MISCELÁNEA 11/2/2026

DEL COMPAÑERO Y MIEMBRO DE ESPAI MARX, CARLOS VALMASEDA.

ÍNDICE
1. Bhadrakumar cree que no habrá guerra con Irán.
2. Elecciones en Japón y situación económica.
3. Hedges sobre Chomsky y Epstein.
4. Caveat de Zhok sobre los Epstein Files.
5. Prashad de nuevo sobre Cuba.
6. Documental sobre Starmer y la protección de la industria armamentística israelí.
7. El fascismo hoy (1).
8. Dossier MEGA2 (1).

1. Bhadrakumar cree que no habrá guerra con Irán.

Ya veremos pasadas las elecciones de Midterm, pero, de momento, parece que no habrá guerra, según el diplomático indio.

https://www.indianpunchline.com/odds-are-8-1-trump-wont-start-a-gulf-war/

Publicado el 10 de febrero de 2026 por M. K. BHADRAKUMAR

Las probabilidades son de 8 a 1 de que Trump no inicie una guerra en el Golfo

Ali Larijani, eminencia gris de la estrategia de política exterior y seguridad de Irán y secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, fue recibido por el sultán de Omán, Haitham bin Tariq, para revisar los últimos avances en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán y discutir formas de alcanzar un acuerdo «equilibrado y justo», Mascate, 10 de febrero de 2026

La hostilidad mutua entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro, desde la Revolución Islámica de 1978 y el establecimiento del singular sistema político conocido como Vilayat-e Faqih o tutela de Faqīh (un jurista islámico) tiene casi medio siglo de antigüedad. El nuevo orden político de la democracia islámica, basado en el nacionalismo iraní, supuso un desafío sin precedentes y una amenaza percibida para Estados Unidos y los Estados de la región en su órbita estratégica, incluidas las monarquías petroleras, para quienes la idea misma de un gobierno representativo basado en la doctrina de la justicia, la equidad y la resistencia era anatema.

Pero eso no es todo. Michel Foucault, filósofo francés, historiador de las ideas, escritor, activista político y crítico literario, tenía otra explicación. Una noche, mientras caminaba por las calles de Teherán, que se agitaban con los dolores de parto de la Revolución Islámica, Foucault se encontró con un desconocido que le dijo: «Ellos (los estadounidenses) nunca nos dejarán ir por voluntad propia. No más de lo que lo hicieron en Vietnam».

Foucault escribió más tarde en su famoso ensayo «¿Con qué sueñan los iraníes?»: «Quería responderle que están aún menos dispuestos a dejaros ir que en Vietnam, por el petróleo, por Oriente Medio. Hoy, tras Camp David, parecen dispuestos a ceder el Líbano al dominio sirio y, por tanto, a la influencia soviética, pero ¿estaría Estados Unidos dispuesto a privarse de una posición que, según las circunstancias, le permitiría intervenir desde Oriente o supervisar la paz?».

Este resumen de la historia resulta útil hoy en día, ya que el trasfondo del actual enfrentamiento entre el presidente estadounidense Donald Trump y Teherán sigue siendo esencialmente el mismo: la geopolítica del petróleo en las zonas fronterizas de resistencia política. Sin embargo, cualquier observador veterano de los acontecimientos históricos que se desarrollaron en Irán en 1978 también estará de acuerdo en que ha corrido mucha agua por el estrecho de Ormuz a lo largo de estas turbulentas décadas. La «alquimia» del enfrentamiento entre Estados Unidos e Israel con Irán se ha transformado hasta quedar irreconocible.

En particular, a lo largo del último año han surgido varios patrones que han resultado ser muy trascendentales. En primer lugar, las barreras que impedían que el enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán degenerara en una confrontación militar han desaparecido por completo durante la presidencia de Trump. Irán se dio cuenta de ello en trágicas circunstancias en junio del año pasado, cuando, en un acto de engaño, fingiendo conversaciones de paz, Israel y Estados Unidos atacaron Irán.

Pero también nació una terrible belleza. En primer lugar, la sorpresa como elemento de guerra ya no es viable frente a Irán. Además, ocurrieron otras dos cosas: Irán tomó represalias y dejó claro a Tel Aviv y Washington que tenía capacidad de segundo ataque; en segundo lugar, Israel tuvo que acercarse a Trump para acordar un alto el fuego, ya que sus propias reservas de misiles se agotaron y sus capacidades de defensa antimisiles quedaron expuestas como poco fiables, incluido el Iron Dome. Irán ha afirmado su capacidad de disuasión con pruebas empíricas.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, siempre se aseguró de liderar a Trump desde atrás. Pero todo eso ha dejado de tener relevancia hoy en día. Irán ha dejado claro que Israel estará en su punto de mira desde el primer día. Pero entonces, la agencia de espionaje israelí Mossad y la CIA están interfiriendo abiertamente en las recientes protestas de Irán, e incluso se han jactado de ello abiertamente. Israel, que ya ha experimentado de primera mano la magnitud de la destrucción que Irán puede infligir incluso con un rendimiento por debajo de lo normal y con una mano atada a la espalda, teme las represalias. De hecho, Israel ahora da prioridad en su percepción de las amenazas al programa de desarrollo de misiles de Irán por encima de su programa nuclear. Una vez más, las afirmaciones israelíes de haber vencido a las fuerzas de resistencia alineadas con Irán —principalmente Hamás, los hutíes y Hezbolá— resultan estar lejos de la realidad. Los grupos de resistencia se están reagrupando e Irán sigue colaborando con ellos.

Por su parte, Estados Unidos también ha desarrollado un sano respeto por la tecnología de misiles y drones desarrollada por Irán. Esto significa que el enfoque de Trump, basado en lanzar un ataque rápido seguido de amplias operaciones mediáticas para proyectar fuerza, ha agotado su potencial. En la doctrina iraní revisada de «guerra total», la respuesta de Irán no se limitará a una represalia proporcional al ataque externo, sino que se centrará en las raíces de la presencia regional de Estados Unidos. Esto significa que la respuesta de Irán iría más allá de un marco puramente defensivo y se orientaría hacia una estrategia ofensiva. Dicho de otro modo, Teherán ha abandonado la lógica defensiva basada hasta ahora en respuestas limitadas y proporcionales; sin embargo, a diferencia de la guerra de junio, tampoco cabe esperar un «amaño del partido». Irán ha declarado categóricamente que cualquier forma de ataque estadounidense se considerará un acto de guerra.

La semana pasada, Irán desveló brevemente una de sus nuevas «ciudades de misiles» subterráneas, operada por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), para mostrar el Khorramshahr-4, un misil balístico pesado con un alcance operativo de 2000 kilómetros y capaz de transportar más de una tonelada de explosivos. Según se informa, el Khorramshahr-4 alcanza velocidades de hasta Mach 16 fuera de la atmósfera y de aproximadamente Mach 8 dentro de ella. «Con un tiempo de vuelo total estimado entre 10 y 12 minutos, los iraníes han advertido que todas las bases militares estadounidenses de la región serán objeto de ataques.

Se trata de un cambio de paradigma. La superioridad militar de Estados Unidos es indudable, pero el riesgo de sufrir pérdidas de vidas estadounidenses es extremadamente alto y eso tendrá un alto coste político para Trump, ya que las elecciones intermedias de 2026 en Estados Unidos, que se celebrarán el 3 de noviembre, se avecinan. Tal y como están las cosas, es muy probable que se pierda el control del Congreso, y una guerra en Oriente Medio sería el factor decisivo.

La amenaza de guerra se cierne sobre las negociaciones en Omán, pero lo positivo es que Trump calificó las conversaciones de «muy buenas» y el presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, respondió que «constituyen un paso adelante». Irán ha descartado categóricamente cualquier acuerdo que niegue su derecho a enriquecer uranio y se niega a discutir su programa de desarrollo de misiles. No obstante, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, respondió que Irán busca que se levanten las sanciones económicas de Estados Unidos a cambio de «una serie de medidas de fomento de la confianza en relación con el programa nuclear». Al día siguiente de las declaraciones de Araghchi, Mohammad Eslami, director de la Organización de Energía Atómica de Irán, afirmó que Teherán podría considerar la posibilidad de diluir el 60 % de sus reservas de uranio enriquecido si a cambio se levantaran todas las sanciones.

Mientras tanto, se avecina un punto de inflexión, ya que Netanyahu estará en Washington hasta el miércoles. Es muy posible que Netanyahu, que se enfrenta a elecciones a finales de este año, presione a Trump para que amplíe el alcance de las negociaciones nucleares con Irán e incluya la limitación de los misiles balísticos y «el fin del apoyo al eje iraní», tal y como declaró la oficina de Netanyahu durante el fin de semana. Tal demanda es inviable, ya que no se ajusta a la realidad creciente de que la opción militar contra Irán como tal puede estar llegando a su fin.

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2. Elecciones en Japón y situación económica.

También en Japón ha habido elecciones este domingo -donde ha vuelto a ganar de calle la ultraderechista primera ministra del PLD, y también Michael Roberts ha publicado antes un estado de la situación económica en el país.

https://thenextrecession.wordpress.com/2026/02/07/japan-election-from-stagnation-to-stagflation/

Elecciones en Japón: del estancamiento a la estanflación

En Japón se celebran mañana elecciones generales, solo unos meses después de que Sanae Takaichi se convirtiera en la primera mujer primera ministra del país. Takaichi es una ultraconservadora, ultranacionalista y devota de Margaret Thatcher. Llegó al cargo de primera ministra el pasado mes de octubre tras ganar las elecciones internas del Partido Liberal Democrático (PLD), que se encuentra en una situación delicada tras sufrir dos desastrosas derrotas electorales en otros tantos años y carecer actualmente de mayoría en ninguna de las dos cámaras del Parlamento japonés.

Sin embargo, parece que el PLD y su nuevo socio de coalición, el Partido de la Innovación de Japón (JIP), están en camino de obtener una victoria aplastante mañana, mientras que la principal oposición, la Alianza Reformista Centrista (CRA), un nuevo partido formado por el Partido Democrático Constitucional de Japón (CDP) y el antiguo aliado del PLD, Komeito, que se prevé que pierda más de la mitad de los 106 distritos uninominales que tenía anteriormente y solo conserve 32. El PLD podría obtener 243 escaños y, junto con el JIP, conseguir 261 escaños, una cómoda mayoría en la Cámara Baja del Parlamento.

Takaichi parece tener un gran atractivo, ya que obtiene buenos resultados en las encuestas entre mujeres, jóvenes y mayores. Afirma que será diferente a todos los líderes anteriores del PLD. Quiere reducir los impuestos para la mayoría de la población, en particular el impuesto sobre el consumo, que encarece los precios en las tiendas. Y pretende aumentar el gasto público en seguridad social y «defensa», aunque ello suponga un mayor déficit presupuestario. Takaichi afirma que apuesta por el crecimiento, algo similar a los eslóganes de la desafortunada y efímera primera ministra conservadora británica, Liz Truss. Los planes de Truss de aumentar considerablemente el déficit presupuestario del Reino Unido provocaron un fuerte aumento del rendimiento de los bonos del Estado británico y una carrera por la libra esterlina. Algo similar está ocurriendo en Japón, aunque a un ritmo más lento. El rendimiento de los bonos del Estado japonés ha aumentado significativamente y el yen se encuentra cerca de mínimos históricos.


 
¿Significa esto que Takaichi fracasará estrepitosamente como Liz Truss? Probablemente no, pero sí significa que todo su discurso de «ser diferente» no llevará a ninguna parte. Al igual que en todas las economías del G7, a lo largo de décadas, los gobiernos japoneses adoptaron políticas económicas neoliberales destinadas a reducir las pensiones y las prestaciones sociales. Richard Katz ha señalado que la coalición del PLD redujo las prestaciones de la seguridad social para las personas mayores de 2,9 millones de yenes (20 000 dólares al tipo de cambio actual) en 1995 a solo 2,1 millones de yenes (14 500 dólares) en la actualidad, lo que supone una disminución del 30 % en términos ajustados al precio. Además, el gasto público en asistencia sanitaria por persona mayor de 65 años se ha reducido en casi una quinta parte en los últimos 30 años. Al mismo tiempo, el impuesto sobre los beneficios de las empresas se ha reducido del 50 % a solo el 15 %. Los beneficios se han duplicado, pasando del 8 % del PIB al 16 %, mientras que los ingresos fiscales del Gobierno por el impuesto de sociedades han caído del 4 % del PIB al 2,5 %.
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Pero esos recortes en el impuesto sobre los beneficios de las empresas no han dado lugar a un mayor crecimiento de la inversión empresarial. En cambio, las empresas han acumulado efectivo o han invertido en bonos del Estado y en el mercado de valores, con casi un billón de yenes en activos líquidos, de los cuales 270 billones eran efectivo y depósitos, 233 billones eran letras y cuentas por cobrar, y 460 billones eran valores de inversión. Una vez deducidas las deudas, la posición financiera global de las empresas no financieras en relación con sus ventas totales ha variado en más de 30 puntos porcentuales desde mediados de la década de 1990 (o unos 460 billones de yenes). Dicho de otro modo, el ahorro neto acumulado del sector empresarial no financiero japonés durante los últimos 30 años equivale ahora a aproximadamente el 80 % del PIB japonés.


 
La clave del fracaso de las medidas neoliberales para impulsar la inversión empresarial y poner fin al estancamiento de la economía japonesa desde la década de 1990 ha sido la disminución de la rentabilidad de la inversión de capital. La rentabilidad del capital en Japón ha caído más que en cualquier otra economía del G7.


 

El gran problema a largo plazo es la población de Japón. Ha ido disminuyendo y envejeciendo. Eso permite que el crecimiento de la renta per cápita sea superior al crecimiento total del PIB; el PIB real per cápita de Japón ha aumentado un 10,8 % desde 2010, mientras que el PIB real ha aumentado un 9,6 %. Pero incluso el crecimiento del PIB real per cápita se ha ralentizado. Los trabajadores están sobrecargados de trabajo. Japón acuñó el término karoshi —muerte por exceso de trabajo— hace 50 años, tras una serie de tragedias que afectaron a los empleados. Las grandes empresas están promoviendo la idea de la semana laboral de cuatro días para aliviar esta presión y aumentar la productividad. Pero hay pocos indicios de que esta u otras medidas estén funcionando para aumentar la productividad. El crecimiento de la productividad es ahora inexistente.


 

Es posible que las empresas japonesas hayan aumentado sus beneficios a costa de los salarios, pero no están invirtiendo ese capital adicional en nuevas tecnologías y equipos que mejoren la productividad. La inversión real no es superior a la de 2007. La inversión pública (aproximadamente una cuarta parte de la inversión empresarial) se mantiene estática. La imagen del capital japonés como innovador tecnológico parece haber desaparecido hace tiempo. La medida principal de la «innovación», la productividad total de los factores (PTF), ha pasado de crecer más del 1 % anual en la década de 1990 a situarse ahora cerca de cero, mientras que la enorme inversión de capital de las décadas de 1980 y 1990 ha desaparecido por completo. Por lo tanto, la tasa de crecimiento real «potencial» del PIB de Japón es cercana a cero.

Los primeros ministros van y vienen: de Abe a Kishida y a Ishiba, pero nada cambia. Japón ha acumulado déficits públicos permanentes, gastando en construcción y otros proyectos, y sin embargo la economía japonesa ha seguido estancada. Ante la falta de voluntad o la incapacidad del sector empresarial japonés para invertir, Takaichi está intentando ahora poner fin al estancamiento de Japón mediante el gasto fiscal, la reducción de los tipos de interés y la depreciación del yen para impulsar las exportaciones. Se trata de una política al estilo Truss-Trump que tiene muy preocupados al Banco de Japón y a las instituciones financieras, así como a los inversores extranjeros.

En lugar de estancamiento, la economía japonesa se ha transformado ahora en estanflación, con precios en alza, PIB y gasto de los consumidores estancados y salarios reales a la baja. Los precios al consumo han subido un 12 % desde 2021. Al mismo tiempo, el PIB apenas es superior al de 2018. El gasto, a su vez, está estancado porque los salarios reales han bajado un 7 % con respecto a su nivel de 2018.


 

Takaichi quiere impulsar el crecimiento con gasto fiscal y flexibilización monetaria, ignorando el consiguiente aumento de los rendimientos de los bonos y la caída del yen. Por el contrario, el Banco de Japón quiere limitar el aumento de los rendimientos de los bonos y mantener bajo el gasto fiscal para frenar la inflación y detener la caída del yen. Pero aquí está el dilema. El objetivo del Banco de Japón de reducir la inflación mediante tipos de interés más altos empeorará el estancamiento, pero el objetivo de Takaichi de impulsar el gasto fiscal y financiarlo con compras del Banco de Japón solo agravará la inflación.

Takaichi insiste acertadamente en que la inflación de Japón se debe principalmente a la oferta, pero cree que se trata de un problema transitorio y, por lo tanto, considera que restaurar el crecimiento es más importante que frenar la inflación. Hace un año, calificó al Banco de Japón de «estúpido» (similar al ataque de Trump a la Reserva Federal de EE. UU. por no recortar los tipos) por subir su tipo de interés del 0 % al 0,25 % (ahora está en el 0,75 %). Takaichi se opone a las subidas de los tipos de interés porque quiere ayudar a los fabricantes de automóviles y otros exportadores «a toda costa», especialmente a la luz de los aranceles comerciales de Trump sobre las exportaciones japonesas.

¿Acabarán las políticas de Takaichi hundiendo el mercado de bonos del Estado japonés, como hizo Liz Truss en el Reino Unido? Creo que no. La mayor parte de la deuda pública japonesa está en manos de japoneses (88 %), a diferencia de lo que ocurre en el Reino Unido. El riesgo de fuga de capitales solo reside en la parte que poseen los inversores privados, la deuda neta. Y esta última es menor de lo que ha sido en décadas, principalmente porque el Banco de Japón ha comprado gran parte de la deuda desde 2013. A principios de 2013, la deuda pública neta en manos de acreedores privados alcanzó un máximo del 144 % del PIB. Hoy en día, solo equivale al 96 % (véase el gráfico siguiente).


 

Sí, los rendimientos de los bonos han subido, pero la reducción de la deuda neta y los tipos de interés ultrabajos anteriores han reducido los pagos de intereses netos en todos los niveles de la administración pública a un insignificante 0,03 % del PIB en 2024, frente a casi el 1 % en 2012. Esto es fácilmente manejable.


 
Pero lo que sí muestran el aumento de los rendimientos y la caída del yen es, como ha dicho Richard Katz: «la lenta corrosión de la economía. Décadas de tipos de interés por debajo del mercado han mantenido a las empresas zombis con vida a expensas de las empresas más sanas. La asombrosa mitad del PIB de Japón se produce en sectores empresariales en los que la productividad (total de los factores) no solo se está desacelerando, sino que está disminuyendo. Los déficits crónicos son más un síntoma de la debilidad económica que su causa».
Dejar que el yen se deprecie no funcionará. La depreciación del 43 % del yen desde 2021 no ha impulsado las exportaciones de Japón. Las exportaciones en términos reales solo han aumentado un 5 % en los últimos tres años. Eso sugiere que las exportaciones japonesas son menos competitivas en los mercados mundiales. De hecho, el superávit comercial real de Japón en bienes y servicios está cayendo actualmente a una tasa anual del 15 %. Por lo tanto, la esperanza de Takaichi de que permitir la caída del yen impulse de alguna manera las exportaciones japonesas y reactivar el crecimiento económico es una ilusión.

No obstante, Takaichi parece estar en racha por ahora con su intención de «marcar la diferencia» como primera ministra «thatcherista». Y no ha desperdiciado la oportunidad de jugar la carta de la inmigración. El número de extranjeros que trabajan en Japón alcanzó un récord de 2,57 millones el año pasado. Los inmigrantes han contribuido realmente a mantener la economía en marcha, a medida que los ciudadanos japoneses envejecen y la población disminuye. Pero no para Takaichi. Ella ha pedido controles de inmigración para detener cualquier cambio en la «cultura» y el «modo de vida» japoneses. Una vez más, sigue el mensaje trumpista.

 

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3. Hedges sobre Chomsky y Epstein.

Yo creo que el tema Chomsky-Epstein está bastante claro para todos, independientemente de la postura que tomemos cada uno, pero para ir rematando os paso al menos este artículo de uno de los habituales, Hedges.

https://chrishedges.substack.com/p/noam-chomsky-jeffrey-epstein-and

Noam Chomsky, Jeffrey Epstein y la política de la traición

Chris Hedges

8 de febrero de 2026

No espero mucho de los políticos, los magnates empresariales, los rectores de universidades prestigiosas, los filántropos multimillonarios, las celebridades, la realeza o los oligarcas. Viven en burbujas narcisistas y hedonistas que satisfacen su adoración por sí mismos y su depravación moral. Pero sí espero mucho de intelectuales como Noam Chomsky. La explicación de su esposa Valéria —Noam sufrió un grave derrame cerebral en junio de 2023 y está incapacitado— sobre su relación con Jeffrey Epstein está llena de las excusas fatuas que utilizan todos aquellos que han sido desenmascarados en los correos electrónicos y documentos de Epstein. Según Valéria, ella y Noam eran «demasiado confiados». Esto les llevó a «tomar malas decisiones». Ella escribe que ella y Noam quedaron atrapados por las cenas con personalidades en la mansión de Epstein, los vuelos en su jet privado apodado Lolita Express, una referencia literaria a la explotación sexual de niñas que Noam habría reconocido, la ayuda financiera, los viajes al rancho de Epstein y el uso de uno de los apartamentos de Epstein en Nueva York. Al igual que todos los demás que aparecen en los archivos de Epstein, ella y Noam «nunca presenciaron ningún comportamiento inapropiado por parte de Epstein u otros».

El consejo de Noam a Epstein sobre cómo manejar las preguntas de la prensa sobre sus delitos, al igual que la carta de recomendación de Noam para Epstein, fue, insiste ella, el resultado de que Epstein «aprovechara las críticas públicas de Noam hacia lo que se conoció como la «cultura de la cancelación» para presentarse a sí mismo como una víctima de la misma». » Tras la segunda detención de Epstein en 2019, ella y Noam «fueron descuidados al no investigar a fondo sus antecedentes». Termina expresando «solidaridad sin límites con las víctimas». Su carta repite la fórmula de todos los que aparecen en los archivos de Epstein. Conozco y admiro desde hace mucho tiempo a Noam. Es, sin duda, nuestro intelectual más grande y con más principios. Puedo asegurarles que no es tan pasivo ni tan crédulo como afirma su esposa. Él sabía del abuso de menores por parte de Epstein. Todos lo sabían. Y, al igual que otros en la órbita de Epstein, no le importaba. De la correspondencia por correo electrónico entre Epstein y Valéria se desprende que ella disfrutaba especialmente de los privilegios que conllevaba formar parte del círculo de Epstein, pero esto no exime a Noam de su aquiescencia. Noam, precisamente él, conoce la naturaleza depredadora de la clase dominante y la crueldad de los capitalistas, que mercantilizan a las personas vulnerables, especialmente a las niñas y las mujeres, como objetos que pueden ser utilizados y explotados. Epstein no le engañó. Fue seducido. Su asociación con Epstein es una mancha terrible y, para muchos, imperdonable. Empaña irremediablemente su legado. Si hay una lección aquí, es esta: la clase dominante no ofrece nada sin esperar algo a cambio. Cuanto más te acercas a estos vampiros, más esclavizado te vuelves. Nuestro papel no es socializar con ellos. Es destruirlos.

