“¿Ocultar o todo lo contrario?” por Ernesto Gómez de la Hera

El asesinato de Anas Al-Sharif y de todos sus compañeros, es decir, el equipo completo de periodistas de Al Jazira en Gaza, por parte del régimen sionista destaca únicamente por la importancia que sus reportajes, profesionalmente impecables, habían adquirido como una de las últimas fuentes fiables que podían dar cuenta del genocidio que allí viene ocurriendo. Estos asesinatos se suman a los de los más de dos centenares de periodistas que ya habían sufrido lo mismo.

Y, lo que es más terrible, serán seguidos por otros. La fría crueldad con la que se realizan, decididos por algoritmos provenientes de Silicon Valley y ejecutados por máquinas similares a las del Skynet hollywoodiense, no es ninguna novedad. Tampoco lo son las mentiras con las que la entidad sionista trata de calumniar a los muertos, ni la ruindad con la que los medios de comunicación occidentales (la BBC es un ejemplo) las repiten. En consecuencia tampoco debe ser novedoso el odio que todos los demócratas debemos dedicar a todos los responsables de estos crímenes, sea cual sea su grado de participación en ellos, ni el esfuerzo continuo hasta lograr que todos esos responsables paguen por ellos, igual que lo hicieron los jerarcas nazis en Nuremberg.

No parece que todo esto ocasione ninguna polémica entre nosotros, pero hay algo que sí lo hace: ¿Cuál es el propósito exacto que persiguen los sionistas al poner a los periodistas como blanco directo de sus armas?

No es difícil advertir que el asesinato del personal sanitario, lo mismo que el cerrar la entrada de cualquier ayuda humanitaria, busca multiplicar los muertos al impedir que los heridos y los hambrientos sean atendidos. También es claro que la destrucción de todos los centros de enseñanza de la Franja de Gaza y el asesinato de los enseñantes persigue la desaparición de todos los elementos espirituales que conforman la existencia del pueblo palestino. Pero, ¿matar periodistas?

La mayoría de las opiniones que circulan afirman que se trata de impedir que el mundo sepa lo que sucede allí. O, cuando menos, dificultar lo más posible que haya información exacta que ponga en solfa todas las falsedades de la hasbará sionista. No cabe duda de que este criterio tiene algunos fundamentos de apoyo. Por un lado, el estado israelí no ha admitido la entrada en Gaza de ningún medio de comunicación occidental, por enfeudado a sus intereses que este estuviera. Medida que, sin duda, evita problemas, ya que no es igual asesinar a periodistas gazatíes, como Anas Al-Sharif, que a corresponsales norteamericanos de grandes medios (hemos de recordar que, cuando en Cisjordania se ha asesinado a periodistas norteamericanos, hubo algún escándalo, ciertamente pequeño por no pertenecer a grandes medios). Controlar absolutamente las fuentes de información es algo que siempre ha sido practicado por los poderosos desde que, a raíz de la guerra de Crimea, empezaron a existir los corresponsales bélicos. Por otra parte, también existen ejemplos de periodistas asesinados, por estados o por otro tipo de entidades mafiosas, en un buen número de lugares. De ello dan buena cuenta los datos de las asociaciones profesionales de periodistas.

Sin embargo, pese al crédito que merece esa idea del ocultar la realidad, nosotros no la compartimos. Nuestro parecer es que lo que intenta la entidad sionista al asesinar periodistas es todo lo contrario. Busca aumentar y esparcir el terror. Por supuesto que el movimiento sionista, como un todo, se basa en el terror, ya que esta es la herramienta básica imprescindible para robar su tierra a un pueblo y apoderarse de ella. Pero, cuando las personas que profesionalmente informan de lo que pasa son asesinadas el resultado es que el miedo se extiende. Entiéndase, no se trata de que ese miedo vaya a paralizar a quienes ya están más allá de su alcance. Bien por sobrevivir, aún, en Gaza al genocidio, sabiendo que no son más que muertos de permiso, como dijo hace muchos años un dirigente comunista (Eugen Leviné). Bien por tener nuestro partido ya tomado con claridad. A quienes sí puede bloquear ese miedo es a otros periodistas. Periodistas que no han tomado partido contra el genocidio, pero que tampoco están en las posiciones directivas de los medios de comunicación que le encubren y que no desean cerrarse las puertas de su carrera profesional.

Todas estas cosas son perfectamente conocidas por quienes toman las decisiones en la entidad sionista y, además, ni siquiera son los únicos que lo practican. Eso sí, son quienes lo han llevado a un mayor grado de perfección y lo han desarrollado cuantitativamente. Basta recordar aquí a los tres periodistas asesinados, el 8 de abril de 2003, en Bagdad por el ejército USA. Aquel asesinato, el de José Couso, Tarek Ayoub y Taras Prosyuk, se realizó con el mismo descaro y crueldad y la misma intención de escarmentar y aterrorizar a quienes no estaban dispuestos a ceder que los que ahora se perpetran en Palestina.

Así lo recuerdan Olga Rodríguez y Carlos Hernández en este artículo reciente dedicado a la madre de José Couso, fallecida hace unos días. En él se explica como ocurrió aquello y como Maribel Permuy supo extraer las conclusiones correctas y sacó fuerzas para una lucha que iba mucho más allá de su interés materno. Una lucha que enlaza totalmente con lo que ahora llevamos a cabo reivindicando una Palestina, libre y democrática, del río al mar.

https://www.cronica-politica.es/ocultar-o-todo-lo-contrario/

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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