MISCELÁNEA 31/05/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Tesis de Alessandro Visalli sobre tecnología.
2. Crítica a la crítica crítica sobre Venezuela.
3. El que rompe cosas.
4. Muertos de hambre.
5. Más sobre Trump y la guerra de Ucrania.
6. El salafista «moderado».
7. Hambre en un mundo con excedentes alimentarios.
8. Prashad sobre Ngũgĩ wa Thiong’o.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 30 de mayo de 2025.

1. Tesis de Alessandro Visalli sobre tecnología.

Me han resultado muy interesantes estas tesis de Visalli que resume al final como «el ser como relación, la nada como fuente de un origen paradójico que no funda sino que abre, y la técnica como historicidad«.

https://www.sinistrainrete.info/teoria/30581-alessandro-visalli-circa-la-tecnica-per-una-fenomenologia-politica-della-relazione.html

Acerca de la técnica: hacia una fenomenología política de la relación

por Alessandro Visalli

Cuatro tesis

Partiré de una tesis, enunciada de manera sucinta: el ser humano no tiene fundamento: se constituye en la relación. Pero la posibilidad de la relación, en sentido auténtico, es decir, no determinada íntegramente por instintos naturales, es plenamente social desde su raíz. Este es el sentido en el que «no tiene fundamento». La especie humana comparte, sin duda, algunas características habilitadoras que le proporciona su conformación biológica y genética básica —la postura, el dimorfismo sexual, la encefalización, la infancia prolongada, el cuidado parental colectivo, la capacidad vocal y gramatical—, pero todo ello es una predisposición, no una limitación. El hombre tiene una estructura instintiva mucho menos rígida que otras especies superiores (incluidos los demás primates), el hombre siempre debe hacerse. Tanto social como individualmente. Y este hacerse se determina, con la contribución decisiva del lenguaje, en el largo proceso histórico de aprendizaje sociocultural y diálogo sobre el que no es este el lugar para extenderse.

Para Marx, el hombre es un «ser genérico», gattungswesen, y tiene potencialidades universales, en el sentido de que es capaz de intercambiar con la naturaleza, trabajando, socializando y reconociéndose en los frutos de su trabajo. Por ejemplo, en la sección sobre la alienación de los Manuscritos económico-filosóficos[1], se articula un concepto del ser humano como intrínsecamente social y libre que se objetiva en el mundo. Este concepto, apenas esbozado en los manuscritos marxianos, es retomado y desarrollado por Lukacs en Ontología del ser social[2], cuando enmarca la genericidad como criterio ontológico determinante en el proceso evolutivo de la humanidad (y fuente de su universalidad). Genericidad, nótese, entendida no como abstracción lógica, o del pensamiento, sino como materialización en el intercambio «orgánico» con la naturaleza. Un hacerse movido por las posiciones teleológicas del trabajo (que se forman en la mente antes que en la materia), para luego objetivarse socialmente. Para Lukacs, las potencialidades causales, que remiten a concatenaciones de sistemas (que él llama complejos de complejos de la realidad[3]), siempre son activadas y concretadas por el trabajo.

El trabajo es proyecto y, por lo tanto, teleológico en el sentido de estar conscientemente orientado hacia una praxis. Así pues, es en este sentido que la relación entre sujeto y objeto se forma en una totalidad social y concreta.

Como escribe:

«El cambio estructural provocado por las posiciones teleológicas que se dan en el trabajo, por la relación ontológicamente nueva entre sujeto y objeto que se forma en ellas, por sus consecuencias indirectas, entre las que se encuentra también el lenguaje como órgano de comunicación, este cambio, precisamente en dicha totalidad, en su abarcar objetivamente las formas y los contenidos de todos los destinos individuales, en las interrelaciones entre los procesos reproductivos de los individuos y su conjunto, adquiere su constitución de totalidad social, de fundamento objetivo de toda genericidad en el nivel del ser de la socialidad»[4].

En definitiva, el Gattungwesen marxiano indica una esencia humana no fija, ni directamente determinada biológicamente (aunque la base biológica habilita e inhibe las posibilidades causales), sino potencialmente ilimitada, en cuanto histórica y relacional. Luego, como es sabido, tanto en Marx como en Lukacs, es el trabajo la actividad en la que se produce el intercambio con la naturaleza y la objetivación de lo humano, la creación del hombre como hombre. La única alienación es, por tanto, cuando se rompe la relación del hombre consigo mismo como ser social[5]. Cuando, como escribe Marx[6], el proceso social de producción y reproducción del mundo convierte al ser humano, como «perteneciente a una especie», en un ser ajeno a sí mismo, «un [mero] medio de su existencia individual». En esta objetivación, o reducción a mercancía, se pierde el carácter mismo del hombre como conjunto concreto de relaciones sociales que, por sí solas, lo constituyen[7].

Es, por decirlo de otra manera, en su continuo relacionarse en la concreción de las condiciones materiales históricamente dadas donde el hombre se forma, se transforma, se instituye.

Ahora introduzco una segunda tesis: la técnica es la forma histórica de ese darse del hombre en el mundo. A través de ella, que aparece en los albores de la especie, el hombre (ser débil y no especializado) crea su propio «mundo» y se define a sí mismo. Esto implica, entre otras cosas, que la técnica está determinada tanto social como culturalmente; en un sentido muy profundo, es una de las instituciones fundamentales de la sociedad y tiene efectos decisivos en su reproducción. Al mismo tiempo, tiene efectos constitutivos de lo social y, por lo tanto, de la circulación del poder, de la posibilidad de control sobre la naturaleza (a la que pertenece la especie) y, en última instancia, del devenir humano. De hecho, la técnica nunca es solo un medio, sino también la expresión y articulación de una relación cosmológica. En toda sociedad, establece una forma de composición entre lo humano y lo no humano, entre el orden y el caos, entre el tiempo y el espacio. Tomemos el caso chino, entre los muchos posibles: si bien la amplia exploración de Needham[8], o el trabajo más reciente de Pomeranz[9], ilustran la profundidad, la riqueza y la sagacidad del pensamiento y de los logros técnicos chinos, durante tanto tiempo superiores a los occidentales[10], sin embargo, el pensamiento de la técnica está ligado a una cosmología moral, o metafísica moral, que se expresa suponiendo una unificación entre el Cielo y lo humano. En el contexto de la técnica, como propone Yuk Hui[11], se trata de la unificación del Qi y el Dao[12], 道. La evolución de esta noción supone, por tanto, enmarcar la relación entre el Qi y el Dao, es decir, si el Qi (los instrumentos, las técnicas, los ritos y los procesos técnicos) ilumina el Dao (el camino); es decir, si lo apoya; o, por el contrario, si el Dao está al servicio del Qi. O si, según un planteamiento materialista copiado de Occidente, no existe relación alguna entre el Qi y el Dao. Es decir, si la técnica está fetichizada, como ocurre aparentemente en Occidente, donde la técnica se separa progresivamente de todo horizonte cósmico (pero lo absorbe silenciosamente, sustituyéndolo), simbólico y ritual. Y se constituye, a través de este ocultamiento a plena luz, como dominio, funcionalidad instrumental que reivindica su autonomía, olvidando la relación en la que se instituye. Así pues, en el momento en que la cosmotécnica occidental muestra su crisis —en su resultado desintegrador y en su autorreferencialidad ciega—, se impone la tarea de una nueva comprensión técnica: no rechazar la técnica, sino reorientarla. Articular una ética del Qi que no niegue el Dao. O, en otras palabras, alcanzar una comprensión histórica y del horizonte cosmológico y del sentido de la relación siempre renovada entre la técnica y los mundos.

Aquí surge una tercera tesis: también en estos términos se deriva, en el contexto actual caracterizado por la crisis terminal de la hegemonía occidental, la necesidad de superar la reducción al Uno. La afirmación de una única cosmología «verdadera», una única racionalidad legítima y una relación con la naturaleza propia. Superar esa separación particular entre naturaleza y cultura, sujeto y objeto, propia de la cosmología occidental, implica la apertura a cosmologías que puedan sostener la liberación de los modos diversos y plurales de ser de la capacidad relacional humana[13]. Por lo tanto, de la capacidad humana de tener un intercambio con la naturaleza basado en fundamentos diferentes, no solo en términos de ecología, sino también de poder (entre hombres, clases, pueblos, regiones). La cuestión es aquí plantear las condiciones, en primer lugar intelectuales, para pensar la posibilidad de modelos alternativos de liberación, anclados en diferentes cosmologías (y cosmotécnicas, como veremos), que no son ni quieren ser mutuamente excluyentes.

La cuarta tesis trabaja, por último, con las emergencias de nuestro tiempo: hay que salir de la lógica de la guerra, sin desarmarse: esta es hoy la tarea teórica y política más urgente. La lógica de la guerra es, de hecho, la forma suprema del pensamiento binario occidental. Al mismo tiempo, es el último fruto de la centralidad militar, tecnológica y de la formación de capital[14] que en el Occidente colectivo tuvo su inicio con el rodeo español del bloqueo turco y la destrucción de las Américas, y que está llegando a su fin después de cinco siglos. De esa dependencia y absorción de los capitales periféricos, y de todo el sistema moral, ideológico y social que se ha construido sobre ellos (la misma pareja Occidente/Oriente que lo organiza), que se presenta cada vez más ante los ojos del mundo y es rechazada. De la vergüenza de ese rey ahora desnudo que por ello ruge de rabia en Kiev como en Gaza. Por lo tanto, hay que salir de la forma de pensamiento que informa la manera en que Occidente se ha relacionado con el mundo, con la naturaleza, con los demás pueblos, con las técnicas, consigo mismo.

Pero sin abandonar el conflicto como dimensión necesaria de la realidad, sino más bien radicalizándolo. Habitar la creación de lo nuevo, la composición de las fuerzas y las subjetividades, la confluencia, mediante instrumentos simbólicos, prácticos, teóricos y prácticos, capaces de evitar la lógica del enemigo. Desactivar las metafísicas de la separación; la objetivación para la puesta a disposición como fondo, reserva, mercancía. Cultivar el arte de la coexistencia en el desacuerdo, de la complementariedad entre lo diferente, de las cosmotécnicas[15] plurales. Prestar atención a los pensamientos marginales, a los marxismos heterodoxos[16], a las mejores partes del pensamiento decolonial, indígena, oriental, al esfuerzo chino por articular una fusión paciente del marxismo sinizado y la gran tradición, a la energía de la vida.

La cuestión de la técnica en Heidegger

Para empezar a articular estas cuatro tesis, podemos fijarnos en la herencia de Heidegger y su diagnóstico de la modernidad como época del Gestell, en la que el ser se revela únicamente como recurso disponible (Bestand); una herencia que ha marcado profundamente tanto la filosofía occidental como los intentos de pensamiento crítico en el mundo global[17]. Se trata de un monumento de nuestra civilización, pero la estructura misma de este pensamiento mantiene una tensión irresuelta: denuncia oportunamente la reificación del mundo[18], pero lo hace desde una posición que permanece anclada en un mito del origen y en un mesianismo ontológico[19]. Además, de manera sutil, sigue siendo un pensamiento del Uno y del Origen. Por lo tanto, habría que superarlo, desplazando el foco del ser como fundamento al movimiento como condición relacional y constitutiva de lo humano; redefiniendo así la técnica no como destino, sino como forma situada de la relación histórica, sin ninguna trascendencia, aunque sea invertida. La «técnica» es, de hecho, o corre el riesgo de ser también en el pensamiento de Heidegger y en la recepción implícita de este, una especie de alias del capitalismo y del poder que este contiene y vehemente. El discurso de Heidegger critica la manipulación de la técnica como destino de la modernidad, pero no distingue lo suficiente entre la forma social del capitalismo y el desarrollo del occidentalismo, por un lado, y la técnica como empresa común de lo humano, por otro[20]. En consecuencia, el discurso sobre la técnica oscila entre el grito desesperado de Mark Fisher en Realismo capitalista[21], que se encuentra como consumidor-espectador arrastrándose entre ruinas y escombros, y el cínico que acaba leyendo todo como Occidente, refugiándose como mucho en el cenáculo o en el consumo[22].

En otras palabras, hay que superar la idea de que la técnica, como conjunto de aparatos y lógicas operativas, desvela el mundo en el sentido de construirlo como tal, y también la idea de que este mundo está al final del Uno. En otras palabras, que Europa es el origen y el destino de la técnica.

La nada y el potencial

Para superarlo, hay que contemplar la posibilidad de que no exista una libertad original, un Edén al que volver, sino que en el origen solo haya la «nada»[23]. La nada que no debe entenderse como negación, sino como condición de apertura, como posibilidad, como potencial de la relación. Al abrirse a la relación, que no es posible en sentido estricto cuando solo hay causalidad (como bien muestra Lukacs), la «nada» se revela como ser. Es decir, al borrar la palabra, demasiado densamente ontoteológica, se revela como potencial. En este sentido, la técnica es también aletheia[24] de la preparación ontológica, pero para poder imaginar el abandono de la voluntad de dominio, en lugar de remontarse a un momento originario, hay que perderlo. Reconocer que lo humano está en la nada (en cierto sentido, según la antigua tradición del śūnyatā[25]).

Cosmologías y universalismos

Aunque se ha leído según los ecos de esta tradición en la Escuela de Kioto, el vínculo lógico apremiante en el que Heidegger captura su crítica sigue siendo estrictamente occidentalocéntrico; imagina que no hay nada más que Occidente y su tradición, que se pierde a sí misma. El Otro es, en cambio, siempre lo impensado y quizás lo impensable dentro de los límites de una cosmología que se considera universo[26]. Aquí podríamos recordar a Dussel[27], y sin duda también a Wang Hui[28] y Yuk Hui[29]. Opuso así la lógica «horizontal» y relacional de Tianxia, que caracteriza el universalismo sui generis chino, a la «universalidad» que necesariamente reduce la multiplicidad al dominio del Uno: tanto en la forma cristiana de la «vía de salvación» para toda la humanidad, a la que toda subjetividad está llamada a conformarse, como en su secularización moderna, encarnada en la «receta» liberal y progresista del mundo único del mercado (o del imperio de las mercancías). El horizonte del tianxia reconoce la legitimidad de una pluralidad irreducible de tiempos encarnados y transformaciones, subjetividades relacionales, diálogo entre mundos, prácticas y civilizaciones, formas de verdad inscritas en los seres vivos concretos e impulso hacia la armonía. No se trata, por tanto, de imponer (o reconocer) un telos al mundo, sino de hacer resonar entre sí los múltiples órdenes que existen de hecho y abrir el espacio para su coexistencia creativa. No se trata de un universalismo en nuestro sentido, en italiano habría que hablar más bien de cosmo, o de espacio de compresencia en la diferencia. El universo manda desde arriba[30]; el cosmos resuena desde dentro. Si queremos intentar explorar los límites del lenguaje, podríamos confrontar, no oponer, a un universalismo del Uno, occidental, un cosmocentrismo plural de la relación y la resonancia, oriental (pero también propio de los muchos sures del mundo). Dos órdenes diferentes de normatividad y jerarquía, dos formas diferentes de pensar la unidad en la multiplicidad, una que remite a una trascendencia ordenadora y otra a una relación inmanente y abierta a la transformación.

Pero hay que hacer una precisión de inmediato: la afirmación «la nada es ser» puede generar fácilmente un cortocircuito lingüístico-metafísico. Mejor decir entonces: la relación es todo lo que puede darse. No se trata de derivar el ser de la nada, sino más modestamente de reconocer que el darse es siempre situado, historicizado, encarnado. Con ello se refiere aún a que lo humano, en su especificidad antropológica, es ser «vacío» en cuanto escasamente determinado por instintos fijos[31]; en cuanto poco determinado es ser social. En consecuencia, está abierto a hacerse en la relación, en la formación, en la construcción del sentido. En este sentido, no hay ninguna originalidad a la que volver: no un Edén perdido, no un ser más auténtico, sino solo un proceso continuo de codeterminación, en el que el hombre se hace a través de la relación con el mundo, que es siempre también relación con el otro[32].

En otras palabras, se propone considerar que lo propio del hombre, su consistencia y conformación antropológica, tiene su origen y consiste en su ser vacío. Pero, al mismo tiempo, que toda construcción humana, incluso individual, tiene siempre su origen y su destino en lo social. Es decir, que el hombre, en su formación como hombre y en la determinación de su relación con el «mundo», remite siempre a otro fuera de sí, es decir, a lo social que está más allá de sí mismo, aunque también está en sí mismo. Además, en este sentido, no hay ningún origen al que volver; pensar esto, imaginando que el dios que salva es otro comienzo, es un residuo teológico en Heidegger y en su tradición, una especie de inversión mesiánica fuertemente occidental[33].

Por el contrario, la nada es a la vez plena, porque nadie puede estar realmente solo. La plenitud resuena de potencial en el vacío. Así pues, este es el sentido en el que la nada es el ser, un ser que es siempre apertura porque necesariamente debe completarse, no puede descansar en sí mismo y debe definirse en la relación social con el otro-de-sí, un «otro» que es, al mismo tiempo, el yo-como-otro y el yo-como-movimiento. El ser es, en definitiva, este movimiento. El ser es el movimiento y el remitir-a-otro.

Ahora bien, según esta lectura, no es tanto la técnica la que es aletheia del preparar, sino el hombre que, para convertirse en hombre, debe hacerse en el intercambio orgánico con la naturaleza y con el mundo (donde la naturaleza es también lo social y lo político[34]). La técnica es, por lo tanto, una forma de este darse que nos constituye como hombres y, al mismo tiempo, como sociales; es una manifestación de esta apertura. Pero este movimiento de abrirse-definirse es siempre histórico, no puede ser otra cosa. La historia del hombre es la irreversibilidad de este movimiento desde la nada. Este movimiento ininterrumpido y abierto que surge de la nada y se construye en la relación.

Lo trágico y la lucha por lo común

En consecuencia, no es realmente posible un punto de vista universal y externo desde el que hacer una crítica externa; por lo tanto, no es posible la reducción a lo Uno y a lo Universal, sino que es necesario que esta (la crítica) sea siempre interna, local, específica, situada. Este es el sentido en el que la voluntad de dominio es también voluntad de hacerse, de definirse más allá de la nada, y en esto la crítica es también trágica[35]: nunca puede fundarse, pero, al mismo tiempo, no es evitable. Obviamente, hay muchas formas de estar en este círculo, de definirse en esta cosmología sin quererla universal[36]. El Otro, aunque en Dussel quizá exista este riesgo o estos tonos, no es ni impensable, ni sublime negativo, no es sagrado. Es solo inevitablemente parte del ser, que es relación, transformación y movimiento. Ciertamente, es histórico, contextual, material (muy material, aquí también se podría situar al joven Marx[37] y a autores como Labriola[38]), y tiene dimensiones de tradición e innovación. Tiene poder y acto.

La fórmula según la cual «la nada es ser» coquetea, por tanto, con un lenguaje onto-teológico[39] que corre el riesgo de aludir a la justificación del nihilismo desesperado que disfraza la pérdida de lo real con palabras oscuras, nada de lo cual es nuestra intención. Se podría decir que, en el desarrollo del hombre, «la relación es todo lo que puede darse»; el movimiento desde la mera datidad de la naturaleza, su apropiación reflexiva y su recreación social es el hogar del hombre, lo que lo hace. Claramente, lo trágico, la voluntad de dominio que busca hacerse para moverse desde la nada, es lo humano mismo. Sin embargo, puede tanto utilizar la violencia que crea el mundo como objeto, reduciéndolo a una colección de mercancías/instrumentos[40], como saber estar con el otro y producir lo común[41]. Por lo tanto, convertirse juntos, reconociéndose. Determinándose también en el conflicto con lo que crea el mundo como objeto, y en la lucha por el reconocimiento de la apertura relacional como condición de la historicidad de lo humano[42]. Esta lucha tiene una dimensión cosmotécnica, una dimensión descolonial, una dimensión política (en el sentido de la lucha por la polis).

Intentándolo decir de otra manera, la técnica, lejos de ser un aparato neutro o un destino fatal, es una modalidad a través de la cual el ser humano se relaciona con el mundo, al mismo tiempo que lo hace. En este sentido, no es tanto la técnica la aletheia del preparar, sino el hombre quien, en su hacerse histórico, se define también técnicamente. La técnica no precede ni funda, sino que acompaña todo proceso de construcción del sentido. En este sentido, puede ser un instrumento de alienación, de dominación, de reducción del mundo a objeto, pero también puede ser un lugar de mediación, de co-creación, de devenir común. Lo trágico no es, por tanto, el dominio en sí mismo, sino la incapacidad de salir de él: la reducción de la relación constitutiva a instrumento, del movimiento a ficción y parálisis. La lucha por el reconocimiento de la apertura relacional como condición histórica de lo humano se convierte entonces en el lugar donde se decide el sentido mismo del mundo[43].

Las dimensiones de la lucha

Esta lucha tiene varias dimensiones. En primer lugar, es cosmotécnica: como ha demostrado Yuk Hui, cada cultura desarrolla su propia articulación entre técnica y cosmología[44]. No existe un modelo único, sino una pluralidad de mundos posibles. Por ejemplo, la cosmotécnica occidental predominante ve una antítesis entre naturaleza y cultura, por lo que el cosmos acaba siendo considerado una reserva utilizable, de la que el hombre está separado en principio y en posición dominante. Esta cosmología puede ser útilmente deconstruida desde dentro[45] y confrontada desde fuera[46]. En segundo lugar, es descolonial: también en este sentido se trata de reconocer al otro no como objeto de conocimiento o de salvación, sino como coproductor del mundo. Pensadores como Dussel y Wang Hui han demostrado que todo proyecto emancipador debe partir de una historicización radical del presente, de una recuperación crítica de las tradiciones negadas[47]. Por último, es política: la relación siempre está mediada por instituciones, conflictos, relaciones de poder en las que hay que posicionarse. El mundo de la vida no es un espacio idílico, sino un campo de práctica de una triple lucha: por el horizonte del sentido, la acción y la liberación.

Dicho de otro modo, no podemos escapar a la historicidad. El darse de lo humano está siempre situado, abierto, en tensión. La relación es, en efecto, el único «hogar» posible del ser, pero este hogar debe ser y es construido, deconstruido, reinventado en la práctica. Criticar la técnica no significa, entonces, soñar con un retorno al origen, sino reconocer las modalidades históricas y culturales a través de las cuales el mundo se hace habitable o inhabitable. Lo que está en juego no es una verdad eterna (ni «eterna», ni «una»), sino la posibilidad de construir un común en la pluralidad que reconozca la relación como principio político, antropológico y cosmológico. En este sentido, la filosofía no es contemplación del ser, sino lucha por la forma del mundo.

Por lo tanto, lo que se necesita es una dialéctica del poder y la liberación, que reconozca en la relación el corazón de la experiencia humana. O, en otros términos, una fenomenología política de la subjetividad relacional, una teoría de la libertad social[48] que no se base en una cosmología capaz solo de pensarse como «universo», sino en formas de pertenencia conjunta situadas histórica e institucionalmente. Formas que reconozcan el vacío no como carencia, sino como posibilidad originaria de apertura. Que enmarquen las cosmotécnicas plurales como instituciones contingentes y móviles, capaces de albergar el pluralismo.

Comprender entonces el ser como relación, la nada como fuente de un origen paradójico que no funda sino que abre, y la técnica como historicidad, significa romper con la crítica de la técnica dominante en el siglo XX europeo. Una crítica trágica, apocalíptica, nostálgica (tanto en la tradición heideggeriana como en la de Frankfurt). Releyéndola más bien como genealogía del hacerse-hombre y como inmersión en la historia, como trabajo común, incluso de diferentes tradiciones y «civilizaciones» (que siempre han estado relacionadas).

Notas

[1] – Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, Einaudi, 1968, pp. 67 y ss.

[2] – Gyorgy Lukacs, Ontología del ser social, Meltemi 2023, vol. I,

[3] – Que son unidades de la realidad objetiva, expresables mediante un análisis ontológico (complejos naturales, sociales, histórico-culturales, …) pero no son sistemas cerrados y autopoieticos (como en la lectura contemporánea de Luhmann), sino totalidades abiertas, articuladas y procesuales, puestas en movimiento por el trabajo. Véase, por ejemplo, la lectura de Carlo Formenti, «Ne La filosofia imperfetta (14) Costanzo Preve escribe que la evolución del pensamiento de Lukács desde Historia y conciencia de clase hasta Ontología puede describirse como una conversión a uno de los tres «regímenes narrativos» utilizados por Marx, descartando los otros dos. Según Preve, el corpus teórico marxista se caracteriza, de hecho, por los discursos grandio-narrativo, determinista-naturalista y ontológico-social. En el primero, la categoría de sujeto es titular de una esencia que contiene en sí misma, de manera inmanente, una teleología necesaria, por lo que el proletariado estaría «por su propia naturaleza» destinado a desempeñar el papel de sepulturero del modo de producción capitalista. El segundo coincide con una especie de antropomorfización de la historia, en la medida en que, a la narración de la existencia de un sujeto colectivo capaz de imprimir una dirección al proceso histórico, asocia la hipótesis de que dicho proceso está animado por una necesidad inmanente. Por el contrario, el último Lukács llega a esa corriente ontológico-social del pensamiento de Marx que excluye cualquier automatismo teleológico inscrito en la historia: en este último régimen narrativo, la teleología y la causalidad están presentes única y exclusivamente en la categoría del trabajo, que proporciona el modelo de toda acción finalista del hombre y constituye al mismo tiempo esa práctica fundamental que desencadena los procesos causales que transforman la naturaleza y la sociedad», Carlo Formenti, «La historia humana es historia del trabajo. Luckacs como antídoto contra el liberal-fascismo europeo», en Por un socialismo del siglo XXI, blog, 17 de marzo de 2025.

[4] – Gyorgy Lukacs, Op. cit., p. 119.

[5] – Lukacs, op. cit.

[6] – Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos de 1844, op. cit., p. 79.

[7] – Karl Marx, Ideología alemana, «Feuerbach», Editori Riuniti 2018.

[8] – Joseph Needham, Ciencia y civilización en China, 4 volúmenes, Einaudi 1981.

[9] – Kenneth Pomeranz, La gran divergencia, Il Mulino, 2004 (ed. orig. 2000).

[10] – La superioridad técnica occidental se manifiesta de forma más evidente durante las guerras del opio, cuando los buques ingleses y los marines logran derrotar, no solo por razones tecnológicas, aunque sin duda también por estas, la resistencia Qing. Por lo tanto, se puede concluir con certeza que en 1850 el Occidente más desarrollado, Inglaterra, tenía una clara superioridad tecnológica. Pero un siglo antes no era así, en muchos aspectos las regiones más desarrolladas de la China imperial estaban al mismo nivel o por encima. Incluso en el decisivo sector energético, por ejemplo, en la explotación del carbón a gran escala, hay que tener en cuenta que ya se había desarrollado alrededor del año mil en el norte de China. Hasta tal punto que, según las estimaciones de Harwell, la producción de hierro china en el siglo XI era superior a la europea del siglo XVIII.

[11] – Yuk Hui, Cosmotecnica, op. cit., p. 36

[12] – Como escribe Chow yin-Ching en La filosofia cinese (Ghibli 2015), el Tao (o Dao, según el sistema de transcripción) es un principio inmanente que no actúa desde el exterior, sino que anima y transforma los seres sin esfuerzo ni sacudidas. Granet, en Il pensiero cinese (Adelphi 1971), señala que es más concebible como fuerza que como ser, la búsqueda de una fuerza latente en los cambios de las cosas.

[13] – Véase sobre este tema, «Algunas cuestiones sobre China, comparación entre universalismos», Parte III, Tempofertile, mayo de 2025.

[14] – Para evitar objeciones, no se quiere decir aquí que la forma de organización social y funcionamiento económico que recibe el nombre de «capitalismo» (o, en términos marxistas, «modo de producción capitalista») naciera como Minerva, ya armada con casco, coraza y lanza, de la cabeza de Júpiter, directamente cuando Colón, Américo Vespucio y los capitanes conquistadores sometieron a los grandes imperios azteca e inca. Lo que se genera en los años transcurridos entre el «descubrimiento» de América y el establecimiento de una economía colonial atlántica es, más bien, una acumulación original por «despojo» y una poderosa economía de explotación que drena hacia Occidente, convirtiéndolo en lo que es, los recursos de una parte del mundo que alimentaba en aquella época a casi una quinta parte de la humanidad. Es el inicio de la modernidad.

[15] – Volveremos sobre este término, véase Yuk Hui Cosmotecnica, Nero 2021 (2016).

[16] – Sobre este punto, véase el trabajo de exploración de Carlo Formenti en Per un socialismo del secolo XXI y en sus últimos libros, a partir del concepto de «socialismos imperfectos». Por ejemplo, «Los pueblos africanos contra el imperialismo 1. Said Boumamama», 6 de noviembre de 2024; «Los pueblos africanos contra el imperialismo 2. Kevin Ochieng Okot», 11 de noviembre de 2024; «Los pueblos africanos contra el imperialismo 3. Amílcar Cabral», 18 de noviembre de 2024; «Más sobre África. Walter Rodney», 19 de enero de 2025; «Panafricanismo, marxismo, comunismo, 1. Los «clásicos»: Du Bois, Padmore, Williams, James, Césaire», 25 de febrero de 2025; «Panafricanismo, marxismo, comunismo II. Cedric Robinson», 1 de marzo de 2025; «Más sobre el marxismo negro. Angela Davis», 7 de marzo de 2025. Carlo Formenti, Guerra e rivoluzione. Elogio dei socialismi imperfetti (Guerra y revolución. Elogio de los socialismos imperfectos), Meltemi 2023, en particular el capítulo 1, China; capítulo 3, América Latina;.

[17] – Martin Heidegger, La cuestión de la técnica, Mursia, 1976 (1954). Una conferencia del 18 de noviembre de 1953 en Múnich interpreta la técnica no como un conjunto de instrumentos, sino como revelación del ser, o como forma de vida que reduce todo a fondo disponible (Bestand), es decir, a recurso calculable y, por lo tanto, manipulable. De manera muy simple y banal, la técnica es una de las vías de revelación del ser que orienta la forma de relacionarse con los demás, pero también con el mundo mismo. En cierto modo, es una culminación de la metafísica occidental (y aquí, en esta fórmula, está presente también el eurocentrismo de Heidegger), en cuanto que la técnica no es una obra occidental, sino del sistema mundial y policéntrico. Expresa una verdad del mundo y hace que el propio hombre se convierta en un recurso que hay que organizar y, por lo tanto, también consumir (y en esto también resuena la crítica de la alienación en el primer Marx). Otra fuente primaria, además del propio Marx, es La dialéctica de la Ilustración, de Max Horkheimer y Theodor Adorno, publicada en 1947. En este influyente texto, los dos frankfurtianos identifican en la técnica la racionalidad instrumental y en ella una forma de pensamiento orientada al dominio, por lo que identifican en la Ilustración (occidental) el camino para crear una nueva forma de sometimiento que reduce el mundo a un objeto de control. En este sentido, y esto es particularmente importante, la técnica es inseparable del desarrollo del capitalismo y conduce necesariamente a la reificación de las relaciones sociales. Las vías de escape son, en Heidegger, otra revelación del ser (por ejemplo, la artística) y, en Adorno, el pensamiento negativo y no conciliado y, de nuevo, el arte.

[18] – Es decir, la reducción del mundo a objeto, cuando está abierto por el hombre y, por tanto, por las relaciones sociales en las determinaciones causales en relación con los impulsos teleológicos activables dentro de la historicidad.

[19] – Reiner Schürmann, Heidegger. Dall’essere all’anarchia, Bollati Boringhieri, 1992 (1987); Jean-Luc Nancy, L’esperienza della libertà, Cronopio, 2000 (1988).

[20] – Con referencia a la comparación con el llamativo caso chino, un país que se dice «socialista», pero que desde hace tiempo y cada vez más se encuentra en la frontera de la técnica y la modernidad, hay que entender que la técnica no es una empresa occidental, que llega desde fuera a la sociedad y la cultura chinas. Tampoco lo es la forma de producción industrial (que se potenció en un ecosistema de enorme poder en Occidente a partir del siglo XIX, pero que tuvo precursores en el mundo oriental y árabe, y en el Renacimiento se desarrolló de sur a norte). Además, la técnica tampoco está específicamente relacionada con el capitalismo, porque si lo estuviera habría que concluir que este es omnipresente y coincide con toda la historia de la humanidad, y la palabra perdería su sentido. De ello se deduce que el mero hecho de utilizar técnicas, y ya se debería decir que se ha llegado al límite de la mayoría de las técnicas, no convierte por sí mismo a China en occidental y capitalista; ni las técnicas son necesariamente incompatibles con las diferentes formas de lo humano, representando el vernáculo, el arte o la despense como única vía de escape.

[21] – Mark Fisher, Realismo capitalista, Nero 2018 (ed. orig. 2015).

[22] – George Bataille, en dos ensayos de 1933 (La noción de dépense) y 1949 (La parte maldita), introdujo la idea, bastante aristocrática, de que si el ser humano y toda la sociedad están estructurados según la utilidad, pierden algo esencial. Más bien, la mera vida encuentra sentido fuera de esto, en la dépense (el gasto), necesariamente improductiva y también destructiva de valores materiales (el sacrificio sagrado, las fiestas, la guerra misma, el erotismo y el arte). Lo que hay que poner en el centro es el excedente de toda función, lo inútil, lo exuberante.

[23] – Véase en este sentido el pensamiento de Nishitani Keiji, La religione e il nulla, SE, 1997 (1961),

[24] – Aletheia (ἀλήθεια) es un concepto central de la filosofía de Heidegger, heredado de la tradición griega pero profundamente reinterpretado. A menudo traducido como «verdad», Heidegger redescubre su significado etimológico de «desvelamiento» (del prefijo privativo a- y lethe, «olvido», «oculto»), oponiéndolo a la noción moderna de verdad como correspondencia (adaequatio intellectus et rei). La aletheia es el proceso de apertura del mundo, donde las cosas pueden verse tal y como son en su esencia (Wesen).

[25] – śūnyatā (शून्यता en sánscrito), a menudo traducido al japonés como 空 (), es un concepto fundamental en el pensamiento budista. Se traduce normalmente como «vacuidad» o «vacío», como ausencia de existencia intrínseca o autónoma. Según este concepto indio, traducido a las culturas china y japonesa, nada existe «por sí mismo», sino que todo surge en relación condicionada (en indio pratītyasamutpāda) y como nudo de una red de interdependencias. Las fuentes de esta idea son Nāgārjuna (filósofo indio del siglo II-III), fundador de la escuela Madhyamaka, cuyas obras fundamentales son «Estrofas fundamentales del camino medio», Mūlamadhyamakakārikā. En el siglo III, esta escuela llega a China, donde se mezcla con la escuela taoísta e influye en las escuelas filosóficas: Tiantai (天台宗), Huayan (華厳宗), Chan/Zen (禅). En Japón se refleja en las escuelas Tendai (天台宗), que media con el pensamiento confuciano, Zen (sobre todo Rinzai y Sōtō) y Kegon (derivada de Huayan). Más recientemente, Nishitani y la Escuela de Kioto lo reelaboran en La religión y la nada, fusionándolo con el pensamiento de Heidegger. En este sentido, se tematiza la co-originalidad entre el yo y el mundo.

[26] – Me refiero a la cosmología occidental, que se imagina como universal, en alternativa a la cosmología china del tianxia.

[27] – Enrique Dussel es un filósofo y teólogo de la Teología de la Liberación, con importantes influencias marxistas. Véase, por ejemplo, Enrique Dussel, Filosofía de la liberación, Queriniana, Brescia 1992 (ed. orig. 1977); o Enrique Dussel, El ocultamiento del «otro». All’origine del mito della modernità, La piccola editrice, Celleno 1993.

[28] – Wang Hui, Il ventesimo secolo della Cina. Rivoluzione, ritirata e ritorno del presente, DeriveApprodi, 2020 (2016)

[29] – Yuk Hui Cosmotecnica, op.cit..

[30] – El universalismo occidental es jerárquico y excluyente, pero de una manera muy particular. El movimiento es el de la madre posesiva, que proclama el Bien para todos y se lamenta de que su amor no sea comprendido, y pone en marcha un dispositivo que funciona sobre la culpa y la vergüenza, sobre el control interior. El superyó occidental es todo menos «patriarcal». En el fondo se encuentra el chantaje culpabilizador, el reproche de no ser lo suficientemente «modernos» y «abiertos», la acusación y la queja. El no Occidente, aquí llamamos Oriente, debe ceder al deseo de la buena madre, en cuanto universal y llena de amor por la Humanidad. Adherirse con todo uno mismo y hacerse similar al modelo. Devolver los sacrificios hechos para descubrir la Verdad y llevar a la Humanidad por el camino del Progreso. Este dominio, no directo ni visible, es mucho más poderoso y omnipresente, quien sufre su hechizo debe dirigir el fracaso hacia sí mismo, ha sido incapaz de modernizarse y se considera ingrato y moralmente indigno. Esta voluntad de poder se percibe, desde el lado de quien la emite, como una forma de amor universal ejemplar y de abnegación, mientras que desde el lado de quien sufre su efecto, como indignidad. Véase, por ejemplo, Jean-Claude Michéa, El imperio del mal menor. Saggio sulla civiltà liberale, 24 Ore Motta Cultura, Milán 2008 (ed. original 2007), p. 167.

[31] – En el sentido de que el simio humano está escasamente sobredeterminado por un conjunto instintivo dado y rígido, y es fundamentalmente moldeable. Construye trazas culturales y se proyecta al caminar (Ingold), estructura su memoria y, por lo tanto, su identidad según los contextos sociales (Bloch), no tiene determinaciones rígidas (Mead), evoluciona cerebralmente a través de símbolos y mediaciones (Deacon), está siempre en mediación consigo mismo (Plessner) y es deficiente, carente de un aparato instintivo estable (Gehlen). Véase Arnold Gehlen, El hombre. Su naturaleza y su lugar en el mundo, SugarCo, 1983 (1940); Helmuth Plessner, Los límites de la comunidad. Una crítica al radicalismo social, Il Mulino, 1995 (1924); Terrence W. Deacon, La especie simbólica. La evolución del lenguaje y del pensamiento humano, Codice Edizioni, 2004 (1997); Margaret Mead, Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas, Il Saggiatore, 1962 (1935); Maurice Bloch, Antropología y memoria, Meltemi, 2002 (1998); Tim Ingold, Líneas. Una exploración antropológica, Cortina, 2017 (2007). Especialmente relevante para esta forma de plantear las cosas es el llamado «giro ontológico» en antropología, que trata de superar el multiculturalismo en cuanto que este parte del supuesto clásico occidental (Cartesio) de un único mundo natural observable por muchas culturas. Se trata de invertir la perspectiva, leyendo los múltiples mundos y concepciones de lo real como consistentes, coherentes e irreducibles. Los autores son Eduardo Viveiros de Castro, Philippe Descola, Marylin Strathern y Tim Ingold.

[32] – No faltan en esto las relaciones con la gran tradición idealista, en particular con Hegel.

[33] – El vuelco del tiempo mesiánico, o vaciamiento, que en Benjamin se politiza, mientras que aquí se ontologiza. Pero no hay salvación en otros comienzos, es necesario asumir plenamente la nada como apertura, como su necesidad y condición estructural de la relación.

[34] – Aquí se puede hacer referencia a la obra maestra de Luckacs, Ontología del ser social, op. cit.

[35] – Véase la posición de Walter Benjamin sobre la historia y el mesianismo como acontecimiento, como pequeña puerta por la que puede entrar (o no entrar).

[36] – O a partir de esta cosmología que, por su naturaleza, debe ser siempre histórica y compartida en una comunidad de sentido, en un «mundo de la vida».

[37] – Por ejemplo, el Marx de los Manuscritos filosófico-históricos de 1844.

[38] – Véase Alessandro Visalli, Classe e Partito, Meltemi 2023.

[39] – Véase la crítica de Lukacs a Heidegger en Ontología del ser social, vol. II, pp. 128 y ss.

[40] – Véase, entre muchos otros, Frantz Fanon, Piel negra, máscaras blancas, Marco Tropea Editore, 1996 (1952).

[41] – Axel Honneth y su relectura de Hegel y de la dialéctica del reconocimiento en un contexto posmetafísico e intersubjetivo. Axel Honneth, La lucha por el reconocimiento, Il Saggiatore, 2002 (1992)

[42] – Véase Enrique Dussel, Filosofía de la liberación, Jaca Book, 1974 (1973)

[43] – Wang Hui, El siglo XX de China. Revolución, retirada y retorno del presente, op. cit.

[44] – Yuk Hui Cosmotecnica, op. cit. Para el autor chino, aunque el término «técnica» no está presente en el pensamiento filosófico tradicional chino, este siempre ha estado conectado de manera original con un orden moral y cósmico propio de su apertura al mundo. El texto abre un diálogo fructífero y denso con el pensamiento de Martin Hedegger, a partir de la conferencia de 1953 y su repercusión en la Escuela de Kioto y la crítica taoísta a la racionalidad técnica. Este discurso, en el contexto de la inmediata posguerra, resonaba con la devastación y, en China, con las ansiedades suscitadas por la modernización forzada al estilo soviético. El defecto que Hui ve, incluyendo también en la crítica las teorías poscoloniales, es que da por sentado que la ciencia y la técnica son internacionales (y occidentales), de alguna manera separadas del «pensamiento». Aunque, como es obvio, la tecnología siempre ha estado presente en China (y durante milenios incluso más avanzada que en Occidente, en esencia hasta el «despegue» inglés del siglo XIX, cf. Kenneth Pomeranz, La gran divergencia, Il Mulino 2004), el pensamiento chino aún no se adhiere a un mito como el de Prometeo —en el que la rebelión de los titanes contra los dioses lleva la tecnología a los hombres—, sino a un don que de alguna manera «naturaliza lo divino» (Vernant). Esta relación entre los sistemas técnicos y sus aplicaciones, y las culturas ancladas en visiones diferentes del cosmos es lo que Hui llama «cosmotécnica». Según una definición sintética, «la cosmotécnica expresa la unificación entre el orden cósmico y el orden moral a través de las actividades técnicas» (ibíd., p. 29).

[45] – Por ejemplo, Jacques Derrida, para quien la técnica occidental se basa en una oposición original (entre physys y thecne) inestable y arbitraria, una ontoteología de la presencia (véase La escritura y la diferencia, Einaudi 1971). O Jacques Ellul, que subraya cómo la técnica moderna se emancipa de la dimensión simbólica o cosmológica, convirtiéndose en un sistema autorreferencial que reduce el mundo a un objeto funcional (véase Jacques Ellul, Il sistema tecnico, Jaca Book, 2009). También pueden compararse muchos autores de la Teología de la liberación, como Enrique Dussel, Leonardo Boff y Gustavo Gutiérrez, que ponen de relieve la relación entre lo humano y el cosmos como algo entretejido en el cuidado, la reciprocidad y la no propiedad. La sociedad convivial de Ivan Illich, o autores fundamentales como Gilbert Simondon, que propone un análisis ontogenético y no instrumental de la técnica,

[46] – Véase Eduardo Vibeiros de Castro, que en Metafisiche cannibali, valora las cosmologías indígenas amazónicas. En este texto propone la adopción del perspectivismo amerindio como instrumento para criticar los supuestos universalistas y naturalistas inconscientes de la antropología occidental. Mientras que el naturalismo occidental presupone un mundo común (la naturaleza) y múltiples visiones (culturas), el perspectivismo amerindio afirma lo contrario: existe una única subjetividad (humana) y múltiples mundos. De ello se deriva tanto una posición ética, que declara la insostenibilidad de la reducción del mundo a recurso, como, en el momento en que cada entidad tiene una interioridad, voluntad e intencionalidad, la posibilidad de pensar en una cosmotécnica alternativa, arraigada en una metafísica de la relación, la reciprocidad y la subjetividad difundida.

[47] – Enrique Dussel, Ética de la liberación en la era de la globalización y la exclusión, Città Aperta, 2004 (1998)

[48] – «Libertad social» es un término hegeliano, aquí se hace referencia a la relectura de Axel Honneth en El derecho a la libertad. En Lineamenti di filosofia del diritto, Hegel recuerda que «aquí no se está unilateralmente en sí mismo, sino que se limita voluntariamente en relación con otro, y sin embargo, en esta limitación, se conoce como uno mismo. En la determinación, el hombre no debe sentirse determinado, porque solo al considerar al otro como otro se obtiene el sentimiento de sí mismo» (p. 57). Por lo tanto, la cooperación social es la condición y el modelo de la libertad (como también veía el primer Marx, según el cual, a través del trabajo, todos se vinculan recíprocamente mediante relaciones de reconocimiento a través de las cuales confirman mutuamente su dependencia recíproca). Solo en la modalidad de la respectiva autorrealización se completan recíprocamente los sujetos. En cambio, y aquí hay un plano crítico de la reificación, a través del medio del dinero, por el contrario, cada uno se encuentra solo. El intermediario externo (Marx, «Apuntes sobre James Mill») hace que se pierdan de vista también las relaciones de reconocimiento mutuo y, al final, «cada uno se encuentra solo consigo mismo, como un ser que solo busca su propio enriquecimiento y su propio beneficio» (Marx). Así, el capitalismo, en el que el elemento mediador es la circulación del dinero, en lugar de la cooperación, produce el efecto de relaciones sociales en las que «nuestra integración recíproca es solo una pura y simple apariencia, que sirve de base para el despojo mutuo». Esta crítica fundamental permanece hasta «El Capital», donde se critica a la sociedad capitalista porque, en el fondo, «produce la apariencia material de relaciones sociales mediadas solo de hecho, que impiden ver la estructura intersubjetiva de la libertad». Véase Hegel, Lineamenti di filosofia del diritto, Laterza 1999 (ed. orig. 1821); Axel Honneth, Il diritto della libertà, Codice 2015 (ed. orig. 2011).