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4. Caveat de Zhok sobre los Epstein Files.

Y en estos tiempos que llevan a la desconfianza y el escepticismo, una advertencia de Zhok sobre cómo cree que va a tratar el sistema el escándalo Epstein.

https://www.facebook.com/andrea.zhok.5/posts/pfbid0En3LEK5P362KNnLvxDjaAgeMvP5KG8ki9XpKwYYbsgXEjac6NVfQUc2SNdZEpY1Ml

ADVERTENCIA

En los grandes escándalos públicos, el poder utiliza tres tácticas sucesivas para limitar los daños.

La primera táctica es la más obvia: la NEGACIÓN, el recurso a la «negabilidad plausible». Simplemente se afirma que todo es falso y que no ha pasado nada. Si la gente está lo suficientemente distraída y los medios de comunicación complacientes hacen su trabajo, el encubrimiento funciona.

La segunda táctica es más elaborada y es la DESVIACIÓN, la mentira engañosa: se admite que algo ha sucedido, pero se atribuye a motivos y causas que no tienen nada que ver, con el fin de limitar los daños y tal vez golpear en el camino a algún enemigo de larga data.

La tercera táctica entra en juego cuando las dos primeras han fracasado; podemos llamarla la táctica del DILUCIÓN. Consiste en desacreditar por completo las «supuestas verdades» que han salido a la luz con el escándalo. Este resultado se obtiene en dos fases: en la primera se alimentan rumores exagerados, se difunden mezclas de verdades y mentiras, se involucra en una sospecha generalizada incluso a personas insospechables; en la segunda fase se aplasta la pelota así lanzada, mediante fáciles desmentidos. El resultado que se quiere obtener es provocar en la mente de la mayoría una capa de duda generalizada: « Sí, algo ha pasado, pero quién sabe cuánto de lo que dicen es cierto»; «Ya no se entiende nada, ya no se puede distinguir el bien del mal».

La primera táctica apela a la tendencia de la mayoría a querer confiar en el sistema (porque admitir su maldad es demasiado fatigante e inquietante).

La segunda táctica apela a la misma tendencia psicológica, pero desviando su interpretación.

La tercera táctica se basa en el gusto popular por las narrativas apocalípticas y en el placer inherente que muchos sienten al ver caer a quienes antes se consideraban héroes: sobre esta base psicológica, la difusión de mentiras retractables y de culpabilizaciones indiscriminadas se inflama rápidamente, y tras una gran llamarada se apaga con la misma rapidez.

En el escándalo Epstein, la primera táctica resistió durante años, prácticamente hasta hace unos meses. Había quienes estaban alerta, pero para el gran público se trataba o bien de una invención de la prensa sensacionalista o bien de una historia de libertinaje común, como tantas otras que se oyen, materia de crónica negra.

La segunda táctica ha surgido recientemente, tan pronto como la primera comenzó a demostrarse insuficiente, sobre todo tratando de acreditar la versión de que detrás de todo está el proverbial «villano» del Occidente decente, es decir, Putin y el Kremlin.

La tercera táctica está entrando en pleno funcionamiento estos días, solo que aún no somos plenamente conscientes de ello. Dada la naturaleza tentacular de los documentos, la dificultad de explorarlos y la falta de fiabilidad de las fuentes oficiales, los archivos Epstein se prestan a convertirse en el lugar ideal para hacer circular bocados mixtos de verdad y mentira, de documentación y conjeturas, que primero deben calentar el debate público al rojo vivo disparando a quemarropa contra todo y todos, para luego lanzar desmentidos selectivos, como cubos de agua helada que apagan en la opinión pública tanto lo falso como lo verdadero.

Creo que este es el momento en el que no hay que dejarse llevar por la furia sagrada de quemarlo todo, de inmediato y de forma indiscriminada, porque el gran riesgo es diluir todo el edificio de verdades inquietantes, hacer que degenere en un ruido de fondo: «Sí, todo es posible, pero se dicen muchas cosas».

En el contexto de esta última táctica, una de las tendencias que veo con preocupación es la de involucrar de forma sensacionalista a personajes «por encima de toda sospecha», cuya participación documentada entra en la categoría de «relaciones dudosas», pero que la inclinación plebeya de arrastrar por el barro a los héroes del pasado alimenta con facilidad. Pienso en algunos nombres que circulan mucho estos días, como Stephen Hawking, Noam Chomsky, Woody Allen y otros.

Ahora bien, es perfectamente lógico que si salieran a la luz actos manifiestamente inmorales o sustancialmente ilegales relacionados con cualquiera de estos personajes públicos, se sacarían las consecuencias del caso. Sin embargo, en todos estos casos, lo que ha salido a la luz hasta ahora se enmarca en las categorías de «relaciones cuestionables», «bromas inapropiadas», etc. Por supuesto, hoy en día hay muchas más cosas que parecen cuestionables que hace meses o años, cuando todavía se utilizaba la táctica mediática de la «negabilidad plausible»

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Personalmente, no me interesa defender a ninguno de esos personajes «por encima de toda sospecha». Ninguno de ellos se encuentra entre mis «santos», entre mis «figuras de referencia».

Pero recuerdo que, hasta ahora, los archivos de Epstein son una cantidad colosal de palabras por verificar, de afirmaciones que cualquier abogado podría desestimar como malentendidos, palabras en libertad, confabulación y mitomanía. Si no se llevan a cabo investigaciones y búsquedas de pruebas, todo este enorme material no conducirá literalmente a nada. Y para que no pase a la fase de investigación, las presiones son y serán enormes. Lo único que está del lado de la búsqueda de la verdad es la presión de una opinión pública convencida de su verosimilitud.

En este contexto, recomiendo encarecidamente ir con cuidado con las conjeturas a ultranza, y ello por dos razones.

El primero ya se ha mencionado en parte anteriormente: al generalizar el indignación, al meter en el mismo saco la pedofilia y las «frases sospechosas», los proyectos de cambio de régimen y la «insuficiente distancia», etc., se acaba creando un inmenso caldo de cultivo melodramático en el que todo se confunde y en el que, en cuanto algo empiece a no cuadrar, todo el asunto pasará al departamento de «leyendas urbanas».

La segunda razón es que la complacencia en destruir a los «héroes» del pasado es el camino directo que conduce al populismo (como si necesitáramos más populismo). El sutil placer plebeyo de poder decir que, al fin y al cabo, «ya ves, todo es un magna magna, todos son iguales, todo es una porquería, el más limpio tiene sarna, predican bien y practican mal», y así sucesivamente con los lugares comunes, es el mejor cómplice psicológico de quienes quieren inculcar la resignación, de quienes quieren seguir detentando el poder sin ser molestados.

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5. Prashad de nuevo sobre Cuba.

Y hay que seguir hablando de Cuba, como hace de nuevo Prashad en su Substack.

https://luciddialectics.substack.com/p/why-is-the-united-states-afraid-of

¿Por qué Estados Unidos le tiene miedo a Cuba?

Venceremos

Vijay Prashad

9 de febrero de 2026

Cuba se ha quedado sin combustible para aviones. Esto significa que menos aerolíneas se arriesgarán a volar a La Habana porque no podrán repostar en Cuba. Esta medida afectará gravemente a la industria turística cubana, que, a pesar de todos sus problemas, aporta al país unas valiosas divisas. Pronto se agotarán otras formas de energía y Cuba tendrá dificultades con el transporte, la calefacción y la energía para la población (incluido el funcionamiento de equipos que salvan vidas en los hospitales). La situación es grave, más peligrosa que el Período Especial tras la caída de la URSS en 1991.

El presidente cubano Miguel Díaz-Canel dijo que su país no representa una amenaza para Estados Unidos:
No protegemos a terroristas y no hay fuerzas militares de otras naciones ni de otros grupos en Cuba. En Cuba hay, efectivamente, una base militar —una base militar ilegal— y se trata de una base militar ilegal de Estados Unidos en suelo cubano, en la provincia de Guantánamo, contra la voluntad del pueblo cubano.

Cuba está dispuesta a entablar un diálogo abierto con Estados Unidos, afirmó Díaz-Canel, sin condiciones previas. El único tema que quedó fuera de la mesa fue el cambio de régimen. Como escribió recientemente Manolo De Los Santos, para el pueblo cubano la rendición no es una opción. Esto es algo que se ve habitualmente en Cuba, un país de gran dignidad a pesar de la terrible indignidad del bloqueo estadounidense.

A finales de diciembre de 2025, cuatro relatores especiales de la ONU emitieron una declaración sobre el bloqueo estadounidense a Cuba. Estos relatores eran Ben Saul, de Australia (promoción y protección de los derechos humanos), George Katrougalos, de Grecia (promoción de un orden internacional democrático y equitativo), Surya Deva, de la India (derecho al desarrollo), y Gina Romero, de Colombia (derechos a la libertad de reunión pacífica y de asociación). Para ellos, el bloqueo está prohibido en virtud del artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas. Escribieron lo siguiente:

  1. No existe el derecho a imponer sanciones unilaterales mediante un bloqueo armado.
  2. Se trata de un uso grave de la fuerza que también se reconoce expresamente como agresión armada ilegal en la Definición de Agresión de la Asamblea General de 1974.
  3. Como tal, se trata de un ataque armado en virtud del artículo 51 de la Carta, lo que en principio otorga al Estado víctima el derecho a la legítima defensa.

Esto significa no solo que el bloqueo de Estados Unidos a Cuba es ilegal, y ni siquiera que se trata de una amenaza militar, sino que ya es un estado de guerra. En otras palabras, Estados Unidos ha estado en guerra con Cuba desde la Revolución Cubana sin que haya habido ninguna amenaza o represalia por parte de Cuba.

¿Por qué Estados Unidos, un país de 340 millones de habitantes, teme a Cuba, un país de 11 millones? No por Cuba en sí, sino por la Revolución Cubana, porque desafía a Estados Unidos y porque su desafío es contagioso en todo el mundo. Cuba es un símbolo de la sanidad y la educación, de los médicos y los profesores, no un símbolo —como Estados Unidos— de las bombas y la agresión. Estados Unidos quiere destruir la Revolución Cubana porque ya no quiere que los pueblos del mundo sueñen con una vida de alfabetización y bienestar, de posibilidades y esperanza. Estados Unidos quiere un mundo de desesperación y miedo. Esa es la elección: dignidad por un lado y humillación por el otro.
¿De qué lado estás?

Si está con la dignidad, defienda la Revolución Cubana contra el imperialismo yanqui, sinónimo de humillación.

Puede que ellos tengan tanques de sobra, pero nosotros tenemos justo lo que necesitamos, ¡ni uno de sobra! Toda su tecnología se derrumba como cubitos de hielo bajo el sol del mediodía en un caluroso verano. Y de nuevo, igual que cuando solo teníamos siete armas y un puñado de balas. Hoy en día, tenemos mucho más que esas siete armas. Tenemos un pueblo que ha aprendido a manejar las armas; tenemos toda una nación que, a pesar de nuestros errores, tiene un grado tan alto de cultura, educación y conciencia que nunca permitirá que este país vuelva a ser su colonia.
Este país puede autodestruirse; esta Revolución puede destruirse a sí misma, pero ellos nunca podrán destruirnos; nosotros podemos destruirnos a nosotros mismos, y sería culpa nuestra.

Fidel Castro, 2005.

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6. Documental sobre Starmer y la protección de la industria armamentística israelí.

Para sorpresa de nadie, la vomitiva actuación del gobierno británico se debe a sus vínculos con la industria armamentísticas. En el original incluye varios fragmentos en vídeo, que no puedo incluir en un correo.

https://jonathancook.substack.com/p/ch4-doc-shows-starmers-ban-on-palestine

El documental de Channel 4 muestra que la prohibición de Starmer sobre Palestine Action se hizo para proteger a la industria armamentística

Palestine Action no fue prohibida por ser una organización terrorista. Fue prohibida porque grandes corporaciones, como la empresa armamentística Elbit, se han apoderado del Gobierno británico.

Jonathan Cook

10 de febrero de 2026

El documental de Channel 4 de anoche sobre la proscripción de Palestine Action como organización terrorista fue un juego de dos mitades. La primera mitad, que construyó el caso del Gobierno para la proscripción, fue presumiblemente el «equilibrio» necesario para evitar una avalancha por parte del resto de los medios de comunicación del establishment. La segunda mitad procedió a derribar el caso del Gobierno ladrillo a ladrillo.

Estas son las cinco conclusiones principales de la segunda parte:

1. La película nos recordó que la proscripción de Palestine Action como organización terrorista por parte del Gobierno se llevó a cabo a instancias de Elbit Systems, la empresa armamentística israelí que fabrica drones asesinos para su uso en Gaza, principal objetivo de Palestine Action.

Los funcionarios del Gobierno se reunían regularmente con Elbit. Un correo electrónico interno del Ministerio del Interior de 2023, dos años antes de la proscripción, afirma: «Tranquilizar a Elbit Systems UK y al sector en general afectado por Palestine Action asegurándoles que el Gobierno se preocupa por el daño que el grupo está causando al sector privado [las industrias armamentísticas]».

2. Un alto funcionario del Ministerio del Interior dijo a los realizadores de la película que entre el personal existía la creencia generalizada de que el Gobierno había «equivocado» al prohibir Palestine Action, y que había «inquietud» por el hecho de que el Gobierno estuviera utilizando a Palestine Action como una forma de restringir los derechos de protesta y de expresión en general.

3. Lord Hain, exministro del Gobierno laborista, explicó que, cuando se presentó a los diputados y lores una enmienda a la Ley contra el terrorismo en 2020, en virtud de la cual ahora se ha prohibido Palestine Action, el Gobierno había asegurado explícitamente que los daños criminales a la propiedad —el modus operandi de Palestine Action— no se considerarían terrorismo.

También recordó a los espectadores que, si los gobiernos anteriores hubieran adoptado el mismo enfoque que el gobierno de Sir Keir Starmer, los movimientos sufragistas y antiapartheid también habrían sido declarados organizaciones terroristas.

4. El asesor del gobierno en materia de terrorismo, Jonathan Hall KC, dejó claro que no había ninguna prueba de que existiera ningún vínculo entre Palestine Action e Irán, una afirmación filtrada a la prensa por el gobierno el mismo día en que se prohibió Palestine Action. Private Eye ya había informado en noviembre de que la afirmación había sido inventada por una empresa de relaciones públicas de Elbit Systems.

5. Además, Lord Walney, el antiguo asesor «independiente» del Gobierno en materia de violencia política, que ha estado al frente de la demanda de una legislación aún más draconiana para prohibir las protestas relacionadas con Israel y su genocidio, tuvo dificultades para responder a las preguntas de la entrevista.

Quedó muy claro que sus opiniones sobre el tema no tenían nada que ver con el bien público, sino que estaban determinadas por sus vínculos con la industria armamentística y su papel como lobista de Israel.

Lo que el programa dejó claro es que el Gobierno de Starmer tomó la decisión sin precedentes de declarar a Palestine Action organización terrorista, no porque el grupo sea una organización terrorista, sino porque las grandes empresas —empresas armamentísticas como Elbit— se han apoderado del Gobierno británico.

Pero quiero añadir una crítica, en particular, sobre una escena de la primera mitad. En una entrevista con Huda Ammori, cofundadora de Palestine Action, se le pidió, de forma realmente vergonzosa, que condenara a Hamás por su ataque del 7 de octubre de 2023.

Hace tiempo que deberíamos haber superado el punto en el que se espera que los palestinos —que llevan más de dos años sufriendo un genocidio de su pueblo— hagan este tipo de denuncias rituales antes de que se les escuche.

Si eso no resulta obvio, consideremos otra entrevista del programa, esta vez con Gideon Falter, director de la Campaña contra el Antisemitismo (CAA). La CAA es una organización virulentamente proisraelí que recientemente fue criticada por un juez por engañarlo repetidamente —mentir— en un caso de antisemitismo que llevó ante los tribunales.

¿Por qué los responsables del programa no le preguntaron a Falter, que en realidad es un apologista de la violencia israelí, si condenaría a Israel por su matanza de niños en Gaza durante dos años? Es de suponer que evitaron esa confrontación porque habría sugerido que estaban responsabilizando colectivamente a los judíos por las acciones del Gobierno israelí.

En tal caso, ¿por qué sigue estando bien insinuar que los palestinos son colectivamente responsables de las acciones de Hamás?

Que este doble rasero siga siendo una postura respetable para los periodistas debería ser realmente escandaloso.

Todos los videoclips son cortesía de Saul Staniforth.

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7. El fascismo hoy (1).

En TNI han publicado su dossier anual «El estado del poder». Este año lo han dedicado al fascismo. Si os parece, os iré pasando sus artículos. Eso sí, el primero ha sido traducido por la gente de Communis, así que os paso esa versión con traducción «humana». El original está en https://www.tni.org/en/article/lifeboats-steampunk-and-colonialism-fascism-today

https://communispress.com/botes-salvavidas-steampunk-y-colonialismo-que-es-hoy-el-fascismo/

Botes salvavidas, steampunk y colonialismo: ¿qué es hoy el fascismo?

Alberto Toscano, Harsha Walia

Feb 8, 2026

«Lifeboats, steampunk and colonialism — fascism today: A conversation with Alberto Toscano and Harsha Walia» apareció en The Transnational Institute (TNI) el 3 de febrero de 2026. La entrevista, realizada por Nick Buxton, forma parte de la serie «State of Power 2026» de TNI. En ella, Toscano y Walia exploran las raíces históricas y la dinámica capitalista actual que han llevado al auge del fascismo en todo el mundo, así como las causas de que la guerra contra los inmigrantes, las drogas y las personas en situación de pobreza se haya convertido en el eje de la movilización fascista.

«Estados Unidos no necesita el petróleo venezolano. Hoy por hoy, Venezuela produce tanto petróleo como Dakota del Norte, donde ya operan empresas como Chevron. Pero es evidente la nostalgia por una modalidad más cruda del imperialismo, como en el siglo XIX, con un mayor grado de depredación, extorsión, saqueo y piratería en su forma más directa. Se trata de una estrategia de acumulación abiertamente fascista. Y, dadas las reservas petroleras venezolanas (las más grandes del mundo) y la rivalidad con China, estamos además ante una apuesta por el dominio energético, que niega por completo la transición energética en la que China está asumiendo un liderazgo cada vez mayor.»
— Harsha Walia

Una conversación con Alberto Toscano y Harsha Walia

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Nick Buxton

¿Qué es el fascismo y en qué se diferencia hoy de sus manifestaciones de otras épocas?

Alberto Toscano

Es esa una pregunta que se ha vuelto algo incómoda para mí, pues desde hace algún tiempo he venido denunciando la obsesión de las ciencias políticas por establecer una definición rígida y estricta del fascismo o por compilar listas de verificación que nos digan lo que es fascismo y lo que no. Como si existiera un manual de diagnóstico de trastornos políticos en el que bastara marcar varias características o elementos. Dicho esto, para empezar a abordar el fenómeno del fascismo podría decirse que es una política de dominación, supremacismo y exclusión que surge de las crisis de las democracias electorales de masas.

Dicho así, no deja de ser una noción harto general pero que, al mismo tiempo, con un poco de suerte, nos permitirá reflexionar sobre las continuidades y las diferencias entre los fascismos europeos de entreguerras y los movimientos o regímenes actuales que podemos calificar de fascistas o fascisizantes.

No me inclino a buscar la esencia del fascismo, sino a pensar en potencialidades o procesos fascistas, por utilizar un término que ya a finales de los años sesenta y setenta empleara Angela Davis[1].

Si fuéramos a trazar un panorama de lo que significa actualmente fascismo, tendríamos que lidiar con las enormes transformaciones en la vida social, económica y política que hemos presenciado en el siglo transcurrido desde la Marcha sobre Roma de Mussolini. Y, también, hacer frente a cuestiones que no eran pertinentes para los fascismos de entreguerras, pero que ahora son absolutamente claves, como la catástrofe climática.

Harsha Walia

En su núcleo duro, el fascismo es una ideología supremacista explícita que subyace a su racismo, a su sexismo, a su ideología patriarcal y su transfobia. Todos esos rasgos son inherentes al neoliberalismo y a las democracias electorales. Pero, en su orientación, el fascismo es explícitamente supremacista de formas que le son propias.

Los estudiosos de la tradición radical negra nos dirían que fascismo es colonialismo. Es esa una cuestión importante, pues en no pocos casos las definiciones del fascismo han girado en torno a ideas eurocéntricas y al período de entreguerras. George Jackson en Estados Unidos[2], George Padmore con su articulación del fascismo colonial[3] o Aimé Césaire con sus análisis proféticos[4] nos dirían que la mejor manera de entender el fascismo es viendo en él una fase del colonialismo. Creo que es esa la forma más importante de entenderlo, como una faceta del colonialismo, trátese del rostro imperialista del colonialismo o el de la colonia de asentamientos en países como Canadá y Estados Unidos.

El fascismo es siempre contrarrevolucionario y procapitalista, a pesar de sus intentos de cooptar a la clase trabajadora. Y está siempre alineado con el capitalismo, a pesar de tendencias centrífugas que pudiesen apuntar a lo contrario. Por lo que, a mi juicio, son esos los tres pilares fundamentales del fascismo: ser la expresión explícita de una ideología supremacista, estar arraigado en el colonialismo y ser una fuerza contrarrevolucionaria alineada con el capitalismo.

Quizás las diferencias entre el fascismo actual y el de otros períodos radiquen en el hecho de que, en la Europa de entreguerras, el fascismo se concebía a sí mismo como un retorno a una época anterior, impulsado por la nostalgia por una política y una época puritanas y supremacistas. En cambio, hoy en día, en medio de la crisis climática a la que nos enfrentamos, el fascismo exhibe una tendencia mucho más supervivencialista. Es menos nostálgico y más apocalíptico, arraigado en ideas darwinistas de supervivencia.

La otra realidad importante de nuestra época es que el fascismo se está extendiendo cada vez más por todo el mundo. Vivimos en un mundo multipolar, real o aparente, en el que han emergido potencias imperiales o subimperiales cada vez más fuertes en el Sur Global. Las tendencias fascistas se están extendiendo más allá de la antigua división Norte-Sur, respaldadas por el capital y el capital transnacional.

NB: ¿Cuáles creen que sean las razones fundamentales que subyacen a ese resurgimiento de la política fascista en este momento?

AT: Entre las razones más importantes se encuentra la que Harsha acaba de mencionar en relación con el carácter supervivencialista de los movimientos fascistas y de extrema derecha contemporáneos. Pensemos en un bote salvavidas. Desde la crisis financiera mundial de 2007-2008, posiblemente incluso desde antes, hemos vivido un largo período de estancamiento capitalista: disminución de las expectativas socioeconómicas y reducción del salario social y de la red de seguridad social, mientras que los esfuerzos por lograr mejoras sociales más igualitarias o universalistas se han visto repetidamente aplastados o restringidos, a menudo por las mismas fuerzas que se presentan como liberales o incluso socialdemócratas o de izquierda.

Se ha generalizado la idea de que las cosas no van a mejorar, de que el pastel se está reduciendo. Hasta los negacionistas del cambio climático son a menudo, implícitamente, realistas climáticos; por ejemplo, cuando hablan de escenarios apocalípticos de migración masiva. Al fin y al cabo, ¿por qué se producirían esas migraciones masivas? Ah, claro, precisamente por lo que ellos dicen que no es así.

La devastación neoliberal de las expectativas sociales ha generado una sensación de precariedad y un futuro hipotecado —lo que ha desempeñado un enorme papel en las victorias de la extrema derecha— y ha creado una corriente subterránea de profundo cinismo. En última instancia, tengo la sensación de que la mayoría no cree en las grandiosas visiones retóricas sobre cómo «volver a ser grandes» o en un futuro de riqueza o abundancia, sino que se moviliza por las promesas de que podrán conservar algunos bienes materiales y simbólicos para el grupo étnico, nacional, religioso o de clase al que pertenezcan. Si las cosas están empeorando inexorablemente, tal vez ello se pueda frenar mediante políticas de exclusión o jerarquía. A menudo, los únicos bienes disponibles son puramente simbólicos, como el empobrecimiento o la humillación de otros, y no el mejoramiento de su propia vida. Para decirlo como W. E. B. Du Bois, los «réditos psicológicos» son susceptibles de aumentar a medida que los réditos materiales se estancan. Esa noción de juego de suma cero encaja con la centralidad que las políticas racistas y xenófobas contra los inmigrantes tienen en la extrema derecha de todo el mundo.

HW: Concuerdo con todo lo que acaba de decir Alberto. El auge de las tendencias fascistas ha pasado de ser una nostalgia por el pasado a una lucha contra la miseria del presente y, lo que es igual de importante, contra una miseria desconocida en el futuro. Se tiene la sensación de que las cosas no van para mejor.

La gran mayoría de la población mundial comprende la crisis del capitalismo. La cuestión es lo que decidan hacer al respecto. Las tendencias fascistas, más que cualquier otra cosa, ofrecen a las personas una sensación de victoria en un mundo profundamente desigual. Y esa sensación de victoria es el rédito psicológico: es el sadismo, son las guerras culturales, es sentirse superior a los demás.

NB: ¿Qué hay de la relación del capital —y, en particular, de las élites empresariales— con los líderes fascistas? Bajo el neoliberalismo, esas élites ya estaban ganando. ¿Por qué entonces han hecho causa común con los líderes fascistas?

HW: Diría que son varias las razones. En primer lugar, sin que quepa duda, si bien es cierto que el neoliberalismo congenia con el capitalismo, también lo es que los neoliberales tienen que lidiar con el descontento cada vez mayor de un número cada vez amplio de sectores de la sociedad. Las tendencias derechistas y fascistas ofrecen una falsa alternativa al neoliberalismo que permite al capitalismo resucitar y salvarse a sí mismo. No pocos neoliberales tienen plena conciencia de que el fascismo puede presentar una fachada anticapitalista con tal de ofrecer algo a las personas descontentas con las crisis del capitalismo, cuando en realidad lo que hace es servir de sostén del capitalismo. Es esa una de las razones por las que los neoliberales se alinean con los líderes fascistas.

Muchos líderes empresariales, que al fin y al cabo detentan un enorme poder político, creen realmente en ideas fascistas. Más allá de Estados Unidos, que es un caso demasiado obvio, tomemos, por ejemplo, el caso de India, donde la riqueza intergeneracional y el neoliberalismo están profundamente marcados por el sistema de castas y el racismo. Multimillonarios como Ambani y Adani creen en el supremacismo basado en las castas y en el racismo antimusulmán. Ambani, el hombre más rico de India y uno de los más importantes patrocinadores de Narendra Modi, dirige un canal de «noticias» que se pasa todo el día emitiendo tonterías contra los musulmanes. Así, pues, hay miembros de la clase capitalista —como Ambani en India o Musk en Estados Unidos— que utilizan su capital para respaldar a líderes fascistas porque genuinamente creen en esas ideas, y no necesariamente para poner a resguardo sus intereses capitalistas, aunque, por supuesto, los líderes fascistas también suelen proteger sus intereses.

AT: Es esa una pregunta extremadamente espinosa, pues la situación actual es claramente diferente de la del período de entreguerras en que surgió el fascismo. En aquel entonces, la mayor parte del capital industrial y financiero acabó respaldando a los líderes fascistas ante la enorme agitación social, el desempleo y los movimientos obreros y revolucionarios a gran escala que habían puesto en crisis la acumulación de capital. Pero la decisión de la élite de entonces de optar por una política extrema y potencialmente disruptiva ante una emergencia o crisis político-económica no sirve para caracterizar la situación en la que hoy nos vemos. Estamos hoy atravesando un largo período de estancamiento, pero también una época de enormes ganancias para unas pocas grandes empresas, especialmente en el sector de la tecnología. También llevamos cincuenta años en un período marcado por la emancipación sustancial del capital respecto de la clase trabajadora, de las regulaciones y de los impuestos. Una gran pregunta que nos hacemos hoy es, precisamente, qué más desean los capitalistas.

A lo cual podría responderse diciendo que no estamos lidiando con un capital empresarial anónimo y sin rostro, sino con una clase de multimillonarios que ejercen un poder político personalizado en todo el planeta. Pensemos en Bezos, Ellison o Musk. Sus caprichos y sus particulares inclinaciones ideológicas tienen consecuencias históricas. A veces se tiene la impresión de que lo que está en juego no es ya ninguna visión estadística o macroeconómica de los intereses de la clase capitalista en su conjunto, sino más bien las inclinaciones políticas de esas seis o siete personas.

Así, cuando Musk habla en directo en una reunión de Alternativa para Alemania (AfD) o de la Liga de Defensa Inglesa (EDL), no lo hace en nombre de los intereses generales de la clase capitalista, sino a título personal en cuanto supremacista blanco con su propia historia y sus propias e idiosincráticas obsesiones. Vivimos en un mundo tan irracional que un poder personalizado de ese tipo goza de un papel desmesurado. Musk puede no sólo intervenir directamente en la vida política de Alemania e Inglaterra, sino que también puede apagar los satélites que ayudan a Ucrania a defenderse de la invasión a gran escala de Rusia.

Pero si nos fijamos en por qué a Trump lo han elegido dos veces, no es tanto por los multimillonarios per se, sino en gran medida por toda una galaxia de capitalistas mucho más pequeños, como los propietarios de lavanderías o gasolineras u otros a quienes antes se habría clasificado como parte de la pequeña burguesía. Es esa una historia que Melinda Cooper cuenta de forma convincente en su reciente libro Counterrevolution[5].

NB: Ya que han tocado ese tema, ¿podrían hablar más sobre la base de clase de los movimientos de extrema derecha y qué es lo que mantiene unida a esa alianza aparentemente contradictoria de oligarcas como Musk y trabajadores descontentos?

AT: Es complicado el asunto, ya que primero hay que distinguir entre la dimensión electoral —que es el fenómeno más obvio en el auge de la extrema derecha—, por un lado, y movimientos que presentan enormes variaciones entre países como Argentina, Hungría o India, y cuyas bases sociales y de clase tampoco son fácilmente comparables. Así que preferiría ser cauteloso a la hora de hacer afirmaciones demasiado generales.

Aun así, creo que se ha sobreestimado el papel material de la clase trabajadora en los movimientos fascistas contemporáneos, sobre todo porque la clase trabajadora industrial, en el sentido tradicional del término, no es especialmente numerosa ni en Europa ni en Estados Unidos. Por otro lado, en no pocos comentarios o análisis, podemos constatar esa dudosa tendencia a tratar el hecho de no poseer una educación universitaria como un sustituto de la clase social. El caso es que en Estados Unidos los votantes republicanos, independientemente de sus títulos académicos, solían pertenecer a grupos de ingresos más altos y provenían con mayor frecuencia de la pequeña burguesía que de la clase trabajadora; en cualquier caso, difícilmente constituyeran un ejército reaccionario de proletarios.

Lo cual no quiere decir que la extrema derecha a nivel mundial no movilice a muchos que pertenecen a la clase trabajadora en sentido general, algo que, por supuesto, está obligada a hacer para ganar las elecciones. Sin que por ello estemos dando crédito a la idea de que el nuevo fascismo sea producto de una revuelta de la clase trabajadora.

HW: Creo firmemente que no se trata de una alianza, pues no hay muchos sindicatos importantes que hayan dado su apoyo formal a los movimientos fascistas.

Todo el concepto de clase trabajadora blanca descontenta proviene de Europa y Norteamérica, por lo que no resulta válido para la mayoría de los demás lugares. Por no hablar del hecho de que, en sí misma, «clase trabajadora blanca» es una construcción del colonialismo y del etnoestado que presupone la blancura de una clase trabajadora que, por lo demás, es multirracial.

Resulta más útil reflexionar sobre las razones por las que personas que tienen mucho más que perder con el fascismo se sienten atraídas por este o votan por él. A menos que nos fijemos en países como India, donde se está produciendo un reclutamiento real y espantoso de decenas de miles de personas en enormes fuerzas paramilitares fascistas, en general la atracción que ejercen las ideas fascistas tiene como base un descontento difuso e individualizado con el neoliberalismo. Lo cual no necesariamente significa que cada persona se adhiera a todo el programa o a las políticas fascistas en toda su extensión. Cosa que quizás se vea hoy de forma más clara en quienes en Estados Unidos dicen que votaron por Trump, pero que ahora se sienten avergonzados por los secuestros y el terror desatado por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). A menudo esa atracción que ejerce el fascismo es también señal de que el votante está descontento con el sistema electoral y con las falsas opciones que se le presentan. Y, como he dicho antes, la gente también se siente en gran medida atraída por la idea de ganar, porque la vida de la mayoría de las personas es cada vez más precaria.

Para concluir diría que hoy en día la identidad de las personas ya no está marcada por ideas tradicionales y fordistas de clase. La mayoría de las personas no empiezan diciendo «soy un trabajador» o «trabajo en una fábrica», sino que suelen reivindicar como primarias otras identidades. El fascismo se basa cada vez más en la construcción de identidades, como el racismo contra los negros y el racismo contra los inmigrantes, para movilizar a las personas hacia identidades concretas. Ya sea Bolsonaro, Duterte o Trump, existe una construcción de identidad muy clara en torno a la cuestión de quién es el «ciudadano», que es susceptible de atraer a cualquier persona independientemente de su clase social.

Además, el fascismo apela fuertemente a la retórica contra los consumidores de drogas y los pobres, lo que refuerza la industria carcelaria y, al mismo tiempo, imbuye a algunos de un sentido de superioridad sobre otras personas con quienes comparten intereses de clase, y que empiezan así a verse a sí mismos como gente aparte y «mejores» que el resto. Ese fascismo en aumento se aprovecha del sentimiento que mucha gente alberga de que trabaja duro, pero lo convierte en un arma —con un toque de control moralizante— para explicar que la razón por la que la gente se ha visto no menos duramente golpeada no es el neoliberalismo o el capitalismo, sino «otras personas» que dependen del Estado de bienestar, consumen drogas o se roban recursos. De modo que la atracción por el fascismo no se basa principalmente en la identidad de las personas en cuanto trabajadores o gente de clase trabajadora, sino en la construcción de la identidad del «ciudadano generativo», que generalmente se constituye de forma explícita en contra de los inmigrantes y de las personas que viven en la pobreza.

NB: Han pasado apenas unos pocos días desde los ilícitos ataques de Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro de Maduro y de su esposa. ¿Cómo entienden la relación entre el fascismo y el imperialismo y, en términos más generales, su relación con el militarismo y el complejo industrial-militar?

AT: A ese propósito resulta útil volver a las continuidades entre el colonialismo y el fascismo que mencionaba Harsha. En lo que toca al estudio del poder colonial, cabe recordar la obra del historiador de estudios subalternos Ranajit Guha, quien, en diálogo con Gramsci, utiliza la fórmula «dominación sin hegemonía», que más tarde tomará en préstamo Giovanni Arrighi en su Adam Smith in Beijing[6]. Es esa la forma que adopta la política de fuerza del colonialismo y, cada vez más, la forma de poder que por defecto adopta el imperialismo contemporáneo. Ya no se percibe la necesidad de supervisar un conjunto relativamente estable de alianzas planetarias jerárquicamente organizadas en torno a un centro ocupado por Estados Unidos. Se percibe, en cambio, que el poder estadounidense busca hoy utilizar su gigantesco aparato militar para una política de saqueo abiertamente extorsivo, aun cuando no sea directamente necesario desde el punto de vista económico.

Estados Unidos no necesita el petróleo venezolano. Hoy por hoy, Venezuela produce tanto petróleo como Dakota del Norte, donde ya operan empresas como Chevron. Pero es evidente la nostalgia por una modalidad más cruda del imperialismo, como en el siglo XIX, con un mayor grado de depredación, extorsión, saqueo y piratería en su forma más directa. Se trata de una estrategia de acumulación abiertamente fascista. Y, dadas las reservas petroleras venezolanas (las más grandes del mundo) y la rivalidad con China, estamos además ante una apuesta por el dominio energético, que niega por completo la transición energética en la que China está asumiendo un liderazgo cada vez mayor.

Ni siquiera se hace el menor esfuerzo por revestir de un barniz jurídico esa apropiación de recursos. Es fácil ver la diferencia entre la guerra de Bush en Iraq, para la que se esgrimió como pretexto el argumento de la democracia, y el caso de Venezuela, en que Trump deja abiertamente claro que «vamos a quedarnos con el petróleo» (y a depositar los ingresos del petróleo en cuentas en el extranjero o en «fondos para sobornos» controlados directamente por el propio Trump). La idea de proyectar el poder blando de Estados Unidos, promover transiciones democráticas y construir alianzas ha perdido todo interés.

El actual modelo imperialista estadounidense es como una versión steampunk de los Estados Unidos del siglo XIX, pero con Palantir e inteligencia artificial y con una ideología supremacista blanca explícita y dominante. Si se lee la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos, la sección sobre Europa es delirantemente reaccionaria: en ella se sostiene que de aquí a veinte años los países de Europa habrán dejado de ser «europeos», basándose para ello únicamente en categorías raciales. El apoyo a los partidos de extrema derecha forma parte de manera explícita de la estrategia estatal estadounidense.

Para la política exterior trumpista, además, las fronteras son algo por completo impermeables en una dirección y totalmente permeables en la otra. Y así la guerra contra las drogas, la guerra contra el terrorismo y la guerra contra la inmigración se fusionan en una sola guerra interminable, proteica y fractal, lo que por demás viene a explicar de dónde sale ese relato sobre Maduro como siniestro jefe de un cartel ficticio que enviara hacia Estados Unidos drogas y migrantes desde prisiones y «manicomios». Al parecer, Trump sufre de ese cortocircuito que lo hace creer que quienes solicitan asilo provienen de asilos. Es con ese nivel de delirio e idiotez con el que estamos lidiando. Todo se fusiona en el contexto de esa Doctrina Monroe 2.0 (también conocida como «Doctrina Donroe», nombre tan estúpido como su referente) según la cual hay que dominar el hemisferio occidental para hacer frente a las «amenazas» a las que se ve expuesta la clase política de Estados Unidos y asegurar el acceso a minerales raros, petróleo y otros recursos, que se presentan directamente como propiedad de Estados Unidos.

Se trata de una combinación de maniobras político-económicas directas, políticas de fuerza, intereses materiales y exigencias ideológicas totalmente fantasiosas que no necesariamente benefician al capital estadounidense en su conjunto. En todo lo cual se pone en juego un exceso de ideología.

Entretanto, el partido racional del neoliberalismo, es decir, el Partido Demócrata, con un éxito muy limitado, querría responder aglutinando en torno suyo los intereses del capital en su versión más moderada de la estrategia imperial, en lugar de esta variante extremadamente burda.

NB: Buen juego de palabras ese de los solicitantes de asilo que provendrían de asilos.

AT: Es inevitable.

HW: Como mencioné anteriormente, uno de los pilares del fascismo es su carácter contrarrevolucionario y explícitamente anticomunista, y es desde esa perspectiva que debemos entender los ataques a Venezuela. Sabemos que la izquierda latinoamericana (entendida en sentido amplio y desde abajo, más allá de regímenes o líderes particulares) es uno de los bastiones de resistencia al imperialismo estadounidense y, en concreto, al fascismo y al control hegemónico por parte de Estados Unidos. Pero si bien todo ello es cierto, no debemos idealizar esa resistencia ni ignorar los numerosos y legítimos desafíos que la izquierda independiente le planteara a Maduro. De modo que, con su actuación, lo que desea Estados Unidos es dejarle bien claro a la izquierda latinoamericana el poderío estadounidense para ejercer su dominio, así como afirmar la supremacista Doctrina Monroe de que el hemisferio es «suyo».

Existe otra pieza en ese tablero y es el Caribe. El Caribe, concretamente Trinidad y Tobago, desempeñó un papel importante en los preparativos para la invasión a Venezuela y en el reforzamiento de la presencia marítima estadounidense. Así que no debemos perder de vista el papel de la región en la acumulación de riqueza para Estados Unidos, en particular la forma en que el capital se invierte cada vez más en las economías portuarias. Hemos asistido a un desplazamiento del colonialismo ejercido directamente sobre los recursos a la acumulación de riqueza a través de la economía logística y las economías portuarias, que se han vuelto fundamentales para la acumulación de capital transnacional. Además, tenemos todos esos complejos turísticos que los intereses capitalistas de Estados Unidos están muy interesados en construir en la región. De manera que Venezuela es importante para Estados Unidos no sólo por sus recursos, sino también por las vías de acceso al Caribe.

Por último, la acción también tiene como objetivo castigar a los rivales de Estados Unidos y a aquellos países con los que Estados Unidos cree estar en competencia global, como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Por lo que, en general, para Estados Unidos se trata de expandir sus fronteras, asegurar su hegemonía, castigar a sus rivales económicos y reprimir los movimientos de izquierda. Y encubrirlo todo mediante la xenofobia antinmigrante y la retórica de la guerra contra las drogas y el terrorismo, lo que nos lleva de vuelta a algunos de los pilares fundamentales de la ideología fascista actual.

NB: ¿Por qué la guerra contra los inmigrantes y también la guerra de género han sido tan importantes para los proyectos fascistas en diferentes partes del mundo? ¿Por qué esos temas se utilizan constantemente como arma y se convierten en campañas de victimización y odio?

HW: Las llamadas guerras de género son tan fundamentales para el fascismo porque este es un proyecto intrínsecamente patriarcal. Patriarcal en el sentido amplio: la confluencia del Estado-nación militarista, una política de salvación, una política de «hombres fuertes» y el fomento de roles de género regresivos y el auge de la «manoesfera», que se basa en el mantenimiento y la reproducción del binarismo de género.

Y es en ese sentido que la guerra contra las personas trans es tan fundamental para los movimientos fascistas globales en términos de dominación patriarcal, de la misma manera que los inmigrantes se han convertido en uno de los marcadores raciales unificadores de la manera en que el fascismo se entiende a sí mismo. Si queremos entender el fascismo, no sólo en contextos de supremacismo blanco, sino en todo el mundo, debemos comprender que los procesos de racialización se construyen de diferentes maneras en diferentes lugares. Y en esos contextos tan diferentes, el inmigrante se ha convertido en la figura sobre la que se pueden colocar y hacer entender muy fácilmente marcadores raciales en todas las geografías. El fascismo tiene como base esos sistemas de alteridad: contra los consumidores de drogas, contra las personas trans, contra los inmigrantes, que se reproducen como blanco de ataque de diferentes fascistas a lo largo del tiempo y el espacio.

El racismo contra los inmigrantes también ofrece una solución particular a las contradicciones del neoliberalismo en lo que se refiere a la crisis migratoria, en particular la contradicción entre la necesidad de que las fronteras permanezcan abiertas al capital y cerradas a las personas. El fascismo permite al capitalismo autopreservarse asegurándose de que la mano de obra siga siendo inflexible e inmóvil, mientras el capital se mueve libremente. Y es esa una de las razones claves por las que los neoliberales hacen suya semejante ideología fascista, por cuanto esta les garantiza que la mano de obra se desplace sólo bajo determinadas condiciones, lo que suele implicar programas de trabajadores inmigrantes explotables o programas de trabajadores invitados. Con todo lo que digan, no es que los fascistas rechacen a los inmigrantes, sino que se apoyan en una política antinmigrante para fomentar el racismo y para promover la explotación, la precariedad y la deportabilidad de los inmigrantes. El objetivo no es deportar a todos los inmigrantes, porque lo cierto es que el neoliberalismo, los intereses del capital y el Estado los necesitan. Se trata más bien de crear las condiciones para aumentar la precariedad y la explotación, ya que el capital busca poblaciones cada vez más numerosas que segmentar y explotar.

NB: Me gustaría terminar con dos preguntas. En primer lugar, ¿dónde ven ustedes las fracturas, las líneas divisorias y las deficiencias del proyecto fascista en auge que las fuerzas progresistas de izquierda deberían aprovechar? Y en segundo lugar, ¿qué estrategias creen que debe adoptar la izquierda?

AT: Es bueno tener en cuenta el carácter reactivo o, de hecho, contrarrevolucionario de estos fascismos de hoy, lo cual es a veces difícil de discernir en el momento por el que estamos atravesando, que no es de gran radicalismo revolucionario. Sin embargo, es importante recordar que esas guerras culturales, así como las formas extremas de represión que estamos presenciando, son una respuesta a transformaciones y avances sociales reales y a los consiguientes cambios que se han producido en el sentido común. Es obvio que la transfobia tiene algo de siniestro e hiperbólico, pero también es una respuesta a las agudas luchas sociales y políticas en torno al género y la sexualidad que, en muchos aspectos, han tenido notables éxitos transformadores en la vida social cotidiana y las relaciones humanas. Del mismo modo, el fascismo global es también una respuesta a muchos momentos de insurrección o revuelta de las últimas dos décadas, como el movimiento Occupy, los movimientos contra la austeridad en el sur de Europa, las revoluciones de la Primavera Árabe, la ola de protestas por el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, etcétera.

De modo que la extrema derecha no es sólo un delirio supremacista blanco que se limite a proyectar monstruosos enemigos y chivos expiatorios, sino también una respuesta a cambios sociales reales y a un poder social real. Lo cual no debe llevarnos a negligir los complicados problemas que todo esto le plantea a la izquierda, pues la extrema derecha hace suya lo que los radicales, revolucionarios o activistas suelen identificar y denunciar como cooptación liberal del radicalismo; tal es el caso de las políticas de diversidad, igualdad e integración (DEI), que se convierten en sustitutos de aquellos cambios radicales a los que originalmente aspiraban los movimientos sociales insurgentes. Sólo que es ese el complicado terreno en el que estamos llamados a luchar.

Dicho todo esto, creo que necesitamos una política que vaya más allá de la agitación retórica. Necesitamos movilizar a la gente en torno a agendas que le permitan transformar directamente su vida en una dirección que no sea la de la miseria, la precariedad y la incertidumbre. Por tanto, a pesar de todas sus limitaciones, vale la pena consagrar parte de nuestras energías a proyectos políticos a nivel de comunidades de base o a nivel municipal en los que se puedan construir formas de poder popular que le ofrezcan a la gente una experiencia de control transformador sobre su vida cotidiana. De lo contrario, o bien se actúa en terrenos como la política electoral nacional, donde el campo es asimétrico y desalentador y donde la derecha suele tener ventaja, o bien se limita la oposición a la duración limitada, por vital que sea, del enfrentamiento, los disturbios o las protestas.

Por último, creo que vale la pena tener en cuenta que, salvo en algunos casos como el de India, los movimientos de extrema derecha no son, en general, movimientos de masas con una base popular organizada y componentes institucionales sustanciales comparables a los de los movimientos fascistas históricos, sino en gran medida —si no exclusivamente— resultado de niveles masivos de desafiliación o desafección política; y que si bien pueden tener un gran impacto electoral, a menudo son muy débiles en la calle o incluso a nivel social.

HW: Debo confesar que no albergo muchas esperanzas. Sé que no es eso lo que la gente quiere escuchar y que todo el mundo necesita una buena historia, pero creo que la tarea que tenemos por delante es enorme. Puede que la derecha no exista como movimiento, pero sí existe como una fuerza que, en la actualidad, parece insuperable.

Gran parte de los debates de la izquierda occidental se centran en si el imperio estadounidense se está derrumbando o no. Francamente, incluso si se derrumbara, nada me convencerá de que no surgirá otra potencia subimperialista, como India, que se convierta en una fuerza estructuradora dominante capaz de preservar la lógica de la acumulación y del imperio, como hizo Estados Unidos tras el declive de las potencias europeas, por muy diferentes entre sí que puedan parecer esos casos.

De ahí que no esté yo convencida de que, con el auge del fascismo, la acumulación de capital, la crisis climática, la violencia contra los inmigrantes, el subimperialismo y el colonialismo a escala mundial, vayamos a salir airosos.

Por supuesto, las tareas siguen siendo las mismas: tenemos que fomentar el internacionalismo. Tenemos que comprender cómo las fronteras son fundamentales para el aparato en expansión de violencia carcelaria y militarista de cada Estado-nación. Es el eje central de todas las políticas fascistas y también es, cada vez más, la forma en que se proyecta y se ejerce el poder blando en Asia, África y las Américas. Por tanto, hay que contrarrestar todo eso y mucho más, y la tarea de la izquierda de oponerse al imperio y ofrecer a la gente alternativas concretas y eficaces sigue siendo válida hoy en día. Pero ahora parece mucho más difícil, enfrentados como estamos a las fuerzas del imperio y la violencia, al control que ejercen las grandes empresas tecnológicas, al auge de las fuerzas de derecha a nivel mundial y a los multimillonarios que acumulan una riqueza infinita.

NB: Ya sé que es fácil caer en la banalidad de terminar toda entrevista con una nota de falso optimismo. Dicho esto, ¿cómo vivir este momento de una manera auténtica, honesta y que incorpore los principios de los que han estado hablando, como la solidaridad? ¿Alguna reflexión final a ese respecto?

HW: Agradezco tu gesto de honestidad. El neoliberalismo seguirá posicionándose como antítesis del fascismo, por lo que toda política de izquierda que no se avergüence de sí misma debe empezar por ser honesta sobre lo que se avecina, en particular la confrontación tanto con el liberalismo como con el fascismo y lo que el hecho de tener que enfrentarnos a ambos va a exigirnos. El Partido Demócrata, como decía Alberto, le ha fallado totalmente a la gente y tampoco ha conseguido hacer lo que quiere hacer.

Sin embargo, a pesar de lo sombrío del panorama, podemos señalar cambios como la comprensión por parte de la gente del papel imperialista de los sionistas en la región de Oriente Medio y África del Norte y el fin de la era en que los movimientos de liberación palestinos permanecían en gran medida reprimidos y silenciados en el núcleo imperial. Además, cada vez es mayor el número de personas que comprenden la cruda realidad del imperialismo, el capitalismo, la policía y las fronteras, algo por lo que tantos izquierdistas han luchado durante al menos treinta años por hacer más visible.

Pero hoy en día nuestra tarea quizás sea aún mayor, ya que una vez que la gente se da cuenta y ve cómo esa violencia es omnipresente y que al imperio no le importa cuántas personas mueran ni le importa el derecho internacional, ¿cómo nos aseguramos de que la gente no se deje engañar por ideas fascistas, por el puro instinto de supervivencia, por el sálvese quien pueda? Porque mostrarle a la gente que las cosas andan muy mal a menudo puede hacer que se contente con sobrevivir, pues luchar contra todo lo que anda mal puede parecer inútil. De ahí que las alternativas que estamos construyendo y creando a escala local y en pequeña escala sean aún más importantes precisamente por lo que logran a nivel psíquico y relacional: nos mantienen conectados unos con otros y mantienen vivo nuestro espíritu y orientado a la transformación.

También creo que, en un nivel fundamental, transformarnos a nosotros mismos y luchar contra el fascismo es comprender que no hay por qué tener miedo los unos de los otros. Es eso fundamentalmente lo que el fascismo intenta inculcarnos a todos: el miedo a los demás. De manera que cualquier proyecto que sirva para seguir construyendo lazos humanos y que nos recuerde que no tenemos que temer a otros seres humanos en este planeta —excepto a los multimillonarios— será siempre un proyecto que valdrá la pena.

NB: Muchas gracias, Harsha y Alberto, por su tiempo y por esta conversación.

Transcripción revisada de una conversación sostenida el 7 de enero de 2026 y cuyas últimas modificaciones se realizaron el 14 de enero.

Notas y fuentes

[1] Véase Davis, A.Y. (ed.) (1971) If They Come in the Morning: Voices of Resistance. Londres: Orbach and Chambers Ltd. [Véase en español Davis, A. Y. y otros perseguidos políticos (1972) Si llegan por ti mañana… vendrán por nosotros en la noche. Trad. Francisco González Aramburu. Madrid: Siglo XXI Editores. — N. del T.]

[2] https://socialhistoryportal.org/sites/default/files/raf/0419710000_01_0.pdf.

[3] https://www.marxists.org/archive/padmore/1938/fascism-colonies.htm.

[4] Para un panorama de su obra, véase de Oliviera, D. (2025) “The Marxism of Aimé Césaire”. Communist Review, publicado el 11 de septiembre. https://www.communistreview.org.uk/the-marxism-of-aime-cesaire/.

[5] Cooper, M. (2026) Counterrevolution: Extravagance and Austerity in Public Finance. Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press.

[6] Arrighi, G. (2009) Adam Smith in Beijing: Lineages of the 21st Century. London & New York: Verso Books. [Véase en español Arrighi, G. (2017) Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo XXI. Trad. Juan Mari Madariaga. Madrid: Akal. — N. del T.]

 

 

Featured image: Umberto Boccioni, La città che sale (The City Rises) (1910). Oil on canvas, 199.3 x 301 cm. Museum of Modern Art (MoMA). Public Domain.

 

Translated from the English original by Rolando Prats.

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8. Dossier MEGA2 (1).

Y en Historial Materialism han publicado un dossier sobre el MEGA2. Tiene buena pinta así que, si os parece, os iré enviando también su contenido.

Estos son los artículos que han publicado. Empiezo con el introductorio.

Kaan Kangal, Introduction to Dossier ‘Marx, MEGA and MEGA-Marx’

Historical-Critical Dictionary of Marxism, MEGA

Roberto Fineschi, The Marx-Engels-Gesamtausgabe in Italy

Roberto Fineschi, Notes on the Translation of Some Specialist Marxist Terms into Italian and English

Jean Quétier, A French edition of the works of Marx and Engels based on MEGA-2: the GEME project

Michael Schauerte, Reading Capital in Light of “New MEGA”: Teinosuke Ōtani’s Research on Marx’s Original Manuscripts and the Theory of Interest-Bearing Capital

Thanasis Giouras, MEGA in Greece: Reflections on Translating and Editing Marx’s Writings

https://www.historicalmaterialism.org/article/introduction-to-dossier-marx-mega-and-mega-marx/

Introducción al dossier «Marx, MEGA y MEGA-Marx»

Kaan Kangal

Lenin dijo una vez: si abandonas a Hegel, descarrilas a Marx. Esto viene acompañado de un recordatorio: ¡lee a Marx o fracasarás estrepitosamente! Pero, ¿qué leer de Marx, qué Marx, cuándo y cómo? Leer a Marx se duplica, triplica, cuadriplica como malinterpretar, sobreinterpretar, subinterpretar, no leer, leer a Marx de forma primitiva; como leer en Marx; como leer a Marx en otros; como leer a Marx leyendo a otros. «Marx» suele designar a Marx y Engels como una unidad intelectual y un partido político; en otras ocasiones, «Marx» se refiere a un lobo solitario aparte de Engels. Engels, el «General», por su parte, habita varias vidas: Engels antes de Marx, junto a Marx hombro con hombro, y después de Marx. Engels puede haberse llamado a sí mismo un «segundo violín» junto a Marx, pero era más que un lector, editor y patrocinador de Marx. Era un teórico, estratega y aventurero por derecho propio. Los dos compañeros de armas fueron autores de lo que llena sus archivos y, por silencio, de lo que nunca llegó a ellos. Sin embargo, el destino de ese legado no depende únicamente de ellos.
Los archivos, los editores y sus selecciones determinan en gran medida cómo nos llegan Marx y Engels.[1] A primera vista, lo que sobrevive en el archivo es lo que está obstinadamente presente en manuscritos, borradores, cartas y cuadernos. Si lo miramos más de cerca, el archivo decide qué perdura, qué se cataloga e incluso qué se considera material de archivo. Tautológicamente, un archivo es lo que el archivo archiva. Pero, hablando en serio, un archivo es donde se decide, se enmarca y se nos presenta lo que cuenta como historia. «Marx» y «Engels», o más bien «Marx y Engels», tal y como los conocemos y tal y como se nos presentan, no son una excepción. [2]

MEGA —el mayor juego de palabras de toda la historia— significa «(hacer) Marx-Engels-Great-Again!». En alemán, es algo menos sofisticado: Marx-Engels-Gesamtausgabe. Aun así, se acerca sorprendentemente a Gesamtkunstwerk. Si se ponen la totalización de Sartre y la historicización de Jameson en la misma habitación, se llega a algo que se asemeja al espíritu de la Gesamtausgabe. MEGA es, en todos los sentidos, un megaproyecto, impulsado por megaambiciones para producir la edición histórico-crítica de las dos megafiguras del marxismo. A pesar de la sublimidad que muestra su título, los antecedentes políticos e históricos del proyecto son mucho más modestos, incluso escasos en algunos aspectos. Está forjado con sudor, sangre y polvo de archivo.

Antes de MEGA

Mucho antes de que apareciera cualquier edición recopilatoria de Marx y Engels, Marx fue testigo de los inicios de una edición seleccionada de sus propias obras. En noviembre de 1850, trazó el plan y volvió a ponerse en contacto con el editor de Colonia Hermann Becker. Con el apoyo de la Liga Comunista, se puso en marcha un proyecto de dos volúmenes destinado a recopilar sus escritos anteriores y posteriores a 1848, incluidos artículos de prensa y una traducción al alemán de su obra La miseria de la filosofía. Los problemas técnicos, las dificultades financieras y el acoso policial ralentizaron la producción, por lo que solo apareció la primera entrega en 1851. La represión política y la detención de Becker impidieron que el proyecto continuara y los intentos posteriores de conseguir otro editor a través de Ferdinand Lassalle fracasaron. [3]

Mientras que Marx, a principios de la década de 1850, solo podía vislumbrar sus escritos reunidos en una modesta selección, Engels imaginaba un compendio mucho más grandioso: una edición completa de las obras de Marx, ordenadas cronológicamente, cada texto conservado en su forma histórica, limpio de errores textuales y enmarcado con prefacios y notas explicativas para guiar al lector. Sin embargo, como custodio del legado de Marx, Engels se vio abrumado por la titánica tarea de editar el segundo (1885) y el tercer (1894) volumen de El capital. No pudo montar la exposición completa que había imaginado. Durante su vida, solo permitió al SPD echar un vistazo ocasional, imprimiendo algunas obras menores de forma aislada, sin comentarios ni introducción, para no dispersar la colección antes de su presentación oficial. Aun así, le producía un silencioso placer ver a aprendices como Eduard Bernstein ansiosos por descifrar los «jeroglíficos» de los textos de Marx. Kautsky también fue reclutado para la línea de sucesión. [4]

Tras la muerte de Engels en 1895, el SPD asumió gradualmente la custodia del legado de Marx y Engels y comenzó a abrir sus cajones sellados. La edición Nachlass de Franz Mehring, de 1902, sacó a la luz escritos perdidos desde hacía mucho tiempo, que databan de la década de 1840. Las Teorías de la plusvalía (1905-1910) de Kautsky continuaron la lenta excavación de los manuscritos de Marx. En 1910/11, algunos destacados marxistas austriacos y el archivero ruso David Riazanov acordaron que, una vez que expiraran los derechos de autor en 1913, el SPD debería producir una edición definitiva y totalmente académica de las obras de Marx. Sin embargo, el proyecto chocó inmediatamente con la política del partido. [5] El Briefwechsel (correspondencia) de 1913, editado por Bernstein y August Bebel, reveló cómo el temor a avergonzar a los aliados podía prevalecer sobre la exhaustividad editorial, lo que dio lugar a una publicación abreviada y selectiva. [6] La edición «popular» de El capital de Kautsky, de 1914, y la selección en dos volúmenes de Riazanov, de 1917, añadieron algunas ventanas más al archivo, pero solo se sacó a la luz una fracción del legado.

MEGA1

El primer MEGA (MEGA1) surgió en los inicios de la Unión Soviética. Aprobado por la Comintern en 1924 y ubicado primero en el Instituto Marx-Engels y más tarde en el Instituto Marx-Engels-Lenin, el proyecto estaba directamente vinculado al Estado soviético, aunque dependía de la cooperación internacional, especialmente con el SPD, cuyo archivo de Berlín contenía la mayor parte del legado. [7] Riazanov, autorizado en 1921 para contratar a especialistas ajenos al partido, impulsó la iniciativa.[8] Aprovechó sus largos vínculos con el SPD, fotografió manuscritos y organizó una red europea para recopilar documentos y canalizarlos a Moscú.[9] Los acuerdos con el Instituto de Investigación Social de Fráncfort y una sociedad editorial con sede en Berlín permitieron comenzar a trabajar en una edición prevista de 42 volúmenes. Entre 1927 y 1941 se publicaron doce volúmenes, entre los que se encontraban importantes primeras ediciones como los Manuscritos de 1844, La ideología alemana, La dialéctica de la naturaleza y la publicación en 1939 de los Grundrisse.[10]

Riazanov luchó por mantener viva la edición bajo una fuerte presión política, insistiendo en una cierta autonomía para él y para el instituto. Esto provocó un conflicto cada vez mayor y terminó con su detención en 1931 por orden de Stalin y, al igual que otros editores destacados de MEGA1, con su trágica muerte en las purgas.[11] Vladimir Adoratsky, nombrado director del ahora Instituto Marx-Engels-Lenin, intentó inicialmente continuar con MEGA1 ajustando sus prefacios a la línea doctrinal. La cooperativa editorial soviética para trabajadores extranjeros en la URSS publicó siete volúmenes más hasta 1935. El último, una edición conjunta de Anti-Dühring y Dialéctica de la naturaleza, apareció disfrazado como un volumen especial en memoria de Engels. MEGA1 llegó a su fin tras sucesivas oleadas de purgas y, en última instancia, el estallido de la Segunda Guerra Mundial. [12]

MEGA²

El proyecto MEGA² se puso en marcha como un audaz intento de reconstruir la edición Marx-Engels desde cero. Tras una importante reevaluación en 1967 de los nuevos estudios editoriales alemanes y los intercambios con otros editores, el departamento Marx-Engels de Berlín desarrolló un nuevo concepto de MEGA, que se llevó a cabo a pesar de los considerables malentendidos y la resistencia.[13] El Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam (poseedor de dos tercios de los manuscritos originales de Marx-Engels) acordó entonces apoyar el proyecto una vez que se garantizó su carácter histórico-crítico y quedó claro que solo una institución de este tipo podía llevar a cabo una empresa de tal envergadura. Las directrices editoriales publicadas para su debate público en 1972 se basaban en enfoques innovadores y fueron muy bien acogidas; más de 120 expertos señalaron que suponían un avance en el campo y que darían forma a la práctica editorial futura. [14]

La desaparición de la Unión Soviética y los Estados del bloque del Este casi hizo naufragar el proyecto MEGA², pero también abrió puertas que nadie había imaginado. Durante un tiempo, nadie sabía si Marx y Engels serían archivados, reiniciados desde cero o llevados adelante con los materiales ya obtenidos con tanto esfuerzo. Al final, a pesar de las antiguas inquietudes sobre el legado político de Marx y Engels, los responsables políticos alemanes en materia de ciencia optaron por una vía intermedia pragmática.
Con la creación de la Fundación Internacional Marx-Engels en 1990, MEGA² se relanzó como una iniciativa estrictamente académica, dirigida internacionalmente y sin cargas políticas. Las directrices actualizadas, las herramientas digitales y un plan simplificado de 114 volúmenes dieron al proyecto su forma moderna. Integrado en el Programa de Academias de Alemania, MEGA² encontró finalmente un hogar institucional estable y un futuro. [15]

Dossier MEGA

Si MEGA nos enseña una dura verdad, es que «Marx» y «Engels» se niegan a quedarse quietos. Se transforman cada vez que se abre un archivo o una traducción cambia el terreno que pisan. Este dossier toma muy en serio esa lección. Es un taller en movimiento, un MEGA en miniatura en constante construcción. Recopilamos nuevas traducciones, revisamos las antiguas, hacemos un seguimiento de lo que MEGA ha desenterrado e invitamos a reflexionar sobre cómo Marx y Engels viajan a través de los idiomas, los siglos y los climas políticos. Piensa en ello como una sala de lectura viva donde las estanterías no dejan de cambiar y los textos no dejan de responder.

Bibliografía

Backhaus, Hans-Georg y Helmut Reichelt 1995, «Der politisch-ideologische Grundcharakter der Marx-Engels-Gesamtausgabe: eine Kritik der Editionsrichtlinien der IMES», MEGA-Studien, 1994/2: 101-118.

Dlubek, Rolf 1992, «Frühe Initiativen zur Vorbereitung einer neuen MEGA (1955-1958)», Beiträge zur Marx-Engels-Forschung. Neue Folge 1992, Berlín: Argument.

Dlubek, Rolf 1993, «Tatsachen und Dokumente aus einem unbekannten Abschnitt der Vorgeschichte der MEGA (1961-1965)», Beiträge zur Marx-Engels-Forschung. Neue Folge 1993, Berlín: Argument.

[Editores] 1977, «Karl Marx. Gesammelte Aufsätze. Februar 1851. Entstehung und Überlieferung», en Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA2), sección I, volumen 10, Berlín: Dietz.

Engels, Frederick 2001a, «Engels a Karl Kautsky. 29 de junio de 1891», en Marx-Engels Collected Works, vol. 49, Londres: Lawrence & Wishart, pp. 209-212.

Engels, Frederick 2001b, «Engels a Karl Kautsky. 28 de enero de 1889», en Obras completas de Marx y Engels, vol. 48, Londres: Lawrence & Wishart, pp. 257-9.

Hecker, Rolf 1997, «Rjazanov’s Editionsprinzipien der ersten MEGA», Beiträge zur Marx-Engels-For schung Neue Folge. Sonderband 1, Hamburgo: Argument.

Hecker, Rolf, Richard Sperl y Carl-Erich Vollgraf (eds.) 2021, Beiträge zur Marx-Engels-Forschung. Neue Folge Sonderband 6 Boris Ivanovič Nikolaevskij Auf den Spuren des Marx-Engels-Nachlasses und des Archivs der russischen Sozialdemokratie (1922–1940), Hamburgo: Argument.

Heinrich, Michael 1996, «Edición e interpretación: sobre el artículo de Hans-Georg Backhaus y Helmut Reichelt, “Der politisch-ideologische Grundcharakter der Marx-Engels-Gesamtausgabe”», MEGA-Studien, 1995/2: 111-121.

Kangal, Kaan 2018, «Karl Schmückle and Western Marxism», Revolutionary Russia, 31 (1): 67-85.

Marx, Karl 1851, Gesammelte Aufsätze. 1. Heft, editado por Hermann Becker, Colonia: [Edición privada].

Rjasanow, David Borisowitsch 2007 [1927], «Vorwort zur MEGA 1927», UTOPIE kreativ, 206: 1095–1011.

Rokitianskii, Iakov y Reinkhard Miuller 1996, Krasnyi dissident. Akademik Riazanov ‒ oponente de Lenina, zhertva Stalina. Biograficheskii ocherk. Dokumenty. Moscú: Academia.

Rokitjanskij, Jakov 1993, «Das tragische Schicksal von David Borisovic Rjazanov». Beiträge zur Marx-Engels-Forschung. Neue Folge 1993, Hamburgo: Argument.

Schiller, Franz 1930, «Das Marx-Engels-Institut in Moskau», Archiv für die Geschichte des Sozialismus und der Arbeiterbewegung, XV: 416-435.

Sperl, Richard 2004, «Edition auf hohem Niveau». Zu den Grundsätzen der Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA), Hamburgo: Argument.

Sperl, Richard 2005, «Marx-Engels-Editionen», en Bodo Plachta (ed.), Editionen zu deutschsprachigen Autoren als Spiegel der Editionsgeschichte, Berlín: de Gruyter.

Vilar, Pierre 1973, «Marxist History, a History in the Making: Towards a Dialogue with Althusser», New Left Review, I/80 (julio/agosto): 65-106.

Vollgraf, Carl-Erich, Richard Sperl y Rolf Hecker (eds.) 2005, Beiträge zur Marx-Engels-Forschung. Neue Folge Sonderband 5 Die Marx-Engels-Werkausgaben in der UdSSR und DDR (1945–1968), Hamburgo: Argument.

[1] Independientemente de su exactitud, Pierre Vilar (1973, p. 68) plantea una cuestión que aborda directamente este tema: «No solo para la «marxología», sino también para la epistemología y, sobre todo, para la historia, es una lástima que casi todas las ediciones de Marx aíslen sus obras unas de otras, alteren su cronología o distingan entre sus contenidos y los «géneros» a los que pertenecen (las obras «económicas», «políticas», «filosóficas», etc.)». Sobre la cuestión del principio de cronología en MEGA, véase Sperl 2004, pp. 53-67.

[2] En cuanto al trasfondo ideológico de las obras completas de Marx y Engels en MEGA, véase el debate entre Hans-Georg Backhaus y Helmut Reichelt (1995), por un lado, y Michael Heinrich (1996), por otro.

[3] [Editores] 1977, pp. 1020-3.

[4] Cf. Engels 2001a, p. 210; Engels 2001b, pp. 258-9.

[5] Cf. Rjasanow 2007 [1927], pp. 1100–1101.

[6] Rjasanow 2007 [1927], p. 1103.

[7] Rjasanow 2007 [1927], pp. 1096, 1110.

[8] Rokitianskii y Miuller 1996, p. 58; Rokitjanskij 1993, p. 4; Schiller 1930, p. 420.

[9] Véase Hecker, Sperl y Vollgraf (eds.) 2021.

[10] Cf. Rokitjanskij 1993; Hecker 1997.

[11] Cf. Karl Schmückle es otro caso significativo. Cf. Kangal 2018.

[12] Sperl 2005, pp. 336-7.

[13] Para el período anterior a esta fecha, véase Dlubek 1992; Dlubek 1993; Vollgraf, Sperl y Hecker (eds.) 2005.

[14] Sperl 2005, p. 342.

[15] Sperl 2005, pp. 344-5.

 

Autor: admin

Profesor jubilado. Colaborador de El Viejo Topo y Papeles de relaciones ecosociales.

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