Del compañero y miembro de Espai Marx, Carlos Valmaseda.
1. Un pollo sin cabeza y un pato cojo.
2. DANAs y huracanes.
3. La intervención de Putin en Sochi (observación de José Luis Martín Ramos).
4. Los hooligans y la cultura del genocidio.
5. Trump, el negacionista.
6. Nuevos tiempos para las superpotencias.
7. Resumen de la guerra en Asia occidental 8 de noviembre.
8. África contra el imperialismo.
9. Más sobre las elecciones en Georgia.
1. Un pollo sin cabeza y un pato cojo
¿Quién manda ahora en los EEUU? Otro divertido post de Indi. https://indi.ca/no-one-is-
Nadie dirige América ahora
En Sri Lanka, se elige a un nuevo Presidente y éste toma posesión inmediatamente. Estados Unidos alarga este proceso 11 semanas, porque su Constitución está mal codificada y tiene montañas de deudas técnicas.
En realidad, el Gobierno de Joe Biden fue decapitado el 20 de julio, pero Donald Trump no será recapitado hasta el 20 de enero, lo que deja un interregno de casi seis meses. El rey ha muerto y ningún rey vive aún. El heredero de la DEI fracasó, pero el pelo aparente aún no puede triunfar. Debido a este fallo en matrix, Joe Biden es aún Presidente, a pesar de haber abdicado mentalmente hace tiempo. El gobierno de Estados Unidos es a la vez un pollo sin cabeza y un pato cojo, un desastre metafórico.
¿Y quién gobierna América? Quién coño lo sabe. Alguna oscura cábala de consultores políticos y el dinero aún más oscuro detrás de ellos. ¿Quién es el comandante en jefe? ¿A quién le importa? Un miembro del consejo de Raytheon es Secretario de Defensa, el complejo militar-industrial ha corrompido completamente la gobernanza civil. Este ha sido el estado de cosas de Estados Unidos durante al menos tres meses, aunque parece haber sido Weekend At Bernie’s durante años, paseando el cadáver apuntalado de Biden, firmando documentos y oliendo pelo.
Este momento es como el final de la Primera Guerra Mundial, cuando Woodrow Wilson contrajo la gripe «española», se rompió el cerebro y abandonó las negociaciones, causando posiblemente la Segunda Guerra Mundial en el proceso. En este caso, Biden contrajo COVID de nuevo, su equipo emitió una renuncia a la carrera mientras él estaba en la cama, y a quién le importa una mierda, la Tercera Guerra Mundial ya ha comenzado (si contamos a los pueblos eslavos y los Holocaustos de color).
Las guerras solían requerir la aprobación del Congreso, luego la Presidencia imperial tomó el relevo, y ahora el complejo militar industrial simplemente lo hace con el piloto automático. Dado que entre los contratistas militares se encuentra Boeing, se puede adivinar cómo acaba esto. Cuando Eisenhower dijo, «En los consejos de gobierno, debemos protegernos contra la adquisición de influencia injustificada, buscada o no, por parte del complejo militar industrial,» no era una advertencia. Era una descripción. Eisenhower dijo, «Sólo una ciudadanía alerta y bien informada puede obligar a engranar adecuadamente la enorme maquinaria industrial y militar de la defensa con nuestros métodos y objetivos pacíficos, para que la seguridad y la libertad prosperen juntas,» lo cual es irrisorio, conociendo a los estadounidenses modernos.
Como Nasruddin de Ansarallah dijo, riéndose de la oxidada reencarnación de Eisenhower, Le remitiré a las noticias que salieron ayer del capitán del portaaviones Eisenhower. Hablaba de que a veces no podía cambiarse de pijama durante todo un día porque estaba bajo presión militar de las Fuerzas Armadas yemeníes. Si cambia el Presidente, ¿podrá el capitán de Eisenhower cambiarse el pijama? ¿Le ayudará [el Presidente] con eso? [La cuestión no tiene que ver con la administración, sino con que el mundo ha cambiado en términos de equilibrio de poder y de uso de las armas.
En efecto, el mundo ha cambiado y nadie espera que Estados Unidos entregue valores que nunca tuvo en reserva. Como dijo el filósofo culto al sexo Osho, pienso sobre América, «Democracia significa básicamente gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Pero el pueblo es retrasado.» Osho no es tan sabio y el gobierno americano siempre ha sido para, de, y por propiedad, sólo los hombres con propiedad podían votar y todo su sistema electoral moderno es sólo un truco alrededor de una Constitución que no tiene elección directa de Presidentes en absoluto. El número 2 en votos electorales (no votos reales, sino un Congreso paralelo) se supone que es vicepresidente, por lo que los fundadores en realidad pretendían que Trump/Harris dirigieran América el próximo año.
Como he dicho, la Constitución de EE.UU. está codificada para debilitar el gobierno para que los ricos puedan salirse con la suya con la esclavitud y el asesinato, como lo siguen haciendo. Es, como dijo Vladimir Putin, un baile de vampiros. Como Vlad el Explicador dijo, «Están acostumbrados, desde hace siglos, a llenarse la barriga de carne humana y los bolsillos de dinero. Pero tienen que entender que el baile de vampiros está llegando a su fin».
Especialmente si no te gusta Putin (no hay mayor maestro que el enemigo), Putin es un agudo observador de Estados Unidos. En 2017, Putin dijo «Yo ya he hablado con tres presidentes estadounidenses. Vienen y van, pero la política sigue siendo la misma en todo momento. ¿Sabe por qué? Por la poderosa burocracia. Cuando una persona es elegida, puede tener algunas ideas. Entonces llega gente con maletines, bien vestidos, con trajes oscuros, como el mío, excepto por la corbata roja, ya que ellos llevan unas negras o azules oscuras. Estas personas empiezan a explicar cómo se hacen las cosas. Y al instante, todo cambia. Esto es lo que pasa con cada administración.»
Estados Unidos tiene la misma lista de enemigos desde los años 60 y metódicamente no la están revisando. Están todavía luchando contra Corea, todavía luchando contra Irán, luchando contra los rusos otra vez. Un presidente americano puede elegir sus batallas, pero no las guerras. A los presidentes estadounidenses se les da el mismo menú sangriento cuando entran en el cargo y sólo piden diferentes ataques aéreos a la carta. Al igual que su cine, todo en la política estadounidense es un reinicio. Sus presidentes han sido una serie de malos imitadores de Reagan desde 1980: Reagan empollón, Reagan con saxofón, Reagan tonto, Reagan negro, Make America Reagan Again, el cadáver embalsamado de Reagan, Make America Reagan Again, Again. Todo es un reinicio, desde su cine hasta su política.
La vida pública estadounidense es cada vez más un reality show televisivo controlado por productores invisibles, financiado por gigantescas corporaciones que se benefician pase lo que pase. No importa quién sea Presidente. Nadie es Presidente ahora.
2. DANAs y huracanes
Las diferencias en la gestión de desastres naturales entre un estado neoliberal y uno socialista.
La gestión neoliberal de la DANA en Valencia frente al espejo de la Defensa Civil de Cuba
Opinión 04/11/2024 David Rodríguez Fernández* – Cubainformación
El País Valencià está viviendo uno de los momentos más trágicos de su historia reciente tras el paso de la destructora DANA que se ha cobrado la vida de cientos de personas y ha dejado a miles de familias sin vivienda y sin acceso a los medios básicos de vida, bajo la sensación de abandono institucional. Ante este tipo de catástrofes naturales, el papel de las administraciones públicas es fundamental para minimizar los daños humanos y económicos, no solamente en la previsión y prevención en la fase de alerta, sino también en la atención directa a las víctimas durante y una vez finalizado el fenómeno meterológico.
En el caso de Valencia, epicentro de esta última DANA (aunque también ha afectado terriblemente a varias comunidades autónomas más), se ha evidenciado una cruda realidad: la negligencia absoluta en la fundamental fase preventiva y la incompetencia de las instituciones (autonómicas y estatales) para la atención y reconstruccion posterior. A todo ello se añade la inexistencia de un sistema fuerte y consolidado de protección civil con servicios especializados de atención a las víctimas, a pesar del desarrollo social y económico del país.
A esta inacción, descoordinación y falta de recursos se unieron las presiones realizadas por parte de las empresas a los trabajadores y las trabajadoras para acudir a los centros de trabajo a riesgo de su vida mientras la DANA estaba en pleno desarrollo, y las declaraciones insensibles de responsables políticos dirigidas a las familias de las víctimas mortales. Todo ello ha generado un ambiente de impotencia en la población y ha agravado las terribles consecuencias de la DANA, que tras los primeros días dejó una estampa apocalíptica.
Toda esta situación ha dejado al descubierto las politicas neoliberales que vacían las administraciones de recursos públicos y que privatizan aquello que da negocio. Ya son numerosas las voces que están exigiendo la dimisión del President de la Generalitat Valenciana Carlos Mazón (PP) y su equipo responsables por la mala gestión y la falta de atención, en un claro abandono de sus funciones como gestores públicos. ¿Cuántas vidas se habrían podido salvar si se hubieran activado las alertas a tiempo cuando se dieron las informaciones pertinentes por las instancias competentes? ¿Qué hubiera pasado si se hubiera actuado pensando en proteger a las personas aunque la economía de algunas empresas se parase unos días? ¿Por qué no se está actuando con todos los medios posibles propios y del Estado en lugar de hacer política de la tragedia entre administraciones? Se trata, en definitiva, de un modelo fallido producto de décadas de políticas económicas neoliberales en Europa que ha construido una élite política ajena a las necesidades de la mayoría social. En cuaquier circunstancia, deberán depurarse las responsabilidades políticas y penales correspondientes.
Una ola de solidaridad: solo el pueblo organizado salva al pueblo abandonado
Este vacío de poder ha sido cubierto por una movilización popular, en unos casos organizada por la sociedad civil y en otros más espontánea, que se ha convertido en un huracán de solidaridad mostrando el lado más empático y combativo del pueblo valenciano. Posteriormente, las administraciones han tratado de organizar este impulso solidario junto a la intervención pública que llegaba a cuenta gotas tanto de la Generalitat como del Estado, pero tambien ha generado grandes tensiones y contradicciones en su gestión, con medidas contradictorias y muy criticadas por el voluntariado como fue limitar el acceso a las poblaciones afectadas cuando las autoridades visitaban la zona cero, o enviarles a la limpiar empresas y centros comerciales mientras la población seguía desantendida y con necesidades urgentes de limpieza de casas y calles, de alimentación y agua, entre otras.
La Defensa Civil en Cuba: un modelo de protección civil del que aprender
Un modelo de actuación ante los fenómenos naturales devastadores completamente distinto es el Sistema de la Defensa Civil Cubano, no solo por su concepción y su estructura, centrado en proteger la vida antes que cualquier otra cosa, sino también por su gran solvencia y experiencia debido al paso frecuente de huracanes por la isla y a la solidaridad internacional que presta a otros países que sufren estos fenómenos devastadores.
El Sistema de Defensa Civil Cubano está integrado por todas las fuerzas y recursos de la sociedad y del Estado, con la función de proteger a las personas y sus bienes, la infraestructura social, la economía y los recursos naturales de los peligros de desastres, de las consecuencias del cambio climático y de la guerra. Está organizada en todo el territorio y se encarga de la organización y planificación de las acciones que comprende el ciclo de reducción de desastre.
Este Sistema, incipiente en los primeros años de la Revolucion Cubana, estructurado en la década de 1970 y mejorado con los años, tiene una gran pericia y experiencia para atender a la población, con un diseño de prevención (mitigación, manejo de eventos adversos divididos en una preparación y una alerta en varias fases) y de respuesta para la recuperación (tanto de rehabilitación como de reconstrucción).
Cuando se conoce la posibilidad de que se genere un fenómeno natural destructivo, la población recibe por todos los canales de comunicación una información detallada de la evolución de dicho evento metoreológico, así como se activa toda la sociedad civil para evitar daños mayores. En este sentido, se movilizan todos los recursos para evacuar a personas que residen en zonas vulnerables, se habilitan albergues, se resguarda el ganado, se protegen los bienes económicos, con la implicación de las autoridades administrativas municipales y provinciales, del ejército, de las organizaciones de masas como los CDR y la FMC, entre otras medidas.
Cuba aprobó en 2017 el Plan Estatal para el enfrentamiento al Cambio Climático, conocido como ‘Tarea Vida’, sustentado sobre una base científica multidisciplinaria, que da prioridad a 73 de los 168 municipios cubanos, 63 de ellos en zonas costeras y otros 10 en el interior del territorio, y que contempla cinco acciones estratégicas y once tareas dirigidas a contrarrestar las afectaciones en las zonas vulnerables.
Además, el país entero se prepara a tavés de un ejercicio llamado “Meteoro” que se realiza todos los años en la antesala de la época ciclónica para formar y entrenar a la población ante este tipo de acontecimientos devastadores.
Otro factor fundamental es la solidaridad vecinal y las brigadas de trabajadores y trabajadoras que se desplazan para apoyar la reconstrucción del sistema eléctrico, envío de enseres, alimentos. Incluso brigadas culturales se desplazan a las zonas afectadas para mostrar su apoyo espiritual y combatir la desesperanza. Esta solidaridad es un valor trabajado desde los inicios del triunfo de la Revolución que ha formado una sociedad empática que comparte lo que tiene, y que lo expresa en su resistencia diaria frente al bloqueo así como ante cualquier catástrofe colectiva o problema individual, con una larga experiencia que evita dejar a nadie desamparado. El último ejemplo se ha podido observar con el paso del huracán Oscar por el oriente del país caribeño hace tan solo unas semanas, que además se produjo en un contexto dificil de apagón total, con una crisis económica severa tras un bloqueo de décadas y recrudecido desde la pandemia para acá. El ciclón provocó múltiples daños materiales e incluso en esta ocasión hubo que lamentar 8 víctimas mortales. Pero las autoridades, encabezadas por el presidente del país y los dirigentes de la provincia y los municipios afectados, están desde el primer día en la zona y coordinando las acciones con la máxima prioridad.
Por otro lado, Cuba es reconocida mundialmente por su solidaridad internacional, especialmente en materia de salud. Posee una brigada especializada para actuar ante catástrofes naturales llamada Henry Reeve que ha demostrado su empeño y eficacia en epidemias como la del Ébola o pandamias como la del COVID19, o ante terremotos y huracanes por casi 20 años.
Cuba y la solidaridad
Las máximas autoridades de Cuba, encabezadas por su presidente Miguel Mario Díaz-Canel y el canciller Bruno Rodríguez, han mostrado públicamente y desde el primer momento su solidaridad con las personas afectadas por catástrofe provocada por la DANA en el estado español, con València en el epicentro. Son centenares los mensajes de apoyo que llegan desde la isla preocupándose por cómo está la población y cómo pueden ayudar. Son muestras sinceras que se hacen desde el conocimiento de causa tras una larga experiencia de vivencias ante huracanes.
En València y en las poblaciones del área metropolitana residen miles de cubanos y cubanas. Son centenares quienes han padecido los efectos de la DANA en primera persona (hasta la fecha sin tener que lamentar ninguna víctima) y están mostrando activamente su solidaridad junto al pueblo valenciano. Según expresaba en la red social X el Cónsul General de Cuba en Barcelona, Alejandro Castro Medina, quien atiende también el País Valencià, “le estamos trasladando que la Patria los contempla orgullosa por la solidaridad que están brindando a sus vecinos valencianos“.
Por su parte, las asociaciones de solidaridad con Cuba están acostumbradas a realizar trabajo voluntario para enviar contenedores de donaciones materiales para acompañar a Cuba en su resistencia frente al bloqueo de EEUU. Existe una red de asociaciones que coordina esfuerzos ingentes para financiar el flete, solicitar y gestionar las donaciones a instituciones y particulares, inventariar y preparar el material que luego se carga y se manda por vía marítima. Esa misma red se sumó a la respuesta ciudadana ante el COVID 19, y ahora ante el paso destructor de la DANA, también está ofreciendo sus manos y sus escasos recursos para el bien común, incluso poniendo a disposición materiales de donación previstos para enviar a Cuba y participando en el voluntariado.
Cuba vive cada día una DANA llamado bloqueo pero resiste, es solidaria y avanza
Este momento es una llamada a repensar nuestras prioridades y a colocar la vida y el bienestar de las personas por encima de cualquier otro interés. Son situaciones dramáticas que nos tiene que hacer aprender. Si Cuba es capaz de diseñar y aplicar una política coherente con la emergencia climática y ante las previsibles catástrofes naturales con resultados constatables mientras sufre las consecuencias de un bloqueo económico que lastra su desarrollo y afecta al pueblo en su día a día, ¿qué se podría hacer por parte de otros gobiernos del llamado primer mundo, con economías desarrolladas y sin bloqueo?.
Parece que no interesa que se conozca el ejemplo de la Cuba solidaria, todo un referente en la lucha contra las catástrofes, con una política transversal y de Estado, asumida como una tarea en defensa de una vida digna para el pueblo cubano. Pero también podría serlo para toda la Humanidad. ¿Cuántas muertes se hubieran podido evitar con la presencia de especialistas cubanos en materia de prevención y atención ante catástrofes, por ejemplo, en el enfrentamiento de la COVID19 en 2020? ¿Por qué se impidió que llegara al País Valencià y otros territorios del estado español una brigada de profesionales sanitarios del contingente Henry Reeve, expertos en este tipo de trabajo sociosanitario y comunitario, como si se hizo en Italia y Andorra? Fue una verdadera lástima ya que se hubieran salvado vidas y además se hubiera ganado en formación para futuras experiencias, como ahora ante la desgracia de la DANA. ¿Hasta cuándo se nos va a privar de la experiencia cubana?
* David Rodríguez Fernández es miembro de la Junta Directiva de la Asociación Valenciana de Amistad con Cuba José Martí y Miembro de Honor de la Fundación Nicolás Guillén de La Habana.
4 de noviembre de 2024
3. La intervención de Putin en Sochi
El presidente ruso intervino en la sesión plenaria de clausura del Club de Debate Valdai. Creo que vale la pena echarle un vistazo a su discurso, después de la reunión de Kazán y la elección de Trump, pues ofrece su visión geopolítica y vuelve a ofrecer un acuerdo con Occidente.
Reunión del Club de Debate Valdai
Vladímir Putin participó en la sesión plenaria de la 21st reunión anual de el Club Internacional de Debates Valdai.
7 de noviembre de 2024 23:50
Sochi
El tema de la reunión es Paz duradera sobre ¿Qué bases? Seguridad común e igualdad de oportunidades para el desarrollo en el siglo 21st.
Director de Investigación de la Fundación para el Desarrollo y el Apoyo de el Club Internacional de Debate Valdai Fyodor Lukyanov: ¡Señoras y señores, invitados, amigos, participantes de la reunión del Club de Debate Valdai!
Estamos comenzando la sesión plenaria de la 21st reunión anual de el Club Internacional de Discusión Valdai. Hemos pasado cuatro días maravillosos llenos de discusiones y ahora podemos intentar resumir algunos de los resultados.
Me gustaría invitar al Presidente de la Federación Rusa Vladimir Putin a la tribuna.
Presidente de Rusia Vladimir Putin: Gracias. Muchas gracias.