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2. Crítica a la crítica crítica sobre Venezuela.

Ya que el otro día os pasaba un artículo crítico con la izquierda anti-Maduro, creo que vale la pena conocer también esta respuesta de uno de ellos. El original está en español, pero no lo he encontrado, así que traduzco de la traducción.

https://links.org.au/pro-maduro-lefts-blind-spots-against-nuancing-venezuelas-disaster

Los puntos ciegos de la izquierda pro-Maduro: contra el «matizamiento» del desastre venezolano

Por Emiliano Terán Mantovani

Publicado el 30 de mayo de 2025

El artículo de Steve Ellner, «¿«Neoliberal y autoritario»? Un análisis simplista del gobierno de Maduro que deja mucho por decir», escrito en respuesta al artículo de Gabriel Hetland «Capitalismo y autoritarismo en la Venezuela de Maduro» y publicado en LINKS International Journal of Socialist Renewal, brinda la oportunidad de continuar y profundizar un importante debate sobre la situación política actual de Venezuela y la dirección del gobierno bolivariano. Quiero aportar mi granito de arena a este debate, principalmente para responder a varios de los argumentos de Ellner.

En mi opinión, su artículo intenta atenuar o minimizar las críticas al rumbo cada vez más autoritario y regresivo que ha tomado el sistema político venezolano bajo Nicolás Maduro. Su defensa del gobierno de Maduro también refleja un problema más amplio entre algunos sectores de la izquierda: una tendencia a permanecer vinculados a regímenes en decadencia, sin ideas ni imaginación para trazar caminos alternativos que sean críticos y estén arraigados en las luchas populares. Esa claridad política es urgentemente necesaria en un mundo en el que los movimientos de extrema derecha y el autoritarismo están ganando terreno.

El argumento central de Ellner es que las críticas a Maduro deben contextualizarse y matizarse más, y que es necesario un mayor rigor. Sin embargo, su artículo no es más que una serie de supuestos «matices» a los argumentos de Hetland que, en efecto, justifican la represión de Maduro contra los trabajadores, la destrucción de los salarios y la implementación de un régimen neoliberal altamente agresivo. Paradójicamente, los propios argumentos de Ellner carecen de matices. Omite de manera flagrante cuestiones esenciales para cualquier análisis que pretenda evitar simplificaciones binarias, especialmente uno basado en la solidaridad con las luchas populares. Al final, Ellner cae en la misma trampa que critica. En cuanto al rigor, cabe señalar que Ellner a menudo no proporciona ninguno de los datos que exige a Hetland. En algunos casos, sus fuentes no son más que declaraciones de funcionarios del Gobierno venezolano. Por esta razón, sigue siendo necesario llevar a cabo el trabajo de matización crítica que Ellner dice valorar, pero que, lamentablemente, no practica.

Las sanciones como herramienta para silenciar las críticas y la disidencia

Ellner plantea varias cuestiones clave. Por ejemplo, sostiene que las sanciones internacionales deben ser fundamentales en cualquier análisis de la situación en Venezuela. Quiero dejar clara mi posición desde el principio: estas sanciones son totalmente condenables, especialmente viniendo de un gobierno como el de Estados Unidos, con su larga tradición de intervencionismo y neocolonialismo. Añadiría también que esta es una posición casi universalmente compartida por la izquierda venezolana —por diversa que sea—, que ha rechazado sistemáticamente las sanciones. De hecho, estas medidas son ampliamente impopulares en toda la sociedad venezolana. Incluso algunos académicos liberales, intelectuales y figuras de la oposición se han pronunciado en contra, aunque otros no lo han hecho. El problema, sin embargo, es que el Gobierno de Maduro ha convertido la cuestión de las sanciones en una herramienta para reprimir las críticas y el debate, y en la excusa perfecta para justificar una serie de abusos económicos y políticos.

Si vamos a hablar de matices y rigor en relación con las sanciones, entonces es justo preguntarse si estas medidas realmente desencadenaron la peor crisis de la historia de Venezuela y en qué medida han influido en su curso. Ellner se refiere a las sanciones impuestas por la administración Obama en 2015, pero estas se limitaron a congelar activos y cuentas bancarias en Estados Unidos, así como a revocar visados y restringir la entrada al país de funcionarios del Gobierno venezolano y figuras clave. Lo que no menciona es que en 2017, cuando se introdujeron las primeras sanciones contra la economía venezolana, el PIB del país ya se había desplomado un 31 %.El 9 % con respecto a 2013, las importaciones se habían desplomado un 81,76 % en comparación con 2012, la inflación era la más alta del mundo, con un 438,1 %, y la deuda externa se había disparado hasta alcanzar la asombrosa cifra de 148 300 millones de dólares1. De hecho, el lento declive de la producción petrolera, junto con el deterioro de numerosas industrias estatales y sectores agrícolas clave, como la caña de azúcar y el maíz, comenzó durante los años de Hugo Chávez. Algo ya iba muy mal entonces, como consecuencia de la profundización del modelo rentista petrolero de Venezuela durante el gobierno de Chávez, junto con una desastrosa gestión administrativa y económica. Todo ello se produjo en un momento en que Chávez gozaba de una popularidad cercana al 70 % y se beneficiaba de unos precios del petróleo sin precedentes, años de ingresos sin precedentes, el control de las instituciones estatales y una importante influencia y alianzas regionales.

Ellner no menciona este contexto, ni tampoco el detalle bastante significativo de los enormes escándalos de corrupción que vaciaron las arcas públicas y perjudicaron a la población. Entre ellos se incluyen: el fraude cambiario a través del Cadivi; múltiples casos de corrupción a gran escala dentro de la empresa petrolera estatal PDVSA, la red estatal de distribución de alimentos PDVAL y el Fondo China-Venezuela; diversas estafas en proyectos de infraestructura; y una larga lista de otros ejemplos similares. En última instancia, la narrativa ampliamente difundida de una «guerra económica» fue, en realidad, obra de una red de actores que incluía a funcionarios gubernamentales (a veces al más alto nivel), que trabajaban en connivencia con las élites internacionales y del sector empresarial. Este proceso ha continuado bajo el Gobierno de Maduro, algo que incluso las autoridades han reconocido con la detención de varios altos funcionarios (entre ellos varios presidentes de PDVSA) y la revelación de escándalos más recientes que involucran a la empresa petrolera y al regulador estatal de criptomonedas, Sunacrip, que supusieron más de 21 000 millones de dólares en ingresos no recaudados.

Dada la magnitud y la continuidad de este saqueo, es difícil considerarlo como una simple anomalía o el trabajo de unos pocos individuos sin escrúpulos. Un pensador verdaderamente crítico debe reconocerlo como un mecanismo sistemático y a gran escala para la apropiación ilícita de la riqueza. Algunos se preguntarán cómo el gobierno de Chávez, que gozó de una enorme popularidad durante la primera década de este siglo, ha caído a un índice de desaprobación que oscila entre el 70 % y el 80 % bajo el mandato de Maduro.

El sufrimiento inconmensurable de los venezolanos —la pobreza galopante, el colapso de los hospitales y los servicios básicos, etc.— contrasta radicalmente con el estilo de vida lujoso y excesivo de las élites gobernantes. Estas élites tienen apartamentos de lujo en Dubái o Europa, circulan en todoterrenos de alta gama, cenan en restaurantes gourmet y organizan fiestas extravagantes. Esta realidad está profundamente arraigada en la conciencia del pueblo venezolano y arraigada en el imaginario nacional. Esto explica el odio generalizado hacia el gobierno de Maduro, el vaciamiento del apoyo popular y la enorme participación electoral en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 por parte de una población desesperada por poner fin a lo que percibe como una pesadilla. También ayuda a explicar las protestas que estallaron el 29 y 30 de julio contra el fraude electoral, movilizaciones que fueron impulsadas principalmente por barrios de clase trabajadora como Petare, La Vega, El Valle y Catia.

Observé con asombro cómo estas protestas fueron criminalizadas por sectores de la izquierda internacional que, con escalofriante facilidad, las tildaron de manifestaciones de «la extrema derecha», legitimando así la brutal represión que se desató en los días y semanas siguientes. Hemos visto una criminalización similar de la protesta popular bajo presidentes de derecha como Iván Duque en Colombia y Sebastián Piñera en Chile durante las enormes protestas de 2019. Si queremos hablar de matices, entonces debería haber una profunda reflexión sobre las razones que hay detrás del enorme descontento público en Venezuela. Los seguidores y simpatizantes del Gobierno de Maduro parecen preferir siempre buscar chivos expiatorios externos y criminalizar a los disidentes, en lugar de analizar con dureza cómo y por qué han perdido el apoyo y la conexión con la población.

Las sanciones han tenido un impacto negativo en el curso de la crisis y, de hecho, han dificultado la recuperación de la caída libre de la economía venezolana. Pero no explican las causas profundas del colapso social que hemos vivido. Tampoco el hecho de que todo este proceso se haya desarrollado en un marco que provoca y permite la apropiación de la riqueza, y que surgió del seno mismo del Gobierno bolivariano. El discurso oficial sobre las sanciones funciona como un poderoso mecanismo para neutralizar el debate y la crítica, y lamentablemente ha sido adoptado por una parte de la izquierda internacional para evitar afrontar nuestra realidad.

Aferrarse a los discursos del pasado para justificar el desastre del presente

Existe una tendencia persistente a aferrarse a los argumentos de la época del gobierno de Chávez —cuando los ingresos del petróleo se distribuían ampliamente en toda la sociedad, el salario mensual nominal era de 400 dólares estadounidenses y se fomentaba la participación popular en la política— y trasladarlos a una realidad actual que ha cambiado drásticamente. Se pueden citar varios ejemplos. Ellner se refiere a las comunas, aunque él mismo reconoce que bajo Maduro fueron marginadas durante años. Habla de un «impulso renovado» para apoyar las comunas, pero no menciona que esta marginación formó parte de un proceso más amplio de desmovilización y vaciamiento de la organización popular, que tuvo efectos muy perjudiciales, como despojar a la idea comunal de su significado original, reducida por Maduro al sistema de distribución de alimentos CLAP. Hoy en día, la propuesta de las comunas se ha reinterpretado como un instrumento para facilitar el control territorial del Estado/gobierno dentro de un sistema político que ha evolucionado hacia una especie de modelo neopatrimonial.

Cuando se habla del «proceso bolivariano», ya no nos referimos a un sistema basado en una alianza nacional-popular con énfasis en las clases más desfavorecidas. Esa fórmula se ha reconfigurado drásticamente: la alianza con los militares ha multiplicado la presencia de las fuerzas de seguridad en todo el Estado, mientras que se da prioridad a la coordinación con la principal federación empresarial nacional (Fedecámaras), al trabajo con las élites de la Iglesia evangélica, al fortalecimiento de las alianzas con la petrolera estadounidense Chevron y el capital chino en la Faja Petrolífera del Orinoco, y al apoyo a los banqueros y las nuevas élites nacidas de la llamada «revolución». Es importante destacar que prácticamente todos los capitalistas que operan en Venezuela se benefician de la riqueza del país en condiciones vergonzosamente preferenciales, con generosas ventajas y sin restricciones ni mecanismos de rendición de cuentas. Leyes como la Ley Antibloqueo, la Ley de Zonas Económicas Especiales y la Ley de Protección de la Inversión Extranjera, junto con los decretos de exención fiscal para las empresas, las privatizaciones encubiertas, la licencia LG41 de Chevron y los acuerdos con la Corporación Nacional de Petróleo de China, entre muchos otros ejemplos, demuestran esta realidad. Lo sorprendente no es que la mayoría de las fuerzas de izquierda del país —especialmente las más combativas— se hayan opuesto firmemente a esta entrega de los activos nacionales, sino que la única izquierda que sigue apoyando, e incluso aplaudiendo, todo esto es la izquierda pro-Maduro.

Otro ejemplo de la desconexión entre un discurso obsoleto y el régimen actual es la insistencia de Ellner en que no debemos olvidar el papel de la oposición (tradicional) venezolana a la hora de comprender el «alcance de la guerra contra Venezuela». Sin duda, esta oposición ha contribuido al deterioro político del país, a través de ciertos ciclos insurreccionales impulsados por su ala más radical, que han degradado aún más la vida política, y con su mínima organización de base y sus escasos esfuerzos por construir alternativas reales. Lo que el autor no explica es cómo el Gobierno acabó aplastando no solo a la oposición de derecha —que yace en ruinas, lo que ayuda a explicar el auge de María Corina Machado—, sino también a cualquier fuerza política o social que se atreviera a oponerse a él. Esto incluyó la intervención y la división de partidos tradicionales, como Acción Democrática y Copei, para imponer nuevos liderazgos elegidos a dedo por el Gobierno. El resultado final es el tipo de «oposición» que ahora se presenta al público. También incluyó la persecución y el encarcelamiento de sindicalistas, líderes comunitarios, organizaciones sociales y ONG. Ellner debería haber destacado la detención de chavistas de base y organizadores comunales, el uso de la tortura en las cárceles venezolanas, la represión del Partido Comunista de Venezuela y el efecto disuasorio de la «Ley contra el odio». Pero en cuestiones tan delicadas, no hay «matices» en su texto, y eso es una grave omisión.

En última instancia, Ellner no reconoce que la Venezuela actual no es la Venezuela de 2017 o 2019. Hoy nos enfrentamos a un escenario diferente, moldeado por un sistema de poder sin controles ni contrapesos reales. Cualquier análisis debe evolucionar, al igual que lo hace la historia.

¿Matizar la destrucción de un país? Sobre los límites de lo inaceptable

Una de las conclusiones de Ellner, en mi opinión bastante sorprendente, es que los errores de Maduro fueron impuestos por Washington. Este tipo de argumento refleja una visión maniquea, en la que una fuerza oscura y malévola (Estados Unidos) empuja a Maduro a cometer actos ilícitos. Desde este punto de vista, la otra parte no es realmente «mala», sino que simplemente se ve obligada a actuar así. Es el tipo de razonamiento que cabría esperar de alguien que sigue a un líder por pura fe. Es difícil responder con razón a alguien que presenta al gobierno de Maduro como una víctima y no menciona en el mismo artículo a las víctimas de la sociedad venezolana, las que ha producido la decadencia y el giro depredador del régimen. Ellner —y aquí coincido con Hetland— termina construyendo un discurso justificatorio. Por ejemplo, Ellner justifica las nuevas alianzas con Fedecámaras y sus políticas, pero no dice nada sobre la destrucción deliberada de los salarios o la persecución y el encarcelamiento de los trabajadores.

