Una reflexión de Cristina García

Comentarios de la profesora Cristina García, compañera del colectivo Espai Marx.

Comentábamos un día estas cosas: de la mano de la crisis de 2008 o de la pandemia está la cuestión de las expectativas y de la elaboración mental que hacemos de esas experiencias, y que orienta futuro. Hoy, en Madrid y tal vez en todas partes, el deseo de recuperar el nivel y las costumbres de vida anteriores a la pandemia es muy fuerte -no me parece ilógico. Pero creo que ese deseo no se corresponde con los límites del planeta, y el forcejeo cada vez va a ser más siniestro. Apretamos para reabrir todo el ocio de consumo (para pasarlo bien y para alimentar a familias) aunque eso ponga vidas en peligro, nos conmovemos cuando vemos un vídeo de gaviotas y ballenas con el sistema digestivo lleno de plástico pero no se nos ocurre pensar que eso tenga que ver con la tarrina de helado que nos estamos comiendo (y, aunque se nos ocurriese, poco podríamos hacer), los supermercados no pueden cerrar ni en plena pandemia y a la vez la ganadería intensiva de donde salen nuestros alimentos es vector directo de covid y de destrucción ambiental, ya no hablo de los empleos precarios y de cualquier cosa que la mayoría de gente necesita para alimentar a los suyos y para reproducir nuestro mundo… Con este nivel de contradicción viva y sangrante, es lógico que cada vez el horizonte sea un nudo más enredado.
Y mientras todos (¿políticos y no políticos?) estamos, como es comprensible, hundidos en la gestión de los problemas cotidianos, los grandes problemas provocados por nosotros mismos irán apareciendo como «catástrofes» y se gestionarán como se pueda. Ya hace tiempo que los científicos advierten de la desaparición del petróleo, pero creo que también hace muchos años que advierten de la posibilidad de pandemias por zoonosis a través de nuestra tala e invasión de zonas vírgenes. Y mucha gente sigue creyendo que el covid ha salido de un científico loco o de los aliens, o en el mejor de los casos no lo sabe ni le importa (a pesar de sufrir enormemente sus consecuencias) -este tipo de discursos tan paranoides y alienados no me parecen nada lejanos a los que dice Joaquín sobre culpar a la monarquía o al fascismo o a «nosequién que contamina mucho» o al «Estado español» de nuestros males. Ya que no hemos construido ni se tiene mucho en mente el construir alternativas de vida de gran alcance, lo que dice Joaquín, decir las cosas como son y abordar la experiencia desde su base y con luz, me parece la actitud más honesta.
Sobre lo que dice Jaime, es cierto que hay gente que construye pequeñas cosas con la voluntad de funcionar de formas menos tóxicas y de proporcionar un apoyo mútuo consciente. He participado de algún proyecto a esos niveles, y conozco sus bondades (magníficas) y sus límites (algunos sin remedio y otros auto-impuestos). Siempre recuerdo una frase de Kosík sobre lo exiguo (pero necesario) de algunos inicios. Aunque el dinosaurio es muy muy feroz y enorme.
Abrazos fuertes y perdonad el tocho
Cristina

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *