“¿Quién era Willi Münzenverg?” por Ernesto Gómez de la Hera

En estos tiempos en que tan importante es la comunicación y eso que llaman el control de la narrativa parece apropiado recordar a alguien, hoy casi olvidado, pero cuya trascendencia y maestría en la aplicación de las herramientas comunicacionales hicieron época hace ya un siglo. Ese alguien era Willi Münzenberg.

Willi Münzenberg nació en Erfurt en 1.889. Desde muy joven trabajó como zapatero y fue militante del movimiento juvenil socialista alemán. A los 21 años emigró a Suiza, donde siguió militando, llegando en 1.913 a ser director del órgano oficial de los jóvenes socialistas suizos y, un año más tarde, secretario de la Liga de la Juventud Socialista y, en 1.916, miembro de la dirección del Partido Socialdemócrata Suizo. Su energía y su capacidad organizativa, unidas a sus convicciones revolucionarias, le convirtieron en el eje de la oposición antibelicista entre los jóvenes socialistas europeos al estallar la I Guerra Mundial.

En abril de 1.915 (antes de Zimmerwald) consiguió reunir en Berna una Conferencia Internacional de jóvenes socialistas opuestos a la guerra. Desde entonces, y hasta 1.918, fue secretario de la Oficina Internacional de la Juventud Socialista en Zurich y dirigió su periódico, “Jugend-Internationale”, que superando todo tipo de dificultades publicó 11 números, contando con artículos de Lenin, Zinoviev y otros internacionalistas. Naturalmente no es sorprendente que, debido a su firme actuación revolucionaria, las autoridades suizas, tan neutrales ellas, se acordaran de que era alemán y decidieran detenerle y expulsarle de vuelta a Alemania.

Regresó allí en el momento del fin de la I Guerra Mundial y del inicio de la fracasada Revolución Alemana de noviembre 1.918 a enero de 1.919. Inmediatamente se unió al “Spartakusbund” y, subsecuentemente, al KPD. No obstante no desempeñó ningún papel protagonista en aquellos acontecimientos que conllevaron el asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht con la complicidad del SPD. Como dirigente máximo reconocido de los jóvenes socialistas internacionalistas recibió una invitación para asistir al Congreso fundacional de la Internacional Comunista, pero no pudo acudir por estar encarcelado en Stuttgart en aquellos meses. Sin embargo, una vez más, su decisión y autoridad política lograron convertir, prácticamente sin ayuda, aquella nebulosa Oficina de la Juventud Socialista en la Juventud Comunista Internacional, fundada en Berlín en noviembre de 1.919 y de la cual fue secretario hasta 1.921.

En 1.920, como secretario de la JCI, asistió al II Congreso de la IC, aunque no desempeñó un papel destacado en el mismo. En cambio, en el III Congreso de 1.921, fue elegido para el IKKI (sigla rusa del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista) del que siguió siendo miembro hasta 1.935. No fue esta una hazaña menor teniendo en cuenta que siempre se consideró a si mismo unido al ala izquierda del KPD y de la IC, lo que podía ser bueno hasta 1.923 y entre 1.928 y 1.933, pero muy malo, como otros dirigentes pudieron experimentar, en otros momentos. Pero Willi Münzenberg nunca estuvo unido personalmente a ninguna de las fracciones que fueron cayendo por el camino en aquellos años de la estalinización de la IC. Además, pese a sus opiniones izquierdistas, su intervención política estuvo unida a movimientos totalmente ajenos al sectarismo ultraizquierdista, pero muy ligados, en cambio, a lo que entonces se llamaba el Frente Unido.

De hecho Willi Münzenberg llegó a ser la encarnación política de esta consigna unitaria. Tanto que sus críticos en el IKKI, en el momento del giro ultrasectario producido en el VI Congreso de 1.928, le atacaron con ello, aunque sin éxito. Seguramente la razón de que se mantuviera a flote en aquellos instantes se debió a una suma de factores. El hecho de que para Stalin la IC nunca fue realmente importante, el que no estaba ligado a ninguna fracción, el que sus críticos no podían presentar ningún triunfo propio y, por encima de todo, que él sí que podía hacerlo: éxitos debidos a su inteligencia, a su capacidad organizativa, a la simpatía que irradiaba a su alrededor y que conquistaba a personas que no tenían nada en común con sus profundas convicciones comunistas.

Todas estas dotes, que ya había puesto de manifiesto en su actuación en Suiza durante la guerra, brillaron más que nunca a partir de 1.921. En aquel año, recién finalizada la guerra civil en Rusia con el triunfo bolchevique, una hambruna causó miles de muertos, sobremanera en la cuenca del Volga. En el interior el Consejo de Comisarios del Pueblo, presidido por Lenin, eliminó el “comunismo de guerra” y dio paso a la NEP, lo que reanimó la economía y ayudó a abastecer de grano a las ciudades. En el exterior hubo comités de ayuda de raíz burguesa, principalmente el dirigido por el luego presidente de EE.UU. Herbert Hoover, que paliaron el hambre. Pero la Revolución Bolchevique era la causa de muchos obreros europeos. Muchos de estos, aunque no eran políticamente comunistas, sentían que era su responsabilidad de clase ayudar a consolidar el gobierno soviético. Willi Münzenberg se encargó de convertir en realidad estos sentimientos.

Primero organizó un comité de ayuda, en agosto de 1.921, para promover la solidaridad obrera con los trabajadores rusos amenazados por el hambre. En septiembre, también en Berlín, organizó una conferencia internacional que dio origen al Socorro Obrero Internacional (MRP en su sigla rusa). Willi Münzenberg dirigió el MRP y fue su principal representante. Aunque su ayuda iba principalmente enfocada hacia la Unión Soviética, también consiguió organizar la solidaridad con los trabajadores japoneses víctimas del gran terremoto de Yokohama en 1.923, así como con los trabajadores alemanes durante la gran crisis económica de 1.923-24, consecuencia de la ocupación del Ruhr por franceses y belgas y de la política usada por el gobierno alemán para combatirla. El MRP logró forjar una verdadera cadena solidaria entre los trabajadores de diversas naciones, por encima de sus diferencias políticas. En unos años en que cualquier colaboración política entre los partidos de la clase obrera era inimaginable (lo que tanto colaboró al triunfo del fascismo), Willi Münzenberg la hizo posible en el terreno de la solidaridad. Esto le consiguió el rechazo de la II Internacional que decía que el MRP no era otra cosa que un frente comunista. Pero el MRP era mucho más. Es cierto que estaba dirigido por un comunista y que la mayoría de sus colaboradores lo eran, pero nunca fue una simple dependencia de la IC. No era casualidad que sus oficinas centrales estuvieran en Berlín y no en Moscú. Ni era infrecuente que en el seno del IKKI se dirigieran críticas feroces a Willi Münzenberg por su independencia de criterio y su colaboración con ambientes burgueses. Él siempre respondió que cuanto más comunista, más unitario se había de ser.

Pero es que, además de su gran carisma personal y otras dotes, Willi Münzenberg era un gran publicista y un adelantado en el uso de los modernos medios de propaganda de masas como el cine. Muy próximo al movimiento cinematográfico del “Proletkino”, ayudó a producir películas de solidaridad y se encargó, desde el MRP, de su distribución por el mundo. Se dice que a él se debe que 5 millones de trabajadores, fuera de la URSS, vieran por vez primera “El acorazado Potemkin”.

No eran estas sus únicas tareas. Desde 1.924 fue diputado comunista en el Reichstag y de 1.927 a 1.938 miembro del Comité Central del KPD. También publicó, en 1.930 y 1.931, un par de libros sobre su labor (Tercer Frente y Solidaridad, aunque sólo conseguibles en alemán). Además, a medida que el peligro de una nueva guerra y el ascenso del fascismo amenazaban a Europa, Willi Münzenberg tuvo tiempo de organizar nuevos movimientos unitarios internacionales.

En febrero de 1.927 montó el congreso de Bruselas del que salió la Liga contra el Imperialismo. En este congreso intervino Nehru. Einstein fue presidente honorario y firmó el manifiesto de convocatoria. Más aún, Fimmen, el popular dirigente neerlandés de la Internacional Sindical del Transporte de aquella época, asistió con 17 delegados más, pese a la condena de la II Internacional a quienes cooperaban con los comunistas.

Igual relieve tuvo su participación en la mayor iniciativa antibélica de los primeros años 30, lo que se llamó movimiento Amsterdam-Pleyel. El nivel de quienes dirigieron esto (principalmente Romain Rolland) y su importante influencia en Francia, permite considerar a este movimiento como el preámbulo de los Frentes Populares.

No cabe duda, por tanto, de que el VII Congreso de la IC que consagró la nueva política de la IC, fue vivido como una satisfacción personal y la compensación de muchos años de esfuerzo por Willi Münzenberg. Quien había trabajado, casi en solitario, dentro de la IC en favor de la política unitaria (que Lenin ya había defendido en 1.921), veía ahora como el movimiento comunista se decidía a marchar por ese camino. Pero para él, en lo personal, llegaba tarde. Desde 1.933 era ya un refugiado político en Francia, como tantos otros exiliados alemanes antifascistas.

Allí, al principio, siguió trabajando en lo que era la obra de su vida y, desde 1.936, participó en varias iniciativas de ayuda al pueblo español. Precisamente en octubre de 1.936 hizo su último viaje a Moscú y en enero de 1.937 firmó en nombre del KPD un manifiesto en favor de un Frente Popular alemán. Pero la guerra de España, la política de no intervención inglesa y el seguidismo francés hacia ella, habían hecho ya fracasar a escala europea la política frentepopulista. La quiebra del gobierno francés del Frente Popular (el segundo gobierno Blum) lo puso de manifiesto para quien no quisiera verlo y cambió las reglas del juego, pues era claro ya que habría una nueva guerra en Europa.

Willi Münzenberg sufrió las consecuencias políticas de todo esto. Las sufrió como comunista y como alemán. Su política de siempre estaba en bancarrota y él era un exiliado. En enero de 1.939 fue expulsado del KPD, aunque aún tuvo recursos y energía para publicar un semanario en París: “Die Zukunft”. Pero en septiembre, tras el pacto germano-soviético (tan útil a la causa propia de la URSS y tan nefasto para tantos comunistas europeos) y la declaración de guerra y como alemán por más que antifascista, fue internado en un campo de concentración francés. Después de la derrota de Francia, en junio de 1.940, el campo fue desmantelado en medio de la llegada de los ejércitos alemanes. Sabiendo lo que podía esperar de la Gestapo, carente de toda ayuda, él que a tantos trabajadores había ayudado, y sin fuerzas por vez primera en su vida, aunque sólo tenía 51 años, se suicidó. Su cuerpo fue encontrado colgado de un árbol en el departamento del Isère el 21 de junio, un día antes de la firma del armisticio en Rethondes. Tiempo después se hizo correr la especie, que aún perdura en nuestros días, de que había sido asesinado por agentes estalinistas, pero esto no es más que propaganda negadora de los hechos reales de aquel junio francés. Por una parte el Partido Comunista Francés había sido ilegalizado ya en septiembre de 1.939, tras el pacto germano-soviético, y los pocos agentes estalinistas que quedaban en Francia estaban siendo perseguidos desde entonces por la seguridad francesa. Por lo demás, de haber podido actuar todavía algún agente estalinista le hubiera resultado más fácil ponerlo en manos de la Gestapo, ya que es sabido que, tras el pacto, la URSS entregó a los nazis a algunos refugiados comunistas alemanes que ya no gozaban de la bendición de Stalin.

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Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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