Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Imad-4.
2. Las posibles decisiones militares de los EEUU.
3. El mundo de Trump 2.0.
4. Historias del comunismo estadounidense.
5. Sionistas revisionistas frente a sionismo cultural.
6. Cómo resucitar Die Linke (observación de José Luis Martín Ramos).
7. El Egipto de Sisi.
8. Resumen de la guerra en Palestina, 19 de agosto.
9. Neofascismo en América Latina.
1. Imad-4
En su guerra de propaganda con Israel, Hezbolá publicó la semana pasada un vídeo en el que mostraba parte de su red subterránea de instalación de misiles. En este artículo de The Cradle se analiza el porqué y sus repercusiones. https://thecradle.co/articles/
Imad-4: Hezbolá «cava» en la propaganda israelí
La revelación de la instalación subterránea de misiles de Hezbolá no sólo desmiente las afirmaciones israelíes sobre el almacenamiento de armas entre civiles, sino que obliga a Tel Aviv a reconocer que las capacidades estratégicas de Hezbolá son mucho más sofisticadas de lo que se creía.
Khalil Nasrallah 19 DE AGOSTO DE 2024
La decisión de Hezbolá de publicar la semana pasada un vídeo sobre su vasta red de túneles subterráneos no debe tomarse a la ligera. Si bien la organización ya ha mostrado anteriormente algunas de sus capacidades, ésta es la primera vez que desvela su instalación estratégica, «Imad-4«. Bautizada con el nombre del difunto comandante militar de Hezbolá Imad Mughniyeh, alberga una fracción del avanzado arsenal de misiles del movimiento de resistencia libanés.
La revelación conlleva mensajes significativos, no sólo para la actual guerra regional centrada en Gaza, sino que también hace referencia a acontecimientos que abarcan al menos dos décadas y media. Los mensajes de Hezbolá están estrechamente relacionados con el conflicto sirio y con los esfuerzos a largo plazo de Israel por impedir que Líbano adquiera armas que podrían alterar el equilibrio de poder, incluidos los sofisticados sistemas de misiles que se fabrican actualmente en Líbano.
Pero uno de los objetivos más críticos de esta revelación es un desafío frontal a la falsa narrativa israelí de que Hezbolá almacena sus armas, especialmente cohetes, entre la población civil.
Se trata de una afirmación infundada muy promovida por el aparato de propaganda de Tel Aviv y de la que se hacen eco los opositores de Hezbolá dentro de Líbano. Por razones de seguridad, Hezbolá se ha abstenido tradicionalmente de comentar este asunto.
Contra la propaganda israelí
La revelación de la instalación de misiles Imad-4 representa un duro golpe a la narrativa mediática israelí que pretende presentar a Hezbolá como una fuerza militar que se oculta tras la población civil, almacenando sus armas en casas, escuelas, complejos residenciales y otras infraestructuras civiles.
Esa narrativa ha sido la piedra angular de la retórica de Tel Aviv contra la resistencia, no sólo en los círculos israelíes sino también entre los medios de comunicación árabes, libaneses e internacionales.
Los ejemplos abundan. El 12 de julio de 2016, durante una sesión del Consejo de Seguridad de la ONU sobre la Resolución 1701, el enviado israelí Danny Danon presentó una fotografía aérea de la aldea de Shaqra, en el sur del Líbano, afirmando que Hezbolá había convertido la aldea en un bastión y que «uno de cada tres edificios se utilizaba para actividades terroristas, incluidos lanzacohetes y depósitos de armas.»
«Hezbolá ha colocado estas posiciones junto a escuelas y otras instituciones públicas, poniendo en grave peligro a civiles inocentes», denunció.
En otro caso, el 6 de diciembre de 2018, el portavoz del ejército israelí Avichai Adraee publicó en X, acompañado de un vídeo propagandístico, repitiendo la falsa afirmación de que una de cada tres casas en el sur del Líbano es un emplazamiento de Hezbolá: Habitantes del Líbano: ésta es la verdad oculta. Una de cada tres casas del sur es un emplazamiento de Hezbolá. Esto es lo que ocurre en Kafr Kila y en la mayoría de los pueblos chiíes del sur del Líbano. Así es como Hezbolá ha convertido el sur del Líbano en un bastión terrorista ante las narices del gobierno libanés.
Adraee hizo acusaciones similares el 14 de julio de 2021, cuando acusó a Hezbolá de establecer un almacén militar cerca de una escuela en la ciudad de Aba, en el sur de Líbano. Señaló que ese almacén era uno de los miles de objetivos en poder del Mando Norte de Israel, que serían blanco de cualquier enfrentamiento inminente.
Asalto mediático en varios frentes
Pero los medios de comunicación occidentales han amplificado ampliamente estas invenciones israelíes, y algunos han publicado argumentos israelíes, como que el aeropuerto internacional Rafic Hariri es un centro de contrabando de misiles u otras supuestas «instalaciones» en los suburbios del sur de Beirut y sus alrededores.
Durante muchos años, los medios de comunicación árabes han lanzado campañas comparables, con el objetivo de influir en la opinión pública libanesa en contra de Hezbolá y aprovechar estas narrativas en la dinámica política sectaria del país.
En algunos casos, como el incidente ocurrido en Ain Qana el 22 de septiembre de 2020, los medios de comunicación árabes y libaneses informaron inicialmente de que la explosión era un depósito de armas de Hezbolá dentro de una casa. Sin embargo, más tarde se reveló que se trataba de un lugar de recogida de restos de proyectiles y minas.
En otro incidente, días después, el 29 de septiembre, Hezbolá organizó una visita de los medios de comunicación a la zona de Ouzai para desmentir las afirmaciones del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, de que se trataba de una fábrica de misiles y armas.
Estos acontecimientos se produjeron tras la tragedia nacional de la explosión del puerto de Beirut el mes anterior, que los enemigos y rivales políticos de Hezbolá estaban deseando explotar. Hezbolá se enfrentó a graves acusaciones, como la de almacenar «nitrato de amonio» en el puerto, que el movimiento negó con vehemencia.
Sin embargo, la exhibición de Imad-4 contrarresta decisivamente estas narrativas, tanto de Israel como de otros medios de comunicación, al demostrar que su arsenal de misiles y sus instalaciones de almacenamiento de armas se encuentran lejos de zonas civiles y residenciales.
Momento estratégico y presión táctica
Aunque su ubicación exacta sigue siendo secreta, el momento de la revelación de Imad-4 está relacionado con varias preocupaciones inmediatas, dado el aumento de las tensiones en la región. Se produce tras el doble asesinato por Israel del comandante de guerra de Hezbolá Fuad Shukr en Beirut y del líder del buró político de Hamás Ismail Haniyeh en Teherán.
La medida también pretende frustrar cualquier posible «ataque preventivo»israelí contra zonas civiles, que Tel Aviv intentará hacer pasar por «instalaciones de misiles». También pretende desbaratar los cálculos israelíes, lo que podría llevar a errores de cálculo en respuesta a cualquier acción futura de la resistencia. Además, Imad-4 demuestra la disposición de Hezbolá a la confrontación en caso de que Israel decida intensificar aún más el conflicto.
Como ha insinuado el Secretario General de Hezbolá, Hassan Nasrallah, en discursos anteriores, el arsenal de misiles de la organización se está posicionando de forma fortificada y secreta. La revelación también añade presión a las negociaciones en curso en Doha sobre el alto el fuego en Gaza, con la intención de reforzar la mano de los negociadores palestinos.
Durante más de dos décadas, la resistencia libanesa ha estado construyendo instalaciones de misiles en completo secreto. Israel ha gastado considerables recursos de inteligencia tratando de localizar estas instalaciones para planificar cualquier posible conflicto.
A pesar de los retos que plantea la guerra siria, Hezbolá consiguió transferir armas avanzadas a Líbano, donde actualmente se fabrican y desarrollan, incluidos sistemas de misiles y aviones no tripulados.
Espesar la niebla de guerra
La revelación por parte de Hezbolá de las instalaciones de Imad-4 obliga sin duda a los responsables israelíes a reconsiderar sus estrategias, especialmente dentro del estamento de seguridad. Las cuestiones planteadas van más allá de la mera confrontación con Líbano o de la decisión de escalar a una guerra a gran escala; afectan a dinámicas regionales más amplias.
Los preparativos estratégicos que Hezbolá ha realizado en Líbano son sólo una pieza de un rompecabezas mayor. El escenario sirio también desempeña un papel fundamental en la estrategia del Eje de la Resistencia, donde se han construido instalaciones de misiles a lo largo de años de conflicto e incluso antes.
Uno de los principales objetivos de la llamada «batalla entre guerras» de Israel en Siria era impedir que el ejército sirio recuperara sus capacidades de misiles estratégicos y desbaratar los esfuerzos de Irán y sus aliados por construir infraestructuras bélicas diseñadas para ser utilizadas contra Israel en caso de que se aplicara la estrategia de Unidad de Frentes.
En resumen, la revelación de Imad-4 obliga al Estado ocupante a reconsiderar su decisión sobre si debe emprender una guerra a gran escala contra Líbano. Hezbolá ha demostrado que puede operar eficazmente bajo el radar, superando a la inteligencia israelí a pesar de los reveses organizativos y operativos debidos a asesinatos selectivos o ataques.
Este movimiento mediático cambia el cálculo estratégico, dejando a Israel con difíciles interrogantes sobre el verdadero alcance de las capacidades de Hezbolá y la eficacia de sus propias operaciones de recopilación de información.
Además, demuestra la importancia de la guerra cognitiva, una herramienta potente pero a menudo subestimada del arsenal de Hezbolá y del Eje de Resistencia en general.
2. Las posibles decisiones militares de los EEUU
A partir de su último artículo sobre doctrina de la guerra, Tomaselli analiza el actual escenario de confrontación mundial centrándose en las opciones de los EEUU en los tres posibles teatros de operaciones mundiales: Europa, Asia Occidental y Asia Oriental.
ESTADOS UNIDOS ENTRE LA DEBILIDAD Y LA AMBIGÜEDAD
Por Enrico Tomaselli 19 de agosto de 2024
Si se analiza el escenario general de la confrontación que enfrenta al bloque occidental con el euroasiático, surgen una serie de elementos interesantes sobre los que merece la pena detenerse. Parece difícilmente discutible que Estados Unidos ha hecho una elección estratégica precisa, a saber, que este enfrentamiento -que básicamente se reduce a la negativa a aceptar la hegemonía estadounidense por parte de determinadas naciones- debe resolverse de forma radical, mediante el instrumento de la guerra. Abundantes pruebas de ello pueden encontrarse en los documentos oficiales del Pentágono y de los diversos think tanks que contribuyen a determinar las opciones estratégicas estadounidenses. Pero, una vez hecha esta consideración, se corre el riesgo de hacer una lectura demasiado simplista de la misma, lo que a su vez podría llevar a malinterpretar lo que está sucediendo -y lo que podría suceder.
La primera aclaración necesaria es que, cuando utilizamos el término guerra, pretendemos ante todo referirnos a un modo de aproximación a la confrontación caracterizado por la agresión activa: la confrontación se entiende como conflicto, y éste se considera irremediable, no susceptible de mediación -salvo en un plano meramente táctico. Este enfoque contempla la posibilidad de la guerra declarada (de la guerra real), pero no la privilegia: el modelo preferido es el de la guerra híbrida, es decir, llevada a cabo mediante una mezcla de acciones hostiles, en la que coexisten las amenazas y los halagos, la presión económica y la corrupción, las operaciones psicológicas y el ciberespionaje, la diplomacia y -sí- también la acción militar.
A este respecto, también es pertinente tener presentes los precedentes históricos. En la Segunda Guerra Mundial, que representa la transición definitiva de EEUU al papel de superpotencia mundial, Estados Unidos luchó esencialmente contra dos potencias industriales emergentes -Alemania y Japón-, ambas, sin embargo, con una carencia sustancial de acceso a fuentes de energía y materias primas, y en cualquier caso inferiores en términos de capacidad de producción. A pesar de ser el país que ha participado en mayor número de guerras desde su fundación, ésta fue la última en la que Washington se implicó tan profundamente.
Durante el no tan breve periodo que recibe el (no casual) nombre de Guerra Fría, tanto Estados Unidos como la URSS se cuidaron mucho de no entrar en una guerra frontal directa. En cierto sentido, fue entonces cuando comenzó la guerra híbrida Este-Oeste. La razón por la que nunca se llegó a una confrontación directa, a pesar de muchos conflictos indirectos, es sencillamente porque prevaleció la conciencia de que ya no era una potencia dominante, hasta el punto de que podía esperarse razonablemente que ganara la confrontación. Obviamente, la disponibilidad de armas nucleares en ambos bandos contribuyó a ello, pero ya después de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Corea había dejado claro que, incluso en el plano de la guerra convencional, Estados Unidos ya no tenía una supremacía militar incuestionable.
Ese periodo fue, por tanto, frío, pues la victoria ya no podía asegurarse por la fuerza de las armas.
Es importante comprender el peso que han tenido las décadas comprendidas entre 1945 y 1991 en la determinación de las opciones estratégicas estadounidenses. La gran lección que de ello se desprende para los estrategas geopolíticos estadounidenses es que, frente a potencias de cierto calibre, la confrontación militar frontal tiene un resultado peligrosamente incierto, mientras que la guerra híbrida tiene éxito. La URSS no cayó como consecuencia de una derrota en el campo de batalla, sino porque fue incapaz de resistir el desgaste producido por la combinación de tensiones a las que se vio sometido el Estado soviético, el partido comunista y la sociedad en su conjunto. Lo que la doblegó fue la guerra híbrida.
La posguerra fría hizo creer primero a los dirigentes estadounidenses que aquello significaba el fin de la historia, entendido como el final de una era conflictiva y el comienzo de una era de hegemonía indiscutible. La euforia del momento fue también responsable de la apertura de la temporada de la globalización, que iba a representar la división capitalista del trabajo a escala planetaria, precisamente a la sombra de la hegemonía estadounidense. Sin embargo, esta ilusión, al menos entre las élites políticas, económicas y militares estadounidenses, no duró mucho. De hecho, pronto quedó claro que, en su lugar, estaban surgiendo nuevas potencias, inevitablemente destinadas a rechazar -tarde o temprano- el papel hegemónico de Estados Unidos.
El final de la Guerra Fría -y de la historia- había producido entretanto sus efectos, empujando a Estados Unidos al papel de policía del mundo. Esto tuvo un impacto considerable no sólo en la autopercepción, sino también en la planificación estratégica y la organización militar. Esencialmente, se ha pasado de una estructura (y doctrina) diseñada en función de una hipotética gran guerra simétrica, a otra en función de muchas guerras asimétricas. El único legado estratégico (de la Segunda Guerra Mundial) del pasado fue la permanencia -en la doctrina militar- de la necesidad de que las fuerzas armadas tuvieran capacidad para sostener dos conflictos al mismo tiempo, en zonas diferentes -un legado obvio de la guerra con Alemania (Europa) y Japón (Pacífico)-.
Estos aspectos han sido muy discutidos, incluso en estas páginas, por lo que no merece la pena detenerse más en ellos.
El pasaje fundamental, sobre el que en cambio hay que llamar la atención, es la brecha que se está creando entre la reflexión geopolítica y la planificación estratégica. Es como si esta última viajara empujada por esa euforia antes mencionada, y se preparara así para un mundo sustancialmente unipolar, en el que el papel hegemónico de Estados Unidos exigía que las fuerzas armadas actuaran como porra del poder, mientras que la reflexión geopolítica se proyectaba hacia delante, imaginando un futuro mucho más inestable y la aparición de competidores potencialmente temibles. En resumen, se produjo una especie de retraso del instrumento bélico en relación con el análisis estratégico a largo plazo.
El resultado de este desfase es que hoy en día el instrumento militar estadounidense (y más en general el de los países de la OTAN, que siguen su modelo), aunque sigue estando dotado de un poder considerable, ya no está plenamente adaptado al escenario del conflicto global. Y, por supuesto, esto debe entenderse con referencia a varios niveles, desde la doctrina hasta la organización, desde la articulación estructural de las fuerzas armadas hasta el tipo de armamento, etc.
Si, por tanto, podemos afirmar que Occidente -quizá regodeándose en un arraigado sentimiento de superioridad- no ha dado pasos a tiempo para adaptar su instrumento militar a las ambiciones y designios de la hegemonía global, sus adversarios (también por una serie de razones históricas y estructurales, que no viene al caso recapitular aquí) sí han empezado, en cambio, a equiparse a tiempo para esta eventualidad.
Conviene hacer aquí una breve referencia a lo dicho anteriormente. Cuando la doctrina estratégica estadounidense subraya la necesidad de poder hacer frente a dos conflictos, en teatros diferentes, pesa fundamentalmente la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, como ya se ha señalado. Es decir, no se trata simplemente de mantener dos teatros de guerra, sino de hacer frente a dos guerras. Dicho de otro modo, EEUU debe ser capaz de llevar a cabo dos guerras al mismo tiempo, contra dos enemigos que (como Alemania y Japón) bien pueden ser aliados, pero que actúan esencialmente de forma independiente, y sin posibilidad de ayudarse mutuamente.
Por esta razón, el pensamiento estratégico estadounidense siempre ha tenido como objetivo, desde la Guerra Fría, dividir el frente enemigo, y en particular a Rusia y China.
La idea estratégica ideal sería enfrentarse a los países hostiles por separado (y posiblemente uno tras otro). Pero la política geopolítica de Estados Unidos ha producido, en cambio, una segunda brecha; no sólo se encuentra con un instrumento bélico diseñado y organizado para guerras asimétricas -mientras se enfrenta a la perspectiva de guerras simétricas-, sino que en lugar de dividir a sus enemigos les ha empujado a reforzar fuertemente los lazos mutuos, hasta un extremo sin precedentes. Como resultado, existe un grave riesgo de enfrentarse a una guerra de múltiples frentes en múltiples teatros, pero contra un enemigo bien coordinado y capaz de proporcionarse apoyo mutuo a todos los niveles.
Aunque dentro de las élites estadounidenses, como reflejo natural de la decadencia imperial más amplia, no es infrecuente encontrar personas de baja o mediocre posición (de lo contrario no habrían cometido errores tan garrafales), hay que considerar que en el ámbito colectivo del aparato político-económico-militar existe conciencia de esta difícil condición.
Se deduce, por tanto, que incluso en presencia de una propensión a adoptar el esquema de la guerra como piedra angular de la acción para preservar el poder hegemónico, y tal vez incluso en presencia de un impulso a aplicarlo rápidamente, una evaluación básica de costes y beneficios sugiere una acción más gradual.
En este momento, a pesar del constante despliegue de fuerza, ésta tiene sobre todo un valor disuasorio y sirve para ganar tiempo. De hecho, la acción política estadounidense se centra en evitar una peligrosa escalada de la ya tensa situación internacional.
Desde el punto de vista estadounidense, ahora se enfrenta a tres escenarios diferentes, en tres teatros distintos.
En Europa, la operación para enfrentar a Ucrania con Rusia, con la doble intención de desgastarla y romper los lazos entre ella y los países europeos, sólo ha tenido éxito en este último aspecto, mientras que Moscú está utilizando eficazmente la guerra para reforzarse a todos los niveles.
En Extremo Oriente, la operación de contención de China -imaginada esencialmente como la creación de un cinturón de países capaces de limitar su agilidad en el Pacífico- se encuentra aún en una fase incipiente y, en cualquier caso, tiene que contar con el crecimiento de Pekín (incluido el militar), infinitamente superior a las posibilidades de Estados Unidos a medio plazo.
En Oriente Medio, por último, se encuentra enredado en una situación indeseable, en la que no puede desvincularse (por razones tanto internas como estratégicas) del último aliado que le queda en la región, pero tampoco puede dejarse arrastrar por él a un conflicto peligroso.
En el teatro de operaciones europeo, el conflicto entre Rusia y la OTAN (que ya lo es descaradamente) se mantiene, sin embargo, un paso o dos por debajo del umbral de la confrontación abierta. Para Washington, en este momento, se trata de completar la operación de retirada ya iniciada, manteniendo el control del conflicto, y evaluar después -en función de cómo evolucione la situación- si deja que siga su curso, habiéndolo alargado todo lo posible, o si lanza a los ejércitos europeos (o a parte de ellos) a la refriega, relanzando y apuntando a una escalada del propio conflicto .
Fundamentalmente, mucho dependerá también de lo dispuesto que esté EEUU a quemar colonias aliadas de la OTAN (de las que, sin embargo, no puede prescindir en una perspectiva de confrontación global).
Por lo que respecta al teatro de operaciones del Pacífico, aparte del tiempo que llevará establecer esta super-OTAN oriental, es prioritario aislar a China, de un modo u otro, del continente euroasiático antes de poder plantearse el paso a la guerra caliente. Mientras Pekín pueda abastecerse y alimentar su aparato industrial, no hay lugar para otra cosa que no sea la actual guerra híbrida. El plazo para llevar a cabo estas tareas no es corto y, además, la transición a la siguiente fase requiere un esfuerzo extraordinario de modernización de la Armada estadounidense, lo cual es cualquier cosa menos sencillo, incluso sin tener en cuenta que la industria naval china produce entre tres y cuatro veces más barcos que la Armada estadounidense.
Por último, el teatro de Oriente Medio es el más peligroso. Mientras tanto, ciertamente no se encuentra entre los que Washington considera prioritarios, y la posibilidad de verse envuelto en un conflicto regional se ve como humo y espejismos. Y esto por al menos tres muy buenas razones.
Desencadenaría una reacción en cadena que, a través del inevitable bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Irán, haría explotar los precios del petróleo, desencadenando una crisis mundial. Sea cual sea el resultado de una eventual guerra, el riesgo de que Israel (el último aliado seguro que queda en la región) salga de ella con los huesos rotos es muy alto. La presencia de Rusia sobre el terreno, los numerosos países implicados y el interés estratégico de Moscú en evitar una derrota de Irán, hacen posible que se llegue a una confrontación directa.
En conclusión, podría decirse que Estados Unidos se encuentra hoy en una condición de inestabilidad, caracterizada por dos factores contrapuestos: por un lado, la necesidad de abordar y resolver la cuestión de la amenaza a su hegemonía antes de que sus adversarios sean demasiado fuertes para hacerlo, y por otro, la conciencia de que actualmente no está en condiciones de intentar un movimiento decisivo.
Se trata de una condición de debilidad, que a su vez produce cierta ambigüedad en la estrategia estadounidense, que recuerda cada vez más a un león viejo, que ruge más fuerte para intimidar a los leones jóvenes, pero que sabe que es incapaz de enfrentarse a ellos.
Por el momento, parecen más inclinados a encogerse de hombros y esperar a que la naturaleza y el tiempo hagan su trabajo.
La cuestión es cuánto tiempo puede aplazarse el enfrentamiento.
3. El mundo de Trump 2.0
Ante la posibilidad de un triunfo de Trump en las elecciones estadounidenses, Marco del Pont considera que podría haber cuatro víctimas principales de su política: la OTAN, la Unión Europea, Irán y la OMS. https://eltabanoeconomista.
Volver al futuro, el mundo de Trump 2.0
agosto 18, 2024
Por: Lic. Alejandro Marco del Pont
Europa es un jardín, el resto del mundo una jungla (J. Borrell)
Imaginemos lo que podría suceder si Trump se convierte en presidente de Estados Unidos nuevamente. Sería acertado intentar hacer una predicción, especialmente considerando que su índice de aprobación entre los votantes estadounidenses aumentó después del ataque que sufrió en Pensilvania, lo que le da grandes posibilidades de victoria en las elecciones de noviembre. Ahora, parece que tanto Hollywood como la maquinaria de medios demócrata han posicionado a Kamala Harris como serio contendiente en la disputa por la Casa Blanca. Sea cierto o no, y considerando que aún falta tiempo, explorar estas opciones no es una mala idea.
Es claro que una negociación en Ucrania con Trump o Harris en el poder sería una cosa, y que se desate una guerra antes de su asunción, otra muy distinta. De cualquier manera, las elecciones en Estados Unidos son un punto de inflexión en este juego, y quien las gane tendrá un impacto significativo. Primero, debemos considerar cómo se percibe a EE.UU. y su poderío actual y futuro como el «policía del mundo.» ¿Existe una relación causal entre el declive moral y el declive político y económico colectivo de EE.UU. y Occidente?
En el caso de Ucrania, ¿se ha cometido un error geoestratégico fundamental con consecuencias morales negativas? En el caso palestino, la complicidad de las élites gubernamentales, de hecho, de casi toda la clase política, encabezada por demócratas y seguida por republicanos, bendijo de forma implícita las atrocidades y crímenes de guerra cometidos por Israel en los últimos meses; este aval, ¿está teniendo repercusiones en la posición e influencia de Estados Unidos a nivel global?
Con un solo movimiento, Estados Unidos inició la desindustrialización de la UE, al eliminar dos de los gasoductos conocidos como Nord Stream, que durante más de una década suministraron gas natural ruso a Alemania, sosteniendo así el exitoso modelo de negocios alemán basado en la energía barata de Rusia. Actualmente, Estados Unidos suministra el 48% de las importaciones europeas de gas natural licuado (GNL), frente al 27% en 2021, consolidándose como el mayor proveedor de GNL de Europa. Nada mal.
Según un estudio publicado por el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (Sipri), más del 75% de las exportaciones de armas en los últimos cinco años provienen de tan solo cinco países: Estados Unidos (42%), Francia (11%), Rusia (11%), China (5.8%) y Alemania (5.6%). Entre 2019 y 2023, cerca del 30% de las transferencias internacionales de armas se dirigieron a Oriente Medio, siendo Arabia Saudí, Qatar, Egipto e Israel los principales compradores de la región. La mayoría de las importaciones de armas de los estados de Oriente Medio provinieron de Estados Unidos (52%). Nuevamente, tanto Ucrania como un convulsionado Oriente Medio son un gran negocio para el complejo industrial–militar americano.
El intento de desestabilización de Rusia costó, dependiendo a quien se tome como fuente de información, unos 160 mil millones de dólares, de los cuales el 95% nunca salió de los EE.UU., de hecho, fue directamente a las arcas de las empresas bélicas. El presupuesto en defensa, aprobado para el año 2023, se sitúa alrededor de los 857.900 millones de dólares. Según medios americanos, la ayuda estadounidense a Ucrania alcanzó los 112.000 millones de dólares en el primer año de guerra. En 2023-2024 aportó otros 61 mil millones, con un presupuesto de defensa de casi 1 billón. En síntesis, la ayuda nunca pasó del 13 o 15% del presupuesto de defensa. Para fastidiar a Rusia, matar a sus soldados, destruir su equipamiento, etc., más que un costo modesto, resultó un gran negocio.
Quizás las sanciones fueron el mayor error estratégico. Rusia no sólo no se desmoronó, sino que tampoco se entendió como Estados Unidos pudo imaginar que la exclusión del sistema Swift y la imposición de sanciones tendrían que acabar con la presidencia de Putin. Un país repleto de recursos naturales, que se estaba preparando para ser acorralado desde el 2014. El supuesto descenso de Rusia a los infiernos no sólo no se produjo, sino que la agricultura, el armamentismo y la industria, entre otros ámbitos, florecieron.
El ejemplo del trigo es quizás el más espectacular. En 2012, Rusia producía 37 millones de toneladas y, en 2022, 80 millones, más del doble en diez años. Esta flexibilidad tiene mucho sentido si se compara con la flexibilidad negativa de la Norteamérica neoliberal. En 1980, cuando Regan llegó al poder, la producción de trigo estadounidense era de 65 millones de toneladas. En 2022 había descendido a sólo 47 millones. Las sanciones occidentales, aunque causaron algunas dificultades en la economía, también fueron una oportunidad: la obligaron a encontrar sustitutos para sus importaciones… El economista estadounidense James Galbraith estimaba que las sanciones han permitido instaurar un sistema proteccionista que, teniendo en cuenta la fuerte adhesión de los rusos a la economía de mercado, el régimen nunca se habría atrevido a imponer a la población.(E. Todd, La derrota de Occidente, Akal, 2024: 33)
No solo las sanciones fueron un error, el congelamiento de fondos atentó contra la hegemonía del dólar y el euro. Arabia Saudita es un ejemplo de alejamiento de la influencia estadounidense para compartir con Rusia los negocios energéticos con China. El surgimiento de nuevos centros de poder, como China, ha dejado a Estados Unidos y a sus aliados europeos con dos opciones: adaptarse a esta nueva situación o enfrentarse a los cambios. Esto podría implicar: a) negociar términos de compromiso que otorguen un lugar más amplio a los recién llegados; b) restablecer las reglas del juego para eliminar el sesgo actual; c) ajustar la estructura y los procedimientos de las instituciones internacionales de una manera que refleje el fin del dominio occidental, y d) redescubrir la diplomacia genuina.
En ningún lugar de Occidente se ha considerado seriamente esa opción, pero quien sea que llegue a la Casa Blanca tendrá que afrontar un proceso de negociación con Ucrania, un armisticio, un alto al fuego, o como se quiera llamar. En este acuerdo, seguramente entre estadounidenses y rusos, posiblemente con la participación de chinos, habrá que acordar al menos: los territorios ganados por Rusia, el futuro institucional del resto de Ucrania, pero, sobre todo, el punto central, el origen de la guerra, la seguridad rusa y de Europa, es decir, la OTAN.
Que la OTAN ha sido el largo brazo del poder imperial de Washington en Europa durante décadas ha sido cierto desde los tiempos de la Guerra Fría. La llegada de la administración Biden no coincidió con un cambio de dirección en las solicitudes estadounidenses, lo que tan amablemente sugiriera Obama, y los insultos de Trump sólo cambiaron los métodos: estalló la guerra en Ucrania con un repentino aumento del gasto militar europeo. Manos misteriosas (providencialmente para Washington) volaron el gasoducto North Stream, privando efectivamente a Alemania y a la UE del gas ruso como dijimos y, por lo tanto, obligando a los países europeos a comprar GNL estadounidense, muy caro.
A pesar de todo esto, la balanza comercial y la balanza por cuenta corriente de Estados Unidos no están mejorando al ritmo necesario en comparación con Europa. En consecuencia, las élites se preguntan si lo que se ha hecho hasta ahora es suficiente. El expresidente Donald Trump nunca ha ocultado que EE.UU. debe abandonar a Europa a su suerte y retirarse de la OTAN. Este es el gran temor no solo de las élites europeas, sino también de los demócratas estadounidenses, que aprobaron apresuradamente una ley que prohíbe al presidente abandonar la OTAN sin la autorización previa del Congreso, incluso con una mayoría de dos tercios.
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, declaró públicamente que la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre sería considerada una amenaza para Europa, porque la retirada de Estados Unidos de la OTAN significaría su retirada de Europa. Trump ha insinuado en más de una ocasión que la OTAN es una organización obsoleta que ya no sirve a los intereses estadounidenses. La justificación sería que la Alianza Atlántica solo ha favorecido el oportunismo de los europeos, quienes han obtenido protección militar sin asumir los costos financieros, que han corrido casi en su totalidad a cargo de Estados Unidos.
Aunque no está claro que Trump pueda sacar a los EE.UU. de la OTAN, o que los propios demócratas lo deseen, no es necesario salirse de la OTAN para destruirla. Existen mecanismos para acabar con la organización desde dentro, por lo que reconvertirla sería, al menos, fácil. El problema es qué hacer con la seguridad europea si esta cambia de rol. Algunos expertos coinciden en que la frialdad de Trump hacia Europa está haciendo que esta se ocupe más de la gestión de su propia defensa, que ha sido planificada teniendo en cuenta el apoyo inquebrantable de Estados Unidos. Sin embargo, las peores consecuencias de la reelección de Trump podrían ser la desunión en Europa. El riesgo real es que todos velen por sus propios intereses y sean incapaces de presentar una posición unificada y actuar de manera cohesionada frente a amenazas comunes, como Rusia. El principio de una nueva unión podría desprenderse del acuerdo ruso-americano, pero con líderes más parecidos a Viktor Orbán que a los atlantistas que llevaron a este desastre.
Quizás lo más peligroso para el mundo, gane quien gane la Casa Blanca, es Oriente Medio. Rusia e Irán ultiman un «gran tratado» que podría trastocar la geopolítica de Oriente Medio, un conflicto directo con Irán, quizás con la intervención de Israel. Una guerra sería muy grave, pero de alguna manera podría favorecer el derrocamiento del Príncipe Regente de Arabia Saudita Mohamed bin Salman, que se está vinculando demasiado a Rusia y China y que ataca cada vez más la arquitectura del poder financiero y monetario estadounidense: el petrodólar, pero no creo que esto pase.
Como se puede ver, un segundo mandato de Trump probablemente tendrá tres víctimas: la OTAN, la Unión Europea con probabilidad cierta, Irán (un gran interrogante) y la OMS, seguramente. En resumen, Trump corre el riesgo de golpear la política mundial como un tsunami de fuerza inusual, que, paradójicamente, es precisamente lo que se necesita para evitar una Tercera Guerra Mundial cada vez más inminente después del mandato de cuatro años de Biden.
Finalmente, surge la idea de uno o varios acuerdos, pero, en específico, gane quien gane la Casa Blanca, es probable que Estados Unidos se retire parcialmente como garante de la seguridad occidental, hasta que pueda reorganizar su maltrecha economía. El acuerdo ruso-sino-americano tendrá que dar tiempo a los actores para reorganizarse o generar una multipolaridad con polos nítidos, con ganadores claros y perdedores aún más evidentes.
4. Historias del comunismo estadounidense
Una buena reseña de dos libros recientes sobre la historia del comunismo en los EEUU, uno centrado en los comunistas en el área de la bahía de San Francisco y otro en los comunistas homosexuales. El autor de la reseña conoce la historia de primera mano, como hijo de militantes comunistas del área de Nueva York que tuvieron que emigrar a California tras perder su trabajo durante el macartismo. https://jacobin.com/2024/08/
Sacar a los comunistas estadounidenses de las sombras y los armarios
- Por David Bacon
En el siglo XX, los miembros del Partido Comunista estadounidense fueron presentados como la Amenaza Roja, un enemigo interior. En realidad, eran personas corrientes con vidas intelectuales, políticas, sociales y románticas extraordinariamente complejas que merecen ser relatadas.
Reseña de San Francisco Reds: Communists in the Bay Area, 1919-1958 de Robert Cherny (University of Illinois Press, 2024) y Communists in Closets: Queering the History 1930s-1990s, de Bettina Aptheker (Routledge, 2023).
Cuando tenía ocho años, dos hombres con trajes oscuros y fedoras me pararon de camino a casa desde la escuela primaria Peralta en Oakland, California. «Queremos hablar contigo sobre tus padres», me dijeron. Mi madre y mi padre me habían advertido de que esto podría ocurrir y me habían dicho cómo responder. «Tienen que hablar con ellos», les dije.
No sé si los agentes del FBI llegaron a ir a nuestra casa. Lo dudo. Mis padres ya habían sido visitados antes, y les dijeron a los agentes que no tenían nada que decir. Hablar no era el objetivo de detenerme de todos modos. Era para enviar un mensaje: Eres vulnerable. Podemos hacerte daño. Ten miedo.
El miedo fue algo con lo que crecí. Por eso soy un chico de Oakland, no de Brooklyn. Nuestra familia se fue de Nueva York el año en que juzgaron a los Rosenberg. Mi padre, jefe de su sindicato de imprentas y editoriales, estaba en la lista negra. Nos subimos al coche y cruzamos el país hasta la zona de la bahía, donde él había encontrado trabajo en la imprenta de la Universidad de California. Yo tenía cinco años. Dos años después, los Rosenberg fueron ejecutados.
Para bien o para mal, mi madre se reía cuando me contaba historias de aquellos años. Le habían dado el puesto de organizadora del Partido Comunista en el condado de Alameda después de que encontraran un apartamento en West Oakland. Cuando se reunía con el organizador de distrito del partido, Mickey Lima, iban al final del muelle pesquero de Berkeley, donde estaban seguros de que no les oirían.
Estaba frustrada por dejar Nueva York. En los años anteriores a nuestro viaje, había empezado a dar clases en la Jefferson School, una escuela marxista para adultos donde el Partido Comunista impartía clases a sus propios miembros y a otros activistas de izquierdas. Después de dar clases de literatura infantil (con el tiempo se convirtió en bibliotecaria infantil y escritora), «por fin me llamaron para un curso de política más prestigioso», recordaba en una contribución a una colección de memorias de radicales veteranos, Tribute of a Lifetime. Después de la II Guerra Mundial, había sido editora de un boletín del partido sobre la «cuestión de la mujer» con Claudia Jones («la mujer más guapa que he conocido», la llamaba). Y así se convirtió en la profesora de la Jeff School de este tema, tan cargado de emoción entonces como ahora.
En 1952 y 1953, recuerda mi madre, se debatía con sus alumnos y consigo misma sobre cómo enseñarlo. «Había leído mucho, desde Engels hasta Simone de Beauvoir, pero ¿de qué servía todo eso cuando una mujer afroamericana me acusaba -con razón- de ignorar su experiencia vital en favor del conocimiento de los libros?».
Dio el curso tres veces, la última a un número desproporcionado de hombres jóvenes. «Sus expresiones y sus comentarios eran a la vez agresivos y vergonzosos, una curiosa combinación que al principio no entendí. Finalmente descubrí que habían sido enviados a mi clase por sus clubes del Partido Comunista como castigo por comentarios y comportamientos sexistas. Todavía me pregunto cómo acabaron».
Un par de meses después, nuestra familia se trasladó a California.
Betty Bacon sabía reír y enseñar lo que creía, incluso cuando no era popular entre muchos miembros del partido. Sin embargo, al mismo tiempo que ella, mi padre George, mi hermano Dan y yo abandonábamos la ciudad, su sindicato había sido destruido en la purga del Congreso de Organizaciones Industriales. En aquellos años, los líderes del partido ya estaban en la cárcel federal y otros más estaban siendo juzgados. Quedarse significaba la posibilidad de ser llamado ante un comité, ser arrestado o algo peor.
Hoy en día, los activistas por la justicia social desconocen la vida de la mayoría de las personas que militaron en el Partido Comunista. El Segundo Miedo Rojo y el consiguiente secretismo han ocultado no sólo las identidades de los miembros del partido, sino también la calidad y la textura de las vidas que llevaron. Sin embargo, lo que pensaban y hacían, su trabajo político cotidiano, cómo socializaban y mantenían a sus familias, y las ideas que intentaban aportar a una sociedad cada vez más hostil deberían ser importantes para nosotros. Se enfrentaban a muchas de las mismas cuestiones que se plantean hoy los organizadores del cambio social, y a menudo mantenían debates profundos y significativos sobre ellas que les aportaban ideas profundas. Como me dijo mi madre: «No puedo evitar que me moleste la suposición casual de algunos de los activistas radicales de hoy de que ellos inventaron la cuestión de la mujer». Negar u olvidar esta historia niega a las personas que luchan hoy por el cambio social la capacidad de tener en cuenta las experiencias y los conocimientos de quienes les han precedido.
Dos libros recientes ayudan a disipar esa nube de secretismo: San Francisco Reds, de Robert Cherny, y Communists in Closets , de Bettina Aptheker. Cada uno de ellos presenta material importante que nos ayuda a evaluar parte de la experiencia radical estadounidense de un modo que no habíamos podido hacer antes.
San Francisco Reds, de Cherny, se centra en la historia del Partido Comunista en San Francisco y sus alrededores, que tuvo un profundo impacto en la política de California y del país. Communists in Closets, de Aptheker, analiza la historia de los miembros homosexuales y lesbianas del partido, revelando la enorme contradicción de un partido que proponía un cambio social radical al tiempo que mantenía algunos de los prejuicios homófobos y antimujer más retrógrados.
Como Comunistas en los armarios cuenta las historias de personas individuales, a menudo con gran detalle, nos acerca a la experiencia real de pertenecer al Partido Comunista. El libro es en buena parte el relato de Bettina Aptheker de su propia vida en el partido, y su creciente dificultad para conciliar la política con la que fue educada y su creciente conciencia de su propia identidad sexual. También describe a otros miembros gays y lesbianas del partido, destacando su valiente compromiso con el cambio social radical y, a menudo, el dolor y la tragedia que la contradicción supuso para sus vidas personales.
Aptheker se identifica con el miedo que llevó a muchos a permanecer en el armario, y con la liberación que supone dejar que el mundo sepa quién es realmente. A pesar de referirse a experiencias muy frustrantes y dolorosas con la homofobia y la hipocresía de los partidos, Comunistas en el armario es un libro muy entrañable, que hace mucho más imaginables las vidas de los comunistas.
San Francisco Reds es un relato mucho más impersonal, que pinta un retrato detallado del Partido Comunista a través de su presencia en la ciudad. Cherny dice en su prefacio que el libro «adopta un enfoque algo biográfico del comportamiento político, ya que he seguido a casi cincuenta individuos desde el momento en que se unieron al PC, a través de las cambiantes políticas del partido, hasta el momento en que la mayoría de ellos abandonaron el partido, y lo que hicieron después». También es una contribución notable, que ayuda a rellenar las partes de nuestra memoria que se han borrado.
Escribir en las páginas en blanco de la Historia
Cherny avanza y retrocede entre cápsulas biográficas de miembros del Partido Comunista, utilizando unas pocas cada vez para ilustrar cada giro, según su punto de vista, de la política del Partido Comunista. Varias de ellas aluden a fenómenos históricos que podrían llenar volúmenes por sí solos. Por ejemplo, algunos californianos, en su mayoría inmigrantes, regresaron a la Unión Soviética para crear granjas comunales, un experimento que duró hasta mediados de la década de 1930.
Aparecen personalidades pintorescas de la historia del partido, desde la militante obrera Mother Bloor hasta el escritor Bertram Wolfe. Sin embargo, en lugar de relatar sus experiencias personales, Cherny los presenta como actores en los esfuerzos del partido por elaborar y aplicar las directrices políticas procedentes de la Internacional Comunista en las décadas de 1920 y 1930, y en la lucha entre facciones que las acompañó. Los personajes nacionales ocupan un lugar destacado, como William Z. Foster (organizador sindical y más tarde presidente del PC) en lucha con Jay Lovestone (dirigente del PC expulsado y más tarde enlace entre la Agencia Central de Inteligencia y la AFL-CIO) y luego con Earl Browder (durante mucho tiempo secretario general del PC expulsado por disolver el partido en favor de una Asociación Política Comunista).
El Segundo Miedo a los Rojos y el consiguiente secretismo han ocultado no sólo las identidades de los miembros del partido, sino también la calidad y la textura de las vidas que llevaron.
San Francisco Reds documenta la participación de los comunistas californianos en estas luchas. Algunos de los principales rojos del estado, como William Schneiderman, que dirigió el partido estatal durante dos décadas, fueron ellos mismos actores nacionales. Cherny describe con detalle cómo los desacuerdos entre facciones nacionales se reprodujeron en profundas divisiones locales, paralizando a veces el trabajo político. Presenta los desacuerdos como motivados en gran medida por la personalidad, a menudo utilizando la teoría política o la política como pretexto para enemistades personales. Aquellos a quienes acusa de mantener esas peleas, como Harrison George, no salen bien parados.
Uno de los héroes del relato de Cherny es Sam Darcy, descrito como un organizador de talento dispuesto a anteponer las necesidades prácticas a las directivas inviables. Darcy ayudó a organizar la mayor huelga de trabajadores agrícolas de la historia de Estados Unidos: la huelga del algodón de 1933 del sindicato Cannery and Agricultural Workers’ Industrial Union (CAWIU), uno de los sindicatos industriales que el partido puso en marcha como alternativa de izquierdas a los conservadores de la época. Los cultivadores abatieron a tiros a los huelguistas y la violencia en el valle de San Joaquín alcanzó niveles aterradores, pero los trabajadores consiguieron aumentos salariales, aunque no el reconocimiento del sindicato. El Partido Comunista creció porque desempeñó un papel importante no sólo en la planificación y la estrategia, sino también en el suministro de alimentos para que miles de familias en huelga pudieran comer, en la construcción de ciudades de tiendas de campaña y en la liberación de la gente de las garras de los sheriffs y tribunales racistas.
Al año siguiente, Darcy estuvo en San Francisco, donde movilizó a los miembros del partido para que apoyaran a los estibadores en una de las batallas decisivas para la construcción del CIO. Toda la ciudad estuvo en huelga durante tres días cuando la policía disparó contra los huelguistas en su esfuerzo por conducir a los rompehuelgas a los muelles para descargar los barcos paralizados.
Cherny presenta a Darcy como el organizador basado en la realidad enfrentado a funcionarios doctrinarios, como Harrison George, cuyas largas diatribas críticas a la sede del partido en Nueva York se citan en el libro. Sin embargo, Darcy también era un funcionario, y tanto antes como después de las dos huelgas pasó tiempo en Moscú, en las oficinas de la Comintern, intentando crear una estructura internacional para la actividad comunista.
Otros dos héroes de Cherny son Louise Todd y Oleta O’Connor Yates. Ambas sanfranciscanas han caído en el olvido, pero sus nombres fueron familiares para miles de residentes de la ciudad durante dos décadas. Eran comunistas y se presentaron repetidamente como candidatas a supervisor y a otros cargos públicos. Gran parte del análisis de Cherny sobre la actividad del partido en la ciudad se basa en estas campañas: cuántos votos obtuvieron y, por tanto, el tamaño de la base popular del partido en San Francisco.
Cherny es un investigador minucioso, y gran parte de su material procede de carpetas de los archivos estatales rusos. El libro incluye debates en la Comintern, informes elaborados por funcionarios del partido y polémicas sobre la dirección general del movimiento comunista. Dos debates tuvieron un gran impacto en los comunistas de California. En uno, el partido descartó las políticas que llevaban a organizar sindicatos de izquierda como el CAWIU, abogando en su lugar por un amplio «Frente Popular» para oponerse al fascismo. La política del partido se basó en la defensa de la Unión Soviética, primero como baluarte socialista contra el fascismo antes de la Segunda Guerra Mundial, especialmente en la Guerra Civil española, y después cuando negoció un pacto con Adolf Hitler, y finalmente cuando se vio obligada a una guerra total para derrotar al nazismo (una guerra en la que la Unión Soviética perdió 22 millones de personas).
Gran parte del libro de Cherny trata de cómo se desarrollaron estos debates en la vida política de los comunistas de San Francisco. Al tiempo que defendían la Unión Soviética y el socialismo existente tal y como ellos lo veían, la mayoría de los miembros del partido encontraban razones para excusar las noticias sobre los juicios de purga de revolucionarios en los años 30 y el desarrollo de la dictadura de Joseph Stalin y la red de campos de prisioneros. Cherny cita a Peggy Dennis, una dirigente nacional que vivió (y dejó un hijo) en Moscú, y estaba casada con el secretario general del CPUSA Gene Dennis: «No podemos afirmar que no supiéramos lo que estaba ocurriendo. Sabíamos que la Comintern había sido diezmada. . . . Era como si no pudiéramos confiar en nosotros mismos para abrir esa caja de Pandora».
Como explica Ed Bender, que organizó consejos de parados y luego luchó en la Guerra Civil española, en Tributo de una vida: Al principio me inspiraba mucho la Unión Soviética. Estaban construyendo la nueva sociedad. Con los años ha habido cierta desilusión, pero sigo creyendo en el socialismo y en una sociedad justa. La lucha de clases sigue aquí.
Tras enterarse de la represión de Stalin en el informe de 1956 del primer ministro soviético Nikita Jruschov, Bender simplemente dejó de asistir a las reuniones del partido. Sin embargo, como muchos otros, siguió trabajando como activista por la justicia social.
Mantener cerrada la caja de Pandora significaba no ceder terreno a la hostilidad y el odio del gobierno y los medios de comunicación hacia el socialismo y, por extensión, hacia la Unión Soviética. Esa dura defensa tenía sus raíces en la represión. Los comunistas de San Francisco solían pasar tiempo en la cárcel, mucho antes de la caza de brujas de McCarthy. Louise Todd, por ejemplo, fue acusada durante la huelga general de San Francisco por falsificar firmas en peticiones electorales. En la prisión federal de Tehachapi, se unió a Caroline Decker, encarcelada por liderar la huelga del algodón de 1933. Aunque clasificada como «incorregible», Cherny describe un flujo constante de visitantes: no sólo otros comunistas, sino el autor socialista Upton Sinclair, la periodista Anna Louise Strong e incluso celebridades de Hollywood. Todd cumplió trece meses de condena. Decker fue puesto en libertad al cabo de tres años.
En la década de 1950, el terror de las comparecencias ante los comités y los juicios de la Ley Smith había acabado con ese espíritu. Sin embargo, los rojos de San Francisco demostraron ser más flexibles y políticamente más astutos que los dirigentes neoyorquinos del partido. Cuando el partido nacional dijo a activistas clave que pasaran a la clandestinidad, interpretando el momento como cinco minutos para una medianoche fascista, California no estuvo de acuerdo. Oleta O’Connor Yates, Mickey Lima y ocho coacusados insistieron en defender el derecho legal del partido a existir. Montaron una sólida defensa en su juicio por la Ley Smith en 1951, después de que los líderes nacionales del partido en Nueva York se hubieran negado a montar una defensa y hubieran ido a la cárcel o a la clandestinidad.
Cinco años más tarde, su apelación llegó finalmente al Tribunal Supremo y en 1957 se anuló su condena. Decenas de otros acusados en virtud de la Ley Smith en ciudades de todo el país vieron retirados sus cargos. Para entonces, el partido, que contaba con 100.000 miembros durante la Segunda Guerra Mundial, se había reducido a unos pocos miles. El desgaste podía atribuirse al impacto del macartismo, a las propias divisiones internas del partido y a las revelaciones sobre Stalin.
El libro de Cherny es una crónica necesaria y reveladora de la vida del partido de San Francisco, pero no está exento de omisiones. Algunas de las personas que mantuvieron vivo el partido durante este periodo y abogaron por una presencia abierta, en particular Mickey Lima, no se mencionan.
Tampoco hay mucha descripción de la vibrante vida cultural de los pintores, poetas y escritores comunistas, en particular la influencia de Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y los muralistas mexicanos, que perduró en San Francisco incluso durante la Guerra Fría. Asimismo, la San Francisco Film and Photo League, un grupo con fuertes credenciales activistas de izquierdas y conexiones con partidos a través de la New York Photo League, dejó una huella radical en la fotografía documental californiana que se dejó sentir durante muchas décadas. Cherny escribió una biografía separada de un importante comunista de este movimiento, Victor Arnautoff and the Politics of Art, y parte de la historia que allí se cuenta ayudaría a crear aquí una imagen más completa.
Por último, como Cherny se basa tanto en San Francisco Reds en documentos oficiales, sobre todo en informes de la prensa y los archivos del partido o los archivos estatales de Moscú, se centra en lo que contienen. Detalla ampliamente las luchas entre facciones, pero la participación de los miembros del partido en los movimientos de masas de su época es a menudo difícil de ver. Uno de los resultados es la ausencia general de la experiencia de los miembros negros del PC, así como de los inmigrantes y otras personas de color.
El legado de la gente de color en el partido de San Francisco
Los comunistas negros eran muy visibles y expresivos en California, y desempeñaron un papel fundamental en los movimientos comunista y obrero del estado.
Por ejemplo, William L. Patterson, nacido en San Francisco, dirigió la International Labor Defense, que defendió a los presos políticos durante varias décadas, hasta que el Congreso de Derechos Civiles ocupó su lugar. La madre de Patterson era esclava, y él se abrió camino en el Hastings Law College de la ciudad en parte trabajando en el ferrocarril. Fue detenido varias veces por protestar contra la ejecución de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, y pasó a defender a otros presos del racismo y la guerra de clases. En 1951, en pleno auge del terror de la Guerra Fría, presentó junto con Paul Robeson una petición a las Naciones Unidas que documentaba la historia de los linchamientos, titulada «We Charge Genocide». Al igual que a Robeson y al Dr. W. E. B. Du Bois, a Patterson le retiraron el pasaporte como represalia por su actividad política.
La amistad entre el poeta Langston Hughes y William y Louise Patterson, junto con Matt Crawford y Evelyn Graves Crawford, está documentada en la colección Cartas de Langston. Su correspondencia, recopilada por sus hijas Evelyn Crawford y MaryLouise Patterson, da testimonio elocuente de la vibrante vida cultural de los afroamericanos rojos. Mientras que los Patterson, que se desplazaban, no aparecen en San Francisco Reds, los Crawford, de los que sí habla Cherny, se convirtieron en incondicionales de la izquierda de East Bay.
Los comunistas negros eran muy visibles y expresivos en California, y desempeñaron un papel fundamental en los movimientos comunista y obrero del estado.
Los comunistas negros eran dirigentes del sindicato International Longshore and Warehouse Union (ILWU), algunos abiertamente comunistas y otros no. Como resultado del pacto entre la comunidad afroamericana de la ciudad y los huelguistas estibadores, la exclusión de los trabajadores negros de la mayoría de las cuadrillas de los muelles terminó después de 1934. Hoy el Local 10 del ILWU es un sindicato mayoritariamente negro. Los comunistas contribuyeron a ello, así como a la integración del Local 34 de los estibadores.
Otros líderes que entran y salen brevemente del escenario de Cherny son Mason Roberson y Revels Cayton. Pero otros no aparecen en absoluto, como Roscoe Proctor, líder de los trabajadores negros en el ILWU, o Alex y Harriet Bagwell, que se convirtieron en cantantes e historiadores de la música muy queridos. Como su actividad es difícil de ver, sus ideas sobre la relación entre la liberación afroamericana y la lucha de clases también están ausentes.
Los afroamericanos se hicieron comunistas, dicen MaryLouise Patterson y Evelyn Crawford, en parte porque «los comunistas blancos y negros estaban en las calles y los barrios, luchando contra los desahucios y la violencia racista -especialmente en su forma más atroz, el linchamiento-, no sólo hablando de ello en las esquinas o escribiendo sobre ello en sus periódicos.» Las campañas de Defensa Laboral Internacional en San Francisco defendieron a los jóvenes de Scottsboro en Alabama y a Angelo Herndon en Georgia. Incluso en el punto álgido de la represión de los años 50, el Congreso de Derechos Civiles envió a dos comunistas blancos del Área de la Bahía, Billie Wachter y Decca Treuhaft, al Sur para apoyar a Willie McGee, un afroamericano acusado falsamente de violación y posteriormente ejecutado. En Oakland, Bob Treuhaft, marido de Decca, impidió la ejecución de Jerry Newsom, otro negro condenado a muerte, y consiguió su libertad.
En el prólogo de Cartas de Langston, el historiador Robin D. G. Kelley plantea la cuestión de por qué los Patterson y Matt Crawford eligieron el comunismo, y responde: Porque creían que, a través de una lucha global incesante, otro mundo era posible, uno libre de la explotación de clase, el racismo, el patriarcado, la pobreza y la injusticia. Pensaban que un movimiento socialista internacional ofrecía uno de los muchos caminos posibles hacia un futuro liberado.
Cherny menciona la notable vida de Karl Yoneda, un comunista nacido en California de padres inmigrantes japoneses. Pero no menciona la existencia de otros comunistas y radicales japoneses-americanos.
La ausencia de personas de color en San Francisco Reds es especialmente notable en relación con la comunidad china de San Francisco. Los sanfranciscanos chinos tienen una larga historia de actividad comunista, que también merece reconocimiento.
El legado de racismo violento de la ciudad hacia los chinos se remonta a sus orígenes en los años de la fiebre del oro, cuando los inmigrantes llegaban de la provincia de Guangdong para trabajar en los ferrocarriles, drenar el delta y extraer oro antes de ser expulsados, junto con los mexicanos, de las minas.
San Francisco fue una base para los organizadores de la Revolución China. Sun Yat-sen, que planeó el derrocamiento de la última emperatriz manchú y la fundación de la República China en 1911, pasó temporadas en la ciudad. El escultor radical Beniamino Bufano le rinde homenaje con una estatua en la plaza de Santa María. Al igual que los radicales de otras comunidades de emigrantes, los revolucionarios chinos compaginaron sus esfuerzos por apoyar el movimiento en su país de origen con la lucha contra el racismo virulento y la explotación en Estados Unidos.
Los trabajadores chinos tenían una historia de anarcosindicalismo. A finales de los años veinte, se organizó una rama del Partido Comunista en Chinatown, que se reunió hasta el comienzo de la guerra de Corea. En la década de 1930, los trabajadores que regresaban de las fábricas de conservas de pescado de Alaska organizaron la Asociación de Ayuda Mutua de Trabajadores Chinos. Daba clases de marxismo y publicaba escritos de dirigentes del Partido Comunista Chino. Min Qing, la Liga Juvenil Democrática Chino-Estadounidense, tenía dirigentes de ambos sexos y difundía ideas radicales entre los estudiantes. El Chinese Daily News y el Chinese Pacific Weekly eran sólo dos de los muchos periódicos que promovían políticas comunitarias progresistas.
Cuando triunfó la revolución en China en octubre de 1949, los comunistas chinos de San Francisco organizaron una celebración con invitados del ILWU y de la California Labor School. Fue atacada por cuarenta matones nacionalistas de derechas. A medida que se desarrollaba la Guerra Fría, los izquierdistas chinos fueron acosados por el FBI, mientras que el Servicio de Inmigración y Naturalización lanzó una campaña para aterrorizar a la comunidad, revocando la ciudadanía y la naturalización de cientos de personas. Se centró especialmente en los activistas de izquierda. Al menos dos fueron deportados. Cuatro miembros de Min Qing fueron procesados por fraude de inmigración, y en 1962 el periodista de izquierdas y miembro de Min Qing Maurice Chuck fue enviado a prisión.
Uno de los mayores juicios de San Francisco durante la Guerra Fría fue el de William y Sylvia Powell y Julian Schuman. Publicaron una revista, China Monthly Review, en China durante la guerra de Corea, en la que publicaban nombres de prisioneros de guerra y denunciaban el uso de armas químicas y bacteriológicas. En 1956, tras regresar a San Francisco, fueron acusados de traición. El gobierno se vio obligado a retirar los cargos cinco años después.
La defensa política y legal fue siempre una parte importante de la actividad del Partido Comunista, incluida la defensa contra la deportación. Cherny describe los juicios del fundador del ILWU Harry Bridges en su biografía Harry Bridges: Labor Radical, Labor Legend, pero la labor antideportación del partido también estaba muy extendida. Aunque ausente de los San Francisco Reds, esta labor se hizo crítica a medida que la deportación se convertía en un arma clave en la lucha del gobierno contra los comunistas.
En 1933, el partido ayudó a crear el Comité Estadounidense para la Protección de los Nacidos en el Extranjero, que tenía su sede en Nueva York. Tenía un subcomité en East Bay y una oficina en Los Ángeles, y se encargaba de la defensa de los deportados en todo el suroeste. Un caso célebre fue el de Lucio Bernabé, un organizador que fue a trabajar al sindicato Food, Tobacco, Agricultural and Allied Workers del CIO en la década de 1940. Después de que ese sindicato fuera destruido en la purga derechista del CIO, Bernabé se convirtió en líder de los trabajadores de la fruta de South Bay en el Local 11 del ILWU. Las autoridades de inmigración le acusaron falsamente de entrar ilegalmente en Estados Unidos, y su caso se eternizó durante años.
El hecho de que Cherny se centre en San Francisco (aunque lo amplíe para incluir la huelga del algodón de 1933 en el valle de San Joaquín) significa que no analiza la actividad del partido en los condados que rodean la ciudad, donde se concentraban los trabajadores agrícolas mexicanos y filipinos. Sin embargo, esas comunidades también tenían una fuerte presencia en la propia San Francisco.
A finales de la década de 1940, miembros del partido participaron en la organización de la Asociación Nacional México Americana (ANMA), un grupo pionero antirracista y proobrero con delegaciones en todo el suroeste. Según el libro de Enrique Buelna The Mexican Question: Mexican Americans in the Communist Party, 1940-1957, los miembros mexicanoamericanos participaron activamente en la formación del partido, incluidos los del Sindicato de Trabajadores de Minas, Molinos y Fundiciones, dirigido por la izquierda. Los miembros del partido consideraban que ANMA «fusionaría la cultura y la herencia del pueblo mexicano con las luchas por la ciudadanía de primera clase.»
Según Bert Corona, organizador de ANMA en el norte de California, los capítulos llevaron alimentos y apoyo a las huelgas de braceros en el programa de explotación laboral por contrato para los cultivadores. Algunos braceros incluso organizaron sus propias secciones, enfrentándose a una deportación inevitable.
La sección de San Francisco contaba con entre trescientas y cuatrocientas familias, y había otras en Richmond, Oakland, Hollister, Santa Rosa, Napa, Stockton y Watsonville. ANMA fue incluida en la lista de organizaciones subversivas del fiscal general, y sus miembros acabaron uniéndose a otras organizaciones, incluida la Organización de Servicios Comunitarios dirigida por César Chávez.
Omitir a los mexicanos y latinos de San Francisco Reds supone algo más que una falta de reconocimiento de ciertas personas y organizaciones. Es un descuido histórico, ya que las secciones del Partido Comunista en San Francisco fueron producto del desarrollo político dentro de esas comunidades, definidas por la inmigración y el origen nacional.
En Radicals in the Barrio, Justin Akers Chacón sostiene que la corriente de pensamiento y actividad radical y anticapitalista de los mexicanos en Estados Unidos se remonta a las rebeliones posteriores a la Guerra de Conquista de 1848. Anarquistas y socialistas organizaron el Partido Liberal Mexicano en barrios estadounidenses en los años previos a la Revolución Mexicana. La decisión de muchos de organizarse en el Partido Comunista de Estados Unidos fue producto de ese desarrollo político y del movimiento comunista dentro del propio México.
Akers Chacón critica la idea de que los trabajadores agrícolas mexicanos sólo estaban interesados en una organización eficaz y no en una política radical, escribiendo que «tenían su propia política radical que no tenía que ser enseñada por los comunistas, sino que era compatible.»
Un proceso similar se desarrolló entre los emigrantes filipinos que llegaron a Estados Unidos tras la brutal guerra colonial de 1898, en la que Estados Unidos se apoderó de Filipinas. Abba Ramos, un comunista que trabajó como organizador para el ILWU, explica que «Los manongs [término de respeto para los filipinos de más edad] que llegaron en los años veinte eran hijos del colonialismo. Se radicalizaron porque compararon los ideales de la Constitución estadounidense, y de la propia búsqueda de libertad de los filipinos, con la dura realidad que encontraron aquí.»
Ramos nació en una plantación azucarera de Hawai en el seno de una familia de sindicalistas radicales. Cuando los agentes del FBI fueron a casa de sus padres y les dijeron que su sindicato estaba dirigido por comunistas, «mi padre dijo ‘si conseguir mejores salarios y hacernos iguales aquí es comunista, entonces nosotros también lo somos'».
Ramos aprendió las ideas radicales de los comunistas filipinos, que emigraban entre el trabajo en las fábricas de conservas de Alaska y las labores del campo en los campos del valle de San Joaquín. Como escribió la historiadora filipina Dawn Mabalon: «Muchos de los miembros del sindicato filipino, el AWOC, eran veteranos de las huelgas de los años veinte, treinta y cuarenta y eran duros izquierdistas, marxistas y comunistas. Afrontaron la violencia de los cultivadores con su propia militancia».
Como estaba formada por personas que se desplazaban con el trabajo, su red radical existía dondequiera que estuvieran. Durante parte del año, muchos vivían en el Manilatown de San Francisco. La militancia de la batalla por la vivienda del Hotel Internacional en los años 70, quizá el levantamiento de inquilinos más famoso de la ciudad, se debió a que era el lugar donde muchos manongs vivían al final de sus vidas. Esta historia radical filipina está entretejida en la historia del comunismo en San Francisco, pero falta en San Francisco Reds.
Queering Communist Party History
Comunistas en el armario», de Bettina Aptheker, aborda la historia del Partido Comunista desde una perspectiva muy diferente. Al relatar la experiencia vivida por gays y lesbianas comunistas, profundiza en su posición en el partido y, sobre todo, en el modo en que el desarrollo de sus ideas políticas interactuó con su sexualidad, abierta o encubierta.
El libro de Aptheker contiene varios relatos más breves que sirven de apoyo a cuatro largas exposiciones que describen la vida de cuatro individuos excepcionales. Esto lo combina con material histórico sobre la negación por parte del partido de la existencia de gays y lesbianas entre sus miembros, especialmente tras la decisiva rebelión de Stonewall. Durante Stonewall y sus secuelas, jóvenes activistas formaron organizaciones radicales como la Alianza de Activistas Gays, debatieron los conceptos emergentes de la liberación gay y lesbiana y solicitaron el apoyo del partido. Fueron rechazados con un silencio sepulcral.
Harry Hay empezó a reunir a comunistas homosexuales y acabó organizando la Sociedad Mattachine, en la que intentó combinar la política de clase y la identidad gay.
Aptheker comienza describiendo su proceso de investigación, que depende en gran medida de los archivos personales de los sujetos elegidos y de las historias orales producidas por ella misma y otros. El tono del libro de Aptheker es más personal que el de Cherny, ya que hace referencia a sus propias luchas y experiencias personales al salir del armario. También expresa su amor y admiración por las personas que conoce a través de sus redes personales y de sus investigaciones.
Una pequeña viñeta biográfica se refiere a Maud Russell, que vivió en China antes de afiliarse al partido estadounidense y regresar para realizar labores políticas. Aptheker describe su larga colaboración con Ida Pruitt, que nació y vivió muchos años en China. Aptheker sólo puede especular sobre si fueron amantes. Juzga el apoyo de Russell a la violenta Revolución Cultural como una contradicción con su vida de «servicio amoroso y compasivo». Sin embargo, Aptheker añade: «También sé cuántos comunistas, entre los que me incluyo, negaron las atrocidades de la Unión Soviética, por ejemplo, debido a un cegador compromiso emocional con un ideal político que no era la realidad. En mi caso, y quizá en el de Maud, esta necesidad emocional estaba relacionada con una sexualidad lésbica secreta» Vivir en el armario es vivir con miedo a la exposición y al ostracismo social. Tal vez ese miedo pueda reforzar el apego de una persona a fuentes de estabilidad, seguridad, identidad y pertenencia.
Otras biografías breves abarcan desde la artista Elizabeth Olds, sobre cuya sexualidad Aptheker, una vez más, sólo puede especular, hasta el compositor Marc Blitzstein, pasando por el hijo adoptivo del Dr. W. E. B. Du Bois, David Graham Du Bois. Figuras más contemporáneas incluyen a Victoria Mercado, que creció en una familia de trabajadores agrícolas de Watsonville y trabajó en la defensa de Angela Davis antes de su asesinato a los treinta años. Marge Frantz creció en el Sur, ayudó a fundar el Congreso de Derechos Civiles y terminó su vida enseñando con Aptheker y Davis en la Universidad de California en Santa Cruz. La descripción que se hace en el libro de la excéntrica convivencia entre Frantz, su marido Laurent, un respetado abogado constitucionalista, y su amante Eleanor Engstrand demuestra que la vida de los comunistas y ex comunistas podía ser tan bohemia como cualquier otra.
