo a Jaled Meshaal. Aunque se vio obligado a abandonar Gaza en 2019 por motivos de seguridad, siguió siendo un poderoso símbolo para los palestinos en la franja y «en el extranjero», capaz ahora de comunicarse regularmente con jefes de Estado, organizaciones internacionales y medios de comunicación mundiales.

Cuando Israel lanzó su brutal ataque militar contra Gaza el pasado mes de octubre, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, amenazó públicamente con asesinar a los dirigentes de Hamás, a pesar de saber que el asesinato de Haniyeh tendría que producirse en un tercer país. El asesinato de Haniyeh es una violación del derecho internacional a muchos niveles: asesinato político, violación de la soberanía y la integridad territorial de las naciones, acto de agresión y atentado contra una persona diplomáticamente inmune. Haniyeh era un símbolo internacional e islámico, y su asesinato es lo que desencadena las guerras.

Pero, ¿acabará este golpe a Hamás y al pueblo palestino con su resistencia a la ocupación y les disuadirá de tomar represalias contra Israel? Decididamente, no. Tel Aviv ha asesinado a innumerables líderes, pensadores, políticos y mandos militares palestinos en décadas pasadas y, sin embargo, los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 se produjeron sin obstáculos. Es probable que la resistencia y el amplio segmento de su población que apoya incondicionalmente estos sacrificios transformen el dolor en más fuerza y determinación.

Además, piden -junto con todo el Eje de Resistencia de Asia Occidental- una dura represalia contra Israel, un castigo por un crimen atroz que violó las leyes y convenciones mundiales.

Retos actuales

Hamás cuenta con una sólida estructura organizativa que incluye su Consejo de la Shura y su Buró Político, instituciones que desempeñan un importante papel en la gestión de los asuntos del movimiento y en la toma de decisiones. A ello se suman los órganos judiciales que garantizan la justicia interna y el control de las disputas.

Los asesinatos de Haniyeh y Arouri han dejado un vacío enorme en Hamás, tanto a nivel de liderazgo como en su coordinación con los aliados regionales e internacionales. Pero el movimiento también ha demostrado históricamente su capacidad para superar las crisis, como quedó demostrado tras la oleada de asesinatos israelíes contra la mayoría de sus dirigentes en Gaza y Cisjordania en 2003 y 2004. Hamás demostró una notable capacidad de resistencia al superar la prueba y continuó ampliando su influencia, desarrollando unas asombrosas capacidades militares y estratégicas y prosiguiendo su lucha de resistencia.

Además, en la actualidad, el ala militar de Hamás, las Brigadas Qassam, cuenta con capacidades, recursos y financiación autónomos, tras haber previsto el recrudecimiento del asedio israelí a Gaza y haberse preparado para esa eventualidad. En los últimos días, los mensajes procedentes de Gaza han hecho hincapié en la continuación de las operaciones militares de Al Qassam.

En todo caso, el asesinato de Haniyeh por parte de Israel es interpretado por la resistencia como un fracaso de Tel Aviv en la consecución de sus objetivos militares y una manifestación de profunda debilidad.

¿El próximo líder de Hamás?

Varios altos cargos de Hamás son probables sustitutos de Haniyeh. Uno de ellos es el jefe de Hamás en Gaza, Yahya Sinwar, adjunto de Haniyeh. Sinwar desempeñó un papel importante en el diseño de la Operación Margen Protector con las Brigadas Qassam y mantiene vínculos muy estrechos con los aparatos de seguridad y militar del movimiento. A pesar de su presencia en Gaza, que vive una guerra continua, Sinwar sigue siendo una sólida opción de liderazgo.

Se espera que Meshaal desempeñe un papel fundamental en la dirección del movimiento durante este periodo de transición, dada su experiencia previa como jefe del buró político hasta 2017. Aunque no es uno de los favoritos del Eje de Resistencia, Meshaal está familiarizado con las complejidades políticas regionales y mantiene sólidas relaciones con algunos Estados regionales clave, lo que podría colmar el vacío de liderazgo durante algún tiempo.

Aunque persisten las tensiones con Irán, Meshaal fue uno de los que establecieron relaciones con Teherán y reforzaron la cooperación tras la guerra siria. Podría esforzarse por superar las diferencias actuales insistiendo en la importancia de la unidad árabe e islámica en esta coyuntura crucial, mostrándose dispuesto a continuar la confrontación de Hamás con la ocupación israelí y adhiriéndose estrechamente a las políticas del difunto Haniyeh.

Otros candidatos destacados son Nizar Awadallah, secretario del comité ejecutivo y del buró político de Hamás, un dirigente próximo a Haniyeh con amplia aceptación dentro del movimiento. A pesar de su escasa exposición mediática, las competencias organizativas de Awadallah lo convierten en una posible opción.

También está Musa Abu Marzouk, antiguo dirigente y jefe de la Oficina de Relaciones Internacionales, que al parecer mantiene profundos vínculos con países como China y Rusia y goza de gran aceptación dentro del movimiento.

Khalil al-Hayya, adjunto de Yahya Sinwar y jefe de la Oficina de Relaciones Árabes, es una figura políticamente decisiva con sólidas relaciones con Irán, Qatar, Turquía y Egipto. Hayya desempeñó un papel importante en las actuales negociaciones de alto el fuego, mantiene fuertes vínculos con el Eje de la Resistencia y está en contacto permanente con operativos de Hamás dentro y fuera de la Palestina ocupada.

Décadas después de su creación, Hamás ha demostrado que es tanto una institución política como un fuerte movimiento de base capaz de tomar decisiones críticas en las circunstancias más difíciles.

El Consejo de la Shura, que tiene autoridad para tomar decisiones, decidirá quién dirige el movimiento en esta fase crítica. A pesar de los grandes retos a los que se enfrenta Hamás -y sus cuadros en los campos de batalla de Gaza-, es probable que continúe su lucha de resistencia y reorganice los asuntos para alcanzar sus objetivos.

5. China y dinámica capitalista en África

Si no estoy equivocado, este es el último artículo de ROAPE de su serie sobre las relaciones económicas entre China y África. https://roape.net/2024/07/24/

China y la dinámica capitalista en África: una crítica estructural

En este artículo, Michael Kpade reflexiona sobre las relaciones económicas de China con el continente africano a través de la lente de las luchas históricas y actuales de África contra la dependencia, la inestabilidad económica y el subdesarrollo, al tiempo que defiende una comprensión matizada del papel de China en África dentro de la dinámica más amplia del capitalismo global, abogando por políticas que promuevan la soberanía económica y mitiguen las crisis sistémicas inherentes al capitalismo global.

Por Michael Kpade

La era posterior a la independencia de África (es decir, entre 1960 y 2000) se ha percibido en gran medida como una tragedia decepcionante debida al fracaso de los Estados para superar plenamente los legados del colonialismo y la dependencia. Caracterizada por la inestabilidad política, los conflictos violentos y el estancamiento económico, ha sido apodada la «Década Perdida«. Este fracaso es el impulso que persigue a la maquinaria política y económica africana. A raíz de las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China, África se ha convertido en el primer plano de una despiadada lucha de poder. De ahí la supuesta «preocupación» de Occidente por el papel de China en el continente africano. Estas preocupaciones van desde el alarmismo sobre el ostensible proyecto colonialista de China hasta diversas narrativas como la trampa de la deuda, la importación de mano de obra y la erosión de la agencia política. Sin embargo, desde una perspectiva africana,la principal preocupación es cómo evaluar las recientes tendencias de la expansión capitalista en África a través de la óptica de la historia económica y la economía política, con el fin de fundamentar la elaboración de políticas orientadas a la soberanía económica en el futuro.

En el análisis tradicional de la relación China-África se cometen dos errores principales. Uno es interpretar «África» como una entidad política y económica singular. El segundo es homogeneizar la República Popular China y las empresas privadas chinas. Ambas son estructuralmente diferentes y encarnan implicaciones sociopolíticas distintas. Desde una perspectiva bilateral, la realidad económica de la relación China-África es de un extremo desequilibrio de poder. En palabras de Eric Orlander, cofundador del China Global South Project, «África no es en absoluto importante para China» como socio económico. Según datos del Observatorio de la Complejidad Económica, en adelante OEC, en 2021 el porcentaje total de exportaciones de los países africanos a China era de alrededor del 4%, y cada país africano representaba menos del 1% de la actividad económica total. En cuanto a las importaciones chinas procedentes de África, el porcentaje era de algo más del 3%, con Sudáfrica y Angola representando el 1% cada uno. A la inversa, el porcentaje de las importaciones sudafricanas procedentes de China es de aproximadamente el 21%, mientras que las exportaciones ascienden al 14%. Desequilibrios similares se reflejan en las economías de las principales naciones africanas, como Angola, Nigeria y Etiopía. En resumen, la relación bilateral, en palabras de Olander, es «importante para algunos países africanos, muy desequilibrada y en declive en relación con el crecimiento de la economía china».

Sin embargo, este tipo de relación desequilibrada no es especialmente nuevo en la historia del desarrollo económico de África. Las llamadas décadas perdidas fueron un periodo de recesiones, estanflación y ciclos de auge y caída a escala mundial, en el que la tasa de crecimiento cayó del 5,4% a un modesto 2,8%. Las repercusiones se dejaron sentir en todo el mundo, donde la economía africana permaneció relativamente paralizada durante décadas. Allí, de 1975 a 1990 la tasa de crecimiento del PIB fue sistemáticamente negativa. En el año 2000, aproximadamente dos de cada diez pobres se encontraban en África, lo que suponía un aumento con respecto a la medida determinada en 1970. El PIB per cápita también había disminuido un 11% aproximadamente en el mismo periodo de tiempo. Además, en los albores del siglo XXI, una de las principales fuentes de apoyo económico, la ayuda occidental, se redujo drásticamente, con lo que el desarrollo de África sufrió una caída fatal. (Así pues, parece que cuando la economía occidental prospera, África apenas llega a fin de mes, pero cuando Occidente está en crisis, África está incapacitada. De hecho, es esta relación desigual la que intentaron investigar los estudiosos de la escuela de la dependencia, entre ellos Samir Amin, Walter Rodney y Raul Prebsich. Muchos de estos estudiosos, aunque no todos, opinan que la expansión de las economías avanzadas se produce a expensas de los países en desarrollo por medios técnicos o de explotación deliberada. (Véanse Las leyes del valor mundial, de Samir Amin, o Cómo Europa subdesarrolló África, de Walter Rodney). Esta creciente dependencia, unida a la aceleración de los niveles de pobreza en medio de la ayuda, los préstamos y las diversas formas de «asistencia económica» del FMI y el Banco Mundial, sólo sirvió para confirmar y reforzar la opinión de que el subdesarrollo de África era el resultado de los esfuerzos militares, políticos y económicos para socavar sistemáticamente el crecimiento.

Fahdel Khaboub, Profesor Asociado de Economía en el Denison College, presenta un útil marco teórico para evaluar las causas estructurales de las crisis de las economías africanas. Consta de tres componentes principales: déficit alimentario, déficit energético e industrialización de bajo valor añadido. Consideremos el ejemplo de Nigeria. En 2021, la OEC registró que el valor del petróleo crudo y del gas de petróleo representaba casi el 90% de las exportaciones nigerianas. Por el lado de las importaciones, revela un escandaloso 18% caracterizado por el petróleo refinado, seguido de una compleja cartera de materiales de alto valor añadido y productos alimenticios, siendo el trigo la segunda importación más importante, con un 5%. La mayoría de los países africanos están dotados de diferentes recursos, entornos empresariales y otras ventajas únicas y, sin embargo, se enfrentan a limitaciones estructurales similares señaladas por Khaboub. Esto incluye una dependencia excesiva de la seguridad alimentaria, incluso si esto significa pedir prestado para comprar en el exterior en lugar de invertir en agricultura, o ampliar las asociaciones con empresas de combustibles fósiles, incluso si no pueden garantizar el acceso sostenido a la energía para todos, en lugar de invertir en energías renovables. Peor aún es la dependencia de conocimientos técnicos, servicios tecnológicos y piezas u otros bienes de alto valor que, en algunos casos, los gobiernos africanos se ven obligados a comprar con el pretexto de la ayuda económica.

Además, son recompensados por el FMI mediante la aprobación de préstamos por centrarse parroquialmente en exportaciones rudimentarias que incluyen materias primas, cultivos comerciales y prendas de vestir de escaso valor que no pueden satisfacer las necesidades ni el estilo de vida del país. Como resultado, tienden a experimentar déficits comerciales sostenidos que requieren préstamos para financiar la actividad económica. Este déficit provoca la depreciación del valor de la moneda nacional, lo que acelera la incapacidad de satisfacer las necesidades del Estado. Además, las subvenciones a la agricultura, la energía y la sanidad sólo pueden mantenerse en la mayoría de los países en riesgo recurriendo a préstamos de prestamistas extranjeros, instituciones financieras internacionales o medidas del banco central, cuando sea posible, para estabilizar la economía, asegurando así que cualquier trampa de la deuda se convierta también en una crisis del coste de la vida. En los casos en que estalla la burbuja de la deuda, desaparece la opción de subvencionar bienes públicos esenciales, y los préstamos del FMI dependen de la imposición de impuestos posiblemente inhumanos y otras medidas de austeridad que desestabilizan aún más el entorno político (véanse las protestas en Kenia y Ghana, las amenazas de huelga en Nigeria).

El análisis de Khaboub es notable porque pone de relieve, bajo el prisma de las finanzas internacionales, la naturaleza cíclica de las condiciones que garantizan el subdesarrollo en África. Khaboub argumenta de forma convincente que estos déficits estructurales no sólo se deben a su diseño, sino que se convierten en factores necesarios para lograr cualquier atisbo de estabilidad económica, iniciando así un ciclo autodestructivo. Por consiguiente, sin inversiones estratégicas radicales, es decir, inversiones centradas en la visión a largo plazo y orientadas a la construcción de la soberanía económica, África seguirá ejerciendo una agencia pasiva frente al poder neocolonial.

La pregunta sigue siendo: ¿por qué considera África a China un socio más adecuado para las inversiones estratégicas? Por supuesto, hay cuestiones estructurales que son en sí mismas legados del colonialismo y de las intervenciones neocoloniales destinadas a socavar los proyectos descoloniales. Además, existen al menos otros dos factores. El primero es político y está relacionado con el rechazo popular constante a la dependencia sostenida de los antiguos amos coloniales. Consideremos los ejemplos de Ghana, Nigeria y Kenia. Los líderes de cada nación han tenido que lidiar con un público enfadado por su creciente dependencia de instituciones al servicio de antiguas potencias coloniales. El parlamento de Ghana se ha visto afectado por disputas internas, avergonzando a sus oponentes políticos por buscar el apoyo del FMI. Los jóvenes kenianos protestan contra el paquete de austeridad respaldado por el FMI y contra las hazañas militares de la nación en Haití, respaldadas por Estados Unidos. El nigeriano Tinubu está perdiendo la fe de los jóvenes, ya que él también pretende imponer medidas de austeridad que han recibido el visto bueno del FMI. (Más información en: Austeridad en NigeriaDisputas en el Parlamento de Ghana, Imperialismo y protestas juveniles en Kenia). Independientemente de que los motivos ideológicos de los partidos políticos sean neoliberales, conservadores o socialistas, el modus operandi de los actores políticos africanos es presentarse a sí mismos como independientes, inquebrantables y desafiando constantemente a la autoridad internacional. Esto ha quedado aún más claro en Malí, Gabón y Burkina Faso tras los recientes golpes de Estado que han ganado apoyo popular debido a la destitución de líderes respaldados por Occidente, la expulsión de militares occidentales y otros esfuerzos por desvincularse de Occidente (véase Apoyo popular a los golpes de Estado en África Occidental y Central). Sólo por razones políticas, los gobiernos africanos tienen un gran interés en encontrar opciones alternativas a las instituciones multilaterales altamente desiguales y a las relaciones económicas bilaterales con los Estados occidentales para disminuir esta dependencia. El ascenso de China como líder mundial es una oportunidad única para África en este sentido.

El segundo factor es estratégico y requiere cierto contexto histórico. Entre los años 60 y 2000, los economistas ortodoxos diagnosticaron las «décadas perdidas» de África como consecuencias de políticas públicas de estilo soviético o de una mala gestión política y económica, a pesar de que muchos países africanos se vieron obligados o estuvieron dispuestos a manejar sus economías de forma más liberal que la mayoría de las naciones progresistas de la época. El consenso africano era que el desarrollo no podía producirse sin reunir grandes cantidades de capital. Esto resultó ser una ardua tarea, ya que los socios occidentales veían en África sobre todo riesgos como la inestabilidad política, las crisis humanitarias y el aumento del VIH/SIDA. Sin embargo, el hecho de que las entradas de IED procedentes de China asciendan a casi 112.340 millones de dólares entre 2000 y 2022, en un momento de disminución de la inversión occidental, dice algo único sobre la visión que China tiene de África en comparación con Occidente (para más estadísticas, véase el Global Development Policy Centre de la Universidad de Boston ). Deborah Brautigam, Directora de la Iniciativa de Investigación China-África de la Universidad Johns Hopkins, describe a las empresas estadounidenses como que ven «riesgos mientras que China ve oportunidades». Una diferencia importante es que, a diferencia de la «ayuda al desarrollo» occidental, los préstamos bilaterales chinos se centran en la «financiación del desarrollo». Los términos reflejan un entorno financiero de alto riesgo en el que la confianza se construye a través de los préstamos respaldados por los recursos de África y la capacidad tecnológica de China para encabezar el desarrollo liderado por las infraestructuras. Los beneficios, sin embargo, son que China obtiene la oportunidad de acceder a nuevos mercados, asegurar cadenas de suministro críticas y construir alianzas políticas en la escena mundial, mientras que África obtiene financiación para el desarrollo en gran medida sin restriccionespara perseguir objetivos de desarrollo, evitando así las condicionalidades que conlleva la ayuda occidental. Aunque puede decirse que se trata de logros positivos, lo cierto es que no son radicales, es decir, no abordan plenamente los déficits estructurales descritos anteriormente. Para quienes se preocupan por el largo plazo, esto plantea cuestiones críticas sobre la trayectoria del tipo de desarrollo capitalista en África, sus perspectivas y el futuro papel de China en el proceso.

Cuando Marx escribió El Capital, justificó que se centrara en Inglaterra por la accesibilidad de los datos y por el hecho de que las economías capitalistas avanzadas proporcionaban un espejo que podía reflejar a las naciones en desarrollo su propio futuro. Por lo tanto, para entender la dinámica del capitalismo, basta con comprender el sistema económico de las economías capitalistas más avanzadas. Durante muchos años, esa visión ha sido compartida por economistas heterodoxos y ortodoxos por igual. Sin embargo, el auge de China como gran potencia económica con un modelo distinto de desarrollo capitalista pone en entredicho la hegemonía del modelo estadounidense de capitalismo. Aunque no es distinto del sistema capitalista en su conjunto, el modelo de desarrollo de China se adhiere a la lógica del abaratamiento tal como se introduce en la Historia de las siete cosas baratas de Patel y Moore. Como sostienen los autores de este libro, para que el proceso capitalista se sostenga necesita extraer continuamente beneficios manteniendo el equilibrio social. De hecho, la famosa mano invisible de Adam Smith pretendía formalizar un sistema internamente caótico que, en su opinión, era al mismo tiempo socialmente armonioso. En este modelo, ideas como la competencia perfecta y el libre mercado son sirvientes del precio natural: el precio barato. En ese sentido, el abaratamiento de la energía, la mano de obra, la tierra y los alimentos son esencialmente indicadores de un rápido desarrollo sustantivo. Al mismo tiempo, la baratura puede justificar tendencias acumulativas violentas que van desde el robo colonial/neocolonial, la matanza y el fraude. Las crisis de producción exigen el establecimiento periódico de fronteras en forma de descubrimientos naturales y avances tecnológicos que se convierten en víctimas de estas tendencias acumulativas para mantener los precios bajos. China es un buen ejemplo de esta estructura de comportamiento económico, aunque con un mayor énfasis en el poder blando y la cooperación en lugar del sabotaje militar y diplomático de sus homólogos occidentales. África sigue siendo fundamental para los esfuerzos de abaratamiento que impulsan la formación de precios y el hecho de que África proporcione un mercado para los productos manufacturados baratos chinos, así como un método para asegurar las cadenas de suministro mundiales a un coste relativamente barato, es simplemente una indicación de su condición de frontera en el capitalismo mundial.

En resumen, incluso el capitalismo chino regido por una lógica de abaratamiento puede tener enormes consecuencias. Esforzarse ocasionalmente más allá de sus limitaciones, caer en crisis y recuperarse en virtud de la explotación de las fronteras son sólo algunas de las barreras sistemáticas que hay que superar. Y lo que es más importante, estas crisis que pueden surgir del proceso de abaratamiento o de su interrupción, incluyen diversas cuestiones sociales como: alienación, desempleo, así como presiones negativas sobre las fronteras planetarias. Las secuelas pueden surgir en la estructura caótica de las formaciones sociales, incluyendo la xenofobia, el populismo y la guerra. Sin embargo, no son errores que aquejen al desarrollo capitalista, sino que son inherentes al proceso de desarrollo capitalista.

En lugar de caer presa de narrativas reduccionistas en las que China es el príncipe heredero del colonialismo, heredero del manto de Occidente -el abusador colonial reformado-, un análisis más matizado requiere que desvinculemos lo que las narrativas dominantes se han esforzado por enmarcar como «El problema chino» de los problemas sistémicos del capitalismo. En lugar de rechazar los logros del desarrollo en África, este artículo aboga por un método diferente de evaluar el desarrollo, es decir, a través de la historia y los sistemas económicos. Este análisis es necesario si los africanos queremos evitar las calamidades de las economías avanzadas en nuestro laborioso camino hacia el desarrollo sostenido. A medida que las ruedas de la maquinaria capitalista comienzan a girar, debemos identificar las crisis expresadas como perturbaciones en el orden del capital y la falta de armonía social como parte integrante del modo de producción capitalista, sin el cual no habría «desarrollo capitalista». Además, debemos asegurarnos de que las capacidades administrativas del Estado están preparadas para mitigar algunas de estas crisis. En este sentido, se podría afirmar que el papel de China en África ha consistido en demostrar que existen modos alternativos de desarrollo exitosos que, sin ningún juicio, tienen poco que ver con la adopción de los valores occidentales. En cambio, con una visión pluralista del crecimiento económico, África adquiere más capacidad para determinar su futuro de la que ha tenido hasta ahora.

Michael Kpade cursa el último año en la New School University. Le interesan la economía, la filosofía y la ecología.

6. Debate sobre panafricanismo

Otra aportación al debate del panafricanismo como ideología para la liberación del continente. https://www.afriquesenlutte.

Contribución al debate sobre el panafricanismo como ideología-doctrina para el renacimiento africano

1 julio 2024 Samba Buri Mboup

Examen crítico de algunos de los puntos planteados por Félix Atchadé en sus reflexiones sobre el panafricanismo, en particular el carácter histórico más amplio de este movimiento.

Esta reacción al interesante artículo de Félix Atchadé, publicado el 8 de julio en las columnas del diario YoorYoor, es una contribución cívica al debate sobre el panafricanismo; se ha escrito por una simple preocupación didáctica por estas valientes cohortes de jóvenes africanos y senegaleses patriotas que tanto han contribuido al cambio político en curso en nuestro país. Para estos jóvenes, que a veces carecen de puntos de referencia históricos, culturales o teóricos, nuestro papel como mayores es ayudarles en la medida de lo posible a colmar las lagunas y los vacíos de sus conocimientos, a fin de que estén mejor equipados para cumplir su noble, elevada y difícil misión de completar, o al menos hacer avanzar significativamente, la lucha por la liberación, la unificación y la soberanía de África y de los africanos, «los de casa y los de fuera».los de dentro y los de fuera», por utilizar una frase muy querida por Marcus Garvey, para el advenimiento de una era duradera de dignidad recuperada, prosperidad, equidad, justicia y paz para todos, sin dejar de estar anclados en nosotros mismos y respetando nuestro entorno.

Esta preocupación didáctica me parece compartida por Félix Atchadé, cuyos méritos consisten en recordar las difíciles condiciones, así como el contenido, el sentido y el alcance del cambio que tuvo lugar en Senegal y en África con la elección a la magistratura suprema del Presidente Bassirou Diomaye Diakhar Faye, como expresión de una «auténtica revolución ciudadana, que marca una ruptura decisiva con el pasado y abre la vía a un futuro más justo»;

2. clarificar el papel desempeñado en este proceso de cambio por el panafricanismo como doctrina que ha permitido orientar los principales objetivos y definir y formalizar las modalidades del cambio en cuestión;

3. Todo ello centrándose en «los valores de solidaridad, unidad y autodeterminación africanas», encarnando «la visión de un África unida y próspera, libre de ataduras neocoloniales».

En mi opinión, también podríamos considerar :

4. el cambio generacional en el liderazgo (que no puede reducirse a una cuestión de edad en sentido estricto); además de esto

5. el soplo de aire fresco en la renovación de la cultura organizativa; y 6. la madurez política demostrada por nuestra gente, su adhesión en diversos grados, de diferentes maneras, a un proyecto político que entienden, que se les parece; con 7. la esperanza que lo que está ocurriendo aquí ha despertado y sigue despertando en África y más allá.

Dicho esto, me gustaría volver sobre algunas inexactitudes o incluso errores del texto del Dr. Atchadé, así como sobre una serie de afirmaciones que me parecen cuestionables por una u otra razón. Comenzaré discutiendo la pertinencia de la afirmación de Félix Atchadé relativa a lo que él denomina «panafricanismo de izquierda», propuesto como «teoría revolucionaria» para el proceso de cambio que ha tenido lugar.Comenzaré discutiendo la relevancia de la afirmación de Félix Atchadé relativa a lo que él denomina «Panafricanismo de Izquierda» como «teoría revolucionaria» propuesta para el proceso de cambio que ha tenido lugar recientemente en Senegal, en particular para la visión política subyacente a este proceso y el proyecto de sociedad que el Pastef, sus principales dirigentes, entre ellos el Presidente Bassirou Diomaye Diakhar Faye y el Primer Ministro Ousmane Sonko, pretenden construir, con el apoyo de las demás fuerzas y protagonistas del cambio en cuestión.

En primer lugar -como ya he dicho en otras tribunas-, no sólo no me identifico con los términos «izquierda», «derecha», «centro», etc. de otros lugares, que no me parecen muy pertinentes en nuestro contexto sociocultural senegalés-africano, aunque respetables líderes de la lucha de nuestro pueblo por la libertad, la justicia y el progreso social hayan afirmado serlo. Tampoco recuerdo -mi información o mi memoria pueden ser defectuosas- haber oído nunca a los dirigentes o militantes de Pastef definirse como «panafricanistas de izquierda».

Por otra parte, recuerdo con diversión el bochorno que una vez sintió un amigo mío que es un tribuno destacado, un comunicador probado y también uno de los adeptos y sabios teóricos del «panafricanismo de izquierdas», cuando, durante uno de sus discursos públicos, quiso probar suerte traduciendo este concepto al walaf para su audiencia.Finalmente desistió, al darse cuenta del carácter arduo y, sobre todo, de los riesgos de incongruencia de su ejercicio de traducción, en relación con la vergüenza que su traducción podría haber causado en su auditorio, por razones propias del contexto sociocultural senegalés-africano de su intervención pública…

En segundo lugar, a excepción de los protagonistas y líderes de la Revolución de Tooroodo [ortografía correcta] en la región senegalesa de Fouta, como Abdel Kader Kane, las referencias citadas por el autor como hitos históricos en la elaboración de las teorías del cambio son, en su mayoría, autores occidentales: Karl Marx, Anna Arendt, John Locke, Rousseau, Montesquieu, algunos de ellos contemporáneos del llamado Siglo de las Luces, y cuyo pensamiento está impregnado de nacionalismo y/o racismo. Para ilustrar el contenido revolucionario y el alcance operativo del pensamiento de los autores occidentales mencionados, el Dr. Atchadé cita ejemplos de revoluciones que se inspiraron en ellos, como «la Revolución Americana, la Revolución Francesa y la Revolución Rusa».

En tercer lugar, lo que el autor denomina «panafricanismo identitario y cultural», centrado en el «renacimiento cultural», se presenta en el mismo artículo como una forma de panafricanismo menos relevante, menos significativa, más limitada en sus objetivos y demandas y, en consecuencia, con menor capacidad operativa para la transformación social y política en lo que se refiere a abordar las necesidades, intereses y aspiraciones de África y los africanos.

La tendencia a dar crédito acrítico, o incluso a privilegiar, referencias y fuentes ajenas, en particular occidentales, manchadas en uno u otro grado de eurocentrismo, puede exponernos al riesgo de caer en ciertas trampas o incluso conducirnos a errores epistemológicos y teóricos de los que no siempre escapa el autor del artículo en sus comentarios y en el tratamiento de los hechos citados o evocados en apoyo de sus tesis o análisis. En lo que se refiere, por ejemplo, a las referencias a las Revoluciones Francesa y Americana, me limitaré a recordar en lo sustancial lo que he dicho sobre ellas en algunos de mis trabajos y publicaciones, incluso en un reciente foro de diálogo con jóvenes organizado por el Mandela Institute for Development Studies (MINDS) en Johannesburgo; foro en el que tuve el privilegio de intervenir como ponente principal, y en el que se debatió ampliamente sobre la reciente alternancia o alternativa política en nuestro país.

Ya se trate de la experiencia francesa de 1789, del modelo estadounidense instaurado tras la Guerra de la Independencia o de la democracia ateniense, es innegable que lo que allí ocurrió fue el resultado de luchas políticas y sociales de contenido revolucionario e innegable trascendencia histórica. Sin embargo, cada una de estas experiencias históricas presentadas como modelos de «democracia al estilo occidental» tiene limitaciones que nosotros, como panafricanistas, haríamos bien en identificar más claramente. Por ejemplo, en lo que respecta al principio de «igualdad para todos», conviene recordar que en realidad, en el contexto francés o americano en cuestión, se trata esencialmente, si no exclusivamente, de una cuestión de igualdad civil, y no de igualdad económica, social o racial. Otro hecho sorprendente es que aquellos cuyo lema era Liberté-Égalité-Fraternité eran los mismos que habían intentado restablecer la esclavitud en el Caribe, incluso en la República Negra Independiente de Haití, cuya existencia se proclamó solemnemente en Gonaïves el 1 de enero de 1804, tras la brillante victoria del ejército de liberación nacional dirigido por el general Jean-Jacques Dessalines, con el apoyo de todas las fuerzas militares patrióticas movilizadas en la batalla de Vertières el 18 de noviembre de 1803, que condujo a la rendición del general francés Rochambeau.

Sin embargo, los primeros tiempos de la joven nación haitiana distaron mucho de ser un río largo y tranquilo, ya que tuvo que soportar el peso de la ley del más fuerte, en este caso la de la impenitente Francia esclavista, a pesar de que era considerada por muchos -y sigue siéndolo- la «patria de los derechos humanos». Por así decirlo, tras la independencia de Haití, los colonos franceses exigieron reparaciones, alegando los «perjuicios» que habían sufrido a causa de «la nueva libertad conquistada por los esclavos». En 1825, Carlos X envió una flota de 14 buques de guerra a Haití. Para evitar que su pueblo volviera a caer en la esclavitud, el Presidente Boyer tuvo que «aceptar» pagar un «tributo» de 150 millones de francos oro impuesto por Francia: esta cantidad se redujo posteriormente a 90 millones (lo que equivaldría a unos 30.000 millones de euros actuales); el pueblo haitiano tuvo que endeudarse hasta 1946 para pagar esta suma.

En el mismo foro, también reiteré mis reservas sobre otro experimento de «democracia al estilo occidental»: el modelo ateniense, en el que la mayoría de la población estaba excluida tanto de jure como de facto del juego democrático, a juzgar por las proporciones demográficas de esta antigua ciudad-estado griega, que eran del orden de un ciudadano por cada dos esclavos, como señala Cheikh Anta Diop, quien recuerda que ya en el siglo VI a.C., Atenas había «recurrido a la compra masiva de mano de obra esclava, principalmente importada de la actual Rusia» (véase Civilisation ou Barbarie, Présence, 1981, pp. 139-267 ).

En cuanto a la Revolución estadounidense, Elizabeth Maddock Dillon y Michael Drexler, coeditores de The Haitian Revolution and the Early United States: Histories, Textualities, Geographies, publicado en 2016, constatan la existencia de un «vínculo íntimo entre las historias de Haití y los primeros Estados Unidos» en términos políticos, económicos y geográficos; ello a pesar del efecto espantapájaros (los autores no dudan en hablar de un «espectro aterrador») que el éxito de la Revolución haitiana ejerció en particular sobre «las fuerzas esclavistas de allí [y más allá]».

Generalmente celebrada como la primera revolución antiesclavista y anticolonial del hemisferio occidental, Haití fue también la segunda república independiente, después de Estados Unidos, del continente americano; pero a diferencia de Haití, Estados Unidos seguiría siendo una república esclavista hasta 1865. Sin embargo, la Revolución Haitiana fue una fuente de inspiración para los afroamericanos que se rebelaban contra su inaceptable condición, e incluso para algunos abolicionistas estadounidenses. A nivel gubernamental y estatal, sin embargo, se produjeron varios actos de hostilidad diplomática y política hacia el Estado haitiano, y de saqueo de sus recursos económicos, que culminaron con la invasión de Haití por los marines estadounidenses en 1915 y la incautación de todas las reservas de oro del país. Sin olvidar la promulgación de una nueva Constitución redactada por F.D. Roosevelt; la venta de tierras a los capitalistas estadounidenses; una ocupación colonial marcada por el sello de un terrorismo militar desenfrenado; por la determinación de aplastar cualquier atisbo de resistencia patriótica; además del apoyo al fascismo duvalierista (años 50/80); la herencia por parte de EE.UU. de la «Deuda de Reparación» impuesta inicialmente por Francia; la perpetuación de una tradición marcada por un intervencionismo insolente, salpicado de masacres, golpes de Estado y secuestros políticos, incluso en las más altas esferas del Estado (secuestros y exilio del presidente legítimo Jean-Bertrand Aristide en 1990 y 2004); así como por elecciones amañadas y la imposición de dirigentes títeres como Michel Martelly (2011) e incluso Jovenel Moïse (2015), finalmente asesinado….

A diferencia de las dos «revoluciones de tipo occidental» citadas por el Dr. Atchadé, la Revolución haitiana fue una auténtica muntucracia en el hemisferio occidental; el concepto de muntucracia encierra, en nuestra opinión, un contenido más revolucionario que el de democracia, aunque nos falta espacio aquí para fundamentar esta afirmación, sobre la que tenemos intención de volver en breve.

Tras estas aclaraciones y reservas, quizás sea el momento de presentar algunos puntos para ilustrar nuestra propia comprensión del concepto de Panafricanismo, que definiremos, de acuerdo con el pensamiento y la herencia política de Kwame Nkrumah y otros panafricanistas, como «la expresión de la conciencia y la posición política del conjunto de las masas africanas en el mundo, en su lucha por defender sus intereses y aspiraciones». Como tal, el panafricanismo hunde sus raíces en la experiencia histórica de lucha compartida por los pueblos africanos en el continente y en la diáspora: la lucha contra la opresión y por la recuperación de la soberanía y la iniciativa histórica sobre su propio destino. En este sentido, el panafricanismo no sólo es heredero de «las luchas anticoloniales y los movimientos panafricanistas del siglo XX», como señala el Dr. Atchadé.

Sus orígenes se remontan a épocas muy anteriores: la(s) correspondiente(s) a las experiencias de la trata de esclavos impuesta a los pueblos africanos a lo largo de largos siglos de esclavitud y explotación por parte de los árabes (trata transahariana y del Océano Índico), luego por las potencias occidentales (trata atlántica); pero también, y sobre todo, a través de la historia de la resistencia permanente y multiforme de los pueblos y comunidades africanos y de los individuos afrodescendientes contra la dominación, la esclavitud y la explotación. Por lo tanto, ante todo, existe la conciencia de una comunidad de destino entre los pueblos africanos y las comunidades afrodescendientes, arraigada en la historia de la resistencia permanente a la agresión polifacética de fuerzas externas, al tiempo que se aprovechan todas las experiencias y esfuerzos para desarrollar proyectos e iniciativas de emancipación, independencia y unidad política.

En segundo lugar, y a este respecto estaría esencialmente de acuerdo con la perspectiva del Dr. Atchadé, el panafricanismo puede definirse como una ideología y/o doctrina para el renacimiento africano; los términos ideología y doctrina son, en nuestra opinión, complementarios, si no sinónimos. Desde este punto de vista, el panafricanismo constituye un instrumento de autoconocimiento, de identificación y afirmación colectiva, que permite a los africanos comprender y asumir, de forma holística y crítica, su trayectoria histórica y su condición en el mundo; al tiempo que sirve de guía para la acción transformadora, para su lucha común por recuperar su soberanía y dignidad. Como tal, el panafricanismo es a la vez un legado de lucha y una visión, así como un conjunto de principios rectores, valores y objetivos estratégicos que impulsan el Renacimiento africano.

Una breve mirada a la historia y a la sociología política del panafricanismo, marcada entre otras cosas por el papel esencial desempeñado por las mujeres africanas, muestra, según Cedric Robinson [cf. Black Marxism, Zed Books Ltd, Londres, 1983], demuestra que se trata en realidad de una misma lucha ininterrumpida: «La historia de la lucha emancipadora de los pueblos africanos del continente americano y de la diáspora puede considerarse como un mismo proceso ininterrumpido y multiforme, caracterizado en particular por una innegable conexión ideológica, así como por la complementariedad e interdependencia de sus diversas manifestaciones y modalidades»: la resistencia antiesclavista; la resistencia y los intentos de integración africana bajo la dirección de líderes históricos como Samory Touré, Chaka o (antes de ellos), Nzinga de Ngola (Ndongo) y Matamba. También están los congresos panafricanistas; las luchas de descolonización, con el episodio de las luchas de liberación en las antiguas colonias portuguesas y en el sur de África, etc., etc.

De hecho, todos estos acontecimientos (y hechos) «están estrechamente vinculados entre sí en virtud de la similitud de sus características sociales y de su inspiración en una experiencia histórica común de opresión y en una misma ideología social». [C. Robinson]. Son síntomas de esta realidad unitaria: la presencia o la repercusión del movimiento garveyista en Estados Unidos, el Caribe, Europa y África (Liberia, Ghana, Senegal, Sudáfrica, etc.); el carácter panafricano del movimiento garveyista; y el hecho de que el movimiento garveyista haya nacido en Estados Unidos, el Caribe, Europa y África (Liberia, Ghana, Senegal, Sudáfrica, etc.).); el carácter panafricano del secretariado político de Kwame Nkrumah, que reunía a africanos del continente como Habib Niang (Senegal) y sobre todo de la diáspora como W.E.B. Dubois (Estados Unidos), Georges Padmore y C.L.R. James (Trinidad y Tobago). Sin olvidar el innegable papel catalizador de la independencia africana en el desencadenamiento del movimiento Black Power en América y el Caribe; y a su vez, el rotundo impacto del movimiento Black Power de los años 60 y los escritos de Frantz Fanon en la conciencia de la juventud africana del Continente ; ni las dinámicas identitarias implicadas en el proceso de identificación de la misma juventud africana (Continente y Diáspora) con la lucha del pueblo sudafricano y sus héroes, así como con el mensaje y el pulso del Reggae, con la cultura Rasta y el concepto de Rastafari en general, considerado por Horace Campbell y Walter Rodney como una de las expresiones más fuertes del Panafricanismo en el siglo XX.

Como nos invita a hacer José do Nascimento, no perdamos de vista que, a pesar de todo el ruido sobre la «globalización», evolucionamos en el contexto de una civilización mundial todavía dominada por intereses nacionales en conflicto; en la que las cuestiones de seguridad militar determinan la posibilidad de éxito o fracaso de las estrategias nacionales de desarrollo económico; mientras que el dominio de la información estratégica, del conocimiento científico y de la tecnología desempeña un papel clave en la riqueza de las naciones, así como en la geopolítica mundial y en el equilibrio geoestratégico del poder en el mundo. En este contexto, el Renacimiento Africano, como respuesta organizada de nuestros pueblos a los desafíos de una globalización asimétrica, hegemónica y opresiva, constituye un proyecto alternativo y global de sociedad y civilización, con el objetivo de crear las condiciones para el renacimiento de África como centro independiente y competitivo de iniciativa y decisión en el mundo de hoy y de mañana. Se trata de un objetivo estratégico a alcanzar a largo plazo; el término «renacimiento» se refiere también al proceso de transformación, de reconstrucción del tejido social y de autotransformación de los africanos, para que estén en condiciones de cumplir esta misión, reconectando con la historia como agentes de sentido, dueños de su propio destino, a través de los «caminos ascendentes de su cultura nacional», en palabras de Amílcar Cabral.

Otra cuestión muy importante es la urgente necesidad de volver a conectar con la diáspora africana como sexta región, por las oportunidades de inversión económica, pero también en términos de «captación de cerebros».»Es probable que esta reconexión proporcione un reposicionamiento estratégico del continente africano en el mapa mundial y en la agenda geopolítica global, así como para el avance y la maduración del Movimiento Panafricanista como tal. Tal opción estratégica implica un compromiso firme, una unidad de pensamiento y de acción entre África y su(s) diáspora(s) en el marco del Movimiento por una Justicia Reparadora Global. Esto significa, entre otras cosas, luchar por la reforma de la OMC, la CPI y el sistema de las Naciones Unidas (el Consejo de Seguridad en particular), y construir un consenso fuerte y operativo sobre la cuestión de las Reparaciones y la Repatriación, donde los avances son cada vez más significativos y notables.

Es lamentable constatar la timidez y la relativa reticencia de algunos africanos del continente a abrazar este movimiento, e incluso su actitud recelosa hacia él. Sin embargo, hay que recordar que la legitimidad de la reivindicación de reparaciones para África y los africanos está consagrada en el derecho internacional, sobre la base de la Ley Taubira de 2001 que reconoce la esclavitud y la trata de esclavos como crímenes contra la humanidad); el derecho a la reparación, tal y como lo definió la Corte Permanente de Justicia Internacional (1928), también ha sido bien reconocido en el derecho internacional, con la jurisprudencia de precedentes históricos conocidos por todos, excepto quizás por ciertas mentes amnésicas o con una memoria histórica selectiva cuando no actúan de mala fe, incluidos ciertos africanos.

Además de las reparaciones efectuadas (en términos políticos, económicos y societales), hay que destacar también el contenido cultural y moral de las reparaciones en términos de rehabilitación de los lugares de memoria y de restitución de los bienes culturales saqueados. Sin olvidar la cuestión fundamental de la autorreparación, algunos de cuyos ejes se solapan con los del renacimiento cultural tal como se ha definido anteriormente (curación psicológica, regeneración moral, elevación espiritual); y que se plantea en términos de autoliberación, desalienación mental : En otras palabras, la capacidad de «descodificar las formas y los comportamientos heredados de la esclavitud y la colonización, con el fin de reprogramar nuestros propios planteamientos, incluida nuestra visión del mundo, nuestras imágenes de nosotros mismos y de los demás, que dependen de nuestra autoridad interior».

Es bien sabido que las cuestiones de soberanía, seguridad (militar, política, monetaria, alimentaria, social y humana), unificación política y renovación cualitativa del liderazgo figuran entre los principales temas y desafíos del panafricanismo como ideología-doctrina para el proyecto y el proceso de renacimiento, que se plantea, entre otras cosas, en términos de desarrollo material de las sociedades africanas y de renacimiento cultural. El renacimiento cultural implica también una auténtica descolonización lingüística, así como la valorización de las culturas africanas mediante la reconstrucción de los sistemas de información, educación, creencia y producción de conocimientos y saberes en África: esto, por supuesto, no puede lograrse sin una autonomía de la conciencia política, ni una renovación de la inteligencia política, la inventiva intelectual y cultural y la creatividad en África.

El propósito de esta contribución es contribuir al esfuerzo de organizar y difundir un conjunto de ideas, conceptos y concepciones que se afirman o reafirman cada vez más en diversos debates, en varias plataformas y foros, y en documentos como el Acta Constitutiva de la Unión Africana.Pero a menudo sin la coherencia y el impacto que darían a una doctrina y/o ideología política como el panafricanismo la fuerza necesaria para arraigar en las luchas políticas y sociales que dan lugar a las aspiraciones de África y de los africanos de hoy y de mañana. De ahí la distinción que hace Elenga Mbuyinga alias Mukoko Priso entre, por un lado, el «panafricanismo revolucionario», el del pueblo, portador de esperanza y de cambio para la situación y el futuro de los pueblos africanos y, por otro, lo que él llama la «política de la demagogia panafricana», característica en muchos aspectos de la visión y las prácticas de la OUA e incluso de la Unión Africana.

No puedo concluir sin mencionar una cuestión aparentemente insignificante pero importante sobre la que pienso volver en breve: la incorrecta ortografía del lema-programa de la nueva dirección senegalesa, lema mal escrito por el Dr. Atchadé y que, según las normas ortográficas actuales, debería escribirse: Jub, Jubal/Jubël, Jubbanti/Jubbënti, con una geminación del grafema /b/ en el último término de este tríptico, y cuya pronunciación en valaf estándar -no confundir ni con el valaf practicado en Gambia ni con el hablado por un nativo de Seereer, Lo ilustra esta famosa cuarteta de Boroomam de Moussa Ka, dedicada al jeque Ahmadou Bamba, cuya belleza y fuerza expresiva se ven realzadas por el uso juicioso de los determinantes de intensidad gann, toyy, domm, sàpp:

«Diis ba ni gann

Wayaf ba ni toyy cik wet

Lewet ba ni domm

Saf sàpp ak boroomam»…

Había empezado a trabajar en esta contribución antes de la brillante e impactante conferencia pública sobre panafricanismo pronunciada por nuestro hermano Joomaay Ndongo Faye en el anfiteatro Mbaye Guèye de la Universidad Cheih Anta Diop (UCAD). Como tantos otros, aprendí mucho allí. No obstante, he optado por ceñirme al primer borrador de este documento, para mantenerlo dentro de unas proporciones razonables.

7. Jactarse de sus crímenes

La enésima muestra de putrefacción de la sociedad palestina es ese friki espectáculo que han mostrado al mundo -y en Occidente se han negado a ver- con ese asalto para liberar violadores mientras se discute en el Parlamento la impunidad en el crimen. https://www.972mag.com/sde-

Un motín por la impunidad muestra el orgullo de Israel por sus crímenes

Manifestantes, soldados y diputados de extrema derecha se unieron a los guardias sospechosos de violar a un detenido palestino. Antes marginales, ahora son la cara pública del Estado.

Por Oren Ziv 1 de agosto de 2024

Entre los cientos de activistas israelíes de derechas que se manifestaban ante la base militar de Beit Lid la noche del 29 de julio, un grupo de soldados enmascarados y armados destacaba entre la multitud. Los soldados eran fácilmente identificables por la ilustración de sus insignias: una serpiente dentro de la Estrella de David, la insignia de la Fuerza 100. Creada a raíz de la Primera Intifada, la Fuerza 100 es una unidad de las FDI encargada de supervisar a los detenidos palestinos y reprimir las revueltas en las prisiones militares. Desde octubre, la unidad opera también en la base militar de Sde Teiman, donde se ha detenido, maltratado y torturado a palestinos de la Franja de Gaza.

Los soldados acudieron a Beit Lid para apoyar y exigir la liberación de diez de sus compañeros que habían sido detenidos como sospechosos de violar a un detenido palestino en Sde Teiman. El detenido, según Physicians for Human Rights-Israel (PHRI), fue hospitalizado hace tres semanas con graves lesiones en el recto. A primera hora del lunes, manifestantes y miembros de extrema derecha de la Knesset se congregaron frente a Sde Teiman después de que la policía militar israelí entrara en la base para detener a los sospechosos, entre los que se encontraba un comandante de la Fuerza 100.

«El Fiscal General Militar [Yifat Tomer-Yerushalmi] ama a Nukhba», rezaba un cartel en el exterior de Beit Lid, en referencia a la unidad militar de élite de Hamás cuyos miembros los manifestantes creían detenidos en Sde Teiman. «El Abogado General Militar es un criminal», rezaba otro.

Incluso los legisladores se unieron a los ataques contra Tomer-Yerushalmi. «He venido a Sde Teiman para decir a nuestros combatientes que estamos con vosotros, que os protegeremos», declaró la diputada de Otzma Yehudit (Poder Judío) Limor Son Har-Melech, en un vídeo publicado desde el exterior del centro de detención. «Nunca permitiremos que la criminal Fiscal Militar General os haga daño. Ella se preocupa por los terroristas de Nukhba y se preocupa por sus derechos, en lugar de preocuparse por nuestros combatientes, está debilitando a nuestros combatientes. La historia la juzgará y nosotros también la juzgaremos». Coreando a los soldados y policías que custodiaban Beit Lid, los manifestantes gritaron: «¡Traidores!».

Junto con miembros de la Fuerza 100, entre los manifestantes había kahanistas, jóvenes colonos de las colinas de Cisjordania ocupada, partidarios del primer ministro Benjamín Netanyahu y telespectadores del Canal 14 de televisión. En el pasado, se podía decir que estos grupos eran una minoría política. Pero hoy, están en el gobierno, dirigen las fuerzas del orden del país y son la cara de Israel. Un titular de prensa israelí decíaque los manifestantes «declararon la guerra al Estado de Israel», pero en realidad son el Estado, hecho que queda claro por el apoyo que recibieron de ministros y parlamentarios.

Durante gran parte de la manifestación, soldados enmascarados de la Fuerza 100 se situaron directamente frente a los pocos policías y soldados que intentaban impedir que los alborotadores entraran en la base. Sin embargo, los agentes de guardia hicieron muy poco por dispersar a la multitud.

La policía no utilizó caballos ni vehículos con cañones de agua, tácticas conocidas por todos los palestinos, etíopes o israelíes ultraortodoxos que se han atrevido a protestar. Incluso después de que los manifestantes rebasaran los accesos e irrumpieran en Sde Teiman, y más tarde en Beit Lid, nadie fue detenido ni siquiera identificado por la policía. Sólo después de muchos minutos, los soldados, algunos con escudos y porras, evacuaron por la fuerza a los alborotadores de Beit Lid. Durante las masivas manifestaciones antigubernamentales de 2023, a algunos manifestantes se les retiró lalicencia de armas y a otros se lesapartó del servicio de reserva del ejército tras ser detenidos; está claro que nada de esto ocurrirá con los alborotadores del lunes.

Pateé al fotógrafo de B’Tselem

La aterradora visión de las milicias israelíes armadas es bien conocida por los palestinos y los activistas contra la ocupación en Cisjordania. En los últimos años, hombres enmascarados, tanto soldados como colonos, han sido los principales agentes de las leyes opresoras de la ocupación, dando incluso órdenes a la policía israelí y a otros soldados. Desde el comienzo de la guerra contra Gaza, las milicias judías han operado en todo el país bajo la apariencia de «escuadrones de alerta». Por eso, el lunes no fue nada extraño ver a los pistoleros pasearse sin obstáculos por la manifestación.

Desde el terreno, estaba claro que la policía simplemente no quería evacuar a los manifestantes de Beit Lid. Y a primera hora del día, cuando los manifestantes irrumpieron en Sde Teiman, la policía habría rechazado la petición de ayuda del ejército. El ministro de Defensa, Yoav Gallant, ha exigido ahora que se investigue si el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, obstaculizó deliberadamente la respuesta de la policía a los disturbios.

Como no se produjeron enfrentamientos graves con la policía o los soldados, muchos de los manifestantes descargaron su ira contra los medios de comunicación: agredieron, insultaron y escupieron a los periodistas, a excepción del personal del derechista Canal 14, que fue recibido con aplausos.

«He pateado al fotógrafo de B’Tselem», se jactaba un manifestante a su amigo, tras atacar a un fotoperiodista extranjero y ser apartado por otros manifestantes. «Brahnu, te queremos, pero odiamos a Al Jazeera», gritaban a Brahanu Teganya, reportero de Channel 12 News.

«Está prohibido fotografiar, va contra la ley», amenazó un manifestante al acercarse a los fotógrafos. No existe tal prohibición, pero en lo que respecta a los manifestantes, ellos son la ley.

El martes, el tribunal militar israelí de Beit Lid celebró una vista a puerta cerrada para los diez soldados; dos fueron puestos en libertad esa misma noche. Esta vez, un gran número de agentes de policía rodeó el edificio, mientras unas decenas de manifestantes permanecían fuera. Un joven manifestante sostenía un pañuelo con una bandera palestina, gritando: «¡Esto es lo que ha perdido el abogado militar!».

Hila, cónyuge de uno de los soldados detenidos, habló con los medios de comunicación fuera del tribunal. Debido a una orden de silencio sobre la información relativa a los sospechosos, se negó a facilitar su apellido.

«Mi marido está en combate desde el 7 de octubre como soldado de reserva», dijo. «Ayer lo trajeron aquí para detenerlo, de una forma humillante y vergonzosa. No creo que nuestro país pueda actuar así, y estoy aquí para alzar su voz y la de los demás soldados.»

Con respecto a las acusaciones de violación, dijo: «Este es el testimonio de un despreciable combatiente de Nukhba con las manos manchadas de sangre, que se atrevió a quejarse, y todo el condado está enfurecido por ello. No debemos olvidar quién es nuestro verdadero enemigo. Nos enfrentamos a monstruos, a una organización terrorista, y yo digo que los derrotaremos».

Dos visiones de la violencia israelí

El origen de la rabia de los manifestantes, tanto en Sde Teiman como en Beit Lid, era que las fuerzas del orden israelíes se atrevían a interrogar a los soldados. Para ellos, los soldados merecen total inmunidad, aunque cometan violaciones. Como dijoMK Tali Gottlieb : «No importa cuál sea la sospecha, una vez que sean soldados y combatientes los que custodien a los terroristas de Nukhba, nadie los detendrá».

Esto marca un nuevo punto bajo para el discurso público israelí, aunque dado el clima público desde el 7 de octubre, no es sorprendente. Además, durante décadas, en la inmensa mayoría de los casos, casi nunca se responsabiliza a los soldados de cometer atrocidades horribles, ni siquiera las que equivalen a crímenes de guerra. Según múltiples investigaciones de +972, los soldados de Gaza han gozado de inmunidad para saquear, cometer actos de vandalismo, disparar y matar a voluntad, todo ello con el conocimiento de sus mandos sobre el terreno.

En los medios de comunicación israelíes, los disturbios de Beit Lid se presentaron como una lucha entre el ejército y la policía, o entre el Estado israelí y la muchedumbre. Pero esto dista mucho de la realidad. La política del ejército de hacer la vista gorda ante las milicias de derechas en Cisjordania y apoyar las acciones de soldados solitarios, junto con la matanza y destrucción sistemáticas en Gaza, es precisamente lo que nos ha llevado a esta situación, en la que el interrogatorio de soldados sospechosos de violación provoca protestas tan violentas, respaldadas por figuras del gobierno.

Pero los acontecimientos del lunes por la noche también muestran otro elemento de esta historia: los límites del poder de la extrema derecha. Aunque aparentemente pueden cambiar ellos mismos la política, por ejemplo aprobando una ley de inmunidad para los soldados, los miembros de la coalición siguen teniendo que manifestarse contra su propio gobierno para hacer oír algunas de sus reivindicaciones más extremas. Como tal, revela algunas de las tensiones que aún existen dentro de la coalición gobernante.

Es difícil saber si este caso de violación de presos -entre los miles de testimonios sobre los abusos en cárceles y centros de detención- dio lugar a una investigación y a detenciones públicas debido a su gravedad, o porque había demasiados testigos. También es difícil decir con certeza si las maniobras se debieron a la necesidad de demostrar, en el contexto de las investigaciones internacionales, que el sistema israelí puede exigir responsabilidades a sus soldados «deshonestos».

Pero lo que está claro es que los disturbios del lunes representaron una lucha entre dos Israel. El primero es el de la «mamlachtiyut», un ethos nacional que venera las instituciones del Estado, que dispara pero a veces investiga, que mata pero con algunas limitaciones en cuanto a los «daños colaterales», que comete crímenes de guerra pero no se jacta de ellos. El otro es el que se enorgullece de los crímenes de Israel, se niega a disculparse por ellos y trata de abolir cualquier restricción legal para limitar la violencia canalla, aunque eso signifique chocar con el Estado.

Este último bando se ha convertido cada vez más en la cara pública de Israel, y ha contribuido a llevar al país ante el Tribunal Internacional de Justicia y el Tribunal Penal Internacional de La Haya. Es posible que la rendición de cuentas internacional acabe disminuyendo el poder de los extremistas israelíes, tanto dentro como fuera del gobierno. Pero el camino a seguir, a medida que soldados enmascarados tomen las riendas del poder en las calles, sólo tiene probabilidades de volverse más violento.

Oren Ziv es fotoperiodista, reportero de Local Call y miembro fundador del colectivo fotográfico Activestills.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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