Hay una creencia compartida, en mi opinión, por buena parte de la ciudadanía española e iberoamericana con inclinaciones, saberes, conversaciones y vivir filosóficos: Manuel Sacristán Luzón (1925-1985), el traductor de Gramsci, Lukács y Korsch, fue un polímata sólido, un maestro de universitarios y ciudadanos, uno de los grandes filósofos españoles del siglo XX, un intelectual comprometido cuya obra y praxis, lo dicho y lo actuado, representa una cima del comunismo democrático marxista (político y teórico) español, europeo e iberoamericano.
Empero, al lado de estas consideraciones, apunta una «singularidad», una «rareza cultural», una «extrañeza filosófica»: la de un gran filósofo español con escasísima presencia en las facultades de filosofía españolas, aparente paradoja que puede ser descrita del modo siguiente: