“Política del caos” por Ernesto Gómez de la Hera

Por encima de los cálculos que tantos sectores de las oligarquías occidentales están haciendo ahora para asegurarse de que sus intereses particulares resulten lo menos perjudicados que les sea posible por la nueva administración de Trump, lo cierto es que no lo conseguirán. El personaje sabe quienes de esos oligarcas no deseaban su éxito, además de que muchos intentaron evitarlo encarcelándolo, y no cabe duda de que buscará venganza.

Otros simplemente no cuentan para él, como la mayoría de los gobiernos europeos, así que no le preocupará dañarles si con ello sale beneficiado algún grupo de interés que le apoye. Este ajuste de cuentas que está a punto de producirse es, naturalmente, un ajuste de cuentas entre grupos del capitalismo y cada vez que ha habido un ajuste de cuentas importante entre grupos y/o potencias capitalista el capitalismo ha salido perdiendo. Por más que alguno de esos grupos, como seguramente sucederá ahora, haya salido ganando.

Desafortunadamente, cuando ocurren estas cosas, quienes siempre salimos sufriendo somos quienes carecemos de poder. Es cierto que el estallido de estos conflictos internos intercapitalistas representan una ventana de oportunidad para quienes aspiramos a construir otro tipo de sociedad/mundo. Pero esa ventana sólo se puede aprovechar cuando hay organización e ideas preparadas para ello. Y ahora, obviamente, no existe en ninguna parte algo semejante, por poco que fuere, al partido bolchevique. Así que lo que tenemos por delante será una aceleración del camino a la barbarie que ya emprendimos tiempo ha. Y la barbarie significa el caos, no la anarquía.

Una de las cosas más reveladoras de lo que representa en este sentido el triunfo de Trump es que la inmensa mayoría de los multimillonarios norteamericanos, a cuyo servicio está el gobierno de los EE.UU., no lo deseaban (Harris ha ganado claramente en el sector de electores de mayor renta y ha perdido, con igual claridad, entre los de rentas más bajas). De ahí que Trump obtuviera menos donaciones y que casi todo el «show business» apoyara a su rival.

Muy parecido es lo sucedido en la Unión Europea, donde hay una conciencia clara del desapego que siente Trump hacia toda la UE. Desapego nacido de la evidencia de que esta, en el punto al que ha llegado, no tiene más remedio que seguir uncida al carro gringo, vaya este por donde vaya. De ahí que no vaya a hacer ningún gesto «simpático», por ser esto innecesario.

Ningún gobierno europeo (empezando por el español que va a sufrir un impacto grave, originado por los aranceles que gravarán algunas de nuestras exportaciones agrarias) va a poder plantar cara a la nueva administración estadounidense, pues estos gobiernos, más que aliados, han pasado a ser satélites. Esto es lo que ponen de relieve los recientes informes de Draghi, en el terreno económico, y de Sauli Niinistö, en el terreno militar. Y no es posible ninguna reacción que vaya a alterar esto. ¿O alguien puede ser tan ingenuo como para pensar que es posible en la Europa actual tomar alguna de las medidas recomendadas, tan alocadamente, por Niinistö? Cuando contemplamos la situación en que se hallan los gobiernos de los países más importantes de la UE (Alemania, Francia, el nuestro), acosados por las quejas de millones de ciudadanos y la desafección de sus propios partidarios, lo que vemos no es el impulso para frenar este caos creciente, sino la necesidad de una cambio rotundo de todo el personal político europeo. Cambio que, desafortunadamente por la falta de esa organización e ideas ya mencionada, sólo puede ser a peor: Hacia los amigos europeos de Trump. Lo que es otro excelente motivo para que este no deba preocuparse de «respetar» los intereses de los eurócratas.

A partir del 20 de enero próximo, pues, veremos acelerarse el declinar occidental y los monstruos, aquellos de los que hablaba Gramsci, serán más en número y en fuerza. En lo económico, lo que la Fundación Heritage ha preparado para Trump representaría demoler toda las estructura presente del capitalismo mundial (el primer mandato de Trump ya cuarteó muy seriamente a la OMC y la administración Biden no hizo nada por retroceder en ello), aparte de perjudicar gravemente a la propia economía norteamericana. Por añadidura todo ello aumentaría el atractivo que ofrecen los BRICS+ para muchos estados de tamaño medio a los cuales ya no llegarían las «dádivas» de Washington.

No es, por tanto, muy probable que todas esas medidas sean aplicadas, ya que Trump no es tan diferente al resto de políticos capitalistas en eso de «prometer y no hacer». No obstante, una parte de ellas sí se aplicarán, con lo que el daño también se producirá. En lo militar, que es algo en lo cual no nos va meramente el estilo de vida, sino la propia vida, las cosas serán aún peores. Y es este un capítulo decisivo cuando los imperios decadentes luchan por mantener su hegemonía. Ya llevamos años viendo como la fuerza militar es el último recurso de los EE.UU. Y, con este previsible aumento del caos, todavía lo será más.

Pese a lo que se dice, ni siquiera es fácil que se llegue a una cierta paz en la guerra de la OTAN contra Rusia. El objetivo estratégico de Rusia en esta guerra es alcanzar lo que figura en el famoso documento de diciembre de 2022: un acuerdo de seguridad colectiva en Europa. Es cierto que, como decíamos arriba, Europa no es un elemento prioritario para Trump, pero la OTAN sí lo es para el Pentágono. Ese acuerdo de seguridad colectiva sería la muerte de la OTAN y abriría la puerta para eso que mencionábamos sobre el cambio del personal político europeo. Este sería, pues, un movimiento arriesgadísimo para Washington que ha controlado a los políticos europeos (con la posible excepción del general De Gaulle) desde 1945 en la parte occidental y desde 1990 en el resto. Como seguramente Trump no desea escalar esta guerra hasta su posible final nuclear, puede que asistamos a una guerra interminable que seguirá destruyendo absolutamente a Ucrania, un poco a Rusia y desestructurando cada día más a la orgullosa UE de U. von der Layen y Cia.

En Oriente Próximo no cabe duda de que Trump apoyará sin disimulo la prosecución del genocidio del pueblo palestino. Pero una cosa es el asesinato de civiles desarmados en que tan acreditado está el estado sionista y otra cosa, como demuestra su fracaso terrestre en Líbano, enfrentarse a las fuerzas armadas de la Resistencia. En Israel saben que para avanzar en esto deben destruir Irán y Trump, ya en su primer mandato, mostró su disposición a colaborar en ello, ya que Israel carece de la capacidad de hacerlo en solitario. Entonces fue el propio Pentágono quien se opuso a que EE.UU. lanzase una guerra contra Irán. Lo hizo por razones estrictamente militares, es decir de capacidad de fuerza, pues una cosa es bombardear un territorio y otra someterlo. Si la relación de fuerza ya era entonces mala, no cabe duda de que ahora es peor para los intereses norteamericanos y sionistas. Ya hemos dicho que los imperios decadentes sólo entienden la razón de la fuerza, que es la única que saben practicar, así que, en este caso, puede ser esto, no los deseos e intenciones de Trump, lo que evite una extensión del genocidio.

La misma razón es válida en el escenario bélico predilecto de Trump: China. Cada día que pasa el equilibrio de fuerzas allí es más desfavorable para los EE.UU. Además del hecho de que las líneas de comunicación estadounidenses en él, por más que tengan un círculo de bases inmediato, son tremendamente largas, mientras sucede lo contrario con las chinas. De aquí que lo que podamos ver en un futuro inmediato es un fuerte aumento de la guerra económica que Trump desató en su primer mandato y fue mantenida por Biden. Esta guerra sería otro clavo en el ataud del sistema capitalista mundial, tal y como lo dirigen el consenso de Washington, el FMI, el Banco Mundial y la OMC. Y otro acicate para el avance de los BRICS+.

En suma, el nuevo mandato de Trump es un fuerte acelerón hacia el caos y la barbarie, no porque sus oponentes tengan la voluntad de impedir eso, que jamás la han tenido, sino por el descontrol en que sume a las oligarquías mundiales. Frente a ello no hay ninguna fuerza de izquierda digna de consideración para echar el freno de emergencia, según la idea de Walter Benjamin. Todo ello hace más urgente que nunca la reconstrucción de dichas fuerzas.

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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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