“¿Por qué lo llamáis “defensa” si queréis decir “guerra”?”por Miguel Candel Sanmartín

No deja uno de maravillarse ante la afición desmedida de los políticos a la metonimia. Años ha los gobiernos tenían menos miedo a denominar las cosas por su nombre. Así, lo que hoy llaman púdicamente “Ministerio de Defensa” se llamaba, honestamente, “Ministerio de la Guerra”. ¿Por qué será? ¿Será porque hoy día tienen más miedo que antes a la ciudadanía y a sus posibles reacciones tipo Semana Trágica? ¿O será porque consideran que la ciudadanía está ya irremediablemente atontada de tanto mirar el móvil y sufrir el bombardeo de los medios de desinformación y se traga lo que le echen?

Uno se inclina a pensar más bien lo segundo. Porque si no es así, no se explican cosas como que “el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN) se propone extender la llamada “Cultura de Defensa” en los diferentes territorios de España mediante un nuevo Curso de Defensa Nacional Autonómico, y una serie de actos y eventos para alterar el tradicional estado de opinión contrario al aumento del gasto militar”.

Pequeña observación de entrada: el CESEDEN (difícil resistirse a la tentación de rebautizarlo QUETEDEN) reconoce, con frases como la señalada en cursiva en el párrafo anterior, que la peña, por muy avanzado que esté ya su proceso de idiotización, no parece muy entusiasmada ante la idea de sacrificarse… ¿por la patria? ¿Por cuál? ¿La que tiene su capital en Madrid o la que la tiene en Washington D.C.? ¿O será Bruselas? Pero de Bruselas, aparte de ser la capital de Bélgica y (last but not least) capital provisional de la nonata (o prematuramente finada, R.I.P.) República Catalana, difícilmente se podrá decir que haya españoles en quienes despierte enardecidos sentimientos patrióticos dignos de tal nombre (sobre todo después de que los tercios dejaron de poner picas en Flandes). Sin embargo, parece que es de eso de lo que se trata: de sacrificarse por esa “patria grande” llamada OTAN, que, en efecto, tiene su sede en Bruselas. Pues “el objetivo principal del curso es impulsar y dar a conocer la cultura de defensa… con un mensaje: España se va a comprometer, mucho más, en las guerras de la OTAN, y hay que entrenar a la población para ello”.

Bravo, al fin salió el término clave: “guerras de la OTAN”. Y hay que comprometerse “mucho más” que hasta ahora en ellas. Bien, siempre es más de agradecer la sinceridad que la hipocresía, por mucho que la hipocresía, según La Rochefoucauld, sea el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Que los chicos del CESEDEN, pobrecillos, no son totalmente insensibles al “tradicional estado de opinión” sobre el asunto lo traiciona, a modo de lapsus freudiano, la expresión “la llamada Cultura de Defensa”. Ese adjetivo en cursiva lo dice todo. Cuando uno tiene claro que el nombre corresponde de verdad a la cosa, no necesita para nada aclarar que así es como la llamamos, dejando, en cambio, abierta con esa aclaración la posibilidad de que su nombre más adecuado sea otro. En este caso, “Guerra”, por supuesto.

Sí, señores, el gobierno más progresista de la Historia de España (o sea, el así llamado… por él mismo) va a “entrenar a la población para ello”, es decir, para participar con entrega y entusiasmo sin límites en las guerras de la OTAN. Claro que, si alguien de buena fe trata de convencerse de que eso es realmente una política de defensa y se pone a estudiar con atención de quién podríamos tener que defendernos los españoles, seguramente se sorprenderá de constatar que el único enemigo potencial del que nos hablan los portavoces de la OTAN (en la práctica, casi todos los gobiernos de sus Estados miembros y los medios de comunicación paniaguados por ellos) es la lejana Rusia. Nada que temer, en cambio, de nuestro inmediato vecino marroquí, ése que nos discute, por ejemplo, la territorialidad de las aguas interiores del archipiélago canario y que lleva tiempo rearmándose a marchas forzadas con la inestimable ayuda del “amigo americano”. No, el enemigo por antonomasia, en perfecta continuidad con la España de Salamanca y Burgos de 1936, es, ahora y siempre y por los siglos de los siglos, Rusia. La Rusia eterna (como los propios rusos gustan decir y decirse), sin importar el color de su gobierno: verde, blanco, rojo o amarillo (de hecho, ahora es más bien tricolor).

Así, pues, si de defensa se trata, no hay duda de que enviar tropas, como ya se ha hecho, a los países bálticos (también conocidos por algunos comentaristas como “los chihuahuas de la OTAN”), a Rumanía (ese país al que sólo se considera democrático si elige al presidente favorito de Úrsula von der Leyen) y a Ucrania (esa “democracia” en estado de excepción permanente), es decir, a países limítrofes, o casi, con Rusia, es lo que se llama técnicamente una “defensa avanzada” (a unos 3.300 km de distancia de frontera a frontera, nada menos). No consta que esas tropas hayan entrado por ahora en combate directo (en cuyo caso su presunto carácter “defensivo” podría venirse ignominiosamente abajo). Pero sí ha sido utilizado en combate el armamento enviado a base de esquilmar los arsenales patrios (alguno dirá que, total, para lo que nos servían los Leopard de la gloriosa división acorazada Brunete, ahora que no está previsto ningún golpe de Estado, al menos desde el centro…).

Pero como bien dicen sin cesar los propagandistas del CESEDEN, se trata de “entrenar” a la población” para que haga suyos los principios e instrumentos de la llamada Política de Defensa. ¿Volverá a implantarse el servicio militar obligatorio? Según parece, las ideas al respecto que bullen incesantemente en las cabezas pensantes(?) del CESEDEN son más posmodernas que todo eso. No olvidemos que el servicio militar universal guarda sospechosos elementos de afinidad con aquello de “el pueblo en armas”, y no está el horno para volver a cocer los bollos que se le quemaron al US Army en la guerra de Vietnam, de resultas de lo cual decidieron suprimir las levas e implantar ese ejército profesional, tan atractivo para chulos y matones desclasados, que tan buenos resultados les ha dado desde entonces contra enemigos de chichinabo. Además, ahí está el (mal) ejemplo de las FAU (el ejército ucraniano), que de cada 100 chicos que envían a entrenarse en países europeos hay 30 que no vuelven (y eso que ellos, si no fuera porque empezaron machacando a sus conciudadanos rusófonos del Donbás, sí que podrían hablar de “defensa”).

No, lo chicos del CESEDEN no cesan de parir ideas originales. Por eso, sabedores de que el espíritu nacional español está de capa caída absoluta y sólo pervive como letra muerta en ciertos manuales escolares anteriores a 1977, mientras parece florecer, en cambio, un, digamos, “espíritu nacional autonómico” especialmente boyante en la periferia peninsular e insular, han decidido darle a la campaña de arengas guerreras, convenientemente maquilladas de política de seguridad y defensa, un formato descentralizado, por lo que las sucesivas convocatorias del flamante Curso de Defensa Nacional Autonómico se desarrollarán en una ciudad diferente cada vez, empezando este año por Sevilla. ¿Por qué Sevilla? Quizá por aquello de que la leyenda de su escudo reza “NO8DO”, que debe leerse, interpretando correctamente el símbolo central como el de una madeja de hilo: “No madeja do”, o sea “No me ha dejado” (frase de agradecimiento a Sevilla pronunciada por Alfonso X con ocasión del apoyo recibido de la ciudad en un enfrentamiento con su hijo Sancho). Velada advertencia, quizá, contra quienes abriguen aviesas intenciones de salir de la OTAN…

Asistirán a los fervorines sevillanos, además de 10 directores o subdirectores regionales, 3 académicos, 4 directivos de industrias de defensa, 2 periodistas y cuatro generales de las FF.AA., 8 parlamentarios autonómicos y 3 altos cargos del mismo ámbito. Todo muy autonómico, vamos. Tanto que hasta va a participar el ex-secretario regional del PSOE en la Comunidad Autónoma de Madrid, Juan Lobato (porque, claro, todos somos iguales y autonómicos, pero unos más que otros).

Así, pues, en el supuesto de que finalmente tengamos que defendernos invadiendo Rusia, estaremos en perfecto orden de combate, integrados en flamantes brigadas autonómicas, cada una con su bandera y su propio código de comunicaciones bilingüe en inglés y en lengua regional. Lo cual, sin duda, desorientará totalmente al ejército rojo, perdón, ruso y le llevará a cometer todo tipo de errores tácticos. Ello, en la medida en que facilitará el éxito de las operaciones militares de la OTAN, sin duda tendrá como recompensa que en un rincón del escudo de la organización en su sede bruselense se añadan las diecisiete banderas autonómicas seguidas de la leyenda “NO8DO”. (Y, por supuesto, en la ceremonia de inauguración del nuevo escudo ocupará un lugar preferente, junto al incombustible Pedro Sánchez, el no menos incombustible Carles Puigdemont, fundidos ambos en fraternal abrazo.)

https://www.cronica-politica.es/por-que-lo-llamais-defensa-si-quereis-decir-guerra/

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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