Quizás en el fondo de todo esto está la cuestión de los límites de lo inaceptable. Que hay cosas que, sencillamente, ya no admiten matices. Que hay cosas que han llegado a encarnar lo peor de los horrores que la izquierda pasó décadas denunciando. Que la dinámica geopolítica actual, por abominable que sea, no basta para «matizar» la barbarie y la devastación de un país llevada a cabo por su propio Gobierno y en nombre de nada.

Quienes abogan por un supuesto «apoyo crítico a Maduro» no están muy lejos, en su lógica, de quienes podrían reivindicar un apoyo crítico a Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei en Argentina, Daniel Ortega en Nicaragua o Vladimir Putin en Rusia. Al final, todo puede matizarse, cualquiera puede convertirse en víctima. Donald Trump, por ejemplo, puede ser víctima del «Estado profundo» estadounidense, Benjamin Netanyahu, víctima de Hamás. El argumento puede extenderse para abarcar cualquier cosa, pero siempre sirve para justificar los abusos. Al final, ese camino solo puede llevarnos por mal camino, a un mundo en el que relativizamos la barbarie y el saqueo, convirtiéndolos en la nueva «normalidad» global. Una vez allí, la izquierda habrá perdido su camino para siempre.

Epílogo

Una de las muchas preguntas que se pueden plantear sobre Venezuela es la siguiente: si esa parte de la izquierda internacional que apoya al Gobierno de Maduro es plenamente consciente de los abusos y la corrupción del régimen, pero considera que es una cuestión de «honor» no apoyar a los líderes o partidos de la oposición tradicional, ¿por qué no dedica su energía, sus recursos, su apoyo y su defensa a fortalecer una oposición de izquierda que algún día pueda disputar el poder político? Si realmente se trata de preservar una identidad izquierdista con integridad, ¿por qué no tender puentes con sectores de la oposición de izquierda dentro de Venezuela? ¿Por qué no ayudar a desarrollar una alternativa que no sea neoliberal, sino que esté arraigada en las demandas populares, un proyecto político de alcance nacional, capaz de unir a diversas organizaciones y defender los salarios, los trabajadores, la soberanía popular, la educación pública y otras demandas históricas?

Estas preguntas me parecen cruciales y abren la puerta a otros debates muy necesarios.

Emiliano Terán Mantovani es un activista de izquierda venezolano, investigador y profesor de sociología en la Universidad Central de Venezuela. Sus escritos se pueden encontrar en uab.academia.edu/EmilianoTeranMantovani. Traducido por Anderson Bean.

  • 1Las cifras del PIB son del FMI; los datos de importaciones se calcularon utilizando cifras del BCV, la CEPAL y la OCE; los datos de inflación son del Banco Mundial, el FMI y el BCV; las cifras de la deuda externa son de la CEPAL.

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3. El que rompe cosas.

Curtis Yarvin parece la prueba viviente de que se puede ser un genio para algunas cosas y un absoluto gilipollas. No le dedicaría ni dos minutos a sus teorías, pero resulta que es el «ideólogo» de la última moda ultraderechista, la Ilustración Oscura, como ya vimos en un reciente artículo de Foster. Y por tanto vale la pena perder esos dos minutos para saber un poco más de sus delirios. Pero lo que de verdad me intriga es la profesión con la que se define el autor del artículo: pornografógrafo.

https://ctxt.es/es/20250501/Politica/49334/Naief-Yehya-Curtis-Yarvin-EEUU-extrema-derecha-tecnofascismo-neorreacionarismo.htm

Curtis Yarvin, el profeta de la nueva reacción

El bloguero es el referente de un Gobierno de ejecutivos y ‘chatbots’ que anhelan “hacer a Estados Unidos grande otra vez” mientras aplican a los asuntos públicos el tecnodogma de “romper cosas”

Naief Yehya 30/05/2025

Desde hace varios años, se viene fermentando una nueva derecha en el mapa político planetario que de muchas formas es similar a las antiguas derechas en el sentido de que su principal objetivo es el regreso a viejos sistemas de privilegios y segregación, pero a la vez está sobreacelerada debido a su carga tecnológica. El neorreaccionarismo estadounidense (abreviado en adelante como NRx) se funda en el deseo de reinstalar un orden pasado donde las clases altas más conservadoras vuelvan a dominar a la sociedad al eliminar a las élites progresistas contemporáneas, a las que en esencia perciben como una aristocracia decadente, producto de la educación de las universidades de la Ivy League y otras instituciones de prestigio que han sido infectadas con los virus del idealismo en materia de justicia social y de un discurso liberal prodiversidad (aunque sea meramente performativo). Uno de los intelectuales responsables de la proliferación de esta ideología es Curtis Yarvin, un ex niño prodigio matemático. Sus padres eran judíos inmigrantes en Brooklyn, estalinistas, con doctorados y trabajaban para el Gobierno Federal. Cuando él era joven lo llevaron a viajar por el mundo. En 1992 Yarvin se graduó como ingeniero de software en la Universidad Brown, saltándose tres años (no es difícil imaginar el bullying del que fue víctima), y más tarde abandonó sus estudios de doctorado en Berkeley. Actualmente, a los 52 años, este bloguero y fundador del movimiento Dark Enlightenment (‘Ilustración oscura’) ha alcanzado gran influencia en la Casa Blanca, al seducir con sus ideas al vicepresidente J.D. Vance, entre otros miembros, asesores y cortesanos del gabinete.

Este ideólogo piensa que “un gobierno es tan sólo una corporación que es dueña de un país”, y ve legítimo utilizar el “poder popular” para presionar, amenazar, demandar y extorsionar a los jueces, a los medios de comunicación y al Congreso para obligarlos a aceptar las decisiones del líder supremo. La nueva reacción es la ilusión de que millonarios, oligarcas y la clase corporativa impongan a un monarca o CEO (director ejecutivo en jefe) que elimine ese adefesio ruinoso y decadente que es la democracia y se deshaga de la onerosa y caótica necesidad de buscar el consenso popular mediante políticas inclusionistas, socialistas y globalistas. El alcance del discurso de esta derecha radical, que hasta hace poco se limitaba a la blogosfera, los sitios de la extrema derecha en línea y el fétido alt right, se ha extendido a nuevos dominios, dispuesto como está a roer la cultura popular y, lo más importante, a conquistar el oído de líderes como Donald Trump y otros populistas.

Yarvin comenzó a hacer públicas sus ideas en 2007, en un blog, Unqualified Reservations, que pretendía divulgar “la mentalidad de la ingeniería moderna y el gran legado histórico del pensamiento predemocrático antiguo, clásico y victoriano”. Yarvin y sus seguidores no tienen el menor pudor al reconocer que los ideales de su ‘Ilustración oscura’ –autoritarismo, segregación y simple crueldad– representan lo opuesto que los de la Ilustración francesa: libertad, igualdad y solidaridad. Desde 2012, Yarvin ha estado promoviendo el desmantelamiento del Estado y, ahora que su influencia es apabullante, Trump y su séquito repiten sus declaraciones provocadoras y están llevando a cabo las acciones que él venía proponiendo para el proceso de demolición del estado de bienestar, la seguridad social, la economía, el Departamento de Justicia y las agencias de ayuda internacional, entre otros blancos que la exestrella del reality show ‘El Aprendiz’ y su patrocinador favorito del momento, Elon Musk, desprecian. Yarvin cultiva un odio particular a las instituciones educativas. En 2021 escribió: “Es absolutamente esencial para el éxito de cualquier cambio de régimen que todas las universidades acreditadas sean liquidadas física y económicamente”. Este mensaje ha tenido especial resonancia en el vicepresidente Vance, quien se refiere a la educación superior como “el corazón de la bestia”.

El talento de Yarvin, quien comenzó a difundir sus ideas bajo el seudónimo Mencius Moldbug, radica en su capacidad de troleo y en saber vender sus ideas a los tecnócratas de Silicon Valley y a una generación educada políticamente en Reddit y 4Chan, que se describe a sí misma como libertaria e incluso anarquista (en el sentido de abolir al Estado para poder explotar recursos sin pagar impuestos, sueldos justos o respetar los derechos e intereses de los menos afortunados). La Ilustración oscura es una especie de versión contemporánea del manifiesto futurista de Filippo Tommaso Marinetti. Ambos comparten la fascinación por la tecnología, el desprecio por la cultura, la adoración a la guerra y la obsesión con los monarcas todopoderosos que no tienen que responder al pueblo ni al Congreso ni a nadie. Probablemente, la única diferencia es que Marinetti, aunque era irritante, sabía al menos escribir.

Uno de los alegatos más conocidos de Yarvin fue comparar a Anders Behring Breivik, el multihomicida noruego que asesinó a 77 personas en un campamento de jóvenes, con Nelson Mandela, señalando que ambos eran terroristas. Así la lucha desquiciada de un ultraderechista contra el Gobierno “comunista” noruego es equivalente, en la mente de Yarvin, a la batalla contra el apartheid. Este presunto conocedor de la historia no parece entender lo ridículo de su comparación ni reconocer el flagrante racismo de este disparate, que intenta ver paralelos entre un gobierno escandinavo de centro izquierda y la brutalidad del despojo de tierras, riquezas naturales y poder político de la población nativa que llevó a cabo la minoría afrikáner que llegó a Sudáfrica en 1652. Yarvin escribió: “Si me pides que condene a Anders Breivik pero adore a Nelson Mandela, tal vez es que tienes una madre a la que te gustaría follarte”. Pero una afirmación semejante no sorprende en alguien que escribió en 2009 al respecto de los programas sociales para ayudar a minorías étnicas: “Cuando se aplican a poblaciones con una ascendencia reciente de cazadores-recolectores y sin una gran reputación de sólida fibra moral, tales iniciativas son una receta para la producción de absoluta basura humana”. Hoy Yarvin dice que esa afirmación tenía algo de paródica, pero es perfectamente coherente con sus escritos más recientes, que son ligeramente más cautelosos. Como buen provocador, sabe que la repetición de estas bufonadas agresivas es esencial para consolidar su personaje.

Sus dogmas giran en torno a la presunta amenaza que representan las ideas liberales impuestas por burócratas corruptos, “que nadie eligió”, para dictar los destinos de la nación. Para él la retórica liberal tan sólo sirve para enmascarar la forma en que la izquierda (y por izquierda este hombre entiende cualquier cosa) oculta su egoísmo para mantener y expandir su poder. La perspectiva de combatir la corrupción e ineficiencia de los burócratas reemplazándolos con otras élites igualmente egoístas muestra la pobreza de su razonamiento. La enfebrecida campaña de Musk y sus diletantes del DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental) para llevar a cabo grandes purgas de trabajadores del Estado está inspirada en la estrategia que Yarvin llamó RAGE (Retire All Government Employees: ‘Retirar a todos los trabajadores del Gobierno’). En sus delirios, la eliminación de estos estorbosos burócratas que están contaminados con la perfidia liberal dará lugar a una nueva clase de empleados tecnologizados y orientados hacia la optimización de los sistemas de control y administración con mecanismos y herramientas tecnológicas (léase inteligencia artificial). Y si bien Yarvin debería celebrar que sus planes estén siendo llevados a cabo por Musk y sus subalternos, quienes se han lanzado a saquear información en su beneficio, a despedir a trabajadores masivamente (más de 30.000 de momento), a eliminar departamentos y a destruir agencias gubernamentales, ha optado por distanciarse, criticando estas acciones como si se tratara de “una orquesta de chimpancés tratando de tocar Wagner” (difícil no percatarse de la elección del compositor favorito de Hitler para la metáfora).

El DOGE es demasiado agresivo y a la vez no lo suficiente, según Yarvin. Sus acciones son “suficientemente grandes para ser disruptivas pero realmente no tienen ningún sentido de propósito profundo y constructivo detrás”. Parte de los elementos que rechaza de la estrategia de Musk ha sido la ofensiva anticientífica (es interesante el odio a la ciencia que pueden tener los tecnócratas más rabiosos) que ha llevado a recortes brutales de presupuesto, despidos y cancelaciones de proyectos. Esto se ha hecho con una clara obsesión de venganza ideológica que se ofrece a las bases MAGA como una guerra de clases, considerando que los científicos, como la mayor parte de los universitarios, son elitistas, progresistas y a menudo demócratas. Es claro, en cualquier caso, que Yarvin busca distanciarse del DOGE para protegerse de las inevitables consecuencias que tendrán estas acciones.

La propuesta yarviniana es un “cesarismo autocrático”, el gobierno de un solo hombre, un sistema “entre la monarquía y la tiranía” que se quiere definir como una especie de dictadura amable, que viene a rescatar a la república que ha perdido la dirección y voluntad para gobernarse a sí misma. Para Yarvin, el problema de “elegir a un dictador benevolente es un problema de ingeniería”. El despotismo corporativo garantizaría, según él y sus correligionarios, estabilidad y continuidad. Por supuesto que Yarvin tiene razón al dictaminar que la democracia estadounidense es profundamente deficiente. Sin embargo, el problema no radica en la “corrección política”, la “epidemia woke”, la inmigración ni en el sufragio popular y la pluralidad que implica, sino en la forma en que el sistema bipartidista depende de poderosos donantes. Estados Unidos no padece de una debilidad causada por su democracia sino de un capitalismo primitivo galopante (que hace de la salud y la educación un negocio cruel), de una explotación indiscriminada de recursos, de corrupción, de hipocresía e inconsistencia al aplicar la ley y de un desproporcionado dispendio en armas, guerras e intervencionismo.

Para cualquiera con una ligera noción o recuerdo de las consecuencias dejadas por los regímenes dictatoriales, la idea de entregar a la nación a una “estricta jerarquía liderada por un monarca o un CEO” parece burda y casi cómica, por lo que resulta difícil tomarla en serio. Pero es claro que las ideas de Yarvin se han extendido desde las cúpulas corporativas de Silicon Valley hacia las bases resentidas del movimiento MAGA y la Casa Blanca. En sus primeros cien días en el poder, Trump ha seguido ese guión al pie de la letra e incluso ha ido más lejos, al atacar a los despachos de abogados que lo ofendieron en el pasado.

Otro de los profetas reaccionarios cibernéticos, el filósofo británico Nick Land, imagina un futuro en que inteligencia artificial y capitalismo se fusionarán para crear nuevos sistemas que harán obsoleta a la democracia. La filósofa Mckenzie Wark lo define como “la antena de la cultura que lo rodea. Uno lo lee para conocer los síntomas de nuestro tiempo”. Land, un misántropo nihilista con la firme creencia de que nuestra especie no tiene futuro si no es mediante algoritmos, inteligencia artificial y hombres fuertes sin escrúpulos en el poder, desprecia profundamente a los proletarios y es uno de los representantes más notables del tecnoaceleracionismo. El aceleracionismo, aparentemente, deriva de la noción marxista de que las contradicciones del capitalismo llevadas al extremo detonarán la revolución proletaria. El tecnoaceleracionismo de estos nuevos reaccionarios consiste, en cambio, en precipitar la destrucción del orden existente para crear uno tecnologizado, corporativo y jerárquico. En palabras del filósofo Mark Carrigan, el ideal de Land es “la alianza de conveniencia entre la élite tecnológica y la intransigente política de identidad blanca” y “empieza a parecerse mucho a la coalición nazi entre industriales alemanes y una clase media en decadencia”.

Este es el tecnofascismo o tecnofeudalismo del que se nos ofrece amablemente ser vasallos. En esta lógica el ciudadano se convierte en usuario o cliente y las elites en accionistas. La historiadora Janis Mimura, autora del libro Planning for Empire (Cornell University Press, 2011), propone que al invadir Manchuria el imperio japonés experimentó con la aplicación de un tecnofascismo en forma de un desarrollo forzado basado en la explotación de la población local. El control recaía en oficiales que no tenían que rendir cuentas a sus superiores. Los nazis tenían su propio tecnofascismo, que fue fundamental en su genocidio, ya que emplearon los avances de la tecnología para optimizar el Holocausto, desde el empleo de computadoras IBM para identificar a la población judía hasta la maquinaria necesaria para asesinar masivamente y deshacerse de los restos humanos. Algo semejante sucede con el Estado de Israel, que ha empujado su industria hacia la tecnología de punta bélica, de información y de espionaje. Así han convertido Gaza en un laboratorio de armas para su industria, han empleado herramientas de inteligencia artificial, drones y robótica para masacrar civiles y llevar a cabo un genocidio que ellos mismos han transmitido en streaming en redes sociales como entretenimiento.

Las ideas de Yarvin no tienen originalidad alguna, derivan del viejo nacionalismo blanco, sobrecargado por la autovictimación, paranoia y nostalgia por el viejo orden; consideran la esclavitud “una relación humana natural, semejante a la de patrón y cliente”, y apoyan abiertamente el apartheid y la más feroz islamofobia. Su “filosofía” es una colección de regurgitaciones y viejos dogmas simplistas que disimulan mal fantasías autoritarias y delirios adolescentes de venganza, que son el cimiento de algo que podemos llamar la oligarquía de la hermandad de los tecnócratas o tech broligarchy. Buena parte del empuje que han tenido sus ideas en la política de la derecha se debe al apoyo del financiero Peter Thiel, cofundador de PayPal y de Palantir (término tomado de El señor de los anillos que se refiere a poderosas esferas de cristal indestructibles usadas para la adivinación y las comunicaciones telepáticas), quien ha declarado que “la democracia y la libertad han dejado de ser compatibles”. También al apoyo del multimillonario Marc Andreesen, coautor del navegador Mosaic y cofundador de Netscape. Otro aliado es Alexander Karp, el CEO de la mencionada Palantir, la empresa que crea herramientas de espionaje para ejércitos y agencias de inteligencia. Sin olvidar a Steve Bannon, quien no está a favor de la tecnologización del poder pero apoya a Yarvin.

La transgresión política y radical de Yarvin es un berrinche patético con citas culteranas, lastimero incelismo (la cultura misógina en línea del resentimiento de aquellos que se sienten incapaces de tener una vida romántica y que culpan a las mujeres por su rechazo) conspiratorio con pretensiones de intelectualismo político. Sus referencias son selecciones convenientes de textos diversos (su autor favorito, a quien compara con Shakespeare, es Scot Thomas Carlyle, famoso también por su apología de la esclavitud), apabullantes distorsiones y simplificaciones, comparaciones exóticas, citas de J.R.R. Tolkien, Frank Herbert y George Lucas, así como una descontrolada reverencia por The Matrix, de las hermanas Wachowski (con su concepto de la píldora roja). Asimismo, Yarvin tiene una necia obsesión por querer ver a ciertos gobiernos del pasado y presente como si se tratara de start-ups (o empresas emergentes) que tomaban riesgos poco ortodoxos y sin precedentes en beneficio de sus ciudadanos/inversionistas.

Yarvin es hoy el profeta de un Gobierno de ejecutivos y chatbots que, por un lado, anhelan melancólicamente “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, y a la vez aplican a los asuntos públicos el tecnodogma de “moverse rápidamente y romper cosas”. Aunque resulta un poco difícil de entender, los neorreacionarios han lanzado una era esencialmente contradictoria de progreso frenético conservador. Los nuevos reaccionarios están llevando a cabo su revolución, su toma de la Bastilla y su era de terror. Rodarán más cabezas.

Bienvenidos a la tecnoutopía.

Naief Yehya es pornografógrafo, ensayista y narrador.

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4. Muertos de hambre.

Otro punzante artículo de Cook sobre el genocidio, esta vez, mediante la táctica del hambre. Y también lo último de Iannuzzi en que se analiza con más profundidad esta nueva maldad criminal israelí

https://jonathancook.substack.com/p/a-short-guide-on-how-to-starve-a

Una breve guía sobre cómo matar de hambre a una población

Su sistema de «ayuda» provocará el caos, ya que las personas desesperadas y hambrientas lucharán por conseguir comida. Genial. Parecerán una masa enjambrada de los mismos «animales humanos» de los que hablaba al principio.

Jonathan Cook

28 de mayo de 2025

Una breve guía sobre cómo provocar un genocidio mediante el hambre y la limpieza étnica:
1. Elija el momento oportuno. Bien, lleva décadas llevando a cabo una limpieza étnica, ocupando, oprimiendo y matando a sus vecinos. Los tribunales internacionales han declarado ilegales sus acciones. Pero nada de eso importará en el momento en que sus vecinos respondan atacándole. No se preocupe. Puede contar con la ayuda de los medios de comunicación occidentales. Estarán más que dispuestos a fingir que la historia comenzó el día en que fue atacado.

2. En respuesta, declare su intención de matar de hambre a sus vecinos, tratándolos como «animales humanos», bloqueando todos los suministros de alimentos, agua y electricidad. Se sorprenderá de cuántos políticos occidentales están dispuestos a apoyar esto como su «derecho a defenderse». Los medios de comunicación se harán eco de ellos. Es importante no limitarse a hablar de bloquear la ayuda. Hay que hacerlo realmente. No habrá una reacción seria durante muchos, muchos meses.

3. Empiece relativamente despacio. El tiempo está de tu parte. Deja entrar un poco de ayuda. Pero asegúrate de calumniar sin descanso el sistema de distribución de ayuda que funciona bien desde hace décadas y que gestiona la comunidad internacional, un sistema transparente, responsable y ampliamente integrado en la comunidad a la que sirve. Di que está infiltrado por «terroristas».

4. Utilice esa afirmación —no es realmente necesaria ninguna prueba, los medios de comunicación occidentales nunca la piden— como pretexto para bombardear los almacenes, los centros de distribución y los comedores comunitarios del sistema de ayuda. Ah, y no olvide bombardear todas las panaderías privadas, destruir todas las tierras de cultivo, disparar a todos los animales y matar a cualquiera que intente utilizar un barco de pesca, para que no haya otras fuentes de alimento. Ahora tiene usted el control del goteo de ayuda que llega a lo que se está convirtiendo rápidamente en una población gravemente desnutrida.

5. Es hora de pasar a la velocidad superior. Impida que la ayuda internacional llegue en su totalidad. Para ello, necesitará una historia humanitaria que lo encubra. El peligro, especialmente en la era de las redes sociales, es que las imágenes de bebés hambrientos le hagan quedar muy mal. Manténgase firme. Puede superar esto. Afirme, una vez más sin necesidad de pruebas, ya que los medios occidentales no las pedirán, que los «terroristas» están robando la ayuda. Se sorprenderá de lo dispuestos que están los medios de comunicación a hablar de bebés que «pasan hambre», ignorando el hecho de que usted los está matando de hambre, o a hablar de «hambruna», como si se tratara de una sequía o una mala cosecha, y no de sus planes cuidadosamente trazados.

Imagen en el mensaje
6. No pierda de vista el panorama general. Está bloqueando la ayuda para «erradicar a los terroristas». Al fin y al cabo, ¿qué valor tiene un bebé, un niño, un millón de ellos, en la lucha por eliminar a un ejército heterogéneo de «terroristas» ligeramente armados que nunca han luchado fuera de su patria histórica?
7. Ahora que la población está totalmente a su disposición, puede poner en marcha una alternativa «humanitaria» al sistema existente que ha estado vilipendiando y destruyendo. Probablemente sea mejor haber trabajado en esta parte del plan entre bastidores desde el principio y haber consultado regularmente con los estadounidenses sobre cómo desarrollarla. Incluso puede que descubra que están dispuestos a financiarla. Normalmente lo están. Puede ocultar su papel utilizando el término «contratistas privados».8. Es hora de ponerlo en práctica. Obviamente, el objetivo no es distribuir realmente la ayuda. Se trata de proporcionar una tapadera para que puedan continuar el hambre y la limpieza étnica. Asegúrate de proporcionar solo una pequeña cantidad de ayuda y de que solo esté disponible en unos pocos puntos de distribución que hayas establecido con estos «contratistas privados». Esto tiene dos ventajas.9. Obliga a la población a acudir a las zonas que usted desea. Es como atraer a los ratones a una trampa. Llévelos hasta el límite del territorio, porque desde allí estará en la mejor posición para, en algún momento, empujarlos al otro lado de la frontera y deshacerse de ellos para siempre.10. Su sistema provocará el caos, ya que las personas desesperadas y hambrientas lucharán por la comida. Eso es genial para usted. Les hace parecer una masa enjambrada de esos «animales humanos» de los que hablaba al principio. ¿No se merecen su destino? Y eso significa que los hombres jóvenes y en forma, especialmente los que pertenecen a familias numerosas, a menudo armadas y criminales, se quedarán con la mayor parte de la comida. Lo que no puedan conseguir en los puntos de distribución, lo robarán más tarde, cuando la gente intente volver a casa cargada con sus pesados paquetes de ayuda. Eso puede parecer contraproducente, dado que usted afirma querer eliminar a los «terroristas». ¿No serán estos hombres jóvenes y en buena forma física, a medida que las condiciones se deterioren aún más, una futura fuente de reclutas para los «terroristas»? Pero recuerde, el verdadero objetivo aquí es matar de hambre a la población lo más rápido posible. Los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los vulnerables serán los primeros en morir. Cuantos más empiecen a morir, más rápido aumentará la presión sobre todos los demás para huir del territorio y salvarse.
Ya casi lo han conseguido. Es cierto que, ante los cuerpos demacrados de sus víctimas, los políticos occidentales empezarán a hacer declaraciones duras. Pero ya les han dado una ventaja enorme de 20 meses. Agradezcan eso. No necesitan mucho más tiempo. Mientras ellos titubean, ustedes pueden seguir con su trabajo de exterminio. Dejen que los libros de historia juzguen lo que realmente ocurrió.

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https://robertoiannuzzi.substack.com/p/carri-di-gedeone-la-fame-come-arma

«Los carros de Gedeón»: el hambre como arma de guerra en Gaza

La nueva ofensiva israelí y un plan malvado de gestión de la ayuda están sumiendo a la Franja en un caos catastrófico y, tal vez, en un aterrador sistema de campos de concentración.

Roberto Iannuzzi

30 de mayo de 2025

Palestinos de Gaza apiñados dentro de las vallas metálicas de uno de los nuevos centros de distribución de ayuda en Rafah
Con una nueva operación terrestre, el ejército israelí pretende ocupar el 75 % de la Franja de Gaza en dos meses. Actualmente, las fuerzas armadas de Tel Aviv controlan de forma estable alrededor del 40 %.

Amenazadoramente denominada «Carros de Gedeón», figura bíblica que al frente de unos pocos guerreros aniquiló a la antigua tribu árabe de los madianitas, la ofensiva se anuncia como una brutal operación de «ingeniería demográfica», si no de limpieza étnica.

Según los planes de los altos mandos militares israelíes, toda la población civil del enclave palestino debería ser «concentrada» en tres zonas designadas.

Según el diario israelí Haaretz, actualmente hay unas 700 000 personas amontonadas en la zona costera de al-Mawasi, en el sur de la Franja (la mitad de ellas desplazadas de la ciudad de Rafah, en la frontera con Egipto, ahora arrasada).

Otro millón de palestinos se encuentran en la parte norte y serán concentrados en la ciudad de Gaza. Una parte restante de al menos 350 000 residentes será amontonada en los campos de refugiados de la zona central de la Franja, en particular en Deir el-Balah.

Actualmente, más del 70 % de la Franja ya está bajo órdenes de evacuación o constituida por zonas militares israelíes.

La operación se completa con la introducción de un nuevo plan de gestión de la ayuda, dirigido por Israel y Estados Unidos, que excluye a la ONU y sustituye su estructura de distribución capilar por un sistema centralizado.

Este sistema, constituido por muy pocos centros de distribución de alimentos, situados principalmente en el sur de la Franja, ha sido condenado por la ONU y numerosas organizaciones humanitarias, ya que obliga a la población a desplazarse para abastecerse.

Objetivos de Israel

El objetivo inmediato de la operación, según las declaraciones de los altos mandos militares israelíes, es destruir las infraestructuras restantes de Hamás, tanto militares como civiles, recurriendo a una mayor potencia de fuego y centrándose en particular en la red de túneles subterráneos.

Sin embargo, las declaraciones realizadas en las últimas semanas por representantes del Gobierno son aún más amenazadoras.

Tras violar el alto el fuego el pasado 18 de marzo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya no oculta su objetivo de llevar a cabo una limpieza étnica en la Franja de Gaza. En los círculos políticos israelíes, esto se describe eufemísticamente como «la implementación del Plan Trump».

Se refiere al plan propuesto en febrero por el presidente estadounidense, que prevé el traslado de la población palestina a otros países y la transformación de la Franja en una «Riviera de Oriente Medio».

En este contexto, Netanyahu expresó su visión del fin de la guerra en los siguientes términos: «Hamás depondrá las armas; se permitirá a sus líderes expatriarse; nos ocuparemos de la seguridad general de la Franja de Gaza y permitiremos la aplicación del Plan Trump de migración voluntaria».

El primer ministro israelí concluyó afirmando: «Este es el plan; no lo ocultamos y estamos dispuestos a hablar de él en cualquier momento».

Durante una audiencia a puerta cerrada ante la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa del Knesset, el pasado 13 de mayo, Netanyahu señaló que Israel está «destruyendo cada vez más viviendas» en Gaza para que los palestinos «no tengan un lugar al que volver», según informó el diario Maariv.

«La única consecuencia obvia será que los ciudadanos de Gaza optarán por emigrar fuera de la Franja», concluyó el primer ministro israelí, admitiendo, sin embargo, que «nuestro principal problema es encontrar países que los acojan».

La limpieza étnica como opción preferente

En realidad, un plan de este tipo no es nada nuevo. Ya a finales de 2023, cuando el conflicto acababa de comenzar, surgieron dos planes israelíes —uno de un think tank cercano a Netanyahu y otro del Ministerio de Inteligencia— para trasladar a la población de Gaza al Sinaí egipcio.

Aproximadamente un año después, las fuerzas armadas de Tel Aviv habrían puesto en marcha el llamado «plan de los generales» para despoblar la parte norte de la Franja, mediante la aplicación de un asedio total y una táctica de «tierra quemada» por parte del ejército.

Sin embargo, gran parte de la población del norte de Gaza habría regresado a sus hogares destruidos durante el alto el fuego a principios de este año, con una impresionante marcha desde el sur de la Franja.

Pero Israel se está preparando para despoblar de nuevo la región. A finales de marzo, el Gobierno creó incluso una oficina especial para la «emigración voluntaria» de palestinos de la Franja.

El ministro de Defensa, Israel Katz, afirmó en esa ocasión que la oficina trabajaría en coordinación con organizaciones internacionales y con otros países, que hasta la fecha, sin embargo, no han sido encontrados.

Tras haber aislado durante mucho tiempo la zona norte del resto de la Franja mediante la construcción del Corredor Netzarim (una carretera militar fortificada), a principios de abril el ejército israelí trazó una segunda carretera militar, el Corredor Morag, que corta el enclave palestino al norte de Rafah.

De este modo, Israel ha creado una gigantesca zona de amortiguación, ocupada por sus propias fuerzas armadas, que se extiende desde la frontera egipcia hasta las afueras de Jan Yunis y cubre el 20 % de la Franja.

La ayuda humanitaria como arma

En esa ocasión, el ministro Katz reiteró que el ejército no abandonaría las zonas que había tomado, que el Gobierno procedería a aplicar el plan de «emigración voluntaria» y que el bloqueo de la ayuda humanitaria a la Franja, iniciado el 2 de marzo, continuaría.

A mediados de mayo, la población de Gaza se encontraba ya en una situación de hambruna, una realidad reconocida por el propio ejército israelí.

Según la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria (IPC), organismo internacional vinculado a la ONU, 244 000 personas en la Franja se encontraban ya en el quinto nivel, el más crítico en una escala de 5, definido como «catástrofe/hambruna».

Al lanzar la nueva operación militar «Carros de Gedeón», Netanyahu anunció finalmente la entrada de una cantidad limitada de ayuda en la Franja. Justificó la decisión ante los miembros más intransigentes de su Gobierno afirmando que las presiones contra Israel estaban «alcanzando una línea roja».

El primer ministro israelí reveló con franqueza que «los mayores amigos [de Israel] en el mundo», incluidos «senadores estadounidenses», le habían dicho que había una cosa que no podían tolerar: «No podemos aceptar imágenes de hambre, hambre masiva. […] No podremos apoyarlos».

El ministro de Finanzas israelí, Bezalel Smotrich, una figura intransigente que suele oponerse a la entrada de cualquier ayuda a Gaza, aceptó la decisión de Netanyahu argumentando que «lo mínimo necesario» entraría en la Franja para garantizar que «el mundo no nos detenga y nos acuse de crímenes de guerra».

Fundación Humanitaria de Gaza

El Gobierno israelí llevaba tiempo elaborando un plan para asumir el control directo de la distribución de la ayuda, arrebatándosela a la UNRWA, la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos.

Paralelamente al inicio de la nueva ofensiva, Tel Aviv había previsto poner en marcha un sistema alternativo de distribución de productos de primera necesidad a través de una entidad creada específicamente para este fin, la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF).

La campaña israelí para deslegitimar a la UNRWA es anterior al conflicto que estalló el 7 de octubre de 2023 y alcanzó su punto álgido durante el propio conflicto. Ya a finales de 2023, Tel Aviv había planeado expulsar al organismo internacional de la gestión de la ayuda en Gaza.

Además, durante las operaciones militares, Israel destruyó o dañó al menos el 70 % de las instalaciones de la UNRWA en la Franja, matando a más de 250 miembros del personal de la organización.

Mientras tanto, el Gobierno de Netanyahu ha elaborado su plan alternativo. Aunque la GHF se define como una fundación dirigida por Estados Unidos que opera en coordinación con Israel, según una investigación del New York Times, es en todos los sentidos «una creación israelí».

La GHF comenzó hace unos días su labor de distribución de ayuda en la Franja, con el apoyo de empresas de seguridad privadas estadounidenses, pero ya ha sufrido incidentes que han provocado heridas e incluso la muerte de varios palestinos.

Un sistema inadecuado

Su modus operandi ha sido calificado de totalmente inadecuado y peligroso por la ONU y numerosas organizaciones humanitarias internacionales. Su contribución, «una gota en el mar» de las necesidades de Gaza.

El plan de la GHF prevé la creación de un puñado de centros logísticos y de distribución concentrados principalmente en el sur y en la zona central de la Franja (actualmente se han completado tres en Rafah y uno cerca del Corredor Netzarim).

Por lo tanto, los palestinos se ven obligados a recorrer largas distancias a pie para recibir las raciones de alimentos en estos centros superpoblados (donde la seguridad está a cargo de contratistas estadounidenses), después de haber sido sometidos a un control biométrico.

Según el plan original de la GHF, durante una fase inicial de duración indeterminada, el sistema llegaría a atender a no más del 60 % de la población de Gaza.

Cada centro debería atender a unas 300 000 personas, pero solo se admitirá a un único representante por familia para recoger un paquete de unos 20 kg que debería alimentar a todos los miembros de la familia durante varios días.

Frente a este sistema, la UNRWA gestionaba una estructura capilar que cuenta con unos 400 puntos de distribución repartidos uniformemente por toda la Franja y entregaba la harina no solo a panaderías y hornos de la zona, sino directamente a las familias.

El nuevo método de distribución de la ayuda ha sido impuesto por Israel, en colaboración con Estados Unidos, con el pretexto de que sirve para impedir el robo a gran escala de alimentos por parte de Hamás.

Pero, como han denunciado tanto la ONU como varias organizaciones humanitarias internacionales, no hay pruebas (ni Israel las ha aportado) de que Hamás cometa tales robos sistemáticos.

Por el contrario, hay pruebas de que Israel permite a bandas criminales palestinas bajo su «protección» saquear la ayuda, para luego culpar a Hamás.

«Zonas humanitarias estériles»

Según documentos internos de la GHF a los que ha tenido acceso el Washington Post, en la configuración final del proyecto de la fundación, los palestinos vivirían en recintos vigilados, cada uno de los cuales albergaría a decenas de miles de «no combatientes».

Netanyahu las ha definido como «zonas humanitarias estériles» para los civiles. Es fácil imaginar que el proceso de «esterilización» dé lugar a excesos y abusos de todo tipo contra los palestinos.

A la espera de la realización del mencionado proyecto de «emigración voluntaria», que sigue siendo muy incierto, la población de Gaza se organizaría según un plan que, a todos los efectos, es asimilable a un sistema de campos de concentración.

Son los propios documentos internos de la GHF consultados por el Washington Post los que «temían el riesgo» de que el plan así concebido fuera asimilado a un sistema de concentración por la opinión pública internacional.

Según informa el diario estadounidense, una unidad del Ministerio de Defensa israelí, denominada «Coordinación de Actividades Gubernamentales en los Territorios» (COGAT), comenzó a trabajar en el plan para la creación de «burbujas humanitarias» en las que concentrar a los palestinos ya a finales de 2023.

Pero la idea subyacente a la creación de la GHF surgió durante reuniones privadas entre altos mandos militares y empresarios israelíes vinculados al ejército y al Gobierno, celebradas en ese mismo periodo.

Estos personajes presentaron el proyecto a Phil Reilly, un exoficial de la CIA que había entrenado a los contras en Nicaragua y había servido en Kabul.

Safe Reach Solutions (SRS), una empresa de seguridad privada dirigida por Reilly, ya operó en Gaza a principios de 2025, registrando coches palestinos durante el alto el fuego.

Según una investigación de Haaretz, la SRS habría operado en Gaza sin autorización previa de seguridad del Shin Bet (el servicio secreto interno de Israel) y bajo la presión de Ron Dermer, ministro de Asuntos Estratégicos y hombre de confianza de Netanyahu.

Tanto la GHF como la SRS fueron registradas en noviembre de 2024 por colaboradores cercanos a Reilly. Un nivel adicional de ambigüedad lo da el hecho de que inicialmente existían dos GHF, una registrada en Estados Unidos y otra en Suiza.

La segunda cerró sus actividades después de que las autoridades suizas abrieran una investigación en su contra.

Apoyo estadounidense

Tampoco está claro quién financia la GHF, que afirma haber obtenido 100 millones de dólares de un Gobierno extranjero cuyo nombre no ha revelado.

Yair Lapid, miembro de la oposición israelí, ha afirmado que Israel financiaría la fundación a través de un sistema de sociedades ficticias en el extranjero.

Avigdor Lieberman, exministro de Finanzas israelí, ha afirmado que los fondos para la ayuda provienen del Mossad y del Ministerio de Defensa.

En febrero, fue el COGAT quien se puso en contacto con varias ONG internacionales para invitarlas a colaborar con el plan de la GHF. Ante las reacciones negativas de las ONG, algunos promotores israelíes del proyecto sugirieron que Estados Unidos asumiera el liderazgo.

Según el Washington Post, la administración Trump habría aceptado apoyar directamente el proyecto. La Casa Blanca ha amenazado a organizaciones humanitarias como el Programa Mundial de Alimentos con recortarles los fondos proporcionados por el Gobierno estadounidense si no colaboraban con la GHF.

Estados Unidos también ha respaldado el proyecto en el Consejo de Seguridad de la ONU y ha pedido a las Naciones Unidas que colaboren para que sea un éxito.

Como director ejecutivo de la GHF ha sido nombrado Jake Wood, un exmarine estadounidense que, tras servir en Irak y Afganistán, fundó Team Rubicon, una ONG que operó en Haití tras el terremoto de 2010.

Team Rubicon también ha colaborado con Palantir, una empresa estadounidense que desarrolla tecnologías de vigilancia y sistemas de armas basados en la inteligencia artificial y que suministra al ejército israelí.

Junto con la SRS, otra empresa de seguridad privada estadounidense, UG Solutions, que también ha operado en Gaza y está compuesta por exmiembros de las fuerzas especiales estadounidenses, se encarga de garantizar el desarrollo de las operaciones de la GHF.

Condena de la ONU

Además de tener numerosas zonas oscuras, el proyecto de la GHF parece marcado por la confusión. En el ejército israelí han surgido malestar e incertidumbre sobre las modalidades de colaboración con la fundación.

Hace unos días, el propio Jake Wood dimitió afirmando que este «programa de ayuda no puede llevarse a cabo respetando los principios de humanidad, neutralidad, equidad e independencia, principios que no pienso abandonar».

Por su parte, Jonathan Whittall, responsable de Asuntos Humanitarios de la ONU en los Territorios Ocupados, ha lanzado duras acusaciones contra la fundación, afirmando que su plan no solo se traduce en un control de la ayuda por parte de la potencia ocupante, sino que es un esquema de «escasez planificada».

Whittall lo definió como un sistema de «racionamiento centrado en la vigilancia» que «legitima una política intencionada de privación».

Recordó que «la ONU se ha negado a participar en este plan, advirtiendo que es logísticamente inviable y viola los principios humanitarios, ya que utiliza la ayuda como instrumento al servicio de los esfuerzos de Israel por despoblar las zonas de Gaza».

Tanto él como otros representantes de la ONU han reiterado que existe un sistema de ayuda eficaz, que es el sistema internacional que ha funcionado hasta ahora en la Franja, y que solo necesita la aprobación de Israel para llevar a cabo eficazmente su labor de asistencia.

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5. Más sobre Trump y la guerra de Ucrania.

Bhadrakumar sigue analizando la postura de Trump ante la guerra de Ucrania, con una referencia algo embarazosa a Trump I, y las posibilidades que se plantean.

https://www.indianpunchline.com/trump-wont-walk-away-from-ukraine-war/

Publicado el 30 de mayo de 2025 por M. K. BHADRAKUMAR

Trump no abandonará la guerra de Ucrania

Uno de los misterios del final de la guerra de Ucrania es que el presidente Donald Trump no emitió el 20 de enero una orden ejecutiva retirando todo el apoyo a Ucrania. Esa habría sido la forma más fácil de poner fin a la guerra.

Las condiciones eran propicias: el candidato Trump no se anduvo con rodeos al afirmar que se trataba de una guerra sin esperanza que le estaba costando muy caro a Estados Unidos; tenía una mala opinión del presidente Volodymyr Zelensky, al que consideraba un oportunista desvergonzado; veía la guerra como un obstáculo para su prioridad en política exterior, la transición de Estados Unidos hacia un orden mundial multipolar; y no sentía ninguna obligación de heredar la «guerra de Biden».

Pero, en lugar de eso, Trump se sumergió con entusiasmo en la cuestión de Ucrania, a pesar de que Washington carecía de los medios para presionar a Rusia para que cediera en sus intereses fundamentales en lo que el pueblo ruso consideraba una guerra existencial.

Es muy posible que algunos de los asesores de Trump le convencieran para emprender una iniciativa diplomática teatral basada en una lectura errónea de la situación de la guerra. Trump creía que las sanciones occidentales habían debilitado mortalmente la economía rusa; que las cifras de víctimas rusas ascendían a cientos de miles y que un nivel de desgaste tan alto era insostenible; que Zelensky firmaría en la línea punteada; que una mejora en las relaciones ruso-estadounidenses sería beneficiosa para ambas partes, con enormes beneficios económicos para ambas, etcétera.

Pero todas estas premisas resultaron ser ideas erróneas. Putin ha llevado la economía a un estado de sanciones occidentales permanentes (que fue también la experiencia soviética). Los empresarios rusos han sustituido con éxito a las empresas occidentales que huyeron a raíz de las sanciones y ahora se resistirán a cualquier reincorporación de estas últimas.

Las cifras de víctimas rusas son mucho menores que las estimaciones interesadas de Occidente, como sugiere el alto nivel de reclutamiento en el ejército. Zelensky está empeñado en prolongar la guerra con el apoyo de las potencias europeas, siguiendo el guion de Biden para «blindar la guerra contra Trump». Los europeos no solo tienen un plan B, sino que cuentan con colaboradores dentro de Estados Unidos, algunos de los cuales podrían incluso formar parte del equipo de Trump.

Basta decir que Trump ha estado aprendiendo, ya que ha empezado a intuir que el Kremlin está decidido a alcanzar los objetivos que se ha fijado (tal y como se esbozó en el histórico discurso de Putin el pasado mes de junio en el Ministerio de Asuntos Exteriores). Según un informe de Reuters de hace dos días, «Putin quiere un compromiso «por escrito» de las principales potencias occidentales de no ampliar hacia el este la alianza de la OTAN liderada por Estados Unidos, lo que equivale a descartar formalmente la adhesión no solo de Ucrania, Georgia y Moldavia, sino también de otras antiguas repúblicas soviéticas».

«Rusia también quiere que Ucrania sea neutral, que se levanten algunas sanciones occidentales, que se resuelva la cuestión de los activos soberanos rusos congelados en Occidente y que se proteja a los rusoparlantes en Ucrania», según Reuters.

Los europeos se burlarán de tales exigencias. Por lo tanto, tal y como están las cosas, parece poco probable que se produzca un avance en las conversaciones de paz entre Rusia y Ucrania en Estambul el 2 de junio. Como era de esperar, Rusia sigue adelante con una campaña ofensiva en todas las direcciones, lanzando todas sus fuerzas con un punto álgido previsto para el verano o principios del otoño.

La opción menos mala

Trump tiene tres opciones en estas circunstancias. Una es simplemente negarse a asumir la responsabilidad de la guerra y marcharse para siempre. Pero entonces, ¿puede Trump negar su propia participación en ella durante 2016-2020, en su primer mandato? Si bien la Administración Trump identificó su enfoque de la política exterior como «realismo basado en principios», la caracterización que hizo el difunto Joseph Nye de Trump como un «realista idiosincrásico» era quizás más cercana a la verdad.

La política oficial de la Administración sobre Ucrania durante el primer mandato de Trump fue una continuación de la política seguida por la Administración Obama. Reconoció Crimea como parte de Ucrania, condenó la ocupación y posterior anexión de la península por parte de Rusia, subrayó la responsabilidad principal de Rusia en la instigación, continuación y conducción del conflicto en el este de Ucrania, e incluso identificó la injerencia rusa en Ucrania como parte de un patrón más amplio de agresión hacia otros Estados y como prueba del desafío de Moscú a los principios fundamentales del orden internacional.

Por estas razones, la administración Trump mantuvo que Estados Unidos debía ayudar a Ucrania a defenderse y penalizar a Rusia tanto con sanciones como con el aislamiento diplomático (por ejemplo, la pertenencia al G7). Curiosamente, algunos matices de este proceso de pensamiento resurgen incluso hoy en día de forma ocasional en las declaraciones de Trump en Truth Social. Trump parece no ser consciente de que su legado en Ucrania es un tema espinoso.

Así pues, la segunda opción hoy en día es transmitir el descontento de Trump por la supuesta intransigencia de Rusia a la hora de dictar las condiciones para el acuerdo y su supuesto desinterés por las conversaciones de paz. Trump incluso insinuó que Rusia tiene una agenda oculta para conquistar Ucrania. Trump está insinuando que castigará a Rusia tanto con sanciones como con el suministro de armas a Ucrania. El provocador anuncio del canciller alemán Friedrich Merz de entregar armas de largo alcance a Zelensky probablemente fue aprobado por algunas personas del equipo de Trump. Al fin y al cabo, Merz no es ajeno a Wall Street.

Sin embargo, esto es una receta para una confrontación extremadamente peligrosa entre la OTAN y Rusia. Si los misiles alemanes de largo alcance alcanzan Rusia, esta tomará represalias que podrían paralizar la capacidad operativa de la OTAN en una guerra hipotética. El secretario de Estado del Consejo de Seguridad de Bielorrusia, Alexander Volfovich, ha dicho que el sistema de misiles Oreshnik «está previsto que se instale en Bielorrusia a finales de año. Ya se han determinado los lugares para su despliegue. Los trabajos están en marcha». El espectro de la Tercera Guerra Mundial puede parecer un poco exagerado, pero Trump tendrá que considerar los peligros de subir la escalera de la escalada, que podría destruir su presidencia MAGA.

Washington no tiene medios para intimidar al Kremlin. En definitiva, a Trump solo le queda una tercera opción, la menos mala: abandonar el conflicto de Ucrania en este momento y volver cuando la guerra haya sido ganada o perdida, posiblemente a finales de año. Esto no dañaría la reputación de Trump.

Trump ya podría estar mostrando sus credenciales como «presidente pacificador» si las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, que parecen estar avanzando, dan lugar a un acuerdo nuclear. Además, la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia necesita más tiempo para cobrar impulso. El contundente proyecto de ley de sanciones contra Rusia del senador Lindsey Graham, con 81 copatrocinadores en el Senado, indica que Rusia es un tema muy tóxico en la política interna estadounidense.

Además, las conversaciones entre Rusia y Ucrania son solo una vía. Los rusos han sensibilizado al equipo de Trump de que, aunque Moscú dialogue con Kiev, la causa fundamental de la guerra —la ausencia de una arquitectura de seguridad europea— sigue sin abordarse, algo que solo Rusia y EE. UU. pueden resolver conjuntamente. EE. UU. no debe eludir su responsabilidad, ya que es tanto el instigador original de la expansión de la OTAN como el patrocinador de la guerra de Ucrania.

La reacción del enviado especial de Estados Unidos para Ucrania, Keith Kellogg, ha sido positiva cuando declaró a ABC News en una entrevista que Estados Unidos entiende que es una cuestión de seguridad nacional para Rusia que la OTAN deje de aceptar nuevos países de Europa del Este en sus filas, es decir, no solo Ucrania, sino también Moldavia y Georgia.

Kellogg afirmó que consideraba justificadas las preocupaciones de la parte rusa. No descartó la posibilidad de alcanzar un acuerdo durante las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia. Se trata de un gran paso adelante.

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6. El salafista «moderado».

Un análisis interesante sobre el nuevo gobierno sirio, bendecido desde los socialdemócratas como nuestro gobierno hasta la extrema derecha de Trump. A cambio le piden librarse de sus militantes más «extremistas», algo que parece querer hacer gustosamente.

https://thecradle.co/articles/riches-vs-ideology-extremists-battle-over-syrias-spoils

Riqueza contra ideología: los extremistas se disputan el botín de Siria

Sharaa cambia principios por poder: corteja a Occidente, purga a sus rivales e invoca el pasado omeya para consolidar el régimen neoislámico en la Siria posterior a Assad.

Fehim Tastekin

30 DE MAYO DE 2025

Después de que Abu Mohammad al-Julani (Ahmad al-Sharaa), autoproclamado presidente de la autoridad liderada por Hayat Tahrir al-Sham (HTS) en Siria, estrechara la mano del presidente estadounidense Donald Trump en Riad el 14 de mayo, se desató una tormenta de preguntas sobre el futuro de la coalición islamista extremista que él dirige.

Entre las cinco condiciones que Trump presentó para levantar las sanciones se encontraba la retirada de los militantes extranjeros de Siria. Esta exigencia podría poner en peligro el liderazgo de Julani dentro de las filas militantes.

Sin embargo, esta no es la primera prueba a la que se enfrenta Julani. Su giro estratégico, pasando de la militancia en Al Qaeda y el ISIS al islamismo «moderado» —bajo la tutela de los servicios de inteligencia turcos, estadounidenses y británicos— ya ha fracturado la cohesión extremista salafista.

Para los estrategas extranjeros que abogan por un cambio de régimen, el atractivo de HTS radica en su capacidad para formar una estructura de gobierno, mantener la disciplina interna y neutralizar o asimilar a las facciones rivales en Idlib.

Un ejemplo de ello es el desmantelamiento forzoso por parte de Julani de Hurras al-Din, formada por leales a Al Qaeda, lo que llevó a sus partidarios occidentales a proclamar: «Este es nuestro hombre».

Grupos vinculados a Al Qaeda, como Ansar al-Tawhid, Ansar al-Islam, Ansar al-Din, Jaish al-Izza y el Frente de Liberación Nacional, se alinearon bajo el liderazgo de HTS en la Sala de Operaciones Fatah al-Mubin. A ellos se unieron combatientes extranjeros del Partido Islámico de Turquestán (uigures), Ajnad al-Kavkaz (caucásicos), Ajnad al-Sham (chechenos), Jaish al-Muhajirin wal-Ansar (caucásicos) y la Brigada Imam Bukhari (uzbekos).

El destino de estos combatientes extranjeros en la «nueva Siria» se ha convertido ahora en un dilema central.

Lo que hizo aceptable a HTS para los actores occidentales fue la probable salida de Julani del ISIS en 2013 y su ruptura con Al Qaeda en 2016, lo que le permitió centrarse exclusivamente en Siria, atacar solo al Gobierno del expresidente Bashar al-Assad y redirigir a los militantes extranjeros hacia esta agenda nacionalista. Los críticos de la condición impuesta por Trump argumentan que estos combatientes extranjeros habían abrazado desde hacía tiempo esta yihad contra un «enemigo cercano» y no representaban ninguna amenaza externa.

El marco de Trump, que tolera a las facciones extremistas sirias, excluyendo al ISIS, al tiempo que exige la expulsión de los combatientes extranjeros, supera los límites establecidos por el bloque de intervención extranjera tras la caída de Idlib en 2015.

El objetivo estratégico era absorber a estos militantes en el contexto sirio, no repatriarlos o dispersarlos. HTS se convirtió tanto en un baluarte como en un antídoto contra el «yihadismo» global. La principal preocupación de Washington se centraba en «la marca ISIS», no en los islamistas extremistas que controlaban Idlib. Mientras tanto, los gobiernos europeos, reacios a acoger de nuevo a los combatientes extranjeros, preferían pagar a las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), respaldadas por Estados Unidos, para que actuaran como sus carceleros.

Las narrativas de los medios de comunicación occidentales y del Golfo Pérsico, que afirman que estos grupos «apoyaron la revolución siria», «se integraron en la sociedad» y «no suponen una amenaza fuera de Siria», reflejan este cálculo geopolítico. Otros minimizan las atrocidades cometidas contra los alauitas y califican la deportación de desestabilizadora.

No es como expulsar a los palestinos

Tras la destitución del expresidente Assad el 8 de diciembre, Julani ofreció la ciudadanía a los combatientes extranjeros para recompensar su lealtad y disuadir las deserciones. Concedió el rango de general de división o coronel a comandantes seleccionados de Jordania, Egipto, Daguestán, Turquía, Turquestán Oriental, Tayikistán y Albania.

Estas medidas, aunque controvertidas, tenían por objeto eludir las medidas punitivas contra los militantes extranjeros. Aunque, según se informa, Damasco advirtió contra estos nombramientos, HTS ha mantenido la ambigüedad sobre la cuestión.

Deportar a combatientes extranjeros no es lo mismo que expulsar a líderes de la resistencia palestina. En los círculos islamistas salafistas, tal medida se consideraría una traición, que podría provocar divisiones y reacciones violentas. Los combatientes repatriados se enfrentan a penas de prisión o a la ejecución en sus países de origen.

Por lo tanto, HTS está explorando compromisos: los combatientes extremistas extranjeros podrían ser apartados de los puestos de liderazgo, abstenerse de atacar a otros países —especialmente a Israel— y alinearse con el nuevo Gobierno. Aquellos que amenacen el orden emergente podrían ser trasladados discretamente a terceros países.

En tales escenarios, Turquía sigue siendo el destino preferido, ya que ofrece cobertura, movilidad e integración. Si los fugitivos del ISIS de Mosul y Raqqa pudieron encontrar refugio en ciudades turcas como Ankara y Bursa, también pueden hacerlo las facciones alineadas con HTS.

Los límites del pragmatismo

Sin embargo, el pragmatismo tiene límites. El ISIS ha resurgido como un imán para los militantes desilusionados, tachando a Julani y al HTS de apóstatas que traicionaron el islam por intereses políticos. El 29 de mayo, el ISIS reivindicó su primer ataque contra las nuevas fuerzas gubernamentales sirias desde la caída del Gobierno de Assad.

En un comunicado, el ISIS afirmó haber colocado un artefacto explosivo en un vehículo de las fuerzas sirias en la provincia meridional de Suwayda.

Dado el derramamiento de sangre entre HTS y el ISIS desde 2014, la alianza de Julani con la coalición internacional contra el ISIS no es sorprendente, y tal vez sea esencial para su supervivencia.

La exhibición por parte de HTS de armas supuestamente incautadas al ISIS en Guta Occidental sirve como mensaje a los partidarios de la coalición: HTS puede ser su socio.

Pero si Julani no consigue ampliar el apoyo gubernamental mientras el ISIS recupera influencia, HTS podría verse vulnerable. Para ello es necesario reunir a todas las facciones militantes bajo un ejército unificado. Sin embargo, el ministro de Defensa del Gobierno liderado por HTS, Murhaf Abu Qasra, aunque afirma haber tenido éxito tras el ultimátum del 17 de mayo a los combatientes para que disuelvan sus facciones y se integren en el nuevo ejército nacional, ha mostrado pocos avances sustanciales.

Las disputas entre los militantes son menos ideológicas que materiales: se disputan puestos, rangos y control. Algunos grupos como Ahrar al-Sham, Jaish al-Islam, Jaish al-Izza y las unidades del Ejército Nacional Sirio (SNA) respaldadas por Turquía se han unido a la nueva estructura. Pero la magnitud de esta integración sigue siendo opaca, sin que se haya establecido un mando central.

Durante el mismo periodo del ultimátum, se rumoreó que el Partido Islámico de Turquestán (TIP) se había unido a la nueva 84.ª División, algo que fuentes locales negaron. El TIP sigue siendo crucial para Julani, e incluso se dice que participa en su protección personal.

Más allá del ISIS, otras facciones rechazan la legitimidad del HTS. Saraya Ansar al-Sunnah, un grupo radical que invoca a Ibn Taymiyya, reivindicó la autoría de masacres contra minorías y amenaza con abrir nuevos frentes.

Aunque su líder, Abu Aisha al-Shami, sigue siendo un desconocido, el grupo acusa al HTS de apostasía, pero aún no lo ha atacado directamente. Su mensaje: «La lucha por el futuro de Siria no ha terminado».

Otro grupo, Sayf al-Bahr, ha desaparecido tras reivindicar múltiples atentados.

Fracturas

HTS se enfrenta a una oposición creciente dentro de los círculos salafistas extremistas. El ISIS declaró la guerra a HTS el 12 de diciembre, mientras que Hurras al-Din, la red de células durmientes de Al Qaeda, se disolvió el 28 de enero, pero pidió a los suníes que conservaran las armas contra los tiranos y las amenazas extranjeras.

Estas divisiones se agudizaron con dos acontecimientos clave: la declaración constitucional de Julani del 13 de marzo y su reunión con Trump. Mientras que los críticos vieron una traición, los pragmáticos aconsejaron paciencia.

Pero la reacción ha sido feroz. El clérigo salafista Abu Qatada al-Filistini, aunque anteriormente se había mostrado indulgente con la disimulación religiosa (taqiyya), advirtió a Julani que incluso una desviación menor de la sharia constituye apostasía.

El ideólogo jordano Abu Mohammad al-Maqdisi fue más allá y denunció a Julani como kafir por adoptar leyes seculares y tildó a sus defensores de apóstatas.

Mientras Maqdisi denunciaba a Julani como apóstata, un miembro fundador del HTS, el clérigo saudí Sheikh Abdullah al-Muhaysini elogió al líder del HTS como un «fenómeno raro en la historia»:

«Está salvando a su país de las sanciones, sacándolo del abismo y de las guerras internas, y elevándolo para que se sitúe entre las grandes naciones. No ha abandonado a sus hermanos ni a sus principios».

El ISIS también criticó duramente a Julani como traidor e instó a los combatientes extranjeros a abandonar HTS.

En medio de las batallas internas entre salafistas, la ocupación israelí de los Altos del Golán y de amplias zonas del sur de Siria sigue siendo una cuestión de baja prioridad. Sin embargo, han surgido informes de que Julani está negociando un «pacto de seguridad» con Tel Aviv, facilitado por Turquía y los Emiratos Árabes Unidos. Las supuestas operaciones conjuntas contra los radicales de HTS en Homs sugieren una purga interna alineada con los esfuerzos de normalización.

A pesar de las divergentes estrategias islamistas extremistas, el pragmatismo prevalece actualmente sobre el radicalismo debido al atractivo del poder, la condición de Estado y los recursos, así como a la fantasía de revivir el califato omeya.

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7. Hambre en un mundo con excedentes alimentarios.

Doblete de Prashad con su último boletín para el Tricontinental.

https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-hambre-pobreza-desigualdad/

Cientos de millones están muriendo de hambre | Boletín 22 (2025)

Si se produce comida suficiente para alimentar a 11.000 millones de personas, ¿por qué tantas de las 8.000 millones que habitan nuestro planeta siguen pasando hambre?

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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