Buenas tardes, señoras y señores, amigos,
Es un placer darles la bienvenida a todos ustedes a nuestra tradicional reunión. En primer lugar, me gustaría darles las gracias por participar en los agudos y sustanciosos debates del Club Valdai. Nos reunimos el 7 de noviembre, que es una fecha importante tanto para Rusia como para el mundo entero. La Revolución Rusa de 1917, al igual que la Revolución Holandesa, la Revolución Inglesa y la Gran Revolución Francesa en su tiempo, se convirtieron, en cierta medida, en hitos en el camino del desarrollo de Rusia; el camino de desarrollo de la humanidad y determinaron en gran medida el curso de la historia, la naturaleza de la política, la diplomacia, las economías y la estructura social.
También estamos destinados a vivir en una era de cambios fundamentales, incluso revolucionarios, y no sólo a comprender, sino también participar . El Club Valdai tiene ya 20 años, casi la misma edad que nuestro siglo. Por cierto, en casos como éste se suele decir que el tiempo pasa volando, pero no en este caso. Estas dos décadas han estado más que repletas de los acontecimientos más importantes, a veces dramáticos, de escala verdaderamente histórica. Asistimos a la formación de un orden mundial completamente nuevo, nada que ver con lo que tuvimos en el pasado, como los sistemas de Westfalia o de Yalta.
Surgen nuevas potencias. Las naciones son cada vez más conscientes de sus intereses, su valor, su singularidad y su identidad, y cada vez insisten más en perseguir los objetivos del desarrollo y la justicia. Al mismo tiempo, las sociedades se enfrentan a multitud de nuevos retos, desde apasionantes cambios tecnológicos a catastróficas catástrofes naturales, desde escandalosas divisiones sociales a oleadas migratorias masivas y agudas crisis económicas.
Los expertos hablan de la amenaza de nuevos conflictos regionales, de epidemias globales, de aspectos éticos complejos y controvertidos de la interacción entre los seres humanos y la inteligencia artificial, de cómo se concilian las tradiciones y el progreso.
Usted y yo predijimos algunos de estos problemas cuando nos conocimos antes e incluso los discutimos en detalle en las reuniones del Club Valdai. Instintivamente anticipamos algunos de ellos, esperando lo mejor pero sin excluir el peor escenario.
Algo, por el contrario, se convirtió en una completa sorpresa para todos. En efecto, la dinámica es muy intensa. De hecho, el mundo moderno es imprevisible. Si echamos la vista atrás 20 años y evaluamos la magnitud de los cambios, y luego proyectamos estos cambios sobre los años venideros, podemos suponer que los próximos veinte años no serán menos, si no más difíciles. Y cuánto más difíciles serán, depende de la multitud de factores. Según tengo entendido, ustedes se reúnen en el Club Valdai precisamente para analizar todos estos factores e intentar hacer algunas predicciones, algunos pronósticos.
Llega, en cierto modo, la hora de la verdad. El antiguo orden mundial está desapareciendo irreversiblemente, en realidad ya ha desaparecido, y se está desarrollando una lucha seria e irreconciliable por el desarrollo de un nuevo orden mundial. Es irreconciliable, sobre todo, porque ni siquiera se trata de una lucha por el poder o la influencia geopolítica. Es un choque de los principios mismos que subyacerán a las relaciones de los países y los pueblos en la próxima etapa histórica. Su resultado determinará si seremos capaces, mediante esfuerzos conjuntos, de construir un mundo que permita a todas las naciones desarrollarse y resolver las contradicciones emergentes sobre la base del respeto mutuo de culturas y civilizaciones, sin coerción ni uso de la fuerza. Y por último, si la sociedad humana será capaz de conservar sus principios éticos humanistas, y si el individuo podrá seguir siendo humano.
A primera vista, podría parecer que no hay alternativa. Sin embargo, lamentablemente, la hay. Es la inmersión de la humanidad en las profundidades de la anarquía agresiva, las escisiones internas y externas, la erosión de los valores tradicionales, la aparición de nuevas formas de tiranía y la renuncia real a los principios clásicos de la democracia, junto con los derechos y libertades fundamentales. Cada vez con más frecuencia, la democracia no se interpreta como el gobierno de la mayoría, sino de la minoría. La democracia tradicional y el gobierno del pueblo se están contraponiendo a una noción abstracta de libertad, en aras de la cual, como sostienen algunos, se pueden despreciar o sacrificar los procedimientos democráticos, las elecciones, la opinión mayoritaria, la libertad de expresión y unos medios de comunicación imparciales.
El peligro reside en la imposición de ideologías totalitarias y en convertirlas en la norma, como ejemplifica el estado actual del liberalismo occidental. Este liberalismo occidental moderno, en mi opinión, ha degenerado en una intolerancia y una agresividad extremas hacia cualquier pensamiento alternativo o soberano e independiente. Hoy en día, incluso pretende justificar el neonazismo, el terrorismo, el racismo e incluso el genocidio masivo de civiles.
Además, existen conflictos y enfrentamientos internacionales cargados del peligro de la destrucción mutua. Las armas que pueden causarla existen y se perfeccionan constantemente, adoptando nuevas formas a medida que avanzan las tecnologías. El número de naciones que poseen este tipo de armas es cada vez mayor y nadie puede garantizar que no se vayan a utilizar, sobre todo si las amenazas se multiplican progresivamente y las normas jurídicas y morales acaban por hacerse añicos.
Ya he afirmado anteriormente que hemos llegado a unas líneas rojas. Los llamamientos de Occidente a infligir una derrota estratégica a Rusia, una nación con el mayor arsenal de armas nucleares, revelan el temerario aventurerismo de ciertos políticos occidentales. Semejante fe ciega en su propia impunidad y excepcionalismo podría conducir a una catástrofe mundial. Mientras tanto, los antiguos hegemones, acostumbrados a gobernar el mundo desde la época colonial, se asombran cada vez más de que ya no se atiendan sus órdenes. Los esfuerzos por aferrarse a su menguante poder mediante la fuerza sólo dan como resultado una inestabilidad generalizada y más tensiones, lo que provoca víctimas y destrucción. Sin embargo, estos esfuerzos no logran el resultado deseado de mantener un poder absoluto e indiscutible. Pues la marcha de la historia no puede detenerse.
En lugar de reconocer la futilidad de sus ambiciones y la naturaleza objetiva del cambio, ciertas élites occidentales parecen dispuestas a llegar hasta donde sea para frustrar el desarrollo de un nuevo sistema internacional que se alinee con los intereses de la mayoría global. En las políticas recientes de Estados Unidos y sus aliados, por ejemplo, se ha hecho cada vez más evidente el principio de «¡No pertenecerás a nadie!» o «O estás con nosotros o contra nosotros». Quiero decir que semejante fórmula es muy peligrosa. Al fin y al cabo, como dice el refrán de nuestro país y de muchos otros: «Lo que va, vuelve».
El caos, una crisis sistémica ya se está agravando en las mismas naciones que intentan aplicar tales estrategias. La búsqueda de la exclusividad, del mesianismo liberal y globalista y del monopolio ideológico, militar y político está agotando sin cesar a los países que siguen estos caminos, empujando al mundo hacia la decadencia y contradiciendo flagrantemente los auténticos intereses de los pueblos de Estados Unidos y de los países europeos.
Confío en que tarde o temprano Occidente llegue a darse cuenta de ello. Históricamente, sus grandes logros siempre se han basado en un enfoque pragmático y lúcido basado en una evaluación dura, a veces cínica pero racional, de las circunstancias y de sus propias capacidades.
En este contexto, quiero insistir una vez más: a diferencia de nuestros homólogos, Rusia no ve a la civilización occidental como un adversario, ni plantea la cuestión de «nosotros o ellos». Lo reitero: «O estás con nosotros o contra nosotros» no forma parte de nuestro vocabulario. No tenemos ningún deseo de aleccionar a nadie ni de imponer a nadie nuestra visión del mundo. Nuestra postura es abierta y es la siguiente.
Es cierto que Occidente ha acumulado importantes recursos humanos, intelectuales, culturales y materiales que le permiten prosperar como uno de los elementos clave del sistema mundial. Sin embargo, es precisamente «uno de» junto a otras naciones y grupos que avanzan rápidamente. La hegemonía en el nuevo orden internacional no es una consideración. Cuando, por ejemplo, Washington y otras capitales occidentales comprendan y reconozcan este hecho incontrovertible, el proceso de construcción de un sistema mundial que aborde los retos del futuro entrará por fin en la fase de auténtica creación. Si Dios quiere, esto debería ocurrir lo antes posible. Es de interés común, especialmente para el propio Occidente.
Hasta ahora, nosotros -es decir, todos los interesados en crear un mundo justo y estable- hemos estado empleando demasiada energía en resistir las actividades destructivas de nuestros oponentes, que se aferran a su monopolio. Esto es obvio, y todos en Occidente, Oriente, Sur y en todas partes son conscientes de ello. Están intentando preservar su poder y su monopolio, lo cual es obvio.
Estos esfuerzos podrían dirigirse con resultados mucho mejores a abordar los problemas comunes que preocupan a todos, desde la demografía y la desigualdad social hasta el cambio climático, la seguridad alimentaria, la medicina y las nuevas tecnologías. Ahí es donde deberíamos centrar nuestra energía, y eso es lo que todos nosotros deberíamos hacer.
Hoy me tomaré la libertad de hacer algunas digresiones filosóficas. Al fin y al cabo, esto es un club de debate, y espero que estas digresiones estén en el espíritu de las discusiones que hemos venido manteniendo aquí.
Como ya he dicho, el mundo está cambiando de forma radical e irreversible. A diferencia de las versiones anteriores del orden mundial, el nuevo mundo se caracteriza por la combinación o existencia paralela de dos elementos aparentemente incompatibles: un potencial de conflicto en rápido crecimiento y la fragmentación de las esferas política, económica y jurídica, por un lado, y la continua y estrecha interconexión del espacio global en su conjunto, por otro. Esto puede sonar paradójico. Nos hemos acostumbrado a que estas tendencias se sucedan y sustituyan unas a otras. Durante siglos, las épocas de conflictos y división fueron seguidas de periodos más favorables de interacción. Esta es la dinámica del desarrollo histórico.
Resulta que este principio ya no se aplica. Reflexionemos sobre ello. Los conflictos violentos, conceptuales y altamente emocionales complican enormemente el desarrollo global, pero no lo detienen. Surgen nuevos vínculos de interacción en lugar de los destruidos por decisiones políticas o incluso métodos militares. Estos nuevos vínculos pueden ser mucho más complicados y a veces enrevesados, pero ayudan a mantener los lazos económicos y sociales.
Aquí podemos hablar por experiencia. Recientemente, el Occidente colectivo -el llamado Occidente colectivo- hizo un intento sin precedentes de desterrar a Rusia de los asuntos mundiales y de los sistemas económicos y políticos internacionales. El número de sanciones y medidas punitivas aplicadas contra nuestro país no tiene análogos en la historia. Nuestros adversarios supusieron que infligirían una aplastante derrota, asestando un golpe de gracia a Rusia del que nunca se recuperaría, dejando así de ser uno de los elementos permanentes de la comunidad internacional.
Creo que no es necesario recordarles lo que realmente ocurrió. El mero hecho de que esta conferencia de Valdai, que este año conmemora un aniversario importante, haya atraído a un público de tan alto nivel habla por sí solo, creo yo. Valdai es sólo un ejemplo. Acaba de poner en perspectiva la realidad en la que vivimos, en la que existe Rusia. La verdad es que el mundo necesita a Rusia, y ninguna decisión tomada por cualquier individuo en Washington o Bruselas que crea que otros deben acatar sus órdenes puede cambiar esto.
Lo mismo puede decirse de otras decisiones. Ni siquiera un nadador entrenado irá muy lejos contracorriente, independientemente de los trucos o incluso del dopaje que pueda utilizar. La corriente de la política global, la corriente dominante, se dirige desde el mundo hegemónico que se desmorona hacia la creciente diversidad, mientras que Occidente intenta nadar contracorriente. Esto es obvio; como se suele decir, no hay premio por adivinarlo. Simplemente, es así de claro.
Volvamos a la dialéctica de la historia, a la alternancia de periodos de conflicto y cooperación. ¿Realmente ha cambiado tanto el mundo que esta teoría ya no es aplicable? Intentemos observar lo que ocurre hoy en día desde un ángulo ligeramente diferente: ¿cuál es la esencia del conflicto y quién está implicado en él en la actualidad?
Desde mediados del siglo pasado, cuando el nazismo -la ideología más maliciosa y agresiva, producto de encarnizadas controversias en la primera mitad del sigloXX- fue derrotado mediante una acción oportuna y a costa de tremendas pérdidas, la humanidad se enfrentó a la tarea de evitar el resurgimiento de este mal y una reaparición de las guerras mundiales. A pesar de todos los zigzags y escaramuzas locales, el vector general quedó definido en aquel momento. Se trataba de un rechazo total de todas las formas de racismo, del desmantelamiento del sistema colonial clásico y de la inclusión de un mayor número de participantes de pleno derecho en la política internacional. Había una demanda evidente de apertura y democracia en el sistema internacional, junto con un rápido crecimiento en diferentes países y regiones, y la aparición de nuevos enfoques tecnológicos y socioeconómicos destinados a ampliar las oportunidades de desarrollo y alcanzar la prosperidad. Como cualquier otro proceso histórico, esto dio lugar a un choque de intereses. Sin embargo, el deseo general de armonía y desarrollo en todos los aspectos de este concepto era evidente.
Nuestro país, entonces llamado Unión Soviética, contribuyó en gran medida a consolidar estas tendencias. La Unión Soviética ayudó a los Estados que habían renunciado a la dependencia colonial o neocolonial, ya fuera en África, el Sudeste Asiático, Oriente Próximo o América Latina. Me gustaría subrayar que, a mediados de los años ochenta, fue la Unión Soviética la que pidió el fin de la confrontación ideológica, la superación del legado de la Guerra Fría, el fin de la Guerra Fría y de su herencia, y la eliminación de las barreras que obstaculizaban la unidad global y el desarrollo mundial integral.
Sí, nuestra actitud hacia ese periodo es complicada, a la luz de las consecuencias de las políticas de la dirección política nacional. Tenemos que hacer frente a ciertas consecuencias trágicas, y todavía estamos luchando contra ellas. Quisiera destacar los impulsos injustificadamente idealistas de nuestros dirigentes y de nuestra nación, así como sus planteamientos a veces ingenuos, como podemos comprobar hoy. Sin duda, esto estaba motivado por sinceras aspiraciones de paz y bienestar universal. En realidad, esto refleja un rasgo destacado de la mentalidad de nuestra nación, sus tradiciones, valores y coordenadas espirituales y morales.
Pero, ¿por qué estas aspiraciones condujeron a resultados diametralmente opuestos? Esta es una pregunta importante. Conocemos la respuesta, y la he mencionado en repetidas ocasiones, de un modo u otro. La otra parte de la confrontación ideológica percibió esos acontecimientos históricos como su triunfo y su victoria, considerándolos como la rendición de nuestro país ante Occidente y como una oportunidad y el derecho del vencedor a establecer un dominio completo, en lugar de como una oportunidad para reconstruir el mundo sobre la base de conceptos y principios nuevos y equitativos.
Ya mencioné esto hace algún tiempo y ahora me referiré a ello brevemente, sin mencionar nombres. A mediados de los noventa e incluso a finales de los noventa, un político estadounidense comentó que, a partir de ese momento, tratarían a Rusia no como a un adversario derrotado sino como a una herramienta contundente en sus propias manos. Ése era el principio por el que se guiaban. Carecían de amplitud de miras y de una conciencia cultural y política global; no comprendían la situación ni entendían a Rusia. Al distorsionar los resultados de la Guerra Fría para adaptarlos a sus intereses y remodelar el mundo según sus ideas, Occidente hizo gala de una codicia geopolítica flagrante y sin precedentes. Éstos son los verdaderos orígenes de los conflictos de nuestra era histórica, empezando por las tragedias de Yugoslavia, Irak, Libia y ahora Ucrania y Oriente Próximo.
Algunas élites occidentales pensaron que su monopolio y el momento de la unipolaridad en el sentido ideológico, económico, político y en parte incluso militar-estratégico eran el punto de llegada. Aquí estamos. Deténgase y disfrute del momento. Este es el fin de la historia, como anunciaron arrogantemente.
No necesito decir a este público lo miope e inexacta que era esa suposición. La historia no ha terminado. Al contrario, ha entrado en una nueva fase. Y la razón no es que algunos adversarios malintencionados, rivales o elementos subversivos impidieran a Occidente establecer su sistema de poder mundial.
A decir verdad, tras el colapso de la Unión Soviética como alternativa socialista soviética, muchos pensaron que el sistema monopolista había llegado para quedarse, casi para toda la eternidad, y que debían adaptarse a él. Pero ese sistema empezó a tambalearse por sí solo, bajo el peso de las ambiciones y la codicia de esas élites occidentales. Cuando vieron que otras naciones se volvían prósperas y asumían el liderazgo en el sistema que habían creado para satisfacer sus necesidades -debemos admitir que las naciones victoriosas crearon el sistema de Yalta para satisfacer sus propias necesidades después de la Segunda Guerra Mundial y más tarde, después de la Guerra Fría, los que pensaban que habían ganado la Guerra Fría empezaron a ajustarlo para satisfacer sus propias necesidades-, así que, cuando vieron que aparecían otros líderes en el marco del sistema que habían creado para satisfacer sus propias necesidades, inmediatamente intentaron ajustarlo, violando en el proceso las mismas reglas que defendían el día anterior y cambiando las reglas que ellos mismos habían establecido.
¿A qué conflicto asistimos hoy? Estoy seguro de que no es un conflicto de todos contra todos causado por una digresión de las reglas que Occidente nos sigue contando. En absoluto. Se trata de un conflicto entre la inmensa mayoría de la población mundial, que desea vivir y desarrollarse en un mundo interconectado y lleno de oportunidades, y la minoría mundial, cuya única preocupación, como ya he dicho, es la conservación de su dominio. Para lograr este objetivo, están dispuestos a destruir los logros que son el resultado de un largo periodo de movimiento hacia un sistema global común. Como vemos, no lo están consiguiendo y no lo conseguirán.
Al mismo tiempo, Occidente intenta persuadirnos hipócritamente de que los logros por los que se ha esforzado la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial están en peligro. Esto no es así en absoluto, como acabo de señalar. Tanto Rusia como la inmensa mayoría de las naciones se han comprometido a reforzar el espíritu de avance internacional y las aspiraciones a una paz duradera que han sido fundamentales para el desarrollo desde mediados del siglo XX.
Lo que realmente está en juego es algo muy distinto. Lo que está en juego es el monopolio de Occidente, que surgió tras el colapso de la Unión Soviética y se mantuvo temporalmente a finales delsiglo XX. Pero permítanme reiterar, como entienden los aquí reunidos: todo monopolio, como nos enseña la historia, acaba llegando a su fin. No puede haber ilusiones al respecto. El monopolio es invariablemente perjudicial, incluso para los propios monopolistas.
Las políticas de las élites dentro del Occidente colectivo pueden ser influyentes, pero dado el número limitado de miembros de este club exclusivo, no tienen visión de futuro ni son creativas, sino que se centran en mantener el statu quo. Cualquier aficionado a los deportes, por no hablar de los profesionales del fútbol, el hockey o las artes marciales, sabe que una estrategia de mantenimiento conduce casi invariablemente a la derrota.
Volviendo a la dialéctica de la historia, podemos afirmar que la coexistencia del conflicto y la búsqueda de la armonía es inherentemente inestable. Las contradicciones de nuestra época deben resolverse finalmente mediante la síntesis, pasando a una nueva calidad. Al embarcarnos en esta nueva fase de desarrollo, construyendo una nueva arquitectura global, es crucial que todos evitemos repetir los errores de finales del siglo XX cuando, como he afirmado anteriormente, Occidente intentó imponer su, en mi opinión, profundamente defectuoso modelo de repliegue de la Guerra Fría, cargado de potencial para nuevos conflictos.
En el mundo multipolar emergente, no debe haber naciones ni pueblos que queden como perdedores o que se sientan agraviados y humillados. Sólo entonces podremos garantizar unas condiciones verdaderamente sostenibles para un desarrollo universal, equitativo y seguro. El deseo de cooperación e interacción prevalece sin duda, superando incluso las situaciones más agudas. Esto representa la corriente principal internacional, el curso vertebrador de los acontecimientos.
Por supuesto, al encontrarnos en el epicentro de los cambios tectónicos provocados por las profundas transformaciones del sistema mundial, resulta difícil predecir el futuro. Sin embargo, comprender la trayectoria general -de la hegemonía a un mundo complejo de cooperación multilateral- nos permite intentar esbozar al menos algunos de los contornos pendientes.
Durante mi intervención en el Foro de Valdai del año pasado, me aventuré a delinear seis principios que, a nuestro juicio, deberían sustentar las relaciones a medida que nos embarcamos en una nueva fase de progresión histórica. Estoy persuadido de que los acontecimientos que se han desarrollado y el paso del tiempo no han hecho sino corroborar la justicia y la validez de las propuestas que avanzamos. Permítanme que exponga estos principios.
En primer lugar, la apertura a la interacción se erige como el valor supremo apreciado por la inmensa mayoría de las naciones y los pueblos. El empeño en construir barreras artificiales no sólo es erróneo porque impide una progresión económica normal y ventajosa para todos, sino también porque resulta especialmente peligroso en medio de catástrofes naturales y agitaciones sociopolíticas que, por desgracia, son demasiado frecuentes en los asuntos internacionales.
Para ilustrarlo, consideremos el escenario que se desarrolló el año pasado tras el devastador terremoto de Asia Menor. Por razones puramente políticas, se obstaculizó la ayuda al pueblo sirio, lo que provocó que ciertas regiones se llevaran la peor parte de la calamidad. Estos casos de intereses egoístas y oportunistas que frustran la búsqueda del bien común no son aislados.
El entorno sin barreras al que aludí el año pasado es indispensable no sólo para la prosperidad económica, sino también para hacer frente a las graves exigencias humanitarias. Además, a medida que nos enfrentamos a nuevos retos, incluidas las ramificaciones de los rápidos avances tecnológicos, es imperativo que la humanidad consolide sus esfuerzos intelectuales. Resulta revelador que quienes ahora se erigen como los principales adversarios de la apertura sean los mismos individuos que, hasta hace poco, ensalzaban sus virtudes con gran fervor.
En la actualidad, estas mismas fuerzas e individuos se esfuerzan por esgrimir las restricciones como herramienta de presión contra los disidentes. Esta táctica resultará inútil, por la misma razón por la que la gran mayoría mundial aboga por una apertura desprovista de politización.
En segundo lugar, hemos subrayado constantemente la diversidad del mundo como requisito previo para su sostenibilidad. Puede parecer paradójico, ya que una mayor diversidad complica la construcción de una narrativa unificada. Naturalmente, se supone que las normas universales ayudan en este sentido. ¿Pueden cumplir este papel? Es lógico que se trate de una tarea formidable y complicada. En primer lugar, debemos evitar un escenario en el que el modelo de un país o de un segmento relativamente diminuto de la humanidad se presuma universal y se imponga a los demás. En segundo lugar, es insostenible adoptar cualquier código convencional, aunque se haya desarrollado democráticamente, y dictarlo como una verdad infalible a los demás a perpetuidad.
La comunidad internacional es una entidad viva, cuya diversidad civilizatoria la hace única y le confiere un valor inherente. El derecho internacional es producto de acuerdos ni siquiera entre países, sino entre naciones, porque la conciencia jurídica es parte integrante de cada cultura única y de cada civilización. La crisis del derecho internacional, que hoy es objeto de un amplio debate público, es, en cierto sentido, una crisis de crecimiento.
El ascenso de naciones y culturas que anteriormente habían permanecido en la periferia de la política mundial por una u otra razón significa que sus propias ideas diferenciadas sobre el derecho y la justicia desempeñan un papel cada vez más importante. Son diversas. Esto puede dar la impresión de discordia y quizá de cacofonía, pero se trata sólo de la fase inicial. Tengo la profunda convicción de que el único nuevo sistema internacional posible es el que adopta la polifonía, en el que muchos tonos y muchos temas musicales suenan juntos para formar la armonía. Si lo prefiere, estamos avanzando hacia un sistema mundial que va a ser polifónico en lugar de policéntrico, uno en el que todas las voces se oigan y, lo que es más importante, que se oigan absolutamente. Quienes estén acostumbrados a los solos y quieran seguir así, tendrán que acostumbrarse ahora a las nuevas «partituras».
¿He mencionado el derecho internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial? Este derecho internacional se basa en la Carta de las Naciones Unidas, redactada por los países victoriosos. Pero el mundo está cambiando: están surgiendo nuevos centros de poder y las economías poderosas crecen y pasan a primer plano. Eso exige, como es previsible, un cambio también en la normativa legal. Por supuesto, esto debe hacerse con cuidado, pero es inevitable. La ley refleja la vida, no al revés.
En tercer lugar, hemos dicho más de una vez que el nuevo mundo sólo puede desarrollarse con éxito mediante la inclusión más amplia. La experiencia de las dos últimas décadas ha demostrado claramente a qué conduce la usurpación, cuando alguien se arroga el derecho de hablar y actuar en nombre de los demás.
Los países que suelen denominarse grandes potencias han llegado a creer que tienen derecho a dictar a los demás cuáles son sus intereses; de hecho, a definir los intereses nacionales de los demás basándose en los suyos propios. Esto no sólo viola los principios de la democracia y la justicia, sino que, lo que es peor, obstaculiza una solución real a los problemas que se plantean.
En su propia diversidad, el mundo emergente está destinado a ser cualquier cosa menos sencillo. Cuantos más participantes de pleno derecho intervengan en este proceso, más difícil será encontrar una solución óptima que satisfaga a todas las partes. Sin embargo, una vez alcanzada dicha solución, existe la esperanza de que sea sostenible y duradera. Esto, a su vez, nos permite prescindir de la arrogancia y de las políticas impulsivas de chancleta, fomentando en su lugar procesos políticos que sean a la vez significativos y racionales, guiados por el principio de adecuación razonable. Por lo general, este principio está recogido en la Carta de la ONU y en el Consejo de Seguridad.
¿Qué es el derecho de veto? ¿Qué finalidad tiene? Existe para impedir la adopción de decisiones que no convienen a los actores de la escena internacional. ¿Es beneficioso o perjudicial? Algunos pueden percibirlo como perjudicial, ya que permite a una de las partes obstaculizar la toma de decisiones. Sin embargo, es beneficioso en la medida en que impide la aprobación de decisiones que son inaceptables para ciertas partes. ¿Qué implica? ¿Qué significa esta estipulación? Nos insta a entrar en la cámara de negociaciones y llegar a un consenso. Esa es su esencia.
A medida que el mundo transita hacia una realidad multipolar, debemos desarrollar mecanismos para ampliar la aplicación de tales principios. En cada caso, las decisiones no sólo deben ser colectivas, sino que también deben implicar a aquellos participantes capaces de hacer una contribución significativa y significativa a la resolución de las cuestiones en cuestión. Estos son principalmente los actores con un interés personal en encontrar una resolución positiva, ya que su seguridad futura – y, en consecuencia, su prosperidad – depende de ello.
Existen innumerables ejemplos en los que contradicciones complejas pero solucionables entre países y pueblos vecinos han escalado hasta convertirse en conflictos endémicos e insolubles debido a las maniobras y a la flagrante injerencia de fuerzas externas que, en esencia, son indiferentes a la suerte de los participantes en el conflicto, independientemente del derramamiento de sangre o de las bajas infligidas. Los que intervienen en el exterior lo hacen por puro interés propio, sin asumir ninguna responsabilidad.
Además, creo que las organizaciones regionales asumirán un papel importante en el futuro, ya que las naciones vecinas, independientemente de la complejidad de sus relaciones, están invariablemente unidas por un interés compartido en la estabilidad y la seguridad. Para ellos, los compromisos son indispensables para lograr unas condiciones óptimas para su propio desarrollo.
A continuación, el principio clave de la seguridad para todos sin excepción es que la seguridad de una nación no puede garantizarse a expensas de la seguridad de las demás. No estoy diciendo nada nuevo. Se ha establecido en los documentos de la OSCE. Sólo tenemos que ponerlos en práctica.
La política de bloques y el legado de la época colonial de la Guerra Fría son contrarios a la esencia del nuevo sistema internacional, que es abierto y flexible. Sólo hay un bloque en el mundo que se mantiene unido por las llamadas obligaciones y los estrictos dogmas y clichés ideológicos. Se trata de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que continúa su expansión hacia Europa del Este y ahora intenta extender sus planteamientos a otras partes del mundo, en contra de sus propios documentos estatutarios. Es un anacronismo abierto.
Hemos hablado en muchas ocasiones del papel destructivo que seguía desempeñando la OTAN, especialmente tras la disolución de la Unión Soviética y de la Organización del Tratado de Varsovia, cuando parecía que la alianza había perdido su razón de ser formalmente declarada y el sentido de su existencia. Creo que Estados Unidos reconoció que este instrumento se estaba volviendo poco atractivo y redundante, pero necesitaba el bloque y lo sigue necesitando para ejercer el mando en la zona de su influencia. Por eso necesitan los conflictos.
Sabe, incluso antes de que comenzaran los agudos conflictos actuales, muchos dirigentes europeos me decían: «¿Por qué intentan asustarnos con ustedes? No estamos asustados y no vemos ninguna amenaza». Se trata de una cita exacta, ¿lo ve? Creo que Estados Unidos también era consciente de ello o lo intuía, y consideraba a la OTAN como una organización de importancia secundaria. Créame, sé de lo que hablo. Sin embargo, sus expertos sabían que necesitaban a la OTAN. ¿Cómo podían mantener su valor y atractivo? Necesitaban asustar a todo el mundo y dividir a Rusia y a Europa, especialmente a Rusia y a Alemania y Francia, mediante conflictos. Por eso empujaron la situación hacia un golpe de Estado en Ucrania y hacia hostilidades en sus regiones sudorientales, en Donbass. Simplemente nos obligaron a responder y, en este sentido, han logrado su objetivo. En mi opinión, lo mismo está ocurriendo ahora en Asia y en la península de Corea.
En realidad, vemos que la minoría global está preservando y reforzando su bloque militar para mantener su poder. Sin embargo, incluso los propios países del bloque ven y comprenden que el duro dictado del Gran Hermano no ayuda a alcanzar los objetivos a los que se enfrentan. Además, estas aspiraciones son contrarias a los intereses del resto del mundo. Cooperar con los países que pueden beneficiarle y desarrollar lazos de asociación con los que están interesados en ello es una prioridad clara para la mayoría de los países del mundo.
Es obvio que los bloques político-militares e ideológicos son otra forma de obstáculos creados para impedir el desarrollo natural de un sistema internacional multipolar. Me gustaría señalar que la noción de un juego de suma cero, en el que sólo un bando gana y todos los demás pierden al final, es una creación política occidental. Durante el periodo de dominación occidental, este enfoque se impuso a todo el mundo como un enfoque universal, pero dista mucho de ser universal y no siempre es eficaz.
La filosofía oriental, con la que muchos de los aquí presentes están profundamente familiarizados -quizás incluso más que yo-, adopta un enfoque fundamentalmente diferente. Busca la armonía de intereses, aspirando a que todos alcancen sus objetivos esenciales sin comprometer los intereses de los demás, el principio de «yo gano, y tú también ganas». Todas las etnias de Rusia, a lo largo de la historia, siempre que han podido, han hecho hincapié de forma similar en que la prioridad no es imponer los puntos de vista propios a cualquier precio, sino persuadir y fomentar una asociación genuina y una cooperación igualitaria.
Nuestra historia, incluida la historia de nuestra diplomacia nacional, ha demostrado repetidamente los valores del honor, la nobleza, la pacificación y la clemencia. Basta recordar el papel de Rusia en la configuración del orden en Europa tras las guerras napoleónicas. Soy consciente de que algunas personas allí lo interpretan, hasta cierto punto, como un esfuerzo por preservar la monarquía, etcétera. Pero esa no es la cuestión ahora. Me refiero más bien al enfoque más amplio adoptado para abordar estos retos.
La comunidad emergente en el marco de los BRICS sirve de prototipo para unas relaciones nuevas, libres y sin bloqueos entre Estados y pueblos. Esto también pone de relieve que incluso algunos miembros de la OTAN, como usted sabe, están interesados en una cooperación más estrecha con los BRICS. Es probable que otros países también se planteen una colaboración más profunda con el BRICS en el futuro.
Este año, nuestro país ocupó la presidencia del grupo, que culminó en una reciente cumbre en Kazán. No puedo negar que construir un enfoque unificado entre muchos países, cada uno con intereses distintos, es una tarea difícil. Los diplomáticos y funcionarios gubernamentales tuvieron que invertir un esfuerzo considerable, emplear tacto y practicar activamente la escucha mutua para alcanzar el resultado deseado. Esto requirió una dedicación significativa, pero fomentó un espíritu único de cooperación basado no en la coerción, sino en el entendimiento mutuo.
Confiamos en que los BRICS sirvan de sólido ejemplo de cooperación genuinamente constructiva en el cambiante panorama internacional actual. Además, las plataformas de los BRICS -en las que se reúnen empresarios, científicos e intelectuales de nuestros países- pueden convertirse en espacios de profundas reflexiones filosóficas y fundacionales sobre los actuales procesos de desarrollo mundial. Este enfoque abarca las características únicas de cada civilización, incluyendo su cultura, historia e identidades tradicionales.
El futuro sistema de seguridad euroasiático, que ahora empieza a tomar forma en nuestro vasto continente, se basa en un espíritu de respeto y consideración mutua de intereses. Este enfoque no sólo es genuinamente multilateral sino también multifacético. Hoy en día, la seguridad es una noción compleja que abarca algo más que las dimensiones militar y política; no puede lograrse sin el desarrollo socioeconómico y la resiliencia de los Estados frente a toda una serie de desafíos, desde los naturales hasta los provocados por el hombre. Este concepto de seguridad abarca tanto el ámbito físico como el digital, incluido el ciberespacio y más allá.
Mi quinto punto se refiere a la justicia para todos. La desigualdad es el verdadero azote del mundo moderno. Los países se enfrentan a tensiones sociales e inestabilidad política dentro de sus fronteras debido a la desigualdad, mientras que en la escena internacional la brecha de desarrollo que separa a los llamados Mil Millones de Oro del resto de la humanidad no sólo puede dar lugar a más diferencias y enfrentamientos políticos, sino que también, y lo que es aún más importante, exacerba los problemas relacionados con la migración.
Apenas existe un país desarrollado en este planeta que no se haya enfrentado a una afluencia cada vez más incontrolada e inmanejable de personas que buscan mejorar su bienestar, su estatus social y tener un futuro. Algunos de ellos simplemente intentan sobrevivir.
En las sociedades más ricas, estos flujos migratorios incontrolados alimentan a su vez la xenofobia y la intolerancia hacia los inmigrantes, creando una espiral de malestar social y político y elevando el nivel de agresividad.
Hay muchas razones para explicar por qué muchos países y sociedades se han ido quedando atrás en cuanto a su desarrollo social y económico. Por supuesto, no existe una cura mágica para este mal. Requiere un esfuerzo a largo plazo y que abarque todo el sistema, empezando por la creación de las condiciones necesarias para eliminar las barreras artificiales al desarrollo motivadas políticamente.
Los intentos de militarizar la economía, sea cual sea el objetivo, perjudican a todos, siendo los más vulnerables -las personas y los países necesitados de ayuda- los primeros en sufrir las consecuencias.
Estamos seguros de que cuestiones como la seguridad alimentaria, la seguridad energética, el acceso a la sanidad y a la educación y, por último, la circulación ordenada y libre de las personas no deben verse afectadas por ningún conflicto o disputa. Se trata de derechos humanos fundamentales.
Mi sexto punto es que sigamos insistiendo en que la igualdad soberana es un imperativo para cualquier marco internacional duradero. Por supuesto, los países difieren en cuanto a su potencial. Esto es un hecho evidente. Lo mismo ocurre con las capacidades y oportunidades que tienen. En este contexto, a menudo oímos que alcanzar la igualdad total sería imposible, lo que equivale a un deseo, una utopía.
Sin embargo, lo que hace especial al mundo actual es su naturaleza interconectada y holística. De hecho, a veces los países que pueden no ser tan poderosos o grandes como otros desempeñan un papel aún mayor en comparación con las grandes potencias al ser más racionales y orientados a los resultados en el uso de su capital humano e intelectual, sus recursos naturales y sus capacidades relacionadas con el medio ambiente, al ser más flexibles e inteligentes a la hora de abordar asuntos difíciles, al establecer estándares de vida y éticos más elevados, así como en la administración y la gestión, al tiempo que capacitan a toda su población para desarrollar su potencial y crean un entorno psicológico favorable. Este enfoque puede propiciar avances científicos, promover la actividad empresarial, el arte y la creatividad, y empoderar a los jóvenes. En conjunto, todo esto cuenta en términos de influencia y atractivo globales. Permítanme parafrasear una ley de la física: se puede superar a los demás sin adelantarse a ellos.
La actitud más dañina y destructiva que vemos en el mundo moderno es la arrogancia suprema, que se traduce en un deseo de sermonear a los demás con condescendencia, de forma interminable y obsesiva. Rusia nunca ha hecho esto. Esto no es lo que somos ni quiénes somos. Podemos ver que nuestro enfoque es productivo. La experiencia histórica demuestra irrefutablemente que la desigualdad -en la sociedad, en el gobierno o en el ámbito internacional- siempre tiene consecuencias perjudiciales.
Me gustaría añadir algo que quizá no haya mencionado a menudo antes. A lo largo de varios siglos, el mundo centrado en Occidente ha adoptado ciertos clichés y estereotipos relativos a la jerarquía mundial. Supuestamente existe un mundo desarrollado, una sociedad progresista y una cierta civilización universal a la que todos deberían esforzarse por unirse, mientras que en el otro extremo se encuentran las naciones atrasadas e incivilizadas, los bárbaros. Su trabajo consiste en escuchar sin rechistar lo que se les dice desde el exterior y actuar conforme a las instrucciones emitidas por quienes supuestamente son superiores a ellos en esta jerarquía civilizatoria.
Está claro que este concepto funciona para un burdo enfoque colonial, para la explotación de la mayoría global. El problema es que esta ideología esencialmente racista ha arraigado en la mente de muchos, creando un grave obstáculo mental para el crecimiento armonioso general.
El mundo moderno no tolera ni la arrogancia ni el desprecio gratuito por el hecho de que los demás sean diferentes. Para entablar relaciones normales, ante todo, hay que escuchar a la otra parte e intentar comprender su lógica y su bagaje cultural, en lugar de esperar que piensen y actúen como uno cree que deberían hacerlo basándose en sus creencias sobre ellos. De lo contrario, la comunicación se convierte en un intercambio de clichés y de lanzar etiquetas, y la política deviene en una conversación de sordos.
Lo cierto es que vemos cómo se relacionan con otras culturas que son diferentes. En la superficie, muestran un interés genuino por la música y el folclore locales, parecen alabarlos y disfrutarlos, pero bajo esta fachada, sus políticas económicas y de seguridad siguen siendo neocoloniales.
Fíjese en el funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio: no resuelve nada porque todos los países occidentales, las principales economías, lo bloquean todo. Siempre actúan en su propio interés, reproduciendo constantemente los mismos modelos que utilizaron hace décadas y siglos: seguir controlando a todos y todo.
Hay que recordar que todos somos iguales, lo que significa que todo el mundo tiene derecho a tener su propia visión, que no es ni mejor ni peor que la de los demás, simplemente es diferente, y todo el mundo tiene que respetarlo sinceramente. Reconocer esto puede allanar el camino para la comprensión mutua de intereses, el respeto mutuo y la empatía, es decir, la capacidad de mostrar compasión, de relacionarse con los problemas de los demás y la capacidad de considerar opiniones o argumentos diferentes. Esto requiere no sólo escuchar, sino también modificar el comportamiento y las políticas en consecuencia.
Escuchar y considerar no significa aceptar o estar de acuerdo, en absoluto. Significa simplemente reconocer el derecho de la otra parte a su propia visión del mundo. De hecho, éste es el primer paso necesario para armonizar las diferentes mentalidades. La diferencia y la diversidad deben verse como riqueza y oportunidades, no como motivos de conflicto. Esto también refleja la dialéctica de la historia.
Todos entendemos aquí que una época o un cambio y una transformación radicales traen invariablemente trastornos y choques, lo que es bastante desafortunado. Los intereses chocan y los distintos actores tienen que volver a adaptarse los unos a los otros. La naturaleza interconectada del mundo no siempre ayuda a mitigar estas diferencias. Por supuesto, esto es muy cierto. Al contrario, puede empeorar las cosas, a veces incluso inyectando más confusión en sus relaciones y haciendo mucho más difícil encontrar una salida.
A lo largo de los muchos siglos de su historia, la humanidad se ha acostumbrado a considerar el uso de la fuerza como el último recurso para resolver las diferencias: «El poder hace el derecho». Sí, a veces este principio funciona. De hecho, a veces los países no tienen más remedio que defender sus intereses con las armas en la mano y utilizando todos los medios disponibles.
Dicho esto, vivimos en un mundo interconectado y complejo, y cada vez lo es más. Aunque el uso de la fuerza puede ayudar a resolver un problema concreto, puede, por supuesto, acarrear otros retos, a veces incluso mayores. Y lo entendemos. Nuestro país nunca ha sido el que ha iniciado el uso de la fuerza: sólo nos vemos obligados a hacerlo cuando resulta evidente que nuestro adversario actúa de forma agresiva y no está dispuesto a escuchar ningún tipo de argumento. Y siempre que sea necesario, tomaremos cualquier medida que necesitemos para proteger a Rusia y a todos sus ciudadanos, y siempre lograremos nuestros objetivos.
Vivimos en un mundo intrínsecamente diverso y no lineal. Esto es algo que siempre hemos comprendido, y esto es lo que sabemos hoy. No es mi intención hoy deleitarme en el pasado, pero puedo recordar bastante bien la situación que teníamos en 1999, cuando me convertí en Primer Ministro y luego pasé a ser Presidente. Recuerdo los retos a los que nos enfrentábamos entonces. Creo que el pueblo ruso, al igual que los expertos que se han reunido en esta sala, todos recuerdan las fuerzas que respaldaron a los terroristas en el Cáucaso Norte, que les suministraron armas, les patrocinaron y les ofrecieron apoyo moral, político, ideológico e informativo y el alcance de estas prácticas.
Sólo puedo burlarme, con tanto ridículo como tristeza, de lo que oíamos entonces: Estamos tratando con Al Qaeda, que es malvada, pero mientras usted sea el objetivo, está bien. ¿Qué clase de actitud es ésa? Todo esto no trae más que conflictos. En aquel momento teníamos el objetivo de invertir todo lo que teníamos y emplear todo el tiempo a nuestra disposición y todas las capacidades para mantener unido al país. Por supuesto, esto servía a los intereses de todos en Rusia. A pesar de la pésima situación económica tras la crisis económica de 1998 y a pesar del estado devastado de nuestro ejército, nos unimos como nación para hacer frente a esta amenaza terrorista y logramos derrotarla. No se equivoquen al respecto.
¿Por qué he llamado su atención sobre esto? De hecho, una vez más algunos han llegado a creer que el mundo estaría mejor sin Rusia. En su momento, intentaron acabar con Rusia tras la disolución de la Unión Soviética. Hoy, parece que alguien vuelve a alimentar este sueño. Piensan que así el mundo sería más obediente y dócil. Sin embargo, Rusia frenó en seco muchas veces a quienes aspiraban al dominio mundial, fuera quien fuera. Así será también en el futuro. De hecho, el mundo difícilmente mejorará. Este mensaje debe llegar de una vez a quienes intentan seguir este camino. No haría más que complicar las cosas aún más de lo que ya están.
Nuestros adversarios están ideando nuevas formas y herramientas en sus intentos por deshacerse de nosotros. En la actualidad, han estado utilizando a Ucrania y a su pueblo como herramienta, enfrentándolos cínicamente a los rusos y convirtiéndolos en carne de cañón, todo ello mientras peroraban sobre una elección europea. ¿Qué clase de elección es esa? Permítanme asegurarles que no es nuestra elección. Nos defenderemos a nosotros mismos y a nuestro pueblo, quiero que esto quede absolutamente claro para todos.
Desde luego, el papel de Rusia no se limita a protegerse y preservarse. Puede sonar un poco grandilocuente, pero la propia existencia de Rusia garantiza que el mundo conservará su amplia gama de colores, su diversidad y su complejidad, que es la clave del éxito del desarrollo. No son palabras mías. Es algo que me dicen a menudo nuestros amigos de todas las regiones del mundo. No exagero. Para reiterar, no estamos imponiendo nada a nadie y nunca lo haremos. No lo necesitamos y nadie más lo necesita tampoco. Nos guiamos por nuestros propios valores, intereses e ideas de lo que está bien y lo que no, que están arraigados en nuestra identidad, historia y cultura. Y, por supuesto, siempre estamos dispuestos a un diálogo constructivo con todo el mundo.
Quienes respetan su cultura y sus tradiciones no tienen derecho a no tratar a los demás con el mismo respeto. Por el contrario, quienes intentan obligar a los demás a adoptar un comportamiento inadecuado, invariablemente pisotean sus propias raíces, civilización y cultura hasta convertirlas en barro, algo de lo que estamos siendo testigos.
Rusia está luchando por su libertad, sus derechos y su soberanía. No exagero, porque en las décadas anteriores todo, a primera vista, parecía favorable y bonito cuando convirtieron el G7 en el G8 y, afortunadamente, nos invitaron a ser miembros.
¿Sabe lo que ocurría allí? Fui testigo de primera mano. Llegas a una reunión del G8, y enseguida queda claro que antes de la reunión del G8, el G7 se había reunido y habían discutido cosas entre ellos, incluso con respecto a Rusia, y luego invitaron a Rusia a venir. Lo miras y sonríes. Siempre lo he hecho. Te dan un cálido abrazo y una palmadita en la espalda. Pero en la práctica hacen todo lo contrario. Y nunca dejan de avanzar.
Esto puede verse con especial claridad en el contexto de la expansión de la OTAN hacia el este. Prometieron que nunca se expandirían, pero siguen haciéndolo. En el Cáucaso, y con respecto al sistema de defensa antimisiles -tómese lo que se tome, cualquier cuestión clave- simplemente les importó un bledo nuestra opinión. Al final, todo eso en conjunto empezó a parecer una intervención rastrera que, sin exagerar, buscaba degradarnos o, mejor aún para ellos, destruir nuestro país, ya fuera desde dentro o desde fuera.
Finalmente, llegaron a Ucrania, y se adentraron en ella con sus bases y la OTAN. En 2008, decidieron en una reunión en Bucarest abrir las puertas de la OTAN a Ucrania y Georgia. ¿Por qué, perdón por mi lenguaje llano, por qué demonios harían eso? ¿Se enfrentaban a alguna dificultad en los asuntos internacionales? Efectivamente, no estábamos de acuerdo con Ucrania sobre los precios del gas, pero de todos modos abordamos estas cuestiones con eficacia. ¿Cuál era el problema? ¿Por qué hacerlo y crear las bases para un conflicto? Estaba claro desde el primer día a lo que conduciría en última instancia. Aun así, siguieron adelante con ello. Lo siguiente fue que empezaron a expandirse por nuestros territorios históricos y a apoyar a un régimen que se inclinaba claramente hacia el neonazismo.
Por lo tanto, podemos decir y reiterar con seguridad que estamos luchando no sólo por nuestra libertad, no sólo por nuestros derechos o nuestra soberanía, sino que estamos defendiendo los derechos y las libertades universales, y la existencia y el desarrollo continuos de la mayoría absoluta de los países de todo el mundo. Hasta cierto punto, consideramos que ésta es también la misión de nuestro país.
Todo el mundo debería tener claro que presionarnos es inútil, pero siempre estamos dispuestos a sentarnos y hablar sobre la base de la consideración de nuestros legítimos intereses mutuos en su totalidad. Es algo que instamos a hacer a todos los miembros del diálogo internacional. En ese caso, puede haber pocas dudas de que dentro de 20 años, en vísperas del centenario de la ONU, los futuros invitados a una reunión del Club Valdai, que en este momento pueden ser escolares, estudiantes, postgraduados, o jóvenes investigadores, o aspirantes a expertos, debatirán temas mucho más optimistas y vitales que los que hoy nos vemos obligados a discutir.
Muchas gracias por su atención.
Observación de José Luis Martín Ramos:
“Desde luego es un lenguaje mucho más positivo que cualquiera de los gobiernos de la OTAN. Y sus propuestas son un avance respecto a la guerra fría y el unilateralismo. Dicho eso, yo no comparto el análisis del mundo en términos de occidente y oriente; algo, por cierto, que corresponde a debates históricos del mundo nacional/ nacionalista ruso. Para mí es simplista esa dicotomía entre una «mayoría mundial» y una «minoría mundial». Del discurso, y no es extraño, está ausente la cuestión del imperialismo. Y mi convicción es que la guerra es inherente al imperialismo, sea guerra general, local o por delegación. Ciertamente en la transición a un mundo sin imperialismo -no hace falta que diga que supone eso- hemos de considerar objetivos intermedios, de avance, democráticos; no es cuestión de cómo armonizar nueva y viejas potencias sino de cómo establecer relaciones de respeto general, democráticas, entre estados, sistema de arbitraje de diferencias y conflictos mediante el principio de la seguridad colectiva… y la orientaciòn de la lucha por la desnuclearización general, no puedo admitir como orientación el statu quo del equilibrio del terror atómico, porque ese equilibrio solo puede plantearse entre potencias y deja inermes a los estados y sus pueblos que no son potencia.”
4. Los hooligans y la cultura del genocidio
1. Los israelíes no deberían participar en eventos europeos, porque Israel no está en Europa. Se les deja participar porque son nuestros colonos.
2. A Israel hay que aplicarle siempre y sistemáticamente una política de Boicot, Desinversiones y Sanciones. Muy especialmente, mientras están cometiendo un genocidio. Nuestros líderes europeos, a la vanguardia del cinismo y de la cobardía, por no hablar de la UEFA, el Comité Olímpico, etc.
3. Los hinchas del Maccabi son unos hooligans que se dedicaron a arrancar banderas palestinas, buscar trifulcas por toda la ciudad antes y después del partido en Amsterdam y se negaron a respetar el minuto de silencio por las víctimas de la DANA, al parecer porque España no es lo suficientemente genuflexa ante el sionismo.
4. No espero gran cosa del Ministerio de Asuntos Exteriores español, pero es especialmente humillante que, ante estos hechos, caiga ante las campañas de hasbará de los sionistas publicando un comunicado contra el «antisionismo» https://x.com/MAECgob/status/
https://www.middleeasteye.net/
Los hooligans del fútbol israelí llevan la cultura del genocidio a Ámsterdam
Abed Abou Shhadeh 8 de noviembre de 2024
Hinchas itinerantes arrancaron banderas palestinas y gritaron insultos racistas, en la última manifestación de un comportamiento atroz de una sociedad que celebra las matanzas masivas
La historia de la humanidad está llena de ejemplos de actos genocidas cometidos por dirigentes, Estados, militares y grupos armados.
Pero el genocidio que se desarrolla ante nuestros ojos en Gaza destaca por su nivel de documentación meticulosa y la velocidad del flujo de información. Miles de millones de personas de todo el mundo reciben cobertura en directo y sin censura de lo que está ocurriendo en el enclave asediado, desde las perspectivas tanto de la víctima como del agresor.
Mientras somos testigos de la escala masiva de destrucción y matanza, es esencial observar el desarrollo de una «cultura del genocidio» dentro de la sociedad israelí.
Una de sus manifestaciones más recientes tuvo lugar el jueves, cuando hooligans israelíes, seguidores del club de fútbol Maccabi Tel Aviv, provocaron enfrentamientos con jóvenes holandeses en Ámsterdam. Corearon consignas antiárabes, arrancaron banderas palestinas e ignoraron un minuto de silencio por las víctimas de las inundaciones en España.
Al parecer, a estos hooligans israelíes nunca se les ocurrió que los cánticos racistas y los actos de vandalismo contra la propiedad privada en un país extranjero eran un comportamiento inaceptable, que podía provocar la ira de los residentes locales.
La mentalidad de los hooligans se alinea con la cultura genocida que ha impregnado la sociedad israelí desde el 7 de octubre de 2023, permitiendo a los israelíes imaginarse a sí mismos por encima de la ley y la moral, no sólo en Israel, sino en todo el mundo.
Los cánticos violentos de los hinchas del Maccabi deben entenderse en el contexto de una sociedad que sigue justificando la guerra genocida de Israel contra los palestinos de Gaza.
Aumento de la violencia
Estos hinchas son la expresión de una cultura que no sólo prevalece entre un puñado de racistas, sino que se ha convertido en rutina en los estadios, con cánticos de «muerte a los árabes» o «que arda tu pueblo» que se oían a menudo en Israel mucho antes del 7 de octubre de 2023.
El comportamiento de los aficionados israelíes en Ámsterdam no era, por tanto, nada nuevo. Un reciente informe elaborado por el New Israel Fund constató un aumento significativo de las expresiones de violencia en los estadios de fútbol en la temporada 2023/24, con un incremento de los incidentes del 18%, un aumento significativo con respecto al año anterior, en el que la violencia y el racismo ya habían alcanzado un máximo de una década.
Por tanto, la verdadera historia no son los cánticos racistas, sino la conmoción de los aficionados israelíes al darse cuenta de que ese comportamiento no se tolera fuera de las fronteras de su país.
Esto se produce en un momento en el que, desde hace más de un año, en Israel se invocan códigos culturales y rituales para promover y alentar el genocidio, con escasas críticas públicas. Las justificaciones de la matanza de niños palestinos y la inanición de civiles en Gaza han recibido un amplio respaldo.
El mes pasado, Al Jazeera publicó un documental centrado en las publicaciones en las redes sociales de soldados israelíes en Gaza que documentaban sus crímenes de guerra en tiempo real.
Mientras gran parte del mundo se horrorizaba ante este material, la sociedad israelí defendía a los soldados y atacaba a los críticos por cuestionar el derecho de Israel a defenderse. La sociedad israelí está atrapada en un estado de disonancia política que limita su capacidad para comprender los fallos lógicos de tales argumentos.
Para entender cómo hemos llegado hasta aquí, hay que prestar atención a la cultura genocida de la nación, que se basa en un conjunto de creencias, moral y costumbres que fomentan, justifican e incluso celebran las acciones de los soldados.
En el último año, hemos estado expuestos a canciones, actuaciones cómicas, emisiones periodísticas y muestras culturales, junto con comentarios de líderes religiosos, jugadores de fútbol y académicos, que han promovido abiertamente el genocidio, incluida la matanza de niños.
Los analistas israelíes no se han contenido a la hora de pedir la matanza de decenas de miles de palestinos, y algunos han dicho que el ejército debería matar a más gente o retirar toda la ayuda humanitaria de Gaza.
En lugar de condenar y denunciar tales declaraciones, académicos y comentaristas han filosofado sobre cómo justificar que se mate de hambre a una población civil si se niega a acatar las órdenes militares israelíes.
Así pues, más allá de los horripilantes testimonios que surgen de Gaza, debemos examinar los mecanismos que operan en el seno de la sociedad israelí. En cierto modo, estamos asistiendo a un episodio psicótico colectivo, en el que muchos son aparentemente incapaces de sentir simpatía o empatía por el sufrimiento de los demás;
Cero responsabilidad
Peor aún, este fenómeno está presente en toda la esfera pública. Caminar por las calles israelíes y escuchar conversaciones entre personas de todas las edades en los trenes y en los parques públicos, revela amplias suposiciones subyacentes sobre la guerra en Gaza, con un clamor colectivo por más muerte y destrucción.
Los socorristas de las playas de Tel Aviv han aplaudido públicamente la muerte de los líderes de Hamás y Hezbolá, mientras el público aplaudía y levantaba copas en un «brindis» de celebración. Algunos residentes distribuyeron baklava para celebrar la ocasión. Para exacerbar la sensación de distopía, todo esto ocurre en una sociedad en la que muchos civiles van armados.
Se podría argumentar que las élites políticas y culturales de Israel son responsables de la mentalidad de la opinión pública, sentando las bases de esta cultura del genocidio. Además, la comunidad internacional lleva casi un siglo permitiendo a Israel actuar libremente, violando el derecho internacional sin rendir cuentas.
De hecho, el mundo ha recompensado a Israel por su creatividad a la hora de desarrollar mecanismos opresivos. La industria armamentística israelí ha prosperado en medio de la ocupación, con los palestinos sirviendo como sujetos de prueba.
Las universidades israelíes han crecido y prosperado, proporcionando infraestructura e investigación sobre cómo reprimir a los palestinos, mientras que los Estados árabes han promovido la normalización con Israel.
La sociedad israelí ha interiorizado así una sensación de impunidad, segura de que está por encima de la ley, con el apoyo del mundo. Esto ha alimentado la evolución de su cultura de genocidio.
La llegada de Trump
Es probable que esta cultura se vea reforzada por el regreso del presidente estadounidense Donald Trump a la Casa Blanca. Se espera que Trump continúe con el apoyo sin precedentes de su país a la maquinaria bélica de Israel, fomentando la cultura del genocidio
La derecha mesiánica de Israel se apresuró a celebrar la victoria de Trump, no por la futura ayuda militar o diplomática, sino porque se espera que un presidente como Trump permita la inanición de los palestinos en Gaza, mientras hace la vista gorda a toda la legislación antidemocrática que Israel está aprobando, destinada únicamente a perjudicar al pueblo palestino.
Esto incluye la prohibición por parte de Israel de Unrwa, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos; la expulsión de familias cuyos parientes hayan cometido delitos contra la seguridad; y la inhabilitación de políticos árabes para ocupar cargos electos si hicieran declaraciones que pudieran interpretarse como apoyo a una lucha armada.
Esta guerra terminará algún día, pero mientras no haya una crítica fundamental a la conducta de Israel, la cultura del genocidio -además de la devastación que sigue causando al pueblo palestino- empezará a cobrar un precio a los propios israelíes.
Abed Abou Shhadeh es un activista político afincado en Jaffa. Abou Shhadeh fue representante de la comunidad palestina en el ayuntamiento de Yafo-Tel Aviv de 2018 a 2024 y tiene un máster en Ciencias Políticas por la Universidad de Tel Aviv.
5. Trump, el negacionista
Aunque no nos meta en la guerra nuclear definitiva, lo que es seguro es que va a dar pasos decisivos para destruir el planeta. Nada que no hubiesen hecho ya los Demócratas, por otra parte, a pesar de su retórica. https://climatica.coop/
Trump (segunda parte): el negacionismo climático vuelve a la Casa Blanca
Un análisis de Carbon Brief estima que la victoria del candidato republicano podría añadir hasta 4.000 millones de toneladas de CO2 equivalente a las emisiones acumuladas de Estados Unidos para 2030 en comparación con las políticas de la administración Biden.
El republicano Donald Trump volverá a ser presidente de Estados Unidos a partir de 2025 tras ganar a la demócrata Kamala Harris. Lo hará, además, controlando el Senado y, presumiblemente, el Congreso, lo que le da vía libre para desbaratar toda política en favor del clima y la biodiversidad como hizo en su anterior mandato y ha prometido para este.
El magnate es un declarado negacionista del cambio climático (hace unos meses lo calificó como “una de las mayores estafas de todos los tiempos”) y su vuelta a la presidencia del segundo país que más contribuye al calentamiento global hace (aún más) difícil el objetivo de mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 1,5ºC y, por ende, cumplir con el Acuerdo de París.
La idea de un medio ambiente sano para Trump se limita a tener “el aire más limpio y el agua más limpia”. Un deseo que resulta imposible con sus promesas de permitir más perforaciones de petróleo y gas y sus intenciones de desmantelar toda agencia o norma en defensa del clima y la protección de la naturaleza.
En marzo, un análisis del medio británico Carbon Brief, especializado en políticas climáticas, concluía que el regreso de Trump a la presidencia estadounidense podría suponer un aumento de hasta 4.000 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono equivalente (CO₂e) para 2030 en comparación a las políticas actuales, lo que tendría un coste climático global de más de 900.000 millones de dólares.
Para poner en perspectiva estas cifras, 4 gigatoneladas de CO₂e equivalen a las emisiones anuales combinadas de la Unión Europea y Japón o al total anual de los 140 países con las emisiones más bajas.
El análisis, basado en diversas investigaciones que tienen en cuenta las políticas climáticas actuales y elaborado cuando Biden aún era candidato demócrata, sugiere que las emisiones de gases de efecto invernadero de EEUU caerían un 28% por debajo de los niveles de 2005 en 2030 si Trump hace retroceder las políticas de Biden, un porcentaje muy lejos del objetivo de 50-52% que tiene el país actualmente. En cambio, con la victoria de los demócratas, las emisiones caerían en torno a un 43% por debajo de los niveles de 2005.
Una de las normas que sustentan actualmente el plan de reducción de emisiones de la administración Biden es la Ley de Reducción de la Inflación (IRA), la cual Trump ha prometido revocar junto a otras políticas ambientales. No obstante, algunos factores de incertidumbre podrían suavizar el impacto de un segundo mandato del republicano, como la dificultad de revertir ciertas políticas o la acción climática de gobiernos a nivel estatal. Del mismo modo, las proyecciones podrían ser aún menos favorables por el clima si Trump logra impulsar los combustibles fósiles, algo que no recoge el análisis de Carbon Brief.
Asimismo, en estas proyecciones hay que tener en cuenta otras múltiples incertidumbres como el crecimiento económico, el precio de los combustibles y el desarrollo de tecnologías limpias que aún presentan variabilidad en su impacto, señalan desde CB.
Un segundo mandato de Donald Trump podría incluir medidas para revertir las normas de eficiencia energética y otros logros ambientales clave de la era Biden. Además, el magnate también ha declarado que planea desmantelar la Agencia de Protección Ambiental (EPA), el organismo federal con más poder para hacer frente a la emergencia climática y ambiental.
Ahora, toda esperanza pasa por que no pueda llevar a cabo todo lo que tiene previsto, como le ocurrió durante el primer mandato, aunque especialistas apuntan a que en esta vuelta a la Casa Blanca será más radical y estará menos limitado, en parte debido a la experiencia y al enfoque sistemático que se espera de sus asesores.
En cuanto al impacto global, la victoria de Trump también tiene implicaciones para la ambición climática mundial. Dados los altos niveles de emisión de EEUU, una falta de liderazgo climático del país podría desincentivar a otras naciones a cumplir sus metas, perjudicando los esfuerzos para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5°C.
Durante la reciente COP16 de biodiversidad, el secretario general de la ONU, António Guterres, señalaba, en declaraciones a The Guardian, la importancia de que “Estados Unidos permanezca en el Acuerdo de París, y más que permanecer en el Acuerdo de París, que Estados Unidos adopte el tipo de políticas que son necesarias para que los 1,5 grados sigan siendo un objetivo realista”. En 2020, Trump ya sacó a EEUU del Acuerdo de París, una decisión que revirtió Joe Biden en 2021 cuando fue elegido presidente.
“El resultado de las elecciones estadounidenses es un golpe en la lucha contra la crisis climática”, ha lamentado en su cuenta de Twitter (propiedad de Elon Musk, amigo de Trump) Laurence Tubiana, una de las artífices del pacto climático de París. Y añade: “Ningún país puede permitirse el aumento de los costos económicos y sociales de la inacción. Abandonar la transición hacia una economía más limpia, más justa y más asequible sería una falta de responsabilidad”.
La vuelta de un negacionista del cambio climático a la presidencia de Estados Unidos contrasta con los 24 eventos extremos –como el huracán Helene y Milton, dopados por el calentamiento global– que ha sufrido el país y que han causado daños por valor de al menos 1.000 millones de dólares, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
“Diga lo que diga Trump, el cambio hacia las energías limpias es imparable y nuestro país no va a dar marcha atrás”, defiende Gina McCarthy, exasesora sobre el Clima de la Casa Blanca. “No podemos permitir y no permitiremos que Trump se interponga en el camino de dar a nuestros hijos y nietos la libertad de crecer en comunidades más seguras y saludables”, añade la que fuese administradora de la EPA durante la época de Obama.
6. Nuevos tiempos para las superpotencias
Bhadrakumar analiza la victoria de Trump especialmente desde las reacciones de China y Rusia. En este último país ve una cierta disonancia entre la primera respuesta oficial, muy crítica, y la posterior rectificación de Putin. https://www.indianpunchline.
Publicado el 8 de noviembre de 2024 por M. K. BHADRAKUMAR
Rusia y China descifran la aplastante victoria de Trump
Una gran paradoja de nuestra era es que la solidez de la democracia estadounidense ha llegado a medirse en cucharadas de café desde el punto de vista del arcaico sistema de votos del colegio electoral del país. El resultado es que los observadores extranjeros que carecen de sentido de las fuerzas de la historia no ven el bosque por los árboles. Los antiguos griegos que inventaron la democracia nunca pensaron en un sistema de colegio electoral. La palabra democracia procede de dos palabras griegas que significan pueblo (demos) y gobierno (kratos).
No se pierda la gran verdad de que la aplastante victoria de Donald Trump es altamente importante. Trump estaba en camino de regreso, algo que sucedió sólo por segunda vez en la historia de Estados Unidos. Luchaba contra pronósticos muy adversos, incluidas amenazas reales de asesinato por fuerzas desconocidas cuya identidad sigue siendo un misterio, y en circunstancias envueltas en una oscuridad imposible de penetrar. Estima que está enteramente sometido a la voluntad de Dios.
Y consiguió un mandato tan amplio que no se le puede poner ninguna pega: se aseguró la mayoría de los votos (la primera vez que esto ocurre en 20 años), además de ganar un grand slam también en los estados y condados indecisos clave, y se marchó con una impresionante mayoría del Partido Republicano en el Senado que solo puede considerarse un reflejo de la «Trumpmanía» que recorre América de costa a costa. Si eso no es una ola, ¿qué es?
Kamala Harris no perdió tiempo en comprender su significado y aceptó gentilmente la voluntad de la nación. The Guardian, nada amigo de Trump, informaba hoy: «Los resultados muestran que Estados Unidos ha vuelto firmemente a los republicanos. Los demócratas ganaron en 2020 ampliando su porcentaje de votos en todo el país, pero el 90% de los condados viraron de nuevo hacia los republicanos en 2024.»
El presidente ruso, Vladimir Putin, se sintió obligado, finalmente, a cambiar de opinión y «ofrecer mis felicitaciones por la elección [de Trump] como presidente de Estados Unidos.» Toda esa charla rancia en Moscú sobre el «apocalypse now» para la democracia estadounidense se está agotando. Y el sordo rugido de una retirada es vagamente audible en el giro de Putin hacia un tono conciliador durante un importante discurso ayer en Sochi.
Putin, que mantuvo que no felicitaría a Trump, probablemente siguió el ejemplo de Pekín. La noche antes de que Putin hablara el jueves por la tarde, el presidente chino, Xi Jinping, había enviado un mensaje formal de felicitación a Trump por su victoria electoral subrayando que «la historia nos dice que ambos países ganan con la cooperación y pierden con la confrontación».
Xi escribió: «Una relación China-EEUU con un desarrollo estable, saludable y sostenible sirve a los intereses comunes de los dos países y satisface las expectativas de la comunidad internacional. Se espera que las dos partes, en los principios de respeto mutuo, coexistencia pacífica y cooperación ganar-ganar, mejoren el diálogo y la comunicación, gestionen adecuadamente las diferencias, amplíen la cooperación mutuamente beneficiosa y encuentren el camino correcto para que China y Estados Unidos se lleven bien en la nueva era en beneficio de los dos países y del mundo.»
Estos signos incipientes de un nuevo amanecer en la política de las grandes potencias bien podrían convertirse en el eje de la política exterior de la nueva Administración Trump. ¿Quién sabe? Pekín intuye que EE.UU. está resurgiendo de forma creíble como abanderado y no se vislumbra un entierro decente del dólar estadounidense, con BRICS o sin BRICS.
En comparación, por desgracia, la hiperbólica retórica de Moscú fue que las elecciones estadounidenses suponen la sentencia de muerte de la Democracia en Estados Unidos y que el país podría incluso desintegrarse:
«Para la propia república [estadounidense], abundan los oscuros presagios. Algunos advierten de que la discordia descontrolada podría romper en pedazos la unión, convirtiendo a los estados en enemigos que han jurado conquistarse mutuamente, al igual que los reinos de antaño se enfrentaban en campos empapados de sangre. Las batallas políticas, que antes se limitaban a discursos y votos, pronto podrían adoptar la forma de acero y fuego, con regiones que buscan el dominio o la defensa de su modo de vida. En un paisaje así, los estandartes de los estados libres podrían alzarse en alto, cada uno defendiendo su propio reino «dado por Dios», incluso mientras marchan unos contra otros.»
Esto era absurdo llevado al extremo, y apareció en una publicación financiada por el Kremlin el 3 de noviembre! De nuevo, la declaración del Ministerio de Asuntos Exteriores en Moscú en la tarde del 6 de noviembre, incluso cuando aparecían las noticias sobre la victoria de Trump, fue sencillamente espantosa: defensiva como el comportamiento de un puercoespín en momentos de estrés levantando las púas con temblor corporal, rechinando los dientes y produciendo un olor desagradable para advertir a los depredadores que no se acerquen.
Pero aquí, de nuevo, Putin, afortunadamente, tenía otros pensamientos en la cabeza y hizo las paces justo a tiempo.
Por otro lado, China tiene la esperanza de que un presidente fuerte en la Casa Blanca puede ser algo bueno, ya que los shibboleths neocon se descartan, y con una mente impregnada de cognición intuitiva y realismo, Trump está en condiciones de tomar decisiones difíciles.
Si eso sucede, por supuesto -virando hacia una trayectoria de no confrontación en la relación sino-estadounidense que tiene un potencial sin fisuras para crear sinergia para el movimiento MAGA de Trump, así como el ascenso pacífico de China- se convierte en un «ganar-ganar» para todas las partes y la humanidad en su conjunto.
Hace cuatro décadas, de hecho, Trump propuso al recién elegido Ronald Reagan precisamente esa distensión con la Unión Soviética en un artículo pagado a toda página en el New York Times e incluso se ofreció como enviado presidencial para hacerla posible.
El quid de la cuestión es que Trump 2.0 sigue siendo un enigma. Lo importante es que está siendo presidencial después de una pasantía de cuatro años en DC desde 2016 hasta 2020. Pero no hay duda de que Trump hará valer su autoridad presidencial. No tiene más alturas que conquistar en una carrera tumultuosa, lo que le convierte, como a la alondra de Shelly, en «una alegría sin cuerpo cuya carrera acaba de empezar».
Robert Kennedy Jr, ha dejado constancia de que «pasé dos días con [Trump] recientemente y estaba diciendo cosas que me resultaron algo chocantes… El nivel de cambio que quiere hacer en nuestro gobierno, creo que no va a tener precedentes… Quiere una revolución y creo que la va a conseguir».
Las 11 palabras que sacudieron al mundo en el discurso de victoria de Trump fueron sin duda: «No voy a empezar guerras, voy a parar guerras».
De hecho, China se está tomando muy en serio la victoria de Trump, de forma racional, positiva y con un cauto optimismo. Es concebible que a Pekín le reconforte el hecho de que ayudantes como Elon Musk, consejero delegado de Tesla, puedan aportar un sentido de la proporción a la formulación de políticas de Trump. Ciertamente, Trump no puede esperar hacer retroceder la marea de fuerzas históricas y restaurar la hegemonía estadounidense. Al ser un Estado de civilización, China tiene sus propios conceptos de tiempo y espacio.
La economía china no está ni mucho menos al borde del colapso. Y no es realista librar una guerra tecnológica e imponer estándares globales frente a una economía tan vasta como la china, que ha alcanzado altos niveles de investigación e innovación respaldados por una producción industrial a una escala que supera la de todo el mundo occidental junto. La analogía de los años setenta, según la cual Estados Unidos quebró la voluntad de Japón y le obligó a ser un subalterno para siempre, no es válida hoy en día.
Además, hay que tener en cuenta el espíritu de los tiempos: el director general del grupo de reflexión oficial del Gobierno en Nueva Delhi NITI Aayog (Institución Nacional para la Transformación de la India) -antigua Comisión de Planificación- acaba de afirmar que India debería intentar adherirse al RCEP (Acuerdo Integral de Asociación Económica Regional), en el que China desempeña un papel de liderazgo, para aprovechar el potencial del bloque de libre comercio formado por los 10 miembros del grupo ASEAN más sus seis socios del TLC: China, Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda.
7. Resumen de la guerra en Asia occidental 8 de noviembre
No me había fijado que en Middle East Eye hacen un resumen al final del día de las noticias más interesantes que han ido publicando en su seguimiento en directo. A falta del resumen de Haaretz, que ya no traducen en Acro-polis, y de la irregularidad en Mondoweiss, os pasaré al menos este, si os parece. https://x.com/MiddleEastEye/
Nuestra cobertura en directo desde Gaza y Líbano se cerrará en breve hasta mañana por la mañana.
Estos son algunos de los principales acontecimientos del día:
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Al menos 60 jordanos y jordanas se han sumado a una huelga de hambre abierta para exigir el levantamiento del asedio israelí al norte de la Franja de Gaza.
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Al menos 13 ataques aéreos golpean los suburbios del sur de Beirut
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Trump dice al presidente palestino que se compromete a poner fin a la guerra de Gaza
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El ejército israelí ha detenido a ocho palestinos de Tabaqa, al suroeste de la ciudad cisjordana ocupada de Hebrón, informó el viernes la cadena de noticias Wafa
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Existe una «fuerte probabilidad de que la hambruna sea inminente en zonas» del norte de Gaza, declaró el viernes un comité de expertos mundiales en seguridad alimentaria.
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El Equipo de Crímenes de Guerra de la Policía Metropolitana [de Londres] ha compartido un «pequeño número de remisiones» con la Corte Penal Internacional (CPI) desde el ataque dirigido por Hamás contra Israel el pasado mes de octubre y la posterior guerra contra Gaza.
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Una excavadora israelí destruye parte de una estructura de la ONU en el sur de Líbano
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La Oficina de Derechos Humanos de la ONU ha verificado 8.119 muertes de palestinos en Gaza durante los siete primeros meses de la guerra de Israel contra el enclave
8. África contra el imperialismo
Carlo Formenti empieza una serie de reseñas sobre las luchas africanas contra el imperialismo con esta sobre textos del francés Said Boumama -del que veo sus artículos a menudo en Inter’Action-.
https://socialismodelsecoloxxi.blogspot.com/2024/11/i-popoli-africani-contro-limperialismo-1.html.
PUEBLOS AFRICANOS CONTRA EL IMPERIALISMO
1. SAID BOUAMAMA
Con este texto inauguro un recorrido en tres etapas sobre las luchas africanas contra el imperialismo y su contribución al desarrollo del marxismo. En este primer artículo hablo de dos libros de Said Bouamama (intelectual marxista de origen magrebí nacido en Francia -en Roubaix- hace sesenta y seis años): Pour un panafricanisme révolutionnaire (Syllepse, París 2023) y Des classes dangereuses a l’ennemi intérieur (Syllepse, París 2021). En los siguientes episodios me ocuparé, respectivamente, de África rojad el angloafricano Kevin Ochieng Okoth (de próxima publicación por Meltemi, con un Epílogo mío) y de una antología de textos del guineano Amilcar Cabral.
I.Sobre el panafricanismo revolucionario
a) Falsificaciones ideológicas occidentales para legitimar el colonialismo
La mistificación más extendida a la que han recurrido los imperialistas occidentales para justificar sus guerras coloniales de conquista, escribe Bouamama, ha sido la afirmación de que África es un continente «sin historia», que sólo gracias a su integración en los imperios de los países europeos ha podido entrar en la historia «universal» (es decir, europea). Esta tesis se basa en una narrativa que presenta el continente africano como un conjunto de sociedades «primitivas», políticamente desestructuradas y «sin Estado», una multitud de grupos humanos sin intercambios recíprocos, perpetuamente en guerra entre sí e incapaces de expresar formas sociales más complejas que la tribu y el clan familiar (por cierto, merece la pena subrayar cómo la imagen de las «sociedades sin Estado» evocada en los relatos de algunos antropólogos occidentales ha sido utilizada «por la izquierda» para criticar los procesos de construcción nacional posteriores a la independencia y exaltar ciertas formas sociales premodernas en oposición a los procesos de modernización impuestos desde el exterior).
La realidad es que, antes de la colonización, contrariamente a lo que afirma la propaganda occidental, tanto en el norte de África como en el África subsahariana existían no sólo Estados sino verdaderos imperios para los que la colonización, escribe Bouamama, no significó la entrada de África en la historia, sino la interrupción violenta de su historia (del mismo modo que el llamado «descubrimiento» de América significó la interrupción violenta de la historia de ese continente). Otra invención pseudohistórica -cultivada sobre todo en Francia, pero no sólo allí- consistió en gabellizar la colonización del norte de África como una «liberación» del pueblo bereber. Este último, presentado como heredero de la civilización romana, habría sido conquistado -y luego oprimido durante siglos- por los invasores árabes-musulmanes. En realidad, explica Bouamama (que no niega la existencia de conflictos interétnicos), nunca ha habido una colonización árabe del norte de África, entendida ésta como colonialismo de asentamiento (1), mientras que la islamización de la región ha sido un proceso largo, extenso y complejo.
Por último, incapaces de borrar el horror de la trata transatlántica de esclavos, cínicamente utilizada, como señalaba Marx (2), para alimentar la acumulación primitiva del capital angloamericano, se ha intentado acreditar la tesis relativa a la existencia de una tradición esclavista precolonial no menos masiva y cruel (con especial insistencia en la trata dirigida por árabes). Una vez más, Bouamama explica que las formas tradicionales africanas de esclavitud eran muy diversas (servidumbre doméstica, prisioneros de guerra, deudores insolventes, etc.) y que a menudo los hijos de los esclavos, a diferencia de los esclavos americanos reducidos a bienes muebles, no eran considerados a su vez esclavos. Pero sobre todo, incluso teniendo en cuenta el comercio «oriental» alimentado por los traficantes árabes, las cifras, mucho más reducidas, y la duración, mucho más larga, del fenómeno no son comparables a las del comercio transatlántico, alimentado por la inagotable sed de beneficios de una forma social basada en la acumulación ilimitada de capital. Esta última ha tenido un impacto destructivo en las sociedades africanas, empobreciendo sus activos demográficos y convirtiendo a ciertas élites locales en proveedoras de esclavos.
En conclusión, el «pecado original» de la cultura colonialista, que nació eurocéntrica y más tarde evolucionó hasta convertirse en occidentalocéntrica, consiste en sus pretensiones «universalistas». Pretensiones que hoy, en la era poscolonial, se esgrimen para justificar guerras emprendidas en nombre de los «derechos humanos universales» contra pueblos, países y naciones que osan oponerse a la dominación económica, política y cultural del imperio occidental unificado bajo la bandera de las barras y estrellas. Este pseudouniversalismo, argumenta Bouamama, se basa en dos postulados: la tesis de la inexistencia de «verdaderas» civilizaciones anteriores a la occidental y la negación de las aportaciones externas que favorecieron el desarrollo de esta última. La primera tesis es tan insostenible que no merece refutación: al menos hasta el siglo XV, Europa era económicamente marginal en comparación con las riquezas producidas en Asia (3) y el Próximo Oriente, por no hablar de su retraso cultural en los siglos de la Edad Media, en cuanto a la supuesta superioridad cultural de la antigüedad griega clásica sobre cualquier otra tradición (4), se basa en la supresión de la deuda con la civilización egipcia y las tradiciones culturales milenarias del Extremo Oriente. Además, estas verdades eran ampliamente reconocidas por la cultura europea antes de que el ascenso de la clase burguesa y sus ambiciones imperiales dieran lugar al eurocentrismo moderno.
b) Primitivismo y esencialismo como enfermedades infantiles del panafricanismo
Uno de los principales obstáculos que frenaron la formación de una conciencia panafricanista revolucionaria, según Bouamama, fue el mito de la existencia de sociedades africanas precoloniales sin conflictos de clase y armónicamente integradas en sus respectivos contextos ambientales, mito en cuya deferencia algunos dirigentes africanos señalaron el camino hacia el futuro poscolonial en el retorno a una supuesta condición original. Se podría decir que la primera reacción de los colonizados al esencialismo de la cultura de los colonizadores fue contraponerle un esencialismo de los colonizados, bien resumido por el concepto de negritud (5). El senegalés Leopold Senghor, profeta de la negritud y principal responsable de la fetichización del África precolonial, describe al negro como «un hombre de la naturaleza» que vive en comunión con la tierra y el cosmos; dotado de un «sensual» que experimenta la realidad a través del gusto, el oído, la vista, el tacto y el olfato, y deriva de ello un modelo de racionalidad que no es lógico-discursivo sino intuitivo-participativo (por tanto, no antagónico).
Este esencialismo del colonizado, simétricamente opuesto al del colonizador y fundado en la exaltación de tradiciones negadas o devaluadas, escribe Bouamama, puede justificarse y desempeñar un papel activo en la fase inicial del proceso de emancipación, pero se convierte en un obstáculo engorroso en la fase siguiente, en la medida en que evoca un modelo de «socialismo» africano inspirado en un pasado imaginario sin conflictos de clase. Aunque reconoce la existencia de estructuras de tipo comunitario y una tradición de propiedad colectiva de la tierra en algunas zonas del continente, Bouamama nos recuerda que ello no implicaba la existencia de sociedades igualitarias, hasta el punto de que las potencias coloniales supieron explotar las jerarquías sociales preexistentes a su asentamiento y ponerlas al servicio de su propia dominación.
Esta capacidad para manipular los conflictos y contradicciones que atraviesan el mundo de los colonizados se prolonga en el tiempo, incluso después de que éstos hayan logrado la independencia, y una de sus estrategias más eficaces consiste precisamente en revivir los argumentos esencialistas y localistas de ciertos intelectuales «afrocéntricos». De este modo, se vuelven a proponer los mitos que definen al islam y al cristianismo como religiones «importadas», impuestas por la fuerza a poblaciones originalmente animistas. Así, el Sáhara se describe como una frontera infranqueable que siempre ha separado el África blanca del África negra, ignorando la realidad histórica (es decir, el hecho de que el Sáhara ha estado atravesado durante siglos por una densa red de intercambios económicos, culturales y religiosos). Así, se intenta alimentar la oposición entre Negritud, Arabud y Berberisca.
El panafricanismo nació para contrarrestar esta estrategia imperialista de división que pretende prolongar la dominación sobre los pueblos africanos tras el fin de la era colonial. Sus raíces (como veremos más claramente en las próximas etapas de este itinerario dedicado a África) se encuentran en la experiencia de desarraigo vivida por los millones de negros arrancados de sus respectivos grupos por el comercio transatlántico: el destino común de los esclavos deportados a América genera el sentimiento de una «comunidad de destino». Se trata, pues, en esta primera fase, de un «ideal pannegro», es decir, asociado al color de la piel, pero a medida que se desarrollan las luchas de liberación nacional, evoluciona hacia un panafricanismo de alcance continental por el que quienes cultivaron la visión de un Estado africano único e indivisible, no sólo fueron líderes negros como Nkrumah y Nyerere, sino también norteafricanos como Nasser, Ben Bella y, más tarde, Gadafi, superando los proyectos de agregación federal ‘regionalistas’.
Panafricanismo y socialismo tienden a fundirse, en la medida en que la realidad poscolonial disipa las ilusiones de un retorno a un pasado ideal, al tiempo que pone de relieve los viejos y nuevos conflictos de clase que sacuden a las naciones nacidas de la disolución de los imperios coloniales. La reacción imperialista, apoyada por las nuevas burguesías nacionales que construyen su poder a la sombra del neocolonialismo, es tan dura en el plano ideológico como en el político-militar. En el primero, son precisamente los intelectuales esencialistas afrocéntricos los que acreditan la tesis del supuesto carácter «eurocéntrico» del marxismo, que sería por tanto inutilizable o incluso contraproducente en el contexto social específico africano. Tanto Bouamama como los autores que comentaré en los dos episodios siguientes no niegan la existencia de una interpretación eurocéntrica del marxismo, que incluso es hegemónica en Occidente, como sostiene, entre otros, quien esto escribe (6), pero sí reavivan la necesidad de una elaboración teórica que atribuya un significado más amplio al concepto de lucha de clases (7).
En el plano político-militar, la reacción se desarrolla a través de una serie de asesinatos selectivos de líderes revolucionarios (de Lumumba a Cabral), de apoyo directo e indirecto a movimientos secesionistas que explotan conflictos étnicos, de clase, religiosos, etc. (Sahel contra Argelia y Mali, Katanga contra Congo, Biafra contra Nigeria, etc.), de sabotaje e injerencia económica (a través de instituciones nominalmente internacionales pero en realidad dominadas por potencias occidentales, como el FMI y el Banco Mundial) que pretenden bloquear cualquier posibilidad de desarrollo autónomo de las naciones, como la Unión Africana, el Banco Mundial, etc.).), el sabotaje económico y la injerencia (a través de instituciones nominalmente internacionales pero en realidad dominadas por potencias occidentales, como el FMI y el Banco Mundial) que pretenden bloquear cualquier posibilidad de desarrollo autónomo de las naciones poscoloniales obligándolas a adoptar políticas económicas neoliberales. Estrategias facilitadas por el hundimiento de la URSS. Hasta que el auge de los Brics y las aspiraciones al nacimiento de un mundo multipolar abrieron las perspectivas de una nueva era de panafricanismo que sólo puede establecerse sobre la base de rigurosos presupuestos materialistas.
c) Para un análisis materialista de las contradicciones del proceso de emancipación. Perspectivas de un nuevo panafricanismo revolucionario.
Tras la fase histórica en la que era posible pensar en un panafricanismo basado en una imaginaria comunidad de cultura, que implicaba la eliminación de las inhomogeneidades entre las diferentes realidades sociales del continente y cultivaba la ilusión de un retorno a un supuesto comunitarismo precolonial, se vuelve a plantear la urgencia y la necesidad de un panafricanismo político como proyecto común de salida de la dependencia neocolonial. En efecto, las élites burguesas surgidas del proceso de liberación nacional se mostraron incapaces de promover un verdadero desarrollo, basado en el aumento de la producción, la creación de infraestructuras modernas, la innovación tecnológica y el crecimiento del empleo. El hecho de que exista hoy una (pequeña) clase de africanos superricos no es un síntoma de desarrollo autónomo, sino del papel intermediario que desempeña este estrato social frente al gran capital extranjero. Relanzar el proyecto de un panafricanismo político revolucionario, escribe Bouamama, significa contrarrestar los discursos panafricanistas en clave neoliberal que proliferan en sintonía con la entrada en vigor (2021) de la ZLECAF (Zona de Libre Comercio de África). .
El sujeto político que puede desempeñar el papel de luchar contra el proyecto de integración del continente africano en el proceso de globalización liberalista, no son las burguesías nacionales, cómplices de este proceso, sino las amplias masas populares (volveremos sobre este tema discutiendo el pensamiento de Cabral): hoy como ayer son sólo ellas, junto con ciertos sectores de la pequeña burguesía, las que encarnan intereses económicos y sociales de carácter antiimperialista y anticapitalista.
La transformación de la lucha antiimperialista en lucha por el socialismo, sostiene Bouamama, implica una salida del panafricanismo «culturalista» y la toma de conciencia de que no hay liberación cultural sin liberación económica y política. En cuanto al primer aspecto, Bouamama relanza la tesis de Nkrumah, él mismo deudor de Samir Amin (8), de que no será posible ninguna independencia económica sin aplicar una estrategia de desvinculación (delinking) de la economía dominada por el capitalismo occidental. Es necesario garantizar la posibilidad de un aumento del precio de las materias primas (poniendo fin al intercambio desigual entre las materias primas baratas de las periferias y los productos industriales caros de las metrópolis), desarrollar una industrialización autónoma (poniendo fin a la especialización de la producción en materias primas baratas -¡y mano de obra! – a bajo precio). En otras palabras, se trata de dar vida a economías autocentradas, lo que no significa autarquía, sino desarrollar relaciones de intercambio orientadas a la acumulación interna (observemos que la política económica china se inspiró en estos principios tras las reformas de los años setenta, con los formidables resultados que todos conocemos). Desvincularse significa, entre otras cosas, rediseñar la red de transportes africana para hacerla funcional a los intercambios internos, eliminar las barreras aduaneras entre Estados (y reforzar las que existen contra los productos metropolitanos), y trabajar en la construcción de una comunidad monetaria africana (el proyecto de ampliación de los Brics en función de la desvinculación del señoreaje del dólar -es el caso añadir- puede ser en este sentido un factor estratégico).
Todo esto no puede realizarse en ausencia de un papel central del Estado, razón por la cual Bouamama contraataca a las tesis antiestatistas de la derecha y de la izquierda con el eslogan: «África no sufre de demasiado Estado sino de demasiado poco Estado». Esta afirmación pone en tela de juicio las críticas de los «antinacionalistas» que (como veremos en las próximas entregas de este tríptico africano) achacan las contradicciones del proceso de liberación al hecho de que las energías de la lucha por la independencia han quedado enjauladas en el modelo del Estado-nación. Los antinacionalistas, argumenta Bouamama, olvidan una serie de aspectos fundamentales del proceso de liberación de la dominación colonial y neocolonial: .
Uno. Incluso los regímenes más reaccionarios enflaquecidos por el imperialismo se han visto obligados a satisfacer las necesidades populares al menos en parte, por lo que la afirmación de que la población de ciertos países africanos está peor hoy que cuando eran colonias es una boutade sin fundamento que objetivamente hace el juego a los intereses imperialistas.
Dos. El fracaso en la construcción de un sentimiento de solidaridad y pertenencia nacional deja el campo abierto a otras formas de solidaridad comunitaria que, si bajo ciertas condiciones pueden articularse en la misma oposición al colonizador, también pueden ser explotadas como instrumentos de división del frente antiimperialista.
Tres. Por muy justificada que esté, la crítica a la flagrante artificialidad de las fronteras que separan los países africanos (trazadas con regla y compás por las potencias coloniales que dividieron África entre finales del siglo XIX y principios del XX) no tiene en cuenta la realidad histórica concreta en la que se desarrolló el proceso de descolonización. El discurso sobre la intangibilidad de las fronteras fue una opción obligada para los líderes de la lucha por la independencia, en la medida en que su acción política tuvo lugar en el contexto de un mundo caracterizado por la Guerra Fría entre las grandes potencias y los intentos de instrumentalizar los conflictos internos y externos de los nuevos países independientes para dividirlos y someterlos a los proyectos neocoloniales. .
Cuatro. El antinacionalismo de ciertas izquierdas occidentales se inspira en la visión eurocéntrica del nacionalismo (y en la historia de los conflictos entre Estados occidentales) y, por tanto, no capta el significado emancipador del nacionalismo para los países dominados.
Cinco. No hay contradicción entre emancipación nacional y panafricanismo: la primera es el punto de partida impuesto por las condiciones históricas concretas de la dominación colonial, el segundo es el objetivo final impuesto por la necesidad de acumular fuerzas suficientes para romper la dependencia del continente respecto del dominio neocolonial.
Lo anterior no significa que Bouamama ignore los conflictos y contradicciones que acompañaron a los procesos de construcción nacional posteriores a la independencia. Dado que la artificialidad de ciertas entidades nacionales generadas por la descolonización no es en sí misma un obstáculo insalvable para el proceso de construcción política de la nación, es evidente que éste puede realizarse de diferentes maneras. Y en este sentido, hay que reconocer que se han cometido errores. A menudo, admite Bouamama, el nuevo Estado-nación se ha concebido siguiendo el modelo de los de la Europa capitalista: lengua única, centralización administrativa, supresión de las diferencias étnicas y culturales. Además, con la misma frecuencia, las nuevas clases dirigentes africanas han instrumentalizado los factores étnicos y tribales como herramientas para el reparto desigual de la riqueza y la gestión de favores clientelares. Contra estos errores, es necesario formar élites dirigentes capaces de respetar y proteger los intereses de las minorías y no confundir la necesidad de promover el desarrollo de una cultura y una lengua comunes con la imposición de una cultura y una lengua únicas. El objetivo, concluye Bouamama, debe ser tomar el camino de la agregación federal tanto a nivel nacional como continental, para llegar a la construcción de un Estado unitario plurinacional sobre el modelo del previsto por las Constituciones introducidas por las revoluciones bolivarianas en América Latina (9). El objetivo es crear un Estado federal capaz de respetar y proteger los intereses de las minorías.
II. Inmigración, racismo y construcción del enemigo interior.
El segundo libro de Bouamama que trato en este artículo desplaza el foco de atención de la realidad del continente africano a la de una nación europea, Francia, que desempeñó un importante papel en el proceso de colonización y sigue siendo una de las potencias occidentales más comprometidas con la preservación de la dominación neocolonial sobre África. Si el libro anterior analizaba la lucha de los pueblos africanos por liberarse del dominio colonial y oponerse a los intentos occidentales de seguir apropiándose -incluso después de la descolonización- de sus recursos naturales y humanos para alimentar su propia e inagotable sed de beneficios, esta segunda obra tiene como protagonistas a los millones de inmigrantes que han llegado a Francia para asegurar su supervivencia satisfaciendo la demanda de mano de obra barata en un país que sufre un déficit demográfico crónico. Un país en el que no sólo los sans papier, sino también las segundas y terceras generaciones de los descendientes de las primeras oleadas migratorias, aunque nominalmente «promovidos» a la ciudadanía francesa, siguen experimentando una realidad de sobreexplotación económica y marginación social.
a) Capitalismo e inmigración. Las causas estructurales del fenómeno .
La narrativa liberalista presenta el fenómeno migratorio como el producto de «leyes» económicas objetivas: es el juego de la oferta y la demanda (en el caso concreto de esa peculiar «mercancía» -que en realidad no es tal, como nos explicó Marx- que es la fuerza de trabajo) lo que, a la larga y aunque al precio de inevitables costes humanos, genera una situación óptima para cada individuo y cada nación. Bouamama desmonta esta narrativa recuperando un punto de vista marxista que analiza el fenómeno adoptando una perspectiva histórica a largo plazo. El modo de producción capitalista surgió y sólo pudo desarrollarse destruyendo otras formas de producción y reproducción, en particular las economías campesinas de subsistencia, comunitarias y familiares. Esto ha sido magistralmente descrito por los padres fundadores del marxismo, Marx y Engels, así como por los grandes críticos de la economía política burguesa, como Polanyi, Samir Amin, Arrighi y otros, incluido ese David Harvey que acuñó la categoría de «acumulación por desposesión» para describir este acontecimiento original, pero constantemente reactualizado, del capitalismo (10)..
La mano de obra «liberada» por la destrucción de los modos de producción tradicionales alimenta los flujos migratorios dentro de cada país capitalista: millones de individuos se ven obligados a abandonar los suburbios y afluir a los centros industriales en busca de un medio de vida. Pero el proceso pronto trasciende las fronteras nacionales, en la medida en que, sostiene Bouamama, nunca ha existido un capitalismo no globalizado, sino un proceso progresivo de globalización: el capitalismo nace imperialista, impulsado por la necesidad de ampliar constantemente las bases de su acumulación, es decir, se ve inducido a exportar el proceso de «acumulación por desposesión» colonizando países donde aún existen relaciones sociales tradicionales. De este modo, el capital no homogeneiza el mundo, como pretende la narrativa liberalista, sino que lo polariza entre zonas desarrolladas y subdesarrolladas, estableciendo una brutal división desigual del trabajo. En pocas palabras, la globalización imperialista garantiza al capital el acceso a grandes masas de mano de obra superexplotada, primero exportando su modo de producción y luego importando mano de obra «liberada» de los efectos de esta exportación. Así, el proceso iniciado a escala nacional se repite a escala mundial.
Descrito el mecanismo en su forma general-abstracta, histórica, Bouamama pasa a analizar algunos de sus «corolarios» y a actualizar las formas concretas que tiende a adoptar en la realidad actual (con especial referencia al contexto francés). En primer lugar, los flujos migratorios son indispensables para hacer frente al déficit demográfico europeo y equilibrar los efectos del envejecimiento de la población europea (un problema especialmente grave en Francia, con la tasa de crecimiento demográfico más baja del continente). Además, la inmigración es uno de los principales medios -si no el principal- de mantener el control sobre las masas laborales mediante la «segmentación» del mercado de trabajo, es decir, por sectores económicos, tipos de empleo, etc. Por último, la reducción del poder de negociación de los trabajadores generada por la estratificación que acabamos de describir permite hacer realidad el objetivo de disponer de una mano de obra con gran movilidad, fácilmente transferible de un sector, empleo y lugar a otro.
La aceleración del proceso de globalización en las últimas décadas ha introducido una serie de factores sin precedentes que han incrementado la complejidad de los fenómenos hasta ahora descritos, empezando por el proceso masivo de descentralización productiva hacia los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, que ha supuesto que el 83% de la mano de obra manufacturera viva ahora en el Sur Global, lo que, en lugar de generar una redistribución de la riqueza a favor de estos últimos -como teorizaban los apologistas de la globalización-, ha generado un aumento de la pobreza en ambos contextos. Además, el hecho de que la «ayuda» del mundo occidental a los países del Sur haya ido unida a las «reformas estructurales» impuestas por el FMI y el Banco Mundial (privatización de los servicios públicos, recortes del gasto social, etc.), ha hecho que la mano de obra periférica «liberada» y disponible para emigrar al centro, ya no sólo trabajadores de la economía tradicional, sino también capas de las clases medias urbanizadas, que ya no encontraban empleo en el sector público diezmado por las reformas. Ya no sólo campesinos desarraigados, sino también médicos, profesores, ingenieros, trabajadores de cuello blanco, etc. De este modo, las competencias formadas a costa de las periferias han ido a alimentar la mano de obra barata de los servicios públicos de los países dominantes (Bouamama cita, en particular, el empleo masivo de personal médico de origen extracomunitario en la sanidad francesa. Y esta nueva migración, por razones que examinaremos en los párrafos siguientes, no sólo está destinada a la superexplotación, sino que está condenada a permanecer en ella de forma permanente. .
b) Antes de la oleada de origen africano. Migración interna e intraeuropea.
Bouamama dedica una gran parte del volumen que nos ocupa a la historia de las migraciones interiores en Francia. También aquí parte de una premisa teórica general, que consiste en la afirmación de que el proceso de construcción nacional, el desarrollo de una clase obrera clase moderna y los flujos migratorios constituyen un todo inseparable. Esto se deriva no sólo de la relación interdependiente entre la destrucción de las formas sociales periféricas y la acumulación primitiva en los centros descrita en el párrafo anterior, sino también del hecho de que la tasa de natalidad en el Hexágono ha sido siempre más baja que en el resto de Europa, lo que convirtió a esta región en un imán que, a medida que crecía la demanda de fuerza de trabajo, atrajo a masas de emigrantes primero de las periferias interiores, luego de los países vecinos y, finalmente, de África.
Al referirse a las migraciones internas del periodo posterior a la Revolución de 1789, Bouamama avanza la tesis de que, en el proceso de construcción nacional, se produjo una confusión constante entre unidad política y singularidad cultural. Típica en este sentido es la promoción del francés «parisino» como lengua nacional, que se impone destruyendo las lenguas de las «naciones primarias», como la bretona. Los bretones, entre otros, fueron objeto de burla y desprecio por su lengua ‘bárbara’ y su ‘incivismo’, y convertidos en objeto de un proceso de ‘etnicización’ que permitió estratificar a la clase obrera francesa en formación, asignando a estas etnias ‘atrasadas’ las tareas productivas más extenuantes, puramente ejecutivas y ‘sucias’ y confinándolas a los sectores económicos más explotadores.
En la segunda mitad del siglo XIX, las migraciones internas ya no bastaban para satisfacer la insaciable sed de mano de obra barata de la industria francesa, por lo que se abrieron de par en par las puertas a los flujos migratorios procedentes de países europeos: italianos, españoles, polacos, etc. Hoy en día, las élites burguesas alimentan el mito de la supuesta «integración armoniosa» de estos migrantes europeos (y sus descendientes), que se contrapone a la falta de integración o a la integración incompleta de las migraciones posteriores procedentes de países no comunitarios (principalmente africanos). Se trata de un mito que Bouamama desmonta recordando la marginación, los índices de explotación y la persecución racista a la que fueron sometidos sobre todo los trabajadores italianos, que ya entonces eran representados, como ocurre hoy con los inmigrantes extracomunitarios, como una amenaza para «sustituir» a la población autóctona. Hoy en día, una vez que los flujos migratorios procedentes de Italia han cesado hace tiempo y las sucesivas generaciones parecen haber sido plenamente asimiladas por la cultura francesa, el mito del éxito de la integración se alimenta gracias a una proximidad cultural sustancial, mientras que la distancia cultural de los inmigrantes poscoloniales justificaría el hecho de que el trato discriminatorio hacia ellos se extienda también a las generaciones posteriores a la primera, aunque estas últimas estén compuestas ahora por una mayoría de ciudadanos franceses. Pero esta teoría de la distancia cultural, como vamos a ver, es la forma específica que ha adoptado el racismo en la era de la globalización poscolonial. .
c) Del racismo biológico al racismo cultural.
El racismo, sostiene Bouamama, es un modo esencial de clasificación social en la civilización capitalista occidental. Pero tras los horrores perpetrados por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, el racismo biológico, que en el siglo XIX y principios del XX aún se utilizaba ampliamente para legitimar el colonialismo imperialista, se ha vuelto impresentable. La condena moral del racismo por parte de la cultura liberal-democrática apunta su dedo casi exclusivamente a los prejuicios individuales contra el otro, y confía así la solución del problema a la educación, mientras ignora los intereses materiales (económicos y políticos) que producen y reproducen el racismo. Así, una vez desaparecido el racismo relativo a la herencia biológica, se inventa otro, a saber, ese «racismo sin raza» que se basa en la tesis de la irreductibilidad de las diferencias culturales (para ser precisos, de las diferencias entre las culturas del centro y las culturas de las periferias, es decir, entre Occidente y el resto del mundo). .
Enfrentados al hecho de que los emigrantes poscoloniales de segunda y tercera generación, aunque franceses a todos los efectos, siguen siendo percibidos y tratados como extranjeros; enfrentados al hecho de que la tasa de desempleo de los hijos de los emigrantes duplica la de sus coetáneos blancos; Ante la persistencia de la discriminación en materia de vivienda, por la que se «confina» a los inmigrantes a lugares reservados a los estratos inferiores de las clases subalternas (esta segregación es tan intensa que la mayoría absoluta de los nuevos inmigrantes vive en una treintena de barrios de Île de France), trazando las fronteras de lo que Bouamama llama «la línea de color»; ante el hecho de que incluso los hijos de inmigrantes que consiguen acceder a los niveles más altos de educación luchan por conseguir empleos acordes con el nivel de educación que han alcanzado. Frente a todo esto, se construye la narrativa de la incompatibilidad de estos individuos con su entorno cultural de adopción. Estas personas, se argumenta, no son discriminadas, sino que, en la medida en que optan por congregarse en comunidades culturalmente homogéneas, dan lugar a un «separatismo minoritario» que se niega a integrarse en la nación de acogida. Este «comunitarismo», que no es más, escribe Bouamama, que el producto social de la discriminación, se transforma así en una elección consciente y una característica cultural.
La explicación «culturalista» tiende a proyectar una imagen homogénea de grupos sociales incluso profundamente diferentes, a ofrecer una representación antihistórica que elimina por completo las interacciones ambientales a las que están expuestos. Las poblaciones de las banlieues se convierten en objeto de una representación «neoorientalista» (11) que se refiere en particular a la religión islámica. Y la forma en que se aborda la cuestión islámica es un síntoma de la tendencia -típica de la actual fase avanzada de la globalización- a atribuir al racismo culturalista una connotación «civilizacionista», donde la referencia es, por supuesto, a la tesis del «choque de civilizaciones» formulada por Samuel Huntington (12). .
El discurso de Huntington es demasiado conocido para que sea necesario dedicarle más que unas líneas resumidas. El politólogo estadounidense es el gurú de una nueva guerra fría que, a diferencia de la guerra económica, política e ideológica que enfrentó a Estados Unidos y la Unión Soviética hasta la caída del socialismo en Rusia, adoptaría hoy la forma de un choque de valores civilizatorios. Por un lado, la civilización liberal democrática del Occidente «cristiano» (el adjetivo merece entrecomillarse ya que los valores evocados son sobre todo los de las sectas protestantes angloamericanas), por otro lado las civilizaciones confuciana islámica, cristiana ortodoxa, católica «hispánica», tan diversas como unificadas por su rechazo a los valores occidentales. Huntington ignora la complejidad de estas tradiciones tanto como sus diferencias al homogeneizarlas y presentarlas como bloques monolíticos. Por eso sus tesis han desempeñado un papel decisivo en la transformación de la imagen de los emigrantes poscoloniales en Francia -la mayoría de los cuales son musulmanes- de clases peligrosas en auténticos enemigos internos. .
Es evidente que esto choca con los intereses de las élites burguesas francesas, que no pueden prescindir de la mano de obra inmigrante. Sin embargo, a medida que las segundas y terceras generaciones, exasperadas por la perpetuación de su situación de marginación incluso después de su «ascenso» a ciudadanos de la República, han empezado a radicalizar sus reivindicaciones económicas, sociales y políticas, y que las banlieues se han convertido en escenario de violentos enfrentamientos a la altura de los guetos afroamericanos de Estados Unidos, el discurso del poder también se ha radicalizado, adoptando los discursos de la derecha fascista y racista.
De este modo, la lógica culturalista e «integracionista», que siempre ha guiado las políticas gubernamentales hacia los inmigrantes, se asemejó cada vez más a la aplicada en Argelia y las demás colonias antes de su emancipación: la integración adquirió el carácter de una versión eufemística de la asimilación de los pueblos colonizados, y el choque social transfigurado en choque de civilizaciones adoptó formas cada vez más parecidas a las de las guerras coloniales. Se empezó a hablar de un «umbral de tolerancia»: al igual que el cuerpo humano sólo puede tolerar una cierta cantidad de determinadas sustancias, el cuerpo social sólo podría tolerar una cierta cantidad de migrantes (se sobreentiende de los migrantes de religión musulmana, en el sentido de que el discurso no se aplica a los migrantes de origen europeo oriental). Se recurre al concepto de «crisis» migratoria para evocar la imagen de un desequilibrio demográfico brusco y peligroso: vuelve el fantasma, ya evocado en el siglo XIX a propósito de la inmigración italiana, de la «sustitución» de la población autóctona o al menos de la «corrupción» de sus valores civiles y culturales.
La islamofobia, alimentada por los medios de comunicación y las campañas electorales de la derecha, engendra el fantasma de un supuesto islamo-gauchismo (alimentado por el hecho de que la izquierda defiende los motivos sociales y políticos de las minorías migrantes). Los islamo-gauchistas se presentan como una especie de quinta columna de un enemigo interno y externo al mismo tiempo, reproponiendo paradójicamente el estereotipo del «bolchevismo judío» agitado entre las dos guerras mundiales (paradójicamente porque hoy Israel forma parte integrante del bloque occidental-blanco y la propaganda pro-palestina se considera una expresión típica de la cultura islamo-gauchista). Por último, las agrupaciones «comunitarias» de emigrantes en las banlieues a las que se ven confinados (véase más arriba) se representan como zonas sustraídas a la soberanía republicana, frente a las que es necesaria una «reconquista territorial». .
Es sobre todo esta última narrativa la que legitima una militarización progresiva de las fuerzas policiales y de las armas de que disponen, fenómeno que ha dado a las operaciones represivas el carácter de una verdadera guerra interna según el modelo de la que se libró en Argelia. Una evolución favorecida por la creciente penetración de cuadros de extrema derecha en las fuerzas policiales, según el modelo de lo que había ocurrido en la posguerra, con la permanencia en su seno de cuadros del régimen fascista y con el enrolamiento de antiguos colonos y combatientes de la guerra colonial. En conclusión: el racismo «culturalista», nacido para evitar la repetición de los prejuicios descalificadores del racismo biológico, dio a luz al monstruo de una guerra colonial librada en el territorio de la metrópoli. .
Nota final: este artículo no incluye una conclusión, ya que me reservo el derecho de escribir una relativa a los tres episodios del tríptico africano inaugurado por el texto que acaban de terminar de leer.
Nota
El colonialismo de colonización se refiere a la conquista de un territorio por colonos que sustituyen (aniquilan) a las poblaciones autóctonas.
(1) El colonialismo de colonización se refiere a la conquista de un territorio por colonos que sustituyen (aniquilan) a las poblaciones indígenas. Tales fueron los procesos de colonización en Norteamérica y Australia (véase al respecto L. Pegoraro, I dannati della terra. I genocidi dei populi indigeni in America e in Australia, Meltemi, Milán 2019). Tal debería haber sido, en las intenciones de Hitler, la colonización de Rusia y tal amenaza con convertirse, en los proyectos de la derecha sionista, en la colonización de Palestina.
(2) Cf. K. Marx, El Capital, vol. I. Cap. XXIV («La cosiddetta accumulazione originaria») pp. 896 y ss. UTET, Turín 1974.
(3) Sobre la superioridad de la economía china sobre la europea al menos hasta los siglos XVII y XVIII véase el análisis de Smith citado por Arrighi en Adam Smith en Pekín, Feltrinelli, Milán 2007.
(4) En El socialismo ha muerto. Viva il socialismo (Meltemi, Milán 2019, pp. 187 y ss.) polemicé contra las tesis de los filósofos occidentales que atribuyen a la antigua Grecia el mérito de ser la cuna exclusiva del pensamiento racional.
(5) El concepto de negritud adquirió diferentes matices ideológicos y políticos según los autores que lo adoptaron. La versión más rica en contenido antiimperialista es sin duda la de Aimé Césaire (véase Discurso sobre el colonialismo, ombre corte, Verona 2020). Hay que decir, sin embargo, que muchos intelectuales marxistas comprometidos en la lucha contra el colonialismo, entre ellos Frantz Fanon y Amilcar Cabral, pasaron por una fase en la que se sintieron fascinados por el concepto y luego lo abandonaron.
(6) Véase, en particular, C. Formenti, Guerra y revolución, vol. I, cap. 1 («La caja de herramientas»), Meltemi, Milán 2023.
(7) Además de la contribución de Cabral, de la que hablaremos en una próxima entrega de este tríptico africano, una contribución significativa a la expansión del concepto de clase antagónica en contextos coloniales y poscoloniales provino de algunos marxistas latinoamericanos como Mariátegui (Sette saggi sulla realtà peruviana, Einaudi, Turín 1972) y Linera (Forma valor y forma comunidad, Quito 2015).
8) Véase Samir Amin, La déconnextion. Pour sortir du système mondial, La Découvert, París 1986.
(9) Bouamama cita en particular la Constitución boliviana como ejemplo de modelo de Estado multicultural y multiétnico.
(10) Véase D. Harvey, L’enigma del capitale e il prezzo della sua sopravvivenza, Feltrinelli, Milano 2018.
11) Sobre el concepto de orientalismo, véase Edward Said, Orientalismo, Feltrinelli, Milán 2013.
(12) Cf. S. Huntington,
9. Más sobre las elecciones en Georgia
Os iba a enviar el estupendo artículo de Rafael Poch sobre Georgia y Moldavia –https://rafaelpoch.com/2024/– pero ya lo hizo Salvador. Como complemento, puede ser interesante esta serie que están publicando en LeftEast sobre elecciones en varios países de la zona del Mar Negro. Empiezan con este de Japaridze, que no os pasé porque acababa de enviar otro de un miembro de su grupo, también en LeftEast-Jacobin. https://lefteast.org/2024-
Elecciones de 2024 en Georgia: Apoyo popular al sueño georgiano entre acusaciones de fraude
Por Sopiko Japaridze 6 de noviembre de 2024
Colegio electoral en Tiflis, el 26 de octubre de 2024.
Nota de los editores de LeftEast: Entre octubre y noviembre de este año, cuatro países de la amplia región del Mar Negro -Moldavia y Georgia, Bulgaria y Rumanía- habrán celebrado elecciones sin apenas alternativas de izquierdas en las papeletas. Con el siguiente artículo, publicado originalmente en Jacobin, abrimos una serie de análisis de la región que cuestionan la cobertura simplificada de estas elecciones como una mera elección geopolítica y de civilización entre Moscú y Occidente, que deja poco espacio a la política interna y a las vidas y preocupaciones de la gente corriente.
El sábado 26 de octubre, los georgianos acudieron a las urnas en medio de un ambiente tenso. Comenzó a circular un vídeo de un hombre que intentaba rellenar varias papeletas mientras los observadores electorales intentaban detenerlo. Decenas de personas y cámaras estaban presentes, y las imágenes se difundieron rápidamente por plataformas locales, internacionales y redes sociales. Otros vídeos de refriegas en el exterior de los colegios electorales también recibieron una gran atención, dando una imagen de violencia generalizada y vaciado de papeletas.
Al finalizar la votación, aparecieron tres sondeos a pie de urna, cada uno encargado por fuerzas diferentes. La encuesta Edison, que favorecía a la oposición, mostraba que las diversas fuerzas críticas con el partido gobernante Sueño Georgiano sumaban el 51% de los votos, suficiente para formar gobierno. Declararon la victoria, y la Presidenta Salome Zourabichvili -jefa de Estado, pero hoy opositora al gobierno- agradeció al electorado su madurez política y «europeidad [sic]». Sin embargo, la encuesta progubernamental daba al partido gobernante un 56%, y la otra encuesta de la oposición lo situaba entre el 41% y el 42%. Ambos bandos se atribuyeron la victoria, aunque al principio los medios de comunicación occidentales informaron mayoritariamente de la supuesta ventaja de la oposición.
Mensaje publicado por Salome Zourabichvili en la plataforma de medios sociales X el 26 de octubre de 2024.
A medida que avanzaba el recuento, Sueño Georgiano mantenía una ventaja superior al 50%, y el Presidente Zourabichvili enmudeció repentinamente. La oposición, que había estado realizando recuentos de votos paralelos, dejó de publicar sus datos. Uno a uno, los partidos de la oposición declararon que las elecciones habían sido amañadas.
Observadores
El domingo 27 de octubre, todas las miradas estaban puestas en los observadores internacionales, que se preparaban para dar a conocer sus conclusiones. Con más de quinientos observadores -incluidas delegaciones del Parlamento Europeo, el Consejo de Europa y la OTAN- supervisando más de dos mil colegios electorales, su veredicto tenía peso. El informe de la misión conjunta de observación criticó duramente el Sueño Georgiano, culpando al gobierno de crear un ambiente preelectoral tóxico y polarizado. Destacaron leyes controvertidas, como la de influencia extranjera, que obliga a las ONG y a los medios de comunicación a revelar la financiación extranjera. Sin embargo, los observadores no declararon que las elecciones hubieran estado amañadas. Señalaron que incidentes como el del vídeo de la manipulación de papeletas eran poco frecuentes, ya que sólo se había visto implicado uno de cada tres mil colegios electorales, y que se habían solucionado rápidamente.
Además, sólo mencionaron un puñado de intentos de doble voto, que fueron evitados. De las 1.924 observaciones, el 6 por ciento se valoraron negativamente, citando problemas como la interferencia de los observadores (16 por ciento), el hacinamiento (16 por ciento), el uso indebido de fundas secretas (9 por ciento), la disposición incorrecta de los colegios electorales (8 por ciento) y las marcas visibles de las papeletas (6 por ciento). Destacaron que, en general, las elecciones habían sido bien administradas y dijeron que seguirían observando el proceso postelectoral en busca de nuevas quejas. A pesar de las reiteradas preguntas de los periodistas, los observadores se negaron a declarar fraudulentas las elecciones, lo que decepcionó a la oposición.
Esa misma tarde, la Presidenta Zourabichvili dio una rueda de prensa flanqueada por tres de los cuatro firmantes de su Carta, como se conoce al bando unido de la oposición. Denunció las elecciones como «totalmente amañadas», comparando su reconocimiento con una ocupación rusa, diciendo: «Se celebraron elecciones rusas». A continuación retwitteó un gráfico de un usuario de Twitter/X que intentaba demostrar el fraude, con la leyenda «No puede ser más claro», sin ofrecer más explicaciones sobre los datos. Este gráfico levanta sospechas sobre el patrón de las altísimas puntuaciones de Georgian Dream en las zonas rurales.
Desde entonces, Zourabichvili ha movilizado sus recursos y contactos en los gobiernos y medios de comunicación occidentales, con un bombardeo de cobertura para convencer a la opinión pública occidental de que Rusia amañó las elecciones georgianas. Pocos periodistas la presionaron con preguntas difíciles. Cuando le pidieron pruebas de la injerencia rusa, respondió: «Es muy difícil de demostrar. Ningún país, ni siquiera Estados Unidos o las naciones europeas, ha podido demostrar la injerencia rusa en sus elecciones.» Los portavoces de la oposición han utilizado acusaciones como propaganda al estilo ruso (o incluso soviético), retórica antioccidental y alarmismo sobre la guerra como parte de sus afirmaciones de que las elecciones fueron amañadas. Zourabichvili sugirió que tampoco debería esperarse que Georgia, con menos recursos que Estados Unidos, aportara pruebas. En su lugar, subrayó: «Lo importante es lo que siente la población georgiana».
¿Faltan votos?
Pero las afirmaciones de Zourabichvili también se basaban en una suposición bastante errónea. Argumentó que las elecciones simplemente deben haber sido amañadas porque las encuestas de opinión han mostrado sistemáticamente que los georgianos quieren la integración en la UE, y sin embargo los resultados electorales favorecieron a Sueño Georgiano. Si los votantes quieren entrar en la UE, ¿por qué votar a este partido? La verdad es un poco más complicada. Porque Sueño Georgiano, que hizo de la candidatura a la adhesión a la UE parte de la Constitución nacional en 2018, también promete perseguir este mismo objetivo, y su campaña en estas elecciones incluso utilizó ampliamente la bandera de la UE.
Lo que la presidenta cuestiona es esta compatibilidad. Se regodea de su acceso a los jefes de gobierno occidentales que se niegan a reunirse con Georgian Dream; así, defiende la versión aprobada por los líderes de la UE de la proeuropeidad, y cualquier otra cosa es directamente «prorrusa». Esta imagen maniquea también es evidente en su cita de las grandes protestas de marzo contra la ley de ONG, la mayoría en Tiflis. Preguntó: «¿Dónde están ahora esos miles de personas? ¿Han desaparecido?» – dando a entender que las protestas incluían a toda la población, lo que debería haberse reflejado en los resultados electorales.
Reiteró con frecuencia las acusaciones de manipulación de papeletas, doble voto y fraude electoral, sin aportar datos concretos sobre la magnitud o las pruebas de tales acusaciones. Tras asegurar a la opinión pública que el primer uso del voto electrónico en Georgia era seguro, ahora afirmó que se había utilizado para manipular los resultados. En una protesta que convocó para el lunes siguiente a las elecciones, Zourabichvili anunció que aprovecharían el tiempo para reunir pruebas del amaño electoral para sus aliados occidentales. Mientras tanto, Zourabichvili, ex embajadora de Francia en Georgia, aprovechó sus conexiones para instar a los gobiernos occidentales a que no reconocieran los resultados electorales hasta que ella pudiera aportar pruebas del «total» amaño.
Otros miembros de la oposición se hicieron eco de sus llamamientos, y algunos exigieron unas nuevas elecciones supervisadas totalmente por supervisores extranjeros y prometieron boicotear el Parlamento hasta que eso ocurriera. Algunos líderes de la oposición afirmaron que habían pasado la noche en vela tras las elecciones intentando averiguar cómo se habían amañado los votos, mientras que otros admitieron que aún necesitaban tiempo para reunir pruebas. Seguimos esperando pruebas concretas. De hecho, hay teorías contrapuestas sobre el tipo de amaño que tuvo lugar, y algunos sugieren que sería mejor elegir una pista y trabajar para generar las pruebas de esa en particular.
Voto de repetición
Según el recuento oficial, Sueño Georgiano obtuvo el 54% de los votos, con un fuerte apoyo en las regiones. La oposición obtuvo malos resultados en todo el país, con su único bastión en Tiflis. Aunque algunos críticos del gobierno aceptaron a medias que Sueño Georgiano obtuvo mejores resultados de lo esperado, siguen buscando respuestas fuera de sí mismos.
Mientras Sueño Georgiano competía en solitario, la oposición era una coalición de cuatro partidos y alianzas alineados informalmente. Habían suscrito una «Carta Georgiana», ideada por la presidenta Zourabichvili. Aunque fue elegida con el apoyo de Sueño Georgiano en 2018, desde entonces se ha vuelto contra el Gobierno.
La Carta exigía que cualquier partido firmante aceptara que Zourabichvili formara el próximo gobierno si ganaba, dándole a ella la autoridad exclusiva para elegir al primer ministro. Su mandato como Presidenta está a punto de terminar, y no figuraba en las listas de ningún partido ni en las papeletas para estas elecciones. A pesar de no participar oficialmente en las elecciones, mantuvo un papel clave en la dirección política de la oposición mediante este acuerdo, calificándolo de ejemplo de «democracia europea.»
La Carta también establecía planes para un gobierno técnico formado por la oposición, cuya principal tarea sería anular las leyes que la UE había criticado y aprobar la legislación necesaria para la integración en la UE. Tras estos cambios, el plan era celebrar elecciones «libres» bajo el nuevo marco legal. Por sí solos, cada uno de los partidos de la oposición no reclamaba mucho más del 10%.
Presión occidental
Los observadores europeos y de la OTAN señalaron el ambiente «polarizado» en torno a las elecciones y las acusaciones de propaganda rusa. Naturalmente, no dijeron nada sobre los esfuerzos de la UE o de Estados Unidos para influir en la política georgiana, con fuertes acciones en los últimos años en respuesta al retroceso democrático y a la retórica antioccidental. Las leyes nacionales, como la Ley de Transparencia de la Influencia Extranjera y las leyes contra la propaganda LGBT, desataron su ira. La UE ha paralizado el proceso de admisión de Georgia, mientras que tanto la UE como Estados Unidos han suspendido millones en ayudas financieras.
Este planteamiento también incluye sancionar a personas en Georgia, donde se ha sancionado a figuras políticas y existen restricciones de visado para quienes supuestamente socavan la democracia georgiana. La administración Biden ha iniciado una revisión de las relaciones entre Estados Unidos y Georgia, advirtiendo de que podrían producirse más restricciones si Georgia sigue por el camino actual.
¿Cuál es ese camino? Las resoluciones del Parlamento Europeo de 2024 contra el Sueño Georgiano fueron duras, expresando una fuerte desaprobación de las acciones del gobierno. Estas resoluciones iban más allá de la mera censura; exigían medidas severas pocas veces vistas en diplomacia, especialmente hacia una nación que aspiraba a ingresar en la UE (si es que a veces se practican con los propios miembros de la UE). La Unión Europea amenazó con retirar su apoyo al gobierno georgiano, exigiendo que se suspendiera toda ayuda de la UE hasta que el gobierno derogara las leyes autoritarias que había promulgado.
Las decisiones pedían sanciones personales contra Bidzina Ivanishvili, el multimillonario detrás de Georgian Dream, y otros funcionarios. El lenguaje fue contundente; Ivanishvili fue tachado de figura detrás de la administración y directamente vinculado al Kremlin. El Parlamento de la UE acusó a los dirigentes de Georgia de convertir el país en un Estado satélite de Rusia con la ley de influencia extranjera, vinculándola a una legislación similar aprobada en Rusia en 2012. El Parlamento no solo instaba a la reforma, sino que advertía de que si los georgianos no votaban en contra del Sueño Georgiano, el país podría no ingresar nunca en la UE.
La embajada de Estados Unidos en Georgia publicó advertencias en Facebook sobre el peligro de aislamiento. Por si fuera poco, durante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, el primer ministro de Georgia fue invitado a la ceremonia de bienvenida de Joe Biden, pero luego se le denegó el permiso para asistir. Recientemente, el Reino Unido suspendió su diálogo anual sobre seguridad con Georgia y canceló nuevas conversaciones sobre defensa.
Mientras Occidente presiona a Georgia con sanciones, las relaciones con Rusia siguen siendo complicadas, tras la guerra de 2008 entre ambos países. Ahora se han levantado las restricciones de visado, y el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, se ha mostrado dispuesto a abordar las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, actualmente reconocidas como «independientes» por Rusia. Un compromiso podría incluir la retirada de los soldados rusos de determinadas zonas. Rusia también ha cortado la ayuda a Abjasia, que depende en gran medida de ella, y ha retirado a la región las tarifas energéticas con descuento. Han abrazado las declaraciones y leyes presentadas por Georgian Dream.
En un intento de mostrar buena voluntad a los osetios, Sueño Georgiano ha ofrecido gestos de disculpa y ha pedido que se juzgue al gobierno anterior, responsable de crímenes contra ellos. Han bautizado a estos procedimientos como los «juicios de Nuremberg». Aun así, enmarcar las elecciones como una elección entre la guerra y la paz probablemente ayudó a impulsar el voto de Sueño Georgiano. En el poder desde 2012, es el único gobierno georgiano desde la caída de la URSS que no ha estado en guerra. Se presenta como el partido de la estabilidad, utilizando a Ucrania como contraejemplo, que representa el futuro que pretenden evitar.
Sueño Georgiano dice ser proeuropeo, con el mensaje «Con dignidad a Europa». Sin embargo, es algo distinto de la postura proeuropea dominante que defienden los liberales georgianos, y se alinea con las fuerzas más conservadoras de la propia UE. La promesa es unirse a Europa con el tiempo, pero también jugar sobre seguro en la encrucijada de naciones poderosas y en conflicto durante esta época inestable en la geopolítica regional y mundial.
¿Ganó más votos Sueño Georgiano?
Antes de la votación, la oposición afirmó que esperaba que Sueño Georgiano amañara las elecciones, pero confiaba en que ganaría a pesar de todo. Después de que se conocieran los votos, acusaron a Sueño Georgiano de ser codicioso, alegando que se había excedido en su amaño al reclamar el 54 por ciento de los votos, frente al 48 por ciento en 2020. Sugirieron que aumentar su apoyo es una mera imposibilidad.
En 2020, el sistema electoral incluyó tanto el voto proporcional como el mayoritario, mientras que en 2024 se celebraron las primeras elecciones sólo con voto proporcional y la introducción del voto electrónico. Con el sistema mayoritario, los candidatos tenían que hacer campaña a nivel local, presentándose como candidatos individuales en lugar de depender únicamente de la dirección del partido desde Tiflis.
En 2020, los candidatos locales mayoritarios de Sueño Georgiano en todos los distritos regionales fuera de la capital recibieron entre el 43 y el 69 por ciento de los votos. Con el cambio a un sistema totalmente proporcional en 2024, se hizo más difícil predecir cómo se desarrollarían finalmente los votos. No sería correcto comparar únicamente con la cifra del 48% del voto proporcional de 2020, sin tener en cuenta los porcentajes del voto mayoritario.
Los partidos de la oposición se centraron en las ciudades, mientras que Sueño Georgiano, a pesar de disfrutar de ventajas en el cargo y no enfrentarse a la contracampaña en las zonas rurales, obtuvo claramente un gran número de votos en estas regiones. Tanto los analistas como las encuestas sugirieron que un mensaje centrado en la geopolítica difícilmente tendría eco en el 70% de los georgianos que viven fuera de la capital, Tiflis, más preocupados por cuestiones cotidianas relacionadas con la calidad de vida.
Lo más importante es que el mundo ha cambiado drásticamente desde 2020 con la pandemia y luego la guerra de Ucrania. La invasión rusa ha alterado significativamente la dinámica política en todas partes, pero esto es especialmente cierto en Georgia, donde los recuerdos de la guerra de 2008 y los conflictos de la década de 1990 aún están frescos. El Sueño georgiano hizo una dura campaña con un mensaje de «paz», advirtiendo de que había fuerzas que intentaban arrastrar a los georgianos a la guerra. La guerra en curso en Ucrania, junto con los ataques de Israel en todo Oriente Medio y la posibilidad de una guerra en Irán, han dejado a muchos georgianos temerosos.
La Presidenta Zourabichvili argumentó que, mientras su campaña intentaba dirigirse a los deseos de los votantes, Georgian Dream se basaba en sus «miedos», sugiriendo así a los medios de comunicación occidentales que su planteamiento seguramente le daría la victoria. Sin embargo, muchos georgianos están más motivados por la ansiedad: preocupados por no perder lo que tienen, que por confiar en promesas de prosperidad europea que aún no han cumplido.
Pero en este contexto, Georgia ha aprovechado eficazmente su posición geográfica. El hecho de no cumplir plenamente las sanciones contra Rusia ha contribuido evidentemente a impulsar su economía. Al mantener una postura neutral, Georgia se ha convertido en un centro comercial vital para los países que desean relacionarse con Rusia, lo que ha dado lugar a un aumento de la actividad empresarial, especialmente en logística y comercio. El crecimiento previsto del PIB es del 7,1%. Como resultado, la tasa de inflación de Georgia ha disminuido notablemente hasta el 0,6 por ciento desde 2022, mejorando el poder adquisitivo.
Sueño Georgiano es un partido neoliberal y respaldado por multimillonarios, aunque recientemente ha ofrecido algunos modestos pasos adelante en comparación con los diez años anteriores de gobierno, y significativamente más progresista en cuestiones sociales que el gobierno anterior. También han establecido un salario mínimo para los trabajadores de la sanidad y han duplicado la paga por maternidad en 2023. El último salario mínimo general se había aprobado en 1999. Aunque estos cambios no sean sustanciales, ponen de manifiesto un cambio en las prioridades del gobierno.
Algunas de las razones de la popularidad de Sueño Georgiano chocan con el optimismo liberal sobre la adopción de los «valores europeos» por parte de los georgianos, o sobre cuáles son realmente esos valores. De hecho, el partido gobernante ha utilizado estratégicamente los sentimientos anti-LGBT imperantes para ampliar su base de votantes. En la sociedad conservadora de Georgia, los mensajes del partido en torno a los «valores tradicionales europeos» resuenan profundamente. Según un estudio de la ONU de 2021, el 55,9% de los georgianos consideraba las cuestiones LGBT como «propaganda», un descenso del 20% desde 2016, aunque la oposición seguía siendo fuerte, con un apoyo que solo aumentó modestamente del 13,6% al 19,7%. El apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo también sigue siendo bajo, con solo el 10 por ciento expresando algún nivel de aceptación. En los últimos tres años, grupos conservadores no afiliados a Sueño Georgiano han intensificado su retórica anti-LGBT, preparando a esta base de votantes para alinearse finalmente con Sueño Georgiano en las urnas.
Además de otros retos, Georgia vive una guerra cultural. Muchos de los que salieron perdiendo en la transición de la Unión Soviética al salvaje Occidente capitalista -y especialmente los que no se han beneficiado de subvenciones o ayudas occidentales- tampoco hablan inglés ni tienen títulos de universidades europeas. Cuando estas personas de las zonas rurales acuden a Tiflis al «Día de la Familia», una fiesta cristiana hecha para las ideas tradicionales de familia, a manifestaciones o a mítines de Sueño Georgiano, la oposición urbana suele burlarse de ellos tachándolos de «atrasados». Esta crítica se dirige no sólo a sus preferencias culturales, como la música rusa, sino también a su higiene, vestimenta, gusto por la comida y estilo de vida, profundizando la brecha social y cultural entre estos grupos. La mayoría de los habitantes de las zonas rurales no asisten a las manifestaciones de Tiflis. Pero oyen lo que la oposición y sus partidarios en la capital dicen de gente como ellos.
Mientras que la oposición, junto con los observadores y políticos occidentales, se ha centrado en cómo afecta la ley de influencia extranjera a la sociedad civil «astroturfizada», financiada por Occidente, y a un entorno político polarizado, han pasado por alto su atractivo para la base de votantes de Sueño Georgiano. La oposición fue grande, pero seguramente no movilizó a toda la sociedad. Las encuestas mostraron que el 35% de los georgianos desaprobaba la ley, el 30% la aprobaba y el resto se mostraba indiferente. Al dirigirse a los segmentos más privilegiados de la sociedad -a menudo llamados burlonamente «devoradores de subvenciones»-, esta ley puede haber animado a ir a votar a los partidarios del Sueño Georgiano que se sienten marginados y excluidos de tales beneficios.
La ley de «influencia extranjera», que se citó con frecuencia como causa del «ambiente hostil» previo a las elecciones, aún no ha dado lugar a multas para las ONG que incumplen los plazos de notificación. A pesar de que las ONG de la oposición afirman que obstaculizaría su labor de observación electoral, la ley no ha tenido hasta ahora ningún impacto inmediato en sus operaciones, aunque algunas afirman que los temores en torno a la ley sí han influido. Si se suponía que esta votación era un referéndum sobre estas leyes, no parece que la principal preocupación de la mayoría de los georgianos en las elecciones fuera, de hecho, derogarlas. Sin embargo, los llamamientos para derogarlas siguieron siendo urgentes. El Secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, sin reconocer explícitamente el resultado de las elecciones, señaló: «El pueblo georgiano abrazó ayer la democracia» y pidió a las autoridades que «deroguen la legislación que socava fundamentalmente las libertades fundamentales».
¿Qué viene ahora?
Tras las elecciones, la oposición se ha propuesto declararlas fraudulentas, y el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, es el único de los líderes occidentales que reconoce los resultados. Al presionar a Occidente para que cuestione la legitimidad de las elecciones, Zourabichvili está ayudando a la oposición a ganar tiempo para construir y presentar su caso a los aliados extranjeros. Sus repetidas advertencias de una «toma del poder rusa» forman parte de este esfuerzo, animando a los gobiernos occidentales a mantener la presión sobre el gobierno del Sueño Georgiano.
Si finalmente los líderes occidentales no reconocen las elecciones, podría producirse un gran enfrentamiento. Los llamamientos para que «se escuche al pueblo georgiano» sólo escucharán a una parte de él. La oposición sigue siendo una coalición frágil, sin la fuerza de cohesión necesaria para imponerse por sí sola al Sueño Georgiano, pero claramente poco dispuesta a aceptar que este partido pueda gobernar legítimamente.
Esto plantea cuestiones complejas: ¿Intentarán las potencias extranjeras destituir al sueño georgiano y qué recursos tiene realmente la oposición? Aunque algunas naciones occidentales podrían estar a favor de una intervención significativa, en Georgia hay poco apetito público por una agitación al estilo «Maidan». Este punto muerto podría llevar a Georgia a un punto de ajuste de cuentas, desafiando la estabilidad del país y desatando el caos.
Sopo Japaridze es la presidenta de Solidarity Network, un sindicato independiente de cuidadores de Georgia. Es organizadora sindical desde hace más de una década. Investiga y estudia las relaciones laborales y sociales y escribe para varias publicaciones. También es cofundadora de la iniciativa y podcast sobre la historia de la Georgia soviética, Reimagining Soviet Georgia.