“Gaza’s Resort. La genealogía imperialista del sionismo” por José A. Estévez Araujo

El sionismo moderno, surgido en la segunda mitad del siglo XIX, se desarrolló en un contexto profundamente marcado por las ideologías dominantes en Europa, entre ellas el imperialismo. Aunque el sionismo fue ante todo una respuesta al antisemitismo y a la exclusión persistente de los judíos en las sociedades europeas, también adoptó marcos de pensamiento característicos de la mentalidad imperialista de la época. La idea de que un pueblo tiene derecho a establecerse en un territorio «vacío» o infrautilizado, y a crear allí una nación moderna basada en el trabajo, la cultura y la racionalidad occidental, es un rasgo compartido con muchos proyectos coloniales europeos.

El sionismo, adoptó un discurso civilizatorio que justificaba la «reconstrucción» de una patria judía en Palestina, considerada por los líderes sionistas como una tierra con valor histórico, pero carente de desarrollo moderno y de soberanía efectiva, lo que recuerda los relatos legitimadores del colonialismo europeo. Además, la diplomacia sionista se movió en el escenario internacional apelando a las potencias imperiales —primero al Imperio otomano y luego, especialmente, al Imperio británico— para obtener reconocimiento y apoyo político, en un momento en que el reparto imperial del mundo daba forma a la política global.

El apoyo británico no puede comprenderse sin tener en cuenta esa relación entre el sionismo y la lógica de las potencias coloniales, que vieron en el asentamiento judío un posible instrumento de estabilización y control en una región estratégica. Así, sin reducir el sionismo a una mera prolongación del imperialismo, es legítimo afirmar que una de sus fuentes ideológicas fue el clima intelectual y político generado por la expansión imperial europea, que ofrecía tanto las herramientas conceptuales como las oportunidades políticas para imaginar y promover un proyecto de construcción nacional en un territorio situado fuera del continente europeo.

La fórmula de que Palestina era una «tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra» popularizada en ciertos círculos sionistas, encarna una lógica que recuerda a las justificaciones coloniales utilizadas por potencias europeas para ocupar y controlar territorios fuera del continente. Si bien Palestina estaba habitada por una población mayoritariamente árabe, con estructuras sociales, culturales y económicas bien establecidas, desde ciertos sectores del sionismo se promovió la imagen de un territorio atrasado, desorganizado y necesitado de regeneración, una imagen que deslegitimaba la presencia y los derechos de los habitantes autóctonos.

Esta representación se basaba en una forma de deshumanización que, sin afirmarse siempre en términos raciales explícitos, encajaba en una concepción eurocéntrica y civilizatoria del mundo. Así como el imperialismo europeo justificaba la colonización de África o Asia con el argumento de que sus pueblos eran inferiores y necesitaban ser guiados o reemplazados por sociedades más avanzadas, los líderes y teóricos sionistas sostuvieron que los árabes no estaban desarrollando plenamente la tierra y que el pueblo judío, portador de una cultura moderna y productiva, tenía no solo el derecho, sino también la misión de transformarla. En ese marco, la presencia árabe era minimizada o presentada como un obstáculo contingente que podía ser superado mediante acuerdos, compras de tierras o, llegado el caso, desplazamientos.

En la práctica, la construcción del asentamiento judío en Palestina durante el mandato británico y especialmente en las décadas previas a la creación del Estado de Israel, estuvo marcada por políticas de exclusión, compra de tierras que implicaban el desalojo de campesinos árabes, y una progresiva separación entre las comunidades. En definitiva, aunque el sionismo tuvo fuentes diversas, en su vertiente colonizadora adoptó algunas ideas fundamentales del imperialismo europeo, entre ellas la noción de que la tierra podía ser apropiada porque quienes la habitaban no alcanzaban el umbral considerado legítimo de civilización o desarrollo.

La propuesta de Donald Trump de transformar Gaza en un Resort, con hoteles, playas y casinos, no es simplemente una ocurrencia excéntrica, sino que revela una lógica profundamente imperialista, comparable en algunos aspectos a la del Imperio británico en su gestión colonial de Palestina. En ambos casos, la población autóctona es borrada simbólicamente para hacer sitio a un proyecto ajeno, impuesto desde el exterior y basado en intereses estratégicos, económicos o geopolíticos que nada tienen que ver con los derechos ni con las aspiraciones de los habitantes locales.

En la propuesta de Trump, Gaza es concebida como un espacio abstracto, sin historia ni sujeto político, susceptible de ser reconfigurado desde cero tras haber sido arrasado. La destrucción se presenta como condición previa a una supuesta reconstrucción que en realidad es una reinvención, una ocupación simbólica por otros medios. La población palestina desaparece del relato, o bien queda relegada a la condición de figurante en un escenario turístico dominado por intereses externos.

La idea de convertir Gaza en un Resort sustituye el conflicto por el consumo, la lucha por la autodeterminación por la promesa de inversiones extranjeras, y la historia por la mercadotecnia. Así como el Imperio británico pretendía administrar el territorio con criterios de modernización y orden imperial, la propuesta de Trump invoca un futuro posbélico que es, en realidad, una continuación de la violencia por otros medios: una limpieza étnica simbólica disfrazada de desarrollo. En suma, la idea de Gaza como Resort no es sólo irreal; es una manifestación contemporánea de la misma lógica colonial que consideró durante décadas que los territorios y sus poblaciones podían ser gestionados, desplazados o transformados al servicio de intereses ajenos.

https://mientrastanto.org/247/notas/gazas-resort-la-genealogia-imperialista-del-sionismo/

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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