Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Qué pasó el 7 de octubre (con observación de José Luis Martín Ramos).
2. ¿El principio del fin?
3. Aspectos geopolíticos del 7 de octubre.
4. Falta un pasito.
5. El nihilismo y la perfidia del partido único occidental.
6. Resumen de la guerra en Palestina y Líbano, 8 de octubre.
7. El balance de un año de Illan Pappé.
8. La brutalidad israelí ha sido contraproducente.
1. Qué pasó el 7 de octubre
Un repaso a los principales acontecimientos que se produjeron ese día, centrándose especialmente en las posibles violaciones de los derechos humanos por parte de los guerrilleros palestinos. Elemento central de la campaña de nuestra prensa y políticos basura, como sabemos. Ayer Pedro Sánchez, como todos los líderes occidentales, dejó caer su deposición en Twitter en este sentido https://x.com/sanchezcastejon/.
Hamás, Israel, & la niebla del 7 de octubre
7 de octubre de 2024
Aunque el panorama general del 7 de octubre se ha aclarado, es necesaria una investigación independiente para comprender plenamente los hechos, escribe Robert Inlakesh.
Por Robert Inlakesh MintPress News.
Ha pasado ya un año desde el atentado del 7 de octubre, dirigido por las Brigadas al-Qassam de Hamás. Hay dos versiones diametralmente opuestas de ese día: la narrativa israelí y lo que sugieren las pruebas.
El 7 de octubre, a las 6:30 de la mañana, las Brigadas Qassam, brazo armado de Hamás, lanzaron un ataque militar dirigido contra posiciones militares israelíes, kibutzim y zonas circundantes. Según un informe de 16 páginas publicado por el grupo, titulado «Nuestra narrativa«, su misión declarada era atacar posiciones militares israelíes y apoderarse de cautivos para canjearlos por miles de palestinos presos en cárceles israelíes. El informe también reconocía ciertos «fallos» en sus acciones. [Ver: AS`AD AbuKHALIL: Cuenta oficial de Hamás]
La narrativa de Israel afirma que se lanzó un ataque terrorista no provocado contra ellos, dirigido deliberadamente contra civiles, incluyendo acusaciones de decapitaciones, quema y desmembramiento de bebés, así como una campaña premeditada de violaciones masivas. La vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, describió los hechos como «la peor atrocidad contra el pueblo judío desde el Holocausto».
La cifra de muertos
El 7 de octubre, rápidamente se informó de que al menos 413 palestinos habían muerto en ataques aéreos israelíes en toda la Franja de Gaza. Sin embargo, el número de muertos israelíes sufrió varias revisiones antes de que apareciera una cifra exacta. Inicialmente, el gobierno israelí declaró que habían muerto 1.400 israelíes. El 10 de noviembre de 2023, esta cifra fue revisada a «alrededor de 1.200», y los funcionarios atribuyeron la discrepancia a las dificultades para diferenciar entre cuerpos israelíes y palestinos debido a las graves quemaduras.
La cifra final de muertos israelíes en los ataques del 7 de octubre asciende a 1.139, entre ellos 815 civiles y 324 soldados, policías o agentes de seguridad. Esto sugeriría una proporción de civiles por combatiente de aproximadamente 3,5:1, suponiendo que todas las muertes fueran causadas por atacantes palestinos.
Otros desgloses estadísticos aceptados informan de 695 muertes de civiles y 373 combatientes, junto con 71 extranjeros. Esto pone de relieve el debate en curso sobre quién debe ser clasificado como civil, ya que muchos soldados fuera de servicio y combatientes entrenados tomaron las armas durante el ataque, cambiando su estatus de civiles a combatientes.
La guerra resultante en Gaza
Según un artículo del 25 de marzo escrito para Newsweek por John Spencer, catedrático de estudios de guerra urbana en el Modern War Institute (MWI) de West Point, «Israel ha creado un nuevo estándar para la guerra urbana» en su guerra contra Gaza. [Spencer sugirió que Israel había logrado una proporción de civiles por combatiente históricamente baja]. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, citó posteriormente el artículo de Spencer durante su discurso ante el Congreso de Estados Unidos en julio.
El argumento de Spencer es defectuoso, ya que se basa en afirmaciones sobre la proporción israelí que no se sostienen cuando se examina el número oficial de muertos en Gaza, en particular cuando se contabilizan las mujeres y los niños muertos. Spencer hace referencia a la batalla de Mosul en Irak entre 2016 y 2017 para justificar lo que considera una proporción aceptable entre civiles y combatientes en las guerras de Estados Unidos, destacando una proporción de 4:1 en la que murieron 10.000 civiles por cada 2.000 combatientes del ISIS.
Usando esta lógica militar y asumiendo que Hamás fue responsable de cada muerte israelí el 7 de octubre, Israel logró una proporción de muertes de civiles por combatiente más favorable que la de Estados Unidos en Mosul.
Aunque esta comparación puede desviarse de la cuestión central y no es una forma adecuada de evaluar los acontecimientos entre Gaza e Israel, es crucial para comprender la lógica que subyace a la narrativa israelí sobre el 7 de octubre y que sigue justificando hoy en día.
¿Quién mató a quién?
El asalto del 7 de octubre comenzó con una brecha en la Valla de Separación entre la Franja de Gaza e Israel, mientras se lanzaban cohetes para dar cobertura a los combatientes de Hamás que utilizaban parapentes. Los drones suicidas también atacaron equipos de vigilancia del ejército israelí y torres de ametralladoras automáticas.
El ataque, que Hamás denominó Operación Inundación de Al-Aqsa, tuvo como objetivo inicial una serie de bases militares, puestos avanzados y soldados israelíes estacionados en el paso fronterizo de Erez/Beit Hanoun. Sin embargo, también atacó kibutzim israelíes, o comunidades de colonos, situados alrededor de la periferia de Gaza.
También fueron atacados otros emplazamientos civiles, sobre todo el Festival de Música Nova, donde al parecer murieron cientos de personas. Según la versión israelí, Hamás atacó intencionadamente el festival. Este relato tuvo eco en un reciente documental de la BBC titulado We Will Dance Again, que se alinea con la versión israelí de los hechos. El director del documental, Yariv Mozer, comentó el atentado del Festival Nova, reforzando esta interpretación: «Un brutal movimiento fundamentalista [Hamás] busca obsesivamente destruir los valores de la sociedad occidental. Eran jóvenes en un festival de música que celebraban la vida, el amor y la paz: muy ingenuos y de espíritu libre. Y se enfrentaron a la gente más horrible, que valora la muerte».
Sin embargo, ya en noviembre, la policía israelí informes concluyeron que Hamás no había planeado inicialmente atentar contra el Festival Nova, sino que su objetivo principal era un kibutz cercano, Re’im.
El Canal 12 de Israel publicó las conclusiones del primer informe, que incluía información procedente de documentos e interrogatorios de Hamás. Según estas fuentes, los combatientes de Hamás sólo tuvieron conocimiento del festival durante la operación y entraron en el recinto desde una carretera cercana.
Según un informe publicado por el diario israelí Haaretz, los análisis policiales determinaron que la mayoría de los asistentes a la fiesta habían huido del Festival Nova aproximadamente media hora antes de que se escucharan disparos. Además, el informe indicaba que un helicóptero militar israelí había abierto fuego, provocando la muerte de algunos participantes en el festival.
Un informe de derechos humanos de las Naciones Unidas, publicado el 12 de junio, confirmó «la presencia de al menos ocho helicópteros de ataque en varios lugares» y señaló que tenía conocimiento de informes que sugerían que estos helicópteros se habían utilizado para atacar vehículos civiles en el recinto del festival. El informe señalaba además: «La Comisión constató que las autoridades israelíes dieron prioridad a la identificación de las víctimas, a la notificación a las familias y a permitir el entierro en lugar de a la investigación forense, lo que llevó a que no se recogieran ni conservaran las pruebas de los delitos, especialmente los sexuales. La Comisión también señala la pérdida de pruebas potenciales debido a la formación inadecuada de los primeros intervinientes.»
Una investigación publicada en Yediot Aharonot en enero concluyó que al menos 70 vehículos fueron destruidos por disparos de tanques, drones o helicópteros israelíes, siguiendo órdenes del alto mando militar israelí de impedir la captura de rehenes «a cualquier precio.»
En diciembre de 2023, aparecieron imágenes que mostraban a un tanque israelí disparando contra una casa civil en el kibutz Be’eri. Más tarde se confirmó que las fuerzas israelíes fueron responsables de la muerte de 13 civiles israelíes en ese incidente, lo que apoya aún más estas revelaciones.
Varios vídeos muestran a combatientes de Hamás participando en acciones violentas dentro de zonas civiles, como disparos indiscriminados, asesinatos de no combatientes y lanzamiento de granadas contra refugios. Estas pruebas ponen de relieve casos de violencia, pero no demuestran de forma concluyente que estas acciones formaran parte de una estrategia premeditada más amplia.
Aún no hay pruebas definitivas sobre el alcance total de la responsabilidad por la mayoría de las muertes de civiles que se produjeron el 7 de octubre.
Otra consideración importante es que Hamás no fue el único grupo implicado en la violación de la valla de separación de Gaza el 7 de octubre. Según los informes, al menos cinco grupos diferentes de la resistencia palestina siguieron su ejemplo y atacaron instalaciones militares y asentamientos israelíes.
Se calcula que más de 4.000 personas cruzaron la valla ese día. Aunque Hamás dirigió la misión, sigue sin estar claro cuántas muertes israelíes fueron causadas por combatientes de estos otros grupos armados.
¿Un acontecimiento de «anibalismo masivo»?
A pesar de las preguntas planteadas por medios como The Cradle y los artículos de investigación publicados por Mondoweiss, Electronic Intifada y The Grey Zone– que apuntaban a la infame Directiva Aníbal de Israel como posible factor- este conjunto de trabajos ha sido en gran medida desestimado y tachado de teorías conspirativas.
Es importante señalar que la Directiva Aníbal, una controvertida orden militar israelí diseñada para evitar la captura de soldados -incluso si eso significa matarlos- fue reconocida por el coronel de la Fuerza Aérea israelí Nof Erez en diciembre de 2023.
Se refirió al 7 de octubre como un acontecimiento «Hannibal masivo«. Sin embargo, la aceptación generalizada de la aplicación por Israel de la Directiva Aníbal ese día sólo se produjo después de que el Haaretz de Israel publicara un detallado artículo el 7 de julio.
El bombazo del artículo de Haaretz, citando fuentes del ejército, fue publicado justo antes de que se publicaran los resultados de una investigación militar interna israelí sobre los sucesos del 7 de octubre. La investigación confirmó que la Directiva Aníbal se había activado ese día.
Sin embargo, la investigación oficial contenía varias incoherencias, incluida la afirmación de que los disparos de los tanques israelíes no mataron a ningún civil en el kibutz Be’eri. Esta afirmación fue posteriormente desmentida por relatos de testigos presenciales, análisis forenses y pruebas de vídeo, lo que puso en duda la credibilidad de la investigación y suscitó inquietud acerca de la rendición de cuentas por parte de las fuerzas israelíes.
Una reciente investigación de ABC News recopiló eficazmente toda la información relevante de fuentes israelíes sobre el uso por parte de Israel de la Directiva Aníbal. El informe echó por tierra cualquier duda de que la directiva no se hubiera aplicado a gran escala, aportando pruebas claras de que desempeñó un papel importante en los sucesos del 7 de octubre.
40 bebés decapitados
Los medios de comunicación israelíes, los funcionarios del gobierno y sus homólogos occidentales han difundido repetidamente varias afirmaciones no verificadas sobre los sucesos del 7 de octubre. Entre ellas se incluyen acusaciones como la decapitación de 40 bebés, niños colgados en tendederos y una mujer embarazada a la que supuestamente le cortaron el bebé del vientre.
Muchas de estas historias fueron promovidas inicialmente por la agencia de rescate israelí ZAKA, que se ha enfrentado a sus propias controversias, incluidas acusaciones de corrupción. La organización fue fundada por Yehuda Meshi-Zahav, que ha sido acusado de graves delitos penales.
Según informes confirmados, un bebé murió trágicamente el 7 de octubre, abatido por una bala durante el fuego cruzado. Otras afirmaciones sobre bebés han sido desmentidas.
Durante el discurso que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pronunció en julio ante el Congreso de Estados Unidos, introdujo una nueva narrativa sobre el 7 de octubre, afirmando que dos niños se escondieron en un sótano sólo para ser asesinados por combatientes de Hamás. Sin embargo, ningún registro o prueba corrobora esta afirmación, y no se ha informado de ningún niño que coincida con la descripción.
También ha habido acusaciones de una campaña de violaciones masivas llevada a cabo por Hamás el 7 de octubre, que han aparecido en documentales como Screams Before Silence, de Sheryl Sandberg. El documental presenta cintas de interrogatorios del Shin Bet como prueba de estas afirmaciones.
Sin embargo, investigaciones serias han desestimado estas cintas, ya que, al parecer, fueron grabadas en condiciones de tortura, lo que las convierte en fuentes de pruebas poco fiables.
A pesar de los informes generalizados de los principales medios de comunicación occidentales de que se produjeron violaciones masivas el 7 de octubre, la policía israelí no ha sido capaz de verificar ninguno de los supuestos incidentes. Actualmente no hay pruebas forenses, intenciones documentadas, víctimas identificadas o testigos creíbles que respalden estas afirmaciones.
La mayor investigación sobre las acusaciones de violación de Hamás, publicada por The New York Times, se convirtió en controversial cuando la familia de una mujer citada como caso central en la historia refutó públicamente las acusaciones. El artículo se convirtió rápidamente en objeto de escándalo, poniendo aún más en duda la validez de las acusaciones.[Ver: Patrick Lawrence: Crisis en el NYT]
Alabada en todos los medios de comunicación, una abogada israelí llamada Cochav Elkayam-Levy estableció lo que ella llamaba una «comisión civil» para investigar la campaña de violaciones de Hamás. Sin embargo, a pesar de toda la prensa positiva, más tarde fue desenmascarada por compartir innumerables historias falsas de violaciones y solicitar millones de dólares para una comisión, de la que ella era el único miembro.
Esto llevó a que varios funcionarios del gobierno israelí se distanciaran públicamente de ella y la acusaran de realizar investigaciones «inexactas«.
A petición del gobierno israelí, la representante especial de la ONU Pramila Patten emprendió una misión de ocho días para reunir pruebas de la violencia sexual presuntamente cometida el 7 de octubre.
Este esfuerzo culminó en un informe que resume las conclusiones. Aunque los nueve expertos de la ONU que participaron en el viaje no tenían un mandato oficial de investigación, dieron a conocer algunas observaciones clave de su visita.
El informe de la ONU concluye que los israelíes fueron «objeto de diversas formas de violencia sexual relacionada con el conflicto», aunque no llega a conclusiones definitivas. En cambio, afirmaba que tales incidentes eran posibles. En particular, el informe desacreditó dos acusaciones específicas como «infundadas».
En uno de ellos se encontró a una mujer separada de su familia con los pantalones bajados. La investigación determinó que un artificiero había alterado la «escena del crimen, y los cuerpos fueron trasladados», lo que llevó a la incertidumbre sobre los detalles del supuesto incidente.
Lo que dicen las pruebas
El ataque del 7 de octubre dirigido por Hamás sigue siendo uno de los sucesos más politizados de la historia reciente, y sus detalles se utilizan para justificar la violencia actual en Gaza. Los hechos que rodearon el incidente siguen siendo objeto de debate, con diversas narrativas que continúan tergiversando los detalles de lo que ocurrió aquel día.
Lo que está claro es que Hamás lanzó una campaña militar coordinada el 7 de octubre, con la participación de al menos otros cinco grupos de resistencia palestinos. El ataque se dirigió contra posiciones militares israelíes y zonas de asentamientos con los objetivos declarados de golpear el mando sur de Israel y capturar individuos para canjearlos por detenidos palestinos.
En el transcurso de estas operaciones se produjeron intensos tiroteos y probablemente se cometieron numerosas violaciones del derecho internacional.
Muchas afirmaciones extremas sobre el 7 de octubre, como las relativas a bebés y mujeres decapitadas, han sido desmentidas. Se produjeron casos verificados de asesinatos con armas ligeras, y la invocación por Israel de la Directiva Aníbal provocó muertes de civiles.
Aunque es difícil determinar cuántos murieron a manos de las fuerzas israelíes frente a los grupos palestinos, la escala de destrucción sugiere que Israel fue responsable de una parte significativa de las víctimas.
Las denuncias de violencia sexual el 7 de octubre siguen sin probarse. Aunque es posible que se produjeran casos individuales, no hay pruebas que respalden las denuncias de una campaña orquestada de violaciones masivas. Las investigaciones no han confirmado ningún caso concreto, pero sugieren que podrían haberse producido delitos de este tipo.
Aunque el panorama general del 7 de octubre se ha aclarado, es necesaria una investigación independiente para comprender plenamente los hechos.
Israel ha bloqueado dicha investigación y ha destruido pruebas, probablemente por temor a que revelara verdades incómodas que pudieran socavar el escaso apoyo público que sigue teniendo a sus operaciones militares en curso en Gaza, Cisjordania y Líbano.
Robert Inlakesh es un analista político, periodista y director de documentales afincado actualmente en Londres. Ha informado desde y vivido en los territorios palestinos ocupados y presenta el programa «Palestine Files». Director de «El robo del siglo: La catástrofe palestino-israelí de Trump». Síguele en Twitter @falasteen47.
Este artículo es de MPN.news, una galardonada redacción de investigación. Suscríbase a su boletín..
Observación de José Luis Martín Ramos:
Secundo [la publicación en página de EM]. Y añado: aunque una parte de las víctimas fueron a causa del fuego israelí, más deliberado que accidental, la mayor parte de lo fueron por fuego palestino; el término «significativo» solo dice que no fue insignificante el fuego amigo, pero no aclara la cantidad de víctimas por esta razón (otra acepción de «significativo» sería que no fue mayoritario). El artículo descarta los bulos sobre masacre de niños y ataques sexuales masivos, planificados, pero acepta que pudieron haber ataques sexuales puntuales; por otra parte, si bien el ataque al festival de música no estaba planeado, el hecho es que se llevó a cabo.
Para mí esas acciones, que constituyen crímenes -crímenes de guerra- no pueden ocultarse, ni disculparse por ninguna razón, «objetiva» o «subjetiva». Que en la acción palestina participara no solo Hamas sino el resto de organizaciones armadas palestinas no es un argumento para descartar toda crítica; Hamas asumía el liderazgo de la acción y Hamas tendría que asumir el liderazgo del rechazo de esas acciones, es decir, de la investigación interna de si se produjeron y la sanción de quienes asesinaran civiles que no combatían o perpetraron actos de violencia sexual. Se está en condiciones de hacerlo, porque no se trataba de «milicianos incontrolados».
Creo que ese tipo de acciones que no aceptamos al enemigo, tampoco se puede aceptar entre «los nuestros».
2. ¿El principio del fin?
Rabbani cree que las próximas semanas pueden ser decisivas: o Israel se sale con la suya una vez más, o es el principio de su desmoronamiento. https://www.middleeasteye.net/
Tras un año de genocidio, por qué la beligerancia de Israel puede ser su perdición
Mouin Rabbani 3 de octubre de 2024
La estrategia de Israel en Oriente Medio determinará en última instancia si el 7 de octubre pasará a la historia como el momento en que el proyecto sionista en Palestina comenzó a desmoronarse.
El 7 de octubre de 2023, Hamás lanzó una ofensiva contra el sur de Israel para destrozar irrevocablemente un statu quo insostenible. Aunque la crisis que ahora persiste desde hace un año estalló efectivamente ese día, llevaba décadas gestándose.
La respuesta inicial de Israel fue desatar una campaña genocida contra los palestinos de la Franja de Gaza. Motivada por la venganza y la sed de sangre, fue diseñada no sólo para matar y destruir a escala masiva, sino para hacer de la Franja de Gaza un lugar no apto para la habitación humana.
El genocidio era el precio que los patrocinadores occidentales de Israel estaban dispuestos a pagar para que Israel diera un escarmiento en la Franja de Gaza y, al hacerlo, restableciera su destrozado poder de disuasión.
Para garantizar que Israel pudiera arrasar la Franja de Gaza con impunidad y eludir cualquier responsabilidad por sus acciones, los patrocinadores y aliados occidentales de Israel, encabezados por Estados Unidos, destrozaron voluntariamente el reglamento del derecho internacional y las normas y valores que lo sustentan.
Cada sucesiva obliteración israelí de otra línea roja más: el bombardeo y la destrucción de hospitales, escuelas y centros de refugiados, la transformación indiscriminada de dispositivos de comunicación en granadas de mano, y el asesinato y las heridas de cientos de personas para rescatar a cuatro cautivos- se justificó como un acto legítimo de defensa propia.
En el proceso, el mundo se ha transformado en un lugar mucho más peligroso para todos nosotros en el altar de la impunidad israelí.
Estrategia fallida
Durante gran parte del año pasado, Israel no sólo ha fracasado en conseguir algo de importancia militar en la Franja de Gaza, sino que tampoco ha logrado enunciar una estrategia. Eslóganes como «victoria total» y un complejo de Churchill no sustituyen a la visión política.
Ahora esto parece estar cambiando. El asesinato por parte de Israel del Secretario General de Hezbolá Hassan Nasrallah, y con él prácticamente la totalidad del mando militar del movimiento, le ha dado la confianza de que puede desmantelar la coalición conocida como Eje de la Resistencia.
Su iniciativa clave en este sentido es la invasión del Líbano actualmente en curso, y en la que se están volviendo a cruzar todas las líneas rojas violadas en Gaza, una vez más sin que las capitales que habitualmente sermonean a rivales, adversarios y otros seres inferiores sobre la inviolabilidad del Estado de Derecho, los derechos humanos y principios similares digan ni pío.
Como ha quedado claro desde el principio, El objetivo último de Israel es el cambio de régimen en Irán, partiendo del supuesto erróneo de que un gobierno iraní desvinculado del conflicto con Israel transformará a los palestinos, y a los árabes en general, en ovejas impotentes.
Israel parece estar convencido de que el camino a Teherán pasa por los suburbios del sur de Beirut.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, lo confirmó el 30 de septiembre cuando juró que los iraníes alcanzarían pronto la «libertad» de sus dirigentes.
La agenda de Israel exige que se diseñe una confrontación militar directa entre Washington y Teherán, y en el presidente estadounidense Joe Biden, puede que haya encontrado al candidato que hasta ahora se le ha escapado.
Sin embargo, Líbano ha demostrado repetidamente ser el cementerio de la arrogancia israelí y estadounidense.
Ya fuera en 1982, cuando la Operación Grandes Pinos de Ariel Sharon sentó las bases para el surgimiento de Hezbolá, o en 2006, cuando los «dolores de parto de un nuevo Oriente Próximo» de Condoleezza Rice resultaron ser un aborto.
Las próximas semanas determinarán si Israel puede volver a resolver unilateralmente la cuestión palestina en sus propios términos, y con ello sellar el destino del pueblo palestino, o si el 7 de octubre pasará a la historia como el momento en que el proyecto sionista en Palestina comenzó a desmoronarse.
Mouin Rabbani es investigador, analista y comentarista especializado en asuntos palestinos, el conflicto árabe-israelí y el Oriente Medio contemporáneo. Es coeditor de Jadaliyya y miembro no residente del Centro de Estudios Humanitarios y sobre Conflictos, con sede en Qatar. Graduado por la Universidad de Tufts y el Centro de Estudios Árabes Contemporáneos de la Universidad de Georgetown, Rabbani ha publicado, presentado y comentado ampliamente temas de Oriente Medio, incluso para la mayoría de los principales medios de comunicación impresos, televisivos y digitales.
3. Aspectos geopolíticos del 7 de octubre
Los palestinos lanzaron la campaña, entre otras cosas, por los cambios geoestratégicos que se estaban dando en la región tras la retirada de EEUU de Afganistán, según el autor de este artículo en The Cradle. https://thecradle.co/articles/
Un año después: El terremoto geopolítico tras el diluvio de Al-Aqsa
Los sucesos del 7 de octubre de 2023 se entienden mejor como una operación calculada de la resistencia palestina para hacer retroceder las maquinaciones geopolíticas de sus adversarios tanto regionales como mundiales, en un contexto de declive de la influencia estadounidense, ascenso de China y evolución de las alianzas en Asia Occidental.
Ghassan Jawad 7 DE OCTUBRE DE 2024
La Operación Inundación de Al-Aqsa, que conmocionó al mundo hoy hace un año, no fue un hecho aislado; fue la culminación de años de cambios geopolíticos, realineamientos de poder mundial y tensiones crecientes en toda Asia Occidental.
La operación no sólo fue un audaz movimiento de la resistencia palestina, sino también una respuesta calculada a los cambios sísmicos en la política internacional que se venían produciendo desde hacía años.
En el centro de estos cambios estaba la Retirada de Estados Unidos de Afganistán en 2021, que supuso un debilitamiento de la influencia estadounidense. Esta retirada conmocionó a los aliados de Washington en el Golfo Pérsico, especialmente a Arabia Saudí, que empezó a cuestionar la fiabilidad de la protección estadounidense.
La postura contraria de Estados Unidos en la guerra de Ucrania no hizo sino agravar estas preocupaciones, empujando a los Estados del Golfo Pérsico a explorar nuevas alianzas y acuerdos de seguridad. Una consecuencia notable fue la visita del presidente chino Xi Jinping a Arabia Saudí, que se tradujo en acuerdos comerciales por valor de 30.000 millones de dólares y subrayó la nueva influencia de Pekín en la región.
Esta creciente presencia china y la cambiante dinámica regional allanaron el camino para el histórico acuerdo de normalización de marzo de 2023 entre Irán y Arabia Saudí, negociado en Pekín. Aunque este acuerdo enfrió algunas tensiones regionales, no resolvió por completo conflictos de larga data.
Por el contrario, reflejaba los esfuerzos de Asia Occidental por adaptarse a los cambios en el equilibrio de poder y prepararse para posibles nuevas alianzas que pudieran trascender rivalidades profundamente arraigadas. Las potencias regionales se estaban posicionando para hacer frente a la evolución del orden internacional, marcado por una creciente multipolaridad –invasión estadounidense de Irak hace dos décadas.
Guerra en Ucrania y realineamientos globales
La guerra de Ucrania, que estalló en febrero de 2022, provocó conmociones más allá de Europa del Este. El conflicto desencadenó crisis económicas, intensificó conflictos e incluso espoleó golpes militares en África. La ordenación geopolítica que siguió creó un notable alineamiento entre este y oeste, con Estados Unidos y sus aliados atlantistas a un lado y las potencias euroasiáticas Rusia, apoyada por China, al otro. Pronto surgieron guerras de poder en puntos estratégicos de todo el mundo.
Para Rusia, la guerra fue vista como una defensa necesaria de su seguridad nacional, una reacción a la percepción de invasión occidental en su esfera de influencia. El Kremlin veía el conflicto de Ucrania no sólo como una lucha territorial, sino como una batalla más amplia por el control de los recursos, las rutas comerciales y las esferas de influencia en un mundo en el que el dominio occidental de la ciencia, la tecnología y la industria había empezado a disminuir. Esta guerra, a ojos de Moscú, formaba parte de una contienda más amplia para redibujar las fronteras del poder mundial.
El ascenso de China e India ha desplazado el peso industrial, económico y demográfico del mundo hacia el este. Esto ha intensificado la lucha por la influencia, con Rusia intentando reclamar su papel global desde Europa hasta Asia Central. Mientras tanto, el «orden basado en reglas» internacional liderado por Estados Unidos está sometido a presión, ya que China trata de establecer su propio dominio económico y geopolítico.
Revivir la causa palestina
La decisión de las fuerzas de resistencia palestinas de lanzar la Inundación de Al-Aqsa el 7 de octubre de 2023 no se tomó al margen de estas corrientes globales.
Hamás y otras facciones palestinas reconocieron el momento estratégico: Estados Unidos estaba preocupado por sus enfrentamientos contra China y Rusia, según su Estrategia de Seguridad Nacional, mientras Washington trataba de contener a Irán.
Una evaluación secreta de Hamás en Gaza, redactada tras el estallido del conflicto en Ucrania, señalaba un cambio global en las prioridades y vulnerabilidades, incluidas las divisiones dentro del propio Israel: La posibilidad de cambiar la posición y romper el ciclo de evasión y endurecimiento del asedio a los palestinos en Gaza, Cisjordania y Jerusalén por parte de un gobierno de extrema derecha anunciado en su programa y en las ideas de su presidente y sus ministros basado en la idea de aumentar el Ministro de Asentamientos de Reemplazo y trabajar para acabar con la causa palestina con el fin de eliminar sus títulos vitales como la cuestión de los refugiados, el Estado, la independencia, Jerusalén como capital y la tierra como testigo del derecho palestino.
La evaluación concluyó que el clima mundial, junto con las luchas políticas internas israelíes, ofrecían una oportunidad excepcional para un golpe decisivo. El gobierno de extrema derecha de Israel, dirigido por Benjamin Netanyahu y sus socios extremistas, había aplicado abiertamente políticas encaminadas a profundizar la ocupación, ampliar los asentamientos y marginar los derechos palestinos. Con las divisiones internas de Tel Aviv y la distracción de Occidente en Ucrania, parecía llegado el momento de dar un paso audaz para desafiar estas amenazas.
En el ámbito regional, Estados Unidos se esforzaba por impulsar los Acuerdos de Abraham con vistas a negociar un acuerdo de normalización entre Israel y Arabia Saudí. Este esfuerzo se consideraba crucial para formar un bloque árabe-israelí que pudiera ayudar a salvaguardar los intereses estadounidenses en Asia Occidental, especialmente la seguridad de Israel.
Pero los palestinos veían estos esfuerzos de normalización como un grave peligro para sus aspiraciones nacionales. Temían que la participación de Arabia Saudí sin obtener concesiones significativas para la causa palestina diera luz verde a Israel para seguir adelante con su «solución final»: aumentar los asentamientos judíos ilegales, estrechar el asedio a Gaza y eliminar cualquier posibilidad de crear un Estado palestino al tiempo que judaizar Jerusalén.
La resistencia creía que si Arabia Saudí continuaba por el camino de la normalización, otros países árabes y de mayoría musulmana podrían seguirle, aislando aún más la causa palestina. Ante una posible realidad geopolítica en la que la solidaridad árabe e islámica con Palestina se erosionaría, la resistencia vio la Operación Al-Aqsa Flood como un último esfuerzo para cambiar la trayectoria.
Después del diluvio
La respuesta de Israel al diluvio de Al-Aqsa ha estado lejos de ser proporcionada. Lo que comenzó como una reacción a la operación de resistencia palestina se convirtió rápidamente en una campaña de limpieza étnica equiparable al genocidio y en una guerra regional más amplia, con agresiones devastadoras contra Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria y Yemen.
Sin embargo, las brutales agresiones militares de Israel parecen servir a algo más que a los objetivos inmediatos de Tel Aviv. Encajan en la estrategia más amplia de Estados Unidos para asegurar sus intereses regionales y contrarrestar al mismo tiempo la creciente influencia de potencias como China, Rusia e Irán.
El objetivo de Israel de destruir la resistencia palestina y desplazar a la población de Gaza está entrelazado con las ambiciones geopolíticas más amplias de Washington, que no tardaron en revelarse tras la matanza israelí de líderes de la resistencia libanesa en septiembre: la remodelación de Asia Occidental.
Era un plan que Tel Aviv había puesto en marcha mucho antes del 7 de octubre de 2023, cuando el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, subió al podio de la Asamblea General de la ONU y mostró un mapa del «nuevo Oriente Próximo» que imaginaba, uno que podría ponerse en marcha una vez que Washington le hubiera garantizado la normalización saudí-israelí.
A través de su representante en Tel Aviv, Estados Unidos pretende mantener el control sobre los recursos, las rutas comerciales y las alianzas de la región como parte de una estrategia más amplia para contrarrestar la influencia china y rusa. Este conflicto forma parte de una contienda más amplia por el dominio mundial, que se extiende desde Ucrania hasta el Mar Rojo.
La respuesta mundial al sufrimiento de Gaza pone de manifiesto una flagrante contradicción. Mientras Estados Unidos y sus aliados afirman defender los valores liberales, los derechos humanos y la democracia, sus acciones a menudo cuentan una historia diferente. Durante el conflicto de Ucrania y el genocidio de Gaza, los Estados occidentales abandonaron muchos de los ideales que habían defendido durante mucho tiempo en favor de fríos y duros intereses geopolíticos.
Una guerra más allá de Al-Aqsa
La actual guerra israelí contra Gaza, y ahora contra Líbano, no tiene que ver sólo con las consecuencias inmediatas de la operación de resistencia contra los diluvios de Al-Aqsa. Forma parte de un proyecto estadounidense más amplio para la región, que recuerda al llamado «Trato del Siglo«.
Esto es evidente en la escala de la agresión, que se extiende más allá de Gaza y otros puntos conflictivos. El objetivo final parece ser una transformación radical del orden geopolítico de la región, que garantice el control de los recursos, los puertos y las rutas comerciales, al tiempo que subyuga a las poblaciones para asegurar el dominio occidental.
Esta guerra va más allá de las fronteras o los territorios; se trata del control de la geografía económica mundial y de la influencia en un mundo en el que el viejo orden está en entredicho. En esta gran lucha por la influencia, la gente sobre el terreno suele pagar el precio, ya sea en Ucrania, en Gaza o en cualquier otro lugar.
Los palestinos, enfrentados a una amenaza existencial, lanzaron el diluvio de Al-Aqsa en un intento de cambiar el curso de la historia. Pero a medida que la guerra se prolonga, ha quedado claro que este conflicto forma parte de un juego de poder mundial mucho mayor, con consecuencias que se extenderán mucho más allá de la región.
4. Falta un pasito
Aunque no ofrezca grandes novedades, este artículo en Sidecar resume bien cómo hemos llegado a la situación actual, a la espera de si el perro loco israelí se lanza o lo frenan los intereses actuales de los estadounidenses. https://newleftreview.org/
Al borde del abismo
Eskandar Sadeghi-Boroujerdi 07 de octubre de 2024
El gobierno iraní se ha encontrado en un difícil aprieto desde la Operación Inundación de al-Aqsa. Ha negado persuasivamente todo conocimiento previo del ataque, pero ha prestado apoyo político a Hamás y a la Yihad Islámica. En coordinación con su aliado más cercano, el Hezbolá libanés, se ha esforzado por lograr un delicado equilibrio: enfrentarse a los israelíes en el norte para desviar recursos y material a un frente secundario, sin provocar una guerra más amplia que envolvería a la región. Por un lado, han tratado de mantener su compromiso con la causa de Palestina y la solidaridad panislámica. Sin embargo, esto coexiste de forma incómoda con las limitaciones prácticas del sistema interestatal, la razón de Estado y la búsqueda de una «paciencia estratégica»: mantener el conflicto a raya y más allá de sus propias fronteras territoriales en una región altamente inestable y penetrada por el imperio. El péndulo oscila entre estas dos tendencias, pero la segunda es la más importante para el sistema.
El modus operandi de Netanyahu ha sido incitar a la República Islámica a tomar represalias, lo que le ha permitido presentarla como un paria mundial y una grave amenaza para la «civilización occidental», mientras Israel continúa su ataque genocida contra Gaza. Es posible que el Estado israelí también esté calculando que sólo al amparo de una conflagración regional en toda regla podrá completar su actual campaña de limpieza étnica de Gaza y, en menor medida, de Cisjordania. Por supuesto, los dirigentes iraníes son plenamente conscientes de la estrategia de Israel de desviar la presión para detener la guerra en Gaza -y ahora en Líbano- desviando la atención hacia Irán e intentando atraerlo a una guerra regional más amplia. Desde el principio, Teherán también ha comprendido que, en palabras de Ali Larijani, ex portavoz parlamentario y actual miembro del Consejo de Discernimiento de la Expediencia, generalmente considerado un pragmático, «No estamos tratando sólo con Israel. El centro de mando y control está en manos de Estados Unidos».
El 1 de abril de 2024, la fuerza aérea israelí atacó el complejo de la embajada iraní en Damasco, matando a 16 personas, entre ellas varios altos mandos iraníes. Irán tomó represalias con la Operación Promesa Verdadera I el 13 de abril, lanzando misiles de crucero, drones de ataque y un pequeño número de misiles balísticos. Como muchos señalaron en su momento, la respuesta iraní se había preparado con mucha antelación, basándose en tecnología y armamento anticuados. Esta demostración de fuerza fue un intento de reafirmar unas líneas rojas claras: su mensaje era que Irán no deseaba una nueva escalada, pero estaba dispuesto a lanzar un ataque directo si Israel continuaba con sus flagrantes agresiones. Muchos de los proyectiles fueron derribados, aunque algunos alcanzaron la base aérea de Nevatim. Sin embargo, el objetivo no eran los impactos directos. La esperanza de Irán era restablecer el equilibrio disuasorio. Tras los ataques, el gobierno de Biden se apresuró a declarar que Estados Unidos no participaría en ninguna represalia israelí prevista: «Has ganado. Acepta la victoria», instó a Netanyahu. Una semana después, Israel montó una operación selectiva contra el sistema de radar S-300 de Irán, suministrado por Rusia, en Ispahán. La magnitud de los daños fue muy discutida, pero Teherán consideró que no justificaba un contraataque. Los dos adversarios regionales parecían haberse retirado del borde del abismo.
El indulto no duró mucho. El 28 de junio, el jefe de las fuerzas aéreas israelíes anunció que, con Hamás a punto de ser neutralizado, las IDF estaban pivotando para enfrentarse a Hezbolá. El 30 de julio, día de la toma de posesión de Masoud Pezeshkian como nuevo presidente de Irán, Israel lanzó un ataque aéreo que mató a Fuad Shukr, miembro fundador de Hezbolá y principal comandante de su brazo armado. Al día siguiente, Ismail Haniyeh, jefe de la oficina política de Hamás, fue asesinado en pleno centro de Teherán, pocas horas después de asistir a la toma de posesión de Pezeshkian. Asesinar a un invitado tan importante en la atención del Estado tenía por objeto humillar a los dirigentes de Teherán. El gobierno de Netanyahu parece haber tenido otros dos objetivos en mente: hacer descarrilar las negociaciones para un alto el fuego con Hamás e impedir cualquier buena voluntad que la nueva administración de Pezeshkian pudiera conseguir con los países europeos forzando la mano de Teherán. Una de las principales promesas de la campaña electoral de Pezeshkian había sido hacer todo lo que estuviera en su mano para conseguir el alivio de las sanciones. Cualquier respuesta iraní que se precie haría casi imposible el necesario compromiso diplomático. Según el propio Pezeshkian, también se dijo a Irán que se estaba preparando un alto el fuego con Hamás, otra razón para «actuar con moderación».
Sin embargo, el gobierno de Netanyahu tenía sus propios planes. Los días 17 y 18 de septiembre, los devastadores ataques del Mossad con buscapersonas y walkie-talkie (lo que maravilló a innumerables periodistas occidentales) tuvieron como objetivo a los altos mandos de Hezbolá, con un enorme coste en vidas civiles. Este último asalto culminó el 27 de septiembre con el asesinato de Sayyid Hassan Nasrallah, el aliado y socio más importante de Irán. Para matarlo, los israelíes dispararon 80 bombas pesadas de fabricación estadounidense que destruyeron varios complejos de apartamentos y mataron a trescientos civiles. Días antes de su muerte, Nasralá había acordado un alto el fuego de 21 días. En el ataque también murió el general de brigada Abbas Nilforoushan, alto mando de la Fuerza Quds de Irán. Esto supone un duro golpe para Hezbolá y el «Eje de la Resistencia» en general.
Netanyahu esperaba «romperle la espalda» a Hezbolá de una vez por todas. El mando operativo de Hezbolá se reagrupó rápidamente e infligió un gran número de bajas a las Fuerzas de Defensa de Israel, lo que paralizó la tan anunciada incursión terrestre israelí. Tras este revés, el ejército israelí recurrió a una de sus tácticas de probada eficacia, llevando a cabo una campaña de bombardeos indiscriminados (con aviones F-35 suministrados por Estados Unidos) contra los distritos densamente poblados de Beirut.
En medio de esta vorágine, las fuerzas armadas iraníes lanzaron más de 180 misiles balísticos contra Israel el 1 de octubre, alcanzando dos importantes bases aéreas: la de Nevatim, en el desierto de Negev, y la de Tel Nof, en el distrito central de Israel, así como el cuartel general del Mossad en Glilot, un suburbio de Tel Aviv. A diferencia de la Operación Promesa Verdadera I, la secuela incluía los misiles hipersónicos Fatah-1, más avanzados, y no había duda de que se habían alcanzado objetivos. Los expertos en armamento han contabilizado 33 cráteres de impacto sólo en Nevatim. La reacción fue variada. Netanyahu, visiblemente conmocionado, prometió venganza. Biden trató de restar importancia a los daños, insistiendo en que los ataques habían sido «derrotados e ineficaces», mientras que el asesor de seguridad nacional estadounidense, Jake Sullivan, prometió que habría «graves consecuencias». Más tarde, Biden dio crédito a la posibilidad de un ataque israelí apoyado por Estados Unidos contra las refinerías de petróleo iraníes.
Mientras tanto, el ex primer ministro israelí Naftali Bennett trató de resucitar el fantasma del «cambio de régimen» y la configuración imperial de un «Nuevo Oriente Medio», en declaraciones histriónicas insistiendo en que ahora era el momento de «destruir el programa nuclear de Irán, sus instalaciones energéticas centrales, y paralizar fatalmente este régimen terrorista». Trump, en un acto de campaña en Carolina del Norte, comentó con su habitual despreocupación que Israel debería «golpear primero lo nuclear y preocuparse del resto después». Aunque Biden se había manifestado públicamente en contra de tal ataque, los murmullos de Trump podían leerse como una señal a Netanyahu para imponer un hecho consumado a un presidente débil que periódicamente reafirma su inquebrantable compromiso con el sionismo. Un ataque directo contra las instalaciones nucleares iraníes, incluso si Estados Unidos tomara la iniciativa y lo llevara a cabo, como mucho haría retroceder el programa un par de años; también debería incitar a Irán a retirarse definitivamente del pacto del TNP.
El viernes pasado, Jamenei pronunció su primer sermón en la mezquita de la Gran Mosalla de Teherán desde el asesinato del general de división Qasem Soleimani por la administración Trump en enero de 2020. Ante una gran multitud y un amplio espectro de la élite política del país, reiteró el firme compromiso de Irán con sus aliados del «Eje de la Resistencia» y que el ataque de Irán era una respuesta directa a los asesinatos de Haniyeh y Nasralá. Su decisión de cambiar el persa por el árabe y dirigirse directamente a la opinión pública árabe de toda la región es testimonio de la alta estima que tenía por Nasralá personalmente. Fue un acto de diplomacia pública para asegurar a los aliados de Teherán que no habían sido abandonados y que la República Islámica seguía firme en su oposición a Israel y a sus poderosos patrocinadores. Menos comentada fue la insistencia de Jamenei en que el derecho internacional otorgaba a Irán y a sus aliados el derecho a la autodefensa, y que Irán «no se demoraría ni [actuaría] precipitadamente». Como de costumbre, el ayatolá trató de encontrar un equilibrio entre el desafío y el cálculo, insistiendo en que los próximos pasos de la República Islámica serían cuidadosamente considerados y calibrados. Dadas las importantes vulnerabilidades económicas y políticas en el frente interno, no cabe duda de que los dirigentes iraníes y el nuevo gobierno de Pezeshkian preferirían poner fin a esta última escalada. Pero saben que una nueva guerra regional puede estar ya en marcha, y que no existe ningún «socio para la paz».
5. El nihilismo y la perfidia del partido único occidental
Queda claro a los ojos del mundo entero que lo que Alastair Crooke llama el «partído único» occidental no cree en nada, excepto en su propia superioridad y no se puede confiar jamás en su palabra. Son pérfidos, esa palabra que parecía relegada a las novelas decimonónicas. Ante este panorama, ¿qué deben hacer Irán o Rusia? https://strategic-culture.su/
Perfidia en Teherán
Alastair Crooke 7 de octubre de 2024
Occidente está inmerso en al menos una, potencialmente dos, derrotas aplastantes en este momento – y por eso surge la pregunta: ¿Se aprenderán las lecciones?
John Kerry, justo la semana pasada en el Foro Económico Mundial, soltando tan claramente la verdad: «Nuestra Primera Enmienda es un gran obstáculo para poder acabar con la desinformación».
Traducido: Gobernar es cuestión de control narrativo. Kerry articula la solución del «Orden Internacional» al fenómeno no deseado de un populismo incontrolado y de un líder potencial que hable en nombre del pueblo: Sencillamente, la «libertad de expresión» es inaceptable para las prescripciones acordadas por la «interagencia», la destilación institucionalizada del «Orden Internacional».
Eric Weinstein llama a esto El descalabro: La primera Enmienda; el género; el mérito; la soberanía; la privacidad; la ética; el periodismo de investigación; las fronteras; la libertad… ¿la Constitución? ¿Se han ido?
La narración desquiciada de la realidad de hoy es que el lanzamiento por parte de Irán el martes de 200 misiles balísticos -de los cuales 181 alcanzaron Israel- fueron interceptados en su inmensa mayoría por los sistemas de defensa antimisiles Cúpula de Hierro y Flecha de Israel. y sin muertos que mostrar por el asalto. Fue «derrotado e ineficaz», pronunció Biden.
Will Schryver sin embargo, ingeniero técnico y comentarista de seguridad, escribe: «No entiendo cómo alguien que ha visto los numerosos vídeos de los ataques con misiles iraníes contra Israel no puede reconocer y admitir que fue una impresionante demostración de las capacidades iraníes. Los misiles balísticos iraníes atravesaron las defensas aéreas estadounidenses e israelíes y lanzaron varios ataques con cabezas de gran calibre contra objetivos militares israelíes».
El efecto y la sustancia residen entonces en la «capacidad demostrada»: la capacidad de seleccionar otros objetivos, la capacidad de hacer más. De hecho, se trataba de un ejercicio demostrativo comedido, no de un ataque en toda regla.
Pero el mensaje se ha borrado de la vista.
¿Cómo es posible que la Administración estadounidense se niegue a mirar a los ojos a la verdad y a reconocer lo ocurrido, y prefiera en cambio pedir al mundo entero, que vio los vídeos de misiles impactando en Israel, que «siga adelante», como aconsejan las autoridades, fingiendo que no había «nada sustantivo que ver aquí»? ¿Acaso «el asunto» no era más que una molestia para la gobernanza del sistema y el «consenso», como Kerry calificó la libertad de expresión? Eso parece.
El ensayista Aurelien escribe que el problema estructural no es simplemente que la clase profesional occidental se aferre a una ideología opuesta a la forma en que la gente común experimenta el mundo. Ése es sin duda un aspecto. Pero el mayor problema reside más bien en una concepción tecnocrática de la política que no «trata» de nada. No es realmente política (como dijo Tony Blair en una ocasión), sino nihilista y ausente de consideraciones morales.
Al carecer de una verdadera cultura propia, la clase profesional occidental considera que la religión está desfasada y que la historia es peligrosa porque contiene elementos que pueden ser mal utilizados por los «extremistas». Por tanto, prefiere no conocer la historia.
Esto produce la mezcla de convicción de superioridad, pero profunda inseguridad, que tipifica el liderazgo occidental. La ignorancia y el miedo a los acontecimientos y las ideas que quedan fuera de los confines de su rígido zeitgeist, los perciben, casi invariablemente, como innatamente contrarios a sus intereses. Y en lugar de intentar debatir y comprender lo que está fuera de sus capacidades, recurren al menosprecio y a la difamación para eliminar la molestia.
Debe estar claro para todos que Irán entra en todas las categorías que excitan la mayor parte de la inseguridad occidental: Irán es el vértice de todo lo inquietante: Posee una profunda cultura y un legado intelectual explícitamente «diferentes» (aunque no opuestos) a la tradición occidental. Sin embargo, estas cualidades relegan a Irán a ser categorizado irreflexivamente como enemigo de la gestión del «orden internacional»; no porque sea una «amenaza», sino porque «perturba» la alineación de los mensajes.
¿Esto importa?
Sí, importa, porque hace muy problemática la capacidad de Irán para comunicarse eficazmente con la alineación ideológica del Orden Internacional.
Occidente buscó y presionó para obtener una respuesta atenuada de Irán, en primer lugar tras el asesinato por Israel en abril de un general iraní y sus colegas en el consulado iraní en Damasco.
Irán cumplió. El 13 de abril lanzó aviones no tripulados y misiles hacia Israel de tal forma que envió un breve mensaje concertado (previo aviso) de su capacidad, pero sin invitar a una guerra total (como pedía Occidente).
Tras el asesinato israelí de Ismail Haniyeh (un invitado de Teherán que participaba en la toma de posesión del nuevo presidente iraní), los Estados occidentales volvieron a suplicar a Irán que se abstuviera de tomar represalias militares contra Israel.
El nuevo Presidente ha dicho públicamente, que funcionarios europeos y estadounidenses ofrecieron a Irán la eliminación de sanciones sustantivas a la República Iraní y un alto el fuego garantizado en Gaza de acuerdo con los términos de Hamás – si Israel no era atacado.
Irán se contuvo, aceptando parecer débil ante el mundo exterior (por lo que fue duramente criticado). Sin embargo, la acción occidental conmocionó al inexperto nuevo Presidente, Pezeshkian: «Ellos (los estados occidentales) mintieron», dijo. Ninguna de las promesas se cumplió.
Para ser justos con el nuevo presidente reformista, Irán se enfrentaba a un dilema real: esperaba seguir una política de contención para evitar una guerra perjudicial. Esta es una cara del dilema, pero la otra es que esta moderación podría malinterpretarse (quizá maliciosamente) y utilizarse como pretexto para una escalada. En resumen, la otra cara de la moneda es que «lo queramos o no, la guerra está llegando a Irán».
Luego siguieron el «asalto con buscapersonas» y los asesinatos de la cúpula de Hezbolá, incluida la emblemática figura de su líder, Seyed Hassan Nasralá, en medio de enormes muertes colaterales de civiles. La Administración estadounidense (el presidente Biden) se limitó a decir que se estaba haciendo «justicia».
Y una vez más, Occidente importunó y amenazó a Irán contra cualquier represalia hacia Israel. Pero en esta ocasión, Irán lanzó un ataque con misiles balísticos más eficaz, aunque omitió deliberadamente apuntar a la infraestructura económica e industrial de Israel, o al pueblo israelí, centrándose en cambio en emplazamientos militares y de inteligencia clave. Se trató, en definitiva, de una señal demostrativa, aunque con un componente efectivo de infligir daños en bases aéreas y emplazamientos militares y de inteligencia. Una vez más, fue una respuesta limitada.
¿Y para qué?
Abierta burla de Occidente de que Irán estaba disuadido/demasiado asustado/dividido para responder plenamente. De hecho, Estados Unidos -sabiendo bien que Netanyahu está buscando el pretexto para una guerra con Irán- ofreció a Israel el pleno apoyo de Estados Unidos para una gran represalia contra Irán: «Habrá graves consecuencias por este ataque y trabajaremos con Israel para que así sea«, dijo Jake Sullivan. «No se equivoquen, Estados Unidos apoya totalmente, totalmente, totalmente a Israel, dijo Biden.
La moraleja de la historia es clara: Occidente «engañó» al Presidente Pezeshkian, algo parecido al deliberado «engaño de Minsk» de Occidente al Presidente Putin; algo parecido también a la puñalada trapera del Acuerdo de Estambul II. La moderación en la que insiste el Orden Internacional se transmite invariablemente como «debilidad».
La «clase profesional permanente» (el Estado profundo occidental) evita cualquier sustento moral. Hace de su nihilismo una virtud. Quizás el último líder capaz de una diplomacia real que me viene a la mente fue JFK durante la Crisis de los Misiles de Cuba y en sus posteriores tratos con los líderes soviéticos. ¿Y qué ocurrió? … Fue asesinado por el sistema.
Por supuesto, muchos están enfadados en Irán. Se preguntan si Irán proyectó debilidad con demasiada facilidad y se preguntan si esa manifestación contribuyó de algún modo a que Israel estuviera dispuesto a atacar Líbano tan despiadadamente y sin limitaciones, como en el modelo de Gaza. Informes posteriores sugieren que Estados Unidos dispone de nueva información tecnológica (no disponible para Israel) que señaló el paradero de Sayyed Nasrallah, y fue suministrada a Israel, lo que condujo a su asesinato.
Si Occidente insiste en rebajar tanto la moderación iraní -atribuyendo erróneamente la moderación a la impotencia-, ¿es el «unipartidismo» europeo y estadounidense del orden mundial capaz alguna vez de ser fríamente realista? ¿Pueden hacer una evaluación sensata de las consecuencias en caso de que Israel lance una guerra contra Irán? Netanyahu ha dejado claro que ese es el objetivo del gobierno israelí: la guerra contra Irán.
La percepción errónea de un adversario y la percepción equivocada de sus fuerzas ocultas son a menudo precursoras de una guerra más amplia (Primera Guerra Mundial). E Israel está inundado de fervor por la guerra para establecer su ‘Nuevo Orden’ para Oriente Medio.
La Administración Biden está ‘más que dispuesta’ -poniendo el ‘revólver sobre la mesa’- a que Netanyahu lo coja y lo descargue, mientras Washington finge mantenerse al margen del acto. El objetivo final de Washington es, por supuesto, Rusia.
Se entiende que en diplomacia no se puede confiar en Occidente. Sin embargo, la moraleja de la historia tiene implicaciones más amplias. ¿Cómo puede Rusia, en estas circunstancias, poner fin al conflicto de Ucrania? Parece que muchos más morirán innecesariamente, simplemente por la rigidez del partido único y su incapacidad para «hacer» diplomacia.
Otros tantos ucranianos han perecido desde que se echó por tierra el proceso de Estambul II.
En estos momentos, Occidente está sufriendo al menos una derrota aplastante, o tal vez dos, por lo que surge la pregunta: ¿Se aprenderán las lecciones? ¿Se aprenderán las lecciones correctas? ¿Acepta siquiera la clase profesional del orden mundial que hay lecciones que aprender?
6. Resumen de la guerra en Palestina y Líbano, 8 de octubre
Ayer hubo resumen de Mondoweiss. https://mondoweiss.net/2024/
Día 367 del genocidio israelí: Israel ordena nuevas evacuaciones en Gaza y amplía los bombardeos sobre Líbano
La invasión terrestre israelí del sur de Líbano sigue enfrentándose a una dura resistencia a lo largo de la frontera una semana después, mientras que el ejército israelí ha reanudado su asalto al norte de Gaza, sitiando el campo de refugiados de Yabalia por sexta vez desde el 7 de octubre.
Por Qassam Muaddi y Tareq S. Hajjaj 7 de octubre de 2024
Bajas
- 41.909 + muertos* y al menos 97.303 heridos en la Franja de Gaza. Se ha identificado a 32.280 de los muertos, entre ellos 10.627 niños y 5.956 mujeres, que representan el 60% de las víctimas, y 2.770 ancianos hasta el 6 de agosto de 2024. Se calcula que hay unos 10.000 más bajo los escombros*.
- Más de 743 palestinos han muerto en Cisjordania ocupada, incluido Jerusalén Oriental. Entre ellos hay al menos 146 niños.**
- 2.083 libaneses muertos y más de 9.869 heridos por las fuerzas israelíes desde el 8 de octubre de 2023***.
- Israel revisó a la baja su cifra estimada de muertos del 7 de octubre de 1.400 a 1.189.
- El ejército israelí reconoce la muerte de 720 soldados israelíes y las heridas de al menos otros 4.100 desde el 7 de octubre.****
* La rama de Gaza del Ministerio de Sanidad palestino confirmó esta cifra en su informe diario, publicado a través de su canal de WhatsApp el 7 de octubre de 2024. Grupos de derechos y expertos en salud pública estiman que el número de muertos es mucho mayor.
** El número de muertos en Cisjordania y Jerusalén no se actualiza periódicamente. El recuento se basa en la fecha oficial libanesa del inicio de «la agresión israelí al Líbano», cuando Israel comenzó los ataques aéreos en territorio libanés tras el inicio del «frente de apoyo» de Hezbolá a Gaza.
**** Estas cifras son publicadas por el ejército israelí, mostrando los soldados cuyos nombres «se permitieron publicar.» El diario israelí Yediot Ahronot informó el 4 de agosto de 2024 que unos 10.000 soldados y oficiales israelíes han muerto o han resultado heridos desde el 7 de octubre. El jefe de la asociación de heridos del ejército israelí dijo al Canal 12 de Israel que el número de soldados israelíes heridos supera los 20.000, incluidos al menos 8.000 que han quedado discapacitados permanentemente desde el 1 de junio. El Canal 7 de Israel informó de que, según las cifras del servicio de rehabilitación del Ministerio de Guerra israelí, 8.663 nuevos heridos se incorporaron al sistema de rehabilitación de discapacitados del ejército desde el 7 de octubre y hasta el 18 de junio.
Eventos clave
- La rama de Gaza del Ministerio de Sanidad palestino dice que el número de muertos supera los 41.788, con 96.794 heridos desde el 7 de octubre, de los cuales el 33% son niños, el 18,4% mujeres y el 8,6% ancianos; al menos 115 niños palestinos nacidos y muertos por las fuerzas israelíes desde el 7 de octubre.
- El Ministerio de Sanidad palestino dice que el número de muertos por el ejército o los colonos israelíes en Cisjordania y Jerusalén asciende a 722 desde el 7 de octubre.
- El Ministerio de Sanidad libanés dice que 1.974 libaneses han muerto y más de 9.384 han resultado heridos en cientos de ataques aéreos israelíes en todo Líbano, especialmente en el sur y el valle de la Beqaa, desde el comienzo de la escalada de hostilidades entre Hezbolá e Israel en septiembre de 2024.
- El portavoz militar de Hamás, Abu Obeida, afirma que la resistencia «continuará una larga y dolorosa guerra de desgaste» contra Israel en un discurso con motivo del primer aniversario del 7 de octubre; dice que los cautivos israelíes están «en condiciones difíciles» y podrían haber sido devueltos a sus familias «si hubiera sido en interés de Netanyahu.»
- Israel mata al menos a 25 palestinos en el bombardeo de dos escuelas y una mezquita en el centro de Gaza.
- Muere el fotoperiodista palestino Hasan Hamad en un ataque israelí en Yabalia, lo que supone el 175º periodista asesinado en Gaza por Israel desde el 7 de octubre de 2023.
- Israel lanza una nueva invasión terrestre del campo de refugiados de Yabalia, en el norte de Gaza, por sexta vez desde el comienzo de la guerra.
- Israel ordena a los palestinos del este de Jan Yunis, en su mayoría ya desplazados, que se marchen de nuevo antes de las operaciones terrestres.
- Cinco cohetes lanzados desde Gaza caen en la zona de Tel Aviv y dos israelíes resultan heridos.
- Israel incrementa los ataques aéreos contra el distrito sur de Beirut y ciudades de todo el sur.
- Dos hospitales de Beirut dejan de funcionar tras los daños causados por los ataques aéreos israelíes.
- Israel sigue intentando infiltrarse en territorio libanés en el sur y se enfrenta a la resistencia de Hezbolá.
- Hezbolá sigue lanzando cohetes sobre Galilea, incluidas las ciudades de Haifa, Tiberíades y Akka.
- Un israelí muerto y 13 heridos en un tiroteo y un ataque con arma blanca en Bir al-Sabe (Bersheeba).
- El ejército israelí admite la muerte de dos soldados y heridas a otros 20 en un ataque con dron desde Irak contra una base militar en los Altos del Golán sirios ocupados.
Hamas dice que los cautivos israelíes se encuentran en una «situación muy difícil» mientras Israel ordena nuevas evacuaciones en Gaza.
El portavoz de las Brigadas Qassam de Hamás, Abu Obeida, dijo que el resto de los cautivos israelíes en Gaza «podrían haber sido devueltos a sus familias si hubiera encajado con los intereses de Netanyahu», señalando que las vidas de los cautivos restantes están en peligro.
Las declaraciones de Abu Obeida se produjeron en un discurso grabado con ocasión del primer aniversario del atentado del 7 de octubre. En el discurso, Abu Obeida saludó a los movimientos de resistencia de Líbano, Yemen e Irak, comentando la reciente cadena de asesinatos israelíes contra Hezbolá en particular.
«Si los asesinatos fueran una victoria militar, la resistencia habría terminado hace mucho tiempo», afirmó Abu Obaida. Abu Obeida dijo también que, tras un año de lucha contra el ejército israelí, las facciones palestinas estaban decididas a continuar una estrategia de desgaste. «Nuestra opción es continuar una larga y dolorosa guerra de desgaste contra el enemigo», dijo Abu Obeida, añadiendo que Israel «sólo se sostiene gracias a los hilos de la administración estadounidense».
El lunes por la mañana, las Brigadas Qassam anunciaron el lanzamiento de una andanada de cohetes sobre Tel Aviv para conmemorar el primer año de la guerra. Los medios de comunicación israelíes informaron de que cinco cohetes impactaron en la zona de Tel Aviv, en el centro de Israel, y que dos mujeres israelíes de unos 30 años resultaron heridas.
Mientras tanto, las fuerzas israelíes bombardearon dos escuelas y una mezquita que albergaban a civiles desplazados en Deir al-Balah, en el centro de la Franja de Gaza. Los ataques mataron al menos a 25 palestinos, entre ellos niños, según el Dr. Khalil Daqran, portavoz del Hospital de los Mártires de Al-Aqsa.
Daqran añadió en una entrevista telefónica con Al-Araby TV que el hospital, que es el último centro médico que queda en funcionamiento en el centro de la Franja de Gaza, estaba desbordado de pacientes y heridos, y carecía de suministros médicos. Daqran dijo que los heridos de los últimos bombardeos fueron colocados en el suelo por falta de camas.
Simultáneamente, Israel lanzó una nueva invasión terrestre en el campo de refugiados de Yabalia, ordenando a los residentes que quedaban en él que abandonaran el sur. Se trata de la sexta invasión del campo desde el 7 de octubre y la tercera operación militar de envergadura. El ejército israelí había invasionado Jabalia por última vez entre mayo y junio tras la reagrupación de las fuerzas de resistencia en el campamento.
Durante la actual invasión de Yabalia, el ejército israelí había utilizado una vía que estableció en la calle 9, al este del campo de refugiados de Yabalia, cuando la zona fue invadida el pasado mes de mayo.
El 6 de octubre llovieron los bombardeos y los bombardeos sobre la zona para allanar el camino a la invasión de los tanques.
«El ejército israelí lleva bombardeando muchos edificios desde ayer por la mañana, sin avisar de que iban a invadir Jabalia», declaró Raneem Mousa, residente de Jabalia, a Mondoweiss.
Raneem y su familia pensaron que tendrían que evacuar cuando notaron las primeras señales de advertencia y el movimiento irregular del ejército en la zona. Seguía un patrón similar al que habían observado en invasiones anteriores: bombardeos y bombardeos continuos, seguidos de enfrentamientos armados en la zona, significaban una probable invasión.
«Los vecinos no podían salir, seguían asediados en sus casas y pedían ayuda»
«Si salen, el ejército israelí les dispara. Vi a mi vecino y a su hijo intentando salir antes de la invasión total, pero el cuadricóptero les disparó a él y a su hijo, y quedaron tendidos en el suelo sangrando»
Raneem Mousa
«Nos despertamos ayer para encontrar al ejército entre nosotros», dijo Raneem. «Los vecinos no podían salir, seguían asediados en sus casas y pedían ayuda»
«Si salen, el ejército israelí les dispara», afirma Raneem. «Vi a mi vecino y a su hijo intentando salir antes de la invasión total, pero el cuadricóptero les disparó a él y a su hijo, y quedaron tendidos en el suelo sangrando»
«Los transeúntes pudieron arrastrar al hijo y salvarlo, pero su padre quedó abandonado a los perros callejeros», relató.
Entre las víctimas del bombardeo sobre Jabalia se encontraba el fotoperiodista Hasan Hamad, de 19 años, que llevaba un año cubriendo la guerra israelí en Gaza. Hamad se convirtió en el 175º periodista palestino asesinado por Israel en Gaza desde el 7 de octubre.
Se espera que el número de víctimas de la invasión sea elevado, pero las cifras sólo podrán revelarse después;
Mientras tanto, el ejército israelí ordenó el lunes por la mañana la evacuación de cuatro zonas de la ciudad de Jan Yunis y publicó un mapa en el que se indicaban las zonas incluidas en la orden de evacuación. Entre ellas se encontraban todas las zonas orientales de Jan Yunis.
Israel sigue bombardeando Beirut y se enfrenta a la resistencia en la frontera libanesa
Israel siguió bombardeando ciudades libanesas del sur del país y su capital, Beirut. Sólo el lunes, las autoridades libanesas informaron de nueve ataques aéreos contra Beirut. Al parecer, el hospital Sainte Therèse y el hospital al-Rasoul al-Aazam de Beirut dejaron de funcionar tras sufrir daños por los ataques aéreos israelíes.
Los ataques aéreos se intensificaron en las localidades fronterizas meridionales de Kafr Kila, Idaiseh, Rmeish, Kifoun y Mays al-Yabal. El ejército israelí también ordenó la evacuación de unas 70 localidades del sur del Líbano mientras prosigue sus operaciones terrestres a lo largo de la frontera libanesa;
El ejército israelí había anunciado la semana pasada que había lanzado una «operación terrestre limitada» en el sur del territorio libanés, aunque la escala exacta y el grado de penetración en el sur del Líbano no han quedado claros en los informes de los medios de comunicación.
A primera hora del lunes, el ejército israelí admitió la muerte de un soldado y la herida de otro en combates contra combatientes de Hezbolá en el sur de Líbano, lo que elevó a 12 el número reconocido de bajas israelíes desde el inicio de la invasión terrestre hace una semana.
Durante la semana pasada, Hezbolá anunció que había rechazado con éxito varios intentos israelíes de invadir territorio libanés a través de las localidades de Kafr Kila, Maroun al-Ras, Yaroun y Ain Ibl. El jueves, el ejército israelí informó de un «suceso doloroso» en el sur del Líbano, con bajas en las filas de la brigada de élite Golani.
Hezbolá también incrementó sus andanadas de cohetes sobre Galilea, apuntando a Haifa, la zona residencial de Karyot, cerca de Akka, Safad y Tiberíades.
Desde el 8 de octubre de 2023, los ataques israelíes contra Líbano han matado a 2.083 libaneses y herido a otros 9.869, según las autoridades libanesas.
7. El balance de un año de Illan Pappé
El historiador israelí hace un repaso a lo sucedido este año y a las grandes líneas de la posible evolución del conflicto a partir del análisis de la historia. https://www.aljazeera.com/
Israel después del 7 de octubre: entre la descolonización y la desintegración.
Es difícil predecir lo que ocurrirá en Israel, pero la historia puede darnos una pista.
Ilan Pappe. Ilan Pappe es director del Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter.
Publicado el 7 oct 20247 oct 2024
Ha pasado un año desde el 7 de octubre de 2023, y es hora de explorar si tenemos una mejor comprensión de este monumental acontecimiento y de todo lo que le siguió.
Para los historiadores como yo, un año no suele ser suficiente para sacar conclusiones significativas. Sin embargo, lo ocurrido en los últimos 12 meses se inscribe en un contexto histórico mucho más amplio, que se remonta al menos hasta 1948, y yo diría que incluso hasta los primeros asentamientos sionistas en Palestina a finales del siglo XIX.
Por lo tanto, lo que podemos hacer como historiadores es situar el año pasado dentro de los procesos a largo plazo que se han desarrollado en la Palestina histórica desde 1882. Exploraré dos de los más importantes.
Colonización y descolonización
El primer proceso es la colonización y su opuesto, la descolonización. Las acciones israelíes tanto en la Franja de Gaza como en Cisjordania ocupada en el último año dieron un nuevo crédito al uso de estos dos términos. Pasaron del vocabulario de los activistas y académicos del movimiento propalestino a la labor de tribunales internacionales como el Tribunal Internacional de Justicia.
El mundo académico y los medios de comunicación dominantes siguen negándose a definir el proyecto sionista como un proyecto colonial o, como se dice más exactamente, como un proyecto colonial de colonos. Sin embargo, a medida que Israel intensifique la colonización de Palestina en el próximo año, esto podría inducir a más individuos e instituciones a enmarcar la realidad en Palestina como colonial y la lucha palestina como anticolonial y prescindir de tropos sobre el terrorismo y las negociaciones de paz.
De hecho, es hora de dejar de utilizar el lenguaje engañoso que difunden los medios de comunicación estadounidenses y occidentales, como «Hamás, grupo terrorista respaldado por Irán» o «proceso de paz», y hablar en su lugar de resistencia palestina y descolonización de Palestina desde el río hasta el mar.
Lo que ayudará en este esfuerzo es el creciente descrédito de los principales medios de comunicación occidentales como fuente creíble tanto de análisis como de información. En la actualidad, los ejecutivos de los medios de comunicación luchan con uñas y dientes contra cualquier cambio en el lenguaje, pero acabarán lamentando su lugar en el lado equivocado de la historia.
Este cambio de narrativa es importante porque tiene el potencial de afectar a la política, más concretamente a la política del Partido Demócrata en Estados Unidos. Los demócratas más progresistas ya han adoptado un lenguaje y un marco más precisos de lo que está ocurriendo en Palestina.
Queda por ver si esto será suficiente para efectuar un cambio en una administración demócrata en caso de que Kamala Harris gane las elecciones. Pero no soy optimista sobre tal cambio a menos que los procesos de implosión social dentro de Israel, su creciente vulnerabilidad económica y el aislamiento internacional pongan fin a los huecos esfuerzos demócratas por resucitar el muerto «proceso de paz».
Si gana Donald Trump, la próxima administración estadounidense será la misma que la actual, en el mejor de los casos, o concedería abiertamente carta blanca a Israel, en el peor.
Independientemente de lo que ocurra en las elecciones estadounidenses del próximo mes, una cosa seguirá siendo cierta: Mientras quienes tienen el poder de detener el genocidio en Gaza y el aventurerismo israelí en otros lugares ignoren estos dos marcos de colonización y descolonización, hay pocas esperanzas de pacificar la región en su conjunto.
La desintegración de Israel
El segundo proceso que afloró con toda su fuerza en este último año fue la desintegración de Israel y el posible colapso del proyecto sionista.
La idea sionista original de plantar un Estado judío europeo en el corazón del mundo árabe mediante la desposesión de los palestinos era ilógica, inmoral y poco práctica desde el principio.
Se ha mantenido durante tantos años porque ha servido a una alianza muy poderosa que, por razones religiosas, imperialistas y económicas, ha considerado que un Estado así cumplía los objetivos ideológicos o estratégicos de quienquiera que formara parte de esa alianza, aunque a veces esos intereses fueran contradictorios.
El proyecto de la Alianza de resolver un problema europeo de racismo mediante la colonización y el imperialismo en medio del mundo árabe está entrando en su hora de la verdad.
Desde el punto de vista económico, un Israel comprometido no en una guerra corta y exitosa como en el pasado, sino en una guerra larga con pocas perspectivas de una victoria total, no es propicio para la inversión internacional y las bonanzas económicas.
Políticamente, un Israel que comete genocidio ya no es tan atractivo para los judíos, especialmente para aquellos que creen que su futuro como fe o grupo cultural no depende de un Estado judío y que, de hecho, podría estar más seguro sin él.
Los gobiernos de turno siguen formando parte de la alianza, pero de su pertenencia depende el futuro de la política en su conjunto. Con esto quiero decir que los catastróficos acontecimientos del año pasado en Palestina, junto con el calentamiento global, la crisis de la inmigración, el aumento de la pobreza y la inestabilidad en muchas partes del mundo han puesto de manifiesto lo distanciadas que están muchas élites políticas de las aspiraciones, preocupaciones y necesidades elementales de sus pueblos.
Esta indiferencia y distanciamiento serán cuestionados y cada vez que se logre hacerles frente, se debilitará la coalición que sostiene la colonización israelí de Palestina.
Lo que no vimos el año pasado es el surgimiento de un liderazgo palestino que refleje la impresionante unidad del pueblo dentro y fuera de Palestina y la solidaridad del movimiento mundial de apoyo al mismo. Tal vez sea mucho pedir en un momento tan oscuro de la historia de Palestina, pero tendrá que ocurrir, y estoy bastante seguro de que ocurrirá.
Los próximos 12 meses van a ser una réplica peor que el año pasado en lo que respecta a las políticas genocidas de Israel, la escalada de la violencia en la región y el continuo apoyo de los gobiernos, respaldados por sus medios de comunicación, a esta trayectoria destructiva. Pero la historia nos dice que así es como termina un capítulo horrible en la cronología de un país; no es como comienza uno nuevo.
Los historiadores no deben predecir el futuro, pero al menos pueden articular un escenario razonable para él. En este sentido, creo que es razonable afirmar que la pregunta de «si» la opresión de los palestinos terminará puede sustituirse ahora por «cuándo». No sabemos el «cuándo», pero todos podemos esforzarnos por conseguirlo cuanto antes.
8. La brutalidad israelí ha sido contraproducente
Hoy los envíos van a ser monotemáticos, dedicados todos a los primeros análisis tras un año del 7 de octubre. Empiezo con este del director de Middle East Eye. De los objetivos iniciales de Netanyahu y Sinwar, ¿cuál está más cerca de cumplirse?
https://www.middleeasteye.net/
Cómo Netanyahu robó la derrota de las fauces de la victoria
David Hearst 7 de octubre de 2024
La brutal respuesta de Netanyahu al 7 de octubre ha echado por tierra décadas de esfuerzos cada vez más exitosos de Israel y Estados Unidos para convencer a los gobiernos árabes de que abandonen la causa nacional palestina.
Ningún comentarista el 7 de octubre del año pasado -yo incluido- habría predicho que la guerra seguiría librándose con la máxima ferocidad un año después.
Nadie habría predicho hace un año que Israel seguiría luchando durante más tiempo que cuando estableció su Estado en 1948. Todas las guerras que Israel ha librado desde entonces han sido breves demostraciones de fuerza absoluta.
No por falta de intentos.
Israel ha bombardeado Gaza hasta dejarla en la edad de piedra. Más del 70 por ciento de sus hogares han sido dañados o destruidos. Israel está haciendo lo mismo con Tiro, los suburbios del sur de Beirut y muchas otras partes del sur de Líbano.
Nadie está izando la bandera blanca. Tampoco hay signos significativos de revuelta por parte de una población -que ahora vive en tiendas de campaña- que ha perdido a más de 41.000 personas directamente por los bombardeos, y tres o cuatro veces más en muertes indirectas.
The Lancet afirma que la cifra real de muertos podría superar los 186.000 si se tienen en cuenta otros factores, como las enfermedades y la falta de atención sanitaria.
Estas personas pasan hambre. Están plagados de enfermedades. Están a punto de pasar un segundo invierno en tiendas de campaña. Son bombardeados a diario. Y aun así, no se someten. Esta escala de sufrimiento no se ha dado nunca en ninguna generación anterior.
Todos los palestinos vivos conocen lo que está en juego. Y, sin embargo, no huirán. La mayoría preferiría morir antes que entregar sus tierras y hogares a la ocupación.
Dos estrategias
Desde el comienzo de esta guerra, ha habido dos estrategias muy claras por parte del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y del líder de Hamás Yahya Sinwar.
Netanyahu tenía cuatro objetivos declarados tras el ataque de Hamás contra el sur de Israel: devolver a los rehenes; aplastar a todos los grupos de resistencia en Palestina y Líbano; acabar con el programa nuclear de Irán y debilitar su eje de resistencia; y reordenar la región, con Israel a la cabeza.
Como pronto se hizo evidente para las familias de los rehenes, así como para su propio equipo negociador, Hamás y William Burns, el director de la CIA que supervisó las conversaciones, Netanyahu no tenía ninguna intención de conseguir que los rehenes volvieran a casa.
Intentó hacer creer a Israel que presionar a Hamás garantizaría una liberación más rápida de los rehenes. Esto era un sinsentido patente, ya que la gran mayoría de los rehenes -sólo quedan 101 en Gaza- mueren a causa de las bombas y misiles lanzados por Israel. Tres fueron abatidos a tiros al intentar rendirse.
Bajo el gobierno de derechas de Netanyahu, las vidas de los rehenes eran secundarias frente al objetivo de aplastar a Hamás. Si los rehenes hubieran regresado, Netanyahu podría enfrentarse ahora a una larga condena en prisión.
Pero ha demostrado su incapacidad para aplastar a Hamás, de ahí la rapidez con la que ha iniciado una nueva guerra con Líbano y Hezbolá. Hamás sigue controlando Gaza y, hasta ahora, y a pesar de dos intentos de sustituirlo como gobierno de la Franja, no ha surgido ninguna otra fuerza creíble en Gaza.
Hamás reaparece allí donde no están las tropas israelíes. Policías de paisano surgen para resolver disputas en cuestión de horas.
Al principio, Israel intentó acabar con los dirigentes de Hamás. Ha matado a los funcionarios de primera y segunda fila que dirigen el gobierno, la mayoría de ellos en una masacre frente al hospital al-Shifa.
Pero el último anuncio de Israel de que había matado a tres altos cargos de Hamás -Rawhi Mushtaha, jefe de gobierno y primer ministro de facto; Sameh al-Siraj, que ocupaba la cartera de seguridad en el buró político de Hamás; y Sami Oudeh, comandante del Mecanismo General de Seguridad de Hamás-, ofreció una idea de lo que está ocurriendo realmente en Gaza.
El ataque aéreo se produjo hace tres meses y nadie había notado su ausencia. Esto se debe a que Hamás siguió funcionando independientemente de que sus líderes estuvieran vivos o muertos.
En el pasado, los asesinatos habían provocado un periodo de incertidumbre para Hamás. Así ocurrió tras el asesinato de Abdel Aziz al-Rantisi en 2004. Pero no funciona hoy y tampoco con esta generación de combatientes.
La decapitación es estrictamente táctica y a corto plazo. Proporciona a los asesinos un alivio temporal. Los dirigentes de Hezbolá han sufrido una serie de golpes de los servicios de inteligencia, empezando por la explosión de miles de pagers y walkie-talkies con trampas explosivas.
Pero no ha quedado incapacitada como fuerza de combate, como está comprobando la unidad de reconocimiento de la Brigada Golani.
A largo plazo, se sustituye a los dirigentes, se reponen las reservas y se vengan los recuerdos.
El papel de Irán
Israel es el principal culpable de ello, ya que ha echado por tierra deliberadamente las normas de combate del pasado. Un objetivo sospechoso se considera ahora causa suficiente para matar a 90 inocentes a su alrededor, esté él allí o no. Un ataque aéreo en una cafetería de Cisjordania acabó con una familia entera. Dieciocho palestinos murieron, entre ellos dos niños despedazados. Si disparar misiles contra cafeterías pretende ser un mensaje, está teniendo el efecto contrario.
Los mártires son los sargentos de reclutamiento más eficaces.
Lo mismo ocurre con todos los grupos de resistencia, grandes o pequeños, arraigados o recién nacidos. Cada vez que las tropas israelíes abandonan Yenín, Tulkarm o Naplusa, creen que han acabado para siempre con su resistencia. Cada vez, regresan para enfrentarse a más combatientes.
El terror de Israel sólo engendra más terror. La destrucción de Beirut Occidental en 1982 inspiró el atentado de Osama bin Laden contra las Torres Gemelas en 2001.
El tercer objetivo de Netanyahu es acabar con Irán como potencia nuclear y regional, un objetivo que precede en varias décadas al 7 de octubre.
En el momento de escribir estas líneas, estamos a la espera de la respuesta de Israel al lanzamiento de 180 misiles balísticos iraníes, algunos de los cuales alcanzaron sus objetivos.
El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, tuvo que retractarse rápidamente de sus comentarios sobre permitir que Israel atacara las instalaciones petrolíferas iraníes después de que se le señalara que Irán podría cerrar el estrecho de Ormuz de un plumazo.
Nadie está más nervioso ante un ataque israelí contra Irán que los aliados estadounidenses del Golfo. Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos ya han tenido una muestra de lo que le ocurriría a Aramco y a las exportaciones de petróleo si las instalaciones petrolíferas de Irán fueran atacadas.
Por ello, los Estados del Golfo emitieron una declaración de neutralidad, añadiendo que no permitirían que Estados Unidos utilizara ninguna de sus bases aéreas para un ataque contra Irán.
Pero la verdad histórica es que Irán nunca fue fundamental para la causa palestina. Sólo entró en la contienda tras su revolución de 1978. Durante más de 100 años, los palestinos han luchado solos. A veces con la ayuda de Estados árabes, primero Egipto, luego Siria, después Irak, pero la mayoría de las veces han luchado solos.
El programa nuclear de Irán es irrelevante para la lucha palestina. El factor más importante es la determinación del pueblo palestino de vivir en su propia tierra.
La verdadera amenaza para Israel no procede de Irán. Procede de un joven palestino en Yenín, o de un antiguo guardia de seguridad presidencial en Hebrón, o de un palestino con ciudadanía israelí en Nakab.
Todos ellos han sacado sus propias conclusiones de la desesperanza de la ocupación bajo la que vivían. Ninguno necesitó que Teherán les incitara a ello.
Dictaduras viciosas
El cuarto objetivo de Netanyahu es reordenar la región con Israel a la cabeza. A los funcionarios israelíes les encanta informar a los periodistas estadounidenses sobre las palabras privadas de apoyo que Israel está recibiendo para su agenda de dominio regional por parte de los líderes árabes «suníes moderados». Por moderados quieren decir prooccidentales. Todos ellos son dictaduras despiadadas.
Pero, una vez más, Israel y Estados Unidos cometen el mismo error repetidamente al confundir las palabras privadas de apoyo de los ricos y dóciles con la voluntad del pueblo al que dicen representar.
El brillante ejemplo de rico y dócil, el archipragmático príncipe heredero Mohammed bin Salman, fue en gran medida mal citado para apoyar la opinión de que en sus corazones los gobernantes árabes se preocupaban poco por Palestina.
El titular de esta charla con Antony Blinken, secretario de Estado estadounidense, fue esta cita: «¿Me preocupa personalmente la cuestión palestina? No, no me importa».
Pero la cita completa decía así «El 70% de mi población es más joven que yo», explicó el príncipe heredero a Blinken. «Para la mayoría de ellos, la cuestión palestina nunca les ha llamado la atención. Es la primera vez que la conocen a través de este conflicto. Es un problema enorme. ¿Me preocupa personalmente la cuestión palestina? A mí no, pero a mi pueblo sí, así que tengo que asegurarme de que tenga sentido».
Cuanto más autocrático sea el régimen y más inestable se sienta su gobernante en momentos de crisis regional, más tendrá que prestar atención a la ira popular por Palestina. Es su Talón de Aquiles. La autocracia no suprime ni desvía el apoyo a Palestina. Lo amplifica.
En consecuencia, Faisal bin Farhan al-Saud, ministro de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, anunció que el reino sólo normalizaría las relaciones con Israel tras la creación de un Estado palestino.
Esto puede volver atrás, pero por ahora, al menos, el efecto de los Acuerdos de Abraham en el establecimiento de una alianza regional pro-Israel se está desvaneciendo.
Objetivos de Sinwar
Analicemos ahora los objetivos estratégicos de Sinwar el 7 de octubre y veamos cuáles, si es que hay alguno, han sobrevivido al paso del tiempo.
Tenía dos objetivos estratégicos. Lo que piensa se desprende de dos discursos que pronunció el año anterior al atentado de Hamás. En uno, en diciembre de 2022, Sinwar dijo que la ocupación debe hacerse más costosa para Israel.
«Intensificar la resistencia en todas sus formas y hacer que la [autoridad] de ocupación pague la factura de la ocupación y los asentamientos es el único medio para liberar a nuestro pueblo y lograr sus objetivos de liberación y retorno», afirmó.
En otro discurso, Sinwar dijo que los palestinos tenían que presentar a Israel una opción clara. «O le obligamos a aplicar el derecho internacional, a respetar las resoluciones internacionales, (es decir) retirarse de Cisjordania y Jerusalén, desmantelar los asentamientos, liberar a los cautivos y (permitir) el regreso de los refugiados», dijo.
«O nosotros, junto con el mundo, le obligamos a hacer estas cosas y logramos el establecimiento de un Estado palestino en los territorios ocupados, incluida Jerusalén, o hacemos que esta ocupación entre en contradicción con toda la voluntad internacional, aislándola así robusta e inmensamente, y ponemos fin a su estatus de integración dentro de la región y en el mundo entero.»
En el primer caso, Hamás ha encarecido sin duda la ocupación para Israel.
Desde que comenzó la guerra, han muerto 1.664 israelíes, de los cuales 706 eran soldados, 17.809 han resultado heridos y unas 143.000 personas han sido evacuadas de sus hogares, según informa el Jerusalem Post.
El dinero ha empezado a huir del país. A pesar del regreso de muchos de los 300.000 reservistas a sus puestos de trabajo, informa el Economist: «Entre mayo y julio, las salidas de dinero de los bancos del país hacia instituciones extranjeras se duplicaron en comparación con el mismo periodo del año pasado, hasta alcanzar los 2.000 millones de dólares. Los responsables de la política económica de Israel están más preocupados que desde el comienzo del conflicto».
Mayor efecto del 7 de octubre
Pero es en el plano psicológico donde el 7 de octubre asestó su golpe más duro.
El repentino y completo colapso del ejército israelí hace un año supuso una enorme conmoción de la que Israel aún no se ha recuperado. Puso en tela de juicio el papel principal del Estado en la defensa de sus ciudadanos.
Hizo que todos los israelíes se sintieran menos seguros y por sí solo puede explicar la brutalidad de la respuesta militar, a pesar de los profundos recelos de los jefes de seguridad.
Si un vídeo de un combatiente de Hamás llamando por teléfono a su madre en Gaza jactándose de cuántos judíos ha matado está grabado en la memoria de David Ignatius, ¿qué hay de los miles de posts de TikTok que soldados israelíes han publicado jactándose de sus crímenes de guerra? ¿Qué efecto tienen en el columnista del Washington Post? Él, como otros, las ha tachado.
Porque aceptar la narrativa de que el 7 de octubre fue el Holocausto de Israel es ponerse anteojeras.
Es excluir y justificar todo lo que Israel ha visitado a todos los palestinos sin distinción de familia, clan o historia, una barbarie e inhumanidad mucho mayor de lo que nadie podría haber pensado posible de un estado avanzado, urbano y educado el 6 de octubre.
Aquí, finalmente, llegamos al mayor efecto del ataque de Hamás.
El 6 de octubre, la causa nacional palestina estaba muerta, si no enterrada. Tras más de 30 años de acuerdos de Oslo, Gaza estaba totalmente aislada. Su asedio era permanente, y a nadie le importaba.
Netanyahu reclamó la victoria, en septiembre de 2023 agitando un mapa en la ONU en el que Cisjordania no existía.
Sólo había un punto en la agenda regional y era la inminente normalización de Arabia Saudí con Israel. La región era la más tranquila de las últimas décadas, o así lo escribió con confianza Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional de Estados Unidos, en la versión original de su ensayo para Foreign Affairs. «Aunque Oriente Medio sigue acosado por retos perennes, la región está más tranquila de lo que ha estado en décadas», escribió en esa versión original. Huelga decir que tuvo que ser enmendada apresuradamente.
Cúspide de la victoria
Bajo el liderazgo más extremista y derechista de su historia, se había desechado el principio de «tierra por paz» y también la separación. Al apoderarse de la tierra y conservarla, Israel estaba en la cúspide de la victoria.
Después del 7 de octubre, el apoyo a la resistencia armada está en un máximo histórico en Cisjordania. El ataque de Hamás volvió a poner en el orden del día la resistencia armada como forma de imponer su programa de liberación.
Si los Acuerdos de Oslo hubieran logrado producir un Estado palestino en los cinco años siguientes a su firma, un movimiento como Hamás no habría existido. O, si lo hubiera hecho, habría actuado como un grupo escindido del IRA, incapaz de cambiar el curso de los acontecimientos
Hoy, Hamás ha cambiado el curso de los acontecimientos, porque la vía pacífica hacia un Estado palestino viable estaba bloqueada. Todo lo que se hablaba de un proceso de paz era un espejismo de tamaño Potemkin.
Oslo no sólo no consiguió crear un Estado palestino. Creó las condiciones para que el Estado israelí se expandiera y prosperara como nunca antes en Cisjordania y Jerusalén.
Este ha sido el principal factor para persuadir a una nueva generación de jóvenes palestinos a vender sus taxis y tiendas por armas de fuego.
Para cuando las Brigadas Qassam atacaron el sur de Israel, no hizo falta convencer mucho a esta juventud. Un año después, el brazo armado de Hamás ha alcanzado el estatus de héroe en Cisjordania, Jordania, Irak y, sospecho, en gran parte de Egipto y el norte de África.
En estos momentos, Hamás arrasaría a Al Fatah si alguna vez se permitiera la celebración de unas elecciones abiertas, como ocurrió en 2006.
A nivel regional, el eje de la resistencia, que durante gran parte del período transcurrido desde la Primavera Árabe fue un dispositivo retórico, se ha convertido en una alianza militar operativa.
Hezbolá, que durante tanto tiempo trató de distanciarse de la operación de Hamás, está ahora bajo ataque y en guerra tanto como lo estuvo Hamás. Millones de libaneses han huido de sus hogares y Beirut está sufriendo gran parte del mismo terror de los drones y bombarderos israelíes que la ciudad de Gaza.
Palestina ha vuelto al lugar que le corresponde, que es ocupar el papel clave en la determinación de la estabilidad de la región.
Décadas de esfuerzos israelíes y estadounidenses anulados
La brutal respuesta de Israel al 7 de octubre ha dado al traste con décadas de esfuerzos israelíes y estadounidenses por convencer a los árabes de que Palestina no podía seguir teniendo derecho de veto en las relaciones entre israelíes y árabes.
Hoy ese veto es más fuerte que nunca.
El cambio ha sido aún más pronunciado a nivel mundial. A ello ha contribuido la imperiosa necesidad de la alianza occidental de encontrar un enemigo. Hasta hace poco, eran los soviéticos.
Entonces, el islamismo radical ocupó brevemente el lugar de una amenaza global.
Ahora es la alianza de los dictadores de Rusia, China e Irán, todos ellos en busca de esferas de interés, la que socava el orden mundial, según el último ensayo del Secretario de Estado estadounidense Blinken en Foreign Affairs.
¿Como si Estados Unidos no buscara una esfera de interés global? Ni las afirmaciones de Sullivan ni las de Blinken en Foreign Affairs envejecen bien.
Pero como resultado de su guerra, Israel ha perdido el Sur Global y gran parte de Occidente también.
Palestina se ha convertido en la principal causa de derechos humanos del mundo y encabeza la agenda de los esfuerzos para garantizar la justicia internacional, con casos en curso en la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia.
Ha desencadenado el mayor movimiento de protesta de la historia reciente en el Reino Unido.
Cuestión de tiempo
De las dos estrategias, la de Sinwar parece estar funcionando. Viva o muera, esa agenda ya tiene un impulso propio imparable.
Envalentonado por la debilidad de Biden, la posible llegada de Donald Trump, que ahora dice que Israel es demasiado pequeño, Netanyahu bien puede dejarse engañar y pensar que puede ocupar el norte de Gaza y el sur de Líbano.
La anexión de la zona C, que comprende la mayor parte de Cisjordania, es casi con toda seguridad lo siguiente.
Pero lo que Netanyahu no podrá hacer en Gaza, Líbano o Cisjordania es terminar lo que ha empezado.
Lo que obligó a Ariel Sharon a retirarse de Gaza, o a Ehud Barak del Líbano, se aplicará con mayor vigor a las fuerzas israelíes que Netanyahu intenta instalar en Gaza y el Líbano. Es sólo cuestión de tiempo.
Esta guerra ha despojado a Israel de su imagen sionista liberal, la imagen del nuevo chico del barrio que intenta defenderse en un «barrio difícil».
Ha sido sustituida por la imagen de un ogro regional, un Estado genocida, sin brújula moral, que utiliza el terror para sobrevivir. Un Estado así no puede vivir en paz con sus vecinos. Aplasta y domina para sobrevivir.
La guerra de Netanyahu es a corto plazo y táctica. La guerra de Sinwar es a largo plazo. Es para que Israel se dé cuenta de que nunca podrá conservar las tierras que ha ocupado si quiere la paz.
La guerra de Netanyahu dura ya un año y sólo puede continuar de la misma manera que empezó, sembrando en el sur del Líbano la misma devastación que recibió Gaza. No tiene marcha atrás. La guerra de Sinwar no ha hecho más que empezar.
¿Quién ganará? Eso dependerá del grado de resistencia de los oprimidos. Me sorprendería que no hubiera quienes dijeran: «Ya hemos tenido suficiente, queremos parar».
Pero un año después, el espíritu de resistencia es alto y sigue creciendo. Si estoy en lo cierto, esta lucha no ha hecho más que empezar.
La ecuación de poder en Oriente Medio ha cambiado, pero no a favor de Israel ni de Estados Unidos.