La principal aportación del libro consiste en cuatro biografías: Harry Hay, Betty Millard, Eleanor Flexner y Lorraine Hansberry. La intersección entre el marxismo y la política de ser gay en Estados Unidos es más evidente en su relato de la política radical de Harry Hay, a quien llama «decididamente un revolucionario comunista».
Hay fue activista del Partido Comunista durante las décadas de 1930 y 1940, participando en acciones callejeras desde la huelga general de San Francisco en 1934 hasta la huelga de animadores en los estudios Disney en 1949. Impartió cursos en la California Labor School con títulos como «Música… . Barómetro de la lucha de clases» y «Formalismo imperialista». Y cuando empezó la Guerra Fría, Hay empezó a reunir a comunistas homosexuales y acabó organizando la Sociedad Mattachine, en la que intentó combinar la política de clase y la identidad gay.
Aptheker describe la teoría política que Hay elaboró con el tiempo, en la que afirmaba que gays y lesbianas eran una «minoría cultural históricamente oprimida», como un concepto que evolucionó a partir de su labor educativa en el Partido Comunista. «No había mujeres entre los miembros de la Sociedad Mattachine original», señala, pero «la fotógrafa Ruth Bernhard (1905-2006) asistía a menudo a las reuniones de Mattachine y participaba en sus intensos debates políticos». Bernhard, abiertamente lesbiana, fue uno de los pilares de los eventos subculturales de gays y lesbianas y fue muy celebrada por sus fotografías de la figura femenina.
Apetheker escribe: Como estudioso marxista de una innovación inusual, Harry intentaba argumentar que los gays y las lesbianas, debido a su persecución y a su posición de outsider, tenían el potencial de desarrollar una conciencia particular de sí mismos que también podría ser una comprensión radical o revolucionaria de la opresión de clase y racial. . . . Hay pensaba que los gays y las lesbianas, como minoría oprimida, experimentaban las condiciones materiales para crear una conciencia específicamente gay distinta de la de la sociedad dominante, y que dicha conciencia tenía implicaciones revolucionarias.
Hay basó esta línea de pensamiento en la forma en que el partido había llegado a definir a los afroamericanos como un pueblo que sufre opresión racial y nacional, distinta y adicional a su explotación como trabajadores. «Pensaba que esa conciencia gay de oposición tenía un potencial culturalmente revolucionario para trastornar toda la sociedad y sus convenciones».
La Sociedad Mattachine era también una organización de derechos civiles, y organizó el primer desafío legal con éxito a la detención policial de gays y lesbianas (con un abogado del Sindicato Marítimo Nacional). En su marco teórico, Hay consideraba la trampa como el «eslabón débil» de la opresión capitalista de su comunidad. Sin embargo, ni los casos ni sus exposiciones obtuvieron cobertura en la prensa de izquierdas. Tras organizar la Sociedad Mattachine y salir del armario como homosexual, Hay dimitió del Partido Comunista en 1951 debido a su prohibición de la afiliación gay. El partido le expulsó para evitar que volviera a afiliarse.
Betty Millard también utilizó, no sin polémica, la analogía de la opresión de los negros en uno de los primeros intentos del Partido Comunista de definir teóricamente la opresión de la mujer. Millard escribió dos ensayos en la revista del partido New Masses, que luego se publicaron como un panfleto titulado «Las mujeres contra el mito«. En él, Millard trataba de entretejer un análisis marxista y feminista. «La forma en que Betty estructuraba sus argumentos», explica Aptheker, «también revelaba lo que yo llamaría una sensibilidad queer, en el sentido de que sus experiencias vividas como mujer independiente y lesbiana, por muy en el armario que estuviera, le permitían ver que ‘mujer’ y ‘feminidad’ y las limitaciones en la vida de las mujeres eran construcciones sociales puramente (convenientes) de la supremacía masculina. No tenían nada de natural».
Millard empezó deconstruyendo la forma en que el lenguaje incorpora la condición inferior de la mujer. Al utilizar su ensayo para su curso, puedo imaginar las expresiones de los rostros de esos jóvenes avergonzados mientras mi madre les dice que, cuando maldicen con la palabra «joder», su expresión de ira y agresividad tiene sus raíces en la violencia contra las mujeres.
En «Mujeres contra el mito», sin embargo, Millard describe el aburrimiento de las amas de casa como un «tipo de linchamiento más mortífero». Claudia Jones cuestionó su orientación de clase media, y Millard cambió «más mortífero» por «más silencioso», pero no se retractó de la comparación. Tanto Jones como Millard articularon la triple opresión de las mujeres negras a través de los sistemas de dominación que se entrecruzan: raza, clase y género. Jones escribió a Millard: «¿Acaso la condición inferior no se deriva ahora como en el pasado principalmente de la relación de la mujer con los medios de producción?». Aptheker señala que Jones «no incluyó la sexualidad como parte clave del sistema de dominación».
En 1949, en medio de esta efervescencia, Louise Patterson organizó una conferencia nacional sobre «El marxismo y la cuestión de la mujer» en la que Jones fue la ponente principal. Los cursos que impartió mi madre en los años siguientes debieron de seguir este debate y verse influidos por él. Ella idolatraba a Jones, y utilizaba como texto su clarín «¡Que se ponga fin a la desatención de los problemas de la mujer negra!«. Jones fue acusada en virtud de la Ley Smith por escribir otro artículo, «Las mujeres en la lucha por la paz y la seguridad«, encarcelada durante un año en 1955 y deportada al Reino Unido cuando fue puesta en libertad. Millard pasó a representar internacionalmente al Congreso de Mujeres Estadounidenses, hasta que fue destruido por la histeria macartista.
Aptheker describe con conmovedora minuciosidad el trauma emocional y la montaña rusa de experiencias de Millard y otros de sus protagonistas cuando intentan aceptar su orientación sexual. Eleanor Flexner, que escribió la primera historia académica del movimiento sufragista femenino en Estados Unidos, vivió con su amante Helen Terry «en auténtica armonía y disfrute mutuo» durante tres décadas. La dramaturga Lorraine Hansberry, dice Aptheker, «fue alentada, nutrida y tutelada por artistas comunistas negros y por un colectivo de intelectuales y activistas comunistas negros», pero a pesar de ello sufrió una depresión y una soledad paralizantes. Su liberación llegó con el reconocimiento de su sexualidad lesbiana.
En la sección final del libro, el Partido Comunista pone fin a su prohibición de la homosexualidad. Aptheker presenta retratos contemporáneos, por ejemplo de Rodney Barnette, activista en defensa de Angela Davis, trabajador de un almacén comunista y primer propietario negro de un bar gay en San Francisco. También conocemos a Eric Gordon, que hoy informa sobre cultura para People’s World, y a Lowell B. Denny III, cofundador de Queer Nation, un movimiento político de izquierdas que emprendió acciones directas para combatir la discriminación de gays y lesbianas. Tras el asesinato de Michael Brown en Ferguson en 2014, Denny se afilió al Partido Comunista, y hoy también escribe para People’s World.
Communists in Closets termina con Angela Davis, camarada, compañera de trabajo y amiga de Aptheker durante la mayor parte de la vida de ambas. Davis habla de su larga relación romántica con Gina Dent, colega de estudios feministas en la Universidad de California, Santa Cruz, y celebra su trabajo juntas organizando la organización para la abolición de las prisiones Critical Resistance. «Me parece bien que sea ‘queer'», dice Davis a Aptheker, «pero prefiero ser antirracista y anticapitalista», ya que describen el núcleo de su trabajo político. Toda una vida de trabajo que se vio recompensada el año pasado cuando el sindicato de estibadores de San Francisco, ILWU Local 10, la nombró su tercer miembro honorario, junto a Nelson Mandela y Martin Luther King Jr.
Aptheker recuerda el discurso de Davis en 2009 ante un público que le dio una «cálida y cariñosa bienvenida». Desechó sus notas para decirles que tenían que acoger a los transexuales como parte de «nuestro movimiento», independientemente de a quién incomodara, insistiendo en que «debemos ampliar constantemente nuestra idea de libertad.»
Un relato más completo de la vida en el partido
Tanto Cherny como Aptheker incluyen gran detalle en la presentación de sus argumentos. Con Cherny, obtenemos las líneas generales de la historia del partido en San Francisco, aunque con algunos espacios en blanco. Con Aptheker, obtenemos una visión profunda de las tribulaciones de miembros individuales -más allá de San Francisco, pero aplicable a muchos sanfranciscanos- en su intento de hacer realidad sus ideas políticas en un entorno de represión, no sólo por parte de la estructura de poder a la que se oponen, sino también de su propio partido.
Las figuras de sus escenarios son en su mayoría (aunque no en su totalidad) dirigentes y organizadores. A través de ellos, vemos gran parte de la historia de las políticas y la estrategia política del Partido Comunista, y el coste para los que estaban al frente. Pero detrás de los líderes estaban los miembros ordinarios del partido que hicieron que todo funcionara. Conseguían firmas para las peticiones. Dotaron de personal al Campamento Semillas del Mañana, el campamento de verano para los hijos de los miembros del partido y sus amigos. Gente como Bob Lindsey, que se sentaba detrás del mostrador de la librería de la calle First de San José, o los que atendían la de Bancroft Way en Berkeley, o la del centro de San Francisco.
Pienso en mis padres, que no eran líderes nacionales ni personas importantes en el sentido en que muchos lo son en estos dos libros: Mi madre en sus clases, y más tarde escribiendo libros infantiles. Mi padre mientras buscaba un trabajo que pudiera sacar adelante a nuestra familia tras la lista negra, aunque eso significara mudarse al otro lado del país.
En Tributo a toda una vida, publicado por los Comités de Correspondencia tras la escisión del partido en 1992, encontré un fragmento que para mí resume este tipo de contribución. El partido tenía una expresión que honraba el trabajo ordinario de organización política. Como lo describió Alice Correll, miembro del partido: Desde que me reclutaron en la UJC [Unión de Jóvenes Comunistas] en 1937 he sido una Jenny Higgins [a los hombres se les llamaba Jimmy Higgins]. Yo era la que llevaba los libros, cobraba las cuotas, cocinaba los guisos, fregaba los platos de la recaudación de fondos y siempre pagaba mis cuotas (¡el secreto de mi popularidad!). En Seattle, en Nueva York durante el periodo abierto de Browder, más tarde en San Francisco, cuando sólo nos reuníamos en pequeñas «celdas», siempre he sido un soldado raso del ejército. ¿Dónde estarían los sargentos y los generales sin nosotros?
Comparte este artículo
Colaboradores
David Bacon es un escritor y fotógrafo documentalista californiano. Antiguo organizador sindical, hoy documenta el trabajo, la economía mundial, la guerra y la migración, y la lucha por los derechos humanos.
5. Sionistas revisionistas frente a sionismo cultural
Un repaso de Alastair Crooke a las discrepancias históricas entre dos sectores del sionismo y cómo afecta eso a la situación actual. https://strategic-culture.su/
Los sionistas revisionistas desafían a EE.UU. a que desconecte su agenda de la Nakba
Alastair Crooke 19 de agosto de 2024
Estados Unidos está atrapado. Los poderosos están descontentos, pero impotentes.
Los israelíes han estado profundamente divididos estos últimos años, incapaces de unirse en torno a un gobierno. Tras cinco elecciones generales, decidieron destituir al equipo Lapid/Gantz y poner en el poder una nueva coalición, formada en torno a Netanyahu y pequeños partidos supremacistas judíos.
Sin embargo, poco después de la formación del nuevo gobierno, se produjo un grave brote de «remordimiento del comprador», con un importante segmento de israelíes aparentemente dispuestos a contemplar casi cualquier cosa para derrocar a su gobierno.
Se han producido manifestaciones periódicas en todo Israel para evitar que el país se convierta -en palabras de un ex director del Mossad-en «un Estado racista y violento que no puede sobrevivir».
Pero probablemente ya sea demasiado tarde.
La mayoría de la gente de fuera de Israel tiende a agrupar opiniones diferentes, y a menudo opuestas, en Israel, únicamente a través de la perspectiva reductora de ver a todos estos diversos actores como judíos y sionistas de matices ligeramente diferentes.
No podrían estar más equivocados. Existe una división existencial; hay diversas formas de sionismo: Las divisiones van hasta el significado mismo de lo que significa ser judío. Benjamin Netanyahu es un «sionista revisionista», es decir, un seguidor de Vladimir Jabotinsky (de quien su padre, Benzion Netanyahu, fue secretario privado): El «sionismo revisionista» es el polo opuesto al sionismo cultural del Congreso Judío Mundial.
De joven, Netanyahu afirmaba que Palestina es «una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra«. En consecuencia, era partidario de expulsar a todos los «soplones» árabes (como él los veía). Además, defendía la idea de que el Estado de Israel se extiende «desde el Nilo hasta el Éufrates».
Sin embargo, durante sus 16 años como primer ministro, se percibía que Netanyahu se había moderado (se había vuelto más pragmático), pero seguía siendo taimado. En retrospectiva, quizá simplemente se adaptó a los tiempos. O quizá practicaba la «doble verdad» straussiana, la práctica que Leo Strauss enseñó a sus seguidores como único medio de preservar el «verdadero» judaísmo dentro del entorno «liberal-europeo» (mayoritariamente asquenazí). El «esoterismo» de Strauss (tomado de Maimónides, el primer místico judío) consistía en profesar externamente una «cosa mundana», mientras que internamente se conservaba una lectura esotérica del mundo completamente opuesta.
Para que quede claro: los sionistas revisionistas (entre los que se encuentra Netanyahu) incluyen a Menachem Begin y Ariel Sharon, que demostraron de lo que eran capaces con la Nakba (la expulsión masiva de palestinos) en 1948.
Netanyahu es de esta «línea», y también lo es una facción dominante clave en Washington.
La «guerra» con Washington, después del 7 de octubre
Al principio, Washington reaccionó con un apoyo irreflexivo e inmediato a Israel, vetando varias resoluciones de alto el fuego del Consejo de Seguridad de la ONU y aprovisionando totalmente las necesidades militares de Israel para la destrucción del enclave palestino de Gaza. Para el establishment estadounidense era impensable hacer otra cosa que no fuera apoyar a Israel. El Borde Militar Cualitativo (QME) de Israel está consagrado como una de las estructuras fundacionales que sostienen la frágil rama sobre la que descansa la hegemonía estadounidense.
Sin embargo, los estadounidenses de a pie (y algunos miembros de la Administración) veían los horrores del genocidio «en directo» en sus teléfonos móviles. El Partido Demócrata empezó a fracturarse gravemente. Los «agentes del poder» en la trastienda empezaron a presionar al gabinete de guerra israelí para que negociara la liberación de los rehenes y concluyera un alto el fuego en Gaza, con la esperanza de volver al statu quo anterior.
Pero el gobierno de Netanyahu -de diversas formas tautológicas- dijo «no», jugando sin pudor con el trauma del 7 de octubre de sus ciudadanos, para afirmar la necesidad de destruir a Hamás.
Washington comprendió algo tarde que el 7 de octubre era ahora el pretexto para que los seguidores de Jabotinsky hicieran lo que siempre habían querido hacer: Expulsar a los palestinos de Palestina.
El mensaje israelí fue perfectamente «recibido y comprendido» por los estamentos dirigentes de Washington: Los sionistas revisionistas (que representan a unos 2 millones de israelíes) pretendían cínicamente imponer su voluntad a los anglosajones; amenazarles con desencadenar una guerra con el mundo, en la que Estados Unidos ‘ardería’: No dudarían en sumir a EEUU en una amplia guerra regional, si la Casa Blanca intentara socavar el proyecto neo-Nakba.
A pesar del apoyo absoluto que Israel tiene en todo Washington, parece que la clase dirigente decidió que el ultimátum de la «estratagema revisionista» no podía tolerarse. Se avecinaban unas elecciones estadounidenses cruciales. El poder blando de Estados Unidos en todo el mundo se estaba derrumbando. Cualquiera que observara el desarrollo de los acontecimientos en todo el mundo comprendía que matar a más de 40.000 personas inocentes no tenía nada que ver con eliminar a Hamás.
Comprender los antecedentes
Para comprender la naturaleza de esta guerra oculta entre los sionistas revisionistas y Washington, es necesario volver sobre Leo Strauss, judío alemán, que había abandonado Alemania en 1932 bajo los auspicios de una beca de la Fundación Rockefeller, para llegar finalmente a Estados Unidos en 1938.
La cuestión aquí es que las ideas en juego en esta lucha ideológica no son sólo sobre israelíes y palestinos. Tienen que ver con el control y el poder. La esencia de la agenda del actual gobierno israelí -en particular su controvertida Reforma Legal – son puros derivados de Leo Strauss.
La preocupación entre los gobernantes estadounidenses era que la agenda de Netanyahu se estaba convirtiendo en un ejercicio de puro poder straussiano, a expensas del poder secular estadounidense.
Es decir, que las nociones revisionistas son compartidas por el influyente grupo de estadounidenses que se formó en torno a este profesor de Filosofía -Leo Strauss- en la Universidad de Chicago. Muchos relatos informan de que había formado un pequeño grupo interno de fieles estudiantes judíos a los que daba instrucción oral privada: El significado esotérico interno de la política se centraba, según cuentan los rumores, en afirmar la hegemonía política como medio para protegerse de una nueva Shoah (holocausto).
El núcleo del pensamiento de Strauss -el tema al que volvería una y otra vez- es lo que él llamó la curiosa polaridad entre Jerusalén y Atenas. ¿Qué significan estos dos nombres? A primera vista, parece que Jerusalén y Atenas representan dos códigos o modos de vida fundamentalmente diferentes, incluso antagónicos.
La Biblia, sostenía Strauss, no se presenta como una filosofía o una ciencia, sino como un código de leyes; una ley divina inmutable que ordena cómo debemos vivir. De hecho, los cinco primeros libros de la Biblia se conocen en la tradición judía como la Torá y «Torá» quizá se traduzca más literalmente como «Ley». La actitud que enseña la Biblia no es de autorreflexión ni de examen crítico, sino de obediencia absoluta, fe y confianza en la Revelación. Si el ateniense paradigmático es Sócrates, la figura bíblica paradigmática es Abraham y la Akedá (la atadura de Isaac), que está dispuesto a sacrificar a su hijo por un mandato divino ininteligible.
Sí», la democracia liberal occidental trajo la igualdad civil, la tolerancia y el fin de las peores formas de persecución. Sin embargo, al mismo tiempo, el liberalismo exigió del judaísmo -como de todas las religiones- la privatización de las creencias, la transformación de la ley judía de una autoridad comunal a los recintos de la conciencia individual. El resultado, tal como lo analizó Strauss, fue una bendición mixta.
El principio liberal de la separación del Estado y la sociedad, de la vida pública y las creencias privadas, no podía sino dar lugar a la «protestanización» del judaísmo, sugería.
Para que quede claro: estas dos formas antagónicas de ser expresan puntos de vista morales y políticos fundamentalmente diferentes. Esta es la esencia de lo que divide a los dos «campos» que habitan el Israel actual: El «judaísmo cultural» democrático frente al judaísmo de la fe y la obediencia a la Revelación divina.
Poner la trampa a EE.UU.
Los straussianos estadounidenses empezaron a formar un grupo político hace medio siglo, en 1972. Todos eran miembros del personal del senador demócrata Henry «Scoop» Jackson, e incluían a Elliott Abrams, Richard Perle y David Wurmser. En 1996, este trío de straussianos redactó un estudio para el nuevo primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Este informe (la Estrategia de Ruptura Limpia ) abogaba por la eliminación de Yasser Arafat; la anexión de los territorios palestinos; una guerra contra Irak y el traslado de los palestinos allí. Netanyahu pertenecía en gran medida a este círculo.
La Estrategia se inspiró no sólo en las teorías políticas de Leo Strauss, sino también en las de su amigo Ze’ev Jabotinsky, fundador del sionismo revisionista, de quien el padre de Netanyahu fue secretario privado.
Para evitar confusiones, los straussianos estadounidenses -hoy llamados habitualmente «neoconservadores»- no se oponen en principio a la agenda de la Nakba del gobierno de Netanyahu. No era el sufrimiento de los gazatíes lo que les inquietaba, sino las amenazas de los sionistas revisionistas de lanzar un ataque contra Irán y el Líbano. Porque, si se lanzara esta guerra, el ejército israelí -con toda seguridad- no sería capaz de derrotar a Hezbolá por sí solo. Y para Israel emprender una guerra contra Irán equivaldría a una locura certificable.
Así pues, para salvar a Israel, Estados Unidos se vería sin duda obligado a intervenir. El equilibrio de poder militar se ha inclinado considerablemente hacia Hezbolá e Irán desde la guerra israelo-libanesa de 2006 y cualquier guerra ahora sería una empresa tensa y arriesgada.
Sin embargo, esto era esencial para la tácita agenda «esotérica» (interna) del gobierno israelí.
Washington intenta contraatacar, pero se encuentra en jaque mate
La única alternativa para Estados Unidos sería alentar un golpe militar en Tel Aviv. Algunos altos oficiales y suboficiales israelíes ya se han unido para sugerirlo. En marzo de 2024, el general Benny Gantz fue invitado a Washington (en contra de los deseos del primer ministro). Sin embargo, no aceptó la invitación para derrocar al Primer Ministro. Fue para asegurarse de que aún podía salvar a Israel y de que sus aliados en Estados Unidos no se volverían contra el cuadro militar israelí.
Esto puede parecer extraño. Pero la realidad es que las IDF se sienten socavadas, incluso traicionadas. El acuerdo alcanzado al principio del gobierno entre Netanyahu e Itamar Ben-Gvir (de Otzma Yehudit) fue la excepción a esta ansiedad.
El acuerdo gubernamental preveía que Ben-Gvir dirigiera una fuerza armada autónoma en Cisjordania. Se le encargó no sólo la policía nacional, sino también la policía de fronteras, que hasta entonces había sido responsabilidad del Ministerio de Defensa.
El acuerdo también preveía la creación de una Guardia Nacional a gran escala y el refuerzo de la presencia de tropas de reserva en la policía de fronteras.
Ben-Gvir es un kahanista, es decir, un discípulo del rabino Meir Kahane, que exige la expulsión de los ciudadanos árabes palestinos de Israel y de los Territorios Ocupados y la instauración de una teocracia, y no oculta que quiere utilizar a la policía de fronteras para expulsar a las poblaciones palestinas, sean musulmanas o cristianas.
Las fuerzas oficiales de Ben Gvir representan, como señaló Benny Gantz, un «ejército privado». Pero eso es sólo la mitad, ya que cuenta con la lealtad de cientos de miles de colonos-vigilantes de Cisjordania sobre los que el rabino radical Dov Lior y su camarilla de influyentes rabinos radicales de Jabotinsky tienen el control.
El ejército regular teme a estos vigilantes -como vimos en la base militar de Sde Teiman- cuando las milicias de vigilantes de Ben Gvir asaltaron la base, para proteger a soldados acusados de violar a prisioneros palestinos.
La inquietud del escalafón militar israelí ante la realidad de este «ejército Jabotinsky» queda patente en la advertencia del ex primer ministro Ehud Barak: «Al amparo de la guerra, se está produciendo un putsch gubernamental y constitucional en Israel sin que se haya disparado un solo tiro. Si no se detiene este golpe de Estado, Israel se convertirá en una dictadura de facto en cuestión de semanas. Netanyahu y su gobierno están asesinando la democracia… La única manera de impedir una dictadura en una fase tan avanzada es cerrar el país mediante la desobediencia civil no violenta a gran escala, 24 horas al día, 7 días a la semana, hasta que caiga este gobierno… Israel nunca se ha enfrentado a una amenaza interna tan grave e inmediata para su existencia y su futuro como sociedad libre».
La élite de las FDI quiere un acuerdo de alto el fuego/rehenes, principalmente para «detener a Ben-Gvir», no porque resuelva la cuestión palestina de Israel. No lo resuelve.
Pero el ultimátum de Netanyahu es que si el asesinato de Haniyeh no es suficiente para sumir a Estados Unidos en la Gran Guerra que le dará (a Netanyahu) la Gran Victoria, siempre puede desencadenar una provocación mayor: Ben Gvir también controla la seguridad del Monte del Templo -siempre está disponible la escalera de escalada del Monte del Templo/Al-Aqsa para subir (amenazando con la destrucción de la mezquita de Al-Aqsa).
Estados Unidos está atrapado. Los poderosos están descontentos, pero impotentes.
6. Cómo resucitar Die Linke
El jefe de la Fundación Rosa Luxemburgo, tras la tremenda hostia que se llevaron en las europeas los de Die Linke, cree que es necesaria una autocrítica. Insiste en un punto fundamental: la prioridad de la lucha por la paz, a la vez que señala los puntos débiles del partido de Sarah Wagenknecht: la política climática y económica.
La izquierda alemana toca fondo
Con Die Linke atrapado entre la crisis y la transición, ¿cómo puede volver a ponerse en pie?
Heinz Bierbaum
El resultado de las recientes elecciones al Parlamento Europeo ha sido un desastre para Die Linke. Aunque se preveía un mal resultado, no se esperaba que las pérdidas fueran tan graves. El partido obtuvo la mitad de votos que en las anteriores elecciones, de los que alrededor de un millón fueron a parar a los socialdemócratas (SPD) y a la recién fundada Alianza Sahra Wagenknecht (BSW). En cambio, sólo se ganaron unos pocos votos del SPD y los Verdes, que era el objetivo de la campaña.
Heinz Bierbaum es Presidente del Consejo de Dirección de la Fundación Rosa Luxemburg.
La suposición popular de que apenas había solapamiento entre los votantes potenciales de Die Linke y BSW ha resultado ser totalmente falsa. Mientras que, por un lado, se acogió con entusiasmo el volumen de recién llegados, por otro se subestimó la hemorragia de votantes hacia el BSW. Las próximas elecciones estatales en Alemania Oriental serán aún peores. Se espera que el BSW deje en la cuneta a Die Linke. Los recientes resultados a nivel municipal, algunos de los cuales son bastante notables, proporcionan un rayo de esperanza, pero en última instancia sólo un rayo.
Afrontar los hechos
La situación es grave. Hay que entenderla y afrontarla con autocrítica. Las declaraciones que sugieren que Die Linke lo ha hecho todo bien y que simplemente necesita más tiempo para pulir su maltrecha imagen, así como los intentos de culpar principalmente a Sahra Wagenknecht, son una respuesta inexacta e inadecuada a lo que ha ocurrido. Los resultados de las elecciones europeas y al Bundestag, así como las pérdidas a nivel estatal, apuntan a problemas fundamentales en la orientación estratégica y la estructura organizativa del partido.
Los resultados de las elecciones europeas demostraron que centrarse únicamente en la justicia social, por importante que sea, no basta, sobre todo cuando prácticamente se ignoran cuestiones controvertidas como la política de paz. El BSW ganó puntos con su tratamiento de la cuestión de la paz, caracterizada por algunas partes de la izquierda como un tema «perdedor». La formación de un destacado equipo de candidatos no ha conseguido en absoluto lo que la dirección del partido prometió que lograría. Colocar a Gerhard Trabert en el centro de una campaña electoral centrada en cuestiones sociales habría sido un gran acierto, pero no fue así.
Mucha gente pide que Die Linke renueve su programa, pero en realidad no es necesario reescribir el Programa de Erfurt, que en mi opinión sigue representando una buena base para la elaboración de políticas socialistas de izquierdas. Sin embargo, es necesario redefinir la orientación estratégica y política de Die Linke a la luz de las cambiantes condiciones sociales. Esto es algo que el partido ha descuidado en los últimos cuatro años. Die Linke fue incapaz de organizar un debate político tras la conferencia estratégica de febrero de 2022 en Kassel, un fracaso que ahora vuelve a perseguirle. Es necesario determinar qué constituye de hecho un partido socialista, es decir, el perfil de Die Linke, antes de definir los grupos de votantes y decidir qué cuestiones son importantes para ellos.
Captar las contradicciones
La política de izquierdas parte de las contradicciones que se manifiestan como resultado del desarrollo social, que a su vez trata de superar. Por ello, el análisis de las condiciones existentes en la sociedad es un requisito previo para cualquier política de izquierdas. Las intervenciones políticas deben derivarse de un análisis de estas contradicciones sociales.
Fundamentalmente, hay dos procesos de transformación primarios que determinan cómo progresa el desarrollo. El primero es la transformación de la economía y la industria a la luz de la amenaza existencial que supone el cambio climático, que obliga a la humanidad a redefinir fundamentalmente sus modos de producción. El segundo son los profundos cambios geopolíticos que se están produciendo en todo el mundo, que se reflejan con especial intensidad en el creciente número de conflictos militares y guerras que tienen lugar en muchas regiones diferentes.
Aunque la guerra en Ucrania, instigada por Rusia y que viola el derecho internacional, y el conflicto militar en la Franja de Gaza, desencadenado por el violento ataque de Hamás, están sin duda en el primer plano de nuestras mentes, no debemos olvidar las guerras en curso que se libran en otras partes del mundo, como Yemen. En su conjunto, estos conflictos tienen que ver con la lucha por la hegemonía mundial. El mundo se ha diversificado. El Sur Global ya no está dispuesto a aceptar el dominio del Norte Global. Este cambio exige un enfoque multipolar de la política mundial.
Cada vez más países están a favor de este enfoque multipolar, como demuestra la expansión del grupo BRICS. Sin embargo, esta multipolaridad ampliada se está viendo contrarrestada por enfrentamientos más frecuentes entre bloques, en los que Estados Unidos trata de defender su hegemonía en declive frente a una China en ascenso. Estados Unidos se sirve claramente de la OTAN para este fin. En lugar de adoptar una posición independiente orientada hacia la cooperación y la distensión, está claro que la UE se somete con gusto al programa hegemónico de Estados Unidos. Es de importancia existencial que los partidos socialistas de izquierdas adopten una postura al respecto.
Definir nuestras prioridades
La cuestión de la paz no puede ignorarse. En este contexto, deberíamos recordar la siguiente declaración de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg, que sigue siendo tan relevante como siempre: «El militarismo -que para la sociedad en su conjunto representa un despilfarro económico completamente absurdo de enormes fuerzas productivas- y que para la clase obrera significa una rebaja de su nivel de vida con el objetivo de esclavizarla socialmente, es para la clase capitalista económicamente el tipo de inversión más seductor e insustituible y política y socialmente el mejor apoyo para su dominio de clase.»
Dejar la cuestión de la paz en un segundo plano ha demostrado ser un grave error estratégico, con la justificación dada de que tanto el partido como el público están divididos sobre el tema. Y aunque es cierto que esta división existe en ambos ámbitos, no es excusa para descuidarla por completo. Por el contrario, esta división debería verse como un motivo para debatir el tema en profundidad y llegar a una posición compartida. Es cierto que existe un acuerdo sobre la necesidad del desarme, pero esto no basta por sí solo. Die Linke también debe dilucidar claramente las causas y los contextos económicos y sociopolíticos y las razones que dan lugar al rearme, la militarización y la guerra. Y lo que es más, también tiene que haber acuerdo en que guerras como la de Ucrania no pueden terminar por la fuerza militar y sólo terminarán mediante la negociación. Actualmente, estamos experimentando una especie de militarismo que impregna toda la sociedad, incluida la cultura. Die Linke debe oponerse enérgica y visiblemente a esta tendencia.
No será fácil hacerlo ante un clima tan belicoso, pero es necesario. En este contexto, las dos conferencias organizadas por la Fundación Rosa Luxemburg en colaboración con IG Metall y ver.di sobre sindicatos y paz que se celebraron en Hanau y Stuttgart fueron acciones importantes para apoyar este tipo de política.
Los grandes procesos de transformación exacerban y se superponen simultáneamente a la profunda crisis del desarrollo capitalista neoliberal. Esto es válido tanto en el plano económico como en el social y el político. El desarrollo económico se ha estancado en Alemania. La reestructuración de la industria avanza lenta e incoherentemente. Estos problemas seguirán agravándose hasta las elecciones generales. El Gobierno alemán está dividido en estas cuestiones y no ofrece soluciones convincentes a los principales retos a los que se enfrenta. Esto es especialmente evidente en lo que respecta a la cuestión del freno de la deuda, que está resultando ser un obstáculo para la inversión y, por tanto, para el futuro, y que ahora incluso cuestionan los líderes de la industria. En consecuencia, los problemas sociales existentes no hacen más que agravarse. Aumentan las formas precarias de trabajo y de vida. La crisis del coste de la vida es un gran problema para muchas personas. Al mismo tiempo, las grandes empresas generan beneficios excesivos. Y los ricos son cada vez más ricos.
Por tanto, es apropiado que Die Linke se centre en cuestiones sociales y que la justicia social siga siendo un pilar central de la identidad de Die Linke, a pesar de que su efecto formador de identidad haya disminuido. La demanda del partido de redistribución de la riqueza sigue siendo muy relevante, aunque los intentos anteriores de hacer campaña por ella hayan sido infructuosos. Las cuestiones sociales deben abordarse de la forma más concreta y directa posible.
Las cuestiones sociales están profundamente relacionadas con otras cuestiones como el cambio climático y los consiguientes procesos de reestructuración económica e industrial. Esto requiere tanto un debate intensificado sobre nuevas políticas económicas e industriales que incorporen la inversión pública, como la implicación de los trabajadores. Lo que se requiere es una democratización de la economía, lo que naturalmente implica cuestionar la naturaleza de la propiedad. Los procesos de reestructuración están asociados en sí mismos a importantes problemas sociales. Por ello, los sindicatos reclaman una «transición justa», posición que apoya Die Linke.
Buenos ejemplos del apoyo de Die Linke a la transición justa son las conferencias «Acero verde» y «Transformación de la industria automovilística mundial», organizadas por la Fundación Rosa Luxemburgo, en las que la cooperación entre delegados sindicales, sindicatos, la fundación y otros actores de izquierdas se hizo tangible y, por tanto, práctica. Al abordar procesos de transformación concretos, pueden ponerse de manifiesto los fallos del orden político imperante y destacarse perspectivas que abordan específicamente los cambios necesarios y el gesto más allá de las limitaciones del desarrollo capitalista. Al mismo tiempo, las conferencias son también una forma de reforzar la cooperación con los sindicatos, lo que obviamente es importante para la acción política de izquierdas.
También es importante vincular las cuestiones sociales a la política de paz. Cada euro que se gasta en armamento es un euro que no se invierte en combatir los problemas sociales y en la lucha contra el cambio climático. La paz, el clima y las cuestiones sociales están estrechamente vinculadas. Y la guerra es en sí misma el mayor factor de catástrofe medioambiental.
Más allá del capitalismo
Die Linke debe distinguirse como una fuerza de oposición que se ocupa de cuestiones sociales, que basa esta oposición en la lucha contra los problemas reales que afectan a la gente y presenta perspectivas políticas que no sólo están dirigidas a superar estos problemas, sino también a desarrollar alternativas genuinas. Esta es la posición socialista que va más allá del capitalismo y separa a Die Linke de todos los demás partidos, incluido el BSW.
No tiene sentido atacar al BSW, como hacen algunos. Lo que hace falta es un debate político serio. Die Linke difiere del BSW en cuestiones clave, no sólo en materia de migración, sino sobre todo en política económica y medioambiental. Mientras que el BSW ignora la cuestión del cambio climático, Die Linke aboga por una transformación socioecológica de gran alcance y considera necesario un cambio sistémico. El BSW ni siquiera considera las cuestiones del cambio de sistema. A diferencia del BSW, Die Linke también defiende decididamente el derecho de asilo. Al mismo tiempo, sin embargo, debe tomarse en serio las cuestiones relacionadas con la migración y los problemas asociados a ellas. Esto significa que debe reanudarse el abortado debate sobre la ley de inmigración para generar normativas concretas.
En Alemania y en el conjunto de Europa, el momento político actual se caracteriza por un fuerte giro a la derecha, que se asocia a considerables peligros para un futuro democrático. Es el resultado de unas políticas incapaces de dar respuestas convincentes a los problemas clave y a los retos económicos y sociopolíticos centrales. El resultado es la incertidumbre, la insatisfacción extrema y el miedo al futuro. La insatisfacción con el sistema político imperante está desplazando actualmente los votos hacia la derecha y la extrema derecha, a pesar de todas las protestas masivas de la izquierda. En última instancia, no existe ningún «cortafuegos» que nos proteja contra este desplazamiento: sólo un tipo diferente de política puede aportar una solución. Es tarea de la izquierda presentar una alternativa política convincente, como se ha esbozado aquí. Se necesita un Die Linke fuerte para que esto sea socialmente efectivo.
El fortalecimiento de Die Linke requiere tanto un acuerdo sobre sus fundamentos estratégicos como, en particular, una renovación de sus estructuras organizativas. Esto afecta a las ramas de Die Linke tanto a nivel de distrito como de estado, ya que en algunas partes de Alemania está esencialmente inactiva. También afecta a la ejecutiva y a la dirección del partido. Todo el mundo se queja de que Die Linke no tiene un centro estratégico. Die Linke necesita una ejecutiva que represente a todo el partido y una dirección fuerte que pueda aplicar con decisión las políticas acordadas.
Este artículo apareció por primera vez en LuXemburg.
Observación de José Luis Martín Ramos:
La orientación de la autocrítica es rotunda. Viene a decir que Die Linke ha abandonado en la práctica la orientación erfurtiana, la centralidad del trabajo en las políticas inmediatas y la presencia constante en la propaganda -la buena propaganda- de la alternativa socialista. Pone en cuestión no solo los errores políticos acumulados -aunque el fragmento sobre la identidad me parece confuso, o incompleto; no acaba de decir que ha sudo un error dejar en segundo plano o abandonar la identidad de clase- sino la dirección del partido.
Se queda a medio camino en las orientaciones alternativas. Está bien la denuncia del militarismo, pero eso se ha de traducir en propuestas concretas sobre la política interior -el presupuesto- y exterior -la OTAN, la militarización de la UE. Y se ha de abordar la cuestión de la guerra. Obviamente el objetivo es la paz y comparto que el conflicto de Ucrania no se puede encarar, desde la izquierda, a partir de la victoria militar sino de la negociación; la negociación que impidió en su momento Gran Bretaña y EEUU, en marzo de 2022 y a la que se pueden ponen nuevos obstáculos con la invasión ucraniana de Rusia, precisamente cuando se volvía hablar de salida negociada. Hay que ser más concreto de lo que es el artículo, que quiere ser de autocrítica política, no quedarse en los buenos deseos. El problema es, quizás, que el autor del artículo no puede avanzar mucho más, porque parte de un supuesto erróneo, el de que el origen de la guerra fue la acción rusa, obviando el conflicto que es el que produce la guerra y cuya consideracion es el que pone las bases de una negociación que no se limite a un alto el fuego a la coreana. Le pasa lo mismo con la guerra de Palestina, que no tiene su origen -ni mucho menos en la forma de guerra genocida que está desarrollando Israel- en el 7 de octubre sino en la naturaleza del Estado de Israel y su dominación colonial, imperialista, sobre los palestinos.
En cuanto al BSW, no es su enemigo, como parece destilar al final su artículo. En la izquierda su enemigo, por decirlo de algún modo, es el partido Verde, el gran mixtificador de las políticas de paz y de justicia social.
Y creo que las críticas que hace a BSW no son exactas: no es cierto que niegue el derecho de asilo, lo que hace es plantear una regulación de la inmigración, que es también lo que plantea Bierbaum; tampoco niega el cambio climático, pide que se consideren los efectos de las políticas contra el cc, en el fondo la “transición justa” que se invoca en el artículo. Y decir que el BSW no se plantea como alternativa sistémica el socialismo tampoco es cierto.
7. El Egipto de Sisi
Reseña de un libro reciente sobre el régimen militar de Al-Sisi en Egipto y sus perspectivas de futuro. https://www.middleeasteye.net/
Egipto bajo Sisi: Anatomía de un régimen militar
Doha S Abdelgawad 19 de agosto de 2024
El libro de Maged Mandour ofrece un rico relato de la militarización de los sistemas económico, político y jurídico de Egipto desde 2013
Maged Mandour relata la militarización del Estado egipcio bajo el mandato de Abdel Fattah el-Sisi en su libro Egypt Under el-Sisi: A Nation on the Edge, ofrece un relato detallado de los cambios estructurales económicos, jurídicos y políticos introducidos desde que Sisi llegó al poder tras el golpe de 2013.
Mandour examina la naturaleza del régimen militar y presenta dos argumentos principales.
El primero rebate la suposición de los expertos de que el levantamiento de 2011 creó una situación revolucionaria sin resultados revolucionarios. Mandour sostiene que, en efecto, el levantamiento tuvo un resultado revolucionario, aunque no el deseado. Condujo a una intensificación sin precedentes de la militarización del Estado, lo que supuso un cambio significativo con respecto al legado militar de Gamal Abdel Nasser.
El segundo argumento sugiere que, a pesar de la consolidación del régimen de Sisi, éste sigue siendo vulnerable al cambio debido a presiones económicas más que políticas.
Basándose en la clasificación de regímenes militares de Samuel E. Finer (2002), Mandour clasifica el gobierno de Sisi como un régimen militar directo, a diferencia de los sistemas duales/indirectos de Anwar Sadat y Hosni Mubarak. Los cuatro primeros capítulos exploran las características distintivas del régimen militar de Sisi.
El capítulo uno traza la evolución política del Estado y el estatus de los militares hasta la masacre de Rabaa de 2013, centrándose en su discurso ideológico de hegemonía.
El capítulo dos analiza la militarización de diversos poderes del Estado, mientras que el capítulo tres aborda el uso de la violencia para la represión pública. El capítulo cuatro examina la militarización de la esfera económica y el auge del capitalismo militar agresivo.
En cada capítulo, Mandour destaca cómo el régimen de Sisi ha intensificado su control militar sobre las esferas pública y económica en comparación con sus predecesores desde 1952. En el último capítulo, explora las perspectivas de futuro del régimen actual y la posibilidad de una transición democrática.
Reflexiones
La principal aportación teórica del libro radica en la aplicación de la categorización de Finer a lo largo de los capítulos.
El examen de Mandour de los fundamentos ideológicos del régimen de Sisi y de las herramientas jurídicas y económicas de la militarización es una delicia para los lectores interesados en la política egipcia moderna. Sin embargo, el análisis teórico del libro es donde se queda corto.
Aunque la explicación del autor de por qué el régimen de Sisi encaja en la categoría de Finer de gobierno militar directo está bien argumentada, su uso del concepto de revolución pasiva de Antonio Gramsci como segundo pilar teórico está insuficientemente explorado y resulta algo ambiguo.
Mandour reconoce que los elementos clave de la definición de Gramsci no se ajustan al actual régimen egipcio, como la dependencia de una élite no dirigente para gobernar y la existencia de una sociedad no hegemónica, lo que plantea dudas sobre la pertinencia del concepto de Gramsci para el debate.
A pesar de reconocer esta limitación, Mandour concluye que el golpe provocó cambios radicales impulsados por las élites sin participación popular, un punto que podría apoyarse mejor en la literatura existente sobre el autoritarismo y el gobierno militar en Oriente Medio, que en la noción de revolución pasiva.
El libro hace referencia ocasionalmente a otras obras académicas clave, como la definición de Estado de Gramsci y la regla de los expertos de Timothy Mitchell sobre la naturaleza del capitalismo. La ausencia de amplios debates teóricos podría justificarse por el carácter periodístico del libro y su motivación para dirigirse a lectores no especializados.
La sección reflexiva más significativa del libro aparece en el capítulo final, donde Mandour delinea tres escenarios potenciales para el régimen de Sisi. Esta sección trasciende la mera narración descriptiva de las políticas estatales, aventurándose en reflexiones analíticas sobre las perspectivas de Egipto para la transición democrática.
Aquí entra en juego el argumento de Mandour sobre la vulnerabilidad del régimen debido a su capitalismo militar, un concepto que describe astutamente el control neoliberal de los militares sobre la economía.
Este capítulo aborda cuatro cuestiones fundamentales. ¿Cómo cambiará el régimen? ¿Se derrumbará en una oleada de derramamiento masivo de sangre, como en Libia? ¿Decaerá gradualmente hasta que ya no pueda resistir la presión popular y se derrumbe? ¿O se reformará a sí mismo, evolucionando hacia un sistema de gobierno dual militar-civil, que podría lograr la estabilidad a largo plazo?
Mandour sostiene que la reforma liderada por las élites es improbable debido a la profunda militarización del Estado bajo Sisi, que ha dado lugar a realidades políticas y económicas inmutables. El interés del estamento militar en mantener el statu quo y la ausencia de una oposición organizada han consolidado aún más este régimen como una realidad política que podría persistir más allá del mandato de Sisi.
En consecuencia, Mandour identifica sólo dos escenarios de cambio plausibles: un choque externo, como una guerra regional; o una descomposición interna, potencialmente inducida por presiones externas similares al levantamiento de 2011.
Dos escenarios
Aunque convincente, el análisis de Mandour pasa por alto varias cuestiones críticas.
Los dos escenarios propuestos, aunque distintos, están interrelacionados en términos de una amenaza externa existente para el régimen, que induce a una reforma de arriba abajo. En ambos escenarios, su análisis pasa por alto el impacto de los acuerdos de seguridad regional establecidos tras la Primavera Árabe.
No examina suficientemente las herramientas transnacionales regionales de vigilancia y represión que surgieron después de 2011 entre los países árabes, diseñadas para sostener el autoritarismo y suprimir el islam político. El análisis no menciona la eficacia decreciente de la protesta como mecanismo de cambio en el mundo árabe, lo que hace que otro levantamiento parezca inverosímil.
Además, los desafíos a la reforma dirigida por las élites no tienen plenamente en cuenta la posibilidad del faccionalismo de las élites -un escenario plausible incluso en los regímenes más represivos- ni el resurgimiento de los islamistas como posible fuerza política organizada. Un retorno islamista no se refiere sólo a los Hermanos Musulmanes, sino a un amplio espectro de grupos salafistas. Incluso un retorno superficial de los islamistas podría bastar para introducir un poder de contrapeso.
La reforma dirigida por la élite podría ser posible mediante militares deseosos de establecer una fachada civil y neutralizar a las figuras militares rivales facilitando un retorno decorativo de los islamistas. Desgraciadamente, esta parte del libro se queda sola, sin la suficiente elaboración por parte de la literatura más amplia sobre autoritarismo y relaciones cívico-militares.
La metodología del libro presenta otra deficiencia. Aunque se basa en un rico conjunto de medios de comunicación y fuentes primarias, el autor no aborda su método de análisis de datos ni los criterios para la inclusión y exclusión de estas fuentes en la introducción del libro. Esta omisión afecta significativamente al rigor académico del libro.
A pesar de ello, el libro de Mandour proporciona un retrato detallado de la anatomía del régimen militar de Sisi y ofrece una base para futuras exploraciones teóricas sobre las transiciones democráticas y las posibilidades de reforma en Egipto.
El libro es un texto clave para los estudiosos de Oriente Medio que busquen ricos estudios de casos sobre las relaciones entre militares y civiles.
Doha S. Abdelgawad es profesora de Estudios Religiosos en la Universidad de Leeds. Anteriormente fue profesora en la Universidad de Chester y profesora adjunta en la Universidad de El Cairo. Como académica interdisciplinar, su investigación aborda el islamismo, la violencia política y la política comparada en Oriente Medio. Sus trabajos se han publicado en revistas especializadas en Oriente Medio, y su próximo libro se titula Unheard Voices of the Young Egyptian Brothers.
8. Resumen de la guerra en Palestina, 19 de agosto
El resumen de Mondoweiss y el de Haaretz. https://mondoweiss.net/2024/
Día 318 de la «Operación Al Aqsa»: Los habitantes de Gaza reciben nuevas órdenes de evacuación mientras Netanyahu insiste en nuevas condiciones para el alto el fuego
Antony Blinken llega a la región para impulsar un alto el fuego. Mientras tanto, los colonos israelíes cometen un nuevo pogromo al este de Qalqilya y las fuerzas israelíes intensifican sus incursiones en Yenín y Nablús.
Por Qassam Muaddi 19 de agosto de 2024
Bajas
- 40.139 + muertos* y al menos 92.743 heridos en la Franja de Gaza. Se han identificado las identidades de 32.280 de los muertos, incluidos 10.627 niños y 5.956 mujeres, que representan el 60% de las víctimas, y 2.770 ancianos, hasta el 6 de agosto de 2024. Se calcula que hay unos 10.000 más bajo los escombros*.
- Más de 632 palestinos han muerto en Cisjordania ocupada, incluido Jerusalén Oriental. Entre ellos hay 140 niños.**
- Israel revisó a la baja su estimación de víctimas mortales del 7 de octubre, de 1.400 a 1.140.
- Desde el 7 de octubre, el ejército israelí ha reconocido la muerte de 693 soldados y oficiales israelíes y ha herido a 4096.
* La sucursal de Gaza del Ministerio de Sanidad palestino confirmó esta cifra en su informe diario, publicado a través de su canal de WhatsApp el 15 de agosto de 2024. Grupos de derechos y expertos en salud pública estiman que el número de muertos es mucho mayor.
** El número de muertos en Cisjordania y Jerusalén no se actualiza regularmente. Esta es la última cifra según el Ministerio de Sanidad palestino a 15 de agosto.
*** Estas cifras las publica el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitieron publicar». El diario israelí Yediot Ahronot informó el 4 de agosto de 2024 que unos 10.000 soldados y oficiales israelíes han muerto o han resultado heridos desde el 7 de octubre. El jefe de la asociación de heridos del ejército israelí dijo al Canal 12 de Israel que el número de soldados israelíes heridos supera los 20.000, incluidos al menos 8.000 que han quedado discapacitados permanentemente desde el 1 de junio. El Canal 7 de Israel informó de que, según las cifras del servicio de rehabilitación del Ministerio de Guerra israelí, 8.663 nuevos heridos se incorporaron al sistema de rehabilitación de minusválidos del ejército desde el 7 de octubre y hasta el 18 de junio.
Principales acontecimientos
- El Ministerio de Sanidad de Gaza afirma que el número de muertos supera los 40.139 y los 92.743 heridos desde el 7 de octubre, de los cuales el 33% son niños, el 18,4% mujeres y el 8,6% ancianos; al menos 115 niños palestinos han nacido y han muerto a manos de las fuerzas israelíes desde el 7 de octubre.
- La UNRWA afirma que el 90% de la población de Gaza vive en el 11% del territorio de Gaza, unos 35 kilómetros cuadrados.
- La Defensa Civil Palestina afirma que los cadáveres de 1.760 palestinos muertos por ataques israelíes se han «vaporizado» debido al uso de armas prohibidas internacionalmente.
- El municipio de Deir al-Balah afirma que no puede atender las necesidades básicas de cerca de un millón de palestinos desplazados en la ciudad después de que Israel redujera el tamaño de la «zona humanitaria».
- El municipio de Deir al-Balah afirma que algunos de los pozos de agua que utilizan los palestinos desplazados de la ciudad se encuentran en la zona que el ejército israelí ordenó evacuar.
- El Secretario de Estado estadounidense Antony Blinken visita la región por novena vez desde el comienzo de la guerra en un intento de presionar para lograr un acuerdo de alto el fuego.
- La radiotelevisión pública israelí informa de que las conversaciones de alto el fuego se centran en el corredor Philadelphi a lo largo de la frontera con Egipto.
- El hospital Al-Awdah de Yabalia, al norte de Gaza, dice que sólo le quedan 60 litros de combustible, lo que hará que pronto deje de funcionar.
- La ONU dice que 280 trabajadores humanitarios han muerto en Gaza desde el 7 de octubre.
- Blinken dice que las actuales conversaciones de alto el fuego podrían ser la última oportunidad de lograr un acuerdo, afirma que ésta es «una fase crítica».
- El líder de la oposición israelí, Yair Lapid, dice que las declaraciones de Blinken son «una llamada a Netanyahu».
- Familiares israelíes de cautivos en Gaza protestan ante la casa del presidente israelí Isaac Herzog, exigiendo un acuerdo de alto el fuego. Herzog dice a los manifestantes que los «kahanistas» como Ben-Gvir y Smotrich tienen que ser expulsados del gobierno.
- El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní afirma que «la pelota está en el tejado de Estados Unidos» para demostrar seriedad en la consecución de un alto el fuego en Gaza.
- Colonos israelíes matan a un palestino y causan daños materiales en un nuevo pogromo en el pueblo de Jeet, cerca de Qalqilya, en el noroeste de Cisjordania.
- Muere un guardia israelí en el asentamiento de «Kedumim», cerca de Qalqilya, después de que un palestino le atacara y capturara su arma el domingo.
- Fuerzas israelíes hieren a cuatro palestinos durante una redada en Nablús.
- Explosión en Tel Aviv sin víctimas el domingo, calificada por las fuerzas de seguridad israelíes de atentado «terrorista». Las Brigadas Al-Qassam reivindican la explosión y afirman que volverán los atentados con bomba en Israel si Israel continúa con sus masacres.
- Hezbolá afirma que sus combatientes repelieron el intento de un soldado israelí de infiltrarse en territorio libanés.
- Israel ataca Wadi Kfur, cerca de Nabatiya, en el sur de Líbano, matando a 10 libaneses.
- Hezbolá ataca con drones y cohetes dos posiciones y localidades israelíes al otro lado de la frontera, en la Alta Galilea.
Netanyahu impone nuevas condiciones para el alto el fuego
El Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, llegó el domingo a Oriente Próximo por novena vez desde el pasado octubre en un intento de avanzar en las conversaciones para un acuerdo de alto el fuego en Gaza.
Blinken está celebrando una serie de reuniones con funcionarios israelíes, entre ellos el presidente israelí Isaac Herzog y el primer ministro Netanyahu. El domingo, Blinken declaró a los medios de comunicación que las conversaciones actuales son la última oportunidad para lograr un alto el fuego y liberar a los cautivos israelíes. Blinken afirmó también que las conversaciones se encuentran actualmente en una fase crítica, y pidió a Hamás e Israel que se abstuvieran de dar pasos que pudieran sabotearlas.
Mientras tanto, la radiotelevisión pública israelí citó a un funcionario israelí afirmando que entre las cuestiones pendientes de resolver en las conversaciones de alto el fuego figura el mantenimiento de las fuerzas israelíes en el corredor Philadelphi a lo largo de la frontera de Gaza con Egipto y que las diferencias entre Hamás e Israel sobre esta cuestión pueden resolverse.
Sin embargo, la oficina de Netanyahu emitió un comunicado a la llegada de Blinken el domingo, en el que afirmaba que Israel insiste en mantener una presencia militar en el corredor Philadelphi para «impedir que los terroristas se rearmen», al tiempo que afirmaba seguir apoyando un acuerdo para liberar «al máximo número posible de rehenes».
Por su parte, el líder de la oposición israelí, Yair Lapid, dijo que la declaración de Blinken de que las conversaciones actuales son la última oportunidad de lograr un acuerdo era «un llamamiento a Netanyahu». Lapid añadió que el gobierno de Netanyahu ha abandonado a los cautivos en Gaza y que es su responsabilidad traerlos de vuelta a casa.
Simultáneamente, Hamás afirmó en un comunicado que la última propuesta estadounidense se ha alineado con los deseos israelíes. Hamás pidió a los mediadores que trabajaran en los pasos de implementación de la propuesta de acuerdo que el grupo aceptó a principios de julio.
Mientras tanto, las familias de los cautivos israelíes en Gaza protestaron en docenas de lugares, incluso frente a la casa del presidente israelí Herzog, exigiendo un acuerdo de intercambio de prisioneros. Herzog se dirigió a los manifestantes diciendo que para lograr un acuerdo, los «kahanistas» como Ben-Gvir y Smotrich tienen que ser expulsados del gobierno.
En Gaza, el número de muertos por el asalto israelí superó los 40.000, además de otros 10.000 desaparecidos desde hace meses bajo los escombros. El domingo, la ONU declaró que el 90% de la población de Gaza, unos 1,9 millones de palestinos, se ha visto obligada a reducirse a un minúsculo espacio de 35 kilómetros cuadrados, alrededor del 11% de la superficie de la franja, lo que ha empeorado la calamitosa situación sanitaria.
Los colonos matan a un palestino en Cisjordania
Decenas de colonos israelíes atacaron el jueves la aldea palestina de Jeet, cerca de Qalqilya, en el noroeste de Cisjordania, matando a un palestino y causando daños materiales, entre ellos la quema de coches.
El ataque fue uno de los mayores y más violentos de las últimas semanas. Los testimonios de los residentes a los medios de comunicación palestinos dijeron que más de 100 colonos se organizaron en grupos, algunos de los cuales atacaron casas y otros incendiaron coches.
El diario israelí Haaretz reveló que una unidad del ejército israelí estaba presente en las inmediaciones durante el ataque, que duró unas cuatro horas, y lo dejó pasar sin detener a ninguno de los atacantes.
La portavoz de la oficina de derechos humanos de la ONU, Ravina Shamdasani, condenó el ataque, afirmando que «no es un incidente aislado, sino un resultado directo de los asentamientos israelíes en Cisjordania».
El jefe de la diplomacia de la UE , Joseph Borrell, también condenó el ataque en un post en X, afirmando su «intención de presentar una propuesta de sanciones de la UE contra los facilitadores de los colonos violentos, incluidos algunos miembros del gobierno israelí».
La violencia de los colonos sigue aumentando mientras el ejército israelí endurece su represión en ciudades y pueblos de Cisjordania. El sábado, un ataque israelí con dron contra un coche mató a dos palestinos en Yenín. El lunes, Israel hirió a cuatro palestinos en una incursión militar en Nablús.
Desde el 7 de octubre, fuerzas israelíes o colonos han matado a 632 palestinos en Cisjordania, entre ellos 147 niños.
HAARETZ: Esto es lo que hay que saber 318 días después del inicio de la guerra de A D
En una visita a Israel, el Secretario de Estado de EEUU, Blinken, afirmó que los esfuerzos actuales para garantizar un acuerdo de tregua con Hamás son «probablemente la mejor, quizá la última oportunidad» para lograrlo. Hamás ha afirmado que la actual propuesta estadounidense se ajusta a todas las exigencias de Netanyahu, lo que impide avanzar hacia un acuerdo. Al parecer, Egipto ha pedido a EEUU que presione a Israel para que se retire de la ruta de Filadelfia lo antes posible. El fiscal del Estado israelí, Amit Aisman, recomendó no abrir investigaciones penales contra los ministros y legisladores que pidieron que se dañara a los civiles de Gaza.
Lo que ha pasado hoy
REHENES/TREGUA: Antes de su reunión con el primer ministro Netanyahu en Jerusalén, el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, afirmó que las actuales conversaciones para alcanzar un acuerdo de alto el fuego en Gaza son «probablemente la mejor, quizá la última oportunidad» para hacerlo, e instó a todas las partes a llevar el acuerdo más allá de la línea de meta. La oficina de Netanyahu declaró que la reunión Blinken-Netanyahu duró tres horas, fue positiva y se desarrolló «en un espíritu positivo».
El Secretario de Estado estadounidense Blinken reiteró en una reunión con el Presidente israelí Isaac Herzog la «urgente necesidad» de finalizar un acuerdo Israel-Hamas para liberar a los rehenes israelíes y «crear las condiciones para una estabilidad regional más amplia», según informó el Departamento de Estado. Blinken también se reunió con el ministro de Defensa, Yoav Gallant, y con las familias de los rehenes israelíes.
El presidente estadounidense, Joe Biden, dijo que las conversaciones para un alto el fuego «siguen en marcha, no nos rendimos, [aún] es posible». A la pregunta de si el primer ministro Netanyahu está dispuesto a aceptar un acuerdo, la vicepresidenta Kamala Harris dijo que «no hablará por él» y que «estas conversaciones están en curso… Tenemos que conseguir un alto el fuego y tenemos que liberar a los rehenes».
En su primera declaración oficial desde las conversaciones de Doha del pasado fin de semana, Hamás afirmó que la actual propuesta estadounidense da cabida a las nuevas exigencias del primer ministro Netanyahu e impide avanzar hacia un acuerdo. Netanyahu está estableciendo nuevas condiciones para sabotear las negociaciones, incluido el control continuado» sobre la ruta Philadelphi, que discurre a lo largo de la frontera entre Egipto y Gaza, «el paso fronterizo de Rafah y el corredor de Netzarim», declaró Hamás, añadiendo que «Netanyahu tiene toda la responsabilidad de obstruir los esfuerzos de mediación y descarrilar el acuerdo».
El periódico libanés Al-Akhbar, afiliado a Hezbolá, informó de que Egipto ha pedido a Estados Unidos que las IDF se retiren del corredor de Filadelfia lo antes posible.
El Secretario de Estado estadounidense, Blinken, habló el domingo con el Ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, el príncipe Faisal Al Saud, sobre los esfuerzos que se están realizando para garantizar una tregua en Gaza y evitar una escalada regional, y agradeció a Al Saud el papel de su país en la facilitación de ayuda a Gaza, según informó el Departamento de Estado.
Einav Zangauker, cuyo hijo Matan permanece cautivo en Gaza, dijo a la Dirección de Rehenes del gobierno que se opone a que se mencione el nombre de Matan y a que se utilice su foto en las ceremonias de conmemoración del primer aniversario de la masacre del 7 de octubre, y añadió que sólo permitirá que el Estado utilice el nombre de su hijo como parte de una lista de rehenes liberados.
«Una parte significativa de la batalla que Netanyahu está librando en las conversaciones de alto el fuego es una acción de esperar y ver, diseñada para comprarle más margen de maniobra y más tiempo, con la esperanza de que surjan mejores opciones. Pero a los rehenes retenidos en Gaza, en condiciones que no hacen sino empeorar, se les acaba el tiempo. Incluso hoy, los servicios de defensa estiman que más de la mitad de los 115 rehenes han muerto. Al parecer, el trato que les dispensa Hamás ha empeorado aún más tras las revelaciones sobre los abusos sufridos por los gazatíes retenidos en cárceles israelíes, especialmente en el centro de detención de Sde Teiman» – Amos Harel
ISRAEL: Hamás y la Yihad Islámica reivindicaron la explosión de una bomba cerca de una sinagoga de Tel Aviv el domingo por la noche. El hombre que llevaba la bomba en una mochila murió y un transeúnte resultó herido en la explosión. En su declaración, los grupos afirmaron que los atentados suicidas en el interior de Israel volverán a cobrar protagonismo mientras «continúen las masacres y la política asesina de la ocupación».
El fiscal general del Estado israelí, Amit Aisman, recomendó que la Fiscalía General no iniciara investigaciones penales contra ministros y legisladores que han pedido que se dañe a los civiles de Gaza.
Aisman pretende abrir una investigación penal contra el popular músico israelí Eyal Golan, sospechoso de incitar a la violencia por llamar a «arrasar Gaza» y a «no dejar ni una sola persona allí» tras el ataque de Hamás del 7 de octubre, así como contra el cantante Kobi Peretz, que publicó un vídeo en las semanas posteriores al 7 de octubre, que se hizo viral en las redes sociales, en el que canta las siguientes palabras: «Que arda su pueblo, que Gaza sea arrasada».
Las IDF volvieron a llamar a soldados de reserva previamente relevados del servicio debido a la escasez de personal.
La comunidad fronteriza de Gaza, el kibutz Nirim, rechazó la petición de los productores de la ceremonia nacional del Día del Recuerdo, el 7 de octubre, de filmar su casa, alegando que, en lugar de preparar una ceremonia, el gobierno debería celebrar una comisión estatal de investigación.
Las FDI anunciaron que el mariscal jefe Mahmood Amaria, de 45 años, murió por la explosión de un dron de Hezbolá en Galilea Occidental.
GAZA: Las FDI declararon que Hamás disparó cohetes contra Israel desde una zona adyacente a dos escuelas, un hospital de campaña y un cementerio en el sur de Gaza, y alcanzaron más de 45 objetivos de Hamás en las últimas 48 horas.
El Ministerio de Sanidad de Gaza, controlado por Hamás, declaró que al menos 40.139 palestinos han muerto y 92.743 han resultado heridos desde el comienzo de la guerra.
«Para Egipto», dijo un columnista egipcio que escribía para un periódico gubernamental, «la cuestión del fin de la guerra no está separada de las cuestiones de la ruta Philadelphi y el paso fronterizo de Rafah. Todo está conectado con todo lo demás», explicaba. Por consiguiente, la decisión de retirarse de la ruta Philadelphi podría proporcionar a Egipto la garantía de alto el fuego que busca, al tiempo que aliviaría los temores de Hamás» – Zvi Bar’el
ISRAEL-LÍBANO: Las Fuerzas de Defensa de Israel declararon que unos 10 cohetes disparados desde Líbano hacia el norte de Israel explotaron en campos abiertos y que aviones de combate de la Fuerza Aérea israelí atacaron objetivos de Hezbolá en el sur de Líbano durante la noche y el lunes.
El Grupo Lufthansa (que incluye Lufthansa, Swiss, Austrian, Brussels Airlines y Eurowings) dijo que pospondrá la reanudación de sus vuelos a Israel al 26 de agosto en lugar del 21 de agosto, como había anunciado anteriormente. La aerolínea polaca Lot dijo que reanudaría sus vuelos a Israel el 25 de agosto, mientras que la italiana ITA dijo que lo haría el 21 de agosto.
Hezbolá atacó y repelió a las fuerzas de las IDF que intentaban infiltrarse en territorio libanés, informó Al-Mayadeen, filial de Hezbolá.
JORDANIA OCCIDENTAL: El domingo, un trabajador palestino mató a un israelí, Gideon Perry, de 38 años, en una zona industrial cercana al asentamiento cisjordano de Kedumim. El atacante, un joven de 21 años del pueblo palestino de Al Baqa’a, tenía permiso para trabajar en los asentamientos judíos. Las FDI dijeron que muchos soldados -incluidas fuerzas especiales- están operando en la zona, estableciendo bloqueos y buscando al atacante.
La Policía de Israel detuvo a otros dos sospechosos del ataque a cuatro mujeres y un niño de la localidad beduina israelí de Rahat que entraron por error en un puesto avanzado de colonos en Cisjordania, cerca de Nablús, hace una semana y media. El Tribunal de Magistrados de Jerusalén prorrogó cuatro días la detención de David Chai Chasdai, también sospechoso de agredir a las mujeres. Chasdai fue sancionado por Estados Unidos en febrero por su implicación en la violencia de los colonos, incluida la matanza de Hawara del año pasado.
El Ministerio de Sanidad palestino informó de que cuatro personas resultaron heridas por disparos de las FDI cerca de la ciudad cisjordana de Naplusa, y una de ellas sufrió una herida grave en la cabeza. Según informes palestinos, las IDF entraron en la ciudad a primera hora de la mañana del lunes y se oyó un intercambio de disparos.
HUZÍES: El CENTCOM estadounidense afirmó haber destruido un dron huzí en una zona de Yemen controlada por los huzíes.
Fuente: Haaretz, 19-08-2024
9. Neofascismo en América Latina
El avance del neofascismo y los desafíos de la izquierda en América Latina
Este dossier ofrece una visión general de la política, la economía y el debate cultural de la extrema derecha en América Latina. agosto 13, 2024
Introducción
La nueva ola progresista latinoamericana ha creado una gran expectativa en la izquierda, no solo del continente, sino del mundo. Sabemos de la importancia de las victorias institucionales contra la extrema derecha en las elecciones presidenciales, pero incluso cuando esto ocurre, todavía queda un largo y arduo camino por recorrer para enterrar al neofascismo que, más allá de los gobiernos, se ha posicionado cotidianamente de forma organizada en diversos frentes, absorbiendo a una parte importante de la clase trabajadora en un proyecto de muerte.
Este dossier ofrece un panorama general sobre la política, la economía y el debate cultural de la extrema derecha en América Latina, a partir de reflexiones, investigaciones, acciones políticas y experiencias de las oficinas de América Latina del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
El documento analiza el avance del neoliberalismo en todo el continente, sus consecuencias para la realidad material de la clase trabajadora y los mecanismos ideológicos y culturales de este modelo económico para convencer a una parte significativa de los sectores populares de defender un proyecto en el que ellos y ellas son las principales víctimas. Estos discursos no fueron impulsados por la derecha “tradicional” o “moderada”, dado su distanciamiento del campo popular. La conexión entre la derecha y las clases populares se ha alcanzado en la fase más reciente del neoliberalismo, que trae consigo un enfoque más radical y populista conocido como neofascismo.
Vivimos, por tanto, un momento histórico de parálisis de las fuerzas sociales y sus proyectos de mundo, pues ni el neoliberalismo ni el progresismo actual —sin inclinación revolucionaria— son capaces de presentar un horizonte de futuro para las y los trabajadores que no sea el retorno a las políticas de las últimas tres décadas. Para el teórico y ex vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, vivimos un momento de “estupor colectivo, de cierta parálisis, en el que el tiempo pareciera estar suspendido” (2022: 60).
Más que mirar esas realidades a distancia, este dossier pretende relatar experiencias concretas de confrontación vividas en los países latinoamericanos para elaborar una perspectiva regional y pensar en un proyecto común para superar las cuestiones estructurales que afectan al continente. Como tal, este documento es una invitación a crear nuevos espacios de debate, formación y lucha de forma continua e integrada.
La victoria electoral de candidatos progresistas en América Latina en el último período ha sido caracterizada como la “segunda ola rosa” y ha generado expectativas en la izquierda (Tricontinental, 2023). Sin embargo, a diferencia de la “primera ola” progresista, cuando se apostó por la integración latinoamericana y la construcción de una soberanía geopolítica que desafiaba frontalmente al imperialismo estadounidense, la segunda ola parece más frágil. Los actuales gobiernos progresistas surgen en una coyuntura internacional e interna desfavorable, con una extrema derecha que se ha fortalecido mucho más allá del campo institucional. Por ejemplo, la experiencia neofascista de los cuatro años de Jair Bolsonaro (2019-2022) en la presidencia de Brasil hizo que el campo progresista ganara las elecciones del brazo de enemigos clásicos de la izquierda, ya que era necesario reaccionar ante la posibilidad de victoria de los candidatos de extrema derecha. La segunda ola está pasando, por tanto, por una crisis de su proyecto político, incapaz de repetir las recetas del pasado. Entre estos factores, se destacan los siguientes:
- La crisis financiera y ambiental mundial divide a los países de la región sobre el camino a seguir.
- La recuperación del control de Estados Unidos sobre los recursos naturales y laborales de la región, que había perdido como consecuencia de la primera ola progresista. EEUU. veía esa pérdida como resultado de la entrada de China en los mercados latinoamericanos.
- La creciente uberización de los mercados laborales ha creado unas condiciones de vida mucho más precarias para las y los trabajadores y ha afectado negativamente a la capacidad de la clase trabajadora para organizarse en masa. Esto ha provocado un importante retroceso de los derechos laborales y ha debilitado el poder de la clase trabajadora.
- La reconfiguración del régimen de reproducción social con base en la desinversión pública en políticas de bienestar social, manteniendo la responsabilidad de los cuidados en la esfera privada, sobrecargando principalmente a las mujeres.
- El crecimiento del poder militar de EE. UU. en la región frente al declive de su poder económico como principal instrumento de dominación.
- El hecho de que China haya surgido como principal socio comercial de América Latina, sin buscar desafiar frontalmente la agenda estadounidense para garantizar su hegemonía sobre el continente. Los gobiernos regionales no tuvieron la capacidad de impulsar una agenda de soberanía al no aprovechar la influencia económica de China y las oportunidades que presenta.1
Para más información sobre cómo la inversión económica y el poder geopolítico de China podrían abrir nuevas posibilidades para América Latina y el Caribe, así como para un nuevo tipo de integración regional, ver Tricontinental, 2022.Nota al pie
- La fragmentación de los gobiernos progresistas y el ascenso del neofascismo en las Américas, que impiden el crecimiento de una agenda progresista regional, incluidas políticas para la integración continental semejantes a las propuestas durante la primera ola progresista.
Es en este escenario, en la periferia del capitalismo, donde emerge un tipo particular de neofascismo como fenómeno político y social. Como en el siglo XX, la actual decadencia del orden liberal como dominación capitalista precedió a la emergencia de variantes del fascismo en el mundo y ha dado espacio para retrocesos políticos, económicos y culturales impensables.
Los más de 40 años de neoliberalismo han dado como resultado el bajo crecimiento económico, el aumento del desempleo, la inseguridad en el mercado laboral, el desmantelamiento de infraestructuras públicas y comunitarias y el aumento de las desigualdades de renta con la acumulación de enormes fortunas por parte de unos pocos poderosos.2
En 2018, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) lanzó un estudio mostrando que el rendimiento medio del 10% más rico era 9,5 veces mayor que el rendimiento del 10% más pobre. En el inicio de la década de 1990, ese rendimiento era 7 veces mayor, lo que significa que la concentración del ingreso ha empeorado un 35% en 25 años (OECD, 2018).Nota al pie
El modelo de desarrollo neoliberal es antagónico a la vida humana, creando un escenario de descontento y sufrimiento permanentes. No es de extrañar que el número de enfermedades psicosomáticas y el uso de antidepresivos haya aumentado exponencialmente, síntoma claro de una sociedad que incentiva la competencia entre los individuos a toda costa, en detrimento del ocio, la cultura, la educación liberadora y la solidaridad. Bajo el neoliberalismo, las ideas del mundo empresarial son impuestas en todas las esferas de la vida, moldeando la subjetividad de las personas. La vida pasa a tener como referencia los parámetros del mundo privado, que exacerban el individualismo, el consumo y el mercado como las principales características de las relaciones humanas.
La ideología neoliberal en América Latina y el Caribe se aprovechó de un Estado que resultó ser permanentemente insuficiente e ineficaz para la mayoría de la población, como lo demuestra el mantenimiento de estructuras históricas de desigualdad. Los países latinoamericanos pasaron por profundas crisis fiscales y de descontrol inflacionario a partir de la década de 1980 y, como resultado, las ideas del “Estado ineficiente” y “Estado derrochador” (o “Estado elefante”, como se dice en Argentina) comenzaron a ganar los corazones y mentes de las sociedades latinoamericanas.
A partir de la década de 1990, se pusieron en práctica una serie de proyectos neoliberales. Las principales medidas fueron privatizaciones, desregulación de los mercados exterior, financiero y laboral, así como políticas económicas que priorizaban las cuentas públicas en detrimento de la inversión social. Sin embargo, fue a partir de la crisis financiera de 2007-2008 que el discurso neoliberal se radicalizó y consiguió llegar a una parte significativa de las masas.
Durante la prolongada crisis económica que inició en 2007,3
Para saber más sobre la crisis, ver Instituto Tricontinental de Investigación Social, abril de 2022 y también octubre de 2023.Nota al pie
asistimos en la región a una serie de golpes de Estado4
Desde los primeros años del siglo XXI, se ha pasado de los golpes militares clásicos del siglo XX a golpes de Estado de nuevo tipo, con características híbridas que combinan los medios de lucha desde una perspectiva multidimensional —política, judicial, militar, económica, psicológica, mediática— y que incluyen la movilización social en su estrategia.Nota al pie
y/o procesos intencionales para debilitar a los gobiernos de izquierda y progresistas que tenían algún compromiso con políticas sociales. Estos golpes fueron realizados por las clases dominantes nacionales y el capital internacional —con participación del gobierno estadounidense—, y contaron con el apoyo de los grandes medios de comunicación nacionales. Después de la crisis económica, fue como si la manta se hubiera acortado y, para los fines del capital financiero, ya no hubiera espacio para que los gobiernos progresistas se mantuvieran en el poder con sus políticas sociales. Aunque algunos países han conseguido mantener una cohesión social y utilizar el Estado para apoyar a quienes más lo necesitan, la orden fue otra ronda profundización del neoliberalismo, con reformas laborales, de pensiones y la adopción de políticas económicas ultraliberales, todo lo cual condujo a una profundización de la superexplotación del trabajo.
Los procesos de desgaste, derrocamiento de gobiernos progresistas y ascenso de la extrema derecha en América Latina no se dieron de manera lineal ni simultánea, pues cada proceso tiene sus especificidades. No obstante, forman parte de un mismo ciclo de crisis del capitalismo neoliberal y de reacción del capital financiero para mantener los mecanismos de acumulación. La representación política y los diferentes espectros políticos en la sociedad son factores fundamentales en este escenario.
Como ejemplos de este movimiento podemos destacar los golpes contra Manuel Zelaya en Honduras en 2009; Fernando Lugo en Paraguay en 2012; Dilma Rousseff en Brasil en 2016; Evo Morales en Bolivia en 2019; el encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil en 2018; y la persecución política e intento de asesinato contra Cristina Kirchner en Argentina en 2022.
Ese proceso general de rearticulación de la derecha en la región tuvo muchos factores en común, como el uso de una combinación de medios legales e ilegales y la prioridad que se le dio a la batalla de ideas —o “batalla cultural”— en la estrategia política. No obstante, el proceso asumió características distintas en cada país, e incluso en cada etapa o momento político específico dentro de un mismo país.
En Brasil, por ejemplo, la derecha “moderada” radicalizó sus discursos y tácticas, especialmente la derecha que comenzó a consolidarse tras el golpe contra la entonces presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores. Tras perder las elecciones presidenciales frente a Dilma Rousseff en 2014, el candidato de la “derecha tradicional”, Aécio Neves, rechazó el resultado electoral y pidió un recuento de votos. Tal actitud generó inestabilidad política y fue la puerta de entrada al impeachment de la expresidenta dos años después. El golpe de 2016, por tanto, fue urdido por la derecha tradicional tras ser derrotada cuatro veces consecutivas en las elecciones presidenciales, abriendo el camino para que el neofascismo llegara al poder en 2018 con la figura de Jair Bolsonaro. Las consecuencias fueron devastadoras y el campo progresista tuvo que adoptar una agenda defensiva y gerenciar políticas neoliberales, en lugar de construir un proyecto de izquierda amplio para el país.
Mientras tanto, el monstruo neofascista sigue merodeando Brasil. Está presente en todos los espacios, desde el debate ambiental, con medidas y posiciones que niegan el cambio climático; el área educativa, con el discurso de la “Escuela sin partido”; dentro de las iglesias y junto al pueblo, en la construcción de un modelo de vida y valores morales que enaltecen el individualismo, la propiedad, el mercado y la “familia tradicional”. Las principales víctimas de estas políticas siguen siendo los sectores más pobres, en especial los negros, las mujeres y las disidencias sexuales y de género (Instituto Tricontinental, noviembre 2023). Todas estas ideas, que ya están presentes en la sociedad brasileña, se han difundido de forma inimaginable a través de una campaña de (des)información transmitida (y fomentada) por las Big techs.
En Argentina, a su vez, el triunfo electoral de Mauricio Macri en 2015 profundizó el uso de la justicia como herramienta política para la persecución de sus oponentes, en especial contra Cristina Kirchner. La derecha “moderada” hizo el trabajo sucio de extremar el escenario político con mentiras y de utilizar aparatos estatales bajo su influencia para actuar contra gobiernos progresistas. No obstante, con el tiempo, debido a que sus políticas no tenían conexión con las demandas sociales, esta derecha “moderada” no fue legitimada en las urnas y salió de escena, dando paso a figuras de la extrema derecha que se posicionaron como antisistema y adalides de la transformación social, lo que llevó a que Javier Milei asumiera la presidencia del país a finales de 2023.
Milei pretende refundar Argentina con el objetivo declarado de “acabar con el populismo”. Para ello, todas las iniciativas del gobierno procuran la pérdida de derechos laborales y sociales para la mayoría de la población, la “desregulación de los mercados” para favorecer a las grandes empresas —especialmente las grandes corporaciones extranjeras— y la reducción del papel del Estado en el conjunto de la economía, por medio de la privatización de empresas públicas y del desmantelamiento de casi todas las políticas de desarrollo social y cultural. Al mismo tiempo, como en otros países, desde el aparato del Estado se está promoviendo el discurso de odio, de la mano de voceros que tienen un largo historial de difusión de fake news, con el objetivo de atacar organizaciones que defienden los derechos de los pueblos y deslegitimar las ideas de cambio social, como los conceptos de redistribución económica o justicia social.
La apuesta por un “salvador” en detrimento del “político estándar” ha convencido a una parte significativa de la población. En este sentido, el neofascismo trae consigo la característica clásica del fascismo: la adhesión de las masas a un proyecto contra las masas.
Esa adhesión masiva a un proyecto antipopular forma parte de una estrategia económica, fruto de la crisis iniciada en 2007-2008. Los gobiernos latinoamericanos, en general, no han podido ampliar sus inversiones sociales como lo hicieron en años anteriores. A pesar de que uno de los principales motivos de la crisis fue la falta de regulaciones y un cierto descontrol estatal, la narrativa ganadora fue que el Estado y las políticas intervencionistas de los gobiernos progresistas eran las principales causas de los males sociales, y no que los esfuerzos de las políticas estatales se limitaban, en realidad, a apoyar aún más a las clases trabajadoras.
En Brasil, ese tipo de ideología se ha expandido ampliamente en la sociedad, afectando también a las capas más pobres de la población, apoyando una nueva ronda de reformas neoliberales. En 2017, la Fundação Perseu Abramo presentó una encuesta sobre los valores morales de los residentes de las periferias en la ciudad de São Paulo. Identificó que, aunque no estaban en contra de las políticas sociales, la ideología neoliberal era predominante en ese segmento. Para la mayoría de las personas entrevistadas el principal enfrentamiento en la sociedad era entre los individuos y el Estado, y no entre ricos y pobres, por ejemplo (2017).
En este país, el gobierno de Michel Temer, que asumió el poder tras el golpe de 2016 contra Dilma Rousseff, aprobó una Reforma Laboral que redujo los derechos de los trabajadores con el discurso de que la disminución de los costos laborales dinamizaría el mercado laboral. Durante el gobierno de Bolsonaro, en 2019, se aprobó la Reforma de la Seguridad Social, que aumentó la edad mínima para jubilarse y redujo el monto del beneficio a recibir. La retirada de derechos no generó la conmoción social suficiente para construir una movilización amplia contra estas reformas. Esta autocomplacencia tiene su origen en una variedad de estrategias exitosas que el proyecto neoliberal ha desarrollado para convencer a la opinión pública de su eficacia. Por ejemplo, la mencionada encuesta de la Fundação Perseu Abramo constató que muchos habitantes de las periferias querían ser emprendedores por los “beneficios” de dejar de tener jefe, tener más flexibilidad, aumentar sus ingresos y dejar herencia a la familia. Esa visión abre espacio para que gobiernos neoliberales amplíen sus políticas de reestructuración del mundo del trabajo, principalmente en lo que se refiere a la retirada de derechos sociales, sin mucha oposición por parte de la clase trabajadora.
Esas experiencias concretas tienen diversas características y denominaciones: populismo de derecha, nueva derecha, extrema derecha, ultraderecha. Así, el neofascismo en América Latina puede ser definido como un nuevo movimiento político, económico y cultural basado en cuatro elementos principales:
- La exitosa implantación de una ideología neoliberal, que incluye una clase media frustrada y resentida que basa su visión de mundo en las ideas de las elites y no ha creado su propio proyecto de clase.
- Un anti-intelectualismo de las elites, que promueven el culto a la acción y el rechazo de la razón, desafían los pilares de la ilustración (negacionismo científico) y movilizan el sentido común como explicación de las cuestiones más diversas y complejas de la sociedad.
- La producción de una identidad nacional a través de la síntesis única del “buen ciudadano”, con explicaciones simples para cualquier situación, destinadas a omitir, ignorar o negar las contradicciones —y evitar la disgregación— en torno a un pensamiento único con un discurso punitivo, militarista, negacionista, racista y misógino.
- La movilización de la ideología anticomunista, que, apoyada en el fundamentalismo religioso, fusiona conservadurismo social y moralismo político.
El progresismo latinoamericano y la incitación de un monstruo
Estos nuevos elementos del neofascismo en América Latina, vinculados a las transformaciones en la organización del trabajo debidas a la reestructuración productiva implementada por el neoliberalismo, marcan cambios estructurales en las formas organizativas y de acción de la clase trabajadora, como su fragmentación y aislamiento, en la medida en que las y los trabajadores ya no socializan como clase en el lugar de trabajo y en el sindicato. El contexto también desestructura los espacios de formación y debate, ya que la identidad de clase forja una visión de mundo colectiva capaz de contrarrestar las ideas neoliberales.5
Para saber más sobre esas transformaciones en el mundo del trabajo y su impacto en la organización y acción de la clase trabajadora, ver Instituto Tricontinental, 2018.Nota al pie
Silicon Valley, como veremos más adelante, ocupa un papel estratégico en ese proceso, al proveer el contenido ideológico y el aparato estructural necesario para la difusión masiva de mensajes, la construcción de burbujas de aislamiento y el aumento de la vigilancia y la clasificación de los “votantes” y sus comportamientos.
Como consecuencia de estos cambios, se vuelven menos comunes los ejemplos concretos de organización y actividad colectiva; la perspectiva de cambio, cuando surge, parece opaca y vaga para la mayoría de las personas. En este contexto, las fuerzas progresistas —que aún dependen en gran medida de formas históricas de lucha que no responden plenamente a las condiciones materiales actuales y que siguen teniendo que lidiar con el fragmentado sentido de identidad de la clase— han tenido dificultades para crear nuevas formas de organización colectiva. Reivindicaciones como la reducción de la jornada laboral ya no resuenan entre las y los trabajadores en un sistema en el que, para muchos, cuantas más horas trabajan, más ganan. En otras palabras, muchos movimientos por los derechos de las y los trabajadores aún no han analizado el nuevo mundo laboral, mientras continúan insistiendo en tácticas anticuadas. Persistir en el trabajo de base es fundamental, pero debe tener en cuenta información concreta sobre quién es la o el trabajador actual, así como sus demandas subjetivas y objetivas, y hacer uso de las nuevas tecnologías de comunicación.
Al mismo tiempo, los gobiernos latinoamericanos de la segunda ola progresista no han sido capaces de enfrentar adecuadamente al monstruo neofascista. La correlación de fuerzas en el mundo no permitió a estos Estados avanzar en políticas estructurales que promuevan los intereses de los países de la periferia capitalista, debilidad que ha impedido proyectos y programas de gran envergadura que busquen trascender el sistema capitalista (Tricontinental, noviembre 2023). Se suma el hecho de que el ritmo de la lucha de clases en las sociedades de la periferia no favorece a la clase trabajadora y al campesinado, razón por la cual las fuerzas progresistas han sido incapaces de impulsar una agenda adecuada cuando llegan al poder.
La transición de un gobierno neoliberal o neofascista a un gobierno progresista capaz de promover transformaciones estructurales no es posible sin una amplia base de apoyo de la clase trabajadora. Por el momento, la coyuntura no favorece una amplia transformación estructural. Por esa razón, los proyectos electorales progresistas han tenido dificultades para conseguir un apoyo popular fuerte para sus limitados programas. La dificultad de construir un proyecto político de izquierda que pueda superar los problemas cotidianos del pueblo desvinculó a muchos de estos proyectos electorales progresistas de las necesidades de las masas. Esta desorientación ha llevado a sectores de la clase trabajadora y del campesinado a buscar refugio bajo la bandera del neofascismo.
La tendencia de sectores de la clase trabajadora hacia el neofascismo también está relacionada con el papel de las drogas y las mafias de las drogas en sus comunidades. El dominio de estas mafias ha empezado a determinar la realidad de su vida cotidiana, llena de miedo y violencia. América del Sur es una parte central de la cadena de producción, distribución y consumo de drogas, además de ser un laboratorio de políticas que criminalizan a lxs pobres y la pobreza. Los principales países productores de drogas de América del Sur (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) están integrados en un sistema con los países distribuidores (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) en un ciclo acelerado de políticas fracasadas centradas en el encarcelamiento, la vigilancia policial y la fragmentación de los barrios urbanos (Shahadeh y André, 2024). Este abordaje de darwinismo social violento vincula a América Latina con la globalización del capitalismo contemporáneo a través de la economía criminal, ya que el narcotráfico está ligado al mercado de armas, a los fabricantes de armas y al sistema financiero.
Salvo contadas excepciones, en general los gobiernos de América Latina, incluidos varios progresistas, han adherido a las directrices y políticas de la guerra a las drogas de Estados Unidos para responder a la creciente violencia en diversos centros urbanos marcados por el aumento de las desigualdades, utilizando la fuerza para ejercer control sobre los barrios de la clase trabajadora. Sin una política que contrarreste la guerra contra las drogas, el progresismo latinoamericano tiene como principal debilidad el tema de la seguridad ciudadana, que el neofascismo ha aprovechado para politizar y ampliar su base social, como en el caso de los gobiernos de Nayib Bukele en El Salvador y Daniel Noboa en Ecuador. Se produce así un encuentro necesario entre el neoliberalismo y un componente indispensable del neofascismo: el militarismo.
En el caso de Brasil, la amplia permeabilidad del Estado y del empresariado nacional ha hecho que esa mafia y las milicias se consoliden y se expandan por todo el aparato estatal, con expresión política en partidos y líderes neofascistas, entre los que destaca la familia Bolsonaro, que llegó a la presidencia de la República en 2018 y hoy lidera el movimiento neofascista conocido como “bolsonarismo”. Fue también en la década de 1970 que las dos mayores empresas criminales de Brasil, Primeiro Comando da Capital y Comando Vermelho [Comando Rojo], fueron creadas dentro del sistema carcelario de la dictadura empresarial-militar. Actualmente, según el Fórum Brasileiro de Segurança Pública, más de 70 corporaciones de la economía criminal operan en el país, algunas de las cuales actúan internacionalmente y operan en red con mafias de todo el mundo. En la última década, hubo una nacionalización de las organizaciones que actúan como milicias, la mayoría de cuyos miembros están directa e indirectamente vinculados a las instituciones estatales de seguridad pública y las Fuerzas Armadas, además de empresas privadas pequeñas y medianas que incluso llegan a ganar licitaciones públicas para prestar servicios básicos (Zylbercan, 2024). La guerra contra las drogas ha hecho proliferar gobiernos armados en los amplios territorios urbanos donde la clase trabajadora sobrevive y socializa. A través de estas empresas criminales, este gobierno armado controla y explota las actividades económicas, regula la resolución de conflictos y, especialmente en el caso de las milicias, ha producido un creciente control neofascista del voto electoral en estos territorios. En Río de Janeiro, prácticamente el 80% del territorio del estado está sometido a gobiernos armados (Fogo Cruzado, 2022).
Los partidos progresistas se han convertido en rehenes de los mensajes electorales de la derecha, que tiene una posición autoritaria, punitivista y de encarcelamiento en masa en materia de seguridad ciudadana porque es cada vez más popular en el electorado. Desde el punto de vista ideológico, la pobreza —y principalmente los pobres— están asociados cada vez más a la imagen de un enemigo a combatir: el joven narcotraficante de los barrios más pobres. Todos los días, las noticias bombardean el país con retratos del “buenito” y del “delincuente”, legitimando este concepto de “enemigo”. Cualquier persona que se parezca a este perfil construido —joven, negro y pobre— puede ser eliminada sin grandes repercusiones, pero no existen políticas sociales eficaces para las personas que encajan en este perfil. En la práctica, esto significa que la policía tiene licencia para exterminarlos.
¿Internacional neofascista?
Uno de los factores que pueden contribuir con el auge del neofascismo es la tradición anticomunista, incluida la reactivación de antiguas redes internacionales en torno a la unificación de un discurso ideológico de movilización social y justificación política. Otro punto en debate es si existe una organización y acción coordinadas del neofascismo a nivel internacional. A diferencia de Europa, donde estos grupos se reúnen en torno a los viejos partidos fascistas, en América Latina el neofascismo se organiza a través de think tanks, estimulados por organizaciones parecidas a las de Estados Unidos y España.
En Brasil, el neofascismo ha buscado articularse internacionalmente bajo el liderazgo de Eduardo Bolsonaro, diputado federal y uno de los hijos de Jair Bolsonaro. En los últimos años, Eduardo ha promovido una versión brasileña de la Conferencia de Acción Política Conservadora de EE. UU. (CPAC – Conservative Political Action Conference, en inglés). Desde la derrota electoral en 2022, Eduardo ha mantenido cinco reuniones con 43 líderes neofascistas latinoamericanos y 82 estadounidenses (Maciel y otros, 2023). Otro factor es su alianza con Silicon Valley, que ocupa una posición estratégica en la tecnología para la producción de consenso social en torno al neofascismo, como es el caso de Elon Musk, empresario del área de la tecnología y una de las personas más ricas del mundo.
En la última década, las redes sociales se han convertido en un poderoso instrumento en la batalla por corazones y mentes. Se ha hecho posible recoger información individualizada sobre sentimientos, emociones y percepciones sobre los temas más diversos de un amplio contingente de la población, especialmente de la clase trabajadora. Brasil es el país que más consume redes sociales en el continente y el tercero en el mundo (Jiménez, 2023). En estas redes, donde el modelo de negocio favorece el discurso de odio, el contenido ideológico predominante ha expresado la ideología hegemónica de nuestro tiempo, el neoliberalismo, en una nueva confluencia con el fundamentalismo religioso, la teología de la prosperidad y el punitivismo. Las redes sociales han sido el campo de batalla clave en una guerra cultural librada por el neofascismo. Lejos de ser un producto espontáneo de la indignación de grupos resentidos con las políticas neoliberales, esta guerra cultural tiene organización, centralización y enorme financiamiento. Es a través de las redes sociales que los diversos grupos asociados al neofascismo en todo el mundo han buscado producir cohesión.
Neofascismo, fundamentalismo religioso y anticomunismo
Aunque el lenguaje del neofascismo pueda ser más refinado y las técnicas de guerra cultural más sofisticadas que las del fascismo tradicional, el objetivo sigue siendo el mismo: fragmentar a la clase trabajadora y desmovilizar la lucha de clases. La batalla de ideas y emociones se libra en la vida cotidiana mediante la creación de valores que resuenan en la gente de forma concreta. A pesar de las numerosas victorias institucionales de las fuerzas progresistas en América Latina, el neofascismo consiguió capitalizar el futuro incierto de la clase trabajadora, asegurándole un papel destacado en el debate público.
Sin duda, la religión ha sido uno de los principales campos de batalla para conquistar los corazones y mentes de la clase trabajadora. Si en el pasado la religión fue el motor de los movimientos de liberación latinoamericanos, hoy, en su vertiente conservadora, se ha convertido en un arma indispensable de la derecha para llegar al pueblo en su vida cotidiana. El proyecto neoliberal utilizó el fundamentalismo religioso cristiano para atrincherarse en toda América Latina, ocupando espacios institucionales y haciendo sentir su presencia en la vida cotidiana de la población. Mientras las narrativas religiosas llenan el mundo con la teología de la prosperidad, en la cual la riqueza y el bienestar son frutos de la fe individual y racional (sustituyendo la justicia social por el éxito personal), la derecha latinoamericana promueve la misma visión, ofreciendo también el emprendimiento como la única salida de los problemas que existen en el mundo del trabajo. El emprendimiento individual se asocia a la visión de que solo sobreviven los fuertes, el sacrificio es el medio para alcanzar una vida digna y los derechos sociales no son derechos, sino ventajas concedidas a un grupo parasitario. En este contexto económico, sociocultural y político, grandes corporaciones como la multinacional de transportes Uber y la empresa brasileña de entrega de comida iFood encuentran terreno fértil para reclutar trabajadores y trabajadoras para sus plataformas digitales, en las que los derechos laborales brillan por su ausencia y la remuneración se basa exclusivamente en los resultados.
El neofascismo utiliza la religión de diversas formas, como para atacar los derechos sexuales y reproductivos mediante una guerra discursiva que promueve un concepto heteronormativo de familia y condena todo lo que se aleje. Cualquier cuestionamiento de esta forma limitada de existir en el mundo se encuadra como “ideología de género”, provocando pánico moral. Los neofascistas condenan y atacan diversos modelos de familia por considerarlos anormales. Estos actores promueven el discurso de odio y fomentan que la sociedad “rectifique” lo que consideran actitudes desviadas, lo que provoca una escalada de violencia contra la población de las disidencias sexuales. Por ejemplo, en mayo de 2024, un hombre prendió fuego a una habitación de hotel popular en la Ciudad de Buenos Aires en la que convivían cuatro lesbianas y les impidió escapar, en un ataque motivado por el odio. Tres de ellas murieron.
Más allá de los casos concretos de violencia, el mantenimiento de la familia heterosexual tradicional como modelo a defender perpetúa el status quo con relación a las políticas públicas: las mujeres como procreadoras y principales cuidadoras responsables por niñeces, personas enfermas y mayores. Es decir, los cuidados seguirán siendo responsabilidad del mundo privado de las mujeres (Tricontinental, marzo 2021), mientras sus cuerpos permanecen en las hogueras de la condena, culpabilizados por las violencias que sufren y alienadas del derecho de decidir sobre un embarazo no deseado, por ejemplo.
En Brasil, en marzo de 2024 la encuesta Datafolha proporcionó datos alarmantes sobre la percepción de la sociedad respecto al derecho al aborto, tema fundamental para los movimientos feministas en el continente. Apenas el 6% de la población brasileña apoya la legalización del aborto en cualquier circunstancia (ese porcentaje es muy bajo también entre las mujeres, 7%) y más de la mitad de la población (52%) considera que las mujeres que abortan, en cualquier circunstancia, deberían ir presas (Damasceno, 2024). La mayoría de las mujeres o ya abortaron o conocen alguna mujer cercana que abortó. En otras palabras, aunque conozcan las particularidades de cada vida que optó por interrumpir un embarazo, la condena penal es imperativa para una parte significativa de esas mujeres. En este contexto, la religión, con la reproducción de una representación limitada y cis-heteronormativa, juega un papel significativo al transformar la diversidad familiar en un crimen, soslayando un debate importante en el continente en defensa de un Estado laico.
Otro elemento insólito en las últimas décadas es el hecho de que en algunos países la derecha haya salido masivamente a las calles para manifestarse —un espacio tan tradicional para la movilización de la izquierda—, como sucedió en Perú y en Brasil (Tricontinental, noviembre 2023), especialmente en lo que se refiere a las llamadas “cuestiones morales”.
El “pánico moral” ha sido empleado con fines electorales utilizando el término “cultura de la muerte”, al asociar la defensa del aborto con el asesinato, olvidando la profundidad y complejidad de raza, clase y género que el tema involucra. Grupos religiosos, de la mano del conservadurismo de las elites latinoamericanas, han construido estrategias comunes contra la legalización del aborto. La alianza entre religiosos y políticos conservadores tiene el mismo discurso y la misma estética en varios países, involucrando principalmente a jóvenes y mujeres, creando movimientos articulados en las redes sociales, en las iglesias y en las calles. La inserción del fundamentalismo religioso en la disputa por la aprobación de leyes ha sido muchas veces decisiva para frenar agendas importantes y ampliamente debatidas por los sectores progresistas contra el patriarcado.
En Perú, la campaña “Con mis hijos no te metas”, un movimiento para acabar con la llamada “ideología de género” en las escuelas, ha llegado a las calles y ha modificado la percepción de lo que debe o no ser dicho en la educación básica. La campaña se multiplicó en países de América Latina, Europa y en otros lugares. Aunque las acciones más conservadoras son protagonizadas por evangélicos, los católicos también avanzan con acciones legales basadas en visiones fundamentalistas. En Venezuela, son la principal fuerza contra la legalización del aborto. En Ecuador, varias vertientes religiosas han participado en protestas callejeras con un ropaje laico, pero al observarlas de cerca se puede identificar la agenda fundamentalista en sus discursos y disputas. La “defensa de la vida” contra la legalización del aborto también se lleva a cabo en círculos académicos de varios países latinoamericanos, a partir de supuestos datos científicos que miden cuándo un feto puede realmente considerarse vida (Faúndes y Peñas, 2020).
El neofascismo también utiliza la religión en su movilización constante contra un “enemigo” declarado. Este método es complementario al ataque contra los derechos sexuales y reproductivos descrito anteriormente. El concepto de enemigo es central en los discursos fundamentalistas —como la Teología del dominio— y está íntimamente ligado a la idea de “batalla espiritual” —la lucha contra un enemigo siempre presente—. En este discurso, el enemigo histórico de la derecha del continente es el comunismo, que continúa siendo utilizado arbitrariamente. El anticomunismo adopta varias formas, lo que refleja su naturaleza plural, fantástica y polifacética. Diferentes períodos y contextos han visto surgir frentes políticos y sociales de derecha unificados contra el comunismo como enemigo común. Sus reivindicaciones giran en torno a la reverencia absoluta a la propriedad privada, la cohesión familiar —basada en un modelo familiar unitario— el orden y la defensa de una cosmovisión centrada en los principios cristianos.
En Brasil, vemos la asociación del Partido de los Trabajadores (PT) con el comunismo, aunque siempre haya sido un partido progresista con características moderadas, más de conciliación que de ruptura radical con los sistemas políticos y/o económicos imperantes. Una encuesta divulgada en marzo de 2023 por Inteligencia em Pesquisa e Consultoria Estratégica (IPEC), señala que el 44% está totalmente (31%) o en parte (13%) de acuerdo con la afirmación de que Brasil puede volverse comunista con Lula en la presidencia (Focus, 2023). Hay una interconexión entre anticomunismo y antipetismo en los últimos años en el país, y mucho de lo que se ha fomentado viene de los sectores religiosos fundamentalistas cristianos. Eso resulta en un imaginario en que el PT en el poder significa un ataque a las iglesias cristianas, a la moral y a las buenas costumbres.
El debate sobre derechos sociales y cualquier manifestación de fortalecimiento del Estado también abastecen este imaginario anticomunista. Existe la opinión, muy influenciada por Estados Unidos, de que garantizar el papel del Estado en la lucha por los derechos es una agenda comunista y, consecuentemente, el Estado como proveedor de derechos es un enemigo que combatir.
La construcción del “enemigo” no es en absoluto un fenómeno nuevo. El continente latinoamericano pasó por arduos años de dictaduras en la segunda mitad del siglo XX que marcaron profundamente su historia. Son heridas abiertas que muchas veces siguen sangrando sin cicatrizar. En ese caldo de luchas, una fue la lucha por la libertad. Se quemaron libros, se censuraron canciones y el silencio fue muchas veces la única defensa posible contra las persecuciones y la muerte. Hoy, los sectores neofascistas claman por lo que llaman libertad de expresión y de opinión, enterrando un pasado sangriento de luchas de la izquierda.
El lema derechista “Dios, patria y familia” ha cobrado un nuevo significado, impensable después de todo lo que América Latina vivió. Esta apropiación del concepto de libertad constituye una dolorosa ironía dada la historia de represión del continente y permite que se cometan crímenes impunemente, ayudados por las redes sociales bajo el control de grandes empresas tecnológicas. Además, los neofascistas siguen defendiendo que la izquierda se ha convertido en enemiga de la libertad y la consideran autoritaria porque coarta la libertad individual de decir lo que se piensa. Se trata de la instrumentalización de un concepto fundamental de los pueblos que luchan por la justicia para justificar atrocidades que son defendidas descaradamente por el campo conservador y reaccionario en el continente latinoamericano.
Antifascismo y una nueva utopía de futuro
Aunque los gobiernos latinoamericanos apuntan hacia una mayoría progresista o moderada, siendo los neofascistas una minoría ruidosa, la extrema derecha está presente con fuerza en diversas instancias, como el poder legislativo, los partidos políticos y grupos de la sociedad civil. Derrotarla no será tarea fácil y esa derrota no está circunscrita al ámbito electoral. Las acciones de los movimientos sociales organizados, con sus valores que se contraponen a la ideología neoliberal, como la solidaridad y la colectividad, y las acciones gubernamentales que priorizan el fortalecimiento de los derechos y políticas dirigidas al bienestar de nuestros pueblos, son fundamentales en esta disputa.
Parte de lo que tenemos que hacer es reconectar la política con las necesidades, dolores y anhelos de nuestros pueblos, pero sobre todo, recuperar y avanzar en las calles, en los barrios, en la movilización y en la organización social —hoy debilitada— para enfrentar la violencia y la criminalidad de estos grupos de ultraderecha, que se extienden por todo el continente. Miguel Stédile, coordinador de la oficina del Tricontinental en Brasil, alerta que “para hacer frente a los monstruos del fascismo, la izquierda necesita reencontrarse a sí misma. Frente a los problemas estructurales contemporáneos —la catástrofe climática, la catástrofe migratoria, los conflictos bélicos— la izquierda debe atreverse a proponer salidas igualmente estructurales. La moderación y la gestión de crisis […] son insuficientes para lograr cambios reales” (Stédile, 2024). Articular la teoría y las realidades concretas de las y los trabajadores en sus propios contextos mediante la creatividad y de la construcción colectiva de nuevas utopías es una tarea urgente que debe ser emprendida todos los días.
Notas
1 Para más información sobre cómo la inversión económica y el poder geopolítico de China podrían abrir nuevas posibilidades para América Latina y el Caribe, así como para un nuevo tipo de integración regional, ver Tricontinental, 2022.
2 En 2018, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) lanzó un estudio mostrando que el rendimiento medio del 10% más rico era 9,5 veces mayor que el rendimiento del 10% más pobre. En el inicio de la década de 1990, ese rendimiento era 7 veces mayor, lo que significa que la concentración del ingreso ha empeorado un 35% en 25 años (OECD, 2018).
3 Para saber más sobre la crisis, ver Instituto Tricontinental de Investigación Social, abril de 2022 y también octubre de 2023.
4 Desde los primeros años del siglo XXI, se ha pasado de los golpes militares clásicos del siglo XX a golpes de Estado de nuevo tipo, con características híbridas que combinan los medios de lucha desde una perspectiva multidimensional —política, judicial, militar, económica, psicológica, mediática— y que incluyen la movilización social en su estrategia.
5 Para saber más sobre esas transformaciones en el mundo del trabajo y su impacto en la organización y acción de la clase trabajadora, ver Instituto Tricontinental, 2018.
Referencias bibliográficas
Centro de Excelência para a Redução da Oferta de Drogas Ilícitas (CdE). “Monitoramento de Preços de Drogas Ilícitas: Lições aprendidas na Colômbia e possíveis desafios no Brasil”. Marzo de 2022. Disponible en: https://www.gov.br/mj/pt-br/
Damasceno, Victoria. “Números do Datafolha mostram que bandeira do aborto está longe da sociedade”. Folha de São Paulo, São Paulo, 23 de marzo de 2024.
Estadão. “Gobierno y empresas perdem R$ 453,5 bi con mercado ilícito”. O Estado De São Paulo. São Paulo, 19 de abril de 2024. Disponible en: https://istoedinheiro.con.br/. Consultado el 31 de mayo de 2024.
Faúndes, José Manuel Morán y María Angélica Peñas Defago. “Una mirada regional de las articulaciones neoconservadoras”, en Aylinn Torres Santana. Derechos en riesgo en América Latina: 11 estudios sobre grupos neoconservadores. Bogotá: Fundación Rosa Luxemburg, 2020.
Focus Brasil. “A ‘ameaça comunista’”. Fundação Perseu Abramo. São Paulo, 26 de marzo de 2023. Disponible en: https://fpabramo.org.br/. Consultado el 31 de mayo de 2023.
Fogo Cruzado e Grupo de Estudos dos Novos Ilegalismos. Mapa Histórico dos Grupos Armados en el Rio de Janeiro. ONG Fogo Cruzado/Geni, Rio de Janeiro, 13 de septiembre de 2022. Disponible en: https://br.boell.org/sites/. Consultado el 31 de mayo de 2024.
Fundação Perseu Abramo. “Percepções y Valores Políticos nas Periferias de São Paulo”. Pesquisas FPA, 2017. Disponible en: https://fpabramo.org.br/wp- Consultado el 30 de abril de 2024.
García Linera, Álvaro. La política como disputa de las esperanzas. Buenos Aires: CLACSO, 2022.
Jimenez, Camilo. “Brasil es o terceiro país que mais usa as redes sociais no mundo”. Propmark, 13 de marzo de 2023. Disponible en: <https://propmark.con.br/>. Consultado el 31 de mayo de 2024.
Instituto Tricontinental de Investigación Social. Destapar la crisis. Trabajos de cuidados en tiempos de coronavirus. Dossier nº 38, 7 de marzo de 2021. https://thetricontinental.org/.
_____. Los gigantes tecnológicos y los retos actuales para la lucha de clases. Dossier nº 46, noviembre de 2021. Disponible en: https://thetricontinental.org/.
_____. Mirando a China. La multipolaridad como oportunidad para los pueblos de América Latina. Dossier nº 51, abril de 2022. Disponible en: https://thetricontinental.org/.
_____. “Para onde marchamos?”. Brasil de Fato. São Paulo, 23 de junio de 2023.
_____. El mundo en depresión económica: un análisis marxista de la crisis. Cuaderno nº 4, octubre de 2023. Disponible en: https://thetricontinental.org/.
_____. ¿Qué esperar de la nueva ola progresista de América Latina? Dossier nº 70, noviembre de 2023. Disponible en: https://thetricontinental.org/
Lozano, André y Carlos A. Souza. “Tráfico movimenta mais de US$ 400 bi”. Folha de São Paulo. São Paulo, 11 de julio de 1998. Disponible en: https://www1.folha.uol.con.br/. Consultado el 31 de mayo de 2024.
Maciel, Alice, Juliana Dal Piva, Ken Silverstein, Bianca Muniz y Natalia Viana. “Eduardo Bolsonaro teve 125 reuniões com membros da extrema direita do continente”. Agência Pública. 7 de agosto de 2023. Disponible en: https://apublica.org/2023/08/
OECD. A Broken Social Elevator? How to Promote Social Mobility. Paris: OECD Publishing, 2018. Disponible en: https://www.oecd.org/social/ Consultado el 25 de mayo de 2024.
Organized Crime and Corruption Reporting Project. “Cocaine Everywhere All at Once: How Cocaine is Spreading into Central America, Europe, and Beyond”. OCCRP, 6 de noviembre de 2023. Disponible en: https://www.occrp.org/en/.
Paúl, Fernanda. “4 mudanças do crime organizado na América Latina que dificultam combate de gangues y facções”. BBC News Brasil. 2 de marzo de 2024. Disponible en: https://www.bbc.con/. Consultado el 31 de mayo de 2024.
Shahadeh, Haia A. y Luís A. André. “Guerra às drogas na América do Sul”. Le Monde Diplomatique Brasil. São Paulo, 15 de marzo de 2024. Disponible en: https://diplomatique.org.br/. Consultado el 31 de mayo de 2024.
Stédile, Miguel. “Como vivem os monstros, um panorama da extrema direita”. Brasil de Fato. Disponible en: https://www.brasildefato.con.. Consultado el 30 de mayo de 2024.
Valor. “Ação do crime organizado afeta a economia”. Valor Econômico, São Paulo, 11 de abril de 2024. Disponible en: https://valor.globo.con/. Consultado el 31 de mayo de 2024.
Wrate, Jonny, David Espino, Jody García, Angélica Medinilla, Enrique García, Víctor Méndez, y Arthur Debruyne, Brecht Castel y Juanita Vélez. “Cocaine Everywhere All at Once: How Drug Production Is Spreading Into Central America, Europe, and Beyond”. Organised Crime and Corruption Reporting Project, 6 de noviembre de 2023. https://www.occrp.org/.
Zylbercan, Mariana. “Justiça torna réus 19 acusados de integrar esquema do PCC com empresas de ônibus”. Folha de São Paulo, São Paulo, 14 de abril de 2024. Disponible en: https://www1.folha.uol.con.br/. Consultado el 31 de mayo de 2024.