MISCELÁNEA 5/07/2025

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Los asesinatos de Palantir.
2. ¿Por qué no ha habido una marea rosa en África?
3. Golpe al sistema científico nuclear iraní.
4. Los daños a Israel.
5. Victoria táctica del imperio, derrota estratégica.
6. Mamdani.
7. La importancia de una administración sólida.
8. Donde el deportista no es una mercancía.
9. Resumen de la guerra en Palestina, 4 de julio de 2025.

1. Los asesinatos de Palantir

Una vez más, sobre el papel de las nuevas industrias militares en las guerra imperiales.

https://znetwork.org/znetarticle/palantirs-shadow-war-on-iran/

La guerra secreta de Palantir contra Irán

Por Kit Klarenberg, 2 de julio

A medida que se va calmando la tormenta tras la «guerra de los 12 días», cada vez está más claro que el conflicto ha supuesto una derrota aplastante para Israel y Estados Unidos. En retrospectiva, el único éxito de la entidad sionista ha sido la ola de asesinatos perpetrados en las primeras horas del conflicto. Un adulador informe del Financial Times del 19 de junio insinuó que la responsable era una tecnología de vanguardia que reunía diversas fuentes de datos e inteligencia. Esto plantea la pregunta obvia de si Tel Aviv contó con la ayuda del notorio gigante del espionaje privado Palantir en su ola de asesinatos.

Palantir, un gigante tecnológico abiertamente proisraelí fundado por Peter Thiel, confidente de Donald Trump y ferviente sionista, que según se informa proporciona tecnología de inteligencia artificial para apoyar el genocidio de Tel Aviv en Gaza, extiende sus tentáculos de forma invisible a casi todos los ámbitos imaginables de la vida pública y privada en Occidente. Además, la empresa, creada con capital inicial de la división de capital riesgo de la CIA, In-Q-Tel, ha desempeñado durante mucho tiempo un papel fundamental, aunque apenas reconocido, en la vigilancia de la investigación nuclear de Teherán por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica.

La interpretación de que Palantir estuvo involucrada de una u otra manera en la guerra «preventiva» ilegal de Israel contra Teherán se ve ampliamente reforzada por la publicación de documentos israelíes sensibles por parte del Ministerio de Inteligencia de Irán. Estos archivos indican que el OIEA proporcionó previamente a la inteligencia israelí los nombres de varios científicos nucleares iraníes, que posteriormente fueron asesinados. Además, el actual jefe de la Asociación, Rafael Grossi, mantiene una estrecha y prolongada relación clandestina con funcionarios israelíes. Las revelaciones posteriores podrían sacar a la luz la oscura alianza del OIEA con Palantir.

«Expedición de pesca»

En julio de 2015, la Administración Obama firmó el Plan de Acción Integral Conjunto con Teherán. Bajo sus auspicios, a cambio del levantamiento de las sanciones, se concedió a la OIEA acceso sin restricciones a las instalaciones nucleares de Irán, con el fin de garantizar que la República Islámica no estuviera desarrollando armas nucleares. A lo largo del proceso se recopiló una gran cantidad de información sobre los emplazamientos y en su interior, incluidas fotos de cámaras de vigilancia, datos de mediciones y documentos. La Asociación constató sistemáticamente que Irán cumplía rigurosamente los términos del PAIC.

Sin embargo, tras la primera toma de posesión de Trump, el PAIC comenzó a desmoronarse. En octubre de 2017, se negó a certificar el cumplimiento por parte de Irán de sus obligaciones con argumentos falsos y comenzó a amenazar con romper el acuerdo y reimponer las sanciones. En marzo del año siguiente, el entonces director general del OIEA, Yukiya Amano, dio la voz de alarma sobre esta perspectiva, afirmando que el PAIC había creado «el régimen de verificación [nuclear] más sólido del mundo» en Irán y que su cese supondría una «gran pérdida». A continuación, se jactó de cómo los inspectores de la Asociación:

«Ahora pasan 3000 días naturales al año sobre el terreno en Irán. Hemos instalado unos 2000 precintos a prueba de manipulaciones en material y equipos nucleares. Hemos llevado a cabo más de 60 accesos complementarios [inspecciones sin previo aviso] y visitado más de 190 edificios… Recopilamos y analizamos cientos de miles de imágenes captadas diariamente por nuestras sofisticadas cámaras de vigilancia… aproximadamente la mitad del total de imágenes que recopilamos en todo el mundo. Recopilamos más de un millón de datos de fuentes abiertas cada mes».

Amano añadió que las actividades del OIEA en Teherán estaban «respaldadas por tecnología de vanguardia, incluidos sistemas de recopilación y procesamiento de datos». No se mencionó que estos innovadores recursos fueron proporcionados por Palantir. El papel central de la empresa en el escrutinio del cumplimiento nuclear de Irán y su estrecha colaboración con el OIEA se reveló dos meses más tarde por Bloomberg, apenas unos días antes de que la Administración Trump rompiera el acuerdo y lanzara una campaña de «máxima presión» contra Teherán. El exsecretario de Energía de Estados Unidos, Ernest Moniz, elogió efusivamente la contribución de Palantir:

«Contamos con un régimen de verificación intrusivo completamente único e inigualable que no existía antes del acuerdo».

Una herramienta denominada Mosaic sirvió como «núcleo analítico» y «plataforma preferida» para la misión de verificación del OIEA en Irán. El software ayudó a la Asociación a «planificar y justificar investigaciones no programadas», recopilando y procesando datos de alrededor de 400 millones de «objetos digitales» en todo el mundo, «incluidas las redes sociales y fotografías satelitales». Mosaic también se encargó de examinar documentos masivos, no solo recopilados por el OIEA, sino también decenas de miles de archivos confidenciales robados por el Mossad en Teherán.

Bloomberg citó a Ali Vaez, director del Proyecto Irán del International Crisis Group, quien expresó su preocupación por el hecho de que Mosaic analizara datos «sucios» obtenidos por el Mossad, «que se enorgullece de su engaño». Al fin y al cabo, «incluso una pequeña cantidad de información falsa podría desencadenar una serie de inspecciones repentinas innecesarias y hacer fracasar un acuerdo que ha costado años alcanzar». Cuanto más amplios son los términos del trabajo de Palantir con la OIEA, más parece la misión «una expedición de pesca», se lamentó Vaez, sugiriendo que Irán podría mostrarse menos dispuesto «a abrir sus puertas a los inspectores».

Los comentarios de Vaez fueron inquietantemente proféticos. Las recientes revelaciones sobre la intensa colusión entre la OIEA y las autoridades de la entidad sionista, y la consiguiente perspectiva de que las inspecciones de la Asociación ayudaran a los ataques israelíes y estadounidenses contra Teherán, llevaron a los legisladores iraníes a aprobar por unanimidad una ley que suspende indefinidamente la cooperación con la Asociación el 25 de junio. Es poco probable que los inspectores de la OIEA vuelvan a pisar el territorio de la República Islámica. Pero Bloomberg destacó otras preocupaciones que no han hecho más que agravarse a la luz de los últimos acontecimientos.

«Supuestos falsos»

Por un lado, el medio de comunicación señaló que el papel de Palantir en el OIEA le daba «acceso a información que los gobiernos no tienen», al tiempo que cuestionaba si «una agencia internacional conocida por su independencia» podía realmente mantenerse neutral y objetiva, dada «la estrecha relación personal de Thiel con Trump». Además, Bloomberg señaló que las «capacidades de investigación mejoradas» proporcionadas por Palantir a la Asociación habían «suscitado la preocupación de que el OIEA pudiera traspasar la frontera entre la vigilancia nuclear y la recopilación de información», convirtiendo a sus inspectores en «potenciales ciberdetectives» involuntarios.

Estos temores se vieron agravados por el hecho de que Mosaic se basara en el muy controvertido «software de policía predictiva» de Palantir. Para la OIEA, esta capacidad convirtió «las bases de datos de información clasificada en mapas» que ayudaban a «los inspectores a visualizar los vínculos entre las personas, los lugares y el material involucrados en actividades nucleares» en Teherán. El riesgo de que civiles iraníes inocentes se conviertan en objetivos de vigilancia, acoso o incluso asesinato a causa de datos erróneos introducidos o extraídos por Mosaic es enorme.

Bloomberg citó a un representante de una empresa británica «que asesora a gobiernos en cuestiones de verificación» quien afirmó que los sistemas de «análisis predictivo» eran extremadamente vulnerables a este tipo de corrupción, «ya fuera por accidente o por diseño». Señaló que «si se añade una suposición falsa al sistema, se generará un resultado falso… [y] se acabará convenciéndose a uno mismo de que las sombras son reales». Por supuesto, una «hipótesis falsa» peligrosa se encontraba en el núcleo mismo de la misión de inspección del OIEA en Irán, a saber, que Teherán estaba desarrollando armas nucleares en primer lugar.

La República Islámica ha negado sistemáticamente durante décadas cualquier sugerencia de que albergue ambiciones de poseer armas nucleares. Sus negativas fueron corroboradas por un informe de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos de noviembre de 2007, que expresaba «una alta confianza en que, en otoño de 2003, Teherán detuvo» toda investigación sobre armas nucleares. Esta evaluación se mantuvo sin cambios durante varios años y, según se informa, fue compartida por el Mossad. Como registró Bloomberg, en mayo de 2018, la OIEA había «certificado el trabajo de Irán diez veces».

En marzo de 2025, la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, declaró ante el Congreso que Irán no había reanudado el programa de armas nucleares que detuvo en 2003. El 17 de junio, con la Guerra de los 12 Días en pleno apogeo, el jefe de la OIEA, Grossi, declaró que «no teníamos ninguna prueba de un esfuerzo sistemático» por parte de Teherán «para avanzar hacia un arma nuclear». Sin embargo, Israel justificó sus ataques basándose en un dossier de inteligencia que concluía que la República Islámica había alcanzado de hecho el «punto de no retorno» en la adquisición de armas nucleares.

Ese dudoso dossier dependía en gran medida de las conclusiones de un informe de la AIEA publicado en mayo. El documento no aportaba ninguna información nueva: sus dudosas acusaciones se referían «a actividades que se remontaban a décadas atrás» en tres emplazamientos donde, supuestamente, hasta principios de la década de 2000 se manipulaba «material nuclear no declarado». Si este informe fue analizado por los sistemas de «análisis predictivo» de Palantir, es casi inevitable que se crearan resultados y conexiones falsos, lo que a su vez influiría en los objetivos y la estrategia de la entidad sionista.

Una de las herramientas de «vigilancia predictiva» innovadas por Palantir que guía las operaciones de Mosaic es Gotham, utilizada por un número indeterminado de fuerzas del orden occidentales. Los documentos filtrados sobre el recurso muestran que recopila un volumen extraordinario de datos sobre poblaciones enteras, ya sean respetuosas con la ley, sospechosas de haber cometido un delito o simplemente relacionadas con personas acusadas de delitos. Esto incluye sexo, raza, nombres, datos de contacto, direcciones, órdenes de detención anteriores, fotos policiales, relaciones personales, empleadores anteriores y actuales, y rasgos identificativos como tatuajes.

En octubre de 2024, una importante gestora de activos noruega se desprendió de Palantir debido a que la empresa ofrecía «sistemas de vigilancia policial predictiva basados en la inteligencia artificial», que ayudaban a la entidad sionista a vigilar masivamente a los palestinos en Gaza y Cisjordania. Estos sistemas están diseñados «para identificar a las personas que pueden lanzar ataques terroristas en solitario, facilitando su detención preventiva antes de que se produzcan los atentados que se prevé que llevarán a cabo». Su despliegue da lugar a que innumerables palestinos languidezcan en mazmorras israelíes sin cargos ni juicio.

Si Mosaic informó de la estrategia de la entidad sionista durante la Guerra de los 12 Días, eso podría explicar por qué personas sin ninguna conexión con el programa nuclear civil de Irán fueron directamente objeto de asesinatos selectivos. Entre ellos se encuentra Majid Tajan Jari, un destacado profesor en el campo de la IA a nivel local, asesinado en un ataque israelí contra un edificio residencial en Teherán el 16 de junio. Sin embargo, la dependencia de información errónea o falsa recopilada por Mosaic explicaría al mismo tiempo el conflicto que terminó en una vergonzosa derrota para Israel y la victoria de Teherán.

VOLVER AL INDICE

2. ¿Por qué no ha habido una marea rosa en África?

A diferencia de América Latina, la respuesta política al ascenso del neoliberalismo no ha provocado en África el triunfo de alternativas más o menos de izquierdas. El autor intenta analizar por qué.

https://africasacountry.com/2025/07/africas-last-neoliberals

Los últimos neoliberales de África

Por
Sa’eed Husaini

Mientras la marea rosa arrasaba en América Latina, los regímenes neoliberales de África se mantuvieron firmes. ¿Dónde está la ruptura de África y cómo se explica la ausencia de un desafío sostenido de la izquierda?

En los últimos años se ha puesto de moda afirmar que el neoliberalismo está en crisis. A primera vista, esto parecía cada vez más plausible a raíz de los cambios políticos que parecían intensificarse, especialmente en el «Norte Global», tras la crisis financiera de 2008. El éxito de los partidos políticos populistas de derecha, especialmente en las democracias nominalmente avanzadas de Europa occidental y Estados Unidos, es el más destacado de esos cambios. Con la promesa de resucitar los aranceles sobre el comercio internacional, reactivar la industria manufacturera nacional y frenar la migración, los regímenes populistas de derecha han desafiado áreas críticas del consenso político asociado con una ortodoxia neoliberal que antes era incuestionable.

Sin embargo, un desafío aún más temprano al neoliberalismo surgió a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000 en América Latina y el sur de Europa, donde partidos políticos de orientación izquierdista impulsados por movimientos sociales antineoliberales comenzaron a hacerse con el poder. Conocida en América Latina como la «ola rosa» (es decir, no «roja» comunista), una serie de partidos de izquierda llegaron al poder en Brasil, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Venezuela y otros Estados, logrando ampliar las prestaciones sociales, reducir la pobreza y la desigualdad y llevar a cabo cambios constitucionales de gran alcance, a menudo con el objetivo explícito de prescindir del paradigma neoliberal.

Coincidiendo con estos acontecimientos, el auge de China como potencia económica y política ha supuesto un desafío para el dominio del neoliberalismo a nivel mundial. El modelo de desarrollo de China, que hace hincapié en un Estado ambicioso e intervencionista, pero iliberal, sigue siendo un contraejemplo destacado de la idea de que el neoliberalismo es la «única opción posible».

