Del historiador y miembro de Espai Marx, José Luis Martín Ramos.
Pasamos a un nuevo debate narrativo, que puede ser tan artificial y tan inútil como el de victoria y derrota. El debate de victoria total y victoria suficiente. Son, para mí, debates propaganda. Si hacemos partir el análisis de las manifestaciones de Neta tras el 7 de octubre nos obligamos a seguir el hilo de la propaganda y no el de la realidad. Neta es un canalla, pero no es un idiota; y menos aún lo son los mandos del Ejército que les toca ejecutar la tarea. El objetivo de “liquidar” a Hamas era, y es, un objetivo inalcanzable a corto y medio plazo; como lo fue en su momento liquidar a Al-Fatah, y también los gallitos sionistas de entonces dijeron que iban a liquidar a Al-Fatah. No lo liquidaron, pero lo desgastaron, minando sus retaguardias (Líbano), asesinando a Arafat, y dividiendo a lo que finalmente quedaba, con la ayuda de EEUU (Abbas, Dahlan, Bargouti). Hoy Al-Fatah es un espectro. Tengo la impresión de que con Hamas han venido a hacer lo mismo. Atacar a fondo su territorio, sin que la aniquilación de Gaza haya tenido nunca una respuesta masiva unánime entre los palestinos de Cisjordania. Y a partir de un momento determinado, a la vuelta del verano, Israel lanzó su ofensiva contra la pieza clave del Eje de Resistencia: Hezbollah. Desde el 7 de octubre Neta ha estado provocando a Hezbollah para que entrara directamente en la guerra y Nasralá, sabio y prudente, lo evitó apoyando desde luego a los palestinos, pero sin entrar con sus fuerzas en la guerra. Al final fue Neta quien tomó la iniciativa contra Nasralá, con el ataque masivo a los móviles de sus cuadros, el asesinato de Nasralá y finalmente el ataque masivo a las bases de Hezbollah en Beirut. Hezbollah no fue aniquilado, pero sufrió una importante derrota que ni pudo evitar ni pudo responder. Neta no se paró, Neta y sus gran aliado EEUU. Hubo tanteos, escarceos entre Israel e Irán; pero ese no iba a ser el movimiento importante, en realidad pudo ser un movimiento de paralización de respuestas mutuas: no me pegues más fuerte que te respondo. El movimiento iba a ser el ataque a la República Árabe Siria, muy debilitada desde 2011, con todos sus vicios de funcionamiento, pero que venía sobreviviendo por el apoyo de Irán y Rusia y la participación de Hezbollah en su defensa. Hezbollah era la clave del Eje de resistencia, no solo por su capacidad militar, porque era el puente entre la resistencia árabe y la resistencia persa, sino también por la relación estrecha que mantenía con los Guardianes de la Revolución iraníes. La RAS no ha caído por los defectos de Assad, que podían ser muchos y lo eran desde el principio, sino porque todas sus bases de defensa se hundieron, Hezbollah no pudo defenderle y Rusia e Irán decidieron no arriesgar/perder más en una nueva intervención directa. Podían tener sus razones, ni Rusia ni Irán podían seguramente estirar más de la manta sin quedar al descubierto; y los dos estados se tenían que preparar la la nueva era usamericana con Trump al frente. En junio y en septiembre Hamas estaba dispuesto a apoyar un plan de alto al fuego cocinado por Biden; Neta se negó, antes tenía que cumplir la tarea que había empezado con el aplastamiento y el genocidio en Gaza: la ofensiva contra Hezbollah y la eliminación de la República Árabe Siria; y probablemente esperaba ver qué pasaba en EEUU para aceptar un alto al fuego que Biden y Hamas querían ya entonces. Ahora sí, con Trump ganador, amenazando al mundo con su nueva ofensiva imperialista, Neta acepta el alto al fuego. ¿Cuáles eran los objetivos del 7 de octubre?: liberar los encarcelados (y Bargouti estaba en la lista de manera explícita), poner sobre la mesa internacional la cuestión palestina en términos de su autodeterminación y cortocircuitar el acercamiento entre Arabia Saudí e Israel. La liberación de detenidos va a estar muy lejos cuantitativa y cualitativamente de lo que se perseguía, van a liberarse quizás menos de los que han sido detenidos desde el 7 de octubre (Bargouti y detenidos significativos han quedado excluidos del acuerdo), la autodeterminación palestina sigue en el aire y -de hecho- se refuerza la posibilidad de una reactivación de la ANP -si es necesario prescindiendo de Abbas- para resolver el nudo de la administración de la Franja de Gaza. Israel y Arabia vuelven a su encuentro bajo la mirada satisfecha de Trumo. La realidad es lo que cuenta y no la literatura sobre si victoria total o victoria suficiente. Israel ha mantenido la iniciativa en esta guerra, que cogió a contrapié a Hezbollah. Lo de que se ha roto el mito de la imbatibilidad del ejército israelí es otra muestra de palabrería; esta no era una guerra convencional como la de 1948 y las otras guerras árabo-israelíes, era una guerra contra una guerrilla en el territorio de la guerrilla, en ella el ejército israelí ha padecido, más que en otras probablemente, pero ha vuelto a mostrar que, hoy por hoy, tiene una superioridad militar difícilmente batible; la retaguardia israelí apenas ha padecido. La cuestión palestina, que parecía aletargada se ha puesto de nuevo sobre el tapete, sí, se habla de ello, pero lo fundamental es en qué términos se ha puesto. Ya no se habla de la devolución de los territorios ocupados (Cisjordania), se habla de todo lo contrario, del apoyo de Trump al reforzamiento de la política de colonización «a cambio» de la firma del acuerdo, de la materialización en la práctica del proyecto del Gran Israel a expensas de Siria y Líbano… La resistencia palestina habrá de encontrar un nuevo camino, y no me atrevo a señalar cuál es, solo a desear que se produzca y a manifestar que una condición básica de ese nuevo camino habrá de ser la conquista de su unidad política, muy difícil pero absolutamente necesaria; en estos momentos no puede seguir siendo la resistencia de Hamas y el resto de organizaciones armadas, tendrá que ser mucho más y arriesgando a que me tiréis piedras a la cabeza tendrá que tender puentes hacia la izquierda israelí, la árabe y la judía, la poca que queda, pero que puede ser un factor multiplicados en los tiempos que vienen.