Sobre la renta básica universal

Del médico de familia y compañero de Espai Marx, Antonio Navas

Amigos, no hay respuesta a esa pregunta cuando no hay movimiento obrero/popular que regule moralmente la aplicación de un subsidio de paro indefinido.

Rescato el término porque es más realista, más apegado a lo que hay de fondo y porque era el término con que el movimiento obrero se refería a la cuestión a fines de los 70 principios de los 80. La derrota del movimiento sindical, los Pactos de la Moncloa y nuestra derrota general determinó el abandono de tal reivindicación, el desistimiento por incapacidad política, por debilidad de las propias fuerzas, así como de cualquier otra propuesta que de alcanzarse estableciese una posición de fuerza real del elemento popular.

A día de hoy la reivindicación de una Renta básica universal es una entelequia, a pesar de ciertos esfuerzos políticos realizados en los últimos años impulsados desde el ámbito de Podemos y la izquierda post-PCE, y de la consecución de algunos subsidios escasos, irregulares, en ocasiones difíciles burocráticamente de conseguir, etc, etc.

A mí me despertaba una sensación de humor irónico y amargo observar que un grupo de académicos de la órbita marxista importaron el asunto de la renta básica y empezaron a proyectarlo como una plataforma de reintegración tardía de la izquierda postcomunista a la relevancia en el terreno de la política nacional. Benditos fueran. Había que aguantarse la risa ante el patetismo que desprendía una proyección política fantasiosa que había de llevarnos poco menos que al socialismo. Así, con un sencillo juego de palabras, una reclamación absolutamente.

Pero amigos, ¡sensatez!, guardémonos muy mucho, no seré yo desde luego, de decirle a ningún parado arruinado moral y materialmente, que no está bien que tenga un subsidio decente hasta que algo o alguien le consiga un trabajo por el que sería capaz de dar su salud, y por el que de hecho la da en muchas ocasiones. Mi experiencia laboral me proporciona ejemplos a diario.

Hay muchas consideraciones políticas y morales a discutir sobre la inevitable e inagotable fuente de corrupción que comporta un subsidio de este tipo. Pero ese es un problema político-civilizatorio complejo. No en vano utilizo la idea, expresada al comienzo de mis palabras, de la necesidad de una regulación moral, no de tipo burocrático, la cual acaba sirviendo de nada, porque las gentes nos las sabemos todas cuando hay que hacer trampas, especialmente si nos va la supervivencia en ello. Y esta regulación requiere un movimiento fuerte y organizado, culturalmente poderoso, que recupere para la gente el orgullo y la dignidad de sentirse trabajador. Ello implica la calidad del trabajo, la decencia de las condiciones laborales, la regulación fuerte de las relaciones laborales, la protección efectiva del trabajador, etc, etc. De otra forma, la desesperación se adueña de los pobres y cualquier forma de escapar de un mundo laboral al que es imposible reincorporarse, en el peor de los casos, y destructivo de la salud y la personalidad, embrutecedor, en el mejor, se convierte en un terrible agujero negro.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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