En conjunto, estas tendencias parecían cuestionar la idea de que el neoliberalismo se había convertido en hegemónico a nivel mundial. Es comprensible, pues, que en la década de 2010 los estudios académicos comenzaran a hablar de la «crisis del neoliberalismo» y que el popular escritor Louis Menand, en un artículo publicado en la revista New Yorker en 2023, se mostrara dispuesto a narrar «el auge y la caída del neoliberalismo».

Sin embargo, sería prematuro declarar el fin de este paradigma, incluso en contextos en los que se ha enfrentado a importantes retos. En Brasil y Argentina, por ejemplo, la «marea rosa» inicial en América Latina dio paso a una reacción de la derecha que mantuvo la austeridad y abrazó el autoritarismo. En Europa occidental y Estados Unidos, los movimientos de extrema derecha, aunque atacan la inmigración e imponen aranceles, han mantenido e incluso intensificado las medidas de austeridad neoliberal, reduciendo aún más el Estado (como lo ejemplifican las absurdidades del nuevo «doge» de Estados Unidos, el «Departamento de Eficiencia Gubernamental»).

La resistencia del neoliberalismo, incluso en contextos en los que ha sido cuestionado, se ve reforzada por su dominio en otros rincones del mundo donde no se ha enfrentado de forma directa. De hecho, en muchas partes de nuestro querido continente, la idea de que el inversor privado individual, en relación con el Estado u otros colectivos sociales, es el motor del desarrollo —la persuasión, expresada de forma más concisa, de que «el gobierno no tiene nada que hacer en los negocios»— sigue siendo la única alternativa «seria» entre la mayoría de los comentaristas y funcionarios públicos que se precien y se consideren ilustrados. Esta opinión es particularmente fuerte en países nominalmente democráticos como Ghana, Nigeria, Sudáfrica y Kenia, donde la mayoría de los partidos gobernantes y de la oposición abogan por una intervención mínima del Estado en la salud, la energía, la vivienda y la educación, y enfatizan la necesidad de crear un entorno propicio para la inversión privada.

Si el éxito del modelo chino ha socavado la relevancia del neoliberalismo en Asia, y si el paradigma ha sido desacreditado o cuestionado en algunas partes de Europa y América, existe la sensación de que es en África donde los últimos neoliberales auténticos siguen sin ser cuestionados. Esto nos lleva a la pregunta central que anima el resto de este ensayo. ¿Cómo podemos explicar la estabilidad del paradigma neoliberal en África? ¿Por qué un modelo cada vez más desacreditado ha encontrado un público tan receptivo en nuestra parte del mundo?

Soluciones africanas

Para responder a esta pregunta, cabe señalar que el neoliberalismo no es la única opción en toda África. De hecho, los Estados africanos han adoptado diversas respuestas al paradigma económico neoliberal desde su llegada en los maletines de los economistas apoyados por el FMI que impulsaron la aplicación de los programas de ajuste estructural (PAE) en la década de 1980. En este sentido, las respuestas africanas adoptaron tres formas generales.

El camino menos transitado fue el trazado por las democracias electorales más antiguas de África, Mauricio y Botsuana, que establecieron lo que Thandika Mkandawire, en Globalization, Poverty, and Conflict, denominó «Estados democráticos desarrollistas». En ambos países, las altas tasas de crecimiento económico y los pactos sociales estables permitieron a los partidos dominantes eludir los principales pilares de los saps, protegiendo a algunas empresas estatales estratégicas de la privatización, protegiendo la industria nacional y manteniendo políticas sociales redistributivas.

Una segunda vía fue trazada por regímenes autoritarios o dominados por un solo partido, que surgieron especialmente en algunas partes de África oriental y meridional. En una serie de documentos de trabajo de 2013 para el Oxford Refugee Studies Centre, Will Jones, Ricardo Soares y Harry Verhoeven acuñaron la expresión «construcción de Estados iliberales» para describir aquellos regímenes que se inspiraron en los ejemplos de los Estados desarrollistas de Asia Oriental, en particular China y Singapur. Estos regímenes, entre los que se encuentran Ruanda, Sudán, Angola y Etiopía, combinaban el autoritarismo y la supremacía militar con una transformación económica dirigida por el Estado. Podría decirse que las juntas militares de la Alianza de Estados del Sahel (AES), apoyadas por Rusia y, más aún, por China, han sido las últimas en sumarse a esta tendencia.

Un tercer modelo surgió entre los Estados africanos que, tras aplicar programas de ajuste estructural en la década de 1980, adoptaron las elecciones multipartidistas en la década de 1990 como parte de la «tercera ola» mundial de democracia. En esos contextos, los partidos gobernantes y los principales partidos de la oposición tendían a ponerse de acuerdo para mantener o profundizar el paradigma neoliberal, lo que dio lugar a lo que Mkandawire volvió a denominar de forma evocadora «democracias sin opciones». Los movimientos antineoliberales en esos países tuvieron episodios de gran dinamismo en las calles. Sin embargo, siguieron siendo marginales en el ámbito electoral, y la competencia política se caracterizó con frecuencia por una convergencia entre los partidos gobernantes en torno a los principios básicos del paquete neoliberal. Es este tercer grupo de regímenes el que, a pesar de dos décadas de aperturas democráticas nominales y competencia electoral, sigue principalmente en la senda de la ortodoxia.

En comparación con sus homólogos latinoamericanos, que también cambiaron los regímenes autoritarios por la democracia electoral a principios y mediados de la década de 1990, la quietud ideológica de las democracias multipartidistas africanas resulta más desconcertante. Mientras que el neoliberalismo se enfrentaba a un desafío creciente en las calles, en las urnas y, finalmente, en los gobiernos municipales y nacionales de numerosos regímenes electorales latinoamericanos a principios de la década de 2000, los movimientos antineoliberales han logrado hasta la fecha victorias esporádicas en las calles y han constituido un desafío electoral aún menos eficaz en las democracias de la tercera ola africana. ¿Cómo podemos explicar estas trayectorias divergentes?

La mayoría de los análisis de la ola rosa en América Latina tienden a enfatizar el crecimiento de dos fuerzas principales: los movimientos sociales antineoliberales y los partidos políticos de izquierda. Comprender la divergencia entre los regímenes de la «tercera ola» latinoamericana y africana nos obliga a examinar las condiciones cuya presencia o ausencia permitieron o impidieron el surgimiento de estas fuerzas.

Revisando la marea rosa

El politólogo Eduardo Silva propuso un marco útil para comprender el auge de los movimientos antineoliberales en América Latina en su libro Challenging Neoliberalism in Latin America, que constituyó uno de los primeros intentos de explicar la marea rosa. Además de su enfoque comparativo, la ventaja del análisis de Silva es que ofrece una distinción útil entre las condiciones externas o «estructuras de oportunidad» a las que se enfrentaban los movimientos antineoliberales y las capacidades internas que estos desarrollaron o poseían, lo que hacía más o menos probable que desafiaran con éxito el neoliberalismo.

Entre estas, las condiciones externas clave identificadas en el análisis de Silva incluyen la imposición de las SAP, la presencia de dificultades económicas, exclusiones y desigualdad para la mayoría de los ciudadanos; la creciente desilusión con las opciones políticas disponibles; la persistencia de un espacio asociativo moderado que permitía a los movimientos organizarse sin represión inmediata; y la intensificación de una crisis económica, caracterizada por un crecimiento del PIB inverso o volátil y crisis de la deuda y del sistema bancario.

Estas motivaciones externas también tenían que coincidir con nuevas capacidades internas de los movimientos sociales. Cabe destacar aquí que los movimientos sociales fueron a menudo (aunque, como veremos, no siempre) los principales agentes de esta transformación, dado que los sindicatos, fuente clave de la oposición social antes de la aplicación de los programas de ajuste estructural, se habían visto frecuentemente debilitados o cooptados a causa de dichos programas. Sin embargo, aunque los movimientos sociales representaban una multiplicidad de nuevos grupos identitarios —entre los que destacaban los indígenas, los desempleados y los afrodescendientes—, la cuestión de la clase y la desventaja económica relativa siguió siendo fundamental para la movilización social antineoliberal.

¿Cuáles fueron, entonces, las capacidades que permitieron a los movimientos sociales ocupar un lugar central en el desafío exitoso al neoliberalismo? Según Silva, estos movimientos necesitaban: enmarcar cada vez más el neoliberalismo (en lugar de la corrupción y la incompetencia) como el problema; adoptar formas controvertidas y sostenidas de acción directa; y formar amplias coaliciones entre grupos anteriormente fragmentados y más específicos de un sector (antiprivatización, anti-desalojo, anti-austeridad).

Otro conjunto de prácticas interrelacionadas, aludidas por Silva pero desarrolladas más a fondo por otros estudiosos del antineoliberalismo en América Latina, tendía a reforzar la capacidad de los movimientos sociales para hacer frente al neoliberalismo. Entre ellas figuraba, en primer lugar, el hecho de que los movimientos solían participar en formas directas de producción económica arraigadas en la economía social y solidaria, tanto como fuente de sustento y cuidados como medio para experimentar y desarrollar formas de democracia participativa directa. Entre los ejemplos de estos experimentos, a los que estudiosos como Manuel Larrabure se refieren como «lucha poscapitalista», se encuentran las ocupaciones agroecológicas cooperativas impulsadas por el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra) de Brasil y las empresas recuperadas por sus trabajadores (Empresas Recuperadas por sus Trabajadores) de Argentina.

En segundo lugar, los movimientos sociales a menudo buscaban la democratización de las formas de educación política que habían sido inicialmente promovidas por una tradición más antigua de organización de izquierda. Con frecuencia arraigada en las pedagogías radicales de Paulo Freire, la educación política rechazaba explícitamente las formas vanguardistas de aprendizaje basadas en la presencia de un compañero mayor, erudito y curtido en la lucha, que impartía sabiduría a jóvenes idealistas ignorantes. En cambio, como explica Rebecca Tarlau en el artículo «Pedagogía crítica y los límites del «encuadre» y el cambio social», los movimientos tendían a adoptar modelos de educación política que buscaban igualar y democratizar el modo, los temas y el carácter del aprendizaje, llevando al profesor y al alumno a un encuentro más dialógico que socavaba la división capitalista entre el trabajo manual y el intelectual.

En última instancia, esta combinación de motivaciones externas y capacidades internas contribuyó a fortalecer y reforzar los movimientos sociales en su adopción de acciones conflictivas, especialmente las protestas callejeras. La intensificación de las crisis económicas provocadas por la aplicación del neoliberalismo intensificó la agitación antineoliberal. A lo largo de las sucesivas «oleadas de conflicto», estos movimientos profundizaron la deslegitimación del sistema neoliberal en crisis y aumentaron la demanda de una alternativa que lo sustituyera. Un punto de inflexión crucial que vio a los movimientos sociales pasar de una postura defensiva a un desafío más proactivo al neoliberalismo fue la aparición de nuevos partidos antineoliberales con viabilidad electoral que podían desafiar al neoliberalismo en las urnas.

La vida del partido

Resulta útil que académicos como Enrico Padoan y Sebastián Etchemendy identifiquen diversas vías por las que se desarrollaron los partidos políticos antineoliberales. En países como Uruguay, Brasil y Argentina, los partidos políticos de izquierda basados en sindicatos que existían antes de la implementación de los saps constituyeron la base de los nuevos partidos de izquierda. Los sindicatos seguían siendo relevantes en países donde la industrialización había sido más avanzada y donde seguían siendo el principal opositor a las reformas neoliberales. En la primera vía, ejemplificada por el Frente Amplio de Uruguay, surgió un partido sindicalista donde no existían movimientos sociales independientes significativos. En la segunda vía, ejemplificada por el Partido de los Trabajadores de Brasil y el Partido Justicialista de Argentina, un partido dual formado por sindicatos y movimientos sociales independientes construyó una fuerza electoral viable.

Una tercera y cuarta vía surgieron en contextos en los que la federación sindical central se había visto debilitada por las políticas neoliberales o deslegitimada por su adhesión al paradigma. La tercera vía, ejemplificada por Bolivia, surgió cuando movimientos sociales independientes y relativamente coherentes se unieron para construir su propio vehículo electoral en forma del partido Movimiento al Socialismo. Por el contrario, Padoan sostiene que, en los casos en que los movimientos sociales estaban más fragmentados, como en Venezuela y Ecuador, un líder carismático desempeñó el papel de canalizar las diversas energías antineoliberales hacia la forja de una alternativa electoral.

Cabe destacar que, en todas estas vías, la viabilidad de las formaciones partidarias antineoliberales se puso a prueba y se fortaleció a menudo en el contexto de la política municipal antes de que se persiguiera una aspiración electoral más nacional.

¿Dónde está la marea rosa africana?

Aunque se trata necesariamente de una visión esquemática e incompleta, estas vías y criterios ofrecen un marco traducible con el que comparar las trayectorias divergentes de las democracias de la tercera ola africana. Aunque existen muchas similitudes en las motivaciones y capacidades de los movimientos sociales contemporáneos en las democracias de la tercera ola africana en relación con sus homólogos latinoamericanos de la década de 1990, también hay áreas evidentes de disyunción.

Las «estructuras de oportunidad» externas para los movimientos sociales africanos muestran algunas similitudes, así como diferencias cruciales con respecto a los criterios descritos por Silva. Las exclusiones económicas y políticas han intensificado sin duda las dificultades y deslegitimado los sistemas de partidos neoliberales en las democracias multipartidistas de África, donde la abstención electoral y la disminución de la popularidad de los partidos gobernantes y de la principal oposición se han convertido en la norma.

Sin embargo, estas son tendencias más recientes. De hecho, a finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, que fueron testigos de una intensificación de la crisis neoliberal en América Latina, se vivió más bien un «periodo de luna de miel» económico y político en las democracias multipartidistas africanas, ejemplificado por las «impresionantes», aunque muy excluyentes, tasas de crecimiento del PIB registradas en países como Ghana y Nigeria hasta la década de 2010. No es de extrañar que este período de crecimiento del PIB (más pronunciado entre 2000 y 2014) y de consolidación democrática multipartidista se celebrara con tropos patrocinados por las empresas, como la ahora risible narrativa del «auge de África» defendida en su momento por sectores de la prensa empresarial internacional.

Esto contrasta significativamente con los casos latinoamericanos, donde la implementación del neoliberalismo aumentó la volatilidad en la década de 1990 y principios de la de 2000. En ese contexto, las recesiones se hicieron más frecuentes y las crisis económicas (el colapso de las monedas en Argentina y Ecuador, que llevó a la dolarización en Ecuador, la crisis del sistema bancario y la retirada masiva de depósitos en Argentina) dieron lugar a lo que podría denominarse las «crisis del capitalismo». Esto abrió una importante ventana de oportunidad para los impulsores de la marea rosa en América Latina. Desde una perspectiva comparativa, se podría argumentar que el neoliberalismo «funcionó» mejor en África durante un tiempo, comprando la disidencia y difuminando la volatilidad de una manera que impidió temporalmente la ruptura.

Una distinción adicional en el contexto africano ha sido el hecho de que el neoliberalismo, aunque en ascenso, siguió siendo considerado como un actor político marginal durante gran parte de los años noventa y dos mil. Siguiendo con los ejemplos de Ghana y Nigeria, esta condición de desvalido fue posible gracias a la recurrencia de un ala estatista del neoliberalismo, a saber, el autoritarismo de derecha de los generales Abacha y Buhari en Nigeria, y el estatismo más moderado del Congreso Nacional Democrático en Ghana. La persistencia de una modificación retórica de algunos elementos del neoliberalismo (sin salir del marco general) ha permitido a los neoliberales más abiertamente centrados en el mercado hacerse pasar por víctimas, alegando que los males sociales de la pobreza y la corrupción son prueba de que nunca se ha permitido que el neoliberalismo se arraigue suficientemente. Sin embargo, la consolidación más reciente del poder entre figuras neoliberales más ortodoxas, como Bola Ahmed Tinubu en Nigeria, podría socavar parte de la negación plausible que conservaban sus predecesores relativamente más heterodoxos.

A estas dificultades externas para la organización antineoliberal se han sumado ciertas limitaciones internas en la capacidad de los movimientos antineoliberales africanos para formar un bloque contrahegemónico. Fundamentalmente, al igual que en América Latina, los movimientos sociales parecen haber tomado cada vez más la iniciativa de las federaciones sindicales tradicionales en la dirección de la protesta social. Sin embargo, aunque estos movimientos han participado en protestas callejeras por importantes cuestiones socioeconómicas, como la financiación de la educación pública, el restablecimiento de los subsidios energéticos, el rechazo de las políticas de austeridad respaldadas por el FMI y el fin de la brutalidad policial, sus esfuerzos han seguido siendo fragmentados y esporádicos. Del mismo modo, no es evidente que los movimientos hayan acogido o defendido nuevos esfuerzos para experimentar con formas de solidaridad directamente productivas, como las cooperativas afiliadas a movimientos y las empresas gestionadas por los trabajadores, o enfoques más igualitarios de la educación política.

Fuera de la fiesta

Estas divergencias son, en algunos aspectos, mayores cuando se compara la trayectoria de la construcción de partidos antineoliberales en ambos continentes. Un punto crucial que hay que destacar es que las vías para la construcción de partidos antineoliberales basados en una federación sindical de orientación izquierdista y anterior a los PAE (como se ha visto en Uruguay, Brasil y Argentina) se han cerrado en gran medida en las democracias multipartidistas africanas, dado que las principales federaciones sindicales se vieron debilitadas o cooptadas (o ambas cosas) tras la aplicación de las políticas de ajuste.

Del mismo modo, no hemos asistido al surgimiento de movimientos sociales capaces de unificar una diversidad de fuerzas bajo un paraguas partidista antineoliberal unificado. Por el contrario, la competencia electoral en los contextos multipartidistas africanos ha tendido a intensificar la fragmentación de los movimientos sociales debido a las diferencias ideológicas, que a menudo se dividen entre liberales y radicales, o entre grupos rivales de izquierda.

Este panorama de movimientos fragmentados, unido a la incapacidad de crear instituciones que sirvan de anclaje, ha hecho que las vías centradas en los líderes para la creación de partidos antineoliberales hayan sido la opción más viable en el contexto de la política multipartidista africana. En este sentido, el Congreso de Acción Africana (AAC) de Nigeria y los Luchadores por la Libertad Económica (EFF) de Sudáfrica, ambos intentos contradictorios de forjar partidos antineoliberales, podrían considerarse ejemplares. Ambos partidos están centrados en sus líderes, y los activistas del movimiento dependen del carisma de estos para salvar las divisiones entre los distintos grupos de apoyo y agendas. Ambos partidos han logrado una representación electoral mínima, y el EFF, que ha tenido más éxito, se ha basado en Gauteng para asegurarse una presencia marginal en el Parlamento, mientras que los éxitos del AAC no han ido más allá de la reciente obtención de dos escaños en los consejos de los estados de Bauchi y Jigawa.

Si bien los líderes de ambos partidos articulan posiciones antineoliberales, no es evidente que se hayan embarcado en un proyecto a largo plazo para profundizar la agitación antineoliberal. De hecho, otros marcos competitivos, como la brutalidad policial, la corrupción y la explotación de los jóvenes, en el caso del AAC, y el empoderamiento económico de un electorado negro más joven, en el caso del EFF, parecen competir con críticas económicas más sistémicas. Tampoco los beneficios desproporcionados del sistema neoliberal en términos de clase parecen constituir un elemento central del marco discursivo articulado por ambos partidos. Estos ejemplos ilustran las posibilidades y los límites tanto de los movimientos como de la actividad de los partidos en algunos de los contextos contemporáneos en los que la agitación contra el statu quo ha sido más explícitamente antineoliberal.

¿Latinamericanización en África?

Varias condiciones internas de los movimientos sociales y los partidos de izquierda en África han impedido el tipo de resurgimiento antineoliberal que se ha producido en los Estados de la marea rosa latinoamericana. Las limitaciones persistentes de los movimientos sociales para enmarcar el neoliberalismo como el problema central y adoptar formas democráticas directas de educación y producción políticas han contribuido a bloquear el camino de la protesta a la construcción de instituciones. El nacimiento de partidos-movimientos centrados en líderes tampoco ha creado una apertura significativa en el ámbito electoral para «superar» estas limitaciones institucionales en la organización basada en movimientos. Podría decirse que aún más devastador que la fragmentación ha sido el fracaso a la hora de desarrollar instituciones de anclaje capaces de sostener la solidaridad y el crecimiento dentro de los distintos movimientos entre períodos de movilización masiva.

Sin embargo, algunos de los elementos externos del contexto político y económico actual en África parecen alinearse más estrechamente con los contextos en los que surgió la marea rosa. El fin del falso optimismo del «auge de África», la intensificación de la crisis del coste de la vida en todo el continente —especialmente a raíz de la pandemia de COVID-19 y la guerra entre Rusia y Ucrania— y el resurgimiento de una deuda agobiante y de unos sistemas de partidos cada vez más deslegitimados sugieren que el control de los últimos neoliberales africanos es cada vez más débil.

Si la marea rosa nos enseñó algo, es que la crisis por sí sola no basta; lo que importa es cómo responden los movimientos. Que el descontento emergente en África dé lugar a una alternativa antineoliberal duradera puede depender de si los movimientos actuales son capaces de hacer lo que no hicieron sus predecesores: construir instituciones que sirvan de ancla, experimentar con formas solidarias de supervivencia y rearticular la clase no solo como motivo de queja, sino como estrategia. En otras palabras, la marea no llegará por sí sola, hay que darle la vuelta.

Sa’eed Husaini es investigador del Centro para la Democracia y el Desarrollo en Abuja (Nigeria) y editor regional de Africa Is a Country.

VOLVER AL INDICE

3. Golpe al sistema científico nuclear iraní.

Aunque parece que los israelíes también recibieron lo suyo, no hay que minimizar el fuerte impacto que el asesinato de científicos nucleares ha tenido en las capacidades futuras de ese país. Un reportaje de The Cradle.

https://thecradle.co/articles/israels-war-on-irans-scientific-resistance-inside-the-targeted-killings-of-nuclear-minds

La guerra de Israel contra la ciencia iraní: dentro de los asesinatos selectivos de mentes nucleares

En una sola semana de ataques, el Estado ocupante podría haber acabado con más de una década de avances nucleares iraníes al asesinar a figuras clave de las instituciones científicas y de defensa del país.

Fereshteh Sadeghi

4 DE JULIO DE 2025

En la madrugada del 13 de junio, Israel lanzó una ola sin precedentes de ataques aéreos contra territorio iraní. La primera ronda desató la campaña de asesinatos más sistemática contra científicos nucleares y mandos militares de Teherán en la historia reciente.

Mientras que los medios de comunicación estatales informaban de la muerte de más de 35 altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), entre ellos su comandante, el general de brigada Hussein Salami, los objetivos menos publicitados de Israel eran los arquitectos científicos responsables de los avances nucleares y tecnológicos de Irán.

El 14 de junio, el ejército israelí declaró que «las FDI eliminaron a nueve científicos nucleares y expertos del proyecto nuclear iraní». Posteriormente, una infografía elevó esa cifra a 11.

Gráfico publicado por el ejército israelí en el que se muestran los científicos iraníes asesinados por Israel durante su guerra contra Irán.
Sin embargo, la investigación de The Cradle confirma que al menos 17 figuras científicas destacadas fueron asesinadas, entre ellas un destacado investigador en inteligencia artificial.

Esta nueva fase de la guerra de Israel contra Irán marca un cambio de los asesinatos encubiertos a los asesinatos abiertos y dirigidos contra objetivos militares, lo que difumina la línea entre la guerra psicológica y la eliminación en el campo de batalla.

Los científicos en el punto de mira de Tel Aviv

Entre los eliminados en los ataques israelíes se encontraban dos figuras destacadas: Mohammad-Mehdi Tehranchi y Fereydoun Abbasi, ambos colaboradores desde hace mucho tiempo de la investigación nuclear y de defensa de Irán.

Tehranchi, que había obtenido su doctorado en el Instituto de Física y Tecnología de Moscú, era profesor de la Universidad Shaheed Beheshti y físico teórico, dirigía el Consejo Supremo de Ciencia, Investigación y Tecnología de Irán y era presidente de la Universidad Islámica Azad.

También estaba estrechamente vinculado al Proyecto Amad, el supuesto programa de investigación iraní anterior a 2004 acusado por los Estados occidentales de perseguir la capacidad de fabricar armas nucleares, y fue sancionado por el Tesoro de los Estados Unidos en 2020.

Según la inteligencia estadounidense, Tehranchi ejerció de supervisor en el programa, que era administrado a través de la Organización de Innovación y Investigación Defensiva (SPND), afiliada al Ministerio de Defensa.

La importancia de esta conexión quedó patente el 25 de junio, cuando aviones de combate israelíes atacaron e impactaron en edificios pertenecientes tanto a la SPND como al Ministerio de Defensa, lo que supuso un ataque directo a la infraestructura institucional que sustenta las capacidades científicas estratégicas de Irán.

Su estrecha amistad con Mohsen Fakhrizadeh, el científico iraní de más alto rango asesinado hasta la fecha, lo situó directamente en el punto de mira de Tel Aviv.

Tras la muerte de Fakhrizadeh, en noviembre de 2020, Tehranchi había estado bajo protección las 24 horas del día. Los israelíes atacaron su residencia y lo mataron a él, a su esposa y a cuatro guardaespaldas.

Fotografía de Mohammad-Mehdi Tehranchi y su esposa, asesinados por Israel durante la guerra de 12 días.
Abbasi, la segunda figura más importante, había dirigido anteriormente la Organización de Energía Atómica de Irán (AEOI) y había sobrevivido a un intento de asesinato en 2010, el mismo día en que fue asesinado su colega Majid Shahriyari. Abbasi, que era parlamentario en el momento de su muerte, no era solo un objetivo simbólico, sino un colaborador activo en la planificación nuclear de Irán.

Decapitar el núcleo científico de Irán

Más allá de estas dos figuras de alto perfil, la lista de los asesinados revela la profundidad y la intención de la operación de Tel Aviv. Abdolhamid Minouchehr, decano de ingeniería nuclear de la Universidad Shaheed Beheshti, fue uno de los primeros en morir. También lo fue Akbar Motalebizadeh, físico nuclear y profesor que había sucedido a Fakhrizadeh al frente del SPND y que murió junto a su esposa en Absard, la misma ciudad donde Fakhrizadeh fue asesinado cuatro años antes.

Saeed Barji Kazerouni, profesor de la Universidad Malek Ashtar y experto en aplicaciones nucleares en petroquímicos, también fue objetivo. Llevaba mucho tiempo en la lista negra del Tesoro de Estados Unidos por sus contribuciones a la investigación nuclear pacífica.

Amir-Hussein Faghhi, profesor de 45 años especializado en aplicaciones médicas nucleares y radiofármacos, era presidente del Instituto de Ciencia y Tecnología Nuclear. Era considerado por muchos como el heredero del legado científico de Shahriyari. El colega de Faghhi, Ahmadreza Zolfaghari Dariani, otro físico de la Universidad Shaheed Beheshti y miembro del comité de supervisión nuclear de Irán, también fue asesinado, junto con toda su familia.

Entre las demás víctimas se encontraban Mansour Asgari, ingeniero de reactores nucleares y veterano de guerra, cuyo campo de trabajo era principalmente el de los materiales avanzados y los reactores nucleares. Era uno de los científicos objetivo de la primera fase de los ataques aéreos israelíes, en los que perdió la vida junto con su esposa, su hija, ginecóloga, y su nieta.

Ali Bakouei Katirimi, experto en física molecular de la Universidad Tarbiyat Moddaress, fue asesinado, al igual que Seyed Issar Tabatabaei Ghomsheh, especialista en metalurgia de la Universidad Tecnológica Sharif, cuyo trabajo se había mantenido en secreto debido a las constantes amenazas israelíes.

También fue asesinado Seyyed Asghar Hashemi-Tabar, experto en programas de misiles y doctor por la Universidad Nacional de Defensa de Irán.

Había sido mencionado en informes relacionados con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) por su contribución a la dimensión militar del programa nuclear iraní.

Mohammadreza Sediqi Saber, experto en materiales energéticos de la Universidad Malek Ashtar, sobrevivió inicialmente a un ataque israelí que mató a su hijo. Él y 13 de sus familiares murieron en un segundo ataque selectivo días después.

Imagen que muestra la casa destruida de Mohammadreza Sediqi Saber, bombardeada por Israel, y los miembros de su familia que murieron.
Entre los demás científicos asesinados se encontraba Soleiman Soleimani, experto en ingeniería química de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Irán. Según la agencia de noticias ISNA, estaba afiliado al SPND del Ministerio de Defensa, lo que le convertía en un objetivo de alta prioridad.

También murió Seyed Mostafa Sadat Armaki, profesor especializado en instrumentación nuclear y aceleradores eléctricos, que falleció junto con su esposa, sus tres hijos y sus suegros en un ataque directo contra su residencia. Ali Bokaei Karimi, identificado por The Cradle como profesor asociado de ingeniería electrónica en la Universidad de Kashan, fue uno de los asesinados en los ataques israelíes contra esa ciudad. El ataque contra Kashan se cobró al menos 23 vidas, 15 de las cuales eran miembros de la Fuerza Aeroespacial del IRGC.

Imagen publicada por los medios de comunicación iraníes que muestra a civiles muertos por los ataques aéreos israelíes durante la guerra entre Israel e Irán.
Alireza Zeinali, experto en metalurgia, fue asesinado junto a sus dos hijas, mientras que Mohammadreza Zakerian, un joven investigador aclamado por el Ministerio de Ciencia de Irán como uno de los principales especialistas en inteligencia artificial y tecnología, fue asesinado junto con su esposa y sus dos hijos.

El papel del OIEA y la complicidad occidental

Expertos y funcionarios de seguridad iraníes llevan mucho tiempo advirtiendo del papel del OIEA en la exposición de sus científicos. Según Mehdi Khanalizadeh, experto en asuntos internacionales entrevistado por The Cradle, el OIEA tiene registros detallados del personal nuclear de Irán, datos que podrían haber sido compartidos, directa o indirectamente, con la inteligencia israelí. Esta sospecha tiene raíces profundas.

En 2018, los estudiantes de la Universidad Shaheed Beheshti protestaron contra una visita del OIEA y denunciaron a los inspectores como espías. Cuatro de los profesores que acogieron esa inspección fueron asesinados posteriormente. Para el profesor Ali-Akbar Mottakan, de la Universidad Shaheed Beheshti, la amenaza de un nuevo acceso de la AIEA pesaba mucho sobre sus colegas, afirmando: «Todos estaban preocupados por que la AIEA volviera a inspeccionar la Facultad de Ingeniería Nuclear, afirmando que son espías».

El experto en relaciones internacionales Mehdi Khanalizadeh comparte una valoración más sombría con The Cradle:

«El OIEA tiene informes oficiales sobre todos y cada uno de los científicos relacionados con el programa nuclear iraní… La agencia también tenía los nombres de todos los mártires que trabajaban con el Ministerio de Defensa».

También señala otra fuente de exposición: la ya famosa operación israelí de enero de 2018, en la que agentes del Mossad irrumpieron en un almacén del Ministerio de Defensa en Shourabad, al suroeste de Teherán. El equipo israelí mató al menos a dos guardias y se llevó más de 100 000 documentos sensibles, incluida información detallada sobre la instalación nuclear de Fordow y listas de personal. Solo dos meses después, el primer ministro israelí, Netanyahu, apareció en televisión para mostrar el archivo robado y reveló públicamente, por primera vez, la imagen de Mohsen Fakhrizadeh.

La organización de vigilancia Iran Watch, con sede en Wisconsin, citó posteriormente uno de esos archivos de la AIEA para acusar al científico Asghar Hashemi-Tabar de estar «asociado con la posible dimensión militar del programa nuclear iraní».

Violaciones desde dentro

Si bien el espionaje extranjero desempeñó un papel decisivo, las deficiencias en la seguridad interna de Irán agravaron la crisis. Los datos personales de varios científicos eran accesibles en línea o se filtraron por descuido. En 2021, tras una disputa estudiantil en la Universidad Islámica Azad, se publicaron en las redes sociales los nombres y datos de los guardaespaldas del presidente Tehranchi. La filtración, desestimada por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, fue calificada de espionaje por funcionarios de la universidad.

Se produjeron más violaciones a través de registros comerciales y bases de datos pirateadas. En un caso, un hombre localizó la dirección y el documento nacional de identidad de Fereydoun Abbasi a través de un sitio web de información empresarial y documentos judiciales pirateados. La plataforma dejó de estar disponible poco después de que el vídeo se hiciera viral.

Un vídeo de 2021 de Tasnim News, un medio de comunicación cercano al IRGC, mostraba a Amir-Hussein Faghhi hablando en detalle sobre su mentor, Majid Shahriyari. Ese vídeo resurgió tras el asesinato de Faghhi.

A pesar de los intentos de anonimizar a los miembros del cuerpo docente relacionados con el programa nuclear, como la eliminación de sus nombres de los sitios web de las universidades, décadas de infiltración del Mossad y años de negligencia oficial dejaron vulnerable al cuerpo científico iraní.

Tampoco se han rechazado las afirmaciones sobre la infiltración extranjera directa, especialmente tras la detención en 2016 de un médico iraní experto en medicina de catástrofes por los servicios de inteligencia del Gobierno. Ahmadreza Jalali fue condenado por filtrar información sobre algunos científicos nucleares al Mossad durante sus años de cooperación con el Ministerio de Defensa de Irán. Sus filtraciones llevaron al asesinato de Majid Shariyari y Masoud Ali-Mohammadi en 2010. Jalali fue detenido seis años después y condenado a muerte.

De las operaciones encubiertas a la guerra abierta

Durante un periodo de 14 años, que comenzó en enero de 2006 con el asesinato del científico nuclear Ardeshir Hossein-pour y terminó con el sonado asesinato de Mohsen Fakhrizadeh en noviembre de 2020, Israel eliminó a seis científicos iraníes clave utilizando coches bomba, explosivos magnéticos y ataques por control remoto.

En solo doce días en 2025, el Estado ocupante mató al menos a 17 más. El mensaje era claro: Tel Aviv ya no se esconde tras una negación plausible. La guerra encubierta es ahora abierta.

Los funcionarios iraníes insisten en que estos asesinatos no descarrilarán su progreso. Sin embargo, la magnitud de las pérdidas es innegable. En respuesta, el 2 de julio, el presidente iraní Masoud Pezeshkian promulgó una ley que suspende la cooperación con el OIEA y prohíbe a los inspectores acceder a las instalaciones nucleares o a los científicos.

Pero el daño ya está hecho. Israel ha demostrado que puede atacar no solo la infraestructura nuclear de Irán, sino también las mentes que hay detrás. Si Teherán no revisa radicalmente sus protocolos de seguridad, pronto podría enfrentarse a otra generación de mártires, esta vez no en el campo de batalla, sino en los laboratorios, las aulas y los hogares.

Imagen publicada por los medios de comunicación iraníes en la que aparecen comandantes y miembros del IRGC asesinados por Israel durante su guerra contra Irán.

VOLVER AL INDICE

4. Los daños a Israel.

Como decíamos, si Irán sufrió, Israel también se llevó lo suyo. Al menos según el análisis de Mike Whitney, aunque dado el secretismo israelí es difícil valorar si lo que dice es completamente cierto, o tiene bastantes elementos de propaganda.

https://www.unz.com/mwhitney/heres-proof-that-israel-lost-the-war/

Aquí está la prueba de que Israel perdió la guerra

(y las señales de que el conflicto está a punto de reanudarse)

Mike Whitney • 28 de junio de 2025

No se le está diciendo al pueblo estadounidense por qué Israel aceptó un alto el fuego con Irán. Sí, Israel se estaba quedando rápidamente sin interceptores de defensa aérea (lo que lo hacía más vulnerable a los ataques iraníes). Pero esa cuestión es solo de importancia secundaria. La verdadera razón por la que querían un alto el fuego era porque estaban siendo sistemáticamente pulverizados y necesitaban detener la hemorragia rápidamente. Por eso Israel «tiró la toalla» menos de dos semanas después de la salva inicial, porque Irán estaba diezmando un objetivo tras otro sin que se vislumbrara un final. Así que Israel capituló.

Por supuesto, esa no es la historia que hemos leído en los medios occidentales, donde no se menciona la vasta destrucción de objetivos estratégicos israelíes (por misiles balísticos iraníes); esa noticia ha sido completamente omitida en la cobertura de los principales medios de comunicación. Pero por eso Israel convenció a Trump de que buscara una salida diplomática, porque las pérdidas empezaban a acumularse y Irán no «cedía».

¿Sabía usted que es ilegal publicar vídeos o fotos de edificios que han sido alcanzados por misiles iraníes en Israel? En otras palabras, si publica fotos de edificios en llamas, infraestructuras o bases militares, irá a la cárcel. Así es como el Gobierno controla la narrativa y convence al público de que está ganando una guerra que en realidad está perdiendo. Pero no se fíe de mi palabra; aquí tiene un vídeo de un presentador de noticias israelí que explica cómo la censura del Gobierno está afectando a la capacidad de la población para entender lo que está pasando:

Raviv Drucker, de CH13: Tenemos que decir que hay un cierto sesgo iraní en la forma en que informamos sobre los ataques con misiles en nuestro lado. No me refiero al Instituto Weizmann, pero hubo muchos impactos de misiles en bases de las FDI, en lugares estratégicos, de los que aún no hemos informado. Y hay una razón clara para ello, que todo el mundo en casa entiende. Pero, además de esa razón clara, se ha creado una situación en la que la gente no se da cuenta de la precisión de los iraníes y del daño que han causado en muchos lugares. Solo sabemos lo del Instituto Weizmann; hay muchos lugares de los que no sabemos nada. https://twitter.com/SuppressedNws/status/1938336639748624420

Repito: se ha creado una situación en la que la gente no se da cuenta de la precisión de los iraníes y del daño que han causado en muchos lugares.

¿Qué podemos deducir de esta declaración?

Que la nueva generación de misiles balísticos de Irán es abundante, precisa y letal. Hay que reconocer que el presentador parece pensar que la gente común merece saber sobre estas armas de última generación para poder tomar decisiones informadas sobre su propia seguridad. Estamos de acuerdo con este punto de vista, pero también sabemos que los medios de comunicación, fuertemente censurados, controlados por el Estado y con una agenda propia, no van a cambiar su forma de difundir la información. Al fin y al cabo, el objetivo de los medios de comunicación no es informar, sino moldear la opinión pública.

Pero nos estamos desviando del tema. Lo que queremos mostrar es que Israel no aceptó el alto el fuego porque hubiera logrado sus objetivos estratégicos, sino porque estaba recibiendo una paliza y quería detener la hemorragia. Llegamos a esa conclusión basándonos en una breve lista de las principales instalaciones militares, de inteligencia, industriales, energéticas y de I+D que fueron alcanzadas por misiles balísticos de precisión que causaron estragos en todo Israel.

Tengan en cuenta que la Operación True Promise III lanzó nada menos que 22 salvas de misiles balísticos de última generación (muchos de ellos utilizados por primera vez) que asestaron golpes devastadores a varios emplazamientos israelíes fuertemente fortificados que se consideraban «las bases militares más protegidas del mundo». Los misiles iraníes atravesaron las defensas israelíes como si fueran papel, reduciendo sus objetivos a metal retorcido y bloques de ceniza. (Un experto en armamento estima que solo el 5 % de los misiles balísticos iraníes fueron interceptados). Esto es un extracto de un artículo de Press TV:

Irán destruyó el llamado «Pentágono israelí», el complejo militar y de inteligencia Kirya, situado en el centro de Tel Aviv, que aparece como un casco humeante en las pocas fotos publicadas en X. A pesar de ser uno de los lugares más fortificados de los territorios ocupados, protegido por un escudo multicapa de sistemas de defensa israelíes y estadounidenses, el complejo fue incapaz de repeler el aluvión de misiles iraníes en las primeras fases de True Promise III…

En Haifa, un misil iraní de precisión impactó en un rascacielos que albergaba sucursales del Ministerio del Interior israelí responsable de la coordinación militar interna. El ataque interrumpió las redes logísticas y los sistemas de respuesta de emergencia a nivel municipal. Press TV

Los misiles iraníes también destruyeron el cuartel general de la inteligencia militar Aman en el intercambiador de Glilot Mizrah, cerca de Herzliya. Aman supervisa unidades de espionaje de élite como la Unidad 8200 (inteligencia de señales), la Unidad 504 (inteligencia humana) y la Unidad 9900 (inteligencia geoespacial). El complejo también alberga el cuartel general operativo del Mossad, la famosa agencia de inteligencia exterior del régimen israelí…

Irán también atacó la «inexpugnable» base aérea de Nevatim, en el desierto del Negev, con más de 30 misiles balísticos que causaron daños importantes que (por supuesto) no fueron comunicados. Nevatim alberga la mayoría de los F-15 y F-35 de Israel, aunque no tenemos una estimación de cuántos de esos aviones de combate fueron destruidos. Aquí hay más información de Press TV:

Otras bases aéreas atacadas fueron Tel Nof y Ben Gurión, cerca de Tel Aviv; Ramat David, cerca de Haifa; Palmachim, en la costa mediterránea, y Ovda, cerca de Eilat.

Los misiles iraníes, incluidos los utilizados por primera vez, tuvieron como objetivo los centros de mando y control del ejército israelí y del Mossad en Tel Aviv y Haifa…

El 16 de junio, misiles balísticos iraníes alcanzaron la refinería de petróleo de Bazan, en Haifa, el mayor centro de procesamiento de combustible del régimen, que suministra alrededor del 60 % de la gasolina, el 65 % del diesel y más del 50 % del queroseno del país.

Los ataques causaron daños importantes y obligaron al cierre total de la refinería y sus filiales. El ministro de Energía israelí admitió posteriormente que la instalación necesitaría una reconstrucción importante y estimó que no se reanudaría parcialmente antes de un mes.

Una central eléctrica cercana también resultó dañada, lo que provocó apagones generalizados en las regiones centrales de los territorios ocupados.

El 23 de junio, misiles iraníes impactaron cerca de una central eléctrica en Ashdod, provocando una potente explosión y apagones localizados. También se registraron explosiones y cortes de electricidad cerca de Hadera, donde se encuentra Orot Rabin, la mayor central eléctrica de Israel.

Además, Irán atacó directamente instalaciones militares e industriales implicadas en la reciente agresión israelí. El principal de ellos fue el complejo Rafael Advanced Defense Systems, al norte de Haifa, que alberga múltiples fábricas y edificios de I+D que producen elementos clave del armamento militar israelí.

Rafael fabrica los interceptores de misiles Iron Dome y David’s Sling, ambos fallidos en repetidas ocasiones a la hora de detener misiles palestinos e iraníes. También produce misiles de crucero y guiados utilizados en ataques contra Irán, incluidos los kits Spice y los misiles Popeye, Rocks, Spike y Matador.

La zona industrial de Kiryat Gat, un importante centro de producción de microprocesadores y tecnología militar de alta gama, también fue atacada. Según se informa, los ataques iraníes dañaron líneas de producción clave para los programas de drones y vigilancia de Israel.

Más al sur, el parque tecnológico Gav-Yam Negev, cerca de Beersheba, que alberga empresas dedicadas a la guerra cibernética, la inteligencia artificial y la tecnología militar, tampoco se salvó. Muchas de estas empresas colaboran estrechamente con el ejército israelí y el Mossad.

Otro objetivo de alto perfil fue el Instituto Weizmann de Ciencias, en Rehovot, al sur de Tel Aviv. Conocido por su I+D militar y sus asociaciones con agencias militares israelíes, el instituto sufrió daños devastadores en laboratorios clave. Miembros y profesores del instituto confirmaron la pérdida de años de investigación. El Instituto Weizmann también desempeña un papel en el programa nuclear clandestino de Israel, ya que muchos de los científicos nucleares de Dimona se han graduado o han enseñado en el instituto. Press TV

Resumamos: en poco más de una semana, Irán atacó o destruyó:

  1. El «Pentágono israelí», el complejo militar y de inteligencia de Kirya
  2. El Instituto Weizmann de Ciencias, que desempeña un papel en el programa nuclear clandestino de Israel
  3. El cuartel general de inteligencia militar Aman en el intercambiador de Glilot Mizrah, cerca de Herzliya. Aman supervisa unidades de espionaje de élite como la Unidad 8200 (inteligencia de señales), la Unidad 504 (inteligencia humana) y la Unidad 9900 (inteligencia geoespacial).
  4. Las ramas del Ministerio del Interior israelí responsables de la coordinación militar interna.
  5. El cuartel general operativo del Mossad.
  6. La base aérea más protegida de Israel, Nevatim (y la base aérea de Tel Nof).
  7. El aeropuerto Ben Gurión (en repetidas ocasiones), así como Ramat David, Palmachim y Ovda, cerca de Eilat.
  8. Los centros de mando y control del ejército israelí y del Mossad en Tel Aviv y Haifa…
  9. La refinería de petróleo Bazan en Haifa, el mayor centro de procesamiento de combustible de Israel
  10. Una gigantesca central eléctrica en Ashdod, que provocó una potente explosión y apagones localizados.
  11. El complejo Rafael Advanced Defense Systems, al norte de Haifa, que alberga múltiples fábricas y edificios de I+D que producen elementos clave del hardware militar de Israel
  12. La zona industrial de Kiryat Gat, un importante centro de producción de microprocesadores y tecnología militar de alta tecnología
  13. El Parque de Tecnologías Avanzadas Gav-Yam Negev, cerca de Beersheba, que alberga empresas que trabajan en ciberguerra, inteligencia artificial y tecnología militar.

Tel Aviv al atardecer

¿Se hace una idea? En solo 10 días (del 13 al 23 de junio), el ejército iraní destruyó meticulosamente una parte considerable de las instalaciones militares, de inteligencia, industriales, energéticas y de I+D más prestigiosas de Israel en todo el país. (¿Ha leído algo al respecto en los medios de comunicación occidentales?) Si la guerra hubiera continuado durante una o dos semanas más, Tierra Santa se habría convertido en un páramo humeante del tercer mundo, inhabitable para los seres humanos. En resumen, no se trató de un alto el fuego normal. Fue una capitulación desesperada de un adversario superado que se dio cuenta rápidamente de que estaba peleando «por encima de su peso». Así lo resumió Trump:

«Israel recibió un golpe muy duro. Esos misiles balísticos, chico, derribaron muchos edificios», dijo Trump a los periodistas en la cumbre de la OTAN en La Haya el miércoles. https://twitter.com/i/status/1937812706599252198

Sí, Israel recibió una verdadera paliza.

Cabe señalar que no existe ningún acuerdo formal entre Irán e Israel. (No hay ningún documento firmado ni compromisos explícitos). El alto el fuego se negoció a través de la diplomacia encubierta, mediada principalmente por Qatar. Un alto funcionario de la Casa Blanca y un diplomático informado sobre las conversaciones indicaron que Israel acordó detener los ataques si Irán cesaba los suyos, e Irán señaló su conformidad con estas condiciones a través de la mediación de Qatar. Trump anunció el alto el fuego como un «alto el fuego completo y total» que se aplicaría gradualmente durante 24 horas, aunque se han producido numerosas violaciones por ambas partes desde que se alcanzó el acuerdo original el 23 de junio. (El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, declaró inicialmente que «no había acuerdo», pero indicó que Irán detendría su respuesta si Israel cumplía su parte del pacto).

El problema, por supuesto, es que el alto el fuego no se va a mantener porque Israel y Estados Unidos ven la tregua como una mera forma de ganar tiempo para reorganizarse y prepararse para la próxima ronda de hostilidades. (Lo mismo que en Minsk). Consideremos los comentarios del ministro de Defensa israelí, Israel Katz, que dijo lo siguiente el sábado:

No suena como un hombre que busca una «paz duradera» o incluso un fin temporal de los combates. Suena como alguien que ya ha decidido una estrategia para reanudar las hostilidades y solo está esperando la luz verde (de Bibi) para poner el plan en marcha.

Pero, ¿cuál podría ser ese plan? Al fin y al cabo, Israel ya estaba empleando su armamento militar de primera línea y sus avanzados sistemas de defensa aérea. ¿Qué otras herramientas tienen que podrían utilizar para obtener un resultado diferente al que acaban de experimentar tras solo 12 días de conflicto?

Aquí es donde la cosa se pone aterradora, porque Israel solo tiene dos opciones: o bien involucra más a Estados Unidos en el conflicto (incluido el despliegue de fuerzas terrestres) o bien «recurre a la opción nuclear». No hay tercera opción. Así que, sea lo que sea lo que Bibi y sus generales tengan « bajo la manga», será de una fuerza y magnitud diferentes a las que vimos durante el último enfrentamiento. Eche un vistazo a esta desconcertante nota de la edición del sábado del Times of Israel:

Tras el ataque estadounidense contra Irán a principios de esta semana, el primer ministro Benjamin Netanyahu y el presidente estadounidense Donald Trump acordaron poner fin rápidamente a la guerra en Gaza y ampliar los Acuerdos de Abraham, según informa Israel Hayom, citando «una fuente familiarizada con la conversación».

Según el medio, Trump y Netanyahu acordaron en una llamada telefónica que la guerra en Gaza terminaría en dos semanas. Cuatro Estados árabes, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos y Egipto, gobernarían conjuntamente la Franja de Gaza en lugar de Hamás. Los líderes del grupo terrorista serían exiliados y todos los rehenes serían liberados.

Sin embargo, los aliados árabes han afirmado en repetidas ocasiones que no participarán en la rehabilitación de Gaza después de la guerra si Israel no acepta que la Autoridad Palestina se establezca en Gaza como parte de una vía hacia una futura solución de dos Estados, pero Netanyahu ha rechazado rotundamente cualquier papel de la Autoridad Palestina en la Franja…

Trump y Netanyahu se unieron a la «eufórica» llamada telefónica de la noche del lunes el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el ministro de Asuntos Estratégicos israelí, Ron Dermer, según Israel Hayom…

Arabia Saudí y Siria establecerían relaciones diplomáticas con Israel, y otros países árabes y musulmanes seguirían su ejemplo… Por su parte, Israel expresaría su apoyo a una futura solución de dos Estados, condicionada a las reformas realizadas por la Autoridad Palestina. Mientras tanto, los líderes acordaron que Washington reconocerá la soberanía israelí en algunas partes de Cisjordania. Times of Israel

Quienes siguen de cerca los acontecimientos en Oriente Medio saben que nada de lo que se dice en este artículo es cierto. No va a haber un fin rápido de la guerra en Gaza, no va a haber una rápida expansión de los Acuerdos de Abraham y, desde luego, no va a haber apoyo israelí a una solución de dos Estados.

Entonces, ¿qué está pasando aquí? ¿Qué sentido tiene esta propaganda sin sentido que nadie en su sano juicio va a creer?

Respondamos a esa pregunta con una hipótesis: supongamos que en las próximas semanas se produce una catástrofe inesperada, similar al 11-S, con todas las huellas de Irán. Y supongamos que esta operación de bandera falsa es tan destructiva que los «sospechosos habituales» del Capitolio y los medios de comunicación exigen a Trump que tome medidas inmediatas y bombardee Irán. Si se diera ese escenario, ¿no sería mejor para Bibi y Trump poder señalar sus recientes esfuerzos por resolver la crisis de Gaza? ¿No se beneficiarían de la percepción (por parte del público) de que habían estado buscando activamente la paz, pero que se vieron inesperadamente frustrados por las acciones de Irán?

Por supuesto que sí.

Por supuesto, todo esto son especulaciones; no sé qué va a pasar. Pero cuando hay radicales como Katz, el ministro de Seguridad Nacional Itamar Ben-Gvir, el ministro de Finanzas Bezalel Smotrich y muchos otros en el gobierno lunático de Netanyahu que creen que Israel debe «mantener la espada en alto» para garantizar que Irán no recupere su capacidad militar (Smotrich), entonces una persona prudente se prepara para lo peor.

Tenga en cuenta que varios líderes israelíes han declarado en repetidas ocasiones que Netanyahu debe «terminar el trabajo», un término intencionadamente vago que se refiere al uso de un arma nuclear.

Para determinar la probabilidad de que esto ocurra, debemos preguntarnos si un gobierno que justifica el asesinato y la inanición forzada de millones de mujeres y niños a su cargo tiene escrúpulos morales para oponerse al uso del arma más letal del mundo.

Todos deberíamos estar muy preocupados por que Netanyahu haga exactamente lo que esperamos que haga.

VOLVER AL INDICE

5. Victoria táctica del imperio, derrota estratégica.

Para que no solo sea Marandi, un artículo de dos académicos iraníes sobre la importancia de la reciente guerra con Israel-EEUU.

https://mronline.org/2025/07/04/the-empires-strategic-failure-how-the-us-israeli-assault-on-iran-accelerated-imperial-decline/

El fracaso estratégico del Imperio: cómo el ataque estadounidense-israelí contra Irán aceleró el declive imperial

Por Taha Zeinali, Sara Larijani (Publicado el 4 de julio de 2025)

El ataque militar estadounidense-israelí contra Irán en junio de 2025 —con la Operación León Levante de Israel y la Operación Martillo de Medianoche de Estados Unidos, a las que se enfrentó la Operación Promesa Verdadera 3 de Irán—, a pesar de lograr victorias tácticas a corto plazo, representa un profundo fracaso estratégico que ha acelerado el declive imperial liderado por Estados Unidos y ha fortalecido las fuerzas antiimperialistas globales. En lugar de consolidar la hegemonía occidental, este acto ilegal de agresión ha puesto de manifiesto las contradicciones terminales de un imperio en declive desesperado por mantener el control unipolar mediante aventuras militares cada vez más agresivas.

El desenmascaramiento del «orden basado en normas»

La instrumentalización de la diplomacia como tapadera de la agresión militar representa una violación fundamental de la arquitectura de confianza del orden internacional. Al lanzar la agresión tras anunciar la sexta ronda de conversaciones entre Estados Unidos e Irán en Mascate —con plena coordinación previa entre Trump y Netanyahu—, Occidente transformó el compromiso diplomático de una herramienta de resolución de conflictos en un engaño táctico para llevar a cabo ataques premeditados. Como sostiene una declaración, «el momento y la magnitud de este ataque no hacen sino subrayar el hecho de que se trata de una campaña orquestada y planificada desde hace tiempo que combina agresión militar, maniobras diplomáticas, guerra de inteligencia, sabotaje y manipulación de los medios de comunicación, ejecutada con la complicidad y el apoyo material de Estados Unidos y sus vasallos». Esta traición calculada, que refleja las fabricaciones sobre las armas de destrucción masiva que permitieron la destrucción de Irak, ha destrozado irrevocablemente la credibilidad de las iniciativas diplomáticas occidentales. El uso estratégico de las negociaciones como tapadera operativa no solo viola los principios básicos del compromiso de buena fe, sino que también sienta un precedente según el cual cualquier futura iniciativa diplomática occidental debe considerarse un posible subterfugio militar, lo que socava fundamentalmente la posibilidad de un diálogo genuino entre Occidente y las naciones del Sur global.

Además, la naturaleza fraudulenta del «orden basado en normas» occidental queda plenamente al descubierto en el teatro diplomático que siguió a los ataques. En un espectáculo de inversión orwelliana, las potencias europeas se apresuraron a culpar a la víctima y a exonerar al agresor. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia condenó «el programa nuclear en curso de Irán» y reafirmó «el derecho de Israel a defenderse», mientras que el ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido pidió «a todas las partes, especialmente a Irán, que actúen con moderación», omitiendo de forma llamativa cualquier crítica a los ataques ilegales de Israel. La respuesta de Alemania resultó muy reveladora: el ministro de Asuntos Exteriores «condenó enérgicamente el ataque iraní contra territorio israelí» incluso antes de la represalia inicial de Irán, mientras que el canciller Friedrich Merz declaró más tarde: «Esto es un trabajo sucio que Israel está haciendo por todos nosotros… Solo puedo decir que tengo el mayor respeto por el hecho de que el ejército israelí haya tenido el valor de hacerlo».

Este giro diplomático —en el que las víctimas se convierten en verdugos— ejemplifica el concepto de lógica orientalista en el discurso occidental de Edward Said: los musulmanes deben aparecer siempre como agresores irracionales, incluso cuando se defienden de ataques no provocados. El débil llamamiento del secretario general de las Naciones Unidas a «todas las partes para que eviten la escalada», sin condenar la agresión y el ataque a las instalaciones nucleares de Irán, es sorprendente y muestra cómo las instituciones internacionales sirven como lo que Noam Chomsky denomina «instrumentos de los poderosos», utilizando una falsa neutralidad para legitimar la violencia imperial. Cabe destacar que, en 1981, la Resolución 487 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas «condenó el ataque militar de Israel contra las instalaciones nucleares iraquíes como una clara violación de la Carta de las Naciones Unidas» y exigió a Israel que «se abstuviera de cometer actos o amenazas de agresión en el futuro».

Este flagrante doble rasero cristalizó una ruptura permanente en la conciencia iraní. Las potencias occidentales, que defendieron de forma refleja la agresión no provocada y condenaron la respuesta defensiva de Irán, destrozaron todas las ilusiones sobre su compromiso con el derecho internacional. Esta traición trascendió la decepción diplomática y puso al descubierto los valores occidentales como meras armas retóricas al servicio de los intereses imperiales. La profundidad de este cambio quedó patente en la canción «Alaj», de Mohsen Chavoshi, publicada el día de los bombardeos estadounidenses, con una letra que decía: «¡Pueblo! El remedio está en la patria. El mundo es mera palabrería; esta batalla es escudo contra escudo. ¡Almas libres del mundo, resuelvan el asunto con los amos de los esclavos!».

Proliferación nuclear: la profecía autocumplida del imperio

La instrumentalización de las evaluaciones técnicas del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) es un ejemplo magistral de manipulación imperial. El informe de junio del director del OIEA se convirtió en un arma estratégica para la agresión israelí y occidental. Un día después del informe exhaustivo y motivado políticamente de la AIEA en el que se acusaba a «Irán de incumplir sus obligaciones», Estados Unidos e Israel lanzaron su ataque, planeado desde hacía tiempo. En este sentido, la verificación sesgada de Grossi sirvió de escenario para la traición militar, ya que Israel y Estados Unidos utilizaron los procesos de la AIEA para justificar una agresión premeditada, demostrando cómo los órganos institucionales y técnicos de la ONU se convierten en cómplices cuando el imperialismo liderado por Estados Unidos utiliza sus «hallazgos» como arma.

En consecuencia, al permitir que sus informes desencadenaran la violencia en lugar de prevenirla, el OIEA demostró que sus evaluaciones sirven a intereses hegemónicos y no a la no proliferación, lo que socava su aparente neutralidad en el Sur global. Como advirtió el experto en proliferación nuclear Jeffrey Lewis, los ataques «enviarán ondas de choque por todo el mundo», ya que las naciones llegarán a la conclusión de que «sin la disuasión nuclear, ninguna nación está a salvo de la agresión occidental».

Los ataques de Estados Unidos e Israel contra las instalaciones nucleares de Irán, aunque logran beneficios tácticos a corto plazo, aceleran paradójicamente la proliferación que pretenden evitar a través de tres mecanismos que se refuerzan entre sí. En primer lugar, al atacar instalaciones pacíficas supervisadas por el OIEA, los ataques transforman un programa transparente y supervisado internacionalmente en uno opaco y fuera del control occidental, ya que Irán traslada sus operaciones a la clandestinidad y deja de cooperar con los inspectores, creando el punto ciego de inteligencia que temían los atacantes. Cuando un programa pacífico bajo supervisión internacional es atacado por los regímenes estadounidense e israelí sin consecuencias para los agresores, se crean poderosos incentivos para trasladar las instalaciones a la clandestinidad y dispersarlas, cesar o limitar la cooperación con los observadores internacionales y acelerar el desarrollo clandestino. Cabe destacar que el Parlamento iraní ratificó inmediatamente la suspensión de la cooperación con el OIEA, mientras otras naciones observaban y aprendían. En segundo lugar, la agresión externa genera una unidad interna sin precedentes y una demanda popular de disuasión nuclear en Irán, transformando lo que antes era una política debatida en una cuestión de supervivencia nacional en todas las facciones políticas. En tercer lugar, la acción militar contra una nación que cumple los acuerdos internacionales destruye cualquier credibilidad diplomática restante y envía un mensaje inequívoco de que el cumplimiento no garantiza la seguridad y que la máxima disuasión es la única estrategia racional. Esto crea un efecto cascada regional en el que otras naciones, al observar que la adhesión al TNP y la cooperación con el OIEA no protegen contra los ataques, concluyen que las armas nucleares sirven «no como amenaza, sino como escudo», lo que podría duplicar el número de Estados con armas nucleares en unas décadas. Así, los ataques destinados a impedir la nuclearización de Irán pueden haber «garantizado, en mayor o menor medida, que Irán sea un Estado nuclear en un plazo de cinco a diez años», según un antiguo inspector del OIEA, transformando la prevención en aceleración a través de una profecía autocumplida de proliferación.

Normalización de la catástrofe: el entumecimiento moral de Occidente

La complicidad de la opinión pública occidental en la normalización de los ataques contra instalaciones nucleares —actos explícitamente prohibidos por el derecho internacional— representa un fracaso moral catastrófico que inevitablemente se volverá en contra de los intereses occidentales. Este entumecimiento ético, que ya es evidente en el silencio sobre el genocidio de Gaza, ha sentado precedentes que comprometen fundamentalmente la seguridad nuclear mundial. Al legitimar los ataques contra infraestructuras nucleares protegidas, los Estados occidentales han creado un manual que cualquier actor puede invocar, transformando sus propias instalaciones nucleares en objetivos legítimos bajo la lógica que ellos mismos han normalizado. Las sofisticadas campañas de asesinatos con drones y cuadricópteros, celebradas en los medios de comunicación occidentales como triunfos tecnológicos, han democratizado las capacidades de ataque de precisión de una manera que perjudica fundamentalmente a las potencias establecidas. La proliferación de pequeños cuadricópteros FPV capaces de penetrar en zonas urbanas e infraestructuras para operaciones terroristas —tácticas perfeccionadas a través de las operaciones del régimen sionista en el interior del territorio iraní— proporciona a los actores asimétricos plantillas rentables para atacar los intereses occidentales. Estos sistemas autónomos letales, aplaudidos cuando se utilizan contra científicos, funcionarios y civiles iraníes, serán inevitablemente replicados por grupos que planean ataques en suelo occidental. La tecnología no puede contenerse; una vez normalizados como guerra legítima, estos métodos se convierten en herramientas universalmente disponibles que favorecen a los actores más débiles frente a adversarios tecnológicamente superiores.

Este efecto boomerang se extiende más allá de las tácticas hasta las vulnerabilidades fundamentales de la seguridad. El apoyo occidental a los ataques indiscriminados con cuadricópteros que matan a civiles junto con los objetivos previstos ha legitimado una forma de guerra en la que se disuelve la distinción entre combatientes y no combatientes. El precedente de atacar instalaciones nucleares, algo que antes se consideraba un tabú absoluto, significa que la infraestructura nuclear occidental opera ahora bajo la amenaza constante de ataques similares, justificados por la misma lógica que defendían los Estados occidentales. La complicidad de la opinión pública occidental al respaldar estas violaciones del derecho internacional no solo ha erosionado la autoridad moral, sino que ha creado riesgos tangibles para la seguridad que perseguirán a sus sociedades durante generaciones.

Fabricando el consentimiento para la agresión

La campaña mediática sistemática siguió el modelo propagandístico que Herman y Chomsky documentaron hace décadas. Los medios occidentales presentaron sistemáticamente los ataques israelíes no provocados como «defensivos» mientras Irán negociaba activamente; amplificaron las afirmaciones falsas sobre amenazas nucleares inminentes a pesar de las contradicciones de la AIEA; minimizaron las bajas civiles iraníes (más de 600 muertos) mientras enfatizaban los objetivos militares israelíes; y transformaron la respuesta moderada de Irán en una «escalada».

Esta operación transparente, que recuerda los engaños sobre las armas de destrucción masiva en Irak, ha acelerado el colapso de la credibilidad de los medios occidentales en todo el Sur Global, empujando a las audiencias hacia fuentes de información alternativas. Para el público iraní, esta campaña mediática ha desenmascarado definitivamente la supuesta neutralidad del periodismo occidental como un consentimiento fabricado al servicio de las narrativas imperiales. La descarada distorsión de la realidad —presentar una clara agresión como defensa propia y calificar de terrorismo una legítima represalia— ha alterado la forma en que los iraníes ven las fuentes de información occidentales. Esto representa algo más que escepticismo hacia los medios de comunicación; ha desencadenado la aparición de una ruptura epistemológica en la que las poblaciones rechazan no solo las conclusiones occidentales, sino los propios marcos a través de los cuales Occidente interpreta los acontecimientos mundiales.

El boomerang de la estrategia de cambio de régimen

Más allá de atacar las capacidades nucleares de Irán, Israel y Estados Unidos persiguieron el cambio de régimen mediante asesinatos selectivos de mandos militares y ataques sistemáticos contra infraestructuras civiles. Esta estrategia interpretó erróneamente tanto la resistencia militar de la República Islámica como la respuesta de la sociedad iraní a la agresión externa.

La campaña de asesinatos tenía como objetivo neutralizar la capacidad de represalia del IRGC mediante el impacto y la decapitación. A pesar de haber logrado martirizar a numerosos altos mandos, los misiles iraníes alcanzaron Tel Aviv en menos de 24 horas con un impacto devastador, destrozando las expectativas de Israel y Estados Unidos de paralizar la estructura de mando.

Israel atacó entonces deliberadamente infraestructuras civiles, en particular los estudios de televisión de la IRIB, con el fin de crear el caos que desencadenara un levantamiento popular. Este terrorismo calculado mató a más de 600 civiles, pero produjo el efecto contrario: una unidad nacional sin precedentes que trascendió las divisiones políticas. La icónica imagen de una presentadora iraní continuando su emisión mientras caían las bombas se convirtió en un símbolo de desafío. Incluso los críticos del Gobierno se unieron para defender la soberanía contra la agresión extranjera. Como señaló un profesor de Teherán: «Nos unieron de una manera que nuestro Gobierno nunca podría haberlo hecho». La difícil elección entre oponerse al propio Gobierno y defender la nación se disolvió ante la agresión externa. Al final, la oposición al cambio de régimen vio cómo sus esperanzas se desmoronaban cuando la República Islámica demostró una resistencia inesperada y los iraníes se unieron en apoyo de los defensores militares a pesar del sorprendente ataque terrorista.

El suicidio político de la oposición

El apoyo de la oposición a los ataques militares extranjeros acabó siendo políticamente fatal. Las figuras favorables al cambio de régimen que respaldaron el ataque estadounidense-israelí, de forma explícita o implícita, se vieron completamente aisladas de la opinión pública iraní. Su alineamiento con las fuerzas que bombardeaban a civiles iraníes fue ampliamente considerado como traición. Las figuras de la oposición que habían cultivado su perfil internacional a través de los medios de comunicación occidentales y la financiación, los premios Nobel y los premios culturales vieron desaparecer de la noche a la mañana décadas de credibilidad. Al pedir el derrocamiento del régimen mientras las bombas extranjeras caían sobre sus compatriotas, cometieron lo que los analistas denominaron «suicidio político», destruyendo para siempre su viabilidad como alternativas políticas.

Irán transformado

Las víctimas civiles y los daños a las infraestructuras también intensificaron el sentimiento antiamericano y antiisraelí en toda la sociedad iraní, que cobró un nuevo impulso emocional como respuesta directa a la agresión militar. Este cambio emocional fortaleció a los elementos pro-resistencia dentro de Irán, al tiempo que desacreditó a quienes habían abogado por el compromiso diplomático con Occidente con la esperanza de normalizar las relaciones.

Así, la estrategia de cambio de régimen logró lo contrario de lo que pretendía: en lugar de debilitar a la República Islámica de Irán, consolidó el apoyo interno a la resistencia contra la intervención extranjera, eliminó las alternativas viables de la oposición y proporcionó al Gobierno una legitimidad renovada como defensor de la soberanía nacional frente a la agresión extranjera.

A pesar de las pérdidas militares tácticas, Irán salió políticamente más fuerte y con una mayor cohesión nacional.

Los ataques contra una nación activamente comprometida en las negociaciones generaron un amplio apoyo interno a la resistencia, lo que fortaleció las fuerzas de defensa y la legitimidad del IRGC como defensor de la soberanía nacional. La advertencia del líder supremo Jamenei de que Irán «no se rendirá» a la agresión extranjera resonó en toda la sociedad iraní, mientras que los ataques sistemáticos contra científicos nucleares y mandos militares se percibieron como un ataque a la propia civilización iraní. La agresión dio la razón a décadas de advertencias iraníes sobre las intenciones imperialistas occidentales.

La ilusión de la supremacía aérea

El logro de la superioridad aérea temporal por parte de Israel y Estados Unidos mediante ataques terroristas desde dentro de Irán no logró los objetivos estratégicos. Como señalan los historiadores militares, traducir el éxito táctico en éxito estratégico requiere más de lo que puede ofrecer el poder aéreo. A pesar de las más de 1000 salidas de aviones israelíes, el programa nuclear iraní solo sufrió un deterioro temporal. Las evaluaciones de los servicios de inteligencia estadounidenses concluyeron que los ataques «solo retrasaron» las capacidades «unos meses». Además, los servicios de inteligencia estadounidenses no pueden confirmar con certeza el éxito del bombardeo de Fordow ni si las reservas de uranio enriquecido fueron trasladadas antes del ataque.

Este resultado incierto confirma la lección histórica que ninguna potencia imperial parece capaz de aprender: el poder aéreo por sí solo no puede alcanzar objetivos políticos. Desde Vietnam hasta Afganistán, la ilusión de que la superioridad tecnológica se traduce en control político se ha demostrado falsa en repetidas ocasiones.

El mito de la impenetrable defensa aérea de Israel

La ofensiva con misiles sin precedentes de Irán durante la Operación True Promise III asestó un golpe estratégico decisivo a la disuasión israelí al poner de manifiesto vulnerabilidades críticas en su arquitectura de defensa aérea. Con el lanzamiento de más de 550 misiles balísticos junto con más de 1000 drones en oleadas coordinadas, Irán demostró su capacidad para llevar a cabo ataques de saturación que abrumaron los sistemas defensivos a pesar de las altas tasas de interceptación.

La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán puso de manifiesto la insostenibilidad económica del dominio militar imperial. Israel gastó misiles interceptores más rápido que su capacidad de producción, lo que le obligó a depender de municiones estadounidenses cada vez más caras. La respuesta asimétrica de Irán, que utilizó drones y misiles relativamente baratos, demostró cómo «la curva de coste-beneficio se invierte» cuando «drones de 10 000 dólares de ida» amenazan «misiles de 2 millones de dólares». La aritmética económica del declive imperial se manifestó claramente en la dinámica de los costes del conflicto. Israel gastó misiles interceptores más rápido que su capacidad de producción, cada interceptor Arrow de 3 millones de dólares derribaba un dron iraní de 10 000 dólares, lo que un analista denominó una «curva de costes invertida» que garantiza la quiebra a través de la victoria. Esto refleja los patrones históricos de los imperios que se agotan a sí mismos a través de la sobreextensión militar, desde Roma hasta Gran Bretaña.

La ofensiva con misiles de Irán reveló tres realidades críticas: tácticas sofisticadas penetraron los sistemas Cúpula de Hierro y Arrow de Israel, lo que demostró que incluso los sistemas de defensa aérea más avanzados y costosos dejan la infraestructura crítica expuesta a ataques residuales. Irán ha convertido en arma la asimetría de los costes, ya que sus drones y misiles baratos obligaron a Israel a gastar interceptores multimillonarios a un ritmo insostenible. Se produjo una erosión de la disuasión cuando Irán demostró que podía lanzar ataques de precisión desde su territorio directamente contra suelo israelí, destrozando el mito de la invulnerabilidad de Israel. La ofensiva con misiles de Irán destrozó la mitología de la disuasión israelí al demostrar que tácticas sofisticadas podían penetrar incluso los sistemas de defensa aérea más avanzados. El impacto psicológico, al demostrar que Israel es vulnerable a los ataques directos desde territorio iraní, alteró fundamentalmente los cálculos de poder en la región.

Catalizador de la multipolaridad

Aunque proporcionaron un apoyo militar directo limitado, la solidaridad diplomática de China y Rusia puso de manifiesto el endurecimiento de las divisiones geopolíticas. La condena de China de las «violaciones de la soberanía de Irán» y la denuncia de Rusia de la «agresión absolutamente injustificada» marcaron la consolidación de estructuras de poder alternativas. Incluso los aliados tradicionales de Estados Unidos pidieron moderación, lo que reveló grietas en la arquitectura imperial.

La guerra de agresión representa lo que los analistas críticos identifican como la «fase desesperada» del declive imperial, cuando las potencias dominantes recurren a aventuras militares cada vez más temerarias para mantener el control. La incapacidad de obtener un amplio apoyo internacional, la oposición interna estadounidense y la necesidad última de negociar un alto el fuego apresurado revelaron los límites de la proyección del poder unipolar.

La agresión confirmó definitivamente que Occidente busca la destrucción de Irán, no la acomodación. Ningún compromiso diplomático ni moderación pudo proteger a Irán de la violencia imperial liderada por Estados Unidos. Esta brutal claridad acelera el giro de Irán hacia una integración completa con China, Rusia y Corea del Norte, forjando un bloque oriental unido contra la hegemonía estadounidense. Más allá de los lazos económicos, Irán se inclina ahora hacia una coordinación militar en todos los ámbitos con estas potencias como una necesidad existencial, no como una preferencia política. El viaje inmediato del ministro de Defensa a China tras el alto el fuego para asistir a la reunión de ministros de Defensa de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) fue una señal de este reajuste estratégico. La guerra catalizó una polarización global marcada: el orden multipolar no surge a través de una transición gradual, sino a través del endurecimiento de bandos opuestos, una dinámica que el poderío militar occidental no puede revertir.

Irán como vanguardia de la resistencia global

En lugar de aislar a Irán, los ataques reforzaron su credibilidad como principal fuerza de resistencia al dominio occidental. El acto de agresión validó el argumento constante de Irán de que la acomodación con las potencias imperiales sigue siendo imposible, lo que fortaleció a las facciones antiimperialistas en toda la región. Los ataques con misiles de Irán resonaron mucho más allá de los cálculos militares, despertando el apoyo de pueblos de todo el mundo horrorizados por la complicidad occidental en el genocidio de Gaza. Para millones de personas que ven cómo las instituciones internacionales no abordan las atrocidades del régimen sionista, los misiles de Irán representaron la resistencia más poderosa a la agresión sionista en décadas.

Este momento destrozó décadas de caricaturas orientalistas que pintaban a Irán como un Estado «deshonesto» y «reaccionario». En cambio, Irán emergió como la potencia más influyente y con más principios de Asia Occidental, encarnando las aspiraciones de quienes exigen justicia, dignidad y un fin real a la impunidad. El desafío de Irán redefinió las posibilidades regionales y puso al descubierto la bancarrota moral de los Estados cómplices del genocidio en curso.

La confrontación directa de Irán con Israel y Estados Unidos al mismo tiempo, considerada anteriormente suicida, demostró una confianza que resonó en todo el Sur Global. Como señaló un comentarista árabe: «Hicieron lo que nuestros gobiernos solo sueñan».

Implicaciones estratégicas para las fuerzas

La agresión de junio de 2025, al igual que las anteriores aventuras imperiales, ha acelerado, en lugar de detener, los procesos de declive imperial. Al elegir la confrontación militar en lugar del compromiso diplomático, Estados Unidos e Israel validaron los argumentos de que el imperialismo occidental solo respeta la fuerza. Los ataques han demostrado que la disuasión nuclear sigue siendo la garantía última de la soberanía; que la supremacía aérea no puede lograr la transformación política; que el militarismo de alta tecnología tiene limitaciones inherentes; y que la violencia imperial representa debilidad, no fuerza.

Para las fuerzas antiimperialistas de todo el mundo, la resistencia iraní ofrece lecciones tácticas e inspiración estratégica. El fracaso de la abrumadora superioridad militar para alcanzar los objetivos políticos demuestra que la resistencia sostenida sigue siendo posible. Como observan los historiadores, «todo imperio se cree eterno hasta el momento en que cae».

La agresión estadounidense-israelí contra Irán no marca el restablecimiento de la autoridad imperial, sino su crisis terminal: un espasmo violento de un imperio en declive que ha fortalecido, en lugar de debilitar, la resistencia global al dominio occidental. En este sentido, la victoria táctica del imperio se convierte en el veredicto de la historia: un triunfo pírrico que acelera la transición multipolar que pretendía impedir.

Taha Zeinali es investigador del Centro para el Estudio de la Resistencia, la Soberanía y el Desarrollo (MOHAAT) de la Universidad de Teherán.

Sara Larijani es investigadora postdoctoral del Centro para el Estudio de la Resistencia, la Soberanía y el Desarrollo (MOHAAT) de la Universidad de Teherán.

VOLVER AL INDICE

6. Mamdani.

Un repaso a la campaña electoral de Mamdani en Nueva York, las posibilidades de su triunfo y el programa político que podría intentar aplicar.

https://newleftreview.org/sidecar/posts/gilded-city

Ciudad dorada

Alexander Zevin

4 de julio de 2025

La política de la ciudad de Nueva York puede parecer muy local. Sin embargo, de vez en cuando ocurre algo que deja al mundo boquiabierto. En 1886, la campaña insurgente de Henry George a la alcaldía pareció sacudir los cimientos del poder en la ciudad, derrotando a los republicanos y estando a punto de vencer a la poderosa maquinaria demócrata. El hecho de que George lo hiciera al frente del recién creado Partido Laborista Unido inspiró a Friedrich Engels a rendir homenaje a la creatividad de las masas estadounidenses, que en ese «día trascendental» habían disputado las elecciones como fuerza política independiente. Parecía claro que los grandes capitalistas comerciales e industriales de la ciudad solo habían prevalecido mediante sobornos, fraude electoral y otras formas de trampa descarada. A pesar de sus reservas sobre el programa «confuso» y «deficiente» de George, basado en un «impuesto único», Engels se mostraba bastante esperanzado: «Cuando la burguesía libra la lucha con tales métodos, la lucha se decide rápidamente, y si en Europa no nos damos prisa, los estadounidenses pronto nos adelantarán».

La campaña de Zohran Mamdani a la alcaldía representa el desafío más concertado desde entonces por parte de un outsider al orden reinante en la ciudad, lo que indica tanto lo venerable que ha sido la búsqueda de una alternativa socialista al duopolio partidista desde el traslado de la Primera Internacional a Nueva York en 1872, como lo excepcionales que han sido los momentos en los que ha logrado algún tipo de avance significativo. A diferencia de George, Mamdani hizo uso del aparato partidista existente. Al igual que muchos cuadros del DSA, se apoyó en el Partido de las Familias Trabajadoras, fundado en 1998 por militantes demócratas desilusionados y organizadores sindicales y sin ánimo de lucro, para lanzarse a las primarias demócratas. Pero la amenaza potencial que representa recuerda a su predecesor de la Edad Dorada, al igual que su enfoque táctico en el coste de la vida. Con el campo polarizado en torno a la cuestión de la asequibilidad, los candidatos que se presentaban como progresistas acreditados nunca ganaron terreno, y la contienda se convirtió en un enfrentamiento directo entre la izquierda del partido y su derecha, lo que tomó por sorpresa al propio WFP, ya que sus ambiciones iniciales eran simplemente que Mamdani empujara hacia la izquierda a su candidato más experimentado y típico, el auditor Brad Lander.

George entró en la carrera por la alcaldía como autor estrella de Progreso y pobreza (1879), un tratado radical que sostenía que lo primero iba de la mano de lo segundo debido a la monopolización de la tierra, cuyos propietarios se llevaban la mayor parte de los beneficios del progreso en forma de aumento del valor de los terrenos. Con un mensaje similar sobre la desigualdad en una ciudad con disparidades de riqueza aún más obscenas, Mamdani está quizás tan lejos del típico candidato a la alcaldía como lo estaba su antecesor. Nacido en Uganda en 1991 de padres indios, se mudó con ellos al Upper West Side a los siete años, cuando su padre fue contratado para enseñar estudios poscoloniales en Antropología en Columbia. Su madre es la cineasta Mira Nair. Cortado por el mismo patrón intelectual de la alta diáspora, fundó una sección de Estudiantes por la Justicia en Palestina en Bowdoin, Maine, antes de regresar a la ciudad para trabajar como concejal de vivienda. Se unió al DSA en 2017 y trabajó en varias campañas electorales, presentándose él mismo a las elecciones a la Asamblea Estatal en Astoria en 2020. Aprovechó su mandato para reforzar el activismo y la organización de las secciones locales —llegando a hacer una huelga de hambre para conseguir la condonación de la deuda de los taxistas en 2021— y para impulsar leyes sobre energías renovables, desahucios por «causa justificada» y transporte público.

Hace cinco años, el proceso de primarias funcionó más o menos como se esperaba. La baja participación y la fragmentación de la izquierda centrista dieron poder a los jefes y los operadores políticos locales, que pudieron apoyar a uno de los suyos en la derecha: el presidente del distrito de Brooklyn, policía y monstre sacré Eric Adams. Esta vez, con un ejército de voluntarios de unos 50 000 efectivos, Mamdani organizó una campaña de recaudación de fondos, puerta a puerta y de movilización del voto más parecida a las campañas presidenciales de Bernie Sanders que a unas primarias municipales, que de hecho arrolló. Llevada a cabo mediante una hábil campaña en las redes sociales, el candidato se mostró lanzándose con bonita elegancia por los cinco distritos, caminando, utilizando el transporte público o en un taxi amarillo. Antes del día de las elecciones, Mamdani recorrió Manhattan a pie, en un eco de la «monster parade» de la campaña de George, en la que 30 000 trabajadores marcharon unos días antes de la apertura de las urnas.

Andrew Cuomo, por su parte, entró en la carrera envuelto en un manto de sombría inevitabilidad. Calificado como un «regreso» por la prensa, había más que un ligero aroma a «recaída» en su búsqueda de un cargo que había tratado de restar importancia durante sus once años como gobernador. Sus disputas con el entonces alcalde Bill de Blasio, presentadas como una enemistad personal, se centraban en realidad en el control de los recursos de la ciudad, que Cuomo intentó controlar mediante acuerdos en el Senado estatal. Esto tuvo consecuencias reales para los servicios municipales, con recortes en Medicaid, las escuelas públicas, la financiación de la MTA y la implantación de la educación preescolar universal. Su desdén por las sórdidas realidades de la metrópoli que había presidido desde la segura distancia de Albany se puso de manifiesto en sus apariciones públicas: hermético en templos, iglesias, sindicatos y salas de la VFW, sin responder a preguntas de la prensa.

Cuomo no solo encarna una especie de santísima trinidad de la élite demócrata: descendiente de una dinastía política como hijo del exgobernador Mario, se casó tumultuosamente con otra a través de su primera esposa, Kerry Kennedy, antes de convertirse en el protegido de un tercero como miembro más joven del gabinete de Bill Clinton. También simboliza el cinismo y la podredumbre de los dirigentes y financiadores del partido. Según un recuento, casi la mitad de los funcionarios que lo respaldan pidieron su cabeza hace cuatro años por acusaciones de acoso sexual y por encubrir las muertes en residencias de ancianos durante la COVID (cuya supuesta hábil gestión le valió un anticipo de 5 millones de dólares por un libro escrito por su equipo). Este monstruo con pies de barro era la elección clara de Wall Street: Bloomberg, Ackman, Griffin, Loeb y una docena de multimillonarios más, según Forbes, destinaron 25 millones de dólares solo a sus comités de acción política.

Hizo falta voluntad política para escapar de lo inevitable y una campaña real para desenmascarar la extraña y falsa campaña dirigida por el exgobernador. Aquí, a pesar de su tranquilizadora cortesía, Mamdani demostró su temple al atacar directamente el historial de su rival; una iniciativa paralela, a la que se sumaron otros candidatos, se limitaba a pedir a los neoyorquinos que no votaran a Cuomo. Mamdani también logró un éxito más significativo, aunque provisional. Hasta ahora, ha demostrado su capacidad para capear las acusaciones de antisemitismo que se han convertido en el principal arma utilizada en todo Occidente para descalificar a la izquierda como no apta para el cargo allí donde se ha atrevido a pedir justicia para los palestinos. En este centro de la vida judía, que ha sido testigo de la represión más feroz contra el discurso pro palestino de todos los estados de la Unión, utilizar este argumento contra un musulmán practicante se consideraba una apuesta segura. Ha guiado los cálculos de todo el establishment demócrata, desde la «investigación» legal del gobernador sobre el antisemitismo en la CUNY hasta la vergonzosa conducta del alcalde Adams, que presionó a la policía de Nueva York para que irrumpiera en el campamento de Columbia y ordenó a los organismos municipales que cooperaran con los agentes del ICE que posteriormente secuestraron a uno de sus líderes, Mahmoud Khalil.

Aquí, el estilo de Mamdani, que combina un compromiso sincero con la intransigencia en puntos esenciales, parece haber funcionado para mitigar el ataque. Por un lado, ofreció constantes garantías —en el Forward y en el periódico en yiddish Der Blatt, en sinagogas como B’nai Jeshurun— de que «protegería» y «escucharía» a los judíos y tomaría medidas para combatir el antisemitismo. Por otro lado, elaboró —con algunas evasivas— respuestas directas a las implacables preguntas sobre si Israel tenía «derecho a existir»: sí, dijo, como «Estado con igualdad de derechos» que obedecía «el derecho internacional»; reiteró su apoyo al BDS, sin decir si lo aplicaría; y se mantuvo firme en su descripción del apartheid y el genocidio israelíes. En su máxima eficacia, estas respuestas pusieron al descubierto la hipocresía de los interrogadores y la conformidad descerebrada de sus oponentes. Cuando se les preguntó en un debate en directo adónde irían como alcaldes en su primer viaje al extranjero, la mayoría de los candidatos se apresuraron a decir a los espectadores que estarían en el próximo vuelo de El Al que saliera del JFK; Mamdani dijo que se quedaría para trabajar en los problemas que afronta Nueva York.

Pero el astuto manejo de Mamdani de esta cuestión fue probablemente de importancia secundaria. Porque es difícil evitar la impresión de que la principal razón por la que los ataques contra él no funcionaron es que se consultó a los votantes demócratas (el 70 % de los cuales tiene ahora una «opinión desfavorable de Israel»). Dada la oportunidad, eligieron al defensor claro y coherente de los derechos de los palestinos, incluidos los judíos, que demostraron que son capaces de mucho más que dejarse manipular. Cuomo obtuvo el 30 % de sus votos en la primera vuelta, situándose en cabeza junto con los jasidim sionistas ultraconservadores y los ortodoxos, así como los bastiones del Upper East Side, pero Mamdani quedó en segundo lugar con un 20 %.

Los efectos de esta inusual campaña, a la vez más ideológica y sumamente bien organizada por voluntarios, se hicieron evidentes mucho antes del día de las elecciones. La participación en la votación anticipada se duplicó con respecto a 2021, hasta alcanzar los 400 000 votantes. Para entonces, varias encuestas que mostraban a Mamdani ganando terreno a Cuomo se vieron coronadas por una última que le daba la victoria en la séptima ronda de votación por orden de preferencia, con un 52 % frente a un 48 %. Al final, la ventaja de Mamdani, de casi ocho puntos, era tan grande tras una sola ronda que pudo declarar su victoria alrededor de la medianoche, como primera opción de casi el 44 % de los votantes. Lo que las encuestas no habían previsto era la motivación de los jóvenes. Los tres bloques de votantes más numerosos eran los de 25 a 29, 30 a 34 y 35 a 39 años (la participación de los de 18 a 24 años no se quedó muy atrás), una distribución que no tiene precedentes evidentes. En las zonas de la ciudad donde muchos aún logran sobrevivir, le dieron a Mamdani márgenes abrumadores: en Williamsburg (+27), Bedford-Stuyvesant (+43), Astoria (+52) y Bushwick (+66), frente a los márgenes generalmente mucho más reducidos de Cuomo en sus bastiones.

Más allá de esta clara dinámica generacional, se ha desatado un debate sobre el carácter clasista, racial y étnico de la coalición de Mamdani. Los comentaristas del establishment han hecho hincapié en su riqueza, con un implícito gesto de reprobación hacia los izquierdistas intelectuales, alejados de la realidad que viven los negros y los blancos étnicos más pobres. Es cierto que Mamdani no logró ganarse a los votantes negros de más edad en barrios como Canarsie, mientras que ganó en distritos con una mayoría de graduados universitarios y hogares con ingresos medios y altos en los frondosos barrios de Fort Greene o Clinton Hill. Pero esto no viene al caso: a diferencia de los «progresistas» del pasado, su atractivo no se limitaba a estas capas. Mamdani ganó el voto joven por encima de las barreras raciales y étnicas, con un resultado aún más destacado entre las minorías que entre los blancos. Movilizó a los sudasiáticos en Jamaica y Kensington, ganó en los barrios chinos de Flushing y el bajo Manhattan, en el hispano Washington Heights y en los barrios donde estas poblaciones se codean en Jackson Heights y Sunset Park. Estas y otras zonas en las que ganó Mamdani son la clase trabajadora de Nueva York: el hogar de cocineros y ayudantes de camareros, repartidores, trabajadores de la construcción, de hoteles y del aeropuerto; inmigrantes y sus hijos, que mantienen en funcionamiento su economía dominada por los servicios. La dependencia del transporte público y el alquiler parece haber sido un factor más determinante que la educación a la hora de predecir las preferencias de voto: Mamdani ganó por 14 puntos en distritos con mayoría de inquilinos, en una ciudad donde un tercio de estos destina la mitad de su salario al alquiler y la mitad se considera «sobrecargada por el alquiler».

Su discurso ideológico sobre la asequibilidad y los servicios públicos unió a las zonas más blancas y gentrificadas con los enclaves étnicos. Según un análisis de regresión, «no hubo un gradiente de clase significativo en la proporción de votos de Mamdani», y sí una correlación negativa entre esta y los ingresos superiores a 100 000 dólares, lo que significa que, en una ciudad donde la renta media por hogar es de 76 000 dólares, obtuvo una gran proporción de los votos de las clases bajas y medias. El alcance de su atractivo transversal no hizo más que crecer cuando se reveló la clasificación completa, que mostraba que Mamdani había obtenido los votos de segunda opción de otros candidatos, incluido su aliado Brad Lander, y había superado a Cuomo por 12 puntos.

¿Qué perspectivas tiene este socialista democrático de llegar al poder en noviembre y de aplicar su programa si lo consigue? En cuanto a las calumnias, que iban de lo cruel a lo ridículo (los correos electrónicos a favor de Cuomo que alargaban la barba de Mamdani eran un poco de ambas cosas), las primarias fueron claramente un ensayo general. La clase dominante a nivel nacional está ahora centrada en Mamdani. Nueva York es una ciudadela de su poder financiero y mediático, con el que intentarán dañarlo: cabe esperar que redoblen sus esfuerzos para tejer la retórica antimusulmana de los años de la guerra contra el terrorismo con cacerías de brujas al estilo del HUAC, trucos sucios y acusaciones de antisemitismo. Kirsten Gillibrand, una figura sin importancia del lobby del tabaco de Albany, que ascendió a su cargo de senadora por Nueva York, adelantó una línea de ataque de la dirección demócrata: negarse a respaldar a Mamdani por sus «referencias a la yihad global» en la WNYC. Rudy Giuliani, el impecunioso exalcalde de la tierra de MAGA, ofreció otra en una reunión del nuevo Consejo Asesor de Seguridad Nacional de Trump, con amenazas de arrestar a esta «combinación de extremista islámico y comunista» si bloquea la ciudad al ICE.

El verdadero límite para los oponentes de Mamdani es la estructura de las elecciones generales: todos los plazos para presentar candidaturas han vencido, y un candidato por escrito se enfrenta a obstáculos mayores que en Búfalo, donde en 2021 India Walton, del DSA, ganó las primarias pero perdió en las generales contra el exalcalde. Cuomo se presentó —y podría presentarse— como independiente, pero su derrota en junio fue tan contundente que, hasta ahora, lo ha descartado. En una muestra de su instinto de supervivencia —desvergonzado hasta el final—, Eric Adams tenía planes de presentarse con una línea «Acabar con el antisemitismo». Pero su alcaldía está tan sumida en la corrupción y los escándalos —su acusación federal por cargos de soborno, conspiración, fraude electrónico y solicitación solo se detuvo gracias a un quid pro quo con Trump— que respaldarlo sería una medida arriesgada para la corriente principal del Partido Demócrata.

Mamdani destacó los elementos más llamativos de su programa electoral: autobuses gratuitos y rápidos; congelación de los alquileres para los inquilinos de viviendas con alquiler estabilizado; un programa piloto de cinco tiendas de comestibles municipales para combatir la especulación y la represión sindical por parte de las grandes cadenas; guarderías universales; y un impuesto del 2 % sobre los ingresos de los ricos para financiar la mayor parte de estas medidas, a partir de un millón de dólares. La ambición que se percibe en todo esto depende en parte de cómo se periodice: mucho puede verse como una prolongación del programa político de De Blasio, cuya apuesta por la educación preescolar universal ha sido elogiada por Mamdani como un precedente de su plan de guarderías gratuitas, una afinidad que el Times señaló con desagrado en su rechazo a respaldarlo. El plan de vivienda de Mamdani se compromete a construir 200 000 viviendas asequibles en diez años. Pero, aunque promete poner «al sector público al mando», consiste principalmente en ajustes a las herramientas existentes relacionadas con la zonificación, la revisión de la planificación, las subvenciones, los incentivos y las normas para construir en terrenos municipales. En comparación con las alcaldías de La Guardia, Wagner o incluso Lindsay, la visión de Mamdani es bastante modesta. Si bien su hazaña es en muchos aspectos más impresionante que la de George, ya que llega en un momento de declive del sindicalismo organizado y no en medio de la Gran Agitación que impulsó a este último, el socialismo democrático que propone también refleja ese contexto alterado. La decisión de presentarse como candidato demócrata, en lugar de contra los demócratas, fue pragmática; inevitablemente, implica un compromiso con los límites externos de ese partido en su forma actual. En esta nueva Edad Dorada, las empresas actúan con un sentido aún mayor de derecho sobre la ciudad, de la que son en gran parte propietarias, y no están acostumbradas a que se cuestionen sus privilegios a esta escala.

Probablemente hay dos razones para la relativa moderación de Mamdani. La primera puede ser estratégica: retrasar la confrontación abierta con los intereses capitalistas mejor organizados y más poderosos de la ciudad: el sector inmobiliario, a través de la Asociación para una Nueva York Mejor, la Junta Inmobiliaria y la Asociación de Apartamentos. La segunda es que gran parte de este programa depende de Albany. El poder del alcalde de Nueva York está más limitado que el de cualquier otra gran ciudad del país por el gobierno estatal que lo controla. Con 115 000 millones de dólares, el presupuesto de la ciudad es mayor que el de todos los estados excepto unos pocos, y Mamdani podrá financiar algunos de sus planes jugando con las asignaciones dentro del mismo. Pero el alcalde y el consejo controlan muy pocos de los impuestos que generan ingresos. El impuesto sobre la propiedad genera alrededor de un tercio de lo que ingresa la ciudad, pero incluso este solo puede aumentarse según una fórmula derivada de la legislación estatal. La gobernadora Kathy Hochul ya ha expresado su oposición a toda la base del programa de Mamdani —un modesto impuesto a los millonarios y un aumento del impuesto de sociedades— alegando que Nueva York no puede permitirse perder más ciudadanos adinerados en favor de Palm Beach. En otras palabras, las escenas de De Blasio mendigando en la Cámara Estatal en los «días de la lata» no fueron una anomalía de los años de Cuomo. Con Mamdani, están destinadas a repetirse. Porque, de hecho, son el mecanismo central para contener las demandas sociales de los residentes de la «capital del capital» de Estados Unidos, cuya rebeldía (es decir, su capacidad potencial para exigir responsabilidades a los poderosos a nivel local) ha sido durante mucho tiempo una grave preocupación para los titanes acristalados de Wall Street.

Hasta mediados del siglo XX, estos últimos tuvieron que compartir la punta de Manhattan con los muelles más activos del mundo, que representaban la mayor concentración de trabajadores industriales de Estados Unidos, un cuarto de los cuales estaban sindicados. En su apasionante libro Fear City, Kim Phillips-Fein describe el declive de esta fuerza como telón de fondo de la crisis de quiebros de 1975, cuando Albany intervino para negociar acuerdos con los bancos con el fin de reactivar el mercado de bonos municipales, lo que supuso una toma de poder que ha dejado a la ciudad en una especie de administración judicial eterna. La narrativa utilizada para justificar esta situación es la de una metrópolis despilfarradora y mal gestionada, cuya sed de bienestar y servicios públicos es tan insaciable que se encuentra constantemente al borde del desastre. El objetivo es impedir cualquier resurgimiento de la «versión local de la socialdemocracia que hizo que la vida en Nueva York fuera diferente a la de cualquier otro lugar de Estados Unidos» a mediados de siglo. Por suerte, Albany está ahí, a 150 millas de distancia, para evitar que se vuelva atrás. Si sale elegido en noviembre, Mamdani se enfrentará a toda su fuerza. De hecho, dada la dificultad de encontrar una alternativa adecuada para detenerlo, los demócratas y sus donantes harían mejor en esperar: dejar que Mamdani cruce la línea de meta y luego trabajar para bloquear su programa en el cargo, a través del gobernador y la legislatura, desilusionando a sus seguidores y desacreditando su programa, lo que supondría un golpe para toda la idea del socialismo municipal.

Esto es lo que está en juego, independientemente de lo que su victoria pueda significar para la política nacional. Sin embargo, no se trata de un consejo desesperado. Mamdani y la DSA pueden responder politizando la relación entre el norte y el sur del estado como no se ha hecho en medio siglo. No se trata solo de construir coaliciones en Albany, como ha prometido Mamdani. Una nueva carta municipal y una convención constitucional estatal serían un complemento natural al plan urbano integral que Mamdani espera realizar y que Nueva York siempre ha carecido. Eso también es un vestigio de los días de Tammany Hall y las candidaturas a la alcaldía de Henry George, cuando el grito de los políticos locales exasperados, inspirados por los irlandeses, resonaba como «Home Rule for New York» (Autonomía para Nueva York).

VOLVER AL INDICE

7. La importancia de una administración sólida.

Parece que ahora el boletín del Tricontinental en lugar de quincenal va a ser semanal. Prashad no para, y hoy tenemos doblete. El de esta semana está dedicado a la posiblidad de instituciones públicas solventes en el Sur Global.

https://thetricontinental.org/es/newsletterissue/boletin-instituciones-estado-sur-global/

¿Es posible construir instituciones de administración pública sólidas en el Sur Global? | Boletín 27 (2025)

Mientras el FMI impone recortes a las escuelas de administración pública y las estructuras neocoloniales agravan las desigualdades, países como los Estados Unidos se aprovechan de las naciones del Sur Global en las negociaciones